lunes, 13 de febrero de 2017

Bailando con Jesús Artacho: "En Aproximación a la herida hay un recelo a todo lo que en este mundo aplasta el componente humano que aún pueda quedar en nosotros"

Baile del Sol.- ¿Cómo definirías tu poemario Aproximación a la herida?

Jesús Artacho.- Quizá "definir" no sea lo ideal en estas lides, pero diría que se trata de un poemario de estilo más bien libre, con vocación de autenticidad y hondura y dosis de humor irónico, y que trata temas como el amor, el paso del tiempo, el desengaño... Puede atisbar el lector alguna alusión a la situación social de España en los años de la llamada "crisis", puede encontrar el relato de algún momento epifánico, y también un recelo palpable a todo lo que en este mundo aplasta el componente humano que aún pueda quedar en nosotros.

BdS.- ¿De qué modo la poesía se aproxima a las heridas?

JA.- Imagino que de muy distintos, según la persona. En este libro aparecen heridas de distintas clases: heridas personales, sociales, ecológicas, generacionales... En ese sentido, el título me pareció que englobaba más o menos bien el sentido de los textos. Me parece que la poesía, y la literatura en general (y aun el arte y la cultura), a algunos nos sigue sirviendo para asimilar el mundo en que vivimos y ampliar nuestros horizontes, para "leer" a los demás. También como lanzadera de versiones menos malas de nosotros mismos, y como terapia ante el daño más o menos grande de la herida.

BdS.- Los temas que tratas en tus poemas resultan muy cercanos, ¿crees que la vida cotidiana respira poesía?

JA.- La vida cotidiana, como decía Harvey Pekar, es algo muy complejo, y desde luego puede ofrecer -de nosotros depende- una fuente inagotable de poesía. No obstante, he de reconocer que uno se siente un poco extraño disertando sobre estas cosas, pues casi siempre me he imaginado escribiendo prosa y me siento todo un principiante en este género, al que, dicho lo cual, como lector frecuento y le profeso un gran respeto. Como autor, espero no haberlo torpedeado demasiado.

"En este libro aparecen heridas de distintas clases: heridas personales, sociales, ecológicas, generacionales..."

BdS.- A pesar del título, en varios de los poemas encontramos algunos atisbos de humor, ¿es esta una forma de cura o quizá de acercamiento a lo que escuece?

JA.- El humor se antoja un elemento indispensable en el botiquín del hombre contemporáneo, del "superviviente". Me temo que esto ha quedado un poco grandilocuente.
Uno de los primeros lectores de este libro me comentó que se había reído mucho mientras lo leía. Eso me alivió, porque temía que el conjunto pudiera resultar en exceso doliente. Y, desde luego, es un elemento que atraviesa varios momentos del libro. Como todo, el humor tiene sus límites, y en este sentido parece incidir Trapiello cuando aconseja: "Cultiva el humor como los duelos de honor: déjalo a la primera sangre". Un arma que, como puede herir al otro, conviene emplear con cautela. Pero, desde luego, a menudo el humor es, como poco, balsámico, y la experiencia me dice que puede ayudar aun en los momentos más negros. No consigo imaginar qué sería de nosotros sin él.





BdS.- Eres autor de relatos y algunos de los poemas de este libro también nos sumergen en pequeñas historias, ¿qué diferencias encuentras entre ambos géneros?

JA.- Buena observación. Partimos de la base de que uno cree en la hibridación de géneros y en no aislarlos como un compartimento estanco. Las fronteras, a menudo, se diluyen, y hay vasos comunicantes, pero posiblemente el relato corto permite una mayor exploración de vidas y situaciones ajenas, está menos anclado al yo. En la poesía, por otra parte, acaso se permita una mayor creatividad y libertad en el uso del lenguaje, en el despliegue de recursos. Esta pregunta, por otra parte, daría para un comentario más extenso, y para un debate acaso.

BdS- ¿A qué poetas te gusta leer?

JA.- Fernando Pessoa, Leopardi, Emily Dickinson, César Vallejo, Alejandra Pizarnik, Blanca Varela, José Emilio Pacheco, Chantal Maillard, Karmelo C. Iribarren, José Mateos, Jaime Gil de Biedma, Ángel González, Antonio Machado, Miguel d'Ors. Muchos y diversos.

BdS- ¿Estás trabajando actualmente en algún otro proyecto literario?

