miércoles, 21 de agosto de 2019

Reseña de CANCIONES ACUSADORAS, de Miguel Ángel Gómez en Todo Literatura

Canciones acusadoras
Canciones acusadoras

“Canciones acusadoras”: el particular tributo a Bob Dylan de Miguel Ángel Gómez

domingo 18 de agosto de 2019, 12:43h
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Que la poesía escrita le debe su esencia rítmica a la música, es un hecho que desde la época de los juglares queda constatado. Poemas cantables, como las antiguas cantigas portuguesas, demuestran que la línea que separa al poema de la canción es muy fina, si es que no son la misma cosa. Obviando las diferencias entre ambas disciplinas y centrándonos en sus textos, tanto la música, como la poesía, poseen una función estética común pero sin embargo parece que articulan un discurso literario diferente.
Miguel Ángel Gómez
Miguel Ángel Gómez
El germen de todo poema es musical, o debería serlo. Si la poesía medida, regida por la métrica, busca una armonía sonora —además de con los consabidos recursos literarios— a través de la prosodia que deviene de su arquitectura, el verso libre del sector en el que se inscribe la poesía de Miguel Ángel Gómez (Oviedo, 1980) en la poesía contemporánea —priorizando mucho menos el rasgo prosódico— hace lo propio a través de la acentuación, puntuación, pausas o encabalgamiento. Aunque tras la lectura del libro este aspecto no parece haber sido una de las prioridades del autor, pues el fondo se antepone con claridad a los andamios de la forma.

