lunes, 25 de abril de 2016

Bailando con Andrés Gómez Miranda: "La poesía es estar en un país cuya lengua no hablas con una guía de conversación equivocada"




Baile del Sol.- Un verano en Sulpiride parece el álbum poético de unas singulares vacaciones, ¿qué paisajes has querido recoger en las fotografías literarias?

Andrés Gómez Miranda.- Sobre todo, un paisaje ajeno -aún en su transformación constante- a cualquier cambio, ya que proviene de unos patrones casi inmutables como son los de la naturaleza humana. Los escenarios de los textos siempre se ven, se sienten, manchados por ese bokeh cansino de nuestros anhelos y cotidianidades. Somos seres aburridamente sociales.


BdS.- Hay un posicionamiento de cierta extrañeza ante lo cotidiano, que distorsiona los momentos más prosaicos, ¿es esa tu mirada poética?

AGM.- Es posible; a cada cual le sorprende algo y, personalmente, nada me resulta más intrigante que el tiempo. Quizás, el tiempo, en su inexistencia o su percepción, es el verdadero paisaje en Un verano en Sulpiride. Al tiempo le importamos poco y juega con nosotros como los niños cuando descubren un hormiguero.

BdS.- Los viajes y los documentos parecen querer facilitarnos algunos mensajes cifrados sobre nuestra existencia, ¿es así?

AGM.- En toda visita al interior de algo o de algún sitio se generan códigos tan solo patentes para los que ya hicieron esos viajes. No son secretos, pero sí son lugares comunes que requieren de un lenguaje previo para hacerse visibles. Lo hermoso del código es el sistema de planos que crea y cómo se evidencian o se difuminan dependiendo del receptor del mensaje, pero sin esconderse nunca.

BdS.- ¿Qué importancia tiene lo farmacológico en este poemario?

AGM.- Ni más ni menos que otros elementos que aparecen a lo largo del texto como meros modificadores de lo percibido. De hecho, soy más de vodka que de benzodiacepinas. Y hay más variedad de vodkas también.

BdS.- Muchos personajes pasan de refilón por Un verano en Sulpiride, son aquellos con los que nos cruzamos en los espacios comunes, ¿qué nos dicen al pasar?

AGM.- Nada. No dicen nada. Nosotros les atribuimos un discurso a partir de un lenguaje que creemos ver en ellos.





BdS.- También está la familia y la naturaleza que parecen cumplir un cometido más enraizador...

AGM.- Familia y entorno son la misma piedra:  la raíz de la memoria que nos conforma y nos moldea en nuestro modo de atender a la realidad. La vinculación con la tierra, la quieras o no la quieras, te defina por adhesión u oposición, es la única patria posible y pocas fronteras existen más claras y contundentes que una isoglosa.


"La vinculación con la tierra, la quieras o no la quieras, te defina por adhesión u oposición, es la única patria posible"




BdS.- ¿Es Un verano en Sulpiride una mirada crítica a nuestro modo de vida?

AGM.- No. De eso ya se encarga Tele 5, Radio María y El Jueves, suponiendo que sean cosas distintas.

BdS.- ¿En qué se diferencia la poesía de otros lenguajes literarios?

AGM.-La poesía se cimienta sobre la connotación; algo así como ponerse de acuerdo, al principio del texto, en que nada va a significar lo que parezca, ni va a aludir a los mismos campos semánticos en todos los lectores. La poesía es estar en un país cuya lengua no hablas con una guía de conversación equivocada.

BdS.- ¿Qué te gusta leer?

AGM.- Bastante poesía y novela norteamericana, aunque me obligo a ser errático y disperso en mis lecturas. Lo bueno de ser filólogo es que dedicas cinco años de tu vida a leer lo más aburrido del mundo; a partir de ahí, todo es fiesta.

BdS.- ¿En qué proyecto literario estás trabajando actualmente?

AGM.- En otro poemario y en algo que podía ser una novela.


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sábado, 16 de abril de 2016

No enviaremos rosas por el Día del Libro


Este año en Baile del Sol vamos a celebrar el Día Internacional del Libro por todo lo alto. Habíamos pensado hacerlo regalándoos una rosa con cada libro, pero… los servicios de transporte no nos garantizan que las flores lleguen frescas y fragantes a vuestras casas, así que hemos decidido que no enviaremos rosas.
Sin embargo, se nos ha ocurrido algo mejor: por cada libro que adquiráis en estos días en nuestra tienda online os regalamos otro de la misma colección, si es posible. O sea, si compráis un libro, recibiréis dos y, si compráis diez… recibiréis ¡veinte!
Además mantenemos el 5% de descuento y los gastos de envío siguen siendo gratis para toda España. ¿Os apuntáis a la fiesta? ¡Pues vamos, que la oferta se extiende desde el 10 al 30 de abril y ya tenemos el papel de regalo preparado!
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viernes, 15 de abril de 2016

Entrevista a Francisco L. Pozo en ileon.com

Francisco L. Pozo: "Los poetas somos seres que podemos soportarlo todo"

Manuel Cuenya | 12/04/2016 - 11:45h.

