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martes, 30 de noviembre de 2021

Reseña de STONER, de John Williams en Isla de papel

 


Pongamos que hay que decidir qué libros son imprescindibles. Pongamos que nombro este libro de John Williams (1922-1994) que se publicó en 1965 y que fue la tercera novela de este escritor. Novelista, también poeta, periodista, editor, doctor en Literatura Inglesa por la Universidad de Missouri. Un hombre de letras, yo diría, un humanista, en el sentido más cercano de esta palabra, el que aprendimos al describir aquellas personas que tienen un hondo sentido de la humanidad como centro del universo. 


Un amigo me descubrió Stoner. Llego a los libros de formas muy diferentes, pero algunos han surgido de la mano de alguien. En este caso, en el verano de 2014, todos los libros eran para mí bienvenidos, puesto que solo era yo y los libros, solo era yo y la soledad, solo yo y la desesperanza. Así que Stoner arribó en el momento oportuno a mi casa del Aljarafe, grande, soleada y solitaria. 

Resulta raro pero es así: el primer párrafo del libro describe toda la obra. No hay misterio ni ocultación. Es lo que cuenta y resume sin darle apenas importancia:

William Stoner entró como estudiante en la Universidad de Misuri en el año 1910, a la edad de diecinueve años. Ocho años más tarde, en pleno auge de la Primera Guerra Mundial, recibió el título de Doctorado en Filosofía y aceptó una plaza de profesor en la misma universidad, donde enseñó hasta su muerte en 1956. Nunca ascendió más allá del grado de profesor asistente y unos pocos estudiantes le recordaban vagamente después de haber ido a sus clases. Cuando murió, sus colegas donaron en su memoria un manuscrito medieval a la biblioteca de la Universidad. 

Quizá nos llame la atención que la historia de un hombre corriente, que pasa de estudiante a profesor y que se casa y que tiene una amante y una hija, pueda convertirse para nosotros en una lectura interesante, o animada, o ilustrativa. Pero es así. Esa misma linealidad, esa misma sencillez es lo que nos perturba. Es como si se escribiera la vida de cada uno de nosotros. Nacemos, tenemos una familia, estudiamos, trabajamos, formamos nuestra propia familia, enfermamos y morimos. Eso era todo, podría decirse en cualquier drama de Shakespeare. Eso era todo, pero ese todo es nuestro, no es un agente extraño, es lo que somos y lo que dejamos de ser, sin mayores explicaciones ni motivos. No hay razones para entenderlo y por eso Williams lo muestra con la enorme naturalidad de quien sabe que no hay otra forma de asumirlo. 

Luego está la ternura. La vida personal y la vida académica de Stoner tiene sus mediocridades, sus envidias, sus zancadillas, todo lo feo que sabemos que existe. Eso lo redime ante nosotros, lo convierte, de nuevo, en alguien que conocemos bien. Y, como en todas las vidas, hay un resplandor, una relación que a veces lo convierte en alguien conmovedor, más pleno, más lleno, más luminoso. Katherine es esa luz. 

Conocer sus sentimientos hacia Katherine Driscoll fue algo que le llevó tiempo. Se descubrió inventando pretextos para acudir a su apartamento por las tardes...

En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra. 

Antes de eso existió el matrimonio. Ella es Edith. 

Ambos llegaron al matrimonio inocentes, pero inocentes de manera radicalmente distinta. Los dos eran vírgenes y conscientes de su inexperiencia pero mientras William, criado en una granja, aceptaba con naturalidad los procesos instintivos de la vida, estos eran profundamente misteriosos e inexplicables para Edith. 

En un momento dado, llegó a su vida la hija, Grace. 

Como había sido costumbre en la primera larga ausencia de su madre, la niña pasaba mucho tiempo en el estudio de su padre. 

Lo que hace al libro especial es la delicadeza del relato. La forma en la que el autor describe lo sucedido, con el mismo aire sereno con que hablaría de cualquier otra vida, pero individualizando al máximo ese acercamiento privilegiado al protagonista y a los personajes de su entorno. Es como si nuestra propia vida fuera factible de ser contada y glosada sin juzgar nuestras miserias, sin criticar nuestros errores, sin considerar si somos buenos o malos. Porque eso da lo mismo. Una existencia es tan valiosa en sí misma que no admite sino una honesta mirada de frente. 

Emocionante el final, las últimas frases, la conclusión. No puede ser otro que la muerte, pero, si hay muchas formas de morirse, esta es una de las más bellas y reconfortantes. Todo había sido hecho y, lo que faltaba por hacer, ya nunca tendría motivo ni sería posible. Como un río que se desliza hacia su desembocadura, así el profesor Stoner había llegado desde su granja al final. Y su compañía final no era otra que un libro. Eso dice mucho de él. Dice mucho de todos nosotros. 

