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miércoles, 24 de octubre de 2018

Reseña de NUNCA MÁS LA NOCHE, de Juan R. Tramunt en El Escribidor



Retratos ‘algo’ macabros sobre la condición humana



Juan R. Tramunt es un escritor que se preocupa por dar carácter a sus personajes y crear atmósferas aunque no cuida tanto el sentido de la historia, lo que a larga puede descompensar las expectativas que como lector despierta la colección de relatos que reúne en Nunca más la noche (Baile del sol, 2018) seis narraciones (Betsabé, La habitación abuhardillada, La fiesta, Zapador, Aurora y Relato inconcluso) en las que indaga en las fuerzas de la naturaleza humana con resultados regulares.

En casi todas las historias cobra vida cierto vampirismo existencial. Las relaciones entre sus protagonistas son resultado de inquietantes aunque familiares juegos de poder y la acción se desarrolle en escenarios cotidianos pero diferentes donde los personajes que intervienen apenas tienen que ver unos con otros en los seis relatos que contiene un libro que incluye más que un cuento una novela corta, Betsabé, que no termina por definir demasiado bien sus intenciones y que deja en el aire mucho de los planteamientos que propone.

No sucede así con La habitación abuhardillada que, en nuestra modesta opinión, es uno de los mejores cuentos del libro no solo por sus intenciones metaliterarias ni su inquietante homenaje más que a Poe, al universo lovecraftiano por el escenario en el que se desarrolla, sino por los personajes que en él intervienen, una pareja y un extraño dibujante de historietas que además de escribir y dibujar sus tebeos, colorines, chistes, cómics, cuenta con una prodigiosa biblioteca en la que se encuentran clásicos y modernos del noveno arte.

Este relato describe muy bien la atmósfera opresiva que se respira en esa vivienda en la que recala la joven pareja en un viaje relámpago a Madrid y logra que lo imposible se haga posible a medida que se avanza en su lectura.

El tercer relato que contiene el libro se titula La fiesta y en él se mantiene ese pulso entre lo real e irreal que caracteriza a todos estos cuentos y la novela corta que incluye el libro aunque no termina de convencer, quizá sea porque pese a sugerir más que decir no se aprecia que detrás de la sugestión, de ese velo que camufla todo con forma de palabras, se transmita algo que demandaba más sustancia. Está bien escrito, como todos los relatos de esta compilación, pero le falta carne para dar solidez al conjunto final.



El vampirismo, un vampirismo metafórico que aparece y se extiende en un ambiente cotidiano y familiar, vuelve a ser protagonista en Zapador, en el que se narra una historia de dominio con aires inquietantes. Un piso de estudiantes y sus moradores son los protagonistas de un relato que sin embargo no termina de encontrar su lugar aunque está escrito con notable pulso narrativo. Por desgracia, las posibilidades que prometía terminan por disolverse probablemente por el equilibrio, no siempre conseguido, que Juan R. Tramunt intenta mantener entre lo real e irreal.

No se trata así de visiones sórdidas sobre el ser humano pero sí de explotar muchas de las contradicciones que arrastra en sus relaciones con los demás. Otros de los grandes temas del libro son, en este sentido, las obsesiones que desencadenan estropicios sentimentales y la confianza y desconfianza no ya en el otro sino en sí mismo.

El quinto cuento de Nunca más la noche, Aurora, es la descripción de un amor con tintes vampíricos que termina en tragedia. O no, eso depende de la manera en cómo se interprete una historia cuya protagonista es una magrebí que trabaja en una casa de europeos que está perdidamente enamorada de su marido, el jardinero de la casa, y hombre de respeto en su comunidad porque conoce la palabra y cuenta historias.

Lo interesante de este relato son dos mundos que conviven pero están alejados porque ninguno, magrebíes y europeos, tiene demasiado interés en conocerse. Se dan por satisfechos mientras cada uno de ellos respete los límites que marcan el territorio en el que viven en común.

Relato inconcluso es el último cuento, el que cierra un libro que no termina de ser redondo. Se trata así de un juego literario que tiene cierto interés pero que carece de hondura. La sensación que deja en el ánimo lector es que podría haberse prescindido perfectamente de este cuento que finaliza un volumen que no deja de tener el interés que caracteriza la producción literaria de uno de los escritores más interesantes que actualmente escriben y publican en las islas.

