martes, 9 de mayo de 2017

Reseña de ‘Cape Cod’, de Henry David Thoreau en el blog Tan alto el silencio

martes, 9 de mayo de 2017

‘Cape Cod’, de Thoreau

Cape Cod
Henry David Thoreau
Traducción de Héctor Silva
Baile del sol
Tenerife, 2015
230 páginas
“¡Los anales de esta playa voraz! ¿quién podría escribirlos, si no fuese un marinero náufrago”.
Naufragio. Esa es la palabra. Con naufragio se resume todo lo que Cape Cod significa: su aroma, los deseos frustrados, la lentitud de cada paso, el viento y la desdicha del viento, la leyenda si es que cabe calificar como leyenda las pequeñas historias, los hechos que se dice que sucedieron en la región abandonada de Cape Cod. Abandonada por lo civilizado. Así es este libro en el que Henry David Thoreau (Concord, Massachusets, 1817 – 1862) sigue siendo el mismo Thoreu de siempre. El de los minúsculos sucesos en que se concentra la esencia del universo. Porque todo existe para volver a ser la huella que uno está dejando en el camino. Esa es la forma de viajar de Thoreau: el viaje a pie, el caminar, la excursión pateando. Y nadie se imagina una excursión a pie por un lugar civilizado. Caminar es caminar al aire libre. Y a partir de varios de esos paseos, dándoles continuidad, como si se tratase de un único acto, Thoreau se aproxima a la región de Cape Cod. A un trozo de mapa en la costa. Pero no es la orilla lo que más le interesa, ni tampoco el mar. Aunque no reniega de ellos y sabe que son parte imprescindible de la vida natural de la zona, y en cuanto puede se aleja un poco para observar lo que forma parte de los otros, él se concentra en la costa. Es decir, más hacia el interior. En donde puede dar rienda suelta a ese naturalista que es, en una época en la que todavía no había nacido la biología y ser naturalista era cometer múltiples errores de interpretación. Pero observar mucho.
Este es de nuevo Thoreau. El hombre que pretende visitar los lugares donde los demás aseguran que no hay nada que ver. Apartados del mundo civilizado. Deseando sentir nostalgia hasta por lo que no ha vivido. De ahí que el libro comience con un naufragio, del que se describen los restos que llegan a la orilla, sin inmiscuirse en lo obsceno. Tan reposado al escribir como al caminar, pues consideraba que no valía la pena tener prisa si todos los caminos terminarían por conducirle a su villa natal, a Concord, le llama la atención tanto la gente que vive una supuesta existencia de Beatus Ille, aunque tal vez no elegida, como los pájaros o las hojas de los árboles. Thoreau es de los que se proponen ser sublime sin interrupción. Lo cual, en los tiempos que corren, es un regalo. Porque eso pretende con sus escritos, regalarnos un rato de sosiego. A Thoreau no se le puede leer deprisa. Se le debe leer con la lentitud con que cambia la Tierra, que es el verdadero tema de su obra. Thoreau, el creador de la desobediencia civil, es en lo que respecta a lo ecológico un conservador. Porque maldice la destrucción. Pero conserva siempre, a lo largo de cada página, ese poso de naufragio pero sin caer en los sentimientos. Consigue ser un poeta sin lírica. Un estilista sin estilo. Un sabio con nada personal que contar, a no ser que consideremos que dar fe de la belleza de un naufragio sea un relato.

miércoles, 26 de abril de 2017

Carmen del Río Bravo y su poemario NO ARDO, ME OXIDO... en a sección de La razón "Las razones de la poesía"



Cada poema de Carmen Gc es un cuerpo vivo, materia biológica que crece y evoluciona sin restringirse a una contextura precisa y determinada. Lo narrativo y lo lírico, la métrica larga y la palabra aislada, la gravedad y la ligereza cohabitan en un mismo poema atravesadas -eso sí- por una misma voluntad discursiva: la depurada reflexión y crítica social, introducida en vena como cristales finísimos que no llegan a espesar el estilo pero que impiden una expresión licuada, vaciada de cualquier carácter incisivo. Cada "cascada" de palabras con la que Carmen Gc precipita sus poemas corta la connivencia de la mirada con la realidad, acelera el relato hacia un abismo de incertidumbres que marca el sentido de la poesía: caer y caer, en el sentido literal del término, hasta tocar tierra y mancharse con ella."

