jueves, 8 de diciembre de 2016

Reseá de LA CASA SIN VENTANAS, de Alberto García-Teresa en LaRepúblicaCultural.es

La casa sin ventanas, de Alberto García-Teresa

Asomarse al interior y abrirnos paso

por Julio Castro // La República Cultural

En su tema Ventanas, el cantautor Antonio de Pinto dice “¿Detrás de que ventana está el paisaje que pintamos, / qué tipo de astronave nos conducirá hasta allí? / ¿En qué escalón se llegará a echar los sueños a vivir?”. Y es que Antonio imagina una casa repleta de ventanas entre las que busca el exterior. En cambio, Alberto García-Teresa, en su poemario publicado en la editorial Baile del Sol, viene a hablar de esa parte de la construcción en la que no hay ventanas.
El poeta madrileño, siempre preocupado por ese “yo” interior de cada autor, no puede evitar en su poética reflejar esa misma relación, y aprovecha esta colección de textos poéticos para mostrarse, para enseñar recovecos intrínsecos a su naturaleza exploratoria, en la que se mira o se piensa, a la vez que se analiza. Pero hace sus pequeñas trampas, porque cuando habla del interior de su casa, en algún lugar se abre a comparar, ya que no cabe otra manera de describir ese espacio, sin haber echado primero al entorno que le rodea “¿Dónde queda el otro? / ¿Dónde nosotros mismos / en la casa sin ventanas?”. Sin embargo, y aunque abre pequeñas espitas al interior de otros exteriores, no deja de subrayar cada poco a quién pertenece la estructura de esta casa “En la casa sin ventanas / no hay agua corriente. / Nos lavamos perpetuamente / con los restos de nuestras escamas. / Nuestro pozo es nuestra historia”.
El conjunto de textos que presenta Alberto García-Teresa refleja la parte exterior de su interior, y se recoge en una secuencia que, pareciendo desordenada, es fruto de una línea concienzuda, que refleja tiempos, crecimientos, temas, en los que evoluciona hacia un punto, pero de manera espiral, regresando una y otra vez a la puntualización de cuestiones que no quiere dejar de subrayar, como ese pretendido aislamiento total del “yo” “El exterior / son píxeles / y líneas mecanoscritas / en la casa sin ventanas”. En el recorrido del texto, percibo la sensación de encontrarme en los círculos de la Divina Commedia de Dante, como si el trayecto fuese un ascenso de sanación o de liberación paralela, en la que no puede abandonar las referencias a la parte social, incluso señalando a su casa “Sin ventanas… / pero con alambradas, / con puertas de seguridad, / con tarjetas de vigilancia, / controles de paso / de visado, / vallas, espacios de internamiento, / antesalas de la expulsión, / patrullas en los soportales / pasaportes electrificados. / Casa sin ventanas: / fortaleza para los de fuera; / cárcel para los de dentro”, y vuelve a referirse a un exterior que, aún quedando aislado, no es ignoto, luego hay conexión.
Las salidas de emergencia / de la casa sin ventanas / siempre señalan / al piso de arriba”, y nos va ofreciendo un punto de enganche hacia el final, donde parece que ya hay hueco para la geografía de intrusos, aunque siempre desde la negación de la presencia “La sorpresa ha desaparecido del diálogo / Las conversaciones se reducen / a quién arregla las camas / o el grado exacto de temperatura de la leche […]” y sigue hablando de diálogos, más bien debates, pero de diálogos consigo mismo frente a nada o dentro de la casa.
Una tarde de presentaciones literarias diversas, le planto el libro delante para una dedicatoria. Pausadamente busca en su bolsa, saca un estuche del que extrae lápices de colores. Unos quince o veinte minutos más tarde, me lo devuelve, y las dos primeras páginas del libro tienen ya su muro, donde no ha podido resistir la tentación de romper los ladrillos para abrir la ventana al exterior.
Alberto García-Teresa, que nos advertía de que saldría a comerse El mundo a dentelladas, y que aborda la poesía como parte inseparable de una vida de lucha desde su literatura y sus contornos, ahora se atreve a mostrar ese interior profundo que contiene la casa desde la que habla e imagina verse. Entre los textos que he leído de Alberto, es de los más interesantes, algo inquietante, pero a la vez sanador de una mirada infinita al interior. Basado en la introspección que parece marcarle en su análisis, no deja de mostrar el lado divertido de ciertas situaciones internas, a la vez que apunta algunos horrores del intelecto. Hay evolución, análisis, deterioro, seguramente muerte, pero hay un concepto encerrado en esa casa que provoca respirar al exterior de una manera más libre, abierta hacia la vida que aguarda en la salida del piso de arriba, que deja al propio autor expuesto a sus lector@s


