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viernes, 14 de junio de 2013

LUGARES QUE NOS HABITAN, de Marta María López



Agradezco que de vez en cuando entre las lecturas que recibo (especialmente de libros de cuentos) aparezca alguna que me haga recordar los clásicos del género. Así me ha ocurrido con «Lugares que nos habitan» de la
escritora asturiana Marta María López. Según iba leyendo los cuentos, una atmósfera densa, opresiva y de aspecto de lingote de plomo me envolvía. La misma niebla literaria que nos rodea cuando leemos a Poe, a Quiroga o a Cortázar, los Maestros.

por Esteban Gutiérrez Gómez
lugareslugares
 Los cuentos fantásticos de Marta María López reviven figuras que ellos crearon, como el gusto por el juego en la narración, el ofrecimiento de espacios secretos o la aparición de la realidad en el mundo de los fantasmas (y no al revés, que sería lo típico). Sobre todos estos reconocimientos, se homenajea al dúplice cortaziano («La señora Devereaux» y «Noviembre» son dos buenos ejemplos), y eso me llena de satisfacción. Qué sería de mi escritura sin el doble que vive mi otra vida.
El libro ofrece nueve relatos a cuál más inquietante. La unión temática entre ellos no lo es menos: los espacios que se habitan tiene el poder de modificar nuestra alma. No quedará ninguna dudar después de leer los cuentos.
Por último, y vuelta a los clásicos, enorme el homenaje explícito a Cheever en uno de los últimos cuentos. No podía acabar mejor.





Autora: Marta María López.
Ediciones Baile del Sol.
Colección Sitio de fuego.

http://www.literaturas.info/Revista/2013/06/lugares-que-nos-habitan/

jueves, 6 de junio de 2013

MARTA MARÍA LÓPEZ: “LAS COSAS QUE MÁS IMPACTO DEJAN SON LAS QUE NO TIENEN EXPLICACIÓN LÓGICA”



“Los relatos que componen Lugares que nos habitan tienen en común, como el propio título indica, la extrañeza que los espacios imprimen en quienes los habitan. Los personajes (familias, parejas) deben enfrentarse a esos lugares y salir reforzados o destruidos de la experiencia que supone habitarlos. Los lugares en sí son metafóricos, representan el miedo a lo nuevo y desconocido, el aislamiento, la imposibilidad de comunicarse con otros seres humanos, la pérdida de la propia identidad y las múltiples personas distintas que podemos llegar a ser dependiendo de las circunstancias. Habitar esos lugares supone un reto que tiene como única recompensa que los personajes se conozcan mejor a sí mismos y a los que conviven con ellos, sin que haya ninguna garantía de que esto puede ser beneficioso o perjudicial en sus vidas”.
Con este volumen, editado por la reconocida editorial tinerfeña Baile del Sol, se da a conocer la escritora Marta María López (Riberas, Asturias, 1975), si bien ya había participado en publicaciones de carácter filológico (Bibliografía en resúmenes de la literatura española, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo) y en revistas literarias (Narrativas, Ping Pong, Pretexto) donde aparecen tanto relatos y poemas suyos como reseñas. Ha obtenido también el Premio Carreño Miranda de Poesía (1992) y el Premio de Relato mínimo Diomedea (2009). Y, aunque Lugares que nos habitan es su primer libro editado, sus relatos pueden seguirse desde el blog  www.eldesvandeloslibros.net que mantiene desde hace varios años. De todo ello hablamos con ella en este encuentro que nos sirve para acercarnos al universo imaginario de esta interesante escritora:

¿Cómo fue el proceso de elaboración y selección de los relatos que conforman este libro?
Entre todos los relatos que había escrito en los últimos años, busqué aquellos que pudieran tener algo en común, tanto estilística como temáticamente, de manera que al leerlos se viera en el libro cierta unidad.
¿Cómo surgió la posibilidad de publicar?
Conocí la editorial Baile del Sol porque publicaba a algunos poetas que me resultaban muy interesantes. Supe que también publicaban libros de relatos y comencé a seleccionar mis relatos para enviárselos. Me dijeron que sí. Fue todo muy fácil, la verdad.
¿A la hora de escoger pesó la idea de que se trataba de un primer libro y tu carta de presentación al lector?
Sí y por eso quería que contuviera los mejores relatos que había escrito hasta la fecha, los que mejor mostraban qué me interesaba estilística y temáticamente.
Cuando se trabaja con textos independientes, al reunirlos después de transcurrir un cierto tiempo desde su escritura, además de la necesidad de encontrar una forma más o menos unitaria, una suele encontrarse de alguna forma distanciada de la persona que los escribió. ¿Cómo afrontaste la construcción del armazón de Lugares que nos habitan?
Traté de que fuesen unitarios, es decir, de que el tono fuese muy similar o, al menos, de que no se notara que ninguno de ellos era ajeno a la idea del conjunto del libro. Muchos relatos se quedaron fuera de la selección porque ya no me reconocía en ellos, de hecho llegué a preguntarme por qué habría escrito algo así. Algunos (concretamente dos) los estoy reescribiendo ahora desde otro punto de vista y con un estilo diferente porque su temática me gusta.
quería que contuviera los mejores relatos que había escrito hasta la fecha, los que mejor mostraban qué me interesaba estilística y temáticamente”
Al tratar los espacios como parte fundamental de cada relato, vinculados a las emociones de los personajes, su descripción detallada se hace necesaria. Leyendo tus textos se diría que fundamental. ¿Tus relatos parten de una imagen previa que configura el lugar y en la que luego encajarás a los protagonistas, o son estos y sus problemas quienes te van dictando el lugar que va a acogerlos?
Ambas cosas. A veces, es el espacio el que se impone y el conflicto lo desarrollo a partir de ahí. Muchas otras veces, tengo en mente a los personajes, el conflicto y hasta el desarrollo. Incluso el desenlace. Entonces me pregunto: “¿Cómo es el lugar en el que vive esta gente?”. Creo realmente que hacemos de nuestra casa una extensión de nosotros mismos y que nos sentimos cómodos o incómodos en algunos lugares porque los espacios son capaces de desasosegarnos o transmitirnos ciertas emociones.
Los Lugares que nos habitan sirven como metáfora de lo que les sucede a los protagonistas de los relatos. ¿Sientes que somos las personas quienes condicionamos las circunstancias con nuestras emociones, ellas las que nos atrapan o unos y otros se retroalimentan e influyen?
Es muy difícil no dejarse arrastrar por las emociones. Del mismo modo, también es difícil que las experiencias del pasado no condicionen el presente. Sí, creo que casi todos nosotros nos movemos guiados por experiencias pasadas y emociones. Eso nos limita.
El conflicto, la ausencia de comunicación, la problemática ausencia de problemas, la felicidad y la estabilidad como obstáculo. ¿Los grandes dramas se esconden en la aparentemente inofensiva cotidianidad?
Todos sabemos cuáles son los grandes dramas: la guerra, el hambre, la muerte, el dolor y la enfermedad, la falta de libertad… Por suerte, la mayoría de nosotros experimenta muy pocos de los grandes dramas, por eso nos permitimos el lujo de ser tan superficiales como para tratar con la categoría de drama lo que es una simple contrariedad: el desamor, la incomunicación, hasta el hecho de tener una vida tranquila y sin sobresaltos acaba siendo un problema cuando no hay nada más grave de lo que preocuparse.
Sólo escribo sobre las cosas que me preocupan, no sobre las que me duelen. Los grandes dramas nunca aparecerán en mis relatos. Me niego a que la escritura sea un acto doloroso. Debe ser un acto reflexivo, eso sí.
Sólo escribo sobre las cosas que me preocupan, no sobre las que me duelen. Los grandes dramas nunca aparecerán en mis relatos. Me niego a que la escritura sea un acto doloroso”