JA.- No hace mucho que he dado por terminado, y por lo tanto tengo intención de publicar, una especie de dietario en el que he ido trabajando a lo largo de año y medio o así. Se titula Rasgar algo de vida y es un híbrido de prosas poéticas, tentativas aforísticas, relato de anécdotas y vivencias personales, conatos de reflexiones, juegos entre ficción y realidad... Tal vez se trate del primer volumen de una serie en construcción.


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jueves, 2 de febrero de 2017

Bailando con Rafael Alonso Solís: "Escribir acerca del bien no resulta atractivo"

Baile del Sol.- ¿Cómo surge la historia de El canto de la raposa?

Rafael Alonso Solís.- Como una combinación de automatismo, al principio, y trabajo, pero eso mucho después. Una tarde de verano me senté frente al ordenador con intención de escribir algo, pero sin saber qué. Decidí comenzar por una obviedad, que fue mi fecha de nacimiento. Entonces escribí lo que luego fue la primera frase: “Nací el 20 de diciembre de 1947…” A continuación, y sin pensarlo, apareció la segunda: “…el mismo día, casi a la misma hora y el mismo mes, en que mi padre, un año más tarde y por tenebrosa coincidencia, se diera un tajo en la garganta llenando la habitación de sangre y baba pegajosa…” Creo que esa tarde escribí un folio y lo dejé sin tocar hasta varios días después. Cuando lo retomé pensé enseguida en un asesino, y un poco inspirado en la historia de El Perfume, de Patrick Süskind –que no había leído, pero sospechaba que trataba de eso–, y en El asesinato como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey, fui describiendo sus primeros pasos. Al principio fue simplemente un relato corto, de quince o veinte folios. Pero, entre unas vacaciones y un mes que tuve que pasar en casa por haberme roto una costilla, la historia fue creciendo. Al principio sin intenciones ni orientación, pero cuando me pareció que los personajes tenían ya su propia autonomía tuve que organizar el guión, pensar en el recorrido de la historia y buscar un final. Y lo encontré –o se produjo, cualquiera sabe–.

BdS.- ¿Podría calificarse de novela negra?

RAS.- Tal vez no exactamente, porque se aleja un poco de los cánones del género –un género que siempre me ha gustado y del que soy seguidor–, ya que no hay un detective, no sucede en el entorno del crimen organizado –aunque algo de eso hay, pero de forma más difusa y más inquietante–. Yo diría que es más oscura que negra, en el sentido de que explora zonas ocultas de la condición humana.

BdS.- ¿Ha tenido que ver su profesión de catedrático de Fisiología con la elección del tema de la novela?

RAS.- No creo. No veo relación alguna, y la profesión con la que me gano la vida tiene poco que ver con la literatura que me gusta leer o escribir. Es posible que el haber desarrollado una actividad científica me haya ayudado a tener una tendencia por la precisión al escribir.





BdS.- ¿Qué le atrae, como escritor, de la muerte o más bien del hecho de matar?

RAS.- El ser humano está siempre sintiendo la muerte, esperándola o sintiéndose acompañado por ella, y literariamente no cabe duda de que el hecho de matar es un filón. Ahí si que tiene que ver el género negro, pero también el terror, el mal, etc. Como escritor me parece que escribir acerca del bien no resulta atractivo.

BdS.-¿Por qué eligió dos narradores para relatar la historia?

RAS.- Eso surgió después, ya que al principio el personaje era uno solo. En algún momento –y no me acuerdo exactamente cuándo– se me ocurrió esa divergencia. Una vez que decidí que había dos voces, ambas fueron tomando autonomía, y a medida que la historia avanzaba un personaje necesitaba al otro. Además, resultó un ejercicio muy divertido, ya que uno de los personajes hablaba en primera persona, que era como había empezado la historia, mientras que el otro estaba delante de mí, podía observarlo, y casi parecía que yo me limitaba a describir lo que hacía. Aunque, en realidad, creo que eso ya me pasaba con los dos. Ocurrió algo interesante, y es que uno de los personajes confesaba cómo observaba al restos de los seres humanos con una visión entomológica, y yo hacía lo mismo con los dos. He tenido la sensación de que, una vez que ambos se manifestaron, más que inventar sus movimientos lo que yo hacía era limitarme a narrar lo que estaban haciendo delante de mis ojos.



