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martes, 9 de septiembre de 2014

Entrevista a Isabel Bono

Entrevista a Isabel Bono (Primera Parte)La poesía tiene la habilidad de ayudarnos a explorar nuestro universo personal a través de las experiencias colectivas, y viceversa. Bueno, no toda la poesía… Cada tanto surgen mujeres y hombres que lo consiguen y gracias a ellos nosotros nos sentimos parte del mundo. En la poesía de Isabel Bono estoy segura que cualquiera de nosotros puede encontrarse. Hace un tiempo publiqué un artículo sobre su obra; hoy le toca el turno a la autora, de contarnos en primera persona cómo escribe y por qué.


El abrazo de la literatura

 “Vida extra es justo lo que me ha dado la escritura”, dices en tu blog. ¿Cómo fue descubrir esa posibilidad al acercarte a las palabras. Fue un acto consciente o de pronto te diste cuenta de que estabas viviendo para y por la escritura?

—Bueno, no creo que nadie viva por y para la escritura. Uno vive como puede, y la escritura llega o no llega. En mi caso llegó por imitación. Leía muchos cuentos (de aquellos troquelados de los años 60-70) y quise “hacer eso”: contar cuentos y hacerles dibujos. Yo creo que casi todo empieza imitando aquello que nos gusta.
»Al inventar historias y contarlas por escrito somos capaces de vivir otras vidas. También nos pasa leyendo, claro. Por eso digo que la escritura (y la lectura) me han dado Vida extra.

¿Cómo te llegó la escritura? ¿Algún referente familiar que te haya acercado a los libros?

—Sí, mi padre se iba a la cama siempre con un libro, y yo me iba detrás con cualquiera que pillara. Mi padre dice que me recuerda entrando en la cama con un libro de cocina que era más grande que yo. Imitación, ya digo. De niña y de adolescente, mi padre solía recomendarme libros, pero me temo que tenemos gustos muy distintos, así que yo seguí mi camino de lecturas y él las suyas.
»La escritura, como digo, me llegó leyendo. Hubo un cuento de niños que me emocionó mucho, sentí incluso vergüenza por llorar por un cuento. Pensé en el poder de la escritura e inmediatamente quise “hacer eso”, ser capaz de escribir y emocionar. Con el tiempo he cambiado y escribo “porquesí”, porque me gusta, porque soy más feliz mientras escribo. Ya no busco emocionar, ya no busco nada. Sólo escribo por el acto de escribir.

— ¿Cómo te enfrentas al proceso creativo? ¿Tienes una rutina? ¿Alguna
manía, quizás?

— Se supone que la prosa y la poesía vienen por caminos diferentes. La prosa es fruto de la reflexión y la poesía de la intuición. Pero me he dado cuenta de que en mi caso las dos me llegan intuitivamente. Así que no tengo que enfrentarme a ningún proceso. Me llega con naturalidad. Para empezar dependo de la inspiración, y después voy construyendo sobre eso, tiro del hilo. Después sólo es trabajo de poda. Tanto en la prosa como en los poemas. Para mí escribir es trabajo de jardinería.
»Rutina creo que no tengo. Quizá la de escribir lo que he soñado (las mañanas que me acuerdo), pero no tengo rutinas ni manías. Normalmente lainspiración me llega en movimiento, cuando camino. Es muy raro que me llegue si estoy sentada frente al ordenador.

¿El universo onírico como posibilidad creativa?

— Sin lugar a dudas tu habilidad para hacer del universo onírico un espacio de expresividad literaria es alucinante. Desde que vi tu blog de los sueños suelo pasarme por allí con cierta asiduidad. ¿Cómo se te ocurrió explorar esta faceta? ¿Te interesan los sueños? ¿Cómo? ¿Te interesa su significado o más bien la posibilidad de hacer de ellos ficción?
— Pues se me ocurrió porque el verano del 74 me regalaron un diario y me resultaba aburridísimo contar cada día exactamente lo mismo (mi vida no daba para muchas aventuras), así que me puse a pensar en qué podría escribir que fuera A) cada día distinto, B) que no fuera mentira (mentir en un diario con candado, ¿qué gracia tenía?, ¿a quién engañaba?). Y se me ocurrió que los sueños son siempre diferentes y no pueden ser mentira porque son sueños. Así empecé, con 9 años, a escribir lo que soñaba.
»Con 15 años (ay, la adolescencia) tiré todas las libretas (y me arrepiento). Con 20 o así, retomé aquella costumbre de escribirlos. En 2006 tuve la suerte de que me publicaran un libro La espuma de las noches (sueños 1995-2005) con una selección de sueños. Y como a los amigos les gustaba verse haciendo cosas extrañas, en 2008 abrí el blog.
»La verdad, y siento decepcionarte, los sueños me interesan poco. Sólo me interesa el acto de soñar, de que el cerebro descanse, de verme hacer cosas que no hago despierta (volar, por ejemplo). Pero no me interesa su significado ni su interpretación.
»A veces pensé que los sueños podrían servirme como buffer para sacar después de ahí algún relato, pero no se puede (o no he sabido). Los sueños son lo que son y creo que sólo me interesa contarlos “tal cuál” con ninguna literatura a ser posible. Si empiezas a meterle literatura a un sueño te lo cargas, ya no es “lo soñado” es otra cosa. Por eso prefiero contarlos describiéndolos como escenas, lo más asépticamente posible.
»Hace poco pensé en la posibilidad de contarlos más abstractamente, digamos. Contarlos en forma de poema. Es curioso, porque algunos no se dejan. Es como si tuvieran su propio lenguaje.

