sábado, 30 de agosto de 2014

En septiembre, segundo volumen de LUCHALIBRO


Este libro, es el premio a la creatividad y la capacidad de improvisación de nuestros cuatro escritores luchadores que consiguieron llegar a la final de LuchaLibro Canarias. Después de librar entre tres y cuatro luchas de improvisación en directo, frente a un público exigente, diferentes tripletas de jurados atentos, varias fichas de palabras en juego y diferentes bandas sonoras para sus relatos en vivo, los cuatro finalistas Ainara Oleada, Alejandra García (Tenerife) Amos Milbor y Paula Quintana (Gran Canaria) se quitan sus máscaras y dejan de ser luchadores para sorprendernos como escritores. A un lado quedan los nervios del directo, la cuenta atrás del reloj, la mirada expectante del público, la exposición, la improvisación, ahora es el momento de la intimidad, donde cada uno de nuestros escritores nos ofrecen sus relatos inéditos y creados para LuchaLibro Canarias.

jueves, 28 de agosto de 2014

En septiembre, en la colección Serie Negra, la novela de Erlantz Gaboa, TESTIGO DE LA DEFENSA




En un juicio, son importantes las pruebas; pero el jurado suele prestar más atención a los testigos. La confiabilidad en sus testimonios suele influir contundentemente en la decisión de los doce “imparciales”. Por ello, es cardinal, tanto para la defensa, como para la acusación, contar con buenos testigos, muy confiables.

Esta novela trata sobre la importancia de los testimonios, y, por ende, de los testigos en un juicio, y mucho más si se trata de asesinato.

La defensa cuenta con un testigo valioso, alguien que probará, más allá de la duda razonable, la inocencia del inculpado.

lunes, 25 de agosto de 2014

En septiembre, el volumen de relatos PERDER ES CUESTIÓN DE TIEMPO de Rubén Don



Libro de viaje o viaje de libro. Viajado, librado. Nueve cuentos que resultan tan certeros como una flecha. Rubén Don sabe a dónde apuntar, suelta el tensado hilo del arco y da en el blanco. Historias en donde pareciera que la vida está supeditada al destino. ¿Realmente se puede vivir la vida que se elije? Algo que los personajes de estas historias ponen en constante tela de juicio. Porque al fin y al cabo son cotidianos, sus historias naturales. Van al bar de todos los días y dicen: Mozo, lo de siempre. Son habitués. Compran cada cosa en su lugar. La carne en la carnicería. La verdura en la verdulería, y así. Profundizan en ese concepto. Pero ojo, todo es risas, descontrol y descorche hasta que te das cuenta que lo que está diciendo es que la incompatibilidad es de vos con vos mismo. Simplemente porque a veces la vida no ofrece más. Personajes profundamente existenciales. Ser, estar, parecer o semejar. Viven en constante movimiento, se preguntan, sexean, dan al diálogo ese ágora que los acerque al “Instructivo de vida” anhelado. Un conjunto de textos en donde  encontrar asidero no es nada sencillo. Vamos bien entonces. La literatura corta la piel con el filo del canto de una hoja de papel o con la puta al río. Don lo aplica con maestría. Un hipertexto que recomienda el Gurú de mi Gurú y el Jefe de la Comuna de Cuchillo-Co, dos eruditos argentas especializados en literatura del más allá.
Alejandro Cavalli




Rubén Don nació en la ciudad de México en 1977. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Justo Sierra. Ha sido corresponsal en México de la Agencia Internacional de Noticias Literarias Librusa, colaborador del suplemento Arena del periódico Excélsior, editor web y redactor de las revistas Conozca Más y PC Magazine. Textos suyos también han aparecido en las revistas Cultura Urbana, El universo del búho, Nostromo, Swishy, Homines, Espiral y literaturas.com. Ha publicado la novela La consecuencia de los días (UACM, 2005), Premio Nacional de Narradores Jóvenes 2005, con una nueva edición en 2009 bajo el sello del Instituto Politécnico Nacional; Negativos extraviados en el placard (Amarillo Editores, 2006); y Nos veremos en el infierno, Kurt Cobain (Tierra Adentro, 2011).   

