lunes, 22 de agosto de 2011

Un cuento de Joao Anzanello Carrascoza


SEÑAL DE LOS TIEMPOS Por: Joao Anzanello Carrascoza. 

La pareja se detuvo en mitad del camino para descansar. Estaban los dos extenuados de tanto huir. Se cobijaron en un establo, al costado de la carretera, y enseguida la mujer sintió las primeras señales. Había sido una parada providencial, el momento y el lugar adecuados para que naciera el niño. Nadie sospecharía de un establo en medio de una carretera desierta.
En esa noche, bajo la luz sin pausa de una estrella, la mujer sufrió intensamente los dolores del parto. La madrugada ya estaba alta cuando, entre sus gemidos sordos, se distinguió un extraño vagido.
Miraron al niño, atónitos. Pero se cuidaron de no caer en el mismo error del pasado. Aprovecharon restos de madera que por allí había y separaron dos trozos, preparando el ritual. Fueron rápidos. El marido, carpintero, tenía mucha práctica.
Allí mismo crucificaron al niño. Luego juntaron los animales y siguieron viaje.




Acabo de terminar de leer El volumen del silencio. Editado por Baile del Sol, comprende una selección de los mejores relatos del cuentista João Anzanello Carrascoza. Ha sido todo un descubrimiento y he disfrutado con muchos de estos relatos como hace mucho tiempo no disfrutaba de un volúmen de cuentos. Más adelante publicaré una reseña del libro, pero sirva esta introducción para recomendarlo a mis amigos amantes de lo breve.

Esteban Gutiérrez Gómez
http://ellaberintodenoe.blogspot.com/2011/08/un-cuento-de-joao-anzanello-carrascoza.html

Una novela canaria: ‘El fondo de los charcos’


