lunes, 14 de junio de 2021

Reseña de GEOMETRÍA DEL AZAR, de Fernando Palazuelos en Librario íntimo


Geometría del azar









Todos nos hemos interrogado alguna vez sobre las peculiaridades del azar y sobre su actuación y presencia en nuestra vida. ¿Qué porcentaje de cuanto somos está ocasionado por lo arbitrario? Basta que detengamos el pensamiento durante unos minutos en esa pregunta para que comencemos a detectar los hilos (que pronto se abrazan formando cuerdas, y finalmente devienen maromas) del azar, fabricando nuestro origen, nuestro sendero y acaso nuestro futuro. Aquel día en que nuestra abuela decidió entrar en la tienda donde conoció a su futuro marido fue determinante para que nosotros estemos ahora leyendo estas palabras. La casualidad hizo que nuestro padre fuera destinado a hacer el servicio militar en el pueblo donde terminaría encontrando a nuestra madre. La extracción de aquella bolita en las oposiciones hizo que aprobásemos y pudiéramos casarnos por fin. Seguro que todos disponemos de infinidad de ejemplos similares, ante los que no sabemos si sonreír, pensar en Dios, inquietarnos o, simplemente, quedar en silencio.

El escritor Fernando Palazuelos recopila en su volumen Geometría del azar (que publica hermosamente Baile del Sol) un ramillete de historias familiares que, unidas a un glorioso conjunto de citas extraídas de libros (poéticos y filosóficos), nos permiten pasear por terrenos llenos de asombro y sentido del humor: un imposible pero certero lanzamiento de tomate ocurrido en su infancia; un lapsus telefónico que adquiere dimensiones sorprendentes años más tarde; la casualidad de conocer a Fernando Iwasaki y descubrir que su prima y él fueron novios, mil años antes; el amigo que nació en un barco llamado Marchamalo y terminó casándose y viviendo en un pueblo del mismo nombre; viejas fotografías que, de modo casi fantástico, terminan mostrando a personas claves de su ayer… Y todo ello servido con una prosa elegante, convincente y bella, que convierte la aventura de leer este libro en un auténtico placer.


sábado, 12 de junio de 2021

Reseña de EL JUEGO DE BANANA de Inés Matute en Agitadoras

El Juego de Banana
Empar Bosch

Autor: Inés Matute Sánchez. Baile del Sol (2021). 276 pgs. 15,00€

Para comprarla, pulsar aquí



La escritura de Inés Matute es sincera y precisa, económica en descripciones y adjetivos, como corresponde a una autora de su maestría y destreza lingüística.

Resulta extraordinario comprobar cómo tal concisión nos invita a asomarnos con perplejidad y extrañamiento a los diálogos que sostiene la protagonista de la novela con sus dos personajes principales: la madre y la señorita Banana.

Matute aborda con indomable ternura la conversación con la madre convaleciente; la memoria de la infancia que reside en los silencios de la habitación de hospital; el desconsuelo por el desenlace fatídico que se avecina y la aflicción profunda del duelo filial; la soledad interior que se abalanza sobre la protagonista con una crudeza tal que conmueve, precisamente, por la ausencia de artificios.

Contrasta la delicadeza de ese discurso con la enconada hostilidad con que la autora encara a la protagonista con la señorita Banana, el personaje de la novela cuya aparición nos sobresalta desde las primeras hasta las últimas páginas y que Matute hace transitar por toda la narración como una suerte de enigma que expande la novela a una velocidad espacio-tiempo cada vez mayor.

La lectura de la novela genera un eco gravitacional, una energía exquisita que se extiende más allá de las páginas, como una radiación que precede a la formación de la materia, una premonición literaria que, a través del misterio, nos confronta con la oscuridad de nuestro yo, nuestra propia señorita Banana, la huella del paso del tiempo en el mismo tejido del espacio.



http://www.agitadoras.com/junio%202021/empar.html


jueves, 29 de abril de 2021

Reseña de LA VIDA SECRETA DEL ORNITORRINCO de Esther Zorrozua o los bibliocaustos que vienen


Tres voces narran la historia que nos convoca a leer esta novela. La historia de los incendios intencionales de libros o bibliotecas, y la pregunta y preocupación que nos comparte la autora a lo largo de sus páginas: ¿cómo surgen los censores en la historia?, ¿cómo podemos prevenir los ejercicios de censura extrema que culminan en esos ejercicios de intolerancia máxima llamados bibliocaustos?, ¿qué es lo que desata la pulsión de destrucción de bibliotecas o de títulos en especial?

