sábado, 11 de junio de 2016

Entrevista a Agnés Desarthe a propósito de CÓMEME en Librújula

"EL SEXO Y LA COMIDA REPRESENTAN LA INTIMIDAD, EL PLACER, EL ACTTO DE COMPARTIR".

texto INMA LUNA 
foto DANTE DESARTHE

Cómeme es el sugerente y carrolliano título de la novela que la parisina Agnès Desarthe acaba de publicar en España, con traducción de Iballa López Hernández, en la editorial Baile del Sol. Se trata de una historia engañosamente amable que pone sobre la mesa de un restaurante algunos dilemas morales que la sociedad de lo políticamente correcto ha convertido en auténticos tabúes. El lado oscuro de la maternidad o las pulsiones sexuales de una mujer madura hacia un adolescente son algunos de los charcos en los que se mete la potente voz de Desarthe. Lo hace, además, en un contexto tan delicioso que es capaz de conseguir que los malos tragos se digieran con una media sonrisa.

Cómeme es, en cierto modo, una novela tan engañosa como Alicia en el País de las Maravillas, en el sentido de que parece que nos enfrentamos a una historia amable cuando los temas que aborda son verdaderamente espinosos.
¡Eso prueba que la ha leído atentamente! En serio, creo que esa impresión se debe a mi método de trabajo. Cuanto más grave es el tema, más lo abordo de manera indirecta, con humor. Me horrorizan los lamentos y el espíritu de seriedad. A mi modesta manera, practico el comic relief shakespeariano. Ante la negrura, e incluso ante el horror, mi reflejo consiste en buscar por dónde introducir el humor. Es a la vez una forma de cortesía y un arte poético.
Myriam, la protagonista, arrastra algunos secretos nada fáciles de digerir, que son prácticamente tabúes en nuestra sociedad, especialmente para una mujer. ¿Cree que la literatura tiene la obligación de acercarse a estas cuestiones incómodas en momentos en los que la corrección política adquiere tintes de censura?
En 2006, cuando escribí el libro, nunca pensé que algún día tendría que contestar a esta pregunta. En aquellos tiempos lejanos, la corrección política era un tema que se tomaba a risa. No obstante, cuando la novela se publicó en Francia, tuve que hacer frente a cierta forma de rechazo por parte de determinado tipo de lectores. Creía que la libertad sexual que mostraba mi personaje corría el riego de chocar, pero no fue así. Lo que resultó difícil de «tragar», por no decir insoportable, fueron las páginas en las que Myriam, la protagonista, la madre, experimenta dificultades para acceder al amor materno. Es como si perdiera el hilo. Sin saberlo, había trazado el retrato de una madre desnaturalizada (lo cual nunca ha sido para mí). Cuando terminaban los encuentros con los lectores, venían a verme mujeres y me preguntaban con aire desconfiado: «¿Tiene hijos?». Si contestaba que sí, seguían, con un aire más feroz aún, con un «¿Y los quiere?». Ahí se escondía el tabú. No había pensado en ello.
Entonces, ¿no se había propuesto, a priori, abordar este tema?
Había querido hablar de la maternidad (un tema, a mi entender, poco presente en la literatura) y me había parecido más fructífero explorar la ausencia que la plenitud. No reivindico especialmente el derecho de una mujer a amar o no amar a su hijo. No me planteo esa cuestión. En cambio, como escritora reivindico el derecho a crear personajes que no sean necesariamente, o no en todo momento, simpáticos, sin que se me juzgue moralmente. Aunque, en realidad, me da un poco igual ese tipo de críticas. Sobrevivo muy bien a ellas. Solo haría falta que determinados lectores entendiesen que las cualidades de un buen ciudadano no tienen por qué ser las de un buen personaje novelesco. Esa forma de candor que está tan extendida es en gran parte consecuencia de la corrección política. Dicho movimiento, que surgió legítimamente de la lucha contra el racismo, se desvió rápidamente para convertirse en una mordaza muy eficaz. Las cosas empezaron a torcerse a partir del momento en que señalar una diferencia constituía un insulto. Como si ser diferente fuera necesariamente algo malo. La obsesión es la uniformidad. A fuerza, una suerte de Establishment burgués se ha convertido en la norma deseada por todos. Pero ¿qué es de los márgenes, esas zonas tan importantes de la oposición y de la creación? Por lo tanto, sí: a la literatura no le queda más remedio que luchar.
El amor se pone en Cómeme, y nunca mejor dicho, encima de la mesa y cuestiona muchos de sus tópicos. ¿Aprendió algo nuevo acerca de este sentimiento mientras escribía?
El tópico contra el que luché de manera más directa, creo, fue el del amor materno y lo que aprendí fue que… ¡una no tenía ningún derecho a hacerlo! Por lo demás, quería explorar los vínculos que existen entre el amor y el deseo; en lo que a ello respecta, sigo indagando.

Myriam es una mujer que busca reconstruirse. Gracias a su restaurante se va encontrando con gente que la ayuda en ese recorrido; personajes con los que establece relaciones que se alejan de los modelos habituales…
No sé cuáles son los modelos habituales. A lo mejor no veo demasiada televisión… Una de las cuestiones que sigue fascinándome no es el mal, sino el bien. Comprendo lo que conduce a la gente a actuar mal; el de acaparar, el de salvar el propio pellejo, son deseos muy naturales. En cambio, el anhelo de hacer el bien, de ayudar, cuando no se sustenta en la fe religiosa o en una culpabilidad excesiva, sigue siendo un misterio. Creo en el placer de hacer el bien, soy testigo de ello a diario. En medio incluso de los horrores que vivimos en estos momentos hay instantes virtuosos. ¿Dónde nacen? ¿Qué fuerza es esa que nos empuja hacia la dulzura y nos mueve a compartir (rara vez, es cierto, pero que aun así lo hace)? Los personajes con los que se va encontrando Myriam ceden ante esa tentación de la virtud. ¿Se debe quizá a que la persona que tienen ante sí ya no tiene nada que perder, es auténtica y, a pesar de todo lo que le ha sucedido, o quizás gracias a todo ello, es idealista?
La comida y el sexo tienen mucha importancia en el relato. ¿Qué vinculación hay entre ellos? ¿Los convierte Myriam en una especie de tabla de salvación, la hacen sentirse viva?
El sexo y la comida representan la intimidad, el placer, el acto de compartir, la pulsión. El hecho de que Myriam pase de uno a otro supone un intento por «integrarse», por dejar de sembrar el desorden. Alimentar a los demás es para ella una forma de canalizar su deseo. Pero para ella ambos gestos son muy cercanos: «Lo que he amasado con la mano, tú te lo metes en la boca», así es como lo ve ella. Es la manera que halla para relacionarse con los demás sin correr el riesgo de destruir sus vidas o la suya propia. Una forma de domar la violencia de las relaciones.
Tengo entendido que en algunos países se censuró el título porque veían connotaciones sexuales en la palabra “Cómeme”. ¿Qué opinión le merecen estas decisiones?
Yo lo que veía, sobre todo, era una cita de Lewis Carroll, por ello me sorprendió mucho que, en concreto, las ediciones inglesa y americana no tomaran el título francés. De hecho, la connotación sexual no me habría molestado. A lo mejor habría atraído a un mayor número de lectores… ¿quién sabe?

