viernes, 22 de enero de 2021

Reseña de Bajo las ramas de los udalas, de Chinelo Okparanta en Un libro al día

 Chinelo Okparanta: Bajo las ramas de los udalas

Idioma original: Inglés
Título original: Under the udala trees
Traducción: Iballa López Hernández
Año de publicación: 2017
Valoración: Bastante recomendable

Es triste comprobar la escasa presencia de literatura africana en nuestras librerías. No sé si tendrá que ver con la distancia cultural y geográfica o con motivos crematísticos, pero resulta complicado encontrar libros de autores que no sean los ya consagrados Ngugi wa Thiong'oChinua Achebe o Chimananda Ngozi Adichie y los "no tan africanos" Coetzee o Gordimer. Y es una pena porque así pasan desapercibidos libros tan interesantes como este "Bajo las ramas de los udalas" de la nigeriana (residente en Estados Unidos) Chinelo Okparanta.

"Bajo las ramas de los udalas" es, casi a partes iguales, una novela de formación y novela de denuncia en la que se narra la infancia, adolescencia y juventud de Ijeoma, joven de la etnia igbo cuya vida está marcada por dos hechos: la guerra y su orientación sexual.

La historia comienza allá por 1968, año en el que la provincia de Biafra se enfrentó con el gobierno federal nigeriano en una cruenta guerra civil. Ijeoma es testigo de la guerra y, con la inocencia de sus escasos diez años, nos ofrece una visión casi "infantil" del conflicto. Poco dura esta visión ya que un hecho trágico marca una ruptura total en la vida de Ijeoma y su madre. El dolor y la devastación provocados por la violencia suponen un cambio radical en el desarrollo de la novela, la cual pasa a ser la historia de una permanente huida, ya sea voluntaria o forzada por las circunstancias.

Lo que hasta ese momento parecía la narración de los terribles efectos de la guerra desde la óptica de una niña se convierte en novela de formación y denuncia. Lo que hemos dado en llamar "novela de formación" abarcaría desde el despertar sexual de Ijeoma hasta su toma de conciencia adulta, pasando por sentimientos contradictorios o complementarios (según se mire) como el amor, el deseo, el remordimiento y la culpa. Estas dos palabras son clave en la novela: remordimiento y culpa. Ambos derivan del ambiente de violencia y extremada religiosidad mal entendida en el que viven Ijeoma, Amina, Ndidi y compañía, asfixiadas todas ellas por tradiciones y supersticiones que suponen una pesada losa capaz de aplastar bajo su peso a quien se "atreva a  desafiarlas". Ante un entorno así, ante el miedo, cada uno actúa según sus posibilidades e Ijeoma trata de llevar una vida "normal", cosa de lo más complicada.

Es en ese momento en el que Ijeoma alcanza la edad adulta cuando la novela se convierte en denuncia, ya sea de la situación de la mujer, de la del colectivo LGTB, del machismo, la violencia o de la intolerancia religiosa. Esta parte me ha recordado (y mucho) al recientemente reseñado "Formas de estar lejos" de nuestra querida Edurne Portela.

Por otro lado, y a la hora de valorar la obra, quisiera dividirla en dos partes: la ambientada en la infancia y adolescencia de Ijeoma y la de su "edad adulta". Me parece más conseguida la primera de ellas. Okparanta configura el personaje de Ijeoma lentamente, en base a una serie de sucesos clave que determinan su vida y su conducta. Toda esa pausada construcción psicológica del personaje se acelera en la edad adulta y momentos determinantes en la historia son cerrados a través de elipsis, no sé si buscadas intencionadamente o no, que dejan con la sensación de cierre un tanto "apresurado". 

Pese a este último apunte, lo positivo de "Bajo las ramas de los udalas" supera ampliamente a lo negativo. Es, por encima de todo, una buena novela, bien narrada y bien construida, que nos pone frente a frente con una realidad que no por lejana en el tiempo y en el espacio podemos dejar de ignorar. 


domingo, 10 de enero de 2021

Reseña de LA MUJER QUE HUYE, de Anaïs Barbeau-Lavalette en Le Parisien

 Nuestro libro más vendido, "La mujer que huye".

La escritora Anaïs Barbeau-Lavalette cuenta la extraordinaria vida de su abuela, que abandonó a sus hijos. En pequeños trazos, plasma el retrato de una mujer excepcional, libre y vanguardista. Este es el libro del que se enamoraron los críticos de Le Parisien. 

 

Foto: Sarah Scott

"Tus poemas están durmiendo en tus bolsillos. La espuma babea en tu cuello. Te tragas la vida de los demás y no sabes cómo construir la tuya propia". Suzanne Méloche fue una mujer, una artista, una amante, una persona comprometida y franca, que vivió la historia a su manera "libre, intensa, impactante". Y que un día abandonó a su hija de 3 años, Musgo, y a su hijo de 1 año, François. Se trata de "La mujer que huye", título de la fabulosa novela de la canadiense Anaïs Barbeau-Lavalette, que acaba de ser editada en Francia por Le Livre de poche. La historia que se cuenta da comienzo en los años 40 en Quebec, una época, según la autora, en la que los francófonos " están considerados como los negros blancos " de los anglófonos, viviendo bajo su control y el de la Iglesia.
A fuerza de buscarse a sí misma, Suzanne finalmente se perderá. Anaïs Barbeau-Lavalette, de 38 años, su nieta, la hija de Musgo, ha cogido la pluma para intentar comprender lo incomprensible. "Cuando me enteré de que esperaba una niña después de mis dos hijos, sentí el deseo y la necesidad de completar la línea familiar femenina, para llenar el vacío dejado por la ausencia de esta abuela nunca conocida", nos dijo la novelista, con la que nos encontramos en Montreal, donde vive.
 
