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martes, 26 de febrero de 2019

Reseña de DESDE LAS ENTRAÑAS de Inma Luna y Zaida Escobar en el Facebook de Fernando Cabrita

Desde las Entrañas, de Inma Luna
Un hermoso libro de poesía

Llevo años acompañando la trayectoria poética de Inma Luna. He estado adquiriendo y leyendo repetidamente sus libros, buscando comprender su ritmo, su forma de escribir, la forma en que moldea las palabras, su paleta de voces y de temas. Me acerqué a Toledo para asistir a su lectura, y a ana maria cañamares, en el laboratorio matadero. De esa ciudad. Y con convicción, corridos estos años, reconozco la poesía de Inma Luna, en su conjunto, como una de las grandes obras poéticas de la contemporánea española.
La Poeta Madrid se sirve de una escritura siempre abiertamente íntima, a menudo a convertirse en carnal, visceral; y construye así un recorrido y una obra - aún en elaboración y a de -- profundamente coherente. Coherencia que persiste con el tiempo; y que se edifica con un rigor y una seriedad indiscutibles. No hay en la poesía de inma concesiones o despreocupada, al efímero o a caprichos feministas, ni desgarramento o sueño gratis. El camino poético es sólido, seguro. Cada verso es parte legítima del poema en el que se introduce; cada poema parte lídima del libro donde se incluya; y cada libro una pieza armónica y cohesionada en la obra que se va arrojar. Y siempre en ella están presentes, con naturalidad y sin esfuerzos, artificios o innecesarios gongorismos, el talento y la emoción que siempre corren a la par en esta poética.
En 2017 Inma luna fue una de las poetas que participó en el festival poesía al sur, en olhao, después de haber sido una de las escritoras a integrar, con poemas suyos, el n º 1 de los cuadernos poesía al sur, que por entonces Nacían. Inma traía ya entonces consigo un historial literario significativo: nada para cenar, que fue premio de poesía villa de parquesur-2005 y editado por lfc está en 2006; el círculo de Newton, editada por baile del sol en 2007 Y en 2014; en el estoy limpia (edición de baile del sol en 2011 y 2015); existe en el es espera que estar cambio (edición de 2012); Está, en 2013; divina (baile del sol, 2014), y un vago temblor de rodillas en el corazón (Ed. Crecida, 2015); además de otros títulos en novela, narrativa y informes, y colaboración frecuente en blogs, revistas, antologías y cargadores literarios. A su llegada a olhao, más allá de traerme de Canarias los primeros ejemplares de mi el sermón de la montaña, que el mismo baile del sol editara a ese final de 2017, traía aún, que me ofreció, un ejemplar del libro Desde las entrañas, libro que es al mismo tiempo una pieza de arte gráfico, donde la poesía de luna es ilustrada por la pintora Zaida Escobar.
Es de este último libro que quiero hablar, ahora que sobre él he hecho ya varias lecturas que me permiten analizarlo sin ningún defecto de comentario que resultase de una lectura apresurada o menos cuidada. Y, de hecho, me reitero en la opinión que ya se ha expresado y que me ha resultado de los demás títulos de Inma que entretanto había leído
La poesía de Inma luna expone y expone. Pasan en ella las experiencias, sean las vividas, sean las imaginadas; pero siempre sin rechazar la presencia del círculo - a veces tan secreto y tan duro para que los poetas lo traten públicamente -- de la propia intimidad. Con Inma, sin embargo, el poeta no es el impostor de persona, sino baudelaire confesando o whitman compartiendo su propia vida, sus visiones, sus emociones. La íntima elmundodelavida.
Pero convertirse en poeta el personaje del poema, luna no habla sólo de usted. No es de esos escritores incapaces de superar el límite estrecho de sus pequeñas y tantas veces banales historias de vida; o que cuando lo hacen se quienes en usar la escritura como medio de venganza, de castigo de sí mismos, de remordimiento y disgusto o De autolesiones a despertar pena. No. Inma luna es de otra cepa literaria; y cuando habla de usted, habla de los demás; cuando relata los éxitos personales y íntimos, nos hace sentir que relata nuestros propios éxitos, nuestras antiguas experiencias, para siempre nuestras por amargas que hayan sido . Y la poesía de Inma, libre de remordimiento, de agastamentos, de rudo, nos reconcilia con nosotros mismos, cuando en ella nos revisamos y, al igual que la poeta, nos dimos cuenta que "nadie me ( nos ) conoce", ni el psiquiatra, Ni la taza de café, ni mis pestañas, como en ese poema que abre, con fuerte elevación, este desde las entrañas.
Nadie nos conoce. Ni nosotros mismos, como en ese hermoso poema de Cecilia Meireles, tan pessoano: " yo canto porque el instante existe / y mi vida está completa./ no soy alegre ni soy triste:/sou poeta./ hermano de las cosas escurridizas,/ No siento gozo ni tormento./
Cruzo noches y días / en el viento./ si disolución o se edificio,
Si permanezco o me rompo / no sé, no lo sé. No sé si me quedo / o paso./ sé que canto. Y la canción es todo./ tiene sangre eterna a ala ritmo./ y un día sé que estaré mudo:
- nada más ". (pero después, y sin embargo, en otro poema, dirá: " y aquí estoy, cantando.
Un poeta es siempre hermano del viento y del agua  deja su ritmo por donde pasa ".
Así es como se trata desde las entrañas. Poéticamente trata: de cada uno de nosotros. Y por las palabras de Inma, (re) encontrarnos con nuestro pasado, nuestra idiosincrasia, nuestra piel, nuestros ojos, todo lo que vimos, todo lo que nos marcó y que quedó en nosotros, viniendo de todos lados Y de todos los tiempos " como el viento en las casas de los puertas ". por eso hay que " tocarlo todo ", propósito anunciado en el segundo poema del libro con ese exacto título, y que es a mi ver el más formidable de los Poemas de esta obra, compuesta de formidables poemas.
É que verdadeiramente, di-lo a poeta, nadie nos conoce; e nem sequer nos conhecemos nós mesmos antes de conseguirmos essa lucidez de tocar tudo, de cada um “embadurnarse en el poema, en su saliva caustica”; mas também ir ao fundo do fundo do que somos. Como diz Inma: tocar tudo, beber tudo, provar tudo. “No basta con mirar/ hay que adentrarse en los pozos oscuros,/ en sus gritos./Morder el gozo, / babeantes/ inocularse el virus/ acariciar los aguijones/ rindiéndose el veneno./ Tocarlo todo (…)”. Porque como diz adiante, em Epi hemera, estaremos sempre entre “el desprendimiento y el aprendizaje”, tendo “en las manos el reflejo arqueológico de la memoria”.
La poesía se hace de palabras y emociones. Palabras justas y exactas, como cosas vivas; y emociones que palpitem como entrañas vivas. Desde las entrañas. Para que la poesía sea ella también, no un artificio, no un cadáver raro, pero como inma luna también ha escrito, una cosa viva. O al menos una cosa en la que vive.
Por eso esta poesía es grande y en algunos de sus momentos magníficamente superior. Respira modernidad y fuerza, sinceridad y emoción. Es cruda sin ser cruel; personal pero simultáneamente colectivo; original, pero fiscal de cuanto ya la poeta vino escribiendo antes, en una admirable secuencia (de que son mejores ejemplos todo el en el estoy limpia o de muchos de los poemas de divina); y fuerte en la Fragilidad que toda la poesía comporta. Y ninguna angustia, ningún spleen surgen que no sean resolubles por la esperanza, o por el amor amor, por el energía emocional y físico: " siempre que te me la vallas / mi cuerpo desprende olor a humedad / pero en como huelen los techos de las casas vacias / campana como el aroma salvaje de los manantiales " (poema que recuerda esta mantequilla a derretirse en doméstico, poema de 2005 constante en nada para cenar).
Y hay todavía en toda la obra una conciencia aguda y viva de la disolución del tiempo y del ser en el tiempo; pero también del crecimiento que cada experiencia trae; disolución y crecimiento que son inseparables, y que la poesía de luna utiliza como pilares del templo en Que se edifica. Una poesía sensible, casi gráfica, donde pasan olores, sensaciones, sabores y sonidos. Una poesía que palpita, animas, absorbente.
Inma Luna, desde las entrañas, consigue esa calidad que solo los grandes poetas alcanzan, de hacernos sentir físicamente el poema. Y de sentirlo con todos los sentidos, con todos los sentimientos del alma, en un proceso trascendente de confluencia de la palabra y de la emoción.
Y, si bien escrita por mujer, esta poesía no cae en el ridículo de los militantes militantes, que siempre hacen bajar la poesía al folleto y a la moda ocasional. Por el contrario, en inma luna existe una profunda y patente conciencia social; pero no se enrolla en nuevos maniqueísmos, en nuevas modalidades de, una vez más y para deleite de quien sin rostro gobierna el mundo, poner después a mujeres contra hombres y géneros contra Géneros, en un revanchismo tonto y tonto. La poesía de Inma al contrario, verdaderamente poesía que lo es, está sobre esas banalidades temporales y pasajeras. Su Escritura es femenina, claro, porque es escrita por una mujer. Pero es universal por ser escrita por una poeta. El tipo aquí importa nada y añade nada. La poesía importa todo. Y cada poema de Inma Luna, mujer y poeta, hace más por el reconocimiento del papel de las mujeres en la sociedad que decenas de poemas estereotipados o de declaraciones descabeladas de neo-Feminismos, que más no hacen que poner sexo contra sexo y género contra género , como si nada más hubiera discutido en el mundo y ahí, y sólo ahí, residiera la salvación de la humanidad.
Desde las entrañas es una edición de baile del sol; y las ilustraciones de Zaida Escobar son sublimes y hacen de esta edición, más allá de un marco literario por la poesía que contiene, una pieza artística preciosa.
He hablado desde las entrañas de Inma lumna. Hablé de una gran poeta, y de un gran libro de poesía.

