martes, 26 de enero de 2016

Entrevista a David Trashumante en Verlanga: El poeta real

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Fotos: Eva M. Rosúa.
Fotos: Eva M. Rosúa.
Los paraísos escondidos también existen en Valencia. Solo hay que prestar atención. Porque el despiste y las prisas pueden provocar que al deambular por la calle Baja, en pleno barrio del Carmen, pasemos de largo la Casa Insa. Un palacete del siglo XVIII, que parece ser fue la casa del pintor Juan de Juanes. Durante muchos años fue una popular ropería que confeccionaba indumentaria fallera, vestuario para teatro y cine, trajes y vestimenta para el Corpus o disfraces para la chiquillería. Hoy es un coqueto hostel que ha duplicado la “n” en su nombre y que conserva el señorío y la elegancia tranquila de antaño.
Quedar allí con el poeta, y agitador cultural, David Trashumante (David Moreno Hernández, Logroño 1978, en su partida de nacimiento) no es casualidad. El Innsa es una de las sedes poéticas del festival Intramurs y en sus habitaciones ha descansado más de una vez alguno de esos orfebres de las palabras. David acaba de publicar la segunda edición de su libro más reciente, “A viva muerte”, poesías que combinan la comodidad de una sonrisa cómplice con el dolor de un puñetazo inesperado.
¿Cómo acaba alguien de Logroño dedicándose a la poesía en Valencia?
Ya llevo casi diez años aquí. Me vine por amor. Estaba con una chica de Madrid que quería un sitio con playa y estuvimos tanteando distintas opciones. El Norte era muy frío para ella, el Sur me parecía una regresión por la desigualdad que hay entre géneros y vinimos a Valencia a pasar un verano a casa de un amigo y nos gustó. Yo había estudiado Publicidad y Relaciones Públicas. Una profesora, que me metió en el cuerpo el gusanillo del diseño, me dijo que contactara con MacDiego que seguro que congeniábamos muy bien. Casualmente, Pau Soriano, que trabajaba allí se marchaba al estudio de Paco Bascuñán y había una vacante. Hice la entrevista y me quedé trabajando con MacDiego seis años. Me quedé sin pareja eso sí. Ella se fue a Murcia y yo ya no me moví. Valencia me resultaba, y me resulta, una ciudad que por un lado tiene suficiente marcha cultural como para enriquecerte, y por otro, además, es muy cómoda de manejarte y moverte por ella.
¿Existen David Trashumante y David Moreno Hernández o uno ha acabado devorando al otro?
Hay un David más privado que David Trashumante, evidentemente. En cierto sentido sí que hay una separación, muy leve porque al ser poeta la vida se cose bastante a lo que haces, pero sí existe un David privado. No soy un poeta excesivamente intimista, exhibicionista en el sentido de mostrar mi vida, porque no creo que tenga nada especial respecto a las de los demás. David Trashumante no se come a David Moreno, en ese sentido, porque como digo la diferencia es muy leve. De hecho, lo de Trashumante en realidad es un código entre mi madre que es extremeña y mi padre que es navarro-riojano y la trashumancia siempre se hacía desde La Rioja hacia Extremadura. Además de que a mí, como forma de vida, todo lo que es el nomadeo, lo que es errante, la nación gitana por ejemplo, lo que se mueve, lo que cuestiona las fronteras, me parece más libre que lo que se queda fijo. Si a eso unimos cuando conocí a MacDiego y su fanzine Ganadería Trashumante, y que montáramos un proyecto editorial juntos, como que todo acabó de cuajar en lo de David Trashumante.
¿Cuándo surge tu interés por la poesía?
Fue en el instituto. Estudiaba Ciencias Puras y en clase de Matemáticas me sorprendí escribiendo. Ese año fracasé estrepitosamente, repetí curso y me pasé a Letras. Y ahí tuve un profesor de literatura que tuvo mucha culpa de lo que soy ahora. Se llamaba Javier de la Iglesia, el hermano de Alex, el director de cine. Me traía a clase un montón de cosas, como por ejemplo el primer guión de “Acción mutante”. Y esa persona me inoculó el germen por la poesía. Me hizo como una tutoría bastante importante hasta que conseguí el primer verso.