Una lección magistral de vida y tolerancia
 

¿Quién era esta mujer, odiada por el daño que le hizo a su madre, a quien nunca pensó que podría amar? "Hazle un agujero a mi madre y yo lo llenaré", escribió la novelista-nieta. "Tenías que morir para que yo empezara a preocuparme por ti. Para poder pasar de ser un fantasma a ser una mujer. No te quiero todavía. Pero espérame. Ya voy.”. No creímos que pudiéramos disfrutar de esta historia. Y luego pasamos la primera página. Capítulos cortos, una vida que pasa, una novela que te lleva a las entrañas desde la primera hasta la última página. Uno de esos libros donde puedes renunciar a la cena para no dejar a Suzanne.
Sobre un tema tabú, violento e insoportable, Anaïs Barbeau-Lavalette entrega bajo su magnífica pluma un extraordinario y conmovedor retrato. ¿Cómo puede uno abandonar a su hijo? "La mano de Musgo se desprende lentamente de la tuya. La dejas caer. La pierdes. (...) Espera el autobús. Estás aliviada. Vacía. Sola en medio de las ráfagas". "Cuando escribí los capítulos sobre el abandono, ¡qué mareo!", recuerda la escritora. Mientras escribía su situación social, su amor por el arte, su búsqueda de satisfacción, vi a esta joven de 20 años con sus hijos, tenía hambre, frío. Y yo, que la odiaba tanto, quería tomarla en mis brazos y abrazarla. Y entonces dejé de juzgarla para entenderla...".
A través de la fuerza y la belleza de su escritura, Anaïs Barbeau-Lavalette nos ofrece una lección magistral de vida y tolerancia. Nunca juzgues sin saber. Y saber perdonar. A su abuela, Anaïs le escribe al final del libro: "Así, sigues existiendo. En mi insaciable sed de amor. Y en esta necesidad de ser libre, como una demanda extrema". "La mujer que huye" es una perla rara, sobre el amor, la sed de libertad y la eterna lucha de las mujeres por una mayor igualdad.


viernes, 1 de enero de 2021

Reseña de BAJO LAS RAMAS DE LOS UDALAS de Chinelo Okparanta en The Guardian

Okparanta presenta una apasionante novela sobre la mayoría de edad de una joven homosexual en Nigeria durante la guerra civil

 

Foto: Kelechi Okere
En la nueva novela de Chinelo Okparanta, Bajo las ramas de los udalas, un encuentro casual entre Ijeoma, una Igbo cristiana, y Amina, una Hausa musulmana, comienza una amistad que rápidamente se convierte en pasión. "Este fue el comienzo", escribe Okparanta, "nuestros cuerpos siendo alcanzados por el fuego que era la piel de cada una... Hormigueo y bondad y como todo lo perfecto en el mundo."

La infancia segura y estable de Ijeoma ya se había desvanecido para entonces. La novela está ambientada en 1968, un año después del conflicto de Biafra, y el mundo de Ijeoma está asediado por "el estrépito de los carros blindados y los bombarderos, los cazabombarderos y sus ruidosos motores que envían descargas sonoras a nuestros oídos". Las cosas empeoran. Su padre, "un hombre al que le gustaba meditar", está tan consumido por el dolor por su pueblo masacrado que se niega a buscar refugio durante un ataque aéreo sobre su pueblo de Ojoto. Cuando Ijeoma y su madre, Adaora, salen de un búnker cercano, descubren su cuerpo empapado en sangre.

Adaora sobrevive a las secuelas físicas, pero no a las psicológicas. "De una manera deformada e inducida por la guerra, tenía sentido que ella encontrara la manera de separarnos a todos: a los soldados, a mí y a la casa", escribe Okparanta. "Despojarse, si pudiera, de todos los recuerdos de la guerra. Despojarse, y despojarse, y despojarse. Como un animal que se deshace del pelo o la piel vieja.".  Cuando Ijeoma regresó por fin con su madre, ella es la "protectora".

Bajo las ramas de los udalas es una nueva iniciativa en el compromiso continuo de Okparanta de hacer una crónica de las vidas de gays y lesbianas en Nigeria. Okparanta ganó el Premio Literario Lambda 2014 por su colección Felicidad, como el agua. Una de las historias de esa colección (America) relata una relación lésbica transatlántica y la decepción de una madre por lo que considera la elección de su hija como lesbiana. También se suma a la obra de Chinua Achebe (There Was a Country) y Chimamanda Adichie (Medio sol amarillo) que han encontrado maneras de reevaluar el conflicto de Biafra y el efecto que tuvo, y sigue teniendo, en los nigerianos.

Okparanta maneja hábilmente el equilibrio entre una historia de amor y una de guerra, cada una de las cuales amenaza con eclipsar a la otra. Aunque tiene varios niveles de lectura, Bajo las ramas de los udalas ofrece un delicado estudio de las fuerzas opuestas que tiran de Ijeoma: su identidad gay, la derrota del Biafra independiente, el tabú de las relaciones entre los Igbo y los Hausa, y la degradación de Ijeoma de estudiante de clase media alta a chica de condición humilde.


La voz de Ijeoma es adecuadamente compleja para la difícil situación en la que se encuentra, siendo a partes iguales atrevida, desesperada y determinante. A medida que Ijeoma crece, comienza a cuestionar las lecciones de la Biblia de su madre, los sermones de su pastor, y las supuestas verdades del amor humano y piadoso heterosexual. "Bajé por el pasillo hasta el frente de la iglesia, como lo había hecho la vez anterior. Me arrodillé ante Dios. Habría rezado, pero de alguna manera no pude encontrar las palabras para hacerlo... Ni una sola palabra para expresarme, ni una sola para explicar o defenderme, ni una sola palabra para pedir perdón por mis pecados.".

