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viernes, 22 de enero de 2021

Reseña de Bajo las ramas de los udalas, de Chinelo Okparanta en Un libro al día

 Chinelo Okparanta: Bajo las ramas de los udalas

Idioma original: Inglés
Título original: Under the udala trees
Traducción: Iballa López Hernández
Año de publicación: 2017
Valoración: Bastante recomendable

Es triste comprobar la escasa presencia de literatura africana en nuestras librerías. No sé si tendrá que ver con la distancia cultural y geográfica o con motivos crematísticos, pero resulta complicado encontrar libros de autores que no sean los ya consagrados Ngugi wa Thiong'o, Chinua Achebe o Chimananda Ngozi Adichie y los "no tan africanos" Coetzee o Gordimer. Y es una pena porque así pasan desapercibidos libros tan interesantes como este "Bajo las ramas de los udalas" de la nigeriana (residente en Estados Unidos) Chinelo Okparanta.

"Bajo las ramas de los udalas" es, casi a partes iguales, una novela de formación y novela de denuncia en la que se narra la infancia, adolescencia y juventud de Ijeoma, joven de la etnia igbo cuya vida está marcada por dos hechos: la guerra y su orientación sexual.

La historia comienza allá por 1968, año en el que la provincia de Biafra se enfrentó con el gobierno federal nigeriano en una cruenta guerra civil. Ijeoma es testigo de la guerra y, con la inocencia de sus escasos diez años, nos ofrece una visión casi "infantil" del conflicto. Poco dura esta visión ya que un hecho trágico marca una ruptura total en la vida de Ijeoma y su madre. El dolor y la devastación provocados por la violencia suponen un cambio radical en el desarrollo de la novela, la cual pasa a ser la historia de una permanente huida, ya sea voluntaria o forzada por las circunstancias.

Lo que hasta ese momento parecía la narración de los terribles efectos de la guerra desde la óptica de una niña se convierte en novela de formación y denuncia. Lo que hemos dado en llamar "novela de formación" abarcaría desde el despertar sexual de Ijeoma hasta su toma de conciencia adulta, pasando por sentimientos contradictorios o complementarios (según se mire) como el amor, el deseo, el remordimiento y la culpa. Estas dos palabras son clave en la novela: remordimiento y culpa. Ambos derivan del ambiente de violencia y extremada religiosidad mal entendida en el que viven Ijeoma, Amina, Ndidi y compañía, asfixiadas todas ellas por tradiciones y supersticiones que suponen una pesada losa capaz de aplastar bajo su peso a quien se "atreva a  desafiarlas". Ante un entorno así, ante el miedo, cada uno actúa según sus posibilidades e Ijeoma trata de llevar una vida "normal", cosa de lo más complicada.

Es en ese momento en el que Ijeoma alcanza la edad adulta cuando la novela se convierte en denuncia, ya sea de la situación de la mujer, de la del colectivo LGTB, del machismo, la violencia o de la intolerancia religiosa. Esta parte me ha recordado (y mucho) al recientemente reseñado "Formas de estar lejos" de nuestra querida Edurne Portela.

Por otro lado, y a la hora de valorar la obra, quisiera dividirla en dos partes: la ambientada en la infancia y adolescencia de Ijeoma y la de su "edad adulta". Me parece más conseguida la primera de ellas. Okparanta configura el personaje de Ijeoma lentamente, en base a una serie de sucesos clave que determinan su vida y su conducta. Toda esa pausada construcción psicológica del personaje se acelera en la edad adulta y momentos determinantes en la historia son cerrados a través de elipsis, no sé si buscadas intencionadamente o no, que dejan con la sensación de cierre un tanto "apresurado". 