Sentimientos contradictorios me asaltan tras finalizar la lectura, a ratos muy apasionante, de la tercera novela de Javier Hernández Velázqueztitulada El fondo de los charcos (1). Y escribo lo de sentimientos contradictorios porque por momentos  he apreciado en esta monumental obra (casi cuatrocientas páginas estructuradas en capítulos breves y de lectura vertiginosa) un intento por escribir la que podría ser la gran novela canaria de nuestro tiempo. O la gran novela sobre la capital tinerfeña, para ser más exactos en estos tiempos confusos que vivimos.
El autor ya nos advierte de por donde irán los tiros con una cita tomada de una de las mejores novelas canarias de la década de los 70, Crónica de la nada hecha pedazos de Juan Cruz: “El mar está hecho para los muertos, y a nosotros corresponde el deber de desenterrarlos.”
Y de muertos desenterrados va El fondo de los charcos, una obra que me sabe a auténtica porque desde el principio intuyo sus intenciones: radiografiar en clave policiaca la historia de una ciudad tan desmemoriada como es Santa Cruz de Tenerife.
Ubicada en varios tiempos (los años treinta, la década de los setenta, ochenta, noventa y los actuales) es una pena no obstante que Hernández Velázquez haya renunciado a recortar el apreciable número de páginas (muchas de ellas precisamente muertas porque no hacen avanzar el relato)  para que una vez finalizada, tuviera como lector una plena y gozosa sensación de haber leído un libro definitivo. Un volumen redondo que transcurre en las calles y plazas de una ciudad que conozco y a la que todavía no termino por entender.
A pesar de este inconveniente, El fondo de los charcos es buena literatura más allá de sus radiaciones negro criminales, género cuyas claves han sido muy bien utilizadas por un escritor que en la aparentemente caótica madeja que propone, tiene la pericia de resolver los nudos y cerrar las tramas paralelas en una sola con ecos no sé si épicos, pero sí trágicos y por lo tanto amargos.
El personaje protagonista, Héctor Vázquez, se mueve en un universo poblado de mujeres a las que las circunstancias han hecho duras y fatales y de hombres cuyas vidas parecen estar articuladas por hilos invisibles.
De fondo, y sonando en alta voz, se desarrolla de forma paralela los capítulos que, a mi juicio, son los mejores y más valientes del libro: la descripción pulcra de una capital de provincias que en los días previos a la Guerra Civil tiene como protagonistas a los miembros de Gaceta de arte y a un general, de nombre Francisco Franco, a punto de tomar la decisión que cambió para siempre la historia de España.
Entre los miembros de Gaceta de arte, Javier Hernández Velázquez reivindica con emoción la vida y obra de Domingo López Torres, el único del grupo (Óscar DomínguezEduardo WesterdhalDomingo Pérez Minik…) que fue sacrificado por un Alzamiento nacional que poco o nada tuvo de glorioso.
Pero es que hay más, ya que los acontecimientos que castraron a una generación de españoles reverberan en el presente de un relato que conmueve y en ocasiones hace temblar. Un pasado que se hace necesario desenterrar, parece que quiere decirnos Hernández Velázquez, para recuperar la memoria de esta compleja y acomplejada capital de provincia geográficamente africana pero de latido europeo, con el fin de que aprenda a ser ella misma.
Por norma general entiendo que una novela es buena cuando me suscita preguntas y al suscitarme preguntas me hace reflexionar sobre quién soy y de dónde soy. Hernández Velázquez no responde a cuestiones tan peregrinas pero sí da la llave para que penetre en ese tubo volcánico de misterio y vuelva a planteármelas mientras paseo por un Santa Cruz de Tenerife que, gracias a esta novela, me creo como escenario literario. Como un espacio en el que todo puede ser posible pese a que la ciudad aún no haya aprendido a mirar su pasado de frente.
He disfrutado mucho con El fondo de los charcos. De hecho, la he leído en apenas unos días francamente enganchado a sus páginas. También, es verdad, cabreado en ocasiones por la insistencia del autor en, reitero, engordar con páginas prescindibles situaciones que no hacen avanzar el relato. Un relato cuya mayor pretensión es la de entretener y generar reflexión.
Al margen de las tramas y subtramas que se cruzan y descruzan y vuelven a cruzarse hasta marearte, el mejor mensaje que saco de esta novela ambiciosa es que la ciudad (la ciudad) se mire ante el espejo de la historia y aprenda a convivir con sus gloriosos y miserables cadáveres.
Javier Hernández Velázquez escribe muy bien. Pero escribe mucho mejor cuando deja de lado su potente y bien armada cinefilia para ir directo al grano.
Me consta que si corrigiese esta pasión, las próximas novelas del escritor serán obras que no van a dejar indiferente a nadie. Títulos además que tendrán que tenerse muy en cuenta en la selva urbana de la novela policiaca escrita en español que trasciende las fronteras del género.
Y es que hay mucho talento y esfuerzo en el trabajo de Hernández Velázquez. Y mucha sapiencia a la hora de manejar las claves de un género como es el negro criminal. Claves que el escritor adapta a una realidad, como es la santacrucera, con estilo. Tanto estilo que incluso juega con ellas como si se trataran de las famosas muñequitas rusas.
El fondo de los charcos es así una novela policiaca de ambiente urbano en cuyas doscientas primeras páginas apenas hay violencia que concluya en crimen. En las otras doscientas restantes sí que asistimos a una especie de cosecha roja pero sin estridencias.
Hernández Velázquez apuesta en esta obra más que por resolver la misteriosa desaparición de la imagen de El señor de las tribulaciones y de un conjunto de obras inéditas de aquel grupo de artistas e intelectuales que pensaron en los años treinta que otra Canarias podía ser posible, en darnos su visión de una urbe que no termina de cuajar, que anda como un muerto viviente y a la que se quiere conamor loco o sencillamente se la detesta.
No me resisto a reproducir un párrafo de esta novela que, entre otros, me animó a subrayarlo al sentirme identificado con él:
Esta no parece ser mi ciudad. Reniega de sí misma todos los días. Los que quedamos fingimos que no hemos muerto, pero es mentira. Santa Cruz nos ha enterrado. Estamos vivos, sepultados, moribundos, pero vivos. Hoy la vida transcurre de otra manera, a otro ritmo. Parece que han pasado muchos años, y nadie tiene memoria. A mi generación, le queda el consuelo de coleccionar cuadros, libros y pasear por el muelle¡Vaya mierda! Me gustaría que hubieras visto Santa Cruz a principio de los setenta. Estaba imantada por un extraño atractivo que la hacía irresistible. Y… y… ¡ya no existe, muchacho! De aquella ciudad no queda nada. Es un ánima en pena.” (página 256).
También este otro, la descripción que hace de uno de los personajes protagonistas de la obra, ausente pero presente como fantasma de otros tiempos, que es Antonio Sonseca.
“- Fue un personaje vital en la sociedad y política tinerfeña. La generación de mi padre lo conoció en primera persona: la mía de oídas; la de mis hijos, ni siquiera sabe quién es. A partir de los años setenta, pasó a un segundo plano. Verá, cuando uno se pasa la vida rodeado de libros, durmiendo en bibliotecas, se deja influenciar por los hombres que han marcado una época.
- En el caso de Antonio Sonseca parece que su marca ha sido borrada.
- Sin embargo, permanece como punto de contacto entre el viejo mundo, empapado de mitos, y el nuevo, representado por el Santa Cruz de principios del siglo veintiuno. Nos olvidamos de un hombre al igual que ignoramos lo que éramos hasta hace unas pocas generaciones. Hemos hecho mal olvidándolo. ¿Quiere saber por qué, inspector? Porque no hemos cambiado nada en absoluto.” (página 282).
A modo de conclusión:
El fondo de los charcos, con sus defectos, ha hecho posible que yo también aprenda y entienda a nuestros muertos.
(1) El fondo de los charcos (colección serie negra Baile del sol) se pone a la venta en septiembre.
Saludos,  leed, leed, malditos, desde este lado del ordenador.