"Me parece que comenzar una novela es relativamente fácil, desarrollarla más difícil, y acabarla bien –quiero decir literariamente– muy difícil".

BdS.- ¿Cree que el lector se sorprenderá por el desarrollo de los acontecimientos?

RAS.- Eso es lo me gustaría que ocurriera, y no solo por el desarrollo, sino por el desenlace. Me parece que comenzar una novela es relativamente fácil, desarrollarla más difícil, y acabarla bien –quiero decir literariamente– muy difícil. Una vez terminada la sometí a la lectura de unos cuantos amigos, y me parece que a todos les sorprendió.

BdS.- ¿Por qué recomendaría su lectura?

RAS.- Es una novela corta y creo que se puede leer de un tirón. Incluso, me parece que engancha y que, una vez finalizada la lectura, puede sentirse la necesidad de volver atrás. Pero eso es cuestión de gustos. Obviamente, uno escribe lo que le gustaría leer.

BdS.- ¿Está trabajando actualmente en otro proyecto literario?

RAS.- Además de intentar la edición de una selección de los artículos que he publicado en Diario de Avisos y en La Opinión de Tenerife durante los últimos años, tengo otra novela empezada, de la que hace tiempo terminé la primera parte. De una forma o de otra, está relacionada con ésta, pero es menos cerrada, con más escenarios y mucho más ambiciosa. Para darle un empujón necesito unas vacaciones o romperme otra costilla.


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sábado, 28 de enero de 2017

Entrevista a Yolanda Delgado Batista en el blog Cierta Distancia



Yolanda Delgado Batista - Cuestionario básico - ¿Por qué escribes?

Cuando nací, la matrona encargada de darme las dos nalgadas para que rompiese a respirar, olvidó advertirle a mis padres que tuvieran cuidado conmigo, que en vez de un pan bajo el brazo, lo que traía su hija era un libro. A los tres años aprendí a leer y a escribir. Aquello a mis padres se les fue totalmente de las manos…
Escribo para detener el olvido en el tiempo, para aventar preguntas que surgen en este hábitat esquizofrénico que hemos creado los humanos. Es una necesidad casi biológica para sobrevivir en esta odisea apasionante, única y que sin remedio terminará en las profundidades de la nada. Se escribe casi siempre desde el desasosiego, cuando uno confiesa a los otros que "ya no se puede más"; una frase escrita desde el dolor con la que el escritor Cabrera Infante puso punto y final a esa maravillosa novela que es Tres Tristes Tigres.
Escribo para decir en voz alta que no estoy de acuerdo. Esa libertad que otorga la escritura es un talento valioso aunque el peaje de la solitud y la autoexigencia salga caro. Los escritores somos como Don Quijote, ese entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos.


2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Lo único que necesito en mi mesa de trabajo es el diccionario al que dedicó su vida María Moliner. Una mujer excepcional, filóloga y bibliotecaria. Perteneció a la generación de las primeras universitarias que dio la República. Después de la guerra incivilizada sufrió represalias políticas. Hacia el final de su vida, padeció una arteriosclerosis que la mató. Muchas veces, cuando consulto este diccionario, pienso en la generosidad y el esfuerzo de muchas personas que como María Moliner, han allanado la vida de los que hemos llegado después.


3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Mujer soy; apenas de la humanidad algo comprendo. Prefiero la realidad cotidiana a la ciencia ficción; los héroes de la paz, a los héroes de guerra. Esa marcha que organizaron el pasado mes de octubre mujeres palestinas y judías para exigir la paz en su tierra, para mí tiene más valor que un encuentro diplomático.
Como escribió Hannah Arendt: lo que quiero es comprender un mundo en el que una se siente apátrida.


4.- ¿Algún principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Sigo el método del ruso Isaak Bábel: le doy vueltas a cada frase una y otra vez. Comienzo eliminando todas las palabras de las que puedo prescindir. Las palabras son muy astutas; la suciedad se esconde dentro de ellas. El relato lo dejo reposar dos o tres días. Luego vuelvo a examinarlo frase por frase… Recorto las frases y divido los párrafos. Como ve, mi método es muy rápido…
Componer, tachar, componer, tachar, tachar, hasta que la frase contenga la pura esencia. Aún así, siempre hay palabras semiescondidas que te hacen la puñeta. Casi nunca estoy satisfecha, pero es un aliciente imprescindible para continuar trabajando la materia del lenguaje.


