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viernes, 22 de febrero de 2019

Reseña de Arquitectura secreta de las ruinas, de Miguel A. Zapata en infoLibre

Las grietas

  • En Arquitectura secreta de las ruizas, Zapata muestra la rotura física de un edificio y esa otra emocional y vital que empieza a descubrirse en sus habitantes
  • El autor superpone las distintas tramas que protagonizan los personajes, que irá entrelazando en una orquestada estructura por plantas

Publicada el 08/02/2019 a las 06:00Actualizada el 08/02/2019 a las 11:12


Miguel A. Zapata (Granada, 1974) sostiene que la literatura no propone fórmulas mágicas contra cualquier provocación, caso de un desahucio o un despido improcedente, ni en contra de todo lo relativo a los hechos que son fundamento o cimientos de nuestra sociedad y/o las consideraciones en torno a la crisis actual desde un punto de vista moral; tal vez porque para el narrador Zapata el hombre se ha convertido en un producto artificial que se pierde en algún punto inconcreto entre sus deseos y las limitaciones que le impone su realidad social, económica y cultural.


Es así como el concepto literario del narrador granadino se sostiene, porque insiste en escribir una crónica pormenorizada de los males y obsesiones contemporáneas en clave grotesca: el deseo insatisfecho y la necesidad de proyectarse en un logro colectivo que supere la pequeñez de nuestras existencias, e incluye la búsqueda incesante de un grial que justifique nuestros días. En realidad, somos productos de una realidad cultural persistente y, en muchos casos, azarosa, y, quizá por eso, Zapata pretende desarticular los modos infamantes de lo real mediante ese aire humorístico, grotesco, o incluso surrealista que raya en lo esperpéntico de sus textos, y nunca los utiliza como un recurso que implica una finalidad en sí misma sino como un medio para trazar un fresco del hombre del siglo XXI.

Su literatura hasta el momento ha producido una calculada obra de volúmenes de cuentos Ternuras interrumpidas. Fabulario casi naif (2003) y Esquina inferior del cuadro (2012) y los libros de microrrelatos Baúl de prodigios (2007) y Revelaciones y Magias (2009). Ha sido incluido en algunas de las más relevantes antologías y compilaciones del género: Cuento español actual 1992-2012 (Cátedra, 2014), Antología del microrrelato español 1906-2011 (Cátedra, 2012), Mar de pirañas. Los nuevos nombres del microrrelato español (Menoscuarto, 2012). Su novela anterior, Las manos (Candaya, 2014), se convertía en una crónica pormenorizada de los males y obsesiones contemporáneos en clave grotesca, y conviene subrayar que el narrador la considera la novela más divertida por sus tramas, subtramas, preparación minuciosa de personajes, y su absoluta libertad constructiva frente al cuento, un auténtico sacrificio que exige el círculo perfecto.

Zapata vuelve a la novela con Arquitectura secreta de las ruinas (2018), un texto de argumento aparentemente sencillo: en un edificio, en el número 3 de la calle Garibaldi, aparece de repente una grieta, aunque a medida que el lector sigue leyendo averigua que la grieta ya estaba ahí, llevaba algún tiempo sin que ningún vecino la hubiera descubierto, y el narrador quiere dejar constancia de que desde las primeras páginas se hace aún más visible. A partir de ese instante comenzaremos a ver cómo esa fisura afectará a la comunidad de vecinos, en la crónica de un escalonado orden de pisos y plantas que esboza y refleja las vivencias del interior del edificio. La grieta física irá deteriorando la estructura del inmueble, y será entonces cuando afloren los típicos reproches humanos, las culpas entre vecinos, o las responsabilidades en general, aunque sobre todo se subraya la típica ineficacia y la posterior desidia propia de la Administración que, como es habitual, siempre devuelve la responsabilidad final a los vecinos.

