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miércoles, 18 de junio de 2014

Si nos encontramos de nuevo, por Ana Teresa Pereira

Editorial Baile del Sol. 151 páginas. 1ª edición de 2012.
Traducción de Silvia Capón.

Este libro, Si nos encontramos de nuevo, me llegó a la oficina de correos cercana a mi casa en la misma caja que el deCrisis de Jorge Majfud, comentado hace unas semanas. Si bien este último lo pagué yo –a precio de autor de la editorial–, el deAna Teresa Pereira(Madeira, Portugal, 1958) fue un regalo de mis editores. De entrada, si sobre el de Crisis dije que tenía, a mi juicio, la mejor portada de un libro de Baile del Sol, sobre este de Pereira no puedo decir lo mismo. Ese corazón formado por un nudo marinero hace pensar en una novela romántica; y ésta es, en realidad, una novela romántica, pero de calado literario y no puramente cursi como parece sugerir la imagen. No sé si este pequeño detalle ha podido quitarle lectores a esta novela, en la que los editores de Baile del Sol tenían puestas unas esperanzas similares a las que consiguieron con Stoner, la gran novela de John Williams con la que mi editorial se apuntó un gran tanto en 2010.

Ana Teresa Pereira es una autora que publicó su primer libro en 1989, y que en 2012, año de la publicación de Si nos encontramos de nuevo, llevaba más de treinta títulos editados. Desconozco su nivel de notoriedad en Portugal, pero desde luego, después de leer su novela, puedo afirmar que es una escritora con mucho oficio a sus espaldas.

Empecé a leer el libro el miércoles 14 de mayo, víspera de fiesta en Madrid, sobre las 11 de la noche, después de haber salido a cenar fuera y tomar unas copas de vino; además de haberme levantado a las 6.26 am, y estar bajo los efectos sedantes de las pastillas contra la alergia al polen. Dejé de leer a las 12 de la noche, sin tener muy claro si al día siguiente iba a continuar con el libro. Los cuatro capítulos que había leído me habían resultado cuanto menos confusos. Cuando al día siguiente tomé de nuevo la novela y traté de continuar por el capítulo cinco me di cuenta de que, si quería enterarme de algo, iba a tener que empezarlo de nuevo. Lo hice. Como sospechaba, la escritura del libro no era confusa, confusa estaba mi cabeza la noche que empecé a leerlo. Si nos encontramos de nuevo requiere, en cualquier caso, de un lector atento, porque en cada capítulo (sobre todo al comienzo) se da información parcial sobre los personajes que será revelada en más detalle páginas más adelante, y será labor del lector el rastrear esos detalles sutiles del texto.

Byrne tiene cincuenta y dos años y, tras una larga temporada de vagar por el mundo, ha regresado a Inglaterra para ser profesor universitario en Oxford. Labor que acaba de abandonar en el tiempo de la novela para dedicarse durante un año a escribir un ensayo sobre la escritora Iris Murdoch. Su amigo Ed le ha buscado una casa en Londres para que viva durante su año sabático. Así, alquila el ático de una casa en la céntrica New Row. Lee a Iris Murdoch, pasea cerca del río, acude a los museos o las librerías y por las noches se emborracha en los pubs con sus viejos amigos. Podrá disfrutar de la casa alquilada en soledad hasta que regrese a ella la atormentada Ashley, una pintora de treinta y cinco años, que arrastra tras de sí una historia exageradamente trágica de soledad. Casi todo el mundo importante en su vida parece haber muerto.
Byrne se ha enamorado de Ashley antes de conocerla por lo que ella ha dejado de sí misma en la casa: sus libros, las reproducciones de cuadros famosos colgados en las paredes, sus películas...: “Tal vez sea posible amar a una mujer por un libro, un poema subrayado, una película en blanco y negro, una casa, la mirada de un hombre cuando habla de ella, la forma en que su perro la espera”. Con esta frase comienza la novela.

La estructura está muy trabajada: escrita en tercera persona, el narrador nos acercará a la visión del mundo de sus dos personajes principales –Byrne y Ashley– en capítulos alternos (doce capítulos para Byrne, doce para Ashley), de un mismo número de páginas (no exactamente, pero casi del mismo número de palabras), que en la edición de Baile del Sol siempre es de cinco. La tercera persona, en estilo indirecto libre, en más de una ocasión cede la voz narrativa a los dos personajes.
Ya he comentado que el lector tiene que estar atento a la información que suministra el narrador para reconstruir el pasado de los personajes; y, según avanza la novela, la estructura dibujada desde el principio empieza a cobrar un papel más relevante: cuando los personajes comparten la casa de New Row el lector puede acercarse a la descripción de la misma escena desde el punto de vista primero de Byrne (capítulos impares) y luego de Ashley (capítulos pares).

