jueves, 5 de octubre de 2017

Reseña de ALIMÉNTAME de Roman Simić en LIBROS PROHIBIDOS

Roman Simić: Aliméntame

Aliméntame. Libros Prohibidos
Título: Aliméntame
Título original: Nahrani me
Autor: Roman Simić
Traducción: Juan Cristóbal Diaz Beltrán
Año: 2012
Editorial: Baile del Sol (2016)
Género: Relatos (Narrativa)

Una visión agridulce de la paternidad

Afortunadamente, hay vida más allá del best seller americano, de la novela negra sueca, de las distopías chinas y demás booms, viejunos o emergentes, que acaparan las estanterías de las librerías generalistas. Sólo hace falta rebuscar un poco y arriesgarse con propuestas, que, a pesar de ser minoritarias, pueden darnos agradables sorpresas.
Aliméntame, del autor croata Roman Simić (en la foto) es una de esas pequeñas joyas ocultas que vale la pena descubrir. Premio a la mejor obra en prosa de 2005 otorgada por el diario Jutarnji List con su anterior novela De qué nos enamoramos, Simić nos ofrece ahora un libro de relatos con un tema común: la visión, casi siempre agridulce y muchas veces dolorosa, de la paternidad. En Aliméntame, más que relatos, nos encontramos con pedazos de vida, narraciones sin apenas estructura que a pesar de su aparente linealidad, resultan terriblemente emotivos.
Tenía dos niños y era incapaz de pensar. Dos niños, dos niños de la mañana a la noche, del crepúsculo al alba, por donde ellos pasaban no quedaba piedra sobre piedra, ¡táctica de tierra quemada, polvo y ceniza! Dos niños, angelitos morenos, un niño y una niña. Eran hijos del amor pero esto ya no se mencionaba, sobre todo mi mujer.
De la misma manera que hacían otros cuentistas ilustres como CapoteHemingway y, sobre todo, Raymond CarverSimić se acerca a la vida de sus personajes en un momento en el que parece que no pasa nada. Lo interesante ya pasó o pasará en el futuro. Nosotros no lo veremos, pero la tensión, la sensación de tristeza o de amenaza que se desprende de ellos es tan intensa que la falta de giros en la historia no se echa en falta en ningún momento.

Croacia, años 90

Todos los relatos se inician con un hecho aparentemente irrelevante, un macguffinque, en la mayoría de ocasiones, no volverá a aparecer pero que sirve para irrumpir en la vida de los personajes sin avisar, como si entráramos en su casa a horas intempestivas y los encontráramos todavía en pijama.Recibir una carta sin nada escrito, el deseo incumplido de tener un caballo, la visita de un comercial de una compañía de telefonía móvil… Se trata de situaciones cotidianas y totalmente extraliterarias que confieren realismo y autenticidad a la narración y que sirven para introducirnos en las vidas, tristes, erráticas y descolocadas, de los personajes que deambulan por esta obra.
Al tratarse de una novela ambientada en la Croacia de los años 90, la guerra de los Balcanes está presente, pero de una forma casi circunstancial, como un ruido de fondo molesto pero tan integrado que apenas se percibe. No se nos muestra la guerra, pero sí sus consecuencias. La Croacia de Aliméntame es un país triste, pobre y desangelado, con ausencias y desapariciones, familiares y amigos que un día dejan de verse y no vuelven nunca más o, si lo hacen, resultan irreconocibles.
Con ella estaban su marido y su hijo; era verano; en el país había estallado la guerra –¿Qué tipo de guerra fue esa?–; había mosquitos, adolescentes retrasados, apenas se acuerda de poco más que de lo infinitamente triste que estuvo, que no podía dormir y que, tras ese verano, todo se transformó en alguna medida, todo se vino abajo, como si, en esa encrucijada, le hubiera permitido a aquella guerra cabalgar subida a su espalda…
El libro abre de forma magistral con «Zorros», la carta de amor que un chico escribe en un zoo y que nunca llegará a entregar a su destinataria. Es un relato en segunda persona con un trono profundamente poético y con la presencia, tangencial pero decisiva, de la guerra balcánica. En «De todas las cosas increíbles», destacaría la excelente composición de personaje, el misterioso Radovan Sprajcer, antiguo compañero de armas del protagonista. En «Telefonía», se narra la angustia de una mujer embarazada cuya única esperanza es consultar una línea telefónica de astrología, y en «Cosas que se hunden», asistimos al dolor de un padre de una joven maltratada. El humor está presente en «Dos niños» y la introspección personal en el que, bajo mi opinión, es el relato más brillante de esta antología: «Vacaciones estivales en invierno», la historia de una mujer en la cincuentena que vuelve al lugar, triste y desolado, en el que veraneaba años atrás.
Desde fuera, desde la noche, la casa no iluminada parecía un árbol, un arbusto o una roca, algo que podía ofrecerle refugio apenas a un pájaro. Ella era ese pájaro, eso es seguro; el vino la había vuelto cálida y pesada, así el viento no podría nada contra ella.
Todos los relatos están escritos con un tono poético pero, al mismo tiempo, cotidiano y natural, una prosa con una cadencia única conseguida a base de frases largas y con numerosas subordinaciones. Una filigrana literaria arriesgada pero bien resuelta, un esfuerzo por escapar de la excesiva simpleza narrativa que impera hoy en día.
Aliméntame es, en definitiva, un conjunto de piezas en apariencia inconexas pero que, tras la lectura, quedan perfectamente ensambladas, un análisis desde distintos puntos de vista del que posiblemente es el acontecimiento más catártico que puede experimentar un ser humano, el hecho de alumbrar una nueva vida.

