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miércoles, 8 de mayo de 2019

Bailando con Elena Alonso Frayle: "El buen cuento exige ciertas dosis de ocultamiento para que funcione"


Baile del Sol.- ¿Qué tipo de relatos se van a encontrar las personas que lean La mala entraña?

Elena Alonso Frayle.- Mis cuentos están siempre atravesados por la idea de descubrimiento, que es casi lo que más me interesa en la literatura. En todos los cuentos que componen La mala entraña hay personajes que, mediante diferentes peripecias —con frecuencia, meros episodios triviales—, realizan un descubrimiento sobre determinados aspectos de sí mismos. Y la idea es que, con ellos, el lector quede enfrentado de alguna manera a un resumen de la condición humana. En ese sentido, y respondiendo a la pregunta sobre la tipología de los relatos, creo que podríamos decir que se trata de relatos psicológicos. Relatos, además, en los que lo más importante no queda explícitamente revelado, sino solo sutilmente indicado, para que sea el lector quien complete la historia.

BdS.- ¿Decidiste explorar el tema de la maldad a través de los cuentos o te diste cuenta posteriormente de lo que tenían en común ?

EAF.- Los cuentos con los que formo mis volúmenes de relatos los voy escribiendo poco a poco, a menudo en las pausas que median entre otros proyectos narrativos de mayor aliento. Por ello, a diferencia de lo que ocurre cuando uno se plantea el esquema de una novela, no precedió a su escritura una toma de conciencia sobre cuál iba a ser el tema central de los mismos, ni siquiera tenía claro que un día conformarían una unidad. Simplemente, fueron saliendo como piezas aisladas, y solo cuando ya tuve unos cuantos terminados, me di cuenta de que, una y otra vez, el tema subyacente a todos ellos, aunque fuera tenuemente, era el de la maldad. En todos ellos se revela esa cuota de perversión que anida en la naturaleza humana, incluso en las situaciones cotidianas. Cuando vi tan claro el nexo entre los cuentos es cuando surgió la idea de formar con ellos un libro.

BdS.- Si tuvieses que elegir uno de ellos, con cuál te quedarías y por qué.

EAF.- Creo que elegiría «Misericordia», con el que gané el Premio «Gabriel Aresti», del Ayuntamiento de Bilbao. Tengo con él la rara sensación de haber logrado plasmar lo que me rondaba cuando lo escribí, alejándome tanto de estereotipos como de la corrección política que muy a menudo asoma cuando la literatura aborda el tema que trata este relato. Precisamente fue este rasgo el que valoró expresamente en su acta el jurado del «Gabriel Aresti», que estaba formado por Iván Repila, Jon Bilbao y Aixa de la Cruz, tres autores que admiro mucho y a los que sigo con gran interés, por lo que fue muy especial la satisfacción de que apostaran por mi cuento y lo destacaran como ganador entre varios cientos de candidatos.

"Mis cuentos están siempre atravesados por la idea de descubrimiento, que es casi lo que más me interesa en la literatura."


BdS.- En todos los cuentos de este volumen hay personajes o situaciones inquietantes, ¿qué importancia le das a las atmósferas en la construcción de tus relatos?

EAF.- Pienso que un buen cuento debe conseguir crear un clima que atrape a quien lee, que lo aísle de todo lo que le rodea y le obligue a seguir leyendo. Se trata de conseguir ese secuestro momentáneo del lector, lo que Coleridge llamaba «la suspensión de la incredulidad», es decir, la creación de una atmósfera que obligue al lector a dejar de lado su percepción de la realidad y a adentrarse en la ficción propuesta por el autor. Para ello es fundamental crear un universo cerrado en el cuento —una atmósfera— del que al lector le cueste escapar. Cada autor se vale de sus propios recursos para lograrlo, muchas veces en función de su propia concepción de lo que debe ser la literatura.  





BdS- ¿Consideras que hay un tipo de historias que se cuentan mejor en los relatos breves que en otro tipo de narrativa?

EAF.- En mi caso, escribo un cuento cuando lo que más me interesa en la historia es lo que comprendo desde el principio que no debe estar en el texto, o lo arruinaría: la elipsis. Es a lo que me refería en la respuesta a la primera pregunta: el cuento, el buen cuento, exige ciertas dosis de ocultamiento para que funcione. En otras ocasiones, en cambio, lo que busco es mostrar un proceso o una convergencia de situaciones y personajes; lo que me interesa es mostrar distintas facetas de la realidad y cómo la manera en que esa facetas se interrelacionan les dota de trascendencia. La narración, en esos casos, necesariamente se alarga y es entonces cuando hablaríamos de novela, pero creo que las fronteras entre ambos géneros muy a menudo se solapan. ¿Qué ocurre, por ejemplo, con la «nouvelle», con la novela corta? ¿Cuándo optamos por ella? ¿Cuándo una novela deja de ser «corta» para ser novela propiamente dicha? Creo que no debemos dejarnos influir demasiado por los formatos ni las etiquetas. Uno tiene una historia que contar, algo que le interesa en esa historia —bien sea la elipsis o el proceso— y empieza a narrar. Ya veremos lo que sale al final; con frecuencia algo distinto de lo que uno había planeado en principio.