sábado, 23 de agosto de 2014

Optimístico, de Iñaki Echarte Vidarte

portadaOptimístico
Iñaki Echarte Vidarte
Baile del sol, 2013
            Iñaki Echarte Vidarte es un poeta joven, iconoclasta, directo que en este libro nos ofrece  una  visión del amor, tema lírico por excelencia, que se centra de forma directa en el cuerpo de modo que más que del amor tendríamos que hablar del deseo con el que va irremediablemente unido. Esa pulsión oculta y personal que muy pocas veces se expresa en la poesía como lo hace este escritor.
            El deseo es el de un cuerpo masculino al que se contempla y no se tiene “te veo a diario”, “te miro/hasta que/ desapareces/ de mi vista”.
            También aparece la cotidianidad  asfixiante que se vive en la gran ciudad donde el anonimato es una losa “dicen que madrid es una ciudad/donde cada día ocurren cosas diferentes/ puede ser”. Quien vive en la ciudad y está sujeto a una vida repetitiva, monótona no puede apreciar  casi nunca los acontecimientos diversos que el teatro de la ciudad ofrece.
            El deseo está siempre condicionado por la inevitable existencia del tiempo que marca el encuentro y el desencuentro de los amantes “cada segundo que pasa nos ahoga/ en la fría tristeza/ de la soledad futura” la ciudad es el escenario donde se buscan y se propician los encuentros, donde los cuerpos ven limitada su capacidad de ser y de conocerse, donde los deseos se frustran o se cumplen y donde no hay nada que pueda permanecer inmutable.
            Iñaki Echarte Vidarte como un Cernuda del siglo XXI recorre los tortuosos caminos de la vida intentando que los instantes de placer robados al tiempo permanezcan más allá de lo que la misma vida puede tener programado en su inevitable transcurrir.
            Poemas de verso corto exentos de elementos retóricos, sencillos y directos en los que la melancolía pende siempre de aquello que podría ser posible y pocas veces es. MCM.

miércoles, 20 de agosto de 2014

STONER

STONER
JOHN WILLIAMS

Ed. Baile del sol, 2013

STONER
 Stoner es una palabra de jerga que designa a aquella persona que fuma habitualmente marihuana. No sé si el autor de la novela ha escogido a conciencia este nombre para el protagonista de la narración, pero supongo que lo ha tenido muy en cuenta. Porque el personaje central va por la vida aparentemente ido, traspuesto. Se nos muestra como un carácter pusilánime y pasivo; sin embargo, cuando entiende que algo es verdaderamente importante, su decisión es inapelable y afronta el problema como una roca, como una piedra (Stone). También como una piedra se comporta a veces el protagonista, inmutable ante los acontecimientos y dejándolos pasar.
Tremenda novela en la que Williams disecciona no solo el alma humana sino la vida en su aspecto más dramático: la soledad de la persona frente a la sociedad y el mundo en general, la soledad en cuanto a afrontar su propia vida. Y es terrible porque lo que nos cuenta es demoledor, de tan real; inevitablemente cotidiano. Aunque esté ambientada entre el comienzo y la primera mitad del siglo XX, la narración, con pequeños cambios de ambientación, podría ser perfectamente actual. Se sigue aislando al “diferente”, al que no se comporta como todos, al que se ocupa de sus asuntos y va a su aire. No es demasiado comprensible, sin embargo, cómo el protagonista da el salto de la mentalidad agraria y campestre a la literatura. Casi parece sernos descrito como una transfiguración, una visión que transforma a William (nombre tampoco casual, hay elementos autobiográficos en esta novela) y le hace penetrar en los secretos de las palabras. Una especie de “caída del caballo” al modo de San Pablo.
La historia es la de un hijo de granjeros de Missouri que sale del campo y se sumerge en el mundo universitario de Columbia, una pequeña ciudad de Missouri. Con la idea originaria de que su retoño aprenda mejores técnicas de Agricultura, que revertirán en la mejora de la granja, los padres de William lo envían a la Universidad. Pero allí ocurre un cambio, el chico descubre que hay otras cosas que le atraen profundamente más. Un mundo nuevo: las palabras. Y abandona padres, granja, proyectos y futuro.
Este es un nuevo mundo en el que, fuera de los libros y un par de amigos, William no sabe nada, y mucho menos, de las mujeres. Así, la primera mujer que le mira se convierte en la dama de sus sueños. Todo va muy deprisa y de la noche a la mañana William Stoner se convierte en un esposo (y más tarde en padre) con demasiadas responsabilidades y muy pocas satisfacciones. La existencia de este hombre se va retrayendo cada vez más, para defenderse de las agresiones externas, aunque las responsabilidades y las culpabilidades se le vayan sumando sobre sus ya desmejorados hombros. Paulatinamente se va atrincherando en los libros, en la literatura, en el mundo de las palabras y en el mundo académico, en su trabajo como profesor. La esposa, los padres, la hija, el hogar, todo va distanciándose (contra su voluntad, pero William es un hombre tranquilo, podríamos decir) y haciéndole enrocarse en un duro caparazón, del que sale en una breve etapa al descubrir el amor, la pasión amorosa. Pero esto tampoco se le permitirá. Toda su vida es un acumulo de frustraciones y fracasos, salvo su constante refugio: su trabajo como profesor. La descripción de la vida académica universitaria, que el autor conoció durante muchos años, es una vivísima disección, un retrato fiel, dramáticamente realista…y lo peor es que no parece haber cambiado demasiado, incluso en la europea y no digamos, la española. Intrigas, presiones, ambiciones y luchas por el poder. Todo un reflejo, en miniatura, de la sociedad.
La vida de Stoner es presentada al lector por diversas facetas (la campestre, los comienzos estudiantiles, el noviazgo y boda, el trabajo de profesor, el affaire con Katherine, etc.) por orden cronológico y desde un narrador impersonal, pero eligiendo el punto de vista de Stoner. No sabemos lo que piensa Edith, ni Grace, ni los demás personajes, aunque podemos deducir muchas cosas de los hechos que se nos muestran. Tampoco sabemos demasiado del pensamiento de William. A veces parece que siga una corriente vital, sin plantearse nada, como si estuviera fumado, dejándose llevar, como un canto rodado…like a rolling stone.
Lo que vemos en el desarrollo de la historia es que un hombre sencillo, honrado, que sigue su camino, es acosado por todos aquellos que le rodean; de un modo muy sutil a veces, de un modo violento y directo, otras. Y su refugio siempre es la literatura, que es el mundo que ha elegido ( a veces nos queda la duda de si es la literatura la que le ha elegido a éll). Con los libros vive y con los libros muere. Por lo demás, a pesar de estar siempre rodeado de gente, la soledad es su única compañía.