John Williams (1922-1994)
Nació y se crió en el noreste de Texas. Después de desempeñar varios empleos en periódicos y estaciones de radio, Williams se enroló en el ejército de 1942. Varios años después de la Segunda Guerra Mundial fue a la Universidad de Denver, donde obtuvo su licenciatura de 1949, y su maestría en 1950. Sus novelas: Nothing But the Night (1948), Butcher´s Crossing (1960), Stoner (1965), Augustus (1973), The Sleep of Reason (inacabada). Sus poemas: The Broken Lanscape (1949), The Necessary Lie (1965). Profesor de la Universidad de Misuri y de la de Denver. Editor de la revista literaria University of Denver Quarterly. 

Stoner de John Williams. Editorial Baile del Sol, colección Narrativa. Traducción de Antonio Díez Fernández. 


miércoles, 9 de octubre de 2019

Reseña de STONER de John Williams en Newtral


Stoner

Stoner es una obra maestra desde cualquier punto de vista. Sus páginas revelan a un autor, John Williams, poderoso y delicado al mismo tiempo.
Esteban Granero

 | 3 min lectura
·                                   literatura
En una cafetería de Madrid encontré hace unos días a un viejo amigo que no veía desde el instituto. Entonces era un chico pausado y tímido, que pasaba inadvertido en la vorágine adolescente de la que el resto éramos presos. Aunque siempre me cayó bien, perdimos el contacto cuando saltamos a la universidad. Sin embargo, una vez nos separamos, las noticias sobre él no dejaron de circular entre los que le conocimos, a sorpresa de todos. El chico había heredado de su tío una gestoría familiar y la había transformado de la mano de la era digital en una multinacional coordinadora de los servicios legales, fiscales y de recursos humanos de otras empresas. Después la vendió por una suma espectacular y diversificó sus inversiones en otras compañías en crecimiento. Su figura ocupaba páginas en los diarios y revistas de emprendimiento e inversión, tan de moda, y bastante a menudo nuestras conversaciones giraban en torno a él. Se había convertido en un referente de éxito, al fin y al cabo, a la velocidad que permiten las nuevas tecnologías y su poder disruptivo.
Como llegaba pronto a mi cita pensé que sería buena idea saludarle. Lo encontré en su mesa leyendo y se mostró alegre de verme por lo que nos sentamos a charlar. Cuando le pregunté qué estaba leyendo me enseñó un volumen desgastado de Stoner, de John Williams. Tuve que confesarle mi sorpresa de que tuviera tiempo para leer novelas ya que no era muy difícil suponerle jornadas interminables de trabajo. Era a simple vista, le dije, una de esas personas que apenas arañan unos minutos para leer los balances, entre reuniones y llamadas.
Su respuesta me pareció muy reseñable y por eso la transcribo con la mayor exactitud que recuerdo. Me dijo:
“Leo novelas para conectarme, para encenderme. Cuando recibo una historia, inmediatamente la hago mía, busco dónde estaría mi lugar y cuáles serían mis movimientos. Me sitúo según avanza la trama en la piel del protagonista o en cualquier otra, no desde la mera imaginación sino desde la identificación más auténtica. Soy incapaz de verlos construir el relato sin involucrarme. Extraigo a los personajes y los analizo, los siento a mi lado para comprenderlos pero también los zarandeo en busca de inspiración. Pero no es solo eso. La lectura, lejos de evadirme de la realidad, me enfrenta directamente con ella, con lo más profundo de mí mismo. Porque cuando me encamino por el mundo de los otros, no puedo evitar las comparaciones, los paralelismos con la vida propia y con su lentitud. Tal desasosiego, lejos de molestarme, consigue excitar la chispa interior de manera que cuando aparco el libro mantengo la llama y trato de protegerla y alentarla en la vuelta a mi realidad.
La inspiración es, en su punto definitivo, puramente individual. No tengo nada en contra de las publicaciones mal denominadas de autoayuda, más que acaban siendo una imposición. Además me repele su abundancia o la privilegiada posición que ocupan en algunas librerías. Por lo demás, puedo entender que éstas quieran vender lo que la gente quiere comprar, principio básico para cualquier negocio y que, al fin y al cabo, todos vamos buscando el atajo que nos haga felices o millonarios, a poder ser en pocas páginas. Pero la inspiración concluye una búsqueda interior de gran exigencia, y en lo profundo de nuestro ser no caben las directrices de otros, por muy valiosos que sean sus consejos. Ahí dentro solo suena la voz de uno. Las novelas me fuerzan a hablarme con sinceridad, ahí está el secreto.”
Luego vino mi cita pero estuve ausente el resto de la tarde. Al volver a casa paré en la librería, compré Stoner y me obligué a no hacer nada más hasta haberla leído de la manera que me había mostrado mi amigo. Me ocupó la noche entera. Con la inmersión, la novela creció y los personajes se fortalecieron de manera que cada movimiento me afectaba profundamente. Creí sentir la emoción de la novela por encima de la historia. Sentí por el propio Stoner piedad, orgullo, amor y odio. Fui Stoner. Serlo me transformó, una vez dejé de leer, en alguien mejor, nada parecido a él pero distinto también a quien empezó a leer.
Stoner es una obra maestra desde cualquier punto de vista. Sus páginas revelan a un autor poderoso y delicado al mismo tiempo. Una obra de exquisita temporalidad y ritmo que fluye sobre la vida banal de William Stoner, haciendo de ella una historia memorable.
En su tierna juventud, Stoner había pensado en el amor como en una manera de existir absoluta a la que podría acceder si fuera afortunado; en su madurez había decidido que era el cielo de una religión falsa hacia el que se debía mirar con sosegado descreimiento, benévolo y crónico desprecio y vergonzante nostalgia. Ahora, a su mediana edad, empezaba a entender que ni se trataba de un estado de gracia ni de una ilusión; lo veía como un acto humano de conversión, una condición inventada y modificada, minuto a minuto y día a día, por la voluntad y la inteligencia del corazón.

