Mostrando entradas con la etiqueta momentos estelares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta momentos estelares. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de febrero de 2014

“Momentos estelares” de Javier Cánaves

Javier Cánaves (Palma de Mallorca, 1973), no es un recién llegado al panorama de la poesía española, irrumpió en él muy joven, y cuenta en su haber con títulos como El peso de los puentes (Premio Ciutat de Palma Rubén Darío) y Al fin has conseguido que odie el blues (Premio de Poesía Hiperión).Momentos estelares (Baile del Sol, 2013), es hasta ahora su última entrega poética, un conjunto de cuarenta poemas, escritos entre los años 2008 y 2013.Momentos estelares es esa luz que se persigue sin cesar y sin tregua con rabia, como en aquella canción de The Smiths, There´s a light that never goes out, una luz que se debe de perseguir solo, porque Persigues como un loco aquella luz. / Hay un túnel y debes caminarlo. / Solo. Hay una luz que ilumina las primeras veces que nos enfrentamos a lo más hermoso de la vida, a la Belleza, a la juventud que se vislumbra tan sólo por una vez y se es consciente de que nunca se podrá volver a recuperar, a la literatura, a la música; cita Cánaves en “Sobre las primeras veces” a Bukowski y a Damien Rice,literatura y música determinan el territorio donde se mueve el autor, no se trata de una poesía culturalista, pero si con referentes culturales que nos muestran como el poeta entiende la vida a través de otros ojos que no son los suyos. Son esos momentos inaugurales de la vida y de las cosas los que el poeta rememora y escribe, ¿Cuántas veces nos quedan / como aquellas primeras veces?. Pero a lo largo de nuestra existencia, de nuestro vivir, vamos acumulando esos pequeños detalles, esas mínimas vivencias que son las que realmente configuran nuestra vida, y son esos detalles los que después nos apuñalarán con dulzura, los que formarán nuestro reposo, los que rememoraremos cuando todo vaya mal, pues La verdad es terrible, ¿lo sabías?, y tal vez sólo el amor puede ser un posible sentido de la existencia, […] ganas de arrancarme el corazón y entregártelo / sin condiciones ni plazos.
En “Sed” se abarca el título del poemario, esos momentos estelares, y se afirma, La vida y sus momentos estelares. / Qué grandes fuimos y qué triste es todo ahora, esos momentos en los que se tenía una inmensa sed de vida, un apetito intenso por vivircómo solo se tiene a los dieciocho años, pero el tiempo nos va despojando de todo cuanto merece la pena, de todo cuanto brilla, que acaba doliendo demasiado. El tiempo es, tal vez, la clave que preside nuestras vidas, donde estamos atrapados sin remisión, solamente somos el tiempo que nos queda, porque para Cánaves el tiempo es fundamentalmente pasado; Soy un hombre muerto que gestiona su pasado. / El futuro es pasado, el presente es pasado, el pasado lo es todo / Todo está muerto y enterrado y todo quedó atrás, y aparece de nuevo la visión del mundo visto por otros autores de los cuales el poeta se siente cercano, Fonollosa, Roque Dalton, el outsider Dennis Cooper.
Tal vez la vida es un viaje desesperado, donde sólo tenemos pasado, y Dios no sirve para nada, pero sin embargo nos restan algunos tablones a los cuales agarrarnos para no naufragar, para no sucumbir, Quedan el vino, las mujeres, los poemas, como tal vez Bukowski podría afirmar también. El erotismo y el goce de la carne forman parte de esos Momentos estelares, encuentros con mulatas de sinuosos cuerpos en viejos pisos sin ascensor, mujeres de aliento sexual y primitivo, mujeres que se acaban evocando en las noches de soledad, y eso duele, como siempre se tuvo la certeza de que haría.  Y José María Fonollosa vuelve a atravesar las páginas del poemario, para aparecer como ese personaje incómodo que nunca sabe irse de las fiestas, o cuenta chistes malos el día de tu boda, ese personaje áspero del que todos huyen, porque en realidad nos recuerda siempre la única verdad, Soy igual que el espejo de ese cuento, digo lo que no quieren escuchar: / que todo es aburrido, insuficiente / y absurdo, y que la muerte no anda lejos,  y quizás porque la muerte no anda lejos y nos puede dar su último beso, debemos de vivir cada día como si fuese el último.
Javier Cánaves es un poeta de espíritu rebelde, una voz molesta para los biempensantes, para los tibios, para los moderados, para los que quieren pasar por la vida sin ensuciarse demasiado y sin tomar partido, todos esos hombres a los que el poeta rechaza como modelos vitales, ya que los que hacen girar realmente el mundo son los que se arriesgan, y sin ellos, no habría progreso posible, porque afirma en “Después de leer a Michel Onfrey”,Los tibios, los de centro, los agnósticos, […] alguien puede decirme que sería del mundo sin nosotros?. El poeta es también el cronista del desamor  contemporáneo, esas escenas que se suceden mientras suena Edith Piaf de fondo, dibujando el desaliento; saber que tal vez las cosas pudieron ser diferentes a como fueron, pero que es imposible, y quizás no deseable cambiar la realidad, los hechos, Pensar que pudo ser distinto es ingenuo y penoso, también inevitable. Pero no sólo del desamor contemporáneo se ocupa el poeta, sino también de la locura en “Disertación sobre la locura una mañana luminosa de febrero”, por donde se pasean las figuras de Hölderlin, Giacinto Scelsi y Panero, dibujando ese quizás último tabú en las sociedades modernas que es la crisis mental. La muerte es otra de las figuras que se insinúan en este Momentos estelares, que aguarda emboscada en cualquiera de las estaciones, promesa segura del tiempo, porque éste puede esconder,el tacto áspero/ de una soga / que no era / para nosotros/ pero que puede ser/ para nosotros.
baile del sol Momentos estelares de Javier Cánaves | #MundoLiterario (Poesía)
Ediciones Baile del Sol
Es la poesía de Cánaves, una poesía de tono narrativo que ahonda en los asuntos fundamentales del ser humano, como siempre ha hecho la gran poesía; nos habla del tiempo y de como éste delimita nuestra existencia, como llegado un punto, somos pasado, memoria, más que presente, pero, por otro lado, es una poesía que canta la maravilla del mundo, esos preciosos instantes irrecuperables en los que nos iniciábamos en la vida, en las cosas por vez primera, y la vida nos deslumbraba, con esa luz, que tal vez debemos de seguir hasta el final de nuestros días. A su vez explora el gozo de la carne y sus misterios, como tal vez, afirmación de la vida, como último refugio ante el temporal desordenado que es la existencia. Y el amor atraviesa su poesía, una crónica del desamor contemporáneo, de la tristeza, porque puede que ésta sea el destino último del amor, La tristeza que todo amor precisa / para ser de verdad y para siempre, y verdadera y para siempre, es la palabra poética de Javier Cánaves.

