miércoles, 5 de septiembre de 2018

Bailando con Sergio Artero: "Creo que la poesía sirve y, sin embargo, no sirve de nada"







Baile del Sol.- Dices que Índice de ingrávidos es incómodo como un grito, ¿era esa tu intención al escribirlo?, ¿es tu intención al escribir?

Sergio Artero.- Creo que el libro es incómodo o desasosegante no sólo por el principal tema vertebrador -la historia de un exilio fagocitado por un exilio mayor: el de nuestra civilización- sino porque la lectura misma provoca cierta sensación de caos -o de flotabilidad, o de ingravidez-. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando se mezcla la escritura de onda de los versículos clásicos con el ritmo sincopado de las letras del glam rock. Además faltan fragmentos, hay vacíos, abruptos cortes de sentido. Por eso digo que se trata de pecios de un naufragio, el naufragio de la civilización occidental tal como la hemos conocido hasta ahora. En ese naufragio nos estamos ahogando todos y esa sensación de naufragio la reconocemos todos. Seguramente necesitemos otro lenguaje o recuperar el lenguaje, que es lo mismo. De momento para esa sensación compartida sólo estamos produciendo un lenguaje desarticulado, es decir, un grito, el grito del que se ahoga. Todos sabemos esto de algún modo pero es incómodo que nos lo recuerden, ¿verdad?


BdS.- Un libro lleno de epílogos, ¿poemas que se despiden o que se justifican?SA.- El Libro de Enoch como mito simbólico sobre el exilio ya está escrito. Todos los textos posteriores son paráfrasis o epílogos.


BdS.- Como no es un poemario fácil, aparecen en él personajes que parecen guiar a los lectores, ¿de dónde surgen y cuál es su cometido?SA.- Hay un personaje principal, que es Enoch. Pero Enoch es, al mismo tiempo, muchos personajes. Su polifonía es nuestra civilización.

BdS.- ¿Índice de ingrávidos te ha servido para explicarte algo?, ¿servirá de algo a quienes lo lean?
SA.
-No creo que el verbo más adecuado sea "explicar" y, desde luego, no soy quién para explicar nada a nadie. Y "servir"... también es un verbo muy relativo. El dinero no sirve de nada y, sin embargo, sirve. Igualmente creo que la poesía sirve y, sin embargo, no sirve de nada.




BdS- Referencias bíblicas, literarias, musicales...; la certeza de que nada parte de cero. ¿Cómo se ha ido construyendo la voz poética de este libro?
SA.- Claro, como digo, nuestro mundo contemporáneo (nuestra epistemología, nuestro conocimiento) es absolutamente fragmentario, caótico, hiperinformado. Mientras que la creación ex nihilo, ya sabe, sólo es adjudicable a Dios. Con la nota a pie de página de que Dios no existe, por lo que aquello que realmente es eterno e inmutable es el caos. Sólo que las personas tenemos un chip con el principio epistemológico que resumió Lévi-Strauss: el orden es superior al caos. Un principio ético, al fin y al cabo.

BdS.- ¿Cómo pones en pie estos versos en los recitales?
SA.- Hago una lectura junto a una gran maleta de donde voy sacando pequeñas figuras. Pretendo con ellas dar unas sugerencias poéticas. También hay proyecciones envolventes y música. Recordemos que en el poemario hay también dos grandes figuras retóricas: el cometa 55P Tumple-Tuttle y David Bowie como Iggy Stardust.

"...se trata de pecios de un naufragio, el naufragio de la civilización occidental tal como la hemos conocido hasta ahora. En ese naufragio nos estamos ahogando todos y esa sensación de naufragio la reconocemos todos."

BdS.- ¿En qué proyecto literario estás trabajando actualmente?
SA.- 
Recientemente he publicado "Manual d Pie" con ed. Tigres de Papel. Se trata de una manera poética de pensar la danza, es decir, el movimiento y el espacio. Una fusión entre un verdadero manual, un ensayo y un poemario. Incluso alguna cosa más. También he terminado un poemario breve pero lo envié a un concurso y no sé si debería hablar de él.

BdS.- ¿Qué poesía lees?SA.-La que puedo. Por hacernos una idea, en mis propios libros he dialogado directamente con Omar Kayyam, Li Quingzhao, María Zambrano... entre muchos, muchos, muchos otros.



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sábado, 25 de agosto de 2018

