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miércoles, 25 de marzo de 2015

"Los posos de la sed" de Ricardo Hernández Bravo

En el viaje de la creatividad la poesía no puede ser nunca un lugar al que llegar, sino un punto de partida. El último libro del poeta canario Ricardo Hernández Bravo,Los posos de la sed (Baile del Sol, 2014), es una magnífica propuesta para adentrarnos en un vasto espacio de exploración; ahí el poeta transita abriendo sendas nuevas que el lector podrá apreciar y hasta gozar siempre y cuando se libere, antes de adentrase en el libro, de todos los prejuicios literarios establecidos; pues uno de los primeros rasgos que podremos apreciar en los poemas de Hernández Bravo es su alejamiento absoluto de cualquier moda o modismo, de cualquier lugar común actual o pasado. Verso a verso el lector puede dejarse sorprender tanto por la concisión estética, como por la utilización de algunas figuras retóricas -como la aliteración- que aquí no se usan para conseguir efectos embellecedores, sino para incitarnos o provocarnos cierta extrañeza y atraer nuestra atención. Así:

Lo emboscado condensa mi deseo.
(pág. 65)

Hernández Bravo aúna, trabaja a la perfección sobre el idioma y con el pensamiento, y desarma un entramado en el que la paja ha sido eliminada y queda, sin merma, como si de un cincel se hubiera servido, la forma limpia, exacta, concentrada de la creación, del poema que, al leerlo o abrirlo, se transforma desde la apariencia de extraña flor hermética en inmarchitable valentía por mostrarnos su belleza sin exotismos, como en el monóstico:

Alentamos el don que nos flagela.
(pág, 33)

Al fin, la sed también como concupiscencia, como deseo de agua; en la paradoja del que vive en una isla: rodeado del agua que no puede beber. De esta manera, la poesía sirve en el viaje no solo de la creatividad, sino en la mismísima existencia humana y sin soslayar sus contradicciones, como la sed le sirve al hombre para ser, aunque implique, siendo, también su agotamiento y (auto)destrucción.
Los posos de la sed no nos dejará sedientos sino saciados para emprender una nueva singladura. Felizmente la buena poesía no es obvia y transcurre en libros como éste.

http://proyectodesvelos.blogspot.com.es/2015/03/los-posos-de-la-sed-de-ricardo.html

miércoles, 4 de marzo de 2015

Los posos de la sed de Ricardo Hernández Bravo

Los posos de la sed es el tercer libro de poemas de Ricardo Hernández Bravo (Isla de La Palma, 1966), lo publica Baile del Sol y se abre con dos epígrafes de poetas argentinos: Alejandra Pizarnik y Juan Gelman. La elección no es azarosa. Una serie de poemas sin títulos divididos en distintas secciones conforman un libro donde prima el lenguaje. A partir de neologismos, juegos de palabras, aliteraciones, un vocabulario que recoge términos autóctonos canarios y, entre otros recursos literarios, un uso curioso de las formas verbales. Todo se conjura en torno a lo barroco, sin que eso quiera decir que la contención y la sequedad, nunca mejor dicho, marquen el tono: "Espeso beberaje, guarapo del vivir. / En seco el trago; rasa, la sed hasta las madres". leemos.
Un símbolo, sí: la sed. Y la pasión por la palabra que la engendra. Intensidad de lo mínimo. Poemas breves o brevísimos. Mayor expresividad con el menor número de términos posibles. "Simplicidad, alegre arrulladero". Elipsis y silencios que uno tiene a la fuerza que relacionar con una tradición muy marcada de la poesía contemporánea de esas islas y que enlaza, a su vez, con corrientes ultramarinas ya insinuadas. A los nombres de arriba hay que añadir los de Vallejo y Cadenas, a los que Hernández Bravo convoca. A veces, toques de orientalidad: "En el furor interactivo / agua mermada". "Lugar de la palabra", sí, esta sugerente poesía.

http://mayora.blogspot.com.es/2015/03/cuatro-libros.html

jueves, 12 de febrero de 2015

"La poesía es don o castigo, necesidad y hasta alimento"

Desde su primer poemario "El ojo entornado" (1996) hasta la última entrega ,"Los posos de la sed" (2014), el poeta palmero Ricardo Hernández ha ido definiendo un estilo propio. 


Bien pronto se sintió cautivado por las palabras y sus juegos. Ricardo Hernández Bravo (El Paso, La Palma, 1966) ha ido atesorando desde entonces una rica y singular producción, entre poemarios y relatos breves, que se jalonan con la concesión de premios y su presencia en las antologías que compilan a los escritores canarios.

