lunes, 22 de septiembre de 2014

Tan lejos de Dios, Roxana Popelka

Baile del Sol, Tenerife, 2004. 110 pp. 9,36 € 

Miguel Baquero 

Roxana Popelka (Gijón, 1966) hace literatura con las cosas pequeñas. Con los objetos, las palabras, los sentimientos que suele manejar la gente común, por lo general desechables y desde luego muy alejados de esas grandes sensaciones que, se supone, mueven cuentos y novelas. Para la asturiana, la vida, como titula uno de sus cuentos, «se compone y se descompone con pasmosa facilidad». La felicidad o la desgracia, la fortuna o la desesperación dependen de cosas muy pequeñas que, normalmente, están en manos de otros: del padre que se marcha, de repente, sin más explicaciones, y deja sola a la familia; del tipo que miente por instinto; incluso del bebé inocente que no para de llorar. En los cuentos de Popelka —que aspiran, como los buenos libros, no tanto, o no sólo, a entretener como a verter una visión sobre la vida—, los personajes, como quizás todos nosotros, carecen de una personalidad firme y rocosa, de un arraigo a la manera de los caracteres novelísticos antiguos: si nos podemos mirar en ellos no es con admiración, sino sintiéndonos iguales en su torpeza, en su desorientación, en sus dudas… Tipos que condicionan su vida, dando un giro busco a sus estudios, en función de un arranque emocional, de una discusión, o sencillamente de la posibilidad de aprovechar una beca en un país lejano, aunque no les interese demasiado el país ni la carrera. Gente como en “Una señora bien” o “Vuelo directo”, que ha llegado a lo que desde lejos puede verse como una cúspide, pero que en el fondo de sí presienten, saben, que la vida les ha llevado hasta allí como podría haberles llevado a cualquier otro sitio, al lado opuesto incluso. Aquel desorientado del colegio —pero no más que cualquiera de nosotros— convertido, de pronto, a los ojos de todos, en un triunfador; o aquella mujer bien acomodada a la que le gustaría sentir las miserias y el dolor, pero la firmeza sentimental al fin, de un artista...
«Así que a partir de ahora podía ocurrir cualquier cosa…»
Esta frase, tan sencilla, es la que marca el borde del barranco en el que parecen desarrollarse los cuentos de Popelka, siempre al filo de que, como en el famoso principio, el aletear de una mariposa en Brasil, un hecho por completo ajeno e incontrolable, lo desmorone todo, por más firme que parezca. Sucesos nimios como una mujer, o un hombre, con quien de pronto se encuentra la pareja; incluso algo tan cotidiano como una charla con la persona que tienes al lado, tu hijo o tu hija, que se supone dependen de ti pero que de pronto te muestran algo que siempre has ignorado.
Es formidable el breve cuento “El escultor”, la mujer que se desespera ante las dificultades para aprender de ese hijo que siempre ha soñado sería más inteligente que ella. Uno de los mejores cuentos que he leído desde hace tiempo. Un gran valor de los cuentos de Popelka es que en ellos la vida se pinta de manera tan difusa —como al fin y al cabo es—, sin que exista en ella una posición precisa en la que aposentarse, que incluso la postura ante un mismo hecho varía sin causa aparente. Y allí donde puede admirarse —“Presentación”— la entereza de una joven y el desprecio que siente hacia su padre, que las abandonó a su madre y a ella, en el siguiente cuento, “Tan lejos de Dios” parecida postura nos parece ruin y despreciable cuando, gratuitamente, una protagonista parecida le jode la vida al padre que se marchó de casa; en sólo diez páginas, el lector ha empatizado con el personaje supuestamente odioso y mira con desprecio a quien en principio debía admirar.
Ese cambio de punto de vista, de verdadera maestría literaria, prueba última de que en la vida no hay nada cierto y todos estamos tan lejos de Dios como de cualquier tipo de verdad inamovible, hace de este libro de Roxana Popelka un pequeño volumen digno de ser buscado por las bibliotecas, y encontrar luego un hueco para leerlo. Un libro en apariencia pequeño, como las sencillas cosas de las que se habla en él, pero con muy grandes destellos de calidad.

sábado, 20 de septiembre de 2014

EL ALBAÑIL QUE LE ESCRIBÍA VERSOS A LA POLICÍA ANTIDISTURBIOS

Publicado por: Diásporas Revista  jueves, septiembre 18, 2014 / 


Gsús Bonilla (Don Benito, Badajoz, 1971) es poeta, ilustrador y albañil libertario en paro. Su obra “Ovejas esquiladas que temblaban de frío” (2010) le convirtió en finalista del Premio Nacional de Poesía. Desde hace algunos meses, defiende su sexto cuaderno de poemas, Comida para perros (Baile del sol, 2014), una obra de prosa poética dedicada a la policía antidisturbios y a las víctimas de las protestas.


