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viernes, 30 de octubre de 2015

Sobre OSCURA LUCIDEZ, de Mario Pérez Antolín en el semanario La nueve musas

Portada Oscura lucidezUNA LECTURA SOBRE OSCURA LUCIDEZ, DE MARIO PÉREZ ANTOLÍN
Comienzo con un requiebro sobre el conocido verso del poema “Sagrada familia”, de Gertrude Stein. Si la Stein escribió “Rosa es una rosa es una rosa es una rosa”, para pensar sobre este libro, Oscura lucidez, de Mario Pérez Antolín podría simplemente decirse que aforismo es un aforismo es un aforismo es un aforismo.
 Ahora bien, un libro de aforismos que alcanza más de 150 páginas pareciera contradecir la intención de su autor. Me refiero a la consideración del aforismo como el reino del pensamiento que quiere ser creído y creado como aquello breve, fulgurante, preciso y justo.
 Es cierto, El libro de Mario se ordena en 6 amplios capítulos: La engañosa armonía del esteta, Fulguraciones, Lances importunos, El predominio de la sintaxis, La tensión del trémolo, Cuando la verdad llega tarde y no remedia el daño, además del capítulo final titulado Epílogo. Obviamente, entre tanto texto podemos encontrar líneas que resulten reconocibles y cercanas a nuestra particular forma de pensar, sea ésta la que sea. También, como no podría ser de otra manera, hallaremos sentencias e ideas que nos escuezan. Prologando el libro, Joan Subirats escribe: “El lector irá encontrando súbitos cambios de estilo, de formato, y también de contenido. Por tanto, habrá rincones en los que uno podrá encontrar abrigo y cruces en los que soplarán todo tipo de vientos”.

 Una lectura rápida de Oscura lucidez podría, de hecho, resultar demasiado perturbadora por la acumulación de perspectivas y opiniones en apariencia contradictorias.