Fernando Cabrita, febrero de 2019


https://www.facebook.com/fernando.cabrita.92/posts/2225092107555447

lunes, 2 de abril de 2018

Reseña de DESDE LAS ENTRAÑAS, de Zaida Escobar e Inma Luna en EL MAR DE LETRAS

DOMINGO, 1 DE ABRIL DE 2018


"Desde las entrañas" - Inma Luna & Zaida Escobar


“Desde las entrañas” es un poemario ilustrado o un álbum con poemas: texto e imagen se nutren y complementan, y no se roban protagonismo en ningún momento. Son solo diferentes maneras de expresar una misma idea: por ejemplo, la reivindicación de la persona como ente que no se puede conocer sólo desde fuera o a través de su apariencia.

Luna y Escobar se unen aquí para crear una obra conjunta de texto e imagen: ambas artistas vuelcan sobre el papel ideas íntimas y viscerales, en una explosión muy efímera de arte y belleza que roba toda la atención del lector y que desde la estantería reclama ser admirado una vez más. Ahora veremos qué tiene de especial este hallazgo editorial.

La textura de los límites del ser humano
“Desde las entrañas” es una obra que en esencia transmite valentía, vitalismo y aceptación de los límites del ser humano: dar todo de sí sabiendo que habrá que parar o virar el rumbo. También transmite la idea de aceptación de nuestra propia condición de humanos, que es clave para, a partir de ahí, explorar los límites de cada uno.

Reivindica el derecho a la intimidad, a dejarnos fluir como animales sin poner trabas artificiales y asépticas a nuestra naturaleza. Todo esto, a través de ilustraciones y textos sinceros y descarnados en los que destacan las texturas muy bien conseguidas y la alusión que de forma continua se hace entre líneas a sacar el mayor rendimiento a los cinco sentidos.


Inma Luna y las palabras
En cuanto a los poemas, no son demasiado largos, son textos rápidos, como reflexiones cazadas al vuelo de un instante. Sigo de cerca la obra de Inma Luna desde hace algunos años y sé que se caracteriza por impulsos creativos: no son versos pulidos y revisados una y mil veces, sino que escribe guiada por la pulsión del momento transmitiendo así la idea en toda su crudeza, incluso aunque se trate de imágenes delicadas.

Luna es periodista y antropóloga, y hasta la fecha ha publicado la maravillosa novela “Mi vida con Potlach”, un libro de relatos titulado “Las mujeres no tienen que machacar con ajos su corazón en el mortero” y un buen puñado de libros de poemas.

En estos textos transita por las pasiones y los instintos, haciendo a veces un regreso al bosque o a lo ancestral como metáfora para despojarse de lo accesorio e indagar en el interior de sí misma con el fin del crecimiento personal. Los sentimientos y la idea de vivirlo todo al máximo, apasionadamente y sin miedo a transitar los límites, también están presentes en sus versos.

El mundo de colores de Zaida Escobar
La unión de la tinta y el papel que se han seleccionado para imprimir este libro, da lugar al maravilloso olor de las ceras Manley que todo lector que haya crecido entre los 80 y los 90 evocará con facilidad. Es un detalle más que convierte a este libro en una obra sensitiva a muchos niveles y que alude directamente a la posible bibliofilia de los lectores.

Las ilustraciones de Zaida Escobar son increíbles, me han encantado. En ellas destaca la textura, casi parecen estar en relieve, las figuras a punto de emerger del papel. Son diseños de rostros y cuerpos humanos, en los que destacan los fondos oscuros sobre los colores animales: ocres, pardos o sangre que contrastan con áreas azuladas.

Escobar es licenciada en Bellas Artes y Técnica Superior de Ilustración. En los últimos años ha expuesto su obra en galerías y ha experimentado diferentes campos como la ilustración, la obra plástica a gran formato o el live painting, su obra se caracteriza por poner siempre el foco en el cuerpo humano.

