No es esta una lectura de excesos

Pero la vida de Bill Stoner, sin que se contase con ello, se hace grande, intensa, crece por encima de esta virtud sin dejar a la vez de contar con ella; porque sobre todo la vida al decoroso del William Stonner le sorprende con un brillo de la existencia que hará de ella una vida lograda. Lograda no es solo satisfacción sino que incluye, sin duda, las renuncias y los duelos, las pérdidas y los desamparos. Difícil y sin embargo, o quizá por ello, lograda. No tanto por los preceptos seguidos, sino porque en medio de su mesura razonada y razonable, nuestro Bill, huesudo y en exceso delgado siempre, encontró un poema y un amor. Y entonces, las pasiones, esas que acechan el comedimiento moral, entraron en el flujo tranquilo del profesor universitario Stoner para permitirle respirar. El poema le llegó por sorpresa de su profesor de literatura en una clase que apenas eligió, lejos de sus primeros estudios para los que se sentía destinado, los de agricultura. Y su mirada giró hacia donde nunca hubo mirado. El amor le tocó con su alumna Katherine. No fue, dice
así Stoner, una pasión ni de la mente ni de la carne, sino una fuerza que comprendía a ambas; no era solo un asunto de amor, sino una sustancia específica: amó a un poema y a una mujer. Eso le permitió decirse: “mira. Estoy vivo”. Fue la epifanía de pasión la que hizo que su vida se tornase una vida merecida de ser vivida: la entrega y la necesaria despedida a su alumna
así Stoner, una pasión ni de la mente ni de la carne, sino una fuerza que comprendía a ambas; no era solo un asunto de amor, sino una sustancia específica: amó a un poema y a una mujer. Eso le permitió decirse: “mira. Estoy vivo”. Fue la epifanía de pasión la que hizo que su vida se tornase una vida merecida de ser vivida: la entrega y la necesaria despedida a su alumna
Katherine, su amada Katherine, a la que veía en secreto pero con la plena dignidad del amor. La mesura y a la vez el privilegio del querer otorgaron al profesor la dignidad de poseer una vida vivida. Nimia, reservada, discreta, y sin embargo lograda. No cualquiera puede decir eso de la suya. Lejos de los grandes proyectos, lejos de ambiciones, el acontecimiento de una vida.
No es esta una lectura de excesos. Dice alguna conocida referencia a esta novela de Williams que es una historia de un profesor en la que no pasa nada. Y sin embargo pasa todo. Pasa la vida toda. La verdadera. Una vida lograda en la que en su final y en sus manos quedaron los libros que siempre le rodearon y el nombre de su amada: Katherine.
Una de las mejores lecturas del pasado 2013.
ResponderEliminarY el título que más he comprado para regalar durante dicho año