viernes, 13 de mayo de 2016
jueves, 12 de mayo de 2016
Reseña de Últimos pasajes a la diferencia, de Bruno Marcos en Astorga Redacción
José Luis Puerto
16/04/2016
La incandescente mirada sobre lo que queda del mundo
Bruno Marcos es un 'Raro de tiempo', alguien que "se registra los bolsillos desiertos para saber donde fueron aquellos sueños". 'Dakovika', fue una entrega a esos registros. En poesía ha publicado el `Libro de las enumeraciones',un adiós a la razón antes o luego de que nos despidiéramos de tantas cosas. Ya hace tiempo que comenzó a publicar en papel sus diarios de internet, acompañados de dibujos de factura propia, es el caso de 'Suite Voltaire'...
![[Img #21456]](http://astorgaredaccion.com/upload/img/periodico/img_21456.jpg)
Bruno Marcos, Últimos pasajes a la diferencia, Tegueste (Tenerife), Baile del Sol Ediciones, Col. Dando Pata/14, 2016.
‘Está siendo abolida la diferencia del mundo’
‘¿Un futuro sin alma?’
Cuando terminamos la lectura de Últimos pasajes a la diferencia, de Bruno Marcos, nos queda la sensación de que el autor hubiera paseado su mirada, su espejo (como pedía Stendhal a la novela) por lo otro, por los otros, por lo diferente, o –como el mismo autor indica– “por lo colosal del mundo, por la incesante labor de la vida en toda latitud”; aunque –y aquí aparece la inevitable paradoja– tal colosalismo, que tanta extrañeza nos causa, esté construido por “las minúsculas vidas de los seres humanos que viven y laboran”, que, con su existir, edifican civilizaciones y culturas tan diferentes como las que siguen existiendo hoy mismo sobre la faz de la tierra.
No se desprende, en el fondo, Bruno Marcos de una mirada occidental sobre lo otro y sobre los otros, sobre esa diferencia –amenazada desde hace tiempo por la llamada globalización– hacia la cual parece que todavía tuviéramos la suerte de poder sacar los últimos pasajes, para conocerla y contemplarla.
Constituyen los ágiles y breves capítulos de la obra, rematados por unos 'Apéndices' finales, en los que se introducen elementos reflexivos, una suerte de calidoscopio, un dechado de lo que es la variedad del universo mundo, que está contemplada con una mirada post-colonial y moderna; una mirada de quien sabe que, hoy, el eurocentrismo ya no es posible en un mundo tan complejo y de quien sabe percibir “lo absurdo del colonialismo” europeo y occidental, como una desembocadura a la que hemos terminado arribando.
Recorre el autor, en los distintos textos que, a modo de capítulos, configuran el libro todas las escalas de los viajes, sin prescindir de nada: primer y último mundo, lo próximo y lo alejado, lo actual y lo ancestral... Todos los continentes y todas las categorías de espacios y lugares. Sin embargo, en la lente del autor, en su mirada, hay una indagación siempre en lo otro.
Pero, cuando uno contempla y mira lo otro, lo diferente, lo hace desde sí mismo; y, al darnos sus visiones, al enfocarnos la realidad contemplada y ofrecernos su punto de vista, con todo lo que ha seleccionado del mundo, para verbalizárnoslo, nos está hablando, en el fondo también, de sí mismo.
![[Img #21473]](http://astorgaredaccion.com/upload/img/periodico/img_21473.jpg)
No es extraño que, en un momento determinado, el autor enuncie, en un contexto de auto-reflexión, en sus devaneos por Montmartre: “Todo es autobiografía.” Que es, en el fondo, como decir: toda elección que hacemos nos está definiendo, está hablando de nosotros mismos. También la elección de los viajes y los destinos que seleccionamos para ellos.
