martes, 22 de julio de 2014

"Ocho cuentos y medio", un homenaje a Chejov con final abierto

Madrid, 8 jul (EFE).- El escritor Javier Morales Ortiz escribió su última obra, "Ocho cuentos y medio", un conjunto de relatos en el que el lector debe escribir el final, como un homenaje al autor ruso Antón Chéjov, considerado uno de los creadores de relatos más importantes de la literatura.
En ella, Javier Morales (Plasencia, 1968) habla del suicidio, de la naturaleza, de la inmigración, del trabajo, de las relaciones de pareja y hasta de los chinches, cuenta en una entrevista con Efe.
"No me gusta la literatura comprometida, pero los personajes viven en un mundo concreto que les afecta", asegura el también autor de los libros de relatos "La despedida" y "Lisboa", así como de la novela "Pequeñas biografías por encargo".
Por eso, el libro está ambientado "en el momento presente" y algunas de sus historias son "bastante dramáticas", como las relativas a la angustia por perder el empleo, en una obra "de tradición chejoviana", escritor por el Morales siente pasión, quien animaba a escribir relatos "de cualquier cosa".
"El punto de partida siempre es la realidad y lo que te rodea", asegura Morales, quien subraya que como trasfondo de sus historias siempre están "las insatisfacciones de la vida, los fracasos, la muerte, la infancia o la sensación de que el tiempo se escapa entre los dedos".
Además, con "Ocho cuentos y medio" su creador también indaga en sus recuerdos infantiles de la mano de dos jóvenes protagonistas, mientras que para el final deja el capítulo más político, "Regreso a Sajalín", inspirado en "La isla de Sajalín", el relato de Antón Chéjov sobre su viaje a esta isla, en el Pacífico, para documentar las condiciones de vida de los presos rusos.
En esa última historia, la protagonista, Becky, toma este libro como base para su relato de fin de curso, pero antes decide viajar a Guantánamo para trazar un paralelismo entre los presos rusos confinados en Sajalín y los apresados por EEUU en Guantánamo, a 64 kilómetros de Santiago de Cuba, por sus supuestas vinculaciones con Al-Qaeda y los talibanes.
"Pensé que lo que ocurría en Sajalín es lo mismo que ahora puede ocurrir en Guantánamo, un sitio del que no existen datos sobre los presos que hay ni de su vida", asegura.
La obra, con epílogo de Gonzalo Calcedo, autor de referencia para todos los lectores de relatos, muestra la habilidad de su creador como narrador, algo que aplica también a su oficio de periodista ante su creencia de que el buen periodismo "trata de contar historias", en este caso reales, y también forma parte de la literatura.
Según Morales, el relato En España, a diferencia de lo que ocurre en EEUU o en América Latina, sigue siendo un género "bastante minoritario", al decantarse la mayoría de lectores por las novelas "de tipo de comercial", aunque reconoce que su popularidad ha aumentado en las últimas décadas.
Su próximo trabajo es una novela titulada "Expediente de regulación de empleo", que tiene que ver "con una experiencia bastante personal" y con un proceso en el que se han visto envueltas, en los últimos años y como consecuencia de la crisis, miles de personas.
Todos sus relatos, también los de sus obras anteriores, mantienen ese final abierto que encierran "una historia soterrada: la que debería escribir el lector cuando los lea", una corriente que también creó Chejov, al no cerrar algunas de sus historias y mantener en las mismas un final sorprendente.
"Me gusta más dejarlo abierto porque ese tipo de historia conecta más con la vida, que no deja de tener un final abierto", asegura. EFE