Pedro Alberto Cruz Sánchez




martes, 25 de abril de 2017

Reseña de Aproximación a la herida de Jesús Artacho, en la revista EÑE

Aproximación a la herida de Jesús Artacho, una lectura de David Pérez Vega

Aproximación a la herida, de Jesús Artacho.
Editorial Baile del Sol. 67 páginas. 1ª edición de 2016.
Conozco a Jesús Artacho (Cuevas Bajas, Málaga, 1986) desde hace años. Al principio, más de una vez tropezamos el uno con el otro caminando por internet. Igual que yo, Jesús mantiene un blog de reseñas literarias llamado El cuaderno rojo (ver AQUÍ). Más tarde nos hemos visto en persona, cuando Jesús ha venido a Madrid. Hace tiempo me envió a casa su primer libro de relatos, El rayo que nos parta, y yo le he enviado algunos de los míos. En 2016, la editorial canaria Baile del Sol publicó su primer poemario y así pasamos a ser también compañeros de editorial. En octubre de 2016, Jesús me envió a casa su libro. Ya he contado alguna vez que con la poesía mantengo una relación un tanto ambivalente: he tenido temporadas de leerla mucho y otras en las que apenas me he acercado a ella. Se me acumulaban los libros de poesía por leer y al final decidí darme un descanso del gran libro de relatos Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin y leí Aproximación a la herida un viernes. Casi lo termino en el trayecto de la ruta escolar que me lleva al trabajo. Algunos de los poemas los había leído ya hojeando el libro con anterioridad o a través del blog o el muro de Facebook de Jesús. La verdad es que me ha gustado acercarme por fin al libro y leerlo en el orden establecido por el autor.
Con parte de los poemas de este libro («No llegan al cincuenta por ciento», se apunta en una nota final), Jesús Artacho fue premiado en el certamen Málaga Crea 2014.
El comienzo del primer poema resulta significativo sobre las intenciones creativas del conjunto: «¿Aproximarse / a la herida? ¿Rozarla apenas? / Meter el dedo / más bien. Escarbar, / punzarla, rasparla / con papel de lija.»
Uno de los temas fundamentales es la pérdida de la juventud, una crisis de los treinta que para Jesús cristaliza en versos como éstos: «De pronto / te dicen que eres culto. // Y es como la primera vez / que te llaman señor / o te hablan de usted: / crees que deben referirse / a otra persona.» En este sentido, me ha gustado bastante el siguiente poema:

UNA TARDE CUALQUIERA

Una dependienta
‒más joven que tú‒
te enseña
‒delante de tu madre‒
jerséis de una talla
que empieza con equis.

Y tú, alelado,
ni siquiera ves un síntoma
de que la juventud
primera ya ha pasado
y que sigues
sin levantar cabeza
camino de convertirte
‒si no lo eres ya‒
en uno de los pobres inadaptados
que acompañan a Pekar
en American Splendor.

Además de la pérdida de la juventud («Sentir, con veinte años, / que eres un viejo y estás / acabado»), aquí se habla de la soledad («Después de las horas / y horas sin hablar con nadie»), de la falta de perspectivas («Tendrás que seguir viviendo / esa vida descafeinada, gris, / que llevabas hasta la fecha / con la derrota añadida / de no haber sido capaz / de cruzar esa puerta»), del trabajo como una necesidad inhumana («Vas a una entrevista / de trabajo. / Y qué frágil es todo. / Dos personas / que no te conocen / y a las que nunca has visto / te escrutan, te examinan al detalle, / pareciera que te escuchan. / De ese breve, impersonal encuentro, / de la impresión que puedas dar / pende / tu vida / en los próximos doce meses»), del deseo sexual que duele por insatisfecho («No son ‒concluyes‒ / inalcanzables diosas»). La mirada de Artacho sobre los temas poetizados es la del desencanto irónico, la del desprendimiento y aceptación de la pérdida. En ese sentido, sus poemas me han recordado, por su sencillez no carente de hondura, a los de Karmelo C. Iribarren.
Algunos poemas son tan cortos que se acercan al aforismo en sus planteamientos. Dejo aquí uno de muestra:

MÚSICA FUSIÓN

Dos personas
copulando
no hacen ruido:
practican música fusión.