Un autor, Juan R. Tramunt que si por algo se define es por ser, precisamente, un autor que imprime de constantes su obra. Una obra que se apropia de géneros que adapta a su manera de entender la literatura. Lo hizo con el thriller en La piel de la lefaay con la ciencia ficción en la notable Anturios en el salón.

Lo intenta, aunque con resultados irregulares con la de corte psicológico en estos seis relatos que reúne en Nunca más la noche, un título que a su manera anticipa al lector el material que se va a encontrar una vez abra las páginas del libro.

Saludos, abre los ojos, desde este lado del ordenador.


viernes, 26 de mayo de 2017

Entrevista a Juan Ramón Tramunt en La Provincia

"Si Canarias es un paraíso, ¿por qué está en una situación de tal fragilidad?"

"Antes que apocalíptica, 'Anturios en el salón' es realista y, en ningún caso, fantasiosa", afirma el escritor Juan Ramón Tramunt

22.05.2017 | 04:00
El escritor grancanario Juan R. Tramunt, autor de ´Anturios en el salón´.
  • El escritor Juan Ramón Tramunt (Gran Canaria, 1955) traza en 'Anturios en el salón' (Baile del Sol, 2016) una distopía que sitúa a Canarias en el año 2021 en un escenario de despoblamiento total, provocado por una emisión de radiactividad que desencadena un accidente en una central nuclear en el sur de Marruecos. Desde este punto de partida, Tramunt reflexiona sobre la frágil situación en el Archipiélago y sobre la naturaleza humana ante la realidad del desarraigo y la supervivencia.
¿Cómo germinó la idea de proyectar en una novela un Archipiélago canario despoblado ante una catástrofe nuclear?
La idea de esta novela surgió a raíz de leer la noticia de que Marruecos tenía pensado construir una central nuclear en sus costas, a unos 200 kilómetros del Archipiélago canario. Entonces, todavía estaba muy fresco el accidente nuclear en Fukushima y pensé que, con una central nuclear en esa zona sísmica, donde en 1960 hubo un terremoto que destruyó la ciudad de Agadir, podría reproducirse una situación muy parecida a la de Fukushima, donde tuvieron que desalojar un radio de 100 kilómetros a la redonda. ¡Y eso teniendo en cuenta que Japón es uno de los países tecnológicamente más avanzados del mundo! Si esto ocurriera en esa central nuclear que prevé construir Marruecos, la posibilidad de que haya que desalojar medio Archipiélago no es tan fantasiosa o irreal: es una posibilidad.

En ese sentido, ¿su novela cumple la máxima de las distopías, que plantean escenarios ficticios lejanos, pero posibles?
Exactamente. Por eso, antes que apocalíptica, yo diría que Anturios en el salón es más bien realista y, en ningún caso, fantasiosa. Mi novela transcurre en ese escenario en el que se ha construido esa central nuclear y donde ha habido un atentado terrorista que la ha destruido, provocando una emisión de radiactividad en la zona. Entonces es cuando hay un decreto del Gobierno central para desalojar la provincia de Las Palmas, empezando por Lanzarote y Fuerteventura. Y en ese contexto se sitúa mi personaje y toda su reflexión a lo largo de 240 páginas en torno a distintas situaciones, donde el ciudadano común realmente no tiene nada que decir, ni que opinar.

¿En qué medida ha querido llamar la atención sobre la vulnerabilidad de las Islas y sus malas políticas de sostenibilidad?
Ahí está la reflexión: si se supone que Canarias es un paraíso, ¿por qué estamos en una situación de tal fragilidad? Ni siquiera hace falta proyectarse en el escenario de la central nuclear: actualmente, somos dos millones de habitantes en Canarias, pero el 95% del abastecimiento y de los enseres que utilizamos para sobrevivir procede del exterior. ¿Qué pasaría si, por una cuestión política, de guerras o de terrorismo, se interrumpe ese flujo? ¿Qué hacen dos millones de habitantes en una tierra donde se ha abandonado la agricultura y la ganadería, y donde la pesca está siempre en entredicho? Esta es una realidad que existe hoy.