Gsús Bonilla, según Santos Perandones (todos los derechos reservados).

-Diásporas. ¿Cuántas veces le han confundido a usted con el otro “Jesús Bonilla”?
-Gsús Bonilla. Más de una, pero nunca por el físico (risas).

-Diásporas. Usted es Gsús con ‘g”, poeta y albañil. Porque es usted paleta, ¿no es cierto?
-Gsús Bonilla. En realidad, desde 2011, estoy en el paro. Pasé varios años sin cobrar un euro, en una especie de limbo legal provocado por un conflicto laboral. Los gerifaltes de la empresa se fugaron y nosotros dejamos de percibir nuestro salario, pero no podíamos cobrar ningún subsidio ni buscar empleo porque oficialmente, estábamos todavía trabajando. Y así hasta el año pasado… con mi pareja, con mi niña y como todo hijo de vecino, con mi hipoteca. Ahora vivo gracias a los 800 pavos que me da el Estado.

-Diásporas. Terrible…
-Gsús Bonilla. Sí, exacto, terrible. Puede imaginarse toda la impotencia y todo el odio que he sentido.

-Diásporas. ¿Odio?
-Gsús Bonilla. Sí, odio. Eso he dicho. Odio hacia un sistema que es capaz de devorar y de arrojar a la cuneta a seres humanos como usted o como yo.

-Diásporas. No nos ven.
-Gsús Bonilla. ¿Quiénes?

-Diásporas. Quienes nos gobiernan. No nos ven.
-Gsús Bonilla. No. No tienen ni idea de lo que está pasando. Tampoco quieren saberlo.

-Diásporas. Ahora defiende usted un libro de prosa poética: Comida para perros. Los perros de los que habla visten con uniforme y carecen de su proverbial nobleza… Quizá es que la perdieron de camino a alguna “mani”.
-Gsús Bonilla. En la mayoría de ocasiones, la figura del perro se utiliza en poesía como sinónimo de clemencia, compasión, lástima o perdón. Pero sucede que en mi libro se transfigura en rencor y resentimiento… Es un libro escrito desde la angustia y la ansiedad de las atmósferas que genera el poder para producir miedo.

-Diásporas. ¿De qué estamos hablando?
-Gsús Bonilla. Hablamos de violencia policial y social. Hablamos de personas como tú y como yo que hacen uso de un uniforme para tomarse la justicia por su mano y dejar a un pobre desgraciado tullido en el suelo. Dicen que ejercer la violencia contra niños y mayores es su deber; que dispensar a los desposeídos el mismo trato que a los criminales es su deber. Claro está, a uno le entran dudas. De esas dudas habla mi último libro. Yo soy poeta, y por lo tanto me expreso a través del ejercicio poético. Me gustaría pensar que mucha gente y muchos nadies como yo se pueden sentir reflejados en mis versos.

-Diásporas. Se diría que usted cree en el poder transformador de la poesía, que ésta, definitivamente, es un arma cargada de presente y de energía social.
-Gsús Bonilla. Le seré sincero, no. No creo que la poesía vaya a jugar un papel importante en todo este proceso de cambio. Hay mucha gente comprometida y con un discurso muy crítico, pero carecemos de influencia social. Lo que sí pienso es que las cosas pueden irse transformando poco a poco, y no de un día para otro. Yo mismo era un desclasado sin ideología metido hasta las cachas en un sistema absurdo: mi chica, mi juerguita y el centro comercial. Ahora, como casi todos, me pregunto qué he estado haciendo durante todos estos años.

-Diásporas. ¿Y le ha traído a ustes muchos problemas dedicarle un libro a la policía?
-Gsús Bonilla. No. Lo que sí he recibido son críticas. Alguna gente me ha insinuado que a protestar se va a las manis.

-Diásporas. ¿A qué gente se refiere?
-Gsús Bonilla. A otros poetas. Véase, por ejemplo, los del entorno de la poesía de la experiencia. Y que quede claro que no me refiero a una crítica personal. Simplemente, hay un grupo de poetas que no acaban de entender que utilicemos los versos para denunciar qué está pasando en este país gobernado por tarados y sociópatas. Personalmente, me siento muy orgulloso de que se considere mi trabajo “poesía social” y de hacer uso de mi voz para arremeter contra el sistema.

