domingo, 23 de abril de 2017

Entrevista a Alberto García-Teresa en Portal de las Bibliotecas de Madrid

Alberto García-Teresa

Busco una poesía que contribuya a comprender cómo funciona el mundo, cómo se han construido y se mantienen las desigualdades, la estructura de dominación en la que vivimos”
   
Alberto García-Teresea (Madrid, 1980). Es doctor en filología hispánica con una investigación que, ampliada y revisada, derivó en el libro Poesía de la conciencia crítica (1987-2011) (Tierradenadie, 2013). Fue coordinador de la revista de crítica sobre ficción especulativa Hélice, codirector del anuario de ensayo fantástico Jabberwock, redactor jefe de la revista Solaris, coordinador de la sección “Libros” del periódico Diagonal y director de contenidos de poesía de Culturamas. Escribe crítica literaria y teatral en diferentes medios nacionales e internacionales. Es autor de los poemarios Hay que comerse el mundo a dentelladas (Baile del Sol, 2008), Oxígeno en lata (Baile del Sol, 2010), Peripecias de la Brigada Poética en el reino de los autómatas (Umbrales, 2012) y Abrazando vértebras (Baile del Sol, 2013), así como de la plaqueta Las increíbles y suburbanas aventuras de la Brigada Poética (Umbrales, 2008). También del libro de microrrelatos Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos (Amargord, 2013). Sus poemas han sido traducidos al inglés, al francés, al serbio, al rumano y al macedonio.
Actualmete compagina el mundo de la Poesía con el mundo de la Biblioteca, trabajando en la Biblioteca Pública Municipal Gerardo Diego.