BdS.- ¿Cómo empezó tu interés por la escritura y concretamente por los cuentos?

EAF.- Yo creo que el afán de la escritura me ha acompañado siempre, desde que, a los ocho o nueve años, escribía historias folletinescas sobre niñas huérfanas, que luego vendía a mis padres. Más adelante, la profesión de escritor me parecía la más noble y admirable de cuantas existen, pero, jurista de formación, siempre consideré que yo había encaminado mis pasos por otro camino, que el convertirme en escritora era algo así como un sueño irrealizable, un tren que había dejado pasar. Quiso el destino que en un momento de mi vida me trasladara a vivir a Buenos Aires, una ciudad de la que se dice que tiene más escritores que lectores; una ciudad, además, epicentro de la tradición rioplatense del cuento, un género que, en cualquier caso, está allí mucho más valorado que en España. Durante los años que viví en Argentina asistí al taller literario de Liliana Heker, empecé a escribir cuentos; allí aprendí no solo la técnica, sino también la importancia de la corrección exhaustiva de los propios textos y, sobre todo, la enseñanza más valiosa: la humildad necesaria para enfrentarse al oficio de escribir, pues uno, en esos talleres, expone su obra al juicio de los compañeros y debe encarar las críticas más despiadadas… Aprendes así a ejercer una crítica feroz con tu propia obra desde el principio. Y ese aprendizaje creo que es el que más me ha ayudado a la larga.

BdS.-¿Qué otros autores o autoras de relato nos recomendarías?

EAF.- Muy a menudo, cuando me hacen esa pregunta, menciono a un puñado de autores que creo que todos los cuentistas leemos con fruición, y a los que volvemos una y otra vez, al menos yo lo hago: Salinger, Nabokov, Alice Munro, Borges, Cortázar, Sara Mesa, Eloy Tizón, etc. Sin embargo, el año pasado recibí el encargo por parte de una editorial de Mongolia de preparar una antología de narrativa corta española. Para realizar la selección de los textos, he pasado el último año leyendo, literalmente, miles de páginas de narrativa corta española a partir del despegue del género en España, en el siglo XIX. Y me he reencontrado con autores y cuentos a los que no había leído en años o décadas; debo decir que el reencuentro ha sido grato y aleccionador. Volver por ejemplo a Clarín o a Pío Baroja, y releer los que en su día fueron lecturas obligatorias en el colegio —como «¡Adiós, Cordera!» o «La sima»— con el bagaje que hoy me acompaña ha constituido una experiencia reveladora. Lo mismo que releer a la gran Rosa Chacel —injustamentente relegada— o a Francisco Ayala, cuyo deslumbrante cuento «El Hechizado» creo que fue calificado por Borges como el mejor cuento jamás escrito. O a Miguel Delibes, Ignacio Aldecoa, Medardo Fraile… Todos ellos autores que integran la antología que he preparado para el público mongol y que recomendaría igualmente que fueran releídos —acaso recuperados— en España.

BdS.- ¿En qué proyecto literario trabajas en la actualidad?

EAF.- En un libro sobre Mongolia, cómo no. Llevo más de un año trabajando en él, razón por la que últimamente he estado más alejada de la escritura de cuentos. De todas formas, lo que empezó como una novela, poco a poco ha ido deslizándose hacia un híbrido en el que se entremezclan la literatura de viajes, los relatos puntuales, la crónica y la novela propiamente dicha, lo cual ilustra aquello a lo que me refería antes cuando hablaba del solapamiento de géneros y la inutilidad de las etiquetas.

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jueves, 7 de marzo de 2019

Bailando con Eloísa Alba: "Un mapa desconocido me ha acompañado desde que tengo memoria y es un sendero extraordinariamente raro incluso para mí".



Baile del Sol.- Lo primero que llama la atención de tus poemas es el universo propio en que se mueven, alejado de lugares comunes y caminos transitados, ¿cómo llegaste a esa voz poética?
Eloísa Alba.- En cierta manera es un misterio, porque al reflexionar tu pregunta, ese mapa desconocido me ha acompañado desde que tengo memoria y es un sendero extraordinariamente raro, a menudo, incluso para mí.

