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miércoles, 31 de julio de 2019

EL BAOBAB LOCO, de Ken Bugul


KEN BUGUL (en lengua wólof significa: “La que nadie quiere”) nació y creció a la sombra de un baobab, en un pequeño pueblo al norte de Dakar. El baobab es símbolo nacional de su país, Senegal.
Con apenas cinco años, su madre toma un tren e inexplicablemente abandona el hogar para siempre. La niña queda a cargo de un padre octogenario y ciego, más abuelo que padre, dedicado al estudio del Corán.
Cuando alcanza la edad reglamentaria, Ken Bugul ingresa en la recién inaugurada escuela francesa. Se convierte en la primera mujer de su familia que accede a la educación. Un privilegio que, en ese momento, solo disfrutan los niños, mientras el hogar es el territorio natural reservado a la mujer. Esta decisión no es aceptada por la mayoría de sus parientes que ven con malos ojos que la niña sea adoctrinada según los valores occidentales de los antiguos opresores.
Pese a vivir con inmenso dolor su orfandad y el rechazo de sus semejantes, Ken Bugul, fiel a su espíritu independiente y libre, continúa sus estudios con unas calificaciones brillantes. En la década de 1970, ingresa en la universidad de Dakar donde obtiene una beca para proseguir sus estudios de filología en Bruselas.
La “Tierra prometida”, la “patria de sus antepasados galos” será, desde el comienzo de su epopeya, una Europa muy distinta al país acogedor que esperaba. Pronto será consciente de que el color de su piel es un obstáculo insalvable que le impedirá integrarse en la sociedad con la que siempre había soñado. No es más que una “extranjera” en un continente racista. Una pieza exótica, sensual, un cuerpo deseado por estudiantes blancos, intelectuales y artistas blancos, hippies blancos, por hombres y mujeres burgueses blancos.
 “Durante veinte años solo había aprendido sus pensamientos y sus emociones. Pensaba que me divertía con ellos, pero en realidad me sentía más frustrada aún: yo me identificaba con ellos, ellos no se identificaban conmigo”.
En medio de la más absoluta soledad, víctima de un insoportable vacío, abandonada en la infancia por su madre como por un mundo “que no ofrece refugio alguno al alma”, la protagonista se sumerge en una espiral autodestructiva de prostitución, alcohol y drogas. 
Como tantas mujeres de su generación que crecieron en un país sometido hasta 1960, año de la independencia, Ken Bugul representa a ese baobab enloquecido que pese a conservar todas sus ramas, hace tiempo que está muerto. ¿Existirá alguna salida?

La autora: KEN BUGUL

El baobab loco es una novela conmovedora, brutal en su sinceridad. Un monólogo poético escrito en primera persona con la rabia de quien vive una profunda decepción.
Fue publicada en 1982 con seudónimo ya que, tal y como previó su editor, el libro causó un escándalo en el mundo literario de Senegal aunque también un éxito sin precedentes para una escritora africana.
Mariètou Mbaye Biléoma (Ndoucoumane, 1948), conocida como “Ken Bugul”, fue una de las primeras voces femeninas de África que recurrió al género autobiográfico para hablar con cruda franqueza del consumo de drogas y alcohol, el feminismo de las mujeres negras, la homosexualidad y la prostitución. Además, puso en cuestión los valores del África tradicional, dirigió duras críticas hacia el impacto devastador que tuvo el colonialismo en Senegal: “En el deshecho en que el colono había convertido al negro”, y la actitud hipócrita de Occidente. El baobab loco narra esa caída libre que vivió la primera generación de mujeres que crecieron en la África postcolonial y emigraron a Europa creyendo que allí encontrarían su verdadera identidad e independencia.
La novela ha sido publicada con éxito en Estados Unidos, Suiza, Países Bajos, Francia, Alemania y España. Fue seleccionada por la revista QBR The Black Book Review como uno de los cien libros mejores de la literatura negra escrita en el siglo XX.
Norman Rush en New York Times Book Review escribió: "Uno termina El baobab loco reacio a despedirse de una mujer valiente, simpática y resiliente".
Ken Bugul es, sin duda, una de las voces más potentes de la literatura francófona actual. 

