jueves, 5 de enero de 2017

Reseña de EL INVERNADERO, de Fernando Luis Chivite en el blog ALGUNAS COSAS QUE LEO de Isabel Bono

el invernadero, de fernando luis chivite

El invernadero
Fernando Luis Chivite
Baile del sol, 2016
194 páginas

La contraportada dice: "Podríamos decir que se trata de una novela de personajes secundarios cuyas trayectorias vitales se entrecruzan durante un instante y luego se pierden. Una obra sobre el transitar en el mundo de hoy, atravesada por un cierto existencialismo contemporáneo y escrita en el tono inmediato y urgente de la primera persona, con una prosa transparente, de frases cortas y lectura rápida".

En octubre de 2009 abrí este blog con una sola intención: hablar de un libro de poemas y de un escritor que me fascina. Digo fascina, porque Fernando Luis Chivite consigue hacerme creer que todo lo que escribe lo hace pensando en mí, para que me sienta menos sola en el Universo. Digo Universo, así a lo grande, porque este escritor sabe hablar de lo pequeño con una delicadeza inusual en estos tiempos de reír demasiado alto, de hacer partícipes al mundo a voz en grito de nuestras miserias (tecnología punta made in corea mediante) en la cola del súper, en la parada del bus y hasta en la sala de cualquier tanatorio.

Chivite, sin embargo, sabe abrir ciertas rendijas para iluminar lo justo, para que veamos qué sucede en esa zona del cerebro: Ese semisótano mal iluminado (dijo una vez) que todos llevamos dentro. En esta novela, una vez más, le es suficiente señalar con el dedo sin necesidad de hurgar en lo malsano para que sus personajes nos dejen ver todo lo que esconden, dócilmente, sutilmente, en un susurro.

Un hombre llega a Berlín, alquila una habitación y espera a que pasen cosas a su alrededor para poder mirarlas. Se mira, pero no se toca, parece el lema de este hombre. Hay otro hombre, un tal Furey (quizá el anciano que pudo ser aquel otro joven Furey de Los muertos si hubiera sobrevivido al frío) y una chica que usa zapatos de verano en pleno invierno. Así son sus personajes, los de Chivite, elegantemente excéntricos. Personajes que no huyen, sólo se alejan, toman perspectiva, observan, hablan de cosas normales en la cocina y beben vino en vaso. Eso me gusta de él, que hace beber vino en vaso a sus personajes, sin ceremonias.

Escribir sin ceremonia, vivir sin ceremonia, sin retórica. Vivir, escribir y saber acompañar sin habérselo propuesto. ¿Qué más podríamos pedir a nuestros escritores favoritos? 

martes, 3 de enero de 2017

Nos entrevistan en EL ESCOBILLÓN por nuestro 25 ANIVERSARIO

“Somos francotiradores culturales”


Esta no es la historia de un milagro pero casi porque celebrar 25 años como editorial, y como editorial canaria, si no es milagro se le acerca bastante. Baile del sol nació primero como una asociación cultural que articulaba su voz a través de fanzines y más tarde, mucho más tarde, como una pequeña editorial independiente que bajo la orientación de Ángeles Báez y Tito Expósito navega aún en el complejo océano de la edición en España porque los del baile y a los que les gusta este baile, se marcaron desde los inicios saltar ese mismo océano con el objetivo de hacer llegar sus libros también al territorio peninsular. Sobre estos 25 años de singladura editora y editorial conversamos con Tito Expósito.

- ¿Qué balance hacen de la trayectoria y evolución como editorial de Baile del sol?
“Después de 25 años, podemos decir que no hemos llegado a la cima a la que nos habíamos propuesto pero tampoco nos hemos visto devorados por la espiral meliflua que supone trabajar en la cultura en este país y sobre todo, haciéndolo desde la periferia. Hemos editado casi todo lo que hemos querido y más. Nos hemos batido con bastante éxito en el campo de la poesía, sobre todo en la llamada de la conciencia crítica y quizás sea en este territorio donde se nos conozca más. Hemos editado a mucha gente nueva, y también se han ido acercando autores con cierto prestigio. Nos hemos atrevido a dar saltos a la literatura del este de Europa y a la del continente africano e incluso, hemos hecho pinitos con la literatura francesa y anglófona. Nos han faltado algunos títulos que despuntasen con holgura –sobre todo en narrativa- para haber podido despegar por completo y no habernos quedado siempre a un paso de asentarnos totalmente en el mercado editorial hispano. Si bien es verdad que con la edición de Stoner logramos expandirnos en cuanto a la distribución estatal, siempre hemos estado bregando para que nuestros libros abarquen una red de librerías mucho mayor. Otro problema que hemos tenido en estos años es el de llegar a los medios de comunicación especializados, un verdadero coto donde el peaje a pagar no es siempre asumible para una editorial de nuestra envergadura. Por otra parte, siempre hemos intentado hacer cosas paralelas a la edición de libros, tanto de forma individual como con otras empresas o colectivos, ahí estuvieron las campañas de fomento a la lectura como Lee a tu gente, la promoción de autores insulares fuera de nuestras fronteras como fue Acercando orillas (estuvimos dando pata por España, Croacia, Eslovenia, México y Portugal), el Encuentro de Editores en Canarias o el Salón Internacional del Libro Africano. A estas alturas, con más de 800 títulos editados, podemos decir que hemos sido una editorial coherente con nuestra forma de ver el mundo y con un tipo de literatura global, comprometida y liberadora.”

