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martes, 28 de noviembre de 2017
lunes, 10 de junio de 2013
Animales perdidos, de Vicente Muñoz Álvarez Confirmación de una actitud indócil e indomable

Alberto García-Teresa
LaRepúblicaCultural.es
La última obra de Vicente Muñoz Álvarez continúa con la poética y la filosofía de sus libros anteriores, aunque se descubre en este un tono de amargura antes apenas perceptible, que tiene su razón en el desamor, punto de partida y sentimiento determinante de gran número de estos poemas. Así, arranca el volumen con la constatación de una separación, de una ruptura amorosa. Desde ese punto de partida, la obra va dejando constancia del paso del tiempo y de los cambios producidos, no sólo en ese ámbito, sino desde un enfoque amplio. Al respecto, la pérdida de la inocencia constituye el más relevante de ellos.Como es habitual en este autor, sus poemas están compuestos por versos muy breves, que se suelen reducir a sintagmas. Además, el texto está centrado en la página, con lo que se crea un dibujo con la propia disposición de las palabras que puede dialogar con la sombra chinesca de la ilustración de la cubierta del libro.
Animales perdidos consiste en una afirmación y una confirmación de una actitud indócil e indomable. La insumisión y la posición de resistencia frente a una sociedad alienante y alienada llevan al autor a realizar una defensa implícita del vitalismo. En ese sentido, sus textos remarcan la dureza de la vida.
A través, generalmente, de un registro narrativo, aparecen personajes (con nombres propios omitidos) en ambientes degradados, que se enfrentan a situaciones que exigen lo mejor de sí mismos para no sucumbir a la desolación, a los apuros económicos, a la exclusión social. Estos sucesos, además, son percibidos como situaciones amenazantes. Son anunciados en varios poemas, y se hallan encadenados mediante el asíndeton: “el no llegar a fin de mes / los sueños rotos / los amigos muertos / los recibos de la luz / del teléfono del alcantarillado / el alquiler el tráfico / la comida basura el odio / la soledad la rutina el tedio / la angustia el aislamiento / los planes de jubilación / los desahucios los despidos […]”.
Así, se produce un salto continuo de la percepción individual y de los sentimientos a las consecuencias y los problemas sociales que las provocan. De este modo, permea una constante crítica política sus versos.
En cualquier caso, existe un peso excesivo de las estructuras paralelísticas y de las enumeraciones (muchas piezas están formadas por largas de ellas) a lo largo de todo el volumen, como conjunto. Por otro lado, es constante la incorporación de versos y palabras de otros autores (incluidos incluso en inglés directamente).
En definitiva, Animales perdidos resulta la constatación de una actitud combativa, ofensiva, que busca la afirmación de una identidad libre, no alienada, frente a la masa.
http://larepublicacultural.es/article7132.html
sábado, 4 de mayo de 2013
Animales perdidos, de Vicente Muñoz Álvarez

Vicente Muñóz Álvarez es un destacado personaje de la literatura underground, si es que todavía podemos seguir utilizando esta palabra. Poeta, cuentista, editor de revistas… se trata de un autor situado instintivamente en esa frontera donde quizás el salto al gran mundo comercial supondría renunciar a la calidad y autenticidad de su propuesta literaria.
Animales perdidos,su último poemario, es como dice José Ángel Barrueco es un excelente prólogo, “una travesía vital”, la crónica de un camino “desde el atosigamiento de los infiernos interiores” hasta el reencuentro final con la estabilidad y el amor.
“No eran buenos tiempos”, comienza el poemario, y luego de forma más explícita: “Me acababa de separar de mi mujer / y había tenido que dejar mi casa en el campo / y alquilar un apartamento”.
Como se aprecia ya por este principio, estamos ante un poeta que no busca expresarse “de manera bonita”, por supuesto nunca de forma retorcida, ni poner voz de falsete para causar buena impresión en el lector.
Casi por el contrario, estamos ante un poeta que llama directamente a la verdad y al corazón, un poeta que si busca (como es propio y al fin irrenunciable en los poetas) suscitar alguna emoción en quien le lee, será a través de mostrarle un palpitar del corazón igual que en el suyo, para que quizás se produzca en él el milagro de sentirse concernido, implicado, incluso afectado por lo que lee.
“Poco queda ahora / de lo que antaño fui: / el niño fascinado / el adolescente inquieto / el joven rebelde el amante cautivador… [y más adelante]: “Los niños envejecen / en sus casas, / la traición aflora / en cada gesto”.
Admirador de los escritores beat, sobre cuyas figuras coordinó la magnífica antología/homenaje de cuentos de autores españoles, Beatitud, esa admiración se aprecia ya no solo en la desnudez y cotidianeidad de la escritura, sino en ese trayecto esperanzado que es Animales perdidos, un viaje desde el fondo de nosotros mismos hacia el exterior, con la certeza de que al final acabara presentándose la “iluminación”, la “salvación”, el “triunfo”.
No en otra cosa creían los autores beat, aunque algunos de ellos nunca llegaran a vislumbrar nada; no otra cosa es, al fin, la literatura de viajes, aunque sean la crónica de un viaje interior, desde el principio de los tiempos… Hasta en los poetas más congraciados con la negrura se atisba su deseo de que, al final del todo, brille efectivamente la esperanza.
Estamos en el medio del camino. Y un elemento imprescindible (siempre lo hemos oído quienes, desde que abrimos el primer libro de poemas, ya sabíamos que estábamos condenados a algún día, tarde o temprano, recorrer por nuestro pie ese sendero; otros hay que se quedan imperturbables donde han ido a caer, allá ellos); un elemento imprescindible, decía, es despojarse de todo lo accesorio, de lo que nos han ido añadiendo a nosotros mismos.
Aprender a reconocernos, en resumen: “Pude hacer sido / (para eso me educaron) / político periodista abogado / pero solo soy / quien soy”, dice, tan sencillo pero tan cierto, uno de los poemas. “Todas las mañanas / me pregunto / dónde duermen / la infinidad de extraños / que habitan en mí”.
Es, a mi entender, este “desasosiego de quien está desorientado y ya no encuentra su lugar en el mundo” (de nuevo estoy citando el formidable prólogo de Barrueco”, donde tanto este, como todos los libros de poesía, como aquellos textos hipnóticos de la generación beat, alcanzan su verdadera medida.
Porque en el inicio, en la oscuridad, fácil es caer en el magma general, y la salvación al fin, es algo bastante insulso, a que engañarnos. Donde las personas, y los poetas, muestras su verdad es en esta parte, en el recorrido del “purgatorio” que por fuerza ha de ser original, propio, no acepta acogerse a clichés.
“Los pájaros picoteando en la terraza / el suelo en la terraza / la figurilla del lobo de mar / fumando en pipa / las flores del jarrón / que se han secado / el chasquido de la lluvia / en la ventana.” “Mi mundo es un pequeño cosmos / con barrotes de cristal / y dentro fuera / cerca lejos / la única frontera / que existe / es la ventana.”.