Las dudas y las lecturas preferidas

 En tu poesía más que encontrar respuestas hay toneladas de preguntas y dudas. ¿Podríamos decir que es la creación una forma de exponer tus miedos y tus dudas más que de entenderlos? ¿Te ayuda la escritura a comprenderte?
— Me suena que hace tiempo dije por ahí que escribiendo no pretendía buscarme a mí misma. A estas alturas me conozco bastante bien (para bien o para mal). Escribo sobre todo por gusto (el acto de escribir, oh). Miedos creo que no tengo. Si no hay dudas, si no hay conflicto, creo que no hay escritura. Cuando somos felices no escribimos, nos es suficiente con ser felices. Cuando hay algo que
nos roza inmediatamente echamos mano a la escritura (el que escriba, como lo hará al lápiz el que pinte). En mi caso vendría a ser como hablar sola, pero por escrito.

 Si dijera que te veo leyendo a Franz Kafka a Julio Cortázar y a Virginia Woolf ¿me equivocaría demasiado? He encontrado aspectos de ellos tres en tus poemas: algo de esa melancolía de la vida que no llega a comprenderse, de la fantasía como parte indivisible de la realidad y de la soledad como tarjeta de pase para acercarte a las palabras. ¡Háblame sobre tus lecturas y tus autores de referencia!
— Qué bonito que veas a Kafka, qué más quisiera yo. Cortázar no me entusiasma y a Woolf la he leído de pasada.
»Melancolía, más bien nostalgia, sí hay. Aunque creo que en los poemas queda algo exagerada porque no soy demasiado nostálgica, la verdad, no soy de “echar de menos”. Nostalgia de futuro sí me noto (será la edad) cada vez más. Pensar en todo eso que no voy a ver, a leer, uff.
»No me gusta leer crítica, no me gusta que me dicten un camino, que me digan esto es bueno y esto es malo. Voy leyendo donde me van llevando las lecturas Ya de niña me aburrían los libros de aventuras, de misterio, de acción. Me dejan completamente indiferente los poemas rimados, la retórica y los jueguecitos. Me gustan las historias donde aparentemente no pasa. Me gustan Askildsen, Beckett, Bernhard, Camus, Carver, Duras, Kafka, Kristof, Stamm, Vonnegut. Me gusta Fonollosa y Gamoneda. Y Fernando Luis Chivite. Me gustaría escribir como cualquiera de ellos.

La música en la obra de Bono

 Tus palabras siempre están llenas de música ¿Lo sabías? ¿Sueles escuchar mientras escribes? ¿Qué música te gusta?

— Pues no lo había pensado, pero qué bien, qué bonito eso que dices. Ya te digo que normalmente la inspiración me viene caminando, así que “la música” sería los sonidos de la calle. Después, cuando llego a casa y transcribo las notas que he tomado mentalmente, sí suelo ponerme música para tirar del hilo. Suele ser música sin letra, para que no me entorpezca. Me gustan mucho Bach, Barber y Satie para tirar del hilo de los poemas. Para prosa Mozart, Schubert y Scriabin van muy bien.
»No lo había pensado hasta ahora, pero para corregir-podar sí pongo canciones. Mis clásicos son Tom Waits (por encima de todos). Y Centromatic, Chet Baker, José González, Kings of convenience, Mark Lanegan, Song:Ohia, Sparklehorse, Thalia Zedek (como ves, todo muy “aminado”).
»Y Extremoduro, Los planetas, Sr. Chinarro, Standstill.
»Y al despertarme, siempre, Antonia Font, El niño gusano o The Smiths,
según el día.

— Recientemente has publicado “Cahier” ¿Cómo fue la creación de este libro y su publicación? ¿Qué te gustaría conseguir con esta obra?