  •   ¿Crees que la poesía goza de buena salud en este momento? 
Creo que está en mejor momento que hace unos años, especialmente porque se están consolidando vías que están facilitando la entrada de nuevas/os lectoras/es (nuevos espacios no habituales donde se recita, nuevos soportes más accesibles, “desacralización” de la poesía…). Destaco, sobre todo, la incorporación de personas que no se habrían acercado a la poesía si se hubieran mantenido las dinámicas que, a pesar de todo, persisten en ciertos sectores, centradas en el elitismo y en la endogamia. “La poesía debe ser hecha por todos”, escribió hace tiempo Lautremont, con tanto acierto. Y también hay que garantizar que pueda ser oída, compartida y leída por todas/os. Entonces, gozará verdaderamente de buena salud.
  •  Escribes poesía y trabajas en una biblioteca, ¿cómo compaginas estas dos facetas?
 En el fondo, son esferas coincidentes. Trabajar en la biblioteca, en el mostrador, me permite tener acceso permanente a libros, charlar continuamente con lectoras/es y, en definitiva, vivir “sobreestimulado” con tantos libros que pasan por tus manos y que deseas leer…
  •  ¿Qué realidades pretendes reflejar con tu poesía? ¿Buscas transmitir algún mensaje?
Busco una poesía que contribuya a comprender cómo funciona el mundo, cómo se han construido y se mantienen las desigualdades, la estructura de dominación en la que vivimos. Me gustaría lograr una poesía que ayude a cuestionar y a cuestionarlos, que interrogue, rompa inercias, con, de fondo, el horizonte de transformar la realidad (realmente, a las personas, que son quienes tienen la capacidad, la fuerza y la potencia para llevar a cabo colectivamente ese cambio). Una poesía que confronte, por tanto. Del mismo modo, una poesía que acompañe, que vincule, que comunique, dentro de este contexto de hiperindividualización y de desnaturalización, teniendo claro desde dónde hablo y desde dónde puedo hablar (sin usurpar la voz a nadie).
  •  ¿Qué métodos / canales crees que son efectivos para hacer llegar la poesía al público? ¿Crees que las redes sociales ayudan?
Opino que hay que apostar por todas las vías posibles, pues todas ofrecen posibilidades. Aunque siempre siendo conscientes de las repercusiones y de las implicaciones que tiene cada uno. Particularmente, me gusta incidir en tratar de que la gente se tope con los poemas en lugares no acostumbrados. De ahí todas las acciones de recitado en la calle, o el trabajo de colocar versos manuscritos en papeles pegados por la calle, en el transporte público, en sitios inesperados, que voy llevando a cabo. La poesía debe salir al encuentro, desde mi punto de vista, especialmente si se funciona con una perspectiva de agitación.
  •  ¿En qué te inspiras cuando escribes?
En lo que nos pasa, en lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Simplemente, levantando los ojos de los pies. ¿Cómo poder apartar la vista de nuestras condiciones sociales, de la dinámica cruel y excluyente del capitalismo, de la degradación medioambiental que estamos provocando, de la crisis ecosocial que estamos excavando? ¿Cómo eludir intentar entender cómo la sociedad de consumo logra que asumamos que en el consumo reside la clave de la felicidad y del bienestar? ¿Cómo obviar cuánto hemos interiorado una ideología productivista, patriarcal y ecocida?
  •  ¿Autores e influencias?
El pensamiento de Murray Bookchin, Jorge Riechmann, Zygmunt Bauman, Noam Chomsky y Adrienne Rich. Jean Arp, Oliveiro Girondo y Rafael Pérez Estrada por su capacidad imaginativa. Y, como síntesis, Enrique Falcón, María Ángeles Maeso y Suheir Hammad.
  •  ¿Cómo es ser un poeta en el siglo XXI?
No tiene ningún misterio, porque el poeta no deja de ser una persona más, un ciudadano más. Considero que la poesía consiste en respirar y en observar; respirar de manera más intensa, con mayor conciencia de respiración, y en observar con extrema atención, de modo más penetrante, atravesando lo superficial. Más allá de esto, el poeta vive en la sociedad como cualquier persona.
  •  ¿Cómo te iniciaste en la poesía?
En la adolescencia, escribiendo textos como desahogo, por necesidad de expresión lírica. Nada extraordinario; como tantas otras personas. Por eso es fundamental que se sigan promoviendo iniciativas de iniciación a la escritura, de animación a la poesía, tanto en la educación reglada como en espacios culturales, como en las propias bibliotecas públicas. Pero atendiendo a sus necesidades, a sus motivaciones, y con el objetivo de que realmente les sirva como instrumento (de expresión, de comunicación, de conocimiento, de goce estético).
  •  Tu currículum es impresionante, ¿de dónde sacas el tiempo?
Bueno, soy una persona muy inquieta. Además, digamos que tengo una conciencia muy clara de la finitud y de la degradación de los cuerpos (a raíz de un atropello gravísimo que sufrí hace doce años y de las lesiones que me dejó y que mantengo). Eso te reenfoca muchas cosas, y también el volcarse y el hacerlo de manera intensa y honesta con los proyectos y peripecias que me interesan.
  •  Hemos visto que haces recitales acompañados de música, ¿para ti es importante la relación entre la música y la poesía?
 Sí, creo que la música contribuye a mejorar la recepción de los poemas. Acompaña y subraya, y ayuda a mantener la atención. Aparte, sin duda, la poesía y la música han tenido una vinculación intensa a lo largo de la historia. No olvidemos, por ejemplo, en castellano, la transmisión de los primeros poemas a través de canciones populares e, igualmente, el componente sonoro de la poesía, especialmente de toda la poesía hasta finales del siglo XIX. Yo mismo he trabajado mucho el aspecto fonético de mis poemas (que luego tenga buenos resultados es otro asunto...), teniendo en mente la comunicación oral, la transmisión de viva voz, que es la que más me interesa.
  •  ¿Cómo gestionas la edición de tus libros?
Directamente, sin mediación de ningún agente, como la práctica totalidad de las/os poetas. Hasta la irrupción de la ola de nuevas/os autoras/es que están poniendo patas arriba el mercado y el mundillo (Marjan, Defreds, Sesma, etc.), el alcance comercial de la poesía ha sido tan limitado y reducido que las/os propias/os poetas nos hemos encargado personalmente de todas esas tareas (búsqueda y contacto con editoriales, atender los contratos, velar por su cumplimiento, difusión, organizar recitales aquí y allá, etc.). Sin duda, Internet ha facilitado muchísimo las cosas, así que admiro a las personas que han tenido que funcionar con anterioridad sin esa herramienta.
  • ¿Tu poesía está destinada a algún público en particular?
Intento que mi poesía pueda llegar a cualquiera (que no es lo mismo que a todo el mundo) con toda su carga de cuestionamiento. Y tengo muy en cuenta que cada lector y cada lectora encuentran y completan un poema de modo particular, de manera igualmente válida. Así que llevar la poesía a todos los lugares posibles constituye también, de vuelta, una forma de apostar por el enriquecimiento, con todas sus lecturas y comentarios.
 Tanda rápida de preguntas:
  •  Escritor/es favoritos indispensables en una biblioteca.
Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Jorge Riechmann.
  •  Libro/s indispensables en una biblioteca.
El QuijoteTao Te King, de Lao Tse, Manuscritos económico-filosóficos de Karl Marx, Los desposeídos de Ursula K. Le Guin y 1984 de George Orwell.
  •  Película, serie o documental, imprescindibles en una biblioteca.
Soy poco de audiovisual, pero señalo Tierra y libertad, de Ken Loach, y Ciudadano Kane, de Welles. Y La bola de cristal, por supuesto.
  •  Personaje literario que le hubiera gustado ser.
Sherlock Holmes.
  •  Su mejor trabajo hasta la fecha.
Abrazando vértebras.
  •  Leer o escribir.
Leer.
  •  Ebook o papel.
Papel.