Resulta curioso que fuera estudiando cuando se despertó tu interés por la poesía, teniendo en cuenta lo maltratada que está en los planes educativos, siempre más interesada en que el alumno sepa medir versos y rimas, antes de ahondar en su contenido. ¿Crees que ahí nace cierta aversión de la gente hacia ella y esa etiqueta de aburrida que tantas veces le acompaña?
Totalmente. El sistema educativo, y esto lo he hablado con amigos maestros y profesores, está sujeto a un temario obligado que exige que todos lo alumnos, como borregos, pasen pruebas sobre él. Y eso es lo que fracasa. No puede ser que lo primero que conozcas de la poesía, con quince años, sea un cantar de gesta, los sonetos o las figuras retóricas. Te alejan de la poesía, que es un ejercicio de empoderamiento, de luminaria con uno mismo,… para convertirlo en un simple ejercicio de métrica. Que no digo que no sea necesario conocer, pero primero te tiene que apasionar algo para luego profundizar en ello. Creo que el camino debería ser a la inversa. Empezar con poesía contemporánea, poesía que se está haciendo ahora, incluso entroncarla con el hip hop o las formas oratorias que ahora se manejan, para despertar interés en los más jóvenes, que pueden ser conscientes de que ellos también lo pueden practicar. Y a partir de ahí, hacer ver que eso que dice El Chojín ya lo dijo antes Homero. Hay profesores que lo están haciendo, pero… Mira, ahora estoy llevando un seminario en la Facultad de Filología, coordinado con Begonya Pozo, su vicedecana, y viene mucha gente, pero nos faltan alumnos de, precisamente, Filología, que están demasiado ocupados estudiando para examinarse.
David Trashumante 05
¿Qué importancia tuvieron los fanzines en tus primeros años creativos?
Yo hacía en el instituto uno que se llamaba John Holmes Underground, que era homónimo a un grupo musical que había en Salamanca, y era alucinante ver cómo reaccionaban los profesores y los compañeros. Que el nombre rindiera homenaje a un actor porno de los 70 lo veían como una cosa depravada, aunque en realidad era un fanzine literario. En aquello años, en Logroño, había bastante movimiento fanzinero y de autoedición. Para mí, los fanzines, son algo importantísimo en el desarrollo de cualquier persona que quiera ser creativa. Recuerdo mucho su frescura y también todo el proceso de elaboración y distribución del mismo. Una época alucinante de conocer a mucha gente y vivir muchas cosas. Y no hay que olvidar que eran tiempos sin internet y todo costaba muchísimo más.
¿Hubiera sido otra tu trayectoria sin ese pasado fanzinero?
Cuando cumplí 30 años hice balance de mi vida para saber si realmente era un poeta, o un editor, si me podía considerar artista, y recordé que ya con 17 estaba haciendo fanzines, carteles, presentaciones,… como si aquello hubiera marcado un destino del que difícilmente puedes escapar. Los fanzines fueron fundamentales en mi vida. Además te permitían relacionarte con más gente como tú.
Después de diez años en Valencia, eso ya se refleja en tus poemas.
Estoy muy enamorado del País Valencià. Soy un maulet castellà (risas). Estoy totalmente involucrado. En mi obra creo que se nota en la acidez, en la mala llet, en lo hilarante,… Aquí el clima es totalmente distinto y es cierto que, a veces, tengo morriña del cielo encapotado, de inviernos fríos de verdad, de la estacionalidad, de que caiga la hoja, pero Valencia tiene algo que te conquista y no es solo por el clima, es la gente, su actividad frenética, las personas que luchan desde su posicionamiento crítico, ese pensar y hacer,…Todo eso me ha contaminado y lo notan mucho cuando voy a Logroño, que casi me consideran más valenciano que de allí. Pero aún así, estoy luchando mucho por permanecer allá, quiero ser también profeta en mi tierra.
