jueves, 12 de julio de 2018

Entrevista a Yolanda Delgado en Dragaria


Yolanda Delgado: «Quiero incomodar, quiero hacer reír, quiero hacer sentir»
Por DRAGARIA -10 julio, 2018

La grancanaria Yolanda Delgado considera que no es una escritora «rápida» y que «cada frase es un mundo de posibilidades». Le gusta guiar a otros autores que empiezan en su carrera literaria: «Es una de las experiencias más plenas que he tenido», señala. Otra de sus actividades es traducir, y añade que esto exige «ponerte en la piel del autor, con la responsabilidad añadida de expresar en tu idioma la misma intensidad, el tono, los matices, la intencionalidad con la que originalmente esos libros fueron escritos». En sus textos le gusta hacer uso del humor, «un ejercicio higiénico fundamental para conservar la salud». Acaba de publicar Antes de arrojarse al mar, la señora Brown fue a misa (Baile del Sol, 2018), una colección de historias que reflejan su experiencia vital: la de una mujer que viaja desde los diez años por el mundo y que actualmente reside en Francia.

TRES CLAVES DE TU ÚLTIMO TRABAJO

El título del nuevo libro encabezaba una noticia de un periódico portugués. En esos 27 relatos heterogéneos hablo de situaciones cotidianas, pasiones literarias y recuerdos aparentemente autobiográficos. Rompo con la idea preconcebida de lo que entendemos por relato. Quiero incomodar, quiero hacer reír, quiero hacer sentir, comprender nuestra sociedad esquinada, compleja y conmovedora. Las mujeres y hombres de carne hueso son los protagonistas; la realidad y la memoria, mis mejores aliados.

¿QUÉ AUTOR O AUTORA TE INSPIRA?

Hannah ArendtAgota KristofUnamuno, Mijaíl Bulgákov… La lista de autores a los que admiro es larga. Estos autores que nombro fueron víctimas de la sinrazón política, los cuatro supieron vencer las circunstancias, entre otras virtudes, gracias a la sinceridad, a la valentía y al humor. La risa salva a los rebeldes, a los que dicen no en el sentido camusiano.

UN POEMA, UNA NOVELA, UN CUENTO

— Un poema: Tus hijos se cortan las manos Margaret Atwood es una gran poeta.
— Una novela: me lo ponen muy difícil, pero como el pasado año fue el centenario del nacimiento de Juan Rulfo, quiero recordar Pedro Páramo. Rulfo escribió lo que tenía que escribir. Admiro a Rulfo. Voz propia, honestidad en su obra y silencio.
— Un cuento: hay un cuento de ChéjovLa tristeza, que cuando lo releo sigue conmoviéndome como la primera vez. Un viejo cochero acaba de perder a su único hijo. Intenta contárselo a alguien, soltar la pena, pero no encuentra quien escuche su historia. ¿No sucede ahora lo mismo? Otro relato que no querría dejar de mencionar es La lotería, de la norteamericana Shirley Jackson. Narra un episodio que transcurre en una pequeña comunidad. La crueldad está insinuada, va creciendo de forma sutil, solo cuando llegas al final, el horror te estalla en la cara. Simplemente, brutal.

UNA OBRA DE TEATRO, UN GUION CINEMATOGRÁFICO

— Una obra de teatro: el teatro es Shakespeare.
— Un guion: Días de radio. La infancia, los amigos, la familia, las películas, los tebeos, los olores y los colores de una época anodina que Woody Allen consiguió hacerla extraordinaria. Admiro a los creadores que con los mimbres de una vida común, protagonizada por mujeres y hombres anónimos, son capaces de crear imágenes inolvidables. Eso debemos pensar de nosotros. Somos obras irrepetibles, y a pesar de todo, ¡qué bello es vivir! Ya he soltado el título de otra gran película.

PROYECTOS

Estoy en medio de una novela que espero llevar a buen término. Hay escritores que tienen la suerte de escribir rápido, no es mi caso. Soy lenta, le doy muchas vueltas a las palabras, a las posibilidades de sentido, a la forma. «Porque uno solo ha aprendido a dominar las palabras para decir lo que ya no tiene que decir», escribió T. S. Eliot.

¿QUÉ PERSONAJE DE DRAGARIA SERÍAS?

Ya que me invitan a quedarme en esta isla llena de sonidos hermosos, nacida del pecho de volcanes, donde nacen los dragos y los vientos alisios nos protegen del calor africano, me gustaría encargarme del faro. ¡Sería la farera de DRAGARIA!

Portada de ‘Antes de arrojarse al mar…’, de Yolanda Delgado.
Yolanda Delgado Batista (Las Palmas de Gran Canaria 1967) estudió Publicidad y Relaciones Públicas, y un máster en Biblioteconomía y Documentación en la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en televisión como documentalista, redactora, guionista y directora de contenidos. Colabora en distintas editoriales e instituciones culturales como traductora, editora literaria y lectora de manuscritos. Sus artículos periodísticos sobre temas culturales han aparecido en El perseguidor (suplemento de Diario de Avisos), Turia, Read Russia, Russia BeyondWashington Post, Aventuras na Historia y Letras Libres. Actualmente vive en Francia. Ha publicado Antes de arrojarse al mar, la señora Brown fue a misa (Baile del Sol, 2018),Puro cuento (Baile del Sol, 2016), Cambio de coche (relato en antología canario-mexicana, Baile del Sol, 2014) y Antología cortos de cine (Alfaguara infantil, 2003). (Blog).