- ¿Cómo nace la editorial, y cuál fue el primer título?
“La editorial nace tras varios años como fanzine y revista bajo el mismo nombre, bajo el auspicio de un colectivo cultural que surge como una forma de vertebrar lo que cocíamos una jarca de pibes y pibas inquietos culturalmente. En esta primera etapa nos movíamos entre la música y la literatura. Formaban parte de este colectivo mi hermana Carmen, los hermanos Croissier, los dos Orlando (Negrín y el fallecido Cova) y también Ángela Ramos. Después estuvimos un tiempo unidos a la gente de La Calle de la Costa, más implicados con la literatura y con la edición. Una etapa donde frecuentábamos bastante la librería El Escribidor que regentaban Maruchi y Antonio Vizcaya. A partir de ahí, después de ver cómo iba muriendo la receptibilidad por este tipo de publicaciones alternativas, lo rápido que caducaba la publicación tras muchos meses de esfuerzo, decidimos buscar otras vías para hacer visibles nuestras inquietudes culturales y optamos por la edición. Los dos primeros títulos que salieron juntos fueron: una novela corta de Juana Santana titulada El grillo rojo, y el segundo, una recopilación de poemas, Cantos del Sahel, escrito por niños de Níger  que estudiaban castellano en su país. Empezamos a ver la posibilidad de edición de estos título a principios de 1992 y se hizo realidad en el último trimestre del año. Un parto largo por la inexperiencia del salto que estábamos dando. A parir de esas fechas la editorial siguió cambiando de actores y fisionomía. Es durante el año 1997 cuando se incorpora Ángeles Alonso y en 2001 damos el salto a la profesionalización de la editorial. Abandonamos el amparo del colectivo cultural y nos convertimos en una sociedad limitada. En esta aventura nos acompañan en un primer momento, Nieves Morera y Conchy Franchy. También en esta época nos ayudó mucho Carlitos el Pana. El batacazo nos lo damos a finales del 2003. Quisimos montar una editorial de película en un territorio poco propicio. Durante el 2004 casi desaparecemos y  no es hasta avanzado el 2005 que empezamos nuevamente a asomar la cabeza, otra ves Ángeles y yo, pero ya sin oficina ni almacén y moviéndonos desde nuestros respectivos domicilios. Un par de años más tarde volvemos a tener oficina bajo el amparo de la empresa Mirmidón en Santa Cruz. Primero Nuria y luego Noemí, tomaron las riendas de la parte administrativa, pero sobre todo de comunicación, y parecía que la editorial volvía a remontar. También desde las instituciones se fomentó la asistencia a ferias y pudimos asistir por primera vez a Frankfurt o Guadalajara y poner chiringuito en la Feria del Libro de Madrid junto con otra editorial de isleños, Escalera. Incluso llegamos a tener durante casi un año a una persona que se encargaba de la comunicación desde Madrid, María José. Esto se corta casi radicalmente con la llegada de la crisis. Volvemos a quedarnos sin oficina, almacén y personal pero ganamos una deuda del tamaño de un rascacielos. Tuvimos que retomar el asalto a las trincheras y volver a trabajar desde nuestros domicilios, francotiradores culturales. Pero afortunadamente un golpe de suerte nos llegó a finales del 2010, y se materializó durante el 2011. La edición de Stoner hizo que en un año tomáramos el impulso necesario para volver a flote y mantener nuestro ritmo de edición, el fortalecimiento de la distribución y la consecución de nuevos puntos de venta. Desde entonces andamos entre nubes y claros. Con la incorporación de Inma Luna llevando la comunicación de la editorial, hemos reforzado y expandido nuestra presencia en las redes sociales.”

- ¿Cuáles han sido los títulos más vendidos de la editorial, y por qué?
En un principio tuvimos bastantes ventas con los libros de historia relacionados con las islas, temas tabú hasta entonces: el nacionalismo más radical, el africanismo o los temas relacionados con la Guerra Civil. Después vinieron muchos años donde despuntaba algún título de poesía, primero local y poco a poco de poetas españoles y de otras latitudes. Pero si duda, el bestseller de la editorial ha sido Stoner, de John Williams y sus más de 50 mil ejemplares vendidos en estos últimos 6 años. También en nuestra apuesta para estas navidades, nos hemos salido de lo estrictamente literario, y nos hemos lanzado a un libro de cocina, entre biografía y recetario de unos de los ganadores del programa televisivo Masterchef, Cocinando la calle con Carlos Maldonado. Solo lleva una semana en la calle y de momento estamos muy contentos con los resultados que está consiguiendo.”

