jueves, 16 de diciembre de 2021

NOS TRAGARÁ EL SILENCIO de Miguel A. Zapata en Pliego Suelto

 

Los escritores y sus textos: Miguel A. Zapata introduce «Nos tragará el silencio», fin de una trilogía

Fragmento cubierta «Nos tragará el silencio», Miguel A. Zapata. Baile del Sol, 2021

 
El narrador y docente Miguel A. Zapata (Granada, 1974) a través del siguiente artículo, escrito para Pliego Suelto, manifiesta sus sensaciones y sus puntos de vista acerca de la publicación de su novela Nos tragará el silencio (Baile del Sol, 2021), última pieza de la trilogía compuesta por Arquitectura secreta de las ruinas (Baile del Sol, 2018) y Las manos (Candaya, 2014), lo cual significa el cierre de un ciclo creativo que ha durado una década.

Existe un debate recurrente acerca de si es posible la planificación anticipada de obras literarias que conforman trilogías, episodios, grupos o ciclos con algún tipo de unidad interna.

En ocasiones, se percibe un cierto artificio en esta concepción, una predisposición a la entrega por capítulos avant la lettre. En otras (los Episodios galdosianos, la Trilogía de Auschwitz de Primo Levi o la Trilogía de Danzig de Günter Grass, se me ocurre) queda muy clara la conexión argumental o conceptual que articula las obras que forman parte del mismo conjunto.

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Miguel A. Zapata, 2014

En el otoño de 2014, cuando me encontraba en Sevilla para promocionar Las manos, mi primera novela, daba yo vueltas en la cabeza al borrador más o menos definitivo de la segunda, que acababa de revisar y corregir. Hasta ese momento, no me había planteado que formaran un corpus, pero analizando las ideas desarrolladas en ambas pude percibir una serie de constantes y leitmotivs que las hacían absolutamente afines y partes de una unidad, no desde la conexión o continuidad de sus argumentos, sino desde un punto de vista conceptual.

En efecto, si en Las manos analizaba la pérdida de la identidad individual en pos de la aceptación de ciertos iconos y griales colectivos, y en Arquitectura secreta de las ruinas me centraba en la decadencia de los entornos vivenciales de la contemporaneidad como reflejo de la degeneración de sus habitantes, era evidente una conexión: estaba hablando, desde presupuestos argumentales diferentes, de distintas formas de la degradación en (y de) nuestra cultura.

En la entrevista que siguió al café en soledad mientras esperaba, ya expresé por vez primera (fue a Alejandro Luque para El Correo de Andalucía) la idea de un ciclo de novelas centradas en el análisis de ese proceso de degradación presente en nuestra época, y que la tercera pata de ese tríptico sería una obra centrada en el estudio del derrumbe de los valores políticos, sociales, culturales, morales y económicos de la posmodernidad, o de los conceptos teóricos que soportan dichos valores.

Guapa empresa para locos.

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En cualquier caso, esa concepción, global o total, es la que dio sentido a la construcción de este ciclo novelístico que culmina en 2021 con la publicación de Nos tragará el silencio, diez años después de iniciada la escritura de mi primera novela.

Günter Grass, 1927-2015

En principio, esta obra de silencios en progresión era tanto un reto intelectual como una exploración de terrenos desconocidos para mí.

Quería dejarme las pestañas en un trabajo que aunara el pulido último de mis constantes estilísticas, que supusiera una continuación conceptual respecto a las dos novelas anteriores y desarrollara, al mismo tiempo, una suerte de ensayo histórico, psicológico, socioeconómico, político y lingüístico de nuestro tiempo, y del futuro inmediato o hasta mediados de este siglo.

Dicho así, suena a trompas y fliscornos ensayando fanfarrias. Todo muy grave, muy ceremonioso. En cualquier caso, a mí la idea me daba un poco de miedo, tal vez pereza, porque la placidez del novelista que termina sus obras en seis meses se evaporaba al traspasar ese limes: este era un proyecto complejo, a más o menos largo plazo y sin puerto seguro al que llegar en el periodo de tiempo convenido.

A pesar de ello, siempre había admirado, desde la envidia, los proyectos de “novela total”, con los modelos inalcanzables de La montaña mágicaConversación en la catedralAños de perro o UlisesPero uno, claro, no es Mann, ni Vargas Llosa, ni Grass, ni Joyce (y tú tampoco, lector), así que a saber cómo terminaría la cosa.

Solo tenía claro que mi vieja aspiración de sentar a la misma mesa al escritor de ficciones y al historiador tenía al fin un proyecto (se culminase o no) en el que concretar de alguna manera mi propio universo intelectual.

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En los años siguientes, la indefinición primera fue concretándose en torno a una imagen que ya no recuerdo bien cómo me llegó: la idea de un Estado que crece paralelo a aquel en que se inserta hasta terminar ahogándolo, fagocitándolo, sustituyéndolo. Un Estado que, como cualquier forma de gobierno o de institución administrativa compleja, sería entendido a la vez y dependiendo de la percepción de cada ciudadano como presidio ambiguo o espacio de libertad donde triunfa la soberanía popular sacrosanta, como infierno sutil o inédito paraíso de la posmodernidad o la transmodernidad: La Hiedra.

Miguel A. Zapata, escritor

La alegoría de la planta trepadora ayudó a concretar el espíritu que alimentaba el concepto: una organización político-administrativa y económica que crece desde dentro del propio sistema hasta convertirse en su única alternativa.

Entendí (quizá una conversación en un paseo con mi hijo, una reflexión ligera sobre la libertad o la falta de ella en la visión de un niño de cinco años) que la forma que debería adoptar la novela sería la de una ficción prospectiva, una ucronía que era a la vez fábula y ensayo y documento confesional de un yo menos impostado de lo que pudiera creerse.

Quería que cuando fuera una realidad en la mesa de novedades de las librerías, los lectores pudieran acercarse a ella no como una obra de Miguel A. Zapata, sino como el testimonio real y fidedigno del narrador, rescatado quién sabe cómo de quién sabe dónde y cuándo. Quería, en definitiva, que La Hiedra fuese algo real, una posibilidad ambigua en la que quizá todos viviéramos inmersos sin tener apenas noción o intuición de ello.

En cuanto a su construcción, me valía de inicio esa cosa graciosa que soltó aquel torero cuestionado por una mala faena: “Oiga, hago lo que puedo con lo que tengo”.

Lo que tenía era menos tiempo por mis circunstancias familiares y mi desempeño docente, con un nivel cada vez mayor de exigencia que se ha acrecentado en los últimos años por el uso y abuso de los entornos virtuales. Lo que hiciese dependía de mi pericia o falta de ella y de algo que no había practicado antes en literatura: la paciencia, la indagación, el estudio previo.

***

En obras anteriores había tomado siempre notas de ideas, perfilado de personajes o andamiaje de su estructura, pero ahora, además de todo eso, era precisa una labor previa, o simultánea, de lecturas, selección de ideas válidas a desarrollar y conceptos que podrían alimentar ese híbrido extraño. Bibliografía ad hoc, bancos de datos, montañas de reflexiones válidas o candidatas a papelera, esas cosas.

Miguel A. Zapata, 2018

La mera intuición feliz de Las manos o Arquitectura secreta de las ruinas (a pesar de sus cálculos y sus carpinterías internas) no era posible ahora.

Trabajaría añadiendo a la ficción capa sobre capa de ideas, estratificando la narración como un corte topográfico o una lasaña intelectual, adensándola de significados sin perjuicio de la unidad de la obra. Porque las circunstancias impusieron ese proceso de cut and paste y yo debía encajar mi obra en ese molde.

Quien tiene hijos y trabajos absorbentes aparte de esta tragicómica labor de escribir sabe de qué hablo cuando digo que uno escribe como y cuando puede, pardiez.

¿Y cómo fue levantar una obra híbrida e invasiva (una hiedra venenosa, joder) como Nos tragará el silencio? Tras más de un año previo de trabajo de campo y sin perder de vista la imagen inicial de La Hiedra (bien vaporosa, casi un espectro), comencé a darle un tono y una voz. Pero estas cosas de taller literario (vocecita, tonito) tan aburridas y que tanto gustan a los medidores de la literatura con regla y cartabón no funcionaban en este caso. No había una sola voz, no podía haberla.

La Hiedra son todos, somos todos, y aunque el hilo conductor (el Informe paralelo al oficial que constituye en sí la obra) lo lleva bien cogido en su mano el narrador sin nombre que ejerce como Consignador de ese Estado que crece vegetal y sin misericordia, en su garganta bullen las voces de todos los residentes, los que solo pueden estar dentro y que, sin apenas saberlo, van silenciándose aunque nadie les tape con la mano su boca.