 

Alfredo, taxista bilbaíno, nos plantea de modo sabroso y cercano tanto la atmósfera de Bilbao, ciudad que aloja al lugar en disputa, la Biblioteca Municipal, como las circunstancias misteriosas y un tanto obscuras en las que vive su vecino Elías Hidalgo, el bibliotecario y censor contemporáneo, bibliocida en potencia. Alfredo vive con Clara, su esposa, personaje que dará mucho del sabor del vecindario a la novela, y con quien la autora nos logra situar en un contrapunto moral esencial para contextualizar el tema de la censura: apertura-tradición, decencia-indecencia, público-privado, íntimo-chisme, hogar-calle, pasado-presente, campo-ciudad, familia tradicional-familia urbana, etc. Clara es un gran personaje que hace de la cocina y los espacios comunes de su edificio umbrales desde los cuales nos permite otear los numerosos niveles desde los que se interpretan los valores éticos y morales en pugna en esta Bilbao del S. XXI.

 

Olaia, sobrina de Alfredo, recién ingresada a la licenciatura en Letras Hispánicas, proveniente de una pequeña población de provincia dentro del País Vasco, se muda a casa de su tío para alojarse mientras cursa sus estudios universitarios. Por los comentarios de los personajes masculinos de la novela se deduce que Olaia es una guapísima joven que sin proponérselo le recuerda a Elías Hidalgo la existencia de su propio cuerpo y le hace tomar con renovados bríos su misión de censor y salvador de la moral de las nuevas generaciones. Cuando Sabino Ibarrondo, profesor de Literatura del S. XX inicia el curso haciendo mención a los títulos prohibidos por la Iglesia Católica en su Índice de Libros Prohibidos, vigente hasta 1966, y solicita a la clase leer Lolita como ejemplo de los títulos mencionados, no sabe que estará creando las circunstancias para que dos formas antagónicas de ver el mundo se encuentren y se desate el conflicto. Olaia defenderá su derecho a Leer Lolita de Nabokov, y Elías aducirá a la moral para negarle el préstamo del libro desde su papel de autoridad en la biblioteca. Las posiciones de ambas partes, y la contextualización literaria del título en clase, darán el cuerpo al resto de la narración.

 

A lo largo de la novela Olaia nos da la voz joven, el recorrido por la Bilbao de los cafés y bares de estudiantes, los grupos de amigos, la visión de la sociedad aún tradicional que va cambiando hacia un sitio más abierto, menos opresivo. Mientras que en Elías Hidalgo encontramos la voz de una jerarquía, orden y represión de los regímenes autoritarios del pasado, y del futuro.

 

Elías Hidalgo, especialista en latín y en clásicos griegos, es el severo y moralmente impecable responsable bibliotecario. Hijo de sacristán, proviene también de un pequeño pueblo del País Vasco, pero nacido varias décadas atrás que Olaia, fue criado violentamente por un padre no empático y cuya madre no se sentía capaz de protegerlo. Nos vamos enterando poco a poco en la novela de momentos de su historia personal que lo vuelven un resentido, y un ser marginal que vive en un ostracismo autoimpuesto. Su enorme cultura como lector, pero su nula capacidad de gestión emocional, le convierten en un arrogante juez que se otorga la misión de filtrar los títulos de la Biblioteca y retirar los que considere inmorales, así como impedir el acceso a ciertos títulos según sea su juicio sobre los lectores. Cuenta con un extraño amigo, Nemo, que lo conoce profundamente, pues proviene de su misma generación y pueblo. Al contrario que Elías, Nemo cuenta con muchas experiencias intensas de vida, y lee desde ellas. Su lectura, su vida, le hacen cuestionar la moral y la actividad de filtro que ejerce Elías en su trabajo de bibliotecario. Con ocasión de una grave enfermedad en la que Nemo ejerce de enfermero y cuidador de Elías, Nemo le da la oportunidad a Elías de sentirse cobijado y querido, sin embargo Elías rechaza - o no puede tomar - la posibilidad del aprendizaje del cariño y la tolerancia. Nemo es un personaje extraño, no acaba de ser simpático ni entrañable, pero desde la obscuridad de su trabajo y experiencias parece un embajador del lado obscuro de la humanidad que viniera a señalar que detrás de la dureza y la intolerancia, estuviera un ser profundamente lastimado y vulnerable. La Bilbao de Nemo es la que podemos conocer desde su cementerio, sus calles, su indigencia.

