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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Reseña de CÓMEME de Agnès Desarthe en Diario de Sevilla



Alicia entre fogones


Agnès Desarthe firma una novela sobre el amor, la comida y el sexo.


La escritora francesa Agnès Desarthe (París, 1966).


M. ÁNGELES ROBLES13 Diciembre, 2016 - 06:00h


La ficha
'Cómeme'. Agnès Desarthe. Trad. Iballa López Hernández. Ediciones Baile del Sol. Tenerife, 2016. 15,60 euros.

'Cómeme'. Agnès Desarthe. Trad. Iballa López Hernández. Ediciones Baile del Sol. Tenerife, 2016. 15,60 euros.La faja promocional de Cómeme de Agnès Desarthe presenta la novela de la escritora francesa como "un bocado tan delicado como indigesto. Un relato sobre sexo y comida alejado de toda corrección política", un reclamo pensado para atraer a un tipo de lector que tal vez no se sienta del todo satisfecho con lo que le deparan las páginas de este libro. En contra de las simplificaciones de la mercadotecnia libresca, como acierta a decir la contraportada, Cómeme no es una novela "amable", en la que la comida sirva de excusa y el sexo de reclamo, aunque tangencialmente ambos estén presentes. En cuanto a la corrección política, cualquier cosa que eso sea, poco tenemos que decir, tan sólo preguntarnos si es correcto o incorrecto, políticamente hablando, poner en cuestión una particular forma de vida, sus pequeños triunfos y miserias, sus aciertos y desventuras.

Agnès Desarthe es una narradora experimentada, capaz de construir un relato envolvente y dinámico y de mantener la atención del lector desde la primera página sobre la vida complicada de una mujer sola que intenta salir adelante como mejor sabe: contando con el azar, enfrentándose al miedo y al dolor. Myriam, la protagonista, se autodefine como "una persona peligrosa y poco fiable", aunque, en el fondo, solamente es una mujer madura, una superviviente, que se siente estafada por la vida y que intenta inventar un pequeño mundo confortable en la escueta cocina de su coqueto restaurante. Descreída, cansada, magullada por las heridas del pasado, emprende una huida hacia adelante sin demasiada convicción, sin heroísmo, sin apenas esperanza.


No es cocinera profesional, pero la cocina es su tabla de salvación. Para ella, no es únicamente una forma de ganarse la vida, sino más bien una actitud vital, una forma de enfrentarse al pasado y recomponer el presente, sin atreverse a mirar nunca al futuro. La desastrada heroína de Cómeme está escasamente preparada para asumir la dirección de un negocio, se siente insegura de todo lo que hace, aunque maneja con soltura y delicada maestría un puñado de recetas que se convierten en la avanzadilla de esa nueva vida que poco a poco se atreve a soñar. Alrededor de ese nuevo mundo en ciernes se concentran un puñado de personajes pintorescos, una suerte de corte bondadosa que tiene como misión crear el espacio propicio para la redención. No deja de sorprender la capacidad de Myriam para atraer a tanta gente eficaz dispuesta a ayudarla, y quizás sea éste, junto con el sorprendente final feliz de la historia, el punto débil de la novela.

Convence sin embargo el ritmo de la narración, la ligereza de la prosa de Desarthe y su capacidad para construir con verdad y profundidad los detalles de una historia personal jalonada de desencuentros, fracasos y desengaños. La literatura también juega un papel fundamental en esta novela. Los pocos libros que conforman la escueta biblioteca de la protagonista, que apenas ocupan un estante de la pared de su restaurante, son restos de un naufragio, supervivientes de la memoria, símbolos ineludibles de otro tiempo vital, de otro estado mental; retazos de otra Myriam más esperanzada.

Desarthe va dosificando los amargos detalles de la vida de Myriam, sume al lector en un espejismo en el que se le atribuye el papel de confidente paciente. Como dice la protagonista, "la clave está en el equilibrio", y el equilibrio de esta historia se sustenta en la sencillez y en la falta de solemnidad con la que se abordan temas trascendentales. Y es que nos encontramos ante una mujer fuerte e inconformista que no renuncia a las pasiones, segura de que curar el alma pasa indefectiblemente por sanar el cuerpo, por sentir alegría y placer, convencida de que "el deseo es la única fuerza realmente subversiva". Por eso, aunque huye del amor, se siente viva a través del sexo y lo expresa sin rodeos.

El dolor y el placer conforman las dos caras de una misma moneda. La felicidad está hecha de pequeñas cosas que, parece decirnos Desarthe, nos procuramos nosotros mismos y también podemos procurar a los demás. Para Myriam su poder para cambiar la realidad se concreta en su cocina: "Mis clientes se deleitan con la comida y cada vez que lo hacen me digo: 'Ya está, he hecho feliz a alguien, sin dolor, sin riesgo de adicción, sin la enfermedad espiral del siempre más".

Como Alicia, el personaje de Lewis Carrol, la protagonista de esta novela también "trata de despejar la difícil ecuación del tiempo y el espacio" y se encuentra en la constante disyuntiva de morder una galleta en la que puede leerse "cómeme"; aunque, en este caso, tome la decisión que tome, nunca se siente "a la altura que corresponde".



http://www.diariodesevilla.es/delibros/Alicia-fogones_0_1089491629.html

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miércoles, 8 de marzo de 2017

FOGONES, FANTASÍA Y EROTISMO


Cómeme
Agnès Desarthe
Traducción de Iballa López Hernández
Ediciones de Baile del Sol, 2016, 214 páginas.