- ¿Podría hacer un diagnóstico de la situación editorial en Canarias?
“Si te digo la verdad, la desconozco. Siempre me he dedicado más a la parte editorial que a las relaciones institucionales. Hubo un tiempo en que funcionó una asociación de editores de la que formamos parte, incluso llegaron a existir dos paralelamente. Pero yo me canso pronto de las disputas de ombligo, sé que lo que importa y lo que nos lleva a algún lado es el curre y no discusiones retóricas que nunca han llevado a nada, solo a envidias y a peleas de perro. Creo que se perdieron verdaderas oportunidades de que el sector editorial se asentara en las islas, pero ni las políticas institucionales ni los propios editores tuvieron la voluntad necesaria para que esto saliera adelante. Durante estos años he visto pasar unos cuantos gobiernos y después de muchas reuniones de cara a la galería, muy pocos tuvieron un interés real –algunos hubo que se mojaron más arriba de las rodillas- por sacar la cultura de la cloaca a la que casi siempre conducen políticos que ni saben ni muestran el interés necesario por ella.”

- ¿Cuentan con apoyos del gobierno, cabildos, ayuntamientos?
“Hemos tenido apoyos, y hubo un tiempo en que se intentaron hacer cosas, primero fueron ayuntamientos y gobierno los que cerraron las ayudas. El último fue el cabildo tras su interés por digitalizar obra, pero ya este año hemos visto como languidecía cualquier atisbo de que esto continuase por mucho que prometiesen. Cuando la promesa se dilata tanto llega a esfumarse. Ya ni siquiera compran algunas decenas de ejemplares para las bibliotecas como cuando lo hacían para lavar conciencias y tapar bocas. A estas alturas, solo faltaría que nos pidieran ejemplares de regalo para abastecerlas. Pero también hay que dejar claro que las ayudas institucionales deberían darse para fortalecer el sector y crear las infraestructuras necesarias para ello. El parcheo y la mendicidad no sirven para nada, solo para llenar los bolsillos de algunos.”

- ¿Se lee en Canarias? Y si se lee, ¿qué se lee en Canarias?
“Supongo que se leerá como en todas partes. Lo único que te puedo decir es que es la comunidad donde nosotros facturamos menos. También me imagino que como en todas partes, habrá público para todos los gustos. Como lector del terruño, cuando me acerco a las librerías sé que tipo de literatura voy buscando, con lo cual me dirijo a unas librerías determinadas donde sé que voy a encontrar lo que me gusta. El público que veo por allí creo que también va con ese objetivo.”
- ¿Cuáles son los libros de los que se sienten más satisfechos de haber editado pero que, sin embargo, tuvieron una carrera irregular en ventas?
“Por encima de todos, la colección del poeta salvadoreño Roque Dalton. Fueron muchos años detrás de los derechos y luego un trabajo duro de digitalización y corrección para editar esos diez títulos que la componen. Y sin embargo, todavía siguen siendo un desconocido en esta orilla.”

- Baile del sol es de las pocas editoriales de las islas que se ha preocupado por llegar al  mercado peninsular.
“El proceso ha sido lento y laborioso. El primer obstáculo con el que nos encontrábamos era nuestro catálogo, se nos echaba en cara la composición casi exclusivamente regionalista del mismo. Con la internacionalización de autores, la entrada a las distribuidoras fue más fácil, aunque solo se interesaban por nosotros las de tercera división y tuvimos que hacer muchos cambios al principio acompañados también de muchos palos como la pérdida de depósitos y los impagos. En la actualidad tenemos una red estable de distribuidoras, y cuando alguna cierra, pasamos directamente a buscar puntos de venta estratégicos en las ciudades más importantes de la zona donde puedan tener cabida nuestros libros. Es importante tener un punto de apoyo sobre todo en Madrid o Barcelona si quieres abarcar el mercado peninsular. Solo desde aquí con los costes de transporte de mercancías y personas es un disparate. Las redes sociales también ayudan en la promoción, pero desgraciadamente si el libro no es digital, la distancia geográfica es un claro impedimento. La situación mejoraría quitando las trabas arancelarias y aduaneras tanto de ida como de vuelta –solo las administrativas crean tal caos con el papeleo que uno termina por desistir-. Al igual que el transporte de pasajeros está subvencionado creo que también debería estarlo el de ciertos tipos de mercancías, sobre todo de productos básicos y culturales.”

Y en eso llegó Stoner
El mayor éxito de Baile del Sol hasta la fecha tiene nombre: Stoner, del escritor norteamericano John Williams, una novela absolutamente desconocida en España hasta que se publicó en la editorial canaria y que lleva vendidos unos 50.000 ejemplares, así como el elogio de numerosos lectores y críticos, entre los que se encuentra un revelador y entusiasta artículo que Enrique Vila-Matas publicó en el suplemento cultural de de un diario de tirada nacional. Tito Expósito comenta que llegó a Stoner cuando leyó en una entrevista a la escritora Ana Gavalda sobre un libro que la había emocionado. “Yo me dije entonces que si a esta mujer le gustaba y a mi me gustaba tanto lo que ella escribía, pues también me iba a gustar Stoner, así que investigué y tras contactar con la agencia que llevaba los derechos en Estados Unidos, pude conseguirlos para el castellano a un precio accesible”, recuerda el editor. La versión en español de Stoner se puso en circulación en diciembre de 2010, “adelantándonos incluso a la edición francesa que saldría seis meses después”, y el éxito si bien no fue inmediato, aumentó a medida que la novela calaba entre los iniciados. Stoner fue escrita en 1965 por un escritor casi desconocido, John Williams, y había pasado sin pena ni gloria por las librerías americanas hasta su reedición en 2005 por New York Review Books Classics, año en que la obra empezó a ser considerada en su país. La versión española contaría con el respaldo de críticos y escritores como el ya mencionado Vila-Matas y también Rodrigo Fresán, quienes la consideran como una obra maestra lo que estimuló a que las ventas crecieran y que el libro se haya “mantenido durante seis años como un libro de referencia”.
Saludos, calima, desde este lado del ordenador.

