jueves, 20 de octubre de 2016

Reseña de “La casa sin ventanas” Alberto García-Teresa en ArtesHoy

Ed. Baile del sol, 2016, 116 págs. Por Mª Ángeles Maeso

27 septiembre, 2016 por 
AlbertoGarciaTeresa-porDaniOceans”Cada vez levantamos más tabiques/en la casa sin ventanas”  es el primer verso de esta casa-cárcel, quinto poemario de Alberto García-Teresa, en el que desde ese primer paso quedamos señalados como responsables en la siniestra labor de sellar los lugares de encierro.  La voz que nos lleva por el interior de esa casa es la de un “nosotros”, un sujeto consciente que sabe que su comodidad reposa sobre mullidas montañas de cadáveres, de modo que el empleo de la casa como imagen omnipresente no está al servicio de una exploración onírica ni a la expresividad de ningún asombro. Se trata más bien de la mirada gélida, casi cínica, de un sujeto colectivo suficientemente advertido que ve y no puede hacer que no sabe.  García–Teresa pone imágenes tocadas por la mirada de ese nosotros capaz de colaborar para que la gestión del deseo y de la subjetividad  pase a manos de los mercaderes;  un nosotros  entregado a un manejo de la fantasía sin condiciones; a un autoengaño capaz de ver  que la casa, con sus habitaciones y su profundidad de armarios, no es una caverna. 
Entramos en “La casa sin ventanas”, nos damos de bruces con sus habitantes que, como nosotros, saben de la naturaleza por los canarios enjaulados o por animales de pecera. Respiramos como ellos oxígeno de bombona y aire acondicionado; no hay agua corriente sino pozos; sabemos del sol por botes de autobronceado como sabemos de las caricias de catálogo, de aromas empaquetados o de música de archivos mp3. Aquí el movimiento, los viajes, son circulares y a lomos bicicletas estáticas.
La naturalización de esa voz recorre este símbolo de la casa como topografía de la intimidad en el que no queda nada del valor envolvente y protector que a este símbolo le otorgara el psicoanálisis; ninguno de esos rincones de las poéticas de Bachelard adonde ir a visitar los dioses lares de la infancia.  El sujeto “casa sin ventanas”  carece de mirada sobre sí mismo y sobre el mundo, es un zombi sin nada que le albergue, porque tampoco tiene nada que albergar. Este es un espacio repleto de espejos, donde se vive “a ras de suelo”, acunados por el sonido de los ascensores.
Este encierro está vertebrado de arriba abajo: entre la verticalidad de las órdenes y una laberíntica circularidad. Pero esa verticalidad es de falso techo: las órdenes, que vienen de arriba son acatadas por miedo a que tiemble ese piso inferior que tampoco existe.
image001Lo único cierto es que en “La casa sin ventanas,/las goteras siempre son/un problema causado/ por los de abajo”, un abajo que no es el sótano, pues ya hemos acordado que  el sótano, aquel lugar de donde emanara lo inconsciente y lo instintivo aquí no existe. Lo único imprescindible es no romper, con precisión milimétrica, el orden que rige la casa, lo que  implica recortar, por ejemplo, que las piernas  mermen  “para entrar en ella”; implica no preguntarse “qué ocurre /con la bolsa de almacenaje/del aspirador”; implica traspasar el papel del filósofo al diseñador;  implica naturalizar que los fallos de energía o la falta de agua afecten a las habitaciones del fondo;  implica decretar que quien guarde las llaves sea quien dictamine qué es la libertad.
Los censores que vigilan ese orden viven en cada pupila, no es el ojo ajeno del Gran Hermano. El sujeto que habla en estos poemas ya sabe que en la cárcel el exterior es el patio y, aún así, aspira al simulacro de “un patio con sus mangueras/con sus cuerdas de tender,/ con sus baldosas color terroso/ con su cielo bien techado” . El mismo sujeto que cuida ese orden: “no olvidamos nunca/que la ropa blanca/ se lava con la blanca/ y que la de color/ destiñe”. Este sujeto que sabe lo que sabe y que se permite la ironía y el cinismo, hacia el final del poemario, fluctúa indeciso entre un nosotros que se identifica con las víctimas: “los otros nos hacinamos” y con quien domina: “con la cuchara en la mano/ estamos más atentos/ al monopolio de los enchufes/que al reparto de los cubiertos”.  El exceso  explicativo de  algunos de estos  últimos poemas no impide el impacto incisivo de algunas de sus metáforas: “un atlas/es literatura fantástica”;  “los cirujanos/ son astronautas/ en la casa sin ventanas”
La nota esperanzadora para que esta alegoría, con la que este poeta denuncia la cosificación de las personas, para que La casa sin ventanas no llegue a ser  “hogar y templo”, reside en la consigna “asomarnos”; en el canto a lo inesperado del epílogo a cargo de J.Riechmann. Y, sobre todo, en el invisible poder que concitan los símbolos que despliega García-Teresa, no sólo para presentar una realidad negada, sino para transformarla.