   Con un título, Cómeme,censurado en algunos países debido a las connotaciones sexuales que alguien podía ver en esa palabra -le podría parecer el título de una película porno- Agnès Desarthe (París, 1966) prosigue una carrera literaria ya dilatada que la ha convertido en una escritora muy original de la actual narrativa francesa. Pero Cómeme es una novela que habla de restaurantes, que la autora escribe para salvarse a sí misma de la tentación de abrir uno, aunque, como veremos, tematiza otros muchos asuntos, algunos ciertamente espinosos, si bien en un contexto siempre plácido, como el que suele reinar en una buena comida.
   Con una historia escrita en primera persona -no es un diario en el formato, pero sí en su sustancia- y recuperando recuerdos fragmentados, la protagonista de Cómeme, Myriam, nos da cuenta de una idea que pronto pone en práctica: abrir un restaurante en París sin tener la más mínima experiencia en ese género de negocios y carente así mismo de dinero. Bautiza al restaurante con el nombre de “Mi Casa”, porque a través de él abrirá las entrañas de su propia vida, de la Casa experiencial en la que se encuentra. Myriam es una mujer satisfecha con el hecho de vivir que no tiene reparo, por ejemplo, en ducharse en el fregadero de su restaurante. Y a este curioso restaurante no especializado en nada -ni siquiera existe carta- comienza a afluir una curiosa clientela, por lo general con poco dinero.
   Agnès Desarthe explora, en las páginas de la novela, la personal forma de ser de Myriam que bascula entre el caos y la capacidad de resistir. Una mujer que arrastra un pasado, con su carga de recuerdos que le pisan los talones y de los que huye, pero que no dejan de perseguirla. Eso sí, es un actante novelesco cargado de recursos para evadirse de las garras depredadoras del capitalismo, capaz de enfrentarse al mundo, a las complejidades de la vida y también al dolor. Una mujer madura que sobrevive a las estafas de la vida y que decide aventurarse en ese pequeño mundo de la restauración, digamos casera. Pero con la que logra tirar para adelante sin heroísmos aunque tampoco sin miedos. La cocina no será para ella la forma de ganar el sustento, sino una catarsis, una forma de arrostrar su pasado y de vivir el presente.
   La novela echa a andar en un contexto sumamente plácido y delicioso: un restaurante improvisado, un negocio que no es rentable, con una clientela muy peculiar y con un puñado de amigos pintorescos rodeando a una mujer alocada, pero llena de vida: no tiene ahorros, carece de dinero pero no le hace falta nada o casi nada para vivir. Mas de pronto el lector percibe que Myriam arrastra algunos secretos difíciles de aceptar porque la sociedad los considera tabúes, especialmente si quien los ejecuta es una mujer. Ayer, hoy y mañana se da por hecho que el amor maternal es una condición natural de cualquier mujer. Sin embargo, la protagonista, madre de un hijo, se siente huérfana de esa inclinación amorosa, del amor maternal. De admirar la hermosura de su hijo cuando era bebé, desemboca en un momento de su vida en el que se da cuenta de que ya no le quiere. Y espera la ocasión en la que quizás regrese ese amor. Reconoce que en su juventud soñaba con un falansterio y no es capaz de comprender cómo, a pesar de sus ensoñaciones, se precipitó en el estrecho embudo del matrimonio, y en el aún más estrecho de la maternidad.
   La autora justifica con sobradas razones el perfil de su personaje. Habla de la maternidad, un tema poco frecuente en la literatura y no reprime el derecho de una mujer a amar a su hijo. Simplemente reclama la libertad del creador para darle vida a personajes ajenos a determinados comportamientos canonizados socialmente. “Solo haría falta, son sus palabras, que determinados lectores no entendiesen que las cualidades de un ciudadano no tienen porque ser las de un buen personaje novelesco.”
   Gracias al restaurante y al contacto con sus curiosos amigos, una mujer persigue, casi sin quererlo, reconstruirse: hacer el bien, ayudar, animar y empujar hacia la dulzura, practicar el sexo sin complejos, dejar que el deseo ocupe la parcela que le corresponde,  a pesar del peso punzante de la falta inconfesable de fantasear y seducir al amigo adolescente de su hijo.
   En el último tercio de una novela aparentemente liviana, y para muchos lectores, intranscendente, que se desarrolla entre fogones, recetas y ganas de renunciar a ser dueña de un restaurante, la trama se torna áspera y plantea cuestiones existenciales ineludibles. La protagonista no solamente hurga en sus sentimientos contradictorios a los que disecciona, aborda igualmente los problemas del sentido de la vida, de la sumisión en la vida de pareja, del amor, del deseo y del sexo. Myriam no sabe lo que es el amor, en qué consiste. Lo único que le queda es el deseo y el sexo, realidades que la vuelven viva.
   En  Cómeme, como se ha escrito, tras el aroma del cilantro se respira el perfume del deseo, esa fuerza salvadora. Eso quiere ser esta novela: la microhistoria, narrada sin grandes pretensiones pero con un ritmo ágil y una prosa envolvente, de una persona repleta de contradicciones y desengaños y que, sin embargo, sigue viva gracias a la cocina y a la cama con uno de sus amigos. Dos buenas formas de curar el alma.

Francisco Martínez Bouzas

                                                  
Agnès Desarthe

Fragmentos

“Mis dos primeras clientas no se le parecen. El pantalón les pende de unas caderas regordetas. «Pichoncitas mías»,pienso para mis adentros. Sus cuerpos se me antojan encantadores, semejantes a un albaricoque gigante. Se me ocurre hundir el índice en la carne perfecta de sus vientres, que se ofrecen orondos bajo la lustrosa piel. No lo hago, por supuesto.
Tan solo piden un entrante. Me extraña.
-Es que es demasiado caro -me explican.
-Pero al salir os va a dar hambre. ¿Tenéis clases esta tarde?
-Sí, de Filosofía.
-Pues hay que comer antes de filosofar. Os dejo todo a mitad de precio. Digamos que será mi contribución al futuro de la filosofía mundial. Si una de vosotras termina convirtiéndose en la pensadora del siglo…
He hablado más de la cuenta. Se aburren. Creen que estoy mal de la azotea, pero no por ello rehúsan disfrutar de mi generosidad. Al mismo tiempo que las observo zamparse la sopa de aguacate y pomelo, me pregunto si me caen bien o las aborrezco (…)
Al salir, observo que han sacado una cajetilla de cigarrillos del bolso. Me invaden unas ganas irresistibles de declarar que Mi Casa es un restaurante para no fumadores. Pero es una necedad, yo misma fumo, además sería extremadamente perjudicial para el negocio. ¿Acaso sus madres no les han enseñado que se debe comer despacio, posando la cuchara entre bocado y bocado? Las volutas de humo de Camel se entreveran con la nube de vapor que se eleva de la sartén. Perdidas en una bruma espesa, nos tornamos espectrales. A ellas no parece incomodarles y a mí me alegra que mis primeras clientas no sean puntillosas. Varios transeúntes se apelotonan en la entrada, intrigados por la misteriosa neblina. Es el principio de la gloria.”