martes, 10 de julio de 2018

Reseña de MURO DE LAS LAMENTACIONES de Rubén Castillo en Plan Ve


Nel mezzo del cammin


Durante algunos años, en la época de esplendor de los blogs, que parecían haber llegado para quedarse, para instalarse entre nosotros incluso como auténtico y definitivo género literario, funcionó uno titulado “Las afinidades electivas” en el que un escritor compartía su biografía junto con una breve muestra de su trabajo y, de paso, mencionaba a otros escritores con los que le unía alguna suerte de afinidad, permitiéndoles además participar, compartir su trayectoria y su trabajo y dar otros nombres, lo que hacía del blog un curioso modo de ir dando a conocer escritores en cadena. Yo no sé -ni tampoco me he tomado la molestia de comprobarlo, la verdad- si Rubén Castillo apareció en ese blog alguna vez y ni siquiera si llegué a hacerlo yo mismo, pero el caso es que acabamos por encontrarnos, cuando cayó en sus manos uno de mis libros de microrrelatos, que reseñó en su página web, lo que me llevó a conocerlo y a leerlo, y así fue surgiendo una relación de lectura y admiración mutuas, de afinidad electiva, que todavía hoy perdura.

La lectura de Muro de las lamentaciones, libro de cuentos publicado a finales del año pasado por la editorial Baile del Sol (que también tenemos en común), ha venido a confirmarme el porqué de nuestra personal afinidad, el empleo, como piedra angular de su escritura, de una prosa rica, ágil, elaborada, en la que no faltan -pero tampoco sobran ni rechinan- imágenes intensas, sugerentes, de las que te obligan a detenerte y a leer dos o tres veces una misma frase antes de seguir adelante, el tipo de prosa, en definitiva, que me gusta leer y que trato, en la medida de lo posible, de practicar. Además, hay en Muro de las lamentaciones esa unidad temática que, aunque no sea imprescindible, a uno le gusta encontrar en las colecciones de relatos y que hace que el libro sea, al final, algo más que la suma de sus partes y que te cuente más de lo que, por separado, te cuentan cada uno de sus cuentos -disculpen, por favor, la redundancia-.

Haciendo explícita esa unidad temática, los de Muro de las lamentaciones son, como señala el texto de la contraportada evocando a Dante, relatos protagonizados por personajes en medio del camino de la vida, “seres que han descubierto con tristeza que los tonos grises han empapado sus calendarios” y que -citando de nuevo el texto de forma literal- “vivir, en ocasiones, es un ejercicio melancólico”. Los de Muro de las lamentaciones son personajes que quizá ya no saben mirar la realidad, como le sucede al protagonista de “Alucinaciones”, o que ven pasar la vida a la velocidad de los “Dos cuentos para que usted los escriba” que nos propone el autor en otra de sus piezas, o que se sienten identificados con un viejo pájaro disecado, polvoriento, deslucido y con no muchas plumas, extinguido a finales del siglo XVII y arrinconado en un modesto museo de Historia Natural, el que aparece en “La soledad del pájaro dodo”, uno de los mejores cuentos -a mi modo de ver- del conjunto.

Si, por una parte, los relatos tienen en común esa unidad temática, el libro es, por otra, rico y variado en sus planteamientos, con historias que suceden en medio de una cotidianidad cercana, casi de realismo sucio, como la de “En la cinta transportadora” o la de “El hombre de los zapatos color corinto”, junto a otros más -digamos- exóticos, como “Cartas de Wendy”, que transcurre en la Alemania del fin de la II Guerra Mundial, o el crudo relato “Estirpes”, que tiene de trasfondo un campo y una tierra agrestes, violentas, ancestrales. Si a todo ello añadimos una discreta colección de homenajes literarios, los que el autor dedica a Miguel de Cervantes y el Quijote en “El último caballero andante”, a Friedrich Hölderlin en “Las lágrimas de Gontard”), a Fernando Pessoa y a su heterónimo Bernardo Soares en “Si me mirara” o a Pablo Neruda en “Guillermina”, el resultado es un libro redondo, muy recomendable, como lo es esta estupenda última entrega de relatos de Rubén Castillo.

Muro de las lamentaciones
Rubén Castillo
Editorial Baile del Sol
10 euros

https://planvex.es/web/2018/06/nel-mezzo-del-cammin/

viernes, 6 de julio de 2018

Entrevista a Ana Pérez Cañamares en Diario16


Ana Pérez Cañamares: “El feminismo ha llegado tarde a mi vida, pero ha venido para quedarse».

Hablamos con la poeta Ana Pérez Cañamares, dentro de la serie de entrevistas dedicada al papel de la mujer en la cultura.Por Carlos Asensio

- 03/07/2018

Retrato de la poeta Ana Pérez Cañamares para el proyecto de retrato fotográfico "Perdidos. Un lugar para encontrar" del fotográfo Demian Ortiz


Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968) es licenciada en Filología Hispánica, escritora de cuentos y aforismos y, fundamentalmente, poeta. Su andadura poética comenzó en 2007 con el libro de poesía La alambrada de mi boca (Baile del Sol, 2007), al que le han seguido otros como Las sumas y los restos(V Premio de Poesía Blas de Otero, 2012) o, el más reciente, El espejo discreto(Pre-textos, 2017), reconocido con el XVI Premio de Poesía Vicente Núñez.

Ana es una asidua participante en recitales, festivales y jams poéticas y su poesía ha sido recogida en multitud de revistas y antologías. Aunque afirma en esta entrevista que el feminismo ha llegado un poco tarde a su vida, es una comprometida y activa defensora de este movimiento por la igualdad en redes sociales, habiendo incluso iniciado una exitosa campaña en Change.org para exigir más medidas en contra de la violencia de género que ya registra más de 58 000 firmas.


« SE SIGUE CONSIDERANDO QUE NOSOTRAS ESCRIBIMOS EN LOS MÁRGENES, MIENTRAS QUE LA ESCRITURA DE LOS HOMBRES SE EQUIPARA CON LO UNIVERSAL».

