viernes, 17 de abril de 2015

Bailando con Ismael Cabezas: Nadie puede quedarse al margen de lo que está sucediendo en la sociedad española, y los poetas son parte de ella.



http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=693&Itemid=427&catid=116

Baile del Sol.- Pisadas en la nieve sucia es un poemario muy comprometido con el momento actual, ¿qué mirada poética merece esta situación?
 
Ismael Cabezas.-Nadie puede quedarse al margen de lo que está sucediendo en la sociedad española, y los poetas son parte de ella. Cuando esta crisis pase, al menos sus efectos más graves, se podrá realizar la pregunta, ¿dónde estabas tú en la crisis de 2008? Intenté estar con los jubilados, los desempleados, los excluidos en general, con el arma que mejor o peor sé utilizar: la palabra. No sé si es suficiente, pero es lo que mejor sé hacer.

BdS.-  El trabajo, el cansancio, los nuevos excluidos ¿hay poesía en todo eso?

I.C.- Existe poesía en la vida cotidiana, en los gestos más comunes, que son los que realmente conforman nuestras vidas. La vida es una mezcla de momentos decisivos donde uno toma decisiones que condicionarán completamente el curso de su existencia, junto con todos esos momentos, supuestamente intrascendentes, pero que van conformando nuestro vivir, tanto o más que las grandes decisiones.
 
BdS.- ¿Qué supone este poemario en el conjunto de tu obra?    

I.C.- Pisadas en la nieve sucia, supone por un lado el ejercicio de la mirada hacía los que me rodean, las personas de cincuenta años que jamás han volado, la gente con trabajos precarios, los usuarios de las oficinas de empleo, la clase trabajadora en general; pero es una mirada desesperanzada, porque no veo luz en los días que estamos viviendo. También intenté que el libro tuviese un tono más íntimo, con poemas en los que abordase figuras de mi entorno familiar, como mis padres o mi abuelo, personas a las que quería rendir un modesto homenaje.

http://bailedelsol.org/index.php?option=com_content&view=article&id=641&itemid=426

BdS.-El poemario parece ir de lo general a lo particular en un recorrido que parece retratar tanto los alrededores como al propio autor…

I.C.- Es cierto, el libro va de lo general a lo particular, arranca con varios poemas que intentan situar a los miembros de la clase obrera en el foco de atención del lector, para luego pasar a un tono tal vez más confesional, pero siempre teñido de un tono de desesperanza, pues no albergo esperanzas, tal vez, convencimiento, como decía el poeta Ángel González

BdS.-¿La poesía te permite entender mejor algunas cosas o no es ese su objetivo?

I.C.-La poesía es mi medio de conocer y esclarecer la realidad. Me gusta mucho una definición de poesía que da el poeta Charles Simic, en la que viene a decir que la poesía es esa fotografía de nosotros mismos donde los demás se ven reflejados. Es el tipo de poesía que a mí me interesa, la poesía donde puedes sentir el latir de la vida.

BdS.- ¿Te sientes identificado con otros u otras poetas de tu generación?

I.C.- Dentro de mi generación, me siento muy identificado con el trabajo poético de Safrika.

Puedes comprarlo AQUÍ

jueves, 16 de abril de 2015

No temas al modo en el que tú ves el mundo

collage de Vamba en pequeñito
Vamba Sherif en su estudio. © Gea Schenk www.geaschenk.nl
Conozco a Vamba Sherif (Liberia, 1973) porque ambos pertenecemos a la misma editorial holandesa Uitgeverij de Geus.Coincidimos una vez en un seminario sobre escritores afincados en los Países Bajos que escriben en su “idioma adoptado”.Ninguno de los dos somos de aquí y, sin embargo, los dos hemos terminado publicando aquí.  Desde entonces tenemos contacto de vez en cuando para hablar de nuestra escritura creativa. La última vez fue en 2013, cuando salió mi libro infantil con la protagonista biracial “Lola” inspirada en mi propia hija. Vamba escribió una reseña sobre esta historia, ya que sus hijos también son biraciales y entendía la realidad a la que me refería en mi libro.
He querido acercarte a este escritor porque hace poco ha salido la traducción al español de una novela suya: Vínculos secretos.  Y bueno, sobre todo porque admiro el modo en el que Vamba trabajó para que su sueño de escritor se hiciera realidad. Creo que su historia te puede inspirar para tu escritura creativa.
Vamba salió de Liberia hace más de 20 años, y tras pasar por Kuwait donde su padre ejercía como profesor universitario, aterrizó en un centro de refugiados en los Países Bajos a causa de la Guerra del Golfo.
  1. ¿Cómo empezó tu deseo de escribir?