…..

“Permanezco alerta durante años, espero que el gong vuelva sonar, el gong del amor materno que haría vibrar mi corazón. A veces me olvido y no pienso en ello, es una tregua. Mis gestos y mis cuidados emulan tan bien ese amor inalcanzable que hasta yo misma me lo creo. Me digo que soy una madre como otra cualquiera, tal vez algo más concienzuda. El dolor se disipa. Respiro aliviada. Pero esa situación nunca dura, basta con que me cruce con otra madre y la oiga hablar de su hijo, la vea contemplar su bebé o cantándole a su niño. Lo reconozco todo porque los tres días que quise a Hugo me han dejado una marca singular, como una quemadura a lo largo de la columna vertebral. Las observo y la herida vuelve a supurar. Me falta la endeble pasarela que bastaría para salvar el precipicio de dos mil metros de profundidad. No es casi nada. El abismo que me separa de mi hijo es estrechísimo. No habría más que lanzar una cuerda de un lado a otro, pues la falla no es ancha, es terriblemente profunda, pero si se arrojase una viga a través de una liana…”

…..

Dos brazos me rodean los hombros, luego la cintura, las caderas, las rodillas. Sus manos alrededor de mis tobillos. Estas suben y se posan en mis muslos, en mi vientre, en mis senos, en mis ojos, en mis orejas. La boca que me sé de memoria -la del hombre que nunca me hará llorar, el hombre que tengo  a mi espalda y me agarra, me rodea –me muerde la carne del cuello. Ya está. El hombre que jamás me haría llorar, que me lo había prometido, hace que un río de lágrimas me corra por las mejillas, las axilas y las piernas. No le guardo rencor por esa mentira. La fuerza de este engaño es mejor que ninguna otra cosa. Deseo que me mienta, que se desdiga, que se contradiga. Cree saber y no sabe nada. Y de ello desconozco todo y ardo en deseos de saberlo todo. La ropa tirada en el suelo a nuestro alrededor forma continentes surcados por cadenas montañosas que albergan ríos  de rocío. Hacemos el amor en el bosque. Prendemos fuego a las camas, a las sábanas, a las almohadas. Que no quede colcha ni somier. Una pira inmensa cuyas llamas lamen y consumen los muebles. El confort de los techos sobre las cabezas y la mullida suavidad de los edredones, estalla en la noche.”

(Agnès Desarthe, Cómeme, páginas 16-17, 99-100, 190-191)


viernes, 2 de diciembre de 2016

Reseña de CÓMEME, de Agnés Desarthe en Acantilados de papel

Cómeme, de Agnés Desarthe (Reseña nº 792)


Agnés Desarthe
Cómeme
Baile del Sol Ediciones, 2016


La contraportada de esta novela nos dice que no nos dejemos engañar por la sinopsis, pues Cómeme no es una novela amable. Y no lo es en tanto iremos descubriendo, entre recetas, platos y comandas, a Myriam, quien considera que su vida no guarda la proporción debida y nunca está a la altura de lo que decide hacer.

Ella, nómada de la vida durante los últimos seis años, decide abrir un restaurante, al que pondrá por nombre Mi Casa, y ese nombre le sienta, a su local, como anillo al dedo. Y será, a partir de ese momento, aunque todos los indicios apuntan al más catasatrófico desastre, cuando su vida comience a cambiar. Ella, que en el pasado se preguntó cuándo descubrió que era necesario esforzarse mucho antes de seguir viviendo. Simplemente viviendo, se decía. Ella, que siempre se había figurado que la existencia tenía forma de montaña, veía como la apertura de Mi Casa se convertía en un Col du Tourmalet al que pretendía coronar con una bicicleta de ruedas pinchadas.

Todos tenemos un pasado, y el de Myriam esconde zonas muy oscuras, que el lector irá descubriendo a lo largo de la narración, y conozca a Vincent, el vecino de la floristería; a Simone y Hannah, dos clientas, quienes le presentarán a Ben, el mejor camarero de París, después vendrá un personaje de su pasado por el circo: Ali Slimane. Y Bárbara y… será otro personaje, al que lleva seis años sin ver, desde la falta de la cual se declara única culpable, el que termine de dar sentido al cambio que se ha ido produciendo en ella entre carnes, verduras y pescado, entre recetas, entre sus trampas al juego de las siete familias, en sus esfuerzos de transcategorización, porque hace lo que piensa que los alimentos esperan de ella.

Como os digo, la autora, nos depara un final posiblemente inesperado, en un libro de agradable lectura, que combina los sabores y olores de la cocina, con la literatura, la poesía, cierto humor, el sabor agrio del dolor y una búsqueda del motivo de la vida. 

Francisco Javier Illán Vivas


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lunes, 14 de noviembre de 2016

Reseña de CÓMEME de Agnés Desarthe en Devoradora de Libros y en ConfidencialDelSur.com

