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jueves, 7 de marzo de 2019

Bailando con Eloísa Alba: "Un mapa desconocido me ha acompañado desde que tengo memoria y es un sendero extraordinariamente raro incluso para mí".



Baile del Sol.- Lo primero que llama la atención de tus poemas es el universo propio en que se mueven, alejado de lugares comunes y caminos transitados, ¿cómo llegaste a esa voz poética?
Eloísa Alba.- En cierta manera es un misterio, porque al reflexionar tu pregunta, ese mapa desconocido me ha acompañado desde que tengo memoria y es un sendero extraordinariamente raro, a menudo, incluso para mí.

BdS.- Los objetos y la naturaleza planean por tu poesía como capas o intersecciones en el camino de lo humano, ¿cómo crees que afecta el entorno a lo que pensamos y a nuestra manera de actuar?
EA.- Pienso que la arquitectura de las cosas, sus proporciones, su misma composición, cada pequeña cualidad de un objeto, al igual que la naturaleza con todos sus atributos de belleza y feminidad, poseen una voz irreemplazable, una llamada de atención a la vida de hoy en día, dos conceptos antagónicos y que, sin embargo, funcionan en perpetuum mobile.

BdS.- Llaman también la atención los títulos de tus poemas: Corriente, Desplazamiento, Desvío, Rozamiento, Aceleración, Caída libre... Háblanos un poco de ello.
EA.- Es muy sencillo, hace tiempo, (ya que me gustan también mucho las ciencias), investigando, descubrí el efecto de Coriolis y navegué en torno al eje de los fenómenos que se originan a su alrededor y ciertas leyes náuticas… de hecho, el efecto de Coriolis, fue su primer nombre, aunque luego más tarde, me decidí por el de Recitativos.


BdS.- ¿Y por qué Recitativos 60 poemas?
EA.- El otro oficio, el musical, hace que valore el Recitativo como una forma artística que es íntima y entregada en su ejecución. Tal paralelismo, el musical, dio como resultado que eligiera éste nombre para el conjunto.

BdS.- ¿Qué temas dirías que vertebran tu poética? 
EA.- Captación de momentos, iridiscencias, fulgores, la mujer y el mundo artístico, el erotismo, el humor, lo social y dosis generosas de anarquía y poelíticas.

BdS.- Háblanos de tus lecturas. 
EA.- Muy variopinta. Puedo alternar/combinar un ensayo de Marta Sanz, una novela negra de Cristina Fallarás, un poemario de Isabel Bono, diarios de Sylvia Plath, releer en la biblioteca pública a Altolaguirre o Huidobro y acostarme leyendo un cómic, un fanzine o el discurso de Federica Montseny.

BdS.- ¿En qué proyecto literario estás trabajando en la actualidad?

EA.- Compongo los últimos poemas de una serie que inicié con una plaquetita y ya ha ganado cuerpo de libro.


miércoles, 5 de septiembre de 2018

Bailando con Sergio Artero: "Creo que la poesía sirve y, sin embargo, no sirve de nada"







Baile del Sol.- Dices que Índice de ingrávidos es incómodo como un grito, ¿era esa tu intención al escribirlo?, ¿es tu intención al escribir?

Sergio Artero.- Creo que el libro es incómodo o desasosegante no sólo por el principal tema vertebrador -la historia de un exilio fagocitado por un exilio mayor: el de nuestra civilización- sino porque la lectura misma provoca cierta sensación de caos -o de flotabilidad, o de ingravidez-. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando se mezcla la escritura de onda de los versículos clásicos con el ritmo sincopado de las letras del glam rock. Además faltan fragmentos, hay vacíos, abruptos cortes de sentido. Por eso digo que se trata de pecios de un naufragio, el naufragio de la civilización occidental tal como la hemos conocido hasta ahora. En ese naufragio nos estamos ahogando todos y esa sensación de naufragio la reconocemos todos. Seguramente necesitemos otro lenguaje o recuperar el lenguaje, que es lo mismo. De momento para esa sensación compartida sólo estamos produciendo un lenguaje desarticulado, es decir, un grito, el grito del que se ahoga. Todos sabemos esto de algún modo pero es incómodo que nos lo recuerden, ¿verdad?


BdS.- Un libro lleno de epílogos, ¿poemas que se despiden o que se justifican?SA.- El Libro de Enoch como mito simbólico sobre el exilio ya está escrito. Todos los textos posteriores son paráfrasis o epílogos.


BdS.- Como no es un poemario fácil, aparecen en él personajes que parecen guiar a los lectores, ¿de dónde surgen y cuál es su cometido?SA.- Hay un personaje principal, que es Enoch. Pero Enoch es, al mismo tiempo, muchos personajes. Su polifonía es nuestra civilización.

BdS.- ¿Índice de ingrávidos te ha servido para explicarte algo?, ¿servirá de algo a quienes lo lean?
SA.
-No creo que el verbo más adecuado sea "explicar" y, desde luego, no soy quién para explicar nada a nadie. Y "servir"... también es un verbo muy relativo. El dinero no sirve de nada y, sin embargo, sirve. Igualmente creo que la poesía sirve y, sin embargo, no sirve de nada.