Y por último, al final del camino, el amor, que puede llegar de la manera más insospechada, “aquel día / lo recuerdo / tenía además / un tremendo / catarro”. Que no es solo el amor erótico, o la atracción hacia otra persona, sino el “A-mor” en su término etimológico y profundo, el “no muerte”, o a lo que nosotros (al poeta y al ser humano) importa: “llegar a vivir sin miedo”.
Ficha técnica:
Título: Animales perdidos
Autor: Vicente Muñoz Álvarez
Editorial Baile del Sol
140 páginas
http://www.elheraldodelhenares.es/pag/noticia.php?cual=17307
jueves, 2 de mayo de 2013
ANIMALES PERDIDOS. Vicente Muñoz Álvarez
Título: Animales perdidos
Autor: Vicente Muñoz Álvarez
Editorial: Baile del Sol
Págs: 140
Precio: 12 €
Llueve mientras termino de leer un
exquisito poemario de Vicente Muñoz Álvarez.
De la mano de Virgilio avanzo en esta lluvia de ideas donde me voy reencontrando
con los versos de nuestro autor, un autor que nos sorprende con poemas que se hacen eco de viajes
literarios, personales o ficticios, que
nos llevan desde el clasicismo de Dante a la contemporaneidad de Lowry, pasando por músicos y pintores, por
amigos y animales… pasando por el infierno y la pérdida, senderos obligados,
inexorablemente, en nuestro trayecto
hacia el cielo. ¿Cómo reseñar entonces una obra poética cuya forma y contenido
son uno solo, sin reescribirla ni parafrasearla? ¿Cómo animar a la lectura de unos versos
llenos de soledad primero, incertidumbre después, y amor al final del camino?
En el poemario Animales perdidos nos encontramos con el Poeta en constante
búsqueda de sí mismo, un poeta en tierra en busca de la salvación literaria,
acaso amorosa, desde su más íntima soledad, descrita paso a paso, erguida como
un roble, el mismo roble brillante y solitario del que hablara Whitman en sus Hojas de hierba, un árbol frondoso en la soledad de su llanura. La obra se divide
en tres partes diferenciadas: Infierno,
Purgatorio y Cielo. Casi la mitad del libro contenida en la primera
parte, y la otra divida entre el purgatorio y el cielo, cielo que es beatitud,
luz, semillas de amor que refrescan el arduo camino de la búsqueda. Si bien el infierno parece ocupar la mayor
parte de la obra, no por ello el cielo reluce con menos esplendor, pues
conforme vamos avanzando en nuestra lectura, las nubes que parecían pesar sobre
el caminante irán dejando paso a un espléndido sol en su más honesta
luminosidad.
Sin
abandonar la coyuntura histórica, la escritura de
Vicente no deja de ser, en sí misma, poesía, intentando volar,
escapar…liberarse de la pérdida, de lo fatal sensitivo al que la
realidad nos
tiene tan acostumbrados. Así, entiendo que el libro se lea primero con
dolor y angustia, para acabarlo con un placentero sabor de boca, que
no dejará indiferente al lector.
Ínsaf Larrud
lunes, 8 de abril de 2013
ANIMALES PERDIDOS, de Vicente Muñoz
La noche de ayer me cundió mucho, vaya si la aproveché. Rompí con mi pareja de
años, me exiliaron a un piso de la ciudad yerma, bajé al infierno, llené de
astillas el corazón, me hundí, cerré las salidas, me hice pequeño, me dolí,
embarranqué, me fuí de ruta a vender zapatos y sólo ví miseria y angustia,
decidí acabar con todo pero me salvó un recuerdo y un volantazo, descubrí un
claro en el bosque, me vino la desidia y el desasosiego, la cuenta corriente a
cero, más zapatos sin vender, cerrazón en los ojos inertes de los clientes, me
cogí una gripe y una resaca enorme me mataba pero me levanté y encontré una
mujer blanquísima y me enamoré y salté al vacío y había red en los ojos de Jul y
en mi perro. Me agarré a la vida de nuevo y fuí feliz, los recuerdos del
naufragio sirvieron para hacerme más fuerte, renací como el fénix y
reí.
Todo esto porque devoré anoche Animales perdidos, de Vicente Muñoz Álvarez, editado por Baile del Sol, con ilustraciones del clavo hermoso y caliente de Julia D. Velázquez.
Si bien es cierto que cada vez más puedo disfrutar de todo tipo de poesía, la que me sigue rompiendo y emocionando es la que habla de mí, y Vicente lo consigue con holgura, me arrastra al abismo y es el mío sin serlo, me calma y me cura, me sienta de copiloto en su coche cuando va de ruta, me ofrece tabaco, enjuga mis lágrimas, me presta sus manos para amar. Tiene la capacidad de que seas Vicente Muñoz durante un tiempo, o al reconcerte en sus versos, deja él mismo de ser Vicente para ser tú.
Increíble poemario, duro y negro, asfixiante a veces, redentor y amable al final.
La soledad hostil sin brazos del infierno, la desorientación en el caos y la obsesión entre vivir y no estar muerto del purgatorio, las deudas saldadas, la conciencia tranquila o la compañera feliz del cielo.
DÍAS OSCUROS
otra vez
los días oscuros
tristes días de ruta
de intentar vender zapatos
la crisis la baja autoestima
las tiendas que cierran
los clientes que no pagan
la incertidumbre la deriva
el miedo el alarmismo el caos
la competencia la decadencia
el fin de raza el alma rota
sólo el instinto
de sobrevivir
perdura
http://elhombreinvisible-invisible.blogspot.com.es/2013/01/animales-perdidos-de-vicente-munoz.html
Todo esto porque devoré anoche Animales perdidos, de Vicente Muñoz Álvarez, editado por Baile del Sol, con ilustraciones del clavo hermoso y caliente de Julia D. Velázquez.
Si bien es cierto que cada vez más puedo disfrutar de todo tipo de poesía, la que me sigue rompiendo y emocionando es la que habla de mí, y Vicente lo consigue con holgura, me arrastra al abismo y es el mío sin serlo, me calma y me cura, me sienta de copiloto en su coche cuando va de ruta, me ofrece tabaco, enjuga mis lágrimas, me presta sus manos para amar. Tiene la capacidad de que seas Vicente Muñoz durante un tiempo, o al reconcerte en sus versos, deja él mismo de ser Vicente para ser tú.
Increíble poemario, duro y negro, asfixiante a veces, redentor y amable al final.