La novela no tendría mayor aliciente y trascendencia si Zapata no hubiera explorado en un acertado recorrido, junto a esa rotura física, esa otra emocional y vital que empieza a descubrirse en algunos de los personajes que conforman la vida cotidiana en el inmueble, que se convierte en una novela coral. El narrador sustenta el peso de la narración mostrando en esas grietas que pronto descubrimos en la pareja, en la familia, en la soledad del individuo, la radiografía de esa sociedad en la que nos obligan a sumergirnos. Esa grieta, que crece y se amplia, dejará al descubierto la singularizada visión de una pareja sin hijos y sin futuro, Marga y Jaime, capaces de oír llorar a un niño por las noches; del argentino Maldini que ejerce de tal como único modo para ser aceptado en la comunidad; de Bastida, que arrastra una culpa constante y nos sorprende su relación con Berta, la lolita del inmueble; de la vieja cotilla Téllez; del pretencioso Mauro, presidente de la comunidad, y finalmente del triunfador hombre de cemento, Alejandro Herreros. En ese afán por ejercer cada uno su papel, observamos cómo se desmorona el mundo interior de esta arquitectura secreta, y solo así somos conscientes de reconocer los síntomas que han provocado esta convivencia, aunque como en muchos casos no somos capaces de hacer nada por evitarlos.

Arquitectura secreta de las ruinas está concebida como un auténtico rompecabezas: el narrador dispone las piezas, las va colocando y, a medida que pasamos sus páginas, vamos descubriendo esa imagen que proyecta el edificio completo y, una vez fijada la imagen, nos enteramos realmente de cuanto ocurre en el interior de las viviendas. Entonces comprendemos que se trata de un ejercicio impresionante de arquitectura literaria porque Zapata superpone varios planos temporales y relaciona las distintas tramas que protagonizan los personajes, que irá entrelazando en una orquestada estructura por plantas y características humanas hasta llegar a ese secreto que se nos desvela al final, porque como se trata de puzzle, todas las piezas acaban encajando. En esta novela se empieza en el nivel 0, y se termina en el mismo 0; en medio, a izquierda y a derecha, la vida de unos personajes, de una comunidad, o tal vez una metáfora más de la triste, angustiada y violenta sociedad que en ocasiones estamos obligados a vivir.

Técnicamente, Zapata utiliza una tercera persona con una amplia visión que se diversifica en sus personajes. El narrador mantiene una perspectiva, una calculada distancia, aunque está muy presente en la obra, interviene con oportunas reflexiones, y en no pocas ocasiones consigue aportar las acotaciones necesarias para terminar de configurar las escenas que ofrecen una mayor visión de lo narrado: solo entonces el narrador consigue tener el control de toda la historia, de una solidez narrativa encomiable. Esta es fruto de ese elaborado proceso a que nos tiene acostumbrados Miguel A. Zapata, tanto en sus propuestas breves, en sus micros, o en el proceso narrativo extenso que iniciara con Las manos y que ahora vemos reforzado en Arquitectura secreta de las ruinas, provocándonos para que, con sus personajes, compartamos la atmósfera de aquellas fuerzas cotidianas que nos obligan a diario a dejar constancia de nuestra inequívoca fragilidad.

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Pedro M. Domene es escritor

https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2019/02/08/arquitectura_secreta_las_ruinas_miguel_zapata_91658_1821.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias&fbclid=IwAR2cE85VNkKujUnKQ7Y-gYH40DYnPAJK7HaX96qegaewNSSezXZV9NzsmKc

jueves, 18 de octubre de 2018

Reseña de ARQUITECTURA SECRETA DE LAS RUINAS, de Miguel A. Zapata en ¡Zas! Madrid

La arquitectura narrativa perfecta de Miguel A. Zapata, en su última novela 'Arquitectura secreta de las ruinas' - 

La arquitectura narrativa perfecta de Miguel A. Zapata, en su última novela ‘Arquitectura secreta de las ruinas’
Pedro M. Domene







Baile del Sol publica la última novela de Miguel A. Zapata, Arquitectura secreta de las ruinas, concebida como un auténtico rompecabezas

Miguel A. Zapata (Granada, 1974) sostiene que la literatura no propone fórmulas mágicas contra cualquier provocación, caso de un desahucio o un despido improcedente, ni en contra de todo lo relativo a los hechos que son fundamento o cimientos de nuestra sociedad y/o las consideraciones en torno a la crisis actual desde un punto de vista moral; tal vez porque para el narrador Zapata el hombre se ha convertido en un producto artificial que se pierde en algún punto inconcreto entre sus deseos y las limitaciones que le impone su realidad social, económica y cultural, y es así como el concepto literario del narrador granadino se sostiene porque insiste en escribir una crónica pormenorizada de los males y obsesiones contemporáneas en clave grotesca: el deseo insatisfecho y la necesidad de proyectarse en un logro colectivo que supere la pequeñez de nuestras existencias, e incluye la búsqueda incesante de un grial que justifique nuestros días.

