lunes, 13 de octubre de 2014

Comida para perros, de Gsús Bonilla

Gsus Bonilla
Published on octubre 6th, 2014 | by Ismael Cabezas
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Fotografía: Julia D. Velázquez
Comida para perrosGsús Bonilla, para quien aún no lo conozca, es un francotirador apostado con su verso para defender a los más desfavorecidos, a los que no tienen voz, a los nadies, como afirmaba Eduardo Galeano. Es el heredero directo del Blas de Otero más social y combativo, practica una poesía del adoquín arrancado en la calle para construir la barricada, para construir el nosotros desde el yo. Puede que su nombre, junto al de otros poetas como David González o Ana Pérez Cañamares, no sea pronunciado en las aulas de las facultades de filología, pero sí es nombrado en las calles, en los bares, en los mercados, lugares que a él le son más propicios.
Comida para perros es su último poemario, publicado en Baile del Sol, sello que se ha caracterizado por editar algunos de los libros más brillantes, de eso que los exégetas han venido en llamar, “poesía de la conciencia crítica”, aunque a Bonilla, junto a otros poetas encuadrados en esa tendencia por la crítica, le interesa más la palabra desnuda que las meras etiquetas.
Es Bonilla un autor en el cual el poema no se decanta simplemente por esa mitificación de corte pequeñoburgues que es la inspiración, sino por el ejercicio de la concienzuda escritura poética y sus muchas lecturas donde ha aprendido el oficio, no en vano acota su material poético con citas de Nicolas Guillén, Enrique Falcón o Juan Carlos Mestre, por citar sólo a algunos.
El territorio poético, el mapa por donde figuran los personajes poéticos de Gsús Bonilla, es el de los excluidos, los sin voz, los outsiders, los que viven al margen; por el hollín de sus chimeneas comprendí el fuego en los orfelinatos, de los asilos, de las casas de acogida… en los sanatorios, afirma en el primer poema en prosa que abre la primera sección del libro, “Los perros policía”. Existe una clara dialéctica en este poemario, un claro enfrentamiento entre opresores y oprimidos; el que se sitúa en el vértice de la pirámide de explotación, es el que mete a los perros en las asambleas y en las reuniones de las comunidades de vecinos, el que escarba en el pecho del enfermo, el que hurga en su sonda. El animal es de naturaleza bondadosa, capaz de la más extrema empatía hacía el ser humano, sin embargo es el poder el que lo pervierte: sus perros ladran, olisquean a nuestros niños, a menudo babean y se orinan en los bastones de los ancianos. El perro policía deviene como símbolo de la tiranía en el poemario; tu perro confunde a sus vecinos, ladra a la tercera edad; a la vecina de enfrente, a su hijo parapléjico, mordisquea los tobillos a la infancia. Pero ante el poder opresor se erige la fuerza salvadora y redentora de la palabra: seremos sinceros / y escribiremos: Asco, /con nuestra caligrafía de mierda / con toda la violencia de la poesía. La palabra poética sirve para maldecir, especialmente a todos aquellos sin entrañas, que idolatran / las cuchillas de las alambradas / en las fronteras.
Pero el poeta, además de esta mirada de combate, crítica, también adopta otro registro y es capaz de encontrar la belleza en la irrupción de lo cotidiano: la grandeza de los pájaros no estaba en su vuelo sino en el / descanso sobre los cables eléctricos, empapándose de agua de lluvia. El poeta, ante el hecho trivial, casi sin trascendencia, denota una mirada que va más allá de lo convencional, y es esto, entre otras cosas, lo que le concede a un hombre la categoría de poeta.
No es Bonilla un poeta que esté en su torre de marfil ajeno a lo que sucede a su alrededor, sino que vive en contacto con la realidad más inmediata; acontecimientos como la convocatoria del 25 de septiembre para rodear el congreso asaltan sus poemas y una vez más son los excluidos, los marginados, a los que presta su voz, afirmando así: un ejército de agonizantes. los desprovistos. los finalizados, el colectivo de los consumidos. todos ellos forman un corro. es el baile de los terminales y os hace gracia.
El enemigo del pueblo es el capital, pero a un tiempo se siente una especial emoción cuando un individuo se dispone a defender lo que honestamente considera que es justo: consigo entender que mi cuerpo se prepara para la defensa de una causa justa; es emocionante que una parte de mi pueblo sigue preparada y planta cara a esta bestia capital que nos clava, día a día, sus uñas.
En Comida para perros, encontramos a un poeta que antepone el nosotros al yo, dándole voz, como ya hemos afirmado, a los que no la poseen, pero no por ello deja de practicar una poesía con una voz muy personal y que intenta deconstruir los entresijos del poder, cómo éste se infiltra en el día a día cotidiano, para subliminalmente, casi sin que nos demos cuenta, someternos y sojuzgarnos. En su último libro, Bonilla viene a confirmarse como una de las voces críticas más importantes del panorama poético español.
Autor: Gsús Bonilla, TítuloComida para perros. Editorial: Baile del Sol, Año: 2014, Páginas: 93