martes, 18 de octubre de 2016

Reseña de MIL DOLORES PEQUEÑOS DE PABLO ESCUDERO en 1000 y un libros y reseñas

Mil dolores pequeños (Pablo Escudero)



Título: Mil dolores pequeños
Autor: Pablo Escudero
Editorial: Baile del Sol
Año: 2016
Nº de páginas: 140
ISBN: 978-84-16794-22-5


Del autor:


Pablo Escudero (Orihuela, 1984). Licenciado en Ciencias Físicas, vive en Madrid, donde se gana la vida enseñando Matemáticas a adolescentes.

Cinéfilo y lector empedernido desde la más tierna infancia según cuentan las crónicas familiares, hace años que cruzó al otro lado del espejo y se dedica a inventar historias que le permitan habitar otros mundos además de éste.



Escritor sin preferencias por la novela o el relato, le gusta alternar ambos géneros y dejar que se contaminen mutuamente. Algunas de sus narraciones han conseguido conectar con los lectores y en los últimos años su trabajo ha sido reconocido entre otros galardones en el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa (2011), Certamen de Creación Joven de Narrativa Injuve (2011), Certamen de Jóvenes Talentos Booket – Ámbito Cultural (2008 y 2013) y el Certamen de Relato Corto El Fungible (2013). Algunos de estos relatos premiados y otros más aparecen ahora recogidos en la colección Beber durante el embarazo (Tenerife, 2015).

Mil dolores pequeños (Tenerife, 2016) es su primera novela.


Sinopsis:

La vida nos va dibujando un camino de cicatrices en la espalda. Los mil dolores pequeños de los que habla el título de esta novela, van marcando nuestro rumbo y nuestros días. Crecemos entre rasguños y avanzamos en busca del siguiente tropezón.

El protagonista de esta novela de tono onírico debe acudir cada mañana, como un funcionario kafkiano, al Museo de la Memoria y el Olvido, donde está obligado a transcribir los recuerdos de una vida. Conectando con la poética de I remember de Joe Brainard y Je me souviens de Georges Perec, la narración avanza de manera no – lineal, caótica y trompicante, al modo en que la memoria y los sueños funcionan. Mil dolores pequeños nos traslada a la mente de un narrador incapacitado para olvidar y que, como un Sísifo posmoderno, carga con su maldición y revive constantemente los mismos momentos, algunos ni siquiera vividos directamente por él.

Este narrador y protagonista debe convivir con su memoria sin fin, mientras su padre sufre de Alzheimer. Debe sobrevivir a su maldición, que le sobrecarga el cerebro y pone en peligro su vida, poniéndolo a jugar a la ruleta rusa cada vez que vuelve a recorrer un pasaje conocido, un rostro de la infancia, una vieja canción. Y también debe asumir su condición de paria, como testigo impertinente que lo recuerda todo en un mundo empeñado en girar a la velocidad del olvido.

 Opinión:

Pablo Escudero consiguió con este libro ser uno de los cuatro finalistas del XX Certamen de Letras de la Universidad de Sevilla.

La novela consta de 68 capítulos cortos. Está escrita en primera persona.

Quizás uno de los misterios que todavía mantienen en vilo a médicos y científicos sea el funcionamiento del cerebro, y de los mecanismos de la memoria.