BdS- Referencias bíblicas, literarias, musicales...; la certeza de que nada parte de cero. ¿Cómo se ha ido construyendo la voz poética de este libro?
SA.- Claro, como digo, nuestro mundo contemporáneo (nuestra epistemología, nuestro conocimiento) es absolutamente fragmentario, caótico, hiperinformado. Mientras que la creación ex nihilo, ya sabe, sólo es adjudicable a Dios. Con la nota a pie de página de que Dios no existe, por lo que aquello que realmente es eterno e inmutable es el caos. Sólo que las personas tenemos un chip con el principio epistemológico que resumió Lévi-Strauss: el orden es superior al caos. Un principio ético, al fin y al cabo.

BdS.- ¿Cómo pones en pie estos versos en los recitales?
SA.- Hago una lectura junto a una gran maleta de donde voy sacando pequeñas figuras. Pretendo con ellas dar unas sugerencias poéticas. También hay proyecciones envolventes y música. Recordemos que en el poemario hay también dos grandes figuras retóricas: el cometa 55P Tumple-Tuttle y David Bowie como Iggy Stardust.

"...se trata de pecios de un naufragio, el naufragio de la civilización occidental tal como la hemos conocido hasta ahora. En ese naufragio nos estamos ahogando todos y esa sensación de naufragio la reconocemos todos."

BdS.- ¿En qué proyecto literario estás trabajando actualmente?
SA.- 
Recientemente he publicado "Manual d Pie" con ed. Tigres de Papel. Se trata de una manera poética de pensar la danza, es decir, el movimiento y el espacio. Una fusión entre un verdadero manual, un ensayo y un poemario. Incluso alguna cosa más. También he terminado un poemario breve pero lo envié a un concurso y no sé si debería hablar de él.

BdS.- ¿Qué poesía lees?SA.-La que puedo. Por hacernos una idea, en mis propios libros he dialogado directamente con Omar Kayyam, Li Quingzhao, María Zambrano... entre muchos, muchos, muchos otros.



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martes, 13 de junio de 2017

Bailando con Mari Nieves Pérez Cejas: "Los lugares que forman parte de nuestro día a día transmiten emociones"



Baile del Sol.- ¿Con qué tipo de poesía se van a encontrar quienes lean La Melancolía de los Supermercados?

Mari Nieves Pérez Cejas.- La Melancolía de los Supermercados no es sino un diario de cómo la realidad se traduce en forma de verso. En este sentido, los lectores van a tropezarse con una poesía que puede incluso resultarles familiar, porque emana de un entorno cotidiano en el que las imágenes se sienten cercanas, se reconocen porque se comparten. Los lugares que forman parte de nuestro día a día transmiten emociones. Puede parecer banal pero un espacio tan simple como un supermercado se transforma en un baúl de imágenes, de sonidos que nos hablan de lo ocurrido y de lo que quizás pueda ocurrir.

BdS.-¿Crees que la cotidianidad respira poesía?

MNPC.- Por todo ello, sí. Lo cotidiano también es poesía, también nos emociona, nos sugiere, forma parte de lo que somos o de lo que queremos ser. No nace el verso de una realidad extraordinaria, al contrario, es el verso quien convierte en especial aquello que forma parte de nuestro día a día, lo que está siempre ahí y te acompaña, lo que de repente genera una emoción inesperada. Los objetos, los espacios cotidianos cobran un nuevo sentido, el que les otorga la poesía desde la experiencia vivida.

BdS.- ¿Cuánto hay de poemario amoroso en La Melancolía de los Supermercados?

MNPC.- La Melancolía de los Supermercados es un recorrido emocional, en el que el amor, por supuesto, ocupa un espacio privilegiado. El amor que se vive y que se sueña, el amor entendido como un diálogo necesario con el otro, como una vivencia que suma y que nunca resta, aunque el resultado pueda ser doloroso. No sé si La Melancolía pretendía ser un poemario amoroso, lo que sí es es un poemario que sobre todo habla de amor porque es a través de él y de sus variantes que me relaciono con el mundo.

BdS.- ¿Cómo ha sido el proceso de escritura?

MNPC.- Este libro nació por casualidad. Por casualidad empecé a escribir y de la misma manera espontánea estos versos fueron tomando forma hasta construir una historia.
Los poemas que se incluyen en el libro fueron escritos en diferentes épocas de mi vida. Algunos de ellos tienen casi diez años, mientras que otros, sobre todo los últimos, son mucho más recientes. De ahí que pueda decirse que, a medida que pasa el tiempo, los versos se complican, se alargan porque las experiencias vitales así lo exigen. Se acercan temas que hasta ese momento no formaban parte de lo cotidiano, como por ejemplo, la posibilidad de la muerte.
Como he comentado, el libro reúne poemas que fueron escritos en un intervalo de tiempo muy largo. Además, muchos de ellos fueron resultado de un impulso, la conciencia de escritura llegó más tarde, cuando aparecieron lectores y surgió la posibilidad de su publicación.