— Fue muy divertido. En el ’95 me quedé sin palabras. Pensé que ya las había usado todas, así que me propuse usar palabras de otros recortándolas del periódico. Comencé a pegar frases y palabras en una libreta, y al cabo del año tenía más de 100. Pensé que nunca me lo publicarían, pero la editorial Baile del sol ha sido muy valiente. Y digo valiente porque igual viene alguien diciendo que eso no
es poesía, pero bueno.
»Cuando he llevado esos recortes (en la libreta original) a algún instituto, los niños han alucinado. Creo que en general se tiene la idea de que la poesía es algo lejano, como de otro mundo. Siempre les cuento que la poesía está donde ellos quieran, que está en la manera de mirar las cosas, hasta las noticias del periódico.
»¿Conseguir?, pues mira, que la poesía no sea algo raro y ajeno destinado a unos pocos. Bajar la poesía de su absurdo pedestal y hacerla cercana. Eso estaría bien.

Las piedras reafirman la imitación

 Me ha llamado la atención tu interés por las piedras. ¿De dónde viene esa “obsesión” y qué clase de relación tienes con tus piedras? ¿Alguna conexión con la escritura? (Debo confesarte que también me atraen especialmente; en mi caso me interesa la capacidad que tienen de acortar distancias en el tiempo).

— Pues creo que viene de una serie noruega, creo, de los 70 que se llamaba “La piedra blanca”. Por imitación, de nuevo, quise tener una piedra blanca como los niños de la serie. Así que me traía siempre de la playa un cubito de piedras blancas para ver si daba con la buena (hasta que cubrí el jardín de la casa de mi abuela). Después seguí cogiendo piedras de los sitios a los que iba. tengo un montón, la verdad. No sé, me gusta mirarlas, miro una piedra y mis pensamientos se detienen. También me gusta pasear con una piedra en el puño, no sé, las piedras acompañan.
»La verdad es que empecé a subirlas al blog porque pensé que en algún momento me desharía de ellas, y por tener el recuerdo en foto (que ocupa menos). Pero al final tengo las piedras y el blog (a veces regalo algunas).

— Ha quedado muchísimo fuera. ¿Alguna cosa que quieras compartir con los lectores y que no te haya preguntado?

—Nada, un placer, aquí estoy para cuando se te ocurran más preguntas.
»Yo creo que me has sacado todos los “trapos limpios”. No se me ocurre nada más. Quizá sólo repetir eso de que hay que acercarse a la poesía sin miedo. No hay que pretender “entenderla”. No entendemos la música, la música es más abstracta que la poesía, y sin embargo nos llega. Pues eso, hay que acercarse a la poesía como quien escucha música, dejándose envolver.

domingo, 16 de febrero de 2014

Sobre Brazos, piernas, cielo, de Isabel Bono

Ya desde el título, Brazos, piernas, cielo, hay una alusión doble, a lo anatómico y a lo elevado y espiritual. Una posición de nominar, de darle un sentido a las cosas desde lo que las nombra. Una poesía que se siente desgajada y fuera de arquetipos, que circula por lo fragmentario, y lo enumerativo. Piezas de encaje que se exponen para ser articuladas y para que quien las lea las reconstruya y una individualmente.

Ignoro si casualmente -y casi como una contradicción-, el libro comienza con un descenso, a la franqueza de una aceptación de lo mortal y lo efímero:

desde el principio lo sabes
vas a caer

la luz
el paisaje
dejan de importar


En la página 28 vuelve a incidir en ello. Su voz es un temblor fijado al detalle. Se advierte entre poemas una continuidad: un hilo de funambulista.

perdido el equilibrio
queda la tierra
bajo mis costillas

el verano era mi casa
diré antes de caer


Hay en Brazos, piernas, cielo poemas que parecen postales y textos breves dominados por la imagen, como éste, que se asemeja a un haiku:

el tiempo posa los pájaros negros
en las últimas antenas

ningún sol
es capaz de evaporarlos


Sabe cortar. Elegir y seleccionar, reducir. Hacer pausas. Su poesía es el arte de decir y no decir. Potencial evocativo. De mencionar. De señalar. Hay en todo ello una apuesta por la elipsis, por saber, como diría Castilla del Pino, qué no leer.

