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martes, 10 de enero de 2012

Ficcionarium - Fernando Palazuelos


Casi un centenar de microrrelatos y seis cuentos de mediana extensión componen este libro del escritor bilbaíno Fernando Palazuelos. Tiene, a mi modo de ver, mucho de juego la parte de los microrrelatos, de taller de experimentación. Dije en una entrada muy reciente que no era amante de los microficciones pero reconozco que es en este campo, seguido del cuento, donde los autores más arriesgan, donde más buscan nuevas formas de expresión. Otra cosa es el resultado final.

Da la sensación de que el autor se ha divertido mucho montando estas dos partes (la parte primera y tercera del libro). Y quiere que nosotros, en cuanto a lector, también juguemos. Para ello ha creado un índice al final donde nos indica, en cada caso, si la microficción es verídica, ficcional o híbrida. Así, descubrimos que muchos hechos inverosímiles de la historia son reales y otros, que parecen auténticos, son pura invención. Este me parece un gran acierto del libro, la creación de ficciones partiendo de la Historia, pero dándoles un giro y fantaseando con otro futuro. Al fin y al cabo la Historia no es objetiva y depende mucho del autor que nos la cuente.

En cuanto a los seis relatos, integrados en la segunda parte del libro, todos giran en torno a la creación. Tienen estos cuentos un aire borgeano: la biblioteca inmensa e inabarcable de Obsesión o el cierto tono ensayístico en Vigilante nocturno, con sus universo paralelo incluido. Los personajes, asimismo, están muy bien construídos, el limpiabotas de La vida desde abajo o el ascensorista deEl hombre que pudo pisar la luna me parecen de una profundidad admirable, más aún teniendo en cuenta de que no son los protagonistas absolutos de los respectivos cuentos si no, más bien, los catalizadores de la acción.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Ficcionarium




Conocer a un nuevo buen escritor es siempre una enorme alegría, al menos para mí. Y si dicho escritor es además joven la alegría que experimento al conocer sus obras se multiplica, porque esto suele indicar que son mayores las posibilidades de que termine leyéndome dos, cuatro, diez, veinte libros suyos con el paso de los años. Me ocurrió con Pascual García, me ocurrió con Manuel Moyano y con unos pocos más. Ahora me ha ocurrido con el bilbaíno Fernando Palazuelos (1965), del que he podido leer la colección de relatos titulada Ficcionarium, que le publica hermosamente el sello tinerfeño Baile del Sol.
Ya desde su inicio se advierte que esta obra es muy prometedora, y que el lector encontrará en ella tanto excelencias literarias como finos detalles de humor. Así, cuando en La vitrina del geólogo nos explica la exposición de materiales que prepara un científico, lo que menos podemos imaginar es el curioso y rocambolesco origen de una de las piedras. El arca de Noé narra las divertidas vacilaciones del patriarca bíblico acerca de si llevar o no llevar termitas en su nave. Caballo de Troya nos cuenta las vicisitudes invisibles que acontecen a todos los soldados que se encuentran expectantes en el interior de la trampa, prestos a rendir la mítica ciudad. Linneo muestra no sólo la genialidad del botánico sueco, sino su mala uva y su extrema capacidad para el rencor. Contención de Gray explica la fatalidad que azotó a este inventor, que no consiguió patentar el teléfono antes que Graham Bell por dos horas de diferencia. Ojeriza es la simpática venganza senil de alguien cuyas tierras fueron expropiadas años atrás, y que se niega a aceptarlo con mansedumbre... Esta primera parte del tomo, que se conforma con 90 páginas de microrrelatos, es sencillamente fantástica.
La segunda parte, no menos excelente, se inicia con El retrato de Marie Van Cride, donde se nos instala en las obsesiones de un pintor que, tras pintar desnuda a su amante, se obsesiona con la idea de que el nuevo propietario del cuadro la va a gozar como él. Obsesión tiene como protagonista a un escritor que se ha quedado sin inspiración y que conoce a un anciano librero de viejo, que dispone en su casa de miles de fichas con argumentos literarios aprovechables. Vigilante nocturnose desarrolla dentro de un museo, de madrugada, y su protagonista es un empleado con unas aficiones y unas teorías pictóricas muy singulares. La vida desde abajo son las confesiones de un escritor que, en su juventud, robó sus poemas originales a un limpiabotas fallecido (adueñándose así de su talento).
Y la tercera parte se detiene en reflexiones más filosóficas o ensayísticas, que llevarán al lector a formularse preguntas sobre el ser humano, su destino o las trampas del tiempo. Se incluyen aquí perlas como Qué será de aquel muchacho (un niño que empujaba la silla de ruedas de su padre. Fernando Palazuelos se pregunta qué habrá sido de aquel chaval abnegado) o Criaturas (que versa sobre el mundo de la escritura y sus magias). Igual mérito, emocional y literario, tiene la pieza que lleva por título El mequetrefe (recuerdo de uno de sus viejos maestros de escuela, fascista, violento y atrabiliario, que gozaba pegando a los alumnos, entre ellos su propio hijo, al que ahora el narrador imagina convertido en pedagogo especializado en niños autistas).En suma, un volumen muy completo, que me anima a leer otras obras del escritor. Veo en su escaparate virtual de Internet (http://www.fpalazuelos.blogspot.com/) que ha realizado incursiones en el mundo de la novela (La trastienda azul, Pura chatarra, Las manos del ángel, Papeles de penumbra. Todas ellas publicadas por Lengua de Trapo), los relatos ilustrados (Designios. Diputación de Badajoz), el teatro (Billete a Vidanueva. Biblioteca Ciudad de Castellón) e incluso la poesía (La memoria de los esclavos. Baile del Sol). Hay, pues, donde elegir. Ya adelanto que, si no ocurre contratiempo, no van a pasar muchas semanas antes de que vuelva a dar noticias suyas en esta página de críticas. No andamos tan sobrados de buenos escritores como para permitirnos el lujo de conformarnos con una sola obra de uno que realmente brilla.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Conversando en diferido con FERNANDO PALAZUELOS