Las historias podrían encuadrarse dentro de lo fantástico y por momentos surrealista. ¿Encuentras en estos géneros la libertad para crear personajes, situaciones desconcertantes y poder llevarlos donde quieres?
La verdad es que sí, aunque sólo en los relatos. Ahora mismo estoy trabajando en una novela y es realista, sin un mínimo atisbo de nada fantástico. Tal vez porque con una mayor extensión, yo sea capaz de mostrar ese extrañamiento de otro modo.
Por un lado te aporta libertad creativa pero, por otro, ¿es difícil no perder la verosimilitud?
Sí, me resulta difícil. Trato de establecer un pacto con el lector, por eso desde las dos o tres primeras líneas del relato, ya dejo claro que va a ocurrir algo extraño, algo que no es realista, pero trato de que sea verosímil, de que en el interior del propio relato tenga sentido y sea creíble.
Los cierres de los textos son tan inquietantes o más que las propias situaciones. ¿Buscas despertar la inquietud del lector?
Las cosas que más impactado te dejan son las que no tienen explicación lógica. No me gusta que mis relatos sean algo masticado y cerrado, me gusta que el lector tenga que trabajar por sí mismo, que se plantee qué ha ocurrido en el relato o en qué va a desembocar esa situación. Yo tengo claro lo que ocurre para mí, pero trato de dejar una puerta abierta para que cada uno encuentre su propio final.
¿Dirías que los relatos que rescataste para este libro tienen en común la voz en la que te sientes cómoda y te reconoces?
Es la voz en la que me sentía más cómoda en los años en que los escribí. Sigo reconociéndome en ellos, pero los relatos que estoy escribiendo ahora mismo son distintos.
Entre estos textos y la Marta de hoy hay un tiempo de distancia. ¿Tiene aún validez esa voz o estás en otro momento creativo?
Estoy en otro momento. Mis relatos actuales están más en la línea de Un poco de intimidad, el relato más extenso de este libro y el último que escribí. El elemento fantástico en él es mucho más sutil y las situaciones que se describen ya no son tan delirantes.
Una siempre homenajea lecturas previas, de manera consciente o inconsciente. En el caso de algunas de las historias editadas, citas a otros autores que, entiendo, de alguna manera las inspiraron. En concreto para estos relatos, ¿qué lecturas o autores dirías que fueron referenciales?
Creo que las referencias más claras de estos relatos en concreto son Cortázar, Bioy Casares y Silvina Ocampo. Recuerdo que eran mis lecturas obsesivas durante los años en los que estaba escribiendo la mayoría de ellos. Las descripciones de los ambientes deben mucho al Romanticismo inglés y alemán, especialmente a las hermanas Brontë.
Antes de esta obra tus textos fueron apareciendo en blogs. ¿Los utilizaste casi como un borrador expuesto a la crítica, como un paso previo a esta edición, o de por sí es como darlos por publicados?
Publicarlos en el blog fue como haberlos editado. El blog cumplía la función de acercarlos a la gente, de que alguien, además de mí, los leyera. Las críticas recibidas fueron muy importantes, en parte porque, amparándose en el anonimato, la gente decía lo que pensaba sin censurarse. Con algunas críticas estaba de acuerdo y con otras no, pero todas me resultaron útiles.
Al buscar entre lo escrito para componer esta obra, supongo que muchos otros textos, no menos valiosos, se quedaron en el cajón. ¿Valoras la posibilidad de rescatarlos o das la etapa pasada por clausurada con este volumen?
Excepto los dos relatos que, como dije antes, estoy reescribiendo, los demás los doy por superados.
Una vez en marcha, el movimiento invita a seguir dando pasos. ¿Podrías adelantar las claves temáticas y de estilo de tus relatos actuales, y futuras lecturas nuestras?
Ahora mismo estoy trabajando en una novela, llevo casi un año con ella, pero va a ser un proceso lento y largo, me temo. En cuanto a los relatos, sigo escribiéndolos. De hecho, es el género por el que más me inclino, en el que más cómoda me siento. La temática de los actuales gira en torno a la identidad, cómo nos afectan los cambios, la soledad… El estilo, aunque sigo dentro del relato fantástico, es mucho más sutil. Digamos que son relatos realistas donde, de pronto, ocurre algo extraordinario que lo cambia todo, muy al estilo de Un poco de intimidad, el relato más extenso de este libro.