sábado, 11 de octubre de 2014

La invisible inmigración caboverdiana en Lisboa


El escritor caboverdiano Joaquim Arena. Fuente: A Semana
El escritor caboverdiano Joaquim Arena. Fuente: A Semana
Joaquim Arena es el autor de La verdad sobre Chindo Luz. El estilo del novelista caboverdiano que ha pasado la mayor parte de su vida en Portugal puede resultarnos poco atractivo, pero tiene un mérito indudable. Arena ha sido, posiblemente, el primer escritor del archipiélago africano que ha visibilizado la situación de los caboverdianos inmigrados a la metrópoli. La verdad sobre Chindo Luz esconde varias tramas, entre ellas un argumento misterioso y otro analítico, pero la mayor aportación de Arena es dibujar con maestría la vida en los barrios populares de Lisboa que en la década de los setenta albergaban considerables cantidades de recién llegados de las aún colonias portuguesas.
Portada de la edición de Baile del Sol
Portada de la edición de Baile del Sol
La literatura de los países africanos de la esfera lusófona es, seguramente, la menos conocida del continente, no sólo en España (donde el conocimiento de la literatura africana, en general, es escaso) sino en todo el mundo. Los académicos consideran que la lengua portuguesa tiene muchos menos prestigio internacional que el francés o el inglés y eso ha hecho que las traducciones de estos autores sean escasas. Estos dos factores explican por qué hay menos autores africanos lusófonos con proyección mundial que de otras antiguas esferas coloniales. De la misma manera, el espíritu de la administración colonial no favorecía la proyección de los escritores. Arena es, así, un desconocido en el que se fijó la editorial Baile del Sol, dentro de la colección Macraronesia. La editorial canaria no lo enmarcó en su colección África, sino en la compilación en la que pretendían dar visibilidad a la literatura de las islas.
El argumento de La verdad sobre Chindo Luz relata la historia de Baldo Luz, el hermano del Gumercindo “Chindo” que aparece en el título. Baldo se ha desvivido por encontrar a su hermano que ha desaparecido como si se lo tragase la tierra, después de alcanzar una popularidad televisiva poco habitual para el hijo de una familia inmigrada. Con esta excusa, Arena repasa la vida de los africanos que en los setenta abandonaban las colonias portuguesas, para instalarse en la metrópoli. El autor hace una incursión también en los últimos tiempos de la administración colonial a partir de variopintos personajes. Y, de la misma, manera da una idea de la propia sociedad portuguesa en los años inmediatamente posteriores a la dictadura.
El principio y el final del primer párrafo de la novela son ya bastante representativos: “La primera vez que vi a Gumercindo da Luz él era todavía un chavalín delgado que jugaba a la bola en la calle. La familia acababa de mudarse al barrio. Nunca imaginé que veinte años después acabaría convirtiéndose en la figura pública que fue, ni que yo estaría aquí sentado intentando escribir un libro sobre él. Tampoco pasó por la cabeza de nadie que Joel Tocadiscos, el hijo canijo del sindicalista Moreira, fuera un día elegido diputado de la Asamblea de la República. Y que junto a Chindo, Pinela, Luego-luego y Zé Bidón estaría metido en la historia que originó este relato. (…) Llegaron en 1977 ó 1978 y se fueron a vivir a una casa antigua al fondo de la calle. Todos los conocían. Eran los únicos negros del barrio en unos tiempos en que todavía había pocos negros en esta zona de Lisboa”.
A partir de este momento, el narrador explica cómo vivía la familia da Luz en su barrio, las penurias que pasaban y los obstáculos a los que se enfrentaban, lo que convierte a La verdad sobre Chindo Luz en una novela sobre la inmigración caboverdiana. Y, también, sobre una de las caras del final del colonialismo portugués.