Autor de la reseña: Ismael Cabezas

Compra el libro ahora

BIOGRAFÍA DEL AUTOR: JAVIER CÁNAVES
Es autor de los poemarios Momentos estelares (Baile del Sol, 2013), Limpieza y absorción (Editorial Delirio, 2011), Molt més en joc (El Tall Editorial, 2007), El peso de los puentes (DVD Ediciones, 2006, Premio Ciudad de Palma Rubén Darío), Al fin has conseguido que odie el blues (Ediciones Hiperión, 2003, Premio de Poesía Hiperión) y Al sur de todo mapa (Ediciones Hiperión, 2001, Premio Internacional de Poesía Antonio Machado en Baeza)

miércoles, 19 de febrero de 2014

JAVIER CÁNAVES. MOMENTOS ESTELARES

JAVIER CÁNAVES. MOMENTOS ESTELARES. BAILE DEL SOL EDICIONES, 2013
No siempre —hay casos paradigmáticos como el de Gerardo Diego que, a pesar de su renombre, encontró grandes dificultades para publicar su obra, lo que ocasionó desajustes temporales que sólo inteligentes investigaciones pueden aclarar— el orden de publicación de un libro se corresponde cronológicamente con la fecha de su escritura. Por otra parte, es frecuente que la escritura de un libro de un género determinado se simultanee con la escritura de libros de otro género, incluso del mismo. No hay compartimentos estancos en la escritura, como tampoco puede el autor sustraerse al impulso, llamémosle inspiración, que gobierna su escritura. En sí mismo, este hecho posee alguna trascendencia cuando el arco temporal es muy amplio, lo que podría llevarnos a pensar que asistimos a periodos creativos muy alejados y diferentes. Pero, este no es el caso. Javier Cánaves explica en una nota previa a los poemas deMomentos estelares que muchos de ellos fueron escritos con anterioridad a los incluidos en Limpieza y absorción, publicado en 2011. «Concretamente, estos poemas fueron escritos entre los años 2008 y 2013». Creo que esta información es relevante para el lector en la medida en que éste siga la trayectoria poética del poeta, pero carecerá de importancia para ese lector que se enfrente por primera vez con un libro de Cánaves (algo que, en cierto modo, me provoca un encontrado sentimiento de envidia) y descubra la frescura y el humor, la ironía y el desamor que menudean por estos versos.
Momentos estelares es un libro unitario, aunque en los cuarenta poemas que lo componen, encontremos, si no distintas voces, sí diferentes registros de un mismo tono de voz, una voz, por otra parte, consolidada en toda su obra precedente por una particular manera de decir, de narrar incluso, en la que se mezclan el dolor y el placer, la razón y la fantasía (el poema más desgarrador del libro, «La ventana», relata un angustioso sueño, una pesadilla en la que su hija se precipita hacia el abismo desde una ventana, después de escurrírsele entre los brazos). Pero no adelantemos acontecimientos. El poeta ha adquirido con el paso de los años una experiencia que, sin duda, favorece la adaptación al entorno, pero también anula la capacidad de sorpresa, porque uno cree haberlo visto casi todo y quizá sólo recurriendo a las herramientas que la imaginación pone a su alcance consiga romper la rutina de una vida corriente. El poeta entra en la cuarentena, la edad madura por antonomasia, por tanto, la añoranza de la inocencia infantil se presenta como algo inevitable. La posibilidad de que algo ocurra por primera vez es casi inexistente, lo que lleva a Cánaves a preguntarse «¿Cuántas veces nos quedan/ como aquellas primeras veces». Nadie puede contestar a esta pregunta con absoluta fiabilidad, sin embargo, lo que sí podemos afirmar es que el poeta se muestra mucho más receptivo que cualquier otra persona a ese tipo de acontecimientos, tiene la ventaja de estar al acecho, está a la espera de que suceda un momento estelar que dé sentido a la existencia. La sucesión de estampas que los poemas esbozan nos van delineando el autorretrato, sin bien artificioso, del poeta, un autorretrato en el que, como apunté más arriba, la ironía juega un papel importantísimo. Javier Cánaves juega con la información biográfica que nos desvela, exagera («Soy un hombre muerto que gestiona su pasado»), menosprecia sus virtudes, se autocompadece huyendo de la realidad («Hay que ponerse ciego para verlo/ claro»), consciente de que la verdad no resulta relevante para enjuiciar al poema, porque en poesía todo las artimañas están subordinada a la estética.