Acuden a mi memoria, tras la lectura de Últimos pasajes a la diferencia, otras dos miradas europeas, también post-coloniales y que, de un modo agudo, aunque muy diferente, enfocan esa complejidad, esa extrañeza, esa inmersión en lo diferente. Una es la de Claude Lévi-Strauss, en Tristes trópicos, donde la mirada analítica del antropólogo escudriña los entresijos del mundo, ya sea en comunidades ancestrales de la selva brasileña o en mega-urbes asiáticas, para decirnos qué es el ser humano y los contextos en los que vive. La otra, Las voces de Marrakesh, de Elías Canetti, donde el escritor afila sus percepciones sensoriales para verbalizarnos toda esa atmósfera de ese ámbito de la diferencia al que acude. El resultado es sutil y deslumbrante, tanto en Lévi-Strauss, como en Canetti.
Uno y otro, en el fondo, todavía llegaban a tiempo para percibir y mostrarnos lo diferente, lo otro…, esa otredad que, a lo largo de nuestra contemporaneidad, tanto nos ha fascinado, y nos sigue fascinando, a los europeos. Ya Antonio Machado hablaba de “la radical heterogeneidad del ser”.
¿Sigue siendo esto válido? ¿Sigue estando vigente? No. Hoy asistimos a una aniquilación de los valores, de las jerarquías, de las peculiaridades, de las diferencias… Bruno Marcos, en el texto que cierra el libro, de título homónimo, 'Últimos pasajes a la diferencia', lo enuncia de modo explícito: “Está siendo abolida la diferencia del mundo”; vayamos donde vayamos, cada vez más, hoy ya, “estamos en idéntico sitio”; ya no hay trayecto posible a ninguna parte. En la uniformidad, en la uniformización de todos los lugares lo que está construyendo la globalización es el “no lugar”. Y posiblemente todos estemos hoy habitando ya sobre la tierra en un “no lugar”.
Y, quizás, acaso lo único que quede de lo otro, de la diferencia –como expresa el autor– “no sea otra cosa que el viaje a la pobreza”; por ello, lo distinto no son “los paisajes, ni los monumentos, accesibles en infinitas reproducciones, sino el verdadero espectáculo de la miseria.”
![[Img #21474]](http://astorgaredaccion.com/upload/img/periodico/img_21474.jpg)
De ahí, que, por ello, la mirada de Últimos pasajes a la diferencia sea, en el fondo, una mirada melancólica, con no poco de elegíaco. Melancolía y elegía, acompañadas siempre por una mirada lúcida, que no se desborda, porque nunca abandona ese espejo que nos ata siempre a la memoria de lo real.
Pero ya no podemos articular, en nuestra visión del mundo, cuando viajamos, una mirada adánica, nueva, nuestra. Bruno Marcos, de hecho, se apoya en distintas miradas literarias –lo cual, de modo implícito, nos habla de una suerte de homenaje– para afianzar la suya.
Así, desfilan por las páginas de Últimos pasajes a la diferencia, sobre todo en los textos de los “Apéndices”, Paul Bowles o Albert Camus, cuando evoca el norte de África; Pierre Loti y su viaje a Angkor; Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, José Hierro o Paul Auster, cuando de Nueva York se trata.
Pero la tesis implícita del libro –y en ello consiste la aportación de su autor no solo a la literatura viajera, sino también a la concepción del viaje y al sentido de la ciudad contemporánea, entre otros aspectos– es que ya apenas es posible hoy el viaje como itinerario (han desaparecido los espacios intermedios); el encuentro con la diferencia, que se ha vuelto una quimera, ya que –y aquí pone el autor el dedo en la llaga– “está siento abolida la diferencia del mundo”, porque estamos alumbrando “un futuro sin alma”, que está ya ahí, a la vuelta de cualquier esquina.