John Williams (Clarksville, Texas, 1922 – Fayetteville, Arkansas, 1994) fue un escritor estadounidense principalmente conocido por sus novelas Stoner, Butcher’s Crossing y El hijo de César, aunque también se dedicó a la poesía. Nació en una pequeña localidad tejana, Clarksville, Después de desempeñar varios empleos se enroló en el ejército en 1942, durante dos años y medio, sirviendo en la India y Birmania. Tras la Segunda Guerra Mundial fue a la Universidad de Denver, donde obtuvo su título de bachelor en 1949, y elmaster, en 1950. Durante este periodo publicó su primera novela, Nothing But the Night (1948), y su primera colección de poemas, The Broken Landscape (1949). En otoño de 1950 Williams fue a la Universidad de Missouri, donde ejerció como profesor y obtuvo el doctorado en 1954. En 1955 pasó a dirigir el programa de escritura creativa de la Universidad de Denver. Tras jubilarse en 1986, Williams se trasladó con su mujer a Fayetteville, Arkansas, hasta su fallecimiento.
  
Ariodante
agosto 2014

miércoles, 13 de agosto de 2014

‘Abrazando vértebras’, de Alberto García-Teresa

 | agosto 12, 2014 | MISCELÁNEA CULTURAL » Territorio en penumbra »
Publica Baile del sol el nuevo libro de Alberto García Teresa (Madrid, 1980), un poeta conocido por su palabra comprometida y su labor como activista. Sin embargo, aunque esa labor y su poesía van íntimamente unidas, no es en lo que nos vamos a centrar aquí. Lo que nos interesa es el fuerte trabajo de lenguaje que se imprime al texto para que este quiebre y grite, otorgue esperanza y asuma las derrotas. La labor de García-Teresa es la misma de César Vallejo: darle al leguaje el valor de testimonio, pero sin que este pierda su función poética. Por supuesto, García-Teresa se sitúa en la poesía de la conciencia crítica, de la que ha hecho un estudioLibros, literatura, poesía fundamental. Partiendo de esos postulados, su lenguaje salta desde lo histórico a lo atemporal, tal como hacía Bertolt Brecht para advertirnos del horror del totalitarismo, de la violencia irracional en manos de los mismos de siempre. García-Teresa escribe desde aquí y desde ahora, pero sus palabras deben valer como advertencia y como refugio. Además, como buen trabajador de lenguaje, sabe que este debe también ser puesto bajo sospecha, pues se utiliza al servicio del poder. Por lo tanto, la primera subversión va a ser la que se opera en ese territorio, creando un lenguaje para los que luchan y los que sufren la opresión. Un lenguaje propio frente al discurso único que otorga una función a los poetas en la república del nuevo día.
…………El lenguaje de García-Teresa abunda en imágenes. En su decir se concitan figuras de traslación de sentido para crear una sinapsis particular entre los términos. De ese modo, los elementos cotidianos, sobre todos los urbanos, están trabajados de tal modo que dan la idea de una prisión para el pensamiento, en donde el individuo debe darles nuevo uso si quiere ser libre. También el cuerpo se concibe como un elemento de liberación y se convierte en la expresión simbólica del propio dolor ante el sometimiento, así como de la fraternidad del abrazo es la única salvación para esos individuos forzados a la alienación y la soledad. García-Teresa conoce la capacidad subversiva del humor y de la solidaridad: ambas operan también como instrumentos metafóricos para romper el dogal que unce a los bueyes al trabajo. El trabajo de ritmo es también necesario para construir la partitura textual que se nos ofrece. El verso está montado musicalmente, cercano a esa música de lo conversacional que se nos antoja banda sonora.
…………Estamos, pues, ante un texto que demuestra la coherencia y también la solidez del discurso del poeta. Otro paso más en el desmontaje de una realidad cada vez más asfixiante.

