sábado, 20 de agosto de 2016

Reseña de LA MUÑECA RUSA, de Juan Miguel Contreras en Cuentos Pendientes

miércoles, 17 de agosto de 2016

La muñeca rusa, de Juan Miguel Contreras

La muñeca rusa, de Juan Miguel Contreras (Ed. Baile del Sol)


Nunca sabremos lo que piensa un astronauta soviético perdido que contempla la Tierra desde el espacio, pero podemos suponer que se verá desbordado por la soledad y la sensación de punto final. La muñeca rusa fue la novedad del catálogo de Baile del Sol que más llamó mi atención durante la fiesta de presentación de las novedades de primavera – verano que la editorial organizó en la librería Vergüenza ajena en junio, a la que acudí a presentarMil dolores pequeños. Juan Miguel Contreras, en su turno de intervención, nos habló de un astronauta soviético que va a la Luna y nunca vuelve, y de cómo esa figura, y sobre todo la manera de borrarla de la historia, se convierte en la obsesión de su hija, a la que acaban tomando por loca.

Esa trama no es ni mucho menos la única que aparece en La muñeca rusa, pero me hizo querer leer la novela. Esa trama parcial me recordó inevitablemente a mi relato Rescate, incluido en Beber durante el embarazo, en el que un hijo reconstruye la vida de su padre, cosmonauta soviético, que fue el primero en llegar a la Luna pero que no pudo regresar y al que también condenaron al olvido.
Un escritor está buscando muchas veces, como lector, mundos estéticos y de intereses parecidos al suyo. Otras veces no, claro, otras veces quiere leer justo lo contrario a lo que intenta escribir. Pero una novela con esa historia en la trama no podía dejarla pasar, así que la compré y Juan Miguel pudo firmármela. Atrasos y conflictos entre lo que uno quiere hacer y lo que la realidad dicta que haga, una dinámica que a veces se mete hasta en nuestras lecturas, ha hecho que no me haya puesto a leerla hasta agosto. Quizá agosto sea un buen mes, con su calor y sus ciudades desiertas, para leer un libro que rescata el mundo del telón de acero, que nos llena la cabeza de secretos y de cosmonautas. El año pasado, también en agosto, vi esta exposición en La casa encendida de Madrid,http://www.lacasaencendida.es/exposiciones/arstronomy-incursiones-el-cosmos-4512, de la que me he acordado mientras leía esta novela.

La muñeca rusa es, según la solapa del libro, algo así como la segunda novela de Juan Miguel Contreras, que también ha publicado un libro de relatos, además de ser librero, tramoyista y editor. Comparte con el narrador de su novela por tanto el interés por el teatro y la profesión de librero. ¿Qué quiere decir algo así como la segunda novela de un autor? No lo sé exactamente, pero se habla de una primera novela, Cuando acabe el invierno, y se habla también de una primigenia versión de La muñeca rusa. Que el autor permita que se hable de una primigenia versión del libro que vamos a leer creo que indica que considera que aquel era un libro sustancialmente distinto al que vamos a leer, y por eso no sé si hablar de segunda o tercera novela. ¿Qué más da, en realidad?

La muñeca rusa es una novela corta, de unas 170 páginas, cuyo título remite a dos ideas, o así me lo ha parecido. Por un lado a Irina Belokoneva, la hija del astronauta desaparecido, y por otro a la estructura de la historia y su semejanza con las matrioskas, haciendo de la novela una historia en el interior de otra y en el interior de otra.

La muñeca rusa empieza en Praga en 1.968, con la invasión de los tanques soviéticos tras la llamada primavera de Praga. Allí, en Praga, está ingresada en un hospital psiquiátrico, Irina Belokoneva, que apareció contando una disparatada historia de astronautas desaparecidos, y en particular la historia de su padre, Alexei Belokonev. En ese hospital hay un celador, Milos Meisner, que es el personaje central de la novela. Uno de los dos. Diría que el importante, pues el narrador se guarda un discreto papel de observador. Nos habla un poco de su vida, contextualiza (y muy bien) la historia, pero no le quita protagonismo a Milos, que muchos años después será un artista que ha pasado por Londres, por París, por Toulouse, entre otras muchas ciudades, y que ha llegado a un pequeño pueblo de Almería persiguiendo una de esas becas que le permiten a los artistas ponerse a crear sin preocuparse por cómo subsistir.