Ese es el riesgo asumido a conciencia por Mario Pérez Antolín. Me refiero a la posibilidad de que la lectura de un aforismo, por su consustancial “repentismo”, impida que alcancemos la necesaria profundidad en nuestra inmersión en su seno semántico. Que leamos y pasemos de un aforismo a otro aforismo y al siguiente como quien se asoma a un escaparate de mercadería, echa un vistazo y continúa su paseo sin mirar atrás.
 Sin embargo, es precisamente en uno estos aforismos desde donde quizás su autor nos invite secretamente a “avizorar” el sentido último de su libro. En la página 50 puede encontrarse el siguiente texto:
 Lo memorable es el transcurso; eso que da igual de dónde venga o a dónde vaya, siempre que su oscilación me inquiete continuamente en una realidad duradera y extensa.
 Ese proceso, esa sucesión, el transcurso al que se refiere Mario responde, en mi opinión, a una constante, a una señal para sus lectores, indicio como los que usa la marinería para servirse de localización en la costa, de orden en su deriva para el regreso a puerto en la pesca cercana. Me refiero a su consideración de lo moral, del pensamiento y del ser moral.
 En Psicología, se dispone de un interesante modelo teórico para entender cómo se conforma el pensamiento moral. Me refiero a los trabajos orientados por Lawrence Kohlberg desde la década de los sesenta del siglo XX. En la perspectiva de la adquisición de la moralidad planteada por Kohlberg, el desarrollo del juicio moral –o crecimiento moral– se produce por la transición a través de seis etapas. La primera de esas fases implica que nuestros juicios y acciones responden a un criterio moral basándonos en el propio interés. Nuestra respuesta moral es utilitarista y egocéntrica; lo importante es seguir las reglas de acuerdo con el propio interés y necesidades, dejando a otros hacer lo mismo, en la medida que existe la obediencia y, por tanto, la expectativa de castigo recibido. En la última fase, denominada como postconvencional, la moral se fundamentaría en principios éticos universales elegidos intencionalmente. En esta etapa se reconoce la existencia de principios morales universales de los que se derivan los compromisos sociales, asumiéndose que las personas son fines en sí mismas y así deben ser reconocidas. Es decir, el valor inestimable de cada ser humano. Entremedio de la primera y la sexta fase se situarían otros escalones, aquellos que tienen que ver con la vida en sociedad y desde los que nuestros juicios y decisiones morales son elaborados teniendo en cuenta que esperamos que las otras personas valoren y actúen acorde al deber y a las leyes, porque que creemos que la norma garantiza la supervivencia y, por tanto, nos conformaríamos todos a dicho marco imparcial. Es el contrato social.
 La idea que sostiene Kolhberg es simple: la capacidad de las personas para desarrollar y mantener juicios morales y su valoración de lo que es justo hacer en una circunstancia determinada se fundamentaría en el cambio, en la evolución.
 Con todo, hay un aspecto crítico en esta teoría psicológica. De acuerdo con ella, el desarrollo de la moral postconvencional, recuerden, aquella que se basa en universales éticos, no permite la marcha atrás. Esto es, una vez alcanzado dicho nivel, la persona no sería capaz de invertir el proceso moral de su forma de pensar, de entender el mundo y a ella misma. La realidad histórica, por desgracia, presenta múltiples evidencias de lo contrario. ¿Cómo explicar la reversión moral, el cambio de valor respecto a creemos está bien o está mal y lo que seguramente todos estamos de acuerdo en considerar nuestra esencia, nuestra singularidad como persona, nuestra bondad?
 El objeto del pensamiento basado en la justicia es dar respuesta a los dilemas sociales.
 Otro psicólogo, Geörd Lind, ya comenzando este siglo XXI aporta evidencia empírica sobre la importancia que tiene la afectividad –nuestras emociones y sentimientos- en el desarrollo de los juicios morales y el ajuste de nuestro comportamiento a los mismos. De acuerdo con sus resultados de investigación, las decisiones morales están tramadas indefectiblemente con las hebras emocionales. El juicio moral resultaría de nuestra competencia afectiva. Hay así, de acuerdo con Lind, cualidades morales que se adquieren y que, también se olvidan. Los juicios morales y nuestra conducta no responde a una evolución –siempre ascendente- sino que igualmente puede producirse el movimiento de regresión.
 En el mismo poema que cité, Gertrude Stein dispone otro verso de nuevo de interés en relación con el libro de Mario. Dice de nuevo Stein: “La razón se frunce”.Buena parte de los textos de Mario lo que hacen es testimoniar y presentar sarcástica y críticamente ese movimiento de reversión del pensamiento moral. Acaso entienda que tal es el signo de los tiempos que, por desgracia, nos ha tocado vivir.
 Escribe Mario Pérez:
 Mitrovica tiene dos escuelas de rock: la del norte es para serbios, y la del sur es para albanokosovares. Cada una defiende, hasta la muerte, sus valores étnicos respectivos; ahora, eso sí, el nacionalismo intransigente no impide que en ambas, sin necesidad de acuerdo, se cante en inglés.
 Cuidado, tampoco ha de entenderse Oscura lucidez como un catecismo más o menos laico pero siempre admonitorio. Es, de hecho, todo lo contrario. Situar la lectura desde esa perspectiva contradeciría ese su motor principal que hemos denominado como el transcurso, la fluidez. Mario se vacuna, incluso, ante lo que puede denominarse como la fiebre del aforismo. Aunque el género aforístico muchas veces tiende a ser identificado como un territorio de hibridación literaria, Mario ha querido dinamitar una cómoda lectura normativa y unidireccional de su propio libro, introduciendo entre los aforismos y sin solución de continuidad textos que bien pueden ser identificados sin dificultad como microcuentos o, por supuesto, simplemente poemas. Vean si no el texto que sigue:
 Un carterista fue entrevistado por un periódico local. Reproduzco a continuación un extracto: —¿Cuándo te llevaste la mayor sorpresa? —En una ocasión, la billetera solamente contenía un papel con esta frase: «Espero que la próxima vez tengas más suerte». —¿Qué les dirías a los que sufren tus hurtos? —Me quedo con vuestras carteras y, a cambio, os perdono la vida. —¿Por qué elegiste este oficio? —Es el más cabal dentro del hampa, ni siquiera tocas a tus víctimas. —¿Hay un código deontológico? —Aunque le parezca mentira, yo no cojo las pertenencias que la gente se deja olvidadas sobre las mesas de los cafés. —¿Qué te da miedo? —Encontrar mi foto en una de esas carteras. Mi madre me abandonó cuando tenía cinco años. —¿Recuerdas tu primera vez?—Sí, con el dinero que conseguí pude comprar una cartera de piel que aún no me han quitado.
 Si a algo es fiel la escritura de Mario Pérez es a si misma. Recientemente Daniel Bellón realizó en su blog Islas en la redla siguiente entrada: “La poesía es muy escasa, los poemas muy abundantes. Tratar de encontrar poesía sólo a golpe de leer poemas me recuerda el esfuerzo del matrimonio Curie, extrayendo elementos radioactivos de toneladas de pechblenda, eso sí, con bastante menor daño para la salud: tal vez el riesgo de cierto abotargamiento del gusto o de incremento de la miopía. ¿Cómo detectamos la presencia de ese escaso elemento, de esa partícula prodigiosa que es la poesía? Pues como el uranio o el polonio que descubrió Marie Curie, la poesía también irradia, y en grandes ocasiones nos produce mutaciones, nos cambia, y casi siempre para bien. Atentos a su radiación, pues.” Mario Pérez no duda en aceptar que la poesía siempre será el origen de su escritura. Entre las pequeñas joyas que irradian poesía desde las páginas de Oscura lucidez hay una que me ha impactado:
 Al pasar la palma de mi mano
por la palma de tu mano,
se produce una fricción
que es capaz de pulimentar
las asperezas del tedio.
Ese contacto superfluo y sutil
enardece la capilaridad del deseo
hasta que el deslizamiento
queda convertido
en un tenue hormigueo
que acabará extinguiéndose
sin remedio.
Lo sutil, lo frágil de la vida y de la palabra, de la voz que sostiene a ambas; el gesto liviano y quebradizo que deja huella esencial, que paradójicamente nos brinda consciencia de lo que se es: apenas tiempo.
 En fin, no se agotan, ni mucho menos, las opciones de lectura de Oscura lucidez con lo que yo haya podido extraer de su fuente. Por suerte, Mario viene a mi rescate con otro de sus aforismos:
 Esta forma de decir, siquiera tan respetuosa como dubitativa, requiere una forma de callar incontestable.
Ernesto Suárez