BdS.- ¿Qué respuesta has recibido del público lector?

MNPC.-Ver que tus textos cobran vida en forma de libro ya es todo un regalo. Así que compartir con los lectores lo que nació y pretendió ser solo un acto de intimidad casi ajeno al proceso consciente de escritura y, por tanto, a su distribución, se convierte, en primer lugar, en una osadía y, en segundo lugar, en un privilegio.

BdS.- Uno de tus poemas se titula “Inventario”, ¿crees que la poesía es un lenguaje adecuado para inventariar de alguna forma nuestras vivencias?

MNPC.- Creo que la poesía es un lenguaje más, una manera de que, a través de la palabra, las experiencias vividas cobren incluso más sentido. Parece que al retratarlas en papel nacen de nuevo, vuelven a ser, a definirse o a “re-definirse” más bien, sugiriendo otros sentidos, creando un vínculo atemporal entre la vivencia y la poeta. Cuando releo La Melancolía me parece que estoy ante un diario emocional que conecta momentos, sensaciones a veces casi ínfimas, personales o compartidas, pensadas o sentidas, imaginadas tal vez, instantes que al verterse en forma de palabras adquieren más sentido, construyen historias que, en ocasiones, antes de apalabrarse, no existían como tales.

"Creo que la poesía es un lenguaje más, una manera de que, a través de la palabra, las experiencias vividas cobren incluso más sentido".

BdS.- ¿Qué temas te interesan fundamentalmente a la hora de escribir?

MNPC.- Como ya he comentado, La Melancolía no fue un libro pensado, no existió nunca la intención de que los versos que, a lo largo de varios años fueron surgiendo, construyeran un poemario. Por tanto, en este sentido, no hubo una búsqueda temática, ni tan siquiera estilística, la conciencia poética llegó después, en el momento en el que los lectores empezaron a formar parte del proceso de escritura y de que la posibilidad de publicación fuera real. Sí es cierto que en un determinado momento la muerte llegó como tema y como realidad, por lo que escribir sobre ella resultó inevitable. Pero esta temática consciente llegó después, tras compartir los textos y sentir que construían un itinerario poético reconocible. Fue entonces cuando sentí la necesidad de escribir sobre lo que en ese momento estaba condicionando mi vida. En El invierno más largo, otro de mis poemarios, sí hay una línea temática común a todos los textos que conforman el libro. Se trata de la condición femenina, de la mujer como tema. Una mujer que deconstruye mitos y que ofrece su visión del mundo y de las relaciones que en él se establecen.

BdS.- ¿Qué poesía lees?

MNPC.- Nunca he sido una gran lectora de poesía. De hecho, mis primeros libros y los que, en general, han ocupado mucho más mi tiempo han sido novelas. Puede decirse que la poesía como tal fue un descubrimiento que debo a quien fuera varios años mi profesor en la universidad. La poesía del siglo XX fue un regalo de Juan José Delgado, poeta, crítico, excelente educador que supo transmitirnos la genialidad del verso. De sus clases, Ángel González se convirtió rápidamente en una de mis lecturas de referencia. A partir de ahí, he leído todo lo que ha caído en mis manos, lo que otros me han sugerido, consejos de amigos, recomendaciones que abarcan caminos, estilos y épocas dispares. Nombres tan distintos que son mundos enteros ellos solos. He leído a Idea Vilariño, a Sylvia Plath, a Luis García Montero (me encanta su forma en que convierte la vida en poesía)… En estos últimos tiempos, Elena Medel, Cecilia Domínguez, Tina Suárez… De mi estancia en Rumanía, me quedo con Ana Blandiana, por ejemplo.

BdS.- ¿Estás trabajando actualmente en algún otro proyecto literario?
         
MNPC.- Acabo de terminar un poemario cuya temática difiere en gran medida de lo que he escrito anteriormente. Son poemas que empecé a escribir hace casi dos años durante el tiempo que estuve trabajando en Rumanía y que tienen que ver no solo con mi relación con el país sino con esta Europa de fronteras cada vez más deshumanizada. Así, la soledad del invierno rumano se convierte en una excusa para hablar del otro, de la soledad de un mundo en el que no hay refugios ni puertas abiertas. El libro está terminado, a la espera de poder publicarse. Al amparo de los versos de Ana Blandiana: “Yo creo que somos un pueblo de plantas / ¿Quién ha visto a un árbol rebelándose?”, surgió mi último poemario.


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lunes, 5 de junio de 2017

Bailando con Eduvigis Hernández: "Creo que toda creación es una suma de imaginación y memoria"



Baile del Sol.- ¿Cómo definirías los relatos de Venerada Virginia?