En algunos otros, que son pocos, Artacho abandona su voz poética y, en tercera persona, narra una pequeña escena ajena. Esto ocurre, por ejemplo, en el poema Night club, que no me ha gustado porque rompe la unidad del conjunto. En otros poemas en tercera persona se habla de un sujeto muy cercano a la voz narrativa principal, como ocurre en Un no querer dejarse llevar, en el que un joven ha de recoger el premio de un certamen literario y siente que debe dejar de presentarse a este tipo de concursos. En estos poemas en tercera persona, el poeta parece estar viéndose a sí mismo desde fuera, y resultan coherentes con su voz narrativa paralizada y distante. Así que son los poemas aforísticos y los pocos que crean un personaje ajeno a la voz poética principal los que menos me han gustado, porque la voz poética de Jesús Artacho, la que está presente en la mayoría del libro, me ha parecido madura y atractiva. Si desea seguir escribiendo poemas en el futuro (sé que ahora le tientan más los diarios), le recomendaría que ahondara en ella. Una voz que, como ya he dicho, tiene ecos de Karmelo C. Iribarren, pero también de Jaime Gil de Biedma, uno de cuyos poemas más famosos se parodia aquí; cuando quita importancia a la propia idea de plasmar su vida en forma de escritura, también se aproxima a la mirada sobre el mundo de Fernando Pessoa, al que también se invoca en estas páginas. En general, creo que Artacho es un descendiente de la poesía de la experiencia, una línea clara de poesía, que se centra en analizar la realidad más cotidiana, desde la ironía y la antirretórica.
El poema Cobijo, sobre la soledad y la agresividad que se vive en las ciudades, me ha recordado a José María Fonollosa. Este poema es uno de mis favoritos del libro. Lo dejo aquí:

COBIJO

Termina un día nefasto.
Te tiras
en el sofá, pones la tele, empieza
«La 2 Noticias». Después de las horas
y horas sin hablar con nadie, de pie
en el bus, en la oscuridad del cine,
en el súper (hola, parking no, gracias,
hasta luego), la imposibilidad
continua de abrazo y
la ciudad
que te escupe en las entrañas y
rótulos y neones en las retinas y
miradas de indiferencia, agolpándose
en la mente sin verbalizar nada
(solo pensamientos…),

miras ahora la tele, en esa casa
–más que hogar prolongación
de la intemperie–, y durante media hora,
en ese tono, esa cercanía, esa humanidad
encuentras algo
no muy diferente a una sostenida
–y reconfortante–
sensación de cobijo
en la que hundirse es tierno.

Dejo aquí también Y sin embargo no, que me ha gustado y me parece representativo del conjunto:

Y SIN EMBARGO NO

La acabas de ver
–y es de película–
hablando por teléfono
en la escalera.
Con su novio, seguro,
aciertas a pensar.
Un macizo de gimnasio,
no falla.

Con el tiempo,
la conoces
y resulta que sí
que tiene novio,
pero un tipo
más bien normalito, se diría
poco más
o menos feo que tú.
Qué cosas.
A decir verdad
no sabes qué es peor.
El caso se repite
otra vez, y otra.
No son –concluyes–
inalcanzables diosas,
y hasta cierto punto
consuela que ese tipo
que despierta con ellas
por la mañana
pudieras –perfectamente–
ser tú.
Y sin embargo no.