Editorial Baile del Sol, 2015

lunes, 10 de agosto de 2015

Reseña "Oscura lucidez" de Mario Pérez Antolín en Todo literatura

Oscura lucidez
Oscura lucidez
Por Felipe Velasco

Ediciones Baile del Sol ha publicado el nuevo libro de Mario Pérez Antolín, que lleva el título de "Oscura lucidez". Se trata de una nueva entrega de aforismos en la que continúa su indagación sobre los aspectos más secretos y clandestinos del ser humano; y lo hace, llevando al límite el género, pues muchas veces los pensamientos, los relatos o las prosas poéticas contienen tal cantidad de emociones que desbordan ampliamente los márgenes del simple fogonazo del ingenio.

En Oscura lucidez, el lector irá encontrando súbitos cambios de estilo, de formato, y también de contenido. Así, Mario Pérez Antolín incluye en esta obra diálogos, prosa poética y versos de los más diversos temas, desde lo más cotidiano hasta las más profundas reflexiones filosóficas que puedan imaginar, variando su estilo desde el registro más culto y complejo hasta pasajes más coloquiales pero que también consiguen reflejar a la perfección la sabiduría ancestral (y también la más reciente), como es la intención de Mario Pérez Antolín en este libro.

Por tanto, habrá rincones en los que uno podrá encontrar abrigo y cruces en los que soplarán todo tipo de vientos. Pero lo indudable es que en cada página cada cual encontrará expresiones (la gran mayoría de ellas profundas y estilizadas) que le interpelarán, y le obligarán a replantear respuestas y a reformular preguntas. Así, esta obra incita a la reflexión de principio a fin y permite que extraigamos muchas enseñanzas de ella y nos hace pensar incluso en nuestras propias convicciones.