lunes, 21 de julio de 2014

Divina, de Inma Luna

Inma Luna
Published on July 21st, 2014 | by Mariano Cruz
0

Divina portadaInma Luna, (Madrid, 1966), no es ninguna recién llegada al panorama de las letras españolas, es ya una autora que cuenta con una obra consolidada, tanto en el panorama de la narrativa como de la poesía. Algunas de sus últimas entregas son, la novela, Mi vida con Potlach, (Baile del Sol, 2013) y el libro de poemas Cosas extrañas que sin embargo ocurren, (Cangrejo Pistolero Ediciones, 2013). Divina,(Baile del Sol, 2014), es su última entrega poética, donde traza un personalísimo universo. Divina es un libro de poemas que se incardina entre la infancia y la juventud, unas épocas vitales, que si bien son muy personales, puede cualquier lector que haya pasado por experiencias similares, identificarse con ellas. Para muchas españolas educadas en la España de los setenta, son muy familiares esos colegios religiosos, que Inma Luna evoca en Divina; no en vano fueron muchas generaciones educadas bajo la tutela opresiva del dictado religioso, que, si bien no ofrecía la cara más feroz del rancio nacionalcatolicismo, sí mostraba todavía un espantoso control del pensamiento y de los cuerpos. Son instituciones educativas orientadas obsesivamente al culto de una deidad represora y castradora, especialmente en el campo de la sexualidad, que limita la libertad de pensamiento y obra. Tan sólo eran niñas –se trataba de un colegio de un solo sexo, por supuesto-, que querían desarrollar algo tan natural a la infancia como es el juego, que sin embargo les era arrebatado, ya que éste llevaba a individuales mundos de fantasía que no eran deseables; ¿El juego, maestra?/No, la reflexión./Imaginar convoca moscas,/el descontrol de las locas criaturas, afirma la poeta en “El juego”. Sin embargo, y a pesar de todo, a pesar del ambiente opresivo y gris, gazmoño y mediocre que la educación religiosa crea, la vida siempre se abre paso, irrumpiendo como la lluvia que nos sorprende en medio de una mañana de verano, la vida siempre vence, por muchos obstáculos que se le quieran oponer, aunque ellas, las siniestras monjas, hacían todo lo posible por negar la sexualidad, ya obvia, de unos cuerpos de niñas que tornaban en mujer, que para ellas, sólo eran un signo de lascivia: Renovaron entonces los uniformes, / holgándolos/ engrosando la tela, /desajustando el talle,/desdibujando a las mujeres/ que pujábamos por ser, escribe en “Los uniformes”. Intentos vanos de ahogar a la naturaleza que irrumpe por doquier, especialmente cuando estalla la primavera, cubriendo de cemento el patio de recreo, para que no surja la vida en forma de hierba o una flor: El campo despertaba / demasiados instintos.
Inma Luna es una mujer de clase humilde, obrera, que siempre se ha mostrado muy orgullosa de pertenecer a dicha clase social, y que en numerosas ocasiones, ha prestado su voz a los ofendidos, pero fue una niña morena con no demasiados juguetes, una niña humilde sin flores: Tenía menos juguetes / y muchas más horquillas en el pelo,/ ni una sola flor, / ni una. Por eso, sus manos, intentan por un momento que la realidad sea otra, y que las dos niñas, la de origen acomodado y la humilde, sean, aún tan sólo por unos instantes, iguales, y compartan el mismo mundo, por eso rompe los juguetes de la niña de posibles: mis dedos torpes rompieron la mía/ mis dedos ladinos rompieron la suya/ intentando que fuésemos iguales/ en algo. Una Inma Luna que seguía el mismo destino que muchas de sus compañeras, todas esas niñas con una infancia hurtada, dedicada al rezo y a bruñir zapatos, esperando una recompensa que nunca llegaba: Vivimos engañadas, /las cabecitas elevadas al cielo, / nuestros zapatos relucientes. / Creíamos que así/ obtendríamos la justa recompensa, afirma en “A las puertas”. Y por supuesto, nada de pensar, sólo rezar y obedecer: no pierdas el tiempo / una vez más/ pensando. Las religiosas eran las custodias de estas niñas, las encargadas de llevarlas por el camino del rezo, la decencia y la moralidad y sobre todo alejarlas del más alto pecado, que era el pecado de la carne; sin embargo estas siervas de Dios eran objeto de la curiosidad infantil, que fantaseaba sobre ellas y sobre sus aposentos: Imaginé pecados suculentos/ en vez de adivinar extraordinarias soledades, o bien como afirma en “Dudas”, Me preguntaba si tendrían pelo debajo de las tocas, /si habría algún latido, algo vivo y real, debajo de sus hábitos.
Una educación religiosa, gris y asfixiante, que ahogaba los cuerpos con uniformes desmañados, donde se silenciaba todo lo que tuviera cualquier relación con algo tan natural como es la sexualidad; es entonces una lógica consecuencia que acabe en un matrimonio fracasado y en un embarazo no deseado: Mi matrimonio fue un fracaso / que se gestó en la infancia, escribe Inma Luna en “Prohibido jugar”. Una poeta, que si bien nos ha hablado con toda franqueza de su infancia, nos habla con total honestidad de su juventud, de su temprano embarazo y su matrimonio, con una claridad que nos recuerda a las poetas confesionales norteamericanas, no en vano, cita unos versos de Anne Sexton al comienzo del poemario. La sexualidad le fue hurtada a Inma Luna, como a tantas otras mujeres de su generación, siempre presentada bajo el prisma del pecado y la fatalidad, con honestidad descarnada nos lo expresa en el poema “El tema”: Quisieron hablarme de sexo / al enterarse de mi embarazo / y ni siquiera entonces/ supieron cómo hacerlo/ así que me obligaron a casarme/ para evitar el tema. El embarazo es el resultado de una educación que va en contra de los dictados de la naturaleza y de una absoluta ignorancia en materia de sexualidad. El embarazo también es el territorio del miedo, de lo desconocido, de una nueva vida que no se sabe bien si se desea de veras: La cama y el espejo eran el enemigo, / y las ojeras negras/ y todos los vaqueros que ya no me abrochaban. Y como consecuencia de aquel embarazo, vino el matrimonio, con prisas, para ocultar la vergüenza del pecado, el volumen que el cuerpo adquiría con una nueva vida: Mi madre me compró un hermoso manojo de rosas / y se ocupó de que en las fotos /las flores ocultasen la determinación de mi barriga. Una Inma Luna que a pesar de todo, de una infancia hurtada por las monjas, y de un matrimonio, probablemente donde ella fue una mera figurante, sintió el ansía del conocimiento y el afán de superación: Las seis de la mañana,/ el niño duerme,/ la facultad espera,afirma en “Una gota de leche”.
Divina, es un poemario donde se nos presenta una voz poética ya absolutamente madura, segura de sí misma, una de las voces más importantes dentro del actual panorama poético español, y logra construir en él un espejo en el cual tantas mujeres de nuestro país, que han pasado por una educación religiosa y opresiva se pueden reconocer a través de sus palabras, y donde construye la experiencia del embarazo juvenil y el posterior matrimonio, una etapa vital por la que muchas mujeres también han transitado y que sin duda alguna se reconocerán en ella, en este poemario, uno de los más hondos y honestos de Inma Luna.
Luna, Inma, DivinaTenerife. Ediciones Baile del Sol, 2014, 69 pags.