La soledad hostil sin brazos del infierno, la desorientación en el caos y la obsesión entre vivir y no estar muerto del purgatorio, las deudas saldadas, la conciencia tranquila o la compañera feliz del cielo.
otra vez
los días oscuros
tristes días de ruta
de intentar vender zapatos
la crisis la baja autoestima
las tiendas que cierran
los clientes que no pagan
la incertidumbre la deriva
el miedo el alarmismo el caos
la competencia la decadencia
el fin de raza el alma rota
sólo el instinto
de sobrevivir
perdura
http://elhombreinvisible-invisible.blogspot.com.es/2013/01/animales-perdidos-de-vicente-munoz.html
martes, 2 de abril de 2013
Animales perdidos
POR
MAR LÓPEZ
– 01/04/2013
Este poemario es un estallido de realidad, honestidad y vida. Concentrado en poco más de 100 páginas y dividido en tres estupendos apartados (Infierno, Purgatorio y Cielo) recoge las fases que atraviesa el poeta tras una ruptura sentimental. Poesía realista, de corte autobiográfico y de inmensa calidad, made in Spain.
Vicente Muñoz Álvarez, poeta de origen leonés, también ha escrito otros libros como “Canciones de la gran deriva” (ed. Origami), “Cult movies” (ed. Eutelequia), “Parnaso en llamas” (ed. Baile del Sol) o “Mi vida en la penumbra” (ed. Literatúrame). Además, dirige la estupenda publicación underground “Vinalia Trippers”, dedicándose a la literatura con oficio y buen hacer desde hace muchos años.
Infierno y purgatorio
Abre el poemario un prólogo a cargo del escritor José Ángel Barrueco. Es un texto que sirve para describir a la perfección el contenido del libro, aportando interesantísimos paralelismos y posibles influencias literarias que encontraremos a lo largo de la lectura. Por ejemplo, la angustia bernhardiana presente en los poemas de “Infierno”, la influencia beatnik en los viajes por carretera del poeta mientras trata de ganarse la vida como comerciante, las jugarretas del subconsciente tan presentes en la obra de autores como William S. Burroughs o Céline, etc. Es un análisis estupendo que concluye afirmando que las grandes derrotas suelen dar como fruto grandes triunfos, como es el caso.
Como apunta Barrueco en el prólogo, “Animales perdidos” tiene similitudes con una novela, debido a la línea argumental que siguen los poemas y por el carácter narrativo de éstos. Precisamente este poemario entronca con la corriente poética realista y de corte autobiográfico en la que también se encuadran otros escritores como el mismo José Ángel Barrueco, el poeta David González, Gsús Bonilla, Mark Strand, Charles Bukowski, etc., todos ellos magníficos escritores que hacen de la poesía algo muy diferente a lo que suelen inculcar en las escuelas (rimas consonantes sobre el canto de los pájaros y el amor cortés).
Los poemas de esta primera parte, “Infierno”, son desgarradores y dolorosamente reales: el hecho de estar escritos de una forma tan honesta (dotando de esa forma al poemario de gran valor artístico) provoca en el lector una mezcla de desasosiego debido a la empatía que se puede alcanzar recordando sin querer antiguos desengaños amorosos; por otro lado, estimula una suerte de alegría irracional el hecho de leer, descritos de una forma tan precisa y tan dolorosamente real, situaciones que a nadie pueden resultar ajenas.
La travesía de Vicente Muñoz
Los poemas de “Infierno” se presentan titulados y a menudo incluyen dedicatorias a otros músicos y escritores influyentes en la obra del poeta, y que definen sus gustos literarios (magistrales): entre ellos, los ya citados David González, José Ángel Barrueco, Burroughs y Céline, pero también Raúl Núñez, Philip K. Dick, etc.
Sin embargo, los poemas de “Purgatorio” se caracterizan por la ausencia de títulos y dedicatorias; son poemas de apariencia frágil y desprotegida, en los que el autor se muestra indefenso y agotado tras su travesía por la crudeza de los días que siguieron a su desgracia personal: son poemas de soledad y abandono, que versan sobre la dificultad de mantener la fe en la venida de tiempos mejores y sobre el desapego a todo lo que le rodea por culpa de su propio estado de ánimo.
Es una travesía necesaria para alcanzar días más luminosos, que da lugar a interesantes reflexiones sobre el conocimiento personal y la observación detenida del entorno. Esta segunda parte contiene infinitos destellos de genialidad atrapados en breves versos de apariencia gris.
Al final, siempre el infierno
Los poemas del último apartado son los de la calma, la plenitud personal y la felicidad. Comparten realismo y sinceridad con el resto de poemas del libro, pero carecen de la fuerza que el desagarro aporta a los textos de las dos primeras partes. Y es que es a través del dolor y de la desazón como siempre se han logrado mejores resultado en el arte.
En conclusión, Vicente Muñoz ha creado algo hermoso y muy bien construido a partir de sus propias cenizas y de cosas que ya estaban rotas. Además, con eso ha hecho un honesto homenaje a la “Divina Comedia” de Dante Alighieri, utilizando los mismos epígrafes en la división de la estructura del poemario.
Pueden convertirse en Virgilio por un día y acompañar a Vicente en su travesía, suponemos que tocado con capucha roja. Disfruten del trayecto e interioricen para siempre lo aprendido.
miércoles, 20 de marzo de 2013
ANIMALES PERDIDOS EN SENTIDO FIGURADO
Autor: Vicente Muñoz Álvarez.
Título: Animales perdidos.
Editorial: Baile del Sol
Año: 2012
Debo reconocer que mi afición por la lectura de poesía contemporánea ha seguido el curso de un caótico río donde hubo un tiempo en que yo también fui un animal perdido. Tal y como suele suceder con las relaciones humanas, mi Ser-Lector, de repente empezó a sentirse contaminado, cansado, viejo, víctima de sí mismo..., en definitiva: dejó de sentir el fuego de la poesía...
Y de esta experiencia personal podríamos sacar el infeliz final de un cuento, de no haber sido porque cada vez que leo a Vicente Muñoz me doy cuenta de que la proyección metafórica de la vida como camino no es sino una línea recta, la avenida principal de una gran ciudad, con sus vistosas formas, sus luces, su color, su aroma a café, sus alcantarillas llenas de ratas y todo eso que nos hace luchar por lo que consideramos mejor para nosotros y para las personas que nos rodean. He aquí el espíritu con el que este autor aborda el drama humano partiendo de la experiencia propia.
Una de las cosas que más valoro de este autor, y de este poemario en concreto, es su inestimable sagacidad a la hora de escapar de lo que, a primera vista, tiene todos los ingredientes necesarios para convertirse una lectura enfermiza y colmada de ansiolíticos y antidepresivos, cosa que, en estos tiempos que corren, no puede deparar nada bueno.
Llegados a este punto debemos estar preparados para este nuevo lance como insaciables lectores de poesía. Y como ocurre en cualquier viaje que se precie de serlo, ahora deberíamos tener en cuenta el trayecto, la distancia entre un punto de partida y el lugar donde queremos estar. Pues bien, en nuestro viaje nos enfrentamos a tres niveles, tres esclusas, las cuales coinciden con los tres estados anímicos que recorrerán al autor en la constante búsqueda de la felicidad: Infierno, Purgatorio y Cielo.