Portada de la edición original en portugués.
Portada de la edición original en portugués.
Joaquim Arena puede escribir sobre esta realidad con la proximidad que da la experiencia. Nacido en Cabo Verde, este escritor se trasladó junto a su familia a Portugal poco antes del tiempo en el que se desarrolla la novela. Lo hizo a finales de los años sesenta, cuando tenía cinco años. A partir de ahí pasó la mayor parte de su vida en Portugal, pero decidió regresar a Cabo Verde, a finales de los años noventa, pasados los 30 años, un poco como un viaje de regreso a sus raíces. Arena que se había licenciado en Derecho y había trabajado para revistas africanistas, no da el salto a la literatura, precisamente, hasta que no regresa a su tierra natal. En el año 2000 publicó una novela corta, Um farol no deserto, y en 2006 fue el turno de A verdade de Chindo Luz, que tradujo Baile del Sol para publicar en 2008. Para ese momento, el escritor había realizado un periplo en busca de su identidad cultural, un proceso que de alguna manera se produce también en la novela.
Algunos lectores se han quejado de la dificultad de seguir el hilo de la narración de Arena, la mayor parte elogian la idea del argumento que les ha resultado atractiva pero consideran poco acertada la ejecución. Es cierto, que en algún momento el relato se hace complicado, básicamente porque está construido a base de los jirones de la vida de Chindo que su hermano Baldo va recuperando en su búsqueda. Por otro lado, el estilo de Arena recuerda en algo al de otros escritores caboverdianos como Germano Almeida, un estilo que tiende hacia lo abrupto, en el que a veces parece que se han omitido piezas.
En todo caso, el mérito de Arenas es incuestionable y su capacidad para dibujar un momento y un lugar, un ambiente y una realidad poco conocida hace que La verdad sobre Chindo Luz resulte, cuando menos, una lectura interesante.