Me ha cautivado la unión de estos dos talentos: sencillamente, creo que es un álbum ideal para hacerse un homenaje y regalarse belleza.
http://elmardeletras.blogspot.com.es/2018/04/desde-las-entranas-inma-luna-zaida.html
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miércoles, 22 de abril de 2015

“MI VIDA CON POTLACH”, DE INMA LUNA

“Mi vida con Potlach”, de Inma Luna (Baile del Sol)
¡Vaya diario! Pobre Potlach. Un perro surgido de la nada, abandonado, aparece en el salón de Luis y Sonia, no sabemos si secuestrado o enviado por quien sea para proporcionar un asidero al propio Luis mientras se desmorona.
No nos damos cuenta. Los occidentales nos creemos muy listos. Pensamos que tomamos nuestras propias decisiones cuando siempre son otros quienes deciden por nosotros. (…) La respuesta no está en lo remoto sino en la cotidianeidad. Es ahí donde se tienen que trazar los perfiles de la existencia dejando que el espacio se ajuste a la necesidad, sin intentar llegar a conclusiones que están fuera de nuestro alcance, sin ser tan pretencioso.
Luis quiere caer. Decide que el resto del mundo no merece su compañía, excepto Potlach. Cree poder vivir esa vida e Imna Luna elige el diario como género para comprobar si será capaz de llevar a cabo su plan. Una elección interesante porque permite cierta libertad a la hora de contar lo que ocurre. Estamos sujetos a la capacidad de Luis (la que le dé la autora) de enfrentarse al papel según su estado de ánimo (o del nivel de acercamiento al inframundo) y podemos conceder ciertas licencias como períodos de ausencia. A cambio, exigimos que cada entrada sea memorable. En principio es un buen trato.
…sé que mucha culpa de aquello la tuvieron mis expectativas, mis elevadísimas expectativas respecto a la gente. La gente solo es gente y no está disponible. 
… estarían ahí si les necesitaba. Bueno, no lo pensaba verdaderamente, no son cosas sobre las que uno medite, solo se dan por hecho en la hora precisa.
El paso de Luis por la clínica psiquiátrica y sus comienzos fuera de ella conservan estas directrices, solo amenazadas por la entrada en escena de Noelia, con su madre y Guille como secundarios necesarios.
Una cuestión clara: esas ideas y planes perfectos en nuestra cabeza agonizan cuando se confrontan a la realidad, convertidas en meras ilusiones. El transcurrir de las páginas nos lleva a historias de custodias, redespertar social/sexual y algún que otro quiebro improbable. Se pasa de puntillas por errores donde se asumen escasas responsabilidades  y se llega a prescindir (a través de una trágica muerte de un personaje que poco parece importar y que comprometía el final feliz, convertida en villana culpable de casi todos los males)de secundarios molestos. Todo por encajar piezas, que nos devuelvan la ilusión, ahora que Potlach se ha ido después de cumplir con su cometido.
-Ya. ¿Y tú crees que permanecer inmóvil te salva de todo?, ¿crees que si tú no haces nada, el universo también se paraliza?
-…
-No sabes lo equivocado que estás, Luis. A ti lo que te pasa es que estás muerto de miedo.
Para la reflexión posterior, se abren tres vía de debate.
1º Estructura de diario
-A favor: da más libertad, permite avanzar a saltos. Rompe la linealidad, la relación causa-efecto, son pensamientos trasladados al papel y que se produzca esa traslación depende del estado de ánimo del escritor. Aporta veracidad, porque, en teoría, es un documento íntimo y engañarse a uno mismo es complicado. No significa necesariamente que lo contado sea cierto, pero sí que el escritor lo vea de ese modo.
-En contra: Se hace necesario que cada entrada sea memorable. Cada línea debe contar.
2º Interpretación del texto. Las pruebas de Inma Luna.
Ella misma nos reta. Solo ella puede expresar sus verdaderas intenciones. No es que sea realmente importante; el libro se hace nuestro cuando iniciamos la lectura. Ante Luis caben tres opciones, y todavía no sabemos cuál sería la más interesante:
-Estamos ante un cínico, descreído, alguien que ha perdido la fe en sí mismo y la humanidad y con razón.
-Un caprichoso egocéntrico, demasiado centrado en su propio ombligo, incapaz de ponerse en el lugar de otra persona.
-Alguien básicamente confundido. Con tendencia a charlas consigo mismo, en las que se refuta y acaba por darse la razón y al que el tiempo y contacto humano devuelven a la rueda.
3º ¿Qué pinta Potlach en todo esto?, ¿qué representa?, ¿es importante?
-La explicación obvia. Llega con la caída, sostiene en el fondo, acompaña en la subida y se va cuando todo vuelve a la “normalidad”.
-Podría ser Luis observándose a sí mismo. Su actitud sumisa, la aceptación de cualquier circunstancia y la fidelidad a una idea: abandonar todo contacto pero anhelar ese contacto al mismo tiempo.
-Su pérdida genera un ligero temblor, muy lejos de un terremoto registrable. Al fin y al cabo, y por muy duro que suene, es prescindible. Lo realmente importante es creer en la posibilidad de la vuelta, incluso para alguien como Luis.

jueves, 26 de febrero de 2015

Inma Luna revisa su infancia y madurez en el poemario `Divina´

Inma Luna durante su último recital en A pie de página. Foto: L. Fraile
Inma Luna durante su último recital en A pie de página. Foto: L. Fraile