miércoles, 22 de agosto de 2018

Reseña de «Stoner», de John E. Williams en La boca del libro

«Stoner», de John E. Williams




Un libro que se titula Stoner  ya sabes que te va a contar la vida de un tipo que se llama Stoner. Y, una de dos, o puede ser una castaña pilonga o elevarte a los cielos literarios. Sí, me ha pasado lo segundo. Stoner representa la prosa de la sabiduría compositiva. Un lujo para el lector. Te cuenta la vida de Willian Stoner, criado en una granja de manera humilde. Por influencia de sus padres, va a la universidad de Misuri a estudiar Agricultura, así, podrá aprender técnicas nuevas para ayudarles en la granja. Sin embargo, su camino pronto se desvincula del paterno y decide inclinarse por la literatura, casi como una relevación, hasta convertirse en profesor de universidad.  


El señor Shakespeare le habla a 
través de 300 años, señor Stoner, 
¿le escucha?

 
El abanico de emociones que una siente al conocer a Stoner es amplio. Tienes ganas de amarle y pegarle por partes iguales. En ocasiones es demasiado estático y abúlico ante ciertas circunstancias de la vida, tanto que te dan ganas de traspasar las letras y darle unas cuantas tortas para que espabile. No reacciona, se deja llevar por las circunstancias. Y esto ocurre en todas las etapas de su vida, donde los personajes no se muestran felices ni cuando se enamoran. No es una novela de altos y bajos, es plana, como las emociones que nos transmite. Es plana cuando se enamora de Edith Bostwick, es plana cuando nace su hija Grace, inclusive cuando tiene una aventura con su alumna Katherine Driscoll. Stoner es pasivo, indiferente, sensible, abandonado de sí mismo, y todo ello revuelve al lector colérico, ansioso de que cada uno obtenga su merecido, ávido de ver personajes cayendo como torres de ajedrez. Todo ello, siento decirlo, representa la historia de un fracaso. 

La relación con su mujer es desastrosa y la desidia matrimonial pronto aparece en sus vidas, aunque todo hay que decirlo, si hubiera tenido una recortada en mis manos, poco hubiera durado ese personaje. La relación con su hija, criada con una madre poco maternal, se trunca rápidamente, y lo mismo ocurre con ciertos compañeros de universidad. Stoner acepta cada situación que le ocurre. Y en esa aceptación reside la ansiedad del lector. 

Stoner es una novela muy bien hilvanada, con un lengua llano y una prosodia larga. Trata los temas del matrimonio «feliz», la hija alcohólica, el acoso laboral o la amante.Nos encontramos ante tragedias sin fuegos artificiales. En todo ello descubres dos mitades claramente diferenciadas. La primera habla de su mujer, en la segunda nos acerca al marco universitario laboral. Y en ambas no pasa gran cosa, es la vida de un hombre contada por un escritor que, al igual que el comediante griego Aristófanes, este también escribe mofándose de su propia sociedad, una sociedad que nunca se da por aludida. 




Dentro de la inacción, el protagonista solo apuesta por dos pasiones: el trabajo y el amor detrás de un prisma que se mueve de manera bidireccional entre el campo y la universidad. Lo que gusta realmente, para los adictos a la lectura, es la pasión de Stoner por la lectura, y que de eso conforme su vida, una vida que el escritor conoce a la perfección, ya que él también fue profesor de universidad. 