Tienes una poética sobre la microficción.

De todos mis libros, éste es el único en el que he abordado una narrativa tan breve. Pero me gusta ponerme a prueba, adentrarme en nuevos retos. Tras escribir cuatro novelas, teatro y poesía, ha sido un placer aventurarme en este terreno, en el que lo lúdico se ha entremezclado con la historia, la literatura, el mito... Además de este juego híbrido, está la voz, la necesidad interior de “ver” el mundo con una mirada poética, también crítica, en muchas ocasiones desmitificadora y llena de humor. Es un libro con el que he disfrutado y en el que el lector puede adentrarse como quiera, abriendo sus páginas al azar, avanzando de atrás para adelante, consultando o no el índice... Mi intención es no dejar indiferente al lector y hacerle percibir la presencia humana en este planeta de un modo distinto.

¿Cómo te van llegando los microrrelatos, sales a buscarlos o te van encontrando?

Creo que dentro de la diversidad de temáticas del libro hay una unidad que aglutina todas sus páginas, sobre todo una pretensión jocosa, un anhelo de disfrutar de la literatura. De todos los temas, unos pocos llegaron a mí por casualidad; pero la mayoría los he buscado, indagando en mi propio imaginario, en mis recuerdos, en mis gustos. El libro pretende contagiar algo (espero que no algo vírico), acaso una especie de sed por preguntarse las cosas, por cuestionar el mundo.



 



¿Cuál es tu técnica de trabajo sobre los textos hiperbreves?

Es difícil, incluso para el propio autor, rebobinar y averiguar cómo y por qué surge un tema para un relato. La imaginación es prima hermana del inconsciente. Pero donde sí actúa uno con plena premeditación es en la técnica, en el tono, en el lenguaje. El mayor reto al trabajar con textos breves es el de la eficacia y la concisión. En ocasiones el lector puede preguntarse: Si este cuento tiene veinte líneas y ya he leído quince, ¿cómo diantre puede acabar? Se trata de redondear una historia con las menos piezas posibles, y sobre todo, sugerir, dejar un poso entre líneas para que la imaginación del lector construya en su mente con los colores que uno le ha ofrecido. En mi caso, que huyo de lo críptico como de la peste, ha sido un reto muy interesante. Sugerir e incitar: esto es cuanto le pido a un texto mío que aspire a ser incluido en un libro.

¿Te documentas para escribir microrrelatos? En los verídicos hay un trabajo de informarse para luego escribir…

En muchos de ellos he necesitado datos, en efecto, pero he evitado construir un libro destinado a demostrar erudición. Al contrario; he intentado compartir. Al conocer una anécdota potente, ¿no siente uno la poderosa necesidad de contársela a alguien? Algo así me ha sucedido con algunos hechos, o con mi particular visión de algunos otros.