Como sugieren esas líneas, Ijeoma emana amor propio, espíritu y una madurez más allá de sus años. Sin embargo, en otras ocasiones, se derrumba bajo el peso de las expectativas de la sociedad para que una joven de su edad encuentre un marido y forme una familia.

Más tarde, en una fiesta social para lesbianas, Ijeoma y sus amigas se encuentran ocultas durante un ataque sorpresa. Aunque la guerra civil ha terminado hace mucho tiempo, la violencia contra la comunidad gay de Nigeria todavía hace estragos. "Otros sonidos por encima de nosotras - de gritos y llantos y la voz atronadora de un hombre, como si estuviera recitando una oración. En mi mente, vi los muros de la tierra derrumbándose a nuestro alrededor como los pilares del Templo de Dagón, los muros de nuestra fosa desmoronándose a nuestro alrededor, y nosotras, como Sansón en pleno descalabro, desmoronándonos junto con los muros".

Bajo las ramas de los udalas llega en un momento oportuno de la historia de Nigeria. En enero de 2014, el entonces presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, firmó un proyecto de ley comúnmente conocido como la ley de "encarcelar a los gays", que penaliza las relaciones entre personas del mismo sexo. Los infractores se enfrentan a una pena de hasta 14 años de prisión y en la región septentrional corren el riesgo de morir lapidados. Bajo las ramas de los udalas sirve para recordar que, a pesar de la legalidad del matrimonio gay en gran parte del hemisferio occidental y en Europa y los Estados Unidos, no muy lejos, las comunidades LGBT soportan el terror y la brutalidad sancionados por el gobierno.

Okparanta capta exquisitamente esta disparidad a través de una impávida Ijeoma, que, en su búsqueda de una vida plena y alegre, adquiere una conciencia perspicaz sobre la relación entre el odio y la persecución, que se extiende mucho más allá de las fronteras de Nigeria. "Supongo que es nuestra forma de ser, lo humanos que somos. Siempre es más fácil convertirnos en la víctima de la tragedia de otra persona".


https://www.theguardian.com/books/2015/sep/24/under-the-udala-trees-chinelo-okparanta-review


COMPRAR AQUÍ

domingo, 27 de diciembre de 2020

Reseña de LA MUJER QUE HUYE de Anaïs Barbeau-Lavalette en Montreal Gazette


 El libro de Anaïs Barbeau-Lavalette, LA MUJER QUE HUYE, explora el significado y el precio de la libertad.

 

Algunas novelas - seamos honestos - te dejan pensando que el autor debe de tener un contrato que cumplir. Pero hay otras que te convencen de que este es el libro que la autora estuvo esperando toda su vida para escribir. El bestseller de 2015 de Anaïs Barbeau-Lavalette, LA MUJER QUE HUYE, está en ese segundo grupo. Pero como recuerda la escritora y cineasta de 37 años, no fue así.

Foto: Eva Maude TC-La Ruche Blanche


"No, en absoluto", comenta esta madre de tres hijos en un café de la calle St-Zotique, cerca de su casa de Petite Patrie. "Al crecer, mi abuela nunca me interesó realmente. Todo lo que sabía de ella era que había abandonado a mi madre."

Comprensiblemente conflictiva en sus sentimientos y con poco contacto real mientras su abuela estaba viva, Barbeau-Lavalette vio cómo despertaba su curiosidad con el descubrimiento de un alijo de fotos, cartas y documentos en el apartamento de su abuela en Ottawa, después de su muerte en 2009. Tras este hecho, en solo nueve meses escribió el libro. Cuando Barbeau-Lavalette menciona casualmente que esta es la primera entrevista en inglés que hará sobre el libro, es una señal de lo surrealista que puede ser la división de la lectura entre el francés y el inglés en Quebec y en el resto de Canadá. La novela fue un éxito de ventas en Quebec, generando un rumor que llevó a la autora a Tout le monde en parle, y el libro a las listas de cursos del CEGEP en toda la provincia. También lo ha hecho muy bien en Francia, y para cuando todas sus traducciones lleguen estarán disponibles en doce idiomas diferentes.

Hablando de traducción, hubo dificultades para llegar a una versión satisfactoria del título en inglés. El problema era la difícil palabra "fuit" o "fuir", más o menos, "huir". Los equivalentes en inglés más cercanos propuestos por la traductora Rhonda Mullins se encontraron con que sonaban, en palabras de Barbeau-Lavalette, "demasiado juiciosos", una consideración crucial dada una heroína con la que muchos lectores han encontrado imposible simpatizar.

Muchos lectores, especialmente mujeres de cierta edad, han dicho que la detestan", dice Barbeau-Lavalette, "pero también muchos han expresado cierta admiración por ella".

La elección de la novela podría, especialmente dada la ligera superposición histórica, llevar a algunos observadores superficiales a pensar que la novela tiene algo que ver con la heroína titular de una famosa canción de cierto icono de Montreal recientemente fallecido. No es así, pero esta Suzanne es igual de fascinante.

Criada en la clase obrera de Ottawa, en lo más profundo de la Depresión, la joven Suzanne se resistió a cualquier posible papel que se le asignara, estableciendo el patrón de toda una vida de rechazo al compromiso, un patrón que se extendería a su papel en la vida de los dos hijos que tuvo con el artista Marcel Barbeau. En Montreal, la joven Suzanne, una poetisa y pintora en ciernes, se unió rápidamente a un grupo de artistas rebeldes que pronto se convirtieron en firmantes del emblemático Manifiesto Mundial de Rechazo, la primera iniciativa de lo que se convirtió en la Revolución Silenciosa. Pero ella no era de las que caen en una cómoda rutina, y se embarcó en una odisea aparentemente aleatoria que la llevó en varias ocasiones al Gaspé, Bélgica, Nueva York y aún más lejos.