¿En qué medida el protagonista que construye en la novela es una proyección de su propio desencantamiento hacia estas irregularidades en Canarias?
Evidentemente, mi personaje no es yo; pero, a veces, tanto al imaginar sensaciones como al describir lugares, tiendo a basarme en mi vida. En algunos casos, los aspectos coinciden y algunos sentimientos que transmite el protagonista se corresponden con dudas e inquietudes personales. En ese sentido, la literatura da para mucho.
¿También quiso trazar, a través de las digresiones de su protagonista, una reflexión sobre la condición humana?
Claro. Y del hecho de que nos acostumbramos a vivir contando con que dos calles más allá tenemos un supermercado o que, si tenemos alguna herida, podemos acudir a un centro de salud. Entonces, yo planteo la vida de un personaje que no puede contar con nada de eso y, sencillamente, tiene que buscarse la vida y tiene que levantarse cada mañana sabiendo que tiene que conseguir lo que va a comer hoy. Esa es un poco la idea.

Por tanto, ¿su objetivo es provocar al lector para que reflexione sobre esta "ficción posible"?
Por supuesto, porque el lector se va a ver identificado con esta novela y le va a resultar verosímil. Sin ir más lejos, hace poco tuvimos la crisis de las prospecciones petrolíferas y los especialistas negaban que pudiera darse una fuga de crudo. Pero una fuga de crudo ocurrió en el golfo de México, en Estados Unidos, por la British Petroleum, y estamos hablando de la costa del otro país más avanzado del mundo. Entonces, ¿por qué no puede pasar en Canarias? ¡Claro que puede pasar! Y si hubiera una emisión de crudo de esas características y llegara a Lanzarote, donde no se puede desalar el agua, las consecuencias serían terribles: el turismo se iría y apenas podríamos autoabastecernos. Claro, estas cosas no son posibles hasta que ocurren.

Con todo, además de escritor, usted uno de los editores al frente del sello Puentepalo, ¿cuándo reiniciará su actividad editorial?
La editorial se tomó un descanso durante unos meses, pero ya tenemos proyectado un relanzamiento para después del verano, con tres volúmenes de autores para acompañar esta nueva puesta en escena, con humildad e ilusión.

http://www.laprovincia.es/cultura/2017/05/22/canarias-paraiso-situacion-fragilidad/941257.html

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Reseña de Anturios en el salón de Juan R. Tramunt en Bardinia de Canarias 7

Novela y Pensamiento: Tramunt y Junco (I)


JR tramunth.JPGHay distintas maneras de enfrentarse a la escritura de una novela. La más habitual es la que, siguiendo la expresión gráfica de García Márquez, trata de coger al lector por el cuello y no lo suelta hasta el punto final. En este caso, se trabaja con esmero el comienzo, tratando de sembrar la curiosidad. Hay, sin embargo, otras maneras de acometer una narración. Una de ellas es aquella en la que quien escribe no concede un milímetro a lo fácil, y exige (no solicita) la implicación del lector, anunciándole desde la primera frase que el proceso es cosa de dos, que quien lee debe poner de su parte. Cuando solo se pretende impresionar con arabescos, laberintos y regates gratuitos, el resultado suele ser pobre, porque el lector colabora cuando entiende que la estructura que se le propone responde a una necesidad argumental, y que la novela en cuestión no es un pedante ejercicio de estilo que lleva a ninguna parte. Hay una propuesta que lleva a la reflexión, a la discusión e incluso a la oposición. Escribir así evidencia ante todo valentía y honestidad, y en el caso de las novelas más recientes de Juan Ramón Tramunt y Luis Junco unas propuestas tan posibles que pueden parecer alucinaciones, precisamente por la tendencia natural de la realidad a lo inverosímil. Diría también que en ambos casos se sobrepasa la línea de la ficción y entramos en el territorio del Pensamiento con mayúscula. Por valientes, interesantes y provocadoras, recomiendo que se sumerjan en ellas quienes quieran saber un poco más, no de los conocimientos aportados por los novelistas, que también, sino de sí mismos.
Y tras este proemio que vale para ambas novelas, paso a comentar la primera:

Un apocalipsis posible
Por la cuenta que nos trae, espero que el posible futuro que plantea Anturios en el salón, la última novela de JR Tramunt, sea simplemente una hipótesis que nunca llegue a convertirse en realidad. Sin embargo, la fragilidad de nuestro territorio insular es algo que casi nunca valoramos, de otra manera no se cometerían los desmanes contra la supervivencia del propio territorio, que son claros atentados, además, contra la vida humana, una especie de terrorismo con sordina que se oculta bajo la manta de los beneficios inmobiliarios e industriales de unos pocos.
Lo que plantea el autor es la despoblación absoluta de la isla de Gran Canaria en un futuro no muy lejano, después de los estragos que ha perpetrado la radiactividad galopante producida por un accidente en una central nuclear en el vecino sur de Marruecos. Un hombre se arriesga, engaña a los controles militares y nos va mostrando las consecuencias de la catástrofe, los cambios producidos y la desolación en una isla en la que antes todo fue vida y frenética actividad humana. La formación psicológica del autor no es elemento menor en la construcción del relato, pues nos va enfrentando a realidades posibles que nunca tenemos en cuenta. Basta imaginar ahora mismo que se corten las rutas comerciales con el exterior, y habría que pensar cómo podrían sobrevivir los más de dos millones de personas que habitan las islas en un territorio en el que la mayor parte de lo necesario -alimentación incluida- llega de fuera. Incluso no nos planteamos qué pasaría con el suministro de agua y electricidad si ocurriera algo en las grandes plantas potabilizadoras y generadoras de energía eléctrica, o simplemente si hubiera escasez del petróleo que las hace funcionar.
anturios tramunt.JPG
Anturios en el salón. Juan R. Tramunt. Editorial Baile del Sol. 2016. 240 páginas.

Si nuestra clase dirigente no conoce nuestra fragilidad, estamos en manos de irresponsables. Si es consciente de ella y sigue cimentando nuestro futuro en los combustibles fósiles, tendríamos que usar otro adjetivo mucho más fuerte. No es lugar para entrar en el desprecio de las energías renovables, que reducirían nuestra dependencia del exterior, pero sí que recomendaría a los responsables políticos la lectura de Anturios en el salón, porque verán con una claridad meridiana que en estos momentos la mayor parte de las políticas que se aplican son suicidas. Y para llegar a ese convencimiento, la mano diestra de JR Tramunt hace que vivamos esa situación indeseada pero posible. Durante décadas se pensó que Huxley, Orwell o Bradbury eran unos visionarios imaginativos, y ahora vemos que eran simplemente escritores realistas que narraban el futuro. Aprendamos la lección y ojalá Anturios en el salón solo sea el fruto de imaginación de un novelista, pero será dramática realidad si no se cambia el rumbo, y por desgracia, de momento no veo señales de que eso vaya a suceder.
Etiquetar a JR Tramunt no es fácil. Escribe novela, cuento, poesía y teatro, y no suele ceñirse a una línea concreta, pues de su pluma hemos leído novela negra con tintes políticos, novela psicológica e incluso puede apuntarse ser uno de los pioneros del género erótico en Canarias con su novela La hembra del centauro. Anturios en el salón pudiera pasar por una novela fantástica con trama apocalíptica, pero finalmente ninguna de sus novelas es lo que parece, porque usa los géneros en función de la historia que quiere contar. Dejémoslo en escritor.