¿Qué les dirías a los que tienen al género hiperbreve como insustancial o poco literario?

No soy un experto lector de este género, pero que intenten sostener esa idea tras haber leído algunas delicias de, por ejemplo, Manganelli o Cortázar. Quienes se preocupan tanto de etiquetar la literatura posiblemente se enfrascan en algo tan absurdo como empaquetar vasos de agua de distintos colores. Las fronteras entre géneros y los límites de algunos cánones estéticos son dos de las líneas más divertidas de traspasar. De hecho, en Ficcionarium hay algunos textos breves que no son relatos; son, agárrense los puristas, “ensayos hiperbreves”.

Al final del libro hay una relación de los cuentos ficticios, híbridos y verídicos ¿Por qué no nos dejaste con la intriga? Yo por lo menos decidí no leerla toda, que es una opción…

Dudé respecto a si cada relato debía tener junto al título una marca que aclarara su carácter verídico o no. Opté por arrojar luz sobre esto sólo en el índice, con la idea de que quien no desee saberlo disfrute del libro a su gusto. En cierto modo me tentó mucho dejar la duda en el aire, pero sentía lástima de algunos personajes reales, que me pedían a gritos este resquicio al que sujetarse (por ejemplo Maria Reiche).

¿Cuándo se enteró Fernando Palazuelos que quería ser escritor?

Parece absurdo, pero me percaté de ello dos años después de terminar mi primera novela. La guardé en un cajón sin que la viera nadie. Pasado ese tiempo, a raíz de un premio por un relato, decidí enviar la novela a un concurso. El libro gustó. Ganó tres premios en un año. Entonces comencé a preguntarme en serio qué tenía la literatura que tanto me cautivaba, no ya solo como lector, sino también como creador. Por otro lado, a los veinte años abandoné mis estudios de arte. Lo hice bastante decepcionado con la universidad en la que estaba matriculado. Unos años más tarde descubrí que la literatura me ofrecía un campo idóneo para mi creatividad.

Para entrar en tu universo literario ¿qué libro tuyo nos recomiendas?

Todos son criaturas nacidas de mi entraña, y es difícil decantarse. Tal vez mi primera novela, La trastienda azul, o la cuarta, Pura chatarra, que no es muy extensa y es muy emotiva (según dicen).



 



Recomiéndanos un par de libros.

Mañana elegiría otros dos distintos, y pasado mañana otros, seguramente, porque es muy difícil decantarse. Pero hoy se me ocurren estos: El palacio de los sueños, de Kadaré, y La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig.

“Sueño visionario” es un texto que me maravilló ¿qué sueña Fernando Palazuelos sobre el futuro del libro?

Como muchos otros autores y lectores amantes del papel impreso, estoy a la expectativa. Viendo lo que está sucediendo con el mundo de la música, el asunto da pavor. Sentiría una tristeza inmensa si el libro de papel desapareciera, engullido por este vertiginoso ritmo del progreso tecnológico. Temo que la versión real de la novela de Bradbury pueda llegar a ser peor incluso. En lugar del fuego, del que el destino sólo librará a unos pocos, a los libros de papel tal vez les aguarde otro horror: el vacío. Desde hace tiempo tengo un relato hiperbreve en la mente, aún pendiente de ponerlo por escrito. Podría ser momento de ponerlo en palabras. Su borrador podría ser éste:

“En un futuro no muy lejano, el patrimonio escrito del mundo ha sido escaneado, todas las bibliotecas han sido desmanteladas, en las librerías se vende abono para los invernaderos de los tejados y millones de páginas han sido recicladas para fabricar teclados ecológicos. Un día un informático experto en virus sofisticados encuentra un terrible troyano denominado Qwerty-451. Lo mantiene aislado y lo estudia durante semanas, sorprendido de su complejidad y de su potencial destructor, latencia letal que se activará al de un año de ser creado. Con el fin de lograr un antivirus eficaz lo analiza con cautela, como si se tratara de la cepa de la viruela. No obstante, al manipularlo comete un error. El virus se activa. Pronto se extiende por la red. En cuestión de días las hemerotecas virtuales se corrompen, los registros documentales se deshacen como comidos por una enfermedad incontenible, y toda la literatura digital del planeta, presente y pretérita, se descompone, dejando un vacío que nadie sabe cómo aliviar.”