Reseña de NECROSFERA de César Martín Ortiz en PlanVE - Con Ve de libro

Humus

No entres tan deprisa en esa noche oscura es el título de un libro del escritor portugués António Lobo Antunes, pero bien podría funcionar como advertencia para el que quiera adentrarse en Necrosfera, la novela del desaparecido César Martín Ortiz publicada hace unos meses por la editorial Baile del Sol.
De entrada, porque no conviene correr si uno quiere disfrutar de verdad de Necrosfera. Y lo digo por experiencia, porque yo mismo, ansioso por devorar el libro, me metí demasiado deprisa en él cuando lo conseguí, allá por febrero, en Centrifugados, y no tardé en perderme, con lo que enseguida me di cuenta de que exigía tiempo y otro tipo de lectura. Primero, por la propia prosa del autor, cocinada más al modo tradicional que al de la comida rápida, y, segundo, porque la arquitectura de Necrosfera, integrada por trece textos tan heterogéneos que bien podrían funcionar como relatos independientes, es compleja, sin una línea narrativa clara ni unidireccional, sostenida, más bien, por líneas de fuerza, que reclama, como señala Gonzalo Hidalgo Bayal en el texto de la contraportada, “una lectura exigente y radical”, o, lo que es lo mismo, el tiempo y la atención debidos para integrar elementos tan dispares como un mundo hecho a semejanza de las películas de Harold Lloyd, la invención del necrófono o los restos arqueológicos de una sociedad secreta, secular, opuesta a la Iglesia, y que pareció rendir un inquietante culto a la muerte.
Pero el título de Lobo Antunes no sirve como advertencia al lector sólo por esa alusión inicial a la calma, sino también por la idea final de noche oscura, pues Necrosfera tiene mucho de relato crepuscular. El más crepuscular, sin duda, pues está narrado desde un tiempo en el que nuestra especie, la de los homo sapiens, prácticamente se ha extinguido de la Tierra, en un escenario de devastación que recuerda a cierto cine apocalíptico y desde una perspectiva, la de las Personas o la de los Escientes, que contempla nuestros últimos estertores con la fría curiosidad de un entomólogo. En cualquier caso, esa idea de oscuridad es, después de todo, relativa, pues aunque el de Necrosfera sea un tiempo tenebroso, lo es únicamente para la raza humana, pues nada en el libro sugiere que lo sea también para la Tierra, para el Universo o para el propio autor, que parece tener un concepto muy negativo de nuestra especie, a la que retrata como estúpida y miope (ciegas hormigas, podríamos decir remedando a Ramiro Pinilla, aunque también se me viene a la cabeza el título de un célebre tema de Siniestro Total), incapaz de no dejarse llevar, por su instinto fatal, hacia la destrucción.
Necrosfera es, en resumen, una apasionante anatomía del humus, de cómo llega a formarse la “inmóvil capa de muertos situada entre la esfera de las piedras y la esfera de la vida”, el relato del fin de una odisea, la nuestra, una pequeña joya narrativa en la que César Martín Ortiz nos asoma a un futuro inaudito, aunque posible, en el que nos habremos convertido, como especie -por emplear de nuevo una cita, esta vez del célebre soneto de Góngora-, “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”, un libro que, en definitiva, no deberían dejar de leer.


jueves, 23 de agosto de 2018

Reseña de La fiesta de las máscaras de Sami Tchack en Wiriko

Cuando Sami Tchak hizo caer las máscaras

La fiesta de las máscaras es, sobre todo, un ejercicio de transgresión que va más allá de la ruptura estética. Aunque pueda generar algunas dudas por el tono derrotista y cínico que destila toda la novela, el relato toca algunos temas críticos que, precisamente, parece someter a la corrosión que provoca el ácido propio del estilo de Sami Tchak. Este autor, posiblemente, el más popular de los escritores togoleses contemporáneos se ha caracterizado por mirar muy de refilón los límites, lo justo para saber dónde están y poder desbordarlos sin complejos ni contemplaciones.
Sami Tchak durante el salón del libro de Ginegra de 2011. Fuente: Wikimedia. Autor: Rama
En este caso, la acción se desarrolla en un país desconocido que, sin embargo, remite a ambientes caribeños en un clima en el que se destila calor tropical y decadencia. Es en este momento de búsqueda de referencias para la ubicación del relato cuando uno se topa con una estancia en Cuba del autor, durante la que el escritor togolés realizó un estudio sociológico sobre la prostitución. La fiesta de las máscaras, publicada por la editorial Baile del Sol como inauguracion de una colección impulsada por Casa África, es una historia de relaciones humanas desmedidamente turbulentas, empezando por la de Carlos y Alberta que acaba de manera dramática, precisamente, por una de las cuestiones sobre las que la narración lleva al lector a reflexionar: los malentendidos en las relaciones personales.
Es un tonto desencuentro entre Carlos y Alberta el que desencadena la tragedia en un espacio que podría haberse convertido en la tabla de salvación de dos corazones maltrechos. Las vidas de ambos están en caída libre y ambos parecen ser la solución para el otro. La desdicha, sin embargo, asume el control de la situación. El resultado es una narración con voces múltiples que desprecia el orden lineal. Tanto es así que incluso los muertos se permiten contar su parte de la historia.
Sami Tchak aprovecha la espiral dramática, que puede llegar a recordar a la tragedia clásica, y un asfixiante ambiente que se alimenta de ese clima tropical y las habitaciones cerradas en las que se mezclan sudores, olores y frustraciones, en el que se mueve con soltura. Con esos elementos construye un contexto en el que los personajes confunden pretensiones, esperanzas y experiencias, y en el que se relacionan partiendo de la más absoluta incomprensión. En este caso, los pretendidos sobreentendidos se retuercen para acabar asfixiando a sus autores.
La trama trágica y ese ambiente de confusión permite al escritor togolés darse un paseo por otros temas que van más allá de las relaciones humanas, en las que las máscaras acaban cayendo. Sami Tchak no desaprovecha la oportunidad de dibujar un régimen de un personalismo enfermizo en el que además se gesta la tragedia posterior. Carlos viene de un país que se identifica como “Lo Que Nos Sirve Este País”, en el que el gobierno autocrático de Su Excelencia ha construido a su alrededor toda una telaraña de privilegios y desigualdades. La familia de Carlos, que procede del lodo, se encuentra alternando con los elegidos del régimen, debido a los devaneos sexuales de Carla, su hermana, que a cuenta de sus amantes se convierte en el sustento de la posición de la familia. En todo caso, Carlos acaba pagando un alto precio por esa vida de lujos.
La crítica a esos sistemas dictatoriales se hace evidente a través de los detalles de sus cloacas sociales. La misma suerte de paso por el tamiz crítico corre la hipocresía de los desfavorecidos, un terreno que Tchak dibuja como con abundancia de buenas y chacales dispuestos a alimentarse de los despojos de sus iguales.
En La fiesta de las máscaras, el escritor togolés renueva muchas de las transgresiones que le han hecho conocido. La que la industria editorial impone a los autores africanos en cuanto a temas y enfoques e, incluso, ambientación. De nuevo, Sami Tchak sitúa la trama lejos de Togo, e incluso del continente. Pero también las que tienen que ver con el decoro de las relaciones sexuales, no sólo sobrepasa las barreras relacionadas con la instrumentalización de las relaciones haciendo que se confundan prostitución y búsqueda de afecto, sino las que tienen que ver con la violencia y con las prácticas sexuales que forman parte de los tabús más inquebrantables.Sin embargo, lo hace siempre desde una cierta corrección con una ausencia absoluta de escenas explícitas, lo que hace que estas transgresiones sean todavía más inquietantes.
https://www.wiriko.org/letras-africanas/cuando-sami-tchak-hizo-caer-las-mascaras/