-Diásporas. Y no es usted el único… medio centenar de poetas ha organizado un encuentro en Madrid, a principios del próximo mes, en el nombre de la desobediencia*. Si no me equivoco, también usted forma parte de ese encuentro.-Gsús Bonilla. Sí… así es. Son cincuenta, como dice. Algunos de ellos conocidos y otros, menos. Falcó, Antonio Orihuela, Francisca Aguirre, Laura Casielles, Ana Pérez Cañamares, Miguel Ángel Muñoz Sanjuan… Todos tenemos claro quién es el enemigo.


 Para acceder a más información sobre el encuentro madrileño de poetas VOCES del EXTREMO 8


Fragmento de un poema, de Comida para perros.

[1. Los perros policía]

3.

correrán tras la plomada, devorarán la pancarta
tras la punzada del frío, tras un dolor cualquiera

por los presos políticos, por los encarcelados comunes, por
cualquiera que garabatee con negro las paredes blancas del
palacio

que seáis atentos-exijo- con todos y cada uno de mis
familiares
invitarles a abandonar la habitación del llanto no es el mejor
de los festejos

tu perro confunde a sus vecinos, ladra a la tercera edad; a la
vecina de enfrente, a su hijo parapléjico
mordisquea los tobillos a la infancia[...]

Gsús Bonilla, de Comida para perros (Baile del sol, 2014).



© Diásporas / Público 2014

http://www.diasporas.es/2014/09/el-paleta-que-escribia-versos-a-la-policia.html

viernes, 19 de septiembre de 2014

Un canto a la cotidianidad


Javier Morales (Plasencia, 1968) / Fuente: Escritura Creativa
Javier Morales (Plasencia, 1968) / Fuente:Escritura Creativa
Sentir la necesidad de escribir cuando se está de vacaciones puede ser algo problemático. Significa que ni en tus días libres eres capaz de estarte quieto o, lo que es peor, que tienes el trabajo por martirio. Mi caso particular es bastante más sencillo y la conclusión es tajante. La necesidad es algo más que una contingencia, qué demonios, es la única forma posible de escribir. Pero como yo no tengo que explicarles nada dado que ustedes me entienden, habrá que seguir delegando en los escritores la responsabilidad de iluminar los postigos de nuestras sombras.
El libro del que quiero hablarles hoy pertenece a un género narrativo que permite puntuales posibilidades expresivas que usualmente la novela no alcanza dada su extensión. No me tiren piedras, existen excepciones. Me estoy refiriendo al cuento como forma concisa que trata de representar una realidad acotada por la acción y el tiempo, no tanto por sus personajes. Javier Morales no es nuevo en este terreno, ya había publicado La despedida (2008) y Lisboa (2011), además de la novela Pequeñas biografías por encargo (Huerga y Fierro, 2013). Su última criatura se llama Ocho cuentos y medio (Baile del Sol, 2014) e incorpora un relato de Gonzalo Calcedo a modo de epílogo. La honestidad me dice que a este libro no le sobra la firma de Calcedo, pero tampoco la necesita. Ocho relatos y medio se sirve de una prosa llana, horizontal, adusta en el mejor sentido de la palabra. Pulsa teclas atrancadas en nuestra realidad como la pérdida de la inocencia, los esbozos de la inmigración, la prostitución laboral encubierta y la búsqueda del sentido de la vida hasta llegar a la soledad aterradora o el brillante conato de una microfobia doméstica.
Las apenas cien páginas de este librito puede confundirnos, pero se trata de un proyecto ambicioso. Javier pretende sondear la naturalidad del común de los mortales desde la sencillez más noble, la compleja, la que a fuerza de valerse de un vocabulario cotidiano y unas vidas corrientes en grado sumo, acaba por volcar su acento en la quietud de sus acciones, en la inmovilidad de su carácter. De ahí que la hondura de los relatos no recale en otro lugar que la palabra desnuda y la historia despojada de un ornato que es innecesario.
La labor de Javier es tejer pormenorizadamente una retahíla de sucesos que, descontextualizados de la estructura narrativa que ofrece esta escritura, perderían toda su gravedad. Por esto creo que el acierto es doble, primero por no haberse dejado llevar por la mano incierta de la lírica, y después, gracias a ello, haber sabido revalorizar la cotidianidad desde lo anodino. Confeso admirador de Chéjov, la huella del maestro ruso se hace notar en cada uno de los relatos, pero poco nos importa la influencia, eso sigue siendo cosa de culturetas que no saben qué decir y académicos embarrados en una Literatura Comparada que jamás llegará a concluir en nada. Una nada de la que precisamente se componen estas historias, por tanto no hay lugar para la especulación cuentista -tenía muchas ganas de decirlo- sino para el goce puro de la narración desvestida de trascendentalidad. Ocho cuentos y medio tiene la pretensión simbólica de que el medio cuento que falta para componer el número entero de nueve (¿Dante agazapado?) sea cosa del lector. Desconozco si personalmente he logrado armar ese pedacito de historia tambaleante, pero este libro de Javier Morales es como una carretera de historias bajo un horizonte bañado de trigales multicolores, extensa aunque reducida parcela de una llanura que despunta a lo lejos de nuestra mirada en la distancia. Desde esa altura, la que permite observar el paisaje desde el camino, aparecen los suaves amarillos tostados por el tiempo, los poderosos verdes que anuncian una forma de exuberancia, y se mezclan con el azul de un cielo que amenaza tormenta o el ocre baldío de la tierra posado en las cunetas. Es curioso que Morales no simpatice con las historias comprometidas y sin embargo haya dado a luz esta hermosa criatura apegada a la realidad, tan misteriosa y tan previsible, tan cotidiana.
Mario S. Arsenal