martes, 12 de agosto de 2014

PALABRA POR PALABRA. Stoner


John Williams (1922-1994)
Ocurrió de este modo: me había dejado el último capítulo de Todo lo que hay, la última novela de James Salter, para leer, solitario, a la mañana siguiente; una forma como otra cualquiera de intentar alargar el placer, demorar lo inevitable. Por suerte, todavía me queda un libro de Salter por leer, La última noche, y sé que los relatos que contiene volverán a fascinarme con esa prosa deslumbrante, fresca, sabrosa. Es un consuelo pensar que entre sus páginas hallaré, seguro, fugaces vislumbres de las vidas, las historias y las palabras entretejidas en sus novelas, el regusto impagable de su portentosa Años luz. No obstante, como decía, me resistía a terminar Todo lo que hay y, aquella mañana, más bien temprano, cuando volví sobre ella, me encontré con que, en realidad, sólo siete páginas me separaban del indeseado final. Mi ocurrencia de la noche anterior se había convertido, de pronto, en una broma algo cruel. Las leí despacio y terminé enseguida. Un abismo se abría entre mis manos. Con toda seguridad, cualquier libro que empezase entonces habría de decepcionarme. Repasé mentalmente la lista de títulos pendientes, una lista inabarcable, y no conseguía decidirme por ninguno. Entonces tropecé con Stoner (Ed. Baile del Sol), una novela publicada en 1965 que pasó desapercibida para el mundo en su momento y que volvió a reeditarse hace poco, convirtiéndose ahora en un fenómeno literario internacional. Su autor, John Williams, fallecido en 1994, era un completo desconocido para mí y, a pesar de las buenas críticas, el entusiasmo general y el hecho de estar en posesión de un ejemplar de la novela, lo cierto es que no había pensado en leerla por el momento. La cogí y empecé a hojearla sin entusiasmo, dispuesto a abandonarla en cuanto el vacío de Salter se hiciese demasiado evidente. Sin embargo, cuando me levanté del sillón, apremiado por la hora de la comida, dejaba a mis espaldas casi doscientas páginas. Ya con el estómago lleno, regresé de inmediato al mundo del profesor Stoner, a su Universidad de Misuri, a su Departamento de Inglés, a su matrimonio, a su sencilla y profunda, ordinaria y turbadora vida a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Esta vez, no pude evitar el final, retrasarlo, ni siquiera me di cuenta de que se acercaba hasta que, apenas una hora más tarde, el libro caía sobre el propio Stoner y mi regazo; sus páginas agotadas.