BdS.- Los objetos y la naturaleza planean por tu poesía como capas o intersecciones en el camino de lo humano, ¿cómo crees que afecta el entorno a lo que pensamos y a nuestra manera de actuar?
EA.- Pienso que la arquitectura de las cosas, sus proporciones, su misma composición, cada pequeña cualidad de un objeto, al igual que la naturaleza con todos sus atributos de belleza y feminidad, poseen una voz irreemplazable, una llamada de atención a la vida de hoy en día, dos conceptos antagónicos y que, sin embargo, funcionan en perpetuum mobile.

BdS.- Llaman también la atención los títulos de tus poemas: Corriente, Desplazamiento, Desvío, Rozamiento, Aceleración, Caída libre... Háblanos un poco de ello.
EA.- Es muy sencillo, hace tiempo, (ya que me gustan también mucho las ciencias), investigando, descubrí el efecto de Coriolis y navegué en torno al eje de los fenómenos que se originan a su alrededor y ciertas leyes náuticas… de hecho, el efecto de Coriolis, fue su primer nombre, aunque luego más tarde, me decidí por el de Recitativos.


BdS.- ¿Y por qué Recitativos 60 poemas?
EA.- El otro oficio, el musical, hace que valore el Recitativo como una forma artística que es íntima y entregada en su ejecución. Tal paralelismo, el musical, dio como resultado que eligiera éste nombre para el conjunto.

BdS.- ¿Qué temas dirías que vertebran tu poética? 
EA.- Captación de momentos, iridiscencias, fulgores, la mujer y el mundo artístico, el erotismo, el humor, lo social y dosis generosas de anarquía y poelíticas.

BdS.- Háblanos de tus lecturas. 
EA.- Muy variopinta. Puedo alternar/combinar un ensayo de Marta Sanz, una novela negra de Cristina Fallarás, un poemario de Isabel Bono, diarios de Sylvia Plath, releer en la biblioteca pública a Altolaguirre o Huidobro y acostarme leyendo un cómic, un fanzine o el discurso de Federica Montseny.

BdS.- ¿En qué proyecto literario estás trabajando en la actualidad?

EA.- Compongo los últimos poemas de una serie que inicié con una plaquetita y ya ha ganado cuerpo de libro.


miércoles, 5 de septiembre de 2018

Bailando con Sergio Artero: "Creo que la poesía sirve y, sin embargo, no sirve de nada"







Baile del Sol.- Dices que Índice de ingrávidos es incómodo como un grito, ¿era esa tu intención al escribirlo?, ¿es tu intención al escribir?

Sergio Artero.- Creo que el libro es incómodo o desasosegante no sólo por el principal tema vertebrador -la historia de un exilio fagocitado por un exilio mayor: el de nuestra civilización- sino porque la lectura misma provoca cierta sensación de caos -o de flotabilidad, o de ingravidez-. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando se mezcla la escritura de onda de los versículos clásicos con el ritmo sincopado de las letras del glam rock. Además faltan fragmentos, hay vacíos, abruptos cortes de sentido. Por eso digo que se trata de pecios de un naufragio, el naufragio de la civilización occidental tal como la hemos conocido hasta ahora. En ese naufragio nos estamos ahogando todos y esa sensación de naufragio la reconocemos todos. Seguramente necesitemos otro lenguaje o recuperar el lenguaje, que es lo mismo. De momento para esa sensación compartida sólo estamos produciendo un lenguaje desarticulado, es decir, un grito, el grito del que se ahoga. Todos sabemos esto de algún modo pero es incómodo que nos lo recuerden, ¿verdad?


BdS.- Un libro lleno de epílogos, ¿poemas que se despiden o que se justifican?SA.- El Libro de Enoch como mito simbólico sobre el exilio ya está escrito. Todos los textos posteriores son paráfrasis o epílogos.


BdS.- Como no es un poemario fácil, aparecen en él personajes que parecen guiar a los lectores, ¿de dónde surgen y cuál es su cometido?SA.- Hay un personaje principal, que es Enoch. Pero Enoch es, al mismo tiempo, muchos personajes. Su polifonía es nuestra civilización.

BdS.- ¿Índice de ingrávidos te ha servido para explicarte algo?, ¿servirá de algo a quienes lo lean?
SA.
-No creo que el verbo más adecuado sea "explicar" y, desde luego, no soy quién para explicar nada a nadie. Y "servir"... también es un verbo muy relativo. El dinero no sirve de nada y, sin embargo, sirve. Igualmente creo que la poesía sirve y, sin embargo, no sirve de nada.




BdS- Referencias bíblicas, literarias, musicales...; la certeza de que nada parte de cero. ¿Cómo se ha ido construyendo la voz poética de este libro?
SA.- Claro, como digo, nuestro mundo contemporáneo (nuestra epistemología, nuestro conocimiento) es absolutamente fragmentario, caótico, hiperinformado. Mientras que la creación ex nihilo, ya sabe, sólo es adjudicable a Dios. Con la nota a pie de página de que Dios no existe, por lo que aquello que realmente es eterno e inmutable es el caos. Sólo que las personas tenemos un chip con el principio epistemológico que resumió Lévi-Strauss: el orden es superior al caos. Un principio ético, al fin y al cabo.