Publicado el Martes 6 de diciembre de 2016


martes, 6 de diciembre de 2016

Reseña de LOS ARTISTAS, de Javier Cánaves en el blog El Fescambre








martes, 29 de noviembre de 2016

Adicción al vértigo


En Ávidas pretensiones (2014), una divertida novela de Fernando Aramburu, hay un episodio en el que uno de los personajes, poeta atrabiliario, para más señas, trata de poner la verdadera distancia entre la poesía y la novela con la siguiente argumentación: “Para que el poema obre un efecto poético es indispensable que el lector lo asuma como propio. Si no, no funciona. Ocurre al revés que con las novelas. En ellas el lector puede a lo sumo identificarse con las figuras de ficción, en modo alguno asumir directamente la experiencia de estas. Te puedes reír de don Quijote, pero nunca serás el manchego que sale al campo de aquella época lejana vestido con unas latas de caballero andante. O puedes apenarte de Anna Karenina cuando se tira al tren, pero en todos los casos eres el espectador de una historia, conmovido o no, ese es otro asunto”.

Pero, ¿qué ocurre cuando el lector tiene entre sus manos una historia introspectiva, una narración poética de alguien que expone su propia biografía para sacudirse de aquello que lo abrasa y ahoga? Quizá ya no baste apenarte, como lo hiciste con la heroína rusa, ni tampoco compadecerte, como sobrellevaste las desventuras del caballero andante. Los artistas (Ediciones Baile del Sol, 2011) del poeta Javier Cánaves (Palma de Mallorca, 1973) es una novela sentimental y existencialista, con mucha carga lírica, que rompe en buena medida esa línea determinante que postula el personaje de la novela citada del escritor donostiarra.

En esa intersección, Julio Cantallops, el protagonista de la historia de Cánaves, explora la trastienda de sus vicisitudes: necesidad de huida, apagones creativos, malestar o fracasos amorosos... La voz del narrador en segunda persona, opresiva y propensa al recuerdo le interpela incesantemente sobre su inconsistencia artística, a pesar de haber conseguido algunos premios en varios certámenes literarios, pero también se invoca permanentemente al lector, no solo como confidente, sino como si fuera miembro de un jurado popular que examinara un caso.

A veces ocurre que llegar tarde a la lectura de un libro publicado hace tiempo y enlazar la reseña de dicho libro con una cita, escrita con posterioridad, para engarzarla en la misma, pudiera parecer un contratiempo, pero el azar propicia caprichosamente estos hallazgos que favorecen inopinadamente la perspectiva de lo que uno desea expresar sobre lo último que acaba de leer, especialmente, cuando obtiene suficientes réditos del mismo. El resultado para el lector no es otro que verse involucrado activamente en la encrucijada vital que propone el artista. En esta ocasión, Cánaves lo logra gracias a su prosa poética y al despliegue que hace de voces narrativas que vivifican la historia de su personaje, un ser apesadumbrado que no cesa de cuestionar el sentido de su existencia y la valía de su obra.

Hay capítulos, los más breves, narrados en primera persona por boca de Samantha Roten, una de las mujeres que Cantallops conoce en uno de los bares de copas que frecuenta. Los otros capítulos, trazados en forma de diario, sostienen al personaje en un estado de vigilia sobre la situación crítica que atraviesa su autoestima creativa. Aparecen también varios artículos que el personaje ha publicado en el periódico local, así como algún poema. Toda esta cadena de recursos literarios parecen anunciarnos un desenlace que invita a pensar hasta dónde será capaz el protagonista de aguantar y si resarcirá su incompleta trayectoria o asumirá directamente su propio descrédito.

Javier Cánaves ha escrito una historia que no se asienta en la impostura del mundo artístico, y eso no quita para que aparezca alguna mácula de artificiosidad en algunas opiniones de sus protagonistas. Pero debemos disculparla, habida cuenta de que son expresadas cuando el alcohol se hace dueño del desencanto que ellos mismos se brindan, y el autor no repara en evitarlo, dejando actuar como cree que debería hacerlo cada personaje cuando interviene.

Los artistas es un libro breve, lírico e intenso, una estupenda novela que tiene puestas las bisagras narrativas en la autoficción y sus goznes literarios en la difícil tarea de la creación artística y su reconocimiento. La adicción a ese vértigo conlleva incluso quemarse gozosamente.