miércoles, 11 de mayo de 2016
Reseña de Contra Visconti, de J.Jorge Sánchez en Catalunya Vanguardista
«Contra Visconti»
abril 26, 2016
Un ensayo poético de deconstrucción conceptual de la poesía, o la poesía deconstruyéndose a sí misma, desde la poesía de J. Jorge Sánchez
Nos dijo Hegel que la lechuza de Minerva emprende el vuelo al atardecer, en el ocaso, desplegando el gris sobre el gris. Por esto la filosofía siempre llega tarde. El ser al que accede por entonces ya ha sido, yace inerte e inaccesible. Como el relato que por el hecho de serlo ha transcurrido ya. Y así como la reflexión es acción demorada, la narrativa sobre ella consiste en retomarla cuando ya ha quedado atrás. La precuela y la secuela; en medio, lo irreductible.
.
Xavier Massó / x.masso@catalunyavanguardista.com
Algunos han reservado a la poesía el privilegio de acceder donde no pueden hacerlo la filosofía ni su secuela, la ciencia. No es el caso de J.Jorge Sánchez en su «Contra Visconti» (Baile del Sol, 2016). O sí, pero desde la consciencia del inevitable desarraigo y de lo insoslayable de una narrativa conceptual que se reivindica poética. También entonces, la poesía llega siempre tarde, toda poesía habría llegado también siempre tarde.
En «Contra Visconti» asistimos a una poesía que intenta desentrañarse a sí misma como poética: la poesía puesta frente al discurso poético. Se había preguntado el autor en otro momento por la posibilidad de la poesía después de Auschwitz. Quizás ahora caigamos en la cuenta de que siempre es un «después». Y si es así ¿podemos hablar de experiencia estética? Sin duda, sí, pero sólo a condición de haber tomado previamente la fortaleza ética. Nulla aesthetica sine ethica.
En «Contra Visconti» asistimos a una poesía que intenta desentrañarse a sí misma como poética Da nombre al libro uno de los poemas que se incluye en él. Visconti, el cineasta y aristocrático esteta que glosa la locura del rey loco, una locura cuya grandeza se concretó en sus famosos castillos –y en Bayreuth-, gracias a una estética (¿o ética?) benevolentemente desdeñosa con el sufrimiento humano ¿Cuántas muertes y cuánto dolor exige una gran obra? Como el síndrome de Stendhal que, según les cuentan los guías a los turistas, sufrió este autor al quedarse transido ante la visión de tanta belleza en la basílica della Santa Croce, en Florencia. ¿Es el sufrimiento de los esclavos o prisioneros que trabajaron en la construcción de tantas obras de arte el precio a pagar por tanta belleza? ¿Se justifica?
Alguien podría aducir que aparece ahí una suerte de nostalgia de clase. La que no podía sentir Visconti porque no eran los suyos los que sufrieron para que luego alguien se pudiera deleitar con una belleza construida con el sórdido material del dolor y la muerte. ¿Y si salvamos Neuschwantein por su belleza, estamos dando por mal menor el sufrimiento que acarreó su construcción? ¿Justifica el fin unos medios dejados atrás?
Tal vez la respuesta nos la dio Max Aub[1], cuando sus acompañantes se sorprendieron de que quisiera visitar el Valle de los Caídos: “No quiero ir en homenaje de para quien se levantó sino en el de los que lo levantaron (…) ¿O es que os creéis que los que construyeron el Escorial –los obreros, los picapedreros- eran muy distintos, fueron muy distintos que los que estuvieron cavando eso que decís horror del Valle de los Caídos? Y, sin embargo vais orgullosos al Escorial…”
Y a las Pirámides, y a Versalles, y a la Acrópolis…
¿Poesía como denuncia, entonces? ¿Y como un arma cargada del futuro maravilloso que nos anuncia? Tampoco. Y allí arremete J. Jorge Sánchez contra cierta poesía y contra ciertos poetas. Porque, como nos dice en otro de sus poemas, las armas cargadas siempre son peligrosas, sean un kalashnikov o un poema, estén cargadas de balas o de futuro. Muy probablemente de ambas cosas, a juzgar por unos portadores de sueños que son pesadillas, explicitando «poéticamente» el verdadero sentido del poema de Gioconda Belli, que demuele en el suyo propio. O ajustando cuentas con la apoteosis del cinismo poético, emblematizada por Yevgueni Yevtushenko en su hagiopoetización de Manzana, en el poema Tres minutos de verdad… Sí, la verdad que se esconde en el poeta oficial que canta al valor del que él carece.