Entre las cosas más impresionantes de LA MUJER QUE HUYE es la facilidad con la que cubre un ámbito tan amplio, tanto geográfica como históricamente. Muchos escritores han caído en ese obstáculo, pero Barbeau-Lavalette, al crear y sostener una voz narrativa impecable - la novela está escrita en segunda persona, la nieta dirigiéndose a su abuela ya fallecida - anula cualquier posible desavenencia estructural.

Construido con frases cortas, en capítulos cortos, el libro es uno de los menos convencionales que se puedan encontrar. Cualquiera de sus muchos escenarios, no cabe duda, podría fácilmente haber sido una novela en sí misma. Un breve pasaje en el que Suzanne se encuentra, como Zelig, en un viaje a Alabama con los Jinetes de la Libertad en la era de los Derechos Civiles es especialmente vívido, y extrañamente contemporáneo en un momento en el que el presidente estadounidense está habilitando el KKK.

"Puede ser cierto que algunos de esos pasajes podrían haber sido más largos", dice Barbeau-Lavalette, "pero el objetivo de Suzanne era huir. Nunca se asentó. Quería que el libro reflejara eso".

Nos acostumbramos, en los libros que leemos y en las películas que vemos, a que nuestras heroínas logren alguna forma de redención, por muy problemática o ilegítima que sea esa redención. Pero, como habrán adivinado, LA MUJER QUE HUYE no es ese tipo de novela, y eso es porque Suzanne no era ese tipo de persona.

"No, no lo era", explica Barbeau-Lavalette sobre la mujer a la que dice que aún no puede amar, "la vida rara vez es tan simple."


https://montrealgazette.com/entertainment/arts/anais-barbeau-lavalettes-book-suzanne-explores-the-meaning-and-cost-of-freedom



COMPRAR AQUÍ

viernes, 25 de diciembre de 2020

Reseña de EL GUANCHE EN VENECIA de Juan-Manuel García Ramos

El Guanche en Venecia es una novela histórica, que tras su lectura me ha dejado una sensación como de platillo exótico que se acabara de comer, del cual se desconocieran parte de los ingredientes, y los ingredientes conocidos hubieran sido cocinados de un modo tan diferente, que uno terminara con una sensación de sorpresa, interés, tristeza y rabia a partes iguales.


La novela trata sobre la vida de un personaje tan fascinante, que no se entiende cómo no se ha escuchado de él antes. Se trata de un indígena de las Islas Canarias, que fue gobernante en la isla de Tenerife a finales del S. XV. Su nombre fue Bencomo de Taoro, vivió la trágica historia de la conquista de Canarias por los ejércitos conquistadores españoles. Tras ser capturado le tocó emprender un viaje insólito, pues fue enviado como regalo a los reyes españoles de parte del conquistador Fernández de Lugo. Estos le tuvieron algunos meses en su corte, y luego decidieron enviarlo al Dux de Venecia como presente de buena voluntad y mensaje de deseo de continuar en buenas relaciones diplomáticas.

Este cacique indígena pasó una temporada en Venecia, siendo alojado como rey destronado, es decir con aprecio y respeto por su persona, habitando en un palacio bajo el cuidado de un embajador, y proveyéndosele de un sueldo y apartamento para vivir con dignidad, así como de un educado asistente que le explicaba el nuevo mundo en el que estaba viviendo. También participó de la intensa y rica vida social, primero de Venecia y luego de Padua, donde tras adquirir el idioma del Veneto escuchó debates humanistas, religiosos y hasta médicos, de eminentes profesores de la Universidad de Padua alojados en el mismo palacio que él. Tras permanecer una temporada en dicha ciudad, bajo el hospicio del gobernador de la ciudad, se plantea en la novela que la nostalgia, la incertidumbre y el compromiso con sus Guanches y su tierra, lo llevan a idear un plan para regresar vía Túnez, por todo el norte de África, como parte de una caravana mercante, a las costas marroquíes. Desde donde, en el punto más cercano a la costa podría embarcarse a Tenerife, su isla natal, para continuar peleando por la devolución de la tierra que los conquistadores les habían arrebatado.

La novela plantea un alucinante viaje por un mundo desconocido para Bencomo de Taoro: España, Venecia, Padua, Túnez, Sidijilmasa, los oasis del norte del Sahara, en el que cada pausa le proporciona una experiencia intensamente humana que lo enfrenta, según el autor, por un lado con el deseo de permanecer en el viaje y por el otro con la profunda nostalgia y deseos de regresar a su tierra.

Aunque el planteamiento de la novela nos lleva a pensar inmediatamente en un nuevo Ulises, la historia me hace pensar en otro viaje mitológico, el de Ariadna con Teseo. Ariadna se embarca con Teseo en un viaje por mar, tras haberse enamorado del héroe y haberle ayudado a dar muerte a su hermanastro, el famoso Minotauro. Al tomar esa decisión, en algunas versiones, ella pierde sus privilegios de princesa, pues Minos, su padre, se pone loco de furia al saber que ella ayudó a Teseo en su intención de matar al Minotauro. Entonces ella abandona su vida de princesa, sus bienes y sus privilegios, al embarcarse sola con su amor en el barco de Teseo. En algunas versiones del mito, ella duerme profundamente una siesta, en mitad del viaje, cuando Teseo la carga y la deja dormida sobre las playas de una isla, para continuar solo su viaje. Al despertar ella se encuentra, sola, abandonada en la isla, sin nada más que su vida y su memoria.