¿Qué ocurriría si se publicase como un poemario las letras de las canciones de cualquier cantante? Como mínimo, en el plano formal, encontraríamos impostura, demasiada aliteración, sobrecarga de clichés, además de frases forzadas por su adaptación al ritmo. Todos estos factores devienen sistemáticamente por defecto al utilizar este formato, por lo que la pericia del poeta que pretenda ser original y auténtico con él deberá ser mayor que, por ejemplo, quien se exprese a través de poesía discursiva.
La poesía de Miguel Ángel Gómez en Canciones acusadoras es descriptiva y muy narrativa, libre formalmente pero dependiente del carisma y la personalidad de su hablante lírico: al que podemos considerar un epígono de Bob Dylan que mira de reojo a Shakespeare. Estos dos elementos referenciales tienen un peso específico en el decir poético de este autor: del primero, la variedad de temas sociales y el punto de vista de una estrella mediática; del segundo, un romanticismo trágico puntual que trata de adaptarse a las exigencias del guion.
Marcelo García en el alegre prólogo del libro llama `aullante convulso´ a Miguel Ángel Gómez y relata, además, como una proeza el hecho de que el poeta haya publicado siete libros en tres años. Ni que decir tiene que la poesía es libre de todas las cláusulas que queramos atribuirle, por más que queramos definirla o acotarla, tarde o temprano llega alguien que hace lo contrario que tú en un poema y su texto alza el vuelo poético. Si algo nos queda claro a los que intentamos escribir poesía es que tras el rapto de la inspiración y su apresurado dictado viene el verdadero oficio de poeta, el trabajo de pulir y seleccionar los versos. Muchas veces este proceso requiere más tiempo que el que requeriría corregir un trabajo académico, por poner un ejemplo. Los versos exigen una respiración sin su autor, una maduración, una fermentación en el silencio, un regreso a ellos tras un tiempo para asegurarnos de si existen o no inconsistencias, volver a ellos para volverlos a enfrentar y sentir tras su lectura si nos seguimos reconociendo, si debemos modificar algo o suprimirlo. Este importantísimo paso es imposible llevarse a cabo con un ritmo de publicación como el que tiene Miguel Ángel Gómez, lo cual no quiere decir que su autor se equivoque, cada cual escoge su forma de versar; su vertiginosa inspiración se encomienda a la intuición y, de alguna manera, esta y otras decisiones de su poética señalan en la dirección del lector que este libro busca.
A esta misma costumbre de someter los versos a una hibernación se refiere el poeta en uno de sus textos recordando a Henry Miller: «La imaginación lo es todo: / en espera de que me arponeen / los critiquillos hago esto: / dejo los nuevos poemas en un / cajón / ¿es que los voy a someter al suplicio / de Tántalo toda la noche? / Mejor así / es mi forma de dar el rapapolvo». Por tanto, nos encontramos ante una estrategia premeditada de destrucción de la convención y la particular dosis de extrañamiento devengada de ello.
El prólogo lleva por título “Anatomía de una convulsión” y a la palabra `convulsión´ precede la palabra `compulsión´ pero deliberadamente tachada, lo cual devela la vocación torrencial e improvisada del discurso. Esta naturaleza puede advertirse en poemas como “Mi buena chica”: « ¿No ves / cómo me hallo? / Hum, hum, hum. Oigo tu voz, / caigo en trance, me recuesto en un blando / cojín, / aflojo la mano y no retiras la tuya. / Los comunistas acechan fabricando / chistes morbosos».
El poemario se estructura en tres partes; las dos primeras se equiparan en extensión (14-12 poemas), mientras que la tercera se culmina con cinco poemas, por tanto, los apartados van adelgazando progresivamente la cantidad de poemas que contienen hasta el final. Las partes constituyentes llevan por título “Primera parte” y así sucesivamente, epígrafes impersonales que no anuncian un cambio temático y tal vez sí de tono. A su vez, las páginas que contienen estos epígrafes separadores contienen poemas sin título, los cuales podemos considerar como paratextos.
El título del libro apunta tanto a su condición de libreto o partitura lingüística, como a la tentativa de denuncia ante hechos sociales injustos. Esta actitud inconformista y vindicativa se corresponde con la de los primeros años musicales de Dylan, unos sesenta que le permitieron desafiar al sistema e incluso al género musical que utilizó para retratarlo. Miguel Ángel Gómez, filólogo y profesor de Lengua y Literatura de formación, conoce a la perfección la tradición y sin embargo opta por un discurso arriesgado que rompe muchas convenciones y de alguna manera se hermetiza para el profano. Este libro busca a su particular lector. Sin duda, hará las delicias de los seguidores del genio de Minnesota, ya que conocen su imaginario y comparten su cultura; y por lo mismo, aquellos más alejados a todo ello no terminarán de hacer pie.
Imbuido por completo en la cultura anglosajona, el poeta despliega su repertorio de acusaciones a la manera de “Blowin' in the Wind” y “A Hard Rain's a-Gonna Fall”: «Shaw y Hauptmann y Lewisohn pelean / en el Cuerno de Oro mientras músicos lastimeros / se lavan las manos cuidadosamente». La metáfora y la ironía se mezclan coloquialmente en una ideología culturalista que podría interpretarse como canción protesta: «Bailaste con el conejo blanco de Alicia y Worsworth, / Amy Lowell / y F. Scott Fitzgerald. / Ven, querida mía, y manda todo al cuerno / para dormir al raso conmigo».
En el poema titulado “Un poni indio” diez textos monoestróficos y breves se suceden separados por un asterisco. Parece que entre ellos no hay conexión alguna. Al leer uno por uno encontramos verdaderos aforismos, como estos: «El optimismo / es una especie / de hemorragia / extática»; «A quien vive en un paraíso / la serpiente le pregunta / dulcemente». La noción genológica desdibuja sus bordes, el poeta atribuye a la extensión de los versos medidas muy desiguales, utiliza prosa poética en algunos poemas, puntúa con comas de manera arbitraria, abunda la irreverencia ortográfica y hace de los límites del género sus cables de funambulista.
En ocasiones, la lectura del poemario, por todos los rasgos citados anteriormente, da la sensación de que nos encontramos antes canciones, sí, pero que han sido traducidas de otra lengua libremente perdiendo coherencia y sentido. La aglomeración de recursos deviene en impersonalidad, en agramaticalidad, como también en la desactivación del clímax. El estilema del poeta impide una lectura rápida y complica su etiquetado debido a su eclecticismo. De alguna manera, estas canciones desertizan y desacralizan con su asimetría la idea romántica del poema como tal para constituirse un artefacto molotov compuesto con pedazos de realidad.
Con alevosía o sin ella, la arriesgada propuesta de Miguel Ángel Gómez requiere valor, habilidad y una determinación dignas de un artista libre al que le importa poco lo que digan de él. Collage de surrealistas combinaciones, la urgencia por decir queda por delante de la necesidad de expresión en un poemario que se justifica por sí mismo en un contexto social que necesita de voces discordantes como la suya.