sábado, 19 de julio de 2014

"CAZA MAYOR", DE MANUEL MOYA




   El poeta, novelista y traductor Manuel Moya (Fuenteheridos, Huelva, 1960) ha sacado a la luz un volumen de microrrelatos titulado "Caza mayor", publicado por la editorial tinerfeña Baile del Sol. La narrativa del onubense se despliega en títulos como "Regreso al tigre" (1999) y "La sombra del caimán" (2006), ambos de cuentos; así como de las novelas "La mano en el fuego" (2006), "La tierra negra" (2009), "Majarón" (2009) y "Las cenizas de abril" (2011), premio Fernando Quiñones, publicada por Alianza editorial y traducida también al portugués.
   El volumen objeto de este comentario viene presentado como el primero que el narrador dedica íntegramente al subgénero del microrrelato. Ya de entrada, el título del volumen (aceptada la ironía con que el mismo escritor ha querido dotarlo) puede despertar cierta curiosidad en el lector en cuanto al juego de antónimos y por la paradoja que supone el "mayor" del título y la esencia misma del término o del concepto "microrrelato". No obstante he de aclarar que, a mi juicio, lo del adjetivo del título viene dado por la trascendencia y la significación que el autor concede a este subgénero narrativo, que para él no representa para nada un género menor o inferior, dada la gran maestría y dificultad que encierra escribir textos tan elaborados como los que contiene este libro.



  No hemos de dejar tampoco a un lado el carácter experimental que el género posee, porque todo microrrelato supone una provocación y un reto a la inteligencia del escritor, primero, y del lector después. Experimentación y análisis son los dos perfiles básicos sobre los que discurren los textos de Manuel Moya quien, por otra parte, afirma: "De hecho, este libro pretende, no sólo desdeñar las orillas del género, sino en lo posible, habitarlas". ¿Significa esto que el autor ha querido "bordear" la frontera, situarse en los límites del género con ese afán indagador, forzando los cánones con el fin de provocar tanto a críticos como a lectores? Lo que resulta obvio es que Manuel Moya, además de provocar al lector, no parece amigo de cánones, dogmatismos o pontificados y sí un escritor bastante preocupado por ese proceso de búsqueda personal que conlleva abrir nuevos caminos a la literatura o, al menos, de experimentar con ellos. Sólo en la experimentación de los límites es posible el hallazgo. No cuadra con él la etiqueta de "escritor acomodaticio". Nada más lejos de su escritura y de la exigencia que demanda de sus lectores.
   "Caza mayor" es un caleidoscopio de relatos, un puzzle donde las piezas encajan a la perfección. En su enorme diversidad caben las recurrencias y los vínculos laberínticos, así como las subterráneas coincidencias entre algunos textos, como bien señala el mismo autor. En su lúdica diversidad, que afecta tanto a los temas como a la forma de los relatos, dentro de la exigencia inexcusable de la brevedad; el lector irá de unos textos a otros leyendo con verdadera fruición, recreándose inmerso en una gozosa lectura y reparará, sin duda, en la alta calidad de los mismos y en un autor cuya valía está sobradamente contrastada.

Manuel Moya: Caza Mayor, Tenerife, Baile del Sol (Col. Sitio de Fuego, 137), 2014, 202 pp.

viernes, 18 de julio de 2014

JAVIER MORALES, EL BREVE: “LA BUENA LITERATURA SIEMPRE HA SIDO COSA DE UNAS MINORÍAS” (ENTREVISTA)


Javier 09
Foto de Sole González

Por: José M. Sánchez Moro.

Ser intelectual en los tiempos del cólera. Bien se podría hablar de Javier Morales en estos términos. Periodista y escritor, nace en Plasencia en 1968. Cursa estudios de periodismo y derecho en Madrid donde actualmente reside. Su incursión en la literatura vino de la mano de la Editora Regional de Extremadura, donde aparecieron “La despedida” y “Lisboa” (dos libros de relatos). En “Huerga y Fierro Ediciones”, la que también fuera casa del poeta Leopoldo María Panero, años después, Javier Morales, con “Pequeñas biografías por encargo”, se acerca a la novela. Acaba de publicar un nuevo libro de relatos “Ocho cuentos y medio” en la editorial Baile del Sol. Colaborador con distintos diarios y suplementos, imparte talleres de narrativa en La Librería Rafael Alberti (Barrio de Argüelles, Madrid).

