domingo, 27 de febrero de 2011

Nuevas diosas blancas





Álvaro Colomar/Yo Dona (El Mundo)


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Los libros de Déborah Vukusic los puedes adquirir en:
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jueves, 24 de febrero de 2011

Poeta invitado: ROQUE DALTON "Desnuda"




Roque Dalton García (San Salvador, 14 de mayo de 1935 - 10 de mayo de 1975)



Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua
cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como a un niño perdido
que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que se nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a la sombras los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.
 
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miércoles, 23 de febrero de 2011

Conversando en diferido con FERNANDO PALAZUELOS

Tienes una poética sobre la microficción.

De todos mis libros, éste es el único en el que he abordado una narrativa tan breve. Pero me gusta ponerme a prueba, adentrarme en nuevos retos. Tras escribir cuatro novelas, teatro y poesía, ha sido un placer aventurarme en este terreno, en el que lo lúdico se ha entremezclado con la historia, la literatura, el mito... Además de este juego híbrido, está la voz, la necesidad interior de “ver” el mundo con una mirada poética, también crítica, en muchas ocasiones desmitificadora y llena de humor. Es un libro con el que he disfrutado y en el que el lector puede adentrarse como quiera, abriendo sus páginas al azar, avanzando de atrás para adelante, consultando o no el índice... Mi intención es no dejar indiferente al lector y hacerle percibir la presencia humana en este planeta de un modo distinto.

¿Cómo te van llegando los microrrelatos, sales a buscarlos o te van encontrando?

Creo que dentro de la diversidad de temáticas del libro hay una unidad que aglutina todas sus páginas, sobre todo una pretensión jocosa, un anhelo de disfrutar de la literatura. De todos los temas, unos pocos llegaron a mí por casualidad; pero la mayoría los he buscado, indagando en mi propio imaginario, en mis recuerdos, en mis gustos. El libro pretende contagiar algo (espero que no algo vírico), acaso una especie de sed por preguntarse las cosas, por cuestionar el mundo.



 



¿Cuál es tu técnica de trabajo sobre los textos hiperbreves?

Es difícil, incluso para el propio autor, rebobinar y averiguar cómo y por qué surge un tema para un relato. La imaginación es prima hermana del inconsciente. Pero donde sí actúa uno con plena premeditación es en la técnica, en el tono, en el lenguaje. El mayor reto al trabajar con textos breves es el de la eficacia y la concisión. En ocasiones el lector puede preguntarse: Si este cuento tiene veinte líneas y ya he leído quince, ¿cómo diantre puede acabar? Se trata de redondear una historia con las menos piezas posibles, y sobre todo, sugerir, dejar un poso entre líneas para que la imaginación del lector construya en su mente con los colores que uno le ha ofrecido. En mi caso, que huyo de lo críptico como de la peste, ha sido un reto muy interesante. Sugerir e incitar: esto es cuanto le pido a un texto mío que aspire a ser incluido en un libro.

¿Te documentas para escribir microrrelatos? En los verídicos hay un trabajo de informarse para luego escribir…

En muchos de ellos he necesitado datos, en efecto, pero he evitado construir un libro destinado a demostrar erudición. Al contrario; he intentado compartir. Al conocer una anécdota potente, ¿no siente uno la poderosa necesidad de contársela a alguien? Algo así me ha sucedido con algunos hechos, o con mi particular visión de algunos otros.

¿Qué les dirías a los que tienen al género hiperbreve como insustancial o poco literario?

No soy un experto lector de este género, pero que intenten sostener esa idea tras haber leído algunas delicias de, por ejemplo, Manganelli o Cortázar. Quienes se preocupan tanto de etiquetar la literatura posiblemente se enfrascan en algo tan absurdo como empaquetar vasos de agua de distintos colores. Las fronteras entre géneros y los límites de algunos cánones estéticos son dos de las líneas más divertidas de traspasar. De hecho, en Ficcionarium hay algunos textos breves que no son relatos; son, agárrense los puristas, “ensayos hiperbreves”.

Al final del libro hay una relación de los cuentos ficticios, híbridos y verídicos ¿Por qué no nos dejaste con la intriga? Yo por lo menos decidí no leerla toda, que es una opción…

Dudé respecto a si cada relato debía tener junto al título una marca que aclarara su carácter verídico o no. Opté por arrojar luz sobre esto sólo en el índice, con la idea de que quien no desee saberlo disfrute del libro a su gusto. En cierto modo me tentó mucho dejar la duda en el aire, pero sentía lástima de algunos personajes reales, que me pedían a gritos este resquicio al que sujetarse (por ejemplo Maria Reiche).

¿Cuándo se enteró Fernando Palazuelos que quería ser escritor?