Mediante un lenguaje minimalista y una serie de figuras poéticas recurrentes (pájaros, cielo) evoca sutilmente los temas más personalísimos. Isabel Bono es una lectora de sentimientos. Una amiga de la cotidianidad pasada por el diorama de la ironía, como en este verso: se acumula el trabajo de pasear más juntos y doloridos que nunca (página 21)

He advertido y subrayado algún que otro aforismo, que aprovecho para aislar y traer aquí:

entretener el miedo / se convierte en superstición

Brazos, piernas, cielo carece de aditivos. Les ha quitado todo lo que sobra. Un esencialidad casa con su poética. Los poemas están desnudos, como descubriendo las dimensiones del cielo. La intensidad aquí se acompaña de brevedad. La poeta se ha vaciado.

Una maravillosa portada (de Luciano lozano) acompaña a la ya de por sí estupenda y pulcra edición de Baile del sol. Una mujer con forma de jaula abierta, de la que se liberan unas cometas. Todo un acierto.


Isabel bono es una poeta prolífica, franca, dinámica. Hace libros contundentes -a pesar de su aparente fragilidad- para salvar al mundo. Decía De Quincey que él tenía que saber lo que era la felicidad. Yo le contestaría que una primera lectura siempre sabe a poco.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Entrevista a Isabel Bono