Publicado por Jimy Ruiz Vega en 12:12:00


domingo, 4 de diciembre de 2016

Reseña de EXPLICACIÓN DE LA NOCHE de Edem Awumey en Afribuku

El exilio y la imposibilidad de ahuyentar los fantasmas del pasado

Alejandro de los Santos29 noviembre, 2016
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¿Cómo ahuyentar los fantasmas del pasado ante la ferocidad de una dictadura? Esto es lo que narra la novela Explicación de la noche del escritor togolés Edem Awumey, publicada en español este mismo año por la editorial Baile del SolEl exilio en tierras lejanas ante el impedimento de vivir en la tierra de origen se encuentra en el centro de esta obra, la quinta novela del autor, segunda traducida por la editorial canaria después de Los pies sucios.
Ito Baraka, el protagonista, trata de escribir una novela antes de morir en la que rememora la brutalidad de la tiranía que mal gobernaba su país, los días vividos entre la tortura y el cautiverio de la cárcel y la posterior huida hacia la irremediable opción del refugio en otro lugar que le permita continuar existiendo. Ito se ahoga a diario en vasos cargados de alcohol, que emborrachan el desasosiego que le asalta por haber abandonado su patria y por desconocer el devenir de sus compañeros de la universidad. Con ellos montaría una versión particular de la obra Fin de Partida de Samuel Beckett. En el texto del dramaturgo irlandés encuentran juntos las mismas caras y las mismas actitudes de los despojos sociales con los que tropiezan cada día en las calles de una capital del África tropical. Él y el grupo de actores principiantes deciden imprimir octavillas que esparcen por diferentes rincones de la ciudad con mensajes sacados directamente de la obra de Becket: “Nuestra tierra está minada por la estupidez y mancillada de sangre. De nuestro agujero se puede salir”, decía uno de los textos. Por semejante acción Ito es encarcelado y sometido a monstruosos episodios de tortura.
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Durante ese tiempo, Ito Baraka sofoca su desazón conversando con Koli Lem, un ciego con quien comparte celda. Durante la noche, mientras los guardias sucumben ante los efectos del alcohol, Koli le pide a Ito que le lea a los clásicos de la literatura universal. A Koli le faltan los ojos, a Ito la luz. El anciano se hace con un candil de la cocina y todas las noches recorren juntos una y otra vez las páginas de El maestro y MargaritaCien años de soledad, Todo se desmorona, El tambor de hojalata, Rayuela o El ruido y la furia. La literatura funciona como catarsis en todo momento, es el bálsamo que atenúa el dolor de las palizas, las páginas que explican la noche de los desaventurados que son tratados como ratas por aspirar a un futuro más libre.
El relato de Awumey deja pocos resquicios de luz para la esperanza. La narración es cruda, a semejanza de la vida que depara a quien se ve forzado a rehacer su vida en Canadá, en un entorno hostil dominado por el frío. El alcohol y la marihuana son dos válvulas de escape a las que recurre para escapar de los momentos de lucidez, para anestesiar el desaliento de quien parte sin billete de vuelta. La literatura, la escritura y la lectura de sus relatos le hacen sentirse más cerca de un mundo que puede contar porque un día pudo escapar. Ni si quiera la lealtad que muestra Kimi, mujer indígena abocada a la marginalidad, alivian los momentos de mayor ansiedad. Su compañera comparte igualmente el destierro dentro de una nación que se viste de multicultural pero que, al mismo tiempo, empuja con sordina a la separación de las familias indígenas y a la pérdida de referentes al llegar a la gran ciudad. Nos encontramos pues con dos exiliados internos que, pese al abuso de drogas y el sufrimiento, se consuelan con la simple compañía.
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“El exiliado, ese ser devorado por la historia… una historia cruenta. Ese desconocido. Ese ser que no tiene lugar en el mundo, ni geográfico, ni político, ni social, ni ontológico”, escribió María Zambrano, exiliada durante medio siglo fuera de España. Y  esa idea del ser engullido por la historia es la que prevalece en Explicación de la noche y en otras novelas sobre el exilio. Incluso enfrentándonos a situaciones de exilio diferentes se llega automáticamente a la misma conclusión. Podemos comparar a Ito Baraka con Emilia, protagonista de la novela Purgatorio del argentino Tomás Eloy Martínez, una mujer que después de 40 años de la desaparición de su marido, durante la dictadura de Videla, es incapaz de aceptar la muerte de su esposo, lo busca por diferentes países e imagina encontrarlo, lo siente en el cuerpo de otras personas. Ella exhala ilusión y esperanza, mientras que en Baraka sucede todo lo contrario. Pero, al fin y al cabo, estos dos personajes contrapuestos están marcados a sangre y fuego por la tiranía de las dictaduras, la desaparición y el exilio, interior o no.
Merece una especial mención la excelente traducción de Iballa López Hernández, quien hace de la lectura de Explicación de la noche un verdadero placer. Ya decía Édouard Glissant que la traducción es el arte de la aproximación, del encuentro con el Otro, que en este caso se daría con el propio autor. Fuera de calcos innecesarios, López Hernández interpreta el texto con una marcada personalidad, concertando un verdadero encuentro sobre el papel con el propio Awumey. Para un lector habituado a la lectura en la lengua original, la traducción siempre siembra una duda de la fidelidad en cuanto al texto original, el miedo a la pérdida de matices y del estilo del autor. Sin embargo, la riqueza de léxico empleada por la traductora hace que la lectura fluya y la obra de Awumey se convierta en una lectura obligada para los amantes de una literatura más que necesaria.
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explicacion-noche-libros-prohibidosPublicado por la editorial Baile del Sol
Colección África, 2015
170 páginas
Precio: 12 €