¿Qué peso ha tenido en la elección de un restaurante como escenario para la novela su propia afición a la cocina?
Escribí este libro para salvarme a mí misma de la tentación de abrir un restaurante. Cocino muchísimo, con constancia y pasión. Pero, en la época en la que empecé Cómeme, la cocina había desplazado a la escritura. Pasaba más tiempo en el mercado y ante los fogones que en mi escritorio. La razón era simple: la mayoría de la gente tiene hambre tres veces al día, y tienes la certeza de poder complacerlos si les pones de comer. Y, si la comida está buena, te lo agradecen efusivamente. Conozco a pocas personas que se quejen porque tienen hambre de historias (personalmente soy así, pero me considero un caso aparte). Cuando escribes, con el tiempo terminas preguntándote «¿para quién?, ¿por qué?». El inmenso impulso dirigido al otro en la escritura no es forzosamente recíproco. Creo que, en la época de Cómeme, me sentía un poco desengañada o defraudada por el poder de la literatura. Desde entonces, he dejado de hacerme la pregunta. Escribo a pesar de ello. Tal vez el mismo hecho de saber que el arte no sirve para nada con el tiempo se ha convertido en una forma de reivindicación política. Un ensañamiento voluntario contra la rentabilidad y la productividad.
¿Hay paralelismos entre la puesta en marcha de un restaurante y la construcción de una novela?
Se pueden trazar numerosos paralelismos entre cocina y escritura: el equilibrio de los sabores, lo picante y lo dulce, el contraste entre lo suave y lo crujiente, la consistencia y el grosor de los trozos, etcétera. La gran diferencia estriba en el hecho de que la escritura es cosa de soñadores, mientras que un restaurante, en tanto que empresa, exige del gerente una forma de seriedad y organización de la que carezco. Pero en ambos casos hay una toma de riesgo, el deseo de hacer las cosas bien… y un cansancio enorme.
Myriam bautiza a su restaurante con el nombre de Mi Casa y ciertamente lo es para ella. ¿Qué importancia tiene en Cómeme el hogar como espacio en el que sentirse persona?
Tal vez sea una manera de jugar con la «habitación propia» de Virginia Woolf. ¿Qué es el hogar? Es el lugar del calor, pero también de la creatividad. El hogar es también el lugar en el que nos sustraemos a la mirada de los demás, lo cual nos permite ser nosotros mismos. En el caso de Myriam, su restaurante es por defecto un hogar, una forma de recrear la serenidad perdida.
El dolor y el poso de la violencia también están en las raíces de esta historia, y parecen marcar de forma determinante a su protagonista. ¿Qué “come” a lo largo de la novela para irlo superando?
¡Qué bonita pregunta! ¿Qué come Myriam? Se alimenta de la sorpresa, de lo desconocido. Aprende una profesión. Isaac Babel decía que «aprender es el mejor remedio contra la depresión». Estoy muy de acuerdo con esa visión. No cesar nunca de aprender es una manera de seguir en movimiento y de construirse un porvenir diferente.
A pesar de un trasfondo áspero, también hay en Cómeme un fino sentido del humor y mucha ternura, ¿le resultó difícil compaginar las emociones contradictorias?
Como decía al responder a su primera pregunta, el humor y el dolor son compañeros de viaje inseparables. No se trata únicamente de una cuestión de ética, sino también de estética. Una vez más esa cuestión de contraste, de dar relieve a través de la diferencia.
La literatura también está muy presente en la vida de Myriam. Entre sus poquísimas posesiones está una pequeña biblioteca con sus imprescindibles. ¿Coinciden estos con los suyos?
Esa pequeña biblioteca es parte de la mía. Yo también tengo una docena de libros que me rodean en determinadas épocas, los tengo sobre la mesita de la noche. Leo varios de ellos a la vez. La selección cambia, evoluciona. Depende de las inquietudes que tenga en ese momento, de las búsquedas que realice para el libro que esté escribiendo; también se va formando en función de la gente con la que me voy encontrando. La literatura es sin duda una baliza, un lugar de utopía y libertad como no existe otro igual.
La novela resulta bastante cinematográfica, ¿hay algún plan en este sentido?
En varias ocasiones ha habido productores que compraron los derechos pero no llegaron a finalizar el proyecto. En estos momentos hay una nueva tentativa. Espero que termine realizándose, pero creo que los flahsbacks, entre otras cosas, plantean dificultades.
¿Cómo espera que se reciba Cómeme en España?
Dado que España es una gran nación literaria y culinaria, creo que el libro debería tener una buena acogida. Al menos ese es mi deseo.

miércoles, 8 de junio de 2016

Entrevista a Jorge Majfud en Mito Revista Cultural

Jorge Majfud
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La escritura sin anestesias de un uruguayo universal: Entrevista a Jorge Majfud