BdS.- ¿Cómo pones en pie estos versos en los recitales?
SA.- Hago una lectura junto a una gran maleta de donde voy sacando pequeñas figuras. Pretendo con ellas dar unas sugerencias poéticas. También hay proyecciones envolventes y música. Recordemos que en el poemario hay también dos grandes figuras retóricas: el cometa 55P Tumple-Tuttle y David Bowie como Iggy Stardust.

"...se trata de pecios de un naufragio, el naufragio de la civilización occidental tal como la hemos conocido hasta ahora. En ese naufragio nos estamos ahogando todos y esa sensación de naufragio la reconocemos todos."

BdS.- ¿En qué proyecto literario estás trabajando actualmente?
SA.- 
Recientemente he publicado "Manual d Pie" con ed. Tigres de Papel. Se trata de una manera poética de pensar la danza, es decir, el movimiento y el espacio. Una fusión entre un verdadero manual, un ensayo y un poemario. Incluso alguna cosa más. También he terminado un poemario breve pero lo envié a un concurso y no sé si debería hablar de él.

BdS.- ¿Qué poesía lees?SA.-La que puedo. Por hacernos una idea, en mis propios libros he dialogado directamente con Omar Kayyam, Li Quingzhao, María Zambrano... entre muchos, muchos, muchos otros.



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martes, 13 de junio de 2017

Bailando con Mari Nieves Pérez Cejas: "Los lugares que forman parte de nuestro día a día transmiten emociones"



Baile del Sol.- ¿Con qué tipo de poesía se van a encontrar quienes lean La Melancolía de los Supermercados?

Mari Nieves Pérez Cejas.- La Melancolía de los Supermercados no es sino un diario de cómo la realidad se traduce en forma de verso. En este sentido, los lectores van a tropezarse con una poesía que puede incluso resultarles familiar, porque emana de un entorno cotidiano en el que las imágenes se sienten cercanas, se reconocen porque se comparten. Los lugares que forman parte de nuestro día a día transmiten emociones. Puede parecer banal pero un espacio tan simple como un supermercado se transforma en un baúl de imágenes, de sonidos que nos hablan de lo ocurrido y de lo que quizás pueda ocurrir.

BdS.-¿Crees que la cotidianidad respira poesía?

MNPC.- Por todo ello, sí. Lo cotidiano también es poesía, también nos emociona, nos sugiere, forma parte de lo que somos o de lo que queremos ser. No nace el verso de una realidad extraordinaria, al contrario, es el verso quien convierte en especial aquello que forma parte de nuestro día a día, lo que está siempre ahí y te acompaña, lo que de repente genera una emoción inesperada. Los objetos, los espacios cotidianos cobran un nuevo sentido, el que les otorga la poesía desde la experiencia vivida.

BdS.- ¿Cuánto hay de poemario amoroso en La Melancolía de los Supermercados?

MNPC.- La Melancolía de los Supermercados es un recorrido emocional, en el que el amor, por supuesto, ocupa un espacio privilegiado. El amor que se vive y que se sueña, el amor entendido como un diálogo necesario con el otro, como una vivencia que suma y que nunca resta, aunque el resultado pueda ser doloroso. No sé si La Melancolía pretendía ser un poemario amoroso, lo que sí es es un poemario que sobre todo habla de amor porque es a través de él y de sus variantes que me relaciono con el mundo.

BdS.- ¿Cómo ha sido el proceso de escritura?

MNPC.- Este libro nació por casualidad. Por casualidad empecé a escribir y de la misma manera espontánea estos versos fueron tomando forma hasta construir una historia.
Los poemas que se incluyen en el libro fueron escritos en diferentes épocas de mi vida. Algunos de ellos tienen casi diez años, mientras que otros, sobre todo los últimos, son mucho más recientes. De ahí que pueda decirse que, a medida que pasa el tiempo, los versos se complican, se alargan porque las experiencias vitales así lo exigen. Se acercan temas que hasta ese momento no formaban parte de lo cotidiano, como por ejemplo, la posibilidad de la muerte.
Como he comentado, el libro reúne poemas que fueron escritos en un intervalo de tiempo muy largo. Además, muchos de ellos fueron resultado de un impulso, la conciencia de escritura llegó más tarde, cuando aparecieron lectores y surgió la posibilidad de su publicación.




BdS.- ¿Qué respuesta has recibido del público lector?