sábado, 22 de abril de 2017

Reseña de Esquina de mundo, de Óscar Sotillos en Mundo Crític

Esquina de mundo, de Óscar Sotillos

Frecuentemente, uno se hace escritor porque su realidad le aburre y desea o necesita inventarse una nueva.  Luego hay quien se hace escritor porque la realidad -hasta la, en principio, más sencilla y plana- le fascina, pues consigue hallar y extraer de ella lo misterioso, lo fantástico. Es es la mirada del poeta y es ahí donde hay que situar la obra de Óscar Sotillos.
En “Esquina de mundo” (Baile del sol, 2017), el autor utiliza sus viajes por el mundo como imagen-bisagra -el término, acertado, es suyo- que le hacen regresar una y otra vez al paisaje y la cultura de su infancia:el pueblo soriano de Montejo de Tiermes.
Así, en breves relatos que tienen mucho de crónica memoriosa, Óscar Sotillos nos habla de leyendas, tradiciones perdidas, juegos de la infancia, rincones mágicos, oficios desaparecidos. Con la mirada del poeta, que es también la del niño, recorre las calles de su pasado para señalar a quienes le precedieron: su vida sencilla, sus costumbres y ese arte hoy casi perdido -pero recuperado y guardado como algo sagrado por autores como Óscar- de sentarse junto al fuego y contar el pasado.
Así, nos enteramos, por ejemplo, de que la gente humilde de Mongolia juega a las tabas -allí Shaagay- y de que en Montejo juegan a la tanguilla y la calva, que en mi pueblo se llama la tanga y la maceta, aunque sea el mismo juego. Y asistimos al cruce de caminos de Machado y Walter Benjamin, dos exiliados que acabaron enterrados muy lejos de sus casas. O somos informados sobre las diferentes huellas del diablo, o sobre las complicaciones que todavía en el siglo XX podía causar el cólico miserer. También asistimos al nacimiento de Duna y a la muerte del árbol de la música, un olmo testigo de la vida y la muerte de cientos de generaciones que desapareció fruto de la grafiosis… y que como en una metáfora de la existencia, acabó renaciendo de sus raíces.
Una serie de relatos, esta de Óscar Sotillos, que da ganas de viajar. De viajar solo o bien acompañado. De volver a mirar cada detalle con los ojos del niño curiosos que son, ya lo hemos dicho, los ojos del poeta. De sacarle un billete a Óscar a cualquier lado y pedirle a cambio que nos siga enviando sus nutrientes crónicas.
Un libro, en suma, para degustar con calma. Y para recuperar el gusto por escuchar historias del pasado y la memoria. Las únicas que, en medio de tantas crisis de identidad, pueden alumbrar nuestro presente y nuestro futuro.

viernes, 17 de marzo de 2017

Reseña de El canto de la raposa, Rafael Alonso Solís en El Escobillón

El canto de la raposa, una novela de Rafael Alonso Solís


El símil es fácil pero viene como al anillo al dedo: El canto de la raposa es una novela construida con varias capas, también un ejercicio de estilo y un juego, a veces insolente y otras con ganas de buscar pela, con géneros diversos. Tiene mucho de misterio esta novela donde nada es lo que parece y que se construye sin explicar demasiado las cosas, ni el paisaje ni los escenarios en los que se mueven sus protagonistas.
Resulta complejo comentar una novela en la que cualquier clave puede revelar un final que, probablemente, sorprenda a muchos, pero afortunadamente lo que importa en este relato no es el final sino la forma en cómo está narrada. El empleo de una primera y una tercera persona que operan como piezas de un rompecabezas que ahonda, con mucha ambigüedad, en la cabeza de su personaje.
Historia de iniciación, de una iniciación perversa, la novela podría considerarse como un relato iniciático en el que se describe la formación de un asesino. Cuenta además con un comienzo que anima a continuar con la lectura ya que se intuye que la historia irá a más.
“Nací cuando el siglo veinte dibujaba sus últimas décadas, a finales del verano, en esa época en que el sol sofoca las conciencias y aviva el resto de los fuegos, el mismo día, casi a la misma hora y el mismo mes, en que mi padre, un año más tarde y por tenebrosa coincidencia, se diera un tajo en la garganta llenando la habitación de sangre y baba pegajosa”.

