martes, 5 de febrero de 2013

2013 de Poesía. Día 36. Roque Dalton


Día 36. Roque Dalton. El turno del ofendido (2009)


LA INGRATITUD

La carne de mis monedas
fue sangre pura de mis huesos.
Con ella pude sobornar al saltimbanqui
para que no llorase más,
al gitano para que diera la libertad a su pequeño caballo rojo,
a la niña de las flores
para que abandonara su vientre a las mariposas.

Pero el día llegó en que no pude dar otro paso.

Secos mis labios, áridas las manos
como la mordedura de la cal;
ardiente el ojo, a llamarada limpia,
ríspida el alma de la piel,
evaporado el apellido, la sandalia última
y la flor...
Y ahora venís a acusarme.
No importa, no, por más que duela
un poco.

No importa. Hay otros
como yo.

Como yo, sectarios de la ternura.

¡Qué más da!

¡Qué más da, si yo quemé mis naves
desde antes de nacer!
¡Desde mucho antes de nacer!


lunes, 4 de febrero de 2013

2013 de Poesía. Día 35. Carlos Pinto Grote


Día 35. Carlos Pinto Grote. Muda compasión del tiempo (2004)


Todo está cuando vienes.
Tan sólo traes el llanto.
Ni siquiera tus ojos ven la luz inmediata.
Eres sólo una carne que late y que se mueve.
Eres un corazón que se desata.

Te edifican los otros.
Te construyen
aquellos que te aman
y con ellos aprendes
lo que quieren que aprendas.

Tus palabras
son ellos quien las dictan.
Hablarás el idioma
que te marca
la tierra en que naciste,
el techo que te ampara,
la mano que castiga y que bendice,
todo lo que te cerca
y te atenaza.

Eres como un proyecto de los otros.
Eres como un futuro sin sorpresas.
Todo está dicho ya, cuando tú llegas.

Aquí tienes la vida. Es tuya la existencia;
fabrícate los años, los días y las horas.
Esto te lo repiten cuando en tu rostro crece
una nueva mirada,
un gesto duro,
una máscara idéntica a las otras.

Entonces eres hombre, sólo entonces
puedes decir las cosas
como ellos las decían.
Serán siempre las mismas.
No habrá cambio. Las olas
tienen la misma espuma

y nacen sin motivo y mueren sin motivo;
así es tu vida, así
como las olas.


domingo, 3 de febrero de 2013

Nubes blancas que dibujan sueños


josé enrique martínez 03/02/2013

En otro momento escribí que la poesía del leonés Vicente Muñoz era la manifestación realista de una conciencia crítica tanto personal, a través del autobiografismo, como social por su resistencia al sistema. Su nuevo libro, Animales perdidos,sin abandonar el inconformismo ni la palabra directa y precisa, cae del lado de lo personal, de la tribulación íntima en un camino que va de la oscuridad a la luz, conforme dicta la organización dantesca del poemario en tres partes tituladas Infierno, Purgatorio y Cielo respectivamente.
El primer poema, impresionante en el mejor sentido de la palabra, transcribe la situación del propio poeta que «por primera vez en cuarenta años / me encontraba solo en la tierra», tras la separación de su mujer. El correlato lírico es el perro vagabundo, enfermo y mutilado recogido por una vecina: «su aullido me desgarraba por dentro: / aquel sollozo infinito y lánguido y triste». El animal perdido y sufriente, es la imagen de la persona en dolorosa soledad. La mutilación es el signo de algo que nos han cercenado, de la herida, de lo no recuperable. Es el estigma del náufrago, imagen existencial de que gusta el poeta, pero imagen también de las personas acosadas por la crisis, los desahucios y demás plagas del momento. En cualquier caso, el poeta asume que tiene que salir de su infierno. De momento le ayuda la poesía, espacio de salvación reiterado por el escritor: los poemas, «en los peores naufragios / pueden salvar nuestras vidas»; «en los naufragios / y los hundimientos / agarra / fuerte / el poema / será / tu salvaguarda / y guía».
Pero no habla Vicente Muñoz de cualquier poesía, no habla de la cultivadora de vanidades y premios, sino de la que él llama poesía de trinchera, es decir, de resistencia y lucha.
El paso por el purgatorio es más amable. El poeta vuelve sobre sí mismo, se examina, se piensa e interroga desde su soledad, otra trinchera de resistencia, por cierto, frente al conformismo, y fuente de poesía, porque «la medicina / del poeta / son los sueños». La soledad no es ya soledad dolorida y los días grises y tristes ya no son angustiosos, sólo «gristes», como sintetiza el poeta. Todo cobra otro aire, otra luz. En el cielo, las nubes dibujan sueños, para acceder finalmente al cielo, donde lo espera Beatriz, aunque no la evoque el poeta. Lo espera el amor, la tranquilidad, la paz hogareña, el cielo, en un encendido canto de amor que ilumina todo el poemario.