Este notario de las tripas de La Hiedra no hace suyo el símbolo estatal de la boquita silenciada por un dedo índice (cuando lean la novela, sabrán). Es testigo de una época que se desmorona y otro nuevo tiempo que se alza desde esas ruinas, esa Antihistoria de la que habla Óscar Montes, uno de los protagonistas, un hombre que es irremediablemente parte de la savia que aspira a nutrirlo todo en ese nuevo Estado recién nacido.

***

¿Tuve dudas? Miles. Continuamente. A todas horas. Tecleando. Dando clase. Almorzando con los míos. En la cama, antes o después de dormir. En el bar, ante una tapa de migas con boquerones.

Miguel A. Zapata, 2021

Cuando ya había terminado la primera parte de una obra estructurada en dos grandes secciones (Palabras Actos) que actúan una a modo de refutación de la otra, paseando por la arena de la playa (ya ven cómo uno es capaz también de asuntos bucólicos, casi cursis) me dije que la cosa no iba bien, que esa primera parte, esa tesis inicial necesitaba una antítesis para no convertirse en un discurso manido sobre los límites clásicos de la libertad, pero no la encontraba.

Mi hijo buscaba conchas y medusas. Yo buscaba soluciones a algo que no iba a arreglar el mundo. Una medusa o una concha arreglan el mundo, una novela no, apenas logra explicarlo. Pero la encontré. La solución, digo: Vi mis huellas deshacerse por olas pequeñas a mi paso y supe que eso era, ahí estaba.

La clave era desbrozar lo que parecía que eran La Hiedra y sus Unidades, esos centros de regeneración y reeducación de supuestos díscolos o ciudadanos en situación irregular, deshacer su apariencia y desvelar su verdadero sentido como antesala y excusa de algo más profundo, más perverso o más luminoso (a saber) en la vida posterior en los Módulos (ya verán cuando lean, calma), contradecir lo que parecía otra cosa (una cárcel, un centro de castigo) a través de una invención: los temidos Certificados de Idoneidad, documentos abstrusos y fantasmales donde se resumen todos los derechos y prerrogativas de los ciudadanos de un Estado libre (quién podría negarlo). El Certificado. Mi concha. Mi medusa. Ya estaba.

***

Y escribí, escribí, escribí: en mi apartamento frente al mar, en mi estudio, en las horas libres de mi departamento, en la cafetería, mientras hablaba con mi madre por teléfono, anotando en papeles sueltos, en molesquines, en mi smartphone, en el metro.

Cuando parecía tener encauzada la cosa, llegó aquella insania de pandemias y confinamientos. Me sentí de pronto cansado, rota mi rutina feliz de cafés y avances seguros en cada rato libre para escribir, y cómo no pensar ya, desde marzo de 2020, solo en tasas de morbilidad, tormentas de citoquinas y vacunas improbables, cómo centrarme en algo tan banal como una novela.

Primo Levi, 1919-1987

Logré enderezarme en mitad del naufragio y me dije que aquellas noches en mi estudio o en el salón de casa, frente a mi biblioteca, sin interferencias ni ruidos, sin siquiera sueño (esa cosa superflua entre una palabra y otra), serían mi forma privada de plena libertad, muy acorde con el espíritu de La Hiedra: la libertad solo existe ahí fuera como concepto teórico, su práctica obedece a condiciones autoimpuestas y materiales que encontramos en nuestros bolsillos.

Trabajé sintiéndome un monje cisterciense, sobre todo en la media luz de las noches de silencio acorchado, sin adolescentes bullangueros en las calles, sin Champions triunfante en la tele, sin llamadas de teleoperadoras abusivas.

Superado un último amago de rendición, logré terminar Nos tragará el silencio justo cuando una tregua de confinados alumbró el paso de las camisas de manga larga a los polos con estampados florales, saliendo a las calles después de casi un trimestre de reclusión. Amén.

***

¿Y qué es, finalmente, Nos tragará el silencio? ¿Ficción prospectiva? ¿Ucronía? ¿Ensayo anticipatorio? ¿Fabulación pura o ensayo? No lo sé. Es un testimonio tal vez, un grito pendiente de silenciamiento, qué sé yo, hostia.

Me ocupé durante unos años en recoger el testigo del pensamiento político, económico y sociológico que alumbró el parto de la contemporaneidad y me encargué de refutarlo la mayoría de las veces, matizarlo otras o asumirlo como propio en alguna que otra ocasión, con el propósito de trazar las constantes de nuestro tiempo y aventurar lo que quizá podría venir en las décadas siguientes.

Qué es el Estado, cómo muta en el tiempo, en qué se transforma cuando ha llegado al final de su ciclo. Qué entendemos por libertad, cuáles son sus límites, quién o qué la define. Cómo son los contornos de esa cosa inestable como un gas noble que es el Estado de Bienestar, de estar bien. En qué rincón de nuestro ordenamiento jurídico y del aparato legislativo se agazapan la soberanía nacional y popular, el parlamentarismo, la conformación de los derechos políticos y civiles.

Byung-Chul Han, 2010

Qué es la ciudadanía y qué papel cumple en el puzle de la sociedad y el Estado que conforma. Cómo evolucionarán la economía y el mundo del trabajo en las sociedades globales y poscontemporáneas.

Cómo resultaría vivir en un Estado omnipresente y casi invisible, que promueve formas novedosas de libertad e inquietante servicio voluntario a la administración.

Qué es el Certificado de Idoneidad. Qué serán La Hiedra, el Ministerio de la Centralidad, la Subsecretaría de Regeneración, las U.P.E., las Unidades, los Módulos de Superficie y los Subterráneos, las Secciones Periféricas, los Ámbitos de Centralización Administrativa: lean, lean, lean.

Por ahí aparecen, entran y salen, regenerados o limpios como patenas: MaquiaveloHobbesMontesquieuRousseauSieyèsStuart MillBeccariaHowardReidBakuninMarxGorzRussell, SteinerFrommChomskyLacosteLippmannFriedmanArendtAronSoralClouscardBauman o Byung-Chul Han. Todos revueltos, todos bailando.

Menuda misión para Sísifo, esperando el final feliz de la piedra al fin en la cúspide de la montaña.

***

Una década después, sí, mi “ciclo de la degradación”, que empezó in media res y sin saber por dónde saldría el toro, está concluido. Ignoro si lo que hay en esas páginas tiene algún valor como testimonio de mi tiempo y esbozo del tiempo que tendrá que venir o no.

Sea como sea, y como apunté antes, fantaseo con la idea de que quien se tope con esta obra en cualquier librería pueda verla como un manuscrito futuro encontrado por azar entre las ruinas de algún Estado aún no concebido, como una llamada de atención, una alarma y un aviso a tiempo del infierno o el paraíso que será nuestro mundo, y que corresponderá a cada cual abrazar ese porvenir o escapar de él comprando un par de alas, como cantaba Battiato, hastiado de su época.

***

Y ahora que termino de escribir estas líneas, me asalta una noticia pavorosa (un Real Decreto limitará prácticamente el estudio de la Historia de España en 2º de Bachillerato a los acontecimientos posteriores a 1812) y entiendo que lo que mi novela pudiera tener de anticipación de un futuro más o menos inmediato o lejano dirigido a la reducción “útil” de la Historia (¿de la historia?) no es más que el eco en una caracola que nos repite de forma cíclica y espiral.

Como esa con la que jugaba mi hijo en la arena de la playa mientras yo encontraba bajo el sol la luz para iluminar definitivamente La Hiedraese rincón oscuro que vive dentro de nosotros y pretende trepar los muros que delimitan el perímetro de nuestra libertad.

