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domingo, 21 de julio de 2013

Qué bien, qué bonito.



De vez en cuando aparecen libros en el camino que nos atraen sin saber muy bien por qué: desconocemos al autor, la sinopsis no cuenta demasiado, el título no es para tirar cohetes y la portada no puede ser más minimalista. Y, sin embargo, algo tienen que despiertan la curiosidad del lector, deseoso de conocer qué es lo que lo hace tan llamativo a sus ojos. Esto mismo me pasó hace poco con el libro que les traigo hoy, titulado Qué bien, qué bonito y escrito por el croata Ivica Prtenjača: cuando lo vi en  el boletín de novedades de Baile del Sol no sé qué clase de hechizo hizo que me fijara en él que no pude reprimir el deseo de leerlo de inmediato. Gracias a la generosidad de la editorial pude adentrarme en esta magnética novela esperando descubrir una historia diferente.


Qué bien, qué bonito narra el día a día de Ivica, un joven croata de provincias que decide cambiar su vida mudándose a Zagreb, la capital de su país. Sin dinero ni demasiadas esperanzas, logra alojamiento en un cochambroso piso en el que espera dar un vuelco radical a su anodina existencia. Cuando consigue trabajo en una pequeña librería parece que empieza a salir del pozo de indiferencia en el que ha estado sumido en los últimos tiempos, aprovechando dicha coyuntura para rememorar un pasado que pocas veces fue mejor y  forjar relaciones duraderas con nuevas personas que le ayuden a encontrar su lugar en el mundo.


Ivica (trasunto del propio autor), es el protagonista central de esta historia, que será contada por él mismo: conoceremos de primera mano su carácter un tanto arisco y socarrón, su adaptación a la gran ciudad, sus recuerdos más y menos dolorosos y, en general, los pensamientos que mueven sus instintos. No se puede decir que sea un personaje excesivamente carismático: se trata de un chico normal con las ilusiones de cualquiera a su edad y con un pasado marcado por la guerra que atisbamos ligeramente, pero que en ningún momento toma las riendas de la historia. De sus amigos sabemos poco más de lo que Ivica nos cuenta, aunque podemos adivinar a medida que avanza la historia cómo se estrechan sus incipientes lazos y la importancia que empiezan a cobrar en la vida del protagonista.


El estilo del autor es sencillo pero hermoso; cuenta el devenir de Ivica de una manera accesible, incluyendo tanto expresiones muy actuales como evocadoras metáforas para explicar determinados acontecimientos, conectándolos incluso con la mitología propia de su país. Hace uso, en general, de una prosa cuidada y bella que influye positivamente en la lectura de la novela. Asimismo, he de decir que el libro presume en su sinopsis de destilar ciertas dosis de humor con las que yo no me he topado o bien no he comprendido. La historia se conforma a lo largo de 21 capítulos cortos que, aunque mantienen al mismo actor principal como hilo conector no están directamente relacionados entre sí, actuando casi a modo de colección de relatos independientes con un personaje en común. En una nota previa, el autor aclara que su intención era conformar una trama introspectiva, sin grandes acontecimientos que la marquen, queriendo plasmar las vivencias cotidianas de Ivica a modo de fotografías aisladas, sin una continuidad argumental y ni siquiera temporal: Prtenjača crea una estructura con saltos hacia delante y hacia atrás en el tiempo, con nuestro "héroe" como nexo en común pero sin intención de someterlo a un suceso decisivo que marque sus acciones.