Es una novela que me recuerda a Bartleby por su dejadez ante la vida, aunque no hay que perder de vista esas otras lecturas de campus o universidad como El mundo es un pañuelo o Intercambios, de David Lodge. La universidad representa un microcosmos perfecto de la condición humana, aparentemente es gente civilizada que aborda las cuestiones de lo políticamente correcto, pero nada más lejos de la realidad. Es un mundo hostil donde a la mínima pueden ponerte la zancadilla. Aunque también es verdad que el libro defiende a la vez este ambiente con un único superviviente: el amor hacia la literatura. 

Stoner apareció en el año 1965 y se vendieron solo 2000 copias. Esto en Estados Unidos es sinónimo de tragedia, y más si el editor de Williams opinaba no tener fe en la novela pocos días antes de salir al mercado. Lo curioso es que New York Review of Books la reeditó en el año 1995. En cuestión de diez años, alcanzó la fama de una manera brutal. En España ha sido editada por la editorial tinerfeña Baile del Sol(imagen cubierta derecha), y en catalán por La Butxaca (imagen cubierta izquierda).  
  
Stoner es una historia donde la felicidad no existe, no hay venganzas, no hay nada edulcorado. Los hechos se muestran sin trampa ni cartón. Y como tal, me confieso, Stoner, pese a ser un hombre gris, a mí me ha seducido. Tom Hanks ya lo dijo: «Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro. Pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado».Ojalá los hombres malos fueran como Stoner. El mundo sería mejor.

Y vosotros, ¿habéis leído alguna novela que aborde el tema universitario?


 John Edward Williams (Texas 1922- Arkansas 1994. Dejó la facultad tras un primer año de suspensos y trabajó en periódicos y emisoras locales durante meses hasta alistarse en el ejército en 1942. Fue enviado a India y allí empezó a elaborar su primera novela. Nothing But the Night se publicó en 1948 y un año después se atrevió con un poemario, The Broken Landscape: Poems. Ambas publicaciones vieron la luz mientras retomaba sus estudios superiores en la Universidad de Denver. En esta misma universidad dio clases desde 1955 hasta su jubilación, en 1985.  Su segunda novela, Butcher’s Crossing llegó más de una década después, en 1960, pero el verdadero éxito le llegaría con sus dos últimas obras, Stoner (1965) y El hijo de César (1972). Por esta última se hizo con el National Book Award en 1972. Williams ya trabajaba en su quinta novela (The Sleep of Reason) cuando murió por un fallo respiratorio en 1994 (fuente: Lecturalia). 

La imagen de la cabecera corresponde a la cubierta ganadora de 2012, en Alemania.
https://labocadellibro.blogspot.com/2018/08/stoner-de-john-e-williams.html
PUEDES COMPRARLO AQUÍ