Eduvigis Hernández.-  Constituyen una suerte de “homenajes y divertimentos” inspirados en la narrativa que me atrae y con algún guiño cinematográfico, elementos cómplices en la larga amistad que compartí con Dolores Campos-Herrero, a quien va dedicado este libro.


BdS.- ¿Cuál podría ser su hilo conductor?

EH.- Pienso que el hecho de albergar algún elemento irreal o inexplicable que se inserta en una lógica aparente. No se trata de literatura fantástica, pero quizá las historias bordean una continua sensación de extrañeza.


BdS.- Muchas de las historias resultan inquietantes, ¿cómo consigues generar esa atmósfera?

EH.- No lo sé, esa valoración queda del lado de los lectores. Por especular con esa posibilidad, tal vez porque los sucesos ocurren con cierta naturalidad, con cercanía al devenir cotidiano de cada personaje.


BdS.- También está muy presente el mundo literario, escritores y libros pueblan algunas de las historias, ¿qué nos puedes comentar al respecto?

EH.- Que me considero una lectora que escribe porque no puede evitarlo, porque es un acto reflejo motivado en principio por el propio gusto de la lectura. En ese sentido, se trataría de un acto de agradecimiento hacia algunos autores que admiro: Ruth Rendell, Patricia Highsmith, Guy de Maupassant, Paul Auster, Robert Louis Stevenson, Henry James, y por encima de todo, Virginia Woolf.

 
"No se trata de literatura fantástica, pero quizá las historias bordean una continua sensación de extrañeza".


BdS.- ¿Por qué Virginia Woolf?

EH.- Porque desde que la leí por primera vez, a los dieciocho años, se ha convertido en lo que llamo “mi debilidad”. Para mí es un verdadero placer releer sus obras, casi podría decir que las colecciono, ya que busco distintas traducciones, y mi máxima aspiración continúa siendo poder leerla algún día en su idioma original (aunque me moriré sin haberlo conseguido, seguro). El relato que da título al libro es un intento de reflejar esta veneración, y pretende ser también un reconocimiento a la supervivencia de las palabras.


BdS.- ¿Qué te parece lo esencial para construir un buen relato?

EH.- El tono. Encontrar el adecuado a lo que se cuenta y mantenerlo hasta el final. Por esto me parece esencial leer y releer lo escrito en voz alta, comprobar la “melodía” del texto, las pausas, los ascensos y caídas.




BdS.- ¿De dónde surgen tus historias?, ¿imaginación, observación, qué consideras más importante?

EH.- Creo que toda creación es una suma de imaginación y memoria, a lo que se añade aquello que se observa con “todos los sentidos”: lo que se lee, lo que vemos y escuchamos, los olores y sabores, lo que nos dicen y lo que no… Balzac decía que el artista es poseedor de una segunda mirada que penetra más allá de la mirada común, que descubre otras cosas. Para mí la bendición/maldición que supone esta inquietud de escribir consiste en gran parte en dejarse poseer por esa segunda mirada inevitable.


BdS.- ¿Qué te gusta leer?

EH.- De todo, aunque, eso sí, dentro de un orden. Desde siempre leo novelas y relatos. Desde hace un tiempo también ensayo y poesía, aunque no tanto como quisiera. Lo cierto es que cada vez me intereso más por los textos (y los libros) breves. Disfruto muchísimo con las grandes y extensas novelas del s. XIX, pero no veo motivos para publicar ahora un libro de seiscientas páginas.


BdS.- ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto literario?


EH.- Bueno, me tomo mi tiempo para escribir y mucho más para publicar. Lo mío es recopilar material pasados unos años. Sí, hay por ahí un par de proyectos: uno con textos breves y una biografía novelada (o algo similar).


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sábado, 11 de marzo de 2017

Bailando con Carmen del Río Bravo: "Escribir poemas es un modo de pensar implicándome entera, cerebro y otras vísceras"

Baile del Sol- ¿Qué diferencia hay entre arder y oxidarse?
Carmen del Río Bravo.- Creo que al escribirlo pensaba sólo en la diferencia físicoquímica -ambas son reacciones redox como lo es la vida-, fundamentalmente una cuestión de velocidad, presentarse ante el oxígeno, la vida, que nos cambia, reaccionando lento, no dejar la combustión, sí, pero con menos ansia, menos prisa, no pretender brillo ni luz. Vivirse sin más. Tenía treinta y pocos -treinta y cinco como mucho- y me sentía mayor, instalada o casi. Y mi hija ya escribía poemas de amor tremendos. Supongo que no deja de ser un deseo. Ir renunciando al fuego, a la hoguera, a las hogueras. Dejarme respirar, disfrutar, querer, sufrir… con calma. Ser por fin mayor, ir consiguiendo las respuestas, o al menos no ser todas las preguntas.
  
BdS-. ¿Estos poemas son arma o escudo?
CRB.- Si consiguen ser algo, por mi parte escudo casi siempre. 