¿De qué lado te sentirás más libre tú?
¿Elegirás tu propia forma de silencio?
Amén.


https://www.pliegosuelto.com/?p=31321


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martes, 14 de diciembre de 2021

Reseñas de BARRERA, de Amilcar Bettega en Babelio



oscarseron 12 octubre 2021

La novela está compuesta por tres partes en las cuales la verdadera protagonista es la ciudad de Estambul y sus calles.
Así en la primera parte nos encontramos a un padre desesperado y angustiado por la desaparición de su hija Fátima en la antigua Constantinopla, de la que él es natural aunque la abandonó cincuenta años atrás para crecer en Brasil. Y como sucede en estos casos, al regresar no recuerda nada conscientemente aunque su cuerpo reacciona al contacto con sus calles. Y a pesar de lo complicado en ciertas ocasiones de su lectura, pues algunas escenas están repetidas por triplicado y con diferentes resultados, se nota la angustia del familiar desaparecido en un texto con falta de puntos para terminar las frases. Y exceso de comas que hacen que si no se está muy centrado en la lectura, el lector termine perdiendo el significado y el hilo del relato.
Mientras en la segunda parte, Fátima, la hija desaparecida, se nos presenta como el enlace entre los tres protagonistas, a la vez que cuenta el proceso vital que le lleva a visitar la patria chica de su progenitor y conocer por fin la idiosincrasia de la familia. Además de encontrarse con otro artista atormentado que le pondrá en contacto con la historia familiar, y que será muy importante dentro del global de la novela. En esta pare de la novela dedicada a Fátima, la puntuación vuelve a ser la normal, es decir con sus puntuaciones correspondientes sin exceso ni defecto de nada, aunque vuelve a aparecer esa estructura de repetición por triplicado en diferentes momentos y con distintos resultados en cada argumentación.
Por último, la tercera parte dedicada a Robert, otro padre que busca comprender a su hijo, cumplimenta las dos anteriores y añade el vacío existencial de un padre (que pueden ser la mayoría de padres) que ha perdido el contacto con su hijo, y también la manera de acercar su manera de pensar al comportamiento de su vástago tanto hacía él como hacia el mundo. Es Robert el que nos adentra en el mundo artístico postmoderno y demasiado conceptual del arte contemporáneo donde, al menos en la novela, lo más importante está enterrado bajo la simpleza de las imágenes que están en primer plano o a primera vista, y que intenta hacer al espectador o lector llegar más adentro de la obra buscando entre líneas.
En su conjunto la novela trata, de un modo un tanto complicado, la deriva de las relaciones humanas inter-generacionales en el mundo actual, donde la juventud (y quizás hasta los menores de cincuenta años) tienden hacia una virtualización excesiva de su contacto con otras personas, frente a sus padres y abuelos, especialmente estos últimos, que buscan más el contacto piel con piel, o en otras palabras a proximidad con otras personas como toda la vida se ha hecho.
En general es necesaria una lectura reposada de la novela para seguir el hilo de la narración, pues parece como las obras de arte, en este caso fotografías, que relata en su interior, que es quizás algo experimental y nada habitual en las novelas.


UnaiGoiko74 11 octubre 2021


“¿Qué lees?, preguntó
Una novela.
¿Sobre qué?
¿Qué quieres decir?
¿Qué cuenta la novela?
No estoy segura, es difícil de decir.
Pero ¿cuál es la historia?
No sé, es difícil decir cuál es la historia, no hay mucha.
¿Es bueno?
A mí me gusta.”
Esta conversación, extraída de la novela, describe a la perfección mis sentimientos una vez finalizada su lectura.
Para analizar de un modo objetivo “Barrera” deberíamos de centrarnos en dos aspectos: el Qué y el Cómo.
El Qué (la trama principal o hilo conductor de esta historia no lineal) nos narra la búsqueda emprendida por Ibrahim Erkaya, brasileño de origen turco, que se ve obligado a viajar a su madre patria para tratar de investigar sobre la desaparición de su hija Fátima, cuya última pista desaparece en Estambul. Paralelamente o, mejor dicho, de un modo concomitante, Bettega nos describe la vida errática de Robert Bernard, un escritor francés de guías de viajes, atrapado en la urbe turca e incapaz de verbalizar un dolor, un duelo, una gestión de la ausencia (íntimamente ligado a lo que le acaeció a su hijo Lucas) que emponzoña su alma y espíritu.
Otros personajes también entrarán y saldrán repetidamente de la historia, pero serán Ibrahim y Robert los que, en última instancia, focalizarán el relato.
Mención aparte merecen dos personajes especiales. El primero de ellos es Ahmed, un artista turco rodeado de un halo de misterio absoluto, alguien al que se le menciona pero no se muestra (como fue el caso de Kaiser Soze en “Sospechosos habituales”), del que se dice que es “un artista tan delicado como misterioso, una especie de camaleón capaz de moverse en varios registros, en varias gramáticas” y de cuyo paradero indicarán que “unos dicen que se hizo monje y se fue a vivir al Tíbet, otros que se fue a Nueva York y trabaja en Wall Street, otros que nunca existió y que toda su obra es el resultado de un colectivo de artistas internacionales cuyo objetivo y obra mayor es precisamente la construcción del mito Ahmet”. El destino de Ahmed está íntimamente ligado al de Fátima y Lucas, de ahí la necesidad que Ibrahim y Robert sienten por encontrarle.
El segundo personaje no es un personaje al uso, sino que un lugar: el Gran Bazar de Estambul. En el hilo narrativo hace la función de vaso comunicante entre todos los actores implicados y guarda una relación directísima con el dolor que arrastran.
El Cómo adquiere en esta novela una importancia mayor que el Qué, me atrevería a decir. Bettega divide su obra en tres partes: Bariyer (barrera en turco), Entre y Barrera. En Bariyer nos introduce a Ibrahim Erkaya y sus pensamientos, en unos capítulos no aptos para el común de los lectores porque el escritor brasileño esgrime la licencia literaria de prescindir de la puntuación ortodoxa: cada capítulo únicamente contará con un punto; el final. de modo que nos adentramos en la lectura de hasta treinta páginas sin poder apoyarnos en el descanso habitual del punto. Este es el primer reto que el lector tendrá que afrontar, pero no el último. El segundo capítulo, Entre, nos describe dos escenas que entran en bucle y que se repiten obsesivamente hasta en tres ocasiones con sutiles variantes en todas ellas. Son imágenes, situaciones en las que lo onírico y lo real se entremezclan, dejando al lector con una sensación de aturdimiento de la que solo se podrá salir si nos ceñimos al hilo narrativo, excluyendo el resto de las imágenes y símbolos indescifrables. Barrera, por último, es un capítulo en el que el juego consistirá en cambios de la voz del narrador, sin previo aviso, como por ejemplo en “Él no sabe lo que hace allí. Él tiene cincuenta y cuatro años. Él pesa setenta y ocho kilos. Él es francés. Él tiene un hijo. Él soy yo”.
A modo de curiosidad, he de indicar que Amílcar Bettega se marca un cameo como los que hacía Alfred Hitchcock en sus películas.
Creo identificar en la conceptualización narrativa de Bettega influencias de Heráclito, aquel filósofo griego que aseguraba que todo fluía, y para quien la realidad era una, pero al mismo tiempo múltiple. Esta influencia se aprecia en muchos pasajes, pero en ninguno más que en este: “Es raro. Es como que uno nunca está en el mismo tiempo de los demás. O, mejor dicho, que la gente, en conjunto, nunca vive el mismo pedazo de tiempo. Como si hubiera varios tiempos al mismo tiempo. ¿Se entiende lo que quiero decir? Siempre hay un desfase, nunca coincide. Una permanente falta de sincronía.”
En conclusión, “Barrera” es un ejercicio literario transgresor, que sacude al lector y que a nadie dejará indiferente. Estamos ante una literatura creativa, experimental, nada ortodoxa, que requiere de un lector de larga distancia, capaz de asumir los retos planteados por el escritor, y que no se desanime si, en algún momento, se siente desorientado.



lucialopezgar 19 noviembre 2021

Aunque la historia tenía muy buena pinta, la búsqueda frenética de Fátima no me ha llegado a convencer ni a enganchar en ningún momento. Supongo que el mayor problema que he tenido ha sido con la manera en la que está escrito este libro, son parrafadas interminables, lo que hace que la lectura sea muy densa (demasiado para mi). Lo que me ha gustado del libro es cómo el autor transmite esa sensación de desarraigo del protagonista, que llega a la ciudad de la que salió hace cincuenta años, y en la que ahora es un completo extraño. Creo que ese sentimiento de soledad, unido a la búsqueda de su hija y de su propia identidad es lo más interesante de esta historia.



lunes, 13 de diciembre de 2021

Reseña de GARAJADO, de Ernesto Rodríguez Abad en Polillas al anochecer

 




Garajado, del escritor tinerfeño Ernesto Rodríguez Abad, tiene como argumento la huida de un joven sindicalista de la CNT tras lo que parece ser la caída de la República en Canarias, aunque no se mencione de modo explícito. Así, durante gran parte de la novela, el protagonista principal vive su huida como un proceso en el que se dan de modo sucesivo la revelación, el desafío y el desaliento ante un poder incansable en su búsqueda, simbolizada por la Guardia Civil y, posteriormente, el somatén.

La novela posee el interés, aunque sea tema ya tratado tanto en la novelística como en la filmografía de nuestro país, de recordarnos y de revelarnos (ahora que nos creemos instalados eternamente en un sistema que, aunque de manera imperfecta, protege los derechos individuales propios de una sociedad abierta y democrática) la posibilidad de que, más o menos de repente, nos encontremos en el lado equivocado de la Historia o, expresado de modo más primario, en el bando perdedor como resultado de una crisis o conflicto como ocurrió para muchas personas con el golpe de estado fascista de 1936 en España y, en particular, en Canarias.

