jueves, 10 de marzo de 2016

Bailando con Juan Miguel Contreras: "La idea de la novela es la soledad, esa es la última muñeca de la matrioska, a la que recubren todas las demás".



Baile del Sol.- La muñeca rusa es una novela en la que encontramos varias historias, unidas por circunstancias, que nos llevan de Rusia a Almería, pasando por Praga, ¿cómo surge esta peripecia?

Juan Miguel Contreras.- Pues como un puzle que tardé mucho en darme cuenta de que lo era. Tenía piezas sueltas, historias en las que trabajaba y que yo creía que no iban a ningún lado. También es cierto que estaba escribiendo en un momento difícil de mi vida, pero un día, coincidiendo con un cambio a mejor, me di cuenta de que juntas formaban algo… y que tenía, o podía tener algo, una historia. Almería, Rusia y Praga son tres ejes en mi vida, tres amores platónicos muy fértiles; lugares en los que, o bien nunca he estado físicamente, como en el caso de Rusia, o si he estado, ha sido como obnubilado turista accidental, como Praga. Luego está Almería, que he visitado pocas veces, pero siempre en circunstancias brumosas y algo sorprendentes. La primera vez que verbalicé la historia de La muñeca rusa a alguien, fue precisamente en la playa de Cabo de Gata. 

BdS.- Los personajes de La muñeca rusa no son seres corrientes, aunque lo puedan parecer. Todos tienen peculiaridades que los hacen muy interesantes para el lector. Háblanos un poco de ellos.

JMC.- Partiendo de la convicción de que nadie es corriente y de que sólo es cuestión de encontrar sus peculiaridades (más o menos literarias), los personajes de La muñeca rusa responden a varios juegos de espejos. Milos y el librero pueden parecer en principio opuestos, pero en el fondo creo que son la cara y la cruz de la misma moneda. Uno es un exiliado que ha tenido que reinventarse varias veces a lo largo de su vida nómada (basado en la vida del fotógrafo Josef Koudelka), y el otro es un librero enfermo que, a causa de su dolencia, no ha salido nunca de Almarga. Es alimentando su amistad como descubren que les unen más cosas de las que creen. La rusa, Irina, es el ideal, la musa y a la vez el castigo de Milos, es el juguete roto de la Historia. En el fondo es una versión de esa irrenunciable Penélope de la Odisea que es la vida de Milos. También están Pavel, Bohumil, y quizá también Praga y Almarga como personajes, que son los que definen a los protagonistas. Luego están Greta, la amante del librero, y el marchante Tristán, personajes que los enclavan a la realidad y a la vez les ayudan, cada uno a su manera, a relacionarse con ese mundo que no entienden. Finalmente estaría el cosmonauta, el padre de Irina, o el que ella dice que es su padre, como el origen y el fin de todo, la caja de la muñeca…

BdS.- El escritor checo Bohumil Hrabal tiene también una presencia intermitente en la novela, ¿por qué decidiste introducirlo en La muñeca rusa?

JMC.- Su presencia en la novela es totalmente natural; un día apareció y se quedó. No lo busqué. Nunca me hubiese atrevido intencionadamente. Al principio fui muy reticente a darle espacio, más por pudor que por otra cosa; su figura y su influencia en mi vida son muy grandes, pero no sólo encajaba en la novela y me daba pie a desarrollar ciertos aspectos de la trama, sino que además resultaba clave a la hora de cerrar la historia y darme un punto de fuga para terminarla. Confieso que mi admiración por Hrabal puede rozar la mitomanía, pero es que considero su obra y su vida como un referente imprescindible. En mi descargo diré que no soy el primero en convertir a Bohumil en personaje, aparte de sus cameos cinematográficos o de que él mismo, en su intento de “autobiografía” en Bodas en casa, se convirtió en uno al narrarlas desde el punto de vista de su mujer, los escritores Peter Esterhazy y Pawel Huelle ya lo habían hecho antes, y con resultados bastante mejores, desde luego.





BdS.- ¿Qué importancia ha tenido el proceso de documentación en la construcción de esta novela?