Puedes comprar el poemario aquí:

viernes, 9 de agosto de 2019

reseña de LA MALA ENTRAÑA en Librario íntimo

La mala entraña




Otra sorpresa agradable para empezar el mes de agosto: los magníficos relatos que forman La mala entraña, de Elena Alonso Frayle, publicados por la editorial isleña Baile del Sol, donde se analizan con escrupulosa exactitud y con encomiable belleza literaria multitud de emociones del ser humano.
Aquí nos encontramos con chicos aburridos y malévolos, que no dejan de planear y ejecutar gamberradas (telefónicas y personales), hasta que su líder pergeña una que incluso a ellos les provoca un escalofrío (“La mala entraña”); o descubrimos la inquietante electricidad sexual que se genera entre una madre lactante y su joven vecino discapacitado (“Misericordia”); o contemplamos qué siente y cómo se comporta la hija de un etarra cuando su progenitor se encuentra en los últimos días de una enfermedad terminal (“La buena hija”); o nos desasosiega el corazón el modo en que una mujer madura aprovecha el fin de semana en que sus hijos y su marido se encuentran fuera para recuperar la relación con un viejo amante parisino de su juventud (“La calle de Mary Quant”); o nos subimos en avión con una madre amargada, triste e iracunda, que viaja a Nueva York para acompañar a su hija antes de que sea tarde (“Amados hijos muertos”); o nos enfurecemos con la crueldad sádica de una sirvienta, que atormenta a una niña rica con imágenes perturbadoras (“El ojo de Dios”).
El volumen, elegante y airoso, no decae en ningún momento, y demuestra que la autora (varias veces finalista del premio Setenil, además de ganadora de premios como el Alandar o el Ala Delta) es un valor firme de la narrativa actual, con un impresionante futuro. Conviene estar pendiente de sus libros: nunca defraudan.


LO QUIERO

martes, 6 de agosto de 2019

Reseña de LA RANA DE SHAKESPEARE, de Ricardo Reques




Un eminente biólogo español lleva diez años recorriendo diferentes rincones del mundo con el propósito de determinar el efecto del cambio climático en los anfibios. Las ranas, en concreto, son un termómetro preciso a la hora de medir la calidad medioambiental de una zona geográfica, y hoy por hoy, muchas especies de batracios han desaparecido del planeta.
Esta investigación conduce al herpetólogo al norte de Argentina durante la estación de verano. En su fuero interno, el viaje se le presenta como una liberación. Abandonar por un tiempo el departamento de Biodiversidad del Museo de Ciencias Naturales de Madrid significa olvidar por un tiempo a Libelia, su ayudante de postdoctorado, de quien está enamorado. Una relación imposible ya que Libelia mantiene una relación sentimental con un joven filósofo, “ese novio que tanto se parece a Wittgestein”. Por tanto, un cambio de escenario en un país que aún no conoce, y la toma de contacto con nuevos colegas, a nuestro biólogo se le presenta como una oportunidad llena de incentivos.
“El mundo es del tamaño de lo que recorres, su extensión se limita a lo que has visto y vivido; pero no es todo lo que recorres, solo lo que recuerdas de ese recorrido.”
Ya en Argentina, el equipo científico seleccionado como grupo de apoyo está integrado por Teresa, Felisberto y Arcadio, todos miembros del Centro de Ecología Aplicada del Litoral, quienes viajarán por carretera hasta los humedales del Gran Chaco.
Durante los tiempos muertos, el biólogo madrileño se sumerge en la escritura. Su cuaderno personal se llenará de confesiones en torno al amor que siente por Libelia, como sus obsesiones sexuales con las mujeres que irá conociendo durante esta nueva experiencia y que, sin embargo, nunca llegarán a ser satisfechas. Sus páginas además contienen pensamientos filosóficos respecto a un mundo que no comprende:
“El lugar inhóspito y temeroso no es un bosque frío lleno de sombras. Tu lugar temido es un supermercado, una gran superficie llena de largos pasillos estrechos con estanterías repletas de alimentos y objetos infinitos.”
Gracias a estos cuadernos también el lector aprenderá algunas características curiosas que poseen algunas especies de ranas; las particularidades de los pueblos aborígenes: tobas y wichis que el científico acaba de descubrir;  ciertos datos históricos relevantes, así como la descripción de los paisajes y la fauna de los lugares que explora entre el Gran Chaco y la selva misionera de Argentina.
Su único contacto y sostén emocional será su amigo Vogli,  un biólogo experimentado como el protagonista, pero hace algunos años abandonó la ciencia para recluirse en el mundo de la literatura. Vogli le envía con regularidad numerosas citas literarias de escritores de todos los siglos, desde Shakespeare, Cervantes, Leopoldo Lugones, Bioy Casares, Juan Rulfo, Bolaño, Patricio Pron, Vila-Matas, Murakami o Houllebecq que en sus obras dedicaron cierta atención a los batracios.  
Entre los investigadores locales y el jefe español se establece una tensa relación de poder. Felisberto aprovechará las circunstancias para llevar de forma paralela un negocio relacionado con drogas, mientras  Arcadio y el biólogo español mantienen una pugna silenciosa por conquistar el cuerpo de Teresa. Siguiendo con su tónica de mala suerte con las mujeres, una vez más, el madrileño resultará perdedor.
En un momento dado, el grupo debe dividirse en dos. Teresa y Felisberto permanecerán en el Gran Chaco para terminar las pruebas de tolerancia térmica de los renacuajos  seleccionados, para más tarde, recabados los datos, devolverlos a sus charcas de origen. El investigador jefe junto con Arcadio viajarán hasta la selva misionera y repetirán el mismo experimento en una de las zonas más calientes del planeta.
Esta decisión sobre el equipo en apariencia intrascendente, fruto de una venganza personal más que por razones objetivas, influirá de alguna manera en la muerte de Felisberto.