Animales perdidos Vicente Muñoz Álvarez Prólogo de J. A. Barrueco Baile del Sol, Tenerife, 2012. 138 páginas.


http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/nubes-blancas-que-dibujan-suenos_766155.html

2013 de Poesía. Día 34. Jocelyn Pantoja


Día 34. Jocelyn Pantoja. La verdadera historia de las kitties (2012)



Su mundo no existe
ahí existen corazones blancos que se disponen
como banderas que detienen las balas,
nunca hay derrames de sangre.
Es un mundo de colores:
Rojo, corazones que aman las aventuras
para liberarse al mañana.
Azul los sueños que se vuelven armas que no matan
solo generan nuevas esperanzas.
Amarillo los rayos de las sonrisas honestas.
De las sonrisas y sueños nacen las flores como
de los corazones con armas libertades violetas.
En libertad siempre existen posibilidades infinitas.
En el mundo de las Kitties hay tantos colores
como lugares hay en la tierra.

El mundo real

Aquí se destiñe el Rojo,
se degrada el color de la sangre:
blanco, el olvido y la imposibilidad de amar;
gris, el fascismo y la derecha, ignorancia absoluta
de la maravilla del corazón del otro,
frustración, robar tiempo y espacio a los colores:
crueldad manifiesta.
Lavarán sus manos frente al afeite de la promesa
vestirán desnudos corazones rojos
como trofeos de sus matanzas
llevarán vestidos negros de vergüenza
que harán pasar por nubes.
mientras mienten
los otros se esconden en el mundo de las Kitties.


sábado, 2 de febrero de 2013

La Luz Menguante de los Charcos


Itziar Mínguez

Título: Brazos, Piernas, Cielo. Autora: Isabel Bono. Editorial Baile del Sol. 2012. 82 páginas. 10€