Jorge Majfud Albernaz (Tacuarembó, 1969) es un escritor, arquitecto y profesor uruguayo radicado en Estados Unidos. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República del Uruguay, donde se graduó en 1996. Es máster en literatura y doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad de Georgia en 2008. Es conocido por sus novelas y ensayos que aparecieron en medios de prensa[1].
Entre sus méritos y distinciones, Majfud es miembro de PEN Club Internacional. Ha recibido el Premio de Excelencia en Investigación (Excellence in Research Award) de la Universidad de Georgia en 2006, y el Faculty Award for Excellence in Scholarship and Professional Activities.
Fue compilador, editor, traductor y prologuista de Ilusionistas, de Noam Chomsky, y de Ventanas de Eduardo Galeano. Algunos de sus trabajos fueron publicados con otros artículos de otros autores y en antologías:Hiroshima, Truman Segunda Independencia de Hugo E. Biagini y Arturo Andrés Roig. Aguilar, Altea, Taurus and Alfaguara (Buenos Aires, 2007), De la Indignación a la Rebeldía, Madrid: Ediciones Irreverentes, 2013),Las palabras pueden (UNICEF, 2007), 2099 Antología de Ciencia Ficción(Madrid, 2013).
Entre sus obras constan: 1996, Hacia qué patrias del silencio (Memorias de un desaparecido), Crítica de la pasión pura, La Reina de América, El tiempo que me tocó vivir, ensayos, La narración de lo invisible / Significados ideológicos de América Latina, Perdona nuestros pecados, La ciudad de la Luna, Cyborgs, Crisis, El eterno retorno de Quetzalcoátl, Cuentos, Cine político latinoamericano, El pasado siempre vuelve, cuentos, Algo salió mal, cuentos.
Revista Mito: Buenos días Jorge. Muchas gracias por haber aceptado esta entrevista.
Jorge Majfud: A ustedes. Mito es sólo una muestra, aunque remarcable, de todo el trabajo serio que realizan ustedes.
Revista Mito: ¿Se definiría usted como un autor comprometido?
Jorge Majfud: Espero serlo, aunque eso siempre puede ser discutible y, para algunos, hasta reprobable. Pero, en ese sentido, pertenezco a la antigua tradición de la modernidad. La estética no tiene ética, pero la ética tiene una estética y algunos no podemos desmembrar una de otra, como en un laboratorio se puede aislar un órgano vital de resto del cuerpo. La literatura del compromiso, más que comprometida, es laestética de la ética, más o menos consciente, en el acierto o en el error. El compromiso y la responsabilidad moral de cada individuo aumentan con el grado de poder que cada uno tiene. Es extraño que nadie hable de “hombre de negocios comprometido” o algo así. Siempre nos dejan el fardo a los “improductivos”, a los “inmaduros”, como decía Benedetti, “a la escoria de la sociedad”, aquellos que se aplauden y se premian por (y para) no molestar demasiado, para domesticarlos. La cultura actual ha llegado al consenso, a veces explícito, que si los intelectuales de un país se dedicaran a escribir novelas entretenidas, “fáciles de leer”, si se dedican a componer canciones de amor y con mucho contenido sexual y gastronómico, es decir, no contaminadas por la realidad más dura, todos serían felices, hasta los esclavos… La anestesia se usaba en el siglo XIX en los circos para hacer reír, hasta que Horace Wells, un dentista estadounidense, observó que un espectador sangraba sin dejar de reírse.
Revista Mito: ¿Cuáles son, entonces, los instrumentos de los escritores comprometidos para evitar la anestesia?
Jorge Majfud: Básicamente tienen las palabras como instrumentos de acción, que no es poco. Por eso suelen ser acusados de peligrosos extremistas. Si tuviésemos armas, poderosos ejércitos y millones de dólares para influir en la opinión de una sociedad, en la conciencia y en las vidas ajenas, seríamos considerados moderados, como lo establece la tradición.
Revista Mito: ¿Existen ecos autobiográficos en su producción literaria?
Jorge Majfud: Sí, sin duda, como en cualquier escritor que no trabaje por encargo. La diferencia es que algunos no rehuimos de ellos, no elegimos fabricar historias que se puedan vender según un estudio previo de mercado. En mis ficciones, por ejemplo, yo mismo advierto la recurrente presencia de la infancia, incluso en esos momentos en que uno escribe como si estuviese borracho, como un animal sin freno, como un desquiciado en el peor (o mejor) momento de catarsis. Alguien dijo que mis novelas estaban teñidas de “un fuerte tinte político”, pero creo que ello se debe primero a que tuve una infancia surrealista, marcada por la tragedia de una dictadura militar, y segundo porque no creo que lo político sea menos literario que el sexo o la comida o la sección policial. Por ese prejuicio arbitrario se niega el evidente factor político en hechos religiosos como la crucifixión de Jesús o en pinturas como las de Miguel Ángel o en obras maestras de la literatura, como la Divina Comedia de Dante. Con frecuencia lo político es la forma particular que toman fenómenos más universales, como la eterna lucha del Poder contra la Justicia. Por supuesto que no me refiero a la política partidaria (oportunidades he tenido de sacar ventajas económicas de la política partidaria, y las he rechazado todas), eso tan mezquino que divierte y enferma, sino a la política en su sentido social y psicológico más amplio.
Revista Mito: ¿Qué función tiene el concepto de patria en sus obras?
Jorge Majfud: Bueno, más bien negativo. No es que el concepto, o ideoléxico patriasea negativo per se (si es que existe algo per se en una palabra), ya que en realidad tiene aspectos positivos. Pero el uso y abuso que se ha hecho desde hace siglos, y sobre todo en los últimos cien años, hace que uno se ponga en alerta cada vez que escucha palabras como patria o patriotismo. Por ejemplo, no es lo mismo el patriotismo invocado por una gran fuerza militar para invadir y destruir otro pueblo que el patriotismo invocado por ese otro pueblo para resistir la invasión. En ambos casos es un ideoléxico, un instrumento político, pero con valoraciones morales opuestas. Alguien dijo que la patria es la infancia. Ahora, si aceptamos esta definición, entonces se podría decir que permanentemente estoy volviendo a la patria. En la próxima novela que publicará Izana Editores en España este año, El mar estaba sereno, uno de los personajes (creo que he puesto esta misma idea como cita de apertura) dice: “Más allá del futuro está el pasado”. Creo que esta verdad no se alcanza con la razón sino con la experiencia y es inevitable, sin importar las características anímicas de cada individuo.
Sobre La reina de América
Revista Mito: Hablemos un poco de su novela La reina de América:Mientras Mabel vende su cuerpo por dinero, su primo Vicente compra el cuerpo de muchachos sin recursos ¿Representan estos personajes un tipo de imagen en espejo?
Jorge Majfud: Es una buena observación. No veo forma de refutarla. Mabel también se considera fiel a su frustrado amor, al que esperará hasta la locura y con quien se casará in absentiaen un manicomio, porque lo que vende es su cuerpo, no su alma. Sí, es el contrapunto del poder que compra y el esclavo que se vende. Por otra parte, elPoder no lo puede comprar todo, como la dignidad, por ejemplo, lo cual es una derrota que lo carcome irremediablemente. No hay nada peor para el poder del dinero que algo que no puede comprar.
Revista Mito: ¿Fue fácil crear el personaje de Consuelo, la “hija de puta”? ¿Qué rasgos caracterizan a este personaje?
Jorge Majfud: Sí y no. Consuelo es la voz principal de esa novela, la perspectiva de la inocencia perdida que, igual que su madre, termina en la locura (lo cual se advierte no por su memoria, ya que la realidad de por sí es una locura que permanece, no por las confesiones que le hace a Jacobsen, el hombre que esperó su madre en vano y que entonces, cuando su hija logra encontrarlo en Buenos Aires, no podía pronunciar una sola palabra) sino en sus acciones. Como todos los personajes que uno decide salvar del fuego (y ahora del basurero electrónico) es un ser que compartía la misma categoría ontológica que cualquiera de las personas que he conocido en la realidad que llamamos realidad: están ahí en la memoria y sólo hay que recordar lo que dijeron e hicieron para ir descubriéndolos. Yo reescribí unas veinte veces mi primera novela, en un cuarto de estudiante en Montevideo en una maquina antigua. Tenía la superstición de la perfección y luego de publicarla me di cuenta que eso era absurdo en el arte (pese a que mi madre, escultora, me lo había dicho muchas veces antes de morir) no solo por una razón lógica sino por una razón práctica que procede de la experiencia: las páginas, los momentos que hay que guardar (para someterlo luego a una autocrítica) son aquellos que surgieron de forma frenética, como si uno fuese corriendo detrás de un personaje o escapando de un bombardeo o algo así. Cuando uno está escribiendo ficción y tiene demasiado control de la situación, cuando razona demasiado como en un ensayo o en un artículo académico, entonces la cosa que sale es algo artificial. Puede servir para Hollywood, pero no son esas historias que a algunos nos interesan.
