jueves, 17 de noviembre de 2016

Reseña de 13 CÉNTIMOS en El Escobillón

Sin identidad


“Me digo que no soy su padre. Ese pequeñajo se me está metiendo bajo el ala, me toca la fibra. No puedo dejar que eso suceda. He visto morir y desaparecer a demasiados chicos. No tiene sentido encariñarse. Luego se toma una sobredosis de sus estúpidas drogas y ¿entonces qué? Iría por allí llorando porque ese estúpido chiquillo que tiene casa se escapó para matarse con las drogas. No soy idiota, tío. Si quiere hacer cosas de mayores debo dejarle. Si quiere jugar con fuego, que lo haga.”
(13 céntimos, K. Sello Duikier. Traducción: Alicia Moreno Delgado. Colección África, Baile del Sol, 2016)
Si hay una novela publicada en español que este año esté llamada a convertirse en lectura de culto por necesaria y demoledora es 13 céntimos, del escritor sudafricano K. Sello Duikier y que presenta en su colección África la editorial independiente Baile del Sol, que hoy por hoy es una de las pocas, por no decir la única editorial española que se preocupa en dar a conocer las viejas y nuevas voces del continente, una literatura potentísima, variada en contenidos, fórmulas narrativas y estilos, y que afortunadamente aún no conoce el miedo de lo políticamente correcto.
El escritor de 13 céntimos, S. Sello Duikier fue una estrella literaria africana con apenas unas pocas novelas. Quienes le conocieron cuentan que la presión fue tal, que Sello Duikier acabó con su vida, una forma abrupta de poner fin a una carrera en la que se planteaban y plantean todavía temas tan características en las letras de ese continente como la identidad y la vida en el gueto, en las barriadas que rodean a las grandes ciudades.
Sobre identidad, una identidad en continúa transformación, y la vida en el gueto giran algunos de los contenidos de 13 céntimos, una novela de apenas un centenar de páginas que se hacen suficientes para adentrar al lector en la vida de Azure, un niño negro de trece años de edad al que la naturaleza le dio ojos azules y que se mueve en zona de guerra, las barriadas de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, un territorio de supervivientes en el que impera la ley del más fuerte.
Estructurada en dos partes, una primera tremendamente realista y en la que Azure deja de ser Azure para convertirse en Azul por el ordeno y mando de un jefe mafioso, y que se gana la vida ejerciendo la prostitución con blancos adinerados, el muchacho intenta superar las violaciones y los golpes y más golpes que recibe todos los días con toda clase de drogas que cae en sus manos.
Más que compensar para descompensar, la segunda mitad del libro abandona esta crudeza para explorar algo así como la comunión de Azure/Azul con la tierra, con su territorio y, sobre todo, con sus antepasados.
Se narra así un viaje alucinado hacia sí mismo, y que sumerge al protagonista en un universo que lo evade de una existencia brutal y dolorosa que, hasta ese momento, lo había convertido en narrador de una pesadilla que no tiene nada de literaria porque está ahí y marca la infancia de millones de niños que, como Azure/Azul, tienen que hacerse adultos demasiado pronto mientas se acostumbran a vivir rodeados de violencia.
No he leído este año un libro tan amargo pero también conmovedor como 13 céntimos. Un texto que despierta conciencias y que reclama la traducción (espero que más pronto que tarde) de la siguiente novela de su autor, K. Sello Duiker: The Quiet Violence of Dreams.
Mientras y sin fumar espero…
Saludos, quédense con este nombre: K. Sello Duiker,  desde este lado del ordenador.

http://www.elescobillon.com/2016/10/sin-identidad/

martes, 15 de noviembre de 2016

Reseña de REHACER EL ALIENTO de Ernesto Suárez en Tendencia21

Palabra respirable: 'Rehacer el aliento', de Ernesto Suárez

El poeta canario parte de la metáfora de la respiración para construir una lúcida poética del arte de la palabra y de la vida


Partiendo de la metáfora de la respiración, en el poemario “Rehacer el aliento” (Baile del Sol, 2016), el poeta canario Ernesto Suárez nos invita a participar en una auténtica experiencia renovadora del ser, a través del lenguaje. En este sentido, el libro aparece como una lúcida poética del arte de la palabra y del arte de la vida. Por Ricardo Hernández Bravo.



Palabra respirable: 'Rehacer el aliento', de Ernesto Suárez
El acto de respirar es la esencia de nuestro paso por el mundo. Resulta una función tan inherente a la condición de ser vivo que la ejercemos casi como un impulso reflejo. El aire entra en nuestros pulmones, pasa por sus sensibles ramificaciones sin apenas ser notado, como parte de una elemental mecánica de supervivencia. 

Solo cuando sentimos ahogo, cuando nos paraliza el embotamiento o la asfixia, retomamos la conciencia de este acto tan simple, encargado de sostener nuestra frágil  materia, de oxigenar el pulso que nos cose a la existencia. 

