miércoles, 3 de octubre de 2018

Entrevista a Esther Zorrozúa en el Susurro del Gato


El animal hecho de retales

El gato Llamp me mira con asombro: ¿Esther Zorrozua es ahora ornitóloga? No, es que ha publicado un nuevo libro. Vida secreta del ornitorrinco es ficción, pero seguro que nos resulta muy real. Al fin y al cabo, las personas estamos hechas de relatos y de retales, como ese extraño animal. 
Esta es mi sexta novela y la actitud sigue siendo como la primera vez: tocar, oler, mirar. Es un placer completamente sensual. 
Entrevista con Esther Zorrozua
¿El ornitorrinco tiene una vida de novela?
Por supuesto. Toda vida es una novela en realidad. La del ornitorrinco, Elías Hidalgo, un censor-inquisidor, también lo es. Una novela gris, de valores trasnochados y retrógrados, que pretende gobernar las vidas ajenas. Representa al pensamiento único, ese tan peligroso del que está entreverada la Historia, que a veces parece que se haya superado, pero que vuelve a emerger cuando menos se espera. 
¿Por qué un ornitorrinco?
Es un juego, incluso pre-literario, el de identificar a las personas con un animal determinado. El ornitorrinco es un animal prehistórico, que parece que estuviera hecho de retales, solitario, de mal carácter. Me costó mucho dar con él. El personaje de Elías Hidalgo reúne todas esas características, pero no se me ocurría el animal. Hasta que una noche lo soñé. Y al despertar me pareció perfecto. 
¿Qué ocurre hoy con nuestra privacidad, con tanta red social?
Ocurre que si no tenemos mucho cuidado, toda nuestra privacidad queda a la intemperie. Por una parte, el aparato del Estado nos tiene superfichado (cámaras, controles…) La mayor parte del tiempo no somos conscientes de ello, pero están siempre ahí, a la que salta. Por otra parte, la gente más enganchada a las redes (toda la juventud y gran parte de la gente adulta) se tira a la piscina con los ojos cerrados. A pesar de todas las advertencias, no miden el alcance de lo que van colgando minuto a minuto. Eso ha derivado en que las empresas, a la hora de contratar a sus empleados, se fijen más en esos contenidos de Facebook, Twitter e Instagram que en el propio currículo. Lamentable.
¿Nos vigilan o controlan de alguna manera? ¿Quién?
Nos vigilan y controlan de todas las maneras posibles. Sobre todo las grandes empresas multinacionales. Ya no hace falta entrar en un comercio, basta con pasar ante la puerta para que en el móvil recibamos un mensaje solicitando una valoración. Si eso no es acoso, ¿qué es? 
Has publicado varias novelas y cuentos, pero parece que te sigue gustando y emocionando tu libro recién recibido.¿Tiene sentido en nuestra era digital el papel?
Esta es mi sexta novela y la actitud sigue siendo como la primera vez: tocar, oler, mirar. Es un placer completamente sensual. Claro que tiene sentido el papel en la era digital, no solo para quienes tenemos cierta edad; los más jóvenes también confiesan que les encandila el papel. Viven pegados al móvil para mensajes breves, pero cuando se trata de abordar un texto largo todos firman por el papel. La relación entre libro (de papel)  y lector es un vicio solitario. 
En la anterior entrevista, hablamos de la película En la casa: ¿alguna te ha llamado la atención estos últimos meses?
Ayer vi “Oreina”, de Koldo Almandoz y me emocionó, una historia periférica de amistad y venganza. Los personajes son muy de verdad y están tratados con una gran sensibilidad.
¿Nos recomiendas alguna lectura?
Últimamente estoy leyendo pocas novedades. Me estoy interesando en serio por el cuento. Recomiendo los cuentos completos de Margaret Atwood. La de “El cuento de la criada”, sí… Me gustan más sus cuentos, por su capacidad de conseguir que unos hechos rutinarios se conviertan en otra cosa y trasciendan.
Ahora mismo, mientras respondes a estas preguntas, ¿qué música o sonidos estás escuchando?
No tengo puesta la música en estos momentos. Escucho el fluir del riachuelo que corre por debajo de mi ventana. Y unos insectos que pueden ser grillos o chicharras. Ya sé que no es época, pero te aseguro que oigo el cri-crí de patas frotándose con fruición.
Y el gato me susurra que vaya acabando ya, que dentro de poco será medianoche y que por imperativo legal toca soñar.

Vida secreta del ornitorrinco está publicado por la editorial Baile al Sol.