Los poemas de Cánaves son ricos en detalles, minuciosos en la descripción del escenario y del estado de ánimo del personaje que sirve de testaferro al poeta, capaz de desdoblarse en una prostituta caribeña, en otro poeta —José María Fonollosa o Roque Dalton— o en un sociópata que trata de vivir el día a día como si cualquiera de ellos fuera el último de su existencia («Otro día que puede ser el último», piensa al acabar una jornada desenfrenada). Pero más que victimismo, lo que esconden versos como éste es un deseo irrefrenable de apurar el instante, de ser, a pesar de todos los sinsabores y contratiempos, dichoso, como corroboran algunos versos del poema « Judy Minx a los 15 (frente al espejo)»: «Lo que cuenta es ser/ feliz, deja que sean otros los/ que lloran», versos que, por otra parte, nos sirven como ejemplo inigualable de el uso magistral que Cánaves hace del encabalgamiento como método para resaltar esa fractura, esa incertidumbre que persiste entre el deseo y la realidad. Ya lo sabemos, las palabras resultan insuficientes para plasmar la expresión plena de la emoción, de un sentimiento, pero son el único instrumento de que dispone el poeta, por esa razón quizá sea inevitable reflexionar sobre su utilidad. «El paisaje secreto es un poema», escribe Cánaves, y me atrevo a especular que lo que esto significa es que lo misterioso, lo indecible es lo que constituye la propia escritura, lo que podemos adivinar en los espacios en blanco entre las palabras, no el itinerario más o menos evidente que el poema ensancha. El poema solidifica el tiempo, por eso escribe «Ahora escribo el poema/ y tú sigues ahí».
Las sucesivas máscaras permiten traspasar a otro yo las adversidades pasadas o las que se adivinan en un horizonte confuso, permiten un distanciamiento que el personaje ficticio que habita en el poema aprovecha para desahogarse, para reprender, para maldecir, para maltratar al prójimo y a sí mismo, pero también sirven para reverenciar al cuerpo poseído («Tu cuerpo es un refugio»), para atribuirle la mayor jerarquía: «Nada importa/ más que tu cuerpo en esta habitación».
El lector puede pensar que con «Una despedida», el  penúltimo poema del libro —curiosamente, escrito en prosa— la historia llegaba a su fin, un fin duro y triste: «Ahora debo pensar cómo decírselo a mi hija. La gestión de los dramas nunca se me dio bien», pero Javier Cánaves da otra vuelta de tuerca a la tribulación que ha protagonizado los poemas y, en un final digno de una película de suspense, no oculta los restos de resentimiento que nutren la escritura, por eso el libro termina con unos versos tan inquietantes como estos: «Hay una luz…//…cuya esencia es la sombra de un cadáver/ con nuestras huellas dactilares/ impresas en su cuello».  Momentos estelares encierra en sus páginas el botín de guerra que Javier Cánaves ha obtenido al derrotar a sus demonios. No se trata de que la biografía sea necesariamente la cortada que propicia la escritura (aunque pueda serlo), ni de que sobre las cenizas de una relación amorosa se construya una nueva vida, pero la pasión cuando se apaga se convierte en un tormento, y de ello dan prueba estos cuarenta poemas descarnados, mordaces y desesperanzados que dejan al descubierto las costuras de la conciencia y, al mismo tiempo, son irreverentes, están cargados de voluptuosidad y de rebeldía, que es la forma más incómoda de la esperanza.