Partiendo de esta metáfora de la respiración,  en el poemario Rehacer el aliento (Baile del Sol, 2016), Ernesto Suárez (Tenerife, 1963) nos invita a participar en una auténtica experiencia renovadora del ser. El poeta nos plantea la necesidad de recuperar el sentido del respirar, no como mero movimiento orgánico, muscular, sino como acto consciente de apropiación del mundo, de intercambio de fluido que desarrolla el íntimo tejido vital, de ensanchamiento del ser al llenar sus cavidades más secretas. 

En ese insuflar consciente hacia lo hondo, desde lo hondo, de impregnarse de esencia a través de la palabra, conecta Ernesto con su concepción de la poesía como espacio de resistencia: lances del ser que vive/alzado/desde el brinco del respirar, afirma nuestro poeta. 

La respiración transfigurada, reconvertida en decidido ejercicio de alzamiento del ser frente a la pérdida, frente al desvaimiento de la memoria y los sentidos, frente a la extinción de la voz en el marasmo de la uniformidad. Respirar, resistir. El alcance significativo del prefijo re- despliega, desde el propio título, todo su poder de invocación: es preciso rehacernos, recomponer, reconstruir, recuperar, volver a ganar para la palabra toda su potencia, su capacidad regeneradora del ser y la experiencia del mundo. 

Arte de la palabra y de la vida 

En este sentido, el libro se me antoja una lúcida poética del arte de la palabra y del arte de la vida. A través de las imágenes de la respiración se nos van revelando las claves del sentido de la escritura y de nuestro encuentro-o reencuentro- con el ser abierto al mundo.  

Unas claves que en Ernesto Suárez provienen de una concepción del hecho literario, y también, en lo que se me alcanza,  de su experiencia vital, de una gran coherencia y que en este poemario alcanzan una madurez excepcional. La solidez de su propuesta literaria, patente en el conjunto de su obra y, especialmente, en sus dos libros mayores, Relato del cartógrafo y La casa transparente, cristaliza de un modo brillante en Rehacer el aliento

La conjunción entre su propuesta teórica, expresada en apuntes de poética como los recogidos en la antología Más que el mar, y su plasmación en cada una de las composiciones de esta nueva entrega, apenas deja fisuras: no hay ni una sola que no nos toque con el halo de revelación del verdadero hallazgo transformador. 

Son poemas que crecen en la lectura atenta, que se van expandiendo en el flujo de las sucesivas respiraciones para situarnos en temblorosa insuficiencia ante el sentido. Ante la necesidad, nunca ante la saciedad. Porque forma y esencia están siempre en Ernesto Suárez ligadas al sentido. En Rehacer el aliento, en cada uno de sus versos, hay una inquebrantable voluntad de forma hacia la transparencia que viene de lo oculto. 

En su camino hasta la esencia, Ernesto, en sintonía con la cita de Víctor Hugo «la forma es la esencia llevada a la superficie», combina la habitual condensación  de su verso, bajo la figura de poema breve, tenso, heridor, casi de inspiración oriental, (ardentía el silencio/ o tajamar), con poemas de aliento más amplio, fundados en la experiencia sensorial, en la memoria íntima o familiar, a través de cuyo marco espacio-temporal aflora, se transparenta, el aliento. 

Una forma precisa, nítida, ajustada a la perfección al trasvase entre el afuera y el adentro del que nace el hallazgo, la revelación del sentido. Una forma que se despoja de signos de puntuación y de mayúsculas iniciales -salvo en pocos poemas-, que juega con los espacios y silencios, con los finales abiertos, como si quisiera liberar de obstáculos el camino para la palabra en su trasiego oxigenador. Una forma henchida en la afirmación de las certezas, pero que abunda también en interrogantes al alongarse al encuentro de lo indeterminado pero posible.


Es necesario admirar el mundo 

Todo el libro transpira esencia a través de la forma. Y, por medio de ella, esa metáfora de la vida y de la palabra que encierran sus páginas se va materializando de manera progresiva a lo largo de las tres partes que estructuran el libro. 

En ese proceso de reconstrucción del aliento, ya desde los dos hermosos poemas de advertencia iniciales, los signos de la vida se nos revelan en su inalienable pujanza por dejar atrás la incertidumbre, el acaso nunca fuese y dar paso a un secreto renacerse que se convertirá en briosa voluntad vertebradora del libro. 

En la primera parte, Conjeturas, el mundo se torna anuncio, está ahí para nosotros, pero se nos presenta como posibilidad que hemos de aprehender. Para recibirlo, para llenarnos de su aliento, para descubrirnos en el vertiginoso fluir de la vida ante nuestros ojos, es preciso un estado especial de quietud, de  mudez, de abandono a la percepción. 

mudo entre tanto rumor/permanezca/si es el mundo y su anuncio 

Y, enseguida, tenemos la intuición de que ese encuentro con el ser, con la respiración verdadera-si realmente fuese, si tuviéramos el valor de abrirnos a ella, parece querer decirnos Ernesto- nace de la precariedad. El temblor, la carencia, la incertidumbre son la llave que conduce a nuestro centro. 

el aliento se nos desvela con el frío/pero el frío ahoga 
¿necesaria es la precariedad/para toda condición de milagro? 