http://www.elescobillon.com/2011/08/una-novela-el-fondo-de-los-charcos/

vivir escuece

El perseguidor/Diario de Avisos 6/08/2011

domingo, 21 de agosto de 2011

Lectura para el verano (2). Noches árticas, una novela sobre el amor y el silencio

Noches árticas, la primera novela de Ana Vidal Egea, transcurre en Finlandia. En sus blancos y desolados paisajes se desarrolla una extraña y sugerente historia de amor entre una española que ha llegado hasta allí para escribir su tesis doctoral sobre el silencio y un joven italianohomosexual.

La novela mantiene la tensión emocional entre los protagonistas que recurren a la literatura, el arte y el cine para hacer frente a una relación que no pueden consumar a través del cuerpo.

Con una prosa lenta y trascendente, una cadencia que recuerda a Marguerit Duras, Noches árticas sumerge al lector, desde la primera página, en una atmósfera blanca, vasta y silenciosa, como lo es el propio paisaje finlandés que la enmarca, para interrogarlo acerca de la naturaleza de los sentimientos humanos.

jueves, 11 de agosto de 2011

Lectura para el verano: Loca Novelife


Eugenia Ramírez es una treintañera que recorre el mundo impartiendo clases de español e intentando convertirse en escritora. Un profesor de "creación literaria" de la universidad de Nueva York le hace comprender que su propia vida podría convertirse en la historia que está buscando.
Loca Novelife es una novela rebosante de humor que convierte al lector en cómplice de las aventuras de una "loca" bilbaina que no sabe permanecer quieta en ningún lugar y que huye de la soledad, reencontrándose con ella en cada uno de sus destinos.
Desde la América profunda hasta Singapur, en un hilarante patchwork , Eugenia encuentra los compañeros de viaje perfectos para acompañarla en su determinante decisión de no hacerse mayor.





LOCA NOVELIFEElvira Rebollo
M-122. Narrativa. 2011. 142 páginas. ISBN:978-84-15019-35-0. 12 €.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Contra el monstruo humano