Pese a este último apunte, lo positivo de "Bajo las ramas de los udalas" supera ampliamente a lo negativo. Es, por encima de todo, una buena novela, bien narrada y bien construida, que nos pone frente a frente con una realidad que no por lejana en el tiempo y en el espacio podemos dejar de ignorar. 


viernes, 1 de enero de 2021

Reseña de BAJO LAS RAMAS DE LOS UDALAS de Chinelo Okparanta en The Guardian

Okparanta presenta una apasionante novela sobre la mayoría de edad de una joven homosexual en Nigeria durante la guerra civil

 

Foto: Kelechi Okere
En la nueva novela de Chinelo Okparanta, Bajo las ramas de los udalas, un encuentro casual entre Ijeoma, una Igbo cristiana, y Amina, una Hausa musulmana, comienza una amistad que rápidamente se convierte en pasión. "Este fue el comienzo", escribe Okparanta, "nuestros cuerpos siendo alcanzados por el fuego que era la piel de cada una... Hormigueo y bondad y como todo lo perfecto en el mundo."

La infancia segura y estable de Ijeoma ya se había desvanecido para entonces. La novela está ambientada en 1968, un año después del conflicto de Biafra, y el mundo de Ijeoma está asediado por "el estrépito de los carros blindados y los bombarderos, los cazabombarderos y sus ruidosos motores que envían descargas sonoras a nuestros oídos". Las cosas empeoran. Su padre, "un hombre al que le gustaba meditar", está tan consumido por el dolor por su pueblo masacrado que se niega a buscar refugio durante un ataque aéreo sobre su pueblo de Ojoto. Cuando Ijeoma y su madre, Adaora, salen de un búnker cercano, descubren su cuerpo empapado en sangre.

Adaora sobrevive a las secuelas físicas, pero no a las psicológicas. "De una manera deformada e inducida por la guerra, tenía sentido que ella encontrara la manera de separarnos a todos: a los soldados, a mí y a la casa", escribe Okparanta. "Despojarse, si pudiera, de todos los recuerdos de la guerra. Despojarse, y despojarse, y despojarse. Como un animal que se deshace del pelo o la piel vieja.".  Cuando Ijeoma regresó por fin con su madre, ella es la "protectora".

Bajo las ramas de los udalas es una nueva iniciativa en el compromiso continuo de Okparanta de hacer una crónica de las vidas de gays y lesbianas en Nigeria. Okparanta ganó el Premio Literario Lambda 2014 por su colección Felicidad, como el agua. Una de las historias de esa colección (America) relata una relación lésbica transatlántica y la decepción de una madre por lo que considera la elección de su hija como lesbiana. También se suma a la obra de Chinua Achebe (There Was a Country) y Chimamanda Adichie (Medio sol amarillo) que han encontrado maneras de reevaluar el conflicto de Biafra y el efecto que tuvo, y sigue teniendo, en los nigerianos.

Okparanta maneja hábilmente el equilibrio entre una historia de amor y una de guerra, cada una de las cuales amenaza con eclipsar a la otra. Aunque tiene varios niveles de lectura, Bajo las ramas de los udalas ofrece un delicado estudio de las fuerzas opuestas que tiran de Ijeoma: su identidad gay, la derrota del Biafra independiente, el tabú de las relaciones entre los Igbo y los Hausa, y la degradación de Ijeoma de estudiante de clase media alta a chica de condición humilde.


La voz de Ijeoma es adecuadamente compleja para la difícil situación en la que se encuentra, siendo a partes iguales atrevida, desesperada y determinante. A medida que Ijeoma crece, comienza a cuestionar las lecciones de la Biblia de su madre, los sermones de su pastor, y las supuestas verdades del amor humano y piadoso heterosexual. "Bajé por el pasillo hasta el frente de la iglesia, como lo había hecho la vez anterior. Me arrodillé ante Dios. Habría rezado, pero de alguna manera no pude encontrar las palabras para hacerlo... Ni una sola palabra para expresarme, ni una sola para explicar o defenderme, ni una sola palabra para pedir perdón por mis pecados.".

Como sugieren esas líneas, Ijeoma emana amor propio, espíritu y una madurez más allá de sus años. Sin embargo, en otras ocasiones, se derrumba bajo el peso de las expectativas de la sociedad para que una joven de su edad encuentre un marido y forme una familia.