El recomendable blog de Esther Zorrozua es Bonanza en mi fiordo

Pincha en este enlace para leer la anterior entrevista con Esther Zorrozua.


http://www.latiendadebailedelsol.org/529--vida-secreta-del-ornitorrinco.html

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Bailando con Sergio Artero: "Creo que la poesía sirve y, sin embargo, no sirve de nada"







Baile del Sol.- Dices que Índice de ingrávidos es incómodo como un grito, ¿era esa tu intención al escribirlo?, ¿es tu intención al escribir?

Sergio Artero.- Creo que el libro es incómodo o desasosegante no sólo por el principal tema vertebrador -la historia de un exilio fagocitado por un exilio mayor: el de nuestra civilización- sino porque la lectura misma provoca cierta sensación de caos -o de flotabilidad, o de ingravidez-. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando se mezcla la escritura de onda de los versículos clásicos con el ritmo sincopado de las letras del glam rock. Además faltan fragmentos, hay vacíos, abruptos cortes de sentido. Por eso digo que se trata de pecios de un naufragio, el naufragio de la civilización occidental tal como la hemos conocido hasta ahora. En ese naufragio nos estamos ahogando todos y esa sensación de naufragio la reconocemos todos. Seguramente necesitemos otro lenguaje o recuperar el lenguaje, que es lo mismo. De momento para esa sensación compartida sólo estamos produciendo un lenguaje desarticulado, es decir, un grito, el grito del que se ahoga. Todos sabemos esto de algún modo pero es incómodo que nos lo recuerden, ¿verdad?


BdS.- Un libro lleno de epílogos, ¿poemas que se despiden o que se justifican?SA.- El Libro de Enoch como mito simbólico sobre el exilio ya está escrito. Todos los textos posteriores son paráfrasis o epílogos.


BdS.- Como no es un poemario fácil, aparecen en él personajes que parecen guiar a los lectores, ¿de dónde surgen y cuál es su cometido?SA.- Hay un personaje principal, que es Enoch. Pero Enoch es, al mismo tiempo, muchos personajes. Su polifonía es nuestra civilización.

BdS.- ¿Índice de ingrávidos te ha servido para explicarte algo?, ¿servirá de algo a quienes lo lean?
SA.
-No creo que el verbo más adecuado sea "explicar" y, desde luego, no soy quién para explicar nada a nadie. Y "servir"... también es un verbo muy relativo. El dinero no sirve de nada y, sin embargo, sirve. Igualmente creo que la poesía sirve y, sin embargo, no sirve de nada.




BdS- Referencias bíblicas, literarias, musicales...; la certeza de que nada parte de cero. ¿Cómo se ha ido construyendo la voz poética de este libro?
SA.- Claro, como digo, nuestro mundo contemporáneo (nuestra epistemología, nuestro conocimiento) es absolutamente fragmentario, caótico, hiperinformado. Mientras que la creación ex nihilo, ya sabe, sólo es adjudicable a Dios. Con la nota a pie de página de que Dios no existe, por lo que aquello que realmente es eterno e inmutable es el caos. Sólo que las personas tenemos un chip con el principio epistemológico que resumió Lévi-Strauss: el orden es superior al caos. Un principio ético, al fin y al cabo.

BdS.- ¿Cómo pones en pie estos versos en los recitales?
SA.- Hago una lectura junto a una gran maleta de donde voy sacando pequeñas figuras. Pretendo con ellas dar unas sugerencias poéticas. También hay proyecciones envolventes y música. Recordemos que en el poemario hay también dos grandes figuras retóricas: el cometa 55P Tumple-Tuttle y David Bowie como Iggy Stardust.

"...se trata de pecios de un naufragio, el naufragio de la civilización occidental tal como la hemos conocido hasta ahora. En ese naufragio nos estamos ahogando todos y esa sensación de naufragio la reconocemos todos."

BdS.- ¿En qué proyecto literario estás trabajando actualmente?
SA.- 
Recientemente he publicado "Manual d Pie" con ed. Tigres de Papel. Se trata de una manera poética de pensar la danza, es decir, el movimiento y el espacio. Una fusión entre un verdadero manual, un ensayo y un poemario. Incluso alguna cosa más. También he terminado un poemario breve pero lo envié a un concurso y no sé si debería hablar de él.

BdS.- ¿Qué poesía lees?SA.-La que puedo. Por hacernos una idea, en mis propios libros he dialogado directamente con Omar Kayyam, Li Quingzhao, María Zambrano... entre muchos, muchos, muchos otros.



