
Published on July 21st, 2014 | by Mariano Cruz
0
Inma Luna es una mujer de clase humilde, obrera, que siempre se ha mostrado muy orgullosa de pertenecer a dicha clase social, y que en numerosas ocasiones, ha prestado su voz a los ofendidos, pero fue una niña morena con no demasiados juguetes, una niña humilde sin flores: Tenía menos juguetes / y muchas más horquillas en el pelo,/ ni una sola flor, / ni una. Por eso, sus manos, intentan por un momento que la realidad sea otra, y que las dos niñas, la de origen acomodado y la humilde, sean, aún tan sólo por unos instantes, iguales, y compartan el mismo mundo, por eso rompe los juguetes de la niña de posibles: mis dedos torpes rompieron la mía/ mis dedos ladinos rompieron la suya/ intentando que fuésemos iguales/ en algo. Una Inma Luna que seguía el mismo destino que muchas de sus compañeras, todas esas niñas con una infancia hurtada, dedicada al rezo y a bruñir zapatos, esperando una recompensa que nunca llegaba: Vivimos engañadas, /las cabecitas elevadas al cielo, / nuestros zapatos relucientes. / Creíamos que así/ obtendríamos la justa recompensa, afirma en “A las puertas”. Y por supuesto, nada de pensar, sólo rezar y obedecer: no pierdas el tiempo / una vez más/ pensando. Las religiosas eran las custodias de estas niñas, las encargadas de llevarlas por el camino del rezo, la decencia y la moralidad y sobre todo alejarlas del más alto pecado, que era el pecado de la carne; sin embargo estas siervas de Dios eran objeto de la curiosidad infantil, que fantaseaba sobre ellas y sobre sus aposentos: Imaginé pecados suculentos/ en vez de adivinar extraordinarias soledades, o bien como afirma en “Dudas”, Me preguntaba si tendrían pelo debajo de las tocas, /si habría algún latido, algo vivo y real, debajo de sus hábitos.
Una educación religiosa, gris y asfixiante, que ahogaba los cuerpos con uniformes desmañados, donde se silenciaba todo lo que tuviera cualquier relación con algo tan natural como es la sexualidad; es entonces una lógica consecuencia que acabe en un matrimonio fracasado y en un embarazo no deseado: Mi matrimonio fue un fracaso / que se gestó en la infancia, escribe Inma Luna en “Prohibido jugar”. Una poeta, que si bien nos ha hablado con toda franqueza de su infancia, nos habla con total honestidad de su juventud, de su temprano embarazo y su matrimonio, con una claridad que nos recuerda a las poetas confesionales norteamericanas, no en vano, cita unos versos de Anne Sexton al comienzo del poemario. La sexualidad le fue hurtada a Inma Luna, como a tantas otras mujeres de su generación, siempre presentada bajo el prisma del pecado y la fatalidad, con honestidad descarnada nos lo expresa en el poema “El tema”: Quisieron hablarme de sexo / al enterarse de mi embarazo / y ni siquiera entonces/ supieron cómo hacerlo/ así que me obligaron a casarme/ para evitar el tema. El embarazo es el resultado de una educación que va en contra de los dictados de la naturaleza y de una absoluta ignorancia en materia de sexualidad. El embarazo también es el territorio del miedo, de lo desconocido, de una nueva vida que no se sabe bien si se desea de veras: La cama y el espejo eran el enemigo, / y las ojeras negras/ y todos los vaqueros que ya no me abrochaban. Y como consecuencia de aquel embarazo, vino el matrimonio, con prisas, para ocultar la vergüenza del pecado, el volumen que el cuerpo adquiría con una nueva vida: Mi madre me compró un hermoso manojo de rosas / y se ocupó de que en las fotos /las flores ocultasen la determinación de mi barriga. Una Inma Luna que a pesar de todo, de una infancia hurtada por las monjas, y de un matrimonio, probablemente donde ella fue una mera figurante, sintió el ansía del conocimiento y el afán de superación: Las seis de la mañana,/ el niño duerme,/ la facultad espera,afirma en “Una gota de leche”.
Divina, es un poemario donde se nos presenta una voz poética ya absolutamente madura, segura de sí misma, una de las voces más importantes dentro del actual panorama poético español, y logra construir en él un espejo en el cual tantas mujeres de nuestro país, que han pasado por una educación religiosa y opresiva se pueden reconocer a través de sus palabras, y donde construye la experiencia del embarazo juvenil y el posterior matrimonio, una etapa vital por la que muchas mujeres también han transitado y que sin duda alguna se reconocerán en ella, en este poemario, uno de los más hondos y honestos de Inma Luna.
Luna, Inma, Divina. Tenerife. Ediciones Baile del Sol, 2014, 69 pags.
No hay comentarios:
Publicar un comentario