miércoles, 22 de agosto de 2018

Reseña de «Stoner», de John E. Williams en La boca del libro

«Stoner», de John E. Williams




Un libro que se titula Stoner  ya sabes que te va a contar la vida de un tipo que se llama Stoner. Y, una de dos, o puede ser una castaña pilonga o elevarte a los cielos literarios. Sí, me ha pasado lo segundo. Stoner representa la prosa de la sabiduría compositiva. Un lujo para el lector. Te cuenta la vida de Willian Stoner, criado en una granja de manera humilde. Por influencia de sus padres, va a la universidad de Misuri a estudiar Agricultura, así, podrá aprender técnicas nuevas para ayudarles en la granja. Sin embargo, su camino pronto se desvincula del paterno y decide inclinarse por la literatura, casi como una relevación, hasta convertirse en profesor de universidad.  


El señor Shakespeare le habla a 
través de 300 años, señor Stoner, 
¿le escucha?

 
El abanico de emociones que una siente al conocer a Stoner es amplio. Tienes ganas de amarle y pegarle por partes iguales. En ocasiones es demasiado estático y abúlico ante ciertas circunstancias de la vida, tanto que te dan ganas de traspasar las letras y darle unas cuantas tortas para que espabile. No reacciona, se deja llevar por las circunstancias. Y esto ocurre en todas las etapas de su vida, donde los personajes no se muestran felices ni cuando se enamoran. No es una novela de altos y bajos, es plana, como las emociones que nos transmite. Es plana cuando se enamora de Edith Bostwick, es plana cuando nace su hija Grace, inclusive cuando tiene una aventura con su alumna Katherine Driscoll. Stoner es pasivo, indiferente, sensible, abandonado de sí mismo, y todo ello revuelve al lector colérico, ansioso de que cada uno obtenga su merecido, ávido de ver personajes cayendo como torres de ajedrez. Todo ello, siento decirlo, representa la historia de un fracaso. 

La relación con su mujer es desastrosa y la desidia matrimonial pronto aparece en sus vidas, aunque todo hay que decirlo, si hubiera tenido una recortada en mis manos, poco hubiera durado ese personaje. La relación con su hija, criada con una madre poco maternal, se trunca rápidamente, y lo mismo ocurre con ciertos compañeros de universidad. Stoner acepta cada situación que le ocurre. Y en esa aceptación reside la ansiedad del lector. 

Stoner es una novela muy bien hilvanada, con un lengua llano y una prosodia larga. Trata los temas del matrimonio «feliz», la hija alcohólica, el acoso laboral o la amante.Nos encontramos ante tragedias sin fuegos artificiales. En todo ello descubres dos mitades claramente diferenciadas. La primera habla de su mujer, en la segunda nos acerca al marco universitario laboral. Y en ambas no pasa gran cosa, es la vida de un hombre contada por un escritor que, al igual que el comediante griego Aristófanes, este también escribe mofándose de su propia sociedad, una sociedad que nunca se da por aludida. 




Dentro de la inacción, el protagonista solo apuesta por dos pasiones: el trabajo y el amor detrás de un prisma que se mueve de manera bidireccional entre el campo y la universidad. Lo que gusta realmente, para los adictos a la lectura, es la pasión de Stoner por la lectura, y que de eso conforme su vida, una vida que el escritor conoce a la perfección, ya que él también fue profesor de universidad. 

Es una novela que me recuerda a Bartleby por su dejadez ante la vida, aunque no hay que perder de vista esas otras lecturas de campus o universidad como El mundo es un pañuelo o Intercambios, de David Lodge. La universidad representa un microcosmos perfecto de la condición humana, aparentemente es gente civilizada que aborda las cuestiones de lo políticamente correcto, pero nada más lejos de la realidad. Es un mundo hostil donde a la mínima pueden ponerte la zancadilla. Aunque también es verdad que el libro defiende a la vez este ambiente con un único superviviente: el amor hacia la literatura. 