El poeta y fotógrafo berciano Francisco L. Pozo, autor de 'Para ver nacer el cataclismo', está a la espera de que alguna editorial se interese por su nuevo poemario. Además, tiene previsto  ponerse a trabajar en otras ideas relacionadas con la poesía visual.




    
Francisco L. Pozo. Imagen de M. Cuenya
Francisco L. Pozo es un poeta y fotógrafo nacido en el Bierzo Alto, en concreto en Igüeña, una bella población rodeada de montañas, con un valle de Bubín bucólico e inspirador, lo que le ha influido de un modo decisivo. De madre berciana y padre jienense, los cuales  se conocieron en la Barcelona de los años 60; donde fue concebido este creador, cuenta que no llegó a ver la luz del Mediterráneo, pues sus padres no acababan de adaptarse a la vida en la gran ciudad y decidieron nacerlo en el Bierzo, "al calor del carbón, que reclamaba, por aquellos años de 1968, mucha mano de obra".
Cree que ese su primer viaje, aún nonato, marcó de algún modo, "tal vez poético", el devenir de su vida posterior, sin sentirse nunca plenamente habitante del lugar donde le ha ido tocando vivir. Confiesa asimismo que su infancia en el lugar de su nacimiento ha sido el período más feliz de su vida, "tal vez el único", matiza, en ese intento por mostrarnos, como hiciera el poeta Rilke, que la infancia es la única patria verdadera, en la que se forjan los sueños y las ilusiones. "Hasta los 14 años tuve la suerte de vivir rodeado de montañas, ríos y bosques, en un pueblo minero, de ganadería y agricultura de montaña, con todas las vivencias que eso supone, y que sí, de alguna manera han influido en mis poemas. Pero también todo el éxodo posterior", apostilla este autor berciano, que fue precisamente a partir de los 14 años cuando comenzó a interesarse por la literatura, sobre todo por la poesía, "casi exclusivamente", de modo que su primera etapa como lector de poesía la dedicó a clásicos como Bécquer, Neruda o los poetas de la Generación del 27.
Y a partir de ahí recuerda con emoción leer a Carlos Edmundo de Ory, así como a algunos poetas de la Generación del 50, quedando deslumbrado al descubrir la poesía de los novísimos. Su lista de poetas sería muy extensa, en todo caso, e incluiría asimismo a grandes poetas como Juan Gelman, Olvido García Valdés, Clara Janés, Chantal Maillard, y muchos otros; "pero los poetas que más me han emocionado han sido César Vallejo, Pedro Casariego Córdoba, Miguel Suárez, Paul Celán o Ted Hughes", señala este apasionado de la naturaleza, de su tierra, de lo ancestral, "la inefable intrahistoria de nuestros ancestros del noroeste, desde la época oscura de los celtas hasta los tiempos más cercanos de hombres como el Tío Perruca, aquel rudo igüeñés que se abrazó a un oso 'para bailar o para matarse'", de ese Noroeste mágico y literario, que tanto inspirara, entre otros, al gran Antonio Pereira. "Hace mil años todo era noroeste", escribe Francisco en su poemario, 'Para ver nacer el cataclismo' (Baile del Sol, 2015), cuyo título nos predispone a adentrarnos en la tragedia y la desolación. "Hace referencia a un cataclismo interior, íntimo, sentimental, en el que sí cabe la desolación y se intuye la tragedia", reflexiona el autor, para quien este libro es un intento de poner fin a un viaje de ida interrumpido y así poder iniciar el viaje de vuelta. "Un viaje en el que hay varios paisajes tanto físicos como sentimentales: el Bierzo más rural de mi infancia, la juventud en el Madrid de los 90, y años más tarde de nuevo regreso al Bierzo de la burbuja inmobiliaria y la crisis a partir de 2008, económica, laboral y lo peor, sentimental: la muerte de mi hermano Antonio, mi separación y divorcio...etc.  La mayoría de los poemas están escritos por 'un hombre solo', en el silencio de una casa vacía, acaso roto por 'el murmullo hiriente del frigorífico'; un hombre solo que ve desde su ventana, afuera, 'más casas vacías' con más seres silenciosos y aturdidos en mitad del espejismo de una idílica 'llanura' -un descampado en realidad-, y al fondo, la ciudad de 'las puertas frías', con  su centro comercial y sus 'días del engaño'. Y más allá, ese hombre solo, ve desde su ventana, unas montañas que le esperan... 'para ver nacer el cataclismo'". La escritura, la poesía, en su caso, como un modo de ahuyentar los malos espíritus, para que no se cumplan sus miedos. Bajo esa idea están escritos, según él, los poemas que configuran este revelador libro, "escritos con el miedo de saber, y a la vez con la valentía de aceptar, que ocurrirá lo que ha de ocurrir". Una idea que ha extraído recientemente a partir de la lectura de la poeta argentina Alejandra Pizarnik: "escribo para que no suceda lo que temo".