martes, 28 de enero de 2014

Momentos estelares, por Javier Cánaves

Editorial Baile del Sol. 71 páginas. 1ª edición de 2013.

De Javier Cánaves (Palma de Mallorca, 1973) ya he comentado en el blog cuatro libros: sus tres novelas editadas por Baile del Sol y su poemario Limpieza y absorción (2011), editado porDelirio. Ya he contado también aquí que Javier y yo somos amigos, y que antes de conocerle había leído sus poemarios Al fin has conseguido que odie el blues (Premio Hiperión, 2003) y El peso de los puentes(Premio Ciudad de Palma Rubén Darío, 2005). En diciembre de 2013 Baile del Sol ha editado su último poemario, Momentos estelares, y Javier Cánaves tuvo la gentileza de hacérmelo llegar a casa por correo ordinario.

El propio Cánaves nos cuenta en su prólogo que con este nuevo libro se rompe el orden cronológico en el que hasta ahora se han ido publicando sus poemas. Aquí se incluyen composiciones que están escritas antes de la publicación en 2011 de Limpieza y absorciónMomentos estelares está formado por cuarenta poemas escritos entre 2008 y 2013. Cánaves, en correos electrónicos, me comentaba que le preocupaba que los poemas de este libro no terminaran de cuajar como una unidad con entidad propia. Pero, como le dije a él en privado y hago ahora en público: en realidad no hay ninguna sensación de discontinuidad en el libro, y ciertamente la variedad de enfoques y temas le da fuerza y consistencia.
De hecho, y lo digo desde ya, Momentos estelares me parece, junto con Al fin has conseguido que odie el blues, el mejor poemario de Javier Cánaves hasta la fecha. Y posiblemente, el tono de desencanto de Momentos estelares, su suave ironía y la nostalgia por la juventud hacen de él una obra de gran madurez.

