lunes, 6 de junio de 2016

Reseña de AL OTRO LADO DE LOS COCODRILOS de María Jesús Silva en La Galla Ciencia

AL OTRO LADO DE LOS COCODRILOS de María Jesús Silva (por María Marín)




AL OTRO LADO DE LOS COCODRILOS
María Jesús Silva
Ediciones de Baile del Sol, 2016


El peso de la ausencia, el del silencio, el de todos los recuerdos -el peso propiamente del mundo- y, más aún, el verdadero dolor de, a pesar de todo, tener que seguir hacia adelante. Hay quien los llama demonios, para Silva son cocodrilos. Son estos los vértices en torno a los que el poemario en prosa de María Jesús Silva se compone.

Nos encontramos con un texto repleto de citas de grandes autores convenientemente aplicadas, que trazan el camino que la poeta nos invita a recorrer con la lectura de un poemario lleno de una gran sensibilidad.

Es el poemario de Silva una suma de todos los “cocodrilos” que a cada uno de nosotros nos acechan durante una vida que, en mayor o menor medida, nunca es fácil. Pues vemos cómo esos cocodrilos golpean una y otra vez, dejando quizá lo que más pesa: el silencio, máximo exponente de la ausencia. Pues la ausencia ocupa lugar, y es ese vacío el que hace que a la poeta le duela hasta respirar.


Sólo duele si respiro

A veces olvido que no puedo vivir


Y no es otra cosa que la misma vida lo que duele, ese deber de seguir viviendo, de avanzar en el camino arrastrando los recuerdos. Y es que a veces la memoria, tan caprichosa e impredecible, transforma los recuerdos y los muestra a su antojo. Los recuerdos están por todas partes en el poemario.


Los recuerdos tienen un poder paralizante


Recuerdos que a veces querríamos olvidar únicamente para hacernos menos pesada la carga, y la poeta se nos descubre con ese anhelo de desprenderse de ellos en un momento en que busca un estado de completa ataraxia, vaciándose de recuerdos y sentimientos.


Ciega, desvenada y descerebrada

En el camino que emprende, vemos a la poeta, en algún momento, no entender, sumirse en la incomprensión y hasta en la culpa, en un camino que a veces siente que nunca termina.

A pesar de todo, María Jesús Silva guarda un hueco en su poemario para un par de poemas de gran sensualidad, aunque siempre mantiene presente la ausencia.

Se atisba un proceso de redención en versos como:


Lo que da miedo es volver a la esperanza
Mi vida es mejor porque les tuve a ellos, porque me quisieron
Quizá algún día yo pueda perdonarme


Y sobre todo en los dos poemas dedicados a sus hijas, en los que apreciamos además una luz que nos descubre otro tono distinto al del resto del poemario.

Cada uno de nosotros tiene su cocodrilo, y a veces no queda otra que vivir con ellos, hacerles un foso alrededor de nuestro castillo, y saludarles al pasar. Al fin y al cabo, ellos –inevitablemente- forman parte de lo que somos.



María Marín




http://www.lagallaciencia.com/2016/06/al-otro-lado-de-los-cocodrilos-de-maria.html

sábado, 4 de junio de 2016

Reseña de REHACER EL ALIENTO de Ernesto Suárez, en El Fogal

A propósito de Rehacer el aliento de Ernesto Suárez

Cecilia Domínguez Luis

María Zambrano decía que «escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que solo brota desde un aislamiento efectivo pero comunicable en que, precisamente, por la lejanía de toda cosa concreta, se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas.» Y este  aislamiento comunicable en el que acontece la búsqueda de ese momento de revelación del yo a uno mismo, conforma el hacer poético de Ernesto Suárez, y puede encontrarse en cada uno de sus libros publicados.


En Rehacer el aliento, libro cuidadosamente editado por Baile del Sol, la poesía se convierte en una realidad a la que recurrir cuando todo parece fallar a nuestro alrededor. Una realidad que a veces se muestra y otras se sugiere.
En su soledad, el poeta contempla, serenamente, todo lo que lo rodea y de pronto, en un instante, esas cosas, esas personas, esos sucesos cambian de valor y se convierten en objetos poéticos que se asocian de forma diferente a la habitual, de tal modo que producen un universo propio. Le queda, entonces, la difícil tarea de transmitir a los otros el mismo sentir que el poeta experimenta en ese determinado momento. Lo que deriva en la necesidad de búsqueda de un lenguaje, esa selva intrincada en la que internarse, buscando o dejándose llevar por significados imprevistos, por voces y ecos que oscilan entre el extravío y el encuentro con lo extraño.

Como apunté antes, la trayectoria de Ernesto Suárez es fiel reflejo de esa indagación. Desde sus primeros poemas, publicados en Cuadernos Insulares de Poesía, con el título deEspumas de carrusel, en los que el autor acude al mundo de lo onírico y la ensoñación, el poeta va buscando nuevas formas de expresión porque sabe que no puede quedarse solo en el ensueño.