El autor: RICARDO REQUES (Madrid, 1967)
Nacido en Madrid, pero reside en Córdoba desde los once años. Biólogo, editor, divulgador científico, autor de tres libros de relatos: Fuera de lugar (2011), El enmendador de
corazones (2011) y Piernas fantásticas (2015),  Ricardo Reques ha dado el salto a la novela con un libro de envergadura. No solo por su extensión (309 páginas) sino también por la originalidad del planteamiento narrativo.
La rana de Shakespeare es un viaje científico y de ficción, de ahí su título, donde el escritor juega con los códigos del lenguaje característicos del ensayo, el cuento o la crónica histórica.
La intención de la novela queda explicada con claridad en la voz del científico protagonista. Este, en un momento dado, cuenta a unas de las investigadoras quién es y a qué se dedica su amigo Vogli:
“Está escribiendo una especie de novela construida con citas literarias sobre anfibios, una historia en la que suceden cosas que, de un modo extraño o no explicado, tienen relación con las citas. Es un rompecabezas, una acrobacia que nace de sus múltiples lecturas, de las que ha ido seleccionando fragmentos de historias en las que nombran a los anfibios. Ya tiene un título pensado: La rana de Shakespeare. (…) El hecho de que alguien como Shakespeare dedicara varias líneas a los anfibios, justifica, según él, una atención literaria hasta ahora reconocida”.
Y así es, la novela está repleta de citas literarias que van influyendo en el desarrollo de la trama principal. Con gran habilidad de estilo, gracias al humor y  la ironía, y en otros momentos, gracias a un profundo lirismo, el autor va hilando ciertos paralelismos entre el comportamiento de distintas especies de animales y la compleja relación que entablan los personajes de caracteres muy distintos, donde el sexo y la lucha soterrada de poder tienen especial protagonismo.
El carácter del biólogo español, entregado en cuerpo a la ciencia y, en alma a la literatura, poeta malquerido, descarnado en sus delirios, cínico depresivo, obseso sexual, tiene bastante en común con los personajes de Houellebecq, uno de los escritores admirados por el autor.
Sexo, ranas y literatura son las tres pasiones que mueven los hilos de esta magnífica novela que Vila-Matas recomienda en su blog.

“Reques es un narrador solvente que utiliza una prosa cuidada y diáfana, y que domina con soltura los mecanismos de la fabulación”. Diego Prado, Librújula.