Allí, en Almería, a través de la mujer que lo aloja como parte del programa, una actriz retirada, llega hasta el narrador, librero en esa pequeña localidad costera. La estructura de historias que encajan en otras me dificulta avanzar en el resumen de la trama, pues me viene a la memoria, hablando del pasado como actriz de Greta, que es su amante, que el librero insinúa en algún momento que es hijo de un famoso actor, a quien no pone nombre pero a quien, desde mi relativa incultura cinéfila, he identificado como Omar Sharif. Esa clase de detalles, en apariencia innecesarios, y que narrativamente es posible que lo sean, dibujan con mucha más profundidad a los personajes y hacen que la novela esté llena de vida, y van completando el juego de apariencias, verdades y mentiras.

El librero ha llegado allí como por casualidad. Parece que se mueve así por el mundo. Heredó la casa de su abuela y decidió poner allí una librería. Vive encima de su negocio y vende, sobre todo, libros en inglés y alemán para extranjeros que pasan allí unos días. Se aburre. Sueña. Habla de una enfermedad renal que le obliga a estar cerca de un hospital donde tienen que tratarlo a menudo. No puede viajar. Por eso le fascina la historia de Milos y las historias que se esconden en Milos. La de Irina, la de los cosmonautas soviéticos, la de Praga, la Praga en la que Milos se juntaba con artistas y aprendía de Bohumil Hrabal, aquella Praga post – 68 en la que le retiraron el carnet del partido a muchos escritores, como Kundera, y fueron tomando el camino de la huida. Hrabal, que intuyo que es un autor que interesa mucho a Juan Miguel Contreras, pues uno de los epígrafes iniciales de la novela es suyo y otro es del recientemente fallecido Peter Esterhazy sobre Hrabal, tiene un peso importante en la novela. Es una especie de referencia que va y viene, como escritor y amigo, en la vida de Milos.

El lector se siente parte de esas conversaciones entre cafés en el mostrador de la librería. La prosa es contenida y dibuja muy bien matices y sensaciones. Hay constantes referencias al olvido y a cómo la historia se va dibujando entre olvidos y recuerdos. La memoria funciona en ese caso como un escultor que del bloque de piedra va quitando lo que le sobra, y uso esa imagen por relacionarla con el trabajo artístico de Milos.

Las misiones soviéticas que fracasaban desaparecían de la historia. Porque los soviéticos eran maestros en el arte de borrar a los colaboradores caídos en desgracia de las fotos. Y por eso nadie hablaba del padre de Irina Belokoneva, y hasta tuvieron suerte, porque a las familias de otros astronautas desaparecidos las borraron directamente del mundo. Me parece fascinante la recreación de una ciudad secreta, en el Asia Central, hacia la que van a preparar aquella misión suicida, Belokonev y su familia, una ciudad que se llama como otra ciudad que no es, para que nadie sepa exactamente dónde están, de modo que así el borrado de las huellas sea más fácil. Es tan fácil borrar el pasado como matar a la gente y dejar de hablar de ella. Tan fácil como usar el mismo nombre para la misma misión, olvidando que la anterior fracasó. Hay un Gagarin que tapa a los Belokonev. Tres misiones Vostok 1 antes de la que realmente funcionó.

El dibujo de algunos proyectos artísticos está muy bien hecho. El narrador nos habla de la reproducción de la Luna que Milos hizo en Toulouse, o el trabajo artístico que emprende sobre la gente que forra los libros, cómo lo hace y por qué lo hace, y las fotografías que trata de tomar de esos lectores ocultos, y ahí hay un nuevo punto de conexión con mi particular mundo de obsesiones y preguntas.

El trabajo del fotógrafo Josef Koudelka sobre la invasión soviética de Praga y las detenciones y huidas de la ciudad. Otra exposición que vi en el otoño pasado en la Fundación Mapfre. Otro punto para apoyar la obsesión.