La verdad es que empecé a escribir de puro aburrimiento. En el centro de refugiados de Brabante no había nada interesante que hacer. Estudiaba holandés y me había matriculado en Derecho, pero seguía sin saber cómo escapar de esa existencia sin sentido.
Había pasado por mucho y sentía la necesidad de expresarme. No me lo podía guardar dentro. Empecé con cartas a mis familiares. Para cuando me di cuenta, estaba creando una historia sobre mi país de procedencia, Liberia. Tampoco pensaba mucho en ese momento sobre qué significaba ser escritor ni la escritura creativa. Yo sólo sentía una fuerte necesidad de componer algo con sentido. Por las noches, me encerraba en mi cuarto y me ponía manos a la obra. Comenzó a ser lo único que me motivaba a vagar por el día hasta que llegara la noche.
La verdad es que, ahora que lo pienso, escribía con una inocencia apabullante. Nunca he conseguido recuperar esa naturalidad de mi primera historia. Creo que cuanto más creces como escritor, más difícil se te hace escribir. Cada vez eres más consciente y esa consciencia te lo pone muy complicado.
Crecer como escritor
  1. ¿Y el salto a la publicación?

Cuando terminé esta historia de la que te hablo, la leí entera. ¿Sabes? En ese momento me pareció que era una historia muy buena. Pensé: Jo, pues me ha quedado bastante bien. Ahora me río, claro. El caso es que acababa de leer a Kader Abdolah, el escritor iraní que también empezó escribiendo en un centro de refugiados holandés, y me fijé en qué editorial le había publicado.
Ahí empezó todo. Me di cuenta de que estaba coqueteando con la idea de ser publicado y que me emocionaba sólo de pensarlo. Así que metí mi historia en un sobre y se la envié a Uitgeverij de Geus.
Eso sí, no se lo dije a nadie. Si la editorial me rechazaba, al menos no tendría que avergonzarme ante nadie. Ya sabes, las cosas cobran significado a partir del momento que las compartes. Así que yo me guardé el atrevimiento para mí solito.
La editorial me llamó pocos días después. Fui a visitarles y me ofrecieron un adelanto para trabajar en mi primera novela La tierra de los padres. De vuelta a casa, con el contrato en la mano, me di cuenta de que ellos creían en mí, pero aún faltaba que yo aprendiera a creer en mí mismo.  Me habían pagado por una novela que aún tenía que escribir. Me costó mucho trabajo, pero aprendí a creer en mí mismo. Creo que es fundamental para todo aquel que quiera publicar.
  1. ¿Cuál es tu práctica diaria?

Me levanto a las 7 de la mañana para empezar a escribir lo antes posible. Me dedico a ello hasta las 12 del mediodía. Aunque si tengo un buen día, puede que se alargue hasta las 14 00. Tras la pausa del almuerzo, intento ver algo que no me haga pensar demasiado: una película o incluso una comedia en la televisión.
Por la noche es cuando me dedico a leer. Leo sin parar. Para mí leer el trabajo de otros escritores es el mejor modo de aprender. Me voy fijando en cómo cada escritor ha tratado con una determinada situación y cómo ha hecho que le salga bien. Al final es ahí donde nos pasamos la mayor parte del tiempo los escritores. Intentando solucionar los problemas que nosotros mismos nos creamos en nuestra escritura creativa.
Antes solía enfadarme un montón cuando no conseguía darle la forma que quería a una determinada escena. Terminaba hirviendo en rabia y frustración. Ahora ya he aprendido a relativizarlo. Cuando me encuentro en un momento así, me digo “hoy no lo he conseguido, vale, pero mañana será otro día”. Y me dedico a cocinar o a algo que disfruto.
  1. ¿Tus miedos y sueños como escritor?