En definitiva, Aproximación a la herida me ha parecido un libro más maduro que El rayo que nos parta, el conjunto de relatos de Jesús Artacho. Un puñado de poemas escritos con una voz sencilla, honda, irónica y coherente, que gustará (como me he ocurre a mí) a los seguidores del ya mencionado Karmelo C. Iribarren.

domingo, 23 de abril de 2017

Entrevista a Alberto García-Teresa en Portal de las Bibliotecas de Madrid

Alberto García-Teresa

Busco una poesía que contribuya a comprender cómo funciona el mundo, cómo se han construido y se mantienen las desigualdades, la estructura de dominación en la que vivimos”
 
Alberto García-Teresea (Madrid, 1980). Es doctor en filología hispánica con una investigación que, ampliada y revisada, derivó en el libro Poesía de la conciencia crítica (1987-2011) (Tierradenadie, 2013). Fue coordinador de la revista de crítica sobre ficción especulativa Hélice, codirector del anuario de ensayo fantástico Jabberwock, redactor jefe de la revista Solaris, coordinador de la sección “Libros” del periódico Diagonal y director de contenidos de poesía de Culturamas. Escribe crítica literaria y teatral en diferentes medios nacionales e internacionales. Es autor de los poemarios Hay que comerse el mundo a dentelladas (Baile del Sol, 2008), Oxígeno en lata (Baile del Sol, 2010), Peripecias de la Brigada Poética en el reino de los autómatas (Umbrales, 2012) y Abrazando vértebras (Baile del Sol, 2013), así como de la plaqueta Las increíbles y suburbanas aventuras de la Brigada Poética (Umbrales, 2008). También del libro de microrrelatos Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos (Amargord, 2013). Sus poemas han sido traducidos al inglés, al francés, al serbio, al rumano y al macedonio.
Actualmete compagina el mundo de la Poesía con el mundo de la Biblioteca, trabajando en la Biblioteca Pública Municipal Gerardo Diego.