El que se decida a leer este auténtico compendio de afectos primordiales y de conocimientos transgresores se adentrará en un territorio insólito, donde nada es lo que parece y donde el pensamiento se lleva al límite. A través de sus reflexiones, el autor consigue el cuestionamiento de todas esas cosas que nos parecían inmutables, ya que son pocos los rincones de la naturaleza física y espiritual que escapan a la capacidad analítica e introspectiva de Mario Pérez Antolín, desde asuntos banales hasta otros más existenciales.

Para finalizar, me gustaría comentar que el autor define este libro en una autocrítica que se incluye enOscura lucidez como “un libro fragmentario, misceláneo, melancólico y paradójico, que carece de una tesis y que no aporta conclusiones” (aunque ayuda a que las averigüemos por nosotros mismos). Dice también que no está pensado para agradar a críticos ni lectores, aunque a mí me ha agradado tanto en la faceta de lector como de crítico.

En definitiva, Oscura lucidez muestra una gran belleza estilística y una ironía acerada. Dos rasgos que, junto a la enorme imaginación creativa, hacen de Mario Pérez Antolín una voz inimitable en el panorama actual de la literatura y la filosofía española.

viernes, 17 de julio de 2015

La claridad de la confusión

Javier Dámaso.- La obra de Mario Pérez Antolín, poeta inicialmente y aforista desde hace años en este ya su tercer libro de pequeñas prosas entre filosóficas y literarias, discurre siempre alrededor del pensamiento y el domino de la palabra, de la sorpresa temática y la sonoridad verbal. Esta nueva entrega aforística, después de Profanación del poder (Los Libros del Lince, Barcelona, 2011) y La más cruel de las certezas (Baile del Sol, Tegueste, 2013) vuelve a la pluralidad temática y a mostrarnos ráfagas de inteligencia que permiten componer una visión del mundo en sus disparatadas incoherencias.

Probablemente si de algo está profusamente poblada esta obra variada y múltiple es de aparentes contradicciones, de descubrimientos de contrastes que expresan bien la complejidad del momento presente, el permanente intento de ordenación del caos en que nos movemos: carteristas que aspiran a que no les roben la cartera, lugares de paso convertidos en residencias definitivas, responsables imposibles de responsabilizar, una Bolsa sensible que en realidad padece de nerviosismo sistémico, el ejercicio de una compasión en la distancia, la injusticia de la generosidad, elementos deformables e indeformables… La contradicción y la paradoja es la materia prima con que se ha construido esta Oscura lucidez que va destilando, como una letanía, cada uno de sus términos con una cadencia implacable. Un aforismo llama al siguiente y este al siguiente y así sin detención hasta el final. Frente a la poesía, que llama a pararse en cada poema como un instante detenido, la aforística llama a seguir para encontrar de nuevo una insólita sorpresa. Y Mario Pérez Antolín no decepciona, página a página envuelve en sus agudas reflexiones, en sus descargas de pensamiento, como un prestidigitador de las ideas, un domador de juicios y ponderaciones.

Con todo, el poeta acecha y de vez en cuando, tras pasar una hoja, salta un breve poema. Como un asaltante parecería, extraño pero coherente en la constante paradójica, un intruso que no molesta y da un tono distinto y nuevo al texto que exige seguir y avanzar. ¿Hacia dónde? Pues con toda seguridad hacia la inteligencia artificial. No como premonición, sino como constatación del enunciado final del último aforismo: "En la fase actual, no somos capaces de hacer nada sin las máquinas: dependencia colaborativa. En la siguiente, ellas lo harán todo sin nosotros: autonomía del automatismo. En la última, quién dice que no tomen el control: primacía de la inteligencia artificial". 

Aclarar la confusión exige ordenar el mundo, poner cada cosa en su sitio por disparatado que parezca, así es este libro de Mario Pérez Antolín.