viernes, 8 de agosto de 2014

LOS DIENTES DEL CORAZÓN

Imagen: Diviniti.es
A Ramón J. Breña le ha salido un libro redondo como una cazuela de barro. Es en su conjunto un guisolibro apetecible, sabroso, bien condimentado. Con pocos ingredientes (recuerdos, homenajes a lugares y personas, anécdotas) va conformando un mundo comestible en el que los personajes dan vueltas alrededor de un plato. Tienen hambre de casi todo. Aman con glotonería, cocinan como brujos- conjurando cosas-, comen a dos carrillos y beben con tanta sed atrasada que se diría que el mundo empieza en esa página.
Es este un libro para gente que le echa al guiso un puñao de tierra. Cazadores o cazados, gente que se deja desplumar, destripar y macerar bajo las sábanas, para los que  abren  la boca con tanta ansia que te derriten como manteca asada. Es para los  brutotes  ardientes que se pasan con el pimentón, para los que tiemblan de placer en los mercados, los que se arrastran como perros en el suelo para oler un hongo, una criadilla. Gente sin remilgos, salvajes de estómago, primitiva, lectora de  http://gastropitecus-gloton.blogspot.com.es/.
A mí me gustan estas lecturas de, sobre, hacia, para la gastronomía. No hay cocina sin comunicación. No hay cocina sin que nadie la nombre, la explique, la recree, la invente, la transmita.  Una amiga me preguntaba hace poco por el auge de los blogs. Pues eso, porque alguien la tiene que contar. Antes, al amor de la lumbre, ahora, a través de la red. Qué más da! Lo que no se comparte, no se guisa. Es como amar en solitario: consuela, apacigua, pero no llena.
A Ramón J. Breña le ha salido un libro libidinoso. Hay pringue de aceite y de sudor por todo el libro. Cuenta con detalles de recetario cada platazo de sábana y mantel. Pero, gracias a Dios, no es un recetario. Porque éstos son libros prácticos, a veces entrañables, de saga familiar, o de cocina monacal, pero llenito de instrucciones- odio que me den órdenes- y de medidas- odio medir las cosas. El libro de Ramón es una conversación en la que él me cuenta y yo le leo las vivencias de pescador-cazador-amante. Cocinero siempre para sentirse vivo y atado a algo que él entiende por vida en mayúscula.
También es Ramón un sociólogo y un amante de la antropología. ¡Qué le vamos a hacer! Hay gente rarita que lee a Harris y después es capaz de ponerse a hacer migas de chocolate, sopa de tierra, lomo de jabalí, cazuela de acelgas, una versión extremeña del garum o un cochinillo muy chino. Es un tío muy leído y algo viajado- parece-, lo que aún  le da más encanto. Tiene el pelo encrescapo y es de La Vera, donde reposa la sombra de Yuste y su melancólico emperador. Le pone pasión a la escritura, arrebato. Por eso Los Dientes del Corazónson relatos cortos, apenas un fogonazo, un salteado rápido de cuatro elementos que no cansen y sean sabrosos. De vez en cuando recomienda cosas, pero no vinos:
Si alguna vez, amigo, tienes la suerte de amar y ser amado por una cocinera o cocinero, no dejes que se vaya. Te aseguro que en sus manos tiene la cultura de lo  que de verdad somos los humanos, la civilización entera concentrada. Tal vez engordes en su compañía, pero qué importa. Serás feliz como solo lo son los hombres que saben comer y amar siempre con buen apetito”
Oído Cocina!

jueves, 7 de agosto de 2014

Comentario del pedazo de libro de Miguel Martínez López, Mis pies de mono

La primera vez que vi a Miguel Martínez López fue un martes cualquiera, hace ya unos años, en los Diablos Azules. Recuerdo que no es que me gustara su poesía, es que me sorprendió. Fue rápido el paso de la risa de alguno de sus poemas al frío de la angustia existencial y luego alguna de sus imágenes poéticas me remató. Joder. Le pedí su nombre y lo busqué por Internet. Descubrí que tenía un blog, Mis pies de mono, donde publicaba sus poemas. Ahí quedó la cosa porque tampoco le volví a ver, o si le vi no lo recuerdo. Y hace unos meses, en este zoco digital que es facebook, descubrí que alguien iba a ir a la presentación del libro Mis pies de mono, de Miguel, en esa semana. No pude ir, pero sabía que ese poemario iba a ser un atlas del dolor, de la alegría, de la angustia humana.

Y no me equivocaba porque en este libro publicado por Bailedel sol encuentras la agujeta enorme que supone hacerse mayor, como en el poema que inaugura el libro Cambio de asiento,

(...)
Guapos y valientes,
en el futuro atravesaremos
los campos, las ciudades,
sujetos a las crines de nuestro
caballo de acero.
(...)
Cómo imaginar
el asiento de delante
las mañanas de clínex y bostezos
la primavera gris de los semáforos.
(...)

Se puede decir que Miguel, desde la rutina y lo más opaco que te venga a la cabeza (hacer la compra, filosofar en la taza del váter, las axilas, los mosquitos del verano, el deambular mirando una manzana o al cielo) sabe desenrollar y multiplicar un paisaje rico y exacto. Digamos que pone la cantidad exacta de cocodrilo y de despertador, de risa y de muerte.