El canto de la raposa es un cuento, un cuento terrible pero cuento, ya se sabe. Violenta, escandalosa a ratos, la novela sacude al lector página tras página en un crescendo que si bien no se encuentra en estado de gracia a veces si que lo alcanza.
Más que tener, evoca este libro otros libros que se han tomado el asesinato como una de las bellas artes. Al margen de Thomas de Quincey, hay ecos livianos de El perfume, y más extremo de El asesino de la carretera, probablemente la novela más extraña del insólito y salvaje James Ellroy, pero son solo referencias que asaltan nuestro ánimo lector. Se intuye que el escritor juega con él, y que al final, solo al final, descubrirá la sorpresa. Esa sorpresa a lo vaya no me lo imaginaba así.
La novela desnuda lo que piensa su protagonista, un tipo que no cae demasiado bien y en el que todo es diferente aunque es, precisamente, esa diferencia la que lo hace tan humano, pese a que su trabajo consista en dejar un reguero de cadáveres tras sus pasos por un ordeno y mando de una sociedad secreta, esta sí es secreta y no discreta, que responde al nombre de La Cofradía.
Lástima que sé dé tan poca información sobre la misma, pero se admite porque lo que le interesa al escritor es continuar el itinerario de su protagonista y no contar demasiado lo que sucede a su alrededor.
El canto de la raposa es una novela que apuesta por la ambigüedad, deja que sea el lector quién recree lo que apenas se dice y no se dice… Un pequeño grado de dificultad que más que ralentizar, encaja muy bien en una obra sembrada de pistas falsas que desemboca en una resolución inesperada.
Es posible, y es una sospecha ligera, que algunos de los elementos que disemina en esta historia de inmersión en el mundo de los adultos sean explotados por Rafael Alonso Solís en próximas novelas. Y merecerá la pena leerlas no ya para conocer algo más de esa extraña organización criminal sino por los personajes que protagonizarán esos libros que no sé si tiene en la cabeza.
El canto de la raposa solo es el principio de una carrera que se augura preocupada por el retrato psicológico de los personajes. Que lo que son por dentro mueven la acción que hace avanzar a todas las historias.
Saludos, lunes, desde este lado del ordenador.

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sábado, 11 de marzo de 2017

Bailando con Carmen del Río Bravo: "Escribir poemas es un modo de pensar implicándome entera, cerebro y otras vísceras"

Baile del Sol- ¿Qué diferencia hay entre arder y oxidarse?
Carmen del Río Bravo.- Creo que al escribirlo pensaba sólo en la diferencia físicoquímica -ambas son reacciones redox como lo es la vida-, fundamentalmente una cuestión de velocidad, presentarse ante el oxígeno, la vida, que nos cambia, reaccionando lento, no dejar la combustión, sí, pero con menos ansia, menos prisa, no pretender brillo ni luz. Vivirse sin más. Tenía treinta y pocos -treinta y cinco como mucho- y me sentía mayor, instalada o casi. Y mi hija ya escribía poemas de amor tremendos. Supongo que no deja de ser un deseo. Ir renunciando al fuego, a la hoguera, a las hogueras. Dejarme respirar, disfrutar, querer, sufrir… con calma. Ser por fin mayor, ir consiguiendo las respuestas, o al menos no ser todas las preguntas.
  
BdS-. ¿Estos poemas son arma o escudo?
CRB.- Si consiguen ser algo, por mi parte escudo casi siempre. 

BdS.¿Qué buscas en/con la poesía?
CRB.- Nada, en principio. Ni a ella: la poesía era sobre todo algo que se escapaba por su gusto al papel, a la pantalla, entre/desde mis dedos.
Explicarme, un poco. Escribir poemas es un modo de pensar implicándome entera, cerebro y otras vísceras, cuerpo y manos.
Luego, una vez que los muestro, que quien los escucha o los lee encuentre en ellos algo que ya traía dentro. Acercarme al resto de las personas.
Y ya en libro, ahora que la editorial ha confiado en ellos, en mí, que lleguen, que toquen, al mayor número posible de personas. 
  
BdS.- ¿Cómo percibes la recepción de tus poemas en los recitales o la respuesta de tus lectores?
CRB.-Con feliz asombro. Me sigue sorprendiendo que haya personas que lean y escuchen poesía, y aún más que desconocida me escuchen, que me digan con palabras o expresión facial eso que tú escribes no es poesía o que les digan algo mis palabras, que me inviten a sus espacios, sus programas de radio, sus páginas de prensa o se sientan contadas y me lo hagan saber…

BdS.- ¿Tiene razón Gsús Bonilla cuando dice en el prólogo que “No ardo, me oxido…” es un ajuste de cuentas?, y si es así, ¿con quién?
CRB.-No lo siento así... Quizá en algún poema, Religiones, japoneses, El si de las niñas... con la sociedad y la educación que recibí(mos), con las diferentes formas de recortarnos, de amoldarnos –y sí, a todo el mundo, pero sobre todo a nosotras-, y con dejarnos hacer.

BdS.- La niñez, la madurez, los desencantos, los repuntes… Todo parece convertirse en cicatriz y en refuerzo, ¿colabora la poesía en este quehacer vital?
CRB.- Todo es cicatriz, mancha, arruga; incluso la risa, la felicidad, nos dejan marca. 
En cuanto al refuerzo, no creo que el dolor nos haga más fuertes, aunque nos haga. Lo bueno que nos pasa y tenemos sí nos refuerza, aunque sólo sea porque nos da un cálido refugio donde volver, donde parar a recargarnos. Y supongo que la poesía, la escritura, también la propia, forman parte de eso que acaba siendo como cuando jugábamos casa.