jueves, 14 de julio de 2016

Reseña de Anturios en el salón, de Juan R. Tramunt en El Escobillón

‘Anturios en el salón’, una novela de Juan R. Tramunt

Julio 4th, 2016
La última novela de Juan R. TramuntAnturios en el salón, está plagada de metáforas. Muchas de ellas, es probable, que de manera inconscientes, aunque es tarea del lector buscarlas e interpretarlas con el fin de sacar conclusiones y de hacer suyo el libro que tiene entre las manos.
Preocupado por adaptar los géneros al movimiento de su cintura, si en La piel de la lefaa se trataba de un thriller que terminaba dispersándose en una reflexión sobre la identidad ahora, en Anturios en el salón, propone un relato en clave fantástica y, a su manera, tan de política ficción como lo fue La piel de la lefaa ya que plantea como su protagonista –un hombre que lo ha perdido todo, y cuando se escribe todo es todo porque se trata de lo que más ama en el mundo: su mujer y su hija– decide regresar a una Gran Canarias despoblada porque sus habitantes han sido obligados a trasladarse a otras tierra ante la amenaza de la radioactividad. Solo se ha quedado en tierra una pequeña guarnición militar que vigila el territorio.
En esa isla abandonada quedan como testigos mudos de su pasado las casas y los edificios de sus ciudades y pueblos, así como jaurías de perros a los que la supervivencia ha agudizado el ingenio y algunos hombres y mujeres que escaparon al monte para no ser expulsados de la tierra en la que residen aunque apenas se da noticia de ellos en una novela que, resulta inevitable, evoca por el escenario en el que se desarrolla la acción de Pasa la tormenta, un libro deTomás Felipe, y título que presentaba una visión futurista y dantesca de la capital grancanaria no tan surrealista como pueda imaginar alguno, más si tenemos en cuenta cómo ha ido evolucionando social y políticamente la Unión Europea en los últimos años.
Anturios en el salón y Pasa la tormenta coinciden, además, en que uno de sus protagonistas es un inmigrante irregular subsahariano, un hombre que intenta buscarse la vida en territorio hostil y que sirve a su vez de metáfora o mejor símbolo para reivindicar un mundo sin amos ni esclavos, y sí en el que todos puedan vivir en paz. Un regreso, si se quiere, a una primitiva inocencia.
Los anturios de la novela de Tramunt son esas flores de colores brillantes que crecen en espiga y resultan realmente hermosas como objeto decorativo. De naturaleza tropical, los anturios adquieren expresividad simbólica en el relato porque su protagonista, que regresa al pueblo en el que vivió tras mentir a las autoridades de que padece una enfermedad terminal, los asocia con su hija y esposa, las dos mujeres de su vida que  desaparecieron de manera violenta y a las que intenta recuperar tras su regreso a la isla y a su vivienda. Una vivienda que, como en la excelente novela de Richard MathensonSoy leyenda, deja de ser su casa para transformarse en una fortaleza. Un castillo que lo proteja de las amenazas exteriores que ahora copan a sus anchas en ese nuevo mundo donde casi todo es sombra de lo que fue.
En este aspecto y a título personal, los mejores capítulos de este relato de supervivencia son aquellos en los que el personaje desafía el nuevo y hostil entorno en el que se mueve, saliendo airoso de estas pruebas. Resultan así significativos los momentos en los que describe cómo el protagonista es acosado por una jauría de perros salvajes y la manera que inventa para acabar con ellos.
Que este combate por la vida se cometa en un pueblo grancanario aumenta, más que resta, el interés por averiguar cómo va a salir de este problema al mismo tiempo que Juan R. Tramunt resalta, pero diseminándolo a lo largo del relato, el divorcio que lentamente siente el protagonista por la isla a la que ha regresado, pero no recuperado, y en la que una vez fue feliz… Este proceso de transformación resulta a la postre lo más interesante del relato. Un relato de aventuras que, a medida que va llegando a su final, cuenta con una redención muy similar a la de uno de los tres protagonistas, curiosamente el más anciano, de ese hoy clásico de la novela de aventuras que es El tesoro de Sierra Madre, de B. Traven.
Es Anturios en el salón una novela tremendamente original, y una fuente de reflexiones que invita a pensar en las debilidades que tiene la geografía que nos rodea ya que obliga a que la mayor parte del abastecimiento del archipiélago venga de fuera.
Que el protagonista intente en la novela vivir por su cuenta y riesgo solo pone de manifiesto lo difícil que resulta salir adelante en un territorio limitado como es el de una isla… Y sobre todo esto no es que hable solo la novela, pero sí que es uno de los grandes temas que aborda al mismo tiempo que se subraya el progresivo desarraigo que sufre el protagonista con un entorno que reconoce pero que ya no le pertenece o no considera suyo porque está vacío, y en el que casi parece que escucha risas y llantos fantasmas.
Los ecos de un mundo pasado que ya no volverán.
Saludos, un fantasma recorre Europa, desde este lado del ordenador

http://www.elescobillon.com/2016/07/anturios-en-el-salon-una-novela-de-juan-r-tramunt/

jueves, 14 de abril de 2016

Reseña de La piel de la Lefaa, de Juan R. Tramunt en La República Cultural

Julio Castro – La República Cultural

Hay aspectos de la descripción de los personajes que hace Juan R. Tramunt en su novela que llaman la atención, por lo antagónico de sus intenciones. Por una parte deja entrever una forma contundente y casi exhaustiva de trabajarlos, porque casi a cada pasaje está inundando con sus características y sentimientos el texto, hasta tal punto que los ojos con los que vemos los paisajes y ciudades que se recorren, rara vez se alejan de los ojos de sus protagonistas. Sin embargo, el desarrollo de esta novela del género negro deja claro que, como digo, las intenciones van más allá, que esconde mucho, no sólo en lo que se refiere a la intriga, sino en cuanto a la personalidad de cada uno, que a veces queda en el aire.