En Si nos encontramos de nuevo el arte es omnipresente: tanto Byrne como Ashley parecen vivir dentro de las páginas de un libro, los fotogramas de una película o llegan, incluso, a viajar a una ciudad extranjera porque echan de menos estar frente al cuadro de un museo que visitaron en el pasado. Así, por ejemplo, Byrne “había estado en Rusia siguiendo el rastro de Rilke” (pág. 21); o bien Ashley: “Estaba en Londres, se dio cuenta de repente, había vuelto, un impulso muy fuerte había crecido en ella los últimos días y había tenido que volver. No sabía para qué, tenía algo que ver con los cuadros de la National Gallery, con las librerías” (pág. 16).
De hecho, su relación con el arte define a los personajes, así como la relación que se establece entre ellos. Su primer encuentro se describe de la siguiente forma: “No hablaron de nada íntimo, de nada personal, hablaron de la nieve, de la marca de la champaña, del árbol de navidad en Trafalgar Square, de los cuadros de Turner de la National Gallery, de los cuadros de Turner de la Tate, de la sala etrusca del British Museum, de un libro de Richard Crompton que ella había comprado por la mañana en la Marhpane, de una película de George Cukor con Ingrid Bergman y Charles Boyer” (pág. 48).

Además del amor al arte (sobre todo a la literatura y a la pintura) que se desprende de sus páginas, me ha gustado reencontrarme en esta novela con las calles de Londres.
Quizás el lector percibe la dramática historia de amor de Si nos encontramos de nuevo casi siempre a través de un espeso velo de referencias artísticas, y me habría gustado que las vivencias cotidianas de los personajes se hubieran desarrollado más (es decir, una novela más larga). Pero ese es el tono crepuscular y poético elegido por la veterana escritora Ana Teresa Pereira para hablarnos de Byrne y Ashley, sus amantes heridos de arte, y está conseguido. Es posible, me aventuro, que esta novela esté concebida como un homenaje a la escritora inglesa Iris Murdoch, a la que yo no he leído (y ciertamente, esta novela ha hecho que me apetezca acercarme a su obra), y cuya presencia referencial en la novela la convierte casi en un personaje más del drama.

He investigado un poco en internet y he observado que se ha hablado poco en España de Si nos encontramos de nuevo, una novela que se merecía –sin duda– haberse encontrado con un número mayor de lectores, que bien podrían haber disfrutado de ella.

jueves, 19 de julio de 2012

Si nos encontramos de nuevo


Si nos encontramos de nuevo. Ana María Pereira. Editorial Baile del Sol. 154 pp. 12 €.