(2 de junio de 2013)

jueves, 11 de abril de 2013

Entrevista a Marta María López


Marta María López (Riberas, Asturias, 1975) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo y en la actualidad se dedica a la docencia.  Ha participado en publicaciones de carácter filológico (Bibliografía en resúmenes de la literatura española, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo) y  en revistas literarias (Narrativas, Ping Pong, Pretexto) donde aparecen tanto relatos y poemas suyos como reseñas literarias. Obtuvo el Premio Carreño Miranda de Poesía (1992) y el Premio de Relato mínimo Diomedea (2009). Desde hace varios años mantiene el blog www.eldesvandeloslibros.net


En primer lugar, Marta, quería darte la enhorabuena por este libro que acabas de publicar. Te sigo desde hace años, cuando colgabas microrrelatos preciosos en un blog que tienes bastante abandonado y que, acabo de comprobar cuando preparaba esta entrevista, ha sufrido unos duros recortes.

Imagino que te refieres a Relataria (www.relataria.blogspot.com). He tenido varios blogs en los últimos seis o siete años, pero imagino que te refieres a ese. La verdad es que sí, Relataria lleva mucho tiempo abandonado y eliminé de él los microrrelatos que no me gustaban del todo. Los pocos que han quedado son lo que deben estar.


¿Qué se va a encontrar el lector cuando compre Lugares que nos habitan?

Un conjunto de relatos surrealistas con dos cosas en común: la temática (todos ellos tratan sobre las relaciones conflictivas entre las personas, bien sean parejas, familias o vecinos) y la idea de los espacios como metáfora de lo que les ocurre a los personajes, de ahí el título.

Quizás mi relato favorito del libro sea La señora Devereaux. ¿Cómo puede toda la familia, excepto la hija, creer que esa mujer desconocida es su esposa y madre? ¿El hotel en el que transcurre la acción es el infierno, el purgatorio?

Cuando alguien nos conoce bien, nota los cambios en nuestro estado de ánimo, se da cuenta de si nos pasa algo porque no nos ve como siempre, pero cuando alguien no te conoce o no le importas demasiado, no se entera de nada.
Ese hotel en el que transcurre la acción es simplemente un hotel. Extraño, sí, pero un hotel. Quería que la familia viviese en un lugar que supuestamente es de paso, que ellos hicieran de algo temporal su hogar. He tratado de que el ambiente muestre sensación de ahogo, de hecho hay muchas alusiones al fondo del mar y a la muerte. Es una familia que se hunde, algo tan simple como eso: la ruptura de una familia. Sólo la hija es consciente de lo que está pasando.

En el relato Voces con el que se abre el libro, ¿hay una crítica encubierta al Comunismo?

Eres la segunda persona que me lo pregunta. La respuesta es no. Y no es que no haya cosas criticables del Comunismo, es que antes de criticar el Comunismo criticaría el sistema que está destruyendo el mundo, este Capitalismo atroz que acaba con todo.
Cuando escribí el relato pensé en los nazis entrando en Polonia, en la ley del silencio que, por miedo, imperaba allí en aquella época. La pareja protagonista no quiere escuchar sus propios pensamientos porque les están avisando de que algo va mal. Les ocurre como al avestruz, que esconde la cabeza en un agujero porque cree que si no ve a la manada de elefantes que se le acerca, esa manada de elefantes desaparece.
Es cierto que la descripción del edificio y el apartamento en el que transcurre la historia recuerda a los países comunistas, pero se basa en una realidad: en los edificios que aún hoy hay en Praga y que fueron construidos a la época estalinista. Hay una mezcla de épocas en el relato: la Praga anterior a la caía del Muro y la Polonia ocupada por los nazis en un mismo plano temporal y espacial.

¿Es la felicidad absoluta tan dañina como dejas entrever en los relatos Desapariciones y Un poco de intimidad?