Entre la necesidad de apertura y la conciencia de pérdida, en ese espacio de inestabilidad, alienta el mundo. De ahí la presencia constante del condicional, del subjuntivo, que nos transportan a un escenario de indeterminación en que irrealidad y probabilidad se confunden. 

si dios escuchara de ti/la sílaba precisa para tu primer aliento/si dios escuchara  
si la llave es entonces la pérdida/el hueco/si lo que falta hace las veces de cancela/y alcanza justo el centro de aquello que luce: 
si es invisible el/fruto (…) si todo es/entonces 

En ese territorio de la conjetura, de lo que oscila entre lo nunca realizado y el advenimiento aún posible, es en el que Ernesto Suárez nos sitúa para mostrarnos los resquicios por los que ha de entrar el aire renovador: esa especie de pliegue del tiempo por el que el misterio aflora un instante para cegarnos con su soplo de verdad, esa intuición de nuestro verdadero hálito atemporal, de que lo que es/ya fue su paso invisible. 

caminaba en la umbría sin saber 
qué pasos daba 
si avanzaba o volvía 

qué futuro correspondía a qué pasado 

cuál edad atravesaba las huellas 

  
Una vez desbrozado el terreno, dada la condición para ser inseminado, llega el momento de recuperar el asombro. Esa celebración del asombro es el motivo principal que recorre Los días, la segunda parte del libro.  “En su esencia la palabra humana no es posesión sino éxtasis ante la aparición” ha dicho Ernesto. Su poesía se abre aquí a los signos elementales de la vida, se entrega a ellos para impregnarse de su energía fecundante. Para “rehacer el aliento”, ahora es necesario ver las cosas, admirar el mundo. 

maravilla y asombro 
balanza inquieta del mundo 

abiertos sobre su vientre 
todos los nidos 


Exaltación de los dones de la vida en estos poemas de respiración íntima en la proximidad de la naturaleza y su ofrenda luminosa (este sol de tanta demasiada vida), en la fraternidad de los seres que conforman ese aliento común. Ernesto va desgranando aquí los dones de su mundo más personal: el de la memoria familiar, la infancia (la inocencia y su pérdida), el don del padre (que le dio el nombre limpio de la vida y en el que ahora, como en la lucidez que da la anticipación de la despedida, el poeta se mira para reafirmarse en ella), el de la madre (de cuyas manos una vez provino todo el pan…/la mansa harina del sol/su salpicadura: toda vida), la hija (en cuya protección se prolonga y trasciende), la mujer y sus amigas de siempre (su reencuentro regocijado a través de los años en la mirada de sus hijas), el don de los poetas con los que su voz confluye en la respiración compartida... 

Es como si Ernesto Suárez quisiera convocarlos a todos en un ceremonial jubiloso de acción de gracias, de ofrenda, de rendición de cuentas ante el milagro de la vida que nos insufla su halo reparador. Como si quisiera invitarnos a esa fiesta de la luz, a ese cántico de las criaturas que nos devuelve nuestro rostro vivificado. Como esos huéspedes a los que el viajero inmóvil de uno de los poemas acoge, y que dejan, al abandonar la casa, en cada habitación, una lámpara alumbrando

Esta convocatoria de celebración parece rebasar los límites del tiempo (y de la muerte). En esa suerte de temporalidad difusa, de bucle del tiempo en que las edades se superponen, queda abierta la puerta al misterio. Pareciera que los polos sobre los que gira el mundo se cruzaran causando admiración y desconcierto, dejando en la memoria una ambigua sensación de consumación en lo cíclico, de permanencia, de impronta imperecedera en todo lo que alienta. 

Camino de reconstrucción 

La maravilla encontrada en esas ventanas por las que el tiempo circula de atrás hacia delante y al revés hacia esedía del futuro que fue es un anticipo o prefiguración de la luz a que aspiramos. La luz hirviendo en el tajo de la palabra/el único reflejo posible de nuestro solo/ rostro verdadero. Fusión de vida y palabra, de palabra y mundo. Por eso, Rehacer el aliento es un libro vitalista a pesar de la presencia ineludible de la muerte. 

Por eso es preciso, como reclama el poeta, ante los ojos de la muerte limpiar la voz (…) porque la vida defiende la vida/y su semilla es siempre tránsito. Por eso no hay estaciones para adoptar la muerte. Por eso es necesario besar todas las bocas de la vida, en el aquí que inunda y apenas guarece

La sombra de la muerte queda diluida en esta exaltación vivificante, en la celebración del encuentro, en la aceptación de la despedida mientras aún permanecemos aquí, juntos, reunidos

Es solo tras este necesario recorrido por los días, en el que el poeta culmina su ejercicio de recuperación de  la capacidad de asombro, cuando comienza el verdadero viaje hacia la voz, hacia el ser en la palabra. 
Ahora que he regresado 
comienza el viaje
 
