miércoles, 1 de abril de 2015

Comida para perros, de Gsús Bonilla


Comida para perros
Gsús Bonilla
Ed. Baile del sol,2014
100 pp.
12 euros

Nacimos para convertirnos en comida para perros. Y no es que la perspectiva de ser convertidos en comida para perros sea peor que convertirnos en cualquier tipo de comida. El problema es convertirnos en deshecho de la sociedad, de ser despojado de todo –y no hablo de pertenencias- de la poca humanidad que podamos tener. Nos convierten en basura. Gsús Bonilla viene a decirnos eso mediante un desesperado grito que sienta como una punzada. Si se lee el poemario impasible sin sentir un puñetazo en el mentón debe tenerse sangre de horchata o haberse enriquecido ilegalmente merced a algún negocio negro de los que aparecen día a día en los periódicos.

Comida para perros es crudo y real. El autor no renuncia a ningún tipo de escatología, a ningún tipo de exageración, de crueldad –incluso léxica- para transmitirnos su sensación: que somos comida para perros.
El poemario contiene una serie de textos, unos a modo de prosa, otros a modo de verso o de prosa poética. Desgrana sin un hilo conductor claro todas las sensaciones. Uno va saltando de texto en texto sintiéndose unas veces más conmovido, otras simplemente más cabreado. Descubre que cualquiera de nosotros también somos comida para perros.

Nos recuerdan los hechos diarios que muchos se empeñan en olvidar, en no ver, en no tener en cuenta (p.24):

“rememoro el silbido de la pelota de goma, el vacío de la
cuenca del ojo” (…)

Crueldad necesaria pues no está para componendas el tiempo que nos ha tocado vivir. Y así lo dice una y otra vez el autor (p.25):

 “os maldecimos, como a aquellos que idolatran
las cuchillas de las alambradas
en las fronteras”

Reconocemos y nos reconocemos en las palabras y en los hechos, en los gritos, en los silencios, en los lloros, en las imágenes del telediario, en las que el telediario no es capaz de ofrecer, en la sombra de los desheredados, en los desheredados de nosotros, hijos de la orfandad de clase. Y, sin embargo, no le falta lírica al texto (p.27):

“hoy, cuando los niños acunan
botes de humo
y besan la anchura
en las bocachas de las escopetas
y se dejan la infancia
en la fumarola, poco después
de los fogonazos”

En algunos poemas es muy claro el lirismo (p.45):

“aquellas garras, desabotonaban la inmensidad del alma
la grandeza de los pájaros no estaba en su vuelo sino en el
descanso sobre los cables eléctricos, empapándose de agua
de lluvia (…)

Hay crítica pero no es lamento, es constatación, es deseo de hacer llegar (p.57):

“se tenía sed y no se podía combatir el fuego
encontraron la manera de castrarnos (…)”

No es lamento, no es inacción. Es grito que aúlla y pide movimiento y determinación (p.76).

“(…) todos ellos forman un corro. es el baile
 de los terminales y os hace gracia”

Y (p.80):

“(…) es emocionante que una parte
 de mi pueblo sigue preparada y planta cara a esta bestia
capital que nos clava, día a día, sus uñas”


Comida para perros, manual poético para la revolución, de Gsús Bonilla.

viernes, 27 de marzo de 2015

STONER DE JOHN WILLIAMS

Stoner John Williams
He leído Stoner en formato digital. Supongo que, como en el mío, en todos los aparatos existe la opción de subrayar. Cuando el ebook está conectado a la red todo se vuelve indiscreto y se puede ver la cantidad de personas que han marcado palabras, frases o párrafos enteros. Extrañamente, nunca suele ser una sola. El número oscila entre las veinte y las sesenta personas. Al menos en Stoner. Qué maravilloso es que a todos nos gusten los mismos fragmentos, las mismas frases sabias sobre la vida, el amor y la muerte. Qué bien nos tenemos que sentir al ver que tantas otras personas comparten aquello que nos ha conmovido tanto…
Stoner John Williams
William Stoner es un pusilánime bastante indolente la mayor parte de su vida. El único momento en el que algo de sangre le corre por las venas es cuando decide dejar la ingeniería agrícola que estudiaba en la universidad y pasarse a la literatura. En alguna clase de las que imparte más tarde, cuando se convierte en profesor, muestra algo de pasión, pero nunca en los momentos más importantes de una vida: ni en la vida, ni en la muerte, ni en el 
Stoner John Williams
matrimonio, ni en la deslealtad, ni en la traición. Ni siquiera en los paseos que da por el campus. Es doloroso aunque otros lo llamen estoicismo.