En un principio acude al verso corto, en el que «cada palabra tensiona desde dentro», lo que da lugar a sus Ocho tankas oscuros, poemas que captan el instante de asombro en la contemplación de lo que lo rodea, y donde el erotismo y lo sensual envuelven cada uno de sus versos. Esa preferencia por el verso corto la vemos también en El relato del cartógrafo, un libro donde el autor funda un territorio del que se adueñan amor, vida y muerte.

Sin embargo, este interés va derivando hacia el  versículo  y el poema en prosa, de lo que es una muestra su libro La casa transparente, pues, como el mismo autor afirma, «el versículo me permite incorporar elementos ajenos a la escritura propia». Así, hasta llegar al poema inacabado o en suspenso, que ya se inicia en algunos poemas de su bello “cuaderno de viaje” Spree , editado por Cartoneras Island en 2013 y que constituye gran parte de los que integran Rehacer el aliento, donde la primera declaración de intenciones la vemos en la elección de las tres citas que abren el libro y que, curiosamente, si se las utiliza como versos, pueden conformar un poema:

En las mañanas de poca luz   (Miguel Casado)
El alma es una región sin límites definidos  (A.R.Ammons)
Lo que venga será invisible y ligero  (Adam Zagajewski)

A Ernesto siempre le ha preocupado la utilización del lenguaje, la sonoridad y el gesto del poema. De ahí que utilice diferentes recursos gráficos en el poema escrito para, como él mismo dice, «intentar simular esta clave afectiva y no verbal de la comunicación».

Ya desde Advertencia del poema, dos poemas a manera de prólogo, vemos su intención de dejarse llevar por el sonido interior, lo que se une a su búsqueda en la naturaleza, de la medida abierta y precisa, como los surcos de la tierra, para plantar la semilla de su voz y esperar los posibles brotes. Una naturaleza que va a tener una presencia constante en este libro.

Estos versos dan paso a Conjeturas, un título que define muy bien la serie de poemas  que lo compone, donde un “si” condicional, va a ser elemento recurrente que nos habla del deseo de que algo que aún no es, tenga la posibilidad de existir, no solo a través de la palabra sino también de sus sonido, del silencio y de los gestos. De ahí que la colocación de los versos intente señalar una posición gestual de acercamiento al lector.


El primer poema comienza ya con ese “si” condicional: si arde el incienso, y acaba con para la tierra música constante y para todas las rutas, verso que deja en suspenso el significado final.

A continuación aparece un poema corto que dice:

mudo entre tanto rumor
permanezca


si es el mundo su anuncio
Aquí, el orden sintáctico trastocado y la doble separación entre el penúltimo y último verso, hacen más patente la mudez. Un silencio que comunica incluso más que la palabra.

Pero esta necesidad de instantes de silencio, de suspensos interrogantes, se hace más patente si cabe en el poema III, poema inconcluso en el que vuelve a aparecer el “si” condicional que pregunta a la palabra dejada en el muro, tal vez sin esperar respuesta.

para qué…
si el muro  ahuecado por la yema de los dedos
que lo avientan
es la memoria la más antigua

                                   aquella
Si me he detenido en estos poemas iniciales es porque pienso que en ellos están todos los caminos y encrucijadas por los que el poeta va a discurrir a lo largo de este libro, en su búsqueda por rehacer el aliento.

Los poemas que siguen plantean las cuestiones del descubrimiento a través del asombro- algo para lo que se requiere la mirada de un niño-, de la creación por medio del acto de siembra del campesino, o de la necesidad de reconocernos fugaces como el río, imagen de todo lo que fluye y que arrastra una mirada, la nuestra que, a su paso, deja de pertenecernos, como el tiempo.

De nuevo el “si” condicional que acaba en una pregunta sin respuesta. Una idea que se repite cuando escribe: miramos al cielo/ en busca de noticias sobre la vida/  bajo nuestros pies/ simple y oculta/ corre el agua

Los poemas ahora tienen un principio y un final y en ellos el poeta insiste en la contemplación serena de la naturaleza y en su reflexión sobre ella, sobre su influjo en nuestras vidas y lo que puede enseñarnos si nos detenemos a contemplarla: si se mira…

Lo conjetural sigue planeando en los poemas, como el que se inicia con un verso de Yehuda Amijai, poeta israelí fallecido en 2000: Y hay una ventana que no cerrará/ el que la abre, y otros en los que el juego rítmico y de significados nos insisten en la necesidad del encuentro con uno mismo.

