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jueves, 4 de septiembre de 2014

Bailando con Ramón J. Soria: "Hoy mucha gente piensa que leer, cocinar y amar es un poco perder el tiempo, no saben que leer, cocinar y amar es la única forma que tenemos de ganarlo".

http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=649&Itemid=427&catid=116

 

 

Baile del Sol.- Los dientes del corazón es un libro de relatos en los que la cocina y la gastronomía son, junto con la pasión amorosa y vital, el nexo común, ¿de dónde viene tu interés por esta temática?

Ramón J. Soria.- Para mí son las fuentes de la vida y de lo mejor de nuestra civilización desde los griegos: comer, amar, sentir el tiempo. Hacerlo bien es hoy una cuestión de salud y de felicidad, no de moda. Hay miles de web de recetas, miles de libros de cocina pero hay muy, muy pocos, que utilicen la cocina para hablar de otras cosas importantes, el amor, la política, el futuro, la memoria. Me interesa la literatura en la que se habla de comida, en la que los personajes comen. Hay grandes novelas de cientos de páginas en la que los personajes no comen ni un mal puñado de almendras. Ahí detrás hay un escritor anoréxico o bulímico fijo.
Me gusta mucho cocinar y comer, me hace feliz al igual que leer o viajar, son las mejores formas de perder el tiempo que conozco.
BdS.- Sorprende además la amplia variedad de argumentos que aparecen en tus historias, desde la política hasta una enfermedad tan terrible como el Alzheimer.
 
RJS.- Claro, porque la cocina no es oasis ajeno al mundo. El tiempo de comer es, además, el mejor momento para conversar de lo divino y lo humano. Hasta los nutricionistas en la base de la nueva pirámide de los alimentos recomiendan eso, comer en compañía, nunca solos, como una práctica objetivamente saludable. El Alzheimer me interesa porque en muy pocos años va a convertirse en una verdadera epidemia. Mi próxima novela, como se apunta en alguno de los relatos de Los dientes del corazón va de un gran cocinero mediático y famoso al que le diagnostican esta enfermedad ¿cómo afrontar que lo vas a olvidar todo hasta convertirte en un cuerpo vacío? Me interesa mucho el tema de la memoria y la cocina porque los expertos en nutrición más optimistas pronostican que en una generación se habrá extinguido la dieta mediterránea en nuestro país. Habrá que luchar contra esto ¿no?
 
http://bailedelsol.org/index.php?option=com_content&view=article&id=615&itemid=426
BdS.- Cada relato esconde también una receta, pero esto no es un recetario de cocina, ¿con qué autores de la literatura gastronómica te sientes vinculado?
 
RJS.- Por supuesto, es obvio, estoy en deuda con Laura Esquivel, Manuel Vázquez Montalbán, Manuel Vicent, Josep Pla, Karen Blixen, Guo Yue, Bourdain, Dumas… todos tienen su homenaje más o menos disimulado en alguna receta. Hasta el Quijote esta lleno de receta y guisos, deduzco que el gran Don Miguel era de buen diente.
BdS- ¿Tienes algún relato favorito en este libro?
 
RJS.- Sin duda “Sopa de tierra” y “La España inhóspita”. Escribir es hacer ficción, fabular, inventar. Desde luego no es explicar con palabras más o menos acertadas y bellas lo que uno ha vivido y guarda en su memoria porque, salvo excepciones, la vida del escritor es infinitamente aburrida y sosa. Escribir lo que ha ocurrido sólo lo hacen los notarios y los forenses. Sin embargo muchas veces la realidad supera la ficción y la vida de algunas personas es una novela por escribir que, por desgracia para los lectores, nadie escribirá jamás. Pero en esos dos relatos, como algo excepcional, hay un 98% de verdad y memoria. No quería que se olvidase la historia de un hombre corriente que fue camillero en la batalla de Jarama, ni la de un tipo famoso como Luis G. Berlanga que me trató como a un rey sin conocerme de nada en un viaje hacia el sur.

BdS.- ¿Qué relación tiene la cocina con el erotismo?
 