viernes, 2 de diciembre de 2016

Reseña de CÓMEME, de Agnés Desarthe en Acantilados de papel

Cómeme, de Agnés Desarthe (Reseña nº 792)


Agnés Desarthe
Cómeme
Baile del Sol Ediciones, 2016


La contraportada de esta novela nos dice que no nos dejemos engañar por la sinopsis, pues Cómeme no es una novela amable. Y no lo es en tanto iremos descubriendo, entre recetas, platos y comandas, a Myriam, quien considera que su vida no guarda la proporción debida y nunca está a la altura de lo que decide hacer.

Ella, nómada de la vida durante los últimos seis años, decide abrir un restaurante, al que pondrá por nombre Mi Casa, y ese nombre le sienta, a su local, como anillo al dedo. Y será, a partir de ese momento, aunque todos los indicios apuntan al más catasatrófico desastre, cuando su vida comience a cambiar. Ella, que en el pasado se preguntó cuándo descubrió que era necesario esforzarse mucho antes de seguir viviendo. Simplemente viviendo, se decía. Ella, que siempre se había figurado que la existencia tenía forma de montaña, veía como la apertura de Mi Casa se convertía en un Col du Tourmalet al que pretendía coronar con una bicicleta de ruedas pinchadas.

Todos tenemos un pasado, y el de Myriam esconde zonas muy oscuras, que el lector irá descubriendo a lo largo de la narración, y conozca a Vincent, el vecino de la floristería; a Simone y Hannah, dos clientas, quienes le presentarán a Ben, el mejor camarero de París, después vendrá un personaje de su pasado por el circo: Ali Slimane. Y Bárbara y… será otro personaje, al que lleva seis años sin ver, desde la falta de la cual se declara única culpable, el que termine de dar sentido al cambio que se ha ido produciendo en ella entre carnes, verduras y pescado, entre recetas, entre sus trampas al juego de las siete familias, en sus esfuerzos de transcategorización, porque hace lo que piensa que los alimentos esperan de ella.

Como os digo, la autora, nos depara un final posiblemente inesperado, en un libro de agradable lectura, que combina los sabores y olores de la cocina, con la literatura, la poesía, cierto humor, el sabor agrio del dolor y una búsqueda del motivo de la vida. 

Francisco Javier Illán Vivas


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martes, 29 de noviembre de 2016