No obstante sus posibilidades argumentales y dramáticas y con un uso del lenguaje que por lo general es suficiente para sus objetivos, la novela no logra elevarse más allá de ser un relato reconcentrado de esa huida y escondite del protagonista. Los personajes que aparecen solo ofrecen breves destellos de sus posibilidades. Están bien, en cuanto a que muestran su propia personalidad, pero el autor no les da carrete, no es capaz o no tiene el deseo de que se desarrollen. Tanto la hermana Rosaura como Chona, María la niña, Daniel Calmita o Maribel, el cura o ese personaje siniestro del somatén, todos ofrecen un atractivo indudable que el autor logra imprimir en unas pocas líneas. Estoy seguro de que un mayor desarrollo de estos y su imbricación argumental habrían contribuido a crear una novela no solo mucho más extensa y completa, sino también más fina en cuanto a la creación de un universo de caracteres de esa Canarias, de esa isla innombrada, bajo la incipiente dictadura.

También podríamos señalar que, no obstante su terrible situación, el protagonista, perseguido por el Estado y forzado así a una misantropía involuntaria, se encuentra arropado por la complicidad no sólo de la familia, sino también de buena parte de los vecinos, ofreciendo, por tanto, una visión sesgada (de forma favorable) de la sociedad de aquella época. ¿Cuántos de nosotros no seríamos cómplices de un nuevo estado de cosas? ¿Cuántos apoyaríamos con nuestro silencio y pasividad a un régimen autoritario o totalitario? ¿Cuántos, incluso, nos reconvertiríamos de ciudadanos demócratas a súbditos anhelosos de servir? ¿Cuántas traiciones, grandes y pequeñas, no se cometieron, no se cometerían? Cierto maniqueísmo desnivelado en la construcción de personajes nos hurta estas preguntas difíciles.

Asimismo, aunque el lenguaje empleado es un tanto reconcentrado, por no decir repetitivo, ya que los monólogos del personaje, o tal como nos los relata el narrador en tercera persona tienden a incidir en lo mismo ya sea en los sentimientos ya en el vocabulario. En cierto momento, se nos informa de que han pasado años, pero tengo la impresión de que el personaje solo ha cambiado en que está más amargado. Los hechos externos como su emparejamiento con una mujer con la que tiene una hija también nos informan del paso del tiempo, pero la sensación que tenemos es de una estampa repetida apenas con alguna variación. También, hay asomos de cursilería en algún momento y, en otros, escasos, menos mal, parece que hay un empeño en ser grandilocuente o intenso sin que la semántica acompañe. Los diálogos son hechos a base de frases cortas cuando no de una o dos palabras. Alguna frase desentona, pero por lo general, salvan bien las escenas. 


Nadó muy despacio para no levantar ondas ni hacer ruido. Trepó como un lagarto pegado a las rocas. Lento, para no atraer la mirada de aquellos que, a lo lejos, andaban entre los callaos grandes. Al fin llegó a la cueva. Entró y se vistió sin secarse. La ropa húmeda se pegaba a la piel. Sintió frío. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Oyó una risa alegre a lo lejos. Tenía hambre y las ganas de fumar lo ponían algo nervioso. Se le había acabado el tabaco. Se agachó y buscó algo de comer en la caja de cartón que estaba a sus pies. No comprendía su reacción, pero los nervios aguzaban el hambre. Mordió con fuerza y rabia unos tomates algo verdes, que era lo único que le quedaba. El rostro no expresaba nada. Sus ojos se agrandaron. Eran como faros que reaccionaban ante el peligro. Parecía un gato al acecho olfateando, crispado, presintiendo la amenaza. Se agazapó contra las rocas picudas de la pared de la cueva. Llegaron hasta él nuevas risas y palabras sueltas. Los buscadores de burgados se acercaban. Aguantó la respiración. Tragó el último trozo de tomate que masticaba. Le temblaban las manos. Musitó unas palabras casi imperceptibles. (Pág. 51)


¡Señora! 

No des voces. 

Que vengo cansada... 

No grites. 

Todo el día del coro al caño, del caño al coro, del coro al caño, del caño... 

Mira que te vas a equivocar... 

Del coro al caño, del caño al coro, del coro al coño. 

¡No te lo dije! 

No habrá oído algo que no supiera. 

¡Mujer! 

¡Vamos! Ayúdeme a cazar a estos salvajes. 

Voy. 

Luego tenía que ayudarla a atrapar a los pequeños como si fueran conejos y quitarles la ropa lo mismo que se despelleja a una pieza de caza. (Pág. 69) 


Ella le había regalado los únicos momentos dulces de aquel tiempo tortuoso que le había tocado vivir. Disfrutaban el momento como si no hubiese posibilidades de pensar en el mañana. Atrás quedaban sufrimientos, dudas, miedos. 

La expresión de la cara cambió a un rictus serio. Estaba en el presente, en medio de la desértica costa. No se podía hacer planes a largo plazo. Dejó los sueños apartados y se sumergió en el presente, en la realidad. 

Todo era diferente. Acababa de tener su primera hija. La vida había cambiado. Se complicaban las cosas. Ya no tenía que pensar solo en ellos dos. Eran tres. Mareaba la situación, igual que cuando navegaba sobre la barcaza de algún pescador inexperto. Una hija suya y de ella, una hija de la libertad. Una hija sin papeles. 

Se había enterado la tarde anterior. Encontró el rudimentario dibujo de un bebé en un papel, bajo una piedra, donde ella antes le dejaba mensajes de amor como una flor seca, una hoja o una pluma de pájaro. (Pág. 85)


Hay que decir que la novela es corta y no aburre. Quizá demasiado corta, según lo que expresé antes. El final es quizá demasiado abrupto, quizá no inconsecuente con el desarrollo de los acontecimientos (sobre todo, el amor de la mujer y el nacimiento de la hija), pero hecho en falta mayor granulación moral y sentimental para que después de habernos tenido huyendo y escondiéndonos con él, demasiado de repente a mi entender, toma una decisión que pone en duda todo el propósito que lo había venido animando hasta entonces.

Esta última decisión nos hace preguntarnos por el sentido no solo de aquella primera, sino (y quizá este preguntarnos sea lo mejor de la novela, pero pienso que cualquier novela con esta temática lo suscitaría) el valor de la rebeldía, pero también el que tienen las meras acciones individuales ante un poder mucho mayor y despiadado, y que por lo general suelen acabar en fracaso. Asimismo, el cómo es posible hacer frente a un poder casi omnímodo, si no es desde planteamientos colectivos. Y si esto es así, qué condiciones se requerirían. Y aún más, si nosotros, los habitantes de esta isla o de aquella, de esta Comunidad, de este país seríamos capaces de unirnos frente a la barbarie. Las conclusiones a que apunta la novela son desalentadoras.

EN DEFINITIVA,  a Garajado le falta ambición y trascendencia en cuanto a la posibilidad de ahondar en la brutalidad del poder, la rebelión individual y la mansedumbre colectiva. Tampoco destaca por su innovación lingüística ni por su planteamiento, aunque este conformismo literario es una constante de la creación literaria local, tal y como hemos venido viendo en el blog. Además, los personajes secundarios, aunque aporten algo de contexto, quedan desgajados de la acción principal de manera arbitraria. Una novela que podría haber sido interesante, pero que resulta, al fin y al cabo, insuficiente.


https://polillasalanochecer.blogspot.com/2021/11/garajado-de-ernesto-rodriguez-abad.html


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sábado, 11 de diciembre de 2021

Regreso al pasado: Entrevista a BAILE DEL SOL de Inés Matute en la revista digital LUKE, marzo de 2004

ENTREVISTA a:
Baile del Sol - Editorial
inés matute




BAILE DEL SOL, es una editorial tinerfeña que ha apostado fuerte por la difusión literaria, especialmente por los autores canarios. La calidad y cantidad de sus ediciones nos lleva a decir, sin temor a equivocarnos, que estamos ante el principal proyecto editorial del archipiélago.

¿Quiénes forman Baile del Sol, cómo nace el proyecto?

Baile del sol comienza su andadura hace más de diez años. Su fundador, Tito Expósito, empezó con la edición de fancines como Orín Desteñido y revistas de música y literatura, como Baile del Sol. En un principio, Baile del Sol se constituye como un colectivo cultural sin ánimo de lucro; su principal filosofía era la de dar una oportunidad de edición a aquellos escritores noveles que tenían dificultades para ver publicada su obra precisamente por su falta de experiencia. Esa dificultad la entendían y compartían algunos de los miembros del colectivo por encontrarse ellos mismos en dicha situación. En la actualidad, el equipo editorial de Baile del Sol está formado por cuatro componentes formales, Conchy Franchy, Nieves Morera, Ángeles Alonso y Tito Expósito, y un buen puñado de amigos que nos apoyan.