Más tarde, en una fiesta social para lesbianas, Ijeoma y sus amigas se encuentran ocultas durante un ataque sorpresa. Aunque la guerra civil ha terminado hace mucho tiempo, la violencia contra la comunidad gay de Nigeria todavía hace estragos. "Otros sonidos por encima de nosotras - de gritos y llantos y la voz atronadora de un hombre, como si estuviera recitando una oración. En mi mente, vi los muros de la tierra derrumbándose a nuestro alrededor como los pilares del Templo de Dagón, los muros de nuestra fosa desmoronándose a nuestro alrededor, y nosotras, como Sansón en pleno descalabro, desmoronándonos junto con los muros".

Bajo las ramas de los udalas llega en un momento oportuno de la historia de Nigeria. En enero de 2014, el entonces presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, firmó un proyecto de ley comúnmente conocido como la ley de "encarcelar a los gays", que penaliza las relaciones entre personas del mismo sexo. Los infractores se enfrentan a una pena de hasta 14 años de prisión y en la región septentrional corren el riesgo de morir lapidados. Bajo las ramas de los udalas sirve para recordar que, a pesar de la legalidad del matrimonio gay en gran parte del hemisferio occidental y en Europa y los Estados Unidos, no muy lejos, las comunidades LGBT soportan el terror y la brutalidad sancionados por el gobierno.

Okparanta capta exquisitamente esta disparidad a través de una impávida Ijeoma, que, en su búsqueda de una vida plena y alegre, adquiere una conciencia perspicaz sobre la relación entre el odio y la persecución, que se extiende mucho más allá de las fronteras de Nigeria. "Supongo que es nuestra forma de ser, lo humanos que somos. Siempre es más fácil convertirnos en la víctima de la tragedia de otra persona".


https://www.theguardian.com/books/2015/sep/24/under-the-udala-trees-chinelo-okparanta-review


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sábado, 19 de diciembre de 2020

BAJO LAS RAMAS DE LOS UDALAS de Chinelo Okparanta en The New York Times

De 1967 a 1970, el estado nigeriano de Biafra intentó, pero no logró, su independencia, en una guerra civil que dejó un millón de muertos. Cabezas separadas de sus cuerpos, desmembramientos, inolvidables niños famélicos, imágenes quemadas en la retina colectiva de la época. En Bajo las ramas de los udalas, la primera novela de la escritora nacida en Nigeria Chinelo Okparanta (después de su colección de cuentos, La felicidad, como el agua, que fue preseleccionada para el Premio Caine), la protagonista, Ijeoma, es una niña, espectadora de esos días horribles. Su padre se niega, por principios, a esconderse en el búnker familiar y muere en un ataque aéreo. Su madre, incapaz de soportar esta pérdida, se derrumba. No todo el mundo se eleva al heroísmo en tiempos difíciles. Incapaz de cuidar a su hija, deja Ijeoma a un amigo en otro pueblo, un profesor de secundaria y su esposa, para que la utilicen como su sirvienta.

Allí Ijeoma conoce a Amina, una chica aún más a la deriva que ella, separada de su familia en el norte del país. Ijeoma convence a la maestra para que acepte a su nueva amiga como segunda ama de llaves. A partir de ahí las dos chicas se enamoran de inmediato, tan jóvenes y vitales, tan distantes de todo lo que conocen, que podrían haberlo inventado.

Cada historia establece sus coordenadas, sus intersecciones de tiempo y lugar, pero en este libro los mapas de la narración se barajan y, a medida que la guerra termina, la Nigeria de los años 70 se desvanece como telón de fondo -árboles udala para sentarse, ñame machacado para la cena-. La historia que se desliza sobre ella se lee de manera muy parecida a las novelas de lesbianas americanas de los años 50. Ijeoma aplica la clásica estrategia de ser homosexual en una sociedad ignorante: suprimir el deseo, ceder a él (tan delicioso), perder un amante en el mundo convencional (¿a quién culpar?), probar la idea realmente mala de un matrimonio forzado, encontrar el bar clandestino (tocar tres veces), sentir el asombroso poder en el roce de las yemas de los dedos (de la mano derecha).