"'Para ver nacer el cataclismo' es un viaje en el que hay varios paisajes tanto físicos como sentimentales: el Bierzo más rural de mi infancia, la juventud en el Madrid de los 90, y años más tarde de nuevo regreso al Bierzo de la burbuja inmobiliaria y la crisis a partir de 2008, económica, laboral y lo peor, sentimental: la muerte de mi hermano Antonio, mi separación y divorcio...etc."
La poesía, un modo de espantar los miedos
Deslumbrado por las primeras lecturas de Ory, Vallejo o Lepoldo María Panero, Francisco publicó su ópera prima, 'Espelunca', que recogía poemas de juventud. Se trata de "un trabajo muy digno", que apenas llegó a distribuir, si bien recuerda con mucho cariño una entrevista telefónica que le hicieran en un programa de Radio 3, pionero en el mundo de la poesía, en una época en la que decidiera irse a Madrid para cursar estudios de Periodismo, aunque finalmente no fuera muy perseverante ni en esta carrera ni en la poesía, hasta que años más tarde surgiera 'Para ver nacer el cataclismo'. En todo caso, se considera poeta desde que tiene conciencia, porque ser poeta, "más allá del valor artístico de la literatura y de los éxitos literarios", representa un modo de estar en el mundo, "lo que no tengo tan claro es si esta manera de afrontar el mundo le sirve de algo al propio mundo en el que vivimos", precisa este poeta, que entiende la escritura creativa como una actividad vital, como lo son otras artes: la pintura, la música... Y que "un poeta lo puede soportar todo", como dijera el propio escritor Roberto Bolaño, al que cita Francisco en su 'Para ver nacer cataclismo'.
"Creo que sí, que los poetas somos seres que podemos soportarlo todo  -¡menos a otros poetas! (esto lo escribo con humor)-, aunque de la misma manera también somos seres extraños, aquejados casi siempre de indefinidas fragilidades y melancolías que a veces no nos dejan vivir". Así se expresa este fotógrafo, poeta visual y aficionado al diseño gráfico, que encuentra una íntima relación entre la fotografía y la poesía, de modo que a menudo podemos ver, en su opinión, un poema como si se tratara de una foto, y, del mismo modo, captamos la poesía contenida en muchas fotografías. "No obstante he de aclarar que hoy por hoy el único proyecto artístico que me interesa es el poético, siendo la fotografía una actividad que no va más allá del pasatiempo y de una manera de relacionarme en las redes sociales -Facebook, Instagram, etc.-, y aunque continúo ávido de contemplar y captar imágenes, no tengo un proyecto artístico concreto".
"Aunque desde mi eremitismo berciano veo con envidia sana los múltiples y diversos eventos literarios que se realizan en la capital de la provincia, también me temo que en general el bosque impide ver los árboles"
Subraya Francisco que, si bien ha habido y hay grandes literatos y artistas en general en la provincia de León, conviene seguir trabajando para que León sea de verdad una referencia cultural importante y no una frase hecha. Desde su perspectiva de lector errático, cree que, tanto en el Bierzo como  en el resto de León, se está escribiendo muy buena poesía. Además de los consagrados Gamoneda, Colinas o Mestre-,  señala a poetas como Luis Miguel Rabanal, Carmen Busmayor, Sara Otero, y por cercanía berciana, a Ester Folgueral, Fermín López Costero, Antonio Cubelos o Amparo Carballo. "Si hablamos de Literatura en el sentido de la farándula y el ambiente literario -no soy asiduo a estos fastos-, y aunque desde mi eremitismo berciano veo con envidia sana los múltiples y diversos eventos literarios que se realizan en la capital de la provincia, también me temo que en general el bosque impide ver los árboles; en el otro extremo, en el Bierzo, la actividad cultural y literaria es casi nula, por no decir inexistente, aquí los escritores somos hijos del yermo", especifica Francisco Pozo, quien ya tiene nuevo poemario, porque, aunque publicara su 'Para ver nacer el cataclismo' en agosto del pasado año, ya lo había finalizado en 2012, lo que le ha permitido darle forma a su nuevo poemario. Ahora espera que alguna editorial se interese por su obra. Además, tiene previsto  ponerse a trabajar en otras ideas relacionadas con la poesía visual.
Entrevista breve a Francisco L. Pozo