Isabel-Bono

Me gusta que los libros reposen para saber si han aguantado el paso del tiempo

A finales de 2012, la editorial Baile del Sol publica Brazos, Piernas, Cielo, de Isabel Bono, un conjunto de poemas que erosiona y fractura, que inserta dudas y preguntas en el entramado identitario de quien recibe el verso. Dividido en dos partes (“La chatarra del silencio” y “Distrito rojo”), Brazos, Piernas, Cielo propone ir más allá de la palabra, más allá de la idea, para construir una realidad vertical desde ese otro Yo medido frente al abismo, desde ese otro ángulo posible en el que se acumulan certezas y miedos no asumidos o desconocidos. Un preciso ejercicio de poesía a través del cual, Isabel Bono se calibra y codifica para proporcionar aliento al verso, a la vida.
Brazos, Piernas, Cielo es un poemario que escribes hace años pero que ve la luz a finales de 2012. ¿Qué relación mantienes, durante ese tiempo, con cada una de las piezas que conforman el poemario?
Normalmente escribo, guardo y olvido. Cuando doy por terminado un libro, lo imprimo, lo guardo en una carpeta y no vuelvo a leerlo. Intento que los poemas siguientes sean diferentes. Aunque no sé si lo consigo.
Y durante este transcurso, ¿el poema llega a mutar o, por el contrario, cambia la creadora?
Mis poemas mutan poco. Suelo escribirlos “al dictado”. Se me aparecen un par de palabras, un verso, y a partir de ahí tiro del hilo. Me gusta imaginar que tengo una madeja en el lugar del cerebro, una madeja con muchos cabos sueltos. Mi trabajo es encontrar esos cabos y tirar lentamente. Una vez fuera, tejo y podo. Una vez podado, lo guardo y lo olvido.  Una vez guardado y olvidado no suelo tocarlos más. A la hora de rescatarlos para publicar igual elimino alguna coma, pero sólo eso. No me gusta retocar los poemas ya escritos porque de algún modo dejan constancia de cómo era (yo) y cómo escribía. Para mí eso es importante, por eso quizá tardo también en publicar. Me gusta que los libros reposen para saber si han aguantado el paso del tiempo. Así, si eran malos, me alegro de no haberlos publicado. Y si eran medio buenos, dará igual que se publiquen ahora o dentro de cuarenta años.
brazos-bono
¿Qué suma o aporta este conjunto de poemas a tu trayectoria?
Me aporta ligereza. Con cada poema que escribo me quito un peso de encima. La ligereza me dura dos días, al tercero ya noto la madeja cargada de nuevo. A quien los lea, supongo que cada libro le aporta visión en 3D de mi universo poético -eso me suena raro hasta a mí, pero no sé explicarlo de otro modo-. Digamos que mi universo poético es uno y en cada libro intento mirar ese universo desde una perspectiva diferente. No sé si lo consigo, pero creo que esa sería mi intención última: asomarme un día y verlo todo entero.
El lenguaje que soporta los poemas muestra cierto gusto por la depuración, por dejar en los huesos a la palabra. Por dejar desnudo al poema para hacerlo más fuerte. ¿Cómo trabajas este asunto? ¿Qué te exige ese empleo del lenguaje?
Gamoneda te diría: Lupa y navaja. Yo me conformo con: Progresivas y tijera. La retórica no me interesa nada, los jueguecitos de palabras no me interesan nada, parecer ingenioso no me interesa nada. Desnudar no es fácil, yo sigo aprendiendo. Lo trabajo con dolor, porque siempre me sobra algo, me sobra “lo que hace bonito”, supuestamente. Supone renunciar a los fuegos artificiales. Prefiero el incendio.
Sobre la relación poeta/práctica poética, en Brazos, Piernas, Cielo, ¿hay más de responsabilidad de la acción poética o de observación ante lo que acontece?
Te diría que soy una inconsciente a la hora de escribir. El poeta como médium, dice Cees Nooteboom. Ole ahí. Observación ante lo que acontece, no sé, porque soy propensa al ensimismamiento sobre todo a la hora de escribir -mi madre me llevó al médico, de niña, porque decía que me quedaba demasiado rato “pensativa”-. Prefiero pensar que está en mi ADN a que soy una ombliguista en toda regla. Eso sí, soy responsable a la hora de publicar.  Si un poema no me gusta o me gusta regular: Delete. Tengo facilidad, sin duda es la más gastada del teclado.
bono_oteadora
La poética de Brazos piernas, cielo es múltiple y juega a engañar a quien sostenga el poemario. Hay movimiento, hay naturaleza, dolor y miedo. Amor y pasión. Hay mucho de fractura, ¿cómo mides cada uno de estos elementos en los diversos poemas?
¿Juega a engañar? No sé. Cuando vi el libro terminado pensé que la portada despistaba, porque parece una portada feliz que augura poemas felices. Mis amigas Inma Luna y Ana Pérez Cañamares lo definieron como: «Portada siniestra-feliz, como tú». Estoy de acuerdo. Más allá de eso no sé decir. No pienso en poéticas mientras escribo (ni después), ni siquiera tengo claro qué es una poética. Medir, no mido. Yo creo que cada uno tiene unos elementos (me temo que también vienen en el ADN) y es difícil escapar de ellos. Cuando me dicen que escribo poemas de amor, yo digo: ¿Y qué no es amor? Mis elementos son siempre los mismos: amor, dolor, ramas, pájaros, lluvia, charcos, hormigas, cosas que suelo tener a mano (una taza, una piedra), y las sombras que proyecta todo eso sobre mi mesa. No hay mucho más. Unos días hay hormigas y otros sólo dolor. No soy de medir, miro a mi alrededor, me ensimismo, y ya.
Otro gran elemento de Brazos, Piernas, Cielo es su condición de poemario que interroga a quien se enfrente al verso. ¿No te da cierto vértigo hablar tan de cerca, casi como un susurro, a la persona que se acerque al poemario?
Oh, ningún vértigo. Hablar muy de cerca, siempre. Si no, ¿para qué? Conseguir que quien lo está leyendo sienta que lo he escrito sólo para él/ella, que estoy hablando de su dolor, de sus sentimientos, no de los míos, que esas preguntas son suyas, no mías, que estoy a unos centímetros respirándole el poema al oído. Eso. Ojalá. Provocar vértigo, eso sí que me gustaría.
Y con ello, ¿buscas cuestionar o medir la realidad?
Creo que no. No sé qué busco. No sé si busco. Escribo por placer, mientras escribo no estoy en “la realidad”. Digo que ojalá provocara vértigo, pero eso lo pienso a posteriori, no mientras escribo. Escribo porque se me van los dedos a escribir, no pienso en nadie, no pienso ni en mí, ni en qué busco, ni qué encontraré si es que encuentro. Todo lo demás, todas las explicaciones, vienen después. Por eso, cuando alguien me pregunta si puede entrevistarme le digo que sí -y se lo agradezco-, porque me obliga a cuestionarme cosas que ni se me hubieran pasado por la cabeza. Por ejemplo: ¿Juega a engañar? Esta noche no duermo.
En este acontecer injusto, ¿es urgente el ejercicio de la poesía?
Bukowski decía: «Lo único que la gente pide son tres comidas decentes y un poco de sexo». Hemos llegado a un punto en el que es urgente procurar a todo el mundo tres comidas decentes. El sexo y la poesía pueden esperar.
 Nació en Málaga en 1964. Dice de sí misma: Cuanto más tiempo va pasando más simple y corta se vuelve mi biografía: Me levanto cada mañana, escribo lo que he soñado, me ocupo de la casa, escribo mails, barro la terraza, escribo poemas, leo, escribo. Los dos últimos títulos que he publicado son Pan comido (Bartleby, 2011) y Brazos piernas cielo (Baile del sol, 2012).

jueves, 14 de marzo de 2013

Versos líquidos

Brazos, piernas, cielo (Baile del Sol), de Isabel Bono (Málaga, 1964), es un poemario que necesita ser con y en el lector, que no defrauda en su lectura, ya que engrandece y, da fuerzas al débil, y calma la sed del sediento con sus versos líquidos de amor y pasión. Es la poeta del momento impactante, del sicurrir del verso, con sus palabras suaves e intensas. Bellos poemas breves sobre un presente que desaparece en la lectura cómplice del lector, quien besará y abrazará estos poemas, y los hará todos suyos en su honda reflexión sobre la existencia.

