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sábado, 22 de febrero de 2014

Quien mire hacia abajo, pierde, de Sara Herrera Peralta

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Published on February 18th, 2014 | by Mariano Cruz
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El gran escritor inglés de libros de viajes Bruce Chatwin acarició toda su vida el proyecto de escribir un libro sobre los nómadas. Su temprana muerte truncó este plan, quedando tan sólo para los lectores el conjunto de citas y notas sueltas que incluyó como un capítulo más de su libro Las líneas de la canción. Chatwin pretendía con sus investigaciones demostrar una tesis simple pero provocadora: la poesía es un invento de los nómadas. Buceando en la obra Rimbaud y en la etnografía descubrió que el verso medido tiene mucho que ver con la medición del territorio; que los primeros mapas y rutas no fueron sino versos memorizados para no perderse en el espacio. La poesía es un trayecto y, a la vez, un mapa.
El último libro de poesía de Sara Herrera Peralta (Jerez de la Frontera, 1980), Quien mire hacia abajo, pierde, es precisamente eso, un trayecto, un recorrido a bordo de los trenes que atraviesan la capital parisina. Su libro está poblado por esa multitud de seres humanos que diariamente se desplaza desde el extrarradio en un viaje de ida y vuelta hacia las fábricas y almacenes de las afueras o las oficinas y comercios del centro urbano. Son ellos los que se mueven por necesidad, pero desearían estarse quietos, los verdaderos nómadas, por tanto. Este libro reflexiona sobre nuestra existencia y contiene cierta sabiduría y cierta altura de pensamiento. Contiene también una cierta voz, que ya ha sido justamente ponderada por la crítica, pero no por obvio vamos a dejar de repetirlo: Sara Herrera Peralta es una de las voces imprescindibles de su generación. En su poesía brilla la sinceridad y una música profunda y medida. Una cierta melancolía y amargura, una cierta falta de esperanza: ¿Qué grito de esperanza/es capaz de soportar/el dolor de la pérdida? Una lírica de las turbias aguas de la condición contemporánea. Las estaciones y los trenes que escalan este poemario están repletas de lenguas arrinconadas, de niños con un destino escrito desde la cuna a la tumba, solitarios a los que los tibios vagones ofrecen lo más parecido a un hogar que pueden tener. Estamos ante un trayecto con destino desconocido o tal vez indiferente: Melun no es una ciudad/ni es un pueblo./El destino nadie lo conoce.  Un paisaje monótono visto a través del cristal cuya historia es conocida y poco envidiable.
A pesar de su juventud, Sara Herrera Peralta tiene ya una larga trayectoria poética con ocho libros publicados. También ha sido incluída en otras tantas antologías y ha ganado varios premios de poesía. Las formas que contiene Quien mire hacia abajo, pierde han sido ensayadas por la autora en libros anteriores, como Ida y vuelta, pero aquí su lírica se hace más íntima y su palabra más exacta. Combina momentos sentenciosos con pasajes descriptivos, nivelados por una música más elaborada y a la vez más sobria. El protagonismo lo adquieren definitivamente los más desfavorecidos, toda la escala de trabajadores inmigrantes de la europa rica, esa legión de extraños en tierra extraña con la que llega a identificarse el yo poético: a todos nos consideran extranjeros/ extraños, ajenos, intrusos. Es un libro que no olvida a los olvidados y que nos presenta sus vidas anodinas como una experiencia directa. Un libro que adopta sus lenguas como un abrazo en la derrota.
A pesar del escepticismo, de la previsible falta de salidas, existe un tono luminoso en este poemario. Una melodía que celebra el hecho de estar vivo a pesar de las aristas amargas de la existencia. Los trenes deQuien mire hacia abajo, pierde parten y regresan cargados con el aburriemiento de sus pasajeros, pero también con sus sueños y deseos, con la mirada de los niños en la que parece anidar el único atisbo de redención. Este poemario es de los otros, los que atesoran la infinita paciencia de los perdedores, por decirlo parafraseando uno de sus versos. Y esa es una de sus grandes virtudes, una mirada cosmopolita a lo que está más allá de uno mismo, tanto en el espacio como en la conciencia. Una lección anti-ego, un baño de humildad y humanidad. La poesía como esa línea de la canción destinada a fijar en la retina lo que el poeta ha visto a lo largo del camino.