miércoles, 17 de septiembre de 2014

EL HOMBRE AJENO

DAVID PÉREZ VEGA. EL HOMBRE AJENO
(Baile del Sol, Tenerife, 2014)
por PEDRO PUJANTE
      Esta es la primera novela que leo de Pérez Vega. Conozco al autor por encuentros fortuitos en las barriadas y espacios de las redes sociales, porque tiene un magnífico blog que recomiendo (Desde la ciudad sin cines) y porque en él descubro libros a través de sus exhaustivas e interesantes reseñas, crónicas de lectura que ahondan y van más allá de unas simples notas acerca de un libro o de su autor.

Vayamos al libro. En El hombre ajeno, Pérez Vega nos cuenta la historia de Juan Linares, un joven doctorando que prepara su tesis sobre el salvadoreño Héctor Meier Peláez, guerrillero y poeta, personaje controvertido y no muy conocido cuya sombra oscila entre lo mítico y lo ignoto.

En la vida personal de Juan se suceden los típicos problemas e incidentes generacionales de cualquier muchacho de nuestro tiempo: una familia normal, un hermano inadaptado que parece arrastrar un pasado de drogas, las relaciones sociales habituales, parejas, trabajos precarios, estudios. En estas coordenadas biográficas, y a través de una prosa objetiva y equilibrada, el narrador nos abre una ventana que mira a la sociedad actual, realiza un dibujo preciso de nuestra España, con sus problemas más acuciantes: inmigración, precariedad laboral, dificultades para conciliar trabajo y estudios, por citar los más destacados. Pero además, a través del protagonista principal y sus reflexiones literarias, podemos asistir a una interesante discusión sobre literatura, que, creo yo, podría ser la zona más acertada y suculenta de todo el libro.

La novela, de hecho, está dividida en tres partes. La primera y la tercera se ocupan de la narración, de los avatares de Juan. En la parte intermedia, titulada “Interludio. Vida de Héctor Meier Peláez”, ha insertado Pérez Vega muy hábil y apropiadamente un inciso de medio centenar de páginas en el que se nos da cuenta de la vida y obra, de las hazañas, avatares y pintorescas aventuras que aureolan al casi mítico escritor Héctor Meier. Un revolucionario, poeta vocacional, piloto de aviones y líder guerrillero. Autor de culto, que fue perseguido por su homosexualidad y cuya obra, ahora, Juan trata de recomponer en su tesis doctoral, gracias a una minuciosa investigación y ayudado por el primo del poeta.




Juan, además de sufrir las levedades de su vida cotidiana (estudios, trabajo, una relación que no acaba de cuajar, familia), es acosado por la lacerante sombra de un pasado infantil luctuoso que creía ya olvidado. Pero que un día, el encuentro casual con un antiguo compañero de colegio con el que vivió el aciago incidente, lo revive en su memoria; y con él se abren las heridas de la insidiosa culpa.