Tal vez sea posible amar a una mujer por un libro, por un poema subrayado, una película en blanco y negro, una casa, una mirada de un hombre cuando habla de ella, la forma en que su perro la espera.  
Byrne se alejó de la ventana entreabierta y se sentó en la cama. Miró en derredor sintiéndose un poco perdido. Era víspera de Navidad y había comenzado a nevar dos días antes. El árbol en Trafalgar Square, las luces en las calles, un frío áspero  que entraba por la casa; sobre la mesa de trabajo la botella de whisky y el vaso, dos libros de Iris Murdoch, The Good Apprentice y Nuns and Soldiers, un cenicero y una pitillera castaña. El ático era del tamaño de la casa, el techo era un poco bajo pero entraba mucha luz, dos ventanas daban al jardín, otras dos a la calle. En uno de los extremos estaba la cama, cubierta por el edredón azul, la mesa de noche y un armario con un espejo, en el otro una mesa de trabajo y una estantería, un viejo sofá de cuero negro donde le gustaba acostarse a leer, a fumar o a mirar el techo, algunas reproducciones de cuadros que compraba en la Tate. Una puerta de madera comunicaba con el cuarto de baño. Era uno de los espacios más agradables en los que había vivido, y había vivido en muchos, si abría una de las ventanas de la calle, los sonidos de la animación de New Row, los cafés, los restaurantes, las discotecas, los vendedores de castañas, si abría una de las otras, la vista de las traseras de los edificios y debajo el jardín cubierto de nieve, los árboles, los arbusto y la caseta al fondo. A él le gustaba el silencio de aquella casa donde no vivía nadie más, aunque a veces tuviera la impresión de sentir una presencia, la impresión era tan fuerte que lo hacía moverse en la penumbra de los pasillos, levantar los ojos del periódico mientras desayunaba en la mesa de la cocina. La cocina era una de las estancias que usaba en la planta baja, era amplia, acogedora y tenía una puerta y una ventana que daban al jardín; se veían ramas secas en el alféizar que tal vez fuesen lilas, si aún fuese primavera así sería bonito sentir el olor de las flores mezclado con el frío que entraba por la ventana abierta. 
Se levantaba siempre temprano, incluso cuando había bebido demasiado la noche anterior, era un viejo hábito de los tiempos de Oxford, salía aún adormilado a comprar los periódicos y pan fresco, preparaba café en la cocina, se sentaba a la mesa cubierta con un mantel de cuadros rojos y blancos que le hacía recordar los cuadros de Bonnard, desayunaba y hojeaba los periódicos, después daba un paseo hasta el río, buscaba un banco cuando no estaba lloviendo, una cafetería cuando lo estaba, y leía un poco. Estaba releyendo todos los libros de Iris, por un orden muy personal. Había comenzado con The Time of Angels, que ya había releído entretanto, era uno de los mas importantes, después había seguido con An Accidental Man y The Philosopher´s Pupil, dos libros relacionados entre sí. Comía algo en un pub y regresaba a casa antes de las dos de la tarde, escribía un poco sentado a la mesa de la cocina, con la ventana abierta, y después se acostaba en el sofá de la buhardilla y seguía leyendo, hasta las siete aproximadamente. Entonces salía a cenar y a tomar unas copas, se encontraba con unos amigos, volvía muy tarde. 
Byrne iba muchas veces a la National Gallery a ver los cuadros preferidos de Iris: Muerte de Acteón, Baco y Ariadna, Noli me Tangere, de Tiziano; Venús, Cupido y la Locura y el Tiempo, de Bronzino; Hendrickje Bañándose en el Río, de Rembrandt, Las Hijas del Pintor Cazando Mariposas de Thomas Gainsborough, El Bautismo de Cristo de Piero en el sótano. Y estaban Andrea del Sarto, y Turner. El domingo por la mañana iba a la Tate a ver los esbozos de Turner o a la Tate Modern para ver los Bonnard y los Mondrian; no sabía lo que pensaba sobre Mondrian. Y, de vez en cuando, iba en peregrinación a visitar el retrato de ella en la Portrait Gallery, ambos tenían nombres de mensajeros y ojos muy azules, ambos buscaban algo, tenía el presentimiento de que buscaban lo mismo, de que ella había estado muy cerca. 

domingo, 27 de mayo de 2012

Ana Teresa Pereira: Si no nos encontramos de nuevo

EL LENGUAJE es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro." Hay por lo menos dos buenas razones para abrir este texto con una referencia directa a Barthes. La palabra "masaje" no parece el más apropiado para un libro cuyo tesoro más duradero (y casi secreto) se encuentra en la delicadeza y el rapto decir rara - pero la idea, esto no podría ser más apropiado. 

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Autores: Ana Teresa Pereira 
Título: Si no nos encontramos de nuevo
Traducción: Silvia Capón Sánchez
Editorial: 
Baile del Sol
154 páginas, 12 euros
Debido a que desde el principio hasta el final de "Si nos encontramos de nuevo" Ana Teresa Pereira crea un pequeño mundo en el que el lenguaje tiene como objetivo al tacto, el sentido del tacto, un mundo en el que sólo entra a través de la piel. Y porque, aquí, el idioma, en lugar de servir a la linealidad de los hechos hasta que el orden de instalación de tejer la trama de la narración, como una especie de sensacionalismo, o, para usar una palabra cara a Ashley, el impresionismo. Y, si este texto comienza con una cita, también es uno que puede ser una de las razones principales para la adhesión o la retirada del lector en relación con este universo: el uso recurrente de citas y referencias a la pintura, el cine, la literatura. Un detalle más: "Si nos encontramos de nuevo" no es (sólo) un libro sobre el amor, no es (sólo) un libro sobre la muerte - es decir, contra toda evidencia de lo contrario, una novela acerca de la resurrección. 

Ana Teresa Pereira nació en 1958 en Funchal (Madeira). En 1989 publicó su primer libro, “Matar a la imagen”, que ganó el Premio Caminho Policial. En 1990 publicó la novela “Los personajes” y también debutó en la literatura juvenil con “La casa de arena” y “La casa de los acantilados”. Desde que dio comienzo su andadura literaria, ha publicado regularmente al menos un título por año, por lo que cuenta ya con más de 30 obras editadas. La singularidad de su mirada y la concisión de su escritura otorgan a Ana Teresa Pereira un lugar destacado en la literatura portuguesa actual. 