  
Dos únicos poemas configuran la última parte del libro: Raíz y Rehacer el aliento (título a su vez de esta sección y del propio poemario). Aquí Ernesto nos hace testigos de ese viaje hacia la palabra esencial, ese aliento al que se orienta la búsqueda del poeta. La palabra como raíz que debe brotar en lo oculto, en lo hondo, en la espesura. No en la fijeza, sino en lo aéreo, en lo volátil (mis pies son raíces que vuelan/lengua de aire es el idioma de mis pies). La palabra ateada como viva materia para apuntalar nuestro centro

En este camino de reconstrucción interior en la palabra, nos asaltan las voces de recibimiento, de reencuentro con el ser: bienvenido, bienhallado, te esperaba. Es una experiencia que emana de una conciencia preexistente. Llevo en mí el retorno, anuncia el poeta. Cada paso adelante nos reúne con lo que fue/cada huella nos anuncia el resplandor. Retorno al origen, al verbo primigenio al que pertenecemos, al ser antiguo que nos alumbra. Ese que renace en la aceptación tanto de lo que se mira/como de la forma de ver (…) En su justa detención del aire / en el necesitado silencio del respirar. 

Llegado a este punto, me atrevería a sugerir que, a través de las tres estancias de este libro, el lector parece realizar con Ernesto un recorrido paralelo, en cierto sentido, a las tres vías del proceso místico: preparación en la conciencia de la precariedad, iluminación, unión en la palabra. Solo que, quizá, en el caso de nuestro poeta, la iluminación que lo lleva a esa sabiduría oscura, secreta, no viene del despojamiento de toda relación con el mundo y sus criaturas, sino precisamente de su inmersión en él, de su fusión con ellas. 

En Rehacer el aliento, en definitiva, Ernesto Suárez, el poeta, sale al mundo. Lleva en los ojos su sed de forma, el verbo de su ser agazapado. Se adentra en la sombra, en el aire en vilo. Permanece al acecho, mudo en el rumor de lo innombrado. Mira la tierra con voluntad de haijin, del fotógrafo de instantes que viaja inmóvil, que recorre un dudoso camino sin camino hacia ese centro iluminado que lo guía desde lo hondo. Tantea los ribanzos, el suelo inestable donde ha de asentar su decir fluyente. Y, al afirmarse en él, en ese acto de resistencia, siente bajo sus pies, sobre su mano abierta, el agua ignota. Va leyendo sus pasos, reconociendo en el piso hollado, en las vidas que se cruzan sobre el espacio hendido, ese agujero del tiempo por el que asoma su rostro verdadero. 

A cada paso se hace y se deshace, se siente de vuelta hacia la casa transparente, esa casa escondida con luz al fondo. Se descubre en el hueco que somos, un hueco con pulmones que respira. En el aire retenido un instante, en el vaciamiento del aire espirado, halla el verdadero aliento, ese venido desde fuera para revelarnos, dentro, el verdadero ser. El poema como ejercicio de recuperación del ser, como conciencia y celebración del ser. El poema construido con la voz más simple: la respirable. Palabra respirable.    

Miércoles, 9 de Noviembre 2016

lunes, 14 de noviembre de 2016

Reseña de CÓMEME de Agnés Desarthe en Devoradora de Libros y en ConfidencialDelSur.com