Poemas cortos y largos se entremezclan, y lo gráfico de sus versos nos comunica esa duda, esa sensación de marcha, de ausencia irredimible pero necesaria, en ese fluir de los días en los que nos es preciso retener cualquier segundo de asombro y descubrimiento.

hacia el poniente
como la vida
y sin embargo

y aún

Con Los días, otra de las partes de este sugerente libro, se produce una inmersión del poeta en lo cotidiano, sin abandonar esas preguntas sobre la existencia, y que se inicia con una especie de letanía o enumeración, a manera de guía de los poemas que vendrán: los días del indulto/ los días de gracia/ los días de misericordia/ los días del perfume y el aceite/ los dones/ los días

La contemplación de los otros, de los objetos cotidianos, del orden de la naturaleza; el escuchar esa “melodía a ciegas” de la tierra, el agua y el aire; el simple hecho de andar bajo la luz plena del día /camino hacia otras horas, despiertan en el poeta ese impulso por traducir y comunicar lo que siente en ese instante, aun sabiendo la dificultad que se le presenta a la hora de convertir esas emociones y sensaciones en palabras.

La memoria trae momentos de un pasado no vivido pero que está en la mirada de los otros cuando los presos están cerca del mar, cuando el padre llega, desde otro tiempo para darme el nombre/ limpio de la vida o cuando llega la madre de cuyas manos pacientes/ una vez provino todo el pan, sin que falte  esa memoria del futuro en quien llega a esa vida que defiende la vida.

Los versos se tornan ahora versiculares porque así lo requiere la memoria de los días que fueron, de los que son o de los que hayan de venir, mientras la luz se posa sobre los hombros de los niños

A partir del Viajero inmóvil, se suceden una serie de poemas en prosa donde ese Viajero elige para su inmovilidad un jardín. ¿Paraíso perdido y recobrado en la savia del árbol central que el Viajero toca y que podría ser –siempre el condicional- el árbol de la vida?

Lo cierto es que el jardín aparece como lugar de conocimiento, donde cada cual aprende a mirar de nuevo, a nombrar de nuevo, como el Viajero que mira afuera desde su jardín y también hacia adentro de él que no es otra cosa que una manera de mirar hacia su propio interior.

Todos sabemos que, en toda búsqueda son inevitables las pérdidas porque la vida abierta ni va ni vuelve a la cerrazón ineludible que espera. De ahí el deseo y la voluntad de aprovechar cada momento en el lugar donde abrimos los ojos cada mañana, mientras aún permanecemos aquí juntos, reunidos. Y así vuelve el deseo de comunicación unido a la aceptación de la vida, el paso del tiempo y la muerte.

En los últimos poemas de esta parte el poeta regresa al verso corto, del que no descarta el haiku, en esa intención del poeta por detener el tiempo a partir de la sensación en el aquí y el ahora que le revela la intimidad de lo que contempla; aquello sobre lo que, con frecuencia, nuestra mirada pasa distraída.

bajo el puente que ya solo cruza
el cauce seco

vi la flor blanca

Rehacer el aliento es el título de la última parte de este libro, que además da título a toda  la obra, y que nos lleva a la pregunta ¿desde dónde rehacer el aliento?

El poeta tiene claro que hay que acudir a la Raíz; no en vano esta palabra da título a los cinco primeros poemas de esta última parte.

De nuevo el árbol como símbolo, como principio de generación y regeneración, como eje de la vida. Y la raíz, como origen que se hunde en el corazón de la tierra para buscar en ella las sustancias que nutran al árbol que sostiene,  es el elemento elegido por nuestro autor para preguntarse por su propia identidad.

Yo digo
mis pies son raíces que vuelan

Una identidad que se apuntala como la raíz en la tierra, pero que no impide el vuelo con el que encuentra las huellas de los otros, el paisaje que descubre cada día y en el que se descubre a sí mismo, para renacer con la palabra precisa y necesaria, con el hallazgo de lo que se encuentra hacia dentro pero afuera.

Llegamos al final del libro con el deseo de atrapar ese instante en el que rehacer el aliento.

Tal vez baste solo con estar dispuesto a escuchar esa palabra que nos señala el camino hacia las voces que provienen de dentro, de muy dentro de nosotros mismos. Esa palabra que define el mundo y con la que penetramos, de la mano del poeta, en el atrayente y oscuro reino de lo inexpresable.

miércoles, 1 de junio de 2016

Reseña de LA MÁQUINA NATURAL de Ignacio Fernández en Libros prohibidos

máquina
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Ignacio Fernández: La máquina natural