5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

El desorden fue el principio o el principio fue el desorden, pero poco a poco la historia se va recomponiendo sola. Los personajes me llevan de la mano adónde quieren y luego se despiden: "¡Gracias por el trayecto! Adiós y buena suerte". Es divertido y desesperante a la vez. Prefiero la técnica abierta que siguen los directores de documentales, por ejemplo. Tienen ante sí una historia que quieren contar, pero los protagonistas y las situaciones son reales, por tanto impredecibles. Las estructuras cerradas no encajan con mi carácter. Cada uno tiene su método; por fortuna no hay reglas fijas.


6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Siempre regreso a Joyce. Fue el primer escritor occidental que dirigió la corriente de la literatura a la vida corriente. Autores que quiero, admiro y releo hay muchísimos, y no solo novelistas: Tólstoy, Gógol, Bulgakov, Chéjov; Rulfo, Cabrera Infante, García Márquez, Juan José Arreola, Josefina Vicens; Kjell Askildsen, Knut Hamsun, Günter Grass, Hannah Arendt, Ingeborg Bachman, Ivo Andríc; Amoz Oz; Faulkner, Grace Paley, Shirley Jackson; Machado de Assis, Virgilio Ferreira, Miguel Torga, Clarice Lispector; George Orwell; Natsume Soseki; Flaubert, Romain Gary; Pérez Galdós; Ortega y Gasset, Juan Marsé, Muñoz Molina, Juan Cruz, Julio Llazamares… Me interesa mucho la literatura de Patricio Pron, Alejandro Madrigal, Rafael Gumucio o los canarios Santiago Gil y Carlos Cruz. Creo que más o menos se hace una idea.
Leo también mucha poesía, un buen antioxidante para el corazón: Marina Tsvetáieva, Ana Ajmátova, Edmond Jabés, Octavio Paz, José Régio, Mamud Darwish, Ángel González, Antonio Colinas, Joan Margarit, José Luis Morante o Inma Luna.


7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Puro cuento salió a la venta el pasado 18 de noviembre y está editado por Baile del Sol. Editorial canaria con distribución internacional, dirigida por Tito Expósito. Este mes de enero cumple 25 años de vida, nada menos.Esta obra supone mi segundo libro publicado, y en esta ocasión, he tenido la inmensa suerte de contar con la generosidad del escritor Julio Llamares, autor del prólogo. Puro cuento reúne 32 relatos cortos que indagan en el amor y el desamor, en los conflictos de la infancia y la adolescencia, en la esperanza, en el egoísmo humano y a veces, en la crueldad. Historias heterogéneas que hablan de Joyce, Dos Passos, Hemingway, Stalin o Tarzán, pero también de personas corrientes. He tratado de jugar con el lenguaje intentando que el lector acabe el cuento con una sonrisa, pese al drama narrado. Una mezcla de humor canario, británico, italiano, americano, argentino y ruso. Eso hay que leerlo para creerlo, ¡amigo!



Yolanda Delgado Batista (Las Palmas de Gran Canaria, 1967). Escritora, periodista, guionista de televisión y editora literaria. Estudió Publicidad y Relaciones Públicas en la Univ. Complutense de Madrid. Ha trabajado en Canal +, Cuatro como documentalista y guionista. Coordinó los contenidos de la TV del Ayto. de Madrid. Ha colaborado para distintas editoriales: Alfaguara, Tusquets, Círculo de Tiza como lectora, traductora y editora literaria. Fue editora de un suplemento internacional, Russia Beyond The Headlines, integrado en el diario El País.

Tiene un blog: La isla de San Borondón sobre arte y literatura.
En 2011 debutó en la arena literaria con La isla de las palabras desordenadas. Una novela en la que la escritora recurría a la memoría para desentrañar una historia familiar.
Puro cuento salió a la venta el pasado 18 de noviembre y está editado por Baile del Sol, 2016. Es el segundo libro publicado por la escritora canaria.



*La foto es de Yenny Delgado Batista

miércoles, 11 de enero de 2017

Bailando con Cecilia Domínguez Luis: "Pido cuentas a un dios que nos han impuesto, sin posibilidad de ponerlo en cuestión".


http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=770&Itemid=427&catid=115


Baile del Sol.- ¿Cómo surge Profesión de fe?