Cómeme -­ Agnès Desarthe

Myriam, de unos cuarenta años, monta un restaurante en una zona tranquila de París, aunque llamarlo «restaurante» tal vez resulte demasiado generoso, dada su apariencia tosca, desaliñada, todavía por pulir. El local no es lo único que necesita reformas. Myriam lo bautiza como Mi Casa y, en efecto, se convierte en su hogar, su habitación propia, una extensión de sí misma que le permite realizarse y abrirse a los demás. Porque Myriam arrastra una profunda decepción, un error que trastornó su vida y la distanció de lo que más quería. Los últimos años llevó una vida errante, trabajando como cocinera en un circo. Ahora, mientras pone en marcha el restaurante, también trata de reactivarse a sí misma. Cómeme (2006), una novela de la escritora francesa Agnès Desarthe (París, 1966), relata en primera persona del presente el viaje emocional de la protagonista desde que inaugura el restaurante, si bien en momentos determinados retrocede al pasado para recordar lo que le ocurrió. Entre fogones, pues, Myriam habla de manjares, de clientes…, pero sobre todo de sí misma.
Cómeme, que toma su título de Alicia en el País de las Maravillas, tiene múltiples capas de lectura y, también inspirándose en la obra de Lewis Carroll, juega al equívoco y los dobles significados en su uso del lenguaje. El propio Cómeme alude a la comida, pero asimismo tiene connotaciones sexuales. Y ambos temas, la comida y el sexo, en cierto modo lo normativo y lo oculto, la cara amable y la cara furtiva del placer, están presentes en la novela. La primera frase revela igualmente su tono travieso: «¿Soy una mentirosa?», se pregunta Myriam. Ella misma se responde que sí y no. La verdad depende de cómo se cuenta… y Desarthe domina el arte de la persuasión. En una interpretación superficial, Cómeme puede leerse como una novela de personajes inadaptados que se conocen y traban amistad: la propia narradora, el camarero que la ayuda a mejorar el negocio, las dos adolescentes que comen en el local, etc. Al hablar de este tipo de libro, pienso en el best­seller de otra autora francesa, Juntos, nada más (2004), de Anna Gavalda. Con todo, hay que decir que el estilo de Desarthe es más denso; Gavalda, por su parte, trabaja la trama y el desarrollo de todos los personajes, no hace un libro­soliloquio como Desarthe
Más allá de esta primera lectura, hay un fondo más psicológico y perturbador. La mujer se expresa de forma divertida, punzante, aguda, pero de hecho esconde una honda amargura. Ese es el truco de Desarthe: narrar escenas distendidas, del día a día, intercalándolas con fragmentos melancólicos en los que deja fluir la conciencia. La tristeza como un sentimiento latente, nunca en primer plano. Los motivos del dolor de Myriam se van desvelando poco a poco en forma de flashbacks: estuvo casada, tuvo un hijo, pero ocurrió algo muy grave que la empujó a marcharse. Entonces se unió al circo. Desarthe retrata una cara controvertida de la maternidad, por un lado, y de la atracción sexual, por el otro. Myriam echa de menos lo que tenía antes; aun así, aquella vida tampoco era apacible. A esos problemas se les une el complejo que siempre ha arrastrado con respecto a su hermano, más exitoso que ella. Cómeme, en este sentido, es una novela introspectiva sobre una mujer que intenta salir a flote después de sentir que ha fracasado en todo; una novela que muestra cómo la sociedad puede convertirse en un entorno hostil para quien rompe sus normas no escritas.
Desarthe firma un texto muy francés, esto es, un libro que apenas tiene trama como tal, en el que toda la fuerza reside en la voz narrativa, su retórica, sus monólogos, sus cavilaciones. El estilo es rico, elaborado, de frases alambicadas, recargado; una voz muy «paladeada», por así decirlo, que funciona en pequeñas dosis, pero que no se integra bien en el conjunto. Ese es su problema: escribe con gracia, es ingeniosa, pero tiene dificultades para construir una novela. La obra se compone de fragmentos de pocas páginas, que abarcan desde asuntos cotidianos a recuerdos, pasando por meditaciones de temas como la filosofía o la literatura (porque, además, Myriam es una mujer culta) que a menudo están de más. Cada episodio breve, por sí solo, funciona, en el sentido de que tiene el estilo suficiente para despertar el interés. No obstante, al hilvanarlos se notan las costuras. Demasiadas divagaciones, demasiado lucimiento de prosa vacuo. Falta de cohesión. El resultado es una novela un tanto espesa; las pretensiones se comen ese libro corrosivo que podría haber sido.
http://www.devoradoradelibros.com/2016/11/comeme-agnes-desarthe.html
http://confidencialdelsur.com/2016/11/11/comeme-%C2%AD-agnes-desarthe/

domingo, 30 de octubre de 2016

Entrevista a Javier Morales en La Librería de Cazarabet Indignado

Cazarabet conversa con...   Javier Morales, autor de “Trabajar cansa” (Baile del Sol)

 Un libro de Javier Morales, dentro de la colección Sitio de Fuego, de la editorial Baile de Sol:
Lo que nos dice Ernesto Calabuig para editorial Baile de Sol:
Silvia cree que ha renunciado a sus sueños juveniles y quiere dejar su empleo en una consultora. Isidro ve cómo su vida se desbarata cuando en la agencia de viajes en la que trabaja se declara un expediente de regulación de empleo. Los personajes de
 Trabajar cansa viven perplejos ante una realidad que les supera. En su segunda novela, que toma el título del conocido poema de Cesare Pavese, Morales indaga en los dos pilares que, según Freud, definen nuestra felicidad: el amor y el trabajo.
“Una vez más, Javier Morales nos ofrece un lúcido retrato de unas parejas contemporáneas asediadas por la precariedad sentimental y laboral: hombres y mujeres que tienen que vérselas con muchas otras quiebras y ataduras más allá de la asfixia de la crisis económica: el desgaste del paso del tiempo , un distanciamiento interpersonal que se agiganta, la percepción de la derrota y el abatimiento en el rostro propio y ajeno, la sensación de vivir de sueños irrealizables, la imposibilidad a ciertas edades de tomar decisiones valientes, la dificultad de mantener los ideales en un mundo hostil y bastante navajero, habitado y manejado por empresarios sin escrúpulos, traiciones del sistema laboral (expedientes de regulación, reducciones salariales…) En este tapiz de adversidad, preocupación social  y “enamoramientos  amansados por los años”,  donde aún se fantasea con otra vida posible o con recuperar la que una vez fue hermosa, escribe Morales con palabras precisas,  imágenes certeras y diálogos naturales, con pie firme en la tierra y en el mundo que nos ha tocado vivir”.
Javier Morales:
Estudió periodismo y Derecho en Madrid, donde vive actualmente. Ya ha publicado la novela Pequeñas biografías por encargo, además de los libros de relatos: La despedida, Lisboa y Ocho cuentos y medio. En la actualidad imparte clases en la Escuela de Escritores y el Taller Clara Obligado, entre otros centros. Es periodista especializado en cultura y en lo ambiental y ha colaborado, de esta manera,  con los principales medios de comunicación del país. En el tiempo presente desde hace, ya, tres años mantiene una columna sobre libros que se llama Área de descanso en El Asombrario.