Desde el primer poemario que alumbró, "El ojo entornado" (1996), a los últimos versos que entrega, que agrupa en "Los posos de la sed" (2014), han transcurrido dieciocho años de una prolija y trabajada producción, una obra que alcanza ya a definirse con "estilo propio", condición que, sin embargo, admite no se llega a percibir en su verdadera dimensión "hasta que va pasando el tiempo".

Este palmero, que oficia como docente, impartiendo la asignatura de Lengua y Literatura en centros de enseñanza de la Isla, cree que "para quien nace con llamémoslo este don, o acaso castigo, la creación literaria representa un alimento, prácticamente una necesidad" y, en ese diálogo, precisa cómo "a la vez también te nutres de ella". A partir de ahí se suceden los hallazgos, los chispazos, los encuentros...

Y conocida esta condición es entonces cuando el poeta -ese ser de natural solitario- recoge "los comentarios de otros, caso de los críticos, de los compañeros...", y de esa manera aprende a "reconocerse" un poco más adentro.

De ahí ciertas constantes en su poesía, por ejemplo una tendencia manifiesta a "lo visual y a lo pictórico", quizá como consecuencia de su predilección por la lectura de los haiku japoneses, esa búsqueda constante de la síntesis. "Desde la imagen me propongo llegar a la visión poética".

El mar también representa una presencia que acompaña el ideario de los poetas insulares, pero en el caso de Ricardo se traduce desde la doble condición de "un elemento que aísla, pero también comunica", en la línea del discurso del intelectual Domingo Pérez Minik y su búsqueda por caracterizar los rasgos del insular.

"Para mí, el mar no representa un encierro, sino un espacio de paz y liberación, de infinito... algo abierto a lo otro".

Cuando reflexiona sobre qué razones podrían explicar la proliferación de voces poéticas que se da en el Archipiélago, Ricardo no acierta a dar un argumento objetivable y sin embargo considera que "la influencia del paisaje resulta evidente; esa orografía tan apabullante", la naturaleza como otro de sus recursos, contemplada desde la "admiración".

Otro rasgo de la obra de Ricardo Hernández está ligado al uso de palabras que, en algunos casos, son "neologismos" o bien voces recogidas del acervo popular y que "definen algo que no sé expresar de otra manera", como denominar "guardorio" a los objetos inútiles, "además del componente nostálgico que encierran".

Desde su perspectiva se están perdiendo, sobre todo, las características del medio rural, "sustituidas por otros registros y un léxico distinto que resulta un empobrecimiento". Acaso, plantea el poeta, se debería "intentar la combinación del lenguaje moderno con el antiguo".

De su experiencia en el ámbito docente, Ricardo Hernández desmiente el axioma de que los jóvenes no se implican en su formación y, por el contrario, sostiene que " admiten muy bien la poesía". En este mismo renglón advierte que "el sistema es lo que falla, en su idea de hacer comprender el lenguaje literario a los alumnos a través de un sistema teórico".

Es más, en sus años de docencia ha podido constatar "que no solo descubren que les gusta la poesía, sino que también son capaces de comunicar a partir de ese lenguaje, de ese registro y lo hacen suyo".

Y después de tantas ingratitudes, del desgaste del tiempo, descubre que se emociona y ese entusiasmo le procura el aliento para continuar, más allá de los posos de la sed.


Autor: Ricardo Hernández Bravo.

Título: "Los posos de la sed"

Editorial: Baile del sol

Género: Poesía



http://eldia.es/cultura/2015-02-11/30-poesia-es-don-castigo-necesidad-alimento.htm

lunes, 1 de diciembre de 2014

Bailando con Ricardo Hernández Bravo: "Llegar a la palabra, a esa tierra imperfecta que nace de la sed y que es la sed misma".



http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=674&Itemid=427&catid=116
 
Baile del Sol. - Los posos de la sed es un libro de poemas breves, casi sentencias en algunos casos, en los que el agua aparece como hilo conductor, ¿qué te ha llevado a utilizar este elemento como eje?, ¿qué simboliza el agua en el poemario?

Ricardo Hernández Bravo. -El agua está en lo más íntimo de nuestra esencia, es casi nuestra razón de ser.  El agua o más bien algo tan humano, tan nuestro, como el deseo, la necesidad de ella: la sed. Una sed capaz de crear el agua misma, la propia idea del agua. Una sed que no se agote en la efímera saciedad, que sea capaz de resurgir, más intensa aún, de los posos a que va quedando reducida en la merma diaria:

Imagen que persigo, sólo exacta en mis ojos. /Bebo del espejismo, de tu agua inventada.

Un agua desbordada, que rezume de sus madres como un reboso capaz de remontar hasta sus fuentes, o incluso más allá, al interior de esa tierra escondida donde sólo la palabra, con su hacho tembloroso, nos permite alumbrar.