En el nivel del Infierno, situados ante el título del primer poema, ya tenemos las claves para afrontar esta lectura: Animales perdidos. El autor leonés es consciente de la capacidad humana para arropar sus instintos en los momentos de más dicha, así como la necesidad de que esos instintos animales afloren en los momentos más difíciles, justo cuando la supervivencia aparece como un trazo exiguo en el mapa de los sueños. De este modo, el poeta apelará a lo esencial, a lo desnudo, a lo desposeído y primigenio como material de cimentación para una nueva vida. Desde el balcón de una ruptura sentimental, con cuarenta años, el sujeto poético se enfrentará, nuevamente, a la acritud de un mundo vacío: No eran buenos tiempos:/nada me satisfacía llenaba/ todo me estremecía/todo me hacía llorar. Y, sin embargo, siguiendo en este mismo poema, queda claro que no está dispuesto a darse por vencido: Y me gustara o no,/ tarde o temprano,/ también solo debería reanudar el camino. La vida es considerada un juguete roto, pero eso no es nada nuevo porque ¿Qué no habremos visto/ o reído o escuchado que estremezca nuestra experiencia.
Aún así, el autor siente como su animal se descontextualiza ante la pérdida (Tú has nacido en otro siglo) de una referencia contemporánea; es como si el mundo se hubiese hecho tan grande, tan espeso, que apenas queda en él algún resquicio de luz para poder orientarse. Cabría apuntar, ahora, que ese espíritu ciertamente romántico no encajaría el ideal de tiempos pretéritos (aunque sí es cierto que Vicente coincidirá con el Romanticismo en otros muchas particularidades), que es precisamente de lo que trata de escapar nuestro autor dando muestras de una clara voluntad de ruptura con su anterior etapa, situando la consciencia en la construcción de un futuro en el que se utilizarán nuevos materiales.
Esto sienta las bases sobre las que se alimentará otro nuevo nivel: el Purgatorio. En él encontramos una serie de poemas encadenados que llevan a una búsqueda interior: sé que existo/ y estoy vivo/ pero ignoro la razón. Es el precio que se ha de pagar. Una de las características principales de esta parte del poemario es el extrañamiento del poeta ante el universo confuso que el rodea. Junto a este deseo de exploración existe la firme convicción de que para llegar a la esperanza hay que abrir/ cientos de puertas/ para cerrar/ definitivamente alguna. Una vez hecho esto, tan solo quedará sacar la cabeza del líquido amniótico y comenzar a respirar, ladrillo a ladrillo. La obsesión por edificar un hogar parece ahora tomar consistencia.
De este modo llegamos al tercer nivel: el Cielo. La primavera llega al corazón y comienza un periodo de deshielo: Y entonces/ la vi (...)/ e inmediatamente/ se esfumó mi tristeza. El poeta se siente capacitado para introducir todo lo necesario para transformar las paredes de ladrillo en un auténtico y confortable hogar: dos cepillos/de dientes/en el cuarto/de baño/el amor/ florece. Pero es anecdótico cómo establece comparativas con el pasado y, sin perder la referencia, bosqueja un nuevo jardín, menos exuberante, pero que riega, junto a su amada, todos los días..., Y está/ dando frutos. Y para finalizar el trayecto, con la casa construida y el amor que hay dentro logran aportar el equilibrio necesario para poder crear: regreso a la tierra/ un lugar tranquilo/ para respirar/donde escribir/soñar amar.
Para finalizar, habría que preguntarse el porqué de este poemario. Y la verdad es que ahora es cuando sería oportuno preguntarse cuántos autores han descendido a los infiernos y han recreado su experiencia para nosotros en millones de páginas repletas de literatura. ¿Cuántos autores, cuantos libros, cuántas llamas han jugado al póker con la misma baraja de cartas y luego se han quemado en la misma hoguera? Pero, a fin de cuentas, nada de esto importa, porque lo que de verdad importa es ese momento fugaz en el que te asomas a las páginas de un libro y sientes la presencia de ese destello de luz del que creo haber hablado sobre todas estas líneas. Creo que puede merecer la pena que dure siempre/ la magia/ que nada rompa/ este hechizo.
Ángel González González, En sentido figurado.
martes, 12 de marzo de 2013
Mirar el cielo es un trabajo a tiempo completo: Animales perdidos de Vicente Muñoz Alvarez
Vuelve a la carretera, allí te encontrarás
mejor. Toma el autobús de línea, no te bajes hasta la última parada...después,
allí, en la tierra de las colillas aplastadas, en el reino de los supermercados
de marca blanca, podrás encontrar a Vicente Muñoz
Álvarez, una vez más, en el camino. Animales perdidos, el nuevo poemario de
Vicente Muñoz habla con la rítmica de Carver de los últimos refugios que nos
quedan, de los oráculos en las estaciones, de los días que pasan, como salidos
de una fotocopiadora estropeada, uno tras otro, repetido. Vicente Muñoz llama al
viento del norte por su nombre, escribe como si nunca pensara escapar de la
torre de la canción (el poema inicial, Animales Perdidos tiene esa rítmica
particular del fantasma Coheniano), la lírica del que llega a los cuarenta con
pelo gris en el pecho, con una melena rebelde, que reza a sus amigos porque no
le quedan mejores dioses (qué hermoso el poema dedicado a Raúl Nuñez...las
palabras sobre David González, Pablo Casares, Alfonso Xen. Rabanal...), en cada
parada del camino uno se imagina a Vicente Muñoz Álvarez deteniéndose en una
gasolinera, con el catálogo de cintas de cassette donde ha grabado sus poemas,
como aullidos castizos. Mirar el cielo como un trabajo a tiempo
completo.
Animales perdidos lo ha editado Baile del Sol desde su colección de poesía.
http://leocamaleon.blogspot.com.es/2013/01/mirar-el-cielo-es-un-trabajo-tiempo.html
viernes, 8 de marzo de 2013
miércoles, 6 de marzo de 2013
Reflexión dantesca
Animales perdidos (Baile del Sol), de Vicente Muñoz Álvarez (León,1966), con prólogo de José Ángel Barrueco, es su mejor libro de poesía hasta ahora, de necesaria y justa lectura. Trae ecos salvando las distancias necesarias de la Commedia de Dante Alighieri. También está dividido en tres partes: Infierno, Purgatorio y Cielo y también narra el peregrinaje del poeta desde la oscuridad a la luz. Aquí el acompañante y cayado del poeta es el propio poema al que se agarra para su reflexión vital, en ese adentrarse en el bosque de la palabra poética.