La muñeca rusa es una novela que se lee en una larga tarde de agosto en la que la luz del sol no se acaba de poner y se piensa y reconstruye durante la semana siguiente. Es una de esas novelas que cogen la historia, la desmontan, y nos llevan a preguntarnos cuánto hay de leyenda. Al lado del libro tienes un cuaderno y un bolígrafo y apuntas nombres de artistas checos, astronautas y misiones soviéticas, y por la noche buscas en Google lo que has apuntado para saber qué es verdad y qué está inventado para hacer la realidad más digerible. Dedico veinte minutos de mi vida a buscar información sobre el libro Gravedad, de Armand Coppens, y parece que no existe. Es el libro que Milos quiere leer, es el libro que le consiguen. Para que se vea que la estructura de muñecas rusas es la descripción adecuada, no sólo a la novela, sino a la realidad, el tal Armand Coppens, según mi breve investigación y algunos textos que leí en ella, parece ser un autor fantasma, que muy probablemente no se llamaba así, que no se sabe quién fue, y que escribió un libro llamado Memorias de un librero pornógrafo. El juego final.

Seguiremos leyendo y disfrutando de buenos libros como éste.
Felices lecturas
Sr. E
http://cuentospendientessre.blogspot.com.es/2016/08/la-muneca-rusa-de-juan-miguel-contreras.html

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jueves, 18 de agosto de 2016

Reseña de TRABAJAR CANSA de Javier Morales en Librújula

Javier Morales novela en Trabajar cansa (Baile del Sol) una historia de dramas laborales y personales. 



título Trabajar cansa
autor Javier Morales
editorial Baile del Sol
122 págs. 10 €.

Tan pavesiano título también podría haber sido “Vivir cansa”, puesto que trabajar y vivir, para la gran mayoría de personas, supone una misma cosa, cada cual en el orden que se desee. Freud cifró la felicidad en el amor y el trabajo; por tanto, si uno de estos dos pilares básicos cojea, entonces la cosa se hunde. Los protagonistas de esta nouvelle, dos matrimonios instalados en el hastío, sufren el deterioro de alguno de estos dos elementos y, en ese sentido, se nos presentan como seres incompletos, abocados a la frustración y al derrumbe emocional o laboral. Javier Morales (Plasencia, 1968) ha escrito, por tanto, una obra enteramente actual, anclada en esta época de vaivenes y precariedades, donde la gran invención de la clase media ha empezado a hacer aguas. Frente a ello, el peso de los sueños, los anhelos y las ambiciones de antaño no tardan en agrietar la argamasa de una estabilidad laboral y conyugal que se revela más frágil de lo esperado. En un intento de falcar el pilar que cojea, los personajes se dan a la evasión de idealizadas relaciones extramatrimoniales, a la lucha sindical, a la renuncia del empleo que ya no satisface, todo en mitad de un triste paisaje de derrota y cansancio.
Trabajar cansa es la crónica de un fracaso cotidiano que ha acabado engullendo a muchos por el desagüe del desencanto, pero también es una reivindicación por la dignidad de los que resisten y una apuesta por la lucha contra la adversidad. Es este un libro triste, como sus personajes, escrito con un lenguaje directo y sin barroquismos. Se hubiera agradecido un mayor riesgo verbal, algo para lo que Morales sin duda está suficientemente curtido, pero aun así la lectura de esta obra despereza e ilumina, que no es poco.

martes, 16 de agosto de 2016

Reseña de Koundara, de David Pérez Vega en laRepúblicaCultural.es


Entre los hilos que nos rodean
Publicado el Martes 16 de agosto de 2016, a las 00:25h



Portada del libro de relatos de David Pérez Vega en la editorial Baile del Sol. Cubierta: David Moreno Marimbaldo.
DATOS RELACIONADOS


Título: Koundara
Autor: David Pérez Vega

Editorial: Baile del Sol (2016)
Colección: Sitio de fuego
Formato: encuadernación rústica con solapas; 189 pág.
ISBN: 978-84-16794-21-8



Julio Castro – La República Cultural

Tiene una manera diferente de abordar los relatos, pone la mirada en lugares a los que, usualmente, nadie miraría, y señala aspectos de la vida cotidiana que resumen en pocos caracteres la esencia de sus personajes. O más bien de ciertas personas, porque parece que son relatos tan tremendamente realistas, que es difícil sustraerse a la verdadera existencia de sus vidas.