MNPC.-Ver que tus textos cobran vida en forma de libro ya es todo un regalo. Así que compartir con los lectores lo que nació y pretendió ser solo un acto de intimidad casi ajeno al proceso consciente de escritura y, por tanto, a su distribución, se convierte, en primer lugar, en una osadía y, en segundo lugar, en un privilegio.

BdS.- Uno de tus poemas se titula “Inventario”, ¿crees que la poesía es un lenguaje adecuado para inventariar de alguna forma nuestras vivencias?

MNPC.- Creo que la poesía es un lenguaje más, una manera de que, a través de la palabra, las experiencias vividas cobren incluso más sentido. Parece que al retratarlas en papel nacen de nuevo, vuelven a ser, a definirse o a “re-definirse” más bien, sugiriendo otros sentidos, creando un vínculo atemporal entre la vivencia y la poeta. Cuando releo La Melancolía me parece que estoy ante un diario emocional que conecta momentos, sensaciones a veces casi ínfimas, personales o compartidas, pensadas o sentidas, imaginadas tal vez, instantes que al verterse en forma de palabras adquieren más sentido, construyen historias que, en ocasiones, antes de apalabrarse, no existían como tales.

"Creo que la poesía es un lenguaje más, una manera de que, a través de la palabra, las experiencias vividas cobren incluso más sentido".

BdS.- ¿Qué temas te interesan fundamentalmente a la hora de escribir?

MNPC.- Como ya he comentado, La Melancolía no fue un libro pensado, no existió nunca la intención de que los versos que, a lo largo de varios años fueron surgiendo, construyeran un poemario. Por tanto, en este sentido, no hubo una búsqueda temática, ni tan siquiera estilística, la conciencia poética llegó después, en el momento en el que los lectores empezaron a formar parte del proceso de escritura y de que la posibilidad de publicación fuera real. Sí es cierto que en un determinado momento la muerte llegó como tema y como realidad, por lo que escribir sobre ella resultó inevitable. Pero esta temática consciente llegó después, tras compartir los textos y sentir que construían un itinerario poético reconocible. Fue entonces cuando sentí la necesidad de escribir sobre lo que en ese momento estaba condicionando mi vida. En El invierno más largo, otro de mis poemarios, sí hay una línea temática común a todos los textos que conforman el libro. Se trata de la condición femenina, de la mujer como tema. Una mujer que deconstruye mitos y que ofrece su visión del mundo y de las relaciones que en él se establecen.

BdS.- ¿Qué poesía lees?

MNPC.- Nunca he sido una gran lectora de poesía. De hecho, mis primeros libros y los que, en general, han ocupado mucho más mi tiempo han sido novelas. Puede decirse que la poesía como tal fue un descubrimiento que debo a quien fuera varios años mi profesor en la universidad. La poesía del siglo XX fue un regalo de Juan José Delgado, poeta, crítico, excelente educador que supo transmitirnos la genialidad del verso. De sus clases, Ángel González se convirtió rápidamente en una de mis lecturas de referencia. A partir de ahí, he leído todo lo que ha caído en mis manos, lo que otros me han sugerido, consejos de amigos, recomendaciones que abarcan caminos, estilos y épocas dispares. Nombres tan distintos que son mundos enteros ellos solos. He leído a Idea Vilariño, a Sylvia Plath, a Luis García Montero (me encanta su forma en que convierte la vida en poesía)… En estos últimos tiempos, Elena Medel, Cecilia Domínguez, Tina Suárez… De mi estancia en Rumanía, me quedo con Ana Blandiana, por ejemplo.

BdS.- ¿Estás trabajando actualmente en algún otro proyecto literario?
         
MNPC.- Acabo de terminar un poemario cuya temática difiere en gran medida de lo que he escrito anteriormente. Son poemas que empecé a escribir hace casi dos años durante el tiempo que estuve trabajando en Rumanía y que tienen que ver no solo con mi relación con el país sino con esta Europa de fronteras cada vez más deshumanizada. Así, la soledad del invierno rumano se convierte en una excusa para hablar del otro, de la soledad de un mundo en el que no hay refugios ni puertas abiertas. El libro está terminado, a la espera de poder publicarse. Al amparo de los versos de Ana Blandiana: “Yo creo que somos un pueblo de plantas / ¿Quién ha visto a un árbol rebelándose?”, surgió mi último poemario.


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lunes, 5 de junio de 2017

Bailando con Eduvigis Hernández: "Creo que toda creación es una suma de imaginación y memoria"



Baile del Sol.- ¿Cómo definirías los relatos de Venerada Virginia?

Eduvigis Hernández.-  Constituyen una suerte de “homenajes y divertimentos” inspirados en la narrativa que me atrae y con algún guiño cinematográfico, elementos cómplices en la larga amistad que compartí con Dolores Campos-Herrero, a quien va dedicado este libro.


BdS.- ¿Cuál podría ser su hilo conductor?