Mario Pérez Antolín, Oscura lucidez. Baile del Sol, Tegueste, 2015. 168 páginas. 


http://www.microfilias.org/2015/07/la-claridad-de-la-confusion.html

miércoles, 8 de julio de 2015

MARIO PÉREZ ANTOLÍN, EL HOMBRE QUE NOS MIRA, por Ester Bueno Palacios

Portada Oscura lucidezEntrar a formar parte de la vida de Mario Pérez Antolín, a través de su universo literario, es sumergirse de lleno en una suerte de vaivén incombustible, ajeno a cualquier tipo de influencia que no sea más que la de integrarnos en una forma de mirar e interpretar la existencia, a veces de una manera puramente conceptual, otras desde lo más íntimo y esencial de “ser”, la dicotomía perfecta entre la razón y una sinrazón, sin embargo, profundamente meditada.
Cáustico y recio, descarnado, coherente y fatalista en ocasiones, Mario desgrana en sus aforismos las más bajas pasiones, las más altas virtudes, haciendo un dibujo perfecto de lo que somos y de lo que creemos ser, esta lucha en que nos debatimos sin remedio: “Nos pasamos media vida, cuando toca ufanarse, desdeñando y otra media, cuando toca resignarse, recuperando lo desdeñado”.
Y es en este encuentro con la vida donde el mapa que dibuja nos traslada de la calma y la circunspección: “Poco importan las alteraciones, siempre se nos brinda la opción de ser de otra manera. Lo auténticamente valioso está dentro del rasgo peculiar que la identidad proporciona a un <algo>”, a la frialdad y la impavidez sobre el destino del hombre, la muerte y las batallas no libradas porque serán las últimas: “De haber sabido que la vida era esto, no digo yo que fuera a no nacer, pero sería un nacimiento para una prematura muerte”.
Pero este hombre que nos mira, que mira al mundo desde la atalaya del conocimiento, desde una apaciguamiento antiguo y sosegado, este hombre que se esconde tras la ecuanimidad y la contención de un flemático decimonónico, se desborda en oleadas cuando escribe sobre el amor, el carnal y el del espíritu. La mesura aquí adquiere una dimensión menos relevante y la moderación da paso a la serena suavidad: “Permanece a mi lado/ sin que mis manos te toquen./ Acércate y evita/ que mis labios te besen./ No permitas que yo/ consiga abrazarte./ Mantenme a distancia;/ ni tan cerca/ como para que sientas mi calor,/ ni tan lejos/ como para que dejes de verme./ Pese a tus precauciones,/ nunca conseguirás impedir/ que mi sombra/ ocupe tu sombra/ enteramente enamorada.”
La obra aforística de Mario Pérez Antolín es, en resumen, un canto a la libertad, a esa libertad encontrada de manera fortuita y a la adquirida por asalto. Nos invita a ponernos ante nosotros mismos para que probemos a tomar la verdadera medida de las cosas, sin los absurdos dramas a que nos sometemos en una suerte de flagelación incoherente. El autor entabla así, con facilidad, un diálogo preciso con sus lectores, porque no hay ni una línea de sus textos en la que no veamos reflejados aspectos de nuestros propios anhelos e inseguridades.
Darse un baño de realidad en las pocas palabras que contiene un pequeño y meditado texto, viajar por las debilidades, trepar por las inquietudes, rebasar el miedo a los infiernos, ver en el amor un aliado o un maldito, hacer las maletas para viajes sin rumbo, pulular en lugares de miseria, entrar en los templos del averno, pensar, soñar… ésta es la invitación para los que se sumerjan en la obra de un escritor que contempla la vida con emoción y con distancia.

http://www.subverso.es/?p=3448

viernes, 19 de junio de 2015

Mario Pérez Antolín lleva al límite el género del aforismo en su última obra


Ávila, 7 jun (EFE).- El escritor abulense nacido en Alemania Mario Pérez Antolín lleva al límite el género del aforismo en su último libro, 'Oscura lucidez', para cuyo prólogo ha contado con el catedrático de Ciencia Política Joan Subirats.

Según el propio Subirats afirma en el prólogo del libro, publicado por la editorial Baile del Sol, 'Oscura lucidez' es la "más profunda y estilizada" entrega de aforismos realizada por Pérez Antolín, quien "continúa su indagación sobre los aspectos más secretos y clandestinos del ser humano".