Hablamos con ella sobre su obra literaria, el papel de la mujer en el mundo de las letras y sobre cómo ve el panorama poético actual.

Como poeta, ¿qué temas te interesan especialmente, sobre qué te surge escribir?

Me interesan especialmente las intersecciones entre nuestra vida íntima, familiar, emocional, psicológica y la influencia que tienen sobre ella los poderes políticos y económicos, es decir, el choque entre la biografía personal y las decisiones de las élites que marcan nuestro día a día. No es que me lo plantee como un plan consciente de escritura, sino que espontáneamente me surge, porque es algo a cuyas consecuencias y formas de resistencia le doy muchas vueltas. Tengo muy presente a la vida como asombro, tesoro y milagro, y todos los ataques que recibe en cuanto tal –a menudo con nuestra complicidad, más o menos forzada– me afectan y me indignan.

¿Qué es para ti la poesía? ¿Y cuánto de autobiográfico hay en la tuya?

La poesía para mí es muchas cosas, pero para resumirlas todas diría que es un espacio de libertad. En ella me permito reflexionar, provocar, ahondar, imaginar sin presiones externas. Surge cuando surge y a ella traslado lo que me obsesiona, con la aspiración siempre de construir una salida o como poco una grieta que me permita ver más allá de lo evidente. En este sentido es completamente autobiográfica, me muestro con honestidad en la medida en que esa honestidad me permite analizar mis contradicciones y abrirme a otros horizontes. Mi poesía aspira a ser útil, para mí y para quien lo necesite.

© Raúl Pérez

¿Qué opinas de los premios literarios y de la crítica? ¿Cómo llevas que otras personas valoren u opinen sobre lo que escribes?

Los premios, en general, los veo como un mal en ocasiones necesario porque en este país no hay muchas oportunidades para acceder a ciertas editoriales o lectores o reconocimiento de tu trabajo si no es a través de ellos. Luego, a la gran mayoría, los veo como un gran fraude consentido, que vale para perpetuar una idea estanca de la poesía y a unos nombres que se repiten e intercambian entre jurados, editores, premiados. Las valoraciones las llevo bien siempre que se justifiquen; si tienen fundamento son una estupenda herramienta para hacernos pensar y aprender.

¿Qué es para ti el feminismo y cómo de importante es en tu vida y en tu obra literaria?

Casi me da vergüenza decirlo, porque el feminismo, al menos de una forma consciente, ha llegado tarde a mi vida. No ha sido hasta hace poco que me he puesto a leer y a reflexionar sobre él en profundidad. Estaba ya antes, por supuesto, más en forma de intuiciones o de deslumbramientos puntuales, y ahora que he empezado a leer más sobre su historia, sus logros, sus hallazgos y su vigencia, me ha sorprendido la amplitud de miras de la teoría en sí y de las autoras que han escrito partiendo de ella. Así que ha venido para quedarse, porque ahora ya atraviesa mi visión de la historia, de la cultura, de la sociedad, de mi propia vida. Se me ha vuelto indispensable como estrategia de análisis y de cambio. Como decía más arriba, está en mi obra cada vez más, en la medida en que está en mi día a día, no como un plan, sino como reflejo de lo que me obsesiona. Además, a mí me va la marcha: me apasiona no solo aquello que me da certidumbres, sino aún más lo que me cuestiona. Eso me pasa con el feminismo.

¿Crees que existe desigualdad de género en el mundo de la poesía? ¿Crees que hay una falta de mujeres en el canon literario actual?

Absolutamente sí. No es una opinión, las cifras hablan en los libros de texto, en los premios, en las antologías. Se sigue considerando que nosotras escribimos en los márgenes, mientras que la escritura de los hombres se equipara con lo universal.

¿Qué opinas de las jams de poesía y del mundo de los recitales? ¿Crees que existe violencia contra las mujeres en estos entornos?

Por suerte, no he vivido todo esto siendo joven, cuando eres más vulnerable; no obstante supongo que existe violencia porque el mundo de la poesía forma parte del mundo en el que vivimos, no es algo aparte. No he vivido esa violencia en primera persona más que en forma de discriminación, que desde luego es una forma de violencia. Imagino que además se dan otras.

¿Cómo ves el panorama poético actual? ¿Qué opinas de la mal llamada «nueva poesía»?

El panorama poético actual lo percibo tan compartimentado como supongo que ha estado siempre. Hay élites y hay tribus, grupos, subgrupos de afinidad… Yo me siento a gusto donde estoy, aunque no deja de enfadarme que haya muros a nuestro alrededor, más que nada porque el acceso a un público más general está siempre copado por los favorecidos por el sistema y los medios. Pero si no aceptas ciertos ritos de paso, si no estás dispuesto a pagar ciertos costes, al final cada uno está donde elige estar, y yo ocupo mi parcelita con gusto y agradecimiento. Si por «nueva poesía» te refieres al fenómeno de la poesía joven que se difunde en redes, no siento a quienes la practican ni a quienes la leen como competidores. Me rebelan más quienes hacen negocio priorizando la cantidad sobre la calidad. Aunque al final hay tanto donde elegir que no le dedico mucho tiempo a lo que no me interesa, más bien paso de largo.

¿Crees que recibimos una buena educación literaria? ¿Qué mejorarías?


No, no recibimos una buena educación literaria. Siempre me sorprende que después de un recital, alguien se me acerque y me diga «Yo no sabía que la poesía era esto». Yo contesto: «Porque no quieren que lo sepas». En la poesía, como en todo, interesa educar para el consumo, no para la rebeldía.

¿En qué proyecto literario estás trabajando actualmente? ¿Hacia dónde se dirige Ana Pérez Cañamares?