BdS.¿Qué buscas en/con la poesía?
CRB.- Nada, en principio. Ni a ella: la poesía era sobre todo algo que se escapaba por su gusto al papel, a la pantalla, entre/desde mis dedos.
Explicarme, un poco. Escribir poemas es un modo de pensar implicándome entera, cerebro y otras vísceras, cuerpo y manos.
Luego, una vez que los muestro, que quien los escucha o los lee encuentre en ellos algo que ya traía dentro. Acercarme al resto de las personas.
Y ya en libro, ahora que la editorial ha confiado en ellos, en mí, que lleguen, que toquen, al mayor número posible de personas. 
  
BdS.- ¿Cómo percibes la recepción de tus poemas en los recitales o la respuesta de tus lectores?
CRB.-Con feliz asombro. Me sigue sorprendiendo que haya personas que lean y escuchen poesía, y aún más que desconocida me escuchen, que me digan con palabras o expresión facial eso que tú escribes no es poesía o que les digan algo mis palabras, que me inviten a sus espacios, sus programas de radio, sus páginas de prensa o se sientan contadas y me lo hagan saber…

BdS.- ¿Tiene razón Gsús Bonilla cuando dice en el prólogo que “No ardo, me oxido…” es un ajuste de cuentas?, y si es así, ¿con quién?
CRB.-No lo siento así... Quizá en algún poema, Religiones, japoneses, El si de las niñas... con la sociedad y la educación que recibí(mos), con las diferentes formas de recortarnos, de amoldarnos –y sí, a todo el mundo, pero sobre todo a nosotras-, y con dejarnos hacer.

BdS.- La niñez, la madurez, los desencantos, los repuntes… Todo parece convertirse en cicatriz y en refuerzo, ¿colabora la poesía en este quehacer vital?
CRB.- Todo es cicatriz, mancha, arruga; incluso la risa, la felicidad, nos dejan marca. 
En cuanto al refuerzo, no creo que el dolor nos haga más fuertes, aunque nos haga. Lo bueno que nos pasa y tenemos sí nos refuerza, aunque sólo sea porque nos da un cálido refugio donde volver, donde parar a recargarnos. Y supongo que la poesía, la escritura, también la propia, forman parte de eso que acaba siendo como cuando jugábamos casa.


BdS.- ¿Cuáles dirías que son las características de tu forma de escribir?
CRB.- No he pensado mucho sobre eso, no siento que mi opinión sea importante, hay quienes entienden más y además tienen la ventaja de mirarla desde fuera. 
Pero desde mi lado podría decir:
Dejar ir el poema, la historia, respetarlos. Aceptarlos en su idea y en su forma. Ser más médium que obstáculo -si no me gustan después de escritos siempre pueden quedarse en el cajón o perderse para siempre-. (Y por ahí, ser bastante del vómito.)
Intentar recordar -cuesta- que las tijeras son siempre el mejor regalo para quien escribe -renunciar si hace falta incluso a lo más bello para comunicar-.
Respetar y amar la lengua como mi herramienta que es, tratar de encontrar la expresión, la palabra, precisas, sea esta coño o clepsidra. 


"Respetar y amar la lengua como mi herramienta que es, tratar de encontrar la expresión, la palabra, precisas, sea esta coño o clepsidra". 

BdS.- ¿Qué te gusta leer?
CRB.- Soy muy mala lectora, muy inconstante y desordenada -mi hija dice, no sin razón, que para mí todas las novelas son rayuela-. Y tengo poca –más bien original- memoria. Y manías: no me gusta leer libros gordos ni los que tienen muchos nombres extraños. 
Leo cuentos -las historias, la brevedad y los lenguajes-, poesía bastante, en libro, en la red, casi siempre de a pocos poemas y si es posible en su lengua original -puedo leer en castellano, inglés y francés gracias al dinero y el tiempo que el estado, mi familia y yo gastamos en mi educación, y creo que es imposible traducirla, aunque en una de mis numerosas contradicciones he traducido y traduzco a veces un poco-, algo de teatro -antes más-, novela poca, aunque admiro el compromiso y la voluntad de quienes las escriben, casi sólo negra -las buenas son, creo, la novela social desde el segundo tercio del siglo pasado- o de misterio -los crímenes y enigmas son para el descanso-. Me uní a un club de lectura para leer al menos una novela al mes, estoy en ello.         
Sigo leyendo como de niña a ratos -vagando en ellos- diccionarios y enciclopedias. 


BdS.- ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto literario?
CRB.- Estoy en lo que más me cuesta: reunir, elegir, ordenar y hacer libro: uno de poesía, y en paralelo, uno de cuentos.
Además, seguir si es posible presentando por ahí a “No ardo, me oxido…” –costoso y caro disfrute- y autocomprometerme con las cosas en eterna construcción: mis blogs –el de opinión no solicitada aunque no se lleve-, actividades con Susurros a pleno pulmón y otras… y sentarme a escribir a diario, salga algo o no.