Stoner apareció en el año 1965 y se vendieron solo 2000 copias. Esto en Estados Unidos es sinónimo de tragedia, y más si el editor de Williams opinaba no tener fe en la novela pocos días antes de salir al mercado. Lo curioso es que New York Review of Books la reeditó en el año 1995. En cuestión de diez años, alcanzó la fama de una manera brutal. En España ha sido editada por la editorial tinerfeña Baile del Sol(imagen cubierta derecha), y en catalán por La Butxaca (imagen cubierta izquierda).  
  
Stoner es una historia donde la felicidad no existe, no hay venganzas, no hay nada edulcorado. Los hechos se muestran sin trampa ni cartón. Y como tal, me confieso, Stoner, pese a ser un hombre gris, a mí me ha seducido. Tom Hanks ya lo dijo: «Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro. Pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado».Ojalá los hombres malos fueran como Stoner. El mundo sería mejor.

Y vosotros, ¿habéis leído alguna novela que aborde el tema universitario?


 John Edward Williams (Texas 1922- Arkansas 1994. Dejó la facultad tras un primer año de suspensos y trabajó en periódicos y emisoras locales durante meses hasta alistarse en el ejército en 1942. Fue enviado a India y allí empezó a elaborar su primera novela. Nothing But the Night se publicó en 1948 y un año después se atrevió con un poemario, The Broken Landscape: Poems. Ambas publicaciones vieron la luz mientras retomaba sus estudios superiores en la Universidad de Denver. En esta misma universidad dio clases desde 1955 hasta su jubilación, en 1985.  Su segunda novela, Butcher’s Crossing llegó más de una década después, en 1960, pero el verdadero éxito le llegaría con sus dos últimas obras, Stoner (1965) y El hijo de César (1972). Por esta última se hizo con el National Book Award en 1972. Williams ya trabajaba en su quinta novela (The Sleep of Reason) cuando murió por un fallo respiratorio en 1994 (fuente: Lecturalia). 

La imagen de la cabecera corresponde a la cubierta ganadora de 2012, en Alemania.
https://labocadellibro.blogspot.com/2018/08/stoner-de-john-e-williams.html
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viernes, 10 de agosto de 2018

Reseña de HABLEMOS, de Octavio Santana en Telde Actualidad


Para hablar, hablemos



En la portada, en el umbral de esta obra, su título nos muestra una señal inequívoca de lo que se trae entre manos Octavio Santana Suárez, en su nuevo libro “Hablemos”, Baile del Sol, colección Textos del desorden, 2017, donde recopila artículos y ensayos que ha ido publicando durante unos años en diversos medios escritos, revistas e Internet.

Y esta es una puerta que hay que abrir despacio y tomarse la lectura con calma, pero con rigor, pues estamos ante las reflexiones que a todos nos asaltan en algún recodo de la vida y que en unas ocasiones nos atragantan y otras nos salvan de la muerte de la libre expresión.

Y si hay algo que necesita este mundo, esta realidad escudriñada con los ojos de la sensibilidad, es precisamente el dialogo abierto y sin cortapisas entre todos los que pretendemos hacer de este solar algo mas que un lugar de juegos políticos y religiosos, que produce tanta tristeza como sufrimiento.

Octavio nos está ajeno a la locura de este siglo que viene arrastrando desde el pasado un estancamiento de las ideas y de la libre voz Y por todo ello y con el bagaje cultural e intelectual del ser humano que ha andado los caminos de muchos continentes y culturas, de relacionarse con multitud de pueblos, especialmente en América latina, no es un volumen fácil de leer ni de analizar. Y lo es porque como dice en su introducción Antonio Núñez Ordóñez, catedrático de la ULPG, como el autor, "Estamos ante una obra profundamente original, nada encasillable en un género, fácil y difícil de leer a un tiempo".

La profusión de las materias analizadas, así como la cantidad de citas y nombres de toda clase de pensadores, donde prima como es él, el humanismo y la filosofía en todas sus vertientes, desde la religión hasta la fenomenología, o la lógica, y también por el arco temporal donde se sitúa una y otra vez, pues Octavio, lector empedernido, nos alcanza con su verbo desde Platón a Horkheimer, desde san Agustín a Fichte o desde los sofistas o epicúreos hasta Kant y su imperativo categórico, o Hegel y Montesquieu con solo estos mimbres sabemos que estamos ante una obra de envergadura, donde al contrario de otros textos, donde las citas parecen apabullar, en este caso el conocimiento, la epistemología, está cumplidamente sistematizada por años de lecturas y discusiones.

A saber: ser humano, naturaleza, alma, pensamiento, acción, descubrimiento y desvelamiento del yo, en ocasiones desmesurado, donde a veces nos columpiamos para salir despedidos por la propia sinergia del pensamiento más egoísta. En cambio en esta obra de casi cuatrocientas páginas, hay un plural que transita por la historia como un llamado de atención y parada: nosotros, aquí se agiganta y aún cree el autor que es posible el dialogo libre, abierto y sincero, en una época de anónimos y juegos de escondite con medias verdades o simplemente mentiras desnudas. Este plural nos sumerge en el mar de los demás, del otro, del ajeno, con respeto y coherencia, y es en ese mar de dudas desde donde Octavio quiere llegar a una orilla de entendimiento, con la complicidad y los prejuicios de los lectores, que son a la postre quienes forzosamente tienen que dialogar con el autor para ahondar en las encrucijadas del camino de la existencia.

Un libro sorprendente, donde el esfuerzo tiene su recompensa; y la recompensa, el punto de unión con lo demás, es precisamente la grandeza de creer que todavía hay tiempo para que hablemos. Para que hablemos libremente de lo humano y de lo trascendente sin tapujos, con la sola exigencia del respeto mutuo.


Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.



viernes, 3 de agosto de 2018

Reseña de LA MUJER QUE HUYE de Anaïs Barbeau-Lavalette en EL MAR DE LETRAS

jueves, 2 de agosto de 2018

"La mujer que huye" - Anaïs Barbeau-Lavalette



Barbeau-Lavalette es una cineasta y escritora de Montreal que descubro a través de esta espectacular novela. En cada página me impresionaba más y más, leía boquiabierta, subrayando los pasajes particularmente brillantes. “La mujer que huye” está escrita no solo con un afán por la búsqueda constante de la belleza, sino también, con la energía de quien no tiene fuerza ni ganas de soportar ni un instante más de fealdad.

|Paseas por la Avenue du Parc hasta la montaña y la subes con paso perezoso. Bajas por el cementerio. Los muertos te hacen volver a ti, definitivamente viva.
Ahí es donde tus andares se vuelven más ligeros. Eliges varias tumbas al azar y recorres los nombres con la vista. A lo mejor encuentras uno para tu hijo. Estás embarazada.


Se trata de la reconstrucción, novelada, de la biografía de Suzanne Meloche, la abuela de la autora. Meloche (1926 – 2009) fue una artista perteneciente al movimiento artístico Automatismo surrealista (que se caracteriza por ser un reflejo del subconsciente), al que también se acogieron algunos artistas de su entorno como Paul-Émile Borduas, su marido Marcel Barbeau, Madeleine Arbour, Thérèse Leduc, Maurice Perron, Louse Renaud, Françoise Sullivan y muchos otros. Pintora y escritora, su obra más importante es la colección de poemas “Les aurores fulminantes”.

|Le dice a Musgo que parece un ángel. Ella le coge la mano. El fuego y el agua confluyen ahí, en la última planta de la torre de los locos. Ella es incandescente, él es acuático. Cada cual salva su pellejo como puede.

Su vida fue de todo menos convencional, el título hace alusión a una de sus características más predominantes, la que configuró su destino: era incapaz de mantenerse en un lugar, echar raíces, sentirse atada a algo o a alguien, ser leal a las personas de su entorno, etc. ¿Egoísmo, maldad? Quién sabe. La mente es muy compleja y juzgar de maldad lo que puede ser una personalidad poco convencional o los síntomas de algún trastorno psicológico, es erigirse dios o juez sobre lo humano, así que no está en mi mano llegar a esas conclusiones. Quizá es que no todo el mundo está hecho para vivir en este mundo. Quién sabe.

Suzanne Meloche junto a su familia

Lo cierto es que después de una infancia muy humilde, abandonó a sus dos hijos y vivió siempre de forma provisional, alojándose aquí o allá, siempre con lo puesto y nunca con un plan. Su nieta, Barbeau-Lavalette, no sin cierta idealización romántica de esta trayectoria vital, se propuso reconstruir de forma novelada esa vida errante que tanto influyó en el destino de su madre y en la suyo propia. Ante una misma historia, uno puede elegir cómo abordarla, desde qué estado de ánimo o desde qué perspectiva. Podría haber sido cruel y haber dibujado a su abuela fácilmente como una persona egoísta, no en vano abandonó a sus hijos y no se esforzó por mantenerlos a su lado. Sin embargo, Barbeau-Lavalette (en un gesto que le honra, y que aporta dulzura y armonía al mundo) decide detenerse a apreciar la poca o mucha belleza o, cuando menos, humanidad, que encuentra en cada uno de los pasos que descubre mientras sigue el rastro de su abuela. Y además es capaz de plasmarlo con una elegancia y una finura que convierte a la experiencia de la lectura en algo comparable a la contemplación de una hermosísima acuarela.

|Despunta el alba y nace la niña. Te la pones sobre el pecho para darle calor. Huele como el musgo de los bosques. Te refugias en ella. Sois dos supervivientes. (…) Te enseñan a lavar a tu hija. Tus manos febriles se familiarizan con los nuevos gestos. Le enjabonan la piel hasta que queda cubierta de espuma, guían el chorro de agua por ella, protegiendo un pedacito de cuello para conservar su olor a bosque húmedo. Tus manos sofocan los escalofríos nacientes. Están más vivas que nunca. Envuelven a tu hija, a tu Musgo de los bosques, la pegan a tu cuerpo rebosante de savia. Ahora tienes un refugio.

Es importante destacar que el libro está escrito en segunda persona, de modo que la voz narradora se dirige constantemente a la abuela, en una suerte de diálogo donde el receptor del mensaje está ausente, o un monólogo atípico. Lo destaco porque, en comparación con la forma tradicional de narración en las novelas (la tercera persona o narrador omnisciente), creo que de esta forma más original se consigue hacer una lectura mucho más inmersiva. Resulta inevitable sentirse aludido mientras se lee algo que hace alusión al “tú”, así es más fácil ponerse en el lugar de la abuela ausente y comprender los porqués de sus decisiones. Así, mientras se lee, de alguna manera el lector es la abuela. Creo que esa decisión formal le ha dado el toque estilístico definitivo.

|Te quedas dormida.
Un crujido. Te sobresaltas.
—¿Hola?
La voz del cura:
—Hija mía, ¿deseas confesarte?
Te yergues.
—Sí, padre.
—Adelante.
—He cometido actos obscenos, padre.
—¿Sola o con otra persona?
—Con usted, padre.
Sonríes. Te gusta el silencio que sigue.