RJS.- Toda, mi subjetiva experiencia amorosa, utilizando, por supuesto, la reducida muestra estadísticamente poco representativa de mi vida, es que a quien no le gusta comer bien, con glotonería y curiosidad, no le va a gustar amar bien, con similar curiosidad y hambre. Dime cómo comes y te diré cómo follas. Dejaremos a parte el tema de los míticos alimentos afrodisíacos, que no existen, pero es evidente que un guiso, cualquier guiso, cocinado con tino y buena mano y compartido con alguien que te gusta y al que le gusta comer va a ser muy afrodisíaco si no olvidas acompañar la comida con un buen vino y tiempo por delante.

BdS.- ¿Crees qué con la lectura de Los dientes del corazón se puede aprender a comer y a amar mejor?
 
Ese sería mi deseo. Como todas las artesanías, en los libros se aprende la teoría pero es en la práctica, junto al fuego y los cuerpos, donde se aprende de verdad a comer y a amar.
Hoy mucha gente piensa que leer, cocinar y amar es un poco perder el tiempo, no saben que leer, cocinar y amar es la única forma que tenemos de ganarlo.
 
 

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viernes, 8 de agosto de 2014

LOS DIENTES DEL CORAZÓN

Imagen: Diviniti.es
A Ramón J. Breña le ha salido un libro redondo como una cazuela de barro. Es en su conjunto un guisolibro apetecible, sabroso, bien condimentado. Con pocos ingredientes (recuerdos, homenajes a lugares y personas, anécdotas) va conformando un mundo comestible en el que los personajes dan vueltas alrededor de un plato. Tienen hambre de casi todo. Aman con glotonería, cocinan como brujos- conjurando cosas-, comen a dos carrillos y beben con tanta sed atrasada que se diría que el mundo empieza en esa página.
Es este un libro para gente que le echa al guiso un puñao de tierra. Cazadores o cazados, gente que se deja desplumar, destripar y macerar bajo las sábanas, para los que  abren  la boca con tanta ansia que te derriten como manteca asada. Es para los  brutotes  ardientes que se pasan con el pimentón, para los que tiemblan de placer en los mercados, los que se arrastran como perros en el suelo para oler un hongo, una criadilla. Gente sin remilgos, salvajes de estómago, primitiva, lectora de  http://gastropitecus-gloton.blogspot.com.es/.
A mí me gustan estas lecturas de, sobre, hacia, para la gastronomía. No hay cocina sin comunicación. No hay cocina sin que nadie la nombre, la explique, la recree, la invente, la transmita.  Una amiga me preguntaba hace poco por el auge de los blogs. Pues eso, porque alguien la tiene que contar. Antes, al amor de la lumbre, ahora, a través de la red. Qué más da! Lo que no se comparte, no se guisa. Es como amar en solitario: consuela, apacigua, pero no llena.
A Ramón J. Breña le ha salido un libro libidinoso. Hay pringue de aceite y de sudor por todo el libro. Cuenta con detalles de recetario cada platazo de sábana y mantel. Pero, gracias a Dios, no es un recetario. Porque éstos son libros prácticos, a veces entrañables, de saga familiar, o de cocina monacal, pero llenito de instrucciones- odio que me den órdenes- y de medidas- odio medir las cosas. El libro de Ramón es una conversación en la que él me cuenta y yo le leo las vivencias de pescador-cazador-amante. Cocinero siempre para sentirse vivo y atado a algo que él entiende por vida en mayúscula.
También es Ramón un sociólogo y un amante de la antropología. ¡Qué le vamos a hacer! Hay gente rarita que lee a Harris y después es capaz de ponerse a hacer migas de chocolate, sopa de tierra, lomo de jabalí, cazuela de acelgas, una versión extremeña del garum o un cochinillo muy chino. Es un tío muy leído y algo viajado- parece-, lo que aún  le da más encanto. Tiene el pelo encrescapo y es de La Vera, donde reposa la sombra de Yuste y su melancólico emperador. Le pone pasión a la escritura, arrebato. Por eso Los Dientes del Corazónson relatos cortos, apenas un fogonazo, un salteado rápido de cuatro elementos que no cansen y sean sabrosos. De vez en cuando recomienda cosas, pero no vinos:
Si alguna vez, amigo, tienes la suerte de amar y ser amado por una cocinera o cocinero, no dejes que se vaya. Te aseguro que en sus manos tiene la cultura de lo  que de verdad somos los humanos, la civilización entera concentrada. Tal vez engordes en su compañía, pero qué importa. Serás feliz como solo lo son los hombres que saben comer y amar siempre con buen apetito”
Oído Cocina!