BdS.- ¿Cuáles dirías que son las características de tu forma de escribir?
CRB.- No he pensado mucho sobre eso, no siento que mi opinión sea importante, hay quienes entienden más y además tienen la ventaja de mirarla desde fuera. 
Pero desde mi lado podría decir:
Dejar ir el poema, la historia, respetarlos. Aceptarlos en su idea y en su forma. Ser más médium que obstáculo -si no me gustan después de escritos siempre pueden quedarse en el cajón o perderse para siempre-. (Y por ahí, ser bastante del vómito.)
Intentar recordar -cuesta- que las tijeras son siempre el mejor regalo para quien escribe -renunciar si hace falta incluso a lo más bello para comunicar-.
Respetar y amar la lengua como mi herramienta que es, tratar de encontrar la expresión, la palabra, precisas, sea esta coño o clepsidra. 


"Respetar y amar la lengua como mi herramienta que es, tratar de encontrar la expresión, la palabra, precisas, sea esta coño o clepsidra". 

BdS.- ¿Qué te gusta leer?
CRB.- Soy muy mala lectora, muy inconstante y desordenada -mi hija dice, no sin razón, que para mí todas las novelas son rayuela-. Y tengo poca –más bien original- memoria. Y manías: no me gusta leer libros gordos ni los que tienen muchos nombres extraños. 
Leo cuentos -las historias, la brevedad y los lenguajes-, poesía bastante, en libro, en la red, casi siempre de a pocos poemas y si es posible en su lengua original -puedo leer en castellano, inglés y francés gracias al dinero y el tiempo que el estado, mi familia y yo gastamos en mi educación, y creo que es imposible traducirla, aunque en una de mis numerosas contradicciones he traducido y traduzco a veces un poco-, algo de teatro -antes más-, novela poca, aunque admiro el compromiso y la voluntad de quienes las escriben, casi sólo negra -las buenas son, creo, la novela social desde el segundo tercio del siglo pasado- o de misterio -los crímenes y enigmas son para el descanso-. Me uní a un club de lectura para leer al menos una novela al mes, estoy en ello.         
Sigo leyendo como de niña a ratos -vagando en ellos- diccionarios y enciclopedias. 


BdS.- ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto literario?
CRB.- Estoy en lo que más me cuesta: reunir, elegir, ordenar y hacer libro: uno de poesía, y en paralelo, uno de cuentos.
Además, seguir si es posible presentando por ahí a “No ardo, me oxido…” –costoso y caro disfrute- y autocomprometerme con las cosas en eterna construcción: mis blogs –el de opinión no solicitada aunque no se lleve-, actividades con Susurros a pleno pulmón y otras… y sentarme a escribir a diario, salga algo o no.


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miércoles, 8 de marzo de 2017

FOGONES, FANTASÍA Y EROTISMO


Cómeme
Agnès Desarthe
Traducción de Iballa López Hernández
Ediciones de Baile del Sol, 2016, 214 páginas.