http://www.elescobillon.com/2016/12/%E2%80%9Csomos-francotiradores-culturales%E2%80%9D/

viernes, 30 de diciembre de 2016

Reseña de STONER, de John Williams en Isla de Gont

Stoner de John Williams

Stoner, el libro de John Williams
Stoner es un hombre normal el libro habla de una vida normal, con sus peculiaridades, como todas, sus alegrías y sus penas. Un libro sin sobresaltos, ni adrenalina, sin acción trepidante ni un final sorprendente. Tan solo conocemos la vida completa de Stoner. Lento, pausado y sin embargo el libro me ha parecido genial.
Me ha encantado el libro de John Williams. No es un thriller, ni un libro de aventuras, ni ciencia ficción, ni tiene giros espectaculares ni como he dicho un final inesperado.
Y sin embargo … consigue transmitir las emociones de una forma sorprendente. Aún a pesar de tratarse de otra época.
Puedes comprar la novela desde enlace  Stoner, pero vamos con la reseña y sus citas 🙂
Stoner es una persona introvertida, estudia, trabaja, forma una familia y mientras vamos pasando las páginas vemos como vive. Nada más y nada menos. Una vida como podría ser la de cualquier otro, con sus alegrías y sus decepciones, pero siendo feliz a su manera.
“¿Pero no lo sabe, señor Stoner?”, preguntó Sloane. “¿Aún no se comprende a sí mismo? usted va a ser profesor”.
De repente Sloane parecía muy distante y los muros del despacho se alejaron. Stoner se sentía suspendido en el aire y oyó su voz preguntar: “¿Está seguro?”.
“Estoy seguro”, dijo Sloane suavemente.
“¿Cómo lo sabe? ¿Cómo puede estar seguro?”
“Es amor, señor Stoner”, dijo Sloane jovial. “Usted está enamorado. Así de sencillo”.
Era así de sencillo. Se daba cuenta de que asentía a Sloane y dijo algo inconsecuente. Luego salió del despacho.
Y así pasan los años, con sus ambiciones, disputas, desengaños, y la resignación de la vida que lleva. Una vida como la que podría tener millones de personas, quizás por eso conecte tanto y puedas sentir en todo momento los sentimientos de los personajes. Quien no ha sentido la rabia y desesperación de situaciones claramente injustas.
Tras varios minutos, William Stoner se inclinó hacia delante y habló, con una voz más alta y fuerte de lo que habría pretendido. “Tenía que habérselo contado antes. Tenía que habérselo contado el verano pasado, o esta mañana”.
Los rostros de sus padres permanecían apagados e inexpresivos a la luz de la lámpara.
“Lo que intento decir es que no vuelvo con ustedes a la granja”.
Su mundo empieza realmente a cambiar. La relación con sus padres, con la granja. Con su vida.
Pero a él no se le ocurría nada que decirles. Se había percatado de que sus padres y él habían comenzado a sentirse como extraños y se dio cuenta de que su amor por ellos se intensificaba con la pérdida.
A veces, inmerso en sus libros le venía a la cabeza la conciencia de todo lo que no sabía, de todo lo que no había leído y la serenidad con la que trabajaba se hacía trizas cuando caía en la cuenta del poco tiempo que tenía en la vida para leer tantas cosas, para aprender todo lo que tenía que saber.
Llegan momentos difíciles como la guerra, momentos donde tomar decisiones. Decisiones difíciles, como muchas de las que nos siguen en la vida y que moldean nuestro destino y nuestra personalidad y que traen consecuencias con las que hay que vivir.
“Debe recordar lo que es, lo que ha elegido ser y el significado de lo que hace. Hay guerras, derrotas y victorias de la raza humana que no son militares. Recuerde eso mientras decide qué hacer”.
En el libro se nos presentan momentos duros. Momentos muy duros durante toda la novela.
Stoner discutió con ella, pero ella no cedió. Al final se dio cuenta de que sólo deseaba morir, y deseaba hacerlo en el lugar en el que había vivido, y él sabía que ella merecía esa pequeña dignidad que hallaba en hacerlo como quería.
El amor…la vida es amor. A veces nos hunde a veces lo toleramos y otras veces nos sube hasta el cielo.
Ella continuó hablando y al cabo de un rato Stoner empezó a escuchar lo que decía. Años más tarde se daría cuenta de que en esa hora y media, de aquella tarde de diciembre, durante su primer lapso largo de tiempo juntos, le contó más sobre sí misma que ninguna otra vez. Y cuando hubo terminado, sintió que eran desconocidos de una manera impensable y supo que se había enamorado.
No es una novela de amor, no puedo meterla dentro de mi lista de libros de amor preferido. Esos libros de amor que no son empalagosos. Pero Stoner tiene su dosis de amor y desamor. ¿Qué vida no la tiene?
En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, muchos más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.
Momentos muy duros que recuerdan situaciones actuales y en un país diferente al nuestro, hay cosas que en épocas de crisis parece que siempre son iguales
Vio hombres buenos caer en una lenta decadencia de desesperanza, destruidos al ver destruido su concepto de una vida decente, les veía caminar desanimados por las calles, con la mirada vacía como añicos de cristal roto; les veía encaminarse hacia las puertas de atrás, con el amargo orgullo de los hombres que avanzan hacia su propia ejecución, a mendigar el pan que les permitiera volver a mendigar, y vio hombres que una vez caminaron erguidos por efecto de su propia identidad mirarle con envidia y odio por la débil seguridad que él disfrutaba como empleado de una institución que, no se sabe por qué, no podía caer.
Es un libro sobre la vida y así se llega al final como siempre echando la vista atrás y evaluando lo que hemos hecho, si ha valido la pena…
No se consideraba viejo. A veces, cuando se afeitaba por la mañana, miraba su imagen en el espejo y no se sentía identificado con el rostro que se reflejaba asombrado con los ojos claros de una máscara grotesca; era como si llevara por una razón oscura, un disfraz atroz, como si pudiese, si así lo deseara, despojarse de las cejas canosas, las greñas blancas, la carne que colgaba sobre sus nítidos huesos, las arrugas que aparentaban vejez.
En algunas ocasiones te sientes identificado con la situación y los sentimientos que experimenta el personaje, en otras lo identificas con algún conocido, pero siempre es la vida, dura y en su máximo esplendor.
El propio autor John Williams en una de las pocas entrevistas que concedió decía:
Pienso que es un héroe real. Mucha gente que ha leído la novela piensa que Stoner tuvo una vida triste y mala. Yo pienso que tuvo una vida muy buena. Realmente, tuvo una vida mucho mejor que la que mucha gente tiene. Hizo lo que quería hacer. Sabía lo que estaba haciendo y entendía la importante del trabajo que estaba realizando. Lo importante para mí en la novela es el sentido del trabajo… un trabajo bueno y honorable en el propio sentido de la palabra. Su trabajo le di un tipo particular de identidad y le hizo ser lo que era.
Pues sí, me parece una vida gris, es cierto que mucha gente vive mucho peor. Y que su trabajo lo cubría todo, lo llenaba todo y le hacía feliz, pero tanto su vida amorosa, como sus relaciones personales y sobre todo la relación con su hija tienen muchas más sombras que luces. Os dejo con un artículo sobre la novela que ha salido recientemente en The Guardian.
“Deseo y aprendizaje”, dijo una vez Katherine. “En realidad eso es todo, ¿verdad?”.
https://www.isladegont.com/libro/stoner/ 