Siempre espero con ganas la llegada de un nuevo poemario de Isabel Bono. En un tiempo donde resulta tan común que nada esté a la altura de una expectativa, resulta que la poeta malagueña Isabel Bono, nunca me defrauda. Su anterior incursión en la poesía, Pan Comido, era un poemario agotadoramente bello, con largos corredores por donde las emociones avanzaban siempre en sentido unidireccional, exento de la reciprocidad que en muchas ocasiones suele lastrar la poesía. Ya me extendí en su día sobre Pan Comido, que traigo a colación ahora porque su último poemario, Brazos, Piernas, Cielo, publicado por la editorial tinerfeña Baile del Sol, se sitúa en las antípodas de aquel “Pan Comido”. Si entonces la poeta dio rienda suelta a la versión maratoniana de sí misma (en sentido poético) con poemas de larguísimo recorrido, brutales, vertiginosos… en su nuevo poemario nos encontramos a una poeta que avanza con pasos cortos, medidos, certeros. Poemas punzantes, geniales. Ráfagas breves y concisas de luz que se ciernen sobre la oscuridad a la que parece estar abocada la poesía. Avanza a saltitos Isabel Bono, dejando huellas aquí y allá para dejar constancia de que ha pasado por ahí, señalando un camino que lleva a alguna parte o, tal vez, marcando su recorrido para poder volver atrás y no olvidar desde dónde inició la trayectoria. Es un poemario que se presta a eso, a caminar por él, hacia adelante para ver qué nos espera o hacia atrás, retrocediendo hasta algunos poemas que dejan una marca de fuego en la memoria. Cada poema es una huella: marca y guía. Una instantánea. Con su lenguaje claro y conciso, las palabras -una vez leídas y pasadas por el filtro- son devueltas en forma de imagen. El poemario consta de dos partes diferenciadas e identificadas cada una con su respectivo título. La primera parte: La chatarra del silencio, la componen poemas breves, muy directos, sin truco. Son lo que son, no lo que parecen ni lo que pretenden aparentar. Un ejemplo: tenemos derecho a equivocarnos// sin defensa/ sin móvil/ sin coartada. Otro: desde el principio lo sabes/ vas a caer// la luz/ el paisaje/ dejan de importar. Así 39 fotos polaroid, 39 huellas que nos conducen hasta llegar a la siguiente parada: Distrito Rojo. Título con el que se abre la segunda parte del poemario. Acostumbrada a la concisión de los poemas que componen la primera parte, confieso que me costó cambiar la marcha y adaptarme al paso largo, casi zancada, que son los poemas de esta segunda parte de Brazos, Piernas, Cielo. Pero la poeta sabe conducir al lector, sabe guiarlo y enseguida me vi inmersa en la espesura de una poesía, más boscosa sí, pero por la que se cuelan reveladoras haces de luz entre tus ramas frondosas. Una poesía más furiosa, menos contemplativa, de otra casta, la que destilan 21 poemas menos centrados en la contemplación pero mucho más físicos, orgánicos. Algunos, muy cortos, de solo tres versos, dejan temblando: incendiad girasoles/ doblegad la razón/ comed de mis manos. No se puede decir más con menos. Tal vez en esta segunda parte reconozco más la voz con la que asocio a Isabel Bono. Menos lírica y contemplativa que en la primera parte, haciendo uso de artillería más pesada, de ese abrirse las venas que suele ser su poesía. Un flujo constante de emociones, que en el mismo poema pueden hacerte pasar por todos los estadios posibles. Versos que tiran a dar, como la poeta reconoce: mi casa dispara/ minúsculas garamond catorce/ a un paisaje renovado por el fuego. Lo que no varía y se mantiene constante, es el paisaje. Pájaros, antenas, charcos… Isabel Bono siempre muestra de forma diferente el mismo paisaje y por eso, tal vez, su poesía tiene algo de refugio, de lugar de paso donde apetece quedarse mientras ahí afuera la luz varía, decrece, mengua en los charcos, sin desaparecer nunca del todo.

http://www.agitadoras.com/Febrero%202013/itziar.html

2013 de Poesía. Día 33. Luis Miguel Rabanal

Día 33. Luis Miguel Rabanal. Música para torpes (2012)


LOS HIJOS DE PURA

Son actos bochornosos que no queremos
que sucedan.
La mañana resplandece y hay muchachas
para espiar desde otro mundo, el que aprisionas
a diario escurrido entre los dedos.
La mañana se detiene ante ti
y te vuelves huraño
y persigues a alguien que te explique por qué.
Velas fijamente para que el viento se calme
porque la hora propicia es la del desprecio,
y delante de la valla, o es delante de la vida,
te dejas prender.
Ese cuento, además, lo sabías.
El hombre más triste, el que más desazona
con su rostro desfigurado y tedioso,
el hombre que se asemeja al hombre
que vivió en tu casa dos o tres inviernos
y murió de fríos, pues aquí está, de pie.
A mis brazos, le dirás
cuando despiertes y hayas recordado al fin
su verdadero nombre, el que te daba miedo.
Y en la habitación contigua
que ya no ocupa el fantasma, acecharás
su boca que te sabía a menta.
En la calle hay misterios
y barro, uno se desdice pronto
cuando lo que más apetece es sollozar,
o dejar a tu muñeca cuestionarse
la hora, o salpicar los cristales con agua
fuerte hasta haberte emborrachado.
Enseguida te extrañas de que no venga
a visitarte nadie,
es horrible tu silla.



viernes, 1 de febrero de 2013

2013 de Poesía. Día 32. Olga Luis Rivero


Día 32. Olga Luis Rivero. Gran rojo (2003)


Ha pasado un año. Es invierno y estoy sola
en una pensión del Reino. Mientras, otros trepan
los abismos con perfume de mujer.
Los barrancos ven correr deliciosamente
o escuchan música en la danza de las palmeras.
Lloro y prendo fuego a los animales que me habitan
la tristeza. Ardo presa de una rabia.
Ha crecido un árbol en la puerta de la casa.
Rara es la vez que alcanzo a tocarlo. Pero lo sé.
Está ahí, donde otras cosas tendrían que encontrarse.
Un árbol que es silencio, donde nada tiene boca
ni hace ruido.