Mención especial merece el epílogo del libro, esencial en mi opinión a la obra. Se pregunta J. Jorge Sánchez: “¿Y si la poesía no sólo hubiera concluido ya sino que nunca hubiera acontecido como tal? Entonces, “lo poético sería tan antiguo como lo postpoético”. Porque, poetas, sí, de toda laya y jaez ¿pero poesía?
Desde una tradición que nos dice que hemos recorrido el trayecto del mito al logos, lo poético ocuparía el lugar imaginado dejado irremisiblemente atrás, y la poesía, la posibilidad de recuperarlo siquiera en el fragmento de un instante. Una inversión conceptual elucubrada desde el «después» y según la cual, paradójicamente, la búsqueda, o el hallazgo, de la verdad, nos habría ocultado, cual velo de Maya, lo verdadero, lo originario. “Poesía que mistificas”, escribe el autor, ¿Y si no abriste nunca nada? Toda una andanada, no tanto contra la poesía, sino contra cierta poesía y muchos supuestos poetas, los de la “desbordante fantasmagoría de la primordialidad poética, apoteósica desde el romanticismo hasta Heidegger (…)”.
Mucho antes de Heidegger, Platón había recomendado, al final de La República, la erradicación de los relatos poéticos griegos, precisamente por su carácter mistificador; porque lo que dicen los mitos sobre los dioses y sobre los héroes «no es verdad», pero sobre tales mistificaciones se construyen los referentes que nos conforman como seres humanos. Y eso es engañar, como engañan Belli o Yevtushenko. Muy probablemente, el autor coincidiría con Platón, al menos en este aspecto. Conceptualmente, claro, y también poéticamente.
Porque, al fin y al cabo, como nos recuerda J. Jorge Sánchez, “descorrer el velo de Maya de la poesía nos deja ante la poesía de nuevo solo que de otra manera, ante otra geografía”. La geografía que nos encontramos cuando, como en la escalera de Wittgenstein, una vez recorrida “hay que dejarla caer y hacer «como si»”.
Un ensayo poético de deconstrucción conceptual de la poesía, o la poesía deconstruyéndose a sí misma, desde la poesía de J. Jorge Sánchez. Un libro que no deja indiferente, aunque a uno le siga gustando Visconti, pero eso sí; «después de». Seguro que al autor también.
.
http://www.catalunyavanguardista.com/catvan/contra-visconti/
La poesía como pretexto o la poesía pretextada
Nos dijo Hegel que la lechuza de Minerva emprende el vuelo al atardecer, en el ocaso, desplegando el gris sobre el gris. Por esto la filosofía siempre llega tarde. El ser al que accede por entonces ya ha sido, yace inerte e inaccesible. Como el relato que por el hecho de serlo ha transcurrido ya. Y así como la reflexión es acción demorada, la narrativa sobre ella consiste en retomarla cuando ya ha quedado atrás. La precuela y la secuela; en medio, lo irreductible.
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Xavier Massó / x.masso@catalunyavanguardista.com
Algunos han reservado a la poesía el privilegio de acceder donde no pueden hacerlo la filosofía ni su secuela, la ciencia. No es el caso de J.Jorge Sánchez en su «Contra Visconti» (Baile del Sol, 2016). O sí, pero desde la consciencia del inevitable desarraigo y de lo insoslayable de una narrativa conceptual que se reivindica poética. También entonces, la poesía llega siempre tarde, toda poesía habría llegado también siempre tarde.