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lunes, 13 de febrero de 2017

Bailando con Jesús Artacho: "En Aproximación a la herida hay un recelo a todo lo que en este mundo aplasta el componente humano que aún pueda quedar en nosotros"

Baile del Sol.- ¿Cómo definirías tu poemario Aproximación a la herida?

Jesús Artacho.- Quizá "definir" no sea lo ideal en estas lides, pero diría que se trata de un poemario de estilo más bien libre, con vocación de autenticidad y hondura y dosis de humor irónico, y que trata temas como el amor, el paso del tiempo, el desengaño... Puede atisbar el lector alguna alusión a la situación social de España en los años de la llamada "crisis", puede encontrar el relato de algún momento epifánico, y también un recelo palpable a todo lo que en este mundo aplasta el componente humano que aún pueda quedar en nosotros.

BdS.- ¿De qué modo la poesía se aproxima a las heridas?

JA.- Imagino que de muy distintos, según la persona. En este libro aparecen heridas de distintas clases: heridas personales, sociales, ecológicas, generacionales... En ese sentido, el título me pareció que englobaba más o menos bien el sentido de los textos. Me parece que la poesía, y la literatura en general (y aun el arte y la cultura), a algunos nos sigue sirviendo para asimilar el mundo en que vivimos y ampliar nuestros horizontes, para "leer" a los demás. También como lanzadera de versiones menos malas de nosotros mismos, y como terapia ante el daño más o menos grande de la herida.

BdS.- Los temas que tratas en tus poemas resultan muy cercanos, ¿crees que la vida cotidiana respira poesía?

JA.- La vida cotidiana, como decía Harvey Pekar, es algo muy complejo, y desde luego puede ofrecer -de nosotros depende- una fuente inagotable de poesía. No obstante, he de reconocer que uno se siente un poco extraño disertando sobre estas cosas, pues casi siempre me he imaginado escribiendo prosa y me siento todo un principiante en este género, al que, dicho lo cual, como lector frecuento y le profeso un gran respeto. Como autor, espero no haberlo torpedeado demasiado.

"En este libro aparecen heridas de distintas clases: heridas personales, sociales, ecológicas, generacionales..."

BdS.- A pesar del título, en varios de los poemas encontramos algunos atisbos de humor, ¿es esta una forma de cura o quizá de acercamiento a lo que escuece?

JA.- El humor se antoja un elemento indispensable en el botiquín del hombre contemporáneo, del "superviviente". Me temo que esto ha quedado un poco grandilocuente.
Uno de los primeros lectores de este libro me comentó que se había reído mucho mientras lo leía. Eso me alivió, porque temía que el conjunto pudiera resultar en exceso doliente. Y, desde luego, es un elemento que atraviesa varios momentos del libro. Como todo, el humor tiene sus límites, y en este sentido parece incidir Trapiello cuando aconseja: "Cultiva el humor como los duelos de honor: déjalo a la primera sangre". Un arma que, como puede herir al otro, conviene emplear con cautela. Pero, desde luego, a menudo el humor es, como poco, balsámico, y la experiencia me dice que puede ayudar aun en los momentos más negros. No consigo imaginar qué sería de nosotros sin él.





BdS.- Eres autor de relatos y algunos de los poemas de este libro también nos sumergen en pequeñas historias, ¿qué diferencias encuentras entre ambos géneros?

JA.- Buena observación. Partimos de la base de que uno cree en la hibridación de géneros y en no aislarlos como un compartimento estanco. Las fronteras, a menudo, se diluyen, y hay vasos comunicantes, pero posiblemente el relato corto permite una mayor exploración de vidas y situaciones ajenas, está menos anclado al yo. En la poesía, por otra parte, acaso se permita una mayor creatividad y libertad en el uso del lenguaje, en el despliegue de recursos. Esta pregunta, por otra parte, daría para un comentario más extenso, y para un debate acaso.

BdS- ¿A qué poetas te gusta leer?

JA.- Fernando Pessoa, Leopardi, Emily Dickinson, César Vallejo, Alejandra Pizarnik, Blanca Varela, José Emilio Pacheco, Chantal Maillard, Karmelo C. Iribarren, José Mateos, Jaime Gil de Biedma, Ángel González, Antonio Machado, Miguel d'Ors. Muchos y diversos.

BdS- ¿Estás trabajando actualmente en algún otro proyecto literario?

JA.- No hace mucho que he dado por terminado, y por lo tanto tengo intención de publicar, una especie de dietario en el que he ido trabajando a lo largo de año y medio o así. Se titula Rasgar algo de vida y es un híbrido de prosas poéticas, tentativas aforísticas, relato de anécdotas y vivencias personales, conatos de reflexiones, juegos entre ficción y realidad... Tal vez se trate del primer volumen de una serie en construcción.


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jueves, 2 de febrero de 2017

Bailando con Rafael Alonso Solís: "Escribir acerca del bien no resulta atractivo"

Baile del Sol.- ¿Cómo surge la historia de El canto de la raposa?