viernes, 4 de julio de 2014

Los dientes del corazón, un libro de Baile del Sol que recoge las recetas más sabrosas de la gastronomía y el amor

m159Baile del Sol ha publicado recientemente la recopilación de relatos de Ramón J. Soria Breña, también conocido entre los blogueros como Gastropitecus Glotón, Los dientes del corazón, en la que este antropólogo experto en cocina nos regala una magnífica degustación de sus mejores recetas noveladas, un recorrido exquisito por la gastronomía, el amor, el sexo y la vida.
Con prólogos del periodista experto en gastronomía, Miquel Sen, y del reconocido Chef Abraham García, el libro de Ramón J. Soria Breña enlaza con los textos clásicos de la literatura gastronómica de autores como Balzac o Maupassant renovándola sin perder ese transgresor aroma que conecta la buena cocina con otros placeres carnales, pero también con emociones muy profundas que dejan en la boca del lector sabores poco comunes y muy sugerentes.
Nos encontramos ante un autor amante de la cocina y de la vida, pero también de las palabras, de su sutileza y su cadencia. Soria Breña sabe transmitir como pocos la importancia de los alimentos como detonantes de la memoria, de la evocación, del universal efecto de un sabor que es capaz de trasladarnos a otros tiempos gracias al ya consabido viaje a bordo de la magdalena de Proust.
Estos relatos que recrean recetas, amores, miedos, recuerdos y olvidos, nos descubren a un autor delicado y meticuloso que adereza cada historia con los ingredientes oportunos, sin excesos y con toda la elegancia de la buena literatura. Los dientes del corazón es un libro para tener a mano tanto en la cocina como en la cama.

ramonsoriawebSobre el autor: Jarandilla de la Vera (1965) Escritor. Bloguero. Antropólogo. Durante treinta años ha investigado como consultor los hábitos alimenticios en la sociedades de consumo. Apasionado de la selva Amazónica y de la pesca a mosca, es colaborador habitual de la prensa de naturaleza. En su juventud anduvo por Brasil estudiando “la caza de la ayahuasca” y “los sistemas de censo para felinos: el caso del Jaguarundí o Gato Nutria". De regreso a Madrid con una amplia experiencia en supervivencia en la selva y costumbres alimenticias no muy recomendables -algún día quizá cuente como se prepara una brocheta de cucarachas o un guisado de mono con frijoles- tuvo que trabajar de cocinero en una churrasquería, monitor de cursos de supervivencia para ejecutivos agresivos y profesor de pesca a mosca.  Ha escrito las novelas de aventuras, ambientadas en la guerra civil: “Los Últimos hijos del lince” y “Cartas de amor que nunca escribiste” y las historias gastronómicas “el Barco Caníbal” y “Por Rutas Cerderistas”.
En la infinita oferta de la moda de los blogs de gastronomía, lanzó la propuesta minimalista y novedosa de un blog de “recetas noveladas” titulado “Gastropitecus Glotón”. Baile del Sol recupera las mejores de estas recetas LOS DIENTES DEL CORAZÓN (Tenerife, 2014), guisos adecuados para engordar la imaginación.

martes, 10 de junio de 2014

Ramón J. Soria Breña : “Nuestra cultura gastronómica es un tesoro que debe estar vivo en cada casa y no en los libros de recetas o en los restaurantes de postín”

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Por Alonso Barán
Hola lectores de Entretanto Magazine. Hoy tengo el gusto de poder entrevistar a Ramón J. Soria, un gran escritor y mejor persona. Colabora con Entretanto Magazine desde sus inicios, así que es toda una autoridad en esta revista cultural y ya es hora de que le conozcamos un poco su persona y no sólo desde la óptica de redactor y crítico gastronómico a la que nos tiene acostumbrados.