jueves, 9 de octubre de 2014

Caza mayor

por Pedro M. Domene

/ Autor.- Manuel Moya
Editorial.- Baile del Sol, 2014
Nº Páginas.- 202

            / La cuestión es contar callando y cuantas leyes se deriven de ese hecho, o tal vez establecer algunas consideraciones sobre la estética de lo mínimo que en estas últimas décadas cuantificamos en número suficiente 2como para establecer un canon y una serie de tesis en torno al género, y cuya identidad se remonta a la estética modernista con Darío a la cabeza tras la publicación de su revolucionario, Azul, asombrosa apuesta que seguirán Torri, Reyes o Lugones, entre otros. Las dos últimas décadas del siglo XX han sido, especialmente, proclives a poner en el mercado una serie de interesantes libros que confirman el auge de un género olvidado por la crítica durante años, y que una forma regular se ha intensificado en los 90 para entrar en el siglo XXI con el auge suficiente como para sopesar la importancia de un buen puñado de libros a lo largo de todo un año. Los nombres de consagrados se han ido alternando con jóvenes incorporaciones que hacían del microcuento o microrrelato su apuesta literaria, casos de Alberto Escudero, Javier Tomeo, Pedro Ugarte, Luis Mateo Díez, José Jiménez Lozano, Rafael Pérez Estrada, Julia Otxoa o Juan José Millás, junto a Ángel Oleoso, Miguel A. Zapata y Manuel Moyano, por citar algunos.
            Manuel Moya (Fuenteheridos, Huelva, 1960) nunca ha sido amigo de dogmatismos, de establecer cánones, de ensayar con una literatura al uso, más bien su actitud ha sido la de un provocador, en un amplio sentido, así que entrega un voluminoso libro de microrrelatos titulado, Caza Mayor (2014) que supone un paso más en su heterogénea obra, cuyos límites establece el mismo autor y la diversidad de la msima ha quedado patente a lo largo de estos años. Caza Mayor ofrece un auténtico caleidoscopio de relatos, un pequeño puzle donde las piezas encajan a la perfección. Tema y forma de estos relatos varían aunque se sintetizan en una inexcusable brevedad que nunca excede la página y, en ocasiones, no más de una decena de líneas. La imagen del laberinto subyace en la narrativa breve de Moya que explora en ocasiones la incapacidad humana para descifrar los misterios de una cotidianidad, así que utiliza la metaficción para hablar de la complejidad de una realidad, convirtiendo los dos planos de nuestra existencia en ficción y vida, reivindicando así cualquier imagen que proceda de esa irreconciliable realidad. Moya es maestro en la concisión, la sugerencia, la síntesis narrativa, su capacidad poética, demostrada ampliamente, se proyecta en estos microrrelatos, y los rasgos de humor con cierto aire negro o absurdo y abundantes dosis de ironía y de sarcasmo salpican a los numerosos textos y convierten a estos en hipertextos de una realidad donde el paroxismo nos ofrece una versión distinta de las leyes que rigen nuestro mundo. Sobresalen las series, “Historia abreviada”, “De conspiraciones” o las variadas y no menos jocosas, “Carta a los Reyes Magos”, y del resto de los numerosos textos del volumen, Caza Mayor, subrayamos cuanto Manuel Moya entiende como recurrencias, repeticiones, variaciones, homenajes a una red intrincada de simetrías y artimañas que espoleen la curiosidad del lector, y afirmamos que, una vez leído el conjunto, el propósito cumple todas las expectativas.

martes, 7 de octubre de 2014

El poder y los tiempos del ébola

Por:  06 de octubre de 2014
Todo empieza con una palabra”, constata serenamente en un correo electrónico que teclea desde Groninga, una hermosa ciudad universitaria en el norte de Holanda. Fuera, el principio del otoño europeo se despliega entre canales rumorosos y bicicletas que se deslizan, casi fantasmales, sobre puentes y calles empedradas. Huele a frito, a lluvia inminente, a coffee shop. Un contrapunto de tulipanes y otras flores luminosas y de árboles petrificados se aferra a una orilla del agua oscura.
Vamba Sherif Book cover Robert van der Molen “Las palabras siempre me han fascinado”, prosigue, antes de precisar que esa fascinación comenzó con las historias que le contaba su madre de niño y sus lecturas. Explica también que en su tradición, la Mandingo, los griots son los guardianes de la palabra, Kuma. “Eso significa que son los guardianes del pasado, presente y futuro. Soy parte de esa tradición, un griot que, en palabras de Pablo Neruda, va cantando por el mundo”, escribe.