 

La clase de literatura cuidadosamente tejida en la novela coloca al centro, con humor y evocación de las aulas universitarias, el tema de la intolerancia a las ideas, y señala con ejemplos históricos los momentos en que se han cometido los mayores bibliocaustos, mismos que han coincidido con los regímenes políticos intolerantes que han justificado el asesinato de las personas que difirieran en ideas respecto a las del poder.

 

Personalmente me ha emocionado la teatralidad, elocuencia y esfuerzo del profesor Sabino Ibarrondo, al hablar con pasión sobre la historia de la censura. He subrayado casi todas sus entradas de clase, pues me han parecido muy citables en estos momentos en que la posverdad nos hace sentirnos frecuentemente confundidos e impotentes, ya que en ocasiones no sabemos cómo situar nuestra opinión entre la censura y la propaganda de los poderes políticos y fácticos. Para esas ocasiones en que no puedo recordar alguna sesión especialmente sabia de algún maestro admirado, sé que ahora puedo contar con esta clase de Esther Zorrozua para apoyarme cuando la presión de los medios parezca mucha.

 

Cito como ejemplo de la cátedra libre que es posible encontrar en este libro:

“Cuando Borges imaginó el paraíso, lo concibió como una gran biblioteca, aunque era muy consciente de que solo existían los paraísos perdidos. Ibarrondo volvía a planear por encima de la realidad diaria de nosotros. Él lo sabía, claro, pero como explicaba a menudo, de qué nos servía ser los dueños de una potente máquina mental si no la ejercitábamos, si no la poníamos a prueba, si no la forzábamos hasta arrancarle todas las posibilidades. Es como el dueño de un BMW de gran cilindrada que solo lo usara para ir a comprar el periódico por vías del casco urbano donde no se permite circular a más de cincuenta kilómetros por hora.


Las quemas de libros son un virus que recorre la historia del planeta y que, como una gripe maldita, ataca a toda clase de ideologías. Llega a oración, no conoce vacuna preventiva, ni existe antídoto que la combata, una vez inoculado. Se aplaca por un tiempo a la vez que se extingue el fuego que ha causado el desastre. Luego, reaparece en otro lugar, en otro momento, con otro disfraz. Pero siempre se trata del mismo mutante. […] Se nos ha vendido el Renacimiento como el fin del tiempo oscuro. El antropocentrismo y la celebración de la vida, en oposición a una liturgia de la muerte, a un valle de lágrimas. Pero en ese contexto de resurrección, el fraile Savonarola, en 1547, convenció a su gente sobre el malestar de Dios con el nuevo orden y organizó en el centro de Florencia una pira, su “hoguera” de las vanidades, en la que quemó incluso los diálogos de Platón. Casi al mismo tiempo, en 1500, el cardenal Cisnero celebró su Auto de Fe de Granada, donde ardieron toda clase de libros, pero sobre todo, ejemplares del Corán. Mientras, al otro lado del Atlántico, en el Nuevo Mundo recién descubierto, en 1530, fray Juan de Zumarraga purificaba mediante el fuego todos los escritos e ídolos aztecas. Y en 1562, su buen discípulo Diego de Landa, hizo lo propio con todo el legado maya. Eran otros tiempo, sí. Los tiempos en que en nombre del único dios verdadero, disfrutaban de la prerrogativa de imponerlo por la fuerza.”


Otra manera de quemar a los libros y a las bibliotecas es considerándolos estorbosos edificios llenos de objetos caducos, que al ser reemplazados por el aura de novedad y glamour de la tecnología y sus motores de búsqueda, van conduciendo a la opinión mediatizada hacia el terreno de que los libros físicos y sus edificios no sean ya necesarios. Ahogarlos por abandono, para luego destruirlos por vía mecánica o por incendio es el final previsible en esta nueva era en que la lucidez, el pensamiento crítico y la verdadera cultura han sido señalados como inaceptables por la moral comercial y la religión del consumo. Ojalá inventemos pronto qué hacer con los Elías Hidalgo que ya operan sin que que los hayamos advertido.