Sara Herrera Peralta, Quien mire hacia abajo, pierde, Baile del sol, Tenerife, 2013, 52 páginas, 10 €

miércoles, 5 de febrero de 2014

Quien mire hacia abajo, pierde


A lo largo de ocho poemarios escritos en los últimos ocho años (su prolífica autora lo es a razón de libro por año), Sara Herrera Peralta ha confirmado una voz personal dentro del panorama poético joven en España.
Su nuevo trabajo, Quien mire hacia abajo, pierde, editado por Baile del Sol, es el recorrido de la línea más larga del metro de París, desde Orry-la-Ville-Colle hasta Melun, un trayecto diario de ida y vuelta, de casa al trabajo y del trabajo a casa hecho por su autora durante meses. Es en este no tiempo-no espacio donde todo sucede, puede suceder o debería hacerlo. Porque si no, corremos peligro de inexistencia, desesperanza, tristeza, locura.
La reflexión hecha poesía da lugar a este libro.
Cada poema una parada. Un nombre de estación, un poema. Algo que avanza o quiere avanzar y confía, algo de suerte, historias tan mínimas, a veces solo sensaciones efímeras como si el aire tuviera aún /un halo de certeza.
Con un lenguaje sencillo y cercano, la apuesta en sus finales, se envuelve de palabras para decir algo que puede ser importante, señala en una parada cualquiera: no le tengo miedo al cáncer /ni miedo a quedarme calva.
Y habla de las otras creencias, las que llegan tras la edad de la inocencia, en las que Sara, el personaje de este libro, se desengaña:
Pero cierto día París no será
la ciudad de las postales,
ni yo la última
que crea que esa ciudad no existe.

Comienza el libro con deseos explícitos, casi precarios: Me iré a vivir al campo /a ordeñar las vacas, porque lo que viene a continuación es un inventario de problemas y carencias, incluida la alternativa que somos capaces de desear. Le hace a una pensar que hasta los propios deseos son los deseados por otros, al igual que nos moldean la forma de pensar convenientemente.

Y termina, como no podría ser de otra manera, tras un viaje sin horizontes, con una petición, que retrata una idea, una abertura por la que todos deberíamos asomarnos a mirar, no importa cuándo, cuando se pueda, tal vez en esos momentos perdidos de un viaje en tren:

Se aceptan propuestas
para una vida más lenta y más brillante.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Bailando con Sara Herrera Peralta: "Quisiera escribir una poesía cercana, que hable desde la sencillez del lenguaje"



Baile del Sol.- ¿Cómo surge este recorrido poético por las líneas ferroviarias parisinas?

Sara Herrera Peralta.- Quien mire hacia abajo pierde recupera la estructura que ya utilicé en uno de mis libros anteriores, De ida y vuelta, con una pequeña diferencia: los poemas en lugar de llevar por título el nombre de las paradas de metro de una de las líneas de París, llevan el de las paradas de una de las líneas de RER, que equivale a nuestro tren de cercanías.

Me obsesiona el mundo que se crea dentro del propio mundo de las capitales, el de los habitantes que (sobre)viven en los vagones durante horas diarias para ir a trabajar a oficinas o fábricas de los grandes núcleos de negocios o del extrarradio. Me obsesiona ese mundo y la vida de esos habitantes, a menudo dejándose llevar por la inercia, el estrés y el ritmo vertiginoso en el que con frecuencia dejamos pasar los días.

BdS.- ¿París es cualquier lugar?

SHP.- París me parece la ciudad más bella del mundo, pero París puede ser tan traicionera como cualquier otra capital. París no es una ciudad amable para llegar, instalarse e iniciar una nueva vida. Hacerse un hueco en ella siendo extranjero supone sacrificar algunas cosas. Pero yo llegué a París persiguiendo un sueño y luego París me regaló muchas otras cosas, así que no soy objetiva, a pesar de todo eso, París no podrá ser nunca cualquier lugar.

BdS.- La rutina, la gente, el día a día, el transporte público ¿espacios para la trascendencia?

SHP.- Por supuesto. La realidad siempre me ha parecido materia poética.




BdS.- El amor, el miedo, la vida, los sueños, la maternidad ¿viajan en los trenes de cercanías?