Williams es narrador omnisciente, lo que significa que el lector sabe lo que piensa realmente Stoner y lo compara, siempre, con su forma de actuar.  Al principio, como he dicho, es desolador, pero a medida que avanza la novela tanto Stoner como Williams enseñan que hay otros modos de vivir. Y al final, cuando ya todo es decadencia y Stoner (sí, el simbolismo del nombre no puede pasar desapercibido) repasa su vida, sentir respeto por él es inevitable. Aunque no se entienda su impasibilidad.

miércoles, 25 de marzo de 2015

"Los posos de la sed" de Ricardo Hernández Bravo

En el viaje de la creatividad la poesía no puede ser nunca un lugar al que llegar, sino un punto de partida. El último libro del poeta canario Ricardo Hernández Bravo,Los posos de la sed (Baile del Sol, 2014), es una magnífica propuesta para adentrarnos en un vasto espacio de exploración; ahí el poeta transita abriendo sendas nuevas que el lector podrá apreciar y hasta gozar siempre y cuando se libere, antes de adentrase en el libro, de todos los prejuicios literarios establecidos; pues uno de los primeros rasgos que podremos apreciar en los poemas de Hernández Bravo es su alejamiento absoluto de cualquier moda o modismo, de cualquier lugar común actual o pasado. Verso a verso el lector puede dejarse sorprender tanto por la concisión estética, como por la utilización de algunas figuras retóricas -como la aliteración- que aquí no se usan para conseguir efectos embellecedores, sino para incitarnos o provocarnos cierta extrañeza y atraer nuestra atención. Así:

Lo emboscado condensa mi deseo.
(pág. 65)

Hernández Bravo aúna, trabaja a la perfección sobre el idioma y con el pensamiento, y desarma un entramado en el que la paja ha sido eliminada y queda, sin merma, como si de un cincel se hubiera servido, la forma limpia, exacta, concentrada de la creación, del poema que, al leerlo o abrirlo, se transforma desde la apariencia de extraña flor hermética en inmarchitable valentía por mostrarnos su belleza sin exotismos, como en el monóstico:

Alentamos el don que nos flagela.
(pág, 33)

Al fin, la sed también como concupiscencia, como deseo de agua; en la paradoja del que vive en una isla: rodeado del agua que no puede beber. De esta manera, la poesía sirve en el viaje no solo de la creatividad, sino en la mismísima existencia humana y sin soslayar sus contradicciones, como la sed le sirve al hombre para ser, aunque implique, siendo, también su agotamiento y (auto)destrucción.
Los posos de la sed no nos dejará sedientos sino saciados para emprender una nueva singladura. Felizmente la buena poesía no es obvia y transcurre en libros como éste.

http://proyectodesvelos.blogspot.com.es/2015/03/los-posos-de-la-sed-de-ricardo.html