Acabo de terminar un libro que me ha llevado décadas escribir, el libro en el que reflexiono sobre mi maternidad: Querida hija imperfecta. Y sigo escribiendo poemas, sin apremio, respondiendo a mis intereses y mis necesidades como siempre. He cambiado mucho mis lecturas en este último año; en vez de leer tanta poesía, estoy leyendo historia, ensayo… Me interesa buscar la genealogía de las rebeliones: piratas, herejes, brujas, esclavos, anarquistas… Y estoy empezando a ver cómo de forma natural todo eso aparece en los últimos poemas que estoy escribiendo.


CUESTIONARIO BREVE

Una referente feminista.

La primera que me encontré y que de cuando en cuando vuelve: Virginia Woolf. Y de todo lo que he leído últimamente, la que más me apela es Silvia Federici. De las mujeres que escriben actualmente, en poesía, ensayo, incluso en redes, aprendo cada día y les estoy enormemente agradecida.

Un libro de poesía escrito por una mujer que no te canses de recomendar.


Los muertos y los vivos, de Sharon Olds. Y este no es de poesía, pero lo recomiendo muchísimo: Calibán y la bruja, de Federici.

Una poeta contemporánea por la que sientas predilección.

Dos: Sharon Olds y Szymborska.

Una autora que haya influido decisivamente en tu forma de escribir.

Tengo la suerte de contar con unas cuantas entre mis coetáneas: Cristina Morano, Inma Luna, María Eloy-García, Mª Ángeles Maeso, Olalla Castro, Isla Correyero, Ana Rossetti… Aprendo muchísimo de ellas todos los días, como poetas y como personas.

Un verso o cita que no se te vaya de la cabeza.


Unos versos de Adrienne Rich, de su poema «Buceando hacia el naufragio».

«Vine a explorar el naufragio.
Las palabras son intenciones.
Las palabras son mapas.
Vine a ver el daño causado
y los tesoros que perduran».

Uno de tus libros del que estés especialmente orgullosa.

Estoy orgullosa de todos. Quizá Las sumas y los restos y El espejo discreto son los que me parecen más completos a la hora de reflejar mi universo.

El libro que te hubiera gustado escribir.

Digo en un verso: «No siento envidia de los grandes poemas». Me pasa igual con los libros. Me basta con que alguien los haya escrito y yo los pueda revivir y recrear como lectora.

Una editorial de poesía que te apasione.

Por todo lo que han aportado y siguen aportando al panorama editorial español: Baile del Sol, Ya lo dijo Casimiro Parker, Bartleby, Pre-Textos.

Una mujer que te haya marcado.

Mi hija.

Un poema tuyo.

«Todas las perras que en el mundo han sido

venimos esta noche a tu ventana.

Con pulgas, cicatrices, sin collares

barro en las patas, sangre en pezuñas.

De cada sombra una perra emerge.

Nos quitaron camadas, nos pusieron cadenas.

Nos dejaron sin linaje ni genealogía.

Para poblar sus fincas les parimos esclavos.

Pensaron que abandono sería igual a muerte

pero de las cunetas aprendimos memoria.

Sé fiel a los ladridos: alimenta a tu loba.

Obedece la brújula en tu hocico.

Apunta las orejas siempre al cielo.

No disputes la caza con tu hermana.

No des a luz cómplices: enséñales colmillos.

Y así hallarás en ti lo que tienes de manada».