   Con un título, Cómeme,censurado en algunos países debido a las connotaciones sexuales que alguien podía ver en esa palabra -le podría parecer el título de una película porno- Agnès Desarthe (París, 1966) prosigue una carrera literaria ya dilatada que la ha convertido en una escritora muy original de la actual narrativa francesa. Pero Cómeme es una novela que habla de restaurantes, que la autora escribe para salvarse a sí misma de la tentación de abrir uno, aunque, como veremos, tematiza otros muchos asuntos, algunos ciertamente espinosos, si bien en un contexto siempre plácido, como el que suele reinar en una buena comida.
   Con una historia escrita en primera persona -no es un diario en el formato, pero sí en su sustancia- y recuperando recuerdos fragmentados, la protagonista de Cómeme, Myriam, nos da cuenta de una idea que pronto pone en práctica: abrir un restaurante en París sin tener la más mínima experiencia en ese género de negocios y carente así mismo de dinero. Bautiza al restaurante con el nombre de “Mi Casa”, porque a través de él abrirá las entrañas de su propia vida, de la Casa experiencial en la que se encuentra. Myriam es una mujer satisfecha con el hecho de vivir que no tiene reparo, por ejemplo, en ducharse en el fregadero de su restaurante. Y a este curioso restaurante no especializado en nada -ni siquiera existe carta- comienza a afluir una curiosa clientela, por lo general con poco dinero.
   Agnès Desarthe explora, en las páginas de la novela, la personal forma de ser de Myriam que bascula entre el caos y la capacidad de resistir. Una mujer que arrastra un pasado, con su carga de recuerdos que le pisan los talones y de los que huye, pero que no dejan de perseguirla. Eso sí, es un actante novelesco cargado de recursos para evadirse de las garras depredadoras del capitalismo, capaz de enfrentarse al mundo, a las complejidades de la vida y también al dolor. Una mujer madura que sobrevive a las estafas de la vida y que decide aventurarse en ese pequeño mundo de la restauración, digamos casera. Pero con la que logra tirar para adelante sin heroísmos aunque tampoco sin miedos. La cocina no será para ella la forma de ganar el sustento, sino una catarsis, una forma de arrostrar su pasado y de vivir el presente.
   La novela echa a andar en un contexto sumamente plácido y delicioso: un restaurante improvisado, un negocio que no es rentable, con una clientela muy peculiar y con un puñado de amigos pintorescos rodeando a una mujer alocada, pero llena de vida: no tiene ahorros, carece de dinero pero no le hace falta nada o casi nada para vivir. Mas de pronto el lector percibe que Myriam arrastra algunos secretos difíciles de aceptar porque la sociedad los considera tabúes, especialmente si quien los ejecuta es una mujer. Ayer, hoy y mañana se da por hecho que el amor maternal es una condición natural de cualquier mujer. Sin embargo, la protagonista, madre de un hijo, se siente huérfana de esa inclinación amorosa, del amor maternal. De admirar la hermosura de su hijo cuando era bebé, desemboca en un momento de su vida en el que se da cuenta de que ya no le quiere. Y espera la ocasión en la que quizás regrese ese amor. Reconoce que en su juventud soñaba con un falansterio y no es capaz de comprender cómo, a pesar de sus ensoñaciones, se precipitó en el estrecho embudo del matrimonio, y en el aún más estrecho de la maternidad.
   La autora justifica con sobradas razones el perfil de su personaje. Habla de la maternidad, un tema poco frecuente en la literatura y no reprime el derecho de una mujer a amar a su hijo. Simplemente reclama la libertad del creador para darle vida a personajes ajenos a determinados comportamientos canonizados socialmente. “Solo haría falta, son sus palabras, que determinados lectores no entendiesen que las cualidades de un ciudadano no tienen porque ser las de un buen personaje novelesco.”
   Gracias al restaurante y al contacto con sus curiosos amigos, una mujer persigue, casi sin quererlo, reconstruirse: hacer el bien, ayudar, animar y empujar hacia la dulzura, practicar el sexo sin complejos, dejar que el deseo ocupe la parcela que le corresponde,  a pesar del peso punzante de la falta inconfesable de fantasear y seducir al amigo adolescente de su hijo.
   En el último tercio de una novela aparentemente liviana, y para muchos lectores, intranscendente, que se desarrolla entre fogones, recetas y ganas de renunciar a ser dueña de un restaurante, la trama se torna áspera y plantea cuestiones existenciales ineludibles. La protagonista no solamente hurga en sus sentimientos contradictorios a los que disecciona, aborda igualmente los problemas del sentido de la vida, de la sumisión en la vida de pareja, del amor, del deseo y del sexo. Myriam no sabe lo que es el amor, en qué consiste. Lo único que le queda es el deseo y el sexo, realidades que la vuelven viva.
   En  Cómeme, como se ha escrito, tras el aroma del cilantro se respira el perfume del deseo, esa fuerza salvadora. Eso quiere ser esta novela: la microhistoria, narrada sin grandes pretensiones pero con un ritmo ágil y una prosa envolvente, de una persona repleta de contradicciones y desengaños y que, sin embargo, sigue viva gracias a la cocina y a la cama con uno de sus amigos. Dos buenas formas de curar el alma.

Francisco Martínez Bouzas

                                                  
Agnès Desarthe

Fragmentos

“Mis dos primeras clientas no se le parecen. El pantalón les pende de unas caderas regordetas. «Pichoncitas mías»,pienso para mis adentros. Sus cuerpos se me antojan encantadores, semejantes a un albaricoque gigante. Se me ocurre hundir el índice en la carne perfecta de sus vientres, que se ofrecen orondos bajo la lustrosa piel. No lo hago, por supuesto.
Tan solo piden un entrante. Me extraña.
-Es que es demasiado caro -me explican.
-Pero al salir os va a dar hambre. ¿Tenéis clases esta tarde?
-Sí, de Filosofía.
-Pues hay que comer antes de filosofar. Os dejo todo a mitad de precio. Digamos que será mi contribución al futuro de la filosofía mundial. Si una de vosotras termina convirtiéndose en la pensadora del siglo…
He hablado más de la cuenta. Se aburren. Creen que estoy mal de la azotea, pero no por ello rehúsan disfrutar de mi generosidad. Al mismo tiempo que las observo zamparse la sopa de aguacate y pomelo, me pregunto si me caen bien o las aborrezco (…)
Al salir, observo que han sacado una cajetilla de cigarrillos del bolso. Me invaden unas ganas irresistibles de declarar que Mi Casa es un restaurante para no fumadores. Pero es una necedad, yo misma fumo, además sería extremadamente perjudicial para el negocio. ¿Acaso sus madres no les han enseñado que se debe comer despacio, posando la cuchara entre bocado y bocado? Las volutas de humo de Camel se entreveran con la nube de vapor que se eleva de la sartén. Perdidas en una bruma espesa, nos tornamos espectrales. A ellas no parece incomodarles y a mí me alegra que mis primeras clientas no sean puntillosas. Varios transeúntes se apelotonan en la entrada, intrigados por la misteriosa neblina. Es el principio de la gloria.”

…..

