sábado, 22 de enero de 2011

Entrevista a David Pérez Vega, autor de Acantilados de Howth

Entrevista de Goizeder Lamariano Martín/Cuéntate la vida
David Pérez Vega nació en Madrid en 1974. Empezó a estudiar CC. Físicas y, después de tres años, se cambió a Dirección y Administración de Empresas. Trabajó una temporada como auditor de cuentas de una multinacional, y en la actualidad es profesor de Economía y Matemáticas en un colegio de Educación Secundaria. Hasta marzo de 2010 residía en Móstoles y ahora vive en Madrid. Acantilados de Howth (Baile del Sol, 2010) es su primera novela publicada. En 2011 se han de publicar sus poemarios Siempre nos quedará Casablanca (Baile del Sol) y Móstoles era una fiesta (Bartleby Editores).

Las fotos que ilustran esta entrevista han sido cedidas por el propio David Pérez Vega y están tomadas en los acantilados de Howth durante un viaje que el autor realizó para visitar a su hermano, que vivía en Irlanda. La otra fotografía, también cedida por el autor, está tomada en la casa en la que vivió durante su infancia y adolescencia Jorge Luis Borges en Palermo, Buenos Aires.

-¿Tu nombre real es David Pérez López y tu nombre como escritor David Pérez Vega? ¿Por qué?
-Cuando no tenía nada publicado, ni había abierto mi blog, http://www.desdelaciudadsincines.blogspot.com/, si introducía en Google la búsqueda “David Pérez López escritor” aparecía, y sigue haciéndolo, la página web de un autor mexicano. Esto hizo que pensase en elegir un seudónimo. Me hubiera gustado tener unos apellidos sonoros y poco usuales, pero, a la hora de elegir un nombre falso, me quedé casi con el mío. Pérez Vega son los dos apellidos de mi padre, combinación que trata de emular, por ejemplo, la sonoridad de Pérez Galdós.


-¿Cómo y cuándo supiste que querías ser escritor?
-Cuando aún no sabía leer o lo hacía con dificultad, a los cuatro o cinco años, mi padre solía leerme cuentos de dos volúmenes publicados en Alianza editorial para adultos; eran Cuentos de Jacob y Wilhlem Grimm y La sombra y otros cuentos de Hans Christian Andersen. Aún recuerdo la fascinación de esas historias y el día en que le pregunté a mi padre si él escribía cuentos. Me parecía la idea más natural del mundo que quien leía cuentos también debería querer escribirlos. Fue una decepción descubrir que mi padre no lo hacía. Aquello siguió rondándome la cabeza durante la infancia, y la decisión adulta la tomé a los doce años tras leer El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien. Me fascinaba que aquel hombre pudiera llevar una doble vida: además de ser profesor podía perderse en aquella Tierra Media que había creado. Yo también deseaba poder perderme en un mundo propio. A esa edad pensé que para ser escritor necesitaba una máquina de escribir y perpetrar en ella una novela. Como no tenía máquina de escribir, pasé más de un año imaginando una historia, que no era más que un plagio de El señor de los anillos. Y tuve la buena idea de leer siempre con un diccionario al lado, porque, pensaba a esos doce años, que un escritor debería conocer todas las palabras. Lo primero que escribí fue a los quince años, un relato; y lo hice a mano.
-¿Qué tal lleva un hombre de ciencias y de números su relación con las letras?
-En realidad creo que el orden de la pregunta debería ser al revés: ¿Qué tal lleva un hombre de letras su relación con las ciencias y los números? La única vocación real que he tenido es la de escritor. De niño solía sacar buenas notas tanto en letras como en ciencias, y la influencia paterna, mi padre es ingeniero, hizo que el niño o adolescente que era yo siempre considerase que debía estudiar una carrera de ciencias por sus salidas profesionales y que la literatura debía ser un pasatiempo. Además, por aquella época, yo deseaba ser un escritor de ciencia-ficción o terror, géneros con los que crecí, y muchos de los escritores de ciencia-ficción tienen una formación científica. A esto se unía el hecho de que consideraba leer un terreno de descubrimiento propio y lo que se estudiaba en las clases de literatura del instituto, en aquel momento, me interesaba poco. Góngora representaba la autoridad, la rebeldía era Philip K. Dick o H. P. Lovecraft. Ahora creo que me hubiese gustado más, en realidad, haber estudiado Filología Hispánica, aunque muchas veces intento afianzar una de mis teorías de los veintiún años: para ser escritor es mejor no estudiar literatura, no pervertir tu mirada sobre los libros con la mirada de otro.  Y mi relación actual con los números es correcta: explicar matemáticas, como el poeta Nicanor Parra, me resulta fácil y la economía, a nivel teórico, da mucho juego para hablar de la realidad. Me agrada ser profesor, tratar a diario con adolescentes me gusta más que estar en una oficina con un traje.
-¿Qué buscas a la hora de leer?
-Busco que la visión del mundo de un escritor me conmueva; que consiga ordenar una realidad que siento desordenada, y me que transporte a otra vida, a otra mente u otro paisaje.