Cecilia Domínguez Luis.- Surge como una necesidad de un “ajuste de cuentas”, una desacralización de una doctrina establecida e impuesta, un poner en cuestión las llamadas Sagradas Escrituras. Surge también, como todo lo que escribo, como una búsqueda interior, en un territorio que es el de mi propia conciencia.

BdS.- ¿Se trata de un desafío contra Dios o contra nuestra forma de vida?
CDL.- Es, ante todo una revisión desde la duda, desde la rebeldía y la negación del dios de la violencia y la muerte, reconociendo la responsabilidad de la caída en el engaño, para, a partir de ahí, y desde un territorio propio, como si de un propósito de enmienda se tratara, intentar crear un mundo que esté por encima de esa realidad divina y humana que rechazo. Más que desafío es, en todo caso, un diálogo que establezco con un dios que no existe, o que si existe está mudo, no se le escucha. Un dios que desde que dijo “Fiat” enmudeció y nos ha dejado sin respuestas.

BdS.- Los versos recogen injusticias y justificaciones, ¿es la poesía una buena herramienta para poner en tela de juicio el comportamiento humano?

CDL.- La poesía es, sobre todo, una herramienta de reflexión, sobre uno mismo y sobre la realidad que lo rodea y una llamada a la propia conciencia que parece perdida en el marasmo de los días. La poesía pone en tela de juicio hasta a ella misma y no cree en las verdades absolutas. Por otra parte, el compromiso de la poesía, considerándola no solo una actividad de la conciencia sino comunicación, debe ser con unas ideas generales que tengan mucho que ver con los derechos del hombre, pero no con unas ideas determinadas.




BdS.- ¿La fe mueve montañas?

CDL.- Siguiendo con mi yo irreverente, a esta pregunta podría contestar que, para mover montañas, mejor coger una pala.

BdS.- En el diálogo con ese creador del que parece negarse la existencia, la poeta, sin embargo, le pide cuentas sobre sus decisiones, ¿es así?

CDL.- Diría más bien que pido cuentas a un dios que nos han impuesto, sin posibilidad de ponerlo en cuestión. Un dios al que, desde luego, no busco, por más que lo parezca, porque ese dios o la idea de ese dios, solo podré descubrirlo y recrearlo dentro de mí misma. Y es que ese dios, con su inexistencia, me obliga, en cierta manera a buscar más allá de las cosas y, a través del proceso creativo, encontrarle -o al menos intentarlo- un sentido trascendental a la existencia.

 BdS.-¿Cuánto hay en la fe de miedo a la soledad?

CDL.- Si la pregunta se refiere a la fe en Dios (se puede creer en otras cosas, mucho más humanas), desde luego se basa, a mi entender, en una necesidad de asidero, al enfrentarnos con realidades incuestionables como la muerte. Por eso creamos a dios, aunque no sea precisamente a nuestra imagen y semejanza, sino a nuestra conveniencia y por nuestros temores.


"El poeta, una vez creada su realidad, comprueba que su deseo va más allá de lo creado, y regresa a su inicial desasosiego".



BdS.- ¿Hasta qué punto continúa siendo la teocracia una realidad?

CDL.- El Vaticano es un claro ejemplo de teocracia y, además, de teocracia absoluta, donde el Papa es reconocido, internacionalmente como jefe de Estado. Otro ejemplo, el Estado islámico y sus ayatolas o el Dalai-lama. Todos ejercen un poder que va más allá de la religión, justificándola de mil y una maneras, a cual más peregrina.

 BdS- ¿La ausencia de un dios responsabiliza al ser humano de sus actos?

CDL.- Con dios o sin dios el hombre es responsable de sus actos. Lo que pasa que dios es una buena excusa para justificar determinados comportamientos, por lo general, poco éticos y humanos.

 BdS.- ¿Qué ha supuesto para ti esta experiencia poética?

CDL.- Ha supuesto un paso más en el camino de intentar conocerme a mí misma, a mis demonios y también, por qué no, a mis días claros, única manera de intentar conocer y, sobre todo, comprender la realidad en la que vivo.

 BdS.- ¿Qué tienen en común la poesía y la filosofía a la hora de plantearse el sentido de la vida?

CDL.- Tanto los filósofos como los poetas se caracterizan por ser seres insatisfechos. El filósofo, una vez halladas las respuestas a sus preguntas, comprende que eso es solo una parte del camino, y le surgen nuevos interrogantes que lo inquietan y lo mueven a actuar. El poeta, una vez creada su realidad, comprueba que su deseo va más allá de lo creado, y regresa a su inicial desasosiego.