martes, 24 de marzo de 2015

Bajo el cielo amazónico y Los sultanes del Yemen, dos nuevos libros de viajes

Bajo el cielo amazónico y Los sultanes del Yemen, dos nuevos libros de viajes

dp13Dentro de su colección de viajes Dando pata, Baile del Sol ha publicado recientemente dos nuevos títulos: Bajo el cielo amazónico, de Leoncio Robles, y Los sultanes del Yemen, obra de Enrique Mercado.
Bajo el cielo amazónico es un relato dedicado “a todos los indígenas amazónicos, que resisten a pesar de tanta maldad institucional” y “a los colonos de todas las cuencas amazónicas que han sabido respetar territorios comunales indígenas”. Así mismo, su autor, el periodista Leoncio Robles, se acuerda en su dedicatoria de los líderes peruanos que fueron asesinados en septiembre de 2014 mientras luchaban contra la devastación de los bosques.
Con este preámbulo es de imaginar que no nos vamos a encontrar con un relato amable de viaje sino con una denuncia de la actividades extractivas que devastan bosques, fauna y flora en la amazonia peruana; una mirada a un lugar en el que las aldeas indígenas ven peligrar su modo de vida a causa de la contaminación de los ríos por vertidos petrolíferos y por la minería de oro.
Leoncio Robles, que también rodó un documental sobre este mismo tema, nos describe todas estas situaciones y la violencia que descubre en algunos de los escenarios que visita. Bajo el cielo amazónico nos presenta una serie de personajes fascinantes, ligados a una tradición mágica, que luchan por salvaguardar su entorno vital.

Sobre el autor:
Leoncio Robles (Huaraz, Perú), escritor, periodista free lance, traductor y realizador de documentales de temas sociales y antropológicos en Asia y Latinoamérica. Ha publicado reportajes y fotografías en diversos medios de comunicación de España, como El País, Geo. Motor Clásico y otros. Es autor de libros de secundaria de la editorial española SM sobre temas de cine, fotografía y artes visuales. En 2009 publicó en Ediciones Baile del Sol el libro de relatos cortosCONTRALUCES. En 2014, el libro de viajes BAJO EL CIELO AMAZÓNICO.

dp12Por su parte, Enrique Mercado, en su libro Los sultanes del Yemen, nos acerca un relato autobiográfico basado en el viaje que el autor realizó junto a un amigo en el año 1998 a Yemen siguiendo las huellas del poeta Rimbaud. Aunque no encontraron demasiados rastros de lo que iban buscando, lo cierto es que su viaje se convirtió pronto en una auténtica aventura en la que diversos peligros complicaron su ruta, quizá en toda esa contingencia vital sí hallaron parte del espíritu poético de Rimbaud.
Enrique Mercado consigue también en su relato mostrarnos la personalidad antagónica de dos viajeros impulsados esta vez por la misma idea de mezclar vida y literatura, a la manera de los beatniks. De este modo, el relato se convierte en un recorrido apasionante por un paisaje hostil y poco conocido en el que lo literario y lo vital se dan la mano.

Sobre el autor:
Enrique Mercado, escritor todo terreno, viajero y director de Varasek Ediciones. Su último libro publicado es un ensayo para intelectuales inquietos titulado Cultos de mal asiento (Amargord, 2013). También es autor de las novelas Sangre azul tan roja y Memoria del tiempo breve, así como del libro de relatos 20 estudios de la monotonía y de los poemariosam/pm, Trenes que no pasan de Magritte y La explanada. En palabras de Clara Janés, estamos ante “un escritor extraordinariamente dotado para la escritura”. LOS SULTANES DEL YEMEN(Tenerife, 2014) es su primer libro de viajes.