Reseña de PURO CUENTO, de Yolanda Delgado en El Escobillón

Puro cuento puro

Yolanda Delgado Batista debutó en la arena literaria con La isla de las palabras desordenadas (2011), una novela armada con fragmentos, aparentemente dispersos, en la que recurría a la memoria para hurgar en las entrañas de una familia.
La isla de las palabras desordenadas conmovía, en ocasiones por la desnudez emocional que su autora transmitía a través de sus páginas. Página en las que algo latía, como algo late ahora en Puro cuento (colección Sitio de fuego, Baile del Sol, 2016) que es el segundo libro publicado por Yolanda Delgado y volumen que recopila 32 relatos que revelan a una escritora que se mueve, y muy bien, en el complejo territorio de las historias cortas.
La literatura española cuenta con excelentes cuentistas pero no ha sido un género en el que transite demasiado. Esta tendencia ha ido cambiando en los últimos años por lo que no es extraño apreciar en quienes lo practican, al relato nos referimos, que se inspiren en autores extranjeros que hicieron del cuento un arte.
Chejov y Maupassant son, a nuestro juicio, dos de los grandes maestros del cuento. De cuento cuando el cuento bucea en las emociones humana; cuando desvela estados de ánimo con una profundidad psicológica que no necesita de páginas y más páginas para mostrar el alma de los personajes. Después vinieron Borges, Fitzgerald, Carver, Cortázar y no sé cuántos más que han hecho del cuento un género mayor.
Las historias que se reúnen en Puro cuento son 32 relatos independientes que cuentan, cada uno de ellos, con voz propia. Si se abre el libro, el lector se adentrará en las tinieblas de una cárcel colombiana, se sumergirá en la cabeza de una anciana británica a través de una de sus cartas, así como conocerá la fama que obtuvieron las películas de Tarzán protagonizadas por Johnny Weissmüller en la Rusia de Stalin. Y son solo tres historias de las 32 que contiene un libro que marca un antes y un después en la producción literaria de Yolanda Delgado Batista.
Resulta grato comprobar cuando se leen estos puros cuentos puros que en la mayoría de ellos subyace un sentido del humor que suaviza el pecado que arrastran los personajes que protagonizan las historias.
Hay que escarbar, sin embargo, en cada una de ellas para encontrar la veta de la que emana ese sutil sentido de la ironía que la escritora, no sé si por capricho, se empeña en muchas ocasiones por ocultar, casi como si quisiera que fuera el propio lector quien hallara la clave más que cómica, divertida, que respiran estas piezas que, como destaca el escritor Julio Llamazares en el prólogo del libro, carecen de unidad, son cuentos, cuentos puros o puros cuentos.
Así que Puro cuento ofrece lo que anuncia en su título: un conjunto variopinto de relatos que tocan muchos palos, géneros, y bucea en una serie de personajes que si tienen algo en común es, más que su soledad (la soledad a fin de cuentas es el pequeño reino que se fabrican algunos), un sentido abisal de la individualidad. O de esforzarse en seguir siendo persona.
Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

http://www.elescobillon.com/2016/11/puro-cuento-puro/

lunes, 21 de noviembre de 2016

Reseña de Explicación de la noche, de Edem Awumey en LaRepúblicaCultural.es

Explicación de la noche, de Edem Awumey

Rebeldía frente a la oscuridad del olvido

Publicado el Jueves 17 de noviembre de 2016, a las 00:03h


Título: Explicación de la noche
Autor: Edem Awumey
Traducción: Iballa López Hernández
Editorial: Baile del Sol (2016)
Formato: encuadernación tapa blanda con solapas; 170 pág.
ISBN: 9788416320752


Julio Castro – La República Cultural

La literatura africana (y me refiero ahora a la subsahariana), tiene su propia voz que, sin embargo, no deja de entrelazarse con los autores del norte. La manera de ver y de narrar es muy diferente, y es preciso adentrarse en un mundo diferente que en sus autores, no deja de sentir como cualquiera, pero que establece vías diferentes de manifestación. No hay paralelismos ni traslaciones, hay ojos y mentes diferentes, que elaboran su identidad desde estilos y vivencias muy distintas, pero con quienes compartimos estilos y puntos de vista.

No es posible establecer cuánta responsabilidad tiene Ito Baraka y el grupo de jóvenes amigos estudiantes, en la furia que se desencadena contra la población, o en los movimientos estudiantiles que ya estaban organizados. Pero lo cierto es que ellos, que tan sólo querían montar una obra de Samuel Beckett, deciden transgredir las normas escribiendo pequeños fragmentos de los textos de Final de partida, en un complejo símil que incitaría a la gente a pensar, a reaccionar o, en último caso, se entiende que a ver su montaje.

Samuel Beckett como guía de la realidad


Pero antes de eso, Ito Baraka, con su grupo de amigos, han decidido cómo harán su Final de partida, y hasta dónde alcanza el paralelismo con su mundo, con la forma en que desean ver el fin de su país tal y como es, y así esperan sentar a Clov y Hamm a finalizar el acto. Pero en su camino se cruzan sus propias ideas, y el deseo de hacer e intervenir antes que aguardar como sumisos Clov.

No hay traslación de los personajes de Beckett, salvo en la manera en que el propio Ito quiere convencerse en un momento dado, pensando en lo que finalmente depara a cada uno de los cuatro amigos. Sin embargo, la idea del autor togolés Edem Awumey, parece ir mucho más allá del fatalismo de Beckett, para trasladarlo a un necesario espíritu de lucha, como sugiere el personaje de Hamm, frente al consentimiento subyugado de Clov en Final de partida.