Escrito por JOÃO BONIFÁCIO
  
sábado, 19 de mayo de 2012

http://www.elojocritico.net/index.php?option=com_content&task=view&id=1288&Itemid=37#.T8IbY0BL1io.facebook

viernes, 11 de mayo de 2012

Un fado en Londres



 Hace mucho que no ofrecíamos a nuestros lectores una historia de amor muy romántica, y como no podría ser de otra manera, contada por una mujer. Nada menos que por una portuguesa, tan acostumbradas a ese canto lleno de melancolía y romanticismo que es el fado.

Si nos encontramos de nuevo, de Ana Teresa Pereira –Editorial Baile del Sol- tiene todos los ingredientes de un buen romance. Una mujer en la flor de la vida, un hombre ya maduro, que ha pasado por muchas experiencias insatisfactorias que no le han llevado a ninguna parte, y la ciudad de Londres en Navidad. Qué más se puede pedir para disfrutar una lectura ideal para esta primavera.

Pero esta novela aporta mucho más que eso, es un auténtico álbum de cuadros que se pueden ver en los diversos museos londinenses, es una bibliografía de buena literatura que se va citando aquí y allá de manera intertextual. Y por último, pero no por ello lo menos importante, es una guía de Londres que a más de uno le dará buenas ideas para estas vacaciones. O si no, para las próximas Navidades, que es cuando se desarrolla la novela.

Y aunque se desarrolle en Inglaterra, aunque los personajes sean británicos –el protagonista es irlandés-, toda la obra rezuma esa nostalgia portuguesa que sólo pueden cantar y contar ellos con ese sabor.

El mar es otro de los protagonistas, y tanto él como la ciudad cobran vida siendo mucho más que un telón de fondo circunstancial en el que se desarrolla la acción. Ana Teresa Pereira, además de una gran contadora de historias, es una excelente ambientadora. La misma novela en otras manos habría sido totalmente distinta por esa concepción que ella tiene de los lugares tan personal en su escritura.

El aspecto formal nos lleva a un libro ligero y manejable con un lenguaje ágil y sencillo asequible a todos los públicos. Un corazón formado por maromas de barco nos remite a ese romanticismo a la portuguesa que venimos desarrollando en la reseña. Que la disfruten.

http://www.analisisdigital.org/2012/05/08/un-fado-en-londres/

miércoles, 2 de mayo de 2012

Si nos encontramos de nuevo, de Ana Teresa Pereira


ANA TERESA PEREIRALIBRO.Si nos encontramos de nuevo
Si nos encontramos de nuevo (BAILE DEL SOL)   151 páginas
La literatura portuguesa sigue sorprendiéndonos por su calidad y variedad. A los talentos descubiertos en los últimos años de Valter Hugo Mae ó Gonçalo M. Tavares, hay que unir uno nuevo, el de Ana Teresa Pereira (Funchal, 1958). Esta ciudadana de Madeira ha publicado más de treinta libros desde que debutó en la novela en 1990 con Los personajes. Además de libros para adultos ha escrito mucha literatura juvenil. Si nos encontramos de nuevo, publicada originalmente en 2004, narra la historia de una mujer, Ashley, y de los hombres con los que esta se relaciona a lo largo de su vida. Es una historia de amor en la que se habla de arte, literatura, cine y paisajes. Una novela en la que también hay muerte y resurrección y en el que lenguaje, la forma en que se usa es inteligente y sensible: “El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro”. Una exquisita novela sobre la condición humana y la trascendencia.

lunes, 2 de abril de 2012

SI NOS ENCONTRAMOS DE NUEVO, la trascendencia del amor


“Tal vez sea posible amar a una mujer por un libro, un poema subrayado, una película en blanco y negro, una casa, la mirada de un hombre cuando habla de ella, la forma en que su perro le espera”. Así comienza la magnífica novela de la escritora portuguesa Ana Teresa Pereira, Si nos encontramos de nuevo, un relato en el que se encuentran prácticamente todos los temas universales de la literatura, unidos por el nexo del amor.
La autora, que cuenta con más de treinta obras editadas, se acerca en esta ocasión a una historia intimista, a ratos pura prosa poética, que sigue los pasos de una mujer, Ashley, y de los hombres con los que ésta se relaciona a lo largo de su vida; una vida trufada de arte, literatura, cine y paisajes.
Con una mirada singular y concisa, Pereira se acerca a los recovecos de los sentimientos y los miedos y también a la trascendencia artística como forma de vencer las limitaciones de la condición humana.
Si nos encontramos de nuevo es una novela de sofisticada sensibilidad que pasea a quien la lee por una historia llena de matices para desembocar en un final tan sugerente como hermoso.