Yunuén Carrillo


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martes, 16 de marzo de 2021

Reseña de TIEMPO DE ECLIPSE de Fernando Martín López en ENTRETANTO MAGAZINE

 

Tiempo de eclipse, de Fernando Martínez López

Fernando Martínez López, afincado en Almería desde la infancia, en ese paisaje excepcional que es el Cabo de Gata, es un escritor consolidado como lo demuestra el haber ganado los premios Felipe Trigo y Ciudad de Jumilla de novela, ser finalista en el Premio Fernando Lara y el Premio Andalucía de la Crítica y además atesorar innumerables premios de relato. Miembro de la Asociación Andaluza de escritores y críticos literarios, ha publicado las novelas Tu nombre con tinta de café, Fresas amargas para siempre, Los últimos recuerdos del reloj de arena, El mar sigue siendo azul, El rastro difuso, El jinete del plenilunio y la antología del relato corto Arteratura. En su última y más ambiciosa novela, Tiempo de eclipse, en mi opinión el mejor trabajo literario del autor, construye una compleja narración que bascula entre muy diversos géneros que le sirven para armar un complejo fresco literario, poblado por una multitud de personajes, y salir airoso de su empeño.

 

El lector encontrará entre las páginas de este magnífica libro elementos de novela histórica, los de la Barcelona del pistolerismo con sus sangrientos enfrentamientos callejeros entre miembros de la CNT y pistoleros del Sindicato Libre de la patronal — Barcelona se había convertido en campo de batalla desde hacía demasiados años, demasiado tiempo, demasiado insoportable. — a través de los que el autor analiza, en boca de personajes enfrentados ideológicamente, muchos de ellos reales como Ángel Pestaña, el Noi del Sucre— Volvió a levantar la mirada. Escuchaba embelesada al Noi del Sucre. Era de esas personas que habían descubierto el poder que atesoran las palabras y sabían como usarlo, como un trueno, como una avalancha. —, un Primo de Rivera antes del golpe de estado—Los ojos de Miguel Primo de Rivera fueron luciérnagas. —, o el siniestro gobernador Martínez Anido, el de la ley de fugas, entre otros, la caótica situación política que reinaba en la Ciudad Condal, inmersa en una lucha de clases sangrienta, y las diferentes estrategias que fraccionaban el movimiento anarcosindicalista tan potente en Cataluña— La lucha no la abandonaremos nunca, replicó El Noi del Sucre, pero una lucha obrera basada en la protesta, la reivindicación y la huelga, no en el asesinato.

Sin dudas Tiempo de eclipse es también una brillante inmersión del autor en el género negro. Hay una serie de tramas criminales a lo largo de la novela, desde las protagonizadas por esa banda violenta de anarquistas autodenominada Los Cuatro Evangelistas, que pretende una revolución a sangre y fuego al margen de las directrices oficiales de la CNT, a los asesinatos de dirigentes obreros orquestados por la patronal con la connivencia de los cuerpos de seguridad al mando de Martínez Anido, bestia parda de los anarcosindicalistas—Por su parte, los pistoleros blancos del Sindicato Libre devolvían la moneda, o los del somatén, o la policía, o la Guardia Civil. Había un tropel de balas, de muerte, de llanto, demasiado horror, la pesadilla enseñoreada de las calles de Barcelona. —

Y en medio de este convulso tiempo histórico, la figura de Albert Einstein que no se inserta gratuitamente en la narración. Puede que haya sido la pasión por la ciencia de Fernando Martínez López lo que le haya inclinado por meter en este relato a un personaje de su relevancia al hilo de esa extraña visita que de muy joven hizo a la ciudad de Barcelona para dar una conferencia en 1923, etapa final de una gira que lo había conducido también a Japón y Palestina. El científico, que es retratado como mujeriego y seductor, además de genio, y preocupado por las causas sociales— Eres un monstruo, Albert Einstein, tratar así a Mileva que lo dio todo para que tú triunfas, con la que formaste un equipo envidiable, desentenderte por completo de tus hijos, solo tu trabajo, obsesivo, nada más en este mundo, bueno, sí, tus flirteos esporádicos, y sin embargo ofreciendo una imagen de sabio bondadoso y rasgos dulces que ha cautivado al mundo —, ya preludiaba el nazismo en su Alemana natal —Ha cometido el crimen de ser pacifista y judío, formas parte de la letra de Alemania, de los responsables de su desmembramiento—y preparaba su exilio con ese viaje que realiza a España. El personaje del sabio inventor de la teoría de la relatividad le sirve también al autor   para reflexionar sobre el papel de la ciencia en el mundo. — A veces se preguntaba dónde quedó aquel sueño del siglo pasado de que la ciencia y la tecnología contribuirían a crear una sociedad feliz.