Parece absurdo, pero me percaté de ello dos años después de terminar mi primera novela. La guardé en un cajón sin que la viera nadie. Pasado ese tiempo, a raíz de un premio por un relato, decidí enviar la novela a un concurso. El libro gustó. Ganó tres premios en un año. Entonces comencé a preguntarme en serio qué tenía la literatura que tanto me cautivaba, no ya solo como lector, sino también como creador. Por otro lado, a los veinte años abandoné mis estudios de arte. Lo hice bastante decepcionado con la universidad en la que estaba matriculado. Unos años más tarde descubrí que la literatura me ofrecía un campo idóneo para mi creatividad.

Para entrar en tu universo literario ¿qué libro tuyo nos recomiendas?

Todos son criaturas nacidas de mi entraña, y es difícil decantarse. Tal vez mi primera novela, La trastienda azul, o la cuarta, Pura chatarra, que no es muy extensa y es muy emotiva (según dicen).



 



Recomiéndanos un par de libros.

Mañana elegiría otros dos distintos, y pasado mañana otros, seguramente, porque es muy difícil decantarse. Pero hoy se me ocurren estos: El palacio de los sueños, de Kadaré, y La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig.

“Sueño visionario” es un texto que me maravilló ¿qué sueña Fernando Palazuelos sobre el futuro del libro?

Como muchos otros autores y lectores amantes del papel impreso, estoy a la expectativa. Viendo lo que está sucediendo con el mundo de la música, el asunto da pavor. Sentiría una tristeza inmensa si el libro de papel desapareciera, engullido por este vertiginoso ritmo del progreso tecnológico. Temo que la versión real de la novela de Bradbury pueda llegar a ser peor incluso. En lugar del fuego, del que el destino sólo librará a unos pocos, a los libros de papel tal vez les aguarde otro horror: el vacío. Desde hace tiempo tengo un relato hiperbreve en la mente, aún pendiente de ponerlo por escrito. Podría ser momento de ponerlo en palabras. Su borrador podría ser éste:

“En un futuro no muy lejano, el patrimonio escrito del mundo ha sido escaneado, todas las bibliotecas han sido desmanteladas, en las librerías se vende abono para los invernaderos de los tejados y millones de páginas han sido recicladas para fabricar teclados ecológicos. Un día un informático experto en virus sofisticados encuentra un terrible troyano denominado Qwerty-451. Lo mantiene aislado y lo estudia durante semanas, sorprendido de su complejidad y de su potencial destructor, latencia letal que se activará al de un año de ser creado. Con el fin de lograr un antivirus eficaz lo analiza con cautela, como si se tratara de la cepa de la viruela. No obstante, al manipularlo comete un error. El virus se activa. Pronto se extiende por la red. En cuestión de días las hemerotecas virtuales se corrompen, los registros documentales se deshacen como comidos por una enfermedad incontenible, y toda la literatura digital del planeta, presente y pretérita, se descompone, dejando un vacío que nadie sabe cómo aliviar.”

 
Título:Ficcionarium
Pedro Crenes Castro/La Biblioteca Imaginaria
Autor: Fernando Palazuelos
Editorial: Baile del Sol
Págs: 198
Precio: 14 €

Hay quien desprecia la ficción brevísima, el microrrelato o minificción (sírvanse ustedes del nombre que quieran) por tenerla como un oficio necio y lastrante que solo demuestra la pereza o la torpeza del escritor. Nada más lejos de la realidad. Lo bueno si breve ya se sabe pero lo breve si brevísimo pues… buenísimo.
Eso es lo que pasa con este magnífico libro de Fernando Palazuelos (Bilbao, 1965) “Ficcionarium” (Ediciones Baile del Sol, 2010) que es un hito en su carrera literaria. Un escritor de novelas, teatro y poesía se sienta ante los microrrelatos con el propósito de disfrutar escribiendo y deleitar con el resultado como hacen los buenos escritores.
“Ficcionarium” tiene tres partes (en la segunda las ficciones son más extensas) que abarcan periodos distintos de la escritura de los relatos. La verdad es que, te metas por donde te metas, seguro saldrás picado e infectado por algo que, creo yo, se llama ganas de vivir y de reír. Porque los cuentos de “Ficcionarium” aspiran a hacernos pensar deleitando como dije antes. Y es que el autor nos ofrece, para los que se animen a mirar atrás un índice que muestra que cuentos son verídicos, pura ficción o un híbrido entre ambas. Yo les sugiero que no lo lean hasta el final y luego les propongo un juego: adivinar, intuir a cual categoría corresponde cada uno. Los resultados les sorprenderán y sobre todo les dará una medida de la calidad del oficio del autor.
Siempre es complejo elegir de entre tantos buenos microrrelatos unos pocos para hablar de ellos pero querría mencionar cuatro de ellos.
“Torre de Babel” dibuja en su brevedad la típica confusión que es metáfora social y diagnóstico de nuestra circunstancia. Cada uno oye lo que quiere, o lo que le parece.
“Georges Simenon” es un homenaje y retrato de uno de los grandes escritores europeos del siglo pasado. Infectado, qué casualidad, por el virus de la imaginación.
“El castigo de Pavlov” es una pequeña genialidad que aporta un dato muy escondido de la vida del fisiólogo ruso al que tanto le debemos todos, saliva más saliva menos.
Luego está mi favorito, “Sueño visionario”, que consigue unir con pocas líneas y con una densidad poética precisa pasado y futuro en un sueño para construir un texto que da para pensar y disfrutar.
Sin lugar a dudas Fernando Palazuelos ha superado el reto: ha conseguido someter  la brevedad con resultados muy buenos, ha conseguido dominar el lenguaje para que los textos en su brevedad de concha escondan las melodías de un mar poderoso de olas. Porque no es simple escribir microficción y quien crea lo contrario se engaña.
Un descubrimiento feliz este Ficcionarium que es una excelente puerta para entrar en el universo literario de Fernando Palazuelos que le hará pasar un rato “buenísimo” por lo brevísimo de sus textos que no deben leerse  con excesiva rapidez: los buenos microrrelatos necesitan e invitan a la relectura, que es la reacción natural al asombro ante un texto brillante.