SHP.- Forman parte de esa realidad y yo en este último tiempo he sentido necesidad de hablar del miedo, de la enfermedad, de la maternidad y de otros temas que tienen un vínculo inevitable con mi forma y mi ritmo de vida, con el mundo que tal vez yo no elegiría si no fuera porque tengo que pagar un alquiler a final de mes y porque me apasiona viajar, porque quiero poder permitirme elegir determinadas cosas que no podría elegir probablemente si no existieran todos esos vagones.

BdS.- ¿Cuál dirías que es tu lenguaje poético?

SHP.- Quisiera escribir una poesía cercana, que hable desde la sencillez del lenguaje, busco esa naturalidad.

 BdS.- ¿Quien mire hacia abajo pierde?

SHP. -Eso es lo que nos quieren hacer creer. Dijo Ángel González que hay que ser muy valiente para vivir con miedo. Esa es, desde hace un tiempo, una máxima impuesta para vivir, sabiendo que, aunque soy una persona tremendamente afortunada, en estos últimos años he tenido que buscar un espacio en el que reflexionar y reconciliarme con el dolor por la pérdida, la enfermedad o el fracaso laboral o personal.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Sara Herrera Peralta: “Quien mire hacia abajo, pierde”

Baile del Sol, 2013. 52 páginas

22 octubre, 2013 por
 
Autora de una serie de poemarios muy unitarios, que suelen tener la denuncia de la alienación como uno de sus ejes, Sara Herrera Peralta se caracteriza por un tono pulido y contenido, que no ha estado exento de distintos procedimientos e investigaciones formales.
En este Quien mire hacia abajo, pierde, su octavo poemario editado, se agrupan una treintena de poemas. Cada uno de ellos se titula como una estación de metro de París. Como ya hiciera en De ida y vuelta, su segundo libro, Herrera Peralta emplea el transporte suburbano como escenario para su poesía. Sin embargo, en estos textos no suele entablarse, salvo algunas excepciones, relación entre dichas estaciones y el contenido de las composiciones. No existe, por tanto, localismo. Aunque constan referencias a París, estas son fácilmente asumibles como metonimias.

shpEn este volumen, ahonda Herrera Peralta en un registro más existencial, que parte de un cuestionamiento de las condiciones actuales de los trabajadores. Despliega una serie de reflexiones acerca de la vida, de lo que nos constituye como seres humanos, como individuos, como sociedad. La cotidianeidad urbana constituye el marco y el punto de partida de todo ello. La autora presenta un apego a lo concreto porque es desde ahí donde se genera la reflexión y lo que la condiciona. Sin embargo, no existe un afán costumbrista, ni prima tampoco un registro descriptivo. La poeta encuentra un espacio donde transcurre la vida de las personas; y es que la vida constituye, en verdad, el centro de toda su obra. Aun así, aparecen esbozadas historias, de las que la escritora recoge retazos que, en conjunto, construyen un apunte de mosaico de la realidad de los trabajadores urbanos. Al respecto, destaca la presencia de mujeres como personajes, casi todas las veces como sujeto en relación (madre, hermana, hija). En cualquier caso, alterna algunas piezas con referentes reconocibles, específicos, con otros que emplean un registro más abstracto, más filosófico. De ahí que encadene paradojas y preguntas retóricas en los textos.
Quien mire hacia abajo, pierde posee una dicción clara, más cercana a Shock y a Provocatio que a Hay una araña en mi clavícula. Herrera Peralta explora el concepto y el sentimiento de extranjería, de otredad; la soledad debida a la incomunicación y también la necesidad de establecer contacto. La ciudad capitalista es una barrera para ello, según se muestra en el libro. La alienación, la rutina, la planificación y la fatiga provocada por el trabajo se manifiestan como obstáculos en los intentos de mantener relaciones humanas saludables.
Al respecto, aborda la condición laboral de los inmigrantes (el «yo poético» es uno más), su explotación. Entabla una solidaridad sincera con ellos, y pone de manifiesto cómo les afectan los mismos problemas. Herrera Peralta conoce bien el origen de ese hastío, y lo vincula con facilidad: la explotación laboral, el tiempo invertido en el transporte, los nulos estímulos para el desarrollo personal que se ofrecen en esta sociedad y que remarcan una estructura de dominación. Sin embargo, la autora sabe manejarse con sutileza en ese terreno.
El pragmatismo debe vencer a la filosofía, a la contemplación, a la duda, a la curiosidad. El ritmo trepidante del horario somete toda inquietud. Alude, en definitiva, al tiempo vacío, que ejerce de limbo en nuestra existencia, que no parece ser recuperado para la vida.