En realidad, somos productos de una realidad cultural persistente y, en muchos casos, azarosa y, quizá por eso, Zapata pretende desarticular los modos infamantes de lo real mediante ese aire humorístico, grotesco, o incluso surrealista que raya en lo esperpéntico de sus textos, y nunca los utiliza como un recurso que implica una finalidad en sí misma sino como un medio para trazar un fresco del hombre del siglo XXI.

Su literatura hasta el momento ha producido una calculada obra de volúmenes de cuentos Ternuras interrumpidas. Fabulario casi naif (2003) y Esquina inferior del cuadro (2012) y los libros de microrrelatos Baúl de prodigios (2007) y Revelaciones y Magias(2009). Ha sido incluido en algunas de las más relevantes antologías y compilaciones del género: Cuento español actual 1992-2012Antología del microrrelato español 1906-2011Mar de pirañas. Los nuevos nombres del microrrelato español. Su novela anterior, Las manos se convertía en una crónica pormenorizada de los males y obsesiones contemporáneas en clave grotesca, y conviene subrayar que el narrador considera la novela más divertida por sus tramas, subtramas, preparación minuciosa de personajes, y de una absoluta libertad constructiva, frente al cuento un auténtico sacrificio que exige el círculo perfecto.

Y vuelve de nuevo a la novela con Arquitectura secreta de las ruinas (2018), un texto de argumento aparentemente sencillo: en un edificio, en el número 3, de la calle Garibaldi aparece de repente una grieta, aunque a medida que el lector sigue leyendo averigua que la grieta ya estaba ahí, llevaba algún tiempo sin que ningún vecino la hubiera descubierto, y el narrador quiere dejar constancia que desde las primeras páginas se hace aún más visible, y a partir de ese instante comenzaremos a ver cómo esa fisura afectará a la comunidad de vecinos, en la crónica de un escalonado orden de pisos y plantas que esboza y deja constancia de las vivencias del interior del edificio. La grieta física irá deteriorando la estructura del inmueble, y será entonces cuando afloran los típicos reproches humanos, las culpas entre vecinos, o las responsabilidades en general, aunque sobre todo se subraya la típica ineficacia y la posterior desidia propia de la Administración que, como es habitual, siempre devuelve la responsabilidad final a los vecinos.

Una arquitectura no secreta

Arquitectura secreta de las ruinas no tendría mayor aliciente y trascendencia si Zapata no hubiera explorado en un acertado recorrido, junto a esa rotura física, esa otra emocional y vital que empieza a descubrirse en algunos de los personajes que conforman la vida cotidiana en el inmueble que se convierte en una novela coral, como si el narrador sustentara el peso de la narración mostrando en esas grietas que pronto descubrimos en la pareja, en la familia, en la soledad del individuo, o mejor aún de la ficción en general; y todo en el amplio marco que le otorga el género al autor o, en una modesta interpretación, la radiografía de esa sociedad en la que nos obligan a sumergirnos. Y esa grieta, que crece y se amplia, dejará al descubierto la singularizada visión de una pareja sin hijos y sin futuro, Marga y Jaime, capaces de oír llorar a un niño por las noches, del argentino Maldini que ejerce de tal como único modo para ser aceptado en la comunidad, a Bastida que arrastra una culpa constante y nos sorprende su relación con Berta, la lolita del inmueble, de la vieja cotilla Téllez, o el pretencioso Mauro, presidente de la comunidad, y finalmente el triunfador hombre de cemento, Alejandro Herreros. Y en ese afán por ejercer cada uno su papel, observamos cómo se desmorona el mundo interior de esta arquitectura secreta, y solo así somos conscientes de reconocer los síntomas que han provocado esta convivencia, aunque como en muchos caso no somos capaces de hace nada por evitarlos.