Cazarabet conversa con Javier Morales:
jmo.jpg-Javier, ¿estás seguro que trabajar cansa o crees que más bien solo pensar en trabajar ya cansa?
-El título, “Trabajar cansa”, se lo he tomado prestado a Cesare Pavese. Alude un modo de trabajar que a veces es excluyente con la condición humana. Uno de los ejes mi novela es el trabajo y pensé que era una forma de rendir homenaje a un autor que fue muy importante en mi formación como escritor.
-Quizás es que no se encuentra el trabajo que a uno le gustaría…
-Claro. La novela pivota sobre dos ideas, que el amor y el trabajo son indispensables para ser feliz. Hablamos de un trabajo edificante, con el que nos sentimos realizados. Pero desgraciadamente es muy difícil de conseguir. Y menos en una sociedad en la que el veinte por ciento de la población está en paro, otros tanto tienen trabajos precarios y el resto, salvo una élite, hace lo que puede.
-El trabajo, sí como decía Freud, puede que sea uno de esos valores que sustentan a la sociedad…menos mal que nos queda el amor, ¿no?
-El amor del que hablaba Freud no es solo el amor de pareja, sino un amor más amplio, el que sentimos por nuestros familiares y amigos, un amor digamos fraternal. No creo que nadie sea feliz si no es capaz de amar.
-¿Crees que llegamos a tener claro, la mayoría de nosotros, un trabajo que nos ilusiona, por el que soñamos, que nos hace sonreír al mirar el horizonte…o ¿crees que esto se ha perdido, entre la nebulosa de la noche?
-Creo que hacemos lo que podemos. En España, tener un trabajo ya es un lujo. Pedir que ese trabajo sea digno, un lujo mayor. Y que nos guste es casi como que nos ha tocado la lotería. Pero no debemos perder nuestros sueños. Es importante, a pesar de todo, intentar luchar por lo que queremos, a sabiendas de que a veces es una batalla perdida.
-Ya hace años, muchos años que en todos los trabajos y en todos los niveles hay precariedad porque muchas veces dónde estás bien pagado falta humanidad o al contrario, pero todo está como mancilladlo. ¿Has querido hacer un retrato en esta novela  corta de la precariedad?
-En parte sí. El telón de fondo de la novela es la crisis y lo que nos ha traído a los ciudadanos. Peores trabajos y en peores condiciones. Y como dices, a veces los ambientes laborales son muy agresivos, muy competitivos, y sacan lo peor de nosotros mismos.
-Los dos personajes, los dos protagonistas ¿están como agazapados por una especie de grilletes más humanos y sociales que hasta económicos o cómo lo ves?
-Así es. Intentan escapar de su situación, laboral y emocional, pero son incapaces. En este sentido, quería que fueran un símbolo del desánimo que reina ahora entre nosotros. Aunque pretendí que hubiera también algo de luz.
javier_morales_1.jpg-Porque lo que les falta es como una inyección de felicidad o de “hay que aprovechar el momento” , aunque no se sepa cómo atrapar lo primero y rentabilizar lo segundo, ¿no?
Lo del “carpe diem” es un concepto engañoso y creo que se malinterpretado. Hay que vivir en el momento, pero no como si no hubiera un mañana. Creo que hay que apreciar y valorar lo que tenemos, en la medida de nuestras posibilidades. Hay una frase de Bolaño que me gusta mucho. Dijo algo así como que había sido feliz todos los días de su vida, al menos un ratito.
-De todas formas, pienso y creo que nunca es tarde para seguir con nuestra ilusiones, sueños… aún ante la adversidad, ¿no?; ¿cómo lo ves?
-Sin duda, lo comentaba antes. A pesar de la adversidad, hay que seguir batallando por lo que queremos ser. Nunca deberíamos renunciar a nuestros sueños. El día que lo hagamos estaremos muertos, o nos habrán vencido.
-Puede que “Trabajar canse”, pero también puede que lo que canse es “no trabajar en lo que te gusta o ilusione”, aunque esto también te deporte preocupaciones y ratos oscuros en nuestro devenir por la historia?
-El momento histórico siempre ha sido complejo para quien le ha tocado vivir esa situación. Cuando pasa el tiempo, todo se ve con más perspectiva.
-Javier, ¿cómo te está yendo con tu programa Área de Descanso de El Asombrario?. Explícanos un poco más sobre él.
-Área de Descanso es una columna sobre libros que mantengo desde hace tres años en la revista cultural El Asombrario, ligada en un principio a eldiario.es y ahora a Publico.es. Viene a ser una especie de diario de lecturas. Hablo de los libros que voy leyendo (no todos, claro) , pero buscándoles un apoyo en la realidad, en el momento.
-¿No puedes dar alguna pista sobre lo que estás trabajando en la actualidad?
-Estoy terminando un nuevo libro de relatos, pero no sé cuándo pondré el punto final. Un ensayo/reportaje y una nueva novela planean en el horizonte.



