domingo, 26 de febrero de 2012

EL MAR SIGUE SIENDO AZUL, de Fernando Martínez López

Ediciones Baile del Sol, 2011 , 442 páginas

Del accidente de Palomares poca información se tiene más allá de la anécdota de ese baño histórico que se dio Fraga Iribarne, con un bañador antediluviano, y la afirmación sesgada de que las bombas atómicas que perdieron frente a ese pueblo de Almería los B52 de las fuerzas armadas norteamericanas eran inocuas y no causaron daños, algo que nadie se creyó en su momento y menos los directamente afectados.
Fernando Martínez López recupera ese suceso lejano y lo noveliza, pero no sólo se limita a hacer una pormenorizada relación del accidente, en el que perecieron siete tripulantes de las naves siniestradas, sino que, con una gran ambición por su parte, construye una intriga en la que Palomares sigue aportando víctimas a causa de sus niveles de radiación, dos personajes del pasado se vuelven a ver las caras (el alemán Karl Braum, traumatizado por los bombardeos aliados de Dresde y residente en el pueblo almeriense, y el norteamericano Daniel Williamson, que lo capturó y es, en Palomares, el general al mando de las tareas de supervisión de la zona); desaparecen misteriosamente dos de los habitantes del pueblo, por culpa de unos documentos secretos que se perdieron en el vuelo, la carpeta de combate, y los descendientes de esos dos hombres viven secularmente enfrentados.
La arquitectura narrativa de El mar sigue siendo azul es perfecta, y eso tiene mérito al tratarse de una novela tan extensa como ésta. A lo largo de sus más de 400 páginas, Martínez López va alumbrando sucesivas subtramas, que se complementan, para ofrecer al lector una aproximación al desastre nuclear, en el que el gobierno de EEUU ninguneó a la dictadura franquista, y nos muestra el factor humano del suceso, más allá del accidente en sí: la forma en que cambió para siempre la forma de vida de ese tranquilo pueblo de la costa de Almería.
En cuanto al vehículo literario sólo decir que es perfecto, que no tiene fisuras, porque todas sus piezas encajan, que la documentación, extensa y fidedigna, se digiere perfectamente por lo bien imbricada que está en la trama, y que el autor demuestra agilidad a la hora de crear personajes de todo tipo, edad y condición (Pedro Fenoy Sánchez, Antonia Salcedo, Diego Parra, Consuelo, Rodrigo, Gines Parra, Rocío...) en una narración que se distingue por su coralidad.
Nos encontramos, pues, ante una novela cuidada al detalle, primorosamente bien escrita y que revive unos acontecimientos olvidados que cambiaron la vida de Palomares aquel día fatídico. Y la postrer víctima de las bombas se produce en el último renglón de la novela con el que el autor pone el broche final.
En un pueblo del sur de España que perdió su anonimato para siempre por la caída de las armas de guerra más destructivas que el ingenio humano había diseñado.Una novela recomendable, a la que sólo le pondría una pega (el lector querría saber más del enfrentamiento Braum/Williamson, que queda en apunte), y un autor al que no hay que perder de vista porque nos dará nuevas alegrías literarias.

JOSÉ LUIS MUÑOZ 

http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/02/cine_25.html

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