La ilustración de la cubierta está realizada por la maravillosa artista Zaida Escobar, a quien ya conocía por “Desde las entrañas”, un poemario ilustrado en colaboración con la escritora Inma Luna. Esta ilustración tiene tantas lecturas que podría hacer una reseña paralela a ésta hablando de ella. Es una mujer y su reflejo, que está y no está al mismo tiempo. Inclina los hombros y el rostro bajo el peso de una carga que arrastra a duras penas, pero es que no conoce otra forma de seguir. Está compuesta por dos mitades perfectas que se contradicen continuamente, está condenada a convivir con las dudas y a arrastrar los pesados fardos del pasado. Las marcas sin tinta en su costado y las formas que dibuja su melena me recuerdan al bosque (ella es salvaje, pura), y los tonos turquesa de la composición son el toque definitivo. En conjunto hace forma de corazón, sus dos mitades latiendo a destiempo, y eso es porque está viva, está más viva que nadie.

Para mí ha sido el descubrimiento del verano en narrativa. Independientemente de una trama más o menos elaborada o interesante, me pueden las formas, y en este caso me pudo la delicadeza. Desde la ilustración de la cubierta, todo es acogedor en este libro: artesanal, profesional, sutil, elegante, humano. No tengo sino elogios para todo lo que rodea a esta publicación.

|En clase de dibujo, el profesor se aplica en enseñaros a dibujar una manzana y un sombrero.
Te cuestionas la pertinencia del dúo. ¿Por qué juntar una manzana y un sombrero?
Tienes que utilizar una regla, un compás y una goma de borrar. Es obligatorio, recalca el profesor.
Te esmeras.
Eres buena alumna.
Cuando acabas, el sombrero perfecto se encuentra al lado de una manzana perfecta. Contemplas tu dibujo perfecto. Sin duda alguna, tu madre lo colgará en la pared del salón. Te parece que no le iría mal un poco de color. Tienes un pedacito de piel levantada en el borde de una de las uñas de la mano derecha. Te lo arrancas. Sangra un poco. Extiendes la sangre sobre la manzana y el sombrero.
Ya está. Perfectos y rojos. Perfectos y ensangrentados.
El profesor está indignado. Tú, tan pulcra, tan perfecta.
Rasga tu ejercicio y te manda al pasillo a recapacitar.

http://elmardeletras.blogspot.com/2018/08/la-mujer-que-huye-anais-barbeau.html


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domingo, 29 de julio de 2018

Reseñas de "Antes de arrojarse al mar, la señora Brown fue a misa" en El Día




Unas historias del día a día


Yolanda Delgado reúne un conjunto de relatos en los que refleja, desde la simple observación, los comportamientos humanos en su dimensión humana.

El Día  
25/jul/18 6:09 AM

  

La historia surgió desde el momento en el que leyó la noticia en un periódico con el titular "Antes de arrojarse al mar, la señora Brown fue a misa".

Eso le dio pie para construir un relato, al que se fueron añadiendo otros a un conjunto que se ha publicado bajo el sello de Baile del Sol.


Yolanda Delgado (Las Palmas, 1967), que ha trabajado como editorialista y documentalista, se considera una "persona indiscreta", y en referencia a esta serie de relatos titulados "Antes de arrojarse al mar, la señora Brown fe a misa", estima que se pueden establecer diferentes estados. De un lado, "lo que he visto y también lo que oído", señala, además del bagaje que representan escritores como Joyce, Orwell o los soviéticos, "pero como soy muy pudorosa, de mí aparece poco".

El hecho de que se haya inclinado por el relato corto tiene que ver con su preferencia por la literatura rusa, "porque trabajé con esos textos en mi etapa de El País, donde establecí una relación muy directa con los cuentistas rusos, de los que aprendí que resultaba imprescindible utilizar las palabras necesarias".

Esta escritora se vale de la observación directa, del modo en el que hablan y se desenvuelven las personas, también del lenguaje, para armar sus historias, sobre las que dice que "han surgido de la propia realidad, porque no tengo tanta imaginación como para construirlas" y, en este sentido, manifiesta que los registros que le ofrece el día a día son tan ricos que de nada vale ir hasta la Luna en busca de escenarios diferentes.

El volumen de relatos que se condensan en este libro están jalonado con a presencia de mujeres y hombres en crisis, como de hecho se refleja en "Solos", también de jóvenes desorientados, como en el caso de "El tablero imperfecto del mundo", además de personas excluidas, que se percibe en la lectura de "Cuando una tortuga y Primo Levy me salvaron", así como de los inmigrantes que luchan para conservar y mantener su dignidad en tierras extrañas, en las líneas de "Baila la diosa en el ombligo de la Luna".

Pero también, en este compendio de relatos, la autora incorpora un conjunto de experiencias vividas que se encuentran íntimamente relacionadas con algunos autores a los que profesa una profunda admiración y que resultan perceptibles en títulos como "De hombres sin pantalones", así como los hábitos sociales corrompidos y llevados hasta el extremo del absurdo, como es el caso de "Comunicado urgente a la nación", además de algunas escenas que bien pudieran formar parte de un álbum familiar como "¡Ay!, Mama Iné", que en conjunto conforman un paisaje humano dominado por la ficción.