Hola, Ramón. Es un placer hablar contigo.
Hola, Alonso. Es placer es mío.

¿Por qué decidiste ser escritor?
Es algo que no se decide, Pero más que escritor soy sobre todo lector. De todas formas creo que todos somos escritores, todos llevamos en la vida muchas novelas vividas, a veces aburridísimas, unas pocas interesantes, varias imaginadas. Algunos inconscientes nos ponemos a traducir a palabras esas historias, siempre para no olvidarlas.

Paraísos glotones es una sección de ET en la que colaboras. Háblanos de cómo surgió esta idea y qué objetivos consideras que has cumplido tras su escritura.
Estábamos hartos de los críticos gastronómicos tipo gurú u obispo preconciliar o cazador de tendencias o pijo obeso chulito al que le gusta comer raro. Los críticos eruditos y con fundamento son muy escasos, casi todos ya están muertos: Domingo, Luján, Montalbán… Quedan unos pocos muy brillantes y libres, yo admiro por ejemplo a Miquel Sen, que aúna experiencia con erudición, claridad con un sentido crítico insobornable. Pero faltaba una crítica más íntima y subjetiva, basada en una experiencia glotona que pudiera ser novelada con libertad. “Paraísos glotones” va de eso, de analizar los mejores restaurantes del mundo que son además raros, desconocidos, algunos extintos, pero desde los ojos de un glotón curioso e irreverente, no de un gourmet. El reto era demostrar que el objetivo de un restaurante es darnos guisos bien cocinados, realizados con alimentos de calidad con los que el glotón se entusiasme, sea feliz por un rato y desee repetir el guiso. Si un plato no te incita y te seduce como para desear otra ración es que no vale nada.

Tu libro Los dientes del corazón, ¿por qué decidiste escribirlo?
Hay miles de blogs de cocina, miles de libros de recetas, cualquier famoso que se precie debe escribir un libro de guisotes aunque no sepa hacer ni un huevo frito. Por otra parte, como sociólogo investigador y experto en el sector de la alimentación y bebidas, los datos son demoledores, cada día los españoles comemos peor, la obesidad y el sobrepeso son una epidemia médica, se hace cada vez menos “cocina de diario”, Arguiñano sigue luchando por evitarlo, pero va perdiendo esa batalla. Parece todo lo contario con la moda de los cocineros en la TV, pero las estadísticas del Instituto Nacional de Consumo son muy claras, de ellas se puede deducir que la “dieta mediterránea” está en peligro de extinción, la cocina tradicional es pura arqueología y cada vez hay menos españoles y españolas que sepan cocinar y cocinen cada día, con gusto, por necesidad, salud y placer. La excusa fundamental, a parte de la pérdida de la cultura gastronómica familiar, es la falta de tiempo, el considerar la cocina como innecesaria o no imprescindible, poco más o menos que un entretenimiento, un hobby. Están de moda los grandes cocineros españoles, los guisos innovadores, la cocina étnica, los productos gourmet y todo eso está muy bien siempre que no se pierda lo más valioso, que es la cultura culinaria de cada pueblo, de cada familia. Ahora hay una iniciativa legislativa para introducir la cultura gastronómica como asignatura en la educación obligatoria, sólo espero que ya no sea demasiado tarde. Otros países han perdido totalmente esas culturas alimentarias en una o dos generaciones y nosotros vamos hoy por el mismo camino.
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En parte la intención de esta colección de recetas noveladas es esa, explicar que cocinar “nos hizo humanos” y que nuestra cultura gastronómica es un tesoro que debe estar vivo en cada casa y no en los libros de recetas o en los restaurantes de postín. Cocinar, preocuparnos por lo que comemos y comen los nuestros es muy importante, primero porque de ello depende nuestra salud, pero también porque cocinar y comer es una de las actividades más creativas, reconfortantes, terapéuticas y filosóficas que conozco. Cocinar no es una actividad que nos robe tiempo, al contrario, nos regala un tiempo de disfrute cuyo resultado hace feliz a quien come lo que nosotros guisamos. Al menos por unos minutos, y eso ya es mucho.
Mis recetas noveladas proponen algunos guisos que cualquiera puede repetir, pero también cuenta lo que de invisible hay siempre en esa experiencia, lo que sueña o vive el cocinero, cualquiera que cocine, lo que tiene de aventura, de placer, de vivencia memorable. Cocinar es siempre un viaje hacia lugares que inventaron otros, pero cuando llegamos a ellos, descubrimos que esa invención es también nuestra.