En 2006 publicaste tu primer libro, “Parole, parole y otras palabras”.
Fue un libro que publiqué en la colección Poemas Desechables, de Ediciones Trashumantes, que fue la editorial que apadrinó MacDiego. Llevaba trabajando en él cinco o seis años, lo tenía bastante depurado y puestos a lanzar la editorial, hice lo que hacen muchos editores en estos casos, empezar conmigo y con otro autor, Gonzalo Escarpa. “Parole, parole y otras palabras” lo recuerdo con mucho cariño, es un libro de toda una época, de amor. Juré que sería el último libro de amor que iba a escribir en mi vida y no ha sido así (risas).
¿Se siente uno más poeta cuando su obra está publicada?
La poesía no es exclusiva del texto. Existe de múltiples formas. Hay personas que se pueden sentir poetas en su vida diaria sin tener que escribir. Pero sí que es verdad que desde el momento en que eres consciente de que has editado algo y de que el libro vive por ti allá donde esté, tienes la sensación de haber dejado algo en el mundo y eso te centra en que ya eres poeta y estás ahí. Constatas una realidad. Lo que pasa es que como yo me lo autoedité siempre he sido muy escéptico de si era un poeta o no de valía, porque no puedo ser objetivo conmigo mismo. Necesitas que te editen otros para comprobar que hay un acto de fe en tu trabajo.
Eso ocurre ocho años después con “El Amor de los Peces” (Unaria Ediciones, 2014). ¿Por qué tardas tanto tiempo en volver a publicar? ¿Dejaste de escribir durante ese período?
Me dediqué mucho a Ediciones Trashumantes. Durante los cuatro años que duró la experiencia descubrí que una editorial da muchísimo trabajo y muy pocos ingresos. Me quitaba mucho tiempo. Yo me dedicaba mucho a mis autores. Hacía management, les buscaba bolos, iba a un montón de ferias, … Pero, además, esos ocho años coincidieron, con dos crisis sentimentales, la segunda de las cuales me dejó reventado. Por aquel entonces tenía, también, un planteamiento vital de conseguir primero cierta estabilidad, pareja, familia, una casa,… y luego ya dedicarme a escribir. Eso me llevó a un sufrimiento extremo porque la poesía no entiende de jornadas partidas, no es un hobby y yo lo traté como tal durante ocho años. Cierto es que de mi experiencia en Ediciones Trashumantes terminé muy desengañado con este mundillo. Acabé relacionándome con determinados círculos de la poesía cool en Madrid, festivales como el Yuxtaposiciones,… y ver todo lo que había detrás de todo aquello, intereses, conflictos, riñas, cuando yo iba con toda mi ingenuidad y mi buena fe, me desgastó mucho.
Recuerdo ese período como unos años oscuros a muchos niveles. No escribí, prácticamente, ni una sola línea. Y, también, una sensación de fracaso porque la editorial cerró. Cuando mejor empezaba a ir, nos llegaban mejores títulos, … yo no me veía con energías. Editar es un acto responsable para el que no me sentía con fuerzas.
“El Amor de los Peces”, en el que firmabas poesías e ilustraciones, tenía su prolongación más allá de las páginas del libro, con la posibilidad de escucharterecitar las obras en un bandcamp.
A mí lo que más me ha caracterizado siempre, más que publicar, ha sido lo escénico. Me llama mucho lo oral. Y siempre he querido generar una obra poética que, realmente, pueda calificarse de posmoderna, que no solo trabaje conceptos como el apropiacionismo o muchas de las cosas que ha postulado Agustín Fernández Mallo con su pospoesía, como coger de otros lenguajes o que todo sea materia susceptible de conformar una obra. Me interesa integrar la oralidad, el vídeo, la acción… y eso se solía concretar en proyectos escénicos más que en libros. Con Eddie (J. Bermudez) y Pedro Verdejo montamos Poetiks, un grupo de polipoesía, y con la excusa de necesitar textos para recitar tuve que volver a escribir. Además, después del último desengaño amoroso necesitaba reírme del amor, evadirme de él, quitarle gravedad al asunto. Con todo ello, nace “El Amor de los Peces”.