Las dos chicas son, por supuesto, descubiertas en un momento íntimo, y luego, inmediatamente separadas. Amina se queda con el profesor, mientras que la madre de Ijeoma es requerida para que lleve a su hija de vuelta y se ocupe de su sano juicio. Al principio mamá no entiende cuál es el problema, e Ijeoma se ve obligada a explicárselo. Okparanta, una escritora elegante y precisa, capta la agitación interna que precede inmediatamente a ese momento: "Me encontré a mí misma desvaneciéndome en mis pensamientos. Me imaginé alejada del tiempo y del lugar. O mejor dicho, me imaginé en un lugar donde nada había sucedido en el pasado y nada sucedía ahora, y en el futuro nada sería la consecuencia de todas las cosas que habían sucedido antes."


Mamá demuestra ser una oponente formidable. Armada con el cristianismo, ataca el incipiente lesbianismo de su hija con el estudio diario de la Biblia. Desde el Levítico, Marcos, Romanos, ella reúne todos los ejemplos que cree que serán persuasivos. Su lógica es a veces hilarante. Cuenta una historia del Libro de los Juicios en la que un grupo de alborotadores del pueblo desciende sobre un levita y su prometida, con la intención de violarlo. El levita les ofrece a su prometida en su lugar. La madre de Ijeoma interpreta esto como un comportamiento justo: la sodomía del hombre habría sido una abominación a los ojos de Dios.

Claramente, Ijeoma tiene un largo camino por delante para convencer a su madre... y para averiguar cómo ser ella misma y vivir en una cultura profundamente conservadora.

Una vez que termina la escuela, ella y su madre dirigen una pequeña tienda. Un día, una joven profesora, Ndidi, entra en la tienda. Se produce una conversación de flirteo ("Si había alguna confusión por mi parte sobre cuál era la conexión entre nosotras, en este punto toda la confusión desapareció").

A pesar de su dulce relación bajo el radar, Ijeoma sigue siendo susceptible al acoso de su madre, y se casa con un hombre. Todo en la unión es triste, incluso su casa. "Tantas cosas viejas y que se están desmoronando, era un hogar que alimentaba nuestro mal humor. Si hubiera podido hacer todo eso, el propio hogar se habría enfurruñado con nosotros.".

El libro funciona en un modo de narración, una reminiscencia en bucle de una Ijeoma adulta. Algunas veces incluso se adelanta para dirigirse al lector en un tono confidencial. Hay pocas florituras estilísticas; Okparanta prefiere hacerse a un lado y permitir que Ijeoma cuente su historia con sencillez, dando a la novela una sensación de intimidad.

William Gibson supuestamente dijo: "El futuro ya está aquí. Solo que aún no está distribuido uniformemente". Lo mismo ocurre con el pasado. El matrimonio entre homosexuales es ahora legal en Estados Unidos, pero en Nigeria, como escribe Okparanta en su nota de autora, las relaciones entre personas del mismo sexo son actualmente delitos penados con hasta 14 años de prisión y muerte por lapidación en los estados del norte. Okparanta escribe que espera que su novela dé "a los ciudadanos marginados de Nigeria del L.G.T.B.I.Q. una voz más poderosa y un lugar en la historia de nuestra nación".

Este sentimiento encuentra una dulce manifestación en el lecho de Ijeoma y Ndidi, que dice conocer un pueblo donde "el amor puede ser amor". Cada noche cambia el nombre del pueblo. Una noche es Aba. La siguiente es Umuahia. "Finalmente tengo que reírme", dice Ijeoma. "¿Cómo es que este pueblo puede ser tantos lugares a la vez?".  "Todos ellos están aquí en Nigeria", responde Ndidi. "Verás, este lugar será toda Nigeria."


viernes, 20 de septiembre de 2019

Reseña de Bajo las ramas de los udalas de Chinelo Okparanta en Lieráfricas

Bajo las ramas de los udalas de Chinelo Okparanta, una novela que ha abierto conversaciones en Nigeria