 
Trabajar cansa. Javier Morales
122 páginas
10,00 euros
Baile del Sol



Silvia cree que ha renunciado a sus sueños juveniles y quiere dejar su empleo en una consultora. Isidro ve cómo su vida se desbarata cuando en la agencia de viajes en la que trabaja se declara un expediente de regulación de empleo. Los personajes de Trabajar cansa viven perplejos ante una realidad que les supera. En su segunda novela, que toma el título del conocido poema de Cesare Pavese, Morales indaga en los dos pilares que, según Freud, definen nuestra felicidad: el amor y el trabajo.
“Una vez más, Javier Morales nos ofrece un lúcido retrato de unas parejas contemporáneas asediadas por la precariedad sentimental y laboral: hombres y mujeres que tienen que vérselas con muchas otras quiebras y ataduras más allá de la asfixia de la crisis económica: el desgaste del paso del tiempo , un distanciamiento interpersonal que se agiganta, la percepción de la derrota y el abatimiento en el rostro propio y ajeno, la sensación de vivir de sueños irrealizables, la imposibilidad a ciertas edades de tomar decisiones valientes, la dificultad de mantener los ideales en un mundo hostil y bastante navajero, habitado y manejado por empresarios sin escrúpulos, traiciones del sistema laboral (expedientes de regulación, reducciones salariales…) En este tapiz de adversidad, preocupación social  y “enamoramientos  amansados por los años”,  donde aún se fantasea con otra vida posible o con recuperar la que una vez fue hermosa, escribe Morales con palabras precisas,  imágenes certeras y diálogos naturales, con pie firme en la tierra y en el mundo que nos ha tocado vivir”
Ernesto Calabuig


Javier Morales Ortiz (Plasencia, 1968) 
Escritor y periodista. Estudió Periodismo y Derecho en Madrid, ciudad en la que reside. Ha publicado los libros de relatos La despedida, Lisboa y OCHO CUENTOS Y MEDIO (Tenerife, 2014), y las novelas Pequeñas biografías por encargo y TRABAJAR CANSA (Tenerife, 2016), obras que han tenido una buena acogida por parte de la crítica. Imparte talleres de escritura en diversos centros y el ciclo Un libro/Un cuadro en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid. Colabora habitualmente con varios medios de comunicación y revistas literarias. Tiene una columna dominical de libros en El Asombrario.