La librería A pie de página volverá a recibir este viernes a esta poeta madrileña, que acudirá para presentar esta obra editada por Baile del Sol
Laura Fraile
Valladolid
Un ajuste de cuentas consigo misma. De esta forma define la poeta y periodista Inma Luna a `Divina´, su último poemario, una obra que pretende reconciliarla con la niña, la madre y la esposa adolescente que fue. El punto de partida de este libro fue el hallazgo de uno de sus cuadernos de Religión. "El que me encontré es de cuando tenía 11 años. Al ojearlo me sorprendió ver cosas que permitían que me identificara con la persona que soy ahora. Sin embargo, también había muchas correcciones impuestas por la educación que recibía tanto en el colegio como en casa y que fueron cambiando la semilla de mujer que yo era. Sentí que necesitaba hacer una revisión de todo eso y ver cuándo me había rendido y optado por caminos que de otra forma no hubiera elegido", explica esta poeta.
Precedido por citas de autoras como Alejandra Pizarnik o Anne Sexton, este poemario comienza refiriéndose a la primera etapa de escolarización de Inma, en la que ésta estuvo en un colegio de monjas. Su relato es el de una niñez de pérdidas (se me olvidó jugar con las hormigas, acariciar a la serpiente, improvisar canciones... narra en `Extravíos´) y represiones (todo lo interesante ocurría en otro lado, por eso nos prohibieron mirar por las ventanas, escribe después en `Privadas´). Esta represión continuaría con la ejercida sobre su propio cuerpo. "Renovaron entonces los uniformes, holgándolos, engrosando la tela, desajustando el talle, desdibujando a las mujeres que pujábamos por ser", narra en otro de sus poemas.
A pesar de que en sus versos hay un cierto dolor y resentimiento, Inma reconoce que no recuerda esos años como una etapa terrible. "No es un libro rencoroso. En realidad, es un ajuste de cuentas conmigo por no haber sabido rebelarme. Aunque recrimino ese tipo de educación, no juzgo a las personas que actuaron así porque ellas también tuvieron una educación represora", aclara. Esa etapa de niñez y adolescencia en la que aprendió a subirse al tejado, en la que no la dejaban jugar con los chicos o en la que, como escribe en otro de sus poemas, hicieron picadillo su intimidad, hubo algunos resquicios desde los que poder seguir respirando. "Los míos eran la literatura y la escritura, aunque por encima de todo acabó siendo el amor, que es lo que más me ha salvado en la vida", reconoce.
Este poemario también recoge su embarazo y las reacciones que suscitó entre la gente más cercana. "Quisieron hablarme de sexo al enterarse de mi embarazo y ni siquiera entonces supieron cómo hacerlo, así que me obligaron a casarme para evitar el tema", escribe. Los poemas que acompañan a esta etapa hablan del miedo a los espejos y a unos vaqueros que ya no había manera de abrochar, pero también de la falta de libertad. "No me dejaron elegir el vestido de novia, el peinado, el ramo", narra Inma Luna, describiendo con ello un "pack" en el que a continuación se van sumando el sí quiero, el párroco, la iglesia y el novio.
"Todo esto eran cosas de las que sentía que tenía que escribir, aunque no he sido consciente de ello hasta hace poco", reconoce. "No me atrevía a enfrentarme a todo esto. Tenía miedo de que desembocara en un proceso doloroso, pero al final no lo fue en absoluto. Los poemas tienen un tono de ironía y sentido del humor que me han facilitado la escritura. También hay una cierta distancia", continúa esta poeta, quien asegura que ante todo ha sido un libro liberador.
Sus poemas están acompañados de una serie de ilustraciones y fotografías de la artista plásticaLoreto Rodera. "No podían complementarse mejor con los versos", indica Inma. Asimismo, este libro incluye varias citas de `La Divina Comedia´ que acaban convirtiéndose en el hilo conductor de todo el poemario. "Lo leí de pequeña, cuando tenía 12 años, y recuerdo que me entusiasmó. El recorrido por los infiernos, el purgatorio y los cielos que hizo Dante se convierte en mi libro en un camino paralelo a mi recorrido emocional", explica.
`Divina´ ha sido publicado por la editorial canaria Baile del Sol, en la que ya figuran otros de sus libros como `No estoy limpia´, `El círculo de Newton´ o `Las mujeres no tienen que machacar con ajos su corazón en el mortero´. Después de su presentación en la librería A pie de página, que comenzará a las 20 horas de la tarde, Inma acudirá al bar El Desierto Rojo, donde ha sido invitada para seguir recitando en compañía del grupo Susurros a pleno pulmón. A lo largo del mes de marzo la esperan nuevas citas en las que podrá continuar dando a conocer esta obra, como la que la permitirá estar el día 7 en Zaragoza, el 12 en Las Palmas de Gran Canaria, el 13 en Tenerife o el 20 en Logroño, en esta ocasión dentro de la programación del festival Voces del Extremo.
Durante el mes de julio Inma prevé publicar un nuevo poemario. "Aún no tiene título, pero incluirá poemas breves en los que hablaré de la relación con la naturaleza y con las raíces. En ellos también quiero reflejar un proceso vital en el que me encuentro, en el que camino entre la tristeza y un nuevo impulso vital", adelanta. En este momento Inma también está trabajando en su segunda novela, tarea que compagina con la dinamización de unos talleres de escritura destinados a adolescentes y adultos que semanalmente se organizan desde la librería Punto y coma de Leganés. Además, esta poeta ha creado un blog gastronómico llamado `La salsa de la vida´, tema al que identifica como otra de sus pasiones.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Divina conciencia

Antonio Luis Ginés 14/02/2015


La poesía como modo de enfocar toda una serie de situaciones, de plantearlas mostrando al lector esa postura del yo frente a la tensión que provoca una reacción ante una realidad adversa.
Así, Inma Luna, haciendo uso de una sencillez expresiva descarnada, marca una senda por la que va a transitar esa voz: "A oscuras / nos van inoculando el miedo..." y por la que tendrá que ir transitando el lector sin mucha dificultad, adentrándose en una atmósfera que se va volviendo densa, oscura por momentos, y que mantiene cierta tensión poética. Dominio del yo, situándose hacia atrás y luego recuperando el hilo de un presente hondamente marcado por ese pasado, viviendo el ahora --sobre todo a partir de la mitad del libro-- sin perder de vista la huella de esas vivencias.
Perfilando con claridad los límites y las fronteras, el bien y el mal, el sueño y la realidad... mostrándonos que en las pequeñas cosas y detalles pueden hallarse las grandes cuestiones: "Todo lo interesante / ocurría en otro lado. / Por eso nos prohibieron / mirar por las ventanas". La belleza, tan cerca, tan lejos, aparece por los resquicios, pero la conciencia tardía de no haber podido alcanzarla es un sentimiento de pérdida irremediable que persevera a lo largo y ancho del poemario, pero sin rencor, sacando a flote con luminosidad toda la experiencia, el recuerdo significativo como un todo necesario para madurar hacia el ahora.
Las ilustraciones de Loreto Rodera, sugerentes y cargadas de símbolos, proponen una ambientación que no coarta la propuesta de la palabra, sino que la amplía y proyecta.
La conciencia de una voz femenina --sin caer en apologías-- que reclama su propio espacio, aunque el dolor aparezca e insista en cubrirlo todo, la fuerza de la niña, de la madre, de la esposa joven, delimita claramente ese territorio por el que se nos invita a transitar y a habitarlo con ese mismo sentimiento de experiencia vital que forja, curte y revitaliza el sentido de estar vivo, cuando se reflexiona sobre él y se le da un encaje adecuado. De esa manera, el infierno que puede representar la búsqueda --inconsciente-- de la libertad y el placer cuando éstas se cortan desde el primer brote --el posterior fingimiento dentro de una sociedad, un contexto-- adquiere una dimensión dura, pero sin perder el referente del instante vivido y de lo que supone de positivo.
'Divina'. Autora: Inma Luna. Edita: Baile del sol. Tenerife, 2014

viernes, 23 de enero de 2015

La esencia de una educación sentimental: "Divina", de Inma Luna


Inma Luna (Madrid, 1966) es una poeta experimentada que a lo largo de su trayectoria (cinco poemarios en menos de una década), iniciada en 2006 con Nada para cenar ha combinado  una intimidad conflictiva con la atención a una realidad social dura, difícil. En Divina, su sexto libro poético, recorre, con palabra afilada en la que se revela una sensibilidad a flor de piel, su educación sentimental. Una peripecia que, aunque se base en la experiencia del propio sujeto poético, tiene en gran medida un carácter generacional: en ella es reconocible la trayectoria de la mujer en una sociedad marcada por la moral católica y su prolongación “civil”. Mujeres nacidas en los años sesenta formadas, cultural y sentimentalmente, en entornos lastrados por la herencia del franquismo: en la familia, en la escuela, en las relaciones fuera de la casa.

La infancia, el choque entre la ternura inocente de la niña y la brutalidad que no entiende de emociones, de miedos; la perplejidad y el desconcierto ante injusticias acuñadas como  justas, la adolescencia  como tiempo de sumisión, de crecimiento, de culpa, de emociones confrontadas; la juventud y la madurez que desembocan en un matrimonio obligado y en cierto modo inexplicable, la maternidad…. Estaciones de un trayecto que lleva a la soledad y a la desconfianza, a la contemplación del mundo con la lente de un rencor sutil, dolorido, perdurable. Las lecciones recibidas por la mujer que protagoniza Divina forman parte de un catálogo de prohibiciones: negación de lo imaginario, elusión y castigo del deseo, sexualidad oculta y, a la vez, pervertida, difuminación de la carne, de la intuición, destierro de la naturaleza, madre de toda tentación… Todo ello, cruzado por la conciencia de ser de una clase diferente (algo que Luna expresa de modo sintético en el poema “Caína”: "Tenía menos juguetes / y muchas más horquillas en el pelo, / ni una sola flor, / ni una. / Ella era rubia con germen de elegancia. / Envidiaba sus escaleras de madera, / su boca enorme, / sus juguetes", escribe) y por la condena de la pereza y del placer, de todo asomo de hedonismo. La necesidad de sobrevivir en medio tan hostil conduce a la simulación, a la esquizofrenia de la doble personalidad, algo que ha marcado, en buena medida, la condición femenina en nuestra civilización. Es ilustrativo a este respecto el desolador poema “El engaño”:  “Mis padres no han sabido / la clase de hija que tenían, / mi marido ignoraba / de qué se alimentaba su mujer,  / mis hijos desconocen / qué raquítica madre les ha tocado en suerte. / Cumplí perfectamente el cometido / de engañarnos a todos”.