lunes, 23 de marzo de 2015

Un canto a la cotidianidad

POR MARIO S. ARSENAL , 19 SEPTIEMBRE, 2014
Javier Morales (Plasencia, 1968) / Fuente: Escritura Creativa
Javier Morales (Plasencia, 1968) / Fuente:Escritura Creativa
Sentir la necesidad de escribir cuando se está de vacaciones puede ser algo problemático. Significa que ni en tus días libres eres capaz de estarte quieto o, lo que es peor, que tienes el trabajo por martirio. Mi caso particular es bastante más sencillo y la conclusión es tajante. La necesidad es algo más que una contingencia, qué demonios, es la única forma posible de escribir. Pero como yo no tengo que explicarles nada dado que ustedes me entienden, habrá que seguir delegando en los escritores la responsabilidad de iluminar los postigos de nuestras sombras.
El libro del que quiero hablarles hoy pertenece a un género narrativo que permite puntuales posibilidades expresivas que usualmente la novela no alcanza dada su extensión. No me tiren piedras, existen excepciones. Me estoy refiriendo al cuento como forma concisa que trata de representar una realidad acotada por la acción y el tiempo, no tanto por sus personajes. Javier Morales no es nuevo en este terreno, ya había publicado La despedida (2008) y Lisboa (2011), además de la novela Pequeñas biografías por encargo (Huerga y Fierro, 2013). Su última criatura se llama Ocho cuentos y medio (Baile del Sol, 2014) e incorpora un relato de Gonzalo Calcedo a modo de epílogo. La honestidad me dice que a este libro no le sobra la firma de Calcedo, pero tampoco la necesita. Ocho relatos y medio se sirve de una prosa llana, horizontal, adusta en el mejor sentido de la palabra. Pulsa teclas atrancadas en nuestra realidad como la pérdida de la inocencia, los esbozos de la inmigración, la prostitución laboral encubierta y la búsqueda del sentido de la vida hasta llegar a la soledad aterradora o el brillante conato de una microfobia doméstica.
Las apenas cien páginas de este librito pueden confundirnos, pero se trata de un proyecto ambicioso. Javier pretende sondear la naturalidad del común de los mortales desde la sencillez más noble, la compleja, la que a fuerza de valerse de un vocabulario cotidiano y unas vidas corrientes en grado sumo, acaba por volcar su acento en la quietud de sus acciones, en la inmovilidad de su carácter. De ahí que la hondura de los relatos no recale en otro lugar que en la palabra desnuda y la historia despojada de un ornato que se revela innecesario.
La labor de Javier es tejer pormenorizadamente una retahíla de sucesos que, descontextualizados de la estructura narrativa que ofrece esta escritura, perderían toda su gravedad. Por esto creo que el acierto es doble, primero por no haberse dejado llevar por la mano incierta de la lírica, y después, gracias a ello, por haber sabido revalorizar la cotidianidad desde lo anodino. Confeso admirador de Chéjov, la huella del maestro ruso se hace notar en cada uno de los relatos, pero poco nos importa la influencia, esto sigue siendo cosa de culturetas que no saben qué decir y académicos embarrados en una Literatura Comparada que jamás llegará a concluir en nada. Una nada de la que precisamente se componen estas historias. Por tanto, no hay lugar para la especulación cuentista -tenía muchas ganas de decirlo- sino para el goce puro de la narración desvestida de trascendentalidad. Ocho cuentos y medio tiene la pretensión simbólica de que el medio cuento que falta para componer el número entero de nueve (¿Dante agazapado?) sea cosa del lector. Desconozco si personalmente he logrado armar ese pedacito de historia tambaleante, pero este libro de Javier Morales es como una carretera de historias bajo un horizonte bañado de trigales, extensa aunque reducida parcela de una llanura que despunta a lo lejos de nuestra mirada en la distancia. Desde esa altura, la que permite observar el paisaje desde el camino, van apareciendo los suaves amarillos tostados por el tiempo, los poderosos verdes que anuncian una forma de exuberancia, y se mezclan con el azul de un cielo que amenaza tormenta o con el ocre baldío de la tierra posado en las cunetas. Es curioso que Morales no simpatice con las historias comprometidas y sin embargo haya dado a luz esta hermosa criatura, tan apegada a la realidad, tan misteriosa y tan previsible, tan cotidiana.
Mario S. Arsenal

jueves, 19 de marzo de 2015

David Trashumante: “Vivimos en una sociedad que vive un sistema de muerte”