  •   ¿Crees que la poesía goza de buena salud en este momento? 
Creo que está en mejor momento que hace unos años, especialmente porque se están consolidando vías que están facilitando la entrada de nuevas/os lectoras/es (nuevos espacios no habituales donde se recita, nuevos soportes más accesibles, “desacralización” de la poesía…). Destaco, sobre todo, la incorporación de personas que no se habrían acercado a la poesía si se hubieran mantenido las dinámicas que, a pesar de todo, persisten en ciertos sectores, centradas en el elitismo y en la endogamia. “La poesía debe ser hecha por todos”, escribió hace tiempo Lautremont, con tanto acierto. Y también hay que garantizar que pueda ser oída, compartida y leída por todas/os. Entonces, gozará verdaderamente de buena salud.
  •  Escribes poesía y trabajas en una biblioteca, ¿cómo compaginas estas dos facetas?
 En el fondo, son esferas coincidentes. Trabajar en la biblioteca, en el mostrador, me permite tener acceso permanente a libros, charlar continuamente con lectoras/es y, en definitiva, vivir “sobreestimulado” con tantos libros que pasan por tus manos y que deseas leer…
  •  ¿Qué realidades pretendes reflejar con tu poesía? ¿Buscas transmitir algún mensaje?
Busco una poesía que contribuya a comprender cómo funciona el mundo, cómo se han construido y se mantienen las desigualdades, la estructura de dominación en la que vivimos. Me gustaría lograr una poesía que ayude a cuestionar y a cuestionarlos, que interrogue, rompa inercias, con, de fondo, el horizonte de transformar la realidad (realmente, a las personas, que son quienes tienen la capacidad, la fuerza y la potencia para llevar a cabo colectivamente ese cambio). Una poesía que confronte, por tanto. Del mismo modo, una poesía que acompañe, que vincule, que comunique, dentro de este contexto de hiperindividualización y de desnaturalización, teniendo claro desde dónde hablo y desde dónde puedo hablar (sin usurpar la voz a nadie).
  •  ¿Qué métodos / canales crees que son efectivos para hacer llegar la poesía al público? ¿Crees que las redes sociales ayudan?
Opino que hay que apostar por todas las vías posibles, pues todas ofrecen posibilidades. Aunque siempre siendo conscientes de las repercusiones y de las implicaciones que tiene cada uno. Particularmente, me gusta incidir en tratar de que la gente se tope con los poemas en lugares no acostumbrados. De ahí todas las acciones de recitado en la calle, o el trabajo de colocar versos manuscritos en papeles pegados por la calle, en el transporte público, en sitios inesperados, que voy llevando a cabo. La poesía debe salir al encuentro, desde mi punto de vista, especialmente si se funciona con una perspectiva de agitación.
  •  ¿En qué te inspiras cuando escribes?
En lo que nos pasa, en lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Simplemente, levantando los ojos de los pies. ¿Cómo poder apartar la vista de nuestras condiciones sociales, de la dinámica cruel y excluyente del capitalismo, de la degradación medioambiental que estamos provocando, de la crisis ecosocial que estamos excavando? ¿Cómo eludir intentar entender cómo la sociedad de consumo logra que asumamos que en el consumo reside la clave de la felicidad y del bienestar? ¿Cómo obviar cuánto hemos interiorado una ideología productivista, patriarcal y ecocida?
  •  ¿Autores e influencias?
El pensamiento de Murray Bookchin, Jorge Riechmann, Zygmunt Bauman, Noam Chomsky y Adrienne Rich. Jean Arp, Oliveiro Girondo y Rafael Pérez Estrada por su capacidad imaginativa. Y, como síntesis, Enrique Falcón, María Ángeles Maeso y Suheir Hammad.
  •  ¿Cómo es ser un poeta en el siglo XXI?
No tiene ningún misterio, porque el poeta no deja de ser una persona más, un ciudadano más. Considero que la poesía consiste en respirar y en observar; respirar de manera más intensa, con mayor conciencia de respiración, y en observar con extrema atención, de modo más penetrante, atravesando lo superficial. Más allá de esto, el poeta vive en la sociedad como cualquier persona.
  •  ¿Cómo te iniciaste en la poesía?
En la adolescencia, escribiendo textos como desahogo, por necesidad de expresión lírica. Nada extraordinario; como tantas otras personas. Por eso es fundamental que se sigan promoviendo iniciativas de iniciación a la escritura, de animación a la poesía, tanto en la educación reglada como en espacios culturales, como en las propias bibliotecas públicas. Pero atendiendo a sus necesidades, a sus motivaciones, y con el objetivo de que realmente les sirva como instrumento (de expresión, de comunicación, de conocimiento, de goce estético).
  •  Tu currículum es impresionante, ¿de dónde sacas el tiempo?
Bueno, soy una persona muy inquieta. Además, digamos que tengo una conciencia muy clara de la finitud y de la degradación de los cuerpos (a raíz de un atropello gravísimo que sufrí hace doce años y de las lesiones que me dejó y que mantengo). Eso te reenfoca muchas cosas, y también el volcarse y el hacerlo de manera intensa y honesta con los proyectos y peripecias que me interesan.
  •  Hemos visto que haces recitales acompañados de música, ¿para ti es importante la relación entre la música y la poesía?
 Sí, creo que la música contribuye a mejorar la recepción de los poemas. Acompaña y subraya, y ayuda a mantener la atención. Aparte, sin duda, la poesía y la música han tenido una vinculación intensa a lo largo de la historia. No olvidemos, por ejemplo, en castellano, la transmisión de los primeros poemas a través de canciones populares e, igualmente, el componente sonoro de la poesía, especialmente de toda la poesía hasta finales del siglo XIX. Yo mismo he trabajado mucho el aspecto fonético de mis poemas (que luego tenga buenos resultados es otro asunto...), teniendo en mente la comunicación oral, la transmisión de viva voz, que es la que más me interesa.
  •  ¿Cómo gestionas la edición de tus libros?
Directamente, sin mediación de ningún agente, como la práctica totalidad de las/os poetas. Hasta la irrupción de la ola de nuevas/os autoras/es que están poniendo patas arriba el mercado y el mundillo (Marjan, Defreds, Sesma, etc.), el alcance comercial de la poesía ha sido tan limitado y reducido que las/os propias/os poetas nos hemos encargado personalmente de todas esas tareas (búsqueda y contacto con editoriales, atender los contratos, velar por su cumplimiento, difusión, organizar recitales aquí y allá, etc.). Sin duda, Internet ha facilitado muchísimo las cosas, así que admiro a las personas que han tenido que funcionar con anterioridad sin esa herramienta.
  • ¿Tu poesía está destinada a algún público en particular?
Intento que mi poesía pueda llegar a cualquiera (que no es lo mismo que a todo el mundo) con toda su carga de cuestionamiento. Y tengo muy en cuenta que cada lector y cada lectora encuentran y completan un poema de modo particular, de manera igualmente válida. Así que llevar la poesía a todos los lugares posibles constituye también, de vuelta, una forma de apostar por el enriquecimiento, con todas sus lecturas y comentarios.
 Tanda rápida de preguntas:
  •  Escritor/es favoritos indispensables en una biblioteca.
Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Jorge Riechmann.
  •  Libro/s indispensables en una biblioteca.
El QuijoteTao Te King, de Lao Tse, Manuscritos económico-filosóficos de Karl Marx, Los desposeídos de Ursula K. Le Guin y 1984 de George Orwell.
  •  Película, serie o documental, imprescindibles en una biblioteca.
Soy poco de audiovisual, pero señalo Tierra y libertad, de Ken Loach, y Ciudadano Kane, de Welles. Y La bola de cristal, por supuesto.
  •  Personaje literario que le hubiera gustado ser.
Sherlock Holmes.
  •  Su mejor trabajo hasta la fecha.
Abrazando vértebras.
  •  Leer o escribir.
Leer.
  •  Ebook o papel.
Papel.