 
Título:Ficcionarium
Pedro Crenes Castro/La Biblioteca Imaginaria
Autor: Fernando Palazuelos
Editorial: Baile del Sol
Págs: 198
Precio: 14 €

Hay quien desprecia la ficción brevísima, el microrrelato o minificción (sírvanse ustedes del nombre que quieran) por tenerla como un oficio necio y lastrante que solo demuestra la pereza o la torpeza del escritor. Nada más lejos de la realidad. Lo bueno si breve ya se sabe pero lo breve si brevísimo pues… buenísimo.
Eso es lo que pasa con este magnífico libro de Fernando Palazuelos (Bilbao, 1965) “Ficcionarium” (Ediciones Baile del Sol, 2010) que es un hito en su carrera literaria. Un escritor de novelas, teatro y poesía se sienta ante los microrrelatos con el propósito de disfrutar escribiendo y deleitar con el resultado como hacen los buenos escritores.
“Ficcionarium” tiene tres partes (en la segunda las ficciones son más extensas) que abarcan periodos distintos de la escritura de los relatos. La verdad es que, te metas por donde te metas, seguro saldrás picado e infectado por algo que, creo yo, se llama ganas de vivir y de reír. Porque los cuentos de “Ficcionarium” aspiran a hacernos pensar deleitando como dije antes. Y es que el autor nos ofrece, para los que se animen a mirar atrás un índice que muestra que cuentos son verídicos, pura ficción o un híbrido entre ambas. Yo les sugiero que no lo lean hasta el final y luego les propongo un juego: adivinar, intuir a cual categoría corresponde cada uno. Los resultados les sorprenderán y sobre todo les dará una medida de la calidad del oficio del autor.
Siempre es complejo elegir de entre tantos buenos microrrelatos unos pocos para hablar de ellos pero querría mencionar cuatro de ellos.
“Torre de Babel” dibuja en su brevedad la típica confusión que es metáfora social y diagnóstico de nuestra circunstancia. Cada uno oye lo que quiere, o lo que le parece.
“Georges Simenon” es un homenaje y retrato de uno de los grandes escritores europeos del siglo pasado. Infectado, qué casualidad, por el virus de la imaginación.
“El castigo de Pavlov” es una pequeña genialidad que aporta un dato muy escondido de la vida del fisiólogo ruso al que tanto le debemos todos, saliva más saliva menos.
Luego está mi favorito, “Sueño visionario”, que consigue unir con pocas líneas y con una densidad poética precisa pasado y futuro en un sueño para construir un texto que da para pensar y disfrutar.
Sin lugar a dudas Fernando Palazuelos ha superado el reto: ha conseguido someter  la brevedad con resultados muy buenos, ha conseguido dominar el lenguaje para que los textos en su brevedad de concha escondan las melodías de un mar poderoso de olas. Porque no es simple escribir microficción y quien crea lo contrario se engaña.
Un descubrimiento feliz este Ficcionarium que es una excelente puerta para entrar en el universo literario de Fernando Palazuelos que le hará pasar un rato “buenísimo” por lo brevísimo de sus textos que no deben leerse  con excesiva rapidez: los buenos microrrelatos necesitan e invitan a la relectura, que es la reacción natural al asombro ante un texto brillante.

Este libro lo puedes adquirir en:
Paquebote     Agapea       Librería Picasso

martes, 11 de enero de 2011

El viento de una historia. Ficcionarium de Fernando Palazuelos

El viento de una historia


Pedro Tellería/Mugalari -Diario GARA
30 diciembre 2010

Fernando Palazuelos (Bilbao, 1965) continúa en su constante y discreta dedicación a la literatura. Tras publicar La memoria de los esclavos la primavera pasada, Baile del Sol edita ahora Ficcionarium. Premiado como narrador y dramaturgo, y con incursiones en la poesía, Palazuelos ha facturado un libro personal: un compendio de textos breves y en general narrativos que, ambientados en distintas épocas, tienen como idea-motor el juego entre ficción, realidad, historia y azar. Reconoce el autor deudas e inspiración al final del volumen. Borges, por ejemplo, pero también Monterroso o el vasco Ugarte. Detrás de todos está el relato y el más moderno, y a veces sobreexplotado, microrrelato.