sábado, 17 de diciembre de 2016

Reseña de El misterio de los filiichristi de Agulo de Daniel María en El Escobillón

Una historia mágica de La Gomera



A finales de los años veinte en Agulo, un pequeño pueblo del norte de La Gomera, sus habitantes no dejaban de sorprenderse cuando un pequeño grupo de vecinos acudía algunas noches y en procesión al cementerio para entonar extraños cantos y ritos.

Este grupo, conocido como los filiichristi, ha pasado a la historia de la comunidad con una mezcla de misterio y leyenda, ingredientes más que suficientes para llamar la atención de Daniel María (Agulo, 1985) e iniciase una investigación que comenzó hace ahora tres años mientras investigaba sobre poetas y escritores nacidos en la localidad.

“Los filiichristi pululaban en la memoria colectiva de Agulo”, dice.

Este investigación terminó convirtiéndose en un libro que bajo el título de El misterio de los filiichristi de Agulo, edita Baile del Sol en la colección Texto del desorden, y volumen en el que María intenta reconstruir el relato de un grupo de amigos que “llegaron a crear una congregación  teosófico-cristiana” en La Gomera durante los felices años veinte.

La teosofía fue una corriente que tuvo mucho éxito a finales del XIX y principios del XX al combinar religión, filosofía y esoterismo. Sus adeptos buscaban la Sabiduría Divina, a la que llamaban la Verdad y contaban con numerosos símbolos, mitos y rituales.

En el caso de los filiichristi de Agulo, como los conoce Daniel María y quienes ahora se acercan a su historia, las ceremonias las realizaban con absoluta discreción aunque los vecinos del pueblo sabían de sus misteriosas reuniones en el cementerio y en el Garajonay. También hay testimonios de encuentros en el faro de San Sebastián, capital de La Gomera y parece ser que establecieron un pequeña grupo en Vallehermoso, pero no existen muchas referencias en este caso, explica.

El guía, el maestro de los filiichristi de Agulo fue Agustín Bethencourt Padilla, un personaje que continúa siendo “todo un enigma”.