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martes, 22 de febrero de 2011

ACANTILADOS DE HOWTH. David Pérez Vega

Cuando en el siglo XV nuestro gran poeta Jorge Manrique escribió sus «Coplas a la muerte de su padre», ya nos legó unos versos inmortales sobre la esencia humana: “cómo, a nuestro parecer / cualquiera tiempo pasado / fue mejor”.

Y es que siempre que evocamos alguna etapa anterior a nuestro presente, especialmente si hace referencia a cuando éramos más jóvenes, el paraíso se extiende por nuestros recuerdos, borrando lo peor e idealizando los buenos momentos. Estas evocaciones comienzan a hacerse habituales, sobre todo, cuando pasamos la barrera psicológica de los 30 años.

Esta es la base sobre la que David Pérez construye esta novela. El viaje interior que realiza Ricardo, el protagonista, tras un momento de crisis (el abandono de su mujer apenas un año después de haberse casado) ilustra ese situarse frente al espejo para empezar a comprenderse a uno mismo, pues, lo que en un principio podría resultar un problema se convierte, casi sin darse cuenta, en una liberación.

Porque Ricardo acude a su memoria para encontrarse, y por encima de todos sus recuerdos, está Irlanda. Buscando entre sus experiencias en Irlanda, en un ir y venir que se refleja en los títulos de cada capítulo (que hacen referencia a las ciudades donde transcurren), Ricardo se da cuenta de lo que quiere:

"Fue algo gradual. Isabel no estaba en casa y yo me evadía, sobre todo al irme a dormir en la cama agrandada; y, como otros cuentan ovejas, yo contaba los días en Dublín, unos días edulcorados tal vez por el paso del tiempo” (p.178).

Y a esto ayuda también el recuerdo de la cima de su felicidad irlandesa, la mañana de domingo en los acantilados de Howth, pues aquella mañana supondría el culmen de la alegría y el inicio de un final.

Así, lo que en un principio podría considerarse una historia pesimista, a veces trágica, otras emotiva, se transforma en un mensaje positivo y optimista, que recuerda a aquel otro de Albert Einstein que consideraba las épocas de crisis como oportunidades para evolucionar. El “cualquier tiempo pasado fue mejor” pasa a ser un “lo mejor está por venir” en la vida de Ricardo.

Novela perfectamente en sintonía con su tiempo, que refleja de forma minuciosa y efectiva una parte de nuestra sociedad actual muy interesante, el lector que acompaña a Ricardo se ve forzado a realizar las mismas auto-reflexiones del protagonista, algo que siempre resulta saludable.

Raúl Rubio Millares/La Biblioteca Imaginaria

 Título: Acantilados de Howth
Autor: David Pérez Vega
Editorial: Baile del sol
Págs: 188
Precio: 12 €


http://www.labibliotecaimaginaria.es/page10.php?post=977


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lunes, 21 de febrero de 2011

Antonio Orihuela: “Escribir sobre la alegría es lo más difícil del mundo”