Aunque Bencomo de Taoro no fue embarcado en un viaje por la ilusión de un amor, al ser vuelto prisionero de Fernández de Lugo, y firmar -no se sabe nunca como firmaron los indígenas las capitulaciones a la corona de Castilla y Aragón, pues no conocían el idioma, ni leían, ni escribían- la cesión de sus tierras y el abandono de la defensa de sus posesiones, queda en la poco masculina posición de estar a merced de los deseos del conquistador, sin ningún privilegio ni posesión, e incapacitado para ejercitar sus deseos y voluntad. Feminizado o vuelto simbólicamente mujer, al volverse prisionero, como todos los señores principales de otras tierras: Moctezuma, el Inca, Cuauthémoc, etc., su voluntad deja de ser considerada importante. Y tal como Ariadna, es depositado en las playas de una isla desconocida por la voluntad del conquistador que lo envía como regalo a los reyes.

A pesar de lo excepcional de su suerte en la corte española, y en su estancia en Venecia y Padua, Bencomo es paseado, mostrado, ataviado en ciertos momentos, hecho desfilar con su vestimenta tradicional cuando los señores que guardan su potestad así lo deciden, y tutelado siempre por un hombre que lo vigila y le explica el mundo en una suerte de mansplaning de fin del medioevo. En ningún momento Bencomo recupera su status de hombre en la novela excepto cuando su autor le hace encontrar a una prostituta, mujer esclavizada bajo las redes de trata que el mismo García Ramos describe en su operación en el norte de África de finales del siglo XV, con la cual nos explica que puede ejercitar un sometimiento mayor, al menos con alguien aún inferior en libertad a él.

Más tarde nos plantea el autor que la nostalgia por su tierra, y la incertidumbre por el destino de las personas de sus islas, generan suficiente presión interior en Bencomo para animarlo a abandonar la comodidad con que se le ha proveído a cambio de docilidad y buen comportamiento, y es entonces cuando decide regresar en un arriesgado viaje al punto más cercano a sus islas. En este viaje, Bencomo al dejar atrás la “pasividad femenina” a la que lo ha reducido su status de prisionero y rey destronado, va recuperando poco a poco la virilidad, la vida austera del hombre verdadero, para finalmente presentárnoslo como un líder nato al frente de un ejército de hombres del desierto montados en camellos acostumbrados al combate. Alzando una lanza al horizonte en el que se encuentran sus islas, la novela nos presenta a un hombre que ha recuperado lo máximo a lo que un individuo masculino, en teoría, puede aspirar: la libertad, el ser dueño de su voluntad y deseos, aún si sus posesiones le han sido arrancadas.

Como muchos autores latinoamericanos que han relatado desde la ficción el final de los personajes históricos a quienes les tocó vivir el encontronazo con la Europa conquistadora y ávida, García Ramos nos presenta un relato de recuperación de la virilidad de un caudillo poco conocido, pero con el cual nuestros caudillos prehispánicos guardan tanto parecido.

La novela me gustó mucho en cuanto a su erudición y contextualización histórica, pues permite recorrer la gastronomía, ambientes, recorridos urbanos, vinos y hasta un poco de la música en voga en la Venecia de finales del S.XV, pero me hubiera gustado que el autor se metiera con menos miedos a la propuesta mitológica que todos estos personajes tienen por el hecho de haber sido escogidos por la historia para ser los primeros en enfrentar el cambio más fuerte del mundo: el encuentro insospechado de dos orillas del mundo.

Al escribir la historia de Bencomo de Taoro la guerra no es en contra de Ariadna. Ni contra la posibilidad de que nuestros héroes prehispánicos hubieran podido morir de nostalgia, de apabullamiento por no haber podido comprender lo que a sus humanas vidas les tocó vivir, ni contra la desilusión que sentimos por no haber tenido caudillos con la capacidad estratégica de haber creado fantásticas resistencias que nos hubieran asegurado a los habitantes de los siglos posteriores que sus antepasados fueran los más cojonudos. Pues mientras sigamos en guerra con el aspecto femenino al que tanto tememos, quizás sigamos perdiendo oportunidades de comprender más profunda y humanamente a los personajes históricos que aún tienen tanto por decir.

Creo que la guerra, si es que la hubiera, debería ser en contra de una masculinidad que no permite considerar que a esos personajes no les quedó de otra que emprender el viaje de Ariadna, y se les obligue desde la ficción a ser los Ulises con los que al fin podamos respirar, levantar la mirada viril al horizonte, y hacer las paces. Obligar a Bencomo de Taoro, Moctezuma, Atahualpa, Jerónimo a estar al nivel de agresión y destrucción de Fernández de Lugo, Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, Francisco Pizarro, o Buffalo Bill, es seguir intentando construir sobre las ruinas de un mundo en el que no cupimos todos. La invitación a proponer nuevos finales que no teman a a Ariadna, que recuerden la increíble diversidad de las culturas prehispánicas de todo el mundo, está abierta.

Cuca González (Guadalajara, México)


jueves, 24 de diciembre de 2020

Entrevista a Charmine Craig, autora de MISS BURMA en LOS ANGELES TIMES

PREGUNTAS Y RESPUESTAS: La inspiración para la novela de Charmaine Craig "Miss Burma": una reina de belleza convertida en revolucionaria.

AGATHA FRENCH

Charmaine Craig, whose new novel is “Miss Burma.”(Ricardo DeAratanha / Los Angeles Times)Charmaine Craig, (Ricardo DeAratanha / Los Angeles Times)


En el primer párrafo, las luces de la nueva novela épica de Charmaine Craig, "Miss Burma", se dirigen a Louisa, personaje que se basa en la madre de la autora, para que suba al escenario del concurso. Louisa Benson Craig, una mujer que, tras ser coronada miss, se convirtió en una revolucionaria política con precio a su cabeza, es uno de los muchos personajes novelados cuyas vidas están tan llenas de pérdidas , perseverancia e incidentes. Seguir su historia es seguir la historia del propio país. La arrolladora historia multigeneracional de una familia perteneciente a la minoría étnica karen, Miss Birmania traza una historia tanto política como profundamente personal, así como la de esos momentos incendiarios en los que las motivaciones privadas y públicas se superponen.