El tema principal de Momentos estelares sería el de la juventud que nos dejó y la asimilación de la vida adulta con sentido de pérdida, pero también tras haber conquistado la lucidez de una mirada más sabia sobre el mundo.
El poema Sed puede ser un buen ejemplo para mostrar el tono del poemario:

Sed


La vida y sus momentos estelares.
Qué grandes fuimos y qué triste es todo
ahora. No me dejes esta noche
beber más. Todo brilla y todo duele
en un temblor descontrolado. Bebo
y no debiera. ¿Qué se hizo, dime,
de tanto amor y tanta sed? Aquella
sed era diferente, era sagrada,
sed de gigantes en la cuerda floja,
sed de Clyde Chestnut y de Bonnie Parker,
sed de un fulgor violento, irrepetible
como mi cuerpo de los dieciocho
años, como tu risa que ya nunca
escucho. Todo brilla y todo duele.
En esta noche inmensa, no me dejes
beber más. No me dejes. Tengo miedo.
Mi sed es diferente, es más oscura.
La vida y sus momentos estelares.
Qué grandes fuimos, Dios, qué grandes fuimos.


El poeta vuelve continuamente la mirada hacia el pasado, mientras se adentra con incertidumbre en las sombras del futuro. Me gustaría destacar también el poema Sobre las primeras veces:

Sobre las primeras veces


Como la primera vez que viste a una mujer desnuda,
de carne y hueso, a tan solo un descuido
de tus dedos temblorosos;

como la primera vez que pisaste la nieve acumulada
y el campo y las montañas y tu vida entera
parecían la misma cosa
pura e inviolable;

como la primavera vez que leíste aquel poema
de Charles Bukowski, GERTRUDE ESCALERAS ARRIBA, 1943,
y supiste que todo momento mágico, irrepetible,
guarda en su reverso una imagen de la decrepitud
y la derrota;

como la primera vez que escuchaste aquel tema
de Damien Rice mientras una Natalie Portman de pelo rojo
avanzaba entre la multitud a tu encuentro
y fuiste consciente de que, pese a su belleza,
lo hubieses dado todo por escribir aquella canción
antes que por dormir a su lado.

¿Cuántas veces nos quedan
como aquellas primeras veces?


Y, como es habitual en la obra de Cánaves, el poeta habla del amor y de la belleza, mezclando el tono celebrativo con la inminencia de la pérdida, de la grandeza que sabemos que sólo va a perdurar en nuestro recuerdo. Me gustaría incluir ahora el poema que más me ha gustado del libro, posiblemente uno de los poemas que más me han gustado en los últimos años:

El trueque


La verdad siempre tuvo un aire triste,
sobre todo después de limpiarse la cara.
Prefiero mirar por la ventana o centrar mi atención
en la curva perfecta de tu culo.
Dios bendiga los gimnasios de barrio, la fe en la perdurabilidad,
los domingos a partir de las ocho, después del Apocalipsis
y antes del telediario.

Quiero desmenuzar tu existencia
bajo la vigilancia imparcial del aire acondicionado. Quiero pensar
que recordaremos este momento con una precisión maniática
y no me refiero a tus palabras, sino a los detalles,
los detalles que después nos apuñalarán con su dulzura:
los libros apilados en la mesita de noche,
la lata de Kas Limón a medio beber, la persiana entreabierta
a una calle con muchos números para convertirse, al fin,
en la calle más triste y asesina del mundo,
una calle en la que zambullirse en pelotas,
con una copa de vino tinto en la mano,
después de haber brindado por todas las cosas rotas
que fuimos apilando a lo largo de nuestras vidas.
Pero esto es un primero y carecemos de vino,
debemos conformarnos con el Kas Limón
de los figurantes anónimos.