En la novela, nos encontramos con dos situaciones relacionadas con la memoria que son contrapuestas, muy complicadas y de difícil (por no decir imposible) resolución, unas situaciones que levantan en el lector un sentimiento de impotencia. Por un lado, un padre con Alzheimer, y por el otro, un hijo con una memoria patológicamente imparable y destructiva, hasta tal punto que su sobrecarga puede provocarle un colapso, por lo que para remediarlo debe acudir cada mañana al Museo de la Memoria y el Olvido, a escribir obligadamente sus recuerdos, cual Sísifo, que fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y debía volver a empezar.

Sísifo

Así que nuestro protagonista, del que no conoceremos el nombre, va a ir plasmando en cada capítulo,de una manera relativamente caótica, simulando nuestros recuerdos, todo aquello que le va viniendo en mente y todas sus reflexiones, lo que nos permitirá llegar a conocerlo muy a fondo, empezando por la relación con su padre, por el que siente admiración, pero con el que siempre ha tenido una falta de entendimiento.

Nos cuenta el autor a través de estos recuerdos, capítulos costumbristas de su familia, episodios cotidianos, que creo que pueden formar parte de los propios recuerdos personales del autor, como las inundaciones de Orihuela de 1987, mezclados con otros capítulos (ya no reales) de la vida del protagonista, de su infancia, capítulos a veces dolorosos, que dan título a la novela, y que van moldeando a la persona a medida que va creciendo en la vida.

Repasaremos gracias a esos recuerdos, situaciones históricascomo la caída del muro de Berlín, la salida de Mandela de la cárcel, o la acogida de los niños afectados por el accidente de Chernobyl por parte de familias españolas, entre otras. Además nos da a conocer a escritores como Kurt Vonnegut, W.G. Sebald o el albanés Ismail Kadare.


Dicen que la memoria y el olvido son selectivos, pues esta novela no va a ser fácil de olvidar, porque es difícil encontrar tantas cosas en tan pocas páginas.