Arquitectura secreta de las ruinas está concebida como un auténtico rompecabezas, el narrador dispone las piezas, las va colocando y a medida que pasamos sus páginas, vamos descubriendo esa imagen que proyecta el edificio completo y, una vez fijada la imagen, nos enteramos realmente de cuanto ocurre en el interior de las viviendas; entonces comprendemos que se trata de un ejercicio impresionante de arquitectura literaria porque Zapata superpone varios planos temporales y relaciona las distintas tramas que protagonizan los personajes que irá entrelazando en una orquestada estructura por plantas y características humanas hasta llegar a ese secreto que se nos desvela al final, porque como se trata de puzzle todas las piezas acaban encajando.

En esta novela se empieza en el nivel 0, y se termina en el mismo 0; en medio, a izquierda y a derecha, la vida de unos personajes, de una comunidad, o tal vez una metáfora más de la triste, angustiada y violenta sociedad que en ocasiones estamos obligados a vivir.

Técnicamente, Zapata utiliza una tercera persona con una amplia visión que se diversifica en sus personajes, porque abundan, los identificamos y el narrador mantiene una perspectiva, una calculada distancia aunque está muy presente en la obra, interviene con oportunas reflexiones, y en no pocas ocasiones consigue aportar las acotaciones necesarias para terminar de configurar las escenas que ofrecen una mayor visión de lo narrado, solo entonces el narrador consigue tener el control de toda la historia de una solidez narrativa encomiable, fruto de ese elaborado proceso a que nos tiene acostumbrados Miguel A. Zapata tanto en sus propuestas breves, en sus micros o el proceso narrativo extenso que iniciara con Las manos y que ahora vemos reforzado en Arquitectura secreta de las ruinas provocándonos para que con sus personajes compartamos la atmósfera de aquellas fuerzas cotidianas que nos obligan a diario a dejar constancia de nuestra inequívoca fragilidad.


viernes, 27 de julio de 2018

Reseña de ARQUITECTURA SECRETA DE LAS RUINAS de Miguel A. Zapata en De libros y Lecturas


viernes, 13 de julio de 2018

ARQUITECTURA SECRETA DE LAS RUINAS - Miguel A. Zapata



Estamos llenos de grietas, aunque lo disimulemos. Somos como el edificio que Miguel A. Zapata retrata en la novela “Arquitectura secreta de las ruinas”


Mediante un argumento muy sencillo, una grieta que aparece en un edificio, Miguel A.Zapata construye una novela muy sólida. La segunda, después de Las manos y de su magnífico libro de micorrelatos, Voces para un tímpano muerto.


En la novela irán apareciendo más grietas, esta vez humanas, físicas, psíquicas y mortales. La grieta de la soledad, de la impostura, de la mentira, del qué dirán.
Es un relato coral en el que intervienen todos los habitantes de ese edificio. Comenzando por el capítulo Cero de la vida del número tres de la calle Garibaldi, alcanzamos de nuevo el Cero al final de la novela.


La novela es un retrato de la sociedad actual, de la quiebra de las instituciones, de la vecindad, de observar que nuestro mundo se va a pique y quedarnos sentados esperando que alguien lo solucione. El edificio es el retrato de nuestro mundo.


Y la grieta amenaza a los personajes que habitan en él. Encontramos a Maldini, el argentino que quizás no es tal, a Bastida, el suicida frustrado, a la vieja Téllez, animal de mirilla, a la pareja sin hijos que escuchan llantos por las noches, a Bertita la adolescente o a Mauro el fatuo presidente de la comunidad.
Los personajes y sus propias ruinas, las mentiras que dan, supuestamente, solidez a sus vidas se nos van desvelando a través de la voz del narrador que participa de manera distante de los personajes con sus propias reflexiones. Él observa, analiza y explica.


“Uno es, por lo menos, dueño de lo que inventa, ¿no? Patentamos las trolas con que construimos nuestras vidas y poco más que eso.” Dice Maldini


Donde sí hay solidez es en la escritura de Miguel A. Zapata. Hay momentos en su escritura en la que es imposible no sonreír por lo esperpéntico de la situación. Y otros sumamente reflexivos, psicológicos o crueles. Esa solidez se manifiesta a lo largo de toda la novela, no hay ninguna grieta que te ahuyente de la lectura. Es, como ya he dicho, sólida, ágil, brillante.