JMC.- Relativo, pues quizá visto desde fuera no haya sido lo profundo que hubiera debido ser, o al menos así lo veo yo ahora, después de tanto tiempo. Con respecto a la Carrera Espacial, he de decir que me documenté pero no demasiado, no era mi intención ser completamente riguroso; muchas páginas de esa parte se quedaron por el camino. Digamos que me limité a tener presente los acontecimientos, pero sin ceñirme a ellos. Indudablemente, todo lo que se cuenta con respecto a los cosmonautas perdidos, es ficción. Adecué lo que sucedió con lo que quería contar, y no al revés. Todo lo contrario que con la Primavera de Praga y Checoslovaquia, donde sí hube de documentarme, pues ahí necesitaba ser riguroso en cuanto a fechas y acontecimientos, sin olvidar que lo importante era la historia de Milos. Llegué a hacer un esquema bastante profuso de hechos, intentando no dar cosas por sabidas, pero tampoco pecar de didáctico. Fue un hándicap el endiablado idioma checo, sobre todo a la hora de conseguir información del sanatorio de Bohnice, cosa que resolví del mismo modo que con la carrera espacial, teniendo en cuenta que Irina era la protagonista de esa parte y que lo mismo daba si había diez o doce pabellones activos en 1968, o si había veinte o cuatro médicos. Teniendo claro eso, podía liberarme un poco de lo contrastable y trabajar a mi gusto, pero sin perder de vista en ningún momento que tenía que tener en cuenta ciertos hechos, me gustase o no, como, por ejemplo, qué película se estaba filmando en los estudios Barrandov en ese momento o que Jan Palach se inmoló en la plaza de San Wenceslao el 16 de enero de 1969 y el shock que provocó en la sociedad checa.

BdS.- Los libros también están muy presentes en La muñeca rusa; en general la literatura y el arte parecen cumplir la función de otorgar sentido a la existencia, ¿era esta tu intención?

JMC.- Respondería directamente que no, que no fue mi intención, aunque si lo pienso bien, he de decir que sí, que fue intencionado; de manera un tanto inconsciente quizá, pero totalmente intencionado. Esto entronca con la visión que yo, personalmente, tengo con respecto al acto, llamémosle, artístico, es decir, la literatura, la escultura, el cine, la pintura, el teatro y la música. Provengo de una familia trabajadora y en casa nunca hubo muchos libros y tampoco mucha curiosidad, digamos, cultural. Afortunadamente siempre hay excepciones, y un tío abuelo primero, y un primo mayor y una amiga de la adolescencia después, me lo descubrieron. Ese resquicio significó tanto para mí, que me es muy difícil explicarlo de manera coherente. Quizá sea exagerado decir que le dieron sentido a mi vida, pero desde luego forman parte muy importante. Para mí, tiene mucho significado recordar cómo la literatura y la música cambiaron totalmente mi vida, y es tan fácil como peligroso creer que lo que a ti te gusta es lo que debe ser. El truco está en no perder la perspectiva y asumir que la gente no tiene la misma visión de las cosas, y que eso no las inhabilita ni mucho menos. Partiendo de ahí, es lógico que, cuando escribo, los personajes crean en última instancia que sus vidas tengan que agarrarse con uñas y dientes a los libros, o la música, o a lo que sea, y que eso impregne el relato.


"Mi intención al escribir es explicarme cómo son los mecanismos de los personajes que imagino en relación al poder, la amistad y el amor".



BdS.- ¿Qué idea subyace en el interior de La muñeca rusa?

JMC.- Tomando distancia, creo que la idea es la soledad, esa es la última muñeca de la matrioska, la más pequeña, a la que guardan y recubren todas las demás. La soledad en sus distintas formas, provocada o decidida, y la lucha por dejar de sentirla.
Mi intención al escribir es explicarme cómo son los mecanismos de los personajes que imagino en relación al poder, la amistad y el amor. Quizá la trama de lo que escriba cambie de una novela a otra, pero me he dado cuenta de que, en el fondo, de único de lo que escribo es sobre eso.
  
BdS.- ¿Qué te gusta leer?