El Péndulo | Jimmy Entraigües.- David Trashumante es en realidad David Moreno Hernández, un logroñés radicado en Valencia que aúna, en todas sus facetas, la condición de poeta, agitador cultural, creador multidisciplinar,performer… Un espíritu libre y rebelde dispuesto a participar y colaborar en toda propuesta cultural que suponga una bocanada de aire fresco.
Autor de ‘Parole, parole y otras palabras’ (2006), ‘El amor de los peces’ (2014) y ‘Tacto de texto’ (2014), Trashumante acaba de publicar, a través de Baile de Sol ediciones, un poemario titulado ‘A viva muerte’.
Con la disidencia y la desconformidad por bandera David Trashumante nos propone adentrarnos en los territorios de la parca desde varios puntos de vista y desde diversas aproximaciones. Para hablar de la muerte, la disidencia y la poesía, nos reunimos con el autor para conocer hasta qué punto su poemario nos acerca o nos separa del suspiro final
Trashumante ahonda en el tema de la muerte en su nuevo poemario.
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Trashumante ahonda en el tema de la muerte en su nuevo poemario.
El Péndulo: El título de la obra, ‘A viva muerte’, ya juega con un oxímoron que más que un metáfora sobre términos opuestos invoca a la plena vitalidad de la muerte, ¿qué esconden los poemas de este trabajo?
David Trashumante: Es un grito muy vital nacido desde la mayor de las oscuridades. Por un lado, la primera parte del libro que aborda el miedo a la muerte, es donde voy intentando llevarme, a través de la poesía, a ese momento, intento conjeturar cuáles son las sensaciones físicas, fisiológicas, emocionales…, de una persona que fallece y voy pasando de ese punto de ancla por varios aspectos tanto de cómo se muere uno, cómo se mueren los demás hasta echar mano de mi pobre biografía en cuanto a la muerte hasta intentar hablar de ese limbo, de esa zona oscura, de ese punto de no retorno que no sabemos que hay y…, luego ya empiezo a abordar el tema de la muerte desde un plano más político y social. Es decir, cómo concebimos la muerte en la sociedad, como esta sociedad nos impone una muerte en vida…, empiezo a tocar el tema de la eutanasia, la pena de muerte, el aborto…, en fin, voy tocando todos aquellos temas susceptibles que se refieren a la muerte.
E.P.: Pero el simbolismo de la muerte también va asociado al tema de la resurrección y el renacer.
D.T.: Es ese sentido el libro no es nada vital. No hay un consuelo en el que vayamos a desaparecer o no desaparecer o…, no desaparecemos porque somos energía, no hay ninguna pregunta sobre otra salida, no hay solución de continuidad. Aborda la muerte desde un punto más trágico que es la pérdida de la conciencia. Lo que tienes que cogerlo ahora, tienes que empezar desde ya, no creo tanto en ese crecimiento que nos habla del espíritu y…, no, no, no. Tienes que cogerlo ahora, ahora es cuando existen los problemas, ahora es cuando tienes que hacer tu revolución interior, ahora es cuando hay que hacer las cosas. El tema está tratado desde ese punto de vista. De aprovechar el ahora porque luego vas a desaparecer.
E.P.: Incluyes, antes de cada poema, la cita de un poeta o una poeta vinculada a la muerte, un especie de homenaje ante el hecho de la muerte. Citas a Buñuel, Pizarnik, Miguel Hernández
D.T.: Sí, hay como un juego. Pizarnik, en concreto, es una poeta muy potente en ese sentido. He intentado buscar poetas que hayan tratado el tema de la muerte desde su obra o…, su coqueteo con la muerte. Luego hay un juego muy interesante y es que hay un montón de ‘últimas palabras’, de gente conocida, y esas citas me parecían muy interesantes sobre qué se dice en el último momento. Hay una de un poeta alemán…, Heideberg, creo (en realidad se refiere al poeta Jakob Haringer que dijo “Me cago en el mundo”, página 94 del libro) que…, manda un poco a la mierda a la vida en sus últimas palabras. Sus últimas palabras son para decir ‘qué asco’ y…, ese último instante, lo que cada uno dice, me pareció muy, muy interesante de explorar dentro de los poemas.
E.P.: También juegas a un efecto visual, con los textos, muy potente. Variando los tipos de letra, cambiando las reglas visuales de la lectura, incluyendo lecturas forzadas o generando muchos espacios en blanco.
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‘A viva muerte’ es el nuevo trabajo literario de Trashumante.
D.T.: Sí, sí. Tienes toda la razón. El poema propuesta tiene una clara connotación antiimperialista ya que el libro está muy marcado por una ideología como la mía que es anticolonial, anticapitalista y sobre todo antineoliberal y contra la cultura yanqui que tanto daño ha hecho a la nuestra y a Sudamérica y…, esa colonización que nos ha metido el cementerio de Arlington hasta la sopa como esa cosa del patriotismo como si fuera nuestro y…, digo ‘yo también tengo mi patria’ y ‘tengo mis caídos’. Me pareció interesante el proponer al lector que haga una lectura distinta que la de izquierda a derecha… Pusimos los nombres muy chiquititos y…., aunque sean famosos, es la memoria lo que nos puede quedar a la disidencia que es amplia y es global.