A través de su Koundara, David Pérez Vega recorre siete paisajes vitales diferentes, que él agrupa en dos apartados: el primero lo titula Los viajes, el otro Bajo determinadas circunstancias. Todos sus relatos carecen de inocencia, como también están ausentes de cualquier juicio de valor hacia las personas que aparecen: sencillamente son de esa manera. El conjunto de los viajes se traslada a recorridos que pueden transitar entre un viaje a través de dos países del África subsahariana, a servir de eje central desde Atenas, o bien a un Londres lleno de contrastes suburbanos.

Entre los tres relatos agrupados en el primer apartado, va quedando claro para quien aborda su lectura que, ni son indiferentes, ni dejarán de provocar ciertas inquietudes. Inquietudes que van a ir creciendo a lo largo de las siguientes cuatro narraciones, como ya demuestra el mismo título de este segundo bloque, donde las circunstancias rigen los momentos que marcan situaciones en sus participantes.

“Pudo ver a través de la ventana, sobre la lona que cubría la piscina, los movimientos de un gato intentando abandonarla. La lona se combaba levemente bajo su peso y el gato, furioso, trataba de deslizarse sobre ella hacia el bordillo, resbalando”. Este breve fragmento deAcrópolis, sirve para describir o sintetizar el paralelismo de los sentimientos de su protagonista. Nada tiene que ver con el gato, pero toda la actitud del recorrido escrito sobre sus años de relación, acaban conduciendo hasta ese punto, donde inevitablemente veremos a un individuo voluntariamente atrapado en un lugar inusitado o sin correspondencia con ninguno de sus sueños.

De sueño o pesadilla podemos calificar la vivencia de Mónica, la madre Álvaro en Tétras de ojos rojos, que trata de recuperar la vida de su alevín, intentando salvarlo de sus mentiras, de sus patologías, y de sus problemas en la escuela, para encontrarse ella misma en un mundo paralelo de imágenes, que sólo conducen a la destrucción.

La cuestión que acaba marcando la narrativa del autor, más allá de cuestionar las relaciones humanas, reside en la dificultad de observarse cada cual en medio de esas relaciones, de las maneras en que los hilos que están tejidos alrededor del yo, y a conectando con el yo, no suelen significar lo mismo para quien los ve en primera persona que para el conjunto de su entorno, así que, cabe preguntarse ¿cómo se ven los demás metidos en su red? La respuesta más fácil es suponer que la mayoría no se observa de esa forma. La más compleja para nuestra sociedad es suponer que todo el mundo calla.

Hay dos peculiaridades en el conjunto de la elaboración de estos relatos de David Pérez Vega: la primera se refiere al estilo propio del autor, y es la de ser capaz de terminar la narración en el punto que quiere, sin previo aviso. Dicho de otro modo, utiliza estructuras de narración que podrían ser vistas como “irreverentes” para quien desee un final cerrado, algo estándar, un final que sólo afecta al núcleo principal por el que se espera que discurra la historia. Pero el autor tiene sus propios deseos, y la mirada que practica de las situaciones suelen multiplicarse de tal forma que, avanzando en el relato, cualquier línea de evolución es posible, y él decide dónde y cómo cierra el conjunto de situaciones afectadas.

En cuanto a la segunda particularidad se refiere más al desarrollo del contenido que al estilo, y es que cada uno de los relatos que contiene esta publicación de la editorial Baile del Sol, podrían constituir el núcleo o el punto de partida de una novela completa. Eso es algo que se constata a partir del primer relato, Koundara, que da título al libro, donde se nos afilará el deseo de una continuidad en la narración, cuando el autor ya tiene marcado el punto de cierre de esta historia. Ni merma ni da mayor intensidad a los relatos el hecho de esta estructura, pero permiten imaginar que un buen día decida recrear historias diferentes a partir de las situaciones de sus personajes.

Pérez Vega que, además de novelista publica poesía, tiene una densa trayectoria en pocos años tanto en uno como en otro género, aunque parece que es la primera incursión en la publicación de relatos, con un resultado tremendamente interesante.


lunes, 8 de agosto de 2016

Entrevista a Ana Esteban en elpulso.es

“El carácter de sugerencia que tiene un cuento perfecto lo acerca a la poesía”, según la autora de “Peces de charco”.