Enrique Villagrasa, en Qué Leer, Nº 185, Marzo 2013.
martes, 12 de febrero de 2013
Dos sumas poéticas (auto)biográficas sinceras y auténticas de dos protagonistas del tiempo (presente)
Vicente Muñoz Álvarez, Animales perdidos (Baile del Sol, 2012)
Bernardo Santos, Con el paso cambiado: nuevamente (Baile del Sol, 2013)
Y casi al cierre de este número –de ahí el carácter perentorio de esta brevísima reseña noticiosa– hemos
recibido dos poemarios de carácter autobiográfico, de diverso tono, pero ambos con el mismo fondo de
sinceridad y autenticidad literaria, vital y poética; estos son: Con el paso cambiado: nuevamente (2013), del médico poeta soriano –pero ya sevillano–, Bernardo Santos, y Animales perdidos (2012), del poeta y escritor leonés, Vicente Muñoz Álvarez; ambos editados por la editorial tinerfeña Baile del Sol.
Si Animales perdidos, el de Víctor Muñoz, como afirma en el prólogo José Ángel Berrueco, “reconstruye
una travesía vital y poética que va de la penumbra hasta la luz”; el de Bernardo Santos, Con el paso cambiado (nuevamente), es un libro que lo califica y lo sitúa como persona y sujeto pensante, sintiente, activo y crítico en “estos tiempos tan duros”, y como afirma Antonio Orihuela en el prólogo del mismo, lo sitúa, también procedente de sus propios “siete círculos infernales” en la plaza del mundo, a la luz también de
la realidad presente. Dos poemarios que tiene, pues, más elementos comunes de los que a primera vista
pudiera parecer.
He aquí dos breves muestras.
… … … … … …
De Con el paso cambiado (nuevamente).
Bernardo Santos
AMARSE UN POCO
... basta guardarsi e poi, avvicinarsi un po’...
Amarsi un po’. Lucio Battisti / Mogol
Amarse un poco. Todo lo posible.
Amarse en el paisaje y en las habitaciones.
Donde el aire lleve memoria de todas las gargantas
y donde no quepa el aire.
Amarse todo el tiempo. Amar a todos.
Amarse amando.
Amarse más de lo que nos dejen.
Desbordar los límites del amor sin límite.
Amarse en todos los idiomas.
Porque todos somos bellos, porque todos somos buenos.
Porque todos cabemos, porque hay para todos.
Amar y amar.
Obligatoriamente, solo amar
y luego hacer lo que quieras.
De Animales perdidos.
Vicente Muñoz Álvarez
OXIDACIÓN
Días que oxidan
que enervan que duelen
y saudade profunda
en esta yerma capital del frío.
Mi vida en la penumbra
aún huele a ti
aún huele a ti.
Y mi perra y yo
aullando desesperadamente
a la luna.
Recuerdo ahora
ciertas palabras del Cónsul
en Bajo el volcán
One cannot live
without love.
Y unos versos
de Pablo Casares
Tantas formas
hay de vivir
como de morir.
Pero sólo una
de sobrevivir:
resistiendo.
Justamente
en ello estamos.
Revista Youkali nº14 http://www.youkali.net/youkali14-completo.pdf
lunes, 11 de febrero de 2013
ANIMALES PERDIDOS según VELPISTER
Ayer recibí el libro de poemas "Animales perdidos", ed. Baile del sol, de Vicente Muñoz Álvarez. Lo devoré de inmediato. No solo no me defraudó en absoluto, sino que me parece un poemario brutal, maravilloso, romántico y duro, desolador y lleno de esperanza. Además ocurre algo curioso: creo, puede que me equivoque, que el poemario se empezó a gestar, más o menos, cuando V y yo nos conocimos a través de nuestros respectivos blogs. De esa época surge el primer vídeo/musicoplastidrama que voy realizando (poco a poco) con textos de mis autores preferidos, los que había hecho antes eran siempre con mis textos o solo con música. Hicimos por aquel entonces, un trueque artístico que hasta hoy sigue dando frutos: un cuadro, un poema, una música, un vídeo, un prólogo, colaboraciones, encuentros poéticos incendiarios etc. Amistad de la buena.
De otro de los poemas del libro (cuando éste era inédito, claro está) hice otro vídeo más adelante: Uno de esos poemas de Vicente sobre su trabajo de vendedor de zapatos, tan desgarradores, tan "gristes" y a la vez emocionantes.
El libro se divide en tres partes y es un poemario de atomósferas y de tonalidades. El primero, el infierno, es oscuro y agobiante, enormemente triste y dramático. La segunda atmósfera es la del purgatorio, es de un color "griste", más plácido que el anterior, pero igualmente sobrecogedor, poseedor de una estaticidad llena de tensión, y llegamos al tercer lugar del libro, el cielo, que es tan luminoso que en verdad ciega, consigue un contraste tan bestial que llega a cegarnos con tanta luz. Siempre alejado de la cursilería y la ñoñez, nos deja poemas de un romanticismo crudo y sencillo y muy hermoso, tan bellos como desgarradores los primeros. Nada tienen que ver estas palabras con mi admiración por este autor, me identifico a la perfección con su estilo y contenidos, lo único que podría tener que ver es el hecho de escribir esta breve y humilde reseña, desde mi admiración y amistad. Él fue, por cierto, al que primero conocí de todo el grupo de artistas malditos que, gracias a él, he ido conociendo y admirando hasta el día hoy. Ninguna falta poner nombres, porque son muchos, cada vez más.
Mencionaré también las preciosas ilustraciones/dibujos (y portada) de la adjudicataria de la tercera parte del libro, "cielo", Julia D. Velázquez, magnífica, como siempre. Me permito poner aquí el que más me gusta.
Éstos son los vídeos/musicoplastidramas en cuestión, de aquellas (2009/10) no tenía unos medios técnicos de grabación de sonido ni de edición de vídeo demasiado buenos, pero el resultado, al menos, es auténtico.
Tituló vicente el poema del primer vídeo igual que el cuadro "cola para genocidio". El otro se titula "días de ruta".
Cola para genocidio:
Días de ruta:
Velpister
domingo, 3 de febrero de 2013
Nubes blancas que dibujan sueños
josé enrique martínez 03/02/2013
En otro momento escribí que la poesía del leonés Vicente Muñoz era la manifestación realista de una conciencia crítica tanto personal, a través del autobiografismo, como social por su resistencia al sistema. Su nuevo libro, Animales perdidos,sin abandonar el inconformismo ni la palabra directa y precisa, cae del lado de lo personal, de la tribulación íntima en un camino que va de la oscuridad a la luz, conforme dicta la organización dantesca del poemario en tres partes tituladas Infierno, Purgatorio y Cielo respectivamente.
En otro momento escribí que la poesía del leonés Vicente Muñoz era la manifestación realista de una conciencia crítica tanto personal, a través del autobiografismo, como social por su resistencia al sistema. Su nuevo libro, Animales perdidos,sin abandonar el inconformismo ni la palabra directa y precisa, cae del lado de lo personal, de la tribulación íntima en un camino que va de la oscuridad a la luz, conforme dicta la organización dantesca del poemario en tres partes tituladas Infierno, Purgatorio y Cielo respectivamente.