Estamos ante una intriga que no es inocente, que aborda problemas de entornos geográficos distantes, pero comunes en una cuestión: los hilos del poder y del contrapoder. Un policía destinado en Canarias descubre casualmente un punto de conexión entre un informe genérico de Interpol, y la posibilidad de un atentado de gran relevancia en el entorno de África Occidental. Esa será su perdición y su destino en la novela. Por otra parte, una fotógrafa, pareja de un reportero de un diario nacional francés, decide trasladarse a Marruecos porque no aguanta más tiempo de separación

Los conflictos y el lugar

El autor decide incluir más que de soslayo la cuestión saharaui en el nudo argumental, donde se muestra el compromiso contra la opresión, y es cierto que, en determinados momentos, la narración puede inducir a dudar de la deriva del texto respecto al conflicto que encierra Marruecos contra el pueblo saharaui, pero en un momento dado queda clara la forma de exponerlo, sin neutralidades.

Las dos líneas argumentales se sustentan en los capítulos duales, que recogen momentos casi siempre paralelos y, en ocasiones, lugares comunes. El recorrido aparentemente más contemplativo, casi onírico podría decir, dirige un trayecto a través de la geografía aparentemente recreada en las imágenes de la fotógrafa, hasta la frontera sur del Atlas, donde cada cual tomará definitivamente el camino hacia su destino. Entre tanto hay realidades encontradas, que se irán despejando en el camino y, sobre todo, entre la mente de sus personajes y la del lector.

Dos venenos, el del argumento y el del viaje

Encontramos una dualidad generalizada, la que se refiere a los universos que trata es una de ellas, contrastando la vida europea con la punta del iceberg africano, que surge del continente a través del mundo árabe marroquí, el más “occidentalizado” que, aún debiendo ser muy próximo al nuestro, se traduce en un modo de vida diferente, desde el color, el olor y el sabor, hasta la luz y el paisaje.

Otra manera de encontrar la dualidad está en la de sus personajes, que afrontan universos tan opuestos como el de un hombre y una mujer, un policía y una fotógrafa, aunque, finalmente, ambos buscan un fin concreto: la estabilidad y la comodidad de una vida tangible en su entorno habitual.

Pero, como quiera que el título marca los hechos, la lefaa, además del apodo del buscado protagonista principal, es el de una mortal serpiente del desierto africano, un encuentro que, en aquellos parajes, significa el final seguro del viaje, como así será. Y digo que hay dos venenos, porque uno es el de la propia serpiente, y otro es el del estilo de este libro, que atrapa los ojos del lector hasta el final, para luego asesinarlo de forma traicionera: el veneno del libro se extenderá desde la trama hasta después de cerrar la contraportada.

Los argumentos que rodean la intriga

El contenido del libro aborda temas colaterales, pero de gran importancia, desde la ineptitud que parece generalizada en las fuerzas policiales, a la indiferencia del poder frente a la realidad social de los pueblos. Es importante, porque definen, como ya señalaba antes, el marco en el que se sustenta la parte principal y decisiva de la narración.

El desarrollo argumental contiene la intriga principal, que se dota de otras curiosidades adicionales que rodean la narración, despertando la curiosidad del lector hacia los personajes y su manera de ser: es fundamental dejarse llevar por cada un@ de ell@s, porque serán quienes nos arrastren a ese entorno colosal y también a los otros más diminutos. Ahí es posible ver rasgos poéticos en lo más ornamental que no se expresa literalmente en las descripciones, pero que queda sobrevolando algunos momentos.

Definitivamente, la aventura no sólo está en la historia principal, por más que suelte su veneno al final, sino en los recorridos que hacemos con el autor.

viernes, 4 de marzo de 2016

Reseña de LA PIEL DE LA LEFAA de Juan R. Tramunt en Libros Prohibidos

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Juan R. Tramunt: La piel de la Lefaa