shpcubEntonces, los sueños, la necesidad de imaginar una salida, una existencia plena, aparece como algo irremediable. Hay esperanza en que las cosas cambien: «Pero cierto día París no será / la ciudad de las postales». El «yo» no se deja vencer por el desaliento, no claudica el impulso vitalista. Aun así, expresa la necesidad de abandonar esta rutina. Y es que se constata una continua oposición entre la vida digna y placentera, donde el individuo puede realizarse, y la vida frustrante, triste y aburrida de la sociedad contemporánea. Esta última aparece retratada mediante escenas simbólicas de la gran ciudad (máxima expresión de la industrialización) y de las relaciones laborales capitalistas. Pero existen esos espacios donde relacionarse y vivir de otra manera, no muy lejos. En ese sentido, se opone lo rural al utilitarismo de la urbe (ese lugar donde «la lluvia se mide»). La periferia, por tanto, es el lugar donde la vida es posible, donde se supera la separación de la naturaleza, más allá de su instrumentalización, que se produce hoy en día. Además, realiza una reivindicación y un reconocimiento de las luchadoras (porque son mujeres, básicamente) por la vida digna.
A pesar de todo, su mirada contiene y comunica ternura, e incorpora frecuentemente un componente emocional a los poemas, que les aporta también el elemento concreto a una posible lectura más teórica.
La mayoría de los textos son piezas breves. Sin embargo, destaca el primer poema, que demuestra cómo, en los poemas más extensos, la autora sabe utilizar una intensidad bien dosificada y un hábil desarrollo.
 Por otra parte, reflexiona sobre el viaje como metáfora de la vida. El vagón de tren permite juegos alegóricos que, en manos de Herrera Peralta, van más allá de lo trillado y de lo evidente.
Sara Herrera Peralta, en definitiva, presenta un libro breve pero brillante, que nos permite reflexionar sobre nuestra asfixiante existencia y sobre las grietas a través de las cuales respirar. Nos habla de ese sentirse ajeno a la vida, a la propia vida, como se es ajeno al paisaje que pasa veloz por la ventana del vagón.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Poesía recién llegada: Las voces de una nueva generación

Luís Pousa\CULTURAS-La Voz de Galicia

Entre las novedades que las mentes todavía inquietas pueden detectar en los últimos tiempos en el panorama de las letras españolas sobresale especialmente la aparición de una nueva y pujante generación de escritoras, cada una con su estilo personal e intransferible, pero que aportan, en conjunto, un auténtico soplo de aire fresco en un circuito cada vez más dominado por la mercadotecnia de los grandes conglomerados multinacionales.

Es el caso, entre otras, de las muy interesantes trayectorias de autoras como Jenn Díaz, Aloma Rodríguez o Sara Herrera Peralta, que desde la narración o la poesía han introducido en los últimos años una visión diferente de este peculiar país en el que habitamos.

Coinciden, curiosamente, dos de estos nombres en el poemario Quien mire hacia abajo, pierde, de Sara Herrera Peralta, que prologa la barcelonesa Jenn Díaz (de la que ya se espera, para marzo, la aparición en Lumen de su nueva novela, Es un decir). Sara Herrera (Jerez de la Frontera, 1980) regresa en este poemario a ese París que no es ninguna fiesta (como subraya en el prólogo Díaz) y que consume los días y las horas de sus vapuleados habitantes entre los vagones del metro y de los trenes de cercanías que trasladan a diario a un París dentro de París que viaja, estación a estación, por el submundo de una ciudad muy alejada del tópico parque temático para turistas que se exhibe en la superficie.

Entre parada y parada, a lomos del ferrocarril y del metro, Herrera va dibujando las estampas fugaces de unos pasajeros que acarrean consigo sus pensamientos, obsesiones, interrogantes y deseos, que van digiriendo al ritmo que la vida y el paisaje se deslizan detrás de la ventanilla.