En «Contra Visconti» asistimos a una poesía que intenta desentrañarse a sí misma como poética: la poesía puesta frente al discurso poético. Se había preguntado el autor en otro momento por la posibilidad de la poesía después de Auschwitz. Quizás ahora caigamos en la cuenta de que siempre es un «después». Y si es así ¿podemos hablar de experiencia estética? Sin duda, sí, pero sólo a condición de haber tomado previamente la fortaleza ética. Nulla aesthetica sine ethica.
En «Contra Visconti» asistimos a una poesía que intenta desentrañarse a sí misma como poética Da nombre al libro uno de los poemas que se incluye en él. Visconti, el cineasta y aristocrático esteta que glosa la locura del rey loco, una locura cuya grandeza se concretó en sus famosos castillos –y en Bayreuth-, gracias a una estética (¿o ética?) benevolentemente desdeñosa con el sufrimiento humano ¿Cuántas muertes y cuánto dolor exige una gran obra? Como el síndrome de Stendhal que, según les cuentan los guías a los turistas, sufrió este autor al quedarse transido ante la visión de tanta belleza en la basílica della Santa Croce, en Florencia. ¿Es el sufrimiento de los esclavos o prisioneros que trabajaron en la construcción de tantas obras de arte el precio a pagar por tanta belleza? ¿Se justifica?

El escritor, poeta y filósofo, J. Jorge Sánchez
Tal vez la respuesta nos la dio Max Aub[1], cuando sus acompañantes se sorprendieron de que quisiera visitar el Valle de los Caídos: “No quiero ir en homenaje de para quien se levantó sino en el de los que lo levantaron (…) ¿O es que os creéis que los que construyeron el Escorial –los obreros, los picapedreros- eran muy distintos, fueron muy distintos que los que estuvieron cavando eso que decís horror del Valle de los Caídos? Y, sin embargo vais orgullosos al Escorial…”
Y a las Pirámides, y a Versalles, y a la Acrópolis…
¿Poesía como denuncia, entonces? ¿Y como un arma cargada del futuro maravilloso que nos anuncia? Tampoco. Y allí arremete J. Jorge Sánchez contra cierta poesía y contra ciertos poetas. Porque, como nos dice en otro de sus poemas, las armas cargadas siempre son peligrosas, sean un kalashnikov o un poema, estén cargadas de balas o de futuro. Muy probablemente de ambas cosas, a juzgar por unos portadores de sueños que son pesadillas, explicitando «poéticamente» el verdadero sentido del poema de Gioconda Belli, que demuele en el suyo propio. O ajustando cuentas con la apoteosis del cinismo poético, emblematizada por Yevgueni Yevtushenko en su hagiopoetización de Manzana, en el poema Tres minutos de verdad… Sí, la verdad que se esconde en el poeta oficial que canta al valor del que él carece.
Mención especial merece el epílogo del libro, esencial en mi opinión a la obra. Se pregunta J. Jorge Sánchez: “¿Y si la poesía no sólo hubiera concluido ya sino que nunca hubiera acontecido como tal? Entonces, “lo poético sería tan antiguo como lo postpoético”. Porque, poetas, sí, de toda laya y jaez ¿pero poesía?

Mucho antes de Heidegger, Platón había recomendado, al final de La República, la erradicación de los relatos poéticos griegos, precisamente por su carácter mistificador; porque lo que dicen los mitos sobre los dioses y sobre los héroes «no es verdad», pero sobre tales mistificaciones se construyen los referentes que nos conforman como seres humanos. Y eso es engañar, como engañan Belli o Yevtushenko. Muy probablemente, el autor coincidiría con Platón, al menos en este aspecto. Conceptualmente, claro, y también poéticamente.