Y hay en Tiempo de eclipse, por último, una muy potente trama sentimental cuyo vértice es el personaje más apasionante de la novela, Olimpia Balaguer, la trabajadora que desata pasiones incontroladas, a su pesar, a causa de su belleza —El corpiño también se convertía en seguida en una prenda prescindible, revelándose una piel con la pureza exquisita de la juventud, unos pechos firmes y el pubis de insinuantes geometría, una muestra de que a veces la genética se vuelve caprichosa creando una obra sublime, de percepción inusual, y ese era el caso de Olimpia, la hilandera y ahora secretaria traductora de francés. —, una especie de euménide que propicia la tragedia de los que la rodean y la desean, y la suya propia. Casada con un anarquista violento que forma parte de la banda de Los Cuatro Evangelistas— Partida perdida, jaque mate punto la muerte era un buitre que rondaba sobre la sangre de su vientre. El Murciano comprendió que la vida se le iba en cada gota y le dedicó una última mirada a su esposa. En su iris, Olimpia vio algo en la estremeció, veneno en un bote de cristal. —y deseada hasta perder la razón por su jefe Gerard Rovira, otra de las grandes personajes de este drama, que la convierte en secretaria y a toda costa quiere hacerla su amante— ¿Quedarse sin Olimpia? imposible, no podría soportarlo. Era su droga, su cocaína personalizada, no verla le causaría estragos, un corazón pulverizado. — Olimpia lucha en todo momento por mantener su independencia que le hace tener una visión crítica de todo lo que está pasando.

No es la primera vez que esa Barcelona convulsa de principios del pasado siglo protagoniza una novela. Ahí está La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza, que llegaba hasta el 1929, o Cabaret Pompeya de Andreu Martín, que retrataba la Ciudad Condal en un período histórico algo posterior al que lo hace Fernando Martínez López, y la novela del almeriense en nada desmerece a sus ilustres predecesoras. El autor de Arteratura, finalista al premio de la Crítica Andaluza, cruza dos historias motrices, la que se fragua en Barcelona como preludio del enfrentamiento fratricida que anegará de sangre todo el territorio nacional —Se habían incrementado descomunalmente los atentados, la sangre salpicada las aceras. Ni un solo empresario estaría tranquilo hasta que aniquilaron a los anarcosindicalistas que apoyaban la lucha armada—y esa tortuosa trama sentimental capitalizada por Olimpia Balaguer y en la que también entra el enamoradizo Albert Einstein seducido por la belleza y la personalidad de esa mujer inteligente, independiente y luchadora.

Las ráfagas de violencia —Pere Bartomeu y un par de pistoleros romperían fuego, a Lucas una bala en la frente, Joan y Marc acribillados, sus cuerpos convertidos en aspersores de sangre, trémulos con cada impacto, las paredes, el suelo, en escaso mobiliario empapados de viscoso bermellón, orgía sangrienta. —se alternan con descripciones sensuales —Su cuerpo mantenía la proporción áurea, las equilibradas dimensiones de una escultura griega; cuál atinados estuvieron sus padres al llamarla Olimpia, diosa que había descendido desde más allá de las nubes para encenderle el deseo, piel sedosa y sin mácula, les afecta longitud de sus piernas, la esfericidad seductora de sus caderas, de sus senos, el atrevimiento retador de sus pezones—y reflexiones científicas que surgen hasta en los momentos más dramáticos de la novela— La muerte, el final del flujo vital, del ininterrumpido bombeo del corazón, cada una de las funciones del organismo detenidas para siempre dando comienzo a la lenta degradación, cumpliéndose la ley entrópica que admite que la tendencia natural es hacia el desorden, a que el cuerpo se convierta en cenizas.

Todas estas subtramas, perfectamente engarzadas, dan lugar a este espléndido edificio que es esta novela, bien escrita de principio a fin en donde el lector encontrará magníficas construcciones literarias —Aquella forma de mirar la que era cómo mezclar la broca de un taladro y un lamido lascivo. — y frases redondas —Él la miraba en ese exacto punto del iris dónde se desmenuzan las almas. —. Tiempo de eclipse atrapa al lector en sus más de doscientas páginas y no lo deja hasta la última línea en un alarde de buena literatura. Fernando Martínez López cuida los detalles ambientales de su historia rigurosamente documentada, recrea ante el lector esa Barcelona convulsa, nos hace partícipe de los diferentes dramas de sus humanos personajes perfectamente dibujados, hasta los malvados y monstruosos como ese guardián deforme de Gerard Rovira enamorado también de la heroína de la novela,   y nos regala un personaje femenino apasionante y apasionado, esa Olimpia Balaguer a la que ni su belleza, inteligencia y bondad le libran de su destino. ¿Para que le había servido su belleza, Deseos, celos, envidia, también una violación.