Inma Luna escribe con un lenguaje despojado, directo, pero lleno de sutilezas, impregnado por un temblor emotivo y no carente de chispa lírica: “Vendad la sangre / con una gasa blanca, / dad varias vueltas para aquietar, / si tropezáis con alguna bandada de pájaros / apartaos de ellas”. Su estética tiene cierto paralelismo con la pulsión dolorida de ciertos poemas de la Pizarnik o de Amájtova aunque con menos dosis de metafísica. Su poesía es transparente, nada elusiva, puro esqueleto a veces, y tiene en la realidad y en la vida, en la experiencia de lo cotidiano, su material de partida, su proteína.

Al texto de Inma Luna se añade, en esta edición, el magnífico trabajo de ilustración de Loreto Rodera, lo que convierte el libro en un objeto integral, pura obra de arte, que confiere a los poemas un sentido más hondo, más diversificado y enriquecedor. La imagen al servicio de la poesía. Y viceversa. 

Divina / Inma Luna / Ilustraciones de Loreto Rodera / Baile del Sol. Tenerife, 2014 / 69 pags.  

jueves, 27 de noviembre de 2014

Mi vida con Potlach: entrevista a Inma Luna


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“Mi vida con Potlach” es una de las sorpresas editoriales de los últimos meses. Se trata de una novela que se aleja rotundamente de la mediocridad habitual gracias a la profesionalidad de su autora y la falta de aspiraciones engoladas: difícilmente dejará indiferente a los lectores de buen criterio literario. Su autora, Inma Luna (Madrid, 1966), es periodista y antropóloga. Antes había publicado una gran cantidad de producción literaria, siendo esta su primera novela. Acaba de reeditar su primer poemario, “Divina”, también con Baile del Sol, y otro de sus poemarios más recientes es “Cosas extrañas que sin embargo ocurren”, a cargo de la editorial Cangrejo Pistolero (2013). Atendiendo a su producción en prosa, existe un libro de relatos titulado “Las mujeres no tienen que machacar con ajos su corazón en el mortero” (Baile del Sol, 2008).


Esta entrevista surge por la gran calidad de la novela que tenemos entre manos: “Mi vida con Potlach”. Después de leerla, estábamos deseando conocer a Inma y preguntarle acerca de un buen puñado de cuestiones. Su predisposición para concertar una cita y realizar la entrevista fue inmediata, y comprobamos en persona que su amabilidad es tan grande como la sonrisa que luce en todas sus fotografías. Nos citó en un local absolutamente encantador, y tras un té de nombre evocador y la mejor música de fondo, esto fue lo que nos contó:

“Mi vida con Potlach”, el proceso

Pregunta: En primer lugar, hasta ahora conocíamos su trayectoria literaria a través de sus relatos publicados, pero principalmente por su poesía, que además nos parece muy íntima, muy femenina y muy personal (que se aleja un tanto de la poesía narrativa)… ¿cómo surge ese salto a la novela, qué sucede?

Respuesta: Aparte de poesía, siempre he escrito también relatos: para mí, la diferencia esencial entre escribir poesía y narrativa está sobre todo en lo que hay de ficción en cada cosa. En la poesía no hay nada de ficción, es decir, todo lo que pongo sobre el papel es lo que realmente pienso, lo que siento. Quizá no todo lo experimento, pero sí es mi visión del mundo. Ahí no hay nada ficticio, no hay ningún personaje creado. Para eso me habían venido muy bien los relatos, había conocido muchos personajes muy interesantes.

P: No ha caído en la trampa del poeta que de pronto irrumpe en la narrativa escribiendo prosa lírica o incluyendo poemas entre los capítulos… ¡y queremos darle la enhorabuena por ello! ¿Cómo ha sido la experiencia escribiendo narrativa?

R: Yo tenía una idea en la cabeza: quería contar cómo a veces, aunque nos cerremos a las sorpresas que la vida nos depara, la vida se empeña en irnos cambiando ese trayecto: cómo era casi inevitable que la vida fuese cambiando el camino que tú has elegido. Pero no sabía con qué historia iba a explicar esto. Entonces, como no tenía experiencia en novela, al principio empecé a redactar esquemas, a pensar por capítulos, a hacer la dinámica que puedes encontrar en cualquier taller de cómo escribir una novela. Bueno, pues fui incapaz de funcionar así. Entonces, empecé a escribir de una manera más intuitiva, y en ese otro comienzo surgió Luis, el protagonista de la novela, que en principio yo no sabía ni siquiera si iba a ser un hombre, no lo tenía nada claro.
Pero de repente aparece esta voz y me resulta muy potente. Entonces me dejé llevar absolutamente. Y de verdad que ha sido un personaje agradecidísimo porque me ha contado muchas cosas. Ha habido mucha parte mágica, porque realmente me dejaba llevar. Tenía todas las facetas que yo necesitaba para contar esta historia: esa cierta paranoia, esos problemas que tiene, cómo intenta que su vida se convierta en una cuadrícula para salvarse del dolor… que en realidad es por lo que yo creo que a veces nos volvemos un poco inmóviles, porque creemos que cualquier paso que demos puede hacernos daño. Si no tuviésemos miedo al dolor seríamos mucho más osados. Necesité un trabajo de constancia, que es lo que requiere esto por contra de la poesía, (que para mí no requiere ningún esfuerzo).
Mi vida con Potlach
P: ¿Cómo describiría la experiencia al darle voz a un protagonista masculino?

R: Ha sido muy, muy, muy interesante porque en cada tesitura que Luis se encuentra yo tengo que pensar como él, y tengo que entender por qué él piensa así, por qué se relaciona de esa manera con las mujeres, qué le ha pasado para tener esos prejuicios cada vez que se enfrenta a una relación, qué miedos le atenazan y por qué… y ver esto desde un punto de vista masculino, cuando yo además he hecho una literatura muy femenina. Ponerme en la piel de Luis ha sido un ejercicio precioso, porque me ha servido a mí también de mucho. Ponerte en lugar del otro pero no de una manera paternalista. Y la verdad es que los lectores hombres me han dicho que le veían bastante real, que era un hombre sensible pero que no parecía algo impostado.

P: ¿Por qué le interesaba meterse en la piel de un personaje con problemas mentales? ¿Hay un por qué?