Aldecoa o, recuerdo, Augusto Monterroso se veían más cómodos en el relato corto y la narración breve. Ambos se definían como escritores perezosos. ¿Te pasa igual?
Es cierto que una novela exige una disciplina mayor, pero creo que ser “perezoso” o no a la hora de escribir nada tiene que ver con el hecho de que uno opte por el cuento o la novela. En esta elección ni siquiera influyen las condiciones vitales, aunque maestros como Carver aseguraban que nunca habían escrito una novela porque debían ocuparse de la crianza de tres hijos. Simplemente, algunos escritores están más dotados para un género que para otro. Me gusta ese ritual de César Aira, quien asegura que dedica a la escritura una hora al día, en un café de su barrio bonaerense, tanto ahora, que tiene todo el tiempo para hacerlo, como antes, cuando impartía clases y escribía para los periódicos. En mi caso, trabajo mucho para ganarme la vida y tengo un hijo, lo que no me impide escribir todos los días, incluidos los fines de semana. Pero tal vez, si tuviera todo el tiempo por delante me ocurriría como a César Aira.

No obstante, Aldecoa hablaba de que narración corta y novela, imaginando un tren en su curso por una vía, iban en el mismo trayecto. Viendo la estructura de “Pequeñas biografía por encargo” parece ser una afirmación cierta.
Sin duda es una buena imagen, aunque cada género tenga sus peculiaridades, su disciplina. Me parece correcta la afirmación de Ricardo Menéndez Salmón cuando dice que más que cuentista o novelista se considera un narrador. A mí me ocurre igual, solo que incluiría el periodismo, donde también se puede hacer literatura, solo hay que leer alguna de las crónicas de Chaves Nogales o de Josep Pla, por citar a dos de los grandes.

Sus personajes, ¿de dónde vienen?
A la hora de crear un personaje siempre hay una parte de uno mismo y otra de los demás. Un escritor es un “ladrón”, roba las historias y la adapta, unos más y otros menos. En este sentido, me parece curiosa la anécdota que cuenta James Salter en torno a su novela Años luz. Cuando salía de la editorial con el primer ejemplar de la novela se encontró con una antigua amiga y con su hija, a quienes no veía desde hacía años. Aturdido por el reencuentro, confuso, Salter le regaló el ejemplar a su amiga. Mientras ésta conducía de vuelta a casa, su hija comenzó a leer la novela en voz alta. Menuda sorpresa. Salter les había robado su propia historia. Se detallaban la infidelidades de la amiga, las mentiras de su matrimonio, tanto las suyas como las de su marido. Salter las había conocido de primera mano. Tras la publicación de Años luz, la pareja se divorció.

Más experiencia de la vida que fabulación.
La literatura siempre nace de la vida, aunque luego uno puede trasladar esa experiencia a su antojo. No creo que sea menos real La metamorfosis que El gran Gatsby. La ficción se diferencia de la no ficción en el dni de los personajes. En el primer caso los personajes carecen de él, en el segundo no. La fabulación es intrínseca a la ficción, en la no ficción esta prohibido inventarse los hechos. Por lo demás, el proceso creativo es parecido.

¿Serían los mismos en distancias más largas como la novela?
En mi caso, al menos, el género no influye a la hora de crear a los personajes. Es más bien la historia la que define la extensión. En cuanto uno la concibe, más o menos puede intuir el desarrollo que necesita.

En esta era de prisas y digitalización, existe un repunte, fomentado por la industria del blogger y demás plataformas, del microrrelato y las piezas breves tanto en crítica como en creación literaria. ¿Hay un tiempo de lectura reservado, a tu parecer, para cada género?
Por supuesto que lo hay. No estoy en contra de los nuevos soportes porque atraen a nuevos lectores. El problema, creo yo, no viene tanto de las nuevas tecnologías como de la calidad de lo que se escribe y de la forma en que a veces se lee. La “democratización” de la escritura está muy bien, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que todo lo que se escriba con intención literaria, incluso periodística, lo sea. Es cierto que las grandes historias, como Guerra y Paz o Madame Bovary, tienen ahora nuevos “competidores”, pero no nos engañemos, la buena literatura siempre ha sido cosa de unas minorías. En cualquier caso, estoy convencido de que, en contra de lo que se piensa, los clásicos son un refugio contra las prisas y el ritmo endiablado en el que vivimos. Sentarse en una butaca a leer un buen novelón no tiene precio.

Leo que impartes talleres de narrativa en la Librería Alberti. No he podido acudir a ninguno, pero sí frecuenté algunos de sus “Encuentros”. Elegante, histórica y coqueta casa…
La Alberti es un referente cultural en Madrid, es algo más que una librería. Lola Larumbe, Iñaki y Miguel Ángel me hacen sentir como en casa. Lola es además una gran lectora, algo que se va perdiendo en la profesión de librero. La Alberti, como ocurre en otros ámbitos de la cultura, se enfrenta ahora al reto de la piratería y de la era digital. Los talleres y los encuentros pueden ser una alternativa al nuevo contexto, pero no son suficientes. En cuanto a mi experiencia como profesor, disfruto impartiendo clases, aprendo y valoro la extrema motivación de los alumnos. Un lujo.