Te veo caminar desnuda por el pasillo.
Morirás siendo esclava, ciega y sin dientes, sola,
lejos de todo lo que un día amaste,
pero ahora mismo (y lo sabes ) eres una diosa,
la más grande entre todas las diosas que los hombres inventaron.
Tus pechos son lágrimas de cera viva.
Deja que queme mis labios en ellos, deja que me olvide de todo
por unos minutos, no, no prepares todavía la ensalada,
no me preguntes si estoy bien porque nunca he estado mejor,
necesito contártelo todo pero no puedo hablar,
sólo puedo abrir la boca para lamer tus pezones,
el vello de tu ombligo, para darte las gracias
con esta especie de quejido tonto,
como un perro salvado de la lluvia,
como un reo indultado en el último instante.

Ya te dije, cosas de poetas.
A veces se nos va la cabeza y andamos días, meses enteros,
sin nada sobre los hombros.
Decapitados que le aúllan a la luna,
a los letreros luminosos de las ciudades,
al culo de la primera que se arriesga a acogerlos en su cama
y les da de comer y de beber,
y les baila desnuda hasta que caen dormidos
o se tiran por la ventana.

La verdad es terrible, ¿lo sabías?
Al final la verdad es un juguete roto en manos de los pobres,
es esta música sonando en tu portátil mientras troceas el tomate
y mis ganas de arrancarme el corazón y entregártelo
sin condiciones ni plazos
y qué triste es la vida,
qué grande, ¿no la sientes?, ¿no escuchas sus pisadas,
el desplazamiento de tropas bajo la cama deshecha?
Mientras le añades pipas a la ensalada, y pasas, y cuadraditos de pavo
y no sé cuántas cosas más, yo me agacho y vigilo,
escruto el sideral abismo hecho de ausencias, sandalias
y cajas de cartón.

Todas las cosas rotas de mi vida, las que me empeciné en romper
y las que me llegaron así, ya rotas, sin posibilidad de ser devueltas.
Objetos hechos trizas, frases partidas y olvidadas en la guantera del coche
o en el cajón de los cubiertos.
El material de que está hecha mi ternura, la poca que logré salvar,
la que te entrego a cambio de tu cuerpo y tu alma
y unas hojas de lechuga
y un tomate.

El trueque me parece justo.
No debes preocuparte. Nadie
sabrá que nos vendimos por tan poco.



Y no me resisto a mostrar aquí el poema que Javier Cánaves me dedica de Momentos estelares, lo que me hace sentir un gran orgullo. Según me comenta Javier, me dedica el poema Hambreporque se acercó a este libro de Knut Hamsun tras leer sobre él en mi novela Acantilados de Howth.


Hambre


Para David Pérez Vega


Me pasé el día leyendo Hambre, de Knut Hamsun.
El sol quemaba mis hombros y yo leía y veía a Hamsun
abrazado al cabronazo de Joseph Goebbels.
Aquella novelita me tenía hipnotizado.
Le di gracias al cielo por no haberla leído
con 18 años. De haberlo hecho,
probablemente me hallaría bajo tierra,
muerto por inanición artística,
como un aspirante a maldito
sin otro mérito que su propia defunción.

Mientras leía y dejaba que el sol
hiciera su trabajo, el hambre crecía en mi interior
como una víbora borracha.
Hambre, sí, pero hambre de qué.

Terminado el libro, lo cerré y me zambullí
en la piscina. Nadé con la esperanza de ser sólo
tormento muscular. El verano crepitaba.
Mi actividad acuática no hacía más que aumentar
el hambre que sentía,
que me devoraba por dentro como un ácido.

Ya en casa, recordé
que la gran novela del hambre
había sido escrita por un españolito anónimo
del siglo dieciséis. Pues sepa vuestra merced,
ante todas cosas, que a mí me llaman Lázaro de Tormes.
Pensé en un rostro áspero, con los dientes partidos,
repleto de cicatrices,
en Joseph Goebbels quemando la vieja Europa,
en todo lo que había hecho falta
para el surgir de la Literatura.