Revista Mito: ¿De dónde te vino esa historia?
Jorge Majfud: De al menos dos momentos. Una vez, caminando por una playa desierta, alguien (no voy a decir quién) me comentó sobre una amiga en común que había descubierto, de adulta, que su madre había sido una prostituta. Esa es la primera línea de la novela. Por otro lado, la historia de la protagonista española enamorándose de un extraño en el barco que la llevaba al rio de la Plata es, básicamente, la historia de la abuela de mi esposa. Yo la conocí en sus últimos años, exiliada por voluntad propia a una silla y al silencio, pero ella siempre recordaba aquel amor frustrado por su padre.
Revista Mito: ¿Por qué el sexo es tan importante en La reina de América?
Jorge Majfud: Porque, históricamente, ha sido símbolo e instrumento donde se ejercita el poder. Por mencionar solo un ejemplo: Consuelo es violada por un cliente de su madre y luego inducida a abortar. Cuando hereda el capital de su tío, decide vengarse. Pero, dada las convenciones sociales y simbólicas que tienen miles de años ya, ella no puede forzarlo a tener sexo con ella sino que decide contratar un matón para que lo sodomice. La violencia moral depende de las relaciones simbólicas de una cultura, de una civilización, y suele ser mucho más terrible y con efectos más permanentes que la violencia física. Por eso su madre, la prostituta, en un acto de re-semantización del valor moral de su oficio, dice y probablemente llega pensarlo, que ella sólo vendió su cuerpo, no su alma, no su fidelidad al hombre que prometió volver por ella. El sexo, como todo lo que es tabú, como todo lo que se esconde o no se dice, es más fuerte que todo lo que se muestra y se dice. Lo mismo ocurre en literatura como en la gran política misma.
Revista Mito: ¿Qué papel juega la locura en esta novela?
Jorge Majfud: Es una metáfora de la realidad y es el final de mucho de los personajes, como en la tragedia lo es la muerte. Por la misma dinámica de las relaciones simbólicas, se acepta como normal aquello que desde otro punto de vista es una locura repetida. Ejemplos históricos e individuales podemos encontrar de sobra. De hecho, en la siguiente novela, La ciudad de la Luna [2009], El Pájaro, el poeta sin piernas, la niña que se consideraba hombre y que se recluye en el mirador de la casa paterna en aquella ciudad cerrada en sí mismo en el desierto al sur de Argelia, lo formula como “Llamamos realidad da la locura / que permanece/ y locura a la realidad/ que se desvanece”.
Revista Mito: ¿Cuál es la función de Abayubá en la obra? ¿Cuál es su función en la sociedad uruguaya?
Jorge Majfud: Abayubá es un nombre indígena, como Tabaré, etc. Siempre me llamó la atención que en la escuela primaria se nos enseñaba la obra Tabaré del “poeta de la patria” Zorrilla de San Martin como una obra casi fundadora de la mitología nacional, con un indio charrúa de ojos celestes, en un país que, como en Argentina o en Estados Unidos y en muchos otros países, se eliminaron a los salvajes porque no aceptaban la civilización. Por eso “somos civilizados porque matamos a todos los salvajes” y es una ironía cruel que cuando juega el seleccionado uruguayo de futbol, todos expliquen su capacidad de lucha hasta el final por la famosa “garra charrúa”. Entonces, solo el nombre Abayubá ya significa una incomodidad. Luego representa a uno de esos rebeldes que conocí en Montevideo en los noventa, cuando estudiaba arquitectura. Todos eran pobres, trabajaban en barracas o eran albañiles, y todos eran grandes lectores, poseedores de ese tipo de riqueza interior que no compran todos los millones de Donald Trump. Ya no se planteaban la opción de tomar las armas, como en los sesenta. pero Abayubá, que se relaciona emocionalmente con Consuelo, le escribe en una carta de despedida, desde sus propias coordenadas: “mi tristeza no era una tristeza de mujer. Yo no necesitaba un psicólogo; necesitaba un fusil.” También representa algo o mucho de aquellos que formamos parte de lo que en Memorias de un desaparecido [1996] un personaje define como la Generación del silencio. Probablemente alguien más usó este nombre antes, no lo sé, pero es un nombre que nos representa.
Revista Mito: En La reina de América usted alude a cuestiones sociales, políticas e ideológicas de la época. ¿Cree usted que la idiosincrasia uruguaya fue un factor determinante para la degradación de Mabel?
Jorge Majfud: No, no, de ninguna manera… El escenario tiene sus particularidades, el Rio de la Plata, pero perfectamente se podría haber ambientado el mismo drama, la misma tragedia, en el Chile de Pinochet, en la Argentina de Videla o en la España de Franco y en muchas otras dictaduras y en muchas otras democracias. Las formas son uruguayas, argentinas, un poco españolas (como todo lo uruguayo y todo lo argentino), pero el contenido es quizás universal: la violencia moral, la relación de géneros y de clases sociales, las pasiones ideológicas, la hipocresía del poder, la eterna búsqueda de la verdad y la justicia…
Sobre Crisis
Revista Mito: Hablemos de Crisis ¿Existen héroes en esta obra? ¿Hay alguna relación entre heroísmo y clandestinidad?
Jorge Majfud: Existen antihéroes. De hecho, en la novela hay una crítica al héroe estadounidense, que es un arquetipo neurótico, sin dudas, representado en la máscara o en la doble vida, la doble identidad, la doble moral. Si forzara el lenguaje desde un punto de vista tradicional, diría que los héroes son esos hombres y mujeres sin nombres o con nombres compartidos. La clandestinidad es más propia de la cultura y las circunstancias hispanas. Don Quijote, el Che Guevara, son románticos e idealistas a un mismo tiempo, que se enfrentan al poder de cuerpo y alma, y pierden. El Zorro, la versión corrupta que McCulley hizo del “bandido” Joaquín Murrieta, que en realidad no fue un individuo sino cuatro o cinco que se opusieron a la anexión de sus tierras a Estados Unidos; irónicamente, este héroe clandestino, condenado a muerte por anti-gringo, fue el inicio de los superhéroes como El Llanero Solitario, Batman y tantos otros.  La cultura anglosajona no lucha contra el poder sino en favor de él, y el poder no es clandestino sino secreto, cuando no travesti.
Revista Mito: Quisiéramos detenernos sobre uno de los personajes más significativos de Crisis, el soldado latino, mutilado por la guerra ¿Cree usted que la integración del migrante siempre se basa en un tipo de mutilación? (literal o simbólica).
Jorge Majfud: Puede ser. Toda cultura nos potencia o nos mutila. Siempre se ha hablado de desarraigo, que es una forma de mutilar la relación entre las raíces y la tierra, entre el individuo y su cultura. Por otra parte, como dice la cita de abertura, “las raíces son lo último que se seca”, lo cual es una forma de persistencia de la memoria y de la identidad en un nuevo contexto, totalmente diferente.
Revista Mito: Los personajes de Crisis provienen de diferentes países, grupos étnicos y niveles sociales, pero comparten el hecho de que hablan español ¿Hasta qué punto la lengua constituye un verdadero factor de identidad para ellos?