Porque, al fin y al cabo, como nos recuerda J. Jorge Sánchez, “descorrer el velo de Maya de la poesía nos deja ante la poesía de nuevo solo que de otra manera, ante otra geografía”. La geografía que nos encontramos cuando, como en la escalera de Wittgenstein, una vez recorrida “hay que dejarla caer y hacer «como si»”.
Un ensayo poético de deconstrucción conceptual de la poesía, o la poesía deconstruyéndose a sí misma, desde la poesía de J. Jorge Sánchez. Un libro que no deja indiferente, aunque a uno le siga gustando Visconti, pero eso sí; «después de». Seguro que al autor también.
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Referencias bibliográficas:
[1] Max Aub (1903-1972). La referencia corresponde a «La gallina ciega» (1971), relato que narra su retorno de tres meses y medio a España -entre julio y noviembre de 1969-, treinta años después de haberla abandonado exiliado.http://www.catalunyavanguardista.com/catvan/contra-visconti/
martes, 10 de mayo de 2016
Reseña de Un verano en Sulpíride de Andrés Gómez Miranda en el blog El mundanal ruido

ANDRÉS GÓMEZ MIRANDA
Un verano en Sulpíride
Ed. Baile del sol, Tenerife, 2016
Andrés Gómez Miranda (1967) defiende una «poesía de la interferencia» que no es capaz de hacer llegar más que «mensajes entrecortados y confusos, como los de aquellas emisoras de onda corta que escuchaba en mi niñez». Y esta idea de la fragmentación, que más que una idea ya es en sí misma un sentimiento, la aplica en las piezas que componen su libro Un verano en Sulpíride.
Por cierto que Sulpíride no es un lugar, sino un fármaco antipsicótico, que bloquea algunos receptores cerebrales. Pero en contra de lo que podría colegirse de esta presentación, no estamos ante una escritura automática que nos sobrecarga de imágenes más o menos disparatadas, más o menos desconcertantes, hasta que nos pierde en un tiovivo. Gómez Miranda parte de situaciones cotidianas sencillas, probablemente entresacadas de un diario, y nos hace avanzar por ellas hasta extraer una asociación, un pensamiento o un aforismo, que nos suspenden en la sugerencia. Son piezas cortas, dispuestas como prosa, pero que del mismo modo hubieran encajado en verso, pues tienen ritmo versal. Por lo general constan de dos párrafos: uno primero más descriptivo y un segundo que es como la conclusión, que a menudo no guarda una relación directa con el primer párrafo pero que, al mezclar con él, suscita una emoción nueva a partir de la extrañeza. A veces son muy breves, como Nadie más extraño: «Viejos y niños que andan por mitad de los días soleados sin mancharse con las prisas que saltan de alma en alma como si fuéramos una estampida de singularidades. // Nadie más extraño que lo que fuimos o seremos». O como El suelo: «De pronto ando por un trozo de calle donde han plantado pinos y el suelo está cubierto de un colchón suave y resbaladizo de agujas. Pienso en el olor a tomillo. // Me doy cuenta de que me he salido de la acera». Poco a poco nos damos cuenta de que la verdadera y callada vida es una sucesión de estas breves experiencias mezcladas con impresiones y reflexiones. Lo de menos es el diazepán, que no sé muy bien si es pose o verdad porque el autor oculta sus datos biográficos tras un misterio más artificioso que sus poemas. Pero la rapsodia se agradece.http://articulosdearturotendero.blogspot.com.es/2016/05/un-verano-en-sulpiride.html
viernes, 6 de mayo de 2016
Reseña de Anestesia, de Inaxio Goldarecena en el blog de Carlos Alcorta

INAXIO GOLDARACENA. ANESTESIA. COLECCIÓN SITIO DE FUEGO. BAILE DEL SOL EDICIONES.