lunes, 9 de abril de 2018

Reseña de STONER, de John Williams en ALPONIENTE

El fenómeno de Stoner de John Williams


Daniela Zapata Castaño
23 marzo, 2018 7:11 am

La primera pregunta que se nos ocurre cuando pensamos en la novela de John Williams Stoner es, sin duda, ¿por qué es catalogada como una obra maestra? Después de permanecer en silencio después de su primera publicación en 1965, y después de algunas ediciones en lengua española, solo en el 2016, Latinoamérica conoce sus méritos con la edición argentina de Fiordo Editorial. De un momento a otro, las reseñas sobre la gran novela del norteamericano John Williams, inunda las revistas literarias, los blogs y algún que otro portal literario. Sin embargo, en Colombia, solo a partir del año 2017 se siente el interés por este escritor y la belleza de su novela que parecía redescubrirse de nuevo; nuevos lectores y una época que parecía reconocerse en las fibras de las emociones del personaje Stoner.
No puedo decir con exactitud cuántos ejemplares llegaron a las librerías en las ciudades de Colombia, tal vez pocos o muchos, pero uno cosa era cierta, desde los recomendados y la reseña de la Revista Arcadia, Stoner, era un libro que todos querían conocer, querían leer y saber porque era nombrado en la lista de los mejores libros del año (2017), tanto en la Revista Semana (23 de diciembre) como en Arcadia (diciembre, 2017). La novela parecía atraer las miradas de los lectores ávidos e incluso, el interés cauteloso de los libreros ante un libro que parecía iniciar de nuevo un viaje en este tiempo y llegar a nuevas manos que querían conocerlo. Fue el recomendado de muchos de nosotros.
William Stoner “Era el hijo único de una familia solitaria unida por las imposiciones del trabajo duro” (Williams, 2017: 10) que conoció desde muy joven lo que era trabajar para mantenerse en vida. Sus padres hasta su muerte insistieron en cosechar una tierra que parecía cada vez más estéril, pero qué a la final, era parte de sus vidas y de su herencia. Pero el joven Stoner nunca esperó y buscó lo que llegaría a determinar su realidad y el resto de sus días. La escritura de John Williams parece deslizarse con suavidad al describir cada uno de los pasos, y de los momentos en el que se produciría el encuentro entre él y la literatura, porque, de una cosa estábamos seguros, él quería ayudar a sus padres.
Stoner no es una novela que este permeada con la incertidumbre, la acción y la expectación que caracterizan a las narraciones policíacas, ni con la serenidad, la calma y la sencillez de la escritura y ese algo de las historias japonesas. Es la vida William Stoner, y las dificultades que tuvo que vivir y afrontar. Pero las dificultades no eran obstáculos inquebrantables o sucesos extraordinarios, sino el mismo paso del tiempo, y el peso de la vida que a veces puede resultar insoportable.
El destino del joven personaje cambia cuando es enviado a la universidad para estudiar las condiciones y las mejoras que podrían introducirse en la tierra para la cosecha, pero una clase de literatura, un profesor, Archer Sloane, lo mira a los ojos en medio de la clase y le pregunta sobre un soneto (73) de Shakespeare. Lo cuestiona de nuevo después de un corto silencio: “–¿Qué le dice, señor Stoner? –Sloane había vuelto a hablar-. ¿Qué significa este soneto?” (Williams, 2017: 20), y fue como si le preguntaran por su propio destino, como si Shakespeare le revelara el camino que debía tomar a continuación. En su segundo semestre de universidad, suspendió las materias científicas y se inscribió a cursos introductorios de filosofía y literatura. Tiempo más tarde, dejará la facultad de agronomía para estudiar literatura inglesa.
De este modo, la realidad del personaje se transforma y gira a través de ese pequeño recuerdo; de una clase de literatura que lo definió y que le recordará su amor por el conocimiento, por la literatura.
A través de la narración de las decisiones que recorren a Stoner, y de las angustias de su propia vida (de una vida que pensaba que iba a ser diferente) nos damos cuenta que lo que hace maravillosa la historia, no es solo la falta de sucesos extraordinarios, sino la cercanía que sentimos con el protagonista, la pesadez que lleva en sus hombros cuando las decisiones de la universidad pasan por encima no de su dignidad (que se mantiene firme), sino de la ética misma de la Universidad de Misuri, sobre el fracaso de un matrimonio que parecía salírsele de las manos. Stoner es la historia de un hombre que nos recuerda que podemos elegir, decidir y que su propia existencia, nos aproxima a la nuestra. William Stoner, en sus últimos días de su vida, tenía los hombros más encorvados que de costumbre, siempre supo quién había sido.
https://alponiente.com/el-fenomeno-de-stoner-de-john-williams/

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Reseña de STONER, de John Williams en el blog No me creo que no te creas

domingo, 26 de noviembre de 2017


John Williams, Stoner


Stoner es la mejor novela que he leído este año, tal vez en años. ¿Por qué? Por ningún motivo en particular, o por ninguno que yo conozca, lo que quizás sea la mejor señal de su grandeza. ¿No resultan sospechosas las novelas que nos gustan por un motivo concreto? Yo, cuando sé por qué me ha gustado un libro, me mosqueo. Me pregunto qué tiene ese aspecto del libro para gustarme, me pregunto si no será que encuentro en él algo que ya estaba en mí y que sale reforzado de la lectura. Nos ocurre todos los días: conocemos a alguien que nos da la razón, que nos llama guapos o que halaga nuestra vanidad de cualquier otra forma, y no podemos evitar quererlo. En realidad no lo queremos a él: nos queremos a nosotros mismos, y si la persona en cuestión nos resulta agradable es porque justifica o refuerza nuestro amor propio. Con los libros pasa lo mismo. Basta que encontremos en uno la más mínima validación de nuestra forma de ser para que se convierta en el acto en una obra maestra. La vanidad es astuta y siempre se abre camino. Pero, aunque es cierto que de nada sirve luchar contra ella (parece más sensato invertir nuestras energías en aprender a gestionarla), también lo es que reconforta encontrar de vez en cuando un placer que, al menos a simple vista, no esté dominado por ella. Leer un libro que no nos halaga, que no afirma ni desmiente nada de lo que amamos, bien podría ser uno de esos placeres.

