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sábado, 6 de julio de 2013

2013 de Poesía. Día 187. Javier Berros

Día 187. Javier Berros. Cofre de tierra (2004)



OFICIO EN LA TIERRA

Por esta actividad hablamos con el cielo,
conocemos las manchas del techo,
los domésticos hábitos de las moscas
y las sombras de la oscuridad.

Por esta actividad
en el espejo, donde nadie pertenece, libramos batallas,
y yo leo el rumor de tu nombre a lo largo de mis gestos
por esta actividad.

Denme pues las ciruelas de este oficio al que yo secreto asisto.
Respirar aire de una palabra es raíz y raíz es quien nos sostiene
y nos une a la tierra; pero esto no nos sorprende
pues, cuando consagras tu corazón,
el ganado trota como una ola mansa agitando sus esquilas
y, aunque la tierra es más montañosa que el cielo,
yo camino más fácil entre los hombres: allá, en pos es humo.


lunes, 24 de junio de 2013

2013 de Poesía. Día 175. Javier Berros

2013 de Poesía. Día 175. Javier Berros. Los árboles de resistencia (2006)



EL SALTO DE LOS CENTINELAS

Aquel día, ¿perseguíamos un fruto?
¿Cerramos los ojos al saltar o nos caímos?
Hoy sé que cerramos los ojos cada vez que nos preguntamos
sobre la profundidad de los cuerpos. Y los cerramos cuando
creemos obtener de un gesto pasajero un afecto sin límite.
(Un inquilino es un huérfano sublimando respuestas.)
El cuerpo conoce frutos diferentes que la mente.
Piensa el cuerpo: todos los frutos son secos.
Pero se convierten en agua en cuanto los labios los tocan.
Piensa la mente: todos los frutos son pozos insondables.
Pero, cuanto más descendemos, menos agua contienen.
Cual fuera el fruto que escucháramos, tras él nos fuimos.
¿De qué árbol entonces saltamos? No lo sé pero,
sin aquel salto, hoy no seríamos centinelas del instante.
Perder fue nuestra forma de tener sentidos.
Mañana será el día en que no escuche, y me reste,
hasta convertirme en otro propietario del silencio.


sábado, 16 de marzo de 2013

2013 de Poesía. Día 75. Javier Berros

Día 75. Javier Berros. Encuentro de hombre con lumbre (2010)


DIOSES DEL AGUA

Si descubrir el deseo supone precipitarse, como Narciso, en un río,
si desear el deseo es hundirse en la tierra para unirse a una fuente,
si perseguir el deseo es correr a través de encharcadas huertas,
si sentir el deseo es descender por un torrente de blancura luminosa,
si gritar el deseo es ser arrastrado por una catarata siempre renovada,
te rogaré, deseo, que alientes un poco de tu aire en mi boca,
que abras para mí una cueva cálida y secreta bajo tu mar.
No pienses que es vergüenza mi cantábrico ahogo.
Déjame tu olor, el agua de colonia me aterra.
Sé fuerte, es ahora cuando las lágrimas matan a los amantes.
Espero que algún dios responda de este festivo mundo sumergido.
Yo, trato de concentrar mi pensamiento en campos de tierra seca,
pero me falta disciplina, tengo reblandecida la piel y la voluntad,
y sólo espero el curso donde el agua se serena y remansa.