Al final nos asediarán algunos interrogantes: ¿son los recuerdos reales o simplemente lo que creemos que recordamos? ¿Es fiable nuestra memoria? ¿Qué de nuestra personalidad debemos a un recuerdo falso?

Es El hombre ajeno un ejercicio literario de gran calidad, no solo por su ajustada composición y estructura; también por el uso de una prosa absolutamente calibrada que acierta a construir un argumento interesante, ambiguo y variado. Y que nos hace reflexionar sobre asuntos como la culpa, la fiabilidad de la memoria y la fragilidad de los recuerdos.

Pérez Vega no se detiene en atajos, sino que opta por la línea recta y consigue, con creces, su objetivo: contar una historia, valiéndose del lenguaje con pericia, sobriedad y sin recaer en florituras innecesarias. Si bien es cierto que no se aventura en experimentalismos ni en juegos estridentes, también hay que aclarar que esta novela no los precisa. En ese sentido, hay que decir que el lenguaje está en perfecta sintonía con la trama: una historia de personas sencillas, cercanas y creíbles que tratan de sobrevivir a sus abismos cotidianos.

martes, 16 de septiembre de 2014

Baile del Sol participa en la Asamblea Internacional de Editores Independientes en Sudáfrica

La editora de Baile del Sol, Ángeles Alonso, ha viajado hasta Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, para participar en la Asamblea Internacional de Editores Independientes, un encuentro profesional e intercultural inédito, que se celebrará entre los días 17 y 22 de septiembre, organizado por la Alianza Internacional de Editores Independientes.
logo_es_accCreada en 2002, la Alianza Internacional de Editores Independientes es una asociación sin ánimo de lucro, que se ocupa de una red compuesta por 85 editoriales y 9 colectivos de editores provenientes de 45 países, que se dividen en seis redes lingüísticas (anglófona, francófona, arabófona, hispanohablante, lusófona, persa). La Alianza organiza encuentros internacionales y lleva a cabo acciones de defensa a favor de la independencia editorial. Además, brinda su respaldo a proyectos editoriales internacionales bajo la forma de una ayuda a la traducción o a la coedición. Además, la Alianza contribuye a la promoción y la difusión de las producciones desde el Sur y hacia el Norte e intenta, de alguna forma, invertir el sentido único de los flujos comerciales. De esta forma, la Alianza participa en mejorar las posibilidades de acceso a obras e ideas y a la defensa y promoción de la bibliodiversidad.
Ángeles Alonso considera que esta Asamblea “es una oportunidad para reflexionar ampliamente sobre la responsabilidad de las editoriales independientes en la bibliodiversidad y la difusión del libro y la literatura, así como sobre la trascendencia de las líneas de actuación de las administraciones públicas en este mismo sentido. Precisamente Baile del Sol participa en un taller en el que trabajaremos sobre estos aspectos, los de las políticas públicas en lo que se refiere al libro”.
Realizado bajo el patrocinio de la UNESCO, el encuentro alternará sesiones plenarias abiertas al público con talleres temáticos; editoras y editores reunidos en Ciudad del Cabo propondrán recomendaciones y herramientas concretas a favor de la bibliodiversidad dirigidas a los poderes públicos, instituciones y grupos de profesionales. Tras un programa intenso y variado, que se puede consultar en la web de la Alianza, la Declaración de la Asamblea que se desprenda de estos días será validada por los editores presentes en Ciudad del Cabo y después se enviará el texto a la prensa, a los poderes públicos, a las asociaciones profesionales, así como a otras las organizaciones internacionales interesadas.