Yolanda Delgado



domingo, 13 de enero de 2019

Entrevista a Ken Bugul


36 AÑOS DESPUÉS
Ken Bugul, la malquerida de Dakar

La escritora senegalesa reedita su primera novela, ‘El baobab loco’


Ken Bugul durante su conferencia en Canarias (Casa África)

ÁNGELES JURADO19/06/2018



Escribió en las calles senegalesas, desahuciada por su familia y repudiada por la buena sociedad, y se las ingenió para encontrar la luz en un cuaderno que garrapateaba a lápiz, rodeada de otras almas perdidas. Ken Bugul, la que nadie quiere, acaba de presentar una nueva edición de su primera novela, El baobab loco, traducida por Antonio Lozano y publicada por Baile del Sol/Casa África. En su puesta de largo en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, recordó cómo la violencia del patriarcado la redujo a una triste caricatura de sí misma, un animalito éxotico y complaciente al que se dirige a golpes. No pasó en Dakar, Nairobi o Yuba: sucedió en la civilizada París. El mensaje final que dejó flotar en el aire amable de junio tenía el dulce perfume de una pasión por la vida que rompió barreras, escandalizó a sus contemporáneos y abrió vías de libertad urgente para otras mujeres.

Dos euros. O, lo que es lo mismo, 1.315 francos CFA. Esa fue la limosna que un excompañero de clase depositó en su sucia mano un día, al verla mendigando en una calle de Dakar.

Ella vivía en la calle desde hacía un tiempo. Enferma mental y desahuciada por su familia, ignoró el estigma de “sintecho” y se concentró en todo lo bueno: disfrutaba de una constelación de estrellas como dosel de su cama imaginaria, del poder absoluto sobre su tiempo y de la libertad que da el saberse meticulosamente extirpada del rígido mapa social de una ciudad provinciana, pacata, casi reaccionaria. Llegaba de Europa y de vuelta de todo: drogas, soledad, prostitución, amor libre, abandono, violencia de género, racismo y enfermedad mental, entre otras cosas. Tomó aquel puñado de francos CFA con los que podría procurarse un plato de comida caliente para adquirir un cuaderno y un lápiz. Armada con ambos, vomitó todo el dolor que la quemaba por dentro y así nació Ken Bugul, la malquerida. Hoy confiesa que echa de menos vivir en la calle, amarrada a su cuaderno, con una lluvia de estrellas fugaces reflejándose en sus gafas.

Ken Bugul se llama en realidad Mariètou Mbaye Biléoma y abrió sus desmesurados ojos castaños por primera vez en Ndoucoumane, Senegal, en plena temporada de lluvias de 1948. “Allí siempre hace calor y siempre hace frío”, escribiría después, recordando que su padre sacrificó dos corderos para festejar su llegada al mundo, última hija de un anciano matrimonio musulmán. En su texto rememoraría cómo, de niña, la dejaban jugando sola al sol, embalsamada en “un calor murmurador como el canto del grillo en los matorrales del Nguer”. Describiría cómo se extendía en la arena junto a un baobab protector, buscando tesoros entre los hierbajos resecos y las piedras con sus dedos curiosos.

Ken Bugul eligió su infancia como punto de partida de El baobab loco y de su trayectoria como escritora, con diez títulos y el Gran Premio Literario del África Negra en su haber. En su primera novela vertió el desvalimiento con que la impregna una soledad acuciante y dolorosa, olvidada por un padre decrépito y abandonada por su madre a los cinco años. También se reconcilia con el mundo, adoptada por la escuela colonial francesa y los antepasados galos, que le pintaron de blanco el corazón. Y llega a la demencia en el momento en que descubre el bruñido ónice de su piel en la mirada ajena y sufre el racismo y la violencia de género en la pretenciosa Europa.

“Escribir este libro fue una cuestión de necesidad personal”, explica Ken Bugul.

En una época en que los estudios poscoloniales, el feminismo o la identidad no eran parte de las preocupaciones de muchos escritores, de manera autodidacta e instintiva, Ken Bugul se volcó en el impacto sobre las africanas de la alienación cultural de la colonización francesa. No era una reflexión habitual. Sobre todo, si procedía de la pluma de una mujer negra.