Los personajes de Samuel Beckett son siempre sorprendentes. En Final de partida (Fin de partie) rodea toda la escena de individuos que inducen al rechazo y al desprecio, pero que, sin embargo, en lo más profundo de su ser alojan una grandísima necesidad de piedad del lector o del espectador, porque no parece quedarles un solo sentimiento, salvo el del rencor. Así es el personaje de Nagg, viviendo en un cubo de basura, sometido a su hijo, que le habla de los miedos de la noche, y de la necesidad de existir, y de saber que se cuando se habla se es escuchado. Para eso necesita Hamm a sus padres, para eso somete también a Clov, porque su necesidad y su miedo son mayores que su dependencia. Así dice Nagg a su hijo antes de taparse en el cubo de basura en que habita: “Es natural. Después de todo soy tu padre. Es cierto que de no haber sido yo hubiera sido otro. Pero esto no es una excusa. (Pausa.) El rahat-lukum, por ejemplo, no existe, lo sabemos, pero me gusta más que nada en el mundo. Y un día te lo pediré, como pago a un favor, y tú me lo prometerás. Hay que vivir de acuerdo con la época. (Pausa.) ¿A quién llamabas por la noche cuando eras pequeño y tenías miedo de la noche? ¿A tu madre? No. A mí. Te dejábamos gritar. Después te alejábamos para poder dormir. (Pausa.) Dormía, como un rey, y tú me has despertado para que te escuchara. No era necesario, no tenías verdadera necesidad de que te escuchara. Por otra parte, no te escuché. (Pausa.) Espero que llegue el día en que tengas verdadera necesidad de que te escuche, y necesidad de entender mi voz, una voz. (Pausa.) Sí, espero vivir hasta entonces, para oírte llamar como cuando eras muy pequeño y tenías miedo, por la noche, y sea tu única esperanza”(1).

La represión en Togo como ejemplo


Es evidente que, si bien el autor pretende hacer que oculta el origen en que se desarrolla su vida de juventud, todo remite a los horrores de la dictadura de Togo. Allí, Ito y sus amigos estudian a la vez que ensayan su obra de teatro, y la vida, todo lo normal que puede ser en aquellas circunstancias, rodean a la familia, que aparece a lo largo de la primera mitad de la novela. También allí, el dueño de una imprenta decide ayudarles desde el momento en que se plantean transformar su ensayo en subversión, imaginando que por ese motivo nada pueden hacerles: “No nos harán nada, me repetía yo para mis adentros como una fórmula mágica que debía alejar definitivamente el miedo. El miedo, una mierda difícil de expulsar”, dice, porque ha escuchado a Sony Labou Tansi afirmando “… no debemos quedarnos callados, debemos hablar, ¡no nos harán nada!”. Craso error.

Las octavillas recogen breves textos como:
“- Pero qué ocurre? ¿qué ocurre?
- Algo sigue su curso
El descontento y la primavera siguen su curso”

El impresor, Gueule de Bois, les dice que no funcionará, porque es poesía inofensiva “te equivocas Gueule de Bois, la poesía nunca ha sido inofensiva”.

El autor como empeño del compromiso

El escritor africano, afincado en Canadá, tiene una literatura comprometida, en la que habla explícitamente de la persecución y la tortura, del exilio y la desaparición. Pese a su exilio en el Norte lejano, no abandona la idea de regresar una vez a su país, aunque el entorno que dibuja en esta novela, vaticina la asunción de una condena a la pérdida de su nación, que no de sus raíces ni de su identidad.

El personaje de Ito Baraka sufrirá el encierro y la tortura, su narración nos llevará a un universo casi irreal, en el que se debate entre el calor abrasador de la jornada en la sabana africana, con un sol que seca la vista y los ojos, el encierro en un espacio donde no se puede estar de pie ni tumbado, y la violencia sobre los prisioneros políticos y no políticos, que apenas describe, pero que cita.

En su narración está presente el entorno de la creencia en la magia africana, en el periplo de encierro de Ito Baraka, que más tarde sugerirá la mezcla con la de los indígenas americanos, cuando se entrecruza con Kimi Blue, una yonqui que le acompañará en el trayecto final de escribir su historia.

Awumey ha jugado al intersticio que existe entre la realidad y el sentimiento, reflejando a un escritor exiliado de su país africano tras huir de una muerte cierta, gracias a la fortuna y a la fatalidad. Los personajes, complejos y arduos, no son nada sin el núcleo del personaje de Koli Lem, donde concentra el daño sufrido por la represión, el viejo ciego que, en el encierro de la diminuta choza, ha logrado esconder libros que, obviamente, no puede leer, pero que son su esperanza para no morir. El destino de Ito en aquella reclusión será el de leerle cada noche al viejo, al que ve como un caminante de Giacometti. El anciano asume la responsabilidad de lograr encontrar una vía de escape para su lector, y ese tándem será la ligazón eterna entre ambos, más allá de su encuentro.