Creo que hay momentos en la vida de todo lector en los que otras lecturas previas condicionan la apreciación que se tiene de una nueva historia que cae en sus manos, y puede que ésto es lo que me haya sucedido a mí con Qué bien, qué bonito: al haber leído en los últimos meses varias novelas con una premisa similar (joven con pasado más o menos tortuoso que comienza una nueva vida con esperanzas e ilusiones pero con el lastre de los fantasmas interiores llenando el equipaje), ésta no me ha aportado nada nuevo, pareciéndome otra ración de más de lo mismo. Me da la sensación de que hay toda una generación de escritores treintañeros traumatizados por una infancia - adolescencia de esas que no se ven en las series de Disney Channelque se han puesto de acuerdo para recordar ese pasado y escribir cómo un cambio de aires y un  futuro prometedor puede remediar todos estos males. En el caso de este libro, lo notable de la prosa del autor, lo "exótico" del escenario (nunca hasta ahora había leído una obra de ficción situada en Croacia) y la perfecta edición de Baile del Sol, que ha optado por un diseño sencillo pero eficaz a la par que agradable, salvan a una historia que, por lo demás, es tan discreta como aparentaba a primera vista. En conclusión, sólo puedo recomendar esta novela a aquellos lectores que se identifiquen especialmente con estos relatos intimistas de muchachos taciturnos que psicoanalizan su pasado y ponen sus esperanzas de superación en un no muy lejano porvenir; yo, de momento, me abstendré de volver pasear entre estas narraciones que campan a sus anchas por el bulevar de los sueños rotos. Nota:  5´5/ 10.

"Tenía una cama estrecha de la que pronto nos resbalamos a una alfombra suave y limpia. Tenía dos sillones que viajaban por el parqué brillante y lustroso. Tenía una mesa de trabajo de la que se cayó la lámpara halógena. Tenía un espejo grande en la puerta del armario que se empañó con el vapor de nuestros cuerpos. Y tenía una ventana grande, con un banquito ancho delante, que daba a la calle de la tarde, a Tuga y Buga, al océano, a los colmillos del jaguar en la selva virgen, a la tribu desdichada y a los ángeles negros guitarristas que viajan en el tranvía por Lisboa y cantan: 
I´d rather be a devil, than that woman´s man..."
http://eladofriodemialmohada.blogspot.com.es/2013/07/que-bien-que-bonito.html 