Arquitectura secreta de las ruinas - Baile del Sol


https://librosylecturasdeelena.blogspot.com/2018/07/arquitectura-secreta-de-las-ruinas.html?m=1

jueves, 10 de mayo de 2018

ARQUITECTURA SECRETA DE LAS RUINAS, de Miguel A. Zapata en el Asombrario

Esa grieta que aparece en la comunidad, va desmoronando el edificio y nadie hace nada

El escritor Miguel Ángel Zapata.
El escritor Miguel Ángel Zapata.
Aparece una grieta en una comunidad de vecinos. Y esa grieta física se abre paso, deteriorando la estructura del inmueble, entre reproches, culpas y responsabilidad. Con la típica ineficacia y desidia de la Administración. En su recorrido, junto a esa grieta física se abre también otra grieta emocional y vital. La grieta de la pareja, de la familia, del individuo, de la sociedad en que vivimos. Vemos cómo se desmorona el mundo, pero no hacemos nada por evitarlo. Hoy nos detenemos en ‘Arquitectura secreta de las ruinas’, la nueva novela de Miguel Ángel Zapata.
Hace algunos años vivía en Chueca. Solía ir a la plaza a comprar el periódico y a sentarme allí con mi hijo, que entonces aún se movía en carrito, a leer la prensa. Me encantaba tomar el sol en estos días de primavera, mientras la ciudad aún andaba levantándose. Ahora, los bancos públicos han desaparecido de la plaza y se ha llenado de terrazas. Si uno quiere sentarse, tiene que pagar. Tampoco está ya el quiosco de periódicos ni, claro, la quiosquera que le regalaba chuches a mi hijo. Son los nuevos tiempos que corren en las ciudades, pensadas para los turistas y no para sus habitantes.
Sin embargo, gracias a la iniciativa privada, no todo está perdido. Aunque en este país parece que el único negocio posible es abrir un bar o un restaurante, o un gimnasio si me apuran, cuando no especular con los pisos, hay gente que se mueve por otros derroteros. En Chueca se han instalado también editoriales, galerías de arte como Mad is Mad o librerías como Nakama, en la calle Pelayo. Nakama, me explicó Rafa, uno de sus dueños, significa en japonés algo así como “el abrazo amigo”. Y allí, en este librería coqueta y bien abastecida, presentamos este viernes el libro de un amigo y escritor al que admiro, Miguel Ángel Zapata (Granada, 1974). Acaba de publicar Arquitectura secreta de las ruinas, en la editorial Baile del Sol.
Hay una frase ya conocida y repetida de Juan Marsé, quien aseguraba que a una novela podía perdonarle cualquier cosa, menos que fuera aburrida. A mí me parece un buen punto de partida, pues se subestima el poder de “entretenimiento” que ha de tener la literatura. Pues bien, Arquitectura secreta de las ruinas es una novela que te engancha desde las primeras líneas. Hacía mucho tiempo que no lograba sumergirme en una historia así y eso es algo muy importante para mí, como lector.
Claro está, que lo que sea aburrido o no depende de cada lector. Aparte de la historia que me cuente la novela, es imprescindible que me atrape su propuesta narrativa, la forma en la que la narra. Y este segundo aspecto también ha sido decisivo en el caso de la novela de Miguel Ángel Zapata. Como ya apunta desde el título, tan poético (me recuerda al Alzado de la ruina de Aníbal Núñez), en esta novela es fundamental la arquitectura, no solo física –la construcción/deconstrucción en este caso de un edificio– sino también la propia arquitectura de la obra.
El argumento es sencillo. En un edificio de la calle Garibaldi aparece de repente una grieta. Para ser precisos, la grieta ya estaba ahí, quizás llevaba mucho tiempo sin que nadie la hubiera visto, pero hay un momento en el que se hace visible. Y es a partir de ese instante cuando empezamos a conocer cómo afecta esa grieta a la comunidad de vecinos.
La grieta física se abre paso, deteriorando la estructura del inmueble, con los típicos reproches, culpas y responsabilidad. Con la típica ineficacia y desidia de la Administración. Y en su recorrido, junto a esa grieta física se abre también otra grieta emocional y vital en los personajes que pueblan esta novela coral. La grieta de la pareja, la de la familia, la del individuo, la de la soledad, la de las ficciones, la de la sociedad en la que vivimos. Vemos cómo se desmorona el mundo, reconocemos los síntomas, pero no hacemos nada por evitarlos.