Valoración:  7/ 10 Notable


domingo, 16 de octubre de 2016

Reseña de EN EL OÍDO DEL VIENTO de Amparo Arróspide en Frutos del timpo

Amparo Arróspide, En el oído del viento, por Rafael González Serrano

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Baile del sol. 2016.
Según los datos de la solapa, el último título publicado por Amparo Arróspide, Mosaicos bajo la hiedra, data de 1991. Así es que han transcurrido veinticinco años hasta la aparición de este nuevo poemario, En el oído del viento, largo periodo que le habrá permitido una elaboración depurada –y asumible en la autoexigencia de la autora para con su obra– de los poemas contenidos en el volumen.
El libro se divide en dos partes y un “a modo de epílogo”. En el oído del viento y El mundo en fuga, son los títulos de ambas partes, habiendo un enlace –en realidad, un evidente anuncio mediante una cita expresa– que permite la transición de la primera a la segunda parte. Además, como guía orientativa sobre algunas referencias (las hay más crípticas o, al menos, personales, pero también más obvias: “pubis angelical”), añade al final la autora unas Notas.
A lo largo de los poemas encontramos una serie de temas o motivos así como diversas técnicas líricas y una variada gama de recursos. Las composiciones, por lo general largas y sin título (salvo algunas excepciones, Migraña kármica del migrante), rompen en múltiples ocasiones con los ritmos convencionales e, incluso, con la puntuación, eludiéndola y señalando la separación con mayúsculas iniciales; o, en otros casos, la manifestación expresiva adopta la forma del versículo.
La ironía y el juego con el lenguaje (“medios de incomunicación”, “anales histéricos”, “bellos de atar”), el humor asociativo (“pingües y pingüinos”, “andas y volandas”), la acumulación de términos contradictorios (“endiosaron ningunearon”, “disciplinadas obedecidas”), constituyen parte de los recursos usados por la autora en el recorrido poético a la búsqueda de una identidad no siempre conocida mas sí presentida: “¿Pero quienes somos en el oído del viento?”, cuestión respondida en los versos que señalan los instrumentos forjadores de un sentido: “los yunques y crisoles / van a contar la historia sin historia”.
Porque la voz poética insiste en preguntarse “¿quién fui yo?”, como referente quizá inútil, como el ancla de un pasado que impide remontar el vuelo, en la angustia de rememorar con insistencia lo perdido: “ay de quien rebusca aún en el corazón apagado los brazos / del ayer”; “ay… de quien cena con sus fantasmas y les da de comer en la / boca con amor”.
La lluvia –uno de los plurales símbolos utilizados– constituye una metáfora de la regeneración, del renacer, pero también de la repetición de lo mismo: “oigo llover en mí / envuelta en rostros entrevistos”, o “varios días sin llover varias noches / bajo el tacto de las ropas”. Manifiesta la autora un tono alerta, con una tensión expectante entre los registros desalentados (“sin noticias del / universo suyo”), o esperanzados (“en el hechizo de una voz permanece lo amado”), con la salida o solución de “saltar al mundo en fuga”, y de tal forma enlazar con la siguiente sección.
La segunda parte participa de las mismas figuras retóricas que la primera, acuñando a veces imágenes muy expresivas: “el encaje de unas celosías en la piel de la penumbra”, u “orinar por los espejos de la hipotenusa”. En esta sección se acentúa la ironía, sobre todo cuando se parodia el lenguaje burocrático o político, distorsionando los términos para ofrecer un remedo burlesco del mismo (“peladumbre”, “lubarrones”, “lusonjas”).
La labor de la escritura supone una búsqueda, una indagación en la realidad, una salida del laberinto de la existencia –y esto lo sabe Amparo Arróspide– pero su lucidez le lleva también a la duda, a cuestionarse la virtualidad de esa ardua tarea, a preguntarse por la validez del quehacer poético: “¿Todos los poetas no pueden… / obtener un doctorado en sinestesia…?”, para apuntar al fin si la solución no sería el silencio: “¿No pueden desdoblarse transmutarse / no pueden extrañarse balbucearse / y enmudecer al fin?” Pero hay que apostar por la palabra, jugarse en el lenguaje la opción –se materialice o no– del conocimiento, “soltando el lastre del discurso al cielo”.
Rafael González Serrano

viernes, 14 de octubre de 2016

Reseña de "La casa sin ventanas" en LaNuevaEspaña

TERRITORIO DEL SILENCIO
El cuaderno de resistencia y reflexión de Alberto García-Teresa

Ana Vega

La poesía como campo de batalla, testigo y testimonio de una realidad y un tiempo, compromiso y resistencia que permanece inalterable ante cualquier golpe de mar, ante todo intento institucional de sellar sus manos o amordazar su discurso. La poesía y la labor de quien escribe como algo que va más allá del propio acto poético, como herramienta de cambio, como elemento transformador, como vínculo social de cohesión y rebeldía, como instrumento del pueblo para alzar la voz, para ser escuchado y para tomar las calles desde la habitación propia de cada casa y cada ciudad. Alberto García-Teresa nos ofrece un cuaderno de resistencia, de análisis y reflexión sobre esta precariedad de vida que el poder ha establecido como norma en esta casa sin ventanas que habitamos y donde apenas es posible ya respirar. Alberto García-Teresa ha publicado varios libros de poesía, microrrelatos y ensayos críticos, pertenece a la asamblea editora de la revista Caja de resistencia.
Esta casa sin ventanas que todas y todos conocemos tan bien se ha convertido no sólo en jaula o caverna en la que sólo podemos percibir las sombras, también en una cierta amputación de sentidos y capacidad de lucha. La indefensión aprendida nos convierte en meros títeres del escenario: “Existe un piso de arriba, / de donde nos llegan las órdenes. / Las acatamos por miedo/ a que tiemble el piso de abajo”. Es, por tanto, esta casa sin ventanas la alegoría perfecta para definir y analizar este hecho histórico en el que la barricada ha dejado paso a la absoluta indiferencia. Tan sólo nos conmueve el sentido más práctico o funcional de cada uno de nuestros movimientos, nunca indagar más profundo, tan sólo repetir una y otra vez la ejecución exacta de la función asignada a cada cuerpo: “Doctos en el ángulo recto, los inquilinos de la casa sin ventanas/ guardamos una calculadora en cada bolsillo/ y dormimos recitando/ las tablas de multiplicar”. Cierto carácter autista y autómata el de esta sociedad o casa sin ventanas: “Cada vez, levantamos más tabiques/ en la casa sin ventanas”. La hipocresía, la mentira y la cobardía se han instaurado como modo de relacionarse y por tanto método implacable de dominación callada: “Nadie mira a la cara a otros/ sin llevar bien firmes/ barbas postizas, pelucas, / pinacotecas de maquillaje/ en la casa sin ventanas”. Los afectos también han sido tomados por el poder: “En la casa sin ventanas, / se ama/ sólo para/ conseguir una cama más ancha”. Una casa por tanto difícil de atravesar o destruir incluso porque “también edificamos/ una casa sin ventanas/ bajo nuestra piel”. Una casa o territorio perfectamente delimitado: “Sin ventanas/ pero con alambradas, / con puertas de seguridad, / con tarjetas de vigilancia, / controles de paso, / de visado, / vallas, espacios de internamiento/ antesalas e la expulsión, / patrullas en los soportales, / pasaportes electrificados”. En definitiva una “fortaleza para los de fuera; cárcel para los de dentro”. Cabe preguntarse ahora cómo derribar los muros que nosotras y nosotros mismos hemos construido: “¿Qué camino pueden trazar/ aquellos pies que no han marchado/ fuera de la casa sin ventanas?/ ¿Qué distancia?/ ¿Con qué geometría?”.