Jorge Majfud: La lengua es un factor más importante de lo que parece, algo que sólo se aprecia en su totalidad cuando se atraviesa esa experiencia. Incluso podríamos decir que hay más diferencias culturales entre un argentino y un hondureño que entre un mexicano y un estadounidense del Suroeste. Allí la frontera cultural no existe, razón por la cual el poder político se obsesiona en crearla. Sin embargo, basta con entrar a un comercio de productos latinos, un “Hispano mercado”, que en su mayoría son productos mexicanos y centroamericanos, para sentirse en el Uruguay o en la Argentina de mediados de siglo XX: los olores a jabones, a pan, a dulces; las artesanías, las expectativas de esos rostros curtidos por el sol y el trabajo duro… Hace un par de décadas recorrimos con unos amigos Europa y cuando entramos en España (sobre todo en el norte) sentimos los olores de las cocinas de los bares y restaurants de Buenos Aires y de Montevideo. Nos sentimos como en casa otra vez. Cuando entro a uno de estos mercados hispanos aquí, es como si volviese a una casa de campo de Uruguay en mi infancia. Hay varios elementos culturales que compartimos, pero el mayor, por lejos, es el idioma castellano, es eso que convierte a cualquier extraño en casi un familiar, en un viejo amigo. El idioma es memoria viva. En ninguna otra parte del mundo uno puede sentir, como en Estados Unidos, que el español es la patria, en el mejor sentido de la palabra, totalmente despojado de militarismos y manipulaciones políticas.
Revista Mito: Crisis alude a una figura importante de la migración, nos referimos al coyote ¿Qué papel desempeñan estos en la sociedad americana y en la comunidad hispana? ¿Cuál es la función del coyote en Crisis?
Jorge Majfud: El coyote es un traficante de seres humanos, parte del negocio que los poderosos y sus mandos medios hacen con los pobres. Su función es venderle un sueño de escape, más que de libertad, a los desplazados por la violencia política, civil o económica de sus países. También cumplen la función de proveer de mano de obra barata a los empresarios norteamericanos. Estoy trabajando una novela que toca esas realidades…
Revista Mito: Los personajes de Crisis introducen muchos calcos ingleses a la lengua española y hacen uso del Spanglish ¿Cree usted que el estado de interlingua es una señal de adaptación?
Jorge Majfud: Es un fenómeno natural, nada nuevo. Recuerdo que en Mozambique una mujer de la tribu Maconde que me escuchó hablando con un chileno, me dijo que el español era un portugués imperfecto. Nuestro continente y Europa misma está llena de provincianos que creen que los otros hablan un dialecto imperfecto de su propia lengua. Sábato decía que, sí, en efecto, “en Toledo se habla el mejor español… toledano”. Todavía hay gente que insiste que en Perú o en algún otro país se habla “el mejor español”. Parece una broma provinciana, pero muchísima gente está convencida de que “nuestra lengua es mejor porque se entiende”. Un cuarto de las palabras del castellano son de origen árabe y el de las Américas está lleno de préstamos de lenguas nativas. El superlativo grandote y otros “-otes” vienen del náhuatl, el doble clítico del guaraní, el gerundio para expresar una acción futura del quechua, etc. Por no mencionar lo más obvio, que son los sustantivos náhuatl, no solo en español sino en ingles también: coyote, chocolate, cacao, chile, marihuana, tomate, chicle, y un largo etcétera. Lo mismo las palabras castellanas en el inglés (plaza, junta, guerrilla, bonanza, cafetería, fiesta…) o viceversa. El español de España y de América del sur está absorbiendo mucho del inglés, algo que muchas veces se acepta pero no en toda su dimensión. Cualquier habitante de la España o de la Argentina de cincuenta años atrás diría que hoy todos hablan Spanglish en sus propios países, pero es algo que no se nota. Claro que el inglés ha mutado mucho más rápidamente que el castellano en los últimos siglos. Por no mencionar casos más obvios, como el castellano tradicional de Puerto Rico (“¿Qué tú piensas?” / What do you think? Etc.)
Revista Mito: ¿Qué efecto ha tenido toda esta experiencia en su forma de relacionarte con su lengua materna?
Jorge Majfud: El solo hecho de tener que lidiar con una nueva lengua no solo produce algunos cambios sino una mayor conciencia metalingüística de tu propia lengua materna. Mi castellano ha cambiado en este tiempo, pero no se ha degradado sino que es muchísimo más rico y más sofisticado, y seguramente por eso pueda a veces sonar diferente a los oídos de un uruguayo que vive en Uruguay. Mi escritura se ha vuelto más consciente de cada estructura semántica por el solo hecho de reflexionar sobre las estructuras del inglés. Aquí en Estados Unidos hay estudios que muestran que aquellos que estudian una segunda lengua mejoran sus resultados en las pruebas de inglés, su primera lengua. Por lejos soy más consciente del castellano hoy de lo que lo era cuando vivía en Uruguay. No me satisface cuando el Spanglish es simplemente un caos entre dos lenguas (como ese ejemplo ridículo de “vacunar la carpeta” por “aspirar la alfombra”), pero luego de cierto momento de maduración tiene todo el derecho de reclamar su propia independencia debido a la consistencia de sus propias leyes sintácticas. ¿Qué fue, si no, la separación del portugués y el castellano, con el gallego en el medio o en el otro extremo? ¿O del lunfardo y el cocoliche en el tango y las novelas argentinas? Las letras de Discepolo y tantos otros, ¿son italñol? Sea como sea, el spanglish es una realidad de millones de personas y un día tomará un nombre propio. No dos o tres millones sino cincuenta millones de personas, más que en España y más que en cualquier país de América latina, con excepción de México, hablan español en este país como primera lengua. Se prevé que llegue a pasar a México en unas décadas. Claro que en Crisis el spanglish sólo lo uso en pocas ocasiones, sobre todo cuando se trata de algún diálogo que lo requiere.
Revista Mito: En Crisis hay muchos hispanos de segunda generación (las Niurka Marcos, las Jennifer López). ¿Qué función desempeñan en la sociedad estadounidense? ¿Qué connotación tienen en Crisis?
Jorge Majfud: Eso depende del origen geográfico y del origen social de cada uno. Existen más diferencias ideológicas que culturales entre los cubanos y el resto de los “hispanos” (recordemos que ésta es una invención estadounidense, como Latino América fue una invención francesa). Incluso dentro de los inmigrantes cubanos hay radicales diferencias entre los llegados en los 60s y los llegados después de los 80s. Lo mismo pasa con otras comunidades. Yo recuerdo cuando estudiaba en la Universidad de Georgia, los sábados por la noche solíamos hacer asado en los parques del campus universitario. Allí conocí un universo de gente de todo el mundo, todos un poco locos y geniales, sobre todo de España y América Latina. Una vez una muchacha, a quien apreciaba mucho, se quejó de la mala imagen que dejaban los “mojados” de los mexicanos. Nunca se rectificó ni tuvo conciencia de la injusticia de semejante juicio. Es decir, las diferencias de clase, etarias, geográficas pueden hacer una gran diferencia en eso que algunos consideran un monolito.
Revista Mito: ¿Qué tipo de migrante es Ernesto?
Jorge Majfud: Ernesto es uno de esos nombres que identifican varios personajes diferentes con algo en común. Cada vez que escribía una historia en la que aparecía un Ernesto tenían reacciones, formas de pensar muy similares, un poco rioplatenses, irónicas, quizás más sofisticadas que el resto, sea un profesor o un obrero como el Abayubá de La reina de América; un poco Ernesto Sábato y Ernesto Che Guevara. Las Guadalupe, en cambio, eran el prototipo de la muchacha crédula, dócil y sufriente, con su propio heroísmo estoico y esperanzado. Para mí, son todos individuos encantadores y admirables. Son los antihéroes y son las antipersonas de la novela moderna, ya que es una regla de oro que cada personaje debe ser alguien radicalmente personal, un individuo, nunca un estereotipo. Sin embargo, para expresar esa semi-anonimidad del inmigrante que vive ocultándose, de los hombres y mujeres invisibles que comparten caminos tan similares, necesitaba trabajar con esa herejía del estereotipo. En otras novelas, como la que viene, El mar estaba sereno, he trabajado una idea similar: los personajes son únicos, pero saben que de alguna forma están repitiendo los destinos de sus padres y abuelos en diferente escenarios… Una copia que se cree única. Alguna vez Jorge Luis Borges dijo que lo general puede ser tan poderoso como lo particular. Porque cuando leí esta idea yo estaba inmerso en la filosofía de los existencialistas franceses, me pareció difícil de capturar en todo su sentido. Borges hablaba de que todas las puestas de sol son una y la misma. En una larga introspección personal he ido experimentando una idea similar: somos uno pero (o porque) no somos conscientes que estamos repitiendo, reviviendo las mismas emociones, pasiones, miedos, errores, entusiasmos de nuestros padres y antepasados en un escenario diferente. Algo así como una obra de Shakespeare en un teatro de Nueva York o de Bangkok. Las formas son diferentes, pero el factor humano más profundo es el mismo.