Vamba Sherif a finales de septiembre. Imagen de Robert van der Molen
Su nombre completo es Vamba Omar Sherif y nació en 1973 en el norte de Liberia, en Kolahun, uno de los actuales epicentros del ébola. Su tercera novela,Vínculos Secretos, se editó este año en Tenerife, en la colección africana de una pequeña pero ambiciosa editorial canaria, Baile del Sol. Es su único trabajo traducido al español y publicado en nuestro país hasta el momento y nace de un encuentro cara a cara con el ex presidente liberiano Charles Taylor en el año 2000, en el marco de una visita a Liberia con un grupo de periodistas que trabajaban en un documental sobre el país. Taylor no era entonces un envejecido y circunspecto criminal de guerra convicto, sino el presidente de un país devastado tras diez años de guerra, casi un dios. En una audiencia a la que convocó a notables del norte de Liberia es donde se fraguó la inspiración para esta trama policial sobre relaciones de poder y lo sobrenatural, que llega a nuestro país con siete años de retraso tras su primera publicación.  
 “Lo que me impactó sobre este encuentro, que tuvo lugar en la mansión presidencial en Monrovia, no fue la reacción de Taylor, sino la reacción de la audiencia”, rememora Sherif. “La guerra había comenzado en el norte, donde nací. Y Taylor había reunido a las autoridades del norte y les había pedido que proclamaran su apoyo a su propia lucha contra ese norte. Esos hombres y mujeres que conformaban la audiencia eran los padres y las madres de los jóvenes que tomaron las armas contra Taylor. Lo que sucedió fue increíble. Declararon su apoyo inquebrantable a Taylor en su guerra contra sus propios hijos, su propia gente. Fui testigo del juego del poder y del miedo que genera. Nada me había preparado para esa reacción. Estaba mirando al poder en toda su gloria y al miedo paralizante que resulta del abuso de ese poder”.
Para el autor, la decisión de Baile del Sol de elegir Vínculos Secretos como la primera de sus obras que se publica en España tiene que ver con los temas que explora en ella: poder, dictadura, amor y misterio. El escritor liberiano precisa que son temas recurrentes en novelas españolas y latinoamericanas que han caído en sus manos y añade que este texto concreto es breve, pero uno de los más logrados que ha firmado. Avanza que es una novela que sorprende, inquieta y logra que el lector piense y que refleja la realidad de un país que ahora está de triste actualidad y donde “aquellos elegidos para servir a la gente abusan con frecuencia del poder”. 
Exilio
Hay una mezcla de profundo y desgarrado amor, nostalgia y remordimiento en la relación que Vamba Sherif entabla con su tierra.
06_Vinculos_secretos_Vamba_Sherif“La guerra estalló cuando estaba en Liberia y eso hace que mi apego sea mucho más fuerte. La culpa por no haber sufrido lo que otros sufrieron y por los que murieron, incluyendo familiares que eran mejores seres humanos que yo, continúa presente en mi conciencia”, reconoce. También es el tema que explora en su última novela, The Witness, junto con la empatía. “Si no experimenté la guerra como otro lo ha hecho, ¿puedo ver y compartir su sufrimiento a distancia? Y si lo hago, ¿cómo cambio? ¿Esos cambios significarán también prevenir las circunstancias, la guerra, para que no vuelvan a repetirse?”.

Vamba Sherif lamenta que la casi interminable y cruel guerra que Liberia ha vivido dejó heridas profundas en el país, heridas que podrán quizás sanarse cuando transcurran muchos años. “El gobierno hace lo que puede, pero la carga es demasiado pesada. Y con la presencia del Ébola, las cosas están peor que antes”, apunta.
Sherif abandonó Liberia hace más de veinte años, cuando el país se dejó arrastrar por la espiral de violencia de la guerra civil de la que habla. Nacido en un entorno intelectual, hablaba tres lenguas africanas y el inglés de la élite cuando su padre se lo llevó, con el resto de la familia, a Kuwait, donde era profesor universitario. El joven Vamba Sherif aprendió árabe en tierra kuwaití y profundizó su conocimiento de las literaturas africanas, inglesa y árabe. La guerra les perseguía, sin embargo, y abandonaron Kuwait con la invasión iraquí en 1991 y un nuevo conflicto, la primera Guerra del Golfo. Se refugiaron en Siria y dos años después, llegaron a los Países Bajos.
Vamba Sherif aprendió holandés para poder matricularse en Derecho y, al mismo tiempo y con el fin de sobrellevar las experiencias traumáticas de su juventud, comenzó a escribir su primera novela, The Land of the Fathers, publicada en inglés y holandés en 1999. Después se decidió por una historia de corte autobiográfico conThe Kingdom of Sebah, publicada en 2003 y en la que cuenta las vicisitudes de una familia africana en Holanda. Vínculos Secretos, The Black Napoleon y The Witnesscompletan su curriculum como novelista.
Vamba_Sherif_02Vamba Sherif piensa y escribe Liberia desde la distancia. Especialmente en estos tiempos en los que, de nuevo, el miedo y la oscuridad han regresado a su país. “Escribí un largo artículo para uno de los principales periódicos holandeses, basado en entrevistas con familiares que están pasando por un infierno, sufriendo hambre y miedo, con la crisis del Ébola. Llevo adelante una campaña para recolectar dinero para las víctimas. La ciudad con más casos en Liberia no es Monrovia, la capital: es Barkedu, donde nacieron mis padres. Y sufro porque no puedo hacer lo suficiente para aliviar el hambre, el sufrimiento, el dolor, el miedo. Aunque haga todo lo que pueda”, dice.