JMC.- Pregunta temida y temible donde las haya. Me gusta leer. Y me gusta leer cosas determinadas; tengo mis autores fetiche y a la vez sigo siendo muy compulsivo. Mi pasado librero me ha hecho ser bastante indiferente si leo algo que no me está gustando. Hay mucho que leer, y a veces no tengo la paciencia suficiente, mezclo y abandono cosas con demasiada facilidad. Tengo predilección por la literatura eslava. Acabo de descubrir a Roman Simic y Georgi Tenev, que me han dejado fascinado. Houellebecq y Emmanuel Carrére me parecen imprescindibles ahora mismo, y todo lo que escribe Jaime Gonzalo me parece igualmente irresistible y brutal. Lástima que la repercusión de este último sea tan subterránea. Patricio Pron y Eduardo Halfon, cada uno a su modo, están escribiendo cosas que me están encantando. Miljenko Jergovich es uno de los autores a los que siempre vuelvo. El trabajo que está haciendo Andrés Sorel en sus dos últimas novelas me parece increíble. Hay libros y autores que son como brújulas, estrellas que te ubican y que no quieres dejar de tener a la vista. Bolaño, claro. Tolstoi, Bulgakov, Roth (los dos), Miller, Yourcenar… Podría seguir hasta aburrir… y si contestara a esta pregunta en otro momento, sería totalmente distinta…
  
BdS.- ¿Trabajas actualmente en algún otro proyecto literario?


JMC.- Creo que acabo de terminar una novela, algo extensa quizá, y ahora mismo está reposando en la correspondiente carpeta del portátil, a la espera de darla por definitiva o no y ver qué puedo hacer con ella o a quién puede interesarle. Han sido más de tres años y ha sido agotador, pero estoy bastante contento con ella, aunque creo que me da miedo enfrentarme a ese momento clave, en que me diga, vale, acabada, ¿Y ahora? En estos momentos tengo la piel muy fina para enfrentarme yo solo a un nuevo aluvión de cartas de rechazo, otra vez… Quizá por eso ya estoy emborronando cosas para otra historia que lleva tiempo rondándome, sobre las vidas del traductor Salvador Bordoy Luque y su nieto Antonio Álvarez. Mientras tanto intento mantener con vida el blog y sigo inmerso en mi tozudez habitual de mandar artículos a revistas que, o no pagan o no aceptan colaboraciones, como una mosca intentando traspasar una ventana cerrada.


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miércoles, 9 de marzo de 2016

BOLETÍN Nº 1 FEBERO 2016

 
 
EXPLICACIÓN DE LA NOCHE, de Ewem Awumey
Ito Baraka se está muriendo. En Hull, lejos del sol, en la húmeda oscuridad de ese piso miserable que comparte con su compañera Kimi, india autóctona y yonqui. Pero antes de morir ha de terminar ese libro, esa novela en la que narra acontecimientos que transcurren en un país donde el sol abrasa. Abrasa la piel, abrasa el cerebro, abrasa la retina de aquellos a quienes se obliga a mirarlo sin pestañear. En un país en el que brilla asimismo otro sol, el de un dictador presa del miedo. Y cuando un dictador siente miedo no deja títere con cabeza. Empezando por esos jóvenes universitarios que hacen alarde de su libertad montando una obra de Beckett, y siguiendo por los viejos, que son, como bien es sabido, adivinos, magos, charlatanes y sobre todo hechiceros. ¿No es la magia la forma más peligrosa de sedición? Así es como Ito, en su celda, llegará a conocer a KoliLem, el ciego que nunca se separa de sus libros. En mitad de la noche más oscura, a través de las palabras intercambiadas, de la carne de ambos, serán el uno para el otro la única luz que exista.
 
Con esta cuarta novela, EdemAwumey confirma su inmenso talento como prosista y alcanza un dominio de la narración inigualado en el resto de su obra. Esta historia tremendamente dolorosa se nos presenta con una lengua magnífica que hace honor a la literatura de la que beben los personajes.» Sébastian, Librería Gallimard de Montreal
 
«Grave, trágica, dura, violenta pero escrita con un estilo febril y ardiente. Se roza la saturación poética, como si nunca fuese suficiente, nunca demasiado, pues es tanto lo que hay que decir, tan potente la carga de lo que ha de contarse.» DanielleLaurin, Le Devoir
 
«Edem Awumey ha escrito una novela dura y sensible... concreta a la par que filosófica.»Marie-Christine Blais, La Presse
«... un escritor con una pluma extremadamente potente.» Marie-France Bornais, Journal de Québec



Traductora: Iballa López Hernández
ISBN: 978-84-16320-75-2
Fecha de publicación: 2015
Número de páginas: 170
 Precio: 12€

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Edem Awumey

Lome, Togo (1975). Vive en Quebec (Canadá) desde 2005.
Port-Mélo (2005), Les pieds sales (2009) - LOS PIES SUCIOS (Tenerife, 2012), Rose déluge (2012), Explication de la nuit (2013) - EXPLICACIÓN DE LA NOCHE (Tenerife, 2015).