Revista Mito: Hay un episodio muy interesante en el que se confrontan la perspectiva de Ernesto y la de Margaret sobre la violencia, el machismo, la familia, la educación, etcétera ¿Considera usted que este diálogo sintetiza las diferencias entre la idiosincrasia hispanoamericana y la estadounidense?
Jorge Majfud: En parte, sí. De hecho está basado en una experiencia personal. “Margaret”, la asistente social, era un buena persona, bienintencionada, pero estaba atrapada en esa necesidad de controlarlo y maquillarlo todo que tiene la cultura anglosajona (más allá de su propio mito sobre los campeones de la libertad) y así resultan varias contradicciones como el puritanismo que prohíbe las malas palabras en la televisión pero es el mayor productor mundial de películas de crímenes y guerra, además de pornografía. Lo de antes: el dualismo neurótico del superhéroe enmascarado o disfrazado.
Revista Mito: En Crisis, a pesar de las diferencias entre los diferentes migrantes, estos son percibidos como una masa homogénea para las autoridades, lo mismo ocurre en La reina de América, donde todos los españoles son gallegos y todos los que no son hispanohablantes son judíos ¿Cree usted que el local tiende a crear estereotipos basándose en el desconocimiento? ¿Cree usted que la ignorancia refuerza los estereotipos?
Jorge Majfud: Sin duda. La mirada del otro que simplifica. Imagínese cuando esa mirada es la de un ignorante, como es el caso más común. Agréguele que el ignorante se considera un ganador, un exitoso, y ya tiene casi toda la ecuación resuelta, con unas pocas variables por despejar. En este caso, diferente a lo que comentaba anteriormente, el estereotipo no proviene de una conciencia de la condición humana que persiste sino de una orgullosa ignorancia producto de generalizar un particularidad que no le pertenece al resto: para la mirada norteamericana, los hispanos son todos mejicanos, por no entrar a hablar de la caricatura del mejicano confirmada en el discurso de Donald Trump y otros exitosos provincianos. Desde la mirada latinoamericana o europea, todos los estadounidenses son tejanos ignorantes e imperialistas, lo cual es igualmente falso e injusto. Pero cuando es el poder el que crea el estereotipo, mira y hace mirar a los demás a través de esa simplificación criminal (como podría ser la imagen de la buena mujer o del buen negro). Entonces, se convierte en un instrumento de dominación, de control. Si los hispanos hoy se ven como hispanos, en gran medida se debe a la adopción de la mirada del otro. Uno se convierte en “hispano” apenas cruza la frontera y entra en Estados Unidos. Con el tiempo, el estereotipo, la camisa de fuerza se convierte en un gremio, en una corporación con ventajas políticas.
Revista Mito: Pasemos a La ciudad de la Luna ¿Considera usted que la religión y los convencionalismos sociales tienen un valor opresivo en la novela?
Jorge Majfud: Por lo que decíamos antes, los convencionalismos condicionan, son un saco de fuerza. Sobre todo en las especializaciones étnicas o de género. ¿Eres negro? Serás buen deportista, si no te dedicas a la natación, ya que tus piernas son más largas que tu torso. ¿Eres mujer y no eres lesbiana? No vayas por la ingeniería (si no es la química, como dijo alguien, que se parece a la cocina) ya que tus niveles de testosteronas, revelados por el dedo anular, son demasiado bajos. Ese tipo de cosas. Las religiones han sido intentos de darle un sentido a la existencia. Tal vez cada una de ellas tenga algo de razón, ¿quién sabe, aparte de los fanáticos, que son los únicos dueños de la verdad? En La ciudad de la Luna se representa el aspecto psicológico y social de ese fanatismo de creerse los poseedores de la verdad y la moral. En 1998 publiqué un libro de ensayos titulado Crítica de la pasión pura, mayormente escrito en África, a pesar de lo cual la gente que lo leyó dijo que estaba escrito para eruditos. Nada más alejado de mis intenciones. Pensé que era un libro fácil de leer, más allá de las referencias. La ciudad de la Luna encarna, en una metáfora, desde una visión onírica, muchas de aquellas ideas. Luego la invasión de Irak fue una inspiración para reproducir toda esa soberbia moralista y metafísica en una sola ciudad amurallada.
Revista Mito: ¿Definiría usted a Catalaid como una metáfora de la sociedad contemporánea?
Jorge Majfud: Sí, al menos como una metáfora de las sociedades conservadoras, tanto de Oriente como de Occidente. Sus pueblos se matan por pasiones políticas y religiosas, por odios sectarios o ideológicos, mientras alguien más se beneficia alegremente y en secreto de toda esa matanza absurda. Al final, después de tantas previsiones contra “el enemigo” creado por la fantasía y la realidad, Calataid se hunde en las arenas del desierto. Que es otra metáfora de la catástrofe ecológica que estamos viviendo ahora. El mismo año en que se publica esa novela en España, en el 2009, la revista de las Naciones Unidas me había pedido un artículo breve para apoyar la cumbre de Copenhague. Se publicó como “The Pandemic of Consumerism”, varias veces citado en varios libros y, como se preveía, se continuó perdiendo tiempo discutiendo sobre los “enemigos reales” de la humanidad. Nada más próximo a la amurallada, orgullosa y ciega Calataid de La ciudad de la Luna.
Revista Mito: ¿Cuál es el objetivo de Perdona nuestros pecados?
Jorge Majfud: Es una colección de cuentos, algunos de ellos reescrituras de capítulos de las novelas anteriores o que estaba escribiendo. Todos tienen algo que ver con las ansiedades personales y mi relación con la sociedad que me rodeaba en ese momento, formuladas, como los sueños, con imágenes y metáforas que dicen lo que la razón no puede explicar. Mis cuentos casi siempre han sido partes de mis novelas o se han incorporado a ellas en algún momento. Mientras escribía, nunca hubo un límite marcado, aunque técnicamente sepa la diferencia entre un género y el otro.
Revista Mito: En una entrevista usted dijo que temía a los líderes que se dedican a la pintura ¿Qué piensa de aquellos que se dedican a la escritura? (esta pregunta es simplemente una broma)
Jorge Majfud: Bueno, che, en parte también era una broma. Pero sí, algo en serio hay, como en toda broma. Por un lado la escritura de ficción, sobre todo de novelas, es un proceso catártico. Pero me parece que aquellos que escribimos ficciones aprendemos, de alguna manera, a distinguir un mundo del otro. La pintura, excepto en el caso de los artistas de verdad, se suele recomendar a enfermos, cuando el individuo está mal de los nervios, le pesa la conciencia o no alcanza a distinguir la realidad de sus paranoias. Entonces, más que catártico es apaciguador. Así tenemos los Adolf Hitler, los George Bush y unos cuantos más.
Revista Mito: ¿Cuáles son sus planes para el futuro?
Jorge Majfud: Pienso vivir todavía por un tiempo más. Lo que pueda, tampoco es para exagerar. En cuanto a la literatura, tengo varias novelas, algunas abandonadas, otras en proceso. Hace un par de semanas, buscando en archivos viejos que ni todos los buscadores modernos pueden hallar, descubrí una que me había gustado mucho y cuyos personajes y situaciones los hacía en otra novela que estoy escribiendo. Sin embargo, en la espera de que publicaran una que va a salir este verano, se me pasó aquella otra. ¿Pero qué importa? pensé, porque lo que viví y descubrí en el camino no tiene precio. La pobre todavía está ahí, como esperando. A veces me apasiono con los eventos históricos y sociales del momento y dejo de lado la escritura de ficción, que (todavía pienso como Ernesto Sábato en este aspecto) es donde se expresan las verdades más profundas del ser humano. ¿Quién, razonablemente, podría decir que la ansiedad y la belleza que se experimentan leyendo El Túnel Bendíceme Última, por ejemplo, no son verdades porque proceden de ficciones? Bueno, un lagarto podría decirlo, si hablara.
Revista Mito: Lamentablemente la entrevista ha llegado a su fin. Ha sido un verdadero placer poder formularle estas preguntas.
Jorge Majfud: Para mí, sobre todo. Cada pregunta es siempre un pequeño desafío y un gran estímulo para la reflexión que nos regalan los demás.