Por Pedro Crenes Castro | Destacados | 19.02.11
Conversamos con Antonio Orihuela, una de las voces  que más tienen que decir dentro de la poesía española contemporánea. Trabaja ahora en un ensayo que verá la luz muy pronto y es un entusiasta de las letras, la cultura y claro está, la poesía con mayúscula.
Rotundidad de lo breve. Así defino yo este poemario tuyo. ¿Cómo has llegado a este tan difícil equilibro entre imagen, ritmo y palabras?
Pues no sabría bien qué decirte… pero espero que todo lo que escribo surja de esa síntesis. Me alegra saber que en este libro, a tu juicio, eso está conseguido. Saber que la editorial Baile del Sol vuelve a apostar por él, sacando una segunda edición, lo que ya es difícil en un libro de poesía, me pone tras la pista de que algo bueno han debido ver en él los lectores.
Tengo mi teoría, aparte de la cita de José Mª Parreño, pero ¿puedes explicarnos el título del poemario, Narración de la llovizna?
El título hace referencia a la lluvia como hecho poético, como realidad y como metáfora del pasado, que tal vez sea su parte más fértil, en él la lluvia se vuelve trasunto de un refrescar la memoria, de un limpiar con ella los muchos errores, sanar desde ella las heridas, los cortes, los trazos de la pasión, y festejar bajo ella la vida.
¿Es este un poemario otoñal en la vida del poeta o todavía te quedan primaveras?
Biológicamente estoy, desde luego, comenzando el otoño de mi vida, y desde esa certeza trataré por todos los medios de prolongar la primavera que yo entiendo como un continuar abierto al asombro, a la ilusión y a las ganas de seguir trabajando en lo que creo.
Según el poema de la página 93 ¿es el dolor un mejor hilo para volver a la memoria o la alegría también es un hilo válido?
El dolor es un hilo delicado, desde luego, tienes que tener cuidado con él, mantenerlo tenso y saber que está ahí, siempre al acecho… El poemario con estas prácticas intenta conjurarlo, sanarlo y en la medida de lo posible, darlo por cerrado, transformarlo en un dolor que ya no duela. Escribir sobre la alegría es lo más difícil del mundo, yo creo que a lo más que me he acercado es a escribir sobre un alegre dolor.
¿Cuándo nació Narración de la llovizna como libro y que criterio seguiste para ir sumándole poemas?
Se venía gestando desde el año 2000 y en el 2003 decidí darlo por cerrado, lo envié a una entonces desconocida y juvenil editorial canaria que había conocido en los EDITA, los encuentros de editores y escritores de Punta Umbría (Huelva) que lleva organizando Uberto Stabile desde hace más de quince años, y poco después lo publicaron ellos. El criterio que seguí para elaborar el libro fue ir desgajando, de lo que entonces estaba escribiendo, aquellos poemas que veía que no encajaban en otro libro en el que andaba: La ciudad de las croquetas congeladas, que también publicó Baile del Sol unos años después. Digamos que la dimensión pública de La ciudad de las croquetas congeladas contrastaba con los textos que finalmente engrosaron Narración de la llovizna, donde lo íntimo adquiría una potencia autónoma difícil conciliar más que consigo misma. A pesar de esto, continúo defendiendo que también lo privado, lo íntimo y lo personal es político, pero tenía claro que el ritmo y el tono estaban agrupando mi producción de esos años en dos libros distintos.
La cita de Manolo, el conductor del autobús, me llevó directo a Los heraldos negros de Vallejo, “hay golpes en la vida…” ¿qué opinas?
En efecto, eres el primero que percibe esta relación. Como poeta estoy siempre especialmente atento a lo que la voz del pueblo se deja hablar, y en esta ocasión, fue Manolo, el señor que conducía el autobús que nos traía de vuelta a casa después de un viaje de fin de curso con los alumnos del instituto el que provocó este pequeño satori, esta iluminación que recrea para mí, y para cualquier otro lector atento, los versos de Vallejo… Manolo se refería, claro está, al alboroto que los niños iban montando en el autobús a medida que nos acercábamos a casa, ellos habían pasado uno de los ritos de tránsito más hermoso, esa excursión que suele ser la primera que uno hace de adolescente y que, a veces, significa tantas cosas: alejarse del ámbito protector de lo familiar, explorar lugares desconocidos, enamorarse tal vez por primera vez, compartir con los amigos una aventura especial, etc. También es el fin del instituto y con él de la adolescencia, y el comienzo de algo que no se sabe bien a dónde los llevará: la universidad, el trabajo, la vida adulta, en suma, de algo que empieza a asomar y con lo llegarán, como decía Manolo, “los golpes”, las revelaciones, las frustraciones, los hallazgos maravillosos… Me pareció entonces que ningún chamán podría haber dispuesto mejor a sus neófitos para asumir la entrada en la vida adulta que Manolo con ese verso suelto… El conductor del autobús de la vida nos preparaba para el porvenir, con acento andaluz cerrado, y nos dejaba el regalo de este mantra maravilloso: “Niño, tené cuidao con loh gorpe”… El resto del conjuro es un deseo, dar, darse, no esperar demasiado, alegrarse por los regalos recibidos y no preocuparse demasiado de nada porque de todos modos el viaje se terminará antes o después, tarde o temprano.
En la sección “La muerte” incluyes el poema Un país a nuestro dolor. ¿Es la vuelta del exilio una especie de muerte, un suerte de pérdida de algo?
Sí, en efecto, el exilio es una especie de muerte, y volver genera una extrañeza inmensa; es la desazón del desubicado, y aceptarlo así es la única manera de permanecer en ese lugar sin volverse loco, con algo de sentido del por qué está uno allí si ya no es tu lugar sino otra cosa que tampoco termina de ser distinta.
¿Cómo ves el panorama poético español y latinoamericano?
Del panorama español me apena el ver cómo las mejores voces y los mejores libros son sistemáticamente ninguneados y silenciados mientras que lo que se promociona desde los medios es la mediocridad en verso y el clientelismo más rastrero. Es triste que poemarios como La marcha de 150 millones de Enrique Falcón, En las tierras de Goliat de David González, Las aventuras de Imperio Sevilla de Daniel Macías Díaz, Tierrafirmista de Eladio Orta, Con los ojos abiertos de Jorge Riechmann, Campo Nublo de Antidio Cabal, Con el paso cambiado de Bernardo Santos, Tres mil días y un cuervo de Juan Sánchez Amorós, La línea de fuego de Uberto Stabile o Estrategias y métodos para la composición de rompecabezas de José María Cumbreño, todos ellos recientemente publicados, no tengan ningún eco, cuando son diez apuestas fundamentales no solo de escritura, sino del querer vivir de otra manera.
El panorama actual de la poesía latinoamericana, sinceramente, me es bastante desconocido, apenas llevo unos años interesándome vivamente por la literatura mexicana, sobre todo la que se hace en las grandes ciudades del centro y el norte del país, que creo que, sin menospreciar lo que se esté haciendo en otros lugares, es la que he visto con más posibilidades de trascender su ámbito local y conectar con una sensibilidad poética más radical y crítica, también más moderna y arriesgada, más innovadora y fresca. Ahí hay un filón de nuevas voces y nuevas maneras de decir que me interesan vivamente. El año pasado conseguí editar una antología “21 balas” que se ha editado en España y en México a la vez, es un adelanto de lo que comento, hecha tras la lectura de obra de más de mil seiscientos poetas mexicanos. También Uberto Stabile prepara otra, magnífica, sobre poesía norteña Del otro lado, que recomiendo busquen en cuanto salga.
¿En qué trabaja ahora Antonio Orihuela?
Ahora mismo estoy corrigiendo pruebas de mi último libro, que vuelve a ser, después de casi quince años, de investigación, un libro en el que he buceado por las entrañas del franquismo, sus archivos, sus aparatos represivos, judiciales y carcelarios, sus asesinatos, sus fosas o el incalculable daño psíquico que consiguió hacer en una clase obrera que no ha vuelto a levantar cabeza desde la guerra y, cómo no, por la voz dormida de la memoria personal para reconstruir con todo ello la historia de un pueblo… los que lo han examinado dicen que también se puede leer como una novela coral, no sé, tal vez, la verdad es que por sus páginas dialogan o rememoran aquel tiempo de ignominia más de quinientas personas. Espero presentarlo a finales de abril, se titulará Moguer, 1936.
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domingo, 20 de febrero de 2011