“Una mujer no debía plantear la cuestión identitaria: era como si una mujer no pudiera tener otra identidad que ser simplemente una mujer”, expone, recordando la época en que publicó su primer libro y de paso, rompió con todas las convenciones y los tabúes. “Mi novela fue muy escandalosa, pero eso también le procuró éxito. Ese libro tiene 36 años y sigue funcionando, planteando cuestiones contemporáneas”, dice.

La historia de El baobab loco se despereza entre el período colonial en el que nació Ken Bugul y el de las independencias, en la década de los 70 del siglo pasado. “La situación de la africana se alteró durante el período colonial”, precisa la autora. “Antes, las mujeres no tenían un problema mayor, ya que representaban una gran fuerza en África. Pero la colonización afecta especialmente a las mujeres, a las que había que acallar. Hablo no sólo de la colonización occidental, sino también de las nuevas religiones. Ya teníamos el Islam, que vino a quebrar a las africanas. Enseguida, llegó el ciclo colonizador occidental con el catolicismo, que quiso hacer lo mismo. Hubo una colonización mental: la alienación y asimilación de las africanas al sistema patriarcal occidental y la alteración de su posición social, que era fuerte en el continente”. Y concluye: “Nuestros problemas de hoy en día vienen de la religión y de la colonización”.

Además de reivindicar la vigencia de su texto y recontar su historia personal y literaria desde la sabiduría de la distancia, Ken Bugul aprovechó su visita a Canarias para proclamar la universalidad de las letras que nos empeñamos en etiquetar como africanas. Se quejó de que las condenemos a un huequito especial, segregado, de nuestros salones del libro y de que en ocasiones representemos a todo un inmenso y variado continente con un cartel en el que se puede apreciar un exótico león dibujado. “Es como si existiera una manera de escribir africana y otra europea”, protesta ella. “Incluso en la francofonía, hay debates que se están volviendo cada vez más violentos, porque a los africanos se les pone siempre aparte. Eso significa un prejuicio, una falta de visibilidad y que no se conozca mejor al continente ni su literatura, que se exotiza. Hay una nueva generación de escritores africanos contemporáneos que hacen cosas extraordinarias en materia de escritura, pero siempre somos víctimas de la etiqueta”.

Ken Bugul significa “la que nadie quiere” en wolof, su lengua materna. Pretendía ser un seudónimo que confundiera a los censores al disfrazarla de hombre. A cubierto de él, podía dinamitar los fundamentos del patriarcado en varias sociedades y explicar las experiencias traumáticas que le quebraron el alma: la violencia machista, la prostitución, el racismo, las drogas. El anonimato duró poco, gracias al éxito de sus palabras impresas. Hoy, la adoptan como referente muchas africanas que descubrieron que se puede salir del corsé de los prejuicios y las normas ajenas y experimentar el hecho de ser mujer desde la libertad. Mujeres, africanas y de otras tierras, que se apropian de su refrescante locura, su independencia y una pasión vital a prueba de cataclismo



miércoles, 6 de junio de 2018

Reseña de EL BAOBAB LOCO de Ken Bugul en África no es un país (El País)

Ken Bugul se abre en canal para poder respirar

La escritora presenta la reedición de su primera novela 'El baobab loco', donde narra un viaje exorcizante en la tierra que creía de sus antepasados


A veces llega un momento en el que se siente la necesidad de volcar hacia afuera todo lo que se lleva dentro. Cuando ya no se soporta vivir con el horadado y maltrecho interior, azuzado por decenas de experiencias vitales al límite. Quizás fue eso lo que le ocurrió a Mariétou Biléoma Mbaye, verdadero nombre de Ken Bugul. Así parece que lo ha expresado en varias ocasiones. Al hablar, en este sentido, del poder sanador de la escritura que se vislumbra en su obra, gran parte de la cual es autobiográfica. Tiene lógica lo anterior, en realidad es una consecuencia: o vomitarlo o morir.


