miércoles, 16 de marzo de 2016

RESEÑA (by MB) de LOS BOSQUES DE MAINE de Henry David Thoreau en Las Inquilinas de Netherfield




Título original: The Maine woods
Autora: Henry David Thoreau
Editorial: Baile del Sol (colección DANDO PATA)

Páginas: 276
Traducción: Héctor Silva
Fecha publicación original: 1864
Fecha esta edición: 2014 (2ª edición)
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 22 euros
Diseño cubiertaRamón Buzón



Los bosques de Maine es uno de los relatos más tempranos y detallados del proceso de cambio en el Hinterland americano. Thoreau hace gala de una inmensa destreza al escribir sobre la naturaleza a través de su capacidad de observación y su compromiso de vivir conforme a ella.


"Uno no esperaba encontrar árboles tan "acicalados" en el bosque virgen, pero es evidente que allí estos incluso se preocupan por su aspecto cada mañana. Fue a través de tal jardín que entramos en aquella región salvaje"
Con este párrafo entramos en la exuberante floresta que Thoreau nos describe en su diario. Reseñar este libro es muy complicado, pues todas sus palabras, reflexiones, observaciones y análisis son singulares, llenos de originalidad y de agudeza, reveladores, ingeniosos, detallistas, brillantes... imposibles de sintetizar y abarcar en unas líneas. 

El gran Thoreau, mediante uno de sus diarios, nos hace partícipes de las tres excursiones que realizó entre los años 1846 y 1857 por los bosques de Maine, explorando la región nororiental estadounidense; en ellos describe sus montañas, lagos, ríos, fauna, flora, nativos, pobladores, cazadores, madereros... todo lo que sus observadores y agudos ojos alcanzaban a ver, todo está plasmado en las páginas de este diario (cabe recordar que el 80% del territorio de Maine está cubierto de bosque).
Leer a Thoreau es como una corriente de aire fresco: íntegro, comprometido e independiente, posee una enorme destreza al escribir sobre la naturaleza; todas sus reflexiones son y están llenas de sabiduría y luz, ofreciéndonos una lección de vida... Nos hacen entender el compromiso que debe tener el ser humano con la naturaleza que lo sustenta y lo necesaria que es la vida silvestre. Con ello llama la atención sobre algo que por desgracia no ha cambiado 150 años después: para los humanos, la naturaleza es una despensa inagotable; los humanos, por ser humanos, nos creemos con el privilegio de entrar y saquear, sin mirar hacia ningún lado, ni reparar en que lo que allí habita está vivo. En estos seres Thoreau descubre su alma; siente y llora por ellos: 
"Un pino talado, un pino muerto, no es más un pino, en el sentido en que el cadáver de un ser humano no es más un hombre"

La agudeza y observación del autor (hay que recordar que estamos hablando de mediados del siglo XIX) nos describe unos bosques primitivos, inexplorados, donde la naturaleza es salvaje y los bosques son frondosos... pero que allá por donde avanza el ser humano, este se dedica a desforestar, arrasar y cazar indiscriminadamente, solo porque quiere y puede hacerlo. Lo cierto es queThoreau nos anticipa lo que de alguna manera actualmente entendemos porecologismo:
"Quizá el alce se extinga algún día; ¡pero qué natural resultará entonces, cuando solo exista como reliquia fósil, e invisible como tal, que el poeta o el escultor inventen un animal fabuloso, con una cornamenta similar, ramificada y frondosa...!"

Censura lo que para algunos es pura adrenalina; uno de esos ejemplos lo tenemoscuando Thoureau estudia e inspecciona un alce muerto (abatido a tiros). Estas son sus conclusiones:
"Pero lo de cazar al alce meramente por la satisfacción de matarlo -ni siquiera por el cuero-, sin realizar ningún esfuerzo especial ni correr riesgo alguno, se parece demasiado a entrar por la noche al potrero de un vecino y ponerse a disparar contra sus caballos"

Tal y como comentaba anteriormente, eLos bosques de Maine se nos relatan concienzudamente las tres excursiones que nuestro "andariego" realizó  por el territorio del Penobscot.