[1] Entre los medios de prensa en los que Majfud ha colaborado constan: Milenio Diario de México, La República de Montevideo, Panamá América, Cambio 16 de España, La Vanguardia de Barcelona, Courrier International de París, Hispanic Culture Review de Universidad George Mason, Revista de Crítica Literaria Latinoamericana del Dartmouth College, Pegaso de la Universidad de Oklahoma, Universidad Estatal de Texas, Washington University Political Review, Chasqui de la Universidad Estatal de Arizona, Hispamerica de la Universidad de Maryland, United Nations Chronicle, UNICEF, Tiempos del Mundo de Washington, Monthly Review y Political Affairs de Nueva York, The Huffington Post, Jornada de La Paz, El Nuevo Herald de Miami, Página/12 de Buenos Aires, Radio Uruguay, Radio Nacional de Argentina, Radio Exterior de España, Radio Popolare Roma, NTN 24 TV.

http://revistamito.com/la-escritura-sin-anestesias-de-un-uruguayo-universal-entrevista-a-jorge-majfud/

lunes, 6 de junio de 2016

Reseña de AL OTRO LADO DE LOS COCODRILOS de María Jesús Silva en La Galla Ciencia

AL OTRO LADO DE LOS COCODRILOS de María Jesús Silva (por María Marín)




AL OTRO LADO DE LOS COCODRILOS
María Jesús Silva
Ediciones de Baile del Sol, 2016


El peso de la ausencia, el del silencio, el de todos los recuerdos -el peso propiamente del mundo- y, más aún, el verdadero dolor de, a pesar de todo, tener que seguir hacia adelante. Hay quien los llama demonios, para Silva son cocodrilos. Son estos los vértices en torno a los que el poemario en prosa de María Jesús Silva se compone.

Nos encontramos con un texto repleto de citas de grandes autores convenientemente aplicadas, que trazan el camino que la poeta nos invita a recorrer con la lectura de un poemario lleno de una gran sensibilidad.

Es el poemario de Silva una suma de todos los “cocodrilos” que a cada uno de nosotros nos acechan durante una vida que, en mayor o menor medida, nunca es fácil. Pues vemos cómo esos cocodrilos golpean una y otra vez, dejando quizá lo que más pesa: el silencio, máximo exponente de la ausencia. Pues la ausencia ocupa lugar, y es ese vacío el que hace que a la poeta le duela hasta respirar.


Sólo duele si respiro

A veces olvido que no puedo vivir


Y no es otra cosa que la misma vida lo que duele, ese deber de seguir viviendo, de avanzar en el camino arrastrando los recuerdos. Y es que a veces la memoria, tan caprichosa e impredecible, transforma los recuerdos y los muestra a su antojo. Los recuerdos están por todas partes en el poemario.


Los recuerdos tienen un poder paralizante


Recuerdos que a veces querríamos olvidar únicamente para hacernos menos pesada la carga, y la poeta se nos descubre con ese anhelo de desprenderse de ellos en un momento en que busca un estado de completa ataraxia, vaciándose de recuerdos y sentimientos.


Ciega, desvenada y descerebrada

En el camino que emprende, vemos a la poeta, en algún momento, no entender, sumirse en la incomprensión y hasta en la culpa, en un camino que a veces siente que nunca termina.

A pesar de todo, María Jesús Silva guarda un hueco en su poemario para un par de poemas de gran sensualidad, aunque siempre mantiene presente la ausencia.

Se atisba un proceso de redención en versos como:


Lo que da miedo es volver a la esperanza
Mi vida es mejor porque les tuve a ellos, porque me quisieron
Quizá algún día yo pueda perdonarme


Y sobre todo en los dos poemas dedicados a sus hijas, en los que apreciamos además una luz que nos descubre otro tono distinto al del resto del poemario.

Cada uno de nosotros tiene su cocodrilo, y a veces no queda otra que vivir con ellos, hacerles un foso alrededor de nuestro castillo, y saludarles al pasar. Al fin y al cabo, ellos –inevitablemente- forman parte de lo que somos.



María Marín




http://www.lagallaciencia.com/2016/06/al-otro-lado-de-los-cocodrilos-de-maria.html

sábado, 4 de junio de 2016

Reseña de REHACER EL ALIENTO de Ernesto Suárez, en El Fogal

A propósito de Rehacer el aliento de Ernesto Suárez

Cecilia Domínguez Luis

María Zambrano decía que «escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que solo brota desde un aislamiento efectivo pero comunicable en que, precisamente, por la lejanía de toda cosa concreta, se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas.» Y este  aislamiento comunicable en el que acontece la búsqueda de ese momento de revelación del yo a uno mismo, conforma el hacer poético de Ernesto Suárez, y puede encontrarse en cada uno de sus libros publicados.


En Rehacer el aliento, libro cuidadosamente editado por Baile del Sol, la poesía se convierte en una realidad a la que recurrir cuando todo parece fallar a nuestro alrededor. Una realidad que a veces se muestra y otras se sugiere.
En su soledad, el poeta contempla, serenamente, todo lo que lo rodea y de pronto, en un instante, esas cosas, esas personas, esos sucesos cambian de valor y se convierten en objetos poéticos que se asocian de forma diferente a la habitual, de tal modo que producen un universo propio. Le queda, entonces, la difícil tarea de transmitir a los otros el mismo sentir que el poeta experimenta en ese determinado momento. Lo que deriva en la necesidad de búsqueda de un lenguaje, esa selva intrincada en la que internarse, buscando o dejándose llevar por significados imprevistos, por voces y ecos que oscilan entre el extravío y el encuentro con lo extraño.

Como apunté antes, la trayectoria de Ernesto Suárez es fiel reflejo de esa indagación. Desde sus primeros poemas, publicados en Cuadernos Insulares de Poesía, con el título deEspumas de carrusel, en los que el autor acude al mundo de lo onírico y la ensoñación, el poeta va buscando nuevas formas de expresión porque sabe que no puede quedarse solo en el ensueño.

En un principio acude al verso corto, en el que «cada palabra tensiona desde dentro», lo que da lugar a sus Ocho tankas oscuros, poemas que captan el instante de asombro en la contemplación de lo que lo rodea, y donde el erotismo y lo sensual envuelven cada uno de sus versos. Esa preferencia por el verso corto la vemos también en El relato del cartógrafo, un libro donde el autor funda un territorio del que se adueñan amor, vida y muerte.

Sin embargo, este interés va derivando hacia el  versículo  y el poema en prosa, de lo que es una muestra su libro La casa transparente, pues, como el mismo autor afirma, «el versículo me permite incorporar elementos ajenos a la escritura propia». Así, hasta llegar al poema inacabado o en suspenso, que ya se inicia en algunos poemas de su bello “cuaderno de viaje” Spree , editado por Cartoneras Island en 2013 y que constituye gran parte de los que integran Rehacer el aliento, donde la primera declaración de intenciones la vemos en la elección de las tres citas que abren el libro y que, curiosamente, si se las utiliza como versos, pueden conformar un poema:

En las mañanas de poca luz   (Miguel Casado)
El alma es una región sin límites definidos  (A.R.Ammons)
Lo que venga será invisible y ligero  (Adam Zagajewski)

A Ernesto siempre le ha preocupado la utilización del lenguaje, la sonoridad y el gesto del poema. De ahí que utilice diferentes recursos gráficos en el poema escrito para, como él mismo dice, «intentar simular esta clave afectiva y no verbal de la comunicación».