“Ricardo Reques propone una lectura intenta y amena, plagada de referencias y guiños, en un recorrido por diversos estilos y técnicas literarias, del que el autor sale muy bien parado y con el que, además, consigue casi siempre arrancar al lector una sonrisa cómplice”. Javier Menéndez Llamazares, El Diario Montañés.

“Ricardo Reques, con maestría, se mueve entre los ambiguo y lo real, lo abstracto y lo imaginario pero, sobre todo, con su escritura evidencia gestos que obligan al lector a convertirse en un cómplice permanente”. Pedro M. Domene. Diario Córdoba.


Yolanda Delgado


sábado, 3 de agosto de 2019

LA MUJER QUE HUYE de Barbeau-Lavalette en Fantasymundo

“La mujer que huye” de Barbeau-Lavalette, el mapa de una figura ausente

Barbeau-Lavalette plantea una obra biográfica furiosa, emotiva y reconfortante que plasma la vida y misterio de su abuela, la artista Suzanne Barbeau

miércoles, 31 de julio de 2019

EL BAOBAB LOCO, de Ken Bugul


KEN BUGUL (en lengua wólof significa: “La que nadie quiere”) nació y creció a la sombra de un baobab, en un pequeño pueblo al norte de Dakar. El baobab es símbolo nacional de su país, Senegal.
Con apenas cinco años, su madre toma un tren e inexplicablemente abandona el hogar para siempre. La niña queda a cargo de un padre octogenario y ciego, más abuelo que padre, dedicado al estudio del Corán.
Cuando alcanza la edad reglamentaria, Ken Bugul ingresa en la recién inaugurada escuela francesa. Se convierte en la primera mujer de su familia que accede a la educación. Un privilegio que, en ese momento, solo disfrutan los niños, mientras el hogar es el territorio natural reservado a la mujer. Esta decisión no es aceptada por la mayoría de sus parientes que ven con malos ojos que la niña sea adoctrinada según los valores occidentales de los antiguos opresores.
Pese a vivir con inmenso dolor su orfandad y el rechazo de sus semejantes, Ken Bugul, fiel a su espíritu independiente y libre, continúa sus estudios con unas calificaciones brillantes. En la década de 1970, ingresa en la universidad de Dakar donde obtiene una beca para proseguir sus estudios de filología en Bruselas.
La “Tierra prometida”, la “patria de sus antepasados galos” será, desde el comienzo de su epopeya, una Europa muy distinta al país acogedor que esperaba. Pronto será consciente de que el color de su piel es un obstáculo insalvable que le impedirá integrarse en la sociedad con la que siempre había soñado. No es más que una “extranjera” en un continente racista. Una pieza exótica, sensual, un cuerpo deseado por estudiantes blancos, intelectuales y artistas blancos, hippies blancos, por hombres y mujeres burgueses blancos.
 “Durante veinte años solo había aprendido sus pensamientos y sus emociones. Pensaba que me divertía con ellos, pero en realidad me sentía más frustrada aún: yo me identificaba con ellos, ellos no se identificaban conmigo”.
En medio de la más absoluta soledad, víctima de un insoportable vacío, abandonada en la infancia por su madre como por un mundo “que no ofrece refugio alguno al alma”, la protagonista se sumerge en una espiral autodestructiva de prostitución, alcohol y drogas. 
Como tantas mujeres de su generación que crecieron en un país sometido hasta 1960, año de la independencia, Ken Bugul representa a ese baobab enloquecido que pese a conservar todas sus ramas, hace tiempo que está muerto. ¿Existirá alguna salida?