Palazuelos ha dividido el volumen en tres partes y ha clasificado los textos en verídicos, híbridos y ficticios. Buena parte alberga personajes históricos como Bonaparte, Charlie Parker, Nabucodonosor o Ampère, para los que el bilbaíno confecciona un traje ficticio que los disfraza de personajes literarios.

Me gustan varias cosas de Ficcionarium. En primer lugar está la oportunidad de disfrutar de un autor cada vez más seguro de su oficio, que ahora demuestra inquietudes librescas tras pasar por la poesía solidaria en La memoria… o plantearse asuntos teológicos en Ianua Caeli. En segundo lugar, la propia concepción del libro, que sugiere múltiples formas de lectura. Lo he leído de corrido, pero me gustaría pararme en cada texto aislado. Y tal vez intente una tercera lectura según la clasificación del autor.

Otra virtud es la parte central del libro, compuesta por seis relatos que compartiendo temática e intención resultan autónomos en ambiente. Aquí Palazuelos demuestra arte para el relato de media extensión y sorprende por su capacidad para la recreación histórica (en “El retrato de Marie Van Cride” viajamos al tiempo de la vanguardia artística), la taracea erudita y la aprensión del detalle.

Por su parte, muchos textos breves recrean acontecimientos de la Antigüedad con amenidad y un giro innovador. Sorprende la versatilidad del escritor para viajar de Persia a Suiza pasando por épocas tan fascinantes como la era de los inventos técnicos, la de los descubrimientos arqueológicos o el futuro. 

Libro grato Ficcionarium. Hay precedentes, claro, como el barcelonés Perucho o, en los clásicos castellanos, el humanista Mejía y su miscelánea Silva de varia lección. Quizá estemos ante un subgénero dentro de un género. Alguien verá ejercicios de estilo antes que pura creación. Da igual. Los textos de Palazuelos agradan y enseñan, al tiempo que hacen pensar en la paradoja nunca resulta de la relación entre Historia y ficción. Los cronistas escribieron más para disculpar a sus reyes que en honor a la verdad. Aristóteles habló del “como si fuera” para referirse a la narración ficticia. Libros como Ficcionarium siguen recordando que lo hermoso es narrar y leer lo narrado, y no preguntarse por la veracidad de las palabras. De hecho, ¿qué diferencia hay entre los textos verídicos de Palazuelos y los ficticios? No acudiré yo a una biblioteca para averiguarlo. Me dejo llevar, como ingenuo lector, por el viento de una historia.


FICHA DE LA OBRA RESEÑADA

Autor: Fernando Palazuelos
Título: Ficcionarium
Editorial: Baile del Sol
Número de páginas: 198
Precio: 14 €

sábado, 4 de septiembre de 2010

Los que están llegando: "Ficcionarium" de Fernando Palazuelos





M-117. Narrativa. 2010.198 páginas. ISBN: 978-84-15019-19-0. 14 €.


¿Puede escribirse un relato de una sola frase? ¿Es lícito reinterpretar sucesos de la Historia? ¿Puede un par de páginas encerrar un ensayo? Un dilema que le asalta al tenaz Noé, la obsesión de un pintor francés que retocaba sus cuadros hasta el delirio, el recorrido de un asteroide que cae en la Tierra... Todo tiene cabida en este inventario de ficciones, porque en realidad la vida es un abanico de posibilidades, el mismísimo laboratorio del azar.
Ficcionarium es un viaje a través del ingenio y el humor, una aventura jocosa destinada a desmitificar y a anular trascendencias. En definitiva, un libro distendido capaz de hacer disfrutar y de estimular la relectura.

De las anteriores obras de Fernando Palazuelos se ha dicho:

Palazuelos muestra verdaderas dotes para reconstruir los ambientes y moldear la psicología de los personajes (El País).

Un buen contador de historias. Apunta alto, y demuestra su talento. Habrá que seguirle los pasos (El Cultural).

Palazuelos confirma su fama de impecable y exigente narrador, como ya demostrara en sus anteriores entregas (Diario Público).

Un joven autor que posee cualidades para afianzar una sólida carrera literaria (Abc).

Hondura literaria, alejada de lo comercial. Palazuelos tiene talento, imaginación y una gran habilidad para proponer tramas complejas y poco convencionales (Revista Reseña).