Mi mayor miedo es perder la estabilidad emocional. La necesito para poder concentrarme en mi escritura creativa. Soy una persona sensible y noto que a menudo un estímulo externo me afecta mucho.
En estos meses, por ejemplo, si recibía noticias de algún miembro de mi familia en relación con el ébola desde Liberia, ya me quedaba tocado para todo el día y no ponía una letra sobre papel.
Siempre vivo con ese miedo: el miedo a que algo me desestabilice y no pueda concentrarme en hacer lo que más disfruto haciendo.
Mi sueño es convertirme en un mejor escritor con cada libro que escribo. Mejorar el arte de mi escritura creativa. Tener cada vez más espacio para profundizar más en mi memoria.
 ¿Qué 3 consejos les darías a mis escritoras y seguidoras de este blog de escritura creativa?
Primero, escribe.
Escribe, escribe sin parar. Y sobre todo no te compares con alguien que haya publicado ya. Tú a lo tuyo. Cada trayectoria es diferente y eso se refleja en nuestras historias.
No te compares
Segundo, sé sincera.
No te quedes contenta con la primera versión. Dedica tanto tiempo a pulir y bruñir como le has dedicado a escribir. Así verás el camino.
Tercero, profundiza dentro de ti.
No tengas miedo de herir los sentimientos de tu abuela porque quizás leerá el libro algún día, ni de aquellos a los que amas. No temas al modo en el que tú ves el mundo.

miércoles, 15 de abril de 2015

El poeta de los de abajo, por Jorge Majfud

La desproporcionada estatura literaria de Eduardo Galeano ha sido desde siempre eclipsada por otra no menos desproporcionada pasión: la batalla ideológica que nunca rehuyó. Esta verdad nunca le molestó porque, excepto el dolor de la injusticia, casi nada le molestaba. Era un tipo que iba desbordando alegría por todas partes, capaz de hablar durante muchas horas seguidas, con su voz pausada, como si degustara cada palabra, como si nunca se cansase de buscar en su memoria recuerdos propios y ajenos. Diferente a lo que suelen pensar y propagar sus adversarios, él siempre estaba abierto a reconocer sus errores, hasta el extremo de intentar, no hace un año, un suicidio literario cuando criticó sin piedad Las venas abiertas de América Latina. Enseguida se abalanzaron las aves de vuelo oscuro para darse un banquete. Sin embargo (se lo reproché), equivocado o no, ese fue el libro más valiente de su generación. Aun considerando monumentos literarios como la trilogía Memoria del fuego o el más reciente Espejos, si luego Eduardo volvió a equivocarse en su evaluación de la realidad (sabemos que sus adversarios pueden hablar con varios dioses) lo hizo siempre a favor de los más débiles. Así, hasta equivocarse vale la pena. Hace unas horas, un canal de televisión de Argentina me preguntó si él bromeaba sobre el hecho de que yo a veces enseño sus libros en Estados Unidos. Esta simplificación (en forma de inadvertida paradoja) es clásica y popular y no es necesario ser mala persona para reproducirla. Pero es otra muestra de algo que no había en Eduardo: él mismo fue profesor de literatura en California y bastaba con hablar con él o leer sus libros para darse cuenta de su falta de ortodoxia, de dogmatismo: los países no tienen dueños ideológicos y la nacionalidad no da privilegios éticos, pese al interés de determinados grupos por secuestrarlos en su nombre. A pesar de su imagen más popular, su verdadero compromiso no fue político ni fue ideológico. Esto es evidente apenas uno termina de leer uno de sus libros, cualquiera, y comienza otro. No hay ortodoxia, no hay dogma en su obra. Si algo se repite es ese respeto por la prosa, esa imaginación profusa de mostrar cada cosa desde la periferia, esa sensibilidad por la injusticia, sobre todo por las injusticias institucionalizadas, esa valentía de no claudicar cuando el mundo va para otro lado y los sabios del poder tienen razón. El compromiso de Eduardo fue un compromiso con los derechos humanos, con la verdad, con la justicia. Sí, sus libros dieron batalla, en momentos en que en América Latina bastaba con pensar y soñar diferente para ser secuestrado, torturado y desaparecido en nombre de la democracia y la libertad. ¿Cómo pudo alguien haber sido un molesto disidente en la América Latina del Siglo XX sin asociarse o sin ser asociado con algún tipo de izquierda? Pero Eduardo no era un “intelectual de izquierda” como dirán las enciclopedias; era el poeta de los de abajo, el mayor poeta en prosa de su tiempo, un mago de la metáfora, un delicado hermeneuta. Incluso traducido al inglés esta magia sobrevive hasta el extremo de conmover al más conservador de mis estudiantes. Tal vez por todo eso los mayores premios literarios de su lengua le dieron siempre la espalda. Pero a él no le importaba. “Nunca quise ser neutral”, me dijo una vez. La realidad no lo es. Su público, sus lectores, lo aplaudían hasta con los pies. Eduardo, hermano, como vos decías al final de cada correo, “mil gracias, vuelan abrazos”. Te voy a extrañar como un perro.