"La vida es más que la literatura, aunque la literatura es la vida"

¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?
Como es obvio, los libros han estado siempre muy presentes a lo largo de mi vida, más allá incluso del hecho de haberme diplomado en Biblioteconomía y Documentación, disciplina en la que, por cierto, no he tenido la suerte de desarrollarme profesionalmente.
Ya desde muy joven fui conformando mi biblioteca, sobre todo con libros de poesía.

Es a estos libros adonde acudo regularmente; por ejemplo al de la poeta italiana Antonia Pozzi, desconocida durante mucho tiempo, cuya poesía sencilla me emociona mucho, e incluida a su vez en otro libro que poseo como un tesoro: la 'Antología de poetas suicidas', de Fugaz Ediciones. Y del género narrativo citaría una de las pocas novelas que leído varias veces, 'El claro de los trece perros', de Jorge Márquez, libro muy original y al que también le tengo un cariño especial.
Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).
La vida es más que la literatura, aunque la literatura es la vida. Así que elijo a las personas antes que a los personajes. Pero a las personas sin historia; aunque probablemente estas se acaban convirtiendo en los grandes personajes de la historia de la literatura.
Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).
Posiblemente haya muchos, en general no me interesan los lugares comunes de lo lírico y el solipsismo sentimental, no me gustan nada los términos "escribir poesías"; prefiero centrarme en aquellos autores que me emocionan con un uso más arriesgado del lenguaje y que intentan que el poema sea lo que es, una obra de arte hecha con palabras que construye su propia realidad -lo dice Gamoneda-, no yo.
Un rasgo que defina tu personalidad.
Eso sería mejor que alguien lo contestara por mí, pero diría que tengo cierto "don de gentes". Pero en general, me desconozco mucho, por eso escribo poemas. Añadiría que intento sobre todo ser bueno, a la manera de Machado.
¿Qué cualidad prefieres en una persona?
La honradez y que también intente ser todo lo buena que pueda.
¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?
La política actual me aburre y me decepciona cada vez más. Admito que no debe ser fácil ser político hoy por hoy en el mundo y creo que estamos al final del modelo capitalista actual, pero sin tener idea de cómo ha de ser lo que venga. A la sociedad la veo estancada en lo humano, ciega, triste, esclava de la tecnología y del mal. Necesitamos urgentemente un cambio de paradigma: la dictadura del bien, el advenimiento de una nueva humanidad, que deba ser el germen de aquella que colonice finalmente el universo.
¿Qué es lo que más te divierte en la vida?
En general valoro mucho el buen humor, la comicidad. Pasear por el monte, bailar y sentir la música, conversar con la inteligencia... Pero lo más divertido es ser libre, aunque "sólo sea para decidir las cosas que no importan" (Carlos Barral).
¿Por qué escribes?
Porque no tengo sueños realizables. Para reírme del no amor. Para vengarme de Dios. Para que mi hijo sea inmortal.
¿Crees que las redes sociales, Facebook o Twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?
Uso sobre todo Facebook e Instagram. Tienen su lado bueno, por supuesto, pero son una trampa, por eso se llaman redes. La literatura y la poesía del futuro sin duda la escribirán las máquinas, pero aún deberíamos pasar más tiempo con los libros de papel. Aunque solo fuera una excusa para plantar más árboles.
¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?
Tal vez por mi formación en Biblioteconomía soy muy dispersivo; aunque ya desde siempre me ha interesado todo: la naturaleza, la ciencia, las matemáticas, la criptografía, los visigodos, las hormigas, la pornografía, mis miedos. Me apasiona codificar poéticamente todo este maremágnum que nos concierne. Es por eso que acudo mucho a lecturas técnicas, ensayos, la historia. Cualquier cosa menos los lugares comunes. No soporto los lugares comunes.
¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?
Después de ese largo periodo huido de la poesía, en 2009 puse en funcionamiento el blog http://poesiamovimientoperpetuo.blogspot.com.es, como un intento de ponerme al día de la actualidad poética. Lo mantuve durante un tiempo, y aunque que creo que los blogs siguen siendo una buena herramienta literaria, finalmente, y aunque me costó adaptarme a Facebook, creo que es la manera más cómoda de interactuar con otros poetas.
Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.
(Escribe, lee), vive y deja vivir.

jueves, 14 de abril de 2016

Reseña de La piel de la Lefaa, de Juan R. Tramunt en La República Cultural

Julio Castro – La República Cultural

Hay aspectos de la descripción de los personajes que hace Juan R. Tramunt en su novela que llaman la atención, por lo antagónico de sus intenciones. Por una parte deja entrever una forma contundente y casi exhaustiva de trabajarlos, porque casi a cada pasaje está inundando con sus características y sentimientos el texto, hasta tal punto que los ojos con los que vemos los paisajes y ciudades que se recorren, rara vez se alejan de los ojos de sus protagonistas. Sin embargo, el desarrollo de esta novela del género negro deja claro que, como digo, las intenciones van más allá, que esconde mucho, no sólo en lo que se refiere a la intriga, sino en cuanto a la personalidad de cada uno, que a veces queda en el aire.

Estamos ante una intriga que no es inocente, que aborda problemas de entornos geográficos distantes, pero comunes en una cuestión: los hilos del poder y del contrapoder. Un policía destinado en Canarias descubre casualmente un punto de conexión entre un informe genérico de Interpol, y la posibilidad de un atentado de gran relevancia en el entorno de África Occidental. Esa será su perdición y su destino en la novela. Por otra parte, una fotógrafa, pareja de un reportero de un diario nacional francés, decide trasladarse a Marruecos porque no aguanta más tiempo de separación

Los conflictos y el lugar

El autor decide incluir más que de soslayo la cuestión saharaui en el nudo argumental, donde se muestra el compromiso contra la opresión, y es cierto que, en determinados momentos, la narración puede inducir a dudar de la deriva del texto respecto al conflicto que encierra Marruecos contra el pueblo saharaui, pero en un momento dado queda clara la forma de exponerlo, sin neutralidades.

Las dos líneas argumentales se sustentan en los capítulos duales, que recogen momentos casi siempre paralelos y, en ocasiones, lugares comunes. El recorrido aparentemente más contemplativo, casi onírico podría decir, dirige un trayecto a través de la geografía aparentemente recreada en las imágenes de la fotógrafa, hasta la frontera sur del Atlas, donde cada cual tomará definitivamente el camino hacia su destino. Entre tanto hay realidades encontradas, que se irán despejando en el camino y, sobre todo, entre la mente de sus personajes y la del lector.