La felicidad absoluta no solo es imposible (afortunadamente), sino que sería el camino más rápido a la imbecilidad y al aburrimiento. No hay nadie más autocomplaciente que una persona totalmente feliz. Piensa en lo que ocurre durante los primeros meses de una relación, cuando nos enamoramos, o cuando acabamos de tener un hijo. Nos importa todo un bledo, nosotros a lo nuestro. Qué más da que Corea amenace encubiertamente a EE.UU. y pueda salpicarnos la sangre, qué importa si medio planeta se muere de hambre,… Nada importa.
Si existiese la felicidad absoluta, esa gente feliz perdería la capacidad de desear, la capacidad de sorprenderse, de luchar, de cabrearse y de exigir cambios en el mundo, serían como autómatas que no lograrían valorar esa felicidad porque no conocen la ausencia de ella. Al fin y al cabo, es la ley de los contrarios: la luz y la oscuridad, el bien y el mal, la felicidad y la infelicidad. Valoramos una en contraposición con la otra.
Por otro lado, las parejas de ambos relatos no poseen la felicidad absoluta: la pareja de Un poco de intimidad cree que la posee y se vuelven paranoicos. El chico de Desapariciones cree que si no hay problemas, la relación será perfecta, pero todos sabemos que el éxito o fracaso de una relación es algo mucho más complicado que eso.

El relato Monstruo me resultó tremendo. Que ese grupo de personas tan raras se hubiera juntado en un mismo edificio y tomara la decisión de unirse en contra de un vecino… ¿Qué pretendías contarnos?

Pretendía  hablar de las cosas que es capaz de hacer la gente cuando se ampara en la multitud o en el grupo. Somos capaces de lo mejor y de lo peor cuando nos unimos, pero me interesó más centrarme en lo peor. Por ejemplo, hemos visto decenas de veces a multitudes esperando a un asesino a la salida de los juzgados y siempre hay alguien que dice aquello de: “Que me lo dejen a mí, que lo mato”. Te apetece preguntarle qué le diferenciaría entonces a él del asesino.
En el edificio en el que transcurre la acción, viven una serie de vecinos extraños. Todos ellos son molestados por otro vecino y creen que eso les da derecho a hacer cualquier cosa para evitar esa molestia. Se me ocurrió la idea del relato viendo Delitos y faltas de Woody Allen. En la película se nos cuenta cómo un hombre comete un delito (matar a su amante) para que no se sepa que ha cometido una falta (esta amante lo amenaza con contarle a su mujer la relación que mantienen). Hay gente así, por desgracia. Además, aquí en España somos extremadamente delicados cuando nos molestan a nosotros, pero nos importa un bledo molestar a los demás.

No sé si estaré en lo cierto, pero he creído ver reminiscencias de otros autores en algunos de tus relatos: Noviembre, por el desdoblamiento final, me recuerda a un relato de Ignacio Ferrando titulado Roger Levy y sus reflejos; Un poco de intimidad me recuerda a Como una historia de terror de Jon Bilbao, quizás por la descripción de la casa.

Conozco ambos relatos y los autores que nombras son dos de mis cuentistas favoritos, pero la verdad es que no son esas las influencias de mis relatos. No recuerdo muy bien qué me impulsó a escribir Noviembre, pero la idea de Un poco de intimidad surgió tras leer un relato de Marcelo Lillo titulado Apaga la luz. De hecho, cito unas palabras de Lillo al inicio de mi relato.

No te puedes imaginas el asco que me dio el relato Moscas. ¿En qué te inspiraste?

En algo que me ocurrió. Alquilé un piso hace unos años en el que había una habitación que los dueños utilizaban para guardar sus cosas. No estaba cerrada con llave ni nada por el estilo, pero la verdad es que desde que la casera me la había enseñado, junto al resto de la casa, yo no volví a abrirla. Para mí, no existía.
Un domingo llegué, tras pasar fuera todo el fin de semana, y escuché un ruido raro en la habitación, como un zumbido. Abrí la puerta y me encontré con que la ventana, de doble hoja, estaba llena de moscas. Entre ambos cristales, habían puesto huevos y con el calor (era junio) aquello era un hervidero. Me alegro de haber transmitido un poco del asco que sentí yo al verlo y al saber que, siendo domingo y a aquellas horas, en una lugar donde no conocía a nadie a quien le pudiera pedir un spray matamoscas, iba a tener que pasar allí la noche con semejante compañía.
Pero las moscas son también una metáfora. La mujer del relato está mudándose a una casa más grande, mejor que la anterior, pero esa casa es sólo fachada. Dentro de sus paredes habitan unas extrañas moscas que parecen moverse con inteligencia y son capaces de unirse para atacarla. Lo que significa eso ya se lo dejo al lector.