La autora: KEN BUGUL

El baobab loco es una novela conmovedora, brutal en su sinceridad. Un monólogo poético escrito en primera persona con la rabia de quien vive una profunda decepción.
Fue publicada en 1982 con seudónimo ya que, tal y como previó su editor, el libro causó un escándalo en el mundo literario de Senegal aunque también un éxito sin precedentes para una escritora africana.
Mariètou Mbaye Biléoma (Ndoucoumane, 1948), conocida como “Ken Bugul”, fue una de las primeras voces femeninas de África que recurrió al género autobiográfico para hablar con cruda franqueza del consumo de drogas y alcohol, el feminismo de las mujeres negras, la homosexualidad y la prostitución. Además, puso en cuestión los valores del África tradicional, dirigió duras críticas hacia el impacto devastador que tuvo el colonialismo en Senegal: “En el deshecho en que el colono había convertido al negro”, y la actitud hipócrita de Occidente. El baobab loco narra esa caída libre que vivió la primera generación de mujeres que crecieron en la África postcolonial y emigraron a Europa creyendo que allí encontrarían su verdadera identidad e independencia.
La novela ha sido publicada con éxito en Estados Unidos, Suiza, Países Bajos, Francia, Alemania y España. Fue seleccionada por la revista QBR The Black Book Review como uno de los cien libros mejores de la literatura negra escrita en el siglo XX.
Norman Rush en New York Times Book Review escribió: "Uno termina El baobab loco reacio a despedirse de una mujer valiente, simpática y resiliente".
Ken Bugul es, sin duda, una de las voces más potentes de la literatura francófona actual. 

Yolanda Delgado



miércoles, 8 de mayo de 2019

Bailando con Elena Alonso Frayle: "El buen cuento exige ciertas dosis de ocultamiento para que funcione"


Baile del Sol.- ¿Qué tipo de relatos se van a encontrar las personas que lean La mala entraña?

Elena Alonso Frayle.- Mis cuentos están siempre atravesados por la idea de descubrimiento, que es casi lo que más me interesa en la literatura. En todos los cuentos que componen La mala entraña hay personajes que, mediante diferentes peripecias —con frecuencia, meros episodios triviales—, realizan un descubrimiento sobre determinados aspectos de sí mismos. Y la idea es que, con ellos, el lector quede enfrentado de alguna manera a un resumen de la condición humana. En ese sentido, y respondiendo a la pregunta sobre la tipología de los relatos, creo que podríamos decir que se trata de relatos psicológicos. Relatos, además, en los que lo más importante no queda explícitamente revelado, sino solo sutilmente indicado, para que sea el lector quien complete la historia.

BdS.- ¿Decidiste explorar el tema de la maldad a través de los cuentos o te diste cuenta posteriormente de lo que tenían en común ?

EAF.- Los cuentos con los que formo mis volúmenes de relatos los voy escribiendo poco a poco, a menudo en las pausas que median entre otros proyectos narrativos de mayor aliento. Por ello, a diferencia de lo que ocurre cuando uno se plantea el esquema de una novela, no precedió a su escritura una toma de conciencia sobre cuál iba a ser el tema central de los mismos, ni siquiera tenía claro que un día conformarían una unidad. Simplemente, fueron saliendo como piezas aisladas, y solo cuando ya tuve unos cuantos terminados, me di cuenta de que, una y otra vez, el tema subyacente a todos ellos, aunque fuera tenuemente, era el de la maldad. En todos ellos se revela esa cuota de perversión que anida en la naturaleza humana, incluso en las situaciones cotidianas. Cuando vi tan claro el nexo entre los cuentos es cuando surgió la idea de formar con ellos un libro.

BdS.- Si tuvieses que elegir uno de ellos, con cuál te quedarías y por qué.

EAF.- Creo que elegiría «Misericordia», con el que gané el Premio «Gabriel Aresti», del Ayuntamiento de Bilbao. Tengo con él la rara sensación de haber logrado plasmar lo que me rondaba cuando lo escribí, alejándome tanto de estereotipos como de la corrección política que muy a menudo asoma cuando la literatura aborda el tema que trata este relato. Precisamente fue este rasgo el que valoró expresamente en su acta el jurado del «Gabriel Aresti», que estaba formado por Iván Repila, Jon Bilbao y Aixa de la Cruz, tres autores que admiro mucho y a los que sigo con gran interés, por lo que fue muy especial la satisfacción de que apostaran por mi cuento y lo destacaran como ganador entre varios cientos de candidatos.

"Mis cuentos están siempre atravesados por la idea de descubrimiento, que es casi lo que más me interesa en la literatura."


BdS.- En todos los cuentos de este volumen hay personajes o situaciones inquietantes, ¿qué importancia le das a las atmósferas en la construcción de tus relatos?