La voz de Yolanda Delgado, cargada de una ironía ciertamente melancólica y en ocasiones hasta mordaz, pero siempre directa y dirigida al epicentro del dolor, persiste en el engaño de intentar comprender nuestra sociedad, siempre esquinada, tan conmovedora, como también compleja en la que vivimos, pero de la que somos partícipes y responsables.


viernes, 27 de julio de 2018

Reseña de ARQUITECTURA SECRETA DE LAS RUINAS de Miguel A. Zapata en De libros y Lecturas


viernes, 13 de julio de 2018

ARQUITECTURA SECRETA DE LAS RUINAS - Miguel A. Zapata



Estamos llenos de grietas, aunque lo disimulemos. Somos como el edificio que Miguel A. Zapata retrata en la novela “Arquitectura secreta de las ruinas”


Mediante un argumento muy sencillo, una grieta que aparece en un edificio, Miguel A.Zapata construye una novela muy sólida. La segunda, después de Las manos y de su magnífico libro de micorrelatos, Voces para un tímpano muerto.


En la novela irán apareciendo más grietas, esta vez humanas, físicas, psíquicas y mortales. La grieta de la soledad, de la impostura, de la mentira, del qué dirán.
Es un relato coral en el que intervienen todos los habitantes de ese edificio. Comenzando por el capítulo Cero de la vida del número tres de la calle Garibaldi, alcanzamos de nuevo el Cero al final de la novela.


La novela es un retrato de la sociedad actual, de la quiebra de las instituciones, de la vecindad, de observar que nuestro mundo se va a pique y quedarnos sentados esperando que alguien lo solucione. El edificio es el retrato de nuestro mundo.


Y la grieta amenaza a los personajes que habitan en él. Encontramos a Maldini, el argentino que quizás no es tal, a Bastida, el suicida frustrado, a la vieja Téllez, animal de mirilla, a la pareja sin hijos que escuchan llantos por las noches, a Bertita la adolescente o a Mauro el fatuo presidente de la comunidad.
Los personajes y sus propias ruinas, las mentiras que dan, supuestamente, solidez a sus vidas se nos van desvelando a través de la voz del narrador que participa de manera distante de los personajes con sus propias reflexiones. Él observa, analiza y explica.


“Uno es, por lo menos, dueño de lo que inventa, ¿no? Patentamos las trolas con que construimos nuestras vidas y poco más que eso.” Dice Maldini


Donde sí hay solidez es en la escritura de Miguel A. Zapata. Hay momentos en su escritura en la que es imposible no sonreír por lo esperpéntico de la situación. Y otros sumamente reflexivos, psicológicos o crueles. Esa solidez se manifiesta a lo largo de toda la novela, no hay ninguna grieta que te ahuyente de la lectura. Es, como ya he dicho, sólida, ágil, brillante.


Arquitectura secreta de las ruinas - Baile del Sol


https://librosylecturasdeelena.blogspot.com/2018/07/arquitectura-secreta-de-las-ruinas.html?m=1

miércoles, 25 de julio de 2018

Entrevista a José Manuel Marrero en La Provincia

"El burro apunta literariamente a una visión de futuro alternativa"

"En Canarias, el turismo es la expresión material de una manera suicida de entender el progreso" afirmó el poeta.




miércoles, 18 de julio de 2018

Reseña de El verano del Endocrino de Juan Ramón Santos en Librario íntimo

El verano del Endocrino




No se trata, desde luego, de un personaje convencional. Un buen día, sin que nadie tenga noticia previa de él, aparece en la pequeña localidad de Labriegos un hombre poco hablador, amable y amante de los libros al que, de forma casi azarosa, comienza a conocerse como El Endocrino. Al principio, todos lo miran con curiosidad pero con cierta distancia, hasta que el intruso se va ganando el favor de los lugareños: primero, interesándose por todas las labores agrícolas de la población; después, ayudándolos con su inteligencia detectivesca a resolver pequeños misterios locales (qué animal está devorando las gallinas de un vecino, dónde está el coche que desapareció hace días de forma inopinada, quién ha robado una talla de la Virgen de la ermita).

Poco a poco, el Endocrino se convierte en un tipo curioso… y con curiosidad, que canaliza (al estilo de los Bouvard y Pécuchet flaubertianos) hacia mundos tan distintos como la botánica, la sociología o la historia. En todos esos ámbitos se verá sometido a experiencias de lo más llamativas, que sorprenden al lector y lo llevan de la mano a través de una narración amena y divertida, con instantes de humor, de reflexión y de aprendizaje. Para contarnos esas peripecias, el novelista recurre a la voz de un maestro de Primaria, que conoce durante ese largo verano al Endocrino y que tiene acceso posteriormente a sus cuadernos de apuntes. Él nos va a ir desgranando la evolución de sus intereses y peripecias con gracia y minucia casi entomológicas.