%22Peces de charco%22FGR: Háblanos, Ana, sobre este tu primer volumen de relatos y lo que has experimentado como novelista al trabajar este género literario presuntamente menor.
AE: Tenía algunos cuentos escritos, y mientras trabajaba en una novela pensé en hacer un volumen con ellos, pero luego solo rescaté dos o tres y alguno más que tenía empezado y sin concluir. A partir de ahí, empezaron a surgir otros nuevos, y pronto me di cuenta de que todos los personajes se movían en la misma esfera de la actualidad y en la misma escenografía urbana. Eso hizo que alguno saltara de un relato a otro, o que compartieran a veces un contexto. No pienso los relatos a partir de una historia, sino desde la aparición repentina de un personaje al que le está sucediendo algo, sin importarme quién es ni cómo ha llegado aquí: solo puedo verle en el punto en que se encuentra, y entonces empieza a dar vueltas en mi cabeza y lo llevo al papel.
La base de un cuento es una trama girando apretada en torno a una circunstancia, y esta es la diferencia fundamental con la construcción de una novela, donde todo se abre y se ensancha. Ver con claridad cómo afectará a la vida del personaje esa situación que atraviesa, y dejar que el lector intuya la amplitud de su encrucijada sin llegar a contarla es lo más difícil a la hora de escribir un buen relato. Ese carácter de sugerencia que tiene un cuento perfecto lo acerca mucho a la poesía: la complejidad de su significado y su impacto emocional llegan más concentrados que en una novela, así que su interpretación es un placer para quien lo lee. Yo diría que es un género que requiere un lector más diestro o con más sensibilidad literaria, por eso no es tan popular como la novela, y por eso lamentablemente no muchas editoriales apuestan por él. Seguir diciendo que es un género menor después de Poe, de Kafka o Chejov, después de todos los grandes autores del cuento contemporáneo, y afirmarlo mientras la literatura actual compadrea con otras expresiones —series, cómics, redes sociales y demás—, es medir su dimensión con los manuales que blandía la crítica de otro tiempo.
FGR: Los recuerdos, la ciudad (pongamos que hablo de Madrid) y la soledad en la que se debaten sus habitantes son una referencia temática en tu obra…¿nos encontramos con una literatura de las emociones?
AE: Para mí la literatura es algo emocional, porque el asunto de la literatura es la condición humana. Toda manifestación artística tiene que ver con la emoción y surge desde ella, pero la literatura es la única de las artes que no se limita a expresarla, sino que indaga en todos sus aspectos para obtener un significado más profundo de lo que somos, de cómo es nuestro paso por la vida. La escritura, tal como yo la entiendo, parte de una búsqueda constante y se filtra desde el conocimiento de la experiencia propia y la cultura en la que se vive. Quizá por eso mis escenarios son sobre todo urbanos y la soledad siempre está rondando a mis personajes. El tiempo te enseña que todos estamos un poco solos, estemos donde estemos, y que la única posesión que al final tenemos son nuestros recuerdos, lo que hemos hecho; también en eso se apoya lo que escribo.
FGR: Viví muchos años con mis abuelos en la plaza de Matute y tu artículo sobre ella, donde también hablas de Cervantes, que vivió en los aledaños, me ha traído a la memoria muchas cosas…Madrid sin duda es un espacio matriz privilegiado para la creación, no sólo literaria. Los tiempos corren y vuelan. ¿Cómo percibes esta ciudad, aquí y ahora, sobre la que muchas veces escribes?
AE: Pues últimamente la percibo bastante sucia, como todo el mundo, deteriorada por nuestra dejadez. El caso es que amo a esta ciudad y su paradoja: es muy hospitalaria y a la vez algo inhabitable. A veces tienes la impresión de que todo sucede en ella, que si te marchas por un tiempo te vas a perder cosas irrepetibles, te vas a quedar atrás, en desventaja, sin saber muy bien de qué. Cuando voy al campo me embarga la extensión de la naturaleza, esa paz que te da el bosque, la montaña o la llanura, lo necesito y también necesito estar junto al mar al menos una vez al año, pero creo que soy animal de ciudad, me inspira más una calle y lo que pasa en ella que un hermoso paisaje. Disfruto en Madrid porque se deja abarcar, y tiene un aire entrañable, como de pareja antigua: la amas y la odias a un tiempo pero sobre todo la amas. A veces creo que me gusta la vida urbana porque la vivo en Madrid, y que en cualquier otra ciudad no me gustaría en absoluto.