Si buscamos en el diccionario la palabra ruina, nos da varias acepciones:
  1. f. Acción de caer o destruirse algo.
  2. f. Pérdida grande de los bienes de fortuna.
  3. f. Destrozo, perdición, decadencia y caimiento de una persona, familia, comunidad o Estado.
  4. f. Causa de la ruinafísica o moral de una persona, familia, comunidad oEstado.
  5. f. pl. Restos de uno o más edificios arruinados.
Creo que todas ellas están contenidas en la novela de Zapata. La ruina no solo acecha al edificio, sino a las vidas de quienes viven allí. Y ya sabemos que las ruinas tienen la capacidad de convocar el pasado, físico o espiritual. Desvelar el origen de esa ruina, su secreto, es lo que nos propone Zapata, en una obra que es compleja, aunque no complicada, con muchas lecturas posibles, como toda la buena literatura.
Es una obra cargada de simbolismo, donde todo cobra un sentido, hasta el bar donde acude Maldini, uno de los personajes, a contar sus ficciones y que se llama El Desencanto, como la conocida y dura película de Chávarri sobre la autodestructiva familia de los Panero.
Arquitectura secreta de las ruinas es un ejercicio impresionante de arquitectura literaria. Se superponen varios planos temporales y las distintas tramas de los personajes se van entrelazando como en un mosaico hasta llegar a ese secreto que se nos desvela al final. Todas las piezas acaban encajando. El libro empieza por el capítulo 0 y termina en el capítulo 0. Lo que hay en medio es la vida de los personajes, de la comunidad, una metáfora de la sociedad en la que vivimos. En este sentido, Arquitectura secreta de las ruinasme recordó irremediablemente a una novela de culto, La vida. Instrucciones de uso. Como en la novela de Perec, también la narración de Zapata está concebida como un rompecabezas, donde el autor es una especie de voyeur, puede ver lo que ocurre en el interior de las viviendas.
Apenas hay mención a la actualidad más inmediata (en una página salen Mario Conde y Bárcenas). Sin embargo, Zapata habla sin mencionarlo, del presente, de la crisis actual y de cómo ha afectado a nuestros cimientos como sociedad, tanto desde el punto de vista económico como moral. La empresa de uno de los vecinos, Alejandro Herreros, se llama Hormigos Falling, por ejemplo. El hormigón, desde su solidez, pero también desde su capacidad de sepultar las vidas, recorre toda la obra. Hay empresas dispuestas a sacar partido del desastre, de aprovecharse de la situación de los vecinos. Hay un Ayuntamiento/Gobierno que habita en la desidia y que como siempre devuelve su responsabilidad a los vecinos.
Otra lectura abierta de Arquitectura secreta de las ruinas es su conexión con la cultura clásica, con esa comparación del descansillo de una de las plantas del edificio con la laguna Estigia y como si una de las vecinas, la vieja Téllez, fuese Caronte, el encargado de guiar la sombra de los muertos hacia el Hades.
La voz narrativa que utiliza Zapata es una tercera persona con visión múltiple. Es una novela coral donde el narrador mantiene una cierta distancia pero está muy presente en la obra, interviene con reflexiones y nos aporta en algunos capítulos unas acotaciones para encuadrar las escenas. En este sentido, este acercarse y alejarse del narrador, como un zoom, el control que tiene de los personajes, me recordó al narrador de otra obra clásica y experimental del siglo XX, Berlin Alexanderplatz, de Alfred Döblin. Döblin nos habla del Berlín de entreguerras y el tono distante que mantiene con su protagonista principal, muy brechtiano, me ha recordado mucho al punto de vista que adopta Zapata. También la hilaridad con la que retrata ciertas situaciones, diálogos, sin excluir la emotividad en algunos momentos.
Finalmente, quiero subrayar la prosa y la sintaxis de Zapata. La novela es un ejercicio de estilo donde se dan cita la poesía, el arrebatamiento, la reflexión y la pura narratividad. Arquitectura secreta de las ruinas es una de las mejores novelas en español que he leído recientemente. No dejen de hacerse con ella.

martes, 8 de mayo de 2018

Arquitectura secreta de las ruinas, de Miguel A. Zapata en la revista Pliego Suelto