Enrique Villagrasa (Qué Leer/Marzo 2013)

lunes, 11 de marzo de 2013

Brazos, piernas, cielo


Isabel bono en una fotografía con una maqueta de un dinosuarioEl viaje a la velocidad de la luz

Texto: José Antonio Martín Santos | Imágenes: cedidas por Isabel Bono y web
No se comentar un libro de poesía. Me faltan referencias, lecturas, memoria, bibliografía. Solo se me ocurre seguir el hilo de los poemas. Actuar como lector.
Y, aún así, como lector, todas las referencias, lecturas, memorias, en fin todas ellas me sobran. Solo necesito poemas. Poemas que a  veces no entiendo, no descubro el hilo, quizás invisible, quizás subterráneo, que une las palabras, los signos, los sentimientos.
A veces sí.
Escribo estas líneas y ella dice:
Portada del libro de isabel bono brazos, piernas, cielo.debería decir
no temo a nada
salir al paso
de cada injusticia
donar sangre
sin temor al desmayo
besarte sin temor a la fiebre
boicotear cada mentira
que la rutina me tienda
debería dormir más cerca
de ti de mí de nosotros
Eso mismo tuve que haber dicho yo a quién siempre se ha mirado en mi espejo.
Dice Isabel
Son estos pájaros
Como la pena

Alas negras cosidas al miedo
De seguir así construiré otro libro con los mismos poemas de Isabel Bono. Entonces lo llamaría Piernas, brazos, cielo. Piernas, brazos abiertos y cielo conforman el triangulo infinito donde perderse.
Pero mejor construyan ustedes su propio libro. Lean a Isabel. Lean Brazos, piernas, cielo. Y cuando hayan acabado vuelvan a leerlo. Y así hasta desencuadernarlo.

Brazos, piernas, cielo

Isabel Bono
Baile del Sol Ediciones. Colección poesía
Isabel Bono (1964) en esta ocasión habla con la voz del amor. Pues es un poemario sobre el amor, sobre su luz, su chatarra, sus recuerdos, su humedad, su dolor, su velocidad. Dice en 60 estrofas que con el amor es imposible no arder.
Isabel bono, brazos, piernas, cielo. Foto de ella en un campo de flores amarillas.

Otras publicaciones de Isabel Bono
Vida Extra. Nanoediciones. Madrid, 2012.
Pan comido. Ed. Bartleby. Madrid, 2011.
Algo de invierno. Ed. Luces de gálibo. Girona, 2011.
Maomegean. Ediciones del 4 de agosto. Logroño, 2010.
Ahora. PUZ, Zaragoza, 2010.
Poemas reunidos Geyper. Ed. Eppur. Málaga, 2009.
Dias impares. Ed. Polibea. Madrid, 2008.
Mi padre. Aullido Libros. Punta Umbría, 2008.
La espuma de las noches. Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2006.
Entre caimanes. Ediciones del 4 de agosto. Logroño, 2006.
Los días felices. Ed. CELYA. Salamanca, 2003.
Señales de vida. Ed. El gato gris. Valladolid, 1999.

sábado, 2 de febrero de 2013

La Luz Menguante de los Charcos


Itziar Mínguez

Título: Brazos, Piernas, Cielo. Autora: Isabel Bono. Editorial Baile del Sol. 2012. 82 páginas. 10€