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sábado, 25 de agosto de 2018

Reseña de NECROSFERA de César Martín Ortiz en PlanVE - Con Ve de libro

Humus

No entres tan deprisa en esa noche oscura es el título de un libro del escritor portugués António Lobo Antunes, pero bien podría funcionar como advertencia para el que quiera adentrarse en Necrosfera, la novela del desaparecido César Martín Ortiz publicada hace unos meses por la editorial Baile del Sol.
De entrada, porque no conviene correr si uno quiere disfrutar de verdad de Necrosfera. Y lo digo por experiencia, porque yo mismo, ansioso por devorar el libro, me metí demasiado deprisa en él cuando lo conseguí, allá por febrero, en Centrifugados, y no tardé en perderme, con lo que enseguida me di cuenta de que exigía tiempo y otro tipo de lectura. Primero, por la propia prosa del autor, cocinada más al modo tradicional que al de la comida rápida, y, segundo, porque la arquitectura de Necrosfera, integrada por trece textos tan heterogéneos que bien podrían funcionar como relatos independientes, es compleja, sin una línea narrativa clara ni unidireccional, sostenida, más bien, por líneas de fuerza, que reclama, como señala Gonzalo Hidalgo Bayal en el texto de la contraportada, “una lectura exigente y radical”, o, lo que es lo mismo, el tiempo y la atención debidos para integrar elementos tan dispares como un mundo hecho a semejanza de las películas de Harold Lloyd, la invención del necrófono o los restos arqueológicos de una sociedad secreta, secular, opuesta a la Iglesia, y que pareció rendir un inquietante culto a la muerte.
Pero el título de Lobo Antunes no sirve como advertencia al lector sólo por esa alusión inicial a la calma, sino también por la idea final de noche oscura, pues Necrosfera tiene mucho de relato crepuscular. El más crepuscular, sin duda, pues está narrado desde un tiempo en el que nuestra especie, la de los homo sapiens, prácticamente se ha extinguido de la Tierra, en un escenario de devastación que recuerda a cierto cine apocalíptico y desde una perspectiva, la de las Personas o la de los Escientes, que contempla nuestros últimos estertores con la fría curiosidad de un entomólogo. En cualquier caso, esa idea de oscuridad es, después de todo, relativa, pues aunque el de Necrosfera sea un tiempo tenebroso, lo es únicamente para la raza humana, pues nada en el libro sugiere que lo sea también para la Tierra, para el Universo o para el propio autor, que parece tener un concepto muy negativo de nuestra especie, a la que retrata como estúpida y miope (ciegas hormigas, podríamos decir remedando a Ramiro Pinilla, aunque también se me viene a la cabeza el título de un célebre tema de Siniestro Total), incapaz de no dejarse llevar, por su instinto fatal, hacia la destrucción.
Necrosfera es, en resumen, una apasionante anatomía del humus, de cómo llega a formarse la “inmóvil capa de muertos situada entre la esfera de las piedras y la esfera de la vida”, el relato del fin de una odisea, la nuestra, una pequeña joya narrativa en la que César Martín Ortiz nos asoma a un futuro inaudito, aunque posible, en el que nos habremos convertido, como especie -por emplear de nuevo una cita, esta vez del célebre soneto de Góngora-, “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”, un libro que, en definitiva, no deberían dejar de leer.