Diría que tus relatos son muy culturetas, propios de alguien que ha leído mucho y que ha reflexionado más. ¿Es así?

Me he reído al leer tu pregunta, pero me gusta que pienses eso, que conste. No sabría decirte si mis relatos son “culturetas” y en cuanto a lo de leer mucho y reflexionar más, depende de con quién me compares. No sé si has leído alguna vez el blog de Vicente Luis Mora (si no lo has hecho, te lo recomiendo). Pues bien, comparada con él, he leído poco y reflexionado menos aún, pero imagino que he leído más que la media española, lo cual no es decir mucho. En cuanto a reflexionar, bueno, suelo darle bastantes vueltas a las cosas.

¿Quiénes dirías tú que son tus mayores influencias literarias?

No tengo ni idea. No te puedo decir qué autores me influyen a la hora de escribir porque no me pongo a escribir pensando: “Voy a hacer un relato al estilo Carver”, por ejemplo. Lo que te puedo decir es el nombre de los autores que más me han enamorado como lectora. Podría citar a muchísimos, pero tampoco quiero hacer una lista interminable, me centraré en los que más releo, aquellos que siempre ruedan por encima de mi mesita de noche: Silvina Ocampo, Carmen Martín Gaite, Richard Ford, Lovecraft, Poe, Julio Cortázar, las hermanas Brontë (especialmente Emily), Kafka, Alejandra Pizarnik, Robert Walser, André Breton y Nabokov. Son autores muy distintos entre sí porque me fui enamorando de ellos en diferentes etapas de mi vida, pero han ido sobreviviendo a los cambios de gustos que he tenido.

Dime el nombre de un cuentista actual, vivo y español (o en lengua española) que sea imprescindible leer, en tu opinión.

Sin lugar a dudas, Ángel Zapata. Es un maestro.

Dime ahora un autor que, en tu opinión, esté sobrevalorado (si te quieres mojar) y otro que por fin haya comenzado a despuntar porque ya era hora de que su nombre sonara más.

Creo que está sobrevalorada Amélie Nothomb. No he leído nada de ella que me guste. Es más: me horroriza.
Y creo que por fin está recibiendo la atención que merece por parte de los medios Juan Carlos Márquez, que es un escritorazo. Cuando veo que se habla de él en las secciones culturales de los periódicos y que se reeditan algunas de sus obras pienso aquello que decía Jorge Guillén de que el mundo está bien hecho. Siempre me alegro de que a los buenos escritores se les valore.

¿Qué piensas de los talleres literarios? ¿Eres de las que crees que son necesarios o piensas que un escritor debería formarse solo?

Acabamos de nombrar en esta entrevista a tres profesores de talleres literarios: Ferrando, Zapata y Juan Carlos Márquez. Yo fui alumna de Márquez en Escuela de Escritores, donde hice varios cursos. Aprendí muchísimo y me parece una idiotez creer que un escritor debe aprender él solo a escribir. Nadie se extraña de que un bailarín o un pintor, por ejemplo, reciban clases, aunque hayan nacido dotados. Nadie espera, de hecho, que se formen solos, aunque algunos podrían hacerlo, pero desde luego no todos. Por lo mismo, un escritor puede asistir o no a estos talleres. Hacerlo no te garantiza ser genial y no hacerlo no te condena a ser malo. Ahora bien, yo recomiendo a todo el mundo que quiera escribir “en serio” asistir a un buen taller literario, elegirlo con cuidado, que el profesor no trate de imponerte un estilo sino que te ayude a depurar el tuyo. Repito que yo aprendí muchísimo en Escuela de Escritores y considero que fue un dinero muy bien empleado.
A tu pregunta de si son necesarios los talleres literarios, te diría que son necesarios los buenos. Ahora surgen talleres literarios hasta debajo de las piedras impartidos por gente de dudosa capacidad y conocimientos. Gastar dinero en eso es como tirarlo, pero pagarte unos buenos cursos en un buen taller es una inversión en ti, si de verdad quieres ser escritor.

¿Crees que han muerto los blogs en los que se hacían reseñas de libros?

Creo que tuvieron mucho éxito hace unos años y que sigue habiendo algunos muy interesantes, pero ha decaído mucho el mundo de los blogs.