La casa sin ventanas
Alberto García-Teresa
Editorial Baile del Sol, 2016

116 páginas, 10 euros



martes, 11 de octubre de 2016

Reseña de TRABAJAR CANSA, de Javier Morales en El Cultural

Baila del Sol. Tenerife, 2016. 120 páginas, 10€
ELENA COSTA | 07/10/2016 |  Edición impresa


 La novela de la crisis lleva tiempo deparándonos títulos de muy distinto interés, calado e intención, con En la orilla de Chirbes o La trabajadora, de Elvira Navarro como ejemplos más destacados. Sin llegar a la ambición de los anteriores, Trabajar cansa de Javier Morales (Plasencia, 1968) es una nouvelleque acierta al combinar la incertidumbre laboral con la deriva íntima y sentimental de los personajes, enfrascados, en el ERE de una agencia de viajes.

Como piezas de un puzzle que poco a poco van encajando, Morales traza en los capítulos titulados "Expediente" las desdichas de Félix, delegado sindical de la agencia, que forma parte de un grupo empresarial casi en quiebra muy parecido a Marsans (se reproducen incluso las pintorescas declaraciones de Díaz Ferrán, hoy en prisión, invitando a “cobrar menos y trabajar más”). En los titulados "Amar y trabajar", protagonizados por Silvia, la abogada responsable de negociar con los sindicatos, descubrimos su angustia ante un trabajo terrible que quiere abandonar, pero también su soledad, y a su marido, Daniel, que busca incansable en brazos de otras mujeres alguna certeza para seguir creyendo en sí mismo.

Vale la pena detenerse en este relato valiente, que renuncia a los trazos gruesos y la demagogia, pero no a la ternura ni el humor y que nos retrata, implacable, con nuestros miedos y rendiciones. 


jueves, 6 de octubre de 2016

Reseña de Cómeme de Agnès Desarthe en Mar de tinta


 
Generales
 
 
Autor
 
Editorial
 
Sello
 
Número de páginas214
 
 

Positivo

El pasado de la protagonista se va desvelando a la vez que se desarrolla su presente, engancha y se lee de un tirón.

Negativo

Nada negativo que destacar, es una gran novela.