El primer poema, impresionante en el mejor sentido de la palabra, transcribe la situación del propio poeta que «por primera vez en cuarenta años / me encontraba solo en la tierra», tras la separación de su mujer. El correlato lírico es el perro vagabundo, enfermo y mutilado recogido por una vecina: «su aullido me desgarraba por dentro: / aquel sollozo infinito y lánguido y triste». El animal perdido y sufriente, es la imagen de la persona en dolorosa soledad. La mutilación es el signo de algo que nos han cercenado, de la herida, de lo no recuperable. Es el estigma del náufrago, imagen existencial de que gusta el poeta, pero imagen también de las personas acosadas por la crisis, los desahucios y demás plagas del momento. En cualquier caso, el poeta asume que tiene que salir de su infierno. De momento le ayuda la poesía, espacio de salvación reiterado por el escritor: los poemas, «en los peores naufragios / pueden salvar nuestras vidas»; «en los naufragios / y los hundimientos / agarra / fuerte / el poema / será / tu salvaguarda / y guía».
Pero no habla Vicente Muñoz de cualquier poesía, no habla de la cultivadora de vanidades y premios, sino de la que él llama poesía de trinchera, es decir, de resistencia y lucha.
El paso por el purgatorio es más amable. El poeta vuelve sobre sí mismo, se examina, se piensa e interroga desde su soledad, otra trinchera de resistencia, por cierto, frente al conformismo, y fuente de poesía, porque «la medicina / del poeta / son los sueños». La soledad no es ya soledad dolorida y los días grises y tristes ya no son angustiosos, sólo «gristes», como sintetiza el poeta. Todo cobra otro aire, otra luz. En el cielo, las nubes dibujan sueños, para acceder finalmente al cielo, donde lo espera Beatriz, aunque no la evoque el poeta. Lo espera el amor, la tranquilidad, la paz hogareña, el cielo, en un encendido canto de amor que ilumina todo el poemario.
miércoles, 30 de enero de 2013
ANIMALES PERDIDOS en PUNTO DE LIBRO
Animales perdidos
Vicente Muñoz Álvarez
Baile del sol
En el número anterior de nuestra revista reseñábamos Canciones de la gran deriva, un poemario de Vicente Muñoz Álvarez publicado inicialmente en 1999, y reeditado en versión ampliada el pasado año. Dos meses después, tenemos la suerte de contar con una nueva obra del mismo autor, con la que de nuevo nos ha atrapado por el realismo y la clarividencia que destilan sus poemas. Unos poemas que, libres de las restricciones de la métrica encorsetada y hasta de las reglas de puntuación, nos llevan más por caminos rítmicos y melódicos que por versos y estrofas cuadriculadas.
En Animales Perdidos acompañamos al autor en un viaje por tres estados de ánimo, por tres maneras de estar, de vivir la vida. El hilo argumental -elemento no exclusivo de la narrativa, como demuestra este poemario- se basa en las relaciones de pareja, pero el mensaje trasciende del hecho concreto para alcanzar toda la existencia. Así, el fracaso sentimental, la ruptura, la soledad, pero también la esperanza, la recuperación y el reencuentro con el amor, ya olvidado como elemento fundamental de nuestra vida, nos dibujan un fresco que nos deja ver las diferentes caras de la existencia, y los variados estados de ánimo con que nos enfrentamos a ella.
La primera parte, Infierno, se abre con el poema que da título a la obra completa. En él tenemos algo así como el prólogo y resumen de lo que será el resto del libro: la ruptura de la pareja, el abandono, la soledad, tiñen la vida de un color gris. Nos sentimos como mascotas abandonadas. Pero ya en este primer poema se nos apunta que, al final, habremos de salir de ese estado triste y solitario, y que habremos de hacerlo, necesariamente, solos. En esta primera parte, la más extensa, abundan los poemas en los que descubrimos la soledad como aquello que nos hace más daño, más incluso que la propia pérdida de la persona amada, o de la carencia del propio sentimiento del amor. En alguno, como Terminal sur, vemos que encontrar la soledad de otras personas, e incluso compartirla, paradójicamente no hace que la nuestra sea menor. En otros, como Oxidación, recordamos la necesidad de resistir y avanzar con nuestra soledad a cuestas. No faltan poemas que surgen del contexto social y económico actual. Las inquietudes sociales del autor, tan presentes en otras obras suyas, vuelven a aparecer aquí, aunque sea más esporádicamente, y casi exclusivamente en esta primera parte del poemario. Calderilla, Barrio o Tierra sin pan nos hablan de esa realidad social dura, hostil, que tal vez se nos haga más visible y nos llegue más, precisamente cuando sufrimos la soledad y no estamos anestesiados por las endorfinas que libera un cerebro enamorado. Y, como elemento de resistencia, a veces como auténtico salvavidas, aparece la literatura. En Estigma, Corrección o Dominio, el autor nos habla del oficio de escritor, y en Poemas o Ultramarine hace un reconocimiento explícito a la poesía como compañera inseparable, especialmente en momentos de soledad.
Purgatorio, la segunda parte, está compuesta por poemas muy breves, casi telegráficos. Estos han perdido hasta el título, y se nos presentan como una sucesión de ideas, a veces confusas, desordenadas. Confusión y desorden que responden a esa etapa intermedia entre el Infierno del que hemos salido, y el Cielo -que sin duda nos espera a la vuelta de unas páginas-. En estos poemas el dolor de va haciendo más pequeño, más lejano. Se va olvidando la causa de nuestro sufrimiento, se atisba la posibilidad de avanzar hacia la felicidad. Pero es un tiempo lleno de confusión, de dudas sobre dónde estamos y hacia dónde vamos. En esa situación el autor solo ve un posible camino: avanzar, continuar siempre adelante, con el miedo y las dudas como compañeros de viaje, pero caminando a pesar de ellos. Y aquí aparece un nuevo tipo de soledad, no la de la primera parte impuesta dolorosamente, sino ahora buscada como alejamiento temporal de la masa, del rebaño, como vía para reencontrar la esperanza. La soledad como medicina para curar la soledad. Leemos, en uno de los poemas más simples y bellos de todo el libro, cómo esa medicina, en el caso del poeta, son los sueños. Unos sueños que para los poetas siempre son en blanco y negro. Blanco y negro; la tinta de un poema sobre un papel.