Sobre todos esas fuerzas tectónicas que sacuden esta novela coral, clases enfrentadas a muerte y personajes esclavos de sus pasiones, el autor toma partido por la razón. Existía otro tipo de poder en el ser humano, no el que emana del dinero ( como era el caso de Gerard Rovira) o de la belleza ( su caso mismo), sino el que surge del cerebro, de la inteligencia y el conocimiento, nada comparable a los anteriores, sólido e imperturbable, subyugante, maravilloso. Novela grande e inteligente.

 

 



lunes, 15 de marzo de 2021

Entrevista a Inés Matute, autora de EL JUEGO DE BANANA en Cartagena Actualidad

 Rincón Literario de Paco Marín: “El juego de banana”

TÍTULO:     El juego de Banana
AUTOR:      Inés Matute Sánchez
EDITA:       Baile del Sol (2021)
Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 15 x 23 cm. Número de páginas: 276. PVP: 15,00 €. ISBN: 978-84-17263-82-9

“El juego de Banana” es una de las lecturas más completas que he podido gozar sobre introspección personal -algo que deberíamos de efectuar más a menudo-.

Nos enfrentamos a algún que otro ‘médium’ y miramos de frente a la muerte… manteniendo un diálogo interior continuo. A través de Ángela conocemos a una serie de caracteres personales asistentes a sus clases de literatura y escritura… a través de lo escrito y de las conversaciones alumno/profesora abarcamos un conjunto de identidades diversas y curiosas.

Inés Matute pone a nuestra disposición un amplio conjunto de títulos literarios y cinematográficos que nos enriquecen. Prosa muy rica que deja al descubierto todo un universo de inquietudes e inseguridades… unas y otras nos atrapan impidiéndonos abandonar la lectura.

Cuando Banana Yoshimoto irrumpe en la vida de Ángela, con su extraña propuesta, todo le conduce a pensar que se trata de una broma. ¿Permutar parte de su herencia por los recuerdos de otra persona? ¿Tan lejos ha llegado la ciencia? Los días transcurren entre las clases en el sótano de la librería Literanta y las visitas al hospital donde su madre agoniza. Pero Banana, y el misterio que le acompaña, siguen cruzándose en su vida.

Liberada al fin de sus obligaciones en la isla y tras visitar a una famosa médium, Ángela Millán emprende un desquiciado viaje sin destino concreto, un viaje que culminará en Granada y gracias al cual se nos desvelarán, finalmente, las reglas del juego de Banana.

Escrita en un tono entre descarado e intimista, la autora nos invita a reflexionar acerca de nuestro papel como padres cuando los hijos nos rechazan, nuestro papel de hijos cuando los padres mueren, nuestra impotencia como creadores cuando la inspiración se esfuma. La identidad, en suma, entendida como un líquido que fluye y se contamina con el paso de los años, de las estaciones, con los cambios de escenario y protagonistas de esta bella historia.

Inés Matute Sánchez (Bilbao, 1964) mallorquina de adopción. Su trayectoria profesional está estrechamente vinculada al mundo del arte, en las facetas de pintora, profesora, galerista y crítico. En el año 94, y tras encadenar dos embarazos, decide cambiar la trementina por las letras, comenzando una carrera ascendente que le conduce a escribir en prensa, revistas especializadas y en el magazine on linewww.espacioluke.com, el cual dirige a fecha de hoy. Colaboradora habitual de todo tipo de publicacionesAutorretrato con isla” (Baile del Sol, 2007), es su primera novela y  “Focus, once paisajes para Eros (2009), su primer libro de relatos. Participa dentro de la antología de relatos “Mujeres cuentistas” (2009). En lo literario,actualmente está inmersa en la escritura de la novela “Entre los cactus” y dirige y edita la revista electrónica Agitadoras.com. Fuera de este campo, ejerce como entrenadora y programadora neurolingüística en Palma de Mallorca, lugar donde reside hace treinta años.

En Palma de Mallorca nos recibe Inés Matute… Gracias…

P.- ¿Desde cuándo escribe? ¿Por qué comenzó a escribir?