Año: 2016
Editorial: Baile del Sol
Género: Novela
Valoración: Recomendable
La máquina natural presenta una sinopsis muy atractiva. Un hombre vive solitario en una cabaña en las nieves de los Andes, con su perra, lejos de pueblo. Y tres personas aparecen de pronto en el paisaje y le dicen que algo ha cambiado: el mundo no funciona, la civilización ha desaparecido y algo paree haberse roto. ¿Y qué pasa?
En cierto modo, La máquina natural recuerda a La carretera, la novela de Cormac McCarthy: aquí no hay ni ha habido, pese a lo que podría parecer, un terrible apocalipsis destructivo del que se sepa. No es ese tipo de ficción. No hay una explicación demasiado relevante de lo que ha sucedido y los retazos de información que poseemos no son suficientes para elaborar un mapa mental. Ese no es el objetivo. Ni siquiera el de poner a los personajes en una situación extrema. Casi os diría que si buscáis una trama que se ajuste con lo que pone en la contraportada estaréis muy confusos y quizás decepcionados. Lo que pone detrás pasa, pero es casi lo único que ocurre entre las páginas de la obra. Esto no es malo: hay libros que quieren contar algo que no se desarrolla, sino que se reflexiona, y este es uno de ellos. Lo cierto es que por no haber, no hay tampoco una trama completa, con su desenlace claro y final satisfactorio, en este libro.
La máquina natural parece estar hecha de trozos de historias, de pequeños fragmentos de las cuatro vidas que se han unido por azar y que son las que llevan el relato. En un principio parece que va a seguir un método algo más lineal, parece que va a dar pistas concretas, y sin embargo a lo que se dedicará durante toda la novela es a dar vueltas en torno a focos de atención sin aportar todas las respuestas. Me ha gustado mucho esta forma de añadir detalles a los personajes: por ejemplo, al Hereje se le presenta por ese nombre y no es hasta la mitad de la novela que comprendemos la razón de ese apelativo, pese a que carezca de interés para una posible trama mayor que, insisto, no existe. No existe y no se necesita, pues lo que hace Ignacio Fernández es reflexionar en torno a la experiencia humana más esencial y pura a partir de una situación terrible. Una situación en la que los personajes tienen que reaccionar, como si fuese una suerte de experimento que nunca puede salir bien.
Me parece también muy curiosa la forma de narrar del autor. Es curiosa, sigue una metodología de, digamos, rotación en torno a lo que va narrando, de modo que se genera un estilo muy cadencioso, pausado y que ha de leerse de forma lenta para ser disfrutado. Me gusta su manera de comenzar los capítulos, que casi parecen relatos interrelacionados, con una imagen poderosa que desarrolla a continuación, me gusta el modo en que sus personajes observan el mundo y hablan de él. Y también me gusta mucho cómo mediante pequeños comentarios va dejando claro el cambio de situación al que la humanidad se está enfrentando en la novela. Uno de los temas de los que presenta la obra que más me han gustado es la religión, la divinidad y la relación con esta: es curioso como en situaciones tan desesperadas como esta hay quien se cierra completamente mientras otros lo convierten en su única salida:
“Decirle loco a un cura que no cree en Dios es ponerse de la parte de Dios […]. Si me estoy equivocando, usted después me perdona. Es su trabajo. Pero no intente sermonearnos, no trate de traernos la salvación. Nosotros ya nos salvamos solos.”
Quizás lo que más interesante me resulta es el final. Cuando hablamos de obras de este estilo, suele establecerse una dicotomía entre la vida y la muerte que está regida por la esperanza: mientras haya vida, habrá esperanza y mientras tengamos esperanza, aún tendrá sentido la vida. Y es curioso el desenlace, si se le puede llamar así, de La máquina natural porque anula esta esperanza para algunos personajes, aunque no del todo. Entonces, ¿qué queda? ¿Muere del todo la civilización, termina aquí la historia de la humanidad, aunque aún queden unos pocos humanos libres en el planeta? Os invito a esbozar vosotros una perspectiva de esta situación, a conocer un nuevo final, en esta excelente y recomendable novela.

domingo, 29 de mayo de 2016

Reseña de LA MUÑECA RUSA, de Juan Miguel Contreras en Las inquilinas de Netherfield







Título original: La muñeca rusa
Autor: Juan Miguel Contreras
Editorial: Baile del Sol

Páginas: 180
Fecha publicación: 2016
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 13 euros
Ilustración de la cubierta: Ramón Buzón





¿Qué piensa un hombre que contempla la Tierra desde el espacio, donde va a morir sin regresar? Nunca podremos saberlo, sin embargo, la historia no se detiene, e Irina Belokoneva, hija de ese cosmonauta perdido entre la Luna y la Tierra, es parte de ella.
La muñeca rusa arranca con la entrada en 1968 de las fuerzas del Pacto de Varsovia en Praga. En un psiquiátrico de la ciudad, Irina asegura que han ido a por ella, para silenciarla definitivamente y que no se conozca la historia de su padre. Su historia es contada muchos años después por Milos Meisner, celador del sanatorio en ese momento, a un librero en un pueblo perdido del Cabo de Gata donde vive exiliado. Las historias se unen, unas dentro de otras, quizá porque son una y la misma. La Primavera de Praga se mezcla con la carrera espacial rusa a causa de una lunática que dice ser hija de un cosmonauta desaparecido en una misión fracasada a la Luna. La nueva ola de cine checo vista desde los ojos de un escritor prohibido como un trampolín al exilio y la memoria. Marchantes de arte parisinos que cenan con libreros enfermos tímidamente ácratas. Fotografías de libros que brillan bajo la sombra de la nariz de Cyrano. La mirada de Yuri Gagarin, una Luna en una nave industrial de Toulouse, cartas de Bohumil Hrabal a un escultor exiliado en Almería... Un relato que intenta tejer los nudos necesarios para que, en el telar de la Gran Historia, no se pierdan los hilos de unos personajes condenados al olvido en una librería que orbita alrededor de la Luna.