El pasado sábado, dentro de las actividades de la Feria del Libro de Las Palmas, habló sincera y humana Ken Bugulque venía a presentar la reedición de su primer libro El baobab loco, editado por Baile del Sol y Casa África. Un volumen imposible de encontrar ya en su primera edición, de cuya traducción no quedó satisfecha la autora. A su lado se encontraba el escritor Antonio Lozano, en quien ha recaído dicha tarea para esta ocasión. Lozano es, además de un experto en literaturas africanas, un gran conocedor de su obra.

“Una Ken Bugul pequeña, con los pelos sin peinar”, dice al mirar la fotografía de la portada, obra del fotógrafo Robert Nzaou-Kissolo. Entonces su rostro se ilumina y detrás de las gafas brillan sus ojos. Este gesto lo repetirá varias veces, porque a pesar de su trayectoria, dura, árida, salvaje y terriblemente dolorosa, esta mujer se funde con la vida, una y otra vez.


La escritura se convirtió en un acto terapéutico, en el que encontró el alivio al sacudirse todo lo que había vivido

Con el micrófono en la mano ocurre lo que nadie quizás esperaba. Las palabras de Mariètou parece que debieran provenir de otro rostro y otro cuerpo, tantas vidas ha vivido la mujer que ante nosotros recuerda su juventud desde sus increíbles 70 años. Por eso la sorpresa va creciendo cuando la escritora va desgranando su periplo que la conduce desde Senegal hasta Bélgica y después a Francia. Desde sus estudios brillantes hasta la droga. Y desde el baobab al hospital psiquiátrico.

Mientras va y viene. Mientras va y se desgaja. Desvelando que debajo de toda su andadura, salpicada de episodios de violencia física y psíquica, de bandazos empujada por los que no ven en ella más que un exotismo o un objeto sexual, se encuentra la necesidad de encontrarse a sí misma. Mujer y negra busca incansable aquí y allí. Entre los restos de la identidad falsa de sus antepasados galos en tierras europeas. En la sombra protectora del árbol de su tierra. Mariètou araña la superficie para poder mostrarse mientras se deja por el camino en jirones. “Todo ser necesitaba ser apoyado, alabado, agradecido, glorificado, reconocido, galvanizado, subyugado, odiado, amado, herido, acosado”, escribirá después.


Las tres obras hablan en clave de autobiografía. Recorriendo los senderos de extirpadores viajes que conducirán a la narradora a la necesidad de regresar al origen

Lo que los otros llaman locura, cuando se trata en realidad de inmersión en la lucidez, nunca la deja, la persigue. Bajo ese nombre su propia familia la rechaza y ella se interna en las calles, donde vive durante un año. En Las Palmas, la escritora rememora aquellos duros momentos pero también descubre que fue allí donde encontró su tabla de salvación. “Un compañero de estudios al verme así, me dio el equivalente a dos euros- recuerda la escritora- con ese dinero compré una libreta y empecé a escribir”. Su primera intención no fue publicar, la escritura se convirtió en un acto terapéutico, en el que encontró el alivio al sacudirse todo lo que había vivido. Así surgió El baobab loco. Después llegarían La locura y la muerte y Riwan o el camino de arena.

Las tres obras hablan en clave de autobiografía. Recorriendo los senderos de extirpadores viajes que conducirán a la narradora a la necesidad de regresar al origen, de morir para poder volver a nacer. Siempre a la búsqueda, los árbolestampoco le han faltado nunca. “La maleza que se ofrecía allí, hasta el infinito, de sabanas, infinito de baobabs siempre espectaculares, infinito de hierbas amarillas, infinito de árboles gigantes de follajes espesos que seguían el ritmo de los ruidos de la vida”, escribe. El árbol se impone en su vida y en sus recuerdos. Son las raíces, el baobab que se mantiene siempre firme. En él ve un símbolo de lo que ella es.

Toca el momento de acabar aquí en la “Feria del Libro de Las Palmas” pero a pesar del poco tiempo que ha tenido para hablar, Mariètou nos ha transmitido su densidad humana. Para ella todo es posible, concluye, y siempre más para una mujer “dejar de estar alienada, de ser manipulada y estar bajo los hilos de otro. Siempre va a ser posible para una mujer ser libre”. A la búsqueda de la vida.