Finalmente, en Cielo, se recupera la ilusión, se reencuentran y reinauguran sentimientos y pasiones. Esta última parte es una celebración del amor, no tanto como pasión arrebatadora, sino como estado ideal de vida en compañía. Si en los moemntos tristes el salvavidas era la literatura y, más concretamente, la poesía, ahora lo es el mismo amor, como leemos en Kilómetro 13. Y así, mientras leemos los últimos poemas, llegamos a la sencilla conclusión de que lo único que necesitamos es encontrar, al levantarnos cada mañana, dos cepillos de dientes en el baño en lugar de uno. Y aprendemos que amar es, en fin, encontrar la paz, como se nos recuerda en Pura vida o en Todo va bien. O que amar, como dice el título de otro de los poemas, es estar Al fin tranquilo.
viernes, 25 de enero de 2013
Guarda el secreto
Animales perdidos (Baile del Sol, 2013) de Vicente Muñoz Álvarez es un poemario visceral y maduro (en el mejor sentido del término). Un ataque frontal a esta desatrosa civilización que, nos dice Vicente Muñoz, guarda una pequeña y denostada puerta de atrás. El posible refugio para todo los agotados ("que se acabe el mundo/ que arda babilonia/ que choque el cometa/ que estalle el planeta / que se vayan los cuerdos/ que emigren los necios/ que reinen los locos/ que se hunda el sistema"). Porque en Animales perdidos existe una única salida, y esa salida de emergencia es tan vieja y efectiva como el propio mundo ("un lugar tranquilo/ para respirar/ donde escribir/ soñar amar/ tan sólo eso"), y que no por ello deja de ser menos válida o útil. Cierta esperanza en la desesperación. Cierta calma tensa en el caos de existir. Así, todo está plagado de ese análisis doloroso de una realidad que se viene abajo (sin tocar nunca fondo completamente), de un mundo que aniquila bien por soledad, bien por desesperación o enfermedad diaria. Animales perdidos es un perfecto muestrario de todas esas sensaciones, pero también un ligero soplo de aire fresco en este doloroso y a abrasador infierno (Philip K. Dick siempre tuvo razón, el infierno no estaba en ninguna parte, era esto).
Animales perdidos (una buena definición de lo que somos, de lo que seremos) también está plagado de una historia paralela de la literatura (de Burroughs a Bukowski, de Céline a Lowry, pasando por David González o Raúl Núñez). Todo está inmerso en el líquido de esa estética maldita y al margen que tanto ha practicado Vicente Muñoz, pero, ya digo, con una interesante novedad, la calidez o el amor han llegado para quedarse. Y de ese tránsito mental y poético (cual Divina Comedia de extrarradio) surge el hallazgo, el descubrimiento literario y el paso adelante de quien no se ha cansado (del todo) de esta compulsión basada en mirar y escribir. Escribir y mirar, como un trozo de madera flotante en este blando mar que nos acoge ("el viaje/ la ola / respira"). Por eso continúa siendo importante discernar lo que uno es, ha sido y será en esta profunda y alargada penumbra. Aceptar sin conformarse, tomar aliento y entender los mecanismos del juego. Hay versos transformadores y reflexivos ("solo el instinto/ de sobrevir/ perdura") y un dulce aroma al encontrarse con un secreto que siempre estuvo frente a uno ("aquel hogar/ lo más bello/ en la tierra"). Y ese otro verso suelto que parece resumir y anticipar lo más decisivo: "guarda el secreto".
http://juliocesaralvarez.blogspot.com.es/2013/01/guarda-el-secreto.html
lunes, 21 de enero de 2013
Vicente Muñoz: “El amor te hace recuperar la fe en el prójimo y la autoestima”
Hablamos con el poeta Vicente Muñoz Álvarez por la publicación de su poemario Animales perdidos. Al escritor leonés le ha editado Baile del Sol, uniendo de esta manera Canarias con Castilla y Madrid. Es una obra nacida del dolor profundo que le causó una relación sentimental, y nos lo transmite con sinceridad este prolífico ensayista y novelista. Recurre esta vez a su voz poética, pero teniendo los otros estilos presentes. Filosofa a partir de la propia experiencia para explicarnos y transmitirnos cómo lo superó, pero también novela su trayectoria dándole incluso un toque estructural de teatro clásico en tres actos: Infierno, Purgatorio y Cielo.
Y Vicente, mientras recorrió ese largo y doloso sendero, miró a su alrededor y a sus semejantes. Leyendo sus versos, nos lo podemos imaginar sacando su libreta literaria o un folio después de hacer sus visitas profesionales a sus clientes. En esos escenarios, Vicente se nos muestra como un cronista de nuestro tiempo, ya que radiografía las circunstancias y realidades de millones de familias de este país llamado España o de cualquier otro.
¿Hasta qué punto, pasado el tiempo, aquel piso era jaula, y aquella casa de la pareja con la que se rompió un paraíso?
Son, sin duda, graduaciones subjetivas, porque objetivamente ni aquel piso era una jaula ni la otra casa un paraíso. Fue, eso sí, un cambio radical y brusco de vida, y la soledad, más que el piso al que me mudé, me hizo sentirme abatido y extraño. A partir de ahí, de esa premisa, el tono de los poemas de la primera parte del libro, Infierno, crítico, lacerante y oscuro. Hablamos, en cualquier caso, de poesía, y en la poesía, aunque sea realista y autobiográfica (como básicamente es la mía), todo son metáforas, reflejos de la realidad, y como tal hay que entenderla.
Dentro de tu dolor, desde el comienzo no perdiste la necesidad de levantarte. ¿Cómo son esos pasos primeros y las vacilaciones que acarrean?
Soy Aries, el niño que se cae y se levanta y sigue corriendo una y otra vez, y mi carácter es luchador por naturaleza. Es duro, después de una larga relación de pareja, enfrentarte solo a la vida y al mundo, te sientes aislado y extraño en todas partes y cuesta bastante, al menos a mí, cambiar de registro y volver a comenzar de nuevo. Pero poco a poco, con los pocos amigos verdaderos que a uno le quedan, que son los únicos que siguen a tu lado cuando alrededor todo se desmorona, y con la familia, que aunque suene tópico, siempre está ahí (al menos la mía), fui creándome un nuevo entorno y espacio, tanto interior como exterior, hasta encontrarme cómodo en él.
En el poema “Sujeto de experimentación”, el panorama que nos presentas es desolador. Parece cualquier telediario con su negatividad. ¿Qué propones frente a esos telediarios?
Por ejemplo, leer poesía. O escribirla, que es un modo de entender la realidad y el mundo que nos rodea. El poema que citas, efectivamente, como otros muchos del libro, refleja el panorama socioeconómico del momento presente, realmente desolador. De eso se trataba en esta primera parte del libro, de mostrar la crudeza del mundo y la sociedad en que vivimos, sin edulcorantes ni filtros éticos o políticos, descarnadamente y tal cual es.
Dedicas a David González “Gun crazy”. ¿Qué papel desempeñan los amigos y familiares a la hora de afrontar y superar el dolor del desamor?