La muñeca rusa, esa gran matrioska que han depositado en mis manos... la observo, la miro, la toco, y mi cabeza empieza a calentarse y a bullir con mil preguntas: ¿cuál es tu historia? ¿Qué vas a contarme? ¿Cuáles son tus secretos?

La narración comienza con la entrada en 1968 de las fuerzas del Pacto de Varsovia en Praga. Juan Miguel Contreras nos posiciona en este período histórico, convulso y un tanto desconocido (al menos yo creo que no todos estamos muy familiarizados con lo que ocurrió durante aquellos meses). Tal y como digo al inicio, la novela es una matrioska en la que vamos descubriendo otras matrioskas en su interior, diversos fragmentos de historias inconclusas que nos enredan en una telaraña que nos absorbe y nos atrapa. Cada fragmento está lleno de sentimientos, desesperanza y búsqueda de la verdad, y conforme vamos avanzando en la lectura vamos uniéndolos en la medida de lo posible, porque algunos de ellos están llenos de aristas, cortantes y afiladas, que nos desgarran con sus diversas y tremendas historias.

Con la primera página ya quedas enredado en el enrejado que el autor construye con su fragmentada trama y con los diferentes personajes, muy viscerales y profundos. Te das cuenta de que este libro es diferente, que te va a dejar huella. Es tan refrescante y atrayente que ese gusanillo que todos los lectores empedernidos tenemos dentro no te permite abandonar la lectura, porque si lo hicieras sería como desamparar a estos personajes tan desolados y desangelados. Por lo que a mi respecta no lo hice... los acompañé hasta donde la historia me dejó, hasta esa última página.

Irina Belokoneva, la muñeca rusa, es el personaje más entrañable de la novela, ya que su historia (o los vestigios que le quedan de la misma) está guardada en su mente de un modo disperso Esa mente ha sido formateada una y otra vez por un sistema que, al permitirle vivir, también le ha condenado a la soledad y a la locura... El olvido de sí misma y de todos los suyos es la pena que le ha sido impuesta indirectamente por el fracaso de su padre, un astronauta ruso que es el desencadenante de todo.

Milos Meisner, artista, celador y personaje activo en la trama, es el encargado de guiarnos a través de todos los fragmentos que el autor nos va entregando a lo largo de la lectura. En el instante en que Milos entra en contacto con Irina Belokoneva, queda atrapado en su historia y su vida. Este hombre le abre su corazón, la acoge en su seno como la muñeca rusa que es, condicionándole y dirigiendo su camino. A partir de entonces, todos sus pasos y decisiones los toma por y para Irina. Y todo ello envuelto en un escenario de revolución y desintegración social, donde cada paso que das hacia adelante representa muchos pasos hacia atrás. Si además se añade que la nueva situación le tiene constreñido y encorsetado, el remolino que ya había nacido en su interior al enamorarse de una persona quebrada y rota se amplifica en una espiral de desesperación y locura.

Bohumil Hrabal, personaje real, es la voz que susurra a Milos que debe salir del bucle en el que se encuentra inmerso. Esta voz no le va a resultar gratuita, pues desde ese momento se convierte en un exiliado en cuyo equipaje solo hay culpa, desencanto e impotencia.

A lo largo de la narración, el autor introduce diversos saltos temporales muy bien hilados con la trama, porque aunque a priori parecen historias dispares e inconclusas, con su refrescante prosa las entreteje dando un sentido a la misma. Así, viajaremos con Milos por diversos lugares en los distintos tiempos, recalando como último destino en un pueblo costero de Almería (Almarga). Allí se nos entrega otro fragmento de la novela con la aparición de un nuevo personaje, el librero sin nombre, del que solo conocemos el apodo con el que le llame Greta: Henry. 

Corren los años 90, y este librero sera el bálsamo que necesita Milos. La amistad que surge entre ellos, su día a día, compartir sus experiencias e historias, así como sus diferentes puntos de vista y perspectivas, provocará en ellos todo tipo de reflexiones y catarsis, ayudándoles a reinventarse otra vez: tal vez lo negro no sea tan negro como parecía hace veinte años, y las conversaciones entre ellos son el vehículo que les ayuda a catalizar toda la desesperanza y soledad en la que ambos se encuentran inmersos.