Hay que comerse el mundo a dentelladas

Mié, 16/02/2011 - 16:42 — Patapalo
Reseña del poemario de Alberto García-Teresa publicado por Ediciones Baile del Sol

 Hay que comerse el mundo a dentelladas es un compendio de poemas vitalista y, a la vez, duro. No cae en ese optimismo del pesimista mal informado pero, al mismo tiempo, no es derrotista, sino arrojado. Se compone de poemas que tocan lo grande del ser humano desde lo pequeño, que inspiran un sentimiento positivo y feroz al mismo tiempo, unas ganas de mirar de frente a la bestia y apretar los dientes con decisión.
¿Cuál es esa bestia? Nosotros mismos, la sociedad que creamos y que nos devora, la propia humanidad, la inercia que nos arrastra. La poesía encerrada en Hay que comerse el mundo a dentelladas tiene un toque muy urbano. La ciudad contemporánea es el telón de fondo, el motor y la protagonista, en cierta medida y al mismo tiempo, de los versos que se nos presentan. Pero no se trata de un ente abstracto, sino de una presencia cercana y ominosa. En ella vivimos, evolucionamos, a veces nos ahogamos, y su proximidad no le resta un ápice de fuerza.
Este libro tiene, además, un detalle que me ha impactado sobremanera: se apercibe sincero. Uno tiene la impresión, al leerlo, de dos cosas: que se ha escrito a pecho descubierto y que no se ha escrito por escribir, sino apoyándose en experiencias y sentimientos viscerales. Se puede comulgar con la rabia vital que encierra en mayor o menor medida, pero es difícil no verla agazapada en sus páginas.
El estilo de Alberto García-Teresa es asequible y rico al mismo tiempo. Como si fuera la única vestimenta adecuada para el drama humano que nos presenta, es cercana, sencilla hasta cierto punto, pero al mismo tiempo rica, precisa, capaz de hacer soñar y vibrar al lector. Es una escritura muy equilibrada, intensa y depurada.
El resultado es un libro de poesía que deja poso, adecuado tanto para los amantes de la lírica como para los que no se atreven, por lo general, con ella. Resulta sorprendente la aparente facilidad con la que el autor nos transporta, nos conmina a abrir los ojos y a comernos ese mundo que nos rodea como si fuéramos lobos hambrientos. Al menos, sentiremos el impulso de abrir la boca, aunque solo sea para gritar.