 
BdS.- Da la sensación de que cada palabra, cada verso, ha experimentado un proceso de destilación hasta quedarse prácticamente en la esencia de lo poético, ¿era esta tu intención?

RHB.-Esa tendencia a la condensación, a la brevedad, ha sido siempre una característica de mis poemas, en los que la anécdota poética es prácticamente inexistente o  está reducida a la mínima expresión. Quizá en este libro sea aún más evidente por la propia naturaleza de su contenido: ese deseo de exprimir la sed, lo que va quedando de ella en los sequeros de la vida, hasta hacerla manar de nuevo en el flujo regenerador de la palabra. Soy consciente de que de esa búsqueda de lo esencial, de eliminación de todo lo que pueda desviar del sentido, resulta un lenguaje intenso, casi en los huesos, de difícil apertura.  Pero es lo que me pedía este libro, aun a riesgo a veces de ahogarme en el silencio.

 
BdS.-Algunos de los poemas también parecen querer captar un instante, recuerdan de algún modo a la poética japonesa del haiku.

RHB.-Seguramente mi predilección por el arte japonés del haiku proviene de una íntima afinidad con sus principios estéticos. Me seduce su condensación, su capacidad de concentrar la mirada, de desvelar lo pequeño y hacernos apreciar, en palabras de Luis Corrales, la grandeza de “los innumerables acontecimientos mínimos que cada día el mundo despliega ante nuestros ojos”. Es una estrofa que encaja a la perfección en mi idea del poema como plasmación de una imagen- extraída de la naturaleza muchas veces- y ejercicio de precisión lingüística ajustada a una forma. No sólo me atrae el haiku como creador, sino que lo utilizo con mis alumnos de Secundaria y Bachillerato, ya que sus posibilidades didácticas son muy interesantes. Fruto de ese trabajo escolar es el libro cartonero Haikus del almendro en flor, (Cartonera Island, 2014), realizado por estudiantes del IES Puntagorda.  
http://bailedelsol.org/index.php?option=com_content&view=article&id=287&itemid=426
 

BdS.-El libro tiene cinco partes, la última de ellas se titula "Lugar de la palabra", ¿es allí donde querías llegar? 

RHB.-Llegar a la palabra, sí, a esa tierra imperfecta que nace de la sed y que es la sed misma, en tanto generadora de más sed.  De cuanto se nos niega hago cimiento. / Destilo de mi sed. Esa tierra en la que ahondar como un viejo cabuquero hasta hacerla brotar desde sus más profundos diques.  

 BdS- La naturaleza, la armonía también aparecen en el libro, a veces en contraposición a la agitación y la tecnología. Háblanos de este contraste.

 RHB.-Como bien apuntas, la naturaleza es otra de mis constantes; ese paisaje rotundo de la isla y el mar que impresionara mis sentidos desde niño y que forma parte de mi imaginario vital. Es una naturaleza en la que el elemento paradisíaco y el modelaje humano han mantenido un frágil equilibrio, una difícil armonía de siglos que cada vez se ve más amenazada. Y la amenaza viene por muchos flancos, pero se me antoja que la principal es también nuestra propia sed. Esa otra sed artificial, sujeta al mercadeo, a la novedad en serie, a la expropiación de los instintos, la uniformación de la mirada prisionera en una red de ocultamientos en la que lo virtual es superior a lo vivo, donde navegamos aparentemente saciados por un agua llena de brillos,  pero sin verdadera luz. Una palabra simplificada, vaciada de su rica complejidad, limitada a su simpática función “guasapera” o a su baboso reclamo publicitario y politiquero; un verbo incapaz de decir, de ser agua, de producir auténtica sed. La desintegración de la naturaleza, de nuestra convivencia armónica al compás de sus ritmos, va a la par de nuestra propia desintegración como seres capaces de sentir sed y de apreciar el valor del agua que nunca sacia.

- ¿Cómo definirías tu lenguaje poético?

 RHB.-No soy amigo de hablar de mi poesía. Cuando me han pedido poéticas, siempre he preferido que sean mis poemas-si algo logran decir- los que hablen por mí. En la antología  Poesía canaria actual, de Miguel Martinón, utilicé esta imagen:

Escarbo la palabra, como el hoyo en la arena donde un niño quiere apresar el mar.

Creo que mi lenguaje poético-por supuesto, también en Los posos de la sed-está marcado por ese impulso: la necesidad de conservar la inocencia en la mirada, la capacidad de asombro, los ojos del niño en su visión inaugural del mundo y el milagro de esa palabra original, balbuciente e incomprensible a veces, pero exacta en su nombrar maravillado: La del crío es mi sed, la que agita los posos. / Su incesante inquirir, su acuciar desandado.

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