-¿Y a la de escribir?
-Conseguir crear un mundo propio  en el que pueda ordenar la realidad.

-¿Dónde buscas y encuentras la inspiración?
-En la realidad de mi entorno, y en la realidad de los libros que me han enseñado a mirar con otros ojos.

-¿Eres maniático a la hora de escribir?
-Depende de la temporada he elegido diversos lugares para escribir: desde la mesa de mi casa hasta la barra de un bar, pasando por bibliotecas. Actualmente lo suelo hacer en casa, siempre en la misma mesa. Me gustaría poder escribir directamente a ordenador, pero, aunque lo he intentado, no me resulta cómodo. Para que fluyan las ideas, después de hacer el esquema sobre lo que voy a escribir, primero lo hago a mano, muy deprisa, y luego, al pasarlo a ordenador, voy puliendo el estilo. Cuando me dedico a la prosa lo hago sobre hojas de cuadrícula y cuando se trata de poesía sobre folios en blanco. Imagino que esto puede ser una manía.


-¿Cómo definirías a Acantilados de Howth?
-Como una novela realista, que trata de captar el paso de la juventud a la vida adulta de una generación, nacida sobre la décadas del 70 o del 80 del siglo XX, y que se enfrenta a problemas como la precariedad laboral, la dificultad de acceder a una vivienda… tras haber creído que estaban destinados siempre a lo mejor.

-Aunque tu novela la escribiste hace cinco años, hoy en día tiene plena actualidad, sobre todo por el tema laboral y la marcha de jóvenes a vivir al extranjero. ¿Cómo te sientes?
-Cinco años son pocos para que el planteamiento de una novela pierda vigencia. Aunque es cierto que ahora muchos jóvenes pueden elegir irse al extranjero por una necesidad laboral, en la novela el protagonista lo hace con afán de aventura. Leo a los narradores norteamericanos, a los que tanto admiro, y me atrae su visión intuitiva y poética sobre la realidad. Quería describir así mi realidad. Me intriga esta pregunta: ¿Por qué los jóvenes alemanes que conocí en la universidad, que habían estudiado la misma carrera que yo, en su país, cobraban –en 2005 como ahora- el doble o el triple que yo, trabajaban menos horas, los precios de sus casas eran la mitad o un tercio de los de España, y, como observé cuando fui a visitarlos, los precios de los supermercados y los restaurantes eran iguales que aquí? ¿Por qué ningún político habla de esto o qué novelas españolas lo reflejan?

-¿Qué hay de autobiográfico en esta novela?
-Quería hablar de mi generación, de los abusos laborales, de la incertidumbre ante el futuro…, pero, aunque deseaba que la novela sonase a autoconfesión real de un veinteañero que pasa a ser treintañero, quería evitar el problema pudoroso de contar mi vida. El barrio que describo de Móstoles, de donde procede el protagonista, es el mío. Para la casa donde supuestamente vive Ricardo con Isabel en Alcorcón usé mi recuerdo real de la casa de una amiga. Para el pasado de Ricardo en Irlanda usé experiencias de mi hermano, que vivió allí. La universidad Carlos III, donde estudió Ricardo, es la mía. Pero yo no soy Ricardo. Imaginé su vida, realicé un eje cronológico y en escenarios conocidos por mí desarrollé sucesos no vividos por mí.