Ese lugar común en la noche, como punto de encuentro final, donde llegan todos, pero también el enorme lugar donde Ito puede encender una pequeña luz a escondidas con Koli, para leerle y releerle los libros que les salvan de la oscuridad de la violencia, de los malos tratos, de la muerte. La noche como lugar de llegada y punto final, pero también como lugar de encuentro.

El empeño de Sony Labou Tansí como revolución

La novela describe un camino tremendamente sinuoso y tortuoso para sus personajes, que quiere conducirnos a la necesidad de cumplimiento de su deuda por parte del protagonista. En cierto modo, Ito Baraka necesita de alguien que le asista en su enfermedad ya en Toronto, y que, sobre todo, le escuche para que su historia tenga auténtica existencia: casi como el Hamm de Samuel Beckett.

Al joven Ito parece darle fuego interior Sony Labou Tansí, pero Labou dice también en uno de sus poemas “Érase una vez / Pero por qué esta vez / muerte / que nos daña por dentro / Iros por favor / He pagado mi deuda al contado / con una mueca al pasar / he vencido la muerte / y la vida”(2). Así es esta historia, como ese pequeño fragmento del otro autor africano.


(1)“C’est normal. Apres tout je suis ton pere. Il est vrai que si ce n’avait pas ete moi c’aurait ete un autre. Mais ce n’est pas une excuse. (Un temps.) Le rahat-loukoum, par exemple, qui n’existe plus, nous le savons bien, je l ’aime plus que tout au monde. Et un jour je t’en demanderai, en contrepartie d’une complaisance, et tu m’en promettras. Il faut vivre avec son temps. (Un temps.) Qui appelais-tu, quand tu etais tout petit et avais peur, dans la nuit? Ta mere? Non. Moi. On te laissait crier. Puis on t’éloigna, pour pouvoir dormir. (Un temps.) Je dormais, j’étais comme un roi, et tu m’as fait réveiller pour que je t ’écoute. Ce n’était pas indispensable, tu n’avais pas vraiment besoin que je t’écoute. D ’ailleurs je ne t’ai pas écouté. (Un temps.) J’espère que le jour viendra où tu auras vraiment besoin que je t ’écoute, et besoin d’entendre ma voix, une voix. (Un temps.) Oui, j’espère que je vivrai jusque-là, pour t’entendre m’appeler comme lorsque tu étais tout petit, et avais peur, dans la nuit, et que j’étais ton seul espoir” (Fin de partie, de Samuel Beckett).

(2)“Il était un fois / Mais pourquoi cette fois / morte / qui fait mal en nous / Quittez s’il vous plaît / J’ai payé cash ma lourde / grimace de passer / j’ai vaincu la mort / et la vie” (Poème deux, Sony Labou Tansi)


domingo, 20 de noviembre de 2016

Reseña de LA CASA SIN VENTANAS, de Alberto García-Teresa en Viento Sur

La casa sin ventanas 

Alberto García Teresa (Madrid, 1980) Doctor en Filología Hispánica con Poesía de la conciencia crítica (1987-2011) (Tierradenadie, 2013), ha publicado Para no ceder a la hipnosis. Crítica y revelación en la poesía de Jorge Riechmann (UNED, 2014) y Disidentes. Antología de poetas críticos españoles (1990-2014) (La Oveja Roja, 2015). Pertenece a la asamblea editora de Caja de resistencia. Revista de poesía crítica. Es autor de los poemarios Hay que comerse el mundo a dentelladas (Baile del Sol, 2008), Oxígeno en lata (Baile del Sol, 2010), Peripecias de la Brigada Poética en el reino de los autómatas (Umbrales, 2012), Abrazando vértebras (Baile del Sol, 2013) y La casa sin ventanas (Baile del Sol, 2016), así como de la plaqueta Las increíbles y suburbanas aventuras de la Brigada Poética (Umbrales, 2008). También el libro de microrrelatos Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos (Amargord, 2013).
Habitamos una ciudad de casas sin ventanas. Dentro de los muros, de cara a la pared, incapaces de imaginar algo que no sea “un patio interior, rodeado de sí mismo”. Se reclama “exilio para los herejes/ que hablan de una vida/ más allá de estos muros”. Esta poderosa imagen se abre en poemas, por lo general breves, a veces casi aforismos, donde el horror es aquello que vemos como cotidiano; o lo que ignoramos, pues sólo los herejes sueñan y dudan en esta casa tapiada. Sin ventanas pero con alambradas y puertas de seguridad. Preciso será cuestionar a los arquitectos, romper este simulacro de vida. Alberto García Teresa ha escrito un tema: el desastre ecológico, la alienación, la fantasmagoría del presente. Un tema —el capitalismo— con muchas variaciones. En cada una de ellas está la miseria, el dolor y la angustia de los habitantes de esta casa. Y sin embargo puede producirse, contra todas las expectativas, que un árbol que se diría muerto reverdezca y siga vivo. Porque, como dice Jorge Riechmann en el epílogo del libro: “A veces, contra todo pronóstico, una ventana en la casa sin ventanas” A esta lúcida esperanza nos llaman los versos de este libro.