Me gustaría que los lectores escribieran sus propias recetas noveladas, sería una forma preciosa de recuperar nuestra cultura gastronómica perdida.

Resulta obvio que tienes un buen paladar. ¿Qué es lo que más te gusta comer?
Como de todo y me gusta comer de todo, no tengo ningún prejuicio, ninguna filia o fobia especial. Por mi formación como antropólogo sé que los alimentos “buenos para comer” son el producto de un larguísimo destilado de sabiduría tanto en la elección de la materia prima como en su preparación culinaria. Así que si un pueblo come algo con una determinada preparación, aun los alimentos en apariencia más raros, extraños o repugnantes, es porque son nutritivos, no son tóxicos y están ricos. A veces nuestro paladar lo rechaza, claro, no lo entendemos, pero en general comer guisos de otras culturas suele sorprendernos por lo contrario, porque nos gusta, aunque jamás lo hayamos comido antes.
Pero también, como antropólogo sé que no puedo escapar de mi memoria gustativa, lo que más nos gusta comer es lo que nos formó el paladar como glotones, los guisos de nuestra infancia. Así que me gusta mucho la cocina tradicional que me toca la memoria, las legumbres, las fritangas, perdón, las frituras, las frutas maduras de temporada.  Por eso es tan importante que los niños de hoy  no pierdan los sabores cotidianos de la dieta mediterránea, porque si no la experimentan, los sabores añorados de su memoria serán los snacks, los choripanes, los precocinados cargados de saborizantes, los dulces hiperedulcorados y cargados de química, añorarán de adultos todo eso y no el sabor de un tomate en sazón, un melocotón maduro, un pedazo de pan recién salido de la tahona, unos salmonetes fritos o un pilpil de momia, perdón, de bacalao en salazón.
Me gustan sobre todo los guisos cocinados con alimentos de temporada, cercanos, baratos, que ya comían mi abuela, mi bisabuela y mi tatarabuela, aunque ahora utilice técnicas y tecnologías de mi siglo XXI para prepararlos y hacerlos apetitosos.

¿Qué opinión tienes sobre la comida rápida?
La comida rápida no es sana o, mejor dicho, comer rápido no es sano, eso dice la nueva pirámide de los alimentos elaborada por los médicos expertos en nutrición europeos. No sólo importa comer alimentos de calidad sino hacerlo despacio, sobre la mesa del comedor, con la televisión apagada y teniendo una conversación agradable con quienes nos acompañan. La industria de la comida rápida es potentísima y con unas estrategias de propaganda muy efectivas y muy estudiadas, pero su uso cotidiano implica delegar nuestra responsabilidad como ciudadanos autónomos, soberanos de su alimentación, en unas corporaciones cuyo objetivo es tener millones de dólares de beneficios, no que tengamos una dieta saludable. Cada cual es libre de alimentarse como guste y de morir como le apetezca, pero la comida rápida es una costumbre propia de un estilo de vida muy poco saludable. No hace falta hacer ciencia ficción con esta idea, basta ver los datos estadísticos atroces de obesidad, sobrepeso y graves enfermedades producidas por esa dieta en los Estados Unidos.

