martes, 7 de febrero de 2012

Los lados del círculo también tienen esquinas


Amilcar Bettega es un autor de cuentos brasileño que, con Los lados del círculo, obtuvo en 2005 el Premio Portugal Telecom de Literatura, uno de los más prestigiosos de la literatura en lengua portuguesa.
Ninguno de los doce relatos que componen este volumen, ahora publicado por primera vez en nuestro país, deja indiferente al lector. Se trata de un permanente juego de forma y contenido que requiere una lectura implicada y participativa. Para apreciar la gama de posibilidades que regalan las historias de Bettega es preciso buscarles las vueltas, las esquinas del círculo.
Sus sorprendentes líneas de relato convierten cada narración en una aventura digna de ser explorada, que agita y desconcierta, que arrastra hasta el final del cuento una suerte de inquietud, de ansiedad, que nunca se ve defraudada.
Los personajes, muchos de ellos cotidianos y reconociblemente urbanos, son lanzados desde el centro de una espiral literaria hacia paisajes alejados de lo vulgar, impredecibles y lúdicos, aunque a veces esa forma de juego sea tan peligrosa como la vida misma.
Bettega no se da un respiro, tampoco lo tendrán quienes se acerquen a su literatura, una literatura agitada donde la pasión circular, periférica y envolvente, psicológica y estética, invade cada uno de los espacios narrativos.

lunes, 6 de febrero de 2012

Viaje a Londres (Julio 1874), de Vitalie Rimbaud




José Ángel Barruecos

Por fin se publica este libro, un proyecto en el que David González, en colaboración con varios artistas, ha estado trabajando desde hace años. Él mismo ha traducido el texto al castellano, junto a Dagmar Buchholz. Se trata del diario que Vitalie, una de las hermanas de Arthur Rimbaud, escribió a los 16 años (un año y medio después moriría a causa de la sinovitis), durante un viaje en el que ella y su madre fueron a visitar al poeta, que estaba atravesando un momento difícil, en busca de trabajo. Son anotaciones breves, que nos muestran a un Arthur al que Vitalie contempla con veneración, casi como de lejos, igual que si fuera un desconocido y a la vez alguien muy estimado por ellas.

Pero el proyecto de David no consistía sólo en la traducción y en la búsqueda de editor. También pidió a poetas, diseñadores, dibujantes, pintores, etc., que ilustraran algunas de las páginas del libro. Y eso para mí es muy gratificante. Primero porque David ha reunido a unos cuantos amigos (Gsús Bonilla, Miguel Ángel Martín, Tomás Crespo Rivera, Toño Benavides, Velpister, Ángel González González, Esteban Gutiérrez Gómez, Julia D. Velázquez, Pablo Gallo… y no menciono a los demás porque no los conozco, pero la lista es más amplia). Y segundo porque en este libro colaboraron mi madre y mi hermana con sendas ilustraciones. En estas páginas podemos ver el dibujo que hizo mi madre cuando, aprisionada ya por el cáncer y sin poder utilizar la mano derecha por culpa de los tumores y los ganglios inflamados del brazo, tuvo que emplear la izquierda para cumplir con David; porque sabía que David, además de poeta, es un amigo y un gran tipo. Alguien que, con ella, siempre había cumplido. Y ahora David le devuelve aquel sacrificio dedicándole el libro. Abajo, un fragmento del diario de Vitalie:      

He cosido.
¡Estamos tan desconcertadas como Arthur, igual de perplejas! ¡Empleos sí los hay! Si él hubiese querido, ya tendría uno, y nosotras nos hubiéramos ido. Si él hubiese querido, nos hubiéramos marchado hoy mismo. ¡Cuando pienso que podría sentir esa alegría en este momento! De todos modos, ¿podría encontrar un gran placer en irme después de haber sido testigo de la aflicción y de las súplicas de Arthur? Mamá ha dicho: ocho días más. Bueno. Estaba contenta y molesta a la vez: contenta por Arthur.


[Traducción de David González y Dagmar Buchholz]



domingo, 5 de febrero de 2012

Stoner en La Biblioteca Imaginaria


He aquí al escritor John Williams (1922-1994) que con pocas obras llegadas desde su singular santuario, continúa conquistando, merecidamente, laureles y parabienes. Hágase la luz una vez más.

Un detonante: sentir el hálito maligno de la Primera Guerra Mundial y lo que arrastra con ella. Otro detonante: perder a un amigo y compañero de la universidad por causa de esa guerra. Un tercer detonante: sentir que peligra la relación con su mujer y que esta, con artimañas propias de una relación aparentemente gastada, socava la relación de afecto y confianza que mantiene William Stoner con su hija. Y así, poco a poco, hasta que sentimos muy dentro la explosión final, una explosión abierta, de múltiples voces dentro de uno, de dudas que nos quedan sobrevolando como las que martirizan aStoner en ese medio tan sospechoso, tan fugaz, como es el mundo de la universidad y la férrea rapacidad que en su interior se mueve disfrazada de armonía y de buen tono. Eso, queramos o no, nos afecta ¿Por qué nos afecta? Pues porque Stoner, amante confeso de los libros, fiel al verdadero magisterio de la palabra, del saber conducir para llegar hasta el manantial y beber en la pureza y luego transmitirla, espigar la mejor semilla, el sentido de todo y de nada (de cuando en cuando orbita sobre sus recuerdos primeros la imagen de su amigo David Masters y lo que este pensaba de todo y de nada), se empeña en seguir aun cuando percibe enemigos muy sutiles como el jefe de departamento Lomax, las fatigosas garras de la burocracia, las estrategias del mundo docente (siempre al acecho) el qué y por qué defiende lo que defiende si al final... Al final no se sabe (y el fantasma de su amigo David Masters fustigándolo) pues lo recuerda cuando alguien se alista para la guerra y ya duda si regresará, la guerra, de nuevo la guerra, la Segunda Guerra Mundial. El vacío y la fragilidad que va minando, peldaño a peldaño, su razón y sus sentimientos hasta que ya no le es posible desentenderse del desastroso viaje que le aguarda. Pero antes de irse del todo sus alumnos donan a la Universidad de Missouri, en el departamento de inglés, un libro en honor de su querido colega Stoner. Como si pretendieran que el recuerdo de su querido profesor Stoner fuera un símbolo que lo continuara y eso mismo impidiera que se esfumara para siempre. ¿Y ha tardado tanto Stoner en llegar hasta nosotros? ¿Tanta ceguera durante tanto tiempo?

Stoner es una novela muy cabalmente elogiada por críticos y escritores de solvente y puntual buen hacer. No sentí que decayera en ningún momento ni su ritmo ni la poesía vital, y de cierto corte filosófico que protegía con habilidad ese ritmo. Y hasta podemos llegar a imaginar más de Stoner por lo que cuenta silenciando el narrador omnisciente, que por las mismas trampas en las que Stoner se ve prisionero desde que se alejó de su modesto hogar para labrarse una carrera en la universidad. Armoniosa, bien hilvanada en sus capítulos, dura sin menoscabar la piedad, sincera sin hacer que se nos resienta su amargura. Parafraseando al título de un conocido escritor barcelonés, Stoner no se acaba nunca. Entren en ella y vivirán en paz sin olvidar la guerra.

Ubaldo R. Olivero

  



Título: Stoner

Autor: John Williams

Traducción: Antonio Díez Fernández

Editorial: Ediciones Baile del Sol

Págs: 244

Precio: 15 €