Dos venenos, el del argumento y el del viaje

Encontramos una dualidad generalizada, la que se refiere a los universos que trata es una de ellas, contrastando la vida europea con la punta del iceberg africano, que surge del continente a través del mundo árabe marroquí, el más “occidentalizado” que, aún debiendo ser muy próximo al nuestro, se traduce en un modo de vida diferente, desde el color, el olor y el sabor, hasta la luz y el paisaje.

Otra manera de encontrar la dualidad está en la de sus personajes, que afrontan universos tan opuestos como el de un hombre y una mujer, un policía y una fotógrafa, aunque, finalmente, ambos buscan un fin concreto: la estabilidad y la comodidad de una vida tangible en su entorno habitual.

Pero, como quiera que el título marca los hechos, la lefaa, además del apodo del buscado protagonista principal, es el de una mortal serpiente del desierto africano, un encuentro que, en aquellos parajes, significa el final seguro del viaje, como así será. Y digo que hay dos venenos, porque uno es el de la propia serpiente, y otro es el del estilo de este libro, que atrapa los ojos del lector hasta el final, para luego asesinarlo de forma traicionera: el veneno del libro se extenderá desde la trama hasta después de cerrar la contraportada.

Los argumentos que rodean la intriga

El contenido del libro aborda temas colaterales, pero de gran importancia, desde la ineptitud que parece generalizada en las fuerzas policiales, a la indiferencia del poder frente a la realidad social de los pueblos. Es importante, porque definen, como ya señalaba antes, el marco en el que se sustenta la parte principal y decisiva de la narración.

El desarrollo argumental contiene la intriga principal, que se dota de otras curiosidades adicionales que rodean la narración, despertando la curiosidad del lector hacia los personajes y su manera de ser: es fundamental dejarse llevar por cada un@ de ell@s, porque serán quienes nos arrastren a ese entorno colosal y también a los otros más diminutos. Ahí es posible ver rasgos poéticos en lo más ornamental que no se expresa literalmente en las descripciones, pero que queda sobrevolando algunos momentos.

Definitivamente, la aventura no sólo está en la historia principal, por más que suelte su veneno al final, sino en los recorridos que hacemos con el autor.

miércoles, 13 de abril de 2016

Reseña de ‘Bajo el cielo amazónico’, de Leoncio Robles en Culturamas


Por Ricardo Martínez Llorca
Bajo el cielo amazónico
Leoncio Robles
Baile del sol
Tenerife, 2014
270 páginas

El pesimismo, ese pesimismo social que uno inevitablemente siente como si fuera un sentimiento propio, no se aniquila. Solo cabe saber que uno pone toda su voluntad en aniquilar los motivos que generan el pesimismo. De ahí el valor que tuvo la canción protesta, o que sigue teniendo la canción protesta y la traducción de la canción protesta a otros ámbitos. Pienso en los documentales de Michael Moore o en cierta literatura, tal vez la de Saramago, sin duda la de Santiago Alba Rico. Y también en el documento. En este caso, el documento escrito. Como estas frases que Leoncio Robles (Huaraz, Perú) pone en boca de un asháninka, uno de los habitantes de las cuencas de los afluentes del Amazonas:
“–Uno no tiene palabras para calificar a esa clase de patrón –reflexionó ahora–. Un sinvergüenza. Un Explotador. Tiene al peón endeudado y hace lo que quiere con él. Si no cumple con el trato, lo amenaza incluso de muerte.”
Porque este no es un libro trasnochado. No. Da la impresión de que nos hable de cosas que sucedieron en otra época, de capataces que azotan a esclavos, de sobreexplotación, de envenenamientos masivos para que se abandone una región con intención de que un multimillonario aumente su riqueza, de policía corrupta, de territorios bajo la ley de la fuerza, de desapariciones de los que levantan la voz, del exterminio ecológico sin control. Como si todo eso que ya no parece suceder en Europa, esa lucha de clases tan cruda, tan subida de volumen, no sucediera porque Europa parece haberla eliminado. Aunque ahora podemos comprobar que sigue existiendo, hasta el punto de llamar refugiados a gente desahuciada a la que no da refugio, sino que la rechaza con violencia de gas lacrimógeno.
Esa violencia está presente en este viaje de Robles a los territorios amazónicos que bordean la frontera entre Perú y Brasil. Y allí topa con la indigencia, con el exterminio étnico, con ríos contaminados por la explotación minera, con la ineficacia de los controles sobre la explotación del bosque o su exterminio. La naturalidad con que Robles va conociendo a los personajes, tratándoles con un cariño solo al alcance de los grandes novelistas, incluso a los colonos que se avienen a entrevistarse con él, está a la altura de los grandes. No pierde de vista el motivo que le ha llevado hasta allí: el arrebato contra la injusticia. Pero incluso a los provocadores de lo salvaje que cruzan alguna palabra con él sabe describirlos con verosimilitud, es decir, con una humanidad que puede ser repugnante, pero no deja de ser humanidad.
Pero lo más interesante es el método con el que consigue dar voz a los que no la tienen. Robles es un prosista de raza, dotado de un oído fuera de lo normal. Bastan los párrafos en que el narrador describe su viaje para comprobarlo. Pero más difícil aún es conseguir reflejar la voz de los desamparados, de los analfabetos, de hombres y mujeres que apenas hablan algo de español. Y él consigue que esas voces sean creíbles. Y si son creíbles, también lo es lo que narran: los métodos de endeudamiento a los que se les somete, las fronteras que ponen a sus movimientos, su rabia frente a la imposibilidad de doblegar a un sistema más poderoso que ellos. Esa misma rabia que siente Robles, pero por la que no se deja llevar a la hora de escribir. Sin embargo, sí consigue que se apodere del lector. Porque este libro que, por razones desconocidas ha pasado desapercibido, es una demostración de gran literatura: el escritor no pierde la noción de que su proyecto literario es estético para que pueda ser ético. O para recordarnos esas cosas que está bien que alguien nos recuerde de vez en cuando.