 

Craig, una exactriz que vive en Los Ángeles y enseña en la Universidad de California en Riverside, se reunió conmigo en un café para hablar de Miss Burma; nuestra conversación se trasladó a un paseo por el lago Echo Park. Discutimos el enfoque literario en las denominadas novelas históricas, su relación con su madre, que murió de cáncer de ovario en 2010, el trabajo de escritura en Hollywood y por qué la casi década que Craig pasó trabajando en un libro sobre su familia se convirtió menos en sacarse la historia de sí misma que en sacarse a sí misma de la historia. Esta entrevista ha sido publicada para mayor claridad y extensión.

 

¿Cuándo descubrió por primera vez que su madre había sido tanto Miss Birmania como una revolucionaria política?

No recuerdo ningún momento en el que no lo supiera. Mi padre americano era un soñador, y pintó a mi madre en estos términos sobredimensionados - era Miss Birmania, fue la actriz más famosa de Birmania durante un tiempo, era una mujer guerrera-. Así que sabía todo eso. Pero mientras escribía el libro, juntaría las piezas de una manera casi periodística, y descubriría cómo su historia encajaba en un cuadro político más grande. Era casi como tener una conversación con los muertos.

 

"Miss Burma" está basado en las vidas de tu madre y tus abuelos; es una historia que es, en cierto sentido, una parte real de ti. ¿Cómo fue sacar esa historia y ponerla en el papel?

Debería decirte que la primera versión del libro trataba mucho más sobre mí y mi madre. Era en primera persona, era mucho más que la consabida historia del inmigrante. Escribí una versión completa de ese libro cuando mi madre enfermó, y fue catártico escribir esa versión, que trataba tanto de los traumas que ella había vivido, y cómo yo heredé algo de eso, y sobre su conflicto por entregarse a la maternidad en los Estados Unidos cuando creo que sintió, hasta cierto punto, que había abandonado el llamamiento de todo un pueblo en Birmania, lo que ahora es Myanmar. Lo que me quedó claro después de terminar el libro fue que estaba escribiendo para un público occidental y que había sido demasiado simplista en mi enfoque. El libro no era sobre mí, tenía que ser sobre un país, un pueblo y una familia, y yo tenía que existir en los márgenes de la historia y quitarme de en medio.

 

¿Por qué escribir una novela y no un relato de no ficción?

Estoy más llamada a escribir ficción, punto. Mi interés literario es la experiencia de la conciencia. Aunque me consideraría alguien que se toma la trama más en serio que muchos de mis compañeros, lo que más me interesa es capturar la experiencia de ser. Cuando recibí la historia de mi madre - una historia épica y dramática de la que estuvimos hablando dos años antes de que muriera -, comprendí que, aparte de eso, estaba lo interno, las motivaciones. Hubo momentos en los que pude sentir que ella estaba hablando sobre el corazón del asunto. Tenía sentido dar el salto novelístico.

 

El libro comienza con Louisa en el escenario como Miss Burma en 1956, y luego retrocede en el tiempo, a la historia de sus padres.

Como escritora literaria sentí cierta presión para escribir ficción autobiográfica. Sucumbí a un cierto prejuicio contra la novela política y la novela histórica. Me costó superar esos prejuicios para ver que había estado viviendo bajo el mito de mi madre, pero en realidad la historia de su padre y su madre era igual de dramática y quizás incluso más reveladora de la historia de Birmania. Nacieron durante la época colonial y ambos participaron en la transición de Birmania del colonialismo a la independencia y a la guerra civil. Necesitaba abrirme a contar más, por lo que ahora es un libro con múltiples perspectivas.

 

¿Cuál fue su enfoque para trenzar la trama política con la familiar?

La historia política se convirtió en una especie de columna vertebral de la trama, y me resultó más fácil por el hecho de que mi familia estaba muy involucrada en esa historia y en la política. Parte de mi proceso fue encontrar las intersecciones entre los miembros de la familia y la propia historia. Una de las tensiones del libro es lo indefensos que estamos ante las fuerzas aplastantes e impersonales de la historia, y cuánta historia se puede hacer sucumbir a la terquedad personal de cualquier individuo que quiera hacer frente a ella.

 

Hay varios pasajes en el libro en los que el detalle con el que plasmas las expresiones faciales de un personaje como medio para revelar su mundo interno me recordaba que antes de ser escritora eras actriz. ¿Puede hablarme de esa transición?

Me sentí atraída por la actuación -y por la escritura- a una edad temprana porque en ambas se te llama a encarnar empáticamente a otro. Mi experiencia vital me dice que soy muy sensible a las señales que otras personas están emitiendo, al comportamiento humano. Escribir y actuar son formas de hacer arte de la manera en que estoy conectada. La razón por la que no actúo ahora no es que haya dejado de amar el oficio, sino que llegué a la profesión en un momento en el que había más encasillamiento y racismo que ahora, y todavía hay mucho encasillamiento. Estaba muy cansada de los papeles que se me ofrecían como mestiza. Siempre fue: "Bueno, ¿qué eres? No eres esto, no eres aquello. Tal vez seas una novia sexy". Era un tanto denigrante, y quería poder llevar las riendas un poco más en cuanto a las historias que contaba y los personajes que representaba.

 


¿Hay habilidades que aprendiste como actriz y que usas como novelista?