E.P.: Pero la poesía puede tener un valor de disidencia y de unión, sea de un signo u otro; también los disidentes se unen y se reúnen, ¿no?
D.T.: Sí, claro, por supuesto. Englobo este libro, en concreto, dentro de una corriente poética que se llama ‘la poesía de la conciencia crítica’ que muchos de los poetas que han firmado el libro de condolencias que hay dentro de ‘A viva muerte’, forman parte de ella. Y, prácticamente, sus postulados vienen a contar es: dejamos espacio, es decir el lugar que debe ocupar la poesía lírica, en estos momentos, se puede llegar a entender que mira para otro lado, a lo que está sucediendo en el día a día real. Que la poesía debe estar un poco más pegada a los problemas y sobre todo a las injusticias, a todo lo que está sucediendo y que el poeta vale para ser un vocero de ese tipo de cosas. Casi me atrevería a asegurar que vivimos tiempos de guerra a nivel dialectal, cientos de palabras se meten en nuestro discurso, está a la orden del día comentarios como ‘pagos en diferido’ y todo este léxico tóxico que nos meten y…, entonces es un momento en que la poesía se pueda posicionar en ese sentido.
E.P.: Pero en la lengua castellana siempre hemos tenido una poesía combativa y no solo en Latinoamérica comoNeruda, Benedetti Gabriela Mistral sino aquí, en España, con Miguel Hernández, Lorca, Pepe Hierro…, siempre hubo una poesía contestataria al poder, ¿vosotros recogéis el testigo de esos poetas?
D.T.: A ver, yo coincido contigo, nunca ha desaparecido la poesía combativa porque el combate existe y luego…, los poetas y las poetas creo que somos profundamente humanistas. Al margen de los partidismos creo que todo ese tipo de energías contestatarias siempre han terminado siendo negativas, que han sido absorbidas por algún tipo de partido, siempre se han politizado y…, ha habido reflotes a lo largo de la historia pero, de un tiempo a esta parte, sobre todo a raíz del nacimiento de la poesía de la conciencia crítica, cogen toda esta poesía y la cosa empezó a banalizarse y la propia experiencia se ha utilizado, salvando excepciones como el poeta Fernando Beltrán dentro de la poesía de la experiencia, y…, esa banalización la estamos viendo a diario. Se usa ‘el rojeras’, ese ‘rojeras’ simpático pero no se usan nombres y apellidos y la ignominia tiene nombres y apellidos y ahí es donde creo que la frontalidad de la poesía de la conciencia crítica da un paso más allá aparte de que, en lo general, propone postulados más libertarios, ácratas, está más a la urgencia de lo que sucede. Creo que es un palo natural del poeta ser crítico y por eso ahonda mucho ‘A viva muerte’. Vivimos en una sociedad que vive un sistema de muerte y creo que el poeta es un glosador de la existencia…, incluso ya sea la tristeza, ya sea el dolor pero lo hace desde esa vitalidad de ‘estamos vivos’. Sin embargo estamos llegando a un punto social en el que la vida, con lo bueno y lo malo, está como abolida, lo único que quieren es gente sumisa, que entregue su libertad por seguridad, estabilidad, que no pase nunca nada, que todo lo que pase, emocionalmente, este controlado por los mass media o…, toda experiencia emocionalmente potente en la vida está relegada ya a espacios espectaculares nada más.
David Trashumante durante un momento de la entrevista.
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David Trashumante durante un momento de la entrevista.
E.P.: Es una poesía que rechaza la homogenización del pensamiento.
D.T.: Totalmente. Desde los años 90’, con el auge de la globalización, que es lo que se pretende. Es decir, abolir la pluralidad cultural. ¿Por qué? Porque cientos de miles de pequeñas culturas son incontrolables y sobre todo cómo se relacionan entre sí y cómo van a evolucionar, sin embargo una sola es mucho más fácil de controlar y…, se ha notado mucho esa manera de apropiarse de todos los espacios, de no dejar de achicar los huecos, de dejarnos relacionarnos desde la pluralidad y desde la libertad.
E.P.: y desde la disidencia según proclama ‘A viva muerte’.
D.T.: Por supuesto, tiene que ser así, desde la disidencia más radical. De hecho, comentaba con un amigo que estamos en un espacio de resistencia. Realmente vivimos en una línea de dificultad y lo único que podemos hacer es resistir y…, contra esa resistencia también se revela este libro, intenta morder y alterar a lo poético y a los poetas. Creo que también tienen gran parte de culpa sobre lo mucho que nos pasa en cuanto que la gente le ha dado la espalda a la poesía.
E.P.: David, muchas gracias por atendernos y que ‘A viva muerte’ abra su espacio entre los lectores de poesía y que otros nuevos también se sumen a tu propuesta.
D.T.: Gracias, de verdad. Mira, es un momento de ir a por las personas. Hay lectores cómplices y busco mucho los espacios de confrontación y si voy a un mercado, una plaza o una calle a leer poesía encuentro que, de las veinte personas que asisten, quince me odian, pero diez están dispuestas a conectar y eso para mí es suficiente, así que…, gracias a vosotros por abrir esta ventana.