¿Qué le dice a aquel que quiera “aprender a narrar”?
Sobre todo que lea. Y luego que escriba, en un taller o por su cuenta, eso da igual. Me cuenta una amiga profesora de escritura creativa que a veces llegan a sus clases alumnos a los que no les gusta leer. A mí nunca me ha pasado. Uno no puede escribir sin haber leído antes. Las lecturas pueden ser más o menos vastas (alguien como Clarice Lispector decía que había leído poco, el mismo Borges lo aseguraba), pero las palabras deben correr por tus venas.

Porque es aprender, ¿no?
Se puede aprender el oficio, pero eso no garantiza que uno llegue a ser un buen escritor. Ocurre con otras manifestaciones artísticas. Debe haber algo más. Richard Ford dice que el ochenta por ciento de lo que escribe es oficio y el resto magia. No todo el mundo tiene esa magia.

¿Cuál es la metodología que sigue en sus talleres?
Aunque la teoría siempre es necesaria, un taller tiene una connotación eminentemente práctica. En esencia lo que hacemos es leer y escribir. Y analizar lo que leemos y escribimos bajo unos criterios y unos presupuestos que nunca son inamovibles.

Borges dijo que era mejor lector que escritor. Esto no necesitaría escuela, ¿no?
Borges dijo también que no había leído mucho, pero que había leído bien. Creo que ahí está la clave. Puedes haber consumido miles de libros sin haberlos digerido. O haber leído menos pero con ojo clínico, asimilando la narración hasta el punto de incorporarla a tu propio bagaje. Antes citaba a la gran Clarice Lispector, podría ser un ejemplo de lo que hablamos. Aseguraba que sus lecturas no habían sido muy amplias, sin embargo las había aprovechado a fondo, vaya si lo hizo. En el Museo Thyssen imparto un taller de lectura ligado a la colección permanente del museo, Un cuadro/Un libro, y compruebo que cuando se lee atentamente podemos descubrir en el texto señales que antes no habíamos visto.

¿Visita mucho Extremadura?
Menos de lo que me gustaría. Llevo mucho tiempo viviendo en Madrid pero nunca he dejado de considerarme extremeño. Ya dijo Rilke que la patria es la infancia y en Plasencia viví mi infancia y mi adolescencia. Nada podrá cambiar eso. Pero además de por motivos sentimentales, el paisaje extremeño me renueva. En cuanto me adentro en la dehesa o paseo por los valles del norte de la región, donde suelo ir con más frecuencia, comienzo a respirar de nuevo. Cáceres me parece una ciudad estupenda para vivir. Ahora he comenzado a escribir un libro de no ficción, un libro de viaje en torno a la figura de uno de los grandes poetas españoles de las últimas décadas, Ángel Campos Pámpano, que en gran parte transcurrirá en Extremadura. Lo que lamento es que el transporte público, en concreto el tren, sea tan deficiente. Mejorarlo sí sería una buena forma de vertebrar España.

Hace escasos días leía un post en el blog de Álvaro Valverde (el que fuera director) muy duro contra el estado actual de la Editora Regional de Extremadura. ¿A quién mirar?
No sigo muy de cerca la labor de la Editora y solo puedo hablar de mi experiencia personal tras haber publicado ahí dos libros y de las noticias que me llegan de los amigos, como Álvaro, y por mi propia profesión. Leí la entrada que escribió Valverde y ciertamente lo que cuenta es muy grave. La creación de una editorial pública y prestigiosa como la Editora ha sido un logro de los extremeños y de las personas que a lo largo de las años la han dirigido o han colaborado con ella. Sería una lástima perder un activo que ha costado tanto crear, que había alcanzado un prestigio sorprendente en el resto del Estado y que era una salida muy digna para muchos escritores extremeños que tenían dificultad para publicar sus primeras obras. En el mercado editorial cada vez tienen menos salida las obras “no comerciales” y precisamente una de las ventajas de la Editora era que sus criterios eran exclusivamente literarios. Creo que la Editora debería estar al margen del juego político, lo que es mucho pedir en estos tiempos. ¿Hacia dónde mirar? Quizás hacia las pequeñas editoriales independientes que han ido surgiendo en los últimos años.

En este punto, ¿por qué Madrid y Barcelona albergan (Tusquets, Seix Barral…) las editoriales más consolidadas? ¿Circunstancias históricas, falta de población lectora?
Supongo que por un poco de todo. No obstante, aun con las similitudes, el caso de Barcelona y Madrid son diferentes. Después de la Guerra Civil, la capital se llenó de funcionarios franquistas y buena parte de la burguesía ilustrada existente tuvo que exiliarse. El nivel cultural bajó tanto que aún hoy padecemos sus consecuencias. Barcelona, en aquel momento más abierta (todos conocemos el boom), tomó el relevo, aunque igualmente hubiera que ir a Madrid a “prosperar”. Creo que la situación ha cambiado en los últimos años, en parte gracias a las nuevas tecnologías, que han abaratado mucho los costes de producción y distribución. Una prueba de ello es la Editorial Periférica, ubicada en Cáceres, que está haciendo una labor encomiable a la hora de descubrirnos autores del otro lado del charco.