Siempre espero con ganas la llegada de un nuevo poemario de Isabel Bono. En un tiempo donde resulta tan común que nada esté a la altura de una expectativa, resulta que la poeta malagueña Isabel Bono, nunca me defrauda. Su anterior incursión en la poesía, Pan Comido, era un poemario agotadoramente bello, con largos corredores por donde las emociones avanzaban siempre en sentido unidireccional, exento de la reciprocidad que en muchas ocasiones suele lastrar la poesía. Ya me extendí en su día sobre Pan Comido, que traigo a colación ahora porque su último poemario, Brazos, Piernas, Cielo, publicado por la editorial tinerfeña Baile del Sol, se sitúa en las antípodas de aquel “Pan Comido”. Si entonces la poeta dio rienda suelta a la versión maratoniana de sí misma (en sentido poético) con poemas de larguísimo recorrido, brutales, vertiginosos… en su nuevo poemario nos encontramos a una poeta que avanza con pasos cortos, medidos, certeros. Poemas punzantes, geniales. Ráfagas breves y concisas de luz que se ciernen sobre la oscuridad a la que parece estar abocada la poesía. Avanza a saltitos Isabel Bono, dejando huellas aquí y allá para dejar constancia de que ha pasado por ahí, señalando un camino que lleva a alguna parte o, tal vez, marcando su recorrido para poder volver atrás y no olvidar desde dónde inició la trayectoria. Es un poemario que se presta a eso, a caminar por él, hacia adelante para ver qué nos espera o hacia atrás, retrocediendo hasta algunos poemas que dejan una marca de fuego en la memoria. Cada poema es una huella: marca y guía. Una instantánea. Con su lenguaje claro y conciso, las palabras -una vez leídas y pasadas por el filtro- son devueltas en forma de imagen. El poemario consta de dos partes diferenciadas e identificadas cada una con su respectivo título. La primera parte: La chatarra del silencio, la componen poemas breves, muy directos, sin truco. Son lo que son, no lo que parecen ni lo que pretenden aparentar. Un ejemplo: tenemos derecho a equivocarnos// sin defensa/ sin móvil/ sin coartada. Otro: desde el principio lo sabes/ vas a caer// la luz/ el paisaje/ dejan de importar. Así 39 fotos polaroid, 39 huellas que nos conducen hasta llegar a la siguiente parada: Distrito Rojo. Título con el que se abre la segunda parte del poemario. Acostumbrada a la concisión de los poemas que componen la primera parte, confieso que me costó cambiar la marcha y adaptarme al paso largo, casi zancada, que son los poemas de esta segunda parte de Brazos, Piernas, Cielo. Pero la poeta sabe conducir al lector, sabe guiarlo y enseguida me vi inmersa en la espesura de una poesía, más boscosa sí, pero por la que se cuelan reveladoras haces de luz entre tus ramas frondosas. Una poesía más furiosa, menos contemplativa, de otra casta, la que destilan 21 poemas menos centrados en la contemplación pero mucho más físicos, orgánicos. Algunos, muy cortos, de solo tres versos, dejan temblando: incendiad girasoles/ doblegad la razón/ comed de mis manos. No se puede decir más con menos. Tal vez en esta segunda parte reconozco más la voz con la que asocio a Isabel Bono. Menos lírica y contemplativa que en la primera parte, haciendo uso de artillería más pesada, de ese abrirse las venas que suele ser su poesía. Un flujo constante de emociones, que en el mismo poema pueden hacerte pasar por todos los estadios posibles. Versos que tiran a dar, como la poeta reconoce: mi casa dispara/ minúsculas garamond catorce/ a un paisaje renovado por el fuego. Lo que no varía y se mantiene constante, es el paisaje. Pájaros, antenas, charcos… Isabel Bono siempre muestra de forma diferente el mismo paisaje y por eso, tal vez, su poesía tiene algo de refugio, de lugar de paso donde apetece quedarse mientras ahí afuera la luz varía, decrece, mengua en los charcos, sin desaparecer nunca del todo.

http://www.agitadoras.com/Febrero%202013/itziar.html

miércoles, 16 de enero de 2013

“Brazos, piernas, cielo”, de Isabel Bono

Por  | Destacados | 14.01.13
Brazos, piernas, cielo. Isabel Bono
Baile del Sol (Tenerife, 2012)
Me explicaron hace poco, a propósito del arte de la coctelería, que para elaborar un gin-tonic cualquier ginebra podría servir, pero para crear el rey de los cócteles, el dry martini, hacía falta una ginebra realmente buena. Es bien sabido que el resultado final de un buen cóctel le debe tanto al modo de preparación como a la calidad de los ingredientes empleados. Y, sin duda, el combinado o la poesía que destila la malagueña Isabel Bono es siempre de una calidad excepcional.
En Brazos, piernas, cielo, recientemente aparecido en Baile del Sol, el poema es sugerencia, no jaula que encierra lo que dice, sino puerta abierta; es un sabor esencial y liberador, un aroma sin aditamentos que se expande, y podemos paladearlo como un auténtico dry martini en el que intensidad y esencialidad casan perfectamente.
Isabel Bono desnuda los poemas, los peina, les quita absolutamente todo lo que sobra, todo lo que adorna mal. Ciertamente, menos es más, y lo que no añade estorba, así que la poeta trabaja el vaciado en una poesía en la que consigue expresar al máximo con el mínimo de elementos; incluso empleando una narratividad de situaciones mínimas, que no nimias, que expresan sensibilidad y sensaciones.
El libro se divide en dos partes “La chatarra del silencio” y “Distrito rojo”. La primera es una narración del paso del tiempo, la existencia y el miedo a la pérdida:
desde el principio lo sabes
vas a caer
También, en la noche, el sueño de la vida es luz que crea o borra las formas, los objetos, los paisajes, los recuerdos, a veces de forma caprichosa.
Y, en la segunda parte, encontramos una observación activa del mundo, así como la conciencia de la escritura:
mientras tanto
mi casa dispara
minúsculas garamond catorce
a un paisaje renovado por el fuego
También se expresa el dolor como posibilidad existencial, como conjura y rabia más allá de los miedos que nos pueda producir ese mismo dolor: las calles, la violencia, el insomnio, lo desconocido. Y conjurar, asimismo, todas las posibilidades de una existencia que, al fin, se reducen a la única vida que nos ha tocado vivir:
si sólo hubiera una calle
que nos llevara
sin atajos
sin trampas
sin ceremonias
Isabel Bono elabora, de nuevo, una combinación perfecta de forma y fondo, un cóctel perfecto con esteBrazos, piernas, cielo; y su lectura deja un excelente e intenso sabor en la boca que irá dejando poso y ascendiendo lentamente, hasta dejar nuestras mentes impregnadas de su aroma esencial.