Reseña de EXPLICACIÓN DE LA NOCHE de Edem Awumey en LitERaFRicA

978841632075
Con esta novela la Editorial Baile del Sol publica el número 7 de su colección “África“, dirigida por Jorge Portland. Además, desde Tenerife, donde tiene su sede, ha editado también títulos de ensayo escritos por artistas africanos, como el trabajo de El Hadji Amadou Ndoyeo la colección “Macaronesia” que incluye la obra del caboverdiano Joaquim Arena.
Para agrandar nuestro conocimiento, “África” nos ha traído, hasta el momento, estos títulos: La estación del caos, de W.SoyinkaPasaje de lágrimas, de A.Waberi;GraceLand, de C.Abani, Los aromas esenciales, de Guita Jr. y Vínculos secretos de V.Sherif. Del togolés Edem Awumey ha publicado dos títulos. El primero fue Los pies sucios (2013) que a partir de una escritura luminosa nos hablaba de las geografías que se descubren a fuerza de necesidad desde la vivencia de los que están obligados a vagar sin remedio, desde África hasta Europa y después. El segundo esExplicación de la noche, texto a partir del cual Awumey nos interna en los acontecimientos que ocurrieron en un país donde el sol abrasa y que, sin embargo, ha sumergido a sus protagonistas en la oscuridad más absoluta.
Hubo un tiempo en el que manifestarse y levantarse servía para algo…¿dónde lo he leído?. Quizás en esta misma novela, no con estas palabras, con otras, pero viniendo a decir lo mismo. Quizás en otra obra, en muchas obras. Junto a esta, me viene también otra imagen, la marcha de cientos de personas que plantan cara, salen y se enfrentan, salen y gritan, salen y reclaman. Esa imagen trae unida una sensación vibrante, triunfal, gozosa, exultante. Se nos eleva el alma cuando vemos a la gente “tomar la calle” y con valentía exigir lo que les corresponde. Poco, muy poco, logramos saber sobre lo que viene después. Edem Awuney nos ayuda y nos interna en lo más profundo de esa noche (en este caso en la de la oscuridad total que lleva consigo una dictadura) que lleva aparejada la necesidad, la obligación que les surge a los que crecen en las calles del descontento frente a la represión, la tortura y la asfixia.
Ito Baraka agoniza de un cáncer y recuerda. Antes, hace veinte años, el joven Ito y sus amigos universitarios corrían delante del ejército, pequeñas moscas fáciles de abatir, intentando librarse de una bala perdida o de un porrazo en mitad del cráneo, un segundo antes, un segundo después y Final de partida. Creían, entonces, que todo era posible. E interpretaban a Beckett, teatro del absurdo, lo que irritaba al poder. En el camino se quedaron muchos, algunos terminaron en la cárcel, como él mismo, algunos se convirtieron también en traidores. Ito Baraka escribe un libro desde el principio de la novela y antes, impulsado por el aliento del viejo y ciego Koli Lem, “el hombre que camina” deslumbrado por el sol, que conoce muchas más tinieblas, con el que comparte celda y que no se separa de sus libros. La escritura y la lectura necesarias para sobrevivir, para recordarse, para morir.
Vuelve el exilio a ser uno de los protagonistas de esta obra poblada de seres que tras duras experiencias vitales (Ito, una dictadura en algún país africano, Kimi, su novia actual, la vida en una reserva india) tratan de encontrar una luz que les haga salir de las tinieblas, donde permanecen ya sin remedio. El amor como vía. La vida tal como era como solución.
Edem Awuney realiza una escritura absorbente y magnética. A pesar de que esta novela, desde mi punto de vista, finiquita las razones de las vidas de algunos personajes de una manera un tanto precipitada, su protagonista dolorido se agita con fuerza delante de nosotros evocando su pasado y su presente que sigue, como el de los pies sucios vagando, y en el caso de Ito además sumergido en las cloacas de la vida. La irracionalidad de un poder único que convierte a la época en peligrosa y que teme tanto a los estudiantes que interpretan obras de teatro, como a los ancianos acusados de brujería y a los “hombres voladores”, testigos y carne de tantas injusticias, que acaban desapareciendo sin saber qué ocurrió. Bucear en la explicación de las cosas es lo que nos ofrece el togolés. De una manera altamente bella, evocadora y profunda.
-El ganso, travesuras de críos, jugábamos en charcas limosas. El mejor momento era la noche. Después de la cena nos reuníamos en el centro del patio de los abuelos en torno a una hoguera grande. Las llamas doraban el bálago de los tejados mientras el abuelo nos contaba cuentos. (pág. 152)

Ficha:

  • Título original:  Explication de la nuit (2013)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Colección África. Baile del Sol (2015)
  • Traductora: Iballa López Hernández
  • Nº páginas: 167
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martes, 8 de marzo de 2016

Reseña de STONER de John Williams en Libros Eris

Stoner…

… de John Williams.