Juan Miguel Contreras ha construido una magnífica trama para este libro, y el final de la historia es, a mi juicio, el que debe de ser; no podría haber sido otro. La muñeca rusa es una novela que nos invita a reflexionar sobre el destino, el sentido de la vida, la casualidad, la catalización de los momentos difíciles, la amistad y el poder (o su ausencia) del amor. Todo ello narrado con una maestría que consigue que todos los fragmentos formen parte de un todo.

Me encanta la cubierta; todos los libros de Baile del Sol están rubricados con su particular sello personal. Los identificas y distingues en cuanto caen en tus manos.


Nació en Madrid en 1974, aunque creció en un pueblo de la provincia de Ciudad Real, Manzanares. Licenciado enFilosofía por la Universidad Complutense de Madrid. En 1998 recibió el primer premio del certamen de relatos "Villa de Torralba" con el cuento La ciudad trenzada. En 2004 publicó la novela Cuando acabe el invierno, de la editorial Biblioteca de Autores Manchegos (BAM). En 2007 quedó finalista del concurso de relatos de la Revista Eñe, Cosecha Ñ, con el cuento titulado Sobre hojas de humo. Entre el 2000 y el 2005 fue director y programador del Festival Inernacional del Teatro Lazarillo, en Manzanares. Durante los primeros años del siglo XXI ha sido tramoyista y librero en Madrid; en 2006 abrió su propia librería, La Pecera, en Manzanares, hasta que la dejó en otras manos en 2011. En 2012 creó la editorial fantasma La internazional Samizdat, donde ha publicado el libro de relatos Cardiopatías, así como una primigenia versión de La muñeca rusa