R: ¡Eso también fue cosa suya! (Risas). En principio tampoco tenía pensado que tuviese ningún problema mental. Me venía muy bien ese punto de inflexión en un momento de su vida, cómo él empieza con esa crisis brutal que tiene, para que se replantearse qué hacer. Ese aspecto es muy útil para indagar en esa mente, en su forma de ver la vida, y también para ver cómo se enfrenta a otra visión con la que él no está familiarizado, y sobre todo, cómo se da cuenta de que tiene sentimientos que desconocía: intentar ayudar a gente que no conoce, que le ayuden a él…

P: ¿En qué proyectos literarios está trabajando actualmente?

R: Estoy trabajando en otra novela, pero igual, con paso lento porque me cuesta, y además casi no corrijo, con lo cual cada página esta destilada absolutamente: tardo muchísimo en escribirla porque no me gusta lo superfluo en nada, ni en la poesía ni tampoco en la novela. No quiero contar cosas que no sean imprescindibles, por eso voy corrigiendo a la vez que escribo, el proceso es lento. Estoy escribiendo una novela que creo que tiene muy poco que ver con ésta tanto en el tono como en los personajes; quería en principio que fuese un poco más ligera porque ésta es un poco densa en algunas partes, pero… ¡no me está saliendo tampoco tan ligera como me gustaría! (Risas). También estoy haciendo un poemario que sacaré para el mes de julio con una editorial de Huelva que se llama Crecida.

Feminismo en la literatura

P: Actualmente existen movimientos de carácter feminista, de igualdad de géneros, tanto a nivel político y social como, concretamente, literario. Por ejemplo, se está presentando por muchas ciudades el documental “Se dice poeta” de Sofía Castañón, que reivindica la igualdad de la presencia femenina en todos los ámbitos de la industria de la literatura, y en el que participan escritoras de tu círculo y/o generación. ¿Se siente identificada con estos movimientos? ¿Ha tenido que luchar con más fuerza en alguna ocasión dentro del ámbito literario por ser mujer?

R: Yo he tenido mucha suerte: cuando he querido publicar, he publicado. He escrito mucho de siempre, pero no he querido publicar hasta muy tarde porque todo lo que había escrito no me parecía digno de ser publicado. El primer poemario lo presenté a un concurso y gané la publicación, del que ahora ha salido la segunda edición (“Nada para cenar”). A partir de ahí casi todo me lo han ido pidiendo las editoriales.
Ahora bien: ¿qué le pasa a una escritora?, ¿qué le pasa a una mujer en general? Lo mismo, la misma dinámica que podemos experimentar en cualquier otro campo pasa en la literatura. Casi siempre somos un grupo aparte. No hay todavía un campo abierto de hombres y mujeres en nada: están los hombres, que ocupan la parte genérica de cualquier cosa (del arte, de la literatura…), la parte masculina es la que puede interesar a todo el mundo, siempre nos encontramos con esa barrera.
Me preguntan: ¿tú escribes para mujeres? ¡Pues no, nunca en mi vida he escrito para mujeres! ¿Escribo como mujer? Pues claro, escribo como mujer como pinto como mujer, como aprieto un tornillo como mujer… todo lo que hago en mi vida lo hago como una mujer, y además no reniego de eso para nada. Y lo que siento y experimento no me planteo si es femenino, es que es mío y sale de mí. Pero es que creo que ningún hombre se plantea si lo que hace es masculino. El problema que veo es que todo lo masculino es genérico, como ocurre con el lenguaje, y luego está lo femenino, que casi siempre son intereses que sólo corresponden a una parte de la sociedad. Parece que lo femenino no interesa en general, con ese choque te encuentras siempre. Tenemos que tener una alarma constante.
Por ejemplo, yo noto que me invitan mucho a festivales, a recitales. Pero a mesas redondas me invitan a muy pocas, esas casi siempre son de hombres… ¡salvo que hablen de literatura femenina! Entonces sí me llaman. Estoy segura de que quien lo organiza ni siquiera se acuerda. Tenemos que estar alerta. A veces no sabría decir si es discriminación… que sí que lo es… a lo mejor no voluntaria, pero existe, y se percibe.
Mi trabajo no sólo va destinado a las mujeres: hablo de la vida, que nos interesa a todos, y hablo de la maternidad porque me parece una experiencia relevante, pero no sólo para las mujeres. Este tema sólo se utiliza a nivel universal cuando interesa, es decir, cuando se trata de comprar cosas: si te interesa que los padres tengan en cuenta que tienen que comprar. En general parece que la maternidad es una cosa de la mujer, tanto para bien como para mal. Si quien diese a luz fuese un hombre, ¿te imaginas?, ¡tendría todos los privilegios del mundo! Y la maternidad no es una debilidad: es lo que hace que el mundo siga. El hecho de que ahora esté de moda hablar de algunos temas feministas me parece maravilloso.
Oigo a muchas mujeres más jóvenes que yo: “Soy feminista, pero no radical”. ¡Pero es que tienes que ser radical hasta el máximo… radicalísima! Nos las cuelan, hay miles de cosas que no eres consciente que estás haciendo o te estás tragando en la tele y esto no tiene que ser así. Tenemos que ser muy radicales, claro que sí: muy radicales pero no en el sentido de ataque, es una cuestión de defensa.

Inma Luna

Cuestiones sociales, literarias y más

P: ¿A nivel global, qué opinión le merece el panorama literario actual de este país?

R: No estoy muy al tanto, pero lo que veo es que hay corrientes subterráneas, gente haciendo cosas que me parecen interesantes. De la literatura española contemporánea no me gusta casi nada. Hay excepciones, pero en general lo que llega a las librerías y lo que aparece en Babelia me parece malo, o por lo menos a mí no me interesa. Coordino un club de lectura y hemos leído cosas muy buenas y otras que te preguntas cómo se pueden publicar y vender durante tanto tiempo. Leímos “La alegría es un té contigo” de Mamen Sánchez… no puede estar peor escrito. Pero es que el último de Julia Navarro (que también lo leímos porque iba a venir a la librería) me pareció nefasto.
En poesía hay cosas que me encantan, y muchas son mujeres. Me encanta lo que están haciendo Ana Pérez Cañamares, Sofía Castañón, Sonia San Román… hay gente que está haciendo un trabajo muy bueno. Pero, ¿cómo está el panorama? Como todo, difícil, la cultura está en declive absolutamente. Luego hay grupúsculos semi mafiosos haciendo cosas de las que no participo, me muevo en ambientes mucho más gratificantes. La gente que he conocido en el campo de la literatura ha sido muy generosa conmigo.
Cuando me preguntan: “¿Vives de la poesía?”, digo: “Sí, vivo de la poesía porque es lo que me da la vida”. Recitar para la gente me encanta, porque hay un punto de conexión preciosa, es como un paso más del libro.

P: ¿Cuáles son sus principales referentes literarios?

R: Mi diosa es Clarice Lispector, es la escritora que más me gusta y más difícil me parece, pero siempre que la leo pienso: “Yo quiero hacer esto, quiero escribir con esta depuración”. Ella era una mujer que pensaba tanto en la literatura, que todo lo que ha escrito sobre literatura, yo lo firmaría. Es como si leyera lo que pienso, me encanta. Aparte, hay libros sueltos… me gusta volver a los libros de Juan Rulfo, “Pedro Páramo” y “El llano en llamas”, que son dos libros deliciosos; Yasunari Kawabata también me gusta mucho; algunas cosas de Gioconda Belli me parecen muy interesantes, las manos comerciales, quizá. En poesía me gustan Jaime Sabines, Laya…

P: Una de las grandes cualidades que ennoblecen a algunos de los personajes principales de esta novela, es su generosidad sin fisuras, ¿cree que es una de las grandes taras de la sociedad, la falta de empatía y de generosidad entre las personas?