sábado, 22 de abril de 2017

Reseña de Esquina de mundo, de Óscar Sotillos en Mundo Crític

Esquina de mundo, de Óscar Sotillos

Frecuentemente, uno se hace escritor porque su realidad le aburre y desea o necesita inventarse una nueva.  Luego hay quien se hace escritor porque la realidad -hasta la, en principio, más sencilla y plana- le fascina, pues consigue hallar y extraer de ella lo misterioso, lo fantástico. Es es la mirada del poeta y es ahí donde hay que situar la obra de Óscar Sotillos.
En “Esquina de mundo” (Baile del sol, 2017), el autor utiliza sus viajes por el mundo como imagen-bisagra -el término, acertado, es suyo- que le hacen regresar una y otra vez al paisaje y la cultura de su infancia:el pueblo soriano de Montejo de Tiermes.
Así, en breves relatos que tienen mucho de crónica memoriosa, Óscar Sotillos nos habla de leyendas, tradiciones perdidas, juegos de la infancia, rincones mágicos, oficios desaparecidos. Con la mirada del poeta, que es también la del niño, recorre las calles de su pasado para señalar a quienes le precedieron: su vida sencilla, sus costumbres y ese arte hoy casi perdido -pero recuperado y guardado como algo sagrado por autores como Óscar- de sentarse junto al fuego y contar el pasado.
Así, nos enteramos, por ejemplo, de que la gente humilde de Mongolia juega a las tabas -allí Shaagay- y de que en Montejo juegan a la tanguilla y la calva, que en mi pueblo se llama la tanga y la maceta, aunque sea el mismo juego. Y asistimos al cruce de caminos de Machado y Walter Benjamin, dos exiliados que acabaron enterrados muy lejos de sus casas. O somos informados sobre las diferentes huellas del diablo, o sobre las complicaciones que todavía en el siglo XX podía causar el cólico miserer. También asistimos al nacimiento de Duna y a la muerte del árbol de la música, un olmo testigo de la vida y la muerte de cientos de generaciones que desapareció fruto de la grafiosis… y que como en una metáfora de la existencia, acabó renaciendo de sus raíces.
Una serie de relatos, esta de Óscar Sotillos, que da ganas de viajar. De viajar solo o bien acompañado. De volver a mirar cada detalle con los ojos del niño curiosos que son, ya lo hemos dicho, los ojos del poeta. De sacarle un billete a Óscar a cualquier lado y pedirle a cambio que nos siga enviando sus nutrientes crónicas.
Un libro, en suma, para degustar con calma. Y para recuperar el gusto por escuchar historias del pasado y la memoria. Las únicas que, en medio de tantas crisis de identidad, pueden alumbrar nuestro presente y nuestro futuro.