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sábado, 19 de febrero de 2011

Cuando los libros nos salvan la vida

Análisis Digital/Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor y profesor de Lengua y Literatura 
 
Si la semana pasada reseñábamos un libro sobre la secundaria, hoy la protagonista es la vida universitaria en la novela Stoner, de John Williams –Ediciones Baile del Sol-

Se trata de una novela recuperada gracias a Dios del olvido, en la que con prosa magistral –aquí abrimos un pequeño inciso para elogiar la excelente labor de traducción de Antonio Díez Fernández- se nos relata, o más bien retrata, el mundo universitario estadounidense de principios del Siglo XX.

En cuanto a los motivos para leer Stoner, me parece que sobran. Si alguno de nuestros lectores se ha animado con La edad de la ira, la novela que hoy nos ocupa le va a suponer un contraste notable. Sólo por eso, por ver cómo ha evolucionado la enseñanza en cien años, ya merece la pena.

Otro de los motivos es la historia de desamor que sirve de hilo conductor a la trama. Solemos reclamar una buena historia de amor que nos tenga elevados, pero qué profundidad, qué sensibilidad no nos aportará una buena historia que narre el desencuentro de dos personas que han decidido compartir sus vidas. En el fondo, quizá esto sea lo que da fuerza a la obra, y la hace tan actual a los lectores de hoy.

Y cómo se encuentra la felicidad en este contexto. Stoner lo tiene claro, se enamora de su trabajo, de sus clases de Literatura Inglesa, esta novela es todo un manual de cómo salir adelante en las situaciones más lamentables. Evidentemente, motivo más que sobrado también éste, para disfrutar de su lectura.

No está de más, de vez en cuando leer autores y obras americanos, orientales, o árabes, algo que se salga del sota, caballo y rey de las Letras Europeas. En este caso, John Williams, autor al que confieso que no conocía, aporta una prosa muy bien construida, que nos ayudará a aproximarnos a la Letras Americanas del Norte, cosa que nos enriquecerá culturalmente, y nos servirá para expandir nuestras miras.

En el aspecto formal se trata de un libro de 242 páginas, correctamente presentado, pero de los que hay que buscar. Me refiero a que no es el típico libro que se compra porque la cubierta es atractiva. A cambio, como decimos, el contenido es más que recomendable.

Si a nuestro célebre Alonso de Quijano los libros le hicieron perder la cabeza, Stoner hoy les devuelve a ellos su valor, la estabilidad, la compañía, el saber, el enriquecimiento, el refugio necesario para un hombre solitario. Por eso hoy les animamos a comprar un libro.



http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=51887&idNodo=-5

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viernes, 18 de febrero de 2011

Arturo Borra, "Umbrales de naufragio"



Supervivencia

.
Sobrevivir al frío:
sobrellevarlo, entibiar rincones
entumecidos con el recuerdo de tarde
al fin entregada al sol, cuando
alguien trae una infancia de la mano
que regresa
cuando todos se han ido.
.
Arturo Borra
.
.
El náufrago, a vueltas del abismo, se derrumba en palabras, a orillas del silencio que es Isla, soledad del superviviente. ¿Qué impulsa su escritura? ¿a quiénes dirige sus mensajes en una botella? No es ya sólo su salvación, sino la necesidad de los otros, de su nos+otros que han desaparecido o están todavía en los umbrales del naufragio los que nombra, los que dictan una caligrafía arenosa y espumeante, como ese mezclarse sonoro de las aguas y la arena en la playa desconcertante del ahora. Un ahora de los exiliados, un ahora que tiene hambre y rutea hacia una imposible laridad sin expoliados, sin vencidos, sin ciudadanos de tercera clase, sin esclavitud, razismo, desprecio. Lo inhospito sacude páginas, como huesos sin manto. Pero no lo derrumba, aún no. El poema se aproxima no sólo a cubrir los anhelos de una miel imposible, sino el primer frío acuciante del desamparo.