R: Creo que no está perdido, que hay gente muy generosa, lo que pasa es que no sabemos mucho de ella. Esa gente no llega a los medios de comunicación, se ve mucho más la suciedad que nos rodea, que en esa no hay ninguna empatía, efectivamente.
El otro día fui a una Caixa, tienen un cuaderno con los pisos que venden, lo cogí y estaba lleno de dramas: cada piso de esos se lo han quitado a una familia y lo venden por una miseria. Es tan triste ver eso… ¡que te lo ofrezca una entidad que está ganando millones y millones, y tenga ahí esa exhibición del dolor! Es terrible, es horroroso. Se lo dijimos al director, “Estos son los pisos que quitáis a la gente”. Claro, no saben qué decir porque no pueden justificar eso.
Pero entre esa gente que han echado de los pisos estoy segura de que a su alrededor hay gente generosa que les está ayudando a sobrevivir, porque si no, ¡estarían las calles llenas! Así, hay una red de gente que está ayudando a los que estos están destruyendo. Ayer oía que la gente sigue aguantando gracias a la economía sumergida… mentira, siguen aguantando gracias a las familias, de las pensiones de los ancianos, de los 500 euros de la pensión, esa persona, sus hijos y sus nietos. Si eso no es empatía y generosidad… Esa gentuza nos está robando y además quiere hacernos creer que la culpa es nuestra. Viendo estos agujeros, ¿cómo pueden decir que es inviable la renta básica de Podemos? ¡Suma, suma todo lo que has robado!

P: Esta novela nos transmite un gran mensaje de aliento, de la superación a pesar de las dificultades… ¿cuál es el mensaje principal que desea transmitir a los lectores?

R: Sobre todo me encantaría que pudiese ayudarnos a estar más abiertos a la vida. Aunque tiene momentos tristes, es esperanzadora. La sociedad está construida sobre unos cánones equivocados. Es un sistema que a veces se olvida de la persona, sólo mira lo superficial.
En la maternidad y la corresponsabilidad, ¿quién decide que una historia de una noche implique ya a dos personas de por vida? Es un tema muy interesante que va en paralelo a la novela. También estoy de acuerdo en lo que tú dices, es una novela de superación, y de descubrimiento. También de sentimientos. No hemos hablado de Potlach, pero no vamos a desvelar quién es… es un personaje que Luis no sabía que le iba a hacer tanta falta, y en realidad la novela es todo el tiempo que comparte con ese personaje, y cómo va formando parte de sí mismo. También es una novela de descubrimiento en ese sentido: cómo él descubre cómo pueden ser las mujeres, (no la que él tenía en su cabeza), cómo puede ser la gente, y cómo puede ser él mismo.
Todo le va haciendo a comprenderse a sí mismo para enfrentarse de otra manera al mundo. Creo que es una buena fórmula para todos: conocernos, entendernos, perdonarnos lo que nos tenemos que perdonar y tener esa visión un poco más relajada y optimista frente a lo que nos rodea.

Para saber más de Inma Luna, mantiene un blog de literatura y aquí encontramos una relación de su bibliografía.

jueves, 2 de octubre de 2014

Divina, Inma Luna

Baile del Sol, Tegueste (Tenerife), 2014. 69 pp. 12,48 € 

Verónica Aranda 

El manual de La mujer ideal de 1953 que se entregaba en España a las mujeres que hacían el Servicio Social en la Sección Femenina, incluía perlas como: «Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles»; o «¡No te quejes! No lo satures con problemas insignificantes. Cualquier problema tuyo es un pequeño detalle comparado con lo que él tuvo que pasar.» Dicho manual, impregnado de un ferviente catolicismo y encargado de recuperar “la antigua feminidad”, adoptó las figuras de Isabel la Católica y Santa Teresa de Jesús como símbolos y modelos de conducta.
Divina, el sexto poemario de Inma Luna(Madrid, 1966), poeta y narradora prolífica, es, ante todo, un ajuste de cuentas con ese pasado represor. Entre la ironía y la ira, el yo poético en primera persona, a través de una mirada retrospectiva, lanza una dura crítica a aquel sistema educativo franquista y del tardofranquismo —¡La Sección femenina duró hasta 1977!— que adoctrinaba a la alumnas y a las mujeres españolas para cercenarles cualquier deseo de emancipación, espontaneidad o rebeldía. El objetivo era conducirlas al redil doméstico y extirparles afanes igualitarios, convirtiéndolas en procreadoras y esposas sumisas. «No hay que ser una intelectual», aconsejaba Pilar Primo de Rivera, fundadora y suma sacerdotisa de la Sección Femenina.
Divina, según la autora su poemario “más íntimo”, se divide en tres partes. La primera sección, “Párvula en los nueve círculos”, es la más redonda. Trascurre en el internado de monjas donde se educa la protagonista y cuestiona el sentimiento de culpa judeo-cristiano, la hipocresía y la anulación total del cuerpo para centrarse en el espíritu. Los métodos represivos van desdibujando la identidad y el libre albedrío de las alumnas. Se enumeran las “tristezas pedagógicas” y, a veces, la imaginación y la curiosidad infantil son una válvula de escape.
La falta de libertad se siente también en los espacios donde se sitúa el poemario-confesionarios, aulas, capillas, patios de recreo-todos cerrados y asfixiantes, representando un “infierno” donde les iban “inoculando el miedo”, privándoles del aire puro. La segunda sección es un reencuentro con la muchacha dubitativa “que daba pasos en falso” y con el aislamiento de la adolescencia. El miedo le había “cercenado los deseos”, y los problemas educativos de base como la separación por sexos hacen mella e impiden aprender a relacionarse con el sexo opuesto: «No me dejaban jugar con los chicos/ así que nunca supe/ cómo relacionarme con los hombres./ Mi matrimonio fue un fracaso/ que se gestó en la infancia.»
La recta final del libro cobra intensidad y desgarro. Sobreviene un embarazo no deseado y una boda forzada por las circunstancias. Al final la escritura es la tabla de salvación para trascender la rutina gris. «Escaparse entre las páginas/ era el único modo.» Se trata de una poética de claridad de expresión y estilo narrativo. Desde la infancia hasta la madurez, se puede leer como una historia que, más allá de si es o no autobiográfica, es la historia aún no del todo resuelta de la educación y de muchas mujeres en nuestro país. Con un lenguaje sencillo y fresco, lleno de musicalidad, Inma Luna aborda en los poemas cuestiones complejas como la enseñanza religiosa caduca o la liberación de la mujer. Cabe mencionar la originalidad de incorporar este tipo de temáticas a un poemario. Una lectura más que recomendable editada con esmero por el sello canario Baile del Sol, con magníficas ilustraciones en tonos rojos y negros, llenas de simbolismo de Loreto Rodera.