-¿Te identificas con Ricardo? ¿Por qué?
-Raymond Carver decía: “Tú no eres tus personajes, pero tus personajes son tú”. Muchas de las opiniones de Ricardo son las mías, aunque él tiene una personalidad más extrema que yo. Es posible que ante sucesos que le ocurren a Ricardo en la novela, y que yo no he vivido, reaccionase como lo hace él. A través de Ricardo viví dos experiencias que no han ocurrido en mi vida. Una que sí me hubiera gustado que sucediera: haberme ido, tras acabar la carrera, a trabajar al extranjero, a Inglaterra o Irlanda, como hizo mi hermano y algunos amigos. Y otra que no me hubiera gustado que sucediera: que tras acabar la carrera hubiese entrado en el mundo de los licenciados en ADE; y no hubiera salido de él, teniendo que trabajar siempre como contable o auditor en una empresa, y que sus horarios no me permitieran desarrollar mis aficiones. Afortunadamente, al tomar la decisión de hacerme profesor, puedo leer y escribir casi a diario.

-¿Es Ricardo un eterno adolescente, un Peter Pan fracasado que sólo vive de recuerdos?
-Ricardo es una persona de treinta años que está pasando por un momento desagradable en su vida, inmerso en un posible proceso de separación con su mujer, y que, además, no le gusta demasiado su trabajo. En este momento se vuelca en el recuerdo, idealizado, de su pasado en Irlanda. En realidad, no creo que Ricardo sea un fracasado, sólo es una persona normal, a la que le ocurren sucesos desagradables normales y que mientras le ocurren no le gustan, y cae en la tentación, tan humana, de idealizar el pasado. Pero aún le queda mucho por vivir.

-Acantilados de Howth es tu primera novela publicada, ¿has escrito otras?
-En realidad Acantilados de Howth es la sexta novela que he escrito. Las cinco anteriores sí que eran autobiográficas, y, ahora, con el tiempo, las considero mi taller personal de escritura. Quería hablar de mí mismo, de mi entorno, pero llegó un momento en que pensé que la narración autobiográfica era un callejón sin salida: el pudor me impedía profundizar en aspectos interesantes, y el miedo a herir sensibilidades en mi familia y amigos hacía que tuviera que callar cosas de las que me hubiera gustado hablar. La novela autobiográfica me suponía un ejercicio de autojustificación y de autocensura constantes. Crear personales e inventar una historia me liberó artísticamente mucho. Así que esas cinco novelas, o conatos de novela, están descartados. Creo que sí que puede ser más interesante mi séptima novela, El hombre ajeno. Actualmente estoy tratando de que alguna editorial se interese por ella.


-¿Qué es lo mejor y lo peor que has oído de tu novela?
-Lo mejor me lo dijo una persona por teléfono: que la novela le había impresionado tanto como cuando leyó de veinteañero En el camino de Jack Kerouac. Obviamente me reí, y esta persona es un buen amigo. Lo peor que me han dicho es que Acantilados de Howth es una novela solipsista, en la que no se desarrollan los personajes secundarios. Aunque yo creo que se habla de un extenso número de personajes secundarios.