¿Y cómo no se va a admirar la poesía de un tío que escribe el poema Las palabras y las cosas? Ese poema que por supuesto quise, quiero y querré escribir porque consigue la magia de los poemas buenos y venenosos, que al leerlos crees que te han salido de dentro, que lo de fuera solo ha vuelto:

Yo no lo recuerdo
pero mi madre cargaba en brazos
cogía entre las suyas
mis dos pequeñas manos
que no eran manos todavía
que eran ruiseñores mudos y ni eso
que eran cabos sueltos
y me obligaba a tocar los objetos de la casa
uno a uno.
(...)

http://mispiesdemono.blogspot.com.es/


Y así te quedas, con cara de tonto y solo llevas treinta páginas del libro. La verdad es que es un libro currado, en el que aparece todo el mundo, incluido el currela (en el poema El extraordinario caso del hombre normal) que toma el café a tu lado cualquier mañana y que no leerá (creo) ningún libro de poesía porque no se siente identificado. (Pero en este si). También Miguel Martínez tiene la precisión o la alquimia o yo que sé de poder hacer imágenes poéticas como estas,

Llueve y es una catedral gótica/puesta boca abajo,
era tiernamente difícil/como el centro de un sudoku
Hoy el cielo limpio/como un portal recién fregado

Y ya veis, qué ojo tan normal y tan extraño tiene Miguel, qué dualidad (de puta madre) para seguir madrugando, desayunando, comiendo y viviendo y por otro lado, todo lo demás. El libro publicado por Baile del sol vale mucho menos dinero de lo que debería así que, antes de que alguien se de cuenta y se chive y suban el precio y a Miguel Martínez López lo pongan en altares y esas cosas y le regalen bolígrafos y cuadernos por las calles, id a comprarlo. Si no os gusta, leedlo de nuevo.

Aquí os dejo mi poema favorito de este librazo, que además me recuerda a mi poema preferido de tooooodos, el de La masa de Vallejo:

El poeta impuntual

El poeta vio una
puesta de sol
dulcemente hemorrágica
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.

El poeta vio
a una mujer desnuda
siniestramente blanca
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.

El poeta vio
a un niño devorando una chocolatina
despiadadamente puro
afiló sus lápices
muy rápido
y se sentó a escribirlo.

Por más que lo intentase
siempre llegaba tarde,
Siempre tarde
y la poesía de allí
se marchaba antes.

Cansado
el poeta se miró al espejo
afiló sus lápices
muy rápido

y se sentó a escribirnos.

martes, 5 de agosto de 2014

Contra el desorden suicida y la pulsión de muerte de este mundo “grande y terrible”