Jorge Majfud es escritor uruguayo y profesor de Estudios Internacionales, literatura latinoamericana y pensamiento hispánico en la Universidad de Jacksonville (EE UU).


Majfud es el autor de la novela Crisis , de Baile del Sol .


http://cultura.elpais.com/cultura/2015/04/13/actualidad/1428954790_945943.html

lunes, 13 de abril de 2015

A viva muerte


En la infancia, hay un momento en el que nos damos cuenta que vamos a morir y conforme pasa el tiempo se tiende a olvidarlo, al ritmo de vida loco, consumista y solo se busca evasión. Así que podemos agradecer a David Trashumante, que vuelva la mirada sobre la muerte, que subraye su presencia en nuestra vida, porque este gesto supone ya una pequeña gran liberación.
En la presentación del poemario en Kalandraka, Ángel Guinda destacaba algunos rasgos del poeta, en especial la concepción de la palabra de música, el ritmo, que encontramos desde las raices hasta la forma y el tema. Quizás, precisamente este factor contribuye a la claridad, a una comunicación directa y fluida entre poeta y lector. 
Como bien dice Ángel Guinda el autor es una fuerza que se manifiesta, todo un creador de lenguaje y la perspectiva que predomina es el amargo-realismo, complementado con cierto humor y dramatización que atrapa. De hecho se pudo comprobar durante la lectura la habilidad de David al recitar e interpretar sus poemas, que adquieren muchos matices, comicidad, y emotividad que atraparon la atención y jugaba con nuestro ánimo.
Se observa un compromiso social, cierta conciencia critica en sus poemas, como en el que nos habla de las muertes en Gaza o de la malaria, y lo hace desde una sinceridad que remueve conciencias y gira nuestras cabezas hacia el malestar de esas situaciones y conflictos que también tienen que ver con nosotros. Además en el libro encontramos una especie de “pasatiempos” relacionados siempre con la parca y epitafios con mucho humor, que nos muestran la buena costumbre de hacer bromas hasta de la muerte. Durante todo el poemario David desarrolla su imaginación y creatividad con soltura en cada uno de los poemas y muestra su interés profundo por el tema. Según nos contó, se trata de una cuestión personal relacionada con la muerte súbita de un amigo joven y la hipocondría que desarrolló durante un periodo de tiempo.
Me ha gustado en especial “Fresa ácida” uno de los poemas autobiográficos que hay en A viva muerte, y es que el chicle forma parte de mi imaginario como artista y poeta, también he experimentado esa especie de sensación de vacío al mascarlo. Me encantan este tipo de poesía donde se comparten experiencias personales que nos han transformado de alguna manera, nos acerca a la relación con el tema que inspira y compone este poemario que desborda creatividad. 

FRESA ÁCIDA

Fue a los 9 años que entendí
que algún dia me moriría.

Mascaba un chicle de fresa ácida,
regresaba del colegio.

Pensé en que el tiempo pasaría
en que iria perdiendo el sabor,
me haría viejo.

Sentí que yo dejaría de ser yo,
y que todo lo que hubiera
dicho o hecho a lo largo de mi vida
daría igual.

El chicle rechinaba entre mis dientes
como una flema insipida y al escupirle
pensé en el alma y en eso
que me decían de que al morir
uno se va al cielo si ha sido bueno.

Pero si yo dejaba de ser yo
¿Qué más daba a dónde fuera?
Aquel chicle sin duda me había dado
todo su sabor y ahora yacía
aplastado contra el suelo.