¿Y seguís manteniendo el planteamiento inicial?

Sí, seguimos manteniendo los principios iniciales, es decir, publicar a autores noveles que ven por primera vez su obra hecha libro. También seguimos intentando unir culturalmente a las islas con otros continentes. Muchos de nuestros autores son latinoamericanos, y provienen de Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela, El Salvador, Cuba y Nicaragua. De Oceanía, tenemos a Sia Fiegel, de Europa acabamos de publicar a August Stringber. Estamos abiertos a todo autor que se encuadre dentro de nuestra línea. Con todo, los autores canarios ocupan un mayor espacio dentro de nuestro fondo, siendo nuestro mayor deseo y lucha que puedan ser conocidos y tener su espacio fuera de Canarias.

Tengo entendido que los autores africanos os interesan especialmente.

Dentro de su proyecto, Baile del Sol siempre se planteó la integración de culturas afines y cercanas. Dentro de nuestras primeras ediciones, nos encontramos con autores como Elhadj Amadou N’doye, (Estudios sobre narrativa canaria), Kaaramba Saaniang (El espejo roto), ambos nativos de Senegal, o Begong-Bodoli Betina, de la República Centroafricana.

¿Qué problemas editoriales habéis encontrado a la hora de labraros un nombre?

El mundo editorial es complicado. Por un lado, hay que convencer a la sociedad de la necesidad de apoyo a los autores y a las editoriales canarias. En otras palabras, hay que hacer entender a la gente que los escritores canarios son tan buenos como los de cualquier otro lugar, y que hay editoriales canarias que se dedican a publicar libros tradicionales, de cocina, de historia o de la cultura canaria, pero hay también quienes se dedican a otro tipo de publicaciones, literatura en general. No se debe asociar editorial canaria con libros de cocina, hay más cosas. Creemos que esta idea está demasiado arraigada en la mente de la sociedad canaria, y eso es algo contra lo que tenemos que luchar. Por otro, nos afecta mucho nuestra situación geográfica; estamos, lo queramos o no, muy alejados de centros culturales como Madrid o Barcelona, por lo que realizar actividades de promoción es un gasto económico importante que no se puede hacer con la frecuencia deseada. La lejanía también te impide estar en eventos, en conferencias, en cursos… En el mundo editorial las relaciones son básicas, y hay que poder estar en el lugar y momento adecuado, así como tener acceso a los críticos literarios, que con su intrínseca labor de difusión ocupan un lugar destacado en el universo del libro. Está de más decir que en nuestro fondo existen grandes obras y autores, pero hay que acercarlas y acercarlos a los lectores.

Desde la península también percibimos esa distancia que mencionas, y a veces tendemos a pensar que todo lo vuestro se resume en buen tiempo, vistosos carnavales, una gastronomía peculiar y un aluvión de plátanos. ¿Qué tal se portan las instituciones, fomentan el aislamiento geográfico o por el contrario luchan por compensar esta desventaja?

El apoyo de las instituciones a este mundo de la edición no sólo es escaso, sino que está sujeto a demasiadas fluctuaciones; LA CULTURA, tal como la entendemos, no tiene unos resultados políticos o económicos inmediatos. No hablamos sólo de ayudas para editar un libro, sino de proyectos que se presentan y quedan sobre la mesa, proyectos de promoción, de acercamiento, de necesidades del sector…etc. Es imprescindible que exista un apoyo formal y firme, por parte no sólo del Gobierno de Canarias, sino de todas las instituciones públicas.

¿Y qué me dices del Cabildo?

Como institución pública, aunque insular, queda englobada en lo anteriormente expuesto. La política de apoyo de la anterior consejera de cultura ha quedado en suspenso con el “nuevo gabinete”; esto es algo que no logramos entender en el sector editorial, algo contra lo que estamos luchando, pues sigue siendo responsable de cultura el mismo partido político, razón de más para creer que la política cultural a seguir debía de ser más o menos similar.

En una escala del cero al diez, ¿Qué puntuación le daríais al clima cultural canario? ¿Qué se podría hacer al respecto?

Creemos que se están haciendo cosas desde distintos sectores culturales, hay iniciativas e inquietudes que, como hemos dicho, cuesta poner en marcha, pero que están ahí. Lo que ocurre es que las instituciones se dedican más a apoyar las actividades musicales, que crean “animación” entre un público numeroso y al mismo tiempo son fáciles de poner en marcha, que a llegar a acuerdos con compañías de teatro, editoriales etc, que desarrollan proyectos a más largo plazo y que en definitiva tienen una finalidad educativa, instrumentada a través de la profundidad y la constancia. Tendrían que poner interés y apoyar a los sectores culturales que así lo demanden, profesionalizar todo lo que se hacen, fomentar los cursos de especialización y formación. También habría que potenciar que todo lo anterior se realizase en las islas, porque de esa forma la realidad cultural de quienes trabajamos aquí se daría a conocer. Se abrirían puertas, que es lo que en realidad hace falta.

Uno de los proyectos más ambiciosos e interesantes de Baile del Sol, ha sido la adquisición de los derechos para publicar la obra completa del poeta salvadoreño Roque Dalton.

Sí, efectivamente. Roque Dalton nos fue dado a conocer por un poeta amigo, Orlando Cova, que nos prestó una antología publicada por la editorial Txalaparta. La búsqueda de Roque Dalton, es un proyecto que Tito Expósito empieza hace al menos cuatro años. No cejó en el empeño de tener su obra en Baile del Sol, y finalmente se ha conseguido. Es una apuesta económica importante, puesto que se han tenido que comprar los derechos para su publicación, y ahora tenemos que trabajar mucho para conseguir la proyección que se merece. Estamos realmente contentos y esperanzados por cuanto que la figura de este poeta supone un reconocimiento y una referencia también para nosotros, no sólo aquí en las islas, sino también en el exterior. Hemos publicado ya el primero de los títulos “La ventana en el rostro”, con prólogo de Mario Benedetti, y esperamos que en estos primeros meses salgan a luz su novela “Pobrecito poeta que era yo”, y “Un libro rojo para Lennin”. El primero con prólogo de Rafael Lara, gran conocedor de la figura de Roque.


El año pasado, y por iniciativa vuestra, algunas editoriales independientes se dieron cita en Tenerife. ¿Qué balance hacéis de dicha experiencia? ¿De qué se habló en esas jornadas?

La experiencia fue sumamente positiva, era la primera vez que se realizaban unas jornadas de este tipo en Canarias, y la asistencia de editoriales como Lengua de Trapo, Pretextos, Renacimiento o Bassarai, contribuyó a dar un mayor relieve al mismo. Se crearon vínculos muy interesantes, y al menos conseguimos que nos conozcan como editorial, pues muchas de ellas ya tienen en su fondo la obra de autores canarios. En esa primera experiencia, tocamos temas muy genéricos, desde distribución editorial, medios de comunicación, derechos de autor y puntos de venta. Creo que todos buscábamos aprender y compartir experiencias, encontrar soluciones a los problemas que nos son comunes.

¿Qué proyectos tiene Baile del Sol a corto y medio plazo?

Muchos. Nos hemos implicado un poco más en el teatro, hemos publicado a David Plana (Mala Sangre), y August Stringber (El pelícano), y queremos cerrar con la publicación de una obra de Alonso Quesada (La Umbría). Tres autores, tres épocas, tres lugares. En cuanto a publicaciones ¡muchas! Autores que son premios Canarias de Literatura como Isaac de Vega, o toda la obra poética de Carlos Pinto Grote, un libro de Stevenson, Antonio Orihuela… Acaba de salir publicado un libro sobre el Sahara: una parte de las ventas se destinará a ayudar al pueblo saharaui. En ese sentido, esperamos que la edición guste y la gente colabore. En estos momentos, estamos organizando la presentación del libro. Queremos que vaya acompañado de algunas jornadas donde se proyecte un documental de David Baute y haya alguna actuación musical, conferencias, una mesa redonda…etc

¿Ayudas al pueblo saharaui? Eso suena interesante, creo que sois la primera editorial que conozco que funciona como una ONG. ¿Puedes explicarnos vuestra vinculación a este tipo de causas?

Lo de ONG tiene gracia, pues nosotros mismos nos nominamos así haciendo referencia a la defensa de nuestros autores. En realidad, nos ofrecieron este libro y vimos que en él se daba una interesante visión, al tiempo que actual, de la parte ocupada. De hecho, estamos muy sensibilizados con el problema saharaui, y aquí en Canarias hay muchas personas vinculadas al tema, gente a la que a su vez conocemos personalmente. Lo del tanto por ciento del libro, no deja de ser un toque de atención, pues ya quisiéramos que ello implicara una ayuda cuantitativa al pueblo. Esto significaría que el mundo empresarial y la participación en causas que de verdad son necesarias no son incompatibles.