Rafael Alonso Solís.- Como una combinación de automatismo, al principio, y trabajo, pero eso mucho después. Una tarde de verano me senté frente al ordenador con intención de escribir algo, pero sin saber qué. Decidí comenzar por una obviedad, que fue mi fecha de nacimiento. Entonces escribí lo que luego fue la primera frase: “Nací el 20 de diciembre de 1947…” A continuación, y sin pensarlo, apareció la segunda: “…el mismo día, casi a la misma hora y el mismo mes, en que mi padre, un año más tarde y por tenebrosa coincidencia, se diera un tajo en la garganta llenando la habitación de sangre y baba pegajosa…” Creo que esa tarde escribí un folio y lo dejé sin tocar hasta varios días después. Cuando lo retomé pensé enseguida en un asesino, y un poco inspirado en la historia de El Perfume, de Patrick Süskind –que no había leído, pero sospechaba que trataba de eso–, y en El asesinato como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey, fui describiendo sus primeros pasos. Al principio fue simplemente un relato corto, de quince o veinte folios. Pero, entre unas vacaciones y un mes que tuve que pasar en casa por haberme roto una costilla, la historia fue creciendo. Al principio sin intenciones ni orientación, pero cuando me pareció que los personajes tenían ya su propia autonomía tuve que organizar el guión, pensar en el recorrido de la historia y buscar un final. Y lo encontré –o se produjo, cualquiera sabe–.

BdS.- ¿Podría calificarse de novela negra?

RAS.- Tal vez no exactamente, porque se aleja un poco de los cánones del género –un género que siempre me ha gustado y del que soy seguidor–, ya que no hay un detective, no sucede en el entorno del crimen organizado –aunque algo de eso hay, pero de forma más difusa y más inquietante–. Yo diría que es más oscura que negra, en el sentido de que explora zonas ocultas de la condición humana.

BdS.- ¿Ha tenido que ver su profesión de catedrático de Fisiología con la elección del tema de la novela?

RAS.- No creo. No veo relación alguna, y la profesión con la que me gano la vida tiene poco que ver con la literatura que me gusta leer o escribir. Es posible que el haber desarrollado una actividad científica me haya ayudado a tener una tendencia por la precisión al escribir.





BdS.- ¿Qué le atrae, como escritor, de la muerte o más bien del hecho de matar?

RAS.- El ser humano está siempre sintiendo la muerte, esperándola o sintiéndose acompañado por ella, y literariamente no cabe duda de que el hecho de matar es un filón. Ahí si que tiene que ver el género negro, pero también el terror, el mal, etc. Como escritor me parece que escribir acerca del bien no resulta atractivo.

BdS.-¿Por qué eligió dos narradores para relatar la historia?

RAS.- Eso surgió después, ya que al principio el personaje era uno solo. En algún momento –y no me acuerdo exactamente cuándo– se me ocurrió esa divergencia. Una vez que decidí que había dos voces, ambas fueron tomando autonomía, y a medida que la historia avanzaba un personaje necesitaba al otro. Además, resultó un ejercicio muy divertido, ya que uno de los personajes hablaba en primera persona, que era como había empezado la historia, mientras que el otro estaba delante de mí, podía observarlo, y casi parecía que yo me limitaba a describir lo que hacía. Aunque, en realidad, creo que eso ya me pasaba con los dos. Ocurrió algo interesante, y es que uno de los personajes confesaba cómo observaba al restos de los seres humanos con una visión entomológica, y yo hacía lo mismo con los dos. He tenido la sensación de que, una vez que ambos se manifestaron, más que inventar sus movimientos lo que yo hacía era limitarme a narrar lo que estaban haciendo delante de mis ojos.



"Me parece que comenzar una novela es relativamente fácil, desarrollarla más difícil, y acabarla bien –quiero decir literariamente– muy difícil".

BdS.- ¿Cree que el lector se sorprenderá por el desarrollo de los acontecimientos?

RAS.- Eso es lo me gustaría que ocurriera, y no solo por el desarrollo, sino por el desenlace. Me parece que comenzar una novela es relativamente fácil, desarrollarla más difícil, y acabarla bien –quiero decir literariamente– muy difícil. Una vez terminada la sometí a la lectura de unos cuantos amigos, y me parece que a todos les sorprendió.

BdS.- ¿Por qué recomendaría su lectura?

RAS.- Es una novela corta y creo que se puede leer de un tirón. Incluso, me parece que engancha y que, una vez finalizada la lectura, puede sentirse la necesidad de volver atrás. Pero eso es cuestión de gustos. Obviamente, uno escribe lo que le gustaría leer.

BdS.- ¿Está trabajando actualmente en otro proyecto literario?

RAS.- Además de intentar la edición de una selección de los artículos que he publicado en Diario de Avisos y en La Opinión de Tenerife durante los últimos años, tengo otra novela empezada, de la que hace tiempo terminé la primera parte. De una forma o de otra, está relacionada con ésta, pero es menos cerrada, con más escenarios y mucho más ambiciosa. Para darle un empujón necesito unas vacaciones o romperme otra costilla.