Cómeme -­ Agnès Desarthe

Myriam, de unos cuarenta años, monta un restaurante en una zona tranquila de París, aunque llamarlo «restaurante» tal vez resulte demasiado generoso, dada su apariencia tosca, desaliñada, todavía por pulir. El local no es lo único que necesita reformas. Myriam lo bautiza como Mi Casa y, en efecto, se convierte en su hogar, su habitación propia, una extensión de sí misma que le permite realizarse y abrirse a los demás. Porque Myriam arrastra una profunda decepción, un error que trastornó su vida y la distanció de lo que más quería. Los últimos años llevó una vida errante, trabajando como cocinera en un circo. Ahora, mientras pone en marcha el restaurante, también trata de reactivarse a sí misma. Cómeme (2006), una novela de la escritora francesa Agnès Desarthe (París, 1966), relata en primera persona del presente el viaje emocional de la protagonista desde que inaugura el restaurante, si bien en momentos determinados retrocede al pasado para recordar lo que le ocurrió. Entre fogones, pues, Myriam habla de manjares, de clientes…, pero sobre todo de sí misma.
Cómeme, que toma su título de Alicia en el País de las Maravillas, tiene múltiples capas de lectura y, también inspirándose en la obra de Lewis Carroll, juega al equívoco y los dobles significados en su uso del lenguaje. El propio Cómeme alude a la comida, pero asimismo tiene connotaciones sexuales. Y ambos temas, la comida y el sexo, en cierto modo lo normativo y lo oculto, la cara amable y la cara furtiva del placer, están presentes en la novela. La primera frase revela igualmente su tono travieso: «¿Soy una mentirosa?», se pregunta Myriam. Ella misma se responde que sí y no. La verdad depende de cómo se cuenta… y Desarthe domina el arte de la persuasión. En una interpretación superficial, Cómeme puede leerse como una novela de personajes inadaptados que se conocen y traban amistad: la propia narradora, el camarero que la ayuda a mejorar el negocio, las dos adolescentes que comen en el local, etc. Al hablar de este tipo de libro, pienso en el best­seller de otra autora francesa, Juntos, nada más (2004), de Anna Gavalda. Con todo, hay que decir que el estilo de Desarthe es más denso; Gavalda, por su parte, trabaja la trama y el desarrollo de todos los personajes, no hace un libro­soliloquio como Desarthe
Más allá de esta primera lectura, hay un fondo más psicológico y perturbador. La mujer se expresa de forma divertida, punzante, aguda, pero de hecho esconde una honda amargura. Ese es el truco de Desarthe: narrar escenas distendidas, del día a día, intercalándolas con fragmentos melancólicos en los que deja fluir la conciencia. La tristeza como un sentimiento latente, nunca en primer plano. Los motivos del dolor de Myriam se van desvelando poco a poco en forma de flashbacks: estuvo casada, tuvo un hijo, pero ocurrió algo muy grave que la empujó a marcharse. Entonces se unió al circo. Desarthe retrata una cara controvertida de la maternidad, por un lado, y de la atracción sexual, por el otro. Myriam echa de menos lo que tenía antes; aun así, aquella vida tampoco era apacible. A esos problemas se les une el complejo que siempre ha arrastrado con respecto a su hermano, más exitoso que ella. Cómeme, en este sentido, es una novela introspectiva sobre una mujer que intenta salir a flote después de sentir que ha fracasado en todo; una novela que muestra cómo la sociedad puede convertirse en un entorno hostil para quien rompe sus normas no escritas.
Desarthe firma un texto muy francés, esto es, un libro que apenas tiene trama como tal, en el que toda la fuerza reside en la voz narrativa, su retórica, sus monólogos, sus cavilaciones. El estilo es rico, elaborado, de frases alambicadas, recargado; una voz muy «paladeada», por así decirlo, que funciona en pequeñas dosis, pero que no se integra bien en el conjunto. Ese es su problema: escribe con gracia, es ingeniosa, pero tiene dificultades para construir una novela. La obra se compone de fragmentos de pocas páginas, que abarcan desde asuntos cotidianos a recuerdos, pasando por meditaciones de temas como la filosofía o la literatura (porque, además, Myriam es una mujer culta) que a menudo están de más. Cada episodio breve, por sí solo, funciona, en el sentido de que tiene el estilo suficiente para despertar el interés. No obstante, al hilvanarlos se notan las costuras. Demasiadas divagaciones, demasiado lucimiento de prosa vacuo. Falta de cohesión. El resultado es una novela un tanto espesa; las pretensiones se comen ese libro corrosivo que podría haber sido.
http://www.devoradoradelibros.com/2016/11/comeme-agnes-desarthe.html
http://confidencialdelsur.com/2016/11/11/comeme-%C2%AD-agnes-desarthe/

jueves, 6 de octubre de 2016

Reseña de Cómeme de Agnès Desarthe en Mar de tinta


 
Generales
 
 
Autor
 
Editorial
 
Sello
 
Número de páginas214
 
 

Positivo

El pasado de la protagonista se va desvelando a la vez que se desarrolla su presente, engancha y se lee de un tirón.

Negativo

Nada negativo que destacar, es una gran novela.