Es difícil discernir de dónde proviene la fascinación que esta novela ejerce en tantos lectores. Stoner es el perfecto modelo del hombre anodino: un profesor universitario sin más intereses que sus clases, su familia y sus pequeños proyectos académicos. Sus desgracias nos harían bostezar si tuviéramos que escucharlas ante una taza de café, igual que hacemos bostezar nosotros a nuestros amigos cuando les contamos que un compañero de trabajo ha conseguido el ascenso al que aspirábamos o que nuestra mujer se ha apuntado a un grupo de teatro. Nada hay de novelesco en la vida de Stoner, y sin embargo la suya es una novela apasionante. Al leerla no tenemos la sensación de presenciar un drama individual, sino el gran drama del ser humano. De forma misteriosa, John Williams obra el milagro de la transmutación: eleva lo particular a lo universal, la miseria privada a dolor compartido. Muchos, antes y después que él, han tratado de hacerlo. Nadie lo ha hecho mejor.

Al éxito de la novela contribuye su prosa limpia, transparente. John Williams no solo no se enreda en florituras, también renuncia al exceso de información que, en mi opinión, lastra otro de sus libros más conocidos,Butcher's Crossing. En esta otra novela, ambientada en el salvaje oeste, al autor se lo ve preocupado por crear un escenario creíble, y en su esfuerzo por hacer que la atmósfera cobre vida añade un sinfín de explicaciones innecesarias. Nos informa sobre las partes exactas que componen un carromato o sobre el modo adecuado de conducir un carro de bueyes sin que estos sufran daños. Demasiada información. Escribir una novela es como contar una mentira: dar muchos detalles no hace la historia más creíble, al contrario, la hace sospechosa. Y aburrida. Ya dijo Voltaire que el secreto para ser aburrido es contarlo todo. Stoner está libre de ese pecado. Aquí no hay información de más ni de menos. De hecho, se diría que no hay información de ningún tipo: tan natural, tan espontáneo es el relato que uno se resiste a pensar que John Williams haya dosificado la información, haya planificado la estructura, haya rehecho las frases. Se resiste uno a pensar que este libro sea una obra de artesanía y no un trozo de vida pura y dura.


En pocos casos tiene tanto sentido decir, como acostumbramos a decir cuando nos quedamos sin ideas, que es inútil hablar de esta novela, que es mejor leerla. Sin embargo, yo hablo. Quiero hacerlo. A veces, cuando leo un libro y me gusta, me apresuro a escribir algo sobre él para no olvidarlo. He comprobado demasiadas veces que mi memoria es precaria: pasados unos días se difuminan los detalles de la trama, pasadas unas semanas apenas conservo una sensación difusa de agrado o desagrado. Sobre Stoner no escribí nada en su momento, hace seis meses, cuando lo leí. Supongo que no me apeteció, supongo que estaba ocupado o cansado, o quizá por entonces ya intuía que este libro no caería tan fácilmente en el olvido. En cualquier caso, hoy ha acudido a mi memoria, y me he dicho: «¿Aún no lo has olvidado? Pues apresúrate a escribir unas líneas, por si acaso». Y me he puesto a escribir y a recordar, y os juro que el recuerdo es tan vívido como si lo hubiera leído ayer. «No es extraño que lo recuerdes», dirán algunos, «seis meses es poco tiempo». Tal vez, aunque no se me vienen a la cabeza muchos libros de los que haya conservado un recuerdo tan nítido al cabo de seis meses. ¿Terminará también Stoner por caer en el olvido? ¿Puede uno olvidar un libro inolvidable? Sí, la memoria es cruel y nada está a salvo dentro de ella. Pero hay libros, muy pocos, que nos acompañan incluso más allá del olvido. A ese selecto grupo pertenece Stoner

Otros blogs que hablaron sobre Stoner:


miércoles, 4 de octubre de 2017

Reseña de STONER, de John Williams en NI UN DÍA SIN LIBRO



STONER, JOHN WILLIAMS (BAILE DEL SOL)

Y justo después de un verano lleno de lectura notables, me llega de improviso el sobresaliente. En mi lista de pendientes se encontraba Stoner, un libro del que había leído unas críticas muy halagüeñas. Me imponía ligeramente leer de nuevo un clásico que comparaban con Faulkner o Fitzgerald. Pero a la segunda página ya estaba enganchada, del mismo modo que hace muchos años me enganché a estos otros autores.

William Stoner comienza la Universidad de Missouri a los diecinueve años para estudira agricultura. Un seminario de literatura inglesa cambia su vida, y él nunca retorna para trabajar en la granja de su padre. Stoner se convierte en profesor. Se casa con la mujer equivocada. Su vida es tranquila, y después de su muerte sus colegas apenas le recuerdan. 