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Posted 26/09/2016 by 

 
RESEÑA
 
La obra de Agnès Desarthe se encuentra muy dispersa entre varias editoriales españolas: desde el año 2000, sellos como Random, Luis Vives o Corimbo han publicado algunos de sus títulos traducidos. En esta ocasión, Baile del Sol se suma a esta estela para darnos a conocer este título que vio la luz por primera vez en su idioma original en 2006. La obra de Desarthe está dirigida principalmente al público infantil, también traduce libros de otros autores y de forma más puntual también ha experimentado con el género ensayístico.
“Cómeme” es un sugerente título que hace referencia a la etiqueta de los famosos pastelillos con grosella de la Alicia de Lewis Carrol, una referencia literaria que en esta novela se utiliza para narrar la  incomodidad humana de sentirte demasiado grande o demasiado pequeño frente a las situaciones del día a día. Además, la protagonista da un gran paso en su vida abriendo un restaurante, por lo que las alusiones gastronómicas del título, metafóricas y literales, son múltiples y resulta divertido advertirlas.
Myriam o cómo sacar fuerzas de flaqueza
Agnès Desarthe tiene un don. Esta novela es una minuciosa exploración de la personalidad caótica y compleja de Myriam, una mujer de mediana edad que es la personificación de la resiliencia, una superviviente perseguida de cerca por su pasado cada mañana, clavándole los colmillos del recuerdo.
Myriam se nos presenta en el momento en el que parece que ya no le queda nada que perder, y quizá por ello decide hacer una locura intentando que su vida recobre sentido: falsifica la documentación necesaria para que le concedan un crédito con el que iniciar su propio negocio, y este valiente y divertido gesto ya nos coloca ante un personaje cargado de recursos para burlar las cuchilladas del capitalismo. Una mujer que sobrevive con lo puesto y que parece necesitar sólo el aire justo en los pulmones para tomar impulso y tirarse de cabeza hacia su futuro.
Por todo esto, las peripecias de Myriam suponen un ejemplo para los lectores que se acerquen hasta sus páginas. Además, la traducción de Iballa López Hernández es impecable, y hace posible que “Cómeme” se lea con una fluidez y una delicadeza que son el marco perfecto para una historia tan lírica, estimulante y agridulce como ésta.
Bébeme, rezaba la etiqueta del frasco de Alicia. La niña bebió y, como un telescopio que se repliega, notó que encogía. Cómeme, ponía en la galleta, Alicia comió y se estiró hasta alcanzar el tamaño de un abedul. Demasiado pequeña o demasiado grande, mi vida no guarda la proporción debida y nunca estoy a la altura de lo que decido hacer. Cuánto me gustaría recobrar mi tamaño original, el tamaño que me permitiría meterme en el guante del día y no sentir que me está grande ni estrecho.
Indigestión, ¿qué es eso?
Una crítica al respecto de “Cómeme” afirmaba que era un bocado tan delicioso como indigesto, esto aparece en la faja publicitaria de libro y creemos que la editorial se ha hecho un flaco favor eligiendo ese fragmento que no es totalmente positivo, es contradictorio y además no estamos de acuerdo con el término “indigesto”: para nada se sentirá mal el lector que se acerque hasta estas páginas.
Hay libros que tienen la capacidad de revolver los estómagos más delicados e incluso algunos recios, se nos ocurren “Carmilla” de Le Fanu o “Y el asno vio al ángel” de Nick Cave, entre tantos otros. Pero “Cómeme” precisamente tiene la facultad de dibujar sonrisas en la cara de quienes lo leen, es extraordinariamente sencillo empatizar con su protagonista desde el primer instante, admirar su fuerza y lamentar sus pesadillas, alegrarse por sus logros, etc.
Existen otros personajes en la novela, un pequeño puñado de preciosas personas que aparecen como salidos de la nada para acompañar a Myriam en el tramo de su camino del cual somos espectadores. Aunque sus personalidades no están en absoluto tan desarrolladas como la de la protagonista (a la que Desarthe se ha esmerado en dibujar para nosotros con todo lujo de detalles), sí resultan muy interesantes porque se trata ante todo de personas buenas, con sus propias circunstancias pero siempre con rasgos que los excluyen de alguna manera del grueso de la sociedad.
¿Acaso no ve la marca en mi frente, el estigma de la mujer con un corazón de piedra?
Los fantasmas pisándote los talones
Asistimos al momento en que Myriam se reinventa a sí misma sacando fuerzas de flaqueza, como ya hemos explicado. Pero no sabemos hasta más tarde de qué recuerdos huye, qué fantasmas la persiguen. No sabemos si es algo a lo que podrá sobreponerse, si se trata de una situación solucionable, si es quizá Myriam una delincuente, si es inocente o es culpable.
¿Qué pasó? Eso es algo que tendrá que descubrir cada lector: mientras avanza la trama, se van dando pequeñas pistas. De este modo, Agnès Desarthe teje sabiamente los hilos. Por un lado, el presente que poco a poco avanza, por otro el pasado que al mismo tiempo se desvela. Se trata de una solución técnicamente muy inteligente para contar la historia, que mantiene aún más atrapado al lector que una narración lineal convencional.
Se atreve además a explorar un tema controvertido cuando detalla lo que sucedió hace años, algo que pondrá al lector contra las cuerdas de su propia ética y le hará situarse a favor o en contra de todos los personajes implicados. Finalmente, regala un final quizá un tanto previsible y esperado, pero igualmente emocionante.
Su inteligencia me fascina tanto como la ausencia de ruido en el cosmos.
Myriam resulta ser una mujer alocada pero llena de vida y energía, una de esas personas que resultan encantadoras por su forma original de apreciar los pequeños detalles, alguien que de forma innata sabe elegir el marco perfecto para cada foto, o decir la palabra exacta para conseguir que te sientas a su lado como en casa.
“Cómeme” es tan humano que devorarlo es casi un acto de canibalismo, un hallazgo que brilla con luz propia y que resulta una lectura perfecta para hincarle el diente incluso sin tener hambre.