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Has ganado varios premios como escritor. ¿Cuál es el que te hizo más ilusión y por qué?
Premios pocos, pero me hizo mucha ilusión el de recetas noveladas convocado por la revista Gastronomía Alternativa cuyo cuento está en este último libro y se titula “sopa de tierra”, primero porque el jurado estaba lleno de exigentes gastrónomos y segundo porque el premio era en especie, en este caso muchas botellas de excelentes vinos y cavas de las mejores marcas. También me hizo mucha ilusión otro convocado por la Cofradía del queso de Cantabría, el premio, además del monetario, espléndido, constaba de una gran cesta con una selección de quesos cántabros cuya lenta degustación me hizo muy feliz. En cuanto salga un concurso cuyo regalo sea un Jamón Ibérico Puro de Bellota me presentaré con todas las armas.

¿Tienes algún proyecto literario en mente?
Siempre. Muchos. Te hablo de los que tienen que ver con los pucheros. Estoy terminando una novela de aventuras que es la historia de amistad entre una jovencísima cocinera marginal y borroka y un gran y famoso cocinero retirado debido al alzheimer. Siguiendo con la cocina, preparo junto a mi amigo Luis Felipe Torrente Sánchez-Guisande un libro de viajes que se titulará: “Por Rutas Cerderistas o Cerdícolas” en el marcaremos los caminos invisibles y heterodoxos de los amantes del cerdo en España. Este país es muy cerdófilo, sin embargo las formas y ritos de consumo de su carne, las preparaciones culinarias y el significado cultural de ese canibalismo es muy distinto de una zonas a otras hasta el punto de que, por ejemplo, bajo la denominación de “morcilla” está tanto una morcilla fabricada con sangre y arroz como otra cuyos ingredientes son calabaza, pimentón y tocino, nada que ver una con otra. Así, en lugar de El Camino de Santiago o La Ruta de la Plata o una ruta Verde, la gente podrá hacer una Ruta Cerderista y sorprenderse hasta qué punto el cerdo une a los pueblos y alimenta los mitos de las patrias, sobre todo de las chicas…

¿Te ves más con un gorro de Chef o con una pluma de escritor?
Desde que me emancipé de mi familia con veinte años he cocinado todos los días de forma habitual, siempre he sido “amo de casa” y también por esas fechas comencé a escribir ficción, siento que ambos trabajos son muy similares. Otra cosa es ser cocinero profesional, esa ya es otra historia, ese trabajo es de los más duros, precarios, arriesgados, inciertos y peligrosos que hay, además de ser uno de los trabajos más difíciles. Yo admiro muchísimo a los cocineros profesionales, anónimos o famosos, en especial a uno que además de gran cocinero, de esos que pasarán a los libros de historia, es un estupendo escritor, me refiero a Abraham García, su cocina toca nuestra memoria, aunque juegue con alimentos exóticos y preparaciones modernas. Lo que hace Abraham es muy, muy difícil, porque inventar sin referencias culturales un guiso es muy fácil, es el arte por el arte, pero tocar el cielo sin dejar de estar en la tierra y en la memoria es muy complicado. Abraham hace ese tipo de cocina que no sólo está rica y es sorprendente, sino que te apetece repetir el plato al momento y volver otra vez.

Sé que te gusta la pesca. Yo nunca he entendido este deporte. ¿Qué es lo que te aporta a ti y por qué te gusta tanto?
Practico la pesca a mosca sin muerte en ríos salvajes y con peces salvajes, en lugares bellísimos, poco conocidos.  Se trata además de una pesca muy activa, para la que hay que estar muy en forma porque no paras de caminar, saltar, vadear ríos rápidos, torrentes de montaña en los que si no andas listo te juegas el tipo. Lo considero un deporte de riesgo, nada que ver con el tópico del pescador sedentario dormitando en una silla bajo una sombrilla. Pero explicar que significa pescar así es muy largo de contar. Hace algunos años comencé un blog en el que intento explicar despacio todo eso:
http://mihijoelpescador.blogspot.com.es/

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Recomienda algún restaurante a los lectores de Entretanto Magazine.
Ahí si me pillas. Todos los que aparecen en Entretanto Magazine son muy, muy recomendables, pero ya que admiro mucho a Abraham García recomendaría el Viridiana. Ve a comer a su casa en compañía de quién ames y te aseguro que esa noche triunfas. No digo más.