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miércoles, 11 de enero de 2017

Bailando con Cecilia Domínguez Luis: "Pido cuentas a un dios que nos han impuesto, sin posibilidad de ponerlo en cuestión".


http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=770&Itemid=427&catid=115


Baile del Sol.- ¿Cómo surge Profesión de fe?

Cecilia Domínguez Luis.- Surge como una necesidad de un “ajuste de cuentas”, una desacralización de una doctrina establecida e impuesta, un poner en cuestión las llamadas Sagradas Escrituras. Surge también, como todo lo que escribo, como una búsqueda interior, en un territorio que es el de mi propia conciencia.

BdS.- ¿Se trata de un desafío contra Dios o contra nuestra forma de vida?
CDL.- Es, ante todo una revisión desde la duda, desde la rebeldía y la negación del dios de la violencia y la muerte, reconociendo la responsabilidad de la caída en el engaño, para, a partir de ahí, y desde un territorio propio, como si de un propósito de enmienda se tratara, intentar crear un mundo que esté por encima de esa realidad divina y humana que rechazo. Más que desafío es, en todo caso, un diálogo que establezco con un dios que no existe, o que si existe está mudo, no se le escucha. Un dios que desde que dijo “Fiat” enmudeció y nos ha dejado sin respuestas.

BdS.- Los versos recogen injusticias y justificaciones, ¿es la poesía una buena herramienta para poner en tela de juicio el comportamiento humano?

CDL.- La poesía es, sobre todo, una herramienta de reflexión, sobre uno mismo y sobre la realidad que lo rodea y una llamada a la propia conciencia que parece perdida en el marasmo de los días. La poesía pone en tela de juicio hasta a ella misma y no cree en las verdades absolutas. Por otra parte, el compromiso de la poesía, considerándola no solo una actividad de la conciencia sino comunicación, debe ser con unas ideas generales que tengan mucho que ver con los derechos del hombre, pero no con unas ideas determinadas.




BdS.- ¿La fe mueve montañas?

CDL.- Siguiendo con mi yo irreverente, a esta pregunta podría contestar que, para mover montañas, mejor coger una pala.

BdS.- En el diálogo con ese creador del que parece negarse la existencia, la poeta, sin embargo, le pide cuentas sobre sus decisiones, ¿es así?

CDL.- Diría más bien que pido cuentas a un dios que nos han impuesto, sin posibilidad de ponerlo en cuestión. Un dios al que, desde luego, no busco, por más que lo parezca, porque ese dios o la idea de ese dios, solo podré descubrirlo y recrearlo dentro de mí misma. Y es que ese dios, con su inexistencia, me obliga, en cierta manera a buscar más allá de las cosas y, a través del proceso creativo, encontrarle -o al menos intentarlo- un sentido trascendental a la existencia.

 BdS.-¿Cuánto hay en la fe de miedo a la soledad?

CDL.- Si la pregunta se refiere a la fe en Dios (se puede creer en otras cosas, mucho más humanas), desde luego se basa, a mi entender, en una necesidad de asidero, al enfrentarnos con realidades incuestionables como la muerte. Por eso creamos a dios, aunque no sea precisamente a nuestra imagen y semejanza, sino a nuestra conveniencia y por nuestros temores.


"El poeta, una vez creada su realidad, comprueba que su deseo va más allá de lo creado, y regresa a su inicial desasosiego".



BdS.- ¿Hasta qué punto continúa siendo la teocracia una realidad?

CDL.- El Vaticano es un claro ejemplo de teocracia y, además, de teocracia absoluta, donde el Papa es reconocido, internacionalmente como jefe de Estado. Otro ejemplo, el Estado islámico y sus ayatolas o el Dalai-lama. Todos ejercen un poder que va más allá de la religión, justificándola de mil y una maneras, a cual más peregrina.

 BdS- ¿La ausencia de un dios responsabiliza al ser humano de sus actos?

CDL.- Con dios o sin dios el hombre es responsable de sus actos. Lo que pasa que dios es una buena excusa para justificar determinados comportamientos, por lo general, poco éticos y humanos.

 BdS.- ¿Qué ha supuesto para ti esta experiencia poética?

CDL.- Ha supuesto un paso más en el camino de intentar conocerme a mí misma, a mis demonios y también, por qué no, a mis días claros, única manera de intentar conocer y, sobre todo, comprender la realidad en la que vivo.

 BdS.- ¿Qué tienen en común la poesía y la filosofía a la hora de plantearse el sentido de la vida?

CDL.- Tanto los filósofos como los poetas se caracterizan por ser seres insatisfechos. El filósofo, una vez halladas las respuestas a sus preguntas, comprende que eso es solo una parte del camino, y le surgen nuevos interrogantes que lo inquietan y lo mueven a actuar. El poeta, una vez creada su realidad, comprueba que su deseo va más allá de lo creado, y regresa a su inicial desasosiego.


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