Políglota, viajero, profesor de latín y griego, Bethencourt Padilla se inició en la Sociedad Teosófica de Madrid y su último paradero conocido es Portugal, país en el que desaparecen sus huellas tras estallar la Guerra Civil. Corre el rumor, dice Daniel María, que acabó sus días en el Tíbet, probablemente como monje, pero es una leyenda. Una leyenda más de las tantas leyendas que rodean a los miembros de este grupo. Bethencourt es el autor del libro La misa y sus misterios aunque ya forma parte de la historia de Agulo por ser el fundador de esa congregación teosófica de corte cristiano.

El misterio de los filiichristi de Agulo podría servir de base para una novela de misterio sobrenatural, ya que además de ritos y cantos en cementerios o en lo más profundo de los bosques gomeros, aparecen personajes con innegable atractivo pese al paso de los años. Uno de ellos es Mario Rosso de Luna con el que los filiichristi mantuvieron una estrecha relación cuando un grupo se estableció en la capital de España y asistieron a algunas de las charlas que impartía en el Ateneo madrileño.

Los filiichristi durante su estancia en Madrid, aprovecharon además para iniciarse en la masonería, en concreto en la logia Fuerza Numantina No 355 (1914-1922), en la que entraron de la mano de Mario Rosso de Luna.

Que se tenga constancia, cuatro de los filiichristi fueron masones que asistieron a las tenidas que se celebraba en la logia de Añaza, en Tenerife y en la de Fuerza Numantina, en Madrid. Ellos fueron los hermanos Agustín y Pedro Bethencourt Padilla, además de Pascasio Trujillo y el pintor José Aguiar, que fue un filiichristi a medias, dice Daniel María.

El destino de los filiichristi de Agulo se truncó tras el estallido de la Guerra Civil española. Los cuatro masones fueron procesados y condenados por el ejército rebelde aunque Agustín Bethencourt Padilla desapareció. Su hermano Pedro y Pascasio Trujillo fallecieron en Madrid, mientras que José Bethencourt Padilla, Domingo Montesinos y Pedro Sánchez murieron a edades muy avanzadas en Tenerife y Luz López, la única mujer del grupo, en Madrid.

El misterio de los filiichristi de Agulo es un libro curioso por el hecho que narra, y atractivo porque aporta información sobre la obra literaria que dejaron algunos de los miembros de la congregación así como informa de los ambientes esotéricos que existían en Canarias en los años veinte.

En cuanto a la producción literaria de sus miembros, Daniel María destaca la obra de Pedro Bethencourt Padilla, autor del poemario Salterio y del ensayo La corrupción del mundo o el imperio de la magia y la obra de su hermano, José Bethencourt Padilla, con las novelas La efigie de cera y El salmo de la bruja.

La efigie de cera fue calificada por su autor como un relato “de amor y de misterio” aunque esconde, a juicio de María, “un racimo de referencias al mundo ocultista del grupo, y se sirve de la trama amorosa para exponerlos en el texto.”

En esta novela se cruza la magia negra, los hechizos y la brujería, un cóctel de ciencias ocultistas que cuenta también con referencias al magnetismo, el cuerpo astral y el karma, e incluso el vampirismo. El salmo de la bruja se concentra más en la brujería de La Gomera, explica María, quien ha armado esta investigación recurriendo a fuentes orales y bibliográficas.

Las fuentes orales son resultado de largas entrevistas con los vecinos de Agulo, sacando información de un memoria colectiva que se resiste a olvidar a los miembros de esta congregación que casi parece confundirse con las leyendas que tejen el espíritu de la localidad.

“Según los testimonios recogidos, muchas personas acudían a ellos para encontrar objetos perdidos, saber del paradero de familiares durante la guerra y la emigración y para contactar con seres de otra dimensión”, opina María, quien concluye con una idea que ya planea en el prólogo de La corrupción del mundo o el imperio de la magia: “seres de otro mundo me han elegido para redactar las advertencias que ofrece esta obra, por lo que no soy el autor sino el medio del que se han servido los otros…”

Saludos, ¡la verdad!, desde este lado del ordenador.

http://www.elescobillon.com/2016/12/una-historia-magica-de-la-gomera/

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Entrevista a Fernando Luis Chivite, autor de EL INVERNADERO en TodoLiteratura.es

 HAY QUE COGER AIRE EN LO AJENO



El invernadero es una historia contemporánea. De cosas que les pasan a la gente de ahora. Un escritor viaja a Berlín tras las huellas de un científico con el que compartió la juventud y encuentra a una misteriosa joven uruguaya que huye de algo. El tema de fondo de la novela es el individuo en constante movimiento, la reflexión sobre la identidad, la incertidumbre moral y la necesidad de salir y coger aire en lo ajeno. La narración se ramifica a medida que cada personaje nos lleva a otro. Podríamos decir que se trata de una novela de personajes secundarios cuyas trayectorias vitales se entrecruzan durante un instante y luego se pierden. Una obra sobre el transitar en el mundo de hoy, escrita en el tono inmediato y urgente de la primera persona, con una prosa transparente, de frases cortas y lectura rápida.