FGR: ¿Tus autores favoritos?
AE: Nunca sé muy bien cómo responder esta pregunta, porque la lista sería muy larga y seguro que bastante caótica. Como estamos hablando de relato, y empezando por los inmortales, por supuesto digo Chejov y Kafka, pero también otros nombres de aquí y allá que me parecen grandes del relato: Katherine Mansfield, Ignacio Aldecoa, Felisberto Hernández, por ejemplo. Me gustan especialmente los clásicos americanos de la estela Chejov, como Carver, Salinger o Cheever, y algo más recientes pienso en James Salter, George Saunders o Lorrie Moore. Otros autores como Askildsen, Bolaño o Gonzalo Calcedo, también están entre mis favoritos. Es una relación improvisada, porque siempre ocurre que después te acuerdas de muchos más autores que te gustan y que te has vuelto a dejar fuera.
 FGR: La actualidad va fagocitando la experiencia de lo real y muchas voces pontifican sobre la muerte de la novela ¿cómo ves tu, como novelista practicante, esta cuestión?
 AE: No creo que la novela como género narrativo se muera, porque contar y absorber historias está en nuestra naturaleza. Lo que ocurre es que en esta cultura, donde prima todo lo visual y lo nuevo, tiene una competencia feroz, ya no es la única vía que tenemos para acceder a otros mundos como lo fue antiguamente. La novela sobrevive plegándose a este tiempo, mientras incorpora otros elementos o adopta otras formas (pienso por ejemplo en el auge de la novela gráfica, en su hibridación con la crónica, en libros-objeto como La casa de hojas de Danielewski). Lo que ya no podemos hacer es leer novela desde una premisa purista, o escribirla de espaldas a la actualidad o a una realidad cada vez más compleja. Aun con su influencia obviamente mermada, y pese a que ya no volverá a ser la misma, la novela permanecerá para sus lectores conviviendo con todo lo demás, porque sigue siendo un medio perfecto para bucear en nosotros mismos, en lo que somos.
FGR: ¿Cómo escritora cual es tu relación con las nuevas tecnologías de la comunicación?
AE: En cuestiones tecnológicas soy bastante torpe y algo perezosa, lo que me avergüenza un poco; por otro lado, la obsesión por la popularidad en las redes es una enfermedad de nuestro tiempo que me resulta ridícula. Antes tenía la convicción romántica de que si lo que escribes tiene cierto valor podrás aportar algo al mundo, tus libros estarán donde tengan que estar y llegarán por sí solos hasta tu lector ideal, pero supongo que hoy en día es una ingenuidad pensar esto. Lo cierto es que escribir es una tarea solitaria y a veces te mantiene fuera de todo; a mi me gusta ese aislamiento creativo, pero me angustia la sensación de que sin el apoyo o cierta actividad en redes sociales eres invisible, y si eres invisible lo que hagas no llega a nadie. Así que aunque no me manejo con mucha destreza, al menos tengo una página donde cuelgo lo que voy escribiendo o publicando, y una cuenta de Facebook donde he descubierto la alegría de compartir, conocer gente y ver qué se hace por ahí fuera.
 FGR: ¿Qué estás preparando para un cercano futuro?
 AE: Una novela en la que trabajaba cuando me sumergí en los cuentos, o más bien dos, porque ando dando vueltas también a la que tenía en un cajón. Ojalá sea para un futuro cercano como dices; soy una escritora lenta, y además por el camino me entretengo con otras pasiones: el periodismo y mis talleres literarios.
* Ana Esteban (Madrid, 1964) es autora de las novelas Es solo lluvia (Debate, 2001) La luz bajo el polvo (Ediciones del Viento, 2006), y del libro de relatosPeces de charco (Baile del Sol, 2016). Ha escrito artículos, crítica de cine y de libros, entrevistas y crónicas en El SemanalEl País, El Asombrario, Buensalvaje y otras publicaciones, reunidas también en su web Crónica Spleen .