EH.- Pienso que el hecho de albergar algún elemento irreal o inexplicable que se inserta en una lógica aparente. No se trata de literatura fantástica, pero quizá las historias bordean una continua sensación de extrañeza.


BdS.- Muchas de las historias resultan inquietantes, ¿cómo consigues generar esa atmósfera?

EH.- No lo sé, esa valoración queda del lado de los lectores. Por especular con esa posibilidad, tal vez porque los sucesos ocurren con cierta naturalidad, con cercanía al devenir cotidiano de cada personaje.


BdS.- También está muy presente el mundo literario, escritores y libros pueblan algunas de las historias, ¿qué nos puedes comentar al respecto?

EH.- Que me considero una lectora que escribe porque no puede evitarlo, porque es un acto reflejo motivado en principio por el propio gusto de la lectura. En ese sentido, se trataría de un acto de agradecimiento hacia algunos autores que admiro: Ruth Rendell, Patricia Highsmith, Guy de Maupassant, Paul Auster, Robert Louis Stevenson, Henry James, y por encima de todo, Virginia Woolf.

 
"No se trata de literatura fantástica, pero quizá las historias bordean una continua sensación de extrañeza".


BdS.- ¿Por qué Virginia Woolf?

EH.- Porque desde que la leí por primera vez, a los dieciocho años, se ha convertido en lo que llamo “mi debilidad”. Para mí es un verdadero placer releer sus obras, casi podría decir que las colecciono, ya que busco distintas traducciones, y mi máxima aspiración continúa siendo poder leerla algún día en su idioma original (aunque me moriré sin haberlo conseguido, seguro). El relato que da título al libro es un intento de reflejar esta veneración, y pretende ser también un reconocimiento a la supervivencia de las palabras.


BdS.- ¿Qué te parece lo esencial para construir un buen relato?

EH.- El tono. Encontrar el adecuado a lo que se cuenta y mantenerlo hasta el final. Por esto me parece esencial leer y releer lo escrito en voz alta, comprobar la “melodía” del texto, las pausas, los ascensos y caídas.




BdS.- ¿De dónde surgen tus historias?, ¿imaginación, observación, qué consideras más importante?

EH.- Creo que toda creación es una suma de imaginación y memoria, a lo que se añade aquello que se observa con “todos los sentidos”: lo que se lee, lo que vemos y escuchamos, los olores y sabores, lo que nos dicen y lo que no… Balzac decía que el artista es poseedor de una segunda mirada que penetra más allá de la mirada común, que descubre otras cosas. Para mí la bendición/maldición que supone esta inquietud de escribir consiste en gran parte en dejarse poseer por esa segunda mirada inevitable.


BdS.- ¿Qué te gusta leer?

EH.- De todo, aunque, eso sí, dentro de un orden. Desde siempre leo novelas y relatos. Desde hace un tiempo también ensayo y poesía, aunque no tanto como quisiera. Lo cierto es que cada vez me intereso más por los textos (y los libros) breves. Disfruto muchísimo con las grandes y extensas novelas del s. XIX, pero no veo motivos para publicar ahora un libro de seiscientas páginas.


BdS.- ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto literario?


EH.- Bueno, me tomo mi tiempo para escribir y mucho más para publicar. Lo mío es recopilar material pasados unos años. Sí, hay por ahí un par de proyectos: uno con textos breves y una biografía novelada (o algo similar).


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sábado, 11 de marzo de 2017

Bailando con Carmen del Río Bravo: "Escribir poemas es un modo de pensar implicándome entera, cerebro y otras vísceras"

Baile del Sol- ¿Qué diferencia hay entre arder y oxidarse?
Carmen del Río Bravo.- Creo que al escribirlo pensaba sólo en la diferencia físicoquímica -ambas son reacciones redox como lo es la vida-, fundamentalmente una cuestión de velocidad, presentarse ante el oxígeno, la vida, que nos cambia, reaccionando lento, no dejar la combustión, sí, pero con menos ansia, menos prisa, no pretender brillo ni luz. Vivirse sin más. Tenía treinta y pocos -treinta y cinco como mucho- y me sentía mayor, instalada o casi. Y mi hija ya escribía poemas de amor tremendos. Supongo que no deja de ser un deseo. Ir renunciando al fuego, a la hoguera, a las hogueras. Dejarme respirar, disfrutar, querer, sufrir… con calma. Ser por fin mayor, ir consiguiendo las respuestas, o al menos no ser todas las preguntas.
  
BdS-. ¿Estos poemas son arma o escudo?
CRB.- Si consiguen ser algo, por mi parte escudo casi siempre. 