OBRAS SON AMORES: Roman Simić, ALIMÉNTAME


miércoles, 4 de octubre de 2017

Reseña de STONER, de John Williams en NI UN DÍA SIN LIBRO



STONER, JOHN WILLIAMS (BAILE DEL SOL)

Y justo después de un verano lleno de lectura notables, me llega de improviso el sobresaliente. En mi lista de pendientes se encontraba Stoner, un libro del que había leído unas críticas muy halagüeñas. Me imponía ligeramente leer de nuevo un clásico que comparaban con Faulkner o Fitzgerald. Pero a la segunda página ya estaba enganchada, del mismo modo que hace muchos años me enganché a estos otros autores.

William Stoner comienza la Universidad de Missouri a los diecinueve años para estudira agricultura. Un seminario de literatura inglesa cambia su vida, y él nunca retorna para trabajar en la granja de su padre. Stoner se convierte en profesor. Se casa con la mujer equivocada. Su vida es tranquila, y después de su muerte sus colegas apenas le recuerdan. 




El argumento es muy simple, y por ello muy difícil de apreciar. William Stoner es hijo de unos granjeros, que consiguen mandarle a la universidad a estudiar Ingeniería agrícola para que siga sus pasos. Pero allí, Stoner encuentra su vocación de manos de uno de sus profesores, que le espeta: El señor Shakespeare le habla a usted a través de tres siglos, señor Stoner. ¿Usted lo oye?”. Y vaya que si lo oye. A partir de entonces la literatura, o más bien la enseñanza de la literatura se convierte en su vida, y le convierte en otra persona. Es la vida de un hombre común, pero eso es lo que la convierte en una obra maestra, encontrar la belleza en cada una de las partes comunes de nuestra más rutinaria existencia.

Si antes he hablado de Faulkner o Fitzgerald no me hagáis mucho caso. Sí, nos muestra las mismas reflexiones y el poder de introducirnos en su mundo es el mismo. Pero no encontraremos el glamour de Fitzgerald ni la solemnidad de Faulkner. Es una prosa más íntima, más personal y humilde. Una historia muy bien contada y bellamente escrita.

La escritura de John Williams emociona y sabes que has encontrado algo especial en cuento lees algo así: “En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.”

Llama mucho la atención que este libro no sea famoso y menos su autor. Es casi unánime este sentimiento en todas las críticas que he leído. Cada cierto tiempo se redescubre y vuelve a brillar con luz propia. Así, este secreto ha sido recomendado en los últimos años por Bret Easton Ellis, Rodrigo Fresán, Enrique Vila-Matas y Emma Straub, entre otros, y se convirtió en bestseller internacional temporalmente. En Holanda desbarrancó a Dan Brown.



Al día siguiente de finalizarlo seguía pensando en él y de hecho cada vez más. Y sigo haciéndolo en estos días. No es fácil encontrar libros así. Suele ser difícil recomendar libros, temerosos de que te gusten a ti pero no cuadren con los demás. Éste se puede recomendar sin género de dudas. Y aunque soy reticente a catalogar de obra maestra una lectura, ésta lo es. Os dejo, me voy con otro libro libro de Williams, Butchers Crossing, a disfrutar. 