“Permanezco alerta durante años, espero que el gong vuelva sonar, el gong del amor materno que haría vibrar mi corazón. A veces me olvido y no pienso en ello, es una tregua. Mis gestos y mis cuidados emulan tan bien ese amor inalcanzable que hasta yo misma me lo creo. Me digo que soy una madre como otra cualquiera, tal vez algo más concienzuda. El dolor se disipa. Respiro aliviada. Pero esa situación nunca dura, basta con que me cruce con otra madre y la oiga hablar de su hijo, la vea contemplar su bebé o cantándole a su niño. Lo reconozco todo porque los tres días que quise a Hugo me han dejado una marca singular, como una quemadura a lo largo de la columna vertebral. Las observo y la herida vuelve a supurar. Me falta la endeble pasarela que bastaría para salvar el precipicio de dos mil metros de profundidad. No es casi nada. El abismo que me separa de mi hijo es estrechísimo. No habría más que lanzar una cuerda de un lado a otro, pues la falla no es ancha, es terriblemente profunda, pero si se arrojase una viga a través de una liana…”

…..

Dos brazos me rodean los hombros, luego la cintura, las caderas, las rodillas. Sus manos alrededor de mis tobillos. Estas suben y se posan en mis muslos, en mi vientre, en mis senos, en mis ojos, en mis orejas. La boca que me sé de memoria -la del hombre que nunca me hará llorar, el hombre que tengo  a mi espalda y me agarra, me rodea –me muerde la carne del cuello. Ya está. El hombre que jamás me haría llorar, que me lo había prometido, hace que un río de lágrimas me corra por las mejillas, las axilas y las piernas. No le guardo rencor por esa mentira. La fuerza de este engaño es mejor que ninguna otra cosa. Deseo que me mienta, que se desdiga, que se contradiga. Cree saber y no sabe nada. Y de ello desconozco todo y ardo en deseos de saberlo todo. La ropa tirada en el suelo a nuestro alrededor forma continentes surcados por cadenas montañosas que albergan ríos  de rocío. Hacemos el amor en el bosque. Prendemos fuego a las camas, a las sábanas, a las almohadas. Que no quede colcha ni somier. Una pira inmensa cuyas llamas lamen y consumen los muebles. El confort de los techos sobre las cabezas y la mullida suavidad de los edredones, estalla en la noche.”

(Agnès Desarthe, Cómeme, páginas 16-17, 99-100, 190-191)


jueves, 2 de marzo de 2017

Reseña de Explicación de la noche, de Edem Awumey en El Buscalibros

Probablemente no ha sido el mejor momento de mi vida para leer este tipo de historia. Mi completa carencia de horas de sueño y esos dos seres pequeñitos que dependen de mí y me alegran el día no me permiten empaparme del sufrimiento y el dolor que te traen estas páginas. No solamente porque no me dejen leer más de media hora del tirón, que también, sino porque no soy capaz de ponerme en el lugar del protagonista. No comprendo la peor faceta del hombre porque tengo demasiado presente la mejor de ellas. No consigo empatizar con el sufrimiento extremo porque mi corazón está lleno de alegría. No puedo entender el dolor extremo que sigue sufriendo años después de la tragedia el protagonista porque estoy vomitando arco iris y unicornios de colores. Pero eso no significa que la historia no merezca la pena. Estamos acostumbrados a leer sobre las atrocidades que sufrieron los judíos o los esclavos. No nos sorprenden historias sobre niñas vendidas o malos tratos. Son historias que de tanto repetir ya no nos llaman la atención. Todos hemos llorado con El niño con el pijama de rayasPero ¿cuántos de nosotros somos capaces de imaginar una dictadura, con sus desapariciones y campos de concentración, en África? Ese continente olvidado del que solemos acordarnos solo cuando se habla de leones o elefantes, pero en el que sabemos que se concentran la mayor parte de los horrores que la humanidad puede cometer (y sufrir). Ito Baraka nos cuenta, desde su presente oscuro y tormentoso, sus recuerdos de una época en la que no conocía el sufrimiento y cómo su juventud e inocencia lo llevaron a lo más profundo del horror. Nos enseña que incluso en lo más profundo de la desesperación podemos encontrar un rayo de luz, en este caso escenificado como Koli Lem (su compañero de celda) y sus libros. Pero también nos recuerda que aquellos que han pasado por una situación tan traumática quedan marcados para siempre y la vida suele verse en tonos mucho más oscuros a partir de entonces. No leáis esta novela si no estáis dispuestos a abrazar el sufrimiento como propio. No se os ocurra ni mirarla si no os sentís capaces de abstraeros lo suficiente como para no dejar que os arrastre a las profundidades. Pero si os sentís con fuerza, adelante. Los libros tienen que desestructurarnos de vez en cuando, destrozar nuestras perfectamente amuebladas vidas y llevarnos a lo más profundo del abismo. Así volvemos más fuertes.
Explicación de la noche. Edem Awumey. Traducción de Iballa López Hernández. Baile del Sol. Tenerife, 2015. 170 páginas. 12 euros. Comprarlo en Amazon.