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Posted 26/09/2016 by 

 
RESEÑA
 
La obra de Agnès Desarthe se encuentra muy dispersa entre varias editoriales españolas: desde el año 2000, sellos como Random, Luis Vives o Corimbo han publicado algunos de sus títulos traducidos. En esta ocasión, Baile del Sol se suma a esta estela para darnos a conocer este título que vio la luz por primera vez en su idioma original en 2006. La obra de Desarthe está dirigida principalmente al público infantil, también traduce libros de otros autores y de forma más puntual también ha experimentado con el género ensayístico.
“Cómeme” es un sugerente título que hace referencia a la etiqueta de los famosos pastelillos con grosella de la Alicia de Lewis Carrol, una referencia literaria que en esta novela se utiliza para narrar la  incomodidad humana de sentirte demasiado grande o demasiado pequeño frente a las situaciones del día a día. Además, la protagonista da un gran paso en su vida abriendo un restaurante, por lo que las alusiones gastronómicas del título, metafóricas y literales, son múltiples y resulta divertido advertirlas.
Myriam o cómo sacar fuerzas de flaqueza
Agnès Desarthe tiene un don. Esta novela es una minuciosa exploración de la personalidad caótica y compleja de Myriam, una mujer de mediana edad que es la personificación de la resiliencia, una superviviente perseguida de cerca por su pasado cada mañana, clavándole los colmillos del recuerdo.
Myriam se nos presenta en el momento en el que parece que ya no le queda nada que perder, y quizá por ello decide hacer una locura intentando que su vida recobre sentido: falsifica la documentación necesaria para que le concedan un crédito con el que iniciar su propio negocio, y este valiente y divertido gesto ya nos coloca ante un personaje cargado de recursos para burlar las cuchilladas del capitalismo. Una mujer que sobrevive con lo puesto y que parece necesitar sólo el aire justo en los pulmones para tomar impulso y tirarse de cabeza hacia su futuro.
Por todo esto, las peripecias de Myriam suponen un ejemplo para los lectores que se acerquen hasta sus páginas. Además, la traducción de Iballa López Hernández es impecable, y hace posible que “Cómeme” se lea con una fluidez y una delicadeza que son el marco perfecto para una historia tan lírica, estimulante y agridulce como ésta.
Bébeme, rezaba la etiqueta del frasco de Alicia. La niña bebió y, como un telescopio que se repliega, notó que encogía. Cómeme, ponía en la galleta, Alicia comió y se estiró hasta alcanzar el tamaño de un abedul. Demasiado pequeña o demasiado grande, mi vida no guarda la proporción debida y nunca estoy a la altura de lo que decido hacer. Cuánto me gustaría recobrar mi tamaño original, el tamaño que me permitiría meterme en el guante del día y no sentir que me está grande ni estrecho.
Indigestión, ¿qué es eso?
Una crítica al respecto de “Cómeme” afirmaba que era un bocado tan delicioso como indigesto, esto aparece en la faja publicitaria de libro y creemos que la editorial se ha hecho un flaco favor eligiendo ese fragmento que no es totalmente positivo, es contradictorio y además no estamos de acuerdo con el término “indigesto”: para nada se sentirá mal el lector que se acerque hasta estas páginas.
Hay libros que tienen la capacidad de revolver los estómagos más delicados e incluso algunos recios, se nos ocurren “Carmilla” de Le Fanu o “Y el asno vio al ángel” de Nick Cave, entre tantos otros. Pero “Cómeme” precisamente tiene la facultad de dibujar sonrisas en la cara de quienes lo leen, es extraordinariamente sencillo empatizar con su protagonista desde el primer instante, admirar su fuerza y lamentar sus pesadillas, alegrarse por sus logros, etc.
Existen otros personajes en la novela, un pequeño puñado de preciosas personas que aparecen como salidos de la nada para acompañar a Myriam en el tramo de su camino del cual somos espectadores. Aunque sus personalidades no están en absoluto tan desarrolladas como la de la protagonista (a la que Desarthe se ha esmerado en dibujar para nosotros con todo lujo de detalles), sí resultan muy interesantes porque se trata ante todo de personas buenas, con sus propias circunstancias pero siempre con rasgos que los excluyen de alguna manera del grueso de la sociedad.
¿Acaso no ve la marca en mi frente, el estigma de la mujer con un corazón de piedra?
Los fantasmas pisándote los talones
Asistimos al momento en que Myriam se reinventa a sí misma sacando fuerzas de flaqueza, como ya hemos explicado. Pero no sabemos hasta más tarde de qué recuerdos huye, qué fantasmas la persiguen. No sabemos si es algo a lo que podrá sobreponerse, si se trata de una situación solucionable, si es quizá Myriam una delincuente, si es inocente o es culpable.
¿Qué pasó? Eso es algo que tendrá que descubrir cada lector: mientras avanza la trama, se van dando pequeñas pistas. De este modo, Agnès Desarthe teje sabiamente los hilos. Por un lado, el presente que poco a poco avanza, por otro el pasado que al mismo tiempo se desvela. Se trata de una solución técnicamente muy inteligente para contar la historia, que mantiene aún más atrapado al lector que una narración lineal convencional.
Se atreve además a explorar un tema controvertido cuando detalla lo que sucedió hace años, algo que pondrá al lector contra las cuerdas de su propia ética y le hará situarse a favor o en contra de todos los personajes implicados. Finalmente, regala un final quizá un tanto previsible y esperado, pero igualmente emocionante.
Su inteligencia me fascina tanto como la ausencia de ruido en el cosmos.
Myriam resulta ser una mujer alocada pero llena de vida y energía, una de esas personas que resultan encantadoras por su forma original de apreciar los pequeños detalles, alguien que de forma innata sabe elegir el marco perfecto para cada foto, o decir la palabra exacta para conseguir que te sientas a su lado como en casa.
“Cómeme” es tan humano que devorarlo es casi un acto de canibalismo, un hallazgo que brilla con luz propia y que resulta una lectura perfecta para hincarle el diente incluso sin tener hambre.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Reseña de Cómeme de Agnès Desarthe en Libros y Literatura

CÓMEME, DE AGNÈS DESARTHE

No sabía nada de este libro, tampoco conocía a la escritora francesa Agnès  Desarthe. Digamos que el hecho de que este libro haya llegado a mis manos ha sido pura casualidad. Esas cosas raras que tiene el destino de unir a veces libros con lectores como le viene en gana. ¿Arriesgado? Claro que sí, pero como no nos arriesguemos de vez en cuando mal vamos. Así que, si este libro había venido a mí sin yo esperarlo, tenía que leerlo sí o sí. Quién soy yo para jugar con el destino.
Cómeme es un título sugerente. Parece el título de una película porno. Pensé que quizá fuese un libro erótico: “un relato sobre sexo y comida alejado de toda corrección política”. Esto es lo que aparece en la portada. Normal que me hubiese montado yo mi propia película (porno o no) en mi cabeza. Pero, seré sincera: ni tanto sexo, ni tanta incorreción política. Eso sí, comida mucha. La comida ocupa un papel más en esta novela. Creo que he engordado un par de kilos mientras la leía. O quizá los haya perdido en forma de baba, no lo tengo claro. El caso es que la comida es protagonista indiscutible de esta novela.
Myriam es la otra protagonista del libro. Su idea es abrir un restaurante en París sin tener ninguna experiencia en el mundo empresarial y sin tener ni un duro. Eso sí, le sobra la experiencia en los fogones, el amor a los alimentos y también, la cara dura.
El restaurante se llama Mi casa y es el nombre más sincero que podría tener. En el mismo local donde Myriam monta su negocio vive y duerme todos los días en un saco de dormir. Ya os he dicho que no tiene un duro, pero no creáis que le importa demasiado ducharse en el fregadero o tener su ropa en una maleta tras la barra. Ni se queja, ni aspira a más. Simplemente se contenta con vivir.
Por Mi casa, pensado como un negocio atípico donde ni siquiera hay carta, donde pueden comer tanto adultos como niños, donde todo siempre está buenísimo, comienza a desfilar una variopinta clientela. Tan variopinta como la propia Myriam. Vincent, quien regenta una floristería junto a su restaurante, se convierte en amigo, consejero y cliente habitual. También dos estudiantes a las que Myriam les coge cariño y que acuden a comer entre clases y clases a su restaurante por un precio ridículo. Serán ellas quienes envíen a Ben, el mejor camarero, al negocio de Myriam para echarle una mano. Y como Ben es el mejor camarero y Myriam un pequeño desastre, éste acaba siendo quien prácticamente dirija el negocio. Porque realmente lo hace bien y porque a Myriam no le importa. Se deja llevar, como se ha dejado llevar durante toda su vida.
Cuando un personaje está bien elaborado se nota y Agnès Desarthe ha sabido dotar de alma a todos los personajes que se pasean por esta novela. Inevitablemente, se les acaba cogiendo cariño. Y eso que Myriam es rara, una mujer rota por el pasado, una madre incapaz de sentirse como tal. Un pequeño desastre que no encaja demasiado bien en lo convencional. Y entonces descubres que la novela no se llama así porque quiera parecerse al título de una película porno. Cómeme es un guiño a Alicia en el país de las maravillas. ¿Recordáis cuando ha de menguar y crecer para cruzar una puerta, para coger una llave? Bébeme. Cómeme. Son las premisas que encuentra Alicia para poder cambiar su estatura y poder seguir adelante. Eso es lo que le ocurre a Myriam. Ella desearía encontrar esa galleta con la que poder cambiar, esa galleta que le hiciese adaptarse a todas las situaciones que ella es incapaz de digerir por sí sola.
El destino es extraño, no os voy a engañar. Tampoco tengo muy claro que exista, pero sí agradezco haberme topado con esta novela llena de humor, llena de imposibles y de personajes excéntricos. Tal y como me gusta.