 Antonio Crespo Massieu 


Cada vez levantamos más tabiques
en la casa sin ventanas.
Cada vez,
el espacio se acota con mayores gritos,
con mayor sed de estrellas.

A pesar de la solidez de las paredes,
de toparnos con ellas a cada instante,
aún fantaseamos
con la infinitud de las habitaciones,
con la interminable profundidad de los armarios,
con el orden eterno
de las alacenas.


¿Dónde queda el otro?
¿Dónde nosotros mismos
en la casa sin ventanas?

Los labios se reparten por turnos
siguiendo un catálogo de besos.

En cada abrazo,
se repiten meticulosamente los mismos pasos
que han solapado cada muestra de afecto
en la casa sin ventanas.

Sabemos acariciar sólo
en una única dirección.


El diseñador de etiquetas
es el filósofo de referencia
en la casa sin ventanas.


¿Para qué
levantar la vista
de nuestras manos
 cuando corretean entre los dedos
cientos de resplandores nuevos sin descanso,
si existe un surtido
inagotable
de laca de uñas?

¿Cómo levantarla de nuestros pies
si estamos siempre
en el paso siguiente,
en el paso que viene?


Vivimos en un pasado mañana perpetuo.

El presente se deshace en cadenas
de aspiraciones.

No existe rastro,
pues el dibujo del polvo
se petrifica a cada instante.

Ningún camino parece llegar o partir
de la casa sin ventanas.


Es fácil asimilar
que son inagotables y sólo nuestros
el gas de la calefacción, la luz,
el carburante de los motores,
cuando siempre se ha visto nacer
al agua
de un grifo.


En la casa sin ventanas,
un atlas es
literatura fantástica.


Como no pueden
atravesar los muros
las canciones, los discursos,
las entretejidas teorías de los intelectuales,
los largos soliloquios del sufriente, del enamorado, del soñador,

sólo dialogamos con el eco
en la casa sin ventanas.


La casa sin ventanas
está repleta de espejos.


Sin ventanas.

Pero con alambradas,

con puertas de seguridad,
con tarjetas de vigilancia,
controles de paso,
                             de visado,
vallas, espacios de internamiento
antesalas de la expulsión,
patrullas en los soportales,
pasaportes electrificados.

Casa sin ventanas:
fortaleza para los de fuera;
cárcel para los de dentro.


En la casa sin ventanas,
las goteras siempre son
un problema causado
por los de abajo.


¿Y dónde está 
la casa sin ventanas?


Constituyen la simetría de las cenefas,
la concordancia de los pliegos
del papel de las paredes
y el encaje de los rodapiés
objeto de profusos estudios,
destino de costosas innovaciones técnicas,
causa de pugna entre escuelas
y apellidos que rivalizan
para ejercer el control de los diseños.

Cada nueva generación arranca
azulejos, tapices, planchas
y coloca las suyas.

Así se reinventa el mundo
de la casa sin ventanas.


Cuántas veces nos hemos perdido
deambulando por laberintos de escaleras,
atropelladamente avanzando en hileras,
ensordecidos por las alarmas
para regresar al mismo punto
de la casa sin ventanas.

La alternativa al mando
tiene como máxima aspiración
un anhelo que muchos compartimos:

un patio interior
en la casa sin ventanas.

Un patio con sus mangueras,
con sus cuerdas de tender,
con sus baldosas color terroso,
con su cielo bien techado.

Un patio interior,
rodeado de sí mismo,
exuberante
de autoengaño de libertad.

Algún día,
quién sabe, quizá podamos conseguir
ese simulacro
                          irresistible
de brisa.


Se revisan las cañerías.
Se pintan las paredes.
Se superponen planchas de tarima.
Se sustituyen los lavabos.
Se examina el cableado.
Se limpian los conductos del gas.
Se renueva el mobiliario.

Pero nunca son cuestionados
los arquitectos
de la casa sin ventanas.

http://www.vientosur.info/spip.php?article11840