martes, 2 de agosto de 2016

Reseña de Anestesia de Inaxio Goldarecena en 1000 y un libros y reseñas

Anestesia (Inaxio Goldaracena)



Título: Anestesia
Autor: Inaxio Goldaracena
Editorial: Baile del sol
Año: 2016
Nº de páginas: 68
ISBN: 978-84-16320-24-0


Del autor:

Nacido en Pamplona el 1975.

Antologado por Cosmoanónimos Cosmopoética, 2015, LeTour 1987 Wine&Roses, 2015, Bartleby Editores En legítima defensa, 2014, Ediciones Liliputienses Diva de mierda, 2014,  Amargord Poesía antidisturbios, 2015 y Poetas del s.XXI.com, 2015.

Fotografía del Diario de Navarra
Tiene editado el poemario ANESTESIA (Tenerife, 2016) y dos poemarios inéditos: Piel sin fronteras (Premio NajiNaaman, Beirut, 2010) y Laberinto de Sueños (Premio Elvira Castañón, Asturias, 2009).

Ha realizado una muestra antológica de poesía crítica en Navarra Luces y sombras, 2014.


Modera la tertulia de poesía LA CASA ROJA en la librería KATAKRAK (Pamplona). Articulista para la revista digital de poesía http://inaxiogoldaracena.lagallaciencia.com Administra el blog sobre lecturas de poesía: http://halcondelanoche.wordpress.com


Sinopsis:

Hay poetas que viven a la intemperie porque saben que no existe otro modo de vivir si quieren que, esa nube que les persigue a todas partes, les llueva la palabra sombra, la palabra noche, la palabra tiempo. Después, cuando llegue el insomnio escurrirán la bruma, licuarán el dolor y emprenderán su camino, siempre el mismo: el camino hacia el lobo. El camino hacia el lobo es el fruto de los poetas.


Me acuerdo de Trakl y de su Sumisión a la noche, de su Canción de las horas. Inaxio Goldaracena también canta temores nocturnos aunque sobre la mesa haya frutas amarillas. Quizá la lluvia fecundó manzanas silvestres entre sus pulmones, manzanas que se niegan a ser semillas de ningún árbol, que prefieren dormir por él, soñar por él, y dictarle hermosísimos poemas.

 Opinión:

Hay que felicitar a la Editorial tinerfeña Baile del Sol, por varias cosas: por su calidad, por su innovador catálogo, pero sobretodo por su apoyo a la poesía, a la que como bien dicen sus editores, han dado acomodo, más que eso, diría yo, han conseguido que muchos autores, en su mayoría jóvenes, encuentren una editorial que apueste por ellos incondicionalmente.

La anestesia, como todo el mundo sabe, es una sustancia química que produce una pérdida o ausencia temporal de la sensibilidad y que se utiliza en cirugía, si bien, muchas veces, podemos utilizar el término, para referirnos por ejemplo a la sociedad, y decir que vivimos en una sociedad anestesiada, una sociedad zombi, que camina sonámbula por sus ciudades (que Inaxio nos las presenta grises y tristes), sin importarle lo que le pasa a las personas que habitan en ella.

Sonámbulos y noctámbulos, son los habitantes de las ciudades de Inaxio, noches en vela, noches en un bar, noches, que el autor compara con el café.

Estos sentimientos, son los que nos hace llegar Inaxio en muchos de sus poemas, sentimientos de dolor, de soledad, toda una serie de miedos, que sufrimos muchos, que son comunes en las personas con una mínima sensibilidad.

El poemario está dividido en cinco partes: exactamente antes, sonámbulo, no duerme el animal, intemperie e instante.

Siguiendo con el hilo principal que une al poemario de Inaxio, podemos descubrir varias referencias que van a deleitar al lector, como el minucioso poema dedicado al famoso cuadro"Nighthawks" (Noctámbulos), de Edward Hopper, conocido pintor estadounidense contemporáneo, que se dedicó a retratar  la soledad en la vida estadounidense, y que me ha fascinado.

"Nighthawks" de E. Hopper 


La sensibilidad del autor, sigue aflorando más adelante, más allá del arte, con el poema "Amnesia", dedicado en esta ocasión, a la noche del 9 de noviembre de 1938, "La noche de los cristales rotos", en la que hubo un estallido de violencia contra los judíos, en el tercer Reich, preludio de la más cruel guerra que hayamos padecido.

Anestesia, es un poemario necesario, para reflexionar y despertar a la sociedad del letargo al que nos han sometido y al adormecimiento al que voluntariamente nos hemos acostumbrado.

Valoración:  8/ 10 Notable