Año: 2015
Editorial: Baile del Sol
Género: Novela Policíaca
Valoración: Está bien
Hay un refrán que me gusta mucho, en todos sitios cuecen habas. Esta novela es una prueba de que los territorios que puede explorar una historia policíaca son muchos y que por esa vía, estas obras que hoy viven su nueva edad de oro, aún tienen capacidad para sorprendernos. Porque La piel de la Lefaa no es ni más ni menos que una novela negra ambientada en un lugar muy soleado y pocas veces transitado por los cánones en los que suelen moverse este tipo de propuestas. No encontramos ambientes nórdicos opresivos ni detectives clásicos del género, tampoco el crimen que se destripa es habitual ya que se trata de un caso de terrorismo potencial. Todas estas facetas poco usuales hacen que se despierte nuestro apetito lector porque la curiosidad es un motivo muy poderoso para perseverar en nuestra lectura.
Se podría decir que la estructura de la novela es convergente. Los personajes y la trama van descendiendo por un embudo hasta que desembocan en una sorpresa final. Conocemos al inicio a Víctor Fargas, joven inspector destinado en las Islas Canarias, que se ve mezclado sin querer en un embrollo con la Interpol a causa de un informe residual que su superior le encomienda pero que se acaba convirtiendo en el desencadenante de la acción. Por otro lado, Claire Blanchard, una fotógrafa asentada en París, va al encuentro de su esposo, corresponsal en Marrakech. Al llegar cambiará los miedos y prejuicios que la acompañaban por una fascinación avasalladora. Marruecos la conquista, se convierte en su inspiración y, tras decidir quedarse después de que su marido es deportado a Francia, también en su mayor quebradero de cabeza. Ambos personajes van estrechando su relación a lo largo de la obra, vemos como la narración avanza saltando entre sus dos puntos de vista. Poco a poco la gente con la que se relacionan, los lugares que transitan y sus intereses acaban siendo los mismos y se encuentran, sin que puedan hacer nada más que seguir la corriente, en el ojo del huracán.
La primera parte de la obra es más pausada, el autor se toma su tiempo para presentar a los personajes y sus motivaciones. Se podría decir incluso que le falta un poco de pulso, pero este defecto queda compensado con la aceleración progresiva de la trama. Hacia la mitad de la historia comienzan a pasar muchas cosas, el hastío inicial de los dos protagonistas que se encuentran contra su voluntad en un país que no entienden se transforma en tensión y en incertidumbre, la sensación de que están predestinados a implicarse en la búsqueda de la Lefaa se convierte en su obsesión. Este viraje de intereses está muy bien plasmado por el autor que consigue avivar la intriga justo cuando empezábamos a convertirnos en lectores quejumbrosos y a no entender muy bien qué hacíamos perdiendo el tiempo varados en las calles de Marrakech.
Además de los principales encontramos al personaje de la Lefaa que no es más que un fantasma que va tomando cuerpo, que pasa de una hipótesis apuntada en el informe de Víctor Fargas a tener rostro, voz e intención; a ser algo muy real, más maligno y dañino de lo que parecía cuando aún era una mera conjetura. La persona que hay detrás del mito es uno de los grandes aciertos de la novela, un personaje con carisma y que ayuda a mantener la tensión narrativa ya que su identidad no queda al descubierto hasta bien avanzada la trama. Tramunt utiliza un juego literario basado en la semántica de este nombre que en nuestro idioma tiene connotaciones sexuales y un marcado componente vulgar. Así la mención de la Lefaa que nos hace sonreír como quinceañeros inmaduros pronto se transforma en una amenaza temible cuando se nos desvela lo que para un marroquí significa este término. Tendrán que leer el libro para saber más.
Esta tendencia a explicar conceptos de otras culturas para contrastarlos con referentes que nos puedan resultar más comunes se acaba convirtiendo sin embargo en un lastre. El autor abusa de este recurso pecando en ocasiones de paternalismo y no confiando en la curiosidad del lector. Además de una piedra en el zapato, esta manera de proceder es innecesaria porque la ambientación general de la obra es uno de sus valores, engancha y a medida que leemos queremos conocer más de un entorno, como dije al principio, poco visitado en este tipo de historias policíacas. Canarias, Marruecos, el Sahara Occidental y las relaciones que se establecen entre estos tres ámbitos geográficos son alicientes que encontramos para quedarnos al lado los personajes. A todos nos gusta conocer lugares nuevos, matices adicionales, rincones que nos disparen la imaginación; pues bien, esta novela los tiene y los explota y explora a la perfección.
También los temas tocados son poco frecuentes y salen bien parados al pasarlos por el tamiz de los clichés del género: terrorismo internacional y tensas relaciones diplomáticas, burocracia policial, laten y asoman detrás de la acción. También se detecta un tono crítico con la situación política de Marruecos, sobre todo con su manera de gobernar, con mano de hierro, la región del Sahara Occidental.
En definitiva La piel de la Lefaa es una novela de lectura ágil, con características propias del género negro que atraerán a los lectores habituales de este tipo de obras, pero también con una ambientación que invita a que cualquier lector en busca de lo desconocido pueda sentirse cómodo entre sus páginas. Aunque lo que de verdad nos enseña Juan R. Tramunt con su historia es a mirar por dónde pisamos, con quién andamos y a cuidarnos de las apariencias en entornos hostiles. La muerte y el terror pueden haber sido cualquiera al que hayas querido u odiado, que te haya ayudado o hecho la vida imposible; la muerte se disfraza de persona corriente para esperar el momento oportuno y ponerse manos a la obra.