¿La situación es irrevertible?

La globalización lo ha cambiado todo y no sabemos adónde vamos, tampoco en el mundo editorial. Dentro de las grandes empresas hay movimientos de concentración editorial, de los propios agentes (hemos visto hace poco la fusión entre Wily “El Chacal” y Balcells)…Todo esto sería muy peligroso si al mismo tiempo no hubieran surgido pequeñas editoriales que pueden sobrevivir con menos márgenes de beneficio. Quizás ocurra como en el Cretáceo, cuando desaparecieron casi todos los dinosaurios…Quién sabe.

jueves, 17 de julio de 2014

Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa

Libro del desasosiego (Fernando Pessoa)-Trabalibros
Libro del desasosiego
FICHA TÉCNICA:
Autor:Fernando Pessoa
Editorial:Baile del Sol
ISBN: 978-84-15700-90-6
Número de páginas: 478
Género: Biografías-diarios


"Mira cómo aquel que se cree ser uno no es uno, sino que parece tener tantas personalidades como estados de ánimo".
(Orígenes, "In Libros Regnorum Omiliae")

Álvaro de Campos, heterónimo pesoano, cuya poesía tumultuosa a lo Walt Whitman desnuda como nadie hizo a Pessoa, afirmaba que "propiamente hablando, Fernando Pessoa no existe". Tampoco existe el "Libro del desasosiego", al menos no como composición literaria de carácter unitario. Existen más de 500 fragmentos de diferente extensión y en diversos grados de elaboración que van desde el simple apunte o boceto al texto acabado ya e incluso publicado con anterioridad. No hay una clara intención programática  que aúne estos textos. Respecto a ellos, Pessoa sólo dejó ciertas indicaciones poco exhaustivas y a veces contradictorias, en lo referente a su ensamblaje como libro homogéneo. Han sido los diferentes traductores de esta obra los que han organizado los materiales existentes en función de criterios cronológicos -existen fragmentos fechados- temáticos -"manchas temáticas"- o formales. Siendo las traducciones más acertadas las que combinan los criterios anteriores, de forma que los fragmentos datados crearían una estructura temporal en la que se irían insertando los diferentes núcleos temáticos. En cualquier caso, el carácter inacabado o abierto de la obra permite al lector diseñar su propio itinerario de lectura. Su aparente forma caótica invita a perderse y a vagabundear entre sus páginas en busca de la experiencia literaria perfecta. Cuando abrimos el "Libro del desasosiego" lo que nos encontramos "no es un libro -como asegura Richar Zenith- sino su negación y subversión, el libro en potencia, el libro en plena ruina, el libro sueño, el libro desesperación, el anti-libro, más allá de toda literatura. Lo que tenemos en estas páginas es el genio de Pessoa en su momento cumbre.

Pese a que el gran poeta portugués atribuyó esta obra a uno de sus heterónimos -Bernardo Soares- como reza en la primera portada mecanografiada de este libro: "Do livro do desasocego / composto por Bernardo Soares / ajudante de guarda-livros na cidade de Lisboa / por Fernando Pessoa", Ángel Crespo está convencido de que estamos ante un diario íntimo del propio Pessoa, una obra ortónima en la que Bernardo Soares sería un "semiheterónimo" o una personalidad literaria no muy diferente de la de Pessoa, en realidad "una simple mutilación de ella". De hecho, el estudioso español de la obra pesoana maneja pruebas suficientes de la existencia de numerosas coincidencias biográficas, estilísticas y temáticas entre elPessoa ortónimo y el Soares heterónimo. Según él, este último funcionaría como una "máscara transparente de Pessoa que éste se quita en numerosas ocasiones". Queda claro pues que a través de este diario Pessoa interpone a Soares, pero se muestra a sí mismo en las intermitencias de un texto que refleja a su vez el carácter fragmentario y plural de su compleja personalidad.

Aclarado el tema de que nos encontramos ante un diario íntimo y que como tal tiene un valor confesional y autobiográfico, cabe decir que el "Libro del desasosiego" es posiblemente el texto que mejor nos muestra al genio lisboeta, aunque como él mismo dice en una entrada del diario, "no sin verdades, pero con mentiras". Un texto realmente desasosegante en el que Pessoa mantiene esa constante dialéctica entre el yo y el otro que caracteriza toda su obra y que le permite mostrarse y ocultarse al mismo tiempo. Una dialéctica que obedece -según Ángel Crespo- no sólo a la aceptación de ser muchos, sino también al deseo de ser otro. A través de este texto Pessoa conversa consigo mismo para responder a las preguntas ¿quién es yo? y ¿cuántos soy? y también para "otrarse" (neologismo pesoano) por medio de la prosa, atacando así la coherencia del yo, constructo psicológico que pretende ahormar la inconsistencia y voluble personalidad humana.