BdS.- ¿Qué buscas en/con la poesía?
CRB.- Nada, en principio. Ni a ella: la poesía era sobre todo algo que se escapaba por su gusto al papel, a la pantalla, entre/desde mis dedos.
Explicarme, un poco. Escribir poemas es un modo de pensar implicándome entera, cerebro y otras vísceras, cuerpo y manos.
Luego, una vez que los muestro, que quien los escucha o los lee encuentre en ellos algo que ya traía dentro. Acercarme al resto de las personas.
Y ya en libro, ahora que la editorial ha confiado en ellos, en mí, que lleguen, que toquen, al mayor número posible de personas. 
  
BdS.- ¿Cómo percibes la recepción de tus poemas en los recitales o la respuesta de tus lectores?
CRB.-Con feliz asombro. Me sigue sorprendiendo que haya personas que lean y escuchen poesía, y aún más que desconocida me escuchen, que me digan con palabras o expresión facial eso que tú escribes no es poesía o que les digan algo mis palabras, que me inviten a sus espacios, sus programas de radio, sus páginas de prensa o se sientan contadas y me lo hagan saber…

BdS.- ¿Tiene razón Gsús Bonilla cuando dice en el prólogo que “No ardo, me oxido…” es un ajuste de cuentas?, y si es así, ¿con quién?
CRB.-No lo siento así... Quizá en algún poema, Religiones, japoneses, El si de las niñas... con la sociedad y la educación que recibí(mos), con las diferentes formas de recortarnos, de amoldarnos –y sí, a todo el mundo, pero sobre todo a nosotras-, y con dejarnos hacer.

BdS.- La niñez, la madurez, los desencantos, los repuntes… Todo parece convertirse en cicatriz y en refuerzo, ¿colabora la poesía en este quehacer vital?
CRB.- Todo es cicatriz, mancha, arruga; incluso la risa, la felicidad, nos dejan marca. 
En cuanto al refuerzo, no creo que el dolor nos haga más fuertes, aunque nos haga. Lo bueno que nos pasa y tenemos sí nos refuerza, aunque sólo sea porque nos da un cálido refugio donde volver, donde parar a recargarnos. Y supongo que la poesía, la escritura, también la propia, forman parte de eso que acaba siendo como cuando jugábamos casa.


BdS.- ¿Cuáles dirías que son las características de tu forma de escribir?
CRB.- No he pensado mucho sobre eso, no siento que mi opinión sea importante, hay quienes entienden más y además tienen la ventaja de mirarla desde fuera. 
Pero desde mi lado podría decir:
Dejar ir el poema, la historia, respetarlos. Aceptarlos en su idea y en su forma. Ser más médium que obstáculo -si no me gustan después de escritos siempre pueden quedarse en el cajón o perderse para siempre-. (Y por ahí, ser bastante del vómito.)
Intentar recordar -cuesta- que las tijeras son siempre el mejor regalo para quien escribe -renunciar si hace falta incluso a lo más bello para comunicar-.
Respetar y amar la lengua como mi herramienta que es, tratar de encontrar la expresión, la palabra, precisas, sea esta coño o clepsidra. 


"Respetar y amar la lengua como mi herramienta que es, tratar de encontrar la expresión, la palabra, precisas, sea esta coño o clepsidra". 

BdS.- ¿Qué te gusta leer?
CRB.- Soy muy mala lectora, muy inconstante y desordenada -mi hija dice, no sin razón, que para mí todas las novelas son rayuela-. Y tengo poca –más bien original- memoria. Y manías: no me gusta leer libros gordos ni los que tienen muchos nombres extraños. 
Leo cuentos -las historias, la brevedad y los lenguajes-, poesía bastante, en libro, en la red, casi siempre de a pocos poemas y si es posible en su lengua original -puedo leer en castellano, inglés y francés gracias al dinero y el tiempo que el estado, mi familia y yo gastamos en mi educación, y creo que es imposible traducirla, aunque en una de mis numerosas contradicciones he traducido y traduzco a veces un poco-, algo de teatro -antes más-, novela poca, aunque admiro el compromiso y la voluntad de quienes las escriben, casi sólo negra -las buenas son, creo, la novela social desde el segundo tercio del siglo pasado- o de misterio -los crímenes y enigmas son para el descanso-. Me uní a un club de lectura para leer al menos una novela al mes, estoy en ello.         
Sigo leyendo como de niña a ratos -vagando en ellos- diccionarios y enciclopedias. 


BdS.- ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto literario?
CRB.- Estoy en lo que más me cuesta: reunir, elegir, ordenar y hacer libro: uno de poesía, y en paralelo, uno de cuentos.
Además, seguir si es posible presentando por ahí a “No ardo, me oxido…” –costoso y caro disfrute- y autocomprometerme con las cosas en eterna construcción: mis blogs –el de opinión no solicitada aunque no se lleve-, actividades con Susurros a pleno pulmón y otras… y sentarme a escribir a diario, salga algo o no.