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martes, 10 de enero de 2017

En el Oído del Viento, de Amparo Arrospide en Poetry Life & Times

En el Oído del Viento. Collected Poems. Amparo Arrospide. Reviewed by Jose Antonio Pamies




 
Su antigua música el desdecir diciéndose
el vértice del miedo y su pregunta
al filo de un abismo
como si de prestado no viviésemos miedo
 
Ah no lo desconoces alguna vez de niño lo sentiste
bajo sábanas amargas o dichosas
de pronto alargar su dedo oscuro
 
el miedo amigo el miedo cómplice
restregando los flancos de otro día
barrenando certezas preguntándose aquí
cómo decirles nada cómo decir si aprietan
 
Otros imponen establecen recaudan
otros castigan evalúan deciden
otros deciden miedo
 
o nadie en absoluto ni una sola persona
y sin embargo sabes
frente al espejo sabes
callar lo sabes lo has aprendido al fin
 
Di qué pronto la costumbre nos arropa
qué pronto está debajo el escondite
y las vasijas frías del llorar
 
y el miedo nos sonríe tiritando
entrechocando dientes
cubiertos para un ya mudo comensal
tan yerto como tú que le prometes
vivir, seguir viviendo en miedo como siempre.
 
Amparo Arróspide, a poem from En el oído del viento (Baile del Sol, 2016)
 
 

 
 
Amparo Arróspide (Argentina) has published five poetry collections: Presencia en el Misterio, Mosaicos bajo la hiedra, Alucinación en dos actos y algunos poemas, Pañuelos de usar y tirar and En el oído del viento, as well as poems, short stories and articles on literature and films in anthologies and international magazines. She has translated authors such as Francisca Aguirre, Javier Díaz Gil, Luis Fores and José Antonio Pamies into English, together with Robin Ouzman Hislop, who she worked with for a period as co-editor of Poetry Life and Times, a Webzine. Her translations into Spanish of Margaret Atwood (Morning in the Burned House), James Stephens (Irish Fairy Tales) and Mia Couto (Vinte e Zinco) are in the course of being published, as well as her two poetry collections Hormigas en diáspora and Jacuzzi. She takes part in festivals, recently Transforming with Poetry (Leeds) and Centro de Poesía José Hierro (Getafe).
 
 
(EN EL OÍDO DEL VIENTO, Baile del Sol, 2016)
Amparo Arróspide
 
 
En el oído del viento es el último libro de poemas publicado por Amparo Arróspide, filóloga, traductora y poeta nacida en Argentina y radicada desde hace años en Europa. En esta colección de poemas nos ofrece un trabajo singular, innovador, sorprendente, coloreado por diversos registros y voces corales, sin perder el hilo conductor de una voz afianzada: “Y a salvo yo, lectora de la vida, esto que se mueve y me sucede, donde sucedo y no hay respuestas, ni siquiera búsqueda de respuestas, un afán inútil, donde presto mi oído atento al runrún de lo que pasa y va pasando.”
 
La realidad resuena en este oído y se nos ofrece traducida con distorsión, juegos del lenguaje y toques de ironía, quizá una de las mejores formas de poner de manifiesto la situación social que atravesamos sin caer en la queja panfletaria o el lamento repetitivo.
 
Y es que lo cierto y verdad es que “Hemos descreído del género mayor, ese rumiante ante la caja de los panegíricos con olor a violeta y forma de billete bancario.”
 
El libro está dividido en tres partes: “en el oído del viento”“el mundo en fuga” y una tercera parte “a modo de epílogo”. Encontramos en muchos de estos poemas una poesía crítica con esa realidad exterior que sutilmente nos ha ido imponiendo su dictadura de lo políticamente correcto. Es tarea de la poesía desvelar los resortes de esas trampas para acceder a la verdad, a la esencia de una realidad que a menudo difiere bastante de las apariencias: “¿Ustedes nunca fueron vendidas compradas construídas/ paseadas por los medios de incomunicación?”
 