La poesía de Arturo Borra (Argentina, 1972) es sensible hasta lo impronunciable con la suerte desaforada de los emigrantes, de los desplazados por cualquier causa de su región de nacimiento y vida familiar, a otras tierras. El extranjero es pues, un yo poético que circunda y habla en muchos de sus poemas, de honda raíz reflexiva y crítico cuestionamiento de las políticas contra los pobres que se practican en gran parte del mundo.
.
¿Puede la poesía ser anatomía de la Historia, testamento de los apátridas, reencuentro entre la utopía y la practicabilidad de otras maneras de convivencia y organización social? ¿Qué papel le toca jugar al extranjero en un tiempo dónde son más los removidos de su tierra y dónde la mezcla de culturas y gentes está conspirando a favor de una esperanza sostenible en los vínculos con los distintos a mi? La lectura que Borra dibuja del presente no es especialmente optimista a este respecto. "Detrás, la estela de lo vivido / tiembla.//" reconoce el poeta, que llevan los naufragos en su más hondo pulso, una tormenta, en su abisal ser, un naufragio que les acompaña donde vayan, como un estigma que no sólo ellos sienten, sino que la comunidad no nativa ni común vee en ellos. Aún así, pese a la consistencia del desierto, hay una clave vital, una resistencia innegociable que deviene de una fuerte autoexigencia de conocerse, de reconocerse y de comprender el mundo observándolo, meditando, apostando por un pensamiento tenaz y crítico que ponga las cosas en su sitio, desenmascaré las falsedades de los estereotipos y los prejuicios y nos posibilite para un diálogo y una restitución de la identidad.
.
Leer este poemario, no tranquilizará, no acomodará ni regalará paraisos de consolación. Eso si, habré un pasillo entre lo negado y lo por cultivar, entre la soledad marginal y la dignidad del diferente, entre la civilización del pensamiento único y la heterodoxia que socializa y confraterniza contrarios, extraños, en una pluralidad y complementariedad que es el mayor tesoro de nuestra especia y futura supervivencia. Umbrales del naufrafio dice del hoy, y apertura un mañana inmediato más justo, sostenible, amable. Aunque cueste tener que naufragar una y otra vez en su intento.
.
.
Víktor Gómez,
Una relectura en las orillas para la poética de las diásporas de Arturo Borra (I)
-


-.
. POEMA DEL HAMBRE
- .
No parace que quepa, hoy en día,
otra poesía más que la que diga el hambre.
.
Chantal Maillard
- -
Preguntás como se conjuga la palabbra
'hambre' en un poema. Pero un poema
sin hambre no es. No todos saben que el hambre 
es poema, que no hay

palabra que salve de la desnutrición que rompe
los cuerpos.
Es cierto que la palabra 'hambre' no
es
 todavía cuerpo hambriento. Apenas un poema
la menciona avergüenza de delgadez
(pero quien conjuga 
no puede conformarse con la plenitud

de lo inexistente)..Un poema sin hambre es palabra desdentada,
altar de sacrificios. 
La palabra
 'hambre' no llena el poema: lo abandona
desnutrido hasta la médula, socava
su manta, la geometría del 
equilibrio.
.El hambre muerde tanto silencio y 
por hambre se escribe:
-
-para ofrecer el vientre . . .


. .
--
CEGUERA

. .
No es que las cosas sean transparentes 
y la mirada enturbiara lo que reposa
 
en su espera.
 . 
-
La ceguera es anatomía de la mirada
 
y sn embargo

hay resquicios de la luz que no sucumben 
en trayectos de lo imperceptible.

Se mira desde el fragmento; se ensaya 
en la penumbra.

-
-. . .-
OTRA ESCALA
 
.

.
¿Me dejaré caer?
.
¿Qué otra playa 
rescatará este naufragio

que llevo a bordo?
.
Detrás la estela de lo vivido
tiembla.
.
.
-
TAMBIÉN VIAJAN

las heridas también viajan
por regiones innombrables
que en los precipicios te nombran
con la furia de las flores en manos de la noche
y esa ternura de vientre ofrecido a los labios.

.. .
. Arturo Borra Umbrales del naufragio,
Ed. Baile del Sol, 2010


http://viktorgomez.blogspot.com/2011/02/arturo-borra-umbrales-del-naufragio-ed.html

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jueves, 17 de febrero de 2011

HOY EN LA CLANDESTINA, David Franco Monthiel

HOY  jueves 17 de febrero, a las 19:30 horas, lectura de poemas a cargo del poeta David Franco Monthiel de su libro “Las cenizas de Salvochea”.