domingo, 16 de junio de 2013

‘Qué bien, qué bonito’, plegarias atendidas Ivica Prtenjaca, 2013 | Novela

Qué bien, qué bonito (Baile del Sol, 2013) es la primera novela publicada del escritor croata Ivica Prtenjaca (y, de momento, la única), un autor reconocido mayormente por su obra poética, pero que también ha publicado un libro de cuentos y una obra de teatro. Qué bien, qué bonito es asimismo la única obra de Prtenjaca (Rijeka, Croacia, 1969) volcada al castellano y no un acontecimiento su edición (cosa que desagradaría al propio Prtenjaca), pero sí una alegría, una bendita y gran alegría para sus lectores futuribles. La narración, que podríamos considerar tal que una nouvelle (137 páginas) cuenta la vida de un escritor de provincias, procedente de Rijeka, y que se viene a vivir a Zagreb, la capital de Croacia, a trabajar en una librería de inminente apertura. Así nos lo cuenta el propio narrador en la primera página: “Tengo treinta y cuatro años, por fin tengo trabajo. Venderé libros en una librería que acaba de abrir, pero siempre me he considerado, escritor”.
A Ivica, el narrador de Qué bien, qué bonito (y que comparte el nombre y diferentes datos biográficos con el propio autor) nos lo encontramos en las primeras páginas yendo camino de su trabajo, ilusionado -hasta cierto punto-, impaciente y preso de una precaria y engañosa esperanza. Así lo expresa él:“voy hacia mi trabajo, hacia un futuro mejor y hacia la seguridad. Voy a un lugar, a cualquier lugar. Y eso me basta”. Pero ese luminoso aserto se matiza pronto, con la laxitud del desasosiego: “planeo emborracharme cuando me llegue la primera paga”. Y es que nos encontramos con Ivica justo después de un período en el que “de verdad que me había hundido y humillado hasta el final” y ahora ha crecido, y no puede ya más tomar la excusa de la renuncia, sino que tiene que tirar hacia delante, como sea, evitando atragantarse con su propio veneno, nos dice. O emborrachándose para hacer llevaderos los tiempos muertos.
El protagonista del libro, Ivica (“Juanito”, su correspondencia española), es un hombre proclive a los ensueños y, poco a poco, nos va dejando ver muestras de su personalidad de raigambre tragicómica. Así su relación con la vida no es medular sino marcada por una geometría de equidistancias: tan lejos como cerca de todo, del amor, de la felicidad, de la dicha, del infortunio. Pero resulta cómico en su sarcasmo, Ivica, y, aún más, en una socarronería indeliberada; trágico en su belleza prístina, que surge en el lugar más imprevisto. Él lo expresa así: “la mentira no es más que una herramienta de la exageración, nada terrible”. Y sobre sus gustos, nos dice: “sentido del humor, eros, inteligencia, bondad y belleza”. Su jefa en la librería lo constata de un modo más prosaico: “contigo no le va a tocar la lotería a ninguna”.
Aparte de la misma ciudad de Zagreb (y a excepción de una visita final -fugaz- a Rijeka) hay dos lugares o espacios preferenciales -y simbólicamente exiguos- en la novela: la casa -alquilada- de Ivica y la librería donde trabaja. La librería, que se llama Gloria (nótese la guasa), abierta sin ningún anuncio ni publicidad y que no tenía más de cincuenta metros cuadrados, sirve para la convivencia de Daniela (la jefa), quien “se fumaba dos cajetillas de Ronhill blanco al día”, Iris, “estudiante de filología checa y literatura comparada sin terminar”, y él mismo, Ivica, “estudiante de filología yugoslava sin terminar, jugador de balonmano fracasado, poeta con dos libros publicados, un hombre que hacía tiempo había decidido ser escritor, hacía mucho tiempo”. Más tarde se les incorporará Mirna, “una estudiante de filosofía e indología […] una cría mimada de Zagreb“. La casa donde vive Ivica es un habitáculo mínimo, un piso de cuarenta y ocho metros cuadrados y que consiste en una habitación y media, un piso con balconcito y poco más, repleto de las pertenencias abandonadas por sus antiguos propietarios: sábanas, juegos de los niños, etc. Espacios mínimos, libertades ínfimas, que contrastan con la opulencia industrial de Zagreb, ciudad que alberga a más de la mitad de la industria en Croacia.
La trama de la novela se sustenta es el modo en el que Ivica tratará de sobrellevar su “completa soledad y aislamiento” y que le amarra a Zagreb y le subyuga, la manera en la que Ivica será capaz (o no) de matar el tiempo libre (que le ahoga) y ese sensación suya de no saber qué hacer consigo mismo, cómo bien manejarse. Y de cuál será el sortilegio poético (o la plegaria atendida, si se quiere) y la conjura casi mágica -el amor- que le permitirá salir de sí mismo, desatender a su malestar y a su soledad. Su modo de aceptar la natural sedimentación de unas cosas por sobre otras, esa gravedad que alienta la construcción de la historia individual y que le será proporcionado gracias a la intermediación casual de Ema, su vecina y estudiante de bachillerato, de diecisiete años y con la que tiene un romance que, como él mismo dice, le salva.
Estructuralmente la narración se va construyendo en torno a pequeños dilemas, leves lances, encontronazos livianos, comprimidos en capítulos breves, en torno a la media docena de páginas cada uno. Y, en ellos, los recuerdos, los sueños antiguos, las pérdidas. Así el enamoramiento infantil de Buga Busic, “una niña guapa, rubia, inteligente y callada, educada estrictamente y siempre formal”, la muerte de su amigo Kristian, la seducción fallida con Daniela, un robo en la librería, etc . Hay muchos y variopintos pasajes, algunos hermosos y poéticos, otros más humorísticos (algunos un poco forzados, como por ejemplo el capítulo “Día de tempo insólito”), los menos: dramáticos. Y es que hay un mantra que se repite en la narración de Ivica Prtenjaca y es este:“la mejor manera de no llorar es reír”. Pero hay muchas formas de reír y, además, la risa no tiene que provenir necesariamente de la comicidad, esa es la lección de Qué bien, qué bonito. La mayor de las virtudes de Prtenjaca, de hecho, es que provoca la risa que emana del propio deseo por reír, un afán que sosiega calamidades y desdichas, y no desde el nihilismo o la tristeza o la gracieta chusca.
Dice el traductor Francisco Javier Juez Gálvez en el prólogo que hay un rasgo que distingue a Prtenjaca y es “el optimismo de su aproximación a la novela, frente al sombrío pesimismo de sus colegas”. Un optimismo que, por establecer analogías para el lector español y con escritores de filiación más o menos parecida y con libros recientes en el mercado ibérico, sería equiparable al del Ugo Cornía de Sobre la felicidad a ultranza, pero menos forzoso y autoimpuesto (ergo más autoirónico). También podría pensarse en el Bora Cosic de El papel de mi familia en la revolución mundial, solo que bastante menos estrambótico. Diría, para que se me entienda, que estaría en la estirpe del primer Danilo Kis; es decir, no por la vía de Borges, sino de Schulz. O dicho de otra manera: Qué bien, qué bonito podría ser el bello epílogo para un cuento de hadas imposible en esta contemporaneidad nuestra, la del inútil y alocado mirar poético postmoderno que intenta resarcirse de la mediocridad de esas pequeñas vidas nuestras, casi cómodas, habituales y que nos colman “con su terrible, antiheroica estupidez”.
J.S. de Montfort
http://www.paisajeselectricos.com/2013/06/12/que-bien-que-bonito-plegarias-atendidas/