La novela de John Williams, Stoner, cumple 50 años desde su edición en Estados Unidos y qué mejor manera de celebrarlo que publicando una edición especial.
Con más de 35.000 ejemplares vendidos en nuestro país y de 5.000 descargas de su edición digital, Baile del Sol se complace en contribuir a que los lectores españoles puedan continuar acercándose a la que la crítica ha calificado como “la novela perfecta”.
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ISBN 978-84-16320-99-8
Fecha de publicación 2015
Número de páginas 246
Traductor Antonio Díez
15,00 €

Sinopsis

El protagonista, William Stoner, crece en una granja en Missouri, sus padres le envían a la Universidad de Missouri para cursar estudios de agricultura. El estudio del soneto 73 de Shakespeare supone un punto de inflexión en su formación académica e influenciado por su profesor, Archer Sloane, Stoner abandona la agricultura por la literatura.
Después de recibir su doctorado durante la I Guerra Mundial, Stoner continúa en la Universidad como profesor ayudante de inglés. La novela sigue carrera de Stoner y sus entresijos laborales, su matrimonio, sus relaciones personales y, por encima de todo, su amor por la literatura.

El autor

John-Edward-Williams
John Williams
John Williams (1922-1994) nació y se crió en el noreste de Texas. Después de desempeñar varios empleos en periódicos y estaciones de radio, Williams se enroló en el ejército en 1942. Varios años después de la Segunda Guerra Mundial fue a la Universidad de Denver, donde obtuvo su licenciatura en 1949. Durante este periodo publicó su primera novela, Nothing But the Night (1948), y su primera colección de poemas, The Broken Landscape (1949). En otoño de 1950 Williams se trasladó a la Universidad de Missouri, donde ejerció como profesor y obtuvo el doctorado en 1954. La segunda novela en publicarse fue Butcher’s Crossing (1960). Su segundo libro de poemas, The Necessary Lie se publicó en 1965, año en el que se convirtió en editor de la revista literaria University of Denver Quarterly, hasta 1970. Ese mismo año apareció su tercera novela, Stoner (Baile del Sol, 2010 – 2011 – 2012 – 2015 (5ª edición). Su última obra publicada, Augustus, fue ganadora del National Book Award de ficción en 1973. Tras jubilarse de la Universidad de Denver en 1986, Williams se trasladó con su mujer a Fayetteville, Arkansas, hasta su muerte el 3 de marzo de 1994. Una quinta novela, The Sleep Of Reason, quedó inacabada en el momento de su fallecimiento.