miércoles, 9 de enero de 2013

«Brazos piernas cielo», de Isabel Bono


otra vida igual 
sin cambiar ni una letra 
de tu nombre
I.B.

Me gustan los charcos y a veces pienso que no todo el mundo los entiende, pero leyendo los versos de Isabel Bono con charco me doy cuenta de lo contrario, ¡lo que me queda por aprender de los charcos! Se diría incluso que en la página sus poemas son solo lo que aparece reflejado de ellos mismos en un charco de lluvia. Sobre todo aquellos que parecen escritos con tinta simpática y solo permiten que se lean los raros versos donde la pluma ha fallado y al apretarla ha dejado una incisión —un arañazo— legible en el papel al trasluz.

miércoles, 2 de enero de 2013

2013 de Poesía. Día 2. Isabel Bono

Día 2. Isabel Bono. Brazos, piernas, cielo (2012)



anotó en un cuaderno
hombres de piedra
niños de cal
no confiaba en su memoria
¿el miedo nos hará fuertes?
se preguntaba


lunes, 24 de diciembre de 2012

20. (enamórate)

Junta el dedo índice y pulgar y parece que tira de un hilo invisible que sale de su cabeza. Dice que escribe al dictado, que su cabeza es una madeja que necesita ordenar, que encuentra un hilo y tira de él, y, en ese gesto, las palabras e imágenes de sus poemas. Sale a la calle y le esperan grúas, pájaros, piedras y charcos. Hace años que escribe un mapa único.

Lee sus poemas con voz pausada. Me quedo en silencio, siento que su nuevo poemario me noqueará (a mi lado, un papelito en un corcho con la frase hoy es siempre todavía). Lleva una tuerca en un colgante y una chapa de Juan Pardo Vidal. Detrás de ella, un pequeño árbol de navidad con deseos escritos en tiras de papel (volver). Hay quien se detiene en la puerta de la librería, la mirada curiosa y extrañada por un grupo en pie que rodea a una mujer sentada, leyendo, y entra. Interrumpe la lectura para decirnos que en ella no pesa el pasado, que tiene nostalgia del futuro, saber cómo será el año 5523. Termina la lectura y le preguntan por el origen de sus poemas. 

Hablamos alrededor de una mesa de madera. A veces la calidez de su voz me hace sonreír, mezcla a Vonnegut con dibujos animados, se emociona ante una frase que podría ser el título de un poemario, nos anima a escribir (nos recuerda que para escribir hay que ser honesto), o habla con una arponauta de ombligos y pezones retráctiles.

Nos despedimos en una estación de metro. Me abraza y me acaricia la espalda, me pregunta si estoy enamorado y, cuando nos separamos, me dice enamórate. Me encojó de hombros y sonrío, respondo que también se tienen que enamorar de mí. 

Entro en el vagón, una piedra con forma de bumerán en mi bolsillo y su poemario en mi mano.


(coda)
Descorro las cortinas y observo la madrugada desde la cama, el cielo naranja, el sonido apagado del aire acondicionado, la habitación alargada. Estoy vestido, el móvil en mi pecho. Pienso en los aviones que sobrevuelan la ciudad.


salir a la calle
sin otro trabajo
que vagar sin objetivo

entretener el miedo
se convierte en superstición

nos dirán qué hacer
tú y yo parados
en el centro de la muchedumbre

uno piensa en una flecha

de alguna manera
el dolor desaparece
como la luz menguante
de los charcos


(Isabel Bono
en Brazos, piernas cielo. Baile del sol)


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martes, 18 de diciembre de 2012