El argumento es muy simple, y por ello muy difícil de apreciar. William Stoner es hijo de unos granjeros, que consiguen mandarle a la universidad a estudiar Ingeniería agrícola para que siga sus pasos. Pero allí, Stoner encuentra su vocación de manos de uno de sus profesores, que le espeta: El señor Shakespeare le habla a usted a través de tres siglos, señor Stoner. ¿Usted lo oye?”. Y vaya que si lo oye. A partir de entonces la literatura, o más bien la enseñanza de la literatura se convierte en su vida, y le convierte en otra persona. Es la vida de un hombre común, pero eso es lo que la convierte en una obra maestra, encontrar la belleza en cada una de las partes comunes de nuestra más rutinaria existencia.

Si antes he hablado de Faulkner o Fitzgerald no me hagáis mucho caso. Sí, nos muestra las mismas reflexiones y el poder de introducirnos en su mundo es el mismo. Pero no encontraremos el glamour de Fitzgerald ni la solemnidad de Faulkner. Es una prosa más íntima, más personal y humilde. Una historia muy bien contada y bellamente escrita.

La escritura de John Williams emociona y sabes que has encontrado algo especial en cuento lees algo así: “En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.”

Llama mucho la atención que este libro no sea famoso y menos su autor. Es casi unánime este sentimiento en todas las críticas que he leído. Cada cierto tiempo se redescubre y vuelve a brillar con luz propia. Así, este secreto ha sido recomendado en los últimos años por Bret Easton Ellis, Rodrigo Fresán, Enrique Vila-Matas y Emma Straub, entre otros, y se convirtió en bestseller internacional temporalmente. En Holanda desbarrancó a Dan Brown.



Al día siguiente de finalizarlo seguía pensando en él y de hecho cada vez más. Y sigo haciéndolo en estos días. No es fácil encontrar libros así. Suele ser difícil recomendar libros, temerosos de que te gusten a ti pero no cuadren con los demás. Éste se puede recomendar sin género de dudas. Y aunque soy reticente a catalogar de obra maestra una lectura, ésta lo es. Os dejo, me voy con otro libro libro de Williams, Butchers Crossing, a disfrutar. 