viernes, 8 de abril de 2016

Bailando con Carlos Ortega Vilas: "Escribo pensando que de un momento a otro todo va a torcerse".



Baile del Sol.- ¿Cómo definirías el conjunto de historias que reúne Tuve que hacerlo y otros relatos?

Carlos Ortega Vilas.- Agrupé los relatos que conforman esta antología siguiendo un mismo hilo conductor, aunque las historias no comparten ni escenarios ni personajes, son independientes. Ese hilo no es otro que las relaciones sociales, los conflictos que surgen de ese «roce» que no siempre hace el cariño. Ahí aparecen la familia, la pareja, los amigos… Las relaciones de poder, la infancia… En general son historias de personajes inmersos en un sistema al que creen pertenecer o del que desean formar parte, pero que al mismo tiempo los rechaza, los enajena —cuando no son ellos los que intentan zafarse de ese sistema. El otro componente que, pienso, sirve como aglutinante de estas historias es una cierta sensación de extrañeza ante lo cotidiano, que a veces abordo mediante la irrupción de un elemento fantástico o utilizando una voz irónica que toma distancia.

BdS.- Los cuentos que contiene son muy sugerentes y mantienen una tensión narrativa nada fácil de conseguir, ¿cuál es tu proceso de construcción?

COV.- Suelo tener muy claro el desenlace. Casi siempre trabajo con un guion previo donde apunto las ideas principales, los nudos de la acción. Una vez que comienzo a escribir me centro en cómo conducir al personaje hasta ese punto sin retorno que he imaginado, así que puede decirse que construyo las historias en función del desenlace. Eso no significa que me gusten los finales cerrados: al contrario. Casi todas las historias tienen un final abierto, busco que el lector tome decisiones, que de algún modo se involucre en la historia que le estoy contando. Lo que sí procuro es cerrar la trama principal. Creo que la tensión narrativa es fruto, en parte, de la atmósfera. Escribo pensando que de un momento a otro todo va a torcerse —a veces ocurre—, forma parte de mi manera de percibir la realidad. Eso genera una atmósfera que a su vez suscita esa intriga, pienso, que mantiene la tensión. Como en la vida misma…

BdS.- En muchos de ellos, la sonrisa se le queda al lector congelada en los labios...

COV.- Ahora que lo dices, me da cierto cargo de conciencia… Pero creo que el humor negro, si es a eso a lo que te refieres, facilita una distancia emocional que en mi caso, al menos, es necesaria a la hora de escribir, o de escribir determinadas historias. Supongo que también utilizo la ironía como reacción a los cuentos morales, o moralizantes, que detesto, porque los mensajes de este tipo me parecen un intento de manipulación por parte del autor. No me gusta sentirme manipulado, sea cual sea el mensaje, y procuro evitar los juicios morales cuando escribo. Por otro lado tengo muchas referencias de autores angloamericanos, alemanes, austríacos, húngaros... El humor negro es una constante en muchos de ellos (con sus particularidades, por supuesto). Pero tienen en común una manera de contar que es la que más se aproxima a mi carácter. Supongo que esas lecturas también han influido en mi forma de entender el humor. Y la escritura.

BdS.- Describes ambientes familiares en los que parece que nada va a alterar la calma de los personajes y luego, ¡zas!, ocurre lo inesperado, ¿es el relato breve una buena herramienta para generar este tipo de historias?

COV.- Sin duda. Si un relato —que por definición es breve— está bien urdido, puedes coger desprevenido al lector, porque no ha tenido tiempo de perder la concentración, algo que no sucede con la misma intensidad en la novela, por ejemplo. El relato juega mucho con el efecto que produce lo inesperado. En la novela lo inesperado se va construyendo capítulo a capítulo (si no hacemos trampa, claro) y parte del efecto tiende a diluirse, porque para que resulte verosímil hay que dejar muchas pistas al lector. Si somos honestos serán, además, pistas verdaderas. Las pistas falsas me enojan tanto como las moralejas. Aunque lo inesperado resulte estimulante en cualquier género, creo que el relato es el que mejor se presta a plantear esta sutil dislocación de la realidad —o de lo conocido, mejor—. Esa nota levemente disonante en una melodía conocida, esa imagen que asoma de forma fugaz en un espejo, ese objeto que no debería estar ahí y que provoca una sensación de «inquietante extrañeza». Un mecanismo que está muy presente en el relato desde Poe. O desde E.T.A. Hoffmann. O quizás desde mucho antes…


"Aunque lo inesperado resulte estimulante en cualquier género, creo que el relato es el que mejor se presta a plantear esta sutil dislocación de la realidad".