R.- Durante mi adolescencia leía y escribía compulsivamente: ambas cosas tenían el poder de transportarme a mundos que agrandaban mi pequeña vida. En los concursos de redacción escolar, una chica llamada Eva Gaztañaga y yo participábamos siempre en representación del Colegio Madre Alberta de Bilbao; no sé qué habrá sido de ella. Profesionalmente, comencé a tomarme la escritura en serio con treinta años. Tuve dos hijas muy seguidas y ello me obligó a pasar demasiado tiempo en casa. Me compré un ordenador y arranqué reflexionando sobre la guerra de los Balcanes, que en esos meses escribía sus episodios más crudos. ¿Mi motivación? La necesidad de tratar temas de enjundia en un momento de mi vida en el que todo eran noches en vela y lactancia. De esa experiencia nació la novela “Autorretrato con isla”, que, como toda ópera prima, es un exorcismo.

P.- ¿Cuándo y por qué nace “El juego de Banana”?

R.- Muchos meses después de la muerte de mi madre. Aún intentaba vender su piso y encontrar mi lugar – soy hija única- en mi nueva familia descabezada. Tras el duelo, comprendí que había perdido para siempre a mis “incondicionales”; me costó aceptar esa intemperie, ese desamparo. La novela nace de la necesidad de ordenar mis pensamientos y de proporcionar un par de claves a mis hijas para cuando yo misma desaparezca. La moraleja no escrita es que de todo se sale. La vida siempre se abre paso.

P.- ¿Qué tipo de documentación ha usado?

R.- He pasado mucho tiempo en los lugares que describo. Me documenté in situ y llené las lagunas que iban surgiendo con datos proporcionados por los buscadores. Madrid, Valladolid, La Mancha… en esos lugares no estoy creando, sino recordando paisajes y experiencias vividas.

P.- ¿Cuánto hay de usted en la historia?

R.- El arranque es autobiográfico. Estaba impartiendo un taller de narrativa creativa en Palma cuando mi madre ingresó en paliativos con un cáncer de páncreas no operable. Pero desde el momento en que metí personajes de ficción en la obra, y les di un protagonismo, descubrí y describí otra historia con una subtrama interesante. Como telón de fondo la isla, mágica, y después, El Sur. El Sur como mito. Para escribir la última parte del libro, me trasladé a Granada dispuesta a empaparme de su atmósfera. Cada noche visité un tablao o una cueva de gitanos. Viví esos días en clave flamenca, mientras por dentro seguía procesando.

P.- ¿Hay un “más allá”?

R.- No soy quién para afirmarlo. Ni yo ni nadie. Pero me gusta el enfoque científico: somos energía y como tal, nos transformamos. Quiero pensar que cuando mi cuerpo físico desaparezca, mi espíritu volverá al lugar donde ya estuvo antes. Si a esto le añades que soy creyente, no pienso en la muerte con exceso de desasosiego.

P.- ¿Cree en las echadoras de cartas y los médiums?

R.- Siempre he sido muy racional y escéptica; lo veía más como una manera de sacarles los cuartos a personas ingenuas y desesperadas. Sin embargo, he de decir que hace unos años coincidí en el hotel Balmoral de Barcelona con Marilyn Rossner, reconocida como la mejor médium del mundo. Ella viene un par de veces al año a España, donde imparte conferencias y recibe consultas privadas. Hablé con su secretaria porque pensé que una entrevista a puerta cerrada me proporcionaría material para un relato breve, seguramente cómico. Tuve suerte: se le anularon dos consultas y me pudo recibir. Estuve una hora con ella y, para mi sorpresa, dijo cosas que era imposible que supiera- referentes a mis padres, que ya habían muerto- afirmando también que una de mis hijas era celíaca, y que la otra, que en ese momento estudiaba Bellas Artes, se vincularía al mundo del cine. A la mayor le diagnosticaron celiaquía un año más tarde, y la pequeña acabó trabajando en la cinemateca de Cataluña y siendo seleccionada en un Festival por un guion cinematográfico. Tras esa entrevista, que me dio mucho en qué pensar, decidí incorporarla a la novela.

P.- ¿Cómo clasificaría el panorama literario actual?

R.- Variado e Interesante, con un mayor protagonismo femenino y muchas obras sobre temas que hasta ahora sólo se habían tanteado. Ha cambiado la mirada, la perspectiva. Tengo una amiga librera que dice que una nueva honestidad ha llegado a las estanterías para quedarse. Por otro lado, la pandemia ha creado un nuevo escenario. Durante los próximos meses aparecerán novelas, poemarios y obras de teatro que tratarán sobre la impotencia y el miedo que hemos sentido, no sólo individualmente, sino como especie. Psicológicamente estamos muy tocados. Ciertas catástrofes que por desgracia no son infrecuentes en el tercer mundo, se han cebado con Estados Unidos, que ya cuenta medio millón de muertos, y con Europa. ¿Cómo olvidar los cadáveres acumulándose en pistas de hielo porque no nos daba tiempo a enterrarlos? La COVID ha sido “la guerra” de nuestra generación, el gran enemigo invisible, y como tal, un gran tema literario. Hemos pasado de ver en el otro al amigo, al amante o al familiar, a ver una amenaza, un vehículo de contagio.