martes, 6 de septiembre de 2016

Reseña de Cómeme, de Agnès Desarthe en laRepúblicaCultural.es

Intentando cocinar el amor

Publicado el Martes 6 de septiembre de 2016, a las 00:02h


Julio Castro – La República Cultural


Cuando Myriam decide abrir al público su restaurante no sabe ella, ni quien la lee, que el local al que llama Mi Casa, encierra una especie de aforismo en ese nombre, que supone guarda paralelismo con su propia vida. Lo que la propietaria de este local va a narrarnos es la apertura a las entrañas de su propia vida, de la Casa en la que se encuentra.

Una narración que tras la apariencia de ser un mero libro de juego con los alimentos, o con los sentimientos, trata de combinar la manera de abrirse a una cocina amarga y especiada que terminará en pastel de zanahoria y nueces. La historia se escribe en primera persona y, aunque no alcanza a la manera de un diario, sí que establece el ejercicio de la narración y de los recuerdos fragmentados. No se aproxima a su formato, salvo que entre jornada y jornada, nuestra protagonista recopilará una parte de su pasado, del que iremos descubriendo poco a poco un mundo de locuras, en el que nunca se evidencia cuál es la realidad, ni dónde se ancla la imaginación para recrear paralelismos de una vida poco clara.

La autora ha querido diseñar a un personaje que hurga en sus sentimientos, imaginando paisajes reales que se entremezclan con la realidad, obligando a sus sujetos de lectura a extraer los mundos auténticos de los imaginarios. No suele tratarse de escenas especialmente largas, pero vuelca buena parte de la proyección poética en los sentimientos de su narrativa, convirtiendo esos momentos en espacios fantásticos muy potentes.

Parece que la historia fuese como el bulbo de una planta, que encierra el conocimiento de vidas pasadas, pero que, en medio de un frío invierno, encuentra serios problemas para volver a brotar a la superficie de la tierra. Serán los compañeros de viaje quienes le permitan realizar el recorrido interior de una larga historia pasada, para que esté en condiciones de encontrar el motivo del trayecto mismo. En cierto modo estamos ante una historia que transita de lo más íntimo de la protagonista, hacia un brote del sentimiento externo que permitirá decidir su propio futuro.

La narración cuenta con una larga fase introductoria que, probablemente, hasta pasadas las primeras 50 páginas hacen divagar a su protagonista, sirviendo a modo de descriptiva de su entorno y del resto de personajes. Sin embargo, tampoco deja especialmente clara la posición de la línea argumental, que se irá definiendo hacia el final del relato.

Una historia que habla del contradictorio sentimiento de rechazo de Myriam hacia su propio hijo, que a su vez se mira desde fuera comprendiendo que tendría la necesidad de quererlo. Un suceso que se desata en tras el profundo amor del primer momento de la maternidad: “Desde su cuna transparente, Hugo me gratifica con su maravillosa sonrisa, que he olvidado mencionar. Me quedo admirándolo, pero de repente tengo la horrible sensación de que algo se ha roto. Ya no lo quiero. Miro hacia otro lado. Me concentro en la pared blanca. He debido equivocarme”.

A partir de ahí, la realidad del momento actual irá intercalando vivencias del pasado en una desordenada cronología, que nos permitirá ir construyendo causas y consecuencias en ambos sentidos de la historia. Sobre ella, sentimientos evidentes o sugeridos planean la posición de la protagonista al filo de un borde situado entre el desastre y la catarsis que le permita avanzar.

En todo ello participarán los personajes de Ben y de Vincent, el primero de ellos, especialmente, más firme en su carácter, aunque también dotado de ciertos aspectos de misticismo ascético, que nada tienen que ver con el propio núcleo del relato.

De su pasado al circo, del circo al restaurante y retorno a través de la imaginación, es la síntesis de esta historia, que sirve de sustento para el desarrollo de la situación incontrolable de una mujer frente a su propia maternidad.

Es cierto que el relato tiene la capacidad de atrapar desde el comienzo, y conducirnos a través de ese mundo casi maravilloso de Alicia y sus galletas de crecer y menguar. Sin embargo, creo que hay carencias en la profundización de los contenidos de cada tema tratado, que la parte culinaria podía haber tomado mayor relieve, pero que es muy superficial y apenas sirve de acompañamiento, al igual que la parte circense, que ocupa el segundo puesto en el recorrido de la biografía que hace la protagonista, sólo nos deja pinceladas de su realidad. Y, sin mermar el interés de la novela, creo que su autora deja enormemente desaprovechada la oportunidad de recrearnos en un mundo mucho más potente y profundo en su narrativa.