BdS.- Llama la atención también el manejo del diálogo en varios de los relatos, otorgando mucha rapidez a la historia. Háblanos de este recurso.

COV.- El diálogo es el recurso que más se aproxima a una interacción… iba a decir «verdadera», pero para mí todo lo que un autor escribe debe transmitir verdad, en cada palabra, de manera que el lector olvide lo antes posible que está inmerso en una ficción. Digamos entonces que el diálogo es lo que más se aproxima a una interacción natural, sobre todo cuando no interviene narrador alguno. Utilizo el diálogo porque procuro caracterizar a los personajes en acción, por lo que dicen y por la intención con que lo dicen. No es tanto un recurso para dotar de dinamismo una historia, como una forma de presentar a los personajes sin intervenir demasiado como narrador, o como autor. Supongo que tiene que ver con mi manera de contar. En mi cabeza hay escenas, planos, personajes que actúan y se mueven, efectos sonoros y de iluminación… en lugar de capítulos, retratos estáticos de los personajes, figuras retóricas. Por otro lado, me gusta el estilo cinematográfico, tan propio del realismo sucio. El diálogo resulta congruente con ese estilo.









BdS.- ¿Qué autores de relato breve nos recomendarías?

COV.- Hay tantos… No voy a hacer una lista, porque todos tenemos en mente a los escritores que más han destacado en este género. Pero voy a nombrar a tres: J.D. Salinger, Paul Bowles y Marina Perezagua, una escritora española con una imaginación y una fuerza narrativa extraordinarias, fuera de serie. No son autores que hayan cultivado el relato breve en exclusiva (casi, en el caso de Salinger. Marina Perezagua acaba de publicar Yoro, su primera novela. Bowles se movió como pez en el agua entre ambos géneros), pero sus cuentos son especialmente significativos para mí. Puestos a recomendar, me quedo con estos tres autores.

BdS.- ¿En qué proyecto literario trabajas actualmente?

COV.- Ahora mismo tengo dos proyectos entre manos: por un lado, llevo unos tres años trabajando en una obra larga, que ha requerido un esfuerzo importante en términos de documentación. Por otra parte, sigo escribiendo relatos, de cara a una nueva antología. Muy ilusionado, además, porque en unos meses espero ver publicada mi primera novela (o la primera que me atrevo a enviar a una editorial).


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jueves, 31 de marzo de 2016

Bailando con Yolanda Ortíz: "Lo más interesante que el ser humano puede aportar a la literatura es su fragilidad, sus dudas, su angustia"



Baile del Sol.- Manotazos al aire es un poemario sin concesiones, que se asoma, entre otras cosas, al dolor propio y al ajeno, ¿cómo te enfrentas a esas heridas?
Yolanda Ortíz.- Después de darle muchas vueltas, me parece que el poema nace del equilibrio entre ser una realidad otra –una realidad literaria– y su origen en la herida, es decir, tan mala me parece la poesía que habla de la herida sin convertirse en objeto literario, como aquella que es objeto literario sin indagar en la herida, porque creo que en el centro del poema tiene que latir algo real, algo que sacuda a quien lo escribe y, si el posible, a quien lo lee. Entonces, la respuesta es que no entiendo la escritura de otra manera que encontrándome de frente con la emoción, eso tiene una parte de sufrimiento, pero también de catarsis, porque el proceso intelectual te ayuda a colocar y a comprender. Para mí esta poesía puede tener dos peligros: primero, el efectismo; segundo, que uno acaba lavándose la conciencia o «limpiándose el grito en el poema».

BdS.- El aliento del poemario también parece ser la falta de comunicación, de conexión, esos manotazos que se dan al aire...
            YO.- Se me ocurre que manotazos al aire es la cara opuesta del poema Masa de Vallejo, la cara opuesta de esos versos que dicen «Entonces, todos los hombres de la tierra / le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;  / incorporóse lentamente, / abrazó al primer hombre; echóse a andar...». Poco muerto vamos a resucitar mientras que estemos cada uno en nuestra baldosa, lamiéndonos nuestra propia herida. Pero también está la idea de esa torpeza que somos, no saber muy bien cómo hacerlo o no querer saberlo y permanecer perdidos y, por último, creo también que esos manotazos son los intentos poéticos de expresar todo esto.

BdS.- La incomodidad, el extrañamiento, el vacío... también aparecen en muchos de los poemas, ¿es esta incertidumbre un buen caldo de cultivo para el verso?
YO.- Como dice Javier Krae: «prefiero caminar con una duda, que con un mal axioma». Creo que lo más interesante que el ser humano puede aportar a la literatura es su fragilidad, sus dudas, su angustia. Me parece, como dices, que la incertidumbre es el lugar de la poesía o, al menos, de la poesía que a mí me gusta, esa que intuye pero no sabe del todo y necesita de la analogía para decir y así ensancha la realidad y la construye en el papel.