La primera excursión, fechada el 31 de agosto de 1846, fue la subida al Ktaadn, que realizó acompañado de su primos, McCauslin, Fowler... y somos partícipes de ella de principio a fin; gracias a sus "ojos de topógrafo", como él mismo los describe, le acompañamos desde el inicio del viaje y los preparativos hasta el final del mismo. Navegaremos por aguas rápidas e intempestivas, escalaremos, comeremos... Gracias a su descripción detallada y minuciosa descubriremos los olores, sonidos y sabores de toda su experiencia.

La segunda excursión es la realizada por el lago Chesuncook, iniciada el 13 de septiembre de 1853; en ella conoceremos a su guía, Joe Aitteon, indio penobscot ehijo del gobernador tribal Neptuno. Con su diestra escritura, Thoreau nos va narrando la flora y fauna que va divisando, y como su curiosidad es infinita, a través de su guía conoceremos las costumbres de su pueblo, su lengua Abanaki...

La tercera y última excursión nos traslada a los lagos Allegash; está fechada el 20 de julio de 1857. Nuestro guía será Joe Polis (otro indio penobscot), y en ella ampliamos todos nuestros conocimientos sobre la floresta con las criaturas y plantas que la componen, así como los usos y costumbres de los indios penobscot (nativos de los bosques de Maine y por ello tan presentes a lo largo de todo el diario).

En definitiva, a lo largo de las tres excursiones descubriremos las ricas y frágiles fauna y flora de la floresta de Maine, donde nuestro autor no regala unas maravillosas descripciones y visiones impregnadas de una gran sensibilidad, gracias a los conocimientos y el buen juicio de los que da buena muestra este naturalista norteamericano.

Leer este diario ha sido una inyección de oxígeno. Thoreau era seguidor del movimiento filosófico, político y literario trascendentalista. Otros famososrepresentantes del movimiento fueron Ralph Waldo Emerson y Amos Bronson Alcott (padre de Louisa May Alcott, autora de Mujercitas). En él se proponía lo siguiente:
"una vía intuitiva basada en la capacidad de la conciencia individual, sin necesidad de milagros, jerarquías religiosas ni mediaciones"

En aquella época, todos estos amigos compartían sus diarios, continentes de sus vivencias y experiencias, inspiradas en la naturaleza con la que comulgaban. Gracias a esta edición, nosotros tenemos también el privilegio de poder disfrutarlas y descubrirlas, revelándonos algo que quizás debería resultar evidente: el ecologismo no es algo actual. Este autor se adelantó a estemovimiento hace ciento sesenta años.


Para concluir, debo destacar la edición tan bonita de Baile al Sol, perteneciente a la colección DANDO PATA. Me ha encantado el diseño de la cubiertacomo con la huella de un árbol forma otro árbol, así como la sencillez y elegancia del diseño de esta colección

Henry David Thoreau (Massachusetts, 1817-1862) fue agrimensor, naturalista, conferenciante y fabricante de lápices, además de ensayista y uno de los padres fundadores de la literatura estadounidense. Disidente nato, tan completamente convencido de la bondad de la naturaleza como para proclamar un «pensamiento salvaje», se le considera también un pionero de la ecología y de la ética ambientalista. Sin embargo, su auténtico empleo fue, según se ocupó de recordar, «inspector de ventiscas y diluvios».

Thoreau quiso experimentar la vida en la naturaleza, por lo que el 4 de julio de 1845, Día de la Independencia, se fue a vivir durante dos años a los bosques cercanos a Walden Pond. Abandonó la cabaña que él mismo construyó en septiembre de 1847 para volver a vivir con su familia. Su obra Walden, que relata su vida en los bosques, fue publicada en 1854. Años antes, en 1846, Thoreau se negó a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra contra México y a la esclavitud en Estados Unidos, por lo que fue encarcelado. De este hecho nace su ensayo La desobediencia civil, pionero en sus propuestas relativas a la insurrección frente al Estado y la no violencia.
Miss Bingley

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