Título: Cómeme (Mangez-moi)
Autora: Agnès Desarthe
Traducción: Iballa López Hernández
Editorial: Baile del Sol (2016)
Formato: encuadernación en tapa blanda; 214 pág.
Cubierta: Pau J.
ISBN: 9788416794058

http://www.larepublicacultural.es/article11231.html

sábado, 11 de junio de 2016

Entrevista a Agnés Desarthe a propósito de CÓMEME en Librújula

"EL SEXO Y LA COMIDA REPRESENTAN LA INTIMIDAD, EL PLACER, EL ACTTO DE COMPARTIR".

texto INMA LUNA 
foto DANTE DESARTHE

Cómeme es el sugerente y carrolliano título de la novela que la parisina Agnès Desarthe acaba de publicar en España, con traducción de Iballa López Hernández, en la editorial Baile del Sol. Se trata de una historia engañosamente amable que pone sobre la mesa de un restaurante algunos dilemas morales que la sociedad de lo políticamente correcto ha convertido en auténticos tabúes. El lado oscuro de la maternidad o las pulsiones sexuales de una mujer madura hacia un adolescente son algunos de los charcos en los que se mete la potente voz de Desarthe. Lo hace, además, en un contexto tan delicioso que es capaz de conseguir que los malos tragos se digieran con una media sonrisa.

Cómeme es, en cierto modo, una novela tan engañosa como Alicia en el País de las Maravillas, en el sentido de que parece que nos enfrentamos a una historia amable cuando los temas que aborda son verdaderamente espinosos.
¡Eso prueba que la ha leído atentamente! En serio, creo que esa impresión se debe a mi método de trabajo. Cuanto más grave es el tema, más lo abordo de manera indirecta, con humor. Me horrorizan los lamentos y el espíritu de seriedad. A mi modesta manera, practico el comic relief shakespeariano. Ante la negrura, e incluso ante el horror, mi reflejo consiste en buscar por dónde introducir el humor. Es a la vez una forma de cortesía y un arte poético.
Myriam, la protagonista, arrastra algunos secretos nada fáciles de digerir, que son prácticamente tabúes en nuestra sociedad, especialmente para una mujer. ¿Cree que la literatura tiene la obligación de acercarse a estas cuestiones incómodas en momentos en los que la corrección política adquiere tintes de censura?
En 2006, cuando escribí el libro, nunca pensé que algún día tendría que contestar a esta pregunta. En aquellos tiempos lejanos, la corrección política era un tema que se tomaba a risa. No obstante, cuando la novela se publicó en Francia, tuve que hacer frente a cierta forma de rechazo por parte de determinado tipo de lectores. Creía que la libertad sexual que mostraba mi personaje corría el riego de chocar, pero no fue así. Lo que resultó difícil de «tragar», por no decir insoportable, fueron las páginas en las que Myriam, la protagonista, la madre, experimenta dificultades para acceder al amor materno. Es como si perdiera el hilo. Sin saberlo, había trazado el retrato de una madre desnaturalizada (lo cual nunca ha sido para mí). Cuando terminaban los encuentros con los lectores, venían a verme mujeres y me preguntaban con aire desconfiado: «¿Tiene hijos?». Si contestaba que sí, seguían, con un aire más feroz aún, con un «¿Y los quiere?». Ahí se escondía el tabú. No había pensado en ello.
Entonces, ¿no se había propuesto, a priori, abordar este tema?
Había querido hablar de la maternidad (un tema, a mi entender, poco presente en la literatura) y me había parecido más fructífero explorar la ausencia que la plenitud. No reivindico especialmente el derecho de una mujer a amar o no amar a su hijo. No me planteo esa cuestión. En cambio, como escritora reivindico el derecho a crear personajes que no sean necesariamente, o no en todo momento, simpáticos, sin que se me juzgue moralmente. Aunque, en realidad, me da un poco igual ese tipo de críticas. Sobrevivo muy bien a ellas. Solo haría falta que determinados lectores entendiesen que las cualidades de un buen ciudadano no tienen por qué ser las de un buen personaje novelesco. Esa forma de candor que está tan extendida es en gran parte consecuencia de la corrección política. Dicho movimiento, que surgió legítimamente de la lucha contra el racismo, se desvió rápidamente para convertirse en una mordaza muy eficaz. Las cosas empezaron a torcerse a partir del momento en que señalar una diferencia constituía un insulto. Como si ser diferente fuera necesariamente algo malo. La obsesión es la uniformidad. A fuerza, una suerte de Establishment burgués se ha convertido en la norma deseada por todos. Pero ¿qué es de los márgenes, esas zonas tan importantes de la oposición y de la creación? Por lo tanto, sí: a la literatura no le queda más remedio que luchar.
El amor se pone en Cómeme, y nunca mejor dicho, encima de la mesa y cuestiona muchos de sus tópicos. ¿Aprendió algo nuevo acerca de este sentimiento mientras escribía?
El tópico contra el que luché de manera más directa, creo, fue el del amor materno y lo que aprendí fue que… ¡una no tenía ningún derecho a hacerlo! Por lo demás, quería explorar los vínculos que existen entre el amor y el deseo; en lo que a ello respecta, sigo indagando.