miércoles, 4 de julio de 2018

Reseña de La Terribilità de Alejandro Tarantino en la Nueva Tribuna

La poética de Alejandro Tarantino

A propósito de La terribilitá, su último poemario publicado.
Por Candela Llanos de Vanda | Desde la materia de su último poemario, en diálogo con el discurso de Román Hernández, quiero hablar del poeta, e invitar a la lectura íntima y sin oropeles de su voz. Tiempo habrá para aquellos que con el libro en sus manos gocen de la relación entre la escultura y la poesía, origen cierto de este libro.
Tres libros nos ha dado de los que tiene escritos, y la manifestación de una poética de mucha potencia imaginaria, ideas explosivas que, en sus palabras, definen su quehacer «blanco como un látigo ciego». Imágenes inéditas, asombrosas, con su mucho de carnalidad pero cargadas también de conceptos y formas que subyacen en poemas con poderosos hallazgos. Las imágenes salen en aluvión, cataráticas, hermosas como creaciones intempestivas. Desbordan la atención y concentración del lector, la lectora que he sido yo, hasta el punto de dejar de significar, de ser sobrepasada por semejante caudal.
Una poética que no puede ser apaciguada y en su furia lleva la mansedumbre, la dulcedumbre, necesaria al trato con el dolor que las ideas guardan para los gritos. Por ello, se descubre un ritmo de los significados y no de los signos, un intrincado territorio donde se diluyen los límites formales entre Poesía y Filosofía, donde los neologismos y la exactitud de las palabras equilibran el riesgo de un léxico culto. ¿A cuántos deja fuera del entendimiento?, se puede preguntar un lector atento. Creo que a muy pocos, a aquellos que buscan la imagen fácil y repetitiva de un yo masturbatorio. Pero hay algo distinto que tiene que ver con los principios materiales de los presocráticos, un fluir de la voz por las palabras como por el rio de la vida, y ese algo te lleva a un saber del saber o sobre el saber, a la posibilidad de que su poesía nazca en el saber y no en las simas de una pasión enfermiza. En él leer no es solo comprender, es también un mirar lejano, un abandonarse al extravío y a la exploración.
Sus textos podrían estar escritos hace cien años o dentro de cincuenta, como si quisiera dejarnos en una corporeidad demasiado abstracta. Y es en alguna de esas abstracciones donde logra hallazgos formales, sintáctico-temporales que son luces en bruto y nos llevan a un texto de otro tiempo, no por no ser aquí, sino porque sobrevivirá como lo hacen los poetas secretos: «Esta soledad que lo es sin ti», «Ven y vete es uno», «fragmentos de un horizonte revés de la historia». Son epifanías que escancian poemas anclados en el tiempo intempestivo de Nietzsche, en el espacio de las fronteras, más allá. Si ya tiene la corporeidad semántica, en lo que ha de venir y se intuye en sus poemas, la corporeidad se convertirá en el ritmo con el que se lee su escritura presente.
A.-Tarantino
Su poética alcanza una alquimia épica con el decir de Lorca o Pasolini –entre mil voces de la historia del pensamiento-, una filosofía lírica que no sucumbe a otras voces ni adeuda corrientes, que ama, simplemente ama, la poesía, y desafía el límite de los géneros.
Sus libros andan entre el oráculo manual, la lámpara maravillosa y el imaginismo surrealista de Aleixandre, Valente, Mestre, entre otros, pero con una personalidad inmaculada. Es muy original, muy rara su voz y es voluntad de potencia.
Él mismo lo dice: «los poetas son los que escriben contra el lenguaje». Y la idea estética de la resistencia que él bien conoce, da paso a una lucha clara contra el discurso del poder y los cenáculos de la conformidad. No renuncia a los lugares comunes del entendimiento y arriesga en la vanidad de las palabras, en medio, en los intersticios donde se urde su voz híbrida, revienta y hace estallar el objeto de la lengua desde su lucidez inquietante, y diría que a veces inabordable desde los parámetros que hoy triunfan.
Quiero su ser ignoto, su parte de maldito, al modo que pueda serlo su amado Vincenzo Consolo, quiero que mantenga su voz en la patria ética, su destierro, su morar la habitación obstinada del pensar, en palabras de Gamoneda.
Tarantino nos ofrece una de las deconstrucciones líricas de la modernidad, los límites del decir aparentemente clausurados se abren de nuevo, desde Hegesias a Quignard; entre lo profético y lo desnudo, nos da el vértigo ante una «sima insalvable» de la lengua de un habitante futuro.
Quiero agradecer a Chús Arellano y Juan Carlos Mestre sus palabras sobre Alejandro Tarantino, que me han permitido entrar en sus textos por lugares insospechados. Gracias.
la-terribilitá
Alejandro Tarantino Aréchega
Editorial Baile del Sol 2018

lunes, 11 de junio de 2018

Reseña de Maldito y bienamado bibelot de Heberto de Sysmo en Verde Luna


“Maldito y bienamado bibelot” de Heberto de Sysmo: El rabino Löw y la feliz piñata del lenguaje



Título: Maldito y bienamado bibelot
Autor: Heberto de Sysmo
Editorial: Baile del sol
Calificación: ** (Interesante)
Por: José Carlos Rodrigo Breto

Quizás alguien pueda pensar, a estas alturas, que ser un poeta influido por el culturalismo como lo es Heberto de Sysmo puede ir en detrimento de la creación de una poesía, no ya comprensible, sino bella. Sería un error habitual y asociado a los tiempos que corren. El poeta ha reducido su tarea lírica (cuando existe) a la mínima expresión de dos o tres versos minúsculos previamente publicados en Twitter oInstagram, o a una chafardera actividad poética desplegada en Facebook como quién despliega las velas de un gran buque al viento por los cuatro confines del universo cibernético para que, después, los lectores con criterio (que alguno queda) comprueben que aquella promesa de velas de goleta no ya es que simplemente sean las de una discreta chalupa: se tratan de un trapillo, menos que un soplamocos cargado de lugares comunes y decepciones adheridas.

Poetas culturalistas extraordinarios hay algunos y de nómina bien ilustre. Podría empezar por Góngora, Julian del Casal, Cavafis, Eliot o Ezra Pound, influencias gozosas de Heberto de Sysmo, terminando por el venecianismo luminoso de Gimferrer, además de un par de Luises —de Villena y de Cuenca— y mi admirado Jose Emilio Pacheco, entre otros.
Estos nombres representan a la Poesía con mayúsculas, y son los grandes olvidados en esa poesía de consumo que se estila hoy en día, poesía de influencers e instagramers, poesía avalada por un gran número de seguidores en las Redes Sociales que celebran cualquier chisposa ocurrencia, más o menos inteligente, como el gran hallazgo que les alegrará no ya el día, sino los próximos quince minutos, masajeando su intelecto y haciendo que se sientan muy profundos al notar como restalla su percepción poética que creían atrofiada.

Por eso, la nómina de poetas citados anteriormente es una lista negra de textos intrincados que no sólo le exigen al lector una atención imponente y un ejercicio de descodificación, sino también un grado de cultura para comprender los referentes —y “comprender” aquí significa disfrutar— para la que ese público potencial de 280 caracteres y tópicos no está en absoluto preparado; ni quiere estarlo, porque la cultura poética vive anclada en la inmediatez de la pereza.

El grupo de rock sinfónico Genesis sostenía una máxima a la hora de componer sus canciones: si eran fáciles de interpretar no las querían; si eran sencillas no eran divertidas. En esto de la poesía actual ocurre justamente lo contrario. Al primer signo de esfuerzo, de complejidad lírica, de oscuridad, de un pequeño problema de interpretación, el consumidor de lo obvio cataloga a ese poema y a ese poeta de insufribles. Los tiempos actuales serían muy malos tiempos para los Montale, Ungaretti y Quasimodo, esa Santísima Trinidad el hermetismo.