Las palabras amontonadas, recogidas y acogidas son sólo las cenizas de la palabra viva, recitada,
que tomó los labios, asaltó la garganta y la voz de alguien que las necesitaba o las usó para darse un hálito de esperanza.
Las líneas ideológicas y poéticas del libro se concentran en seis temas como son
el consumo, la guerra, la explotación y la precariedad, y la resistencia y la esperanza ante todos ellos
Librería-café La Clandestina
C/ José del Toro, 23
11004 Cádiz
Teléfono
956 22 12 10
 E-mail
info@la-clandestina.com



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EL ÚLTIMO JUEVES - FEBRERO 2011 - ANA PÉREZ CAÑAMARES



EL ÚLTIMO JUEVES. CIRCULO DE BELLAS ARTES DE PALMA DE MALLORCA

El próximo 24 de febrero, a las 20 horas, en el Último Jueves, ANA PÉREZ CAÑAMARES nos invita a disfrutar de su poesía. Será en el Cuartel de Intendencia, C/ Socors 22 Palma de Mallorca. 

La poesía de Ana Pérez Cañamares es directa, sencilla y sincera, sin azúcar ni ornamentos. Mientras la mayoría nos movemos entre la percepción de lo que creemos ser y lo que de verdad somos; mientras pintamos las caretas  que llegamos a creer nuestro propio rostro y nos conformamos con la imagen amable que los demás nos ofrecen; Ana Pérez Cañamares mira detrás, utiliza la empatía y nos muestra su alfabeto de cicatrices. En sus ojos no hay lagrimas de compromiso. Con sus versos no busca el reconocimiento. Muerde las palabras si es necesario. No trata de vendernos enciclopedias. 
Ni los niños, ni Ana Pérez Cañamares se bastarán para salvar la primavera. Arranquemos también nosotros las cortinas. 
Tenemos la ocasión de arrancar las cortinas y abrir una vez más un telón, el del Último Jueves, 16 años de espectáculo poético, un país que me cambió la vida.
Contaremos con la presencia de Ana Pérez Cañamares, con la música de Dream On, con la batuta de Antonio Rigo, el humor de Salvador Bonet, la colaboración de Luis Ansorena, Tomeu Ripoll, Biel Vila, Carmina Fermoselle, Teresa Sureda, y  un servidor, Jorge Espina.



Entonces ¿tú también me ves así?
¿Tú también me ves fuerte?
Porque le echo cayena a la comida,
porque bebo como un hombre
(un hombre que bebe mucho)
porque me he horadado el cuerpo
-y el cerebro-
porque he parido a cuatro patas
como una hembra en su guarida
porque okupé en Londres
porque he hablado en público
y he lavado y vestido a mi madre muerta
porque me he rapado el pelo
y lo he teñido de amarillo
porque he dormido sola en el monte
y he puesto a conversar
mi oscuridad con la oscuridad de fuera.
Así que tú también me ves fuerte.
Serás de los que te sorprendas
el día que me desplome;
insistirás en que nunca me viste
dar una señal de debilidad
o de abatimiento.
Te equivocarás como todos
y no podré culparte:
toda la vida llevo apoyándome
en esta fama de fuerte.
Sólo yo sé que la fama camina
sobre muletas podridas.

Ana Pérez Cañamares. La alambrada de mi boca. Ed Baile del sol

http://apologadelaluz-jorgeespina.blogspot.com/2011/02/el-ultimo-jueves-febrero-2011-ana-perez.html

Poema inédito en El Cultural de Ana Pérez Cañamares

El pasado viernes, en El Cultural de El Mundo, aparecía un poema de Ana Pérez Cañamares junto a poemas inéditos de Caballero Bonald, Guillermo Carnero, Antonio Colinas, Pablo Fidalgo, Vicente Gallego, Luis García Montero, Olvido García Valdés, Clara Janés, Luna Miguel, Joan Margarit y José Luis Rey. Este es el poema:



Sé que son las nueve por cómo
me pesan las piernas.
El día es largo, pero el tiempo es corto.

En un momento, para hacer tu salsa
segaste las plantas de hierbabuena.
Lo que la primavera parió despacio
desapareció de golpe una tarde de otoño.
Atardece. El cansancio se posa
sobre mis hombros como un buitre.

Sé que es la hora del telediario
porque me siento carroña.
http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28647/Poesia-_Ultima_hora

Asombrosa Ana






Alfabeto de cicatrices, de Ana Pérez Cañamares, es la poesía elevada a la enésima potencia, asombrosa capacidad descriptiva y explicativa. Poemas que indagan en el poderoso lenguaje, en la aventura vital que los hace realidad, con ecos de los mayores e imágenes lorquianas que hacen palidecer a los poetas modernos, pues les recuerda que no hay verso "que parta por el canto una moneda" por muchos saltos jabonados que den. La poesía de Ana deja en el viento sombras de silencio.


Enrique Villagrasa, Qué leer, Febrero 2011.
 
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