El extremeño Juan Ramón Santos (Plasencia, 1975), quien ya nos tiene acostumbrados a obras excelentes dentro del territorio del relato corto (Cuaderno escolar, Perder el tiempo), la poesía (Aire de familia) y la novela (El tesoro de la isla), nos entrega una vez más un volumen exquisito. En este último trabajo yo destacaría de forma especial la impronta cervantina que el escritor ha tatuado en su prosa, elegantemente juguetona y de voluntad clásica, con oraciones largas y musicales. El resultado es una novela fluida, delicada, densa y de una sonoridad muy brillante. Si andan buscando para este verano un texto de tanta perfección formal como atractivo argumento yo les recomiendo esta novela publicada por Baile del Sol. Creo que puede gustarles.




jueves, 12 de julio de 2018

Entrevista a Yolanda Delgado en Dragaria


Yolanda Delgado: «Quiero incomodar, quiero hacer reír, quiero hacer sentir»
Por DRAGARIA -10 julio, 2018

La grancanaria Yolanda Delgado considera que no es una escritora «rápida» y que «cada frase es un mundo de posibilidades». Le gusta guiar a otros autores que empiezan en su carrera literaria: «Es una de las experiencias más plenas que he tenido», señala. Otra de sus actividades es traducir, y añade que esto exige «ponerte en la piel del autor, con la responsabilidad añadida de expresar en tu idioma la misma intensidad, el tono, los matices, la intencionalidad con la que originalmente esos libros fueron escritos». En sus textos le gusta hacer uso del humor, «un ejercicio higiénico fundamental para conservar la salud». Acaba de publicar Antes de arrojarse al mar, la señora Brown fue a misa (Baile del Sol, 2018), una colección de historias que reflejan su experiencia vital: la de una mujer que viaja desde los diez años por el mundo y que actualmente reside en Francia.

TRES CLAVES DE TU ÚLTIMO TRABAJO

El título del nuevo libro encabezaba una noticia de un periódico portugués. En esos 27 relatos heterogéneos hablo de situaciones cotidianas, pasiones literarias y recuerdos aparentemente autobiográficos. Rompo con la idea preconcebida de lo que entendemos por relato. Quiero incomodar, quiero hacer reír, quiero hacer sentir, comprender nuestra sociedad esquinada, compleja y conmovedora. Las mujeres y hombres de carne hueso son los protagonistas; la realidad y la memoria, mis mejores aliados.

¿QUÉ AUTOR O AUTORA TE INSPIRA?

Hannah ArendtAgota KristofUnamuno, Mijaíl Bulgákov… La lista de autores a los que admiro es larga. Estos autores que nombro fueron víctimas de la sinrazón política, los cuatro supieron vencer las circunstancias, entre otras virtudes, gracias a la sinceridad, a la valentía y al humor. La risa salva a los rebeldes, a los que dicen no en el sentido camusiano.

UN POEMA, UNA NOVELA, UN CUENTO

— Un poema: Tus hijos se cortan las manos Margaret Atwood es una gran poeta.
— Una novela: me lo ponen muy difícil, pero como el pasado año fue el centenario del nacimiento de Juan Rulfo, quiero recordar Pedro Páramo. Rulfo escribió lo que tenía que escribir. Admiro a Rulfo. Voz propia, honestidad en su obra y silencio.
— Un cuento: hay un cuento de ChéjovLa tristeza, que cuando lo releo sigue conmoviéndome como la primera vez. Un viejo cochero acaba de perder a su único hijo. Intenta contárselo a alguien, soltar la pena, pero no encuentra quien escuche su historia. ¿No sucede ahora lo mismo? Otro relato que no querría dejar de mencionar es La lotería, de la norteamericana Shirley Jackson. Narra un episodio que transcurre en una pequeña comunidad. La crueldad está insinuada, va creciendo de forma sutil, solo cuando llegas al final, el horror te estalla en la cara. Simplemente, brutal.

UNA OBRA DE TEATRO, UN GUION CINEMATOGRÁFICO

— Una obra de teatro: el teatro es Shakespeare.
— Un guion: Días de radio. La infancia, los amigos, la familia, las películas, los tebeos, los olores y los colores de una época anodina que Woody Allen consiguió hacerla extraordinaria. Admiro a los creadores que con los mimbres de una vida común, protagonizada por mujeres y hombres anónimos, son capaces de crear imágenes inolvidables. Eso debemos pensar de nosotros. Somos obras irrepetibles, y a pesar de todo, ¡qué bello es vivir! Ya he soltado el título de otra gran película.

PROYECTOS

Estoy en medio de una novela que espero llevar a buen término. Hay escritores que tienen la suerte de escribir rápido, no es mi caso. Soy lenta, le doy muchas vueltas a las palabras, a las posibilidades de sentido, a la forma. «Porque uno solo ha aprendido a dominar las palabras para decir lo que ya no tiene que decir», escribió T. S. Eliot.

¿QUÉ PERSONAJE DE DRAGARIA SERÍAS?

Ya que me invitan a quedarme en esta isla llena de sonidos hermosos, nacida del pecho de volcanes, donde nacen los dragos y los vientos alisios nos protegen del calor africano, me gustaría encargarme del faro. ¡Sería la farera de DRAGARIA!

Portada de ‘Antes de arrojarse al mar…’, de Yolanda Delgado.
Yolanda Delgado Batista (Las Palmas de Gran Canaria 1967) estudió Publicidad y Relaciones Públicas, y un máster en Biblioteconomía y Documentación en la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en televisión como documentalista, redactora, guionista y directora de contenidos. Colabora en distintas editoriales e instituciones culturales como traductora, editora literaria y lectora de manuscritos. Sus artículos periodísticos sobre temas culturales han aparecido en El perseguidor (suplemento de Diario de Avisos), Turia, Read Russia, Russia BeyondWashington Post, Aventuras na Historia y Letras Libres. Actualmente vive en Francia. Ha publicado Antes de arrojarse al mar, la señora Brown fue a misa (Baile del Sol, 2018),Puro cuento (Baile del Sol, 2016), Cambio de coche (relato en antología canario-mexicana, Baile del Sol, 2014) y Antología cortos de cine (Alfaguara infantil, 2003). (Blog).