jueves, 23 de agosto de 2018

Reseña de La fiesta de las máscaras de Sami Tchack en Wiriko

Cuando Sami Tchak hizo caer las máscaras

La fiesta de las máscaras es, sobre todo, un ejercicio de transgresión que va más allá de la ruptura estética. Aunque pueda generar algunas dudas por el tono derrotista y cínico que destila toda la novela, el relato toca algunos temas críticos que, precisamente, parece someter a la corrosión que provoca el ácido propio del estilo de Sami Tchak. Este autor, posiblemente, el más popular de los escritores togoleses contemporáneos se ha caracterizado por mirar muy de refilón los límites, lo justo para saber dónde están y poder desbordarlos sin complejos ni contemplaciones.
Sami Tchak durante el salón del libro de Ginegra de 2011. Fuente: Wikimedia. Autor: Rama
En este caso, la acción se desarrolla en un país desconocido que, sin embargo, remite a ambientes caribeños en un clima en el que se destila calor tropical y decadencia. Es en este momento de búsqueda de referencias para la ubicación del relato cuando uno se topa con una estancia en Cuba del autor, durante la que el escritor togolés realizó un estudio sociológico sobre la prostitución. La fiesta de las máscaras, publicada por la editorial Baile del Sol como inauguracion de una colección impulsada por Casa África, es una historia de relaciones humanas desmedidamente turbulentas, empezando por la de Carlos y Alberta que acaba de manera dramática, precisamente, por una de las cuestiones sobre las que la narración lleva al lector a reflexionar: los malentendidos en las relaciones personales.
Es un tonto desencuentro entre Carlos y Alberta el que desencadena la tragedia en un espacio que podría haberse convertido en la tabla de salvación de dos corazones maltrechos. Las vidas de ambos están en caída libre y ambos parecen ser la solución para el otro. La desdicha, sin embargo, asume el control de la situación. El resultado es una narración con voces múltiples que desprecia el orden lineal. Tanto es así que incluso los muertos se permiten contar su parte de la historia.
Sami Tchak aprovecha la espiral dramática, que puede llegar a recordar a la tragedia clásica, y un asfixiante ambiente que se alimenta de ese clima tropical y las habitaciones cerradas en las que se mezclan sudores, olores y frustraciones, en el que se mueve con soltura. Con esos elementos construye un contexto en el que los personajes confunden pretensiones, esperanzas y experiencias, y en el que se relacionan partiendo de la más absoluta incomprensión. En este caso, los pretendidos sobreentendidos se retuercen para acabar asfixiando a sus autores.
La trama trágica y ese ambiente de confusión permite al escritor togolés darse un paseo por otros temas que van más allá de las relaciones humanas, en las que las máscaras acaban cayendo. Sami Tchak no desaprovecha la oportunidad de dibujar un régimen de un personalismo enfermizo en el que además se gesta la tragedia posterior. Carlos viene de un país que se identifica como “Lo Que Nos Sirve Este País”, en el que el gobierno autocrático de Su Excelencia ha construido a su alrededor toda una telaraña de privilegios y desigualdades. La familia de Carlos, que procede del lodo, se encuentra alternando con los elegidos del régimen, debido a los devaneos sexuales de Carla, su hermana, que a cuenta de sus amantes se convierte en el sustento de la posición de la familia. En todo caso, Carlos acaba pagando un alto precio por esa vida de lujos.
La crítica a esos sistemas dictatoriales se hace evidente a través de los detalles de sus cloacas sociales. La misma suerte de paso por el tamiz crítico corre la hipocresía de los desfavorecidos, un terreno que Tchak dibuja como con abundancia de buenas y chacales dispuestos a alimentarse de los despojos de sus iguales.
En La fiesta de las máscaras, el escritor togolés renueva muchas de las transgresiones que le han hecho conocido. La que la industria editorial impone a los autores africanos en cuanto a temas y enfoques e, incluso, ambientación. De nuevo, Sami Tchak sitúa la trama lejos de Togo, e incluso del continente. Pero también las que tienen que ver con el decoro de las relaciones sexuales, no sólo sobrepasa las barreras relacionadas con la instrumentalización de las relaciones haciendo que se confundan prostitución y búsqueda de afecto, sino las que tienen que ver con la violencia y con las prácticas sexuales que forman parte de los tabús más inquebrantables.Sin embargo, lo hace siempre desde una cierta corrección con una ausencia absoluta de escenas explícitas, lo que hace que estas transgresiones sean todavía más inquietantes.
https://www.wiriko.org/letras-africanas/cuando-sami-tchak-hizo-caer-las-mascaras/

miércoles, 22 de agosto de 2018

Reseña de «Stoner», de John E. Williams en La boca del libro

«Stoner», de John E. Williams




Un libro que se titula Stoner  ya sabes que te va a contar la vida de un tipo que se llama Stoner. Y, una de dos, o puede ser una castaña pilonga o elevarte a los cielos literarios. Sí, me ha pasado lo segundo. Stoner representa la prosa de la sabiduría compositiva. Un lujo para el lector. Te cuenta la vida de Willian Stoner, criado en una granja de manera humilde. Por influencia de sus padres, va a la universidad de Misuri a estudiar Agricultura, así, podrá aprender técnicas nuevas para ayudarles en la granja. Sin embargo, su camino pronto se desvincula del paterno y decide inclinarse por la literatura, casi como una relevación, hasta convertirse en profesor de universidad.  


El señor Shakespeare le habla a 
través de 300 años, señor Stoner, 
¿le escucha?

 
El abanico de emociones que una siente al conocer a Stoner es amplio. Tienes ganas de amarle y pegarle por partes iguales. En ocasiones es demasiado estático y abúlico ante ciertas circunstancias de la vida, tanto que te dan ganas de traspasar las letras y darle unas cuantas tortas para que espabile. No reacciona, se deja llevar por las circunstancias. Y esto ocurre en todas las etapas de su vida, donde los personajes no se muestran felices ni cuando se enamoran. No es una novela de altos y bajos, es plana, como las emociones que nos transmite. Es plana cuando se enamora de Edith Bostwick, es plana cuando nace su hija Grace, inclusive cuando tiene una aventura con su alumna Katherine Driscoll. Stoner es pasivo, indiferente, sensible, abandonado de sí mismo, y todo ello revuelve al lector colérico, ansioso de que cada uno obtenga su merecido, ávido de ver personajes cayendo como torres de ajedrez. Todo ello, siento decirlo, representa la historia de un fracaso. 