jueves, 11 de septiembre de 2014

“Stoner”, de John Williams

Stoner de John Williams cuenta la historia de un hombre sencillo, un profesor universitario hijo de campesinos, desde su ingreso como estudiante en la universidad de Misuri allá por  la segunda década del XX  hasta los años 50. Y con estas pocas palabras, muy parecidas a las del primer párrafo del libro, podríamos resumir esta historia.  Porque quien abra las páginas deStoner no encontrará ni grandes dramas, ni excitantes aventuras, ni tramas complicadas con giros inesperados, sólo el discurrir de los días durante  esas décadas donde se alternan la calma y algún que otro momento  de cierto frenesí, nunca excesivo.
Y sin embargo, es esta una novela que atrapa al lector aunque ello suene demasiado a frase hecha. Porque es un retrato de una humanidad aplastante, en el que se le otorga la misma importancia a los grandes momentos de la vida  como la muerte de seres queridos, el matrimonio, la guerra, que a las pequeñas anécdotas y hechos del día a día, a esa cotidianeidad donde reside  también el motor de avance de la vida.
John Williams ha creado un personaje lleno de dignidad, que se enfrenta a los reveses de la vida a veces con energía y otras con cierta resignación, al fin y al cabo como hacemos todos, que posee momentos de absoluta inocencia infantil  y otros en los que  un maduro ímpetu invade sus actos. Vemos como la pasión por la literatura se convierte en el eje de  su vida, vemos como es consciente de su particular derrota a la hora de compartir esa pasión. Puede que esa sea la razón del  magnetismo de la novela, que nos sintamos identificados con el protagonista porque comprendemos y perdonamos sus errores, que son los nuestros, porque nos alegramos con sus nimias victorias  que también son las nuestras, que compartimos su forma de enamorarse porque es como lo hacemos la mayor parte de las veces.
La habilidad narradora de Williams, esa facilidad para que el lector quiera conocer todo lo que le va a suceder al profesor Stoner aún sabiendo que no será nada grandioso, es admirable. Lo fácil quizás sería contar cuando hay mucho que contar.
A todo ello se suma una descripción minuciosa del mundo universitario, ese microclima de departamentos, cátedras, planes de estudio, rencores, amistades que suponemos fue en el que vivió inmerso el propio autor durante sus muchos años como docente universitario.
John Williams, nacido en Texas en 1922, publicó varias novelas  y varios libros de poesía a lo largo de su vida.  Con August,  su última novela publicada en 1973 ganó el National Book Award de ficción. Stoner fue publicada por primera vez 1965. La obra fue reeditada en la década del 2000 y supuso el descubrimiento para el gran público de este  autor ahora imprescindible. En España su publicación fue la editorial independiente Baile del Sol (diciembre, 2010) la responsable de este fantástico descubrimiento al que Vila Matas definió como una “obra maestra ignorada”.

stoner





miércoles, 10 de septiembre de 2014

Stoner, de John Williams


Stoner es el libro que querrás no haber leído.

Es la vida de William Stoner la que discurre en las páginas de esta novela, pero podría ser la de cualquiera. En pequeños pasos, sin grandes sucesos ni acontecimientos, plácidamente, sin grandes corrientes, sin saltos espectaculares ni sobresaltos el lector recorre su vida.

William Stoner nace y se cría en una pequeña granja. Hijo único de unos padres que se dejan la piel para sacarla adelante, su vida cambia cuando cumpliendo un deseo de sus padres se marcha a la universidad y descubre allí su vocación de profesor.

La Universidad, el conocimiento y el estudio iluminarán su camino, le proporcionarán un trabajo que le entusiasma, reconocimientos y amigos. Stoner también se enamora, se casa, funda una familia, encuentra el amor verdadero, alumnos que le marcan para bien y para mal y asistirá, como todos, al declinar de su vida hasta llegar al final.

Es una historia pequeña y sencilla contada como se cuentan esas historias; desde el principio y avanzando poco a poco hasta el final.El protagonista, en toda su existencia, sólo toma dos decisiones por iniciativa propia; una le permitirá vivir y la otra será el error con el que cargue toda su vida y que solo será capaz de sobrellevar gracias a su trabajo.

"En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que, el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra. Ambos eran muy tímidos y se fueron conociendo despacio, a tientas; se acercaban y se separaban, se tocaban y se retiraban, sin que ninguno quisiera imponer al otro más de lo que le fuese grato. Día a día caían las capas de reserva que los protegían, por lo que finalmente fueron como son los extraordinariamente tímidos: cada uno abierto al otro, sin protección, perfectamente cómodos y sin conciencia de sí mismos".



Stoner es el escaparate de una vida desperdiciada por el simple hecho de no hacer nada.

Stoner es la novela por la que avanzas plácidamente, con calma, tranquilamente, sin sobresaltos. Es una novela apasionante y que engancha hasta que llegas al final y te encuentras con un nudo en el ánimo, con un regusto amargo en la garganta y con un millón de preguntas sobre ti mismo y tu vida que no sabes si estás en condiciones de contestar. Ni siquiera sabes si quieres hacerte esas preguntas.

Sí lo sabes, no quieres hacerte esas preguntas.

Stoner es la historia de una vida por la que se pasa pero no se vive.

Stoner es una gran novela que al llegar al final te hace preguntarte si no hubiera sido mejor no leerla.