domingo, 2 de octubre de 2016

Bailando con Víctor Álamo de la Rosa: "Me interesa que la poesía pinche".



http://bailedelsol.org/index.php?option=com_booklibrary&task=view&id=774&Itemid=427&catid=115
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      Baile del Sol.- ¿Cómo surge el poemario La tos de Pablo y otros poemas para inventar el mundo?
-       Víctor Álamo de la Rosa.- El poemario empieza a perfilarse hace cinco años, a partir del nacimiento de mi hijo Pablo y la experiencia de la paternidad, pero sobre todo a partir de las noches en vela y las vigilias que eso conlleva. Fui escribiendo muchos poemas pero destruí la inmensa mayoría, por eso el poemario es tan corto. No quería caer en lo sensiblero o ñoño sino utilizar el poema para alumbrar todos los lados de la experiencia de ser padre, la profundidad hermosa de ese hecho pero también los miedos, las angustias, las responsabilidades. Es un poemario sobre lo cotidiano, lo normal y corriente, sobre la vida que se nos va en el día a día a mil por hora y ese reloj que cuenta las horas que nos van quedando. Es un poemario para no olvidar que vivimos cada día alguna magia nueva y que debemos celebrar la conquista de esas pequeñas cosas, desde el beso de tu hijo al sabor de un gran vino, eso que mucha gente resume con la expresión latina Carpe diem.
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       BdS.- En tus poemas hay ternura y hay provocación, ¿a partes iguales?
-          VA de la R.- Me interesa que la poesía pinche, que no te deje frío, y subir al lector a esa montaña rusa de emociones y sensaciones que pueden ir desde la ternura a la provocación me parece que ofrece buenos resultados. Efectivamente es un poemario provocador, incluso en los temas que aborda, como la pornografía o el boxeo, por ejemplo.
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          BdS.- ¿Qué territorios te permite explorar el lenguaje poético?
-         VA de la R.- El lenguaje poético es el único posible si queremos indagar en todas esas sensaciones que nos hacen humanos y a las que no sabemos ponerle nombre. El poema nos explica, siempre, y, además, el lenguaje poético es el que permite a la literatura avanzar, seguir la senda de los descubrimientos, alejarse de los lenguajes simples o planos que caracterizan a la mayoría de producciones lingüísticas, desde los periódicos a los post o blog y a la mayoría de novelas y ensayos. Solo el lenguaje poético eleva, suma, destaca, pone las cosas en su sitio.
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            BdS.- Qué importancia le das al ritmo en tus poemas?
-          VA de la R.- El ritmo es crucial. Aunque sea un tópico es real: el poema, aunque sea verso libre, debe fundar siempre su propia musicalidad. Sin música no hay poema, de ahí que el ritmo sea su pulsión.
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          BdS.- También hay varios poemas en los que se te aprecia como un observador avezado… ¿Hay poesía en la calle?
-        VA de la R.- Hay poesía en todos lados, por supuesto en la calle, porque este poemario se propone como retrato social también, solo que sin caer en esa aburrida poesía de cantautor inflamado y peleón, que me aburre mucho y suele ser muy mala. De hecho el poema que mejor define el libro es “El verso donde no se le espera” y en él me limito a transcribir una conversación con un pescador herreño analfabeto que sin embargo crea poesía al responderme que se pasa todo el día “trabajando en los vientos”.