Mis impresiones

Tenía muchas ganas de leer esta novela desde que leí Butcher’s Crossing (editada por Lumen) hace un par de años. Butcher’s Crossing fue todo un descubrimiento, una grandísima novela, una inmensa sorpresa porque nunca había oído hablar del autor. John Williams era alguien que me interesaba tener presente.
Había leído que muchas críticas literarias reconocidas la calificaban de obra maestra. Un calificativo que de tan repetido va perdiendo fuerza poco a poco. El New York Times decía lo siguiente: “Stoner de John Williams es algo más que una gran novela, es una novela perfecta, bien contada y muy bien escrita, de manera conmovedora, que quita el aliento.” Después de esto, solo restaba ponerse a leer. Las expectativas estaban situadas en lo más alto del universo literario.
Que nadie se vaya a creer que se trata de un libro profundo en el sentido de que está lleno de introspección, de explicación de sentimientos, de ahondamiento y abundancia de relatos sobre motivaciones o dudas trascendentales en párrafos llenos de hondura psicológica. Stoner no es nada de eso, todo está ahí pero su forma y su estilo es el de la sencillez, el gran talento y el genio se reconoce precisamente en estos rasgos, la fluidez y la sobriedad. Una simple respuesta o un simple movimiento de un personaje lo dice todo y lo expone de una manera tan categórica como sea necesario para el momento narrativo.
La vida del personaje discurre con plena dedicación al amor a su trabajo, la literatura, la enseñanza y también a las personas, porque amar la literatura supone también amar la vida y a la gente. Aquellos versos de Shakespeare marcarán el rumbo de su vida “amar bien aquello que debes abandonar pronto”. La voz del poema sale de un hombre en la última fase de su vida que aconseja al hombre joven, el grito de alguien desesperado que sabe lo que va a perder. Este soneto cumple una función narrativa que va más allá de lo anecdótico, es algo más que el motivo por el cual Stoner pierde interés por la agricultura y toda su vida anterior y abraza las letras.
La mayoría de los personajes de la novelas son instrumentos del destino que alejan o impiden que el profesor alcance sus objetivos en la vida.
Stoner tiene las características personajes de los agricultores de la época, es paciente, honrado y sufrido. No es alguien que se ampare en la esperanza de algo mejor. Hoy leí que la esperanza es una broma del destino que te impide ver la realidad. Esto se le puede aplicar a Stoner, él reconoce y acepta su realidad y actúa en consecuencia.
Una novela que cala muy hondo, que es capaz de sacudirte y no serás capaz de olvidar.
Tengo a Paul Auster en un pedestal, y este escritor americano ensalzó la novela de una forma rotunda, así le pido a John Williams que se aúpe al pedestal, puede que estén todos un poco apretados ahí arriba, pero ése es, sin duda su lugar.
Nacho GO

lunes, 7 de marzo de 2016

Reseña de LA MÁQUINA NATURAL, de Ignacio Fernández en El lamento de Portnoy

25/2/16


La máquina natural, de Ignacio Fernández

Recibo el libro y lo miro con escepticismo. No leo la contratapa, ni la mini-biografía del autor y paso a la primera página del texto previendo un bostezo. Eso ocurrió ayer. Ahora mismo lo acabo de terminar.
Leído de un tirón. Atrapado desde su primera página.
Entendámonos, en muchas ocasiones anhelamos lo ligero. No todo en la vida pueden o deben ser obras maestras.
Pero sigamos entendiéndonos: hay ligerezas plumbeas, incluso chuscas y hay ligerezas inteligentes e interesantes.
La máquina natural es de estas últimas.
Si algún día alguien escribe una reseña sobre esta novela seguramente la enlazará con La carretera, de McCarthy, con Fin, de Monteagudo e incluso con Intemperie, de Carrasco. He aquí la ligereza. Pero quizás no se atrevan a afirmar que la novela de Ignacio Fernández está mucho mejor escrita que las otras con las que, posiblemente, la enlazaran.
(Sí, lo he dicho: mejor escrita que la de McCarthy)
Porque una cosa es la temática y otra, muy distinta, el estilo.
Y, sí, La máquina natural es una especie de novela postapocalíptica, sí, habla sobre la condición humana, sobre nuestra reducción a lo primario cuando la sociedad se derrumba y, sí, tiene una visión pesimista sobre nuestro posible destino.
La perfección es destrucción”
La perfección, como grado superior, como techo evolutivo, supone la destrucción de la especie.

Lo que hace de esta novela un artefacto interesante (e inteligente) es que, a pesar de tener una voz omnisciente, no busca el juicio, sino simplemente plasmar los hechos que se suceden, aunque sea mediante una línea temporal truncada, ante los ojos de los personajes. Se inmiscuye, para eso es omnisciente, en los sentimientos de los personajes pero, sobre todo, construye a partir de la mirada de estos. No se pierde en meandros emocionales, aunque no por ello se convierta en un relato frío y distante, sino que nos transmite lo que los tres o cuatro personajes ven durante su periplo, consiguiendo una especie de relato cinematográfico con varios focos. Pero, a sabiendas que toda novelización de lo cinematográfico suele ser plana, Fernández redacta con un tono poético, lleno de elucubraciones e imágenes deslumbrantes.

Y eso es todo.
Una buena y amena novela muy bien escrita.