¿Dónde está Dios aunque no exista? ¿Quién soy yo cuando no juego? ¿Hay que abdicar de la vida para no abdicar de sí mismo? ¿Poseer es ser poseído y por lo tanto perderse? ¿No estamos destinados para la realidad, pero ésta se empeña en venir a vernos? ¿Sentir es desasosegante, pensar desconsolador y querer es inútil? ¿Gracias al recuerdo regresamos a la única verdad, que es la literatura? ¿Más vale pensar que vivir? ¿El artificio y el absurdo es el signo de lo humano? ¿Viviendo mentalmente de lo que no existe ni puede existir acabamos por no poder pensar en lo que puede existir? ¿Todo lo que no es nuestra alma no es más que escenario y decoración? ¿Se puede volver a la infancia de antes del análisis y la voluntad? ¿La búsqueda de la verdad trae siempre consigo el conocimiento último de su inexistencia? ¿Prestamos suficiente atención al hecho de que los demás también son almas? ¿Nuestro tamaño exacto es el de aquello que somos capaces de ver? ¿El arte nos libra ilusoriamente de la sordidez del ser? Estas y otras muchas cuestiones tapizan la senda del desasosiego que Pessoa transitó durante toda su vida bajo el signo de un malestar intelectual y emocional derivado de una realidad social y personal insatisfactoria. Su objetivo vital fue conseguir una "espiritualidad de materia, sin criterio, sin sensibilidad, sin dónde poner sentimientos, ni pensamientos, ni desasosiegos de espíritu". Al final de su vida parece que lo consiguió, conquistó el sosiego, y lo hizo mediante la observación, la transformación imaginativa y la abolición de la realidad. Le ayudaron en ello ciertas prácticas esotéricas y un espíritu pagano, mezcla de estoicismo y epicureísmo, filosofía que destila su último poemario atribuido al heterónimo Ricardo Reis, en el que Pessoa confesó haber puesto toda su disciplina mental vestida con la música que le era propia.
Enviado Por: Bruno Montano
CURIOSIDADES:
- Quizá lo más conocido de este gran poeta portugués sea la creación deheterónimos, voces literarias con biografía, personalidad y estilo diferentes en los que se desdobla el propio Pessoa para componer el "drama em gente" que constituye su obra. Según el propio poeta, "en la vasta colonia de nuestro ser hay gente de muchas especies pensando y sintiendo de manera diferente", siendo el mismo Pessoa una escena viva por la que irían pasando diferentes actores representando una serie de variadas piezas. Mediante un ejercicio de introspección psicológica, creación literaria y proyección esotérica el poeta da a cada emoción una personalidad y a cada estado del alma un alma y construye una fascinante galería de heterónimos que han pasado ya a la historia de la Literatura: Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis...

sábado, 5 de julio de 2014

Vínculos secretos, una novela de Vamba Sherif




“La escena le fascinó: el pueblo fronterizo dormía a merced del calor. Mientras viajaba hacia el pueblo, el extraño había jugado con la idea de rendirse, como aquellos ancianos, al letárgico hechizo del calor sin importarle nada más.”


(Vínculos secretos, Vamba Sherif. Traductor: Alicia Moreno Delgado. Colección: África, Baile del Sol Ediciones, 2014)



El inicio de Vínculos secretos, una novela de Vamba Sherif, recuerda al de la película Conspiración de silencio (John Sturges, 1955): un extraño tullido llega a un pueblo fronterizo donde nada es lo que parece, sumido en una narcótica somnolencia en la que los viejos del lugar, tirados en hamacas o colchonetas, “dejan pasar las horas más sofocantes a la sombra de un árbol de pan.”

En Vínculos secretos este pueblo fronterizo se encuentra en algún lugar sin identificar de África, y lo que comienza siendo una investigación –como sucedía en el filme de Sturges– termina por convertirse en un alucinado viaje al corazón de las tinieblas. Al alma de un continente donde no termina de cuajar tradición y progreso.

El itinerario que propone Sherif a través de su personaje, William Mawolo, es el de auscultar, y tomar pulso al principio, la realidad de un territorio donde verdad y mentira se confunde para crear leyendas. Y tiene mucho de leyenda Vínculos secretos, pero una leyenda sin aliento épico y sí mucho de enfrentamiento con ese mundo que las alimenta. Una geografía donde lo sobrenatural convive con lo aparentemente real.

Vínculos secretos comienza como una novela policíaca cualquiera. La llegada de un extraño a un pueblo donde es recibido con hostilidad por sus habitantes. Su misión es la de encontrar al cacique local, desaparecido en extrañas circunstancias. Tan extrañas como las que marcan la existencia de una aldea en la que, aparentemente en esta novela de apariencias, no pasa nada pero en la que sí pasan muchas cosas si se rasga el velo de, precisamente, lo aparente.

A lo largo de las pesquisas, Mawolo irá reencubriendo una realidad que permanecía dormida en algún lugar de su cabeza, más cuando asume hacerse cargo del pueblo para inflar un ego mordido por el peso de una tradición que forma parte inevitable de su persona.

Para contar todo esto, y muchas historias dentro de la misma historia, Vamba Sherif, recurre a un lenguaje sencillo, a la clásica fórmula del sujeto verbo predicado porque es la única forma de contar historias que van más allá de su línea de flotación. La fuerza de Vínculos secretos está, en este sentido, más allá del relato. Late y respira dentro de él.