Era un adolescente que estudiaba en Inglaterra en la Academia de Artes Dramáticas Británico Americana, con un tal Earle Gister. Se inclinó y me susurró al oído: " Interpreta cada línea exactamente de manera contraria  a lo que dice". Así que, si dice "Te amo", estés pensando en tu cabeza, "Te desprecio". Si dices "Estoy perfectamente bien", realmente estás diciendo "Soy el más miserable que ha habido en toda la vida". Fue como un interruptor que giró e inmediatamente empecé a entender esta lección fundamental de motivaciones mixtas. Todos estamos sintiendo diez cosas sobre lo mismo en un momento dado, y cuanto más podamos sacar eso en nuestra caracterización, ya sea actuando o escribiendo, más real parecerá ese personaje.

 

Creciste en Los Ángeles; ¿cuánto tiempo has pasado en Myanmar?

Solo he ido dos veces. (La cabeza de mi madre tenía precio, no era seguro.) La primera vez que fui tenía unos 20 años. Fue un viaje importante porque aprendí mucho más sobre la leyenda de mi madre y sobre la gente de Karen, y también aprendí más sobre la mía propia -odio usar la palabra "identidad" porque es muy corta- pero al crecer aquí nunca sentí que realmente encajara. De niña me animaron a llamarme Karen porque otros niños me preguntaban mucho "¿Qué eres?". (Cuando dije Karen, ellos dijeron, "¿quieres decir coreano?"). Cuando fui a Birmania, un montón de niños se nos acercaron a mi hermana y a mí y nos dijeron en Karen: "Buenas noches, gente blanca". Fue un regreso a casa y una especie de subrayar mi diferencia. La segunda vez que estuve allí fue después de que mi madre falleciera. Fui al interior de Birmania, pero sólo a las zonas fronterizas, para participar en el proceso electoral de Karen.

Aunque esos viajes fueron útiles, creo que como escritores de ficción deberíamos de alguna manera limitar nuestra investigación y optar más por lo imaginativo. Eso no quiere decir que no me haya esforzado mucho en conseguir los detalles correctos - la historia, la política, el escenario - lo hice. Pero quería tratar esto como trataría una novela contemporánea, o una novela sobre mi ciudad natal, Los Ángeles en los años 80 - solo quería incluir lo que fuera significativo, y no atiborrarla de información y detalles para instruit al lector sobre este mundo y lugar en particular.

 

¿Realizó una investigación histórica?

Pasé dos años entrevistando a mi madre y a los miembros de su familia antes de recurrir a la literatura académica. Fue entonces cuando empecé a entender realmente cuántos agujeros hay en la literatura y lo sesgada que es mucha de ella, en mi opinión. Las nacionalidades étnicas, los pueblos indígenas de Birmania, hay una completa falta de información porque, por ejemplo, durante siglos las manos de los Karen fueron cortadas si se les encontraba con utensilios de escritura. Así que perdieron su alfabeto, perdieron cualquier tipo de historia escrita, hubo un esfuerzo absoluto por parte del gobierno mayoritario para forzarlos a integrarse hasta el punto de perder su cultura. Empecé a sentir que era parte de un encargo para mí centrarme en la historia, centrarme en la política, y empecé a sentirme un poco como una periodista de investigación.

Había oído durante estas entrevistas que el primer marido de mi madre, que fue asesinado durante las conversaciones de paz con la junta militar porque era un líder de la resistencia, había dialogado con la CIA, pero no pude encontrar ninguna documentación académica sobre esto, así que empecé a buscar en los documentos desclasificados de la CIA. Es difícil entender realmente lo que pasó, pero lo que pienso es que mientras la CIA se reunía con las fuerzas pro-democráticas, incluyendo al marido de mi madre, el Departamento de Estado de los Estados Unidos estaba trabajando con el gobierno de Birmania para liquidar a esas mismas fuerzas.

 

Usted ha sido activista a favor de las minorías étnicas en Myanmar, así como escritora. ¿Son esos impulsos distintos o inseparables?

Aunque al principio no quería que esto fuera una novela política, escribirla se convirtió en un acto político. Creo que la novela se resiste a dar respuestas fáciles a preguntas como: "¿Es el nacionalismo étnico la mejor respuesta al genocidio?".  La última vez que estuve en Birmania me di cuenta del increíble vacío que dejó mi madre cuando murió, políticamente y como activista. Sentí todo el peso no solo de no poder ponerme en sus zapatos, sino de no querer hacerlo. Soy escritora, no soy una política. Y, sin embargo, fue en ese momento cuando empecé a concebir cómo la novela podría ser una especie de acto político también.

 

En el libro usted escribe: "El mundo de los muertos ahora era algo que podía alcanzar y tocar; solo tenía que prestarle la más mínima atención y lo alcanzó y lo conoció." ¿Esa fue su experiencia mientras escribía Miss Burma?

Es curioso, me alegro de que lo mencione. Mi marido también es escritor, y me sugirió que cortara esa línea. Le dije: "No puedo cortar esa línea", porque es parte de mi experiencia. Después de la muerte de mi madre pasé por un período en el que estaba desesperada por hacer contacto y no se me ocurrió nada. Pero ha habido momentos desde entonces en los que he sentido que estaba en su presencia de alguna manera que no puedo explicar.

 

Hay otro pasaje que se me ha quedado grabado: "La esposa y el hijo de un hombre... podría valer la pena sacrificar una guerra por ellos.". ¿Por qué tiene esa preocupación que va directa al grano?