EAF.- Pienso que un buen cuento debe conseguir crear un clima que atrape a quien lee, que lo aísle de todo lo que le rodea y le obligue a seguir leyendo. Se trata de conseguir ese secuestro momentáneo del lector, lo que Coleridge llamaba «la suspensión de la incredulidad», es decir, la creación de una atmósfera que obligue al lector a dejar de lado su percepción de la realidad y a adentrarse en la ficción propuesta por el autor. Para ello es fundamental crear un universo cerrado en el cuento —una atmósfera— del que al lector le cueste escapar. Cada autor se vale de sus propios recursos para lograrlo, muchas veces en función de su propia concepción de lo que debe ser la literatura.  





BdS- ¿Consideras que hay un tipo de historias que se cuentan mejor en los relatos breves que en otro tipo de narrativa?

EAF.- En mi caso, escribo un cuento cuando lo que más me interesa en la historia es lo que comprendo desde el principio que no debe estar en el texto, o lo arruinaría: la elipsis. Es a lo que me refería en la respuesta a la primera pregunta: el cuento, el buen cuento, exige ciertas dosis de ocultamiento para que funcione. En otras ocasiones, en cambio, lo que busco es mostrar un proceso o una convergencia de situaciones y personajes; lo que me interesa es mostrar distintas facetas de la realidad y cómo la manera en que esa facetas se interrelacionan les dota de trascendencia. La narración, en esos casos, necesariamente se alarga y es entonces cuando hablaríamos de novela, pero creo que las fronteras entre ambos géneros muy a menudo se solapan. ¿Qué ocurre, por ejemplo, con la «nouvelle», con la novela corta? ¿Cuándo optamos por ella? ¿Cuándo una novela deja de ser «corta» para ser novela propiamente dicha? Creo que no debemos dejarnos influir demasiado por los formatos ni las etiquetas. Uno tiene una historia que contar, algo que le interesa en esa historia —bien sea la elipsis o el proceso— y empieza a narrar. Ya veremos lo que sale al final; con frecuencia algo distinto de lo que uno había planeado en principio.

BdS.- ¿Cómo empezó tu interés por la escritura y concretamente por los cuentos?

EAF.- Yo creo que el afán de la escritura me ha acompañado siempre, desde que, a los ocho o nueve años, escribía historias folletinescas sobre niñas huérfanas, que luego vendía a mis padres. Más adelante, la profesión de escritor me parecía la más noble y admirable de cuantas existen, pero, jurista de formación, siempre consideré que yo había encaminado mis pasos por otro camino, que el convertirme en escritora era algo así como un sueño irrealizable, un tren que había dejado pasar. Quiso el destino que en un momento de mi vida me trasladara a vivir a Buenos Aires, una ciudad de la que se dice que tiene más escritores que lectores; una ciudad, además, epicentro de la tradición rioplatense del cuento, un género que, en cualquier caso, está allí mucho más valorado que en España. Durante los años que viví en Argentina asistí al taller literario de Liliana Heker, empecé a escribir cuentos; allí aprendí no solo la técnica, sino también la importancia de la corrección exhaustiva de los propios textos y, sobre todo, la enseñanza más valiosa: la humildad necesaria para enfrentarse al oficio de escribir, pues uno, en esos talleres, expone su obra al juicio de los compañeros y debe encarar las críticas más despiadadas… Aprendes así a ejercer una crítica feroz con tu propia obra desde el principio. Y ese aprendizaje creo que es el que más me ha ayudado a la larga.

BdS.-¿Qué otros autores o autoras de relato nos recomendarías?