 -Tu novela combina a la perfección los pensamientos y recuerdos de Ricardo, el protagonista, con un elenco de personajes igual o más importantes que él. Acantilados de Howth es un puzzle. Para conseguir esto, ¿te has basado en algún autor o novela concreta? Gracias por lo de la perfección, que me hace sonreír. Cuando empecé a trabajar la estructura de la novela me planteé narrarla con dos niveles temporales. Los capítulos del presente transcurren en unos seis meses (aquí además hay saltos temporales hacia un pasado siempre posterior al otro pasado) y los del recuerdo irlandés representan casi tres años. A partir del cuarto capítulo escribí unos y luego los otros y en la composición final los intercalé. De todos modos, tenía claro que la fuerza de la historia partía de un punto concreto: un suceso ocurrido en esos acantilados, y para acercarme a ese punto necesitaba ir sobreponiendo capas anteriores y posteriores al núcleo narrativo. No es algo consciente, pero ahora que me obligas a reflexionar sobre ello, encuentro que novelas como El dios de las pequeñas cosas de Arundhati Roy o Jazz de Toni Morrison tienen una estructura parecida. Aunque, posiblemente, la gran influencia literaria del libro sea la obra de Roberto Bolaño, al crear un personaje que es un poeta casi secreto, y sobre todo por la idea de añadir continuos personajes y relatos adyacentes a la historia principal.

-¿En qué proyecto literario estás trabajando ahora?
-Acabé un libro de relatos y empecé hace unos meses una nueva novela. De nuevo el mercado laboral español es el gran tema que exploro. De hecho, estoy usando el material de mi cuarta novela autobiográfica, correspondiente al periodo en que fui auditor, para, sobre esa base, crear personajes, que me permitan acercarme al desquiciado mundo de los auditores desde perspectivas distintas.


-En 2010 has publicado una novela y tienes aceptados y pendientes de publicación dos poemarios, todo un logro en estos momentos de crisis en los que las editoriales no confían en escritores desconocidos. ¿Cómo ha sido tu experiencia en este sentido?
-Los tres libros fueron aceptados para su publicación en 2008. Baile del Sol es una editorial canaria que sí que apuesta por autores desconocidos. Actualmente ha tenido que colgar el cartel de no admisión de originales por saturación. Tuve suerte al contactar con ellos antes de ese momento. Móstoles era una fiesta, poemario escrito en 1998, fue el primer libro que me aceptó una editorial, Bartleby, para su publicación. Esto ocurrió en enero de 2008, hace exactamente tres años. Con la crisis, el editor ha estado retrasando la salida de este libro para poner en el mercado otros títulos de personas más consagradas (avaladas por premios Nobel, Pulitzer…) y frente a estos lanzamientos los libros de españoles nuevos están siendo relegados. Espero que 2011 sea definitivamente el año en que vea publicado este poemario de 1998.

-¿Cómo ves en la actualidad el mercado editorial español?
-Muy concentrado en los grandes grupos (Planeta básicamente), que sólo apuestan por una literatura sin riesgos. Aunque afortunadamente han surgido en las últimas dos décadas editoriales más pequeñas que han dejado huecos de mercado dejados por las grandes (esto en mis clases de economía se llama “han aprovechado mercados intersticiales”), buscando libros extranjeros, españoles, haciendo nuevas traducciones, cuidando la presentación… ¿Hay libros más bonitos que los de Impedimenta?

-¿Cuáles son tus autores favoritos?
-He tenido muchas fases. De adolescente me gustaba mucho Philip K. Dick y H. P. Lovecraft. Tuve una fase francesa, con Camus. Una rusa con Dostoyevski, Tolsoi o Chejov. Incluso fase japonesa, con Kenzaburo Oe. Aunque creo que las literaturas que más he frecuentado han sido la norteamericana: Mark Twain, Hemingway, Scott Fitzgerald, Carver, Tobias Wolff, Richard Ford…, y la hispanoamericana: Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Rulfo, y, en los últimos años, Juan José Saer, Rodrigo Rey Rosa, Juan Villoro y, sobre todo, Roberto Bolaño.


-¿Prefieres la novela o la poesía?
-Como lector me decanto más por la prosa, y cuando leo poesía la que más me suele gustar es la más narrativa. Como escritor a veces siento la necesidad de expresar algo más íntimo y entonces me sirvo de la poesía, y a veces prefiero que una historia me envuelva y me decanto por la novela y los relatos. Hace poco cumplí un ciclo completo: novela, libro de relatos, poemario, novela (ahora)… lo que tampoco quiere decir que siga por un libro de relatos: el futuro dirá.

1 comentario:

  1. Muchas gracias por publicar la entrevista en vuestro blog. Un saludo.

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