La Liberia en la obra de Vamba Sherif es diversa y enigmática. Además de sociedades secretas, poder y magia en Vínculos Secretos, aborda el aspecto histórico con The Land of the fathers y tangencialmente, The Black Napoleon. La primera recrea la fundación de Liberia con el regreso a África de esclavos libertos en América en el siglo XIX. La segunda, la más ambiciosa de su carrera, versa sobre un personaje histórico “cuyos logros empequeñecen a los de Shaka Zulu”: Samori Touré, creador de un imperio que ocupaba casi toda África occidental y contrincante temido por el colonialismo británico y francés. The Black Napoleon será publicada en Holanda el año que viene. La cuarta y última novela firmada por Sherif por el momento, The Witness, es un intento de exploración de la exactitud de los recuerdos de la gente que ha pasado por una guerra civil terrible, también con referencias a Liberia.
El cordón umbilical con Liberia aparece casi en cada palabra de Vínculos Secretosdesde la primera imagen y las primeras líneas. El paisaje accidentado y misterioso, el olor selvático, la tierra fértil, las fogatas, las sagradas montañas de Liberia se apoderan de la historia desde que comienza.
“Mis primeros recuerdos de Liberia son de levantarse temprano por la mañana en una casa vibrante de vida, ocupada no sólo por mis hermanos y mis padres, sino también por mis tíos y tías, mis sobrinos y sobrinas liberianos y también de Sierra Leona y Guinea. Era una familia diversa y nacer en ella me ofreció la posibilidad de dominar otras lenguas. Fue en Liberia donde descubrí la literatura. Empezó con simples cuentos de hadas, con historias de Hércules, Thor y las increíbles leyendas de Washington Irving sobre La Alhambra. Después descubrí a Chinua Achebe y los escritores de la serie Escritores Africanos de Heinemann, incluyendo a Ngugi Wa Thiong’o, uno de mis héroes, Yambo Ouoluguem y muchos otros. Después llegaron los manuscritos que mi padre conservaba en su biblioteca, cientos de libros centenarios en árabe. Manuscritos que fueron escritos y conservados por mis ancestros. Los reverenciaban tanto que se crearon leyendas alrededor de esos manuscritos”.
Vamba Sherif no sabe si algún día regresará a su país para quedarse. De momento, encadena añoranzas y preocupaciones en una ciudad acribillada a canales del Norte de Europa. Escribe. Imagina. Pasea por el centro peatonal buscando libros de segunda mano. Y aviva en su corazón el rescoldo de la esperanza en un mañana mejor para Liberia.
“Una de las consecuencias del exilio es que, aunque estás en contacto con tu gente, cambias y ellos cambian también a lo largo de los años”, constata. “He cambiado tanto que no me doy cuenta hasta que no me lo dicen. El exilio me ha formado: a todas partes a donde voy llevo un pedacito de Liberia conmigo y dejo un pedacito mío allí cuando viajo de vuelta. Por el momento, estoy contento con ese intercambio”.

viernes, 3 de octubre de 2014

Bailando con Isabel Bono: "Todo era sorpresa, todos son hallazgos"

Baile del Sol.- ¿Cómo surge la idea de Cahier?

Isabel Bono.- En el 94 escribí un librito titulado "Hombre lento" (apenas 11 poemas). Tuve la sensación de que no escribiría nada más y, lo que es peor, que ya había gastado todas mis palabras. Me explico: creo que cada escritor tiene las suyas, las que lo identifican, y yo pensaba que ya las había usado todas.