viernes, 30 de diciembre de 2016

Reseña de STONER, de John Williams en Isla de Gont

Stoner de John Williams

Stoner, el libro de John Williams
Stoner es un hombre normal el libro habla de una vida normal, con sus peculiaridades, como todas, sus alegrías y sus penas. Un libro sin sobresaltos, ni adrenalina, sin acción trepidante ni un final sorprendente. Tan solo conocemos la vida completa de Stoner. Lento, pausado y sin embargo el libro me ha parecido genial.
Me ha encantado el libro de John Williams. No es un thriller, ni un libro de aventuras, ni ciencia ficción, ni tiene giros espectaculares ni como he dicho un final inesperado.
Y sin embargo … consigue transmitir las emociones de una forma sorprendente. Aún a pesar de tratarse de otra época.
Puedes comprar la novela desde enlace  Stoner, pero vamos con la reseña y sus citas 🙂
Stoner es una persona introvertida, estudia, trabaja, forma una familia y mientras vamos pasando las páginas vemos como vive. Nada más y nada menos. Una vida como podría ser la de cualquier otro, con sus alegrías y sus decepciones, pero siendo feliz a su manera.
“¿Pero no lo sabe, señor Stoner?”, preguntó Sloane. “¿Aún no se comprende a sí mismo? usted va a ser profesor”.
De repente Sloane parecía muy distante y los muros del despacho se alejaron. Stoner se sentía suspendido en el aire y oyó su voz preguntar: “¿Está seguro?”.
“Estoy seguro”, dijo Sloane suavemente.
“¿Cómo lo sabe? ¿Cómo puede estar seguro?”
“Es amor, señor Stoner”, dijo Sloane jovial. “Usted está enamorado. Así de sencillo”.
Era así de sencillo. Se daba cuenta de que asentía a Sloane y dijo algo inconsecuente. Luego salió del despacho.
Y así pasan los años, con sus ambiciones, disputas, desengaños, y la resignación de la vida que lleva. Una vida como la que podría tener millones de personas, quizás por eso conecte tanto y puedas sentir en todo momento los sentimientos de los personajes. Quien no ha sentido la rabia y desesperación de situaciones claramente injustas.
Tras varios minutos, William Stoner se inclinó hacia delante y habló, con una voz más alta y fuerte de lo que habría pretendido. “Tenía que habérselo contado antes. Tenía que habérselo contado el verano pasado, o esta mañana”.
Los rostros de sus padres permanecían apagados e inexpresivos a la luz de la lámpara.
“Lo que intento decir es que no vuelvo con ustedes a la granja”.
Su mundo empieza realmente a cambiar. La relación con sus padres, con la granja. Con su vida.
Pero a él no se le ocurría nada que decirles. Se había percatado de que sus padres y él habían comenzado a sentirse como extraños y se dio cuenta de que su amor por ellos se intensificaba con la pérdida.
A veces, inmerso en sus libros le venía a la cabeza la conciencia de todo lo que no sabía, de todo lo que no había leído y la serenidad con la que trabajaba se hacía trizas cuando caía en la cuenta del poco tiempo que tenía en la vida para leer tantas cosas, para aprender todo lo que tenía que saber.
Llegan momentos difíciles como la guerra, momentos donde tomar decisiones. Decisiones difíciles, como muchas de las que nos siguen en la vida y que moldean nuestro destino y nuestra personalidad y que traen consecuencias con las que hay que vivir.
“Debe recordar lo que es, lo que ha elegido ser y el significado de lo que hace. Hay guerras, derrotas y victorias de la raza humana que no son militares. Recuerde eso mientras decide qué hacer”.
En el libro se nos presentan momentos duros. Momentos muy duros durante toda la novela.
Stoner discutió con ella, pero ella no cedió. Al final se dio cuenta de que sólo deseaba morir, y deseaba hacerlo en el lugar en el que había vivido, y él sabía que ella merecía esa pequeña dignidad que hallaba en hacerlo como quería.
El amor…la vida es amor. A veces nos hunde a veces lo toleramos y otras veces nos sube hasta el cielo.
Ella continuó hablando y al cabo de un rato Stoner empezó a escuchar lo que decía. Años más tarde se daría cuenta de que en esa hora y media, de aquella tarde de diciembre, durante su primer lapso largo de tiempo juntos, le contó más sobre sí misma que ninguna otra vez. Y cuando hubo terminado, sintió que eran desconocidos de una manera impensable y supo que se había enamorado.
No es una novela de amor, no puedo meterla dentro de mi lista de libros de amor preferido. Esos libros de amor que no son empalagosos. Pero Stoner tiene su dosis de amor y desamor. ¿Qué vida no la tiene?
En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, muchos más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.
Momentos muy duros que recuerdan situaciones actuales y en un país diferente al nuestro, hay cosas que en épocas de crisis parece que siempre son iguales
Vio hombres buenos caer en una lenta decadencia de desesperanza, destruidos al ver destruido su concepto de una vida decente, les veía caminar desanimados por las calles, con la mirada vacía como añicos de cristal roto; les veía encaminarse hacia las puertas de atrás, con el amargo orgullo de los hombres que avanzan hacia su propia ejecución, a mendigar el pan que les permitiera volver a mendigar, y vio hombres que una vez caminaron erguidos por efecto de su propia identidad mirarle con envidia y odio por la débil seguridad que él disfrutaba como empleado de una institución que, no se sabe por qué, no podía caer.
Es un libro sobre la vida y así se llega al final como siempre echando la vista atrás y evaluando lo que hemos hecho, si ha valido la pena…
No se consideraba viejo. A veces, cuando se afeitaba por la mañana, miraba su imagen en el espejo y no se sentía identificado con el rostro que se reflejaba asombrado con los ojos claros de una máscara grotesca; era como si llevara por una razón oscura, un disfraz atroz, como si pudiese, si así lo deseara, despojarse de las cejas canosas, las greñas blancas, la carne que colgaba sobre sus nítidos huesos, las arrugas que aparentaban vejez.
En algunas ocasiones te sientes identificado con la situación y los sentimientos que experimenta el personaje, en otras lo identificas con algún conocido, pero siempre es la vida, dura y en su máximo esplendor.
El propio autor John Williams en una de las pocas entrevistas que concedió decía:
Pienso que es un héroe real. Mucha gente que ha leído la novela piensa que Stoner tuvo una vida triste y mala. Yo pienso que tuvo una vida muy buena. Realmente, tuvo una vida mucho mejor que la que mucha gente tiene. Hizo lo que quería hacer. Sabía lo que estaba haciendo y entendía la importante del trabajo que estaba realizando. Lo importante para mí en la novela es el sentido del trabajo… un trabajo bueno y honorable en el propio sentido de la palabra. Su trabajo le di un tipo particular de identidad y le hizo ser lo que era.
Pues sí, me parece una vida gris, es cierto que mucha gente vive mucho peor. Y que su trabajo lo cubría todo, lo llenaba todo y le hacía feliz, pero tanto su vida amorosa, como sus relaciones personales y sobre todo la relación con su hija tienen muchas más sombras que luces. Os dejo con un artículo sobre la novela que ha salido recientemente en The Guardian.
“Deseo y aprendizaje”, dijo una vez Katherine. “En realidad eso es todo, ¿verdad?”.
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