El Viejo Topo


No es necesario dar cuenta detallada de las diversas, sólidas y numerosas aportaciones del autor en ámbitos como la poesía, el activismo social, la traducción, la divulgación cultural, la lucha universitaria, la crítica literaria, la política de la ciencia, el ecologismo y la filosofía moral y política. Jorge Riechmann [JR] es uno de nuestros referentes más esenciales, un intelectual comprometido fuertemente, en la estela de Manuel Sacristán y Francisco Fernández Buey. Un autor (más que un autor) imprescindible. No hay exageración ni deslumbramiento acrítico en mi comentario.
El libro que ahora comentamos se abre con tres citas (¡ay, que fructíferas son las citas de JR! ¡No se pierdan la ironía del autor sobre ellas en el capítulo final del ensayo: “Epílogo: acerca de Jorge Riechmann”!). Sus autores: Imre Kertesz, Theodor Parker y Antonio Orihuela. Reproduzco la segunda de ellas: “Yo no soy un hombre que ame la violencia y respeto el carácter sagrado de la vida humana. Y sin embargo, afirmo solemnemente que haré todo lo que esté en mi poder para liberar a cualquier eslavo fugitivo de las manos de cualquier representante de las instituciones que intente volvérselo a llevar encadenado.” Estas palabras expresan bien, en mi opinión, uno de los nudos poliéticos esenciales desde los que el autor de Poemas lisiados ha escrito el conjunto de los artículos que componen este libro de hermoso y acertado título.
Componen los materiales de El siglo de la gran prueba trece trabajos, inéditos algunos de ellos, otros toman base en conferencias dictadas en diversos lugares circunstancias y, finalmente, hay también artículos ya publicados en revistas.
El primer escrito, “¿Socialismo en el siglo XXII?”, recoge, recuerda y comenta una observación de 1992 de Francisco Fernández Buey: “No vale la pena abandonar las palabras, porque lo que hemos de hacer es reconstruir los conceptos (como tuvieron que hacerlo los cristianos cuando el Sermón de la Montaña se trocó en poder político despótico”). La tesis defendida por JR: la tarea de los militantes y activistas del siglo XXI es tratar de evitar lo peor. Quizá, acepta el autor, una frase análoga haya sido verdadera casi en cada situación histórica del pasado pero “ahora lo es en un sentido muy especial” (p. 13). ¿En qué sentido? En el siguiente: “Si no conseguimos dar forma a una sociedad industrial sustentable, por improbable que resulte (y es extremadamente improbable), en este planeta sobran miles de millones de seres humanos… Eso significa un genocidio inimaginable que puede iniciarse –que de hecho está prefigurado en el business as usual- en los próximos decenios”. Todo nuestro esfuerzo, en su opinión más que razonable, debe encaminarse a evitar ese horror.
“Juan Gelman y el destino de nuestra esperanza” es el segundo apartado del libro. Escrito antes del fallecimiento del gran poeta, activista y periodista argentino, es un hermosísimo homenaje a su obra y a su persona. Finaliza con unos hermosos versos suyos: “La vieja llama no se apaga/ Las tormentas, las/ impiedades, todo/ lo que renuncia no/ le impiden temblar como un cuerpo deseado./ Insiste en el fracaso del mal…” (p. 23).
El tercer capítulo es una magnífica defensa de la poesía: ¿Por qué la poesía con la que está cayendo?”. La respuesta más breve, muy en la línea de José María Valverde, diría: “porque somos seres de lenguaje”. Los humanos somos seres “esencialmente lingüísticos, lo somos medularmente. El rasgo que más nos distingue de los demás seres vivos con los que compartimos la biosfera del lenguaje –la clase de lenguaje de doble articulación que es el nuestro, con su enorme potencia simbolizadora” (p. 25). Hay más razones: como la indagación, para desalinearnos, como crítica y utopía, para abonar nuevas propuestas para una enriquecida existencia humana, para caminar ligeramente, para compensarnos –“La creación humana puede compensar las carencias y frustraciones de otros deseos” (p. 31)-, como arte de vivir, por humanismo, para combatir senderos apocalípticos. En síntesis: “El principio del abominable mundo político-económico donde vivimos dice: todo es mercancía (y toda mercancía es por definición reemplazable). Por eso la poesía, hoy, no puede esquivar la insurrección, ni –en la preparación de ésta- la alianza con el humanismo.”
“Cansados de discursos que no conducen a nada” es una serie de anotaciones sobre el arte y la responsabilidad cívica. Una de las tesis centrales defendidas por JR: “La cultura como cortina de humo. El arte como maniobra de distracción. Intelectual, escritor, artista, poeta: tienes que decidir con quién estás” (p. 41). Sus comentarios complementarios: “A la cultura de relumbrón, con presupuesto ventripotente y glamour mediático, hemos de aprender a decir no. Un buen test es el siguiente: esa aportación cultural tuya tan abracadabrante y fundamental. ¿aporta algo a los campesinos de Guatemala? ¿Podrías defenderla ante una asamblea de esos campesinos?” (p. 43).
Componen “No ceder ante los desastres”, uno de los apartados más importantes del ensayo, 35 anotaciones sobre la posmodernidad. Algunas de las tesis y reflexiones más centrales: 1. Podemos seguir siendo humanistas, ilustrados y marxistas pero con minúsculas. No escribiremos nunca más Razón, Humanismo, Proletariado. No regresaremos nunca al delirio megalómano de las mayúsculas. 2. “El 70% de la posmodernidad filosófica está en Nietzsche –que se vuelve a poner en circulación, las más de las veces en formato de cómic”. 3. La posmodernidad, entre los intelectuales, “es antes que nada un fenómeno de pereza”. 4. Los posmodernos se “acomodaron dentro del capitalismo financiarizado con las mismas expectativas de protección que un faraón egipcio dentro de su tumba: al menos un ratito de sosiego. Pero lo que los cobijaba no era un pétrea pirámide, sino una sombrilla de papel” (p. 82)
“Siete notas sobre Nieztsche” describe al autor del Also sprach…, desde una perspectiva de izquierda no extraviada, como un tóxico, como el gran pensador anti-igualitario del siglo XIX, “en realidad de varios siglos”. A la hora de buscar “pensamiento nutritivo… no seamos nietzscheanos. Seamos epicúreos, o espinosianos, o marxistas, no nietzscheanos. “Nietzsche, mientras no apliquemos exhaustivamente nuestro detector de segundos y terceros sentidos, pertenece a Wall Street; nosotros deberíamos estar más bien con Occupy Wall Street” (p. 87).
“Sobre la moral de la trasgresión” es el siguiente apartado. La posición defendida por JR es básica y sencilla: “ningún puritanismo, ningún sadismo. Con que fuéramos capaces de atenernos a eso…”
“Los tullidos de la interrogación (Sobre filosofía y poesía: merodeos)” sirvió de base en su momento para una conferencia dictada en el museo de Arte de Durango (Vizcaya). “El filósofo piensa, pero el poeta vela, dice un verso de César Antonio Molina. La fórmula es muy buena” (p. 101). Algunos, el autor del libro entre ellos, piensan y velan. Ambos son los tullidos de la interrogación, señala JR igualmente.
“Asustarnos de nosotros mismos”, un artículo dedicado a Paco Fernández Buey, “que ahora está lejos”, fue publicado en 2012 en Viento Sur, una revista dirigida por Miguel Romero, alguien, otro compañero más, que también ahora está lejos. “Nos asustamos demasiado poco. Asustarse de ser marxista es un buen comienzo, pero se queda corto”.
El siguiente capítulo lleva por título “Estamos todos en peligro”. Es un hermoso texto de prosa poética escrito en otoño de 2011, con toda la melancolía de la estación. “Ay, qué deseo de tumbarnos a descansar en cálido lecho; y qué paz posible en una poesía o un pensamiento que no remitiesen a nada fuera de sí mismo. Pero no debemos ceder” (p. 108).
25 anotaciones componen “El coche atropelló al gatito. El autobús esquivó a la tortuga”. Aforismos, hermosos aforismos de inspiración griega (ampliada y matizada). “Vivir es aprender a morir, insiste el filósofo occidental. Vivir es aprender a desprenderse del yo, matiza el pensador oriental con una leve sonrisa” (p. 115)
Son 33 las anotaciones de “Un árbol de cien años para una casa de cien años”, un escrito de 2012. La décimo quinta: “El amor al trabajo y el amor a la fiesta; y no ver esos dos amores como contradictorios, sino como complementarios. Ese ha sido, a lo largo de los siglos, el secreto de la supervivencia de los pueblos campesinos” (p. 123). La trigésimo primera: “Vive oculto, aconsejaba Epicuro. No ha de entenderse como una renuncia a la vida pública, sino como la invitación a participar en la vida pública de otra forma: una que se enfrente radicalmente a la sociedad del espectáculo” (p. 130).
El epílogo, “Acerca de Jorge Riechmann”, es puro Jorge Riechmann. Además de la ironía de algunos pasos a los que ya nos hemos referido, varias joyas; “¿RB (Renta básica)? Bueno, pero a cambio de un SLO (Servicio Laboral Obligatorio)”. “Nihilismo: en cada manzana de cada ciudad española, hasta de cada pueblo grande, una agencia de viajes y un negocio de fotodepilación. ¿En estos nos hemos convertido?”. Una de las últimas: “Ha perdido la lleva. Pero piensa que ahora, posiblemente, está más cerca de poder abrir la puerta…”
Por si faltara algo, hay que recordar la hermosa edición del libro. A la altura de su contenido. 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=183820