Heberto de Sysmo se encuentra en la categoría de los poetas inteligentes, de esos poetas que también exigen un grado de talento a sus lectores. Los poemas de su último libro, Maldito y bienamado bibelot, publicado por Baile del Sol, ponen en pie un entramado complejo y casi ensayístico acerca del lenguaje como personaje, como misterioso caballero embozado que nos acompaña al lado, o en nuestro interior, en el viaje de nuestras vidas, pero no como una herramienta de la que podemos servirnos a nuestro antojo, sino como un ente poderoso que se apodera de nosotros, que habla por nosotros.

Poetas y lectores de lo inmediato y de lo obvio, me despido de vosotros. Lectores avezados, continuamos desde aquí juntos, tratando de desentrañar este ejercicio lingüístico y reconfortante que Heberto de Sysmo ha expandido sobre las páginas de su bibelot: porque no nos engañemos: el poemario es, en sí, todo él, también un bibelot.

A Sysmo, el asunto le viene de lejos. Su anterior poemario titulado La flor de la vidaelogio de la Geometría Sagrada (Lastura), presentaba un profundo análisis lírico del fractalismo y de las leyes que rigen el universo contemplado desde lo micro-cuántico hasta lo macro-cuántico. Eso es demasiado para Instagram. Puedes leer una crítica sobre esta obra excepcional que realice para este blog de Verde Luna aquí:
Pero volvamos al bibelot. En primer lugar, puede sorprender la estructura del libro, que se articula en cuatro grandes apartados: Physis, Mathesis, Mímesis y Semiosis. Sin embargo, en cuanto comprendemos que es un poemario sobre el lenguaje, elaborado con lenguaje para reflexionar sobre el lenguaje, es decir, metalenguaje, empezamos a atisbar la verdad poética que se alberga oculta en ese bibelot. Y si hablamos de bibelots con verdades ocultas, qué mayor bibelot que aquel Caballo de Troya.

Empecemos partiendo de la idea que tiene Heberto de Sysmo respecto al bibelot: somos nosotros, una especie de figurillas vacías, desprovistas de toda vida y que nos activamos gracias a la irrupción en nuestro interior del lenguaje. El poeta entiende nuestra naturaleza humana como la del Golem creado por el rabino Judah Loew Ben Bezalel, más conocido como el rabino Löv, el Maharal de Praga. Este rabino construyó un homúnculo a partir de hojas y barro que se activaba a través de un juego de palabras: se escribía la palabra hebrea Emet, “verdad”, en su frente, y el Golem tomaba vida y obedecía órdenes. Para desactivarlo, bastaba con borrar la primera letra de emet y convertirla en met, es decir “muerte”, y el Golem se desplomaba en un montón de hojarasca. Nunca el lenguaje cumplió una función tan poderosa como dador de vida.

¿Nunca? Podríamos retroceder hasta los tiempos del Paraíso Terrenal, incluso un poco más allá: En el principio era el Verbo. Heberto de Sysmo lo poetiza: “Si antes que el ser/ fue el pensamiento”, escribe en el poema Tendencia de copista. Es decir, era logos, un logos o pensamiento racional explicitado mediante la palabra, es decir, lenguaje, que entró en nosotros para convertirnos en humanos.

La palabra antecede a todo. Antecede incluso a la vida. Y el Verbo es, además, el corazón de la frase. Y la frase ayuda a construir: el hombre y la mujer proporcionan los nombres a las cosas que no existen hasta que no son nombradas por ellos, se trata de un sagrado juego léxico de creación. Todo: animales, plantas, cosas…, comienza a existir cuando adquiere su nombre. De nuevo, tenemos al lenguaje como dador de vida, como motor primigenio de creación: “Para que todo sea/debemos expresarnos”, nos dice el poeta.

Por lo tanto, la naturaleza fue cobrando forma mientras era nombrada por el hombre y la mujer, artífices y colaboradores de la creación divina. Hombre y mujer eran dos poetas, yo quiero imaginarlos como tales, guiados muy de cerca por el poder de la Luz. ¿Acaso existe una función más cercana al poeta que levanta mundos con sus versos y estados de ánimo con sus metáforas? Y, además, esta forma de nominar aleja al hombre de su estado animal primigenio, lo eleva al plano de las ideas y connota así su humanidad. Tal y como se afirma en el poema Las fuerzas de la literatura: “Resistirse a decir, convierte al hombre/ en el bruto animal del que proviene”.

Renunciar al lenguaje nos alejaría definitivamente de Dios, de la deidad o del demiurgo en el que creamos, de esa Luz, al declinar esa tarea creadora que se depositó en nosotros cuando todavía habitábamos el Paraíso o el Estado Ideal. Sin lenguaje, o con un lenguaje deturpado, involucionamos desde el plano elevado de la deidad hasta el fango animal, conectando directamente con la brutalidad.

Porque la poesía es un lenguaje divino. La Pitia en el Oráculo de Delfos, a quien se le preguntaba la duda, interiorizaba esa frase y consultaba a Apolo para responder en hexámetros. Contestaba con poesía, y ese lenguaje descendía directamente del lenguaje divino.

Heberto de Sysmo indaga en esta función creadora, como primer motor y misterio. Así, la primera parte del poemario, Physis, abunda en el lenguaje como misterio inherente al ser. El primer poema del libro, Dicotomía saussureana, plantea el enigma de un origen natural lingüístico, de que tal vez estemos ante un Dios primordial de la Naturaleza, del Ser al principio de los tiempos que se apodera de nosotros, entra en el interior de la conciencia y nos transforma.

El primer verso del poema define al lenguaje como “patria, trinchera y escondite”, relacionándolo de inmediato con la idea de que los sistemas lingüísticos son la razón identitaria primordial del ser humano. En obras como El regreso del húligan(Tusquets) del rumano Norman Manea, se concreta el desarraigo de los exiliados del régimen totalitario de Ceauşescu como una completa pérdida del idioma original en el que se expresaban, al verse obligados a escribir en otras lenguas en el extranjero. Además, el manoseo criminal al que someten al lenguaje los sistemas totalitarios termina por quebrantar el concepto de identidad nacional y se extravía la idea de patria o refugio primigenio, de escondite.