lunes, 21 de julio de 2014

Divina, de Inma Luna

Inma Luna
Published on July 21st, 2014 | by Mariano Cruz
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Divina portadaInma Luna, (Madrid, 1966), no es ninguna recién llegada al panorama de las letras españolas, es ya una autora que cuenta con una obra consolidada, tanto en el panorama de la narrativa como de la poesía. Algunas de sus últimas entregas son, la novela, Mi vida con Potlach, (Baile del Sol, 2013) y el libro de poemas Cosas extrañas que sin embargo ocurren, (Cangrejo Pistolero Ediciones, 2013). Divina,(Baile del Sol, 2014), es su última entrega poética, donde traza un personalísimo universo. Divina es un libro de poemas que se incardina entre la infancia y la juventud, unas épocas vitales, que si bien son muy personales, puede cualquier lector que haya pasado por experiencias similares, identificarse con ellas. Para muchas españolas educadas en la España de los setenta, son muy familiares esos colegios religiosos, que Inma Luna evoca en Divina; no en vano fueron muchas generaciones educadas bajo la tutela opresiva del dictado religioso, que, si bien no ofrecía la cara más feroz del rancio nacionalcatolicismo, sí mostraba todavía un espantoso control del pensamiento y de los cuerpos. Son instituciones educativas orientadas obsesivamente al culto de una deidad represora y castradora, especialmente en el campo de la sexualidad, que limita la libertad de pensamiento y obra. Tan sólo eran niñas –se trataba de un colegio de un solo sexo, por supuesto-, que querían desarrollar algo tan natural a la infancia como es el juego, que sin embargo les era arrebatado, ya que éste llevaba a individuales mundos de fantasía que no eran deseables; ¿El juego, maestra?/No, la reflexión./Imaginar convoca moscas,/el descontrol de las locas criaturas, afirma la poeta en “El juego”. Sin embargo, y a pesar de todo, a pesar del ambiente opresivo y gris, gazmoño y mediocre que la educación religiosa crea, la vida siempre se abre paso, irrumpiendo como la lluvia que nos sorprende en medio de una mañana de verano, la vida siempre vence, por muchos obstáculos que se le quieran oponer, aunque ellas, las siniestras monjas, hacían todo lo posible por negar la sexualidad, ya obvia, de unos cuerpos de niñas que tornaban en mujer, que para ellas, sólo eran un signo de lascivia: Renovaron entonces los uniformes, / holgándolos/ engrosando la tela, /desajustando el talle,/desdibujando a las mujeres/ que pujábamos por ser, escribe en “Los uniformes”. Intentos vanos de ahogar a la naturaleza que irrumpe por doquier, especialmente cuando estalla la primavera, cubriendo de cemento el patio de recreo, para que no surja la vida en forma de hierba o una flor: El campo despertaba / demasiados instintos.
Inma Luna es una mujer de clase humilde, obrera, que siempre se ha mostrado muy orgullosa de pertenecer a dicha clase social, y que en numerosas ocasiones, ha prestado su voz a los ofendidos, pero fue una niña morena con no demasiados juguetes, una niña humilde sin flores: Tenía menos juguetes / y muchas más horquillas en el pelo,/ ni una sola flor, / ni una. Por eso, sus manos, intentan por un momento que la realidad sea otra, y que las dos niñas, la de origen acomodado y la humilde, sean, aún tan sólo por unos instantes, iguales, y compartan el mismo mundo, por eso rompe los juguetes de la niña de posibles: mis dedos torpes rompieron la mía/ mis dedos ladinos rompieron la suya/ intentando que fuésemos iguales/ en algo. Una Inma Luna que seguía el mismo destino que muchas de sus compañeras, todas esas niñas con una infancia hurtada, dedicada al rezo y a bruñir zapatos, esperando una recompensa que nunca llegaba: Vivimos engañadas, /las cabecitas elevadas al cielo, / nuestros zapatos relucientes. / Creíamos que así/ obtendríamos la justa recompensa, afirma en “A las puertas”. Y por supuesto, nada de pensar, sólo rezar y obedecer: no pierdas el tiempo / una vez más/ pensando. Las religiosas eran las custodias de estas niñas, las encargadas de llevarlas por el camino del rezo, la decencia y la moralidad y sobre todo alejarlas del más alto pecado, que era el pecado de la carne; sin embargo estas siervas de Dios eran objeto de la curiosidad infantil, que fantaseaba sobre ellas y sobre sus aposentos: Imaginé pecados suculentos/ en vez de adivinar extraordinarias soledades, o bien como afirma en “Dudas”, Me preguntaba si tendrían pelo debajo de las tocas, /si habría algún latido, algo vivo y real, debajo de sus hábitos.
Una educación religiosa, gris y asfixiante, que ahogaba los cuerpos con uniformes desmañados, donde se silenciaba todo lo que tuviera cualquier relación con algo tan natural como es la sexualidad; es entonces una lógica consecuencia que acabe en un matrimonio fracasado y en un embarazo no deseado: Mi matrimonio fue un fracaso / que se gestó en la infancia, escribe Inma Luna en “Prohibido jugar”. Una poeta, que si bien nos ha hablado con toda franqueza de su infancia, nos habla con total honestidad de su juventud, de su temprano embarazo y su matrimonio, con una claridad que nos recuerda a las poetas confesionales norteamericanas, no en vano, cita unos versos de Anne Sexton al comienzo del poemario. La sexualidad le fue hurtada a Inma Luna, como a tantas otras mujeres de su generación, siempre presentada bajo el prisma del pecado y la fatalidad, con honestidad descarnada nos lo expresa en el poema “El tema”: Quisieron hablarme de sexo / al enterarse de mi embarazo / y ni siquiera entonces/ supieron cómo hacerlo/ así que me obligaron a casarme/ para evitar el tema. El embarazo es el resultado de una educación que va en contra de los dictados de la naturaleza y de una absoluta ignorancia en materia de sexualidad. El embarazo también es el territorio del miedo, de lo desconocido, de una nueva vida que no se sabe bien si se desea de veras: La cama y el espejo eran el enemigo, / y las ojeras negras/ y todos los vaqueros que ya no me abrochaban. Y como consecuencia de aquel embarazo, vino el matrimonio, con prisas, para ocultar la vergüenza del pecado, el volumen que el cuerpo adquiría con una nueva vida: Mi madre me compró un hermoso manojo de rosas / y se ocupó de que en las fotos /las flores ocultasen la determinación de mi barriga. Una Inma Luna que a pesar de todo, de una infancia hurtada por las monjas, y de un matrimonio, probablemente donde ella fue una mera figurante, sintió el ansía del conocimiento y el afán de superación: Las seis de la mañana,/ el niño duerme,/ la facultad espera,afirma en “Una gota de leche”.
Divina, es un poemario donde se nos presenta una voz poética ya absolutamente madura, segura de sí misma, una de las voces más importantes dentro del actual panorama poético español, y logra construir en él un espejo en el cual tantas mujeres de nuestro país, que han pasado por una educación religiosa y opresiva se pueden reconocer a través de sus palabras, y donde construye la experiencia del embarazo juvenil y el posterior matrimonio, una etapa vital por la que muchas mujeres también han transitado y que sin duda alguna se reconocerán en ella, en este poemario, uno de los más hondos y honestos de Inma Luna.
Luna, Inma, DivinaTenerife. Ediciones Baile del Sol, 2014, 69 pags.