Hace unos años tuve la oportunidad de conocer a la ganadora del Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, que es la líder de facto de Birmania, aquí en Los Ángeles. Fui invitada a un evento en el que ella iba a estar, y hablé con algunos líderes de Karen en ese momento sobre, "si tengo la oportunidad de sentarme con ella, ¿qué quieren que le diga?" Así que vine armada, si se quiere, con un mensaje de las minorías pan-étnicas perseguidas. Y Edward Norton muy amablemente se levantó y me dejó sentar en su asiento - estaba sentado justo al lado de ella - y le dije quién era yo y empecé a transmitir el mensaje y ella me detuvo y me dijo: "Eres la hija de Louisa". Ella sabía que mi madre había muerto. Quería recordarla. Se le llenaron los ojos de lágrimas, y fue una lección para mí de la tensión por la que preguntas: Están las guerras, los casi inimaginables cientos de miles de vidas perdidas o el desplazamiento en este momento de más de un millón de personas en y alrededor de Birmania, pero también está la igualmente inimaginable pérdida de una sola persona.


https://www.latimes.com/books/jacketcopy/la-ca-jc-charmaine-craig-20170510-htmlstory.html

COMPRAR AQUÍ

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Reseña de EL AGUA DEL BUITRE, de Andrés Ortiz Tafur en FRAGMENTOS, el Blog del escritor Ángel Silvelo Gabriel

MARTES, 22 DE DICIEMBRE DE 2020

ANDRÉS ORTIZ TAFUR, EL AGUA DEL BUITRE: LAS RELACIONES DE INCERTIDUMBRE

¿Qué es el amor? ¿Cómo nos afecta el paso del tiempo? ¿La felicidad se aloja en el desconocimiento del otro? El Agua del Buitre es un barranco, y también, dieciocho historias sobre las que podemos despeñar nuestras tragedias y también nuestros sueños. Historias por las que precipitar la codicia del ahorcado. Y por donde suicidar a nuestra vida. Y no solo eso, porque el paso del tiempo aparece en esta recopilación de relatos como un ajuste de cuentas entre la realidad y una ficción que necesita de nuevas formas de dibujar el semblante del fracaso, de los perdedores… de la gente corriente. Esa que no sale en la televisión ni se compra revistas de moda. Decía Camus que el mayor tesoro de los pobres se encuentra encima de sus cabezas. Basta con dejar de mirar al suelo y alzar la cabeza al cielo. Un cielo lleno de estrellas. Estrellas que se comportan como una senda por la que hacer caminar a nuestros sueños. Imposibles. Irreparables. Tediosos. Andrés Ortiz Tafur, en su nueva inmersión en el relato corto, deja constancia de todo ello con un estilo personal e inconfundible. Desde esa atalaya que la Sierra de Segura ejerce de filósofo de la montaña: parco en palabras y rico en acontecimientos y verdades. Aquí, donde el fracaso también es verdad. La verdad más grande. La única e inmutable verdad. La casa de la montaña desde la que escribe se transforma en su propia Yoknapatawpha. Desde donde ilumina la soledad del hombre frente a su mundo. Arriesga Ortiz Tafur al mostrarse más serio y sombrío en sus historias. Más cercano a la intransigencia de la pérdida: del amor, de la ilusión, de la vida. Y lo hace de una forma irreverente. Ausente de otra norma que no sea la del universo propio. La tierra que ha dejado de ser la prometida. O el caleidoscopio de la felicidad que esta vez se torna oscura. No es tiempo de fiestas, pero sí de amargas reflexiones. A traspiés. A trasmano. A tras de todo. ¿Qué es el amor, acaso la esencia marchita que nos queda a lo largo de los años?

Abundan los relatos de parejas. Rotas o en proceso de destrucción. Y, dentro de ellas, hombres descolocados por la vida y el paso del tiempo. Por la pérdida de la ilusión y la juventud. Por la avalancha de unos acontecimientos que son perversos en su planteamiento y ejecución. Hombres cobardes que no aceptan la realidad. Esa realidad que se superpone a todo: a los recuerdos, a la esperanza, o a lo que una vez entendimos que era el amor. Héroes sin bandera o hazaña que contar, salvo la de la incomunicación y el miedo de hacer frente al amor y a sí mismos. Sin embargo, los dieciocho relatos de El Agua del Buitre no solo nos hablan de las parejas y sus múltiples problemas, también el jienense ha dejado en estos dieciocho relatos un espacio para las historias de maltrato y el abandono al que sometemos a los viejos, donde el dinero vence a los sentimientos, a la dignidad o al más ínfimo sentido de humanidad. En esa faceta tan suya de dar paso al absurdo, a lo onírico, a lo perverso y lo surrealista, Ortiz Tafur nos enfrenta a ballenas y gasolineras. Al desprendimiento de los amantes. O a la forma de afrontar el futuro que se nos echa encima. Donde nunca pensamos, en verdad, cómo seremos, quizá porque no nos resulta agradable desentrañar las coordenadas del futuro de nuestras vidas. O cómo afrontar la autodestrucción a través de piedras que recitan versos de Machado y Serrat. Relatos de mitos sin leyenda que, sin embargo, logran atrapar al lector con esa manera tan particular de desentrañar las encrucijadas de la vida y el mundo que tiene Andrés Ortiz Tafur, al que se le ve cómodo a la hora de afrontar el relato corto, pues tiene toda una gran amalgama de descolocados a los que dar voz y sentido en el más irracional de los sentidos. Aquel del que se compone la vida y sus miserias.

El Agua del Buitre persigue, además, la necesidad del otro. De la palabra. Del afecto… Y quizá, uno de los relatos que mejor ejemplifica todo ello sea, La costumbre, donde la metáfora del señor que sube y baja las escaleras nos enfrenta a la necesidad de respetar al otro. Ese que nos busca para decirnos quiénes somos o de qué forma actúa nuestra conciencia cuando sabe que se ha equivocado. Amor. Desconocimiento. Sorpresa y respeto, se dan la mano con ese tipo de situaciones en las que sobresalen las relaciones de incertidumbre, aquellas que dan el verdadero sentido a la vida. A la anónima. A la nuestra. A la que no sale en televisión salvo cuando hay que dar noticia de una pérdida. A la de la soledad del individuo frente al mundo.

Ángel Silvelo Gabriel.