Empecé el 95 sin escribir y si no escribo me mustio. Así que decidí usar palabras de otros. Me puse a recortar primero palabras y después frases completas del periódico. Las fui pegando en un cuaderno (que llevaba impresa la palabra "Cahier" en la portada). El cuaderno estaba sobre la mesa, y cuando los amigos venían a casa me decían que aquellos collages eran mejores que mis poemas. En fin. Aquello no me sentaba muy bien, pero también me animó a seguir haciendo collages hasta completar el cuaderno.

BdS.- Cuéntanos el proceso de elaboración de un poemario tan particular.

I B.- El proceso es sencillo: abres el periódico y lo lees al bies, sin intentar comprender lo que lees, buscando palabras que te gusten o frases curiosas. Al principio acumulé muchas palabras antes de ponerme a construir poemas. Las iba pegando en páginas adhesivas para fotos, y esas páginas las guardaba en un archivador. Como todo es entrenamiento, hacia la mitad del cuaderno el ojo se había hecho al poema y leía el periódico en plan Matrix: no veía noticias, sólo poemas. En el 95 viví completamente desinformada.

BdS.- ¿Ha influido la forma en el fondo de los poemas?

I B.-Bueno, como el proceso del libro duró un año, imagina la de estados mentales que se pueden tener. Dependiendo del día me salían más irónicos o más tristes. La forma ha influido, claro. Algunos tienen un tono de noticia que nunca habían tenido mis poemas anteriores.


BdS- ¿Te han sorprendido algunos resultados o son todos perfectamente intencionados?

I B.- Intencionado no creo que haya ninguno (bueno, quizá el penúltimo, que pensé que sería el último). Ni siquiera son intencionados los que están construidos palabra por palabra. Todo era sorpresa, todos son hallazgos. A veces me recordaba a jugar a la ouija: el vaso se mueve hacia dos letras y tú completas la palabra. Con los collages es parecido: ves dos palabras que juntas quieren decirte algo y después de pegarlas te piden otra, y otra. El poema se iba construyendo casi sólo.

BdS- ¿El libro, una vez editado, conserva el espíritu que quisiste imprimirle?

I B.- No sólo conserva ese espíritu, es que ha superado cualquier expectativa. El libro, el cuaderno, estaba guardado desde 1995. Lo he usado para lecturas en institutos, para hablar de poesía con niños, pero nunca me lo imaginé publicado. Pensaba que quedaría plano, que los poemas perderían esa fuerza o esa gracia del cortipego. Además, con el tiempo, el pegamento se fue encogiendo y el papel amarilleando. Me ha parecido un trabajo de titanes limpiar sombras y, aun así, mantener la calidez. Ese era mi mayor temor, que resultase frío. Baile del sol ha hecho un trabajo alucinante, les estoy agradecidísima por el cariño con el que han tratado el libro. Estoy más que feliz, vamos.

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jueves, 2 de octubre de 2014