Y en ese proceso de desconcertante redescubrimiento que transforma al protagonista, asistimos a un fascinante conflicto entre lo viejo y lo nuevo. A que Mawolo aprenda –o no, porque se resiste asustado– a convivir con unas fuerzas que están más allá de la razón que le han inculcado.

A lo largo de este camino que tiene mucho de aventura, de aventura iniciática, Sherif disemina las piezas de un rompecabezas que no termina de encajar del todo al finalizar la novela, pero que sí tienen la suficiente sustancia para generar sospecha y atención en el lector.

Vínculos secretos resulta un atractivo y a ratos hipnótico itinerario por el desmoronamiento de un hombre al que las circunstancias le superan. A su alrededor se mueve una galería de personajes entre las que destacan los femeninos, de alguna manera los guardianes de un misterio que va más allá de la realidad.

De secretos ancestrales que como venas han terminado en convertir el pueblo en un órgano vivo, pese a su somnolencia. Un pueblo fronterizo al límite de una tierra que no le pertenece a nadie salvo a los que habitan en comunión con ella.

Vamba Sherif escribe sobre esto en apenas 150 páginas. Páginas apretadas y que, pese a su sencillez, obliga a una lectura sosegada. Mientras tanto, el lector salta de sorpresa en sorpresa.

Rindiéndose, como se rinde Mawolo, al asombro.

“Cómo deseó entonces que su tía estuviera allí para verlo dirigir a esos milicianos, a ese grupo de gente que había puesto fin a su idílica existencia en su pueblo natal. Le habría aplaudido, habría suspirado de alivio, y habría cantado sus alabanzas. No era la alegría ni la satisfacción de haber logrado su venganza lo que crecía en su interior, sino una sensación más poderosa: darse cuenta de que había pasado de ser un niño cuyo futuro parecía confinado a un pueblecito a ser un hombre que dirigía un ejército.”

Saludos, en algún lugar de África…, desde este lado del ordenador.

viernes, 4 de julio de 2014

Los dientes del corazón, un libro de Baile del Sol que recoge las recetas más sabrosas de la gastronomía y el amor

m159Baile del Sol ha publicado recientemente la recopilación de relatos de Ramón J. Soria Breña, también conocido entre los blogueros como Gastropitecus Glotón, Los dientes del corazón, en la que este antropólogo experto en cocina nos regala una magnífica degustación de sus mejores recetas noveladas, un recorrido exquisito por la gastronomía, el amor, el sexo y la vida.
Con prólogos del periodista experto en gastronomía, Miquel Sen, y del reconocido Chef Abraham García, el libro de Ramón J. Soria Breña enlaza con los textos clásicos de la literatura gastronómica de autores como Balzac o Maupassant renovándola sin perder ese transgresor aroma que conecta la buena cocina con otros placeres carnales, pero también con emociones muy profundas que dejan en la boca del lector sabores poco comunes y muy sugerentes.
Nos encontramos ante un autor amante de la cocina y de la vida, pero también de las palabras, de su sutileza y su cadencia. Soria Breña sabe transmitir como pocos la importancia de los alimentos como detonantes de la memoria, de la evocación, del universal efecto de un sabor que es capaz de trasladarnos a otros tiempos gracias al ya consabido viaje a bordo de la magdalena de Proust.
Estos relatos que recrean recetas, amores, miedos, recuerdos y olvidos, nos descubren a un autor delicado y meticuloso que adereza cada historia con los ingredientes oportunos, sin excesos y con toda la elegancia de la buena literatura. Los dientes del corazón es un libro para tener a mano tanto en la cocina como en la cama.

ramonsoriawebSobre el autor: Jarandilla de la Vera (1965) Escritor. Bloguero. Antropólogo. Durante treinta años ha investigado como consultor los hábitos alimenticios en la sociedades de consumo. Apasionado de la selva Amazónica y de la pesca a mosca, es colaborador habitual de la prensa de naturaleza. En su juventud anduvo por Brasil estudiando “la caza de la ayahuasca” y “los sistemas de censo para felinos: el caso del Jaguarundí o Gato Nutria". De regreso a Madrid con una amplia experiencia en supervivencia en la selva y costumbres alimenticias no muy recomendables -algún día quizá cuente como se prepara una brocheta de cucarachas o un guisado de mono con frijoles- tuvo que trabajar de cocinero en una churrasquería, monitor de cursos de supervivencia para ejecutivos agresivos y profesor de pesca a mosca.  Ha escrito las novelas de aventuras, ambientadas en la guerra civil: “Los Últimos hijos del lince” y “Cartas de amor que nunca escribiste” y las historias gastronómicas “el Barco Caníbal” y “Por Rutas Cerderistas”.
En la infinita oferta de la moda de los blogs de gastronomía, lanzó la propuesta minimalista y novedosa de un blog de “recetas noveladas” titulado “Gastropitecus Glotón”. Baile del Sol recupera las mejores de estas recetas LOS DIENTES DEL CORAZÓN (Tenerife, 2014), guisos adecuados para engordar la imaginación.