En mi caso personal, un papel decisivo. Lo peor, sin duda, es sentirse solo entre la multitud y desubicado en la tierra, porque uno entonces comienza a perder la identidad y la perspectiva. Algo muy típico en estas sociedades capitalistas modernas, donde todo el mundo se mira sólo su propio ombligo. Son los amigos y la familia, si los tienes, los que te devuelven el norte y te ayudan a reanudar el camino. Sin ellos, desde luego, todo hubiera sido aún más difícil.
Abordas la soledad en nuestro tiempo en “Terminal sur”. Radiografías la realidad de una mujer. Ella es como tu espejo femenino en ese momento de tu vida. ¿Qué tenemos que aprender para alcanzar buenas relaciones sentimentales dadas las muchísimas rupturas de nuestro tiempo?
Supongo que a abrirnos más a los otros y no vivir encerrados en nuestra burbuja, empatizar con el prójimo, etc... Pero no es este, precisamente, un valor que se nos enseñe en la escuela, sino muy al contrario, la competitividad, la suspicacia y la duda, como método de defensa y de supervivencia... Como digo, todo muy sintomático de las sociedades consumistas en las que vivimos.
¿Consideras que sería valiosa una educación sentimental desde nuestra niñez y en las restantes etapas de nuestra vida?
Ya lo creo que sí, muy por encima de otras muchas estupideces que nos obligan en su defecto a aprender. Eso nos ahorraría, a la larga, muchos problemas de convivencia. Pero tal cual está planteado todo, la única manera de aprender parece ser de tus propias experiencias y errores.
¿Qué sentías al escuchar canciones como las de Nick Drake en aquella etapa del desamor?
Ufff... toda la desolación y tristeza que ya de por sí emana de ellas, unida a la mía propia, que en aquel momento me asfixiaba y partía por dentro... No le recomiendo a nadie escuchar a Nick Drake cuando está deprimido, pero me temo que todos (los que le conocemos) acudimos a él precisamente en esos momentos, no sé si buscando solaz y consuelo, o necesitados de sentir como propio su desarraigo y dolor... Todo ello lo describí en el poema que le dedico, Day is done (como una de sus canciones), que podría ser perfectamente la banda sonora de esa primera parte del libro.
En la primera parte del poemario, miras a las personas desvalidas, que sufren marginación. Miras a tu mundo cotidiano, y sufres con las personas con quienes compartes tu mundo profesional. También pones el dedo en la llaga cuando hablas de la hoguera de las vanidades de la literatura. ¿Cómo se producen esos fenómenos de exclusión, de no tener en cuenta las dificultades de quienes luchan a diario para sacar sus vidas adelante y quiénes los promueven?
Son, como ya antes señalé, sintomáticos de esta sociedad competitiva y decadente, deshumanizada y cruel, que hemos heredado del capitalismo y la sociedad del consumo. Me parte el alma observar a este tipo de individuos, perdidos entre la multitud, casi transparentes, ahogándose en su dolor... Por eso los he descrito en varios poemas del libro, porque me parecen metáforas perfectas de animales perdidos, y como tal les retraté, a partir de experiencias y anécdotas de mi vida personal.
¿Qué pilares y esperanza propones para superar la crisis o innombrable?
La fe en uno mismo y en la humanidad, no únicamente en el euro y el dólar, que es lo que está pudriendo este mundo.
¿Qué has aprendido de no pronunciar ciertas palabras para que no se conviertan en realidad?
Que las palabras, como afirmo en el poema Carnívoras, son semillas que germinan en nuestro subconsciente hasta llegar a hacerse realidad. Siempre he pensado en ello, en la fuerza evocadora de las palabras e ideas, tanto la positiva como la negativa... Nuestro mundo es una representación subjetiva de la realidad, nosotros la creamos, la interpretamos de diferentes maneras según el punto de vista a través del cual la miremos, y estoy convencido de que las palabras, como manifestación de una idea, pueden alterar esa realidad. Recuerdo que tuve esta conversación con el poeta David González hace ya mucho tiempo en un largo viaje que hicimos en coche juntos, y desde entonces he tenido muy en cuenta todo ello, hasta el punto de transcribirlo en ese poema, casi a modo de mantra y exorcismo...
¿Por qué el amor es salvación en pleno naufragio personal y global?
Porque te hace recuperar la fe en el prójimo y la autoestima, compartirte y desdoblarte y dar sentido a lo que te rodea. Al menos en mi caso fue así, pero no puedo generalizar.
En la segunda parte del poemario, Purgatorio, ¿por qué elegiste no titular la serie de poemas que la conforman? Parece como si fuera un poema continuo o único toda ella.
Quise que esa parte del libro fuera como imagino que puede ser (metafóricamente hablando) el Purgatorio: una fase de transición, aséptica, borrosa, rutinaria, monótona y de introspección... De ahí que cambie el tono narrativo y realista de la primera parte, Infierno, por uno más simbolista, menos doloroso, como de convalecencia, vago, vaporoso y confuso. Por eso los poemas, efectivamente, no llevan título, son como una especie de eco de mi voz interior en una etapa de concienciación y de búsqueda.
Frente al conformismo y el daño que causa y percibes en la sociedad hoy, ¿qué otras señales y comportamientos auténticos aprecias que hay para erradicarlo?
En mi caso, obviamente, la denuncia mediante la escritura. En el de otros, las manifestaciones y reivindicaciones públicas, por ejemplo, o simplemente la empatía con el prójimo y el acercamiento a los demás. Mi manera de hacerlo es mediante la poesía o la prosa, que también va dirigida a terceros y es otra manera de solidarizarse contra las injusticias del mundo.
¿Cómo son esas primeras sensaciones continuas de luz y de sentir el paraíso en esta vida?
Como volver a nacer de nuevo, como ver otra vez después de una larga ceguera, como notar la sangre estancada fluir en las venas, el corazón latir nuevamente en el pecho, las nubes disiparse de pronto, el sol brillar en lo alto, etc...
¿Qué te llamó la atención de ella, desde la primera impresión a los momentos posteriores de aquel primer encuentro?
Cómo empatizamos inmediatamente nada más conocernos, como si nos hubiéramos estado buscando siempre y ya nunca nos fuéramos a separar... Y de momento, afortunadamente, así ha sido. A ella está dedicada al completo la tercera parte del libro, que cierra el viaje que propone Animales perdidos.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Creo que hemos hablado ya largo y tendido de casi todo, pero aunque hemos insistido mucho en el tema del amor como cura y catarsis, no lo hemos hecho tanto en el acto de la escritura, que en mi caso es una manera de ahuyentar fantasmas y miedos y de conocerme mejor a mí mismo. Este libro, más que ningún otro que he publicado, es una búsqueda personal mediante la escritura, una manera de ser y estar en la tierra, y de integrarme a través de ella en mi entorno. Hay muchos poemas que abordan este tema, para mí más que esencial, el del acto de la creación y la escritura, y su poder terapéutico y revelador.
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