Del navarro Inaxio Goldaracena apenas conocíamos unos pocos poemas leídos en antologías, como En legítima defensa, publicada por Bartleby en 2014 oPoesía antidisturbios, editada por Amargord en 2015, pero en su haber, cuenta además con dos poemarios premiados en sendos certámenes y que, sin embargo, permanecen inéditos: Laberinto de sueños (Premio Elvira Castañón de 2009) y Piel sin fronteras (Premio NajilNaaman de 2010).
Es, por tanto, Anestesia el primer libro que uno tiene la oportunidad de leer en su integridad y lo primero que debo resaltar es la cuidada arquitectura del volumen, dividido en cinco partes que guardan una unidad exquisita entre ellos. Pero, sin duda, lo que más me ha llamado la atención es el marcado estoicismo, la desolación que se va gestando a medida que leemos los poemas, una sensación que se trasmite desde el primer poema, que comienza con estos significativos versos: «Malherido/ por el puño de la vida,/ cierras los ojos/ e intentas dormir». El inequívoco tono confesional de estos versos se me mitigado por la ironía, una ironía que ayudará al poeta a salir indemne de muchos de los agravios con los que el destino le sanciona, como ocurre con el poema titulado «Nighthawks (Edward Hopper, 1942)» o en «Funeral», que finaliza con esta estrofa: «Más tarde,/ el dolor se ha repartido/ como un pastel», pero también por la ausencia de un discurso narrativo sin fisuras. La expresión es deliberadamente amputada, así se logra envolver con un halo misterioso tanto lo dicho como lo sugerido.
El insomnio crea un mundo paralelo, parecido al del sonámbulo, un mundo al que ni los somníferos pueden ponerle coto, acaso un mundo que guarde alguna similitud con la amnesia, porque, como escribe en el poema que lleva por título esa misma palabras, «Amnesia»: «El silencio/ oculta un dolor más profundo./ El vacío sujeta las piernas». La noche se convierte así en un lugar propicio para la introspección y el autoanálisis, aunque ese estado al que aludíamos acaso no sea el más adecuado para realizar un examen de conciencia. El poema que da titulo al libro, «Anestesia», lo deja suficientemente explícito: «…en la habitación,/ rodeado de nadie,/ esperando el comienzo/ de cualquier programa/ para pulsar off/ en el botón de pensar». El fraseo elíptico, la realidad construida a base de fragmentos, la identidad a punto de disolverse en un vaco sin forma, el periscopio del tiempo saliendo a la superficie para observar como la realidad se descompone y un discurso que mantiene en equilibrio la crudeza del sentir con la contención expresiva son características de una poesía que merece el concurso de un mayor número de lectores. Estamos seguros de que Anestesia encontrará su camino plagado de cómplices.
jueves, 5 de mayo de 2016
miércoles, 4 de mayo de 2016
Desobedecemos nuestras propias normas
Sí, ya lo sabemos, dijimos que manteníamos la oferta por el Día del Libro hasta el 30 de abril, pero en Baile del Sol somos muy partidarios de la desobediencia, así que hemos decidido rebelarnos contra nuestras propias normas.
Por lo tanto, y en vista de la buena acogida que ha tenido la campaña sutilmente titulada "Compras un libro y te llevas otro; compras diez y te llevas otros diez", hemos decidido mantener la oferta hasta fin de año.
Así que, ya lo sabes, por cada libro que adquieras en nuestra tienda on line: www.latiendadebailedelsol.org te llevarás otro de similares características, según disponibilidad. Además se mantiene el 5% de descuento y envíos gratis a toda España.
Por lo tanto, y en vista de la buena acogida que ha tenido la campaña sutilmente titulada "Compras un libro y te llevas otro; compras diez y te llevas otros diez", hemos decidido mantener la oferta hasta fin de año.
Así que, ya lo sabes, por cada libro que adquieras en nuestra tienda on line: www.latiendadebailedelsol.org te llevarás otro de similares características, según disponibilidad. Además se mantiene el 5% de descuento y envíos gratis a toda España.
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