viernes, 26 de agosto de 2011

La ceniza que avanza, de Juan R. Tramunt



Acaba de publicarse un libro inquietante, un libro con seis historias recorridas por un escalofrío en suspensión a lo largo de sus tramas. La escritura con que se nos introduce en sus tragedias respectivas responde casi siempre a un tono demorado, juicioso y lleno de propiedad, apegado al detalle imprescindible que nos sitúa en el ambiente natural, sicológico o histórico de sus argumentos, pero en sus temas y su construcción se van desgranando poco a poco los más horrendos presagios o los prodigios cuyo anuncio se nos ofrece poco a poco en situaciones inicialmente triviales. Los datos se ocultan con astucia narrativa o se van ofreciendo oblicuamente como pistas insignificantes e inciertas que en un primer momento no traslucen sino fugaces sospechas, o bien se dejan caer, en ocasiones, en las contradicciones delirantes de algunas de sus voces narradoras.
Hablamos de seis relatos, cinco de los cuales son bastante extensos y alguno próximo a la novela corta. En ellos encontramos o bien a la impenetrabilidad incómoda de una conducta trastornada, sin antecedentes que puedan aclarar sus criminales consecuencias, o la profecía milenaria que vincula la continuidad de un rito inmemorial a través de las generaciones de una familia. Nos introducimos también en una magna devastación planetaria que acarrea la insegura vuelta a empezar de los mitos de la Creación. Asistimos a la vertiginosa caída de personalidad y reputación de un profesional regresado a un momento único de la pubertad, o nos hacemos testigos de una paulatina e inconcebible transformación física hacia la transparencia de la pintora que llega a prescindir, para encontrarse a sí misma, de cualquier interés en la visión del público. Y, finalmente y paso a paso, a la construcción de un delirio al que la realidad se va encargando de dar su propia lógica incontestable, con ocasionales visos de racionalidad y verosimilitud.
La desapasionada justeza de la escritura que nos conduce por los vericuetos de estas historias, para que nos entretengamos disfrutando de los detalles, de los paisajes, de las rutinas personales o las manías más o menos reveladoras de los personajes, distribuye entre sus líneas, de modo fantasmal, cuantos recursos expresivos le son necesarios para aproximarnos al secreto que se llevó tras de sí una cordura definitivamente perdida, o a la experiencia dolorosa debida a la muerte accidental y absurda de un hijo, o al regreso a la edad en que el deseo erótico era aún una devoción estrenada, sin culpa ni estrategias. Por esa misma capacidad se permite dar una pátina de antigüedad a lo que nos va pareciendo un viejo cuento de las Mil y Una Noches sin acudir para ello a ninguna imitación de sus fórmulas tradicionales, o nos sitúa de golpe en el día después de la devastación planetaria dotando de rasgos actuales, organizativos unos, coloquiales otros, a la pequeña sociedad que sobrevivió a tal cataclismo sin que nos demos cuenta al leer de por qué nos sentimos atañidos, cercanos a esa comunidad superviviente.
El resultado es la extrañeza, no sólo por las atmósferas y circunstancias insólitas de sus historias, sino porque ante ellas se despliegan la razón histórica, la experiencia, la práctica clínica, la técnica, la cultura artística, para finalmente estrellarse ante realidades que se resisten a ser hasta el final desentrañadas, ni tan siquiera transitadas. Dije que era un libro inquietante, y lo es finalmente y entre otras cosas porque sus variadas historias tienen en común lo sagrado, no necesariamente religioso. Cada uno de sus relatos ofrece el espacio inviolable, en ocasiones impenetrable, que no se deja transitar ni escudriñar del todo. El jardín inefable anunciado en una profecía milenaria no se deja ver nunca, si acaso se deja intuir por inseguras referencias indirectas; la vuelta al tiempo inefable en que el deseo era también inocencia se convierte en un viaje hacia la autodestrucción...
Lo sagrado, que inicialmente significó lo aparte, lo separado del resto por su pureza, infunde terror. Los reductos insobornables que atesoran lo más auténtico custodian y camuflan también lo más terrible, ya que el espacio de la autenticidad sin concesiones no se puede transitar saliendo ileso del intento.

La ilustración es portada de La ceniza que avanza, de Juan R. Tramunt, Ed. Baile del sol.