¿Qué quería contar cuando empezó a escribir El invernadero?
No estaba muy seguro de lo que quería contar.

Algo tendría en la cabeza
Empecé a escribir sin un verdadero plan, esa es la verdad. Sin una historia definida. Sin una arquitectura. Pero lo cierto es que siempre ha sido así, en todas mis novelas anteriores. Supongo que no sé escribir de otro modo. Solo tenía el principio, la voz del narrador.

¿Qué voz era esa?
La voz de alguien que se aleja de su ciudad, de su país, de su zona de seguridad, básicamente eso. Para mí, lo más importante al comenzar cada nueva novela es encontrar esa voz del narrador, el tono en el que habla. Encontrarlo y mantenerlo. Es como cuando empiezas un poema: solo tienes un verso, un comienzo, pero en ese verso inicial está el germen o el motor de todo lo que va a venir después.

O sea, que no sabía la historia que al final acabaría saliéndole.
Exacto. Para eso me pongo a escribir, creo. En realidad no sé para qué me pongo a escribir, pero me gusta pensar que es para eso: para descubrir esa historia, para ver qué encuentro y a dónde llego. Es como una búsqueda, como un viaje.

De hecho, ¿no podría decirse que El invernadero es precisamente la historia de una búsqueda?
Bueno, sí. Me parece que eso describe bastante bien la espina dorsal de la novela. En el origen hay una búsqueda. Es la historia de un hombre que necesita aunque solo sea temporalmente salir de su rutina, de su entorno, de lo que se supone que conforma su mundo. La excusa es que va a buscar a un viejo amigo, o lo que queda de él. La historia es una historia contemporánea de cierta intriga y está ambientada en el Berlín actual.

O sea, que no hay elfos
Es cierto, siempre suelo decir eso: no hay elfos. Ni zombies. Ni crímenes de psicópatas. Es una pena. Yo mismo lo lamento a veces, pero soy incapaz de hacer ese tipo de literatura fantástica tan en boga hoy en día.

¿Por qué en Berlín?
Me atraían dos cosas de Berlín: por una parte, el hecho de que es un lugar que conozco solo muy superficialmente, y por otra, el frío. La novela dura lo que dura el invierno. Me interesaba que ese fuera el fondo. Me interesaba que fuera una novela de invierno porque creía que eso le iba a venir bien tanto al ritmo de la historia como a mi estilo narrativo. Quería que la novela funcionara como una nevada: contenida y pausada en sus aspectos formales, pero en la que poco a poco se va acumulando una sensación de peso y extrañeza.

¿Pero, por qué situar la historia en un  lugar que no conoce bien?
Lo bueno de eso es que así te remites a lo esencial. Cuando conoces demasiado bien un lugar, pierdes la capacidad de "verlo" con ojos nuevos. Berlín se ha convertido en una especie de símbolo europeo, es un nudo, una confluencia de ideas, memoria y emociones colectivas muy diversas. Me interesaba eso. Y el hecho de que había estado recientemente en el Prenzlauer Berg, la zona en la que ocurren los hechos.

Abre el libro con una cita de Max Frisch
Sí. Hay tres o cuatro momentos de la novela en los que se pueden encontrar pequeños homenajes a la obra del gran Max Frisch. En particular a Montauk, una novela breve, escrita en 1975, que me resulta especialmente honesta y que me parece que incluso para su autor tuvo que resultar en aquella época un hallazgo sorprendente.

La cita dice: “Un anhelo de gente nueva para quienes uno mismo sería también desconocido”.
Claro. De hecho, la novela iba a titularse Gente nueva. “Hay que coger aire en lo ajeno”, esta frase aparece en la novela, creo. Y en gran medida, en un sentido profundo, va de eso: de la necesidad de salir de lo propio, de lo identitario y mezclarse con lo ajeno, con lo diferente.

Entonces, ¿por qué se titula El invernadero?
Me gustó la palabra. Me gustó cómo sonaba, lo que sugiere: la atmósfera cerrada. Hay un invernadero que alberga a un personaje especial para la trama. Por otro lado, la novela (como ya he dicho antes), dura lo que dura un invierno; empieza poco antes de navidad y acaba a finales de marzo. Es como un tiempo entre paréntesis.

Creo recordar que en alguna parte usted ha dicho que busca la claridad y que huye de toda retórica.
Bueno, sí. Supongo que no siempre ha sido así.    A ciertas edades uno tiende a ponerse enfático. Es natural. Pero acabas aburriéndote de eso. La solemnidad suele ser un poco pesada y yo quería hacer una novela que fuera todo lo contrario a pesada. Luego, además, hay una cosa que inevitablemente ocurre: la vida te acaba enseñando a no tomarte demasiado en serio. En esta novela he tratado de huir del exceso de literatura. Para mí lo más importante es encontrar el tono: un tono creíble. Y mantenerlo hasta el final.
           