Tal y como prosigue Heberto de Sysmo en esta primera poesía saussereana, el lenguaje es “herramienta”, incluso “arma”; no en vano, en mi novela El vaso canopeuno de los personajes argumenta que una imprenta clandestina hizo mucho más por derrocar a Ceauşescu que las pistolas y los cuchillos. Sin embargo, esta herramienta armada encierra un enigma fundamental para el poeta: “es más allá de mí”, y en ello radica el discurso que se extenderá por todo el poemario. El intento de descifrar los misterios —con raigambre en lo divino— de lo que claramente se muestra como “una arquitectura afín a la conciencia”, un constructo, un artificio que muchas veces puede resultar letal y cuyo origen desconocemos, o tal vez no conocemos tanto como la ciencia y los estudios parecen asegurar.

Artificio letal, en efecto, tal y como se describe en el poema (Dis) función estética. Las palabras pueden provocar grandes alegrías, como las primeras pronunciadas por los niños, pero también grandes tristezas, como las últimas, esas que prorrumpen misteriosas en el agostamiento de la vida de alguien. De esta forma, el lenguaje se mueve ubicado a horcajadas entre “la belleza y el espanto”, aumentando exponencialmente su capacidad de misterio.

Un misterio que se emboza en las cualidades de la metáfora, tal y como muestra el poema Atavío: “Sabes que en la metáfora sucede/algo nunca ocurrido;/que la ficción es hueso que vertebra/la entintación de otra mentira”. Ese misterio mentiroso de la metáfora conecta con aquella idea que dio Vargas Llosa sobre la literatura, a la que denominó como “la verdad de las mentiras”. Por esa senda, el poeta interroga al lector al final de Atavío: “Si en algo aprecias la sinceridad/ ¿por qué sigues leyendo?”.
Ser poeta es adorar y acariciar el misterio de esa lengua que ha penetrado en nosotros apoderándose del bibelot humano, de nuestro Golem propio al que resucita. Ser poeta viene definido en el poema Desopercular: “Rebañas la colmena, aunque tu vida/arriesgas por la miel de la palabra;/nada te importa ya, /morir buscando, /yacer en el sendero de los héroes”. Así que ser poeta, hacer poemas, es eso, un remover las celdillas de la vida, como si fueran un panal, y obtener en los versos las esencias, ceras y mieles, palabras que desentrañen el hermoso misterio que dota de vida al bibelot.
La segunda parte del poemario, Mathesis, abunda en el proceso del aprendizaje, con un fondo en el modelo matemático de Descartes y Leibniz, esa Mathesis Universalismediante la cual, porque la lengua son signos como las matemáticas, se puede buscar y alcanzar la perfección lingüística.

El primer poema de este segundo tramo, Ergógrafo del alma, nos trae al bibelot, presente, como esencia del lenguaje: “Maldito y bienamado bibelot, /insuficiente eres, imprescindible, /nuestras vidas constriñes y constelas”. Somos Golem, somos los hombres huecos de T.S. Eliot, somos la criatura de barro y hojas aterrada, esperando ser desactivada por el hacedor, esperando para convertirnos en un montículo de polvo, dominados por esas palabras y ese lenguaje que nos convierte en todo y en nada.
Además, el poeta, el escritor, prolonga la vida en sus palabras, incluso en la tinta con la que las escribe. En el poema Dicterio se consolida esta relación vital: “En el dibujo, /una delgada línea limita/la carne, del vacío. // En la escritura, /la tinta es la frontera/de la fragilidad de nuestra vida”. La perspectiva es aterradora, tan sólo queda refugiarse tras la poesía si se tiene la fortuna de poder utilizar de esa forma el misterio del lenguaje. El poeta es El cobarde embozado: “Mi verdadero yo es quién se oculta/detrás de este atavío de fonemas…”. Y la poesía, el lenguaje, es un virus “que en tinta se propaga”, se nos advierte en Huésped.

Heberto de Sysmo, con esta transición hacia el impulso poético como sufrimiento, está abriendo la vía al lenguaje como enfermedad, incluso como maldición. La poesía provoca dolor y además “nacido del dolor/un verso escapa;/como lamento, /como respuesta al daño/que su herida comporta” (poema Asunción). Tal vez la raíz de este mal tan doloroso provenga de que el poeta intenta un imposible mediante el uso del lenguaje: “quiero inventar más mundos/y tan solo los nombro” (poema Cláusula del Arte).

El tercer tramo de Maldito y bienamado bibelot es el titulado Mímesis, es decir, imitación, estética. De esta forma, las referencias a técnicas artísticas cuyo objeto buscan copiar la realidad, se convierten en el leitmotiv de la parte. Ya sea en pintura o en arquitectura, la cuestión es, mediante la recreación de la realidad, intentar descubrir una zona misteriosa que se encuentra oscurecida, que quizá pueda explicar el misterio del bibelot. Así, el primer poema presenta un título muy significativo, Esbatimiento, técnica pictórica mediante la cual un cuerpo deja en penumbra parte de otro al entorpecer la luz que incide sobre él.

Heberto de Sysmo entiende que hay zonas del lenguaje en penumbra, que necesitamos iluminar. En Apostema lo afirma con certeza: “El pensamiento abunda/en los ángulos muertos del lenguaje”. Para encontrar esos misterios hay que trabajar la forma poética, “las trilladas semillas/del verbo” (en Mies poética), porque es indudable que “Entre los versos/arden palabras libres/nunca escritas” (Caligrafía oculta). Parece que en esta parte de Mímesis será en donde el poeta se sienta con mayor control sobre este misterio del lenguaje, una vez que ha concluido que todo forma parte de un código ante el cual es imposible oponerse.