Actualmente reside en Alcázar de San Juan.
Miss Bingley

martes, 24 de mayo de 2016

Entrevista a Javier Morales en El Asombrario

24.05.2016

La precarización laboral y emocional de nuestras vidas, según Javier Morales

Javier Morales. Foto: Sole González.
Javier Morales. Foto: Sole González.
Escritor, periodista –colaborador de ‘El Asombrario’- y profesor de narrativa. Así se define Javier Morales, que tras publicar un libro de relatos de felliniano título, ‘Ocho cuentos y medio’, vuelve a confiar en la editorial canaria Baile del sol para presentar‘Trabajar cansa’. Una novela breve en la que se narra la crisis personal y vital de cuatro personajes que, aunque situados en los polos opuestos de la escala social, se enfrentan a la insatisfacción en el ámbito laboral y en sus relaciones personales. El sexo se convierte en el asidero donde aferrarse en una huida que parece no llevar a ninguna parte.
El sentimiento de pérdida y de desorientación que define a los personajes viene acompañado de la conciencia de la traición a los valores y a los proyectos de juventud y, a la vez, a la traición amorosa.
‘Esterno’, uno de los poemas de ‘Lavorare Stanca’, el poemario de Pavese, concluye: “Ci pensando tutti / aspettando il lavoro come un gregge svogliato” (Todos lo piensas / esperando el trabajado como un rebaño apático). ¿No crees que, en parte, estos versos podrían definir a los personajes de ‘Trabajar cansa’?
Creo que sí. Los personajes de la novela aceptan el destino, sin más, tanto en su vida laboral como en sus relaciones personales, viven con una insatisfacción permanente. Tanto quienes tienen una posición laboral privilegiada en lo profesional, como quienes están a punto de perder su empleo. Una buena amiga me dijo hace poco que son personajes nihilistas, maldicen sus vidas, pero no hacen nada o muy poco por cambiarlas. En cierta forma, son un reflejo de nuestra época.
Recurres a los versos de Pavese para dar título a tu ‘nouvelle’, como dirían los franceses, impregnando ese ‘Trabajar cansa’ de un carácter político y de denuncia que, en el caso del poeta italiano, no encontramos. ¿Estarías de acuerdo?
En realidad, aunque guarde puntos de conexión, la novela no nace del libro de Pavese. Tomé prestado el título como un pequeño homenaje a un autor que me influyó mucho cuando era joven. Cuando lo leí por primera vez, me sedujeron la sobriedad y claridad con la que escribía sus historias de seres solitarios, sin porvenir. Gracias a Pavese, traductor de la editorial Einaudi, empecé a leer de otra forma a los grandes autores de la literatura norteamericana. Cuando terminé la novela estuve barajando varios títulos, que no acababan de encajar con la idea que tenía. Hasta que me di cuenta de que uno de los personajes, Daniel, cita a Pavese y su poemario Trabajar cansa.
Tu ‘nouvelle’ refleja dos realidades: la precarización del mundo laboral y, a la vez, la riqueza que rodea aquellos que favorecen y legitiman dicha precarización. ¿’Trabajar cansa’ puede, por tanto definirse, como una ‘nouvelle’ sobre la actual lucha de clases?
Las relaciones laborales han desaparecido del discurso político y social, cuando son un eje de nuestra vida. Se da la paradoja de que quien tiene trabajo se siente cada vez más insatisfecho porque las condiciones se han endurecido mucho. Por otro lado, está la legión de parados a quienes han expulsado del mercado laboral o ni siquiera han llegado a entrar en él. En este contexto, tener un trabajo, aunque sea casi en régimen de semiesclavitud, ha dejado de ser un derecho para convertirse en un privilegio que alguien nos otorga. Son muy ilustrativas las recientes declaraciones del presidente de la CEOE, Juan Rosell, cuando decía que debemos olvidarnos del empleo fijo, que eso es propio del siglo XIX, algo anticuado. Curiosamente, es justo en esa época cuando nace el movimiento obrero, para luchar por unas condiciones laborales más dignas. Todos hemos leído a Dickens y sabemos cómo era el trabajo entonces. Y es el neoliberalismo, y no las conquistas sociales que se materializaron en el siglo pasado, el que nos lleva de vuelta al siglo XIX.
El personaje de Silvia representa el éxito social y económico y, a la vez, la traición de sus ideales al convertirse en abogada encargada de gestionar los ERE promovidos por las empresas. ¿El éxito económico viene irremediablemente acompañado de cinismo y de traición a unos determinados principios políticos?
Silvia tiene éxito económico y profesional, pero siente que ha traicionado sus principios, las razones por las que estudió y empezó a ejercer como abogada. De ahí que se sienta atormentada. El problema es que el sistema es como una gran rueda de la que es muy difícil bajarse cuando estás montado, sentimos vértigo, y acabamos entregando nuestras vidas a un trabajo en el que no creemos. En cualquier caso, no siempre el éxito económico y profesional van acompañados de cinismo o traición de unos ideales.
Daniel, el marido de Silvia refleja, además, el cambio ideológico: de los años universitarios marcados por el izquierdismo y las lecturas de Marx y Lenin al conformismo ideológico y al mantenimiento, pese a lo que pese, de un privilegiado estatus social.
Sin duda. Es lo que comentaba antes, que es muy difícil renunciar a una vida acomodada y muy fácil instalarse en el conformismo vital. En este sentido, creo es casi más cínico Daniel, profesor universitario, que Silvia, su mujer, aunque sea ella la que trabaja para una consultora que gestiona expedientes de regulación de empleo. Ella sí que se cuestiona la vida que lleva, pero no así Daniel. Mantiene un discurso de puertas afuera, un sueño un tanto adolescente respecto a lo que le gustaría, pero no está dispuesto a renunciar a lo que tiene.
‘Trabajar cansa’ es, en este sentido, una dura crítica no solo al sistema, sino al individuo que se deja llevar por el acomodo y el beneficio propio.
Intento no juzgar a mis personajes. Hacen lo que pueden en su mundo de ficción, aunque eso nunca sea suficiente. Lo que sí hay en la novela es una crítica al sistema que representan ciertos individuos, amorales, los Díaz Ferrán, los Rosell y compañía, que mantienen el discurso dominante de que hay que trabajar más, cobrar menos, perder derechos, despojar a los trabajadores de su condición de ciudadanos para convertirlos en súbditos, el regreso al feudalismo.