Viva la gran ligereza.

domingo, 6 de marzo de 2016

Reseña de EL NOMBRE DE LOS HOMBRES de Juan Cruz López en El Imperfeccionista

Imagen tomada por el propio autor Juan Cruz López
  
El nombre de los hombres. Juan Cruz López. Baile del sol. Tenerife. 2016.
Este es el hermoso título del poeta Juan Cruz para su primer poemario que se divide en tres secciones: Sed, Sombra y Semilla. La voluntad del poeta se desdobla en una voz de correlato que le sirve para anclar las ideas del poemario que desgranan la solidaridad, la esperanza en el hombre, el cansancio de asumir la misión encomendada no al hombre sino al poeta: dar voz a aquellos que no la tienen toda vez que esta sociedad estructura más obstáculos entre la voz y la boca, o si la tiene, se llena de adornos que nada vienen a decir en un discurso perlado de demasiadas palabras bonitas que no tienen significado o que poseen una ambivalencia de sentido, véanse los grandes medios de in-comunicación  que son los auténticos valedores de un poder que no aplica vendas a su miseria más íntima, a su más bella falacia entonada por ninfas que solo llenan pantallas.
gEsa es la función del poeta, la revelación de lo otro, ese es el mensaje que nos da la voz poética en este poemario de Juan Cruz; la poesía como elemento revelador, la poesía cuya única función es contar lo inefable, de ahí la magnífica cita de un poeta definitivo: Manuel Lombardo Duro, lo inefable, al final acaba diciéndose, que es como traducir a Wittgenstein, un Wittgenstein dulcificado, ese que habla de los confines del universo contenido en un único lenguaje mal diseñado, porque el lenguaje es un problema en la buena poesía, o te sobra o te falta, y el buen poeta debe hallar un  camino en el desfiladero que conduce al abismo o a una senda preestablecida que es la muerte del poeta y su idioma.
Juan Cruz debe cambiar el eje del lenguaje, que transita entre lo desconocido y se adentra en lo simbólico como el profeta zoroástrico Zaratustra, ese que subió y bajó con un mensaje nuevo, la muerte de Dios, la muerte de una religión muerta, en una especie de justificación de la falta de fe en un catolicismo con demasiadas contradicciones que ha inventados rígidos dogmas y ha olvidado su carácter cultural y revelador, la poesía es mensaje divino, se practica aquí y en toda buena poesía la enteogénesis,  desde la interpretación de un libro inagotable como la Biblia. La poesía de Cruz es desacralizadora, desmitifica las bases que asientan esta Europa que desconoce su origen pagano y mágico, el verbo, la carne hecha verbo, palabra y eso es ya poesía, como lo sabría muy bien un avisado Gil de Biedma enLas personas del verbo dando importancia al logos espermático de los griegos. Porque la poesía es palabra y fundación en imágenes de una nueva realidad, esa que no saben ver los demás.
Las tres citas que dan paso a las tres secciones del poemario están sacadas no en balde de la Biblia y más precisamente del bellísimo y aterrador Apocalipsis, un libro que ha dado lugar a una enorme cantidad de interpretaciones, del libro de Job, uno de los más conocidos de los libros sapienciales y del evangelio de Mateo. Así el libro de Juan Cruz.
Es significativo el uso de la semilla en el libro como aquel elemento que se da por definición ,engendra significados, vínculos  con las cosas y lazos afectivos con lo que nos rodea. Ese es el fulcro desde el que se inicia el discurso de Juan Cruz, un lenguaje que quiere desvestirse de los significados tradicionales, por lo tanto puede leerse desde diferentes puntos de vista, el más apasionante es el que renace desde la anfibología, desde la incertidumbre de un lenguaje y una sintaxis que juegan a ser algo más, traspasar los límites de la poesía misma y generar un punto cero de significación o miradas interesadas:
“Entonces recordé / las llamas / de la palmera ardiente.”
El poeta nos habla de la necesidad de buscar palabras nuevas toda vez que se enuncia una poesía que no se basta con un modelo tradicional y lastra el desarrollo conceptual  de su narración:
” para pasar la noche / y una tribu de palabras nuevas / […] / pude recuperar / al menos la lengua.”