¿Desarrolláis alguna actividad complementaria a la edición de libros?

Si, como actividades complementarias a la edición, comentarte que hace poco tiempo sacamos un libro de fotografías de Tarek Ode, con textos del escritor Sabas Martín; a raíz del mismo, nos planteamos hacer una exposición, que ha sido parcialmente subvencionada por el Cabildo Insular de Tenerife, y que queremos incluir en el proyecto “Canarias Cultural” que el Gobierno de Canarias mantiene con otras instituciones insulares. Son fotografías de paisajes canarios, muy genéricos, no identificativos de una sola isla, quizás por eso nos planteamos la idea de hacer una exposición de carácter itinerante. Estamos preparando, junto con otra empresa de gestión cultural, la I Feria de la Edición y II Encuentro de Editores en Canarias, que esperamos se celebre entre los días 21 al 25 de Abril. Nos hemos reunido con otras empresas para llevar a cabo un proyecto, igualmente de ONG, de promoción y acercamiento de los autores al lector, se llama “LEE A TU GENTE”, y lo llevamos haciendo desde mayo del año pasado. El proyecto consiste en acudir a bibliotecas, clubs de lecturas, asociaciones de vecinos, etc… con algún autor, para que se establezca una relación de conocimiento entre éste y la gente. Queremos empezar a realizarlos en institutos y colegios. También hemos creado una empresa de distribución, que ha comenzado su periplo en el archipiélago y que esperamos poco a poco se pueda asentar en algún punto de la península. Precisamente, fruto de ese encuentro de editores, algunas editoriales, como Bassarai, KRK o Renacimiento nos permiten ahora distribuir en Canarias.

Aprovecharé la ocasión para hacerte una pregunta que sólo tú puedes responder: ¿Cuáles son los grandes temas del autor africano, qué le mueve, cómo escribe?

Creo que igual que a los autores de otros continentes, al autor africano le mueve todo lo que afecta a su entorno, si bien podríamos destacar que muchos tratan de reflejar la pérdida de su cultura a favor de la occidentalidad.

¿Cómo podemos adquirir libros de Baile del Sol en la península?

La distribución es uno de los grandes problemas de cualquier editorial en Canarias, llevamos muchos años, tratando de afianzarnos y de encontrar distribuidoras que atiendan nuestros fondos, que siempre entienden como locales, sin que esto sea del todo cierto. En la actualidad, tenemos distribuidor en Barcelona (Promarex e Isdavat), llegando este último a Baleares y Valencia, Maidhisa en Madrid, Odon para Canarias, y nuestra propia distribuidora: Sinergia.

Recomiéndanos un libro.

De nuestra editorial… “El color del viento” de Quintín Alonso.


http://www.espacioluke.com/2004/Marzo2004/inesentrevista.html




viernes, 10 de diciembre de 2021

Entrevista con Jorge Majfud

 “La frontera salvaje es un libro monumental”. Frederico Füllgraf

"Simplemente, poderoso". Noam Chosmky
"La frontera salvaje es un libro escrito con coraje y deslumbrante lucidez. De lo mejor que he leído en mi vida". Víctor Hugo Morales
"A los cincuenta años de la publicación de Para leer al Pato Donald, me alegra leer un libro como La frontera salvaje que explora detalladamente las formas menos sutiles en que Estados Unidos, durante doscientos años, ha buscado influir y torcer el destino de nuestra América Latina". Ariel Dorfman


“El presente está lleno de olvidos mercenarios”

 

Entrevista con Jorge Majfud

Por Yolanda Delgado-Batista

(Parte I. Sobre la frontera salvaje)

 

En marzo de 2021 el escritor Jorge Majfud publicó su último libro de ensayo histórico, La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina. La edición limitada de Rebelde Editores tenía como objetivo su distribución en la academia estadounidense. A días de terminar este año, la mítica editorial española de Tenerife, Baile del Sol, está lanzando una nueva reedición de este libro, el cual, a pesar de sus 700 páginas, ya ha cosechado críticos y adeptos, sobre todo en un contexto de “guerra cultural” entre revisionistas como Majfud y reacciones de figuras políticas como Donald Trump y Jair Bolsonaro, quienes consideran necesario imponer una “educación patriótica” en las escuelas y universidades.

Yolanda Delgado-Batista: Muchas gracias, profesor Majfud por prestarnos su atención, conociendo lo ocupado que está. Me gustaría comenzar esta conversación preguntándole sobre uno de sus últimos trabajos, La frontera salvaje, que intelectuales como Ariel Dorfman, Noam Chomsky y un periodista como Víctor Hugo Morales han comentado de forma elogiosa. Un resumen y selección de este libro se publicó en inglés como Borders of The Wild Frontier: US American mythology on Latin America. Sé que es difícil pedirle que nos haga una síntesis de una obra de más de 650 páginas…   

Jorge Majfud: Hay varias formas de resumir este libro, como cualquier otro. Básicamente, cubre los últimos dos siglos de agresiones, de los mitológicos Daniel Boone, de las intervenciones de Washington (del poder político) y las corporaciones estadounidenses (el poder económico y narrativo) en lo que hoy conocemos imprecisamente como América Latina, incluida una gran parte de Estados Unidos. Desde el principio, tomo los mitos fundadores de Estados Unidos, esas narrativas que nos rodean cada día, y trato de explicar, en una secuencia histórica, que la narrativa y la realidad se oponen de forma diametral…

YDB: ¿Por ejemplo?


JM
: Bueno, por ejemplo, la gran fragmentación nacional (en clases, como los millonarios y los millones de endeudados, todos aupados en la misma iglesia, en razas o etnias de esclavos y de esclavistas, de guetos pobres y de congresistas ricos, en regiones, como el Norte contra el Sur) y, por otro lado, la obsesiva idea de Unión: una sola bandera, un solo Dios, una sola patria “en peligro” perpetuo. Por ejemplo, la obsesión de esclavizar y controlar de la mentalidad anglosajona ocultada tras la máscara de “la lucha por la democracia y la libertad”. La expansión esclavista del minoritario pero poderoso Sur se hizo en nombre de la 
libertad, de la civilización y de la “bendición de la esclavitud”. Todo eso se tradujo luego en la idea de que son los empresarios millonarios quienes crean trabajo y benefician a los peligrosos trabajadores. El amor por las armas y el odio por los sindicatos, que luego de la Guerra Civil eran muy fuertes, son una traducción o un travestismo de la anterior cultura del amo, garante de Dios, del orden y de la libertad contra el demonizado esclavo que quería destruir la prosperidad y la moral. El mito de que “somos el país de las leyes” choca sistemáticamente con la violación de todas las leyes y los tratados que dejaron de ser beneficiosos para los dueños de las armas. La idea de que “llevamos la democracia a América latina” choca con cientos de ejemplos en contra y ninguno a favor. Pero si la realidad no se adecua a nuestro deseo, pero para la realidad. De hecho, Washington ha sido el mayor promotor del comunismo en América latina.

YDB: ¿Estamos hablando del pasado?

JM: Sí. Del pasado y del presente, como todo cuando hablamos de mitos fundadores. Están más vivos que las secuoyas. Preguntale a cualquier estudiante universitario por qué se independizó Texas en 1836 y te dirá que fue para “liberar a los americanos de la tiranía mexicana”. No dicen que fue porque los mexicanos les regalaron tierras y cometieron el pecado de ilegalizar la esclavitud. Y cuando los mexicanos se dieron cuenta del error, ilegalizaron la inmigración del norte y los fanáticos blancos continuaron cruzando la frontera de forma ilegal. Y así podemos seguir con las Repúblicas bananeras, las masacres de negros como deporte allá en los trópicos del mundo, todo para salvar a la “raza superior” que debía sufrir la responsabilidad de salvar la civilización. El mítico poema de Rudyard Kipling “The White Man’s Burden” lo resumió perfectamente y los políticos estadounidense no se cansaron de citarlo. Cuando descubrieron que eran minoría de la Creación, entraron en pánico, típico, y comenzó un remake de la retórica esclavista: había que evitar el “genocidio blanco”, la desaparición de “la raza hermosa”, de la “raza superior”.