Grietas, un cuaderno, té: Miguel A. Zapata introduce su novela Arquitectura secreta de las ruinas

Castillo abandonado en Francia. Fotografía: Romain Thiery

En el siguiente texto, el escritor Miguel A. Zapata (Granada, 1974), nos habla, en tono distendido y confesional, de los hilos invisibles del proceso de escritura y la intrahistoria de su nueva novela: Arquitectura secreta de las ruinas (Baile del sol, 2018). Zapata es también autor de Voces para un tímpano muerto (Talentura, 2016), Las manos (Candaya, 2014) y diversas colecciones de cuentos y microrrelatos.
Es habitual entre escritores afirmar que no sabrían decir cómo fue el proceso creativo de una obra concreta o de su escritura en general. A mí me resulta relativamente sencillo, quizá porque continuamente estoy analizando los porqués de mi trabajo.
Que acierte a dar con todas las claves constructivas es otro asunto.
Miguel A. Zapata, 2018
Concebí Arquitectura secreta de las ruinascomo la segunda obra de un ciclo de novelas dedicadas a analizar las distintas formas de la degradación en nuestra época. Si mi primera novela, Las manos,se centraba en la decadencia de los iconos y los mitos colectivos en la sociedad global, Arquitectura secreta de las ruinas surgió con la idea de estudiar la relación entre personas y espacios vivenciales en una situación de crisis: el progresivo deterioro de un edificio habitado por inquilinos muy dispares.
Mi manera de trabajar precisa partir de una imagen que sirva como catalizador y eje que vertebra la narración. Si en la potencia de la imagen encuentro un componente alegórico sustancial, puedo lanzarme a la escritura casi a tumba abierta, fiado al sendero que me permitirá trazar mi lazarillo. Pero en esta ocasión, la complejidad de una historia coral exigía igualmente un trabajo de planificación paralelo al ejercicio siempre estimulante de teclear sin cortapisas y dejar a las palabras asomarse a la pantalla del portátil.
En Las manos, el placer consistía en una absoluta libertad de movimiento pero con una sola dirección: línea recta hacia adelante. Un escritor feliz con sus orejeras dejando a la trama avanzar con la misión de llegar a buen puerto. Ni más ni menos que llevarla a un sitio seguro, como el tallo crece buscando la luz y nada sabe del entorno del que se va alejando a medida que se eleva. La escribí con una ingenuidad iniciática semejante al juego, sí, un juego muy serio, ese que supone narrar siempre al filo de la nada.
Miguel A. Zapata, 2014
Hay tallos que se separan del mundo y se proyectan quién sabe dónde.
Con Arquitectura secreta de las ruinas, las dificultades se planteaban en función de la propia estructura de la novela, que imaginé como una escalera de caracol desplegando su persistencia espiral en el corazón de un edificio. Desde el punto de vista arquitectónico, los elementos articulados en forma de espiral suponen una difícil dialéctica: la curva de su diseño incardinada en un mundo constructivo de líneas rectas y paralelepípedos.
De la misma forma, son también estos elementos un puro trampantojo: situado el observador en el arranque de la escalera y mirando hacia las alturas, no siempre es fácil definir si los tramos suben o bajan, si se achican o dilatan los espacios, si aquel es el primer o segundo piso, si un escalón antecede al escalón vecino o se sitúa por encima de él.
Estas dificultades de la percepción se acentúan cuanto más se mira la espiral en su desarrollo hasta el infinito del tejado, la cúpula o el cielo. Con esta referencia, tracé el dibujo de los personajes: no sabemos si avanzan o retroceden, si expían sus culpas o le echan más leña al fuego de sus apocalipsis personales, si son quienes cuentan ser o quienes la aparente realidad se empeña en relatarnos. Como tramos conformando una ascensión, dependen (o no) unos de otros, se realizan en el conjunto de los peldaños ajenos tanto como a través de su propia naturaleza de escalón singular.
Miguel A. Zapata, escritor
La trama avanza así proyectando una espiral obsesiva en la que los personajes vuelven una y otra vez a mostrarse o esconderse tras los muros de ese edificio que va desmoronándose poco a poco, mutando continuamente como la cáscara de ladrillo y hormigón que les sirve o les servía de casa. Se influyen, se anulan, se complementan, se confunden sus voces.