martes, 17 de marzo de 2015

Pisadas en la nieve sucia, recorrido por la derrota Entre la desilusión y la melancolía

Publicado el Martes 17 de marzo de 2015, a las 00:05h


Pisadas en la nieve sucia
Portada del libro de Ismael Cabezas.

Título: Pisadas en la nieve sucia
Autor: Ismael Cabezas
Editorial: Baile del Sol (2014)
Páginas: 56
ISBN: 978-84-16320-11-0




Alberto García-Teresa – la República Cultural.es


Entre la desilusión y la melancolía se sitúan la casi treintena de poemas de esta obra. En ella, Ismael Cabezas realiza un recorrido por la constatación de la derrota existencial y social con dicción clara y registro narrativo, aunque mantiene una buena tensión en los poemas gracias al trabajo de síntesis.

Cabezas, quien, según se cuenta en el prólogo, toma como referencia a “la otra sentimentalidad” y las teorías de Juan Carlos Rodríguez (a pesar de que su primer poemario data de 1999), escribe desde fuera, aunque se sumerge en la precariedad laboral hasta afirmar que “ahora pertenezco a los excluidos”. El poeta habla de la gente trabajadora, empobrecida, que queda fuera de la imagen ideal de la publicidad, que malviven con sueldos de miseria o están desempleados.

A pesar de que el autor se refiere a ellos como “gente a la que presto mi palabra”, lo cierto es que el anclaje del “yo” continúa ubicándose en él como sujeto, pues Cabezas retrata, recoge escenas (como la de la oficina del INEM), alza una mirada panorámica para centrarse en esas otras personas que no constan en la imagen pública del Estado del Bienestar o en el de la recuperación económica. El “yo” se acerca, dialoga con ellos y aporta pinceladas de su situación. De este modo, pareciera que el poeta paseara por los suburbios y tomara nota en sus versos de lo que observa. Es por ello que domina una pretensión realista, documental, hasta el punto de que podríamos afirmar que Pisadas en la nieve sucia resulta un poemario costumbrista.

El volumen arranca así, con varios poemas que abordan ese conflicto, aunque paulatinamente se abandona. En efecto, el libro va virando hacia lo autobiográfico, y se acumulan las referencias culturales y las alusiones a la infancia, tanto propia como de otras figuras de su familia. De hecho, varios poemas aparecen escritos dentro de las coordenadas de la “poesía de la experiencia”. En cualquiera de los casos, Pisadas en la nieve sucia se trata de un poemario centrado en las personas. La mirada del autor se detiene en ellas y reconstruye someramente sus vidas.

Sin embargo, en todo el libro persiste una mirada melancólica, de sueños perdidos, de aspiraciones abandonadas, que llega a abrumar. Habla, no en vano, también del movimiento contestatario con desilusión, con desencanto, envolviéndolo en un aura romántica, como si de algo del pasado, sólo sostenido por el ardor juvenil, se tratara. El tono, en definitiva, refleja que se escribe desde la asunción de la derrota, desde la resignación, que desactiva toda posibilidad de rebeldía en el presente.



http://www.larepublicacultural.es/article9952.html