Divina, Inma Luna

Baile del Sol, Tegueste (Tenerife), 2014. 69 pp. 12,48 € 

Verónica Aranda 

El manual de La mujer ideal de 1953 que se entregaba en España a las mujeres que hacían el Servicio Social en la Sección Femenina, incluía perlas como: «Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles»; o «¡No te quejes! No lo satures con problemas insignificantes. Cualquier problema tuyo es un pequeño detalle comparado con lo que él tuvo que pasar.» Dicho manual, impregnado de un ferviente catolicismo y encargado de recuperar “la antigua feminidad”, adoptó las figuras de Isabel la Católica y Santa Teresa de Jesús como símbolos y modelos de conducta.
Divina, el sexto poemario de Inma Luna(Madrid, 1966), poeta y narradora prolífica, es, ante todo, un ajuste de cuentas con ese pasado represor. Entre la ironía y la ira, el yo poético en primera persona, a través de una mirada retrospectiva, lanza una dura crítica a aquel sistema educativo franquista y del tardofranquismo —¡La Sección femenina duró hasta 1977!— que adoctrinaba a la alumnas y a las mujeres españolas para cercenarles cualquier deseo de emancipación, espontaneidad o rebeldía. El objetivo era conducirlas al redil doméstico y extirparles afanes igualitarios, convirtiéndolas en procreadoras y esposas sumisas. «No hay que ser una intelectual», aconsejaba Pilar Primo de Rivera, fundadora y suma sacerdotisa de la Sección Femenina.
Divina, según la autora su poemario “más íntimo”, se divide en tres partes. La primera sección, “Párvula en los nueve círculos”, es la más redonda. Trascurre en el internado de monjas donde se educa la protagonista y cuestiona el sentimiento de culpa judeo-cristiano, la hipocresía y la anulación total del cuerpo para centrarse en el espíritu. Los métodos represivos van desdibujando la identidad y el libre albedrío de las alumnas. Se enumeran las “tristezas pedagógicas” y, a veces, la imaginación y la curiosidad infantil son una válvula de escape.
La falta de libertad se siente también en los espacios donde se sitúa el poemario-confesionarios, aulas, capillas, patios de recreo-todos cerrados y asfixiantes, representando un “infierno” donde les iban “inoculando el miedo”, privándoles del aire puro. La segunda sección es un reencuentro con la muchacha dubitativa “que daba pasos en falso” y con el aislamiento de la adolescencia. El miedo le había “cercenado los deseos”, y los problemas educativos de base como la separación por sexos hacen mella e impiden aprender a relacionarse con el sexo opuesto: «No me dejaban jugar con los chicos/ así que nunca supe/ cómo relacionarme con los hombres./ Mi matrimonio fue un fracaso/ que se gestó en la infancia.»
La recta final del libro cobra intensidad y desgarro. Sobreviene un embarazo no deseado y una boda forzada por las circunstancias. Al final la escritura es la tabla de salvación para trascender la rutina gris. «Escaparse entre las páginas/ era el único modo.» Se trata de una poética de claridad de expresión y estilo narrativo. Desde la infancia hasta la madurez, se puede leer como una historia que, más allá de si es o no autobiográfica, es la historia aún no del todo resuelta de la educación y de muchas mujeres en nuestro país. Con un lenguaje sencillo y fresco, lleno de musicalidad, Inma Luna aborda en los poemas cuestiones complejas como la enseñanza religiosa caduca o la liberación de la mujer. Cabe mencionar la originalidad de incorporar este tipo de temáticas a un poemario. Una lectura más que recomendable editada con esmero por el sello canario Baile del Sol, con magníficas ilustraciones en tonos rojos y negros, llenas de simbolismo de Loreto Rodera.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Baile del Sol publica El hombre ajeno, la segunda novela de David Pérez Vega


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La literatura y la violencia se dan la mano en este relato que se adentra en la guerrilla salvadoreña y en esa otra violencia que rodea al protagonista en el final de su infancia y que parece ser una de las causas esenciales de su casi obsesivo interés por la inclinación violenta del poeta cuya vida investiga.
Con su ya conocido estilo concreto y detallado, Pérez Vega nos trae en esta novela reminiscencias de los grandes autores hispanoamericanos de los últimos años, como Roberto Bolaño o Rodrigo Rey Rosa. También en El hombre ajeno, el protagonista busca en la biografía de un poeta maldito las pistas para entender su propia vida.
Después del éxito de su primera novela Acantilados de Howth, Pérez Vega nos ofrece este nuevo trabajo que muchos de los lectores habituales de su blog "Desde la ciudad sin cines" ya estaban esperando.


26David Pérez Vega (Madrid, 1974) empezó a estudiar Ciencias Físicas. Cuando se le quedaron cortos los espacios de dimensiones infinitas de Hilbert, decidió cambiarse a Administración y Dirección de Empresas. Llegó a trabajar como auditor de cuentas en una conocida multinacional, pero, a pesar de la propaganda que aseguraba que la suya era la mejor empresa del mundo, pronto llegó a la conclusión de que cenar un sándwich extraído de una máquina a las doce de la noche sobre un ordenador no podía ser el éxito. Actualmente da clases de Economía y Matemáticas en bachiller y secundaria.
Tiene editados los poemarios SIEMPRE NOS QUEDARÁ CASABLANCA (Tenerife, 2011), EL BAR DE LEE (Tenerife, 2013) y las novelas ACANTILADOS DE HOWTH (Tenerife, 2010) y EL HOMBRE AJENO (Tenerife, 2014).

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