La clave de esta poesía de Herrera Peralta estriba precisamente en que busca la esencia misma de la palabra, se distancia de barroquismos y juegos artificiosos para dirigirse sin mayores rodeos a la emoción misma que está en el núcleo de la verdadera poesía. Por eso habrá que seguir en los próximos años muy de cerca la pista de Sara Herrera, y de Jenn Díaz y Aloma Rodríguez, que están explorando y escribiendo ya lo que leeremos mañana.

jueves, 29 de agosto de 2013

Quien mire hacia abajo, pierde, de Sara Herrera Peralta

Acabo de terminar el nuevo libro de poemas de Sara Herrera Peralta, Quien mire hacia abajo, pierde (si alguien siente que pongo el título demasiado y me repito es por el maldito SEO, que no sé qué es pero yo le hago caso) y vengo a trasmitir que a) es un buen libro b) por qué y c) que os lo leáis, que en realidad se podía decir todo en uno pero así con a)b) y c), queda como más posmoderno.
a) De Sara Herrera Peralta ya me había leído Provocatio y Mamá era Isla Lund al principio de todo. La verdad es que me gustaron, sobre todo el segundo, pero me parece a mí que con este último libro le ha dado una vuelta más a todo lo que escribe, lo ha integrado para crear un libro que funciona perfectamente y va más allá de lo esperado en muchos sentidos. Aparentemente Quien mire hacia abajo, pierde, es un viaje en tren desde Orry-la-Ville-Coye hasta Melun, dos pueblos del extrarradio parisino en lugares opuestos, es decir, para llegar de uno a otro hay que cruzar todo París. También es un viaje diario, el trayecto del hogar al trabajo, un viaje, pues, que no entronca con la aventura y el descubrimiento en sí, sino con la rutina.
b) La clave para mí está en que ese viaje no es el tema del libro, sino que es simplemente el significante, que actúa como bajo continuo para sobre él construir una serie de imágenes, miedos, ideas que son lo verdaderamente interesante. Quien mire hacia abajo, pierde es en realidad (y es aquí donde creo que la autora pega un salto) un canto a lo ignoto, a lo que no se dice, o no se sabe, o no queda claro.
… Se canta, siempre, de espaldas al mundo
como canta el hombre triste.
Se canta buscando un lugar,
una respuesta, un sonido,
un hueco.
como si el aire tuviera aún
un halo de certeza
Ni siquiera es alcanzar esos lugares de incertidumbre sino la búsqueda de esos lugares lo que importa. Una búsqueda tratada con cierta desesperanza, como se ha de tratar siempre la búsqueda, una búsqueda que surge de lo más prosaico de la rutina, la búsqueda interior, que es la de todos, la que compartimos, como el tren, cada mañana, a trabajar.
quien mire hacia abajo, pierdeCuando menos me atrae Sara Herrera Peralta es en su vertiente más social, que coincide con los momentos en los que su poesía se hace más obvia, como el poemaSurvilliers-Fosses o el poema Villeneuve-Saint-Georges o en versos como: no le tengo miedo al cáncer/ ni miedo a quedarme calva.
c) Leed este libro porque es el libro en el que la observación trasciende a la metafísica, a las preguntas que nos asustan, a nuestra condición de insignificantes seres todopoderoso, con capacidad de cambiarlo todo y nada, con la tristeza del que no tiene esperanza, pero también sin el miedo.
Yerres
Existe otro mundo
dentro de este mundo.
En los vagones los tristes y los sabios
parecen más tristes y más sabios
y se tiene siempre la paciencia
de los perdedores.
En cualquier vagón obsceno
se va a la deriva
y una generación se sucede
a otra:
son las ruinas sumergidas
mientras la vida continúa
allá fuera.

http://lavidapanoramica.org/quien-mire-hacia-abajo-pierde-de-sara-herrera-peralta/ 

miércoles, 10 de julio de 2013

2013 de Poesía. Día 191. Sara Herrera

Día 191. Sara Herrera. Quien mire hacia abajo pierde (2013)


Melun

El vagón vacío.

La oscuridad alrededor
y los despojos.

Nunca saber adónde.

Y ese vértigo,
heridos todos, fuera,
ante los focos
de los anuncios publicitarios:

el coche, la mejor inversión,
los superhéroes.

Para recomenzar,
los veinte euros, el hambre,
las aldeas inventadas,
lo cercano, lo triste,
el niño que pregunta,
el cielo nublado,
las madres,
los paraísos prometidos
y el mismo vagón,
el mismo vacío.

Se aceptan propuestas

para una vida más lenta y más brillante.