Los poemas se enfrentan a esa labor a través de ingeniosos mecanismos que denotan un buen trabajo con el lenguaje y con la semántica, dejando apreciar el valor textual de los poemas, a la vez que encuentran diversos tipos de paralelismos con la realidad exterior a la que refieren. En esa relación de contexto los versos se abren paso significando distorsionadamente, tratando con divertimento crítico acontecimientos que nos conciernen a todos los ciudadanos.
 
Una innovadora fusión de poéticas se nos revela aquí. Por un lado, encontramos preocupaciones y motivos de fondo que podrían resumirse en estas palabras de Enrique Falcón: “Mi verdadero conflicto: que me muerden mis versos, que no tengo país.” Y por otro lado, el magnífico trabajo con el lenguaje se acerca formalmente a una poesía conceptual, cercana a los concretistas y a algunas obras de Martín Gubbins o Ignacio Miranda en su tratamiento del lenguaje administrativo y burocrático, convertido en obra de arte mediante el talento poético.
 
Esta labor a que nos referimos se aprecia en una serie de poemas que ofrecen variaciones a referencias legislativas como en “Real Decreto 624/2014” o a discursos políticos como en “Investidura MMXI” donde se alude al discurso de investidura del presidente de Gobierno actual en España. Hay en ellos un contraste de la estructura opaca, propia de ese tipo de discursos políticos, con esa magia poética que nace de los nuevos sentidos que ofrece el texto distorsionado. Ecos surrealistas de una voz que se distancia de la realidad para denunciarla mejor mediante la deformación de los significantes, el realismo de ese lenguaje político resulta tan grisáceo que en su temerario engaño no es capaz de ofrecer ni siquiera un vocabulario seductor. Esta poesía seduce y divierte, pero a su vez contiene el poso amargo de la verdad ineludible, de la corrupción, del paro, de los recortes, de las mentiras que duelen:
 
“Habrá pañoles, todos punibles, todos fungibles, todos cocodrilos,/ dignos de esputo, todos capaces de trincar en la estafeta común.”
 
Los recursos del lenguaje poético son mucho más bellos y entretenidos que ese lenguaje de los burócratas, pero desvelan también una verdad más cruda. El esperpento se hace necesario para poder afrontar el tratamiento de cuestiones que tanto nos afectan: apela a la función lúdica de la literatura a la vez que despierta el pensamiento crítico, señalándonos la realidad que tenemos que afrontar cada día.
 
“Esta es mi puesta, Luñorías./ Es una oferta de bergamota porque se sustenta en la micción/ de que contamos con miedos, meigas y vergas para salir adelante.”
 
En En el oído del viento también hay ráfagas de un registro más íntimo con poemas que apuntan a preocupaciones esenciales como el paso del tiempo, la naturaleza o el amor con ecos de César Vallejo y referencias a otras tradiciones culturales. Y también a la utilidad de la poesía, al lugar del poeta en este mundo, si es que tiene cabida más allá de infinitos interrogantes: “¿Todos los poetas no pueden…/ obtener un doctorado en sinestesia/ por la universidad de Columbia en Nueva York? /¿Trabajar de catedráticos de ciencias púnicas/ trabajar de maestras jardineras,/ trabajar?” “¿No pueden desdoblarse transmutarse / no pueden extrañarse balbucearse / y enmudecer al fin?”
 
En el contexto actual no podemos permitirnos el lujo de que este tipo de obras pasen de puntillas por las estanterías, estamos ante una apuesta innovadora y vitalista que tiende puentes y abre caminos en el marco de la poesía contemporánea. A pesar de tantas necesarias cuestiones, esta poesía no enmudecerá.
 
Cerrando el libro, a modo de epílogo, encontramos un magnífico diálogo que no podría ser más necesario: “Por su bien y por el mío, ciudadano paciente, lo engranaré en la maquinaria de la rutina social. Afortunado usted: de haberlo atendido otro (hay dos escuelas, la dura y la inflexible), dada su mórbida atracción por Sogas y Vigas ya estaría colgando. Podría hacer otro chiste fácil con los empalmes del ahorcamiento pero no lo haré. Alégrese, hombre, tiene usted permiso. ¡Pero hable, calle, alégrese!”
 
Por su bien y por el mío, ciudadano paciente, le recomiendo que se acerque a la poesía que Amparo Arróspide nos ofrece en esta obra.
 
José Antonio Pamies

http://www.artvilla.com/plt/en-el-oido-del-viento-collected-poems-amparo-arrospide-reviewed-by-jose-antonio-pamies/

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