Myriam es una mujer que busca reconstruirse. Gracias a su restaurante se va encontrando con gente que la ayuda en ese recorrido; personajes con los que establece relaciones que se alejan de los modelos habituales…
No sé cuáles son los modelos habituales. A lo mejor no veo demasiada televisión… Una de las cuestiones que sigue fascinándome no es el mal, sino el bien. Comprendo lo que conduce a la gente a actuar mal; el de acaparar, el de salvar el propio pellejo, son deseos muy naturales. En cambio, el anhelo de hacer el bien, de ayudar, cuando no se sustenta en la fe religiosa o en una culpabilidad excesiva, sigue siendo un misterio. Creo en el placer de hacer el bien, soy testigo de ello a diario. En medio incluso de los horrores que vivimos en estos momentos hay instantes virtuosos. ¿Dónde nacen? ¿Qué fuerza es esa que nos empuja hacia la dulzura y nos mueve a compartir (rara vez, es cierto, pero que aun así lo hace)? Los personajes con los que se va encontrando Myriam ceden ante esa tentación de la virtud. ¿Se debe quizá a que la persona que tienen ante sí ya no tiene nada que perder, es auténtica y, a pesar de todo lo que le ha sucedido, o quizás gracias a todo ello, es idealista?
La comida y el sexo tienen mucha importancia en el relato. ¿Qué vinculación hay entre ellos? ¿Los convierte Myriam en una especie de tabla de salvación, la hacen sentirse viva?
El sexo y la comida representan la intimidad, el placer, el acto de compartir, la pulsión. El hecho de que Myriam pase de uno a otro supone un intento por «integrarse», por dejar de sembrar el desorden. Alimentar a los demás es para ella una forma de canalizar su deseo. Pero para ella ambos gestos son muy cercanos: «Lo que he amasado con la mano, tú te lo metes en la boca», así es como lo ve ella. Es la manera que halla para relacionarse con los demás sin correr el riesgo de destruir sus vidas o la suya propia. Una forma de domar la violencia de las relaciones.
Tengo entendido que en algunos países se censuró el título porque veían connotaciones sexuales en la palabra “Cómeme”. ¿Qué opinión le merecen estas decisiones?
Yo lo que veía, sobre todo, era una cita de Lewis Carroll, por ello me sorprendió mucho que, en concreto, las ediciones inglesa y americana no tomaran el título francés. De hecho, la connotación sexual no me habría molestado. A lo mejor habría atraído a un mayor número de lectores… ¿quién sabe?

¿Qué peso ha tenido en la elección de un restaurante como escenario para la novela su propia afición a la cocina?
Escribí este libro para salvarme a mí misma de la tentación de abrir un restaurante. Cocino muchísimo, con constancia y pasión. Pero, en la época en la que empecé Cómeme, la cocina había desplazado a la escritura. Pasaba más tiempo en el mercado y ante los fogones que en mi escritorio. La razón era simple: la mayoría de la gente tiene hambre tres veces al día, y tienes la certeza de poder complacerlos si les pones de comer. Y, si la comida está buena, te lo agradecen efusivamente. Conozco a pocas personas que se quejen porque tienen hambre de historias (personalmente soy así, pero me considero un caso aparte). Cuando escribes, con el tiempo terminas preguntándote «¿para quién?, ¿por qué?». El inmenso impulso dirigido al otro en la escritura no es forzosamente recíproco. Creo que, en la época de Cómeme, me sentía un poco desengañada o defraudada por el poder de la literatura. Desde entonces, he dejado de hacerme la pregunta. Escribo a pesar de ello. Tal vez el mismo hecho de saber que el arte no sirve para nada con el tiempo se ha convertido en una forma de reivindicación política. Un ensañamiento voluntario contra la rentabilidad y la productividad.
¿Hay paralelismos entre la puesta en marcha de un restaurante y la construcción de una novela?
Se pueden trazar numerosos paralelismos entre cocina y escritura: el equilibrio de los sabores, lo picante y lo dulce, el contraste entre lo suave y lo crujiente, la consistencia y el grosor de los trozos, etcétera. La gran diferencia estriba en el hecho de que la escritura es cosa de soñadores, mientras que un restaurante, en tanto que empresa, exige del gerente una forma de seriedad y organización de la que carezco. Pero en ambos casos hay una toma de riesgo, el deseo de hacer las cosas bien… y un cansancio enorme.
Myriam bautiza a su restaurante con el nombre de Mi Casa y ciertamente lo es para ella. ¿Qué importancia tiene en Cómeme el hogar como espacio en el que sentirse persona?
Tal vez sea una manera de jugar con la «habitación propia» de Virginia Woolf. ¿Qué es el hogar? Es el lugar del calor, pero también de la creatividad. El hogar es también el lugar en el que nos sustraemos a la mirada de los demás, lo cual nos permite ser nosotros mismos. En el caso de Myriam, su restaurante es por defecto un hogar, una forma de recrear la serenidad perdida.
El dolor y el poso de la violencia también están en las raíces de esta historia, y parecen marcar de forma determinante a su protagonista. ¿Qué “come” a lo largo de la novela para irlo superando?
¡Qué bonita pregunta! ¿Qué come Myriam? Se alimenta de la sorpresa, de lo desconocido. Aprende una profesión. Isaac Babel decía que «aprender es el mejor remedio contra la depresión». Estoy muy de acuerdo con esa visión. No cesar nunca de aprender es una manera de seguir en movimiento y de construirse un porvenir diferente.
A pesar de un trasfondo áspero, también hay en Cómeme un fino sentido del humor y mucha ternura, ¿le resultó difícil compaginar las emociones contradictorias?
Como decía al responder a su primera pregunta, el humor y el dolor son compañeros de viaje inseparables. No se trata únicamente de una cuestión de ética, sino también de estética. Una vez más esa cuestión de contraste, de dar relieve a través de la diferencia.
La literatura también está muy presente en la vida de Myriam. Entre sus poquísimas posesiones está una pequeña biblioteca con sus imprescindibles. ¿Coinciden estos con los suyos?
Esa pequeña biblioteca es parte de la mía. Yo también tengo una docena de libros que me rodean en determinadas épocas, los tengo sobre la mesita de la noche. Leo varios de ellos a la vez. La selección cambia, evoluciona. Depende de las inquietudes que tenga en ese momento, de las búsquedas que realice para el libro que esté escribiendo; también se va formando en función de la gente con la que me voy encontrando. La literatura es sin duda una baliza, un lugar de utopía y libertad como no existe otro igual.
La novela resulta bastante cinematográfica, ¿hay algún plan en este sentido?
En varias ocasiones ha habido productores que compraron los derechos pero no llegaron a finalizar el proyecto. En estos momentos hay una nueva tentativa. Espero que termine realizándose, pero creo que los flahsbacks, entre otras cosas, plantean dificultades.
¿Cómo espera que se reciba Cómeme en España?
Dado que España es una gran nación literaria y culinaria, creo que el libro debería tener una buena acogida. Al menos ese es mi deseo.