"Muchas veces, los pensamientos, los relatos o las prosas poéticas forman universos abiertos que contienen tal cantidad de emociones y saberes que desbordan ampliamente los márgenes del simple fogonazo de ingenio", ha indicado Joan Subirats.

Un territorio "insólito", en el que "nada es lo que parece y donde el pensamiento se lleva al límite" es como Joan Subirats define el último libro de Mario Pérez Antolín, quien siempre parte, "siguiendo la estela del humanismo renacentista, de su propia experiencia para desentrañar, después, las claves de una sociedad conflictiva y en permanente transformación".

Según el prólogo, además, en la escritura de Mario Pérez Antolín destaca la "belleza estilística" y la "ironía acerada", dos rasgos que, junto a la "enorme imaginación creativa", conforman una voz "inimitable" en el panorama actual de la literatura y la filosofía española.

El autor fue incluido entre los once 'Aforistas españoles vivos' publicado recientemente por Libros al Albur, con textos aforísticos de algunos de los autores más destacados del género en España, como, además de Pérez Antolín, Ramón Eder, Fernando Megias, Jesús María Corman, Miguel Catalán, José Luis Morante, Gemma Pellicer, Manuel Neila, Miguel Ángel Arcas, León Molina y Félix Trull.


http://www.lavanguardia.com/cultura/20150607/54432677550/mario-perez-antolin-lleva-al-limite-el-genero-del-aforismo-en-su-ultima-obra.html

domingo, 14 de junio de 2015

Mario Pérez Antolín publica su nuevo libro de aforismos "Oscura lucidez"

Mario Pérez Antolín publica su nuevo libro de aforismos

La editorial Baile del Sol ha publicado el nuevo libro de Mario Pérez Antolín titulado "Oscura lucidez". Se presenta el sábado 6 de junio a las 19,30 hora en la librería Vergüenza Ajena de Madrid, situada en la C/ Galileo, 56 y estará firmando ejemplares el martes 9 de junio a las 19 horas en la caseta 46 (Punto y Coma) de la Feria del Libro de Madrid. Parque del Retiro.

En esta nueva entrega de aforismos, la más profunda y estilizada, Mario Pérez Antolín continúa su indagación sobre los aspectos más secretos y clandestinos del ser humano; y lo hace, llevando al límite el género, pues muchas veces los pensamientos, los relatos o las prosas poéticas forman universos abiertos que contienen tal cantidad de emociones y saberes que desbordan ampliamente los márgenes del simple fogonazo del ingenio.

El que se decida a leer este auténtico compendio de afectos primordiales y de conocimientos transgresores se adentrará en un territorio insólito, donde nada es lo que parece y donde el pensamiento se lleva al límite. A través de sus reflexiones, el autor consigue el cuestionamiento de todas esas cosas que nos parecían inmutables.

Pocos rincones de la naturaleza física y espiritual escapan a la capacidad analítica e introspectiva de Mario Pérez Antolín, da igual que se trate de meros detalles del acontecer más inmediato o de los más intrincados conceptos que vertebran la existencia. Eso sí, siempre parte, siguiendo la estela del humanismo renacentista, de su propia experiencia para desentrañar, después, las claves de una sociedad conflictiva y en permanente transformación.

Este libro enseña cómo, mediante la racionalidad arquitectónica, hemos ido superponiendo, a partir de un concienzudo plan de obras, diversos supuestos que, debidamente ensamblados, formaron una estructura coherente, según la dialéctica, pero endeble según la epistemología. Propone, por el contrario, una indagación arqueológica, que arrase todas las coerciones y exhume, de forma metódica, cada uno de los mitos históricos que se hicieron pasar por hechos ciertos narrables y memorables. Hacía falta que alguien ideara una singularidad heurística. Una discontinuidad de salto infinito con la cual aparezcan los surgimientos divergentes de la reminiscencia conforme.

Destaca, por último, en la escritura de Mario Pérez Antolín la belleza estilística y la ironía acerada. Dos rasgos que, junto a la enorme imaginación creativa, conforman una voz inimitable en el panorama actual de la literatura y la filosofía española.