P.- ¿Cuáles son sus géneros y autores favoritos?

R.- La novela y el cuento. Tuve años de leer mucha poesía y ensayo, pero ahora mismo me inclino por la novela. Aunque podría darle cien nombres, mis autores vivos de referencia son Julian Barnes, John Banville, Jeannette Winterson, y Michel Houellebecq. Dentro del panorma nacional, me encantan Rafael Chirbes, Manuel Vilas, Vila- Matas, Agustín Fernández Malllo y José Ovejero. Con Marta Sanz, Almudena Grandes y Rosa Montero mantengo una conexión de género y yo narrativo.  Pero si me hubieras pedido un único nombre, de un autor de cualquier época, el nombre de Cortázar aparecería escrito con letras de oro.

P.- Como lectora, prefiere: ¿Libro electrónico, papel o audio libro?

R.- Me gusta el libro como tal. Poder subrayarlo, anotar al margen, prestarlo y sobre todo, regalarlo.

P.- ¿Qué está leyendo ahora mismo?

R.- Aparte de la documentación necesaria para la nueva novela – muchas tesis sobre el trastorno narcisista- tengo la suerte de poder leer los borradores de las novelas de mis amigos. Estoy con un magnífico manuscrito que, seguramente, no se publicará por cobardía de los editores. Es una novela breve de Miguel Dalmau escrita, como en un trance, durante los primeros meses de confinamiento. Una gran obra, radical y descarnada, que espero acabe viendo la luz.

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?

R.- Para escribir necesito silencio, buena luz y un ordenador. Sin silencio soy incapaz de concentrarme.

P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido.

R.- Coincidí con Ana María Matute, ya anciana, en una edición de la Semana Negra de Gijón. Mi nombre completo es Inés María Matute, y en una ocasión, en una feria del libro, una lectora me dijo “¡Pensaba que eras una viejita, y mírate, debes ser como yo!”, evidentemente,me confundió con la académica. Le conté esta anécdota en Gijón y acabamos haciendo cábalas sobre un posible parentesco. Era una mujer encantadora, muy cercana y divertida. Sentí mucho su muerte.

P.- ¿Por qué hay que leer “El Juego de Banana”?

R.- La protagonista de la novela pierde a su madre, pero tiene tiempo de despedirse de ella, de ordenar sus pensamientos y decidir qué hará en su nueva orfandad sin necesidad de improvisar sobre la marcha. Durante los últimos meses, miles de personas han perdido a sus padres y mayores del peor modo posible, sin poder acompañarley, recibiendo una llamada de móvil con sus últimas palabras. Hemos llevado a un familiar contagiado al hospital y hemos regresado a por su cadáver, sin haber compartido con él ese momento trascendente. Ni siquiera hemos podido cumplir con el ritual del funeral y el enterramiento en condiciones. La carga de dramatismo y desesperación ha sido enorme. La protagonista nos enseña a transitar por ese dolor, y nos muestra que la vida sigue a pesar de las cicatrices y los reajustes que hacemos para poder seguir viviendo. Con todo, no es una novela triste, hay humor, hay ternura y hay giros argumentales sorprendentes, por no hablar de una enigmática oriental que aparece siempre cuando menos se la espera.

P.- ¿Cómo está sobrellevando la pandemia? ¿qué planes tiene a corto y medio plazo?

R.- Afortunadamente para mí, me encanta leer, escribir y ver películas, y todo eso lo puedo hacer sin salir de casa. Nunca he hecho demasiada vida social y tengo la suerte de vivir al lado del mar. Paseo mucho. El Mediterráneo me atempera. En lo personal, ninguna persona cercana a mi ha fallecido por este virus, aunque hice el confinamiento sola, con una hija en Sidney y la otra en Barcelona. He tenido mucha suerte. A corto plazo, espero terminar con éxito la novela que me traigo entre manos, que es la brutal historia de un amor tóxico. A medio plazo, ya no hago planes, pues acabamos de comprobar que la vida los hace por nosotros. Y por ese motivo nos interesa exprimir cada momento, no dejar nada para mañana. Porque el mañana nadie lo tiene garantizado.



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