No habrá solución para el hombre con un idioma viciado o abstruso, de ahí la necesidad de volver a nombrar las cosas. El lenguaje se engendra a sí mismo:
“Fue una semilla”.
Es, en definitiva, un poemario inteligente y sensitivo, rico en interpretaciones, una poesía que nace a contracorriente para sembrar conciencia crítica.
  Joaquín Fabrellas

sábado, 5 de marzo de 2016

Reseña de CIEN CENTAVOS de César Martín Ortiz en "con VE de libros"


Menos de un dólar


El mayor hito en la breve y discreta experiencia editorial de la Asociación Cultural Alcancía, de Plasencia, se produjo hará cosa de diez años, cuando el crítico literario Ricardo Senabre reseñó de uno de nuestros libros en el suplemento Cultural del diario El Mundo haciendo que en pocas semanas se nos agotase la tirada. El libro se titulaba Paso de contarlo, era el segundo que publicábamos y su autor era un profesor salmantino afincado en Jaraíz de la Vera llamado César Martín Ortiz al que, por cierto, jamás llegué a conocer. Supongo que el contacto lo llevaríamos a cabo entonces a través de María Jesús Manzanares, miembro de la asociación y compañera de instituto del escritor, y que a través de ella recibiríamos los relatos y enviaríamos luego las pruebas y los libros, pues verlo, no llegué a verlo nunca, ya que tampoco logramos, en realidad, que aceptase hacer ninguna presentación del libro. De César solo sabía que escribía mucho y estupendamente –como pude comprobar por Paso de contarlo, pero también por Un poco de orden Nuestro pequeño mundo– y que no tenía mayor interés en publicar ni en prodigarse, ingredientes que lo convertían en un ser casi mítico, en un escritor en estado puro. Después no volví a saber de él hasta que, hará algo más de cinco años, nos enteramos de que había muerto de forma prematura e inesperada, dejando, además, tras de sí un buen número de novelas y relatos inéditos. Ahora, al cabo de todo este tiempo, y gracias al empeño del incansable Chema Cumbreño, algunos de esos relatos han aparecido felizmente publicados en la editorial Baile del Sol en un libro más recomendable titulado Cien centavos.
cien centavosEn realidad, me cuesta trabajo hablar de Cien centavos como de un libro de relatos. Más bien parece una colección de apuntes del natural, de retratos de la vida cotidiana pasados por el filtro de la ficción por un individuo, César Martín Ortiz, dotado de la cada vez más rara costumbre de pensar y de una extraordinaria capacidad para contarlo. Los relatos o piezas narrativas de César son el resultado de una mirada lúcida que a menudo se posa en los aspectos aparentemente más nimios de la realidad y, a través de un sólido y pormenorizado análisis por escrito, los hace brillar, resplandecer, con una luz inesperada que nos deja boquiabiertos, entre otras cosas, porque su autor tenía, al escribir, esa fabulosa facultad que Walter Benjamin atribuía a los antiguos narradores orales de convertir cualquier anécdota en viaje o aventura y con la que consigue convertir su pequeño mundo en todo un universo narrativo.
He disfrutado muchísimo leyendo Cien centavos, tanto que al hojearlo para escribir esta reseña me han entrado unas ganas enormes de volverlo a leer, no sé si de principio a fin o salteado, de forma caprichosa. En cualquier caso, tengo la certeza de que lo disfrutaré aún más si repito, pues Cien centavoses uno de esos libros que resisten bien el segundo, el tercer asalto, todos los asaltos. Lo que me cuesta trabajo es destacar aquí, por encima de los demás, alguno cuentos. Puedo resaltar el sutil análisis sociológico de las dos entregas de “La jardinería en España”, o la disección casi antropológica que lleva a cabo en “Irrealidad y vida conyugal de la mujer rara” o la triste ternura de entregas como “El barco pirata de Lego” o “Cuento de un viejo”, pero sé que, al hacerlo, dejo injustamente un montón de títulos magníficos en el tintero. Lo que sí me encantaría, se lo aseguro, es recomendar los textos que sospecho que no están, pues, dada la prematura muerte de su autor, uno lee el título del libro, cuenta luego el número de textos que efectivamente lo integran y se pregunta si los dieciocho que faltan hasta cien se quedarían por escribir. De ser así, quizá entre ellos habrían estado las variantes femeninas de la interrumpida serie “Definición y letanía de los horteras”, quizá alguna entrega más de “La jardinería en España”, sin duda un buen puñado de magníficos, inteligentes divertimentos literario que, junto con el desaparecido cuaderno en octavo de Kafka o la sexta propuesta de Italo Calvino para este, nuestro tercer milenio, pasarán a formar parte, por méritos propios, de la biblioteca imaginaria de obras que, por aciagos avatares de la Literatura, nunca se llegarán a publicar.
Publicado: 2 de marzo de 2016