De esa forma, solo admitiendo eso, puede aparecer, ahora, la estrofa clave de este Maldito y bienamado bibelot. Y será en el final del poema Isoyeta: “Somos en el lenguaje, /a través suyo urdimos/cartografías de la mente”. Quizás este sea el gran descubrimiento que habitaba en esa zona en sombra, entre las aristas de la penumbra. Porque urdiendo esas cartografías de la mente, así, podemos alcanzar cierta forma de inmortalidad: “Dramática belleza la del signo;/sobrevive a su autor/y aun sin testigos/se inmortaliza” (en poema Magma etéreo).

Un momento… Desengañémonos, lo que es eterno son las palabras, nosotros no podemos aspirar a competir con su longevidad. Serán las palabras quienes nos sobrevivan, en una dulce derrota.
Por último, Semiosis, cierra el poemario. De las cuatro partes, la segunda, tercera y cuarta se están refiriendo a las potencias de la Literatura: MathesisMímesis Semiosis, mientras que la primera parte del poema se ha basado en la Physis, como una potencia particularmente humana que se suma a esas mismas potencias.

Ahora, esta Semiosis o creación de signos con significados, esta forma de construcción de la realidad, buscará reafirmar al poeta en su poesía, a Juan Antonio Olmedo López-Amor en su heterónimo de Heberto de Sysmo, del cual disfruta como si hubiera obtenido una canonjía. Tal es el título del primer poema de esta última parte, Canonjía, en donde se firma una declaración de lo que es ser poeta: una “declinación a la locura”.
Una locura en la que se debe creer con toda la fe. El poema Retribución de fe muestra los beneficios que se derivan de aceptar ese uso del lenguaje, o de permitir que el lenguaje nos haya penetrado a la búsqueda de la belleza en nosotros, los seres huecos: solo creciendo en la escritura y creyendo en la escritura los “párrafos se convirtieron/ en dolientes estrofas”. ¿Acaso no va de eso ser poeta? ¿De que duela cada verso empalado en cada estrofa?
Volvemos, mediante este dolor de las estrofas, o a través de este dolor de las estrofas, hacia atrás en el tiempo y en el poemario, porque el bibelot-Golem está cercano a desarmarse, el lector está a punto de terminar la lectura y con ello dibujar la palabra met en la frente del poeta. Por ello, es necesario establecer la palabra, de nuevo, como el inicio de todo, de ese big bang semántico, del estallido de la materia oscura en colores que luego nos hizo humanos. Esto queda fijado en el poema Falso hohlraum, que se remonta al destello de la palabra como faro de las entrañas del Universo y que tiene su continuación en el poema Espiral de vida, donde el fractalismo de lo que es “Decir para vivir/vivir para decir” es sinónimo de vida. Y en Óbelo esta vida propiciada por la palabra poética revienta incontrolada: “Soy tantos como pueda imaginarse”, afirma el poeta.
Sin embargo, el bibelot que también es el libro de Heberto de Sysmo desemboca en su poema final: bien podría componerse de solo esa palabra met que lo desactivaría, pero aún tiene fuerzas de sellar su epitafio en Sagrada evanescencia: “Morir en la Palabra/es justa aspiración/ para aquellos que “solo” / han vivido por ella”.

Expira así este bibelot animado por la posesión del lenguaje poético, con abundante carga catafórica en los títulos de los poemas que, así, conforman parte misma de ellos. Eso significa que cada poema es un pequeño bibelot poseído por sus propios títulos que lo animan, creando una constelación de bibelots que se replican a sí mismos para conformar el gran bibelot del poemario que a su vez proviene del bibelot-poeta, en un panorama de fractales que toma su dirección hacia la macro-cuántica.
Todo posee un significado que va más allá de lo simple, de lo visible, en la poesía de Heberto de Sysmo, eso es lo que la convierte en algo tan apasionante. El lenguaje se introduce en nosotros como su fuera un Caballo de Troya, consigue pegar fuego a nuestras defensas, y justo desde ese mismo instante comienza a gobernarnos. Sysmo, en su poesía, intenta apoderarse de las riendas de ese Caballo, de ese lenguaje, aunque tan solo sea por un momento y poder crear, así, belleza.

Y no debemos olvidar que el poemario se llevó el Premio Nacional Isabel Agüera”Ciudad de Villa del Río, un mérito más de este texto, pero que a mí me interesa traerlo al final de mi análisis por un motivo: Heberto de Sysmo presentó este poemario al concurso bajo el pseudónimo de Scardanelli. Y este es el último guiño que nos hace el poeta, ya desde la concepción primigenia de su bibelot.

Bajo ese nombre de Scardanelli firmaba, hace más de siglo y medio, el enfermo, el poeta Hölderlin desde sus treinta y seis años de encierro en la torre de Tubingacuando era víctima de la locura, de una esquizofrenia que lo atravesaba obligándolo a desencadenar una verborrea imparable. Hölderlin era, así, bibelot-Tourette ahíto de palabras que lo convulsionaban. Algo de Tourette hay en los poetas, siempre lo he mantenido, que se activan como un Golem cuando en su bibelot penetra el lenguaje y entonces solo son capaces de mencionar la belleza…, incluso extrayéndola de la negritud más horrible.

Heberto de Sysmo es una moderna versión de ese Scardanelli pleno de palabras, instalado en la pacífica locura de su bibelot que cuelga del árbol de lenguaje como una piñata que, al romperla, nos baña con la felicidad de sus poemas.


https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/06/08/maldito-y-bienamado-bibelot-de-heberto-de-sysmo-el-rabino-low-y-la-feliz-pinata-del-lenguaje/