BdS.- ¿Tiene la poesía alguna clave para aproximarse a esa falta de empatía emocional?
YO.- Voy a responder con las palabras que el poeta Sergio Franco dedica a la poesía de Isabel Tejada: «Y tal vez lo más paradójico de esta aventura sea que el hecho de asomarse a los propios abismos conlleve finalmente abrir una ventana al mundo […]. Esta experiencia analítica, este reconocerse viene a ser un paso indispensable para, posteriormente, interpretar, ya no solo los accidentes de nuestro interior, sino la realidad más prosaica  o milagrosa para así poder comprenderla, denunciarla, cantarla o denostarla». En resumen, supongo que una poesía en la que el autor indaga en su propio abismo, es el paso indispensable para ponernos en la piel del abismo del otro.

BdS.- ¿Qué importancia tiene en tu poesía la observación del otro? ¿Y la propia?
YO.- Hay algo que los novelistas y los dramaturgos dicen de su labor como escritores, que les permite meterse en la piel de otros; la poesía como tradicionalmente se ha considerado como expresión de los sentimientos del poeta parece que se queda al margen de esta posibilidad y no es así, a mí la poesía me permite tener otra carne, inventar otras vidas, indagar en el dolor de los otros, previvir experiencia; ahora bien, siempre elijo realidades que me tocan con intensidad: Viorica Balenescu, la chica de Europa del Este que observé durante meses; Papaché, que es mi abuelo, o en Deseo que mueras,  intento comprender lo que siente alguien que gasta su vida al cuidado de alguien a quien ama.


"Poco muerto vamos a resucitar mientras que estemos cada uno en nuestra baldosa, lamiéndonos nuestra propia herida".



            BdS.- ¿Qué sabe tu poesía de la muerte?
YO.- Saber, sabe poco; pero preguntarse, se pregunta mucho. La muerte es un hecho que me obsesiona, aunque suene a adolescente gótica o poeta romántico, y no sólo como miedo, sino por el extrañamiento que me produce la frontera entre el ser y la nada, los límites del cuerpo, la negrura que siembra a su alrededor. Preguntarme la muerte siempre está en mi poesía,  no puedo quitármelo de encima.




BdS.- ¿Cómo definirías tu lenguaje poético?
YO.- En manotazos me parece que es muy visceral, muy en carne viva, con un deseo de mirar de frente lo doloroso y lo terrible que nos habita y que nos rodea. También tiene algo de experimentación, de intentar «jugar» con palabra, indagar en sus posibilidades, buscando maneras nuevas de decir, pero intentando mantener un hilo referencial que ate al lector.
el miedo detrás es un libro posterior que publicó Gabriel Viñals en su editorial Ejemplar Único y me parece que sigue esa línea de mirar el dolor de frente, mantiene lo descarnado de manotazos, pero creo que es una poesía más introspectiva y una palabra poética más acendrada, con algunos poemas más breves y menos explícitos.

 BdS.- ¿Qué te gusta leer?
YO.- En general, me gusta la ficción,  es decir, me gusta lo que está dentro de la literatura –o rondándola–, lo que me hace indagar en la realidad, pero desde el objeto literario; eso sí, me encantan Nooteboom y Kapuscinski en el ensayo.  Una vez en la literatura, le pego a todo, con un amor especial por la Latinoamericana, que me parece que posee una capacidad para el riesgo envidiable y por un estilo seco, descarnado, sin concesiones al lector. Por citar algunas obras y autores que me han marcado mucho: en teatro, los argentinos Gambaro y Cossa y el inglés Pinter, los cuentos de Onetti, los de Cortázar; Pedro Páramo de Rulfo; Plop, de Pinedo; Los detectives salvajes, de Bolaño; Salón de belleza, de Bellatin; El hombre que amaba a los perros, de Padura; La carretera de Corman McCarthy; Stoner de John Williams; Una soledad demasiado ruidosa de Hrabal, Klaus y Lucas de Kristof; la poesía de Vallejo, de Gelman, de Boccanera, de Huasi, de Peri Rossi, de Bonnett, de Valente, de Maillard, de Szymborska, de Enrique Falcón, de Ana Pérez Cañamares, de Julio Espinosa, etc., etc., etc. y la de aquellos que tengo más cerca y que tanto me alimenta, la de Ángel Rodríguez, Juan Cruz, Sergio R. Franco, Isabel Tejada,  Mara L. Gavito, Gracia Morales, Elena Felíu, Inmaculada Garrido, Paco Gámez, Pedro L. Casanova, Joaquín Fabrellas, Molina Damiani, Fernández Rojano, Antonio Negrillo, Fernández Malo, Lombardo Duro. Hay mucha novela, porque hasta ahora la novela me ha servido más para escribir poesía, que la poesía misma.

BdS.- ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?
YO.- Desde hace meses, vienen unos patos silvestres a nadar en nuestra piscina y para mí es una escena muy sugerente: lo salvaje que invade lo doméstico, el porqué de su elección, las malas hierbas habitándonos, la belleza de lo decadente… por ahí va la cosa, veremos qué sale. 


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