¿A qué se refiere cuando habla del tono?
Al tono de la voz, ya sabes. “La voz es el alma”, decía Aristóteles. Para un escritor, el tono de voz lo es todo. Escucha a ese tipo que te habla: en su tono de voz puedes percibir de inmediato si te habla con respeto o no. Si te trata como a una persona inteligente o te trata de imbécil. O te habla como a un niño. Si pretende asustarte, sorpren-derte, contarte una bobada inverosímil. Por otra parte, en la mayoría de los casos el lector se da cuenta con bastante rapidez si un libro está escrito para él o no lo está.

Siempre escribe todas sus novelas en primera persona, ¿por qué?
Tiene algo que ver con lo anterior, creo. Quizá no acaben de ser perfectas novelas. El yo en la narrativa es cosa del siglo XX y pretende ser una aproximación a la apariencia de verdad. Se supone que el narrador que habla en primera persona no inventa, cuenta lo que ve. Más que contar un cuento parece que esté dando un testimonio, no solo de lo que le rodea sino también de sí mismo: de sus propias experiencias y reflexiones. De hecho, la mayor parte del material de esta novela esta sacado de historias reales de gente más o menos cercana a mí. Lo que pasa es que al final todo es ficción. Adoptas unas posición, un punto de vista y un tono de voz, y acto seguido eliges los detalles que prefieres destacar. Al final se trata de hacer una obra que tenga alma o algo así. Como  una melodía. Quieres que tenga algo tuyo.

Diga algo de la novela que pueda animar a los posibles lectores.

No sé, es una novela sencilla: mejor no intentar decir cosas demasiado ambiciosas sobre ella. Creo que se lee con facilidad y eso ya es algo. Se puede leer en un fin de semana. Por otro lado, como decía, trata del mundo real y de las cosas que les están pasando o pueden pasarles a las personas de hoy en día. Es una historia compuesta de muchas pequeñas historias cruzadas.


lunes, 12 de diciembre de 2016

Reseña de A LA SOMBRA DE LOS ANDES de Isuko Larrinaga en Culturamas

Por Ricardo Martínez Llorca

A la sombra de los Andes (viaje en bicicleta por Sudamérica)
Isusko Larringa Basarrate
Baile del sol
Tenerife, 2016
130 páginas

Se pedalea despacio. A no ser que estemos hablando de una contrarreloj o cualquier otra carrera. Se narra deprisa. Porque se narra lo que se pedalea. Y cada ciclo son seis vueltas al engranaje de los platos y los piñones.
En la primera vuelta, Isusko Larringa Basarrate relata lo que supone el cicloturismo como actividad física. El sufrimiento del huracán o el gozoso roce de la brisa. El sudor, los momentos de anemia, la plenitud de saberse libre.
En la segunda, Isusko se detiene en la recompensa del viaje en bicicleta, en el que ve, huele y escucha el paisaje sin barreras. Sobre la bicicleta, uno es su propia carrocería.
A continuación, nos vamos encontrando con la gente. O con la gente con la que merece la pena encontrarse: viajeros curiosos, buscavidas, los que le ayudan como forma natural de hacer las cosas.
En la cuarta vuelta, surge una cuestión clave a resolver en un viaje en que nada hay organizado y las guías sirven de poca ayuda: ¿cómo voy a pasar esta noche? La tienda de campaña, dormir al raso, los porches de las iglesias, algún hostal y la ayuda, otra vez, de gente de bien le salen al encuentro.
Y luego está la tribu propia. Los otros cicloturistas. Gente de muy variado pelaje pero con una única motivación: el virus del cicloturismo. Como él, recorren en canal América. Algunos vienen desde Alaska. Él parte de Ushuaia y su determinación es arribar a Cartagena de Indias.
Y por último, la sexta vuelta de pedal, son las anécdotas propias de los lugares por los que transita. Qué tipo de gente opta por la vida solitaria en la Patagonia chilena, o quiénes son esos bomberos que le acogen noche tras noche, o el bebedor que terminará robando, o el sacerdote, el vividor y las leyendas y la historia. Y también la breve descripción de la aldea o la ciudad.
Así es como transcurre este A la sombra de los Andes, sin apenas permitirnos respirar. Lo leemos casi sin resuello. Isusko Larringa Basarrate elimina cualquier accesorio literario y deja su relato en los huesos. Es como si reprodujera una revisión de los apuntes de su carrera hacia el norte. Con frases breves, para no confundirse, y un lenguaje muy directo. Recurriendo a la frase hecha para no complicarse. Describiendo a la gente con dos pinceladas. El efecto que consigue es que los acontecimientos sucedan sin descanso. La frescura con que se lee el libro contrasta con una duda inevitable que jamás se expone, pero que deducimos, sobre todo, de sus encuentros con la gente de la tribu: ¿estaré siendo egoísta?
Lo cierto es que todos somos egoístas cuando soñamos. Pero no siempre cuando realizamos nuestros sueños. Ser un soñador y practicarlo sin que a los demás les duela es, en cualquier caso, una forma de vida no solo lícita, sino que, además, es una forma de vivir. Y eso es mucho en un planeta donde tanta gente elige no tener atributos. Para aquellos que no puedan, siempre nos queda la suerte de hacer realidad nuestros sueños a través de los otros. Esa es la primera vuelta de pedales y piñones de la literatura, del cine, del relato.