Tuve un instante de terror,
un segundo de vértigo inmedible.

Tenía que tranquilizarme,
el verano no había hecho más que empezar.
Quedaban muchos meses por delante
para intentar recomponer
la ciudad posnuclear
que era mi vida.

Pero el hambre, joder, no remitía.
La víbora mordía en lo más hondo.



Así que, como ya he señalado al comienzo de la entrada,Momentos estelares me ha parecido un poemario de una gran madurez y hondura, que me ha hecho disfrutar mucho, que entroncaría de forma directa con la poesía que siempre ha sido mi favorita: la poesía narrativa que pretende encontrar el lirismo en la experiencia cotidiana, como ya hicieron antes que Cánaves poetas como Jaime Gil de Biedma o Juan Luis Panero, y a cuya tradición Javier Cánaves se suma con voz propia.

martes, 21 de enero de 2014

Esta semana, tres presentaciones de Baile del Sol

Un poemario, una novela y un libro de aforismos, todos ellos publicados por Baile del Sol, se presentarán a lo largo de esta semana en diferentes puntos de nuestra geografía.
Esta misma tarde, el escritor Javier Cánaves presenta su último poemario, Momentos estelares en la librería mallorquina La Biblioteca de Babel, que el propio autor define como un “poemario aglutinador”, asegurando que “el lector que se acerque a Momentos estelares encontrará una variedad considerable de momentos vivenciales, en el sentido más amplio del término”. La presentación tendrá lugar a las 20:00 h. en LA BIBLIOTECA DE BABEL, C. Arabí, 3, Palma – Mallorca.


El jueves, 23 de enero, a las 19:00 h. el periodista Juan Cruz será el 
encargado de presentar la novela del joven canario Ramón Betancor, Caídos del suelo. El acto tendrá lugar en el fórum de FNAC Castellana, Paseo de la Castellana, 79, de Madrid. Los lectores podrán conocer así algo más de esta trepidante novela que cuenta la historia de Mario Rojas, un escritor al que sus ansias de publicar le llevan a intentar saldar la deuda que un amigo ha contraído con El Clan, una organización secreta que se lucra con el trabajo de artistas a quienes promete poderes mágicos.


Y, por último, el viernes 24, quienes se encuentren por Salamanca tendrán la posibilidad de asistir al acto de presentación del libro La más cruel de las certezas, de Mario Pérez Antolín, que tendrá lugar en la librería Hydria, situada en la plaza de La Fuente, 17. El autor estará acompañado por Carmen Velayos, profesora de Filosofía de la Universidad de Salamanca. La más cruel de las certezas es una recopilación de aforismos, con prólogo de Victoria Camps, en el que habla del autor como un maestro en este género: “Sorprender es lo que consigue  el aforismo cuando atina a decir con claridad lo que se esconde tras una ocurrencia reflexionada. Descubre lo desapercibido, descoloca lo que parecía perfectamente ubicado, establece conexiones insospechadas. Un buen aforismo es la síntesis lograda de una idea que no precisa de ulterior desarrollo y que desvela la substancia de la autorreflexión”.

jueves, 12 de diciembre de 2013

2013 de Poesía. Día 346. Javier Cánaves

Día 346. Javier Cánaves. Momentos estelares (2013)


Una luz

Persigues una luz. A veces quema,
te seca la garganta igual que una necrosis muscular.
Tu cuerpo sufre convulsiones,
pero nadie parece percatarse.
La tormenta se oculta en tus arterias,
desciende a los riñones, se hace grito
y tú sigues en pos de aquella luz.
A veces hiela igual que el abandono.
Tú haces ver que consigues controlarlo.
No es la falta de amor sino su exceso
lo que te obliga a zambullirte en su oleaje.
Las olas te recuerdan que es preciso volver.
Después de la avalancha, queda el frío
y la tele encendida sin volumen.
No intentes compartirlo, nadie va a comprenderte.
Persigues como un loco aquella luz.
Hay un túnel y debes caminarlo.
Solo.