      
   "La literatura es la gran mentira, la mentira mejor urdida, precisamente porque es el modo de alejarnos de nosotros mismos para ver lo que importa y saber quedarnos con lo esencial".



-          BdS.- Algunos otros podrían ser perfectamente microrrelatos, ¿Encuentras alguna diferencia entre ambos géneros?
-          VA de la R.- Encuentro todas las diferencias entre ambos géneros. El relato es para contar algo, el microrrelato también, mientras que estos poemas, a pesar de un buscado tono prosaico, siempre se mantienen en una versificación compleja, con mucha trampa gramatical y mucho recurso expresivo, es decir, en un sesudo trabajo de lenguaje siempre en busca del vuelo poético y no de la servidumbre de narrar, de contar algo.
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            BdS.- ¿Qué nos dejan saber tus poemas de ti?
-          VA de la R.- La verdad es que poco, en realidad, porque aunque todos estos poemas nazcan del Víctor que vive día a día, cuando escribo solo me importa la escritura, que el poema sea poema, y no dudo lo más mínimo en traicionar lo que pudiera haber de verdad para que quede bien, para que suene mejor. Hago todo lo indispensable para que el poema brille por sí solo, para que no tenga que estar atado a cuestiones ni biográficas ni históricas ni de ningún otro tipo. La literatura es la gran mentira, la mentira mejor urdida, precisamente porque es el modo de alejarnos de nosotros mismos para ver lo que importa y saber quedarnos con lo esencial. Todos sabemos que el poema no admite lo accesorio.
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http://bailedelsol.org/index.php?option=com_content&view=article&id=151&itemid=426




             BdS.- ¿Puede la poesía ordenar el mundo?
-          VA de la R.- A mí me parece que la poesía nos hace más humanos, nos recuerda nuestra humanidad, y en ese sentido sí colabora con ese ordenamiento del mundo. Todo lo que mejora el mundo nos conviene, nos hace felices y además es nuestro deber.
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           BdS.- ¿Qué te gusta leer?
-         VA de la R.- Leo mucho y leo de todo. Leo muchas revistas de motos porque soy un apasionado motero desde pequeño, y en el campo literario leo ensayos sobre el cerebro, pues es un tema que me interesa mucho. También leo mucha poesía porque aquellos poetas que descubro y me seducen los leo de cabo a rabo, por ejemplo Luis Feria o Manuel Padorno, dos portentos canarios, pero también Gonzalo Rojas, Eugenio de Andrade, Álvaro Mutis y Szymborska, la Premio Nobel, mi último gran descubrimiento poético. Novela leo menos porque estoy cansado de invertir en novelas que resultan ser pufos, muy malas, la verdad. En narrativa la última novedad que he leído con entusiasmo es una biografía novelada que mezcla de todo, hasta ensayo, a partir de las confesiones que hace el tenista Agassi a un escritor. Gran libro.

-          BdS.- ¿Estás trabajando actualmente en algún otro proyecto literario?
-        VA de la R.- Siempre combino la escritura de poesía y de narrativa. Hay momentos para el poema y momentos para narrar. Finalicé un nuevo libro de relatos y estoy escribiendo otra novela, aunque tengo dos inéditas, pues me gusta dejarlas reposar. Yo no hago novelas en serie. Lo que sí me está pasando es que cada vez me da más pereza publicar mis libros, como si me bastara con la sola escritura. Debe ser un síntoma de que me estoy haciendo viejo o tal vez más prudente, no lo sé.
        

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