OBRAS SON AMORES: Sonia San Román, ANILLOS DE SATURNO



martes, 3 de octubre de 2017

Reseña de LA CANCIÓN DE MERCURIO, de Isabel Bono en AGITADORAS


La Canción de Mercurio


Autora: Isabel Bono. Baile del Sol, 2017. 96 páginas. 10€


Isabel Bono (Málaga, 1964) publica libro. Después de su primera novela, ‘Una casa en Bleturge’, con la que ganó el Premio Café Gijón de novela, vuelve a la poesía, con una editorial en la que ya desembarcó hace unos años con su poemario ‘Brazos, piernas, cielo’. Una de las cosas que más me entusiasma de la escritora malagueña es que sus libros siempre me dan más. Bueno, sus libros siempre me lo dan todo.

En ‘La canción de mercurio’ da una vuelta de tuerca al poema que no lo es por definición sino por naturaleza pues los poemas que componen su libro son e-mails. Explica la autora en la nota final que los e-mails no han sido editados y fueron enviados, en fecha y hora, tal como aparecen en los títulos. En un principio al conjunto de poemas lo tituló (po)e-mails pero ‘La canción de mercurio’ se ha convertido en el título definitivo que la autora debe a Kurt Vonnegut, como tantas otras cosas, añade.

Es característico de la escritura de Isabel Bono -tanto en la narrativa como en la poética- una capacidad extraordinaria para emocionar, para lanzar las palabras como si fueran dardos que buscaran en el lector una diana apropiada donde depositar su furiosa belleza. Poesía sin filtros es lo que brota de cada poemail de Isabel Bono. La verdad del día a día, la poesía tal como emana de una escritora que no todo lo convierte en poesía porque ya es poesía. La palabra, en ella, nace lúcida, como si la transformación se llevara a cabo en el mismo origen. Como escribe Fernando Luis Chivite en la contraportada en un mail dirigido a Bono: sin duda tienes el don de la escritura y lo sabes/ y por supuesto sabes lo que eso significa/ una especie de tragedia/ al menos en el sentido de que es algo/ de lo que nunca te librarás, esa manera/ de mirar todo lo que te pasa/ y de escribir siempre sobre ello. En estos términos se refiere Chivite a la escritura de Isabel Bono. Su escritura no emana, no se transforma, nace ya convertida. Por eso suena a verdad. El poema, en Isabel Bono, nace desde el mismo instante en que ella deposita su mirada sobre las cosas que le rodean.

Con el único soporte de ‘Asunto y Fecha’ encabeza Isabel Bono cada uno de los poemails. Sin la red de un título que complete o dinamite el poema, la poeta, se lanza al vacío de las palabras en busca de un destinatario concreto -que no llegamos a conocer, porque no está explicitado el destinatario sino una relación desordenada de ellos-. El efecto conseguido en el lector es parecido al del voyeur que lee cartas ajenas. Pero es tal a capacidad de poetizar de la autora que consigue que el lector acabe sintiéndose único destinatario de cada poema. Hasta tal punto que de su lectura se desprende, además de la emoción, la sensación de que no estás solo. No le tiene miedo Isabel Bono a desnudarse, a desprenderse porque realmente la escritura de Isabel es desprendida, generosa pero sin parecerlo, sin mostrar las costuras, sin hacer trampa.

Decir que ‘La canción de mercurio’ es su libro más personal sería caer en la trampa de lo fácil, por obvio. Tiene la riqueza de explorar sin quererlo en esa frontera de géneros donde conviven pacíficamente el aforismo, el poema, el microrrelato, la epístola, sin que nada desentone en esta improvisada sinfonía de lo cotidiano. Isabel Bono eleva a la categoría de poema su pensamiento más íntimo, su miedo, su verdad, a los que nombra de forma valiente y honesta en un tiempo en que la verdad está cada vez más devaluada y el artificio se revaloriza en el mercado de las vanidades poéticas. Definitivamente/ soy incapaz de mentirte/ ni por mail, ni por tierra// pero si me coses unas alas/ y me empujas al vacío/ igual aprendo. Nadie puede decir que este mail no es un poema. Nadie puede decir que no sale con una herida luminosa de la lectura de un libro que emociona hasta las lágrimas, con lo difícil que es llorar por lo ajeno. Pero este es otro de los valores de Isabel Bono, su capacidad transformadora de lo otro en lo propio, en lo de todos. Por eso llega, por eso sientes que aterrizas en un lugar conocido donde sólo cambian la vivencia que te está esperando y tú, que ya serás otro cuando regreses. Así es ella. Y así es con todo.

OBRAS SON AMORES: Jorge García Torrego, CERCANÍAS