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https://elbuscalibros.com/explicacion-noche-edem-awumey-d4632cd1d54e#.75q5xu9k1

lunes, 13 de febrero de 2017

Bailando con Jesús Artacho: "En Aproximación a la herida hay un recelo a todo lo que en este mundo aplasta el componente humano que aún pueda quedar en nosotros"

Baile del Sol.- ¿Cómo definirías tu poemario Aproximación a la herida?

Jesús Artacho.- Quizá "definir" no sea lo ideal en estas lides, pero diría que se trata de un poemario de estilo más bien libre, con vocación de autenticidad y hondura y dosis de humor irónico, y que trata temas como el amor, el paso del tiempo, el desengaño... Puede atisbar el lector alguna alusión a la situación social de España en los años de la llamada "crisis", puede encontrar el relato de algún momento epifánico, y también un recelo palpable a todo lo que en este mundo aplasta el componente humano que aún pueda quedar en nosotros.

BdS.- ¿De qué modo la poesía se aproxima a las heridas?

JA.- Imagino que de muy distintos, según la persona. En este libro aparecen heridas de distintas clases: heridas personales, sociales, ecológicas, generacionales... En ese sentido, el título me pareció que englobaba más o menos bien el sentido de los textos. Me parece que la poesía, y la literatura en general (y aun el arte y la cultura), a algunos nos sigue sirviendo para asimilar el mundo en que vivimos y ampliar nuestros horizontes, para "leer" a los demás. También como lanzadera de versiones menos malas de nosotros mismos, y como terapia ante el daño más o menos grande de la herida.

BdS.- Los temas que tratas en tus poemas resultan muy cercanos, ¿crees que la vida cotidiana respira poesía?

JA.- La vida cotidiana, como decía Harvey Pekar, es algo muy complejo, y desde luego puede ofrecer -de nosotros depende- una fuente inagotable de poesía. No obstante, he de reconocer que uno se siente un poco extraño disertando sobre estas cosas, pues casi siempre me he imaginado escribiendo prosa y me siento todo un principiante en este género, al que, dicho lo cual, como lector frecuento y le profeso un gran respeto. Como autor, espero no haberlo torpedeado demasiado.

"En este libro aparecen heridas de distintas clases: heridas personales, sociales, ecológicas, generacionales..."

BdS.- A pesar del título, en varios de los poemas encontramos algunos atisbos de humor, ¿es esta una forma de cura o quizá de acercamiento a lo que escuece?

JA.- El humor se antoja un elemento indispensable en el botiquín del hombre contemporáneo, del "superviviente". Me temo que esto ha quedado un poco grandilocuente.
Uno de los primeros lectores de este libro me comentó que se había reído mucho mientras lo leía. Eso me alivió, porque temía que el conjunto pudiera resultar en exceso doliente. Y, desde luego, es un elemento que atraviesa varios momentos del libro. Como todo, el humor tiene sus límites, y en este sentido parece incidir Trapiello cuando aconseja: "Cultiva el humor como los duelos de honor: déjalo a la primera sangre". Un arma que, como puede herir al otro, conviene emplear con cautela. Pero, desde luego, a menudo el humor es, como poco, balsámico, y la experiencia me dice que puede ayudar aun en los momentos más negros. No consigo imaginar qué sería de nosotros sin él.





BdS.- Eres autor de relatos y algunos de los poemas de este libro también nos sumergen en pequeñas historias, ¿qué diferencias encuentras entre ambos géneros?

JA.- Buena observación. Partimos de la base de que uno cree en la hibridación de géneros y en no aislarlos como un compartimento estanco. Las fronteras, a menudo, se diluyen, y hay vasos comunicantes, pero posiblemente el relato corto permite una mayor exploración de vidas y situaciones ajenas, está menos anclado al yo. En la poesía, por otra parte, acaso se permita una mayor creatividad y libertad en el uso del lenguaje, en el despliegue de recursos. Esta pregunta, por otra parte, daría para un comentario más extenso, y para un debate acaso.

BdS- ¿A qué poetas te gusta leer?

JA.- Fernando Pessoa, Leopardi, Emily Dickinson, César Vallejo, Alejandra Pizarnik, Blanca Varela, José Emilio Pacheco, Chantal Maillard, Karmelo C. Iribarren, José Mateos, Jaime Gil de Biedma, Ángel González, Antonio Machado, Miguel d'Ors. Muchos y diversos.

BdS- ¿Estás trabajando actualmente en algún otro proyecto literario?

JA.- No hace mucho que he dado por terminado, y por lo tanto tengo intención de publicar, una especie de dietario en el que he ido trabajando a lo largo de año y medio o así. Se titula Rasgar algo de vida y es un híbrido de prosas poéticas, tentativas aforísticas, relato de anécdotas y vivencias personales, conatos de reflexiones, juegos entre ficción y realidad... Tal vez se trate del primer volumen de una serie en construcción.


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