domingo, 3 de agosto de 2014

Petroglifos, Luis Vea

Baile del Sol, Tenerife, 2014. 56 pp. 9 € 

María Dolores García Pastor 

Petroglifos es el título del nuevo poemario del escritor y poeta barcelonés Luis Vea. Veintidós poemas agrupados en cuatro apartados ("Volcán", "Latente", "Alma de batracio" y "Petroglifos") en los que se respira la esencia de las islas Canarias.
Poemas breves, con una exquisita concreción de trazo, de pincelada precisa. Un minimalismo formal forjado a través de la materia prima que nace en las islas canarias: lava, ceniza, piedras, agua, arena.
Este es un libro de paisajes internos que se miran en ese espejo que es la orografía de las islas. Una vez más este poeta nos viene a confirmar que una de sus grandes cualidades es su capacidad para unir el paisaje y las sensaciones convirtiéndolos en un todo. El paisaje, al principio del poemario más descriptivo, deviene esencial a medida que avanzamos en la lectura.
Petroglifos es también un libro de contraposiciones. El volcán es la calma pero también la furia. Las islas son la libertad pero también el confinamiento. La relación del poeta con el archipiélago canario, forjada a través de numerosas estancias en las islas, se hace presente en todo momento.
Vea conoce muy bien el lugar del que nos está hablando y eso se nota no solamente en lo que nos muestra sino en el lenguaje con el que lo hace. Así viajamos por un texto en el que abundan los jameos, médanos, fumarolas, perenquenes y el picón.
El paso del tiempo es un tema presente en toda la obra de este autor en especial en su poemario Hachazo de metrónomo (2011). Viendo la extensión de la obra el lector no puede por más que preguntarse cómo se puede decir tanto en tan poco.