Némesis
.
Autor: Alfred Nobel
Edita: Baile del Sol, Tenerife, 2008
.
El sueco Alfred Nobel es mundialmente famoso por los premios que dejó como legado. Aunque conocido por su faceta como ingeniero e inventor de la dinamita, también escribió poesía y, en 1896, una obra de teatro titulada Némesis. Se editó en París, aunque él no llegó a ver los ejemplares impresos. A su muerte, el pastor de la legación sueca en París, Nathan Söderblom, decidió junto con sus herederos destruir todos los ejemplares excepto tres para que la reputación de Nobel no quedara marcada. En la actualidad sólo se conoce un ejemplar, depositado en el Archivo Nacional de Suecia. Más de un siglo después de su muerte, en diciembre de 2005 el teatro Strindbergs Intima de Estocolmo estrenó la obra, texto que en su tiempo se censuró por sacrílega e irreverente, acusada de tratar asuntos tan escabrosos como el incesto y la venganza violenta. En realidad el asunto que trata es una revisión, una versión más (ya había varias, entre ellas la del poeta inglés que Nobel admiraba, Percy Bysshe Shelley) de la historia verídica de una muchacha italiana de veinte años llamada Beatrice Cenci. Al parecer esta joven mató a su padre por abusar de ella, lo que la llevó a ser condenada y ejecutada junto a sus cómplices en 1598.
Esta joyilla acaba de ser traducida por primera vez al castellano y publicada por la editorial independiente Baile del Sol. Al respecto de la dureza del texto, el lector no debe recelar. Existen hoy día novelas y películas que han tratado el tema de la violencia sádica con absoluto realismo (incluso en primera persona, como en American Psycho, lo cual resulta estremecedor). No soy admirador de este género, ni siquiera de las películas sobre la mafia, pero entiendo que no era justo que las páginas de Némesis estuvieran en la sombra, en la oscuridad de aquel pozo del cuento de Poe. Trataré de explicar por qué.
Hay algo muy interesante en la obra: el punto de vista religioso y moral. Brilla una gran modernidad en el tratamiento desmitificador y trasgresor de ambos conceptos. En el texto se entabla un duelo que, en realidad, no radica en el clásico litigio entre el Bien y el Mal. No es así porque queda latente que el Bien, representado por una Iglesia corrupta, enfermiza y poderosa, no existe como tal. El duelo, la tensión dramática, el hilo conductor de la tragedia radica en que el conflicto late entre el Mal y la Necesidad de sobrevivir. Sobrevivir incluso asumiendo el odio y la idea de la venganza, porque asumir la resignación es antinatural. Antinatura parece la pretensión del conde Cenci, que lleva su perversidad y su lujuria hasta el límite: la tortura y el incesto. El lector-espectador no llega a saber si el conde es el padre biológico de su hija o no. Cenci niega su paternidad varias veces, alegando que ella es hija bastarda, aunque Beatrice duda de sus palabras. Aun suponiendo que esa afirmación sea cierta, la dureza de este hombre, capaz de torturar a sus otros hijos hasta límites insospechados, es atroz y desalmada. Por ello, la idea de la venganza late con tal fuerza en la mente de la protagonista que ella misma justifica las visiones de la Virgen y del diablo. Según ella ambos le asesoran y le dictan la orden de consumar esa venganza aderezada con la tortura. Le instan a poner en práctica la ley del talión.
Las partes más interesantes de Némesis son acaso las que reflexionan acerca de la doble moral de la Iglesia, esa falsa religión (en diferentes épocas totalitaria o cómplice de algún totalitarismo) que auspicia un desamparo total de quienes sufren la verdadera injusticia aplicada por la tenaza del poder. Asegura el propio torturador, hablando de la hipocresía eclesiástica: Martirizan y matan por un credo del cual ellos no conservan ni la más mínima huella.
Páginas más adelante dice el prometido y cómplice de Beatrice: Cristo predicó el respeto y la hermandad entre los hombres. Sus representantes y su falso séquito utilizan torturas y humillaciones que sólo unos salvajes inhumanos podrían inventar. Y más adelante añade: ¿Qué puede ser más peligroso que el grupo de corruptos y locos que dirigen el mundo y su orientación espiritual? Los excesos del pueblo llano, por muy graves que parezcan, serán un juego infantil comparados con la abominación organizada, bajo la cual el pueblo se lamenta, sufre y es moralmente contaminado.
Esta lectura en clave ética y humana encierra gran interés. Por un lado, porque la historia se desarrolla en tiempos de la Inquisición, época oscura para la libertad humana. Segundo, porque el equilibrio entre el Bien y el Mal, como conceptos sólidos, es puesta en tela de juicio por una muchacha que siente el ansia y el deseo del odio. Necesita odiar para sentirse viva. Necesita creer en una fórmula de respuesta (violenta, incluso) para poder darle algún sentido a todo lo que ha padecido junto con sus hermanos.
Precisamente ahora que ha salido a la luz el asunto del pervertido monstruo de Austria que encerró y violó a su hija durante más de veinte años, estamos ante un texto que ilustra precisamente lo que podría pensar y sentir una muchacha acosada por ese horror: quizás un odio más allá de lo terrenal, un odio casi religioso. Creo que ésa es la clave del libro.
Nobel logra que, en un caso tan extremo, la venganza sea una comunión, un modo de penetrar de nuevo en el sentido de la vida, un anhelo de existir que, en los periodos álgidos de sufrimiento, parecía perdido. Tras muchos rezos y plegarias infructuosas, cuando nada tenía sentido ya salvo acaso desear la muerte como única evasión posible, Beatrice finalmente se revela. Su deseo de vivir late merced a ese deseo de destruir la fuente de tanto dolor, de extinguir la personificación del Mal.

(artículo publicado también en la revista on-line Luke) 


F.Palazuelos