Y mucho antes habían llegado, con su buena nueva, las imágenes. Dos.
La primera imagen. Una grieta antigua en la pared del patio de vecinos en la casa de mis padres. Durante años la vi marcar como una cicatriz el rostro del muro lateral. Siempre estuve seguro de esa visión, incluso muchos años después de abandonar la casa paterna, como uno está convencido, por ejemplo, de la orientación hacia el norte de su cama o del número de espejos que hay en el baño.
Pero los espejos mienten. Las grietas también.
La pasada Navidad, con la novela ya a punto de entrar en imprenta, volví a mirar por la ventana del despachito de mi padre: la grieta en el muro, ahí fuera, había desaparecido. No había señales de reforma ni grapado, el revoque lucía desconchones de décadas. Ni rastro de herida. A veces, el motor de nuestros proyectos no es más que una ilusión óptica que damos por cierta, una justificación necesaria y quizá consciente de su carácter etéreo, de su inexistencia.
Grieta inspiradora
Tal vez necesitaba hablar de un edificio en continuo y lento proceso de descomposición e inventé una coartada en la realidad para sentir que contaría algo íntimo, tanto como una úlcera o una migraña, algo que únicamente nos pertenece a nosotros. Lo que nuestros ojos ven, solo lo ven nuestros ojos, nadie más que ellos.
La segunda imagen. Un edificio y su perspectiva. Imposible. Extraña. Incómoda. Una fachada que encuentro en mis paseos por el barrio como otro engaño de la óptica. Dependiendo del ángulo y la luz, sus alféizares, ventanas y molduras parecen dibujos sobre el revoque. Incluso el perfil del edificio adelgaza hasta hacer casi quimérica la posibilidad de alguna vida dentro. Existencias dibujadas. Biografías pespunteadas en un muro.
Los personajes de Arquitectura secreta de las ruinas también son o pueden ser falsas perspectivas, trazos cambiantes sobre una superficie de arena. La grieta que corrompe ese edificio es inmemorial, innominable, quizá imposible.
¿Y cómo se pueden coger los hilos deshilvanados de una madeja así? ¿Qué hacer con tantos cabos, espejismos y caracoleos?
El cuaderno, bendito cuaderno de nerviosas anotaciones, esquemas y apuntes a los que apenas hacer caso, en los que conviven rectas y espirales.
Cuaderno de notas
Porque un cuaderno no debe ser una guía turística para consultar como un demente en la visita a esos monumentos que formarán parte del tuétano de la novela. Un cuaderno debe ser un misal, un arma contra el vacío que no hace falta abrir ni consultar apenas porque el mensaje que contiene ya está interiorizado, ya está escrito antes de escribirse.
Lucí discretamente mi cuaderno por las calles de Madrid y Granada como se aventuran al paseo esos bolsos de los que brotan señoronas de domingo, no conscientes ellas del itinerario que le marca su pequeño rectángulo de piel lleno de adminículos de higiene o fotos borrosas de papas muertos.
Bendito cuaderno, sí, y benditas sus letras neuróticas que sirvieron para tanto sin vocación real de servicio.
Ahora podría decir que ya está, que ya me he dicho, que ya he contado los hilos invisibles de esta obra. Pero mentiría, porque ya no me pertenece y otros ojos deberán contarla también, quizá refutar lo que he afirmado antes o añadirle peldaños al edificio piso arriba, piso abajo. Ya no será responsabilidad mía, ahora que ya he terminado de contar grietas y componer intenciones.
Miguel A. Zapata, escritor
Por eso me gusta colaborar en una revista como Pliego Suelto, por esa libertad tan infrecuente que regala y que permite a los autores expresarse sin corsés cuando sacan a la luz sus libros. La que me acompañó en mi primera novela y que en Arquitectura secreta de las ruinas se doma con cuadernos e imágenes para perfeccionar su propio círculo, su escalera de caracol particular: la mejor de todas las libertades es la que busca aquello que la acota, que le dibuja los contornos de su propio albedrío.
Ah, y té, muchas tazas de té muchas tardes de muchos días de muchos meses de escritura.
Pero eso solo aporta un toque humano a tanto empeño de monstruos.
Ni más ni menos que eso.