Como contrapunto, está Félix, un hombre de 50 años víctima de un ERE, ¿representa él a los vencidos o a las víctimas del sistema?
Félix es un hombre sin grandes ambiciones, pragmático, apegado a la vida, y quizás sea el más feliz de todos, con su trabajo en la agencia de viajes, su mujer y su hija. Y precisamente por eso la amenaza de perder su trabajo a los 50 desestabiliza su vida, sería como caer en el tobogán de las clases sociales, dice en algún momento. En este sentido, sin duda es una víctima del sistema.
La mujer de Félix, Paula, es además paradigma de la corrupción en el mundo laboral: trabaja sin contrato, pero no puede negarse porque necesita el trabajo. ¿Reflejo del abuso de poder y de cómo la necesidad se convierte en excusa para dichos abusos?
La situación de Paula, como dices, es la de muchos trabajadores de este país. Han de aceptar las condiciones que se les imponen, aunque eso suponga una pérdida total de derechos. Se hace mucho hincapié en el fraude del desempleo y, sin embargo, el Estado apenas vigila el fraude laboral. Faltan inspectores que supervisen las condiciones en las que trabajan muchas personas en este país, sin contratos o con contratos viciados (se paga una parte en negro, se trabajan más horas de las que dice el contrato, con las consiguientes mermas en la Seguridad Social y en el salario), sin apenas protección frente a los accidentes laborales. En el ámbito laboral, a los ciudadanos se nos está chantajeando cada vez más. “O haces lo que yo digo o te vas a la calle porque afuera hay miles de personas dispuestas a aceptar mis condiciones”. Eso es lo que se nos está diciendo.
Junto al tema laboral, abordas el amor y las relaciones de pareja, y las abordas desde la frustración, desde el desamor y la traición.
A los personajes de la novela les va mal en el trabajo, pero también en el amor. En este sentido, podríamos hablar también de una precariedad emocional. Viven atrapados en sus circunstancias y son incapaces de ir más allá. El sexo y la traición se convierten en tristes vía de escape.
El sexo como vía de escape lo planteas en relación a la traición; es decir, como un sexo adúltero convirtiendo la relación de pareja en una jaula de donde escapar.
Efectivamente, así lo viven los personajes de la novela. Son incapaces de tomar una decisión que mejore sus vidas, la ruptura del matrimonio, y prefieren buscar subterfugios, relaciones que tampoco les llevan a ninguna parte. El escritor Elías Moro, en su último libro de aforismos, define el matrimonio como “dos soledades abajo firmantes”. Los personajes de Trabajar cansa se sienten solos en la pareja, pero no son capaces de ir más allá. El matrimonio, la pareja, es también un lugar en el mundo, un lugar en el que no son felices pero tampoco saben dónde ir, dónde buscar.
Afirmas, a partir de Freud, que el amor y el trabajo son los dos pilares del ser humano y, sin embargo, tú los presentas como dos pilares derruidos.
Con otras palabras, y aunque con un sentido diferente, lo que afirmaba Freud es lo que siempre nos han dicho nuestros abuelos: salud, amor y trabajo son las claves de la vida. El trabajo, y su ausencia, afecta a nuestra vida personal y viceversa. Si estamos sin trabajo o amargados con el que tenemos, nuestro tiempo libre, cada vez más escaso, el que pasamos con nuestra familia y amigos, se ve resentido. Como ciudadano, a mí me da la impresión de que los españoles, en general, cada vez somos menos felices, que se ha instalado una especie de pesadumbre ante el futuro. Un país que no da salida a sus jóvenes, que condena al ostracismo a quienes han perdido su empleo, un país en el que trabajar no te aleja de la pobreza y en el que quienes tienen buenos empleos viven con el miedo a perderlo a la mañana siguiente no es un lugar para ser feliz.
¿Podemos pensar, como dice Aleksiévich, el miedo como un poderoso mecanismo de control y dominio de la gente por parte del poder?
Sin duda. Desde siempre el poder ha utilizado el miedo para manipular a la gente en beneficio propio. El miedo es uno de nuestros sentimientos más primitivos y es lógico que reaccionemos incluso en contra de la razón cuando nos sentimos amenazados. Cuando en una empresa despiden sin justificación a un trabajador, o a varios, los que se quedan tienen miedo de hablar, de decir que les parece injusto, nadie quiere ser el próximo que salga por la puerta. La ultraderecha europea, por ejemplo, está utilizando el éxodo sirio para generar miedo entre la población, que vienen los bárbaros, pongamos vallas y alambradas, gritan, para aplicar después políticas racistas, en contra de los derechos humanos. Es una estrategia muy básica y muy eficaz.
¿Es ‘Trabajar cansa’ un libro acerca de la crisis?
La crisis económica es solo el contexto, el ámbito en el que viven los personajes, digamos que son sus circunstancias históricas. Pero los temas son los mismos que han vertebrado las historias a lo largo de los siglos: la soledad, el deseo, el amor, la envidia, la ambición, el balance de lo que soñábamos que queríamos ser y lo que somos cuando llegamos a una cierta edad, la corrupción del poder.
¿Pero acaso estos temas no se abordan de forma distinta si van enmarcados en un contexto de crisis?
Sí, claro. En las situaciones extremas es cuando la gente muestra su verdadero talante. Personas a quienes aborrecíamos, de repente se muestran solidarias y generosas y, al contrario, el simpático de la oficina se manifiesta como un egoísta. La crisis económica, la reconversión tan brutal que se está produciendo en el ámbito laboral, influye en nuestra nuestra forma de ver el mundo, de comportarnos en él y de gestionar nuestra parcela de privacidad.
¿Concibes la literatura como herramienta de protesta y como expresión de explícito compromiso social y político?
El primer compromiso del escritor es con la página en blanco, escribir bien. Pero el compromiso artístico no es incompatible con un compromiso ético. Como escritor, no soy ajeno a la época en la que me ha tocado vivir. Como dice Chirbes en la cita inicial del libro, la realidad se cuela en la novela, la cerca.
Javier Morales presenta ‘Trabajar cansa’ (Baile del Sol) en la librería Rafael Alberti(Tutor, 57, Madrid), el martes 24 de mayo, a las 19.00 h.