EAF.- Muy a menudo, cuando me hacen esa pregunta, menciono a un puñado de autores que creo que todos los cuentistas leemos con fruición, y a los que volvemos una y otra vez, al menos yo lo hago: Salinger, Nabokov, Alice Munro, Borges, Cortázar, Sara Mesa, Eloy Tizón, etc. Sin embargo, el año pasado recibí el encargo por parte de una editorial de Mongolia de preparar una antología de narrativa corta española. Para realizar la selección de los textos, he pasado el último año leyendo, literalmente, miles de páginas de narrativa corta española a partir del despegue del género en España, en el siglo XIX. Y me he reencontrado con autores y cuentos a los que no había leído en años o décadas; debo decir que el reencuentro ha sido grato y aleccionador. Volver por ejemplo a Clarín o a Pío Baroja, y releer los que en su día fueron lecturas obligatorias en el colegio como «¡Adiós, Cordera!» o «La sima» con el bagaje que hoy me acompaña ha constituido una experiencia reveladora. Lo mismo que releer a la gran Rosa Chacel injustamentente relegada o a Francisco Ayala, cuyo deslumbrante cuento «El Hechizado» creo que fue calificado por Borges como el mejor cuento jamás escrito. O a Miguel Delibes, Ignacio Aldecoa, Medardo Fraile… Todos ellos autores que integran la antología que he preparado para el público mongol y que recomendaría igualmente que fueran releídos —acaso recuperados— en España.

BdS.- ¿En qué proyecto literario trabajas en la actualidad?

EAF.- En un libro sobre Mongolia, cómo no. Llevo más de un año trabajando en él, razón por la que últimamente he estado más alejada de la escritura de cuentos. De todas formas, lo que empezó como una novela, poco a poco ha ido deslizándose hacia un híbrido en el que se entremezclan la literatura de viajes, los relatos puntuales, la crónica y la novela propiamente dicha, lo cual ilustra aquello a lo que me refería antes cuando hablaba del solapamiento de géneros y la inutilidad de las etiquetas.

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jueves, 7 de marzo de 2019

Bailando con Eloísa Alba: "Un mapa desconocido me ha acompañado desde que tengo memoria y es un sendero extraordinariamente raro incluso para mí".



Baile del Sol.- Lo primero que llama la atención de tus poemas es el universo propio en que se mueven, alejado de lugares comunes y caminos transitados, ¿cómo llegaste a esa voz poética?
Eloísa Alba.- En cierta manera es un misterio, porque al reflexionar tu pregunta, ese mapa desconocido me ha acompañado desde que tengo memoria y es un sendero extraordinariamente raro, a menudo, incluso para mí.

BdS.- Los objetos y la naturaleza planean por tu poesía como capas o intersecciones en el camino de lo humano, ¿cómo crees que afecta el entorno a lo que pensamos y a nuestra manera de actuar?
EA.- Pienso que la arquitectura de las cosas, sus proporciones, su misma composición, cada pequeña cualidad de un objeto, al igual que la naturaleza con todos sus atributos de belleza y feminidad, poseen una voz irreemplazable, una llamada de atención a la vida de hoy en día, dos conceptos antagónicos y que, sin embargo, funcionan en perpetuum mobile.

BdS.- Llaman también la atención los títulos de tus poemas: Corriente, Desplazamiento, Desvío, Rozamiento, Aceleración, Caída libre... Háblanos un poco de ello.
EA.- Es muy sencillo, hace tiempo, (ya que me gustan también mucho las ciencias), investigando, descubrí el efecto de Coriolis y navegué en torno al eje de los fenómenos que se originan a su alrededor y ciertas leyes náuticas… de hecho, el efecto de Coriolis, fue su primer nombre, aunque luego más tarde, me decidí por el de Recitativos.


BdS.- ¿Y por qué Recitativos 60 poemas?
EA.- El otro oficio, el musical, hace que valore el Recitativo como una forma artística que es íntima y entregada en su ejecución. Tal paralelismo, el musical, dio como resultado que eligiera éste nombre para el conjunto.

BdS.- ¿Qué temas dirías que vertebran tu poética? 
EA.- Captación de momentos, iridiscencias, fulgores, la mujer y el mundo artístico, el erotismo, el humor, lo social y dosis generosas de anarquía y poelíticas.

BdS.- Háblanos de tus lecturas. 
EA.- Muy variopinta. Puedo alternar/combinar un ensayo de Marta Sanz, una novela negra de Cristina Fallarás, un poemario de Isabel Bono, diarios de Sylvia Plath, releer en la biblioteca pública a Altolaguirre o Huidobro y acostarme leyendo un cómic, un fanzine o el discurso de Federica Montseny.

BdS.- ¿En qué proyecto literario estás trabajando en la actualidad?

EA.- Compongo los últimos poemas de una serie que inicié con una plaquetita y ya ha ganado cuerpo de libro.