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lunes, 13 de febrero de 2017

Bailando con Jesús Artacho: "En Aproximación a la herida hay un recelo a todo lo que en este mundo aplasta el componente humano que aún pueda quedar en nosotros"

Baile del Sol.- ¿Cómo definirías tu poemario Aproximación a la herida?

Jesús Artacho.- Quizá "definir" no sea lo ideal en estas lides, pero diría que se trata de un poemario de estilo más bien libre, con vocación de autenticidad y hondura y dosis de humor irónico, y que trata temas como el amor, el paso del tiempo, el desengaño... Puede atisbar el lector alguna alusión a la situación social de España en los años de la llamada "crisis", puede encontrar el relato de algún momento epifánico, y también un recelo palpable a todo lo que en este mundo aplasta el componente humano que aún pueda quedar en nosotros.

BdS.- ¿De qué modo la poesía se aproxima a las heridas?

JA.- Imagino que de muy distintos, según la persona. En este libro aparecen heridas de distintas clases: heridas personales, sociales, ecológicas, generacionales... En ese sentido, el título me pareció que englobaba más o menos bien el sentido de los textos. Me parece que la poesía, y la literatura en general (y aun el arte y la cultura), a algunos nos sigue sirviendo para asimilar el mundo en que vivimos y ampliar nuestros horizontes, para "leer" a los demás. También como lanzadera de versiones menos malas de nosotros mismos, y como terapia ante el daño más o menos grande de la herida.

BdS.- Los temas que tratas en tus poemas resultan muy cercanos, ¿crees que la vida cotidiana respira poesía?

JA.- La vida cotidiana, como decía Harvey Pekar, es algo muy complejo, y desde luego puede ofrecer -de nosotros depende- una fuente inagotable de poesía. No obstante, he de reconocer que uno se siente un poco extraño disertando sobre estas cosas, pues casi siempre me he imaginado escribiendo prosa y me siento todo un principiante en este género, al que, dicho lo cual, como lector frecuento y le profeso un gran respeto. Como autor, espero no haberlo torpedeado demasiado.

"En este libro aparecen heridas de distintas clases: heridas personales, sociales, ecológicas, generacionales..."

BdS.- A pesar del título, en varios de los poemas encontramos algunos atisbos de humor, ¿es esta una forma de cura o quizá de acercamiento a lo que escuece?

JA.- El humor se antoja un elemento indispensable en el botiquín del hombre contemporáneo, del "superviviente". Me temo que esto ha quedado un poco grandilocuente.
Uno de los primeros lectores de este libro me comentó que se había reído mucho mientras lo leía. Eso me alivió, porque temía que el conjunto pudiera resultar en exceso doliente. Y, desde luego, es un elemento que atraviesa varios momentos del libro. Como todo, el humor tiene sus límites, y en este sentido parece incidir Trapiello cuando aconseja: "Cultiva el humor como los duelos de honor: déjalo a la primera sangre". Un arma que, como puede herir al otro, conviene emplear con cautela. Pero, desde luego, a menudo el humor es, como poco, balsámico, y la experiencia me dice que puede ayudar aun en los momentos más negros. No consigo imaginar qué sería de nosotros sin él.





BdS.- Eres autor de relatos y algunos de los poemas de este libro también nos sumergen en pequeñas historias, ¿qué diferencias encuentras entre ambos géneros?

JA.- Buena observación. Partimos de la base de que uno cree en la hibridación de géneros y en no aislarlos como un compartimento estanco. Las fronteras, a menudo, se diluyen, y hay vasos comunicantes, pero posiblemente el relato corto permite una mayor exploración de vidas y situaciones ajenas, está menos anclado al yo. En la poesía, por otra parte, acaso se permita una mayor creatividad y libertad en el uso del lenguaje, en el despliegue de recursos. Esta pregunta, por otra parte, daría para un comentario más extenso, y para un debate acaso.

BdS- ¿A qué poetas te gusta leer?

JA.- Fernando Pessoa, Leopardi, Emily Dickinson, César Vallejo, Alejandra Pizarnik, Blanca Varela, José Emilio Pacheco, Chantal Maillard, Karmelo C. Iribarren, José Mateos, Jaime Gil de Biedma, Ángel González, Antonio Machado, Miguel d'Ors. Muchos y diversos.

BdS- ¿Estás trabajando actualmente en algún otro proyecto literario?

JA.- No hace mucho que he dado por terminado, y por lo tanto tengo intención de publicar, una especie de dietario en el que he ido trabajando a lo largo de año y medio o así. Se titula Rasgar algo de vida y es un híbrido de prosas poéticas, tentativas aforísticas, relato de anécdotas y vivencias personales, conatos de reflexiones, juegos entre ficción y realidad... Tal vez se trate del primer volumen de una serie en construcción.


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