¿Qué estás leyendo ahora mismo?

El libro de relatos Safaris inolvidables de Fernando Clemot y el poemario El síndrome Kalashnikov de Natalia Menéndez.

Muchas gracias por la entrevista, Marta. Te deseo mucho éxito con el libro.

Muchas gracias por haberlo leído con tanto interés y por tus preguntas.

martes, 9 de abril de 2013

Lugares que nos habitan, MARTA MARÍA LÓPEZ


Los cuentos que componen Lugares que nos habitan son de corte surrealista. Tal y como me dijo la autora en una entrevista que acabo de hacerle, todos ellos tienen en común dos cosas: la temática (giran en torno a las relaciones conflictivas entre las personas) y el espacio como metáfora de lo que les ocurre a los personajes que lo habitan.
El libro se inicia y finaliza con dos relatos especialmente potentes: Voces y Moscas y en ambos casos trata sobre parejas que ven imposible comunicarse, que prefieren tapar los ojos para hacer como que los problemas no existen en vez de reflexionar sobre ellos y afrontarlos. Un tema similar se trata también en el exquisito microrrelato titulado La gotera.
Los relatos Desapariciones y Un poco de intimidad tratan el tema de la felicidad absoluta como un problema más que como una ventaja. En ambos relatos la felicidad sin fisuras acaba pasándoles factura a los protagonistas, como si la ausencia de problemas fuese un problema en sí mismo.
Tampones y pomelos es el relato más tierno de todo el libro. Se nos muestra en él la necesidad de amor y compañía.
Noviembre es un relato sobre los posibles caminos que debemos tomar en la vida, el que debemos y el que queremos. Si hacemos sólo lo que deseamos, caemos en el mayor de los egoísmos y si hacemos sólo lo que debemos, somos desgraciados. ¿Qué hacer entonces si queremos contentar a todo el mundo, a nosotros mismos incluidos?
Monstruo es un relato terrible sobre cómo un grupo de personas se van azuzando unas a otras (algunos por acción y otros por omisión) para deshacerse de un vecino extraño que los está molestando.
Dejo para el final el mejor de los relatos, en mi opinión: La señora Devereaux es una delicia absoluta. Está tan bien escrito, sus imágenes son tan poderosas, los adjetivos elegidos tan adecuados y el ambiente tan onírico y angustioso, que cuando acabé de leerlo, lo releí de inmediato para volver a tener esa sensación de extrañamiento que hacía tiempo no sentía al leer algo.
Los relatos están bien escritos, quizás sea demasiado repetitivo el tema constante de los conflictos entre personas que conviven y se echa de menos una mayor variedad temática, pero al fin y al cabo es lo que piden las editoriales, que haya una unidad temática entre todos los relatos de un mismo libro.
Me parece un buen libro de relatos y en él creo adivinar influencias de Cortázar, de Kafka (en el relato Voces y en Noviembre me parecía estar dentro de una novela del autor checo) e incluso de autores más actuales: Un poco de intimidad me recordó mucho al relato Como una historia de terror de Jon Bilbao.