Nunca son suficientes las narraciones sobre cualquier tema. Al contrario. Como las capas de la cebolla se superponen y complementan. Cada voz que es capaz de coger un objeto para la escritura y comenzar a contar, es un nuevo ofrecimiento a indagar, en lo quizás ya conocido, desde otros puntos de vista. Por eso, se evita caer en la etiqueta fácil. Para no atraer a quien le da pereza transitar otra vez por parecidos caminos. Para no ahuyentar a quien desconoce que debajo de ese rótulo puede hallar mucho más. Por ejemplo, abrir conversaciones.
La joven escritora Chinelo Okparanta vuelve a hurgar en la herida de lo que supuso la guerra civil nigeriana: conocida como la guerra de Biafra. Los lectores de Medio sol amarillo, de  El Hombre ha muerto o del último libro publicado de Chinua Achebe (There was a country), se sumergirán otra vez en medio de aquel conflicto cuyas secuelas todavía permanecen. Los habituales de literatura nigeriana se reencontrarán con un país que  identificarán en múltiples rasgos. Sabrán de los igbos, los yorubas, los efiks y los hausas. Y todos hallarán una nueva manera de narrar Nigeria.
También se recoge que se trata de una novela LGBTI. Diré. La culpa y el deber flotan de continuo por la trama. Y así se contaminan las relaciones amorosas de la protagonista, Ijeoma, cuya orientación sexual le lleva a elegir a mujeres y no a hombres que es lo que todos; familia, sociedad y país esperan de ella; “una mujer sin hombre no es una mujer en absoluto” es un mantra que se repite varias veces. Sin cargar demasiado el lado de la denuncia, pero mostrando la realidad y las consecuencias de dar el paso y amar a quien se desea de verdad cuando esas relaciones son “abominables” y luego ilegales, Okparanta abre la cortina para mostrar el aspecto más cruel de la homofobia en Nigeria (no hay menciones en el libro sobre si esta es consecuencia de la influencia occidental ya que en este sentido Okparanta mantiene una postura diferente: cree que es necesario un debate entre ellos, dejando al margen a Occidente).
La religión, en un país como Nigeria impregnado en ella, vuelve a aparecer con especial fuerza en Bajo las ramas de los udalas. Si añado que es una bildungsroman, se puede tener la tentación de compararla con La flor púrpura, no en vano la propia escritora señala a Adichie como uno de sus principales referentes literarios. Pero también se puede mencionar la reciente Florescencia de Kopano Mawtla. Las tres constituyen un singular coro de voces que giran  en torno al cristianismo. Tampoco es extraño que en los agradecimientos incluya a la escritora Marilynne Robinson, autora de Gilead entre otras obras, una de sus profesoras en el Taller de escritura de Iowa. Un cristianismo que Okparanta rescata de los extremos, para reflexionar y cuestionar desde el centro.
Bajo las ramas de los udalas es una creación de una escritora de adentros. La vida cotidiana cuando transcurre en medio de una guerra, un internado, una familia o un matrimonio. Huye de los lugares comunes, captando delicadas y sensuales escenas que evocan el amor sin más adjetivos. Nos traslada la frustración, el miedo y la muerte-en-vida cuando no es posible realizar la vida que uno desea. Salpica cuando la violencia sobrevuela el ámbito más íntimo. Ronda por las heridas profundas de la carencia de afecto y aceptación en la infancia. Conmueve con las relaciones entre madres e hijas, cosidas por expectativas y silencios, que llaman a la comprensión entre mujeres. Y acaba dibujando humanos caminos por los que respirar y vivir.
Pero estábamos enamoradas, o al menos a mí me parecía estarlo perdidamente. Ansiaba su presencia por el mero hecho de tenerla delante. No me cabía duda de que lo que existía entre nosotras, aquella relación íntima con alguien que me conocía mejor que nadie, era también amistad, una forma elevada de amistad. Puede que también fuera un encaprichamiento. Pero de lo que sí estaba segura era de que se trataba de amor. Quizá el amor era una mezcla de amistad y encaprichamiento. Un profundo afecto unido a una suerte de asombro reverencial. A la gratitud. Al deseo de pasar la vida junto a la otra persona. p.149
Bajo las ramas de los udalas (Under the Udala Trees, 2015). Chinelo Okparanta. Trad.: Iballa López Hernánde.  Editorial: Baile del Sol, 2019