Comencé a llorar y seguí haciendolo
todo el camino hasta casa.

Cuando llegué le conté a mi madre
de mi trance metafísico,
ella no supo como consolarme,
pues  la misma cuestión le afligía
profundamente
y se le humedecieron los ojos.

Lo mismo le pasó a mi hermana y a mi padre.

Entonces, no pudiendo soportar
ver a mi familia
sufrir de esa manera, saqué
mi bolsa de chicles y les ofrecí.

Y allí nos quedamos sentados
mascando aquellos chicles
que ya no nos sabían a nada.

David Trashumante
2015

David Trashumante. (Logroño, 1978) Es un poeta y agitador cultural de larga trayectoria en la poesía social que combina el activismo político con un humor popular. Ha publicado anteriormente El amor de los peces (Unaria, 2014). Lo podéis seguir en su blog: 
http://davidtrashumante.blogspot.com.es/

jueves, 2 de abril de 2015

Arquímedes está en el tejado, Juan Pardo Vidal

Baile del Sol, Tegueste (Tenerife), 2014. 152 pp. 12,48 € 

Fernando Sánchez Calvo 

Me acerqué a la literatura de Juan Pardo Vidal por primera vez gracias a una colección de relatos, pequeños ensayos, pensamientos y otras brevedades que bajo el título Tus muertos y en su colección menos conocida y explotada, Cartoné, El Gaviero Ediciones publicó hace más o menos diez años. La soledad, la ruptura de la pareja, la desintegración del individuo y demás temas contemporáneos eran tratados con una chispa de poesía, otra de humor, alguna de cinismo y mucho desencanto escondido debajo de las risas. Por entonces, en Almería, en la Librería Picasso, pude escuchar cómo Juan Pardo leía con inquietante cotidianeidad un cuento-ensayo-poesía-elegía-planto magnífico: Los amigos muertos.
Diez años después, mientras navegaba en Internet por el variado catálogo de la editorial canaria Baile del Sol, me topé de nuevo con el nombre de Juan Pardo Vidal y quise leer este libro, Arquímedes está en el tejado, porque creía que me iba a encontrar algo parecido a lo que leí en su día. Y fallé, que no erré. Los escritores crecen y cambian, como cambia el protagonista de esta novela en apenas cien páginas.
Vinci, soldado romano y único superviviente en una batalla contra los griegos durante el sitio a Siracusa en el 212 ac., se hace pasar por un heleno y llega a ser nombrado mismísimo capitán de la guardia del genial Arquímedes gracias a su pericia y espíritu de supervivencia. El genio vive sus últimos años preso en su propia patria, aplicando su ciencia a la muerte del enemigo y derrochando su ingenio en la construcción de catapultas, poleas y otros instrumentos de guerra. Poco a poco Vinci (rudo, analfabeto, pragmático) y Arquímedes (austero, sabio, rendido) entablan una amistad no oficial, un “feed-back” que acerca a su vez al soldado al nieto e hija del matemático. Sin embargo, romanos por un lado y cartagineses por otro dejan poco tiempo en el fortín que es Siracusa para el amor, la amistad, el saber o la reflexión y sí muchas horas para el recelo, la guardia, la sangre y la certeza de que en cualquier momento el cuchillo clavado en la espalda, la traición, puede venir de cualquier lado.
En medio de estas circunstancias, el hombre, el individuo, nuestro protagonista, Vinci, solo, como un lobo, como un soldado romano con origen hispano y pasado esclavo y presente heleno y futuro indefinido. El hombre perdido en la guerra, en las naciones, en los miles de sitios que ha pisado y a los que no pertenece. El hombre perdido en sí mismo. ¿La única y momentánea solución?: el sexo descarnado que muchas veces se practica por desahogo y otras por venganza contra una persona, contra una nación entera o contra el propio pasado.
Novela en principio de corte histórico, los datos y las fechas dejan paso enseguida a un magnífico tratamiento de los personajes, siempre redondos, contradictorios, viscerales y a la vez deprimidos. Novela con tributo al desapego, donde el soldado que tiene por misión proteger y a la vez entregar la cabeza de Arquímedes, donde el esclavo que soñó en su día con la libertad que ya ha conseguido, es capaz de afirmar lo siguiente: «Ser feliz cansa».