Ya desde Advertencia del poema, dos poemas a manera de prólogo, vemos su intención de dejarse llevar por el sonido interior, lo que se une a su búsqueda en la naturaleza, de la medida abierta y precisa, como los surcos de la tierra, para plantar la semilla de su voz y esperar los posibles brotes. Una naturaleza que va a tener una presencia constante en este libro.

Estos versos dan paso a Conjeturas, un título que define muy bien la serie de poemas  que lo compone, donde un “si” condicional, va a ser elemento recurrente que nos habla del deseo de que algo que aún no es, tenga la posibilidad de existir, no solo a través de la palabra sino también de sus sonido, del silencio y de los gestos. De ahí que la colocación de los versos intente señalar una posición gestual de acercamiento al lector.


El primer poema comienza ya con ese “si” condicional: si arde el incienso, y acaba con para la tierra música constante y para todas las rutas, verso que deja en suspenso el significado final.

A continuación aparece un poema corto que dice:

mudo entre tanto rumor
permanezca


si es el mundo su anuncio
Aquí, el orden sintáctico trastocado y la doble separación entre el penúltimo y último verso, hacen más patente la mudez. Un silencio que comunica incluso más que la palabra.

Pero esta necesidad de instantes de silencio, de suspensos interrogantes, se hace más patente si cabe en el poema III, poema inconcluso en el que vuelve a aparecer el “si” condicional que pregunta a la palabra dejada en el muro, tal vez sin esperar respuesta.

para qué…
si el muro  ahuecado por la yema de los dedos
que lo avientan
es la memoria la más antigua

                                   aquella
Si me he detenido en estos poemas iniciales es porque pienso que en ellos están todos los caminos y encrucijadas por los que el poeta va a discurrir a lo largo de este libro, en su búsqueda por rehacer el aliento.

Los poemas que siguen plantean las cuestiones del descubrimiento a través del asombro- algo para lo que se requiere la mirada de un niño-, de la creación por medio del acto de siembra del campesino, o de la necesidad de reconocernos fugaces como el río, imagen de todo lo que fluye y que arrastra una mirada, la nuestra que, a su paso, deja de pertenecernos, como el tiempo.

De nuevo el “si” condicional que acaba en una pregunta sin respuesta. Una idea que se repite cuando escribe: miramos al cielo/ en busca de noticias sobre la vida/  bajo nuestros pies/ simple y oculta/ corre el agua

Los poemas ahora tienen un principio y un final y en ellos el poeta insiste en la contemplación serena de la naturaleza y en su reflexión sobre ella, sobre su influjo en nuestras vidas y lo que puede enseñarnos si nos detenemos a contemplarla: si se mira…

Lo conjetural sigue planeando en los poemas, como el que se inicia con un verso de Yehuda Amijai, poeta israelí fallecido en 2000: Y hay una ventana que no cerrará/ el que la abre, y otros en los que el juego rítmico y de significados nos insisten en la necesidad del encuentro con uno mismo.

Poemas cortos y largos se entremezclan, y lo gráfico de sus versos nos comunica esa duda, esa sensación de marcha, de ausencia irredimible pero necesaria, en ese fluir de los días en los que nos es preciso retener cualquier segundo de asombro y descubrimiento.

hacia el poniente
como la vida
y sin embargo

y aún

Con Los días, otra de las partes de este sugerente libro, se produce una inmersión del poeta en lo cotidiano, sin abandonar esas preguntas sobre la existencia, y que se inicia con una especie de letanía o enumeración, a manera de guía de los poemas que vendrán: los días del indulto/ los días de gracia/ los días de misericordia/ los días del perfume y el aceite/ los dones/ los días

La contemplación de los otros, de los objetos cotidianos, del orden de la naturaleza; el escuchar esa “melodía a ciegas” de la tierra, el agua y el aire; el simple hecho de andar bajo la luz plena del día /camino hacia otras horas, despiertan en el poeta ese impulso por traducir y comunicar lo que siente en ese instante, aun sabiendo la dificultad que se le presenta a la hora de convertir esas emociones y sensaciones en palabras.

La memoria trae momentos de un pasado no vivido pero que está en la mirada de los otros cuando los presos están cerca del mar, cuando el padre llega, desde otro tiempo para darme el nombre/ limpio de la vida o cuando llega la madre de cuyas manos pacientes/ una vez provino todo el pan, sin que falte  esa memoria del futuro en quien llega a esa vida que defiende la vida.

Los versos se tornan ahora versiculares porque así lo requiere la memoria de los días que fueron, de los que son o de los que hayan de venir, mientras la luz se posa sobre los hombros de los niños

A partir del Viajero inmóvil, se suceden una serie de poemas en prosa donde ese Viajero elige para su inmovilidad un jardín. ¿Paraíso perdido y recobrado en la savia del árbol central que el Viajero toca y que podría ser –siempre el condicional- el árbol de la vida?

Lo cierto es que el jardín aparece como lugar de conocimiento, donde cada cual aprende a mirar de nuevo, a nombrar de nuevo, como el Viajero que mira afuera desde su jardín y también hacia adentro de él que no es otra cosa que una manera de mirar hacia su propio interior.

Todos sabemos que, en toda búsqueda son inevitables las pérdidas porque la vida abierta ni va ni vuelve a la cerrazón ineludible que espera. De ahí el deseo y la voluntad de aprovechar cada momento en el lugar donde abrimos los ojos cada mañana, mientras aún permanecemos aquí juntos, reunidos. Y así vuelve el deseo de comunicación unido a la aceptación de la vida, el paso del tiempo y la muerte.

En los últimos poemas de esta parte el poeta regresa al verso corto, del que no descarta el haiku, en esa intención del poeta por detener el tiempo a partir de la sensación en el aquí y el ahora que le revela la intimidad de lo que contempla; aquello sobre lo que, con frecuencia, nuestra mirada pasa distraída.

bajo el puente que ya solo cruza
el cauce seco

vi la flor blanca

Rehacer el aliento es el título de la última parte de este libro, que además da título a toda  la obra, y que nos lleva a la pregunta ¿desde dónde rehacer el aliento?

El poeta tiene claro que hay que acudir a la Raíz; no en vano esta palabra da título a los cinco primeros poemas de esta última parte.

De nuevo el árbol como símbolo, como principio de generación y regeneración, como eje de la vida. Y la raíz, como origen que se hunde en el corazón de la tierra para buscar en ella las sustancias que nutran al árbol que sostiene,  es el elemento elegido por nuestro autor para preguntarse por su propia identidad.

Yo digo
mis pies son raíces que vuelan

Una identidad que se apuntala como la raíz en la tierra, pero que no impide el vuelo con el que encuentra las huellas de los otros, el paisaje que descubre cada día y en el que se descubre a sí mismo, para renacer con la palabra precisa y necesaria, con el hallazgo de lo que se encuentra hacia dentro pero afuera.

Llegamos al final del libro con el deseo de atrapar ese instante en el que rehacer el aliento.

Tal vez baste solo con estar dispuesto a escuchar esa palabra que nos señala el camino hacia las voces que provienen de dentro, de muy dentro de nosotros mismos. Esa palabra que define el mundo y con la que penetramos, de la mano del poeta, en el atrayente y oscuro reino de lo inexpresable.