YDB: Lo hemos escuchado recientemente…


JM: Sí, nada nuevo. Toda esa tradición ha vuelto, esta vez de forma descarada, sin las máscaras de lo políticamente correcto. Creo que en el siglo XIX la paranoia se agravó cuando los blancos terminaron de colonizar el mundo y descubrieron que no eran la mayoría de la Creación y sus hermosas hijas podían caer en tentación de penes grandes y oscuros o, peor, de una revuelta estilo Haití. Esto está en las cartas de muchos líderes y políticos racistas de la época… No por casualidad se consideraba que las guerras y el imperialismo eran cosa de machos. Y lo siguen siendo. Esa obsesión sexual que hasta no hace mucho emergió cuando los precandidatos Marco Rubio y Donald Trump debatieron en cadena nacional de televisión sobre el tamaño del pene de quien, al final, sería presidente. La gente no vota por candidatos intelectualmente superiores sino por aquellos que los representan de alguna forma, ya sea por el color o por el tamaño del pene. Imaginación pornográfica que llevó a miles de linchamientos solo en Estados Unidos. La ley de linchamientos fue abolida recién el año pasado, no sin resistencias. No la obsesión por las armas, la que tiene el mismo origen y todavía está vigente y lo estará por unos siglos más, ya que es la segunda religión más importante del país.

YDB: Recientemente se han publicado libros sobre América latina con una interpretación opuesta… Se dice que la visión de La frontera salvaje busca quitarles responsabilidad a los latinoamericanos de sus propios problemas…

JM: … y que los latinoamericanos son subdesarrollados porque leían a Eduardo Galeano, ¿no? Pura propaganda inoculada, muy vieja pero muy vigente gracias a las grandes editoriales y conglomerados mediáticos. Claro que los latinoamericanos también tienen responsabilidad de por sus problemas, pero la pregunta radical es: ¿De qué paquete social e ideológico estamos hablando? Los reaccionarios son expertos en armar combos políticos, donde meten a Dios y al Libre Mercado en un mismo menú, como McDonald’s mete hamburguesas, papas fritas y Coca Cola, con diez pseudo variantes toxicas. Quieres comerte una hamburguesa y terminas adicto a las otras dos. Es decir, crees en Dios y terminas defendiendo a los Mercaderes que el mismo Jesús expulsó del templo.

YDB: América latina y su propia responsabilidad vendría a ser uno de esos combos.

JM: Claro, de la misma forma que es otro combo hablar de “Estados Unidos” cuando millones de estadounidenses se opusieron y se oponen a las agresiones y abusos imperialistas, más que millones de latinoamericanos. Por eso en La frontera salvaje uso más “Washington” (como poder político, como recurso de sus corporaciones millonarias, como centro de sus secretos ilegales) en lugar de “Estados Unidos”, que es un país-continente, lleno de contradicciones y de disidentes, gracias a los cuales la historia no es aún más trágica de lo que es.

YDB: Es decir, los latinoamericanos también son responsables de su realidad, pero no todos por igual.

JM. Sin la menor duda. Porque no es la misma responsabilidad la de los torturados, de los desaparecidos, de los millones de masacrados (200.000 solo en Guatemala por una gracia de la CIA), la mayoría indios, negros o blancos pobres, y la responsabilidad de la tradicional oligarquía de los países del sur. Las dictaduras tampoco son la consecuencia de los tan mentados guerrilleros que vinieron después de un siglo de genocidios, de masacres y barbaridades sociales. Pero a la oligarquía y a sus mayordomos les conviene repetir esta estupidez, no pocas veces mencionando una historia muy limitada. Recordemos la lógica universal que mencionaban el peruano González Prada, el ecuatoriano Juan Montalvo en el siglo XIX y el estadounidense Malcolm X el siglo pasado: los indios, los negros de la casa eran los principales defensores de la opresión de sus hermanos del campo.

YDB: La referencia a la oligarquía suena a sesentismo…

JM: Que suene, y que suene fuerte, como el E pur si muove de Galileo. Esos, los oligarcas latinoamericanos  son los primeros responsables de las dictaduras, de las masacres, de las injusticias, de la explotación, de la muerte joven y de la miseria de millones en nuestras sociedades. Que publiquen mil libros y millones de diarios y revistas, que les den cien mil, un millón de subscribers a los nuevos mercenarios en YouTube, ahora etiquetados como “influencers”, pero la historia dura y oscura no la cambia nadie. Para olvidar esta realidad tan obvia, al menos mientras la verdad sea peligrosa, están los mercenarios de la pluma y del selfie, unos asalariados y otros convencidos honorarios. Estos mercenarios, voluntarios e involuntarios, apoyados por los millones de la CIA y de las organizaciones que canalizan “ayudas” como la USAID, la NED y tantos otras fundaciones se han dedicado décadas a victimizar a las víctimas acusándolas de auto victimizarse. Aun hoy se siguen publicando libros promovidos por grandes conglomerados editoriales, pintando a “los latinoamericanos” como irresponsables que culpan a Estados Unidos y a Europa de su subdesarrollo, que el pasado pasado está y no cuenta… No tienen sentido de la decencia.

YDB: ¿Crees que los libros están promovidos por ciertos intereses corporativos? Es decir, ¿crees que la cultura está manipulada por fuerzas externas, políticamente hablando?

JM: Por supuesto. Tenemos una imagen idealizada de la cultura que proviene de las antiguas enciclopedias. El tiempo es el mejor juez, pero a veces se toma uno o dos siglos para juzgar. ¿No es el Mercado un factor algo externo a la cultura? Digamos que el mercado es una parte de la cultura, pero no su director. ¿No son los millones de dólares, canalizados por diferentes fundaciones, cuando no de forma directa y secreta, factores determinantes en la venta y en la circulación de determinadas ideas, de determinadas sensibilidades éticas y estáticas? Hay que ser muy, pero muy ingenuo para creer que la respuesta es no.

YDB: En La frontera salvaje hay varias historias que revelan estas manipulaciones en la cultura y en la prensa.

JM: Sí, de una forma concreta y basada en documentos desclasificados. En el pasado reciente (no hay razones para pensar que ahora es diferente) la CIA, la policía ideológica de Estados Unidos en el extranjero (con eventuales incursiones en territorio nacional, para disgusto del FBI), promovía esos libros y hundida a aquellos otros que incomodaban, sin que sus autores se enterasen. Claro que ni siquiera es necesaria la ayuda de la CIA, porque con el poderoso interés de la oligarquía latinoamericana y noratlántica ya es más que suficiente. Aquí no hay secretos: unos libros son hundidos en el ostracismo y otros son elevados al Olimpo, sin importar ni su calidad literaria ni la relevancia de sus verdades. Lo mismo los premios.

YDB: Según esta tesis, las intervenciones exteriores, imperiales, fueron y son determinantes en la realidad de los países del sur, digamos América Latina, África…

JM. Sin dida. No sólo determinante en los países de Sur, sino también en los países del Norte. La realidad no está hecha de absolutos platónicos; cualquier diferencia relativa es determinante. Quienes lo niegan, para empezar, podrían devolver las miles de toneladas de oro y plata que se llevaron y aun contribuyen con la estabilidad de sus sabias economías. Si el pasado psicológico y cultural de los países no cuenta en el presente (otra hipótesis absurda), ese pasado contante y sonante sigue pesando en las arcas de los ricos. Como sus bonitas ciudades, el oro y la plata siguen trabajando, aunque duerman en las arcas de los grandes bancos. Para no entrar a analizar la tragedia de África. ¿O todo esos metales se evaporaron como el guano en la empobrecidas tierras de Europa?

YDB: Pero los anglosajones han sido siempre más pragmáticos y se han concentrado en el presente.

JM: Porque ejercen la desmemoria como tradición. Tampoco se dice por ningún lado que la práctica de la auto victimización fue consistente del lado anglosajón: cada vez que los colonos, los esclavistas o los gobiernos en Washington querían tomar más tierras y más riquezas de sus vecinos (indios, mexicanos, y todo pueblo que cayera dentro de la Frontera), inventaban falsos ataques para repetir hasta el hastío: “fuimos atacados primero”, “debimos defendernos”, “nunca olvidaremos”, aunque el olvido ha sido una estrategia central. Los mismos que violaron todas las fronteras nacionales (borders) volvían a su país y se armaban contra los inmigrantes pobres, expulsados de aquellos mismos países invadidos y destruidos repitiendo que “éste es el país de las leyes y debemos proteger nuestras fronteras”; “no hay racismo en querer proteger las leyes”. Como si las leyes no fuesen racistas. Tampoco se dice que el imperialismo es un racismo masivo y radical contra el cual no hay marchas indignadas por parte de los hipersensibles muchachitos de la Generación Cristal, protectores del lenguaje correcto. Un presidente puede matar cien negros en nombre de la libertad y de “nuestro derecho a defendernos” (en países ajenos), pero si dice la palabra “negro” pierde su trabajo, como lo han perdido varios profesores por leer en sus clases documentos racistas que incluían esta palabra. Hipocresía en esteroides. Cuando se descubre que en Medio Oriente un drene mató a cincuenta niños, nadie derrama una lágrima, porque esos niños no existen. Hablemos, pues, de racismo y de fanatismo. De hecho, hay una continuidad de las ideas y valores del Sur esclavista con la política y las acciones militares de la Unión supuestamente vencedora. Los confederados fueron los únicos que estuvieron cerca de destruir Estados Unidos, como lo hicieron con México, para continuar expandiendo la esclavitud sobre los pueblos y las razas “inferiores” y hoy sus herederos más radicales se consideran la esencia del patriotismo y la libertad, cuando en realidad fueron la raíz y la inspiración de personajes nefastos como Adolf Hitler. Algo que el mismo Hitler reconoció.