viernes, 17 de marzo de 2017

Reseña de El canto de la raposa, Rafael Alonso Solís en El Escobillón

El canto de la raposa, una novela de Rafael Alonso Solís


El símil es fácil pero viene como al anillo al dedo: El canto de la raposa es una novela construida con varias capas, también un ejercicio de estilo y un juego, a veces insolente y otras con ganas de buscar pela, con géneros diversos. Tiene mucho de misterio esta novela donde nada es lo que parece y que se construye sin explicar demasiado las cosas, ni el paisaje ni los escenarios en los que se mueven sus protagonistas.
Resulta complejo comentar una novela en la que cualquier clave puede revelar un final que, probablemente, sorprenda a muchos, pero afortunadamente lo que importa en este relato no es el final sino la forma en cómo está narrada. El empleo de una primera y una tercera persona que operan como piezas de un rompecabezas que ahonda, con mucha ambigüedad, en la cabeza de su personaje.
Historia de iniciación, de una iniciación perversa, la novela podría considerarse como un relato iniciático en el que se describe la formación de un asesino. Cuenta además con un comienzo que anima a continuar con la lectura ya que se intuye que la historia irá a más.
“Nací cuando el siglo veinte dibujaba sus últimas décadas, a finales del verano, en esa época en que el sol sofoca las conciencias y aviva el resto de los fuegos, el mismo día, casi a la misma hora y el mismo mes, en que mi padre, un año más tarde y por tenebrosa coincidencia, se diera un tajo en la garganta llenando la habitación de sangre y baba pegajosa”.

El canto de la raposa es un cuento, un cuento terrible pero cuento, ya se sabe. Violenta, escandalosa a ratos, la novela sacude al lector página tras página en un crescendo que si bien no se encuentra en estado de gracia a veces si que lo alcanza.
Más que tener, evoca este libro otros libros que se han tomado el asesinato como una de las bellas artes. Al margen de Thomas de Quincey, hay ecos livianos de El perfume, y más extremo de El asesino de la carretera, probablemente la novela más extraña del insólito y salvaje James Ellroy, pero son solo referencias que asaltan nuestro ánimo lector. Se intuye que el escritor juega con él, y que al final, solo al final, descubrirá la sorpresa. Esa sorpresa a lo vaya no me lo imaginaba así.
La novela desnuda lo que piensa su protagonista, un tipo que no cae demasiado bien y en el que todo es diferente aunque es, precisamente, esa diferencia la que lo hace tan humano, pese a que su trabajo consista en dejar un reguero de cadáveres tras sus pasos por un ordeno y mando de una sociedad secreta, esta sí es secreta y no discreta, que responde al nombre de La Cofradía.
Lástima que sé dé tan poca información sobre la misma, pero se admite porque lo que le interesa al escritor es continuar el itinerario de su protagonista y no contar demasiado lo que sucede a su alrededor.
El canto de la raposa es una novela que apuesta por la ambigüedad, deja que sea el lector quién recree lo que apenas se dice y no se dice… Un pequeño grado de dificultad que más que ralentizar, encaja muy bien en una obra sembrada de pistas falsas que desemboca en una resolución inesperada.
Es posible, y es una sospecha ligera, que algunos de los elementos que disemina en esta historia de inmersión en el mundo de los adultos sean explotados por Rafael Alonso Solís en próximas novelas. Y merecerá la pena leerlas no ya para conocer algo más de esa extraña organización criminal sino por los personajes que protagonizarán esos libros que no sé si tiene en la cabeza.
El canto de la raposa solo es el principio de una carrera que se augura preocupada por el retrato psicológico de los personajes. Que lo que son por dentro mueven la acción que hace avanzar a todas las historias.
Saludos, lunes, desde este lado del ordenador.

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