jueves, 28 de marzo de 2013

LUGARES QUE NOS HABITAN, Marta María López


Hace mucho tiempo que, por trabajo, leo otro tipo de libros muy distintos a este del que ahora quiero hablar, por eso ha sido un lujazo leer este por puro placer.  Antes de nada quisiera decir que ojalá la distribución fuese mejor porque ha sido una odisea poder conseguirlo.
Me resulta muy difícil hablar de un libro de relatos sin destripar las historias de cada relato, pero allá vamos…
El título del libro (precioso, por cierto) hace alusión a la influencia que tienen sobre los personajes los lugares en los que viven. Son lugares metafóricos, lugares que explican los estados de ánimo de las personas. En cuanto a los personajes, todos ellos deben hacer frente a algo insólito que ocurre en sus vidas y que los cambia para siempre.
La mayoría de los relatos están protagonizados por parejas. El primero, titulado “Voces”, es uno de los textos más inquietantes que he leído: una pareja comienza a escuchar voces en su apartamento, pero eran voces distintas. Creen que es el vecino, pero descubren que no es él y el relato se precipita hacia un final que deja impactado. Esa es una de las cualidades de esta autora, que cuando acabas de leer sus relatos, te preguntas: ¿pero qué coño ha pasado? Y es el lector quien debe reflexionar sobre lo que ha ocurrido, porque no se da nada masticado.
Le sigue un relatito muy breve titulado “La gotera” que es maravilloso y en el que una pareja se desequilibra por culpa del ruido de una gotera que tienen en casa, pero cuando arreglan el problema de la gotera les sobreviene el verdadero problema, el más grave.
“La señora Devereaux” es mi relato favorito. Es muy raro, casi diría que es de miedo. En él, una mujer es confundida con otra. El propio marido y los hijos de esa otra mujer la confunden, a pesar de que ambas no se parecen en nada. Al leerlo, sentí una sensación de angustia y de ahogo. El relato parece querer decirnos que nunca conocemos a nadie a fondo y que a veces aquellos a quien mejor debemos conocer son para nosotros, en el fondo, perfectos desconocidos.
“Desapariciones” me resultó un relato curioso. El protagonista tiene el poder de hacer desaparecer las cosas que no le gustan, de manera que puede crear una relación perfecta porque hace desaparecer todo aquello que molesta a su amada, pero ni con eso logra que la relación dure, como si la autora nos dijese que no son las relaciones perfectas las que perduran, sino aquellas que logran adaptarse a los cambios y superarlos sin borrar los problemas.
“Noviembre” es el relato más misterioso. No supe muy bien qué nos estaba contando la autora. Se desarrolla en un hotel nórdico donde una pareja va cada año a pasar el mes de noviembre. Durante esta estancia, ella tiene siempre un comportamiento extraño que no se repite durante los siguientes once meses. Sólo en noviembre. No sé si ese hotel es la antesala del infierno o es el propio infierno o es el purgatorio. Tal vez solo sea la metáfora de los malos momentos de la vida, que nos dejan esa sensación de frío en el cuerpo y malestar. El final, además, con ese desdoblamiento de uno de los personajes parece que es una forma de decirnos que hay siempre dos opciones ante los malos momentos: dejarse caer o salir hacia adelante.
“Monstruo” es otro gran relato. Aquí no hay parejas, sino una vecindad que se une para luchar contra el vecino raro. Las historias que se cuentan sobre él son cada vez más estrambóticas y la solución que se toma al final es de una violencia extrema. Ser extraño y diferente a la mayoría es muy difícil, la autora parece que nos dice que ser distinto puede ser perjudicial para la salud.
“Tampones y pomelos” es un cuento maravilloso sobre la soledad, el amor y el respeto al espacio del otro para no agobiarlo. Me recuerda a una historia que escuché hace tiempo en el telediario: en Japón un hombre descubrió que una mujer llevaba meses viviendo dentro de su armario sin que él se diera cuenta. Esta es básicamente la historia que se cuenta en este relato, pero a esto hay que añadir que al hombre le gusta saber que alguien habita su armario y ella es tan escurridiza que no se deja ver, sólo se sabe de su presencia porque logra grabarla con su webcam.
“Un poco de intimidad” es el relato más largo del libro. Nuevamente una pareja comienza a vivir situaciones extrañas que los desestabilizan. Mientras lo estaba leyendo me preguntaba si lo que los demás opinan de nosotros puede condicionar lo que opinamos de nosotros mismos. Este relato parece decirnos que sí. Me gustó mucho, de los que más.
“Moscas” es el último relato del libro. ¡Qué asco! Imaginaros que os compráis una casa en las afueras y que vais a limpiarla un poco y a esperar el camión de mudanzas. Estáis solas y no ha cobertura para el móvil. Imaginaos que de cada enchufe y desagüe comienzan a salir moscas y más moscas, moscas inteligentes que se organizan como ejércitos y os atacan… Pues eso. Este relato me dejo el cuerpo con escalofríos.
Resumiendo: recomiendo este libro. Está muy bien escrito y sus historias son extrañas y diferentes. Igual en vuestra ciudad no encontráis una librería que lo tenga, pero siempre se puede comprar por internet. Muy recomendable, de verdad. Agur.