YDB: Mencionas eso en la segunda parte de La frontera salvaje

JM: El libro está compuesto de tres partes: Por tierra, Por mar y Por aire. En eso soy muy pasado de moda: creo que existió y existe el imperialismo. Esta palabra la han convertido, estratégicamente, en un tabú. Pero sería una cobardía no usarla. Esta historia trágica no hubiese sido posible, o hubiese sido muy diferente, sin el miedo, la paranoia y el fanatismo racial y religioso (como el Destino manifiesto) que inspiró cada conquista, cada intervención, cada golpe de Estado, cada masacre en nombre de la libertad y los derechos humanos. Algo que continúa hoy, pero con los previsibles maquillajes de la narrativa social y política. No pretendo que sea un libro perfecto, porque eso no existe y menos cuando lo escribí en nueve meses con frenética intensidad. Luego de eso he estado un año sin escribir ningún libro. El de la Editorial de la Universidad de Valencia, La privatización de la verdad, publicado también este año, ya estaba casi todo escrito mucho antes. En fin, como bien decís, es difícil resumir 650 páginas en una sola respuesta, pero no imposible. El título es, casi siempre, la síntesis más radical de cualquier libro. Lo es en este caso.

YDB: Además de su profesión de docente en la Universidad de Jacksonville University, usted es escritor de ficción ¿Qué es lo que más aprecia y más detesta de este oficio?

 

JM: No sé si podría definir la escritura como un oficio. No vivo de escribir ni lo hago por obligación. Para mí, la literatura, tanto al leerla como al escribirla, me provee de dos sentimientos aparentemente contradictorios: refugio y liberación.

 

jueves, 9 de diciembre de 2021

Reseña de GARAJADO, de Ernesto Rodríguez Abad, en El Día

Modo de ser de las buenas personas

 

La posguerra canaria, en las islas mayores y en las islas llamadas menores, no fue un paseo vigilado sino una impresionante expresión de desprecio a los vencidos. Avanzada la guerra ya se vio venir ese apetito de venganza contra la República y los republicanos, con los encarcelamientos arbitrarios, las palizas públicas, las persecuciones y las burlas de aquellos que estuvieron en contra de las sucesivas formas que fue tomando el golpe que finalmente encauzó Franco para que durara más y, también, para que fuera más cruel.

Se trataba de dar ejemplo a los tibios, de conducir a la masa, a la que se fue convenciendo de que estaban en peligro Dios, la patria y el rey, a un exterminio general de aquellos que aun tuvieran la tentación de defender sus ideales. En un tiempo, entre nosotros, los canarios, prosperó la idea de que aquí no había habido derramamiento de sangre. Naturalmente, eso no fue cierto, pero cuando una dictadura se asienta todo lo que es mentira se convierte en verdad, y todo lo que es verdad se oculta o se prohíbe.


Ya ha habido entre nosotros mucha literatura, histórica, poética, novelística, que ha borrado la presunción de que esta plataforma de islas fue una balsa de aceite, y muchos protagonistas de los hechos que quisieron ser borrados han contado las tristes consecuencias de ser republicano o de izquierdas en las islas Canarias, desde Gran Canaria a La Gomera, desde El Hierro a Fuerteventura, desde Tenerife a Lanzarote y a La Palma. De esos hechos terribles, de esas penalidades o vejaciones, hay testimonio en los pueblos (en mi pueblo, el Puerto de la Cruz, abofeteaban en la calle y sin motivo a cualquier sospechoso de ser rojo) y también en las capitales, y aunque hubiera sido tarde en el tiempo (nací en 1948) yo mismo fui testigo, en mi lugar de nacimiento y también en Santa Cruz, de vejaciones que aún me da vergüenza contar.

Ahora acaba de publicarse una novela de enorme impacto sentimental al respecto, Garajado, de Ernesto Rodríguez Abad, publicada por Baile del Sol. Marcada por la poesía y por las consecuencias del espanto que causan las persecuciones que él recuenta, la novela se centra, desde la ficción, en lo que sucedió en Los Silos, que es su pueblo en la isla baja de Tenerife. De Los Silos es su hermoso paisaje asustado por un mar embravecido, de olas norteñas y subversivas, sus cuevas y sus rocas, pero el ámbito (sentimental o realista) se puede trasponer al clima que se vivió en el Archipiélago desde que iba ganando la guerra el que había sido Capitán General de Canarias.

El clima que hizo posible el miedo y la furia que dominó las islas está contenido, desde la realidad, por toda la novela, pero sobre todo por una página imprescindible, tan útil para que no se duerman aquellos episodios, en las que el autor recoge lo que, en 1937, publicó La Gaceta de Tenerife, que era, escribe Ernesto, “un cuchillo que se clavaba en las entrañas” de su personaje. Este es el párrafo: “Volvió [el protagonista] a releer el trozo de periódico en el que su hermana le había traído un trozo de pan con queso. Estaba ajado y arrugado, pero se leía perfectamente: ´He dicho en ocasiones anteriores que masones, judíos, socialistas, comunistas…, todos los que hasta el momento presente no han abjurado de sus equivocaciones y fatales sentimientos, deben ser fusilados sin piedad, porque así lo exigen la dignidad de nuestros sentimientos, la realidad del momento, la sangre generosa de nuestros hermanos y la lealtad que debemos a nuestro país…” Informa Ernesto que esas palabras fueron dichas (“vomitadas”) por un comandante de infantería en el discurso que ofreció en el Teatro Leal de La Laguna.

Aquella rabia manchó la guerra, la convirtió en el suceso más triste de la historia de España, un símbolo mayor del odio que se ha vivido entre nosotros, y fue en las islas como un esparadrapo que, durante decenios, mandó a callar a muchos ciudadanos dignos que o fueron perseguidos o encarcelados o fueron amenazados desde todas las instituciones, incluida la Iglesia o los ayuntamientos, para que tuvieran cuidado de que lo que advertía aquella soflama sobre los fusilamientos no recayeran sobre ellos o sobre sus familias.

Hay muchas maneras de escribir un libro, y muchísimas de escribir una historia tan escalofriante como la que se ha propuesto rescatar Ernesto Rodríguez Abad. Él ha optado por la poesía, por la minuciosa identificación de los sentimientos para llegar al centro del drama, que contiene amor y desdén, pero también realidad y miedo, descripción del paisaje y también voluntad de ir adentro del paisaje que se queda después de una devastación.

Aunque él se reserva como narrador, y escribe en la tercera persona que lo convierte a la vez en juez y testigo, es imposible no imaginarlo a él mismo en la escritura moral y comprometida de ese libro, pues como persona es él muchas veces ese contador asustado que no termina de creerse los distintos grados de crueldad que hubo también en la posguerra entre nosotros.

Y no es extraño que sea así, que él se vea herido por esa historia que no vivió en primera persona pero de la que debió saber por sus antepasados; y no es extraño porque si hay, en nuestro universo de escritores, alguien con capacidad para empatizar con los perseguidos de la historia este es Ernesto Rodríguez Abad. Benefactor de su pueblo, para el que ha inventado festivales, reuniones, acciones callejeras que convierten Los Silos en un lugar rabiosamente literario, es también una buena persona. Esta definición, tan en desuso, es de muy conveniente rescate para gente tan noble como él, capaz de echarse a un lado para que otros pasen, que es educado y solícito incluso con aquellos que no le van a devolver nada, y que conserva, en su mirada, en su modo de ser, la bondad antigua e irrompible de aquellos que siempre quieren que los demás sean no sólo justos sino también felices. Es el modo de ser de las buenas personas, de las que él es un ejemplo extraordinario.

Este libro, que tanto recomiendo, es tambié un retrato de Ernesto; lo he leído como si lo estuviera viendo leer sus cuentos en el festival de cuentacuentos que él se inventó en Los Silos. Y alguna vez, sin que esto manchara ni mucho menos la novela, parece que lo he visto llorar sobre esas páginas impresas que recogen momentos muy graves de la historia civil de las islas Canarias.

Juan Cruz Ruiz

https://www.eldia.es/opinion/2021/09/05/buenas-personas-56958691.html?fbclid=IwAR2ul_YwKZPFgpWpV5ioQFbADUoGddOjXDECdRpdlGGRP_5Irnb8w8t0OBo

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