viernes, 10 de mayo de 2013

2 NOVELAS DEL ESTE


QUÉ BIEN, QUÉ BONITO
Ivica es un joven de provincias recién llegado a Zagreb, la capital de Croacia. Tras encontrar trabajo en una librería comienza su periodo de adaptación a la gran ciudad. Con una narración llena de humor y ternura, Qué bien, qué bonito, se adentra valerosamente  en el terreno de la soledad, del desarraigo y de la búsqueda del amor y la belleza a través un lenguaje sencillo y, a ratos, poético que consigue la empatía absoluta con su protagonista. Una novela que habla de lo trascedente sin alejarse de las pequeñas cosas.
Ivica es un joven de provincias recién llegado a Zagreb, la capital de Croacia. Tras encontrar trabajo en una librería comienza su periodo de adaptación a la gran ciudad. Con una narración llena de humor y ternura, Qué bien, qué bonito, se adentra valerosamente  en el terreno de la soledad, del desarraigo y de la búsqueda del amor y la belleza a través un lenguaje sencillo y, a ratos, poético que consigue la empatía absoluta con su protagonista. Una novela que habla de lo trascedente sin alejarse de las pequeñas cosas.
Traductor: Francisco Javier Juez Gálvez
978-84-940258-5-3



m145
MIS OJOS TE LLEVARÁN A CASA
La historia de cuatro mujers cuyas existencias unen como si de un puente se tratara las ciudades de Praga y de Sao Paulo.
QUÉ LEER

Existe un puente en Praga, más allá del Puente de Carlos, es el que unía Checoslovaquia –hoy la República Checa- con Brasil, el puente que recorren las cuatro mujeres que protagonizan esta magnífica novela. Marta, Lena, Luiza y Maruska, cuatro mujeres muy diferentes que la vida se ha empeñado en conectar con un amplio lazo que va y vuelve desde Praga a Sao Paulo. Dos mujeres jóvenes y dos mujeres mayores que no imaginan las sorpresas que les deparará su encuentro. Desde la búsqueda de la propia identidad, el desarraigo de la emigración y las complicaciones amorosas y políticas, sus historias se hilan en una apasionante relato vertebrado por la caída del comunismo y el singular trío amoroso que, a lo largo de los años, han formado Luiza y Maruska con el espía Yaromír.
Traductor: Kepa Uharte
978-84-15700-52-4