La relación con su mujer es desastrosa y la desidia matrimonial pronto aparece en sus vidas, aunque todo hay que decirlo, si hubiera tenido una recortada en mis manos, poco hubiera durado ese personaje. La relación con su hija, criada con una madre poco maternal, se trunca rápidamente, y lo mismo ocurre con ciertos compañeros de universidad. Stoner acepta cada situación que le ocurre. Y en esa aceptación reside la ansiedad del lector. 

Stoner es una novela muy bien hilvanada, con un lengua llano y una prosodia larga. Trata los temas del matrimonio «feliz», la hija alcohólica, el acoso laboral o la amante.Nos encontramos ante tragedias sin fuegos artificiales. En todo ello descubres dos mitades claramente diferenciadas. La primera habla de su mujer, en la segunda nos acerca al marco universitario laboral. Y en ambas no pasa gran cosa, es la vida de un hombre contada por un escritor que, al igual que el comediante griego Aristófanes, este también escribe mofándose de su propia sociedad, una sociedad que nunca se da por aludida. 




Dentro de la inacción, el protagonista solo apuesta por dos pasiones: el trabajo y el amor detrás de un prisma que se mueve de manera bidireccional entre el campo y la universidad. Lo que gusta realmente, para los adictos a la lectura, es la pasión de Stoner por la lectura, y que de eso conforme su vida, una vida que el escritor conoce a la perfección, ya que él también fue profesor de universidad. 

Es una novela que me recuerda a Bartleby por su dejadez ante la vida, aunque no hay que perder de vista esas otras lecturas de campus o universidad como El mundo es un pañuelo o Intercambios, de David Lodge. La universidad representa un microcosmos perfecto de la condición humana, aparentemente es gente civilizada que aborda las cuestiones de lo políticamente correcto, pero nada más lejos de la realidad. Es un mundo hostil donde a la mínima pueden ponerte la zancadilla. Aunque también es verdad que el libro defiende a la vez este ambiente con un único superviviente: el amor hacia la literatura. 

Stoner apareció en el año 1965 y se vendieron solo 2000 copias. Esto en Estados Unidos es sinónimo de tragedia, y más si el editor de Williams opinaba no tener fe en la novela pocos días antes de salir al mercado. Lo curioso es que New York Review of Books la reeditó en el año 1995. En cuestión de diez años, alcanzó la fama de una manera brutal. En España ha sido editada por la editorial tinerfeña Baile del Sol(imagen cubierta derecha), y en catalán por La Butxaca (imagen cubierta izquierda).  
  
Stoner es una historia donde la felicidad no existe, no hay venganzas, no hay nada edulcorado. Los hechos se muestran sin trampa ni cartón. Y como tal, me confieso, Stoner, pese a ser un hombre gris, a mí me ha seducido. Tom Hanks ya lo dijo: «Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro. Pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado».Ojalá los hombres malos fueran como Stoner. El mundo sería mejor.

Y vosotros, ¿habéis leído alguna novela que aborde el tema universitario?


 John Edward Williams (Texas 1922- Arkansas 1994. Dejó la facultad tras un primer año de suspensos y trabajó en periódicos y emisoras locales durante meses hasta alistarse en el ejército en 1942. Fue enviado a India y allí empezó a elaborar su primera novela. Nothing But the Night se publicó en 1948 y un año después se atrevió con un poemario, The Broken Landscape: Poems. Ambas publicaciones vieron la luz mientras retomaba sus estudios superiores en la Universidad de Denver. En esta misma universidad dio clases desde 1955 hasta su jubilación, en 1985.  Su segunda novela, Butcher’s Crossing llegó más de una década después, en 1960, pero el verdadero éxito le llegaría con sus dos últimas obras, Stoner (1965) y El hijo de César (1972). Por esta última se hizo con el National Book Award en 1972. Williams ya trabajaba en su quinta novela (The Sleep of Reason) cuando murió por un fallo respiratorio en 1994 (fuente: Lecturalia). 

La imagen de la cabecera corresponde a la cubierta ganadora de 2012, en Alemania.
https://labocadellibro.blogspot.com/2018/08/stoner-de-john-e-williams.html
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