sábado, 22 de octubre de 2016

Entrevista a Daniel María en Salamanca24horas.com

El misterio de los filiichristi de Agulo

 
CRÓNICAS ATLANTES
  • Juanca Romero Hasmen
  •  
  •  16 Octubre 2016
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Entrevista con el escritor Daniel María sobre un grupo de librepensadores que se interesaron por múltiples conocimientos, sabidurías y credos
Mística y misterio, ingredientes ambos de una de las historias más curiosas y desconcertantes de cuantas podremos escuchar. En los años 20 del siglo pasado, en Agulo, La Gomera, un grupo de intelectuales y artistas crearon un círculo o sociedad mística, una congregación de corte aparentemente cristiano en la que tuvieron cabida enseñanzas masónicas, y teosóficas, incorporando prácticas como el celibato, la meditación, la hipnosis y mediumnidad...
Algunos vestían con hábito y dormían sobre el suelo para alinearse energéticamente con la Tierra, otros plasmaron sus creencias esotéricas en novelas y a otro se le pierde la pista en el evocador Tíbet. El metódico escritor Daniel María acaba de publicar el libro ‘El misterio de los filiichristi de Agulo’, que bajo el sello editorial Baile del sol, presenta un exhaustivo trabajo de investigación verdaderamente esclarecedor.
- ¿Quiénes fueron los filiichristi?
- Fueron un grupo de amigos, todos naturales de Agulo (La Gomera), a excepción de uno de ellos, que llegaron a crear una congregación teosófico-cristiana en los años veinte del pasado siglo.
- Interesados en las letras, la filosofía, las mancias, los conocimientos orientales, teosofía, esoterismo… ¿Eran librepensadores?, ¿eran masones?
- Librepensadores que, como bien dices, se interesaron por múltiples conocimientos, sabidurías y credos. Cuatro de ellos pertenecieron a la masonería: a las Logias de Añaza (Tenerife) y Fuerza Numantina (Madrid).
- ¿La represión franquista convirtió a los filiichristi en perseguidos como también ocurrió por ejemplo con los masones?
- A cuatro de ellos, precisamente a los que pertenecieron a logias, se les procesó y condenó durante el franquismo. Uno de los filiichristi desapareció para siempre, aunque su último rastro alude al Tíbet, y los otros tres vivieron en Madrid y Tenerife. La Guerra Civil abortó de raíz el proyecto de la congregación.
- ¿De dónde proviene la creencia popular de que los integrantes de este grupo eran capaces de hablar con los muertos?
- En la investigación he seguido dos grandes líneas: la que proviene directamente de la documentación y la obra literaria y periodística de los filiichristi y la ofrecida por la memoria colectiva que se mantiene viva en Agulo, gracias a personas que los trataron íntimamente. Según los testimonios recogidos, muchas personas acudían a ellos para encontrar objetos perdidos, saber del paradero de familiares durante la guerra y la emigración y para contactar con seres de otra dimensión. Además, Pedro Bethencourt Padilla, uno de los filiichristi, explica en el prólogo de su libro La corrupción del mundo o el imperio de la magia, que seres de otro mundo lo han elegido para redactar las advertencias que ofrece en su obra, por lo que él no es el autor sino el medio del que se han servido los otros.
- ¿Vivió La Gomera de espaldas a los filiichristi?
- En gran medida, sí, porque la acción de los filiichristi se llevó a cabo de puertas para adentro, en su pueblo. No obstante, eran conocidas sus reuniones en el cementerio de Agulo y en el Garajonay. También hay testimonios de reuniones en el faro de San Sebastián, capitán de La Gomera. Parece que llegaron a establecer una pequeña célula en Vallehermoso, otro municipio del norte de La Gomera, pero debió ser un episodio muy corto porque apenas existen referencias. En Agulo eran muy conocidos, pero hay que tener en cuenta las dificultades de aquel momento para trasladarse de un pueblo a otro, lo que originó que el epicentro de su historia sea Agulo.
- Y la isla del siglo XXI, ¿sabe de ellos?
- Desde que comencé a investigar y a ofrecer charlas sobre los filiichristi, tanto en La Gomera como en Tenerife y Gran Canaria, ha aumentado el interés por este grupo místico y esotérico. En el Agulo actual están muy presentes y ojalá, poco a poco, vayan alcanzando mayor repercusión, porque su historia y sus obras la merecen.
- El actual Parque Nacional de Garajonay, y Patrimonio de la Humanidad, ¿qué relación tiene con los filiichristi?
- Los filiichristi estudiaron la posibilidad de asentarse en el Garajonay y allí crear su espacio de meditación y estudio. Este objetivo junto al de emprender acciones para alfabetizar a la población fueron los grandes proyectos que no pudieron emprender.
- ¿Este libro, que acaba de ver la luz, es sobre todo una porción de la memoria colectiva de Agulo?
- Ha sido fundamental para la investigación que la memoria colectiva de Agulo se prestara en todo momento a ofrecer sus recuerdos, anécdotas y materiales. Gracias a ellos he podido reconstruir, en la medida de lo posible, la vida y el carácter de sus protagonistas.
- ¿Has podido identificar a cada uno de sus integrantes y conocer cuáles fueron sus funciones dentro del colectivo?
- Sí. Fundamentalmente los filiichristi fueron Agustín Bethencourt Padilla, políglota, viajero y líder del grupo; su esposa Luz López y los discípulos de Agustín, el pianista y escritor Domingo Montesinos y el periodista Pascasio Trujillo. También encontramos a Pedrillo Sánchez, lutier y maestro, que experimentó la vida más asceta del grupo, y los hermanos de Agustín, los escritores Pedro y José Bethencourt Padilla, que se encontraban en Cuba y Tenerife, respectivamente, durante los años más activos de la congregación, aunque son los autores de las principales obras literarias del grupo. Habría que añadir, como un filiichristi a medias, al pintor José Aguiar.
- ¿Destacarías alguna de sus investigaciones o estudios por lo relevante del resultado?
- Destaco sobre todo la obra de Pedro Bethencourt Padilla, autor del poemario Salterio y del ensayoLa corrupción del mundo o el imperio de la magia y la obra de su hermano, José Bethencourt Padilla, autor de dos novelas clave: La efigie de cera, de corte masónico, y El salmo de la bruja, que recoge una importante labor de investigación sobre la brujería en La Gomera.
- ¿Vivían, se vestían o comían de forma diferente al “resto de mortales”?
- En la única entrevista que concedió Agustín Bethencourt Padilla, en 1927, lo deja claro. Los filiichristi deben cumplir con determinadas normas: dejarse el pelo largo, vestir hábito, no ingerir carne, pescado, alcohol ni excitantes y renunciar a las pasiones. Además, han de abrazar los sacramentos y sacrificios del bautismo, la confesión, la castidad, la pobreza y la obediencia.
- ¿Qué fue de los filiichristi?
- A partir de 1936 desaparecen como congregación. Sobreviven, entre Canarias, Madrid y Cuba, desempeñando sus profesiones: el periodismo, la docencia e incluso la medicina alternativa. En la década de los cuarenta comenzarán a ser perseguidos, interrogados y condenados. Aunque no lograron unirse de nuevo, al menos que sepamos, en los años sesenta se vivió en Agulo un segundo episodio, protagonizado por los filiichrisiti que vivían en el pueblo, donde emprendieron durante un tiempo las reuniones de antaño.
- Muchas gracias, Daniel, por tu amabilidad y felicidades por este intenso trabajo.
- Gracias infinitas a ti por el interés y el apoyo que me has brindado desde los inicios de esta investigación.