Ese mismo 2014, también editas “Tacto de Texto” (Ed. del 4 de Agosto).
La ortodoxia poética siempre habla de la voz poética. La propia palabra lo dice, voz, será por algo, ¿no? Y en “Tacto de Texto” fui un poco más lejos en ese sentido, porque metí códigos QR con vídeos. Al final es dotar al libro de algo más y, afortunadamente, hoy en día con las nuevas tecnologías se puede hacer.
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Un año después llega el libro “A viva muerte” (Baile del Sol). ¿Hay que entenderlo como un simple ejercicio creativo o te sirvió para exorcizar algún temor que tuvieras hacia la muerte?
Pues sí, lo segundo. Como buen virgo que soy, sufro de hipocondría (risas). Los años oscuros, esos ocho años en blanco de los que hablábamos, en las dos relaciones sentimentales tuve crisis de ansiedad, fruto de un estado de estrés muy grande. Eran prácticamente diarias. Esa sensación de muerte inminente, de creer cada día que te daba un infarto u otra cosa, provocó que un día me plantara y dijera que iba a por ella, en lugar de esperar a que viniera a por mí. Entonces empecé a escribir textos que me llevaran al momento de fallecer. Como decía Machado y dice Antonio Orihuela en uno de los prólogos del libro, cuando está la muerte tú no estás. Ese imposible me pareció un reto que la poesía pudiera conseguir llevar. Toda la primera parte del libro es un intento de acercamiento a esa especie de limbo, de ese momento eterno que es el de morirse. A raíz de eso, encontré axones que me llevaban a la concepción de la muerte a nivel cultural, de cómo la concebimos en Occidente, y también me resultó interesante trabajarlo en el libro. Al igual que el sufrimiento como una sensación de muerte diaria, muy presente en este sistema tan opresivo en el que vivimos. Sin olvidar que vivimos en una sociedad en la que parece que no nos vamos a morir nunca y que envejecer es una mierda porque pierdes todos los atributos que se valoran. Esa necesidad de dar presencia a la muerte, de que nadie hable de ella, me empujó a tirar del hilo.
A pesar de ser la muerte el eje central del libro, el humor tiene mucha importancia en el mismo.
La ironía siempre me ha parecido una manera inteligente de ver la vida, o por lo menos de hacerla más soportable. En “A viva muerte”, el humor tiene una doble vertiente. Por un lado, porque es algo muy maltratado por la ortodoxia poética y si haces un chiste tiene que ser para ti y para los siete que se han leído a Schopenhauer en integridad. Me interesaba el humor como una forma de disidencia, de quitar plomo a la poesía. Y, por otro lado, el humor como una forma de rebelarme contra la muerte. Saber que es lo más serio que puede haber, pero aún así mirarle a los ojos y reírme en su cara como una bravuconada que la licencia poética me permite. También, me di cuenta que estaba quedando un libro muy duro, muy trallero, y decidí levantar el pie del acelerador hacia la parte final, porque además el humor tiene una cosa cojonuda, relaja al lector o al oyente. Y una persona que está relajada, que confía en que le vas a hacer pasar un buen rato, no se ve venir la carga de profundidad que hay en un texto. Cuando termina, dice “sí, me he reído, pero lo que me ha contado no tenía ni puta gracia”. El humor rompe las defensa del lector.
¿La poesía tiene que tener siempre un compromiso social o político?
Para empezar debe de ser creativa. Tiene que decir las cosas de alguna manera que te llame la atención, que te mueva, porque para eso utiliza el lenguaje. Hago una crítica muy exacerbada a la poesía de la conciencia crítica, aunque la practique y admire a un montón de poetas que forman parte de ella, porque considero que lo explícito y lo crudo hay ocasiones en que se malinterpretan creyendo que sensibilizan y es todo lo contrario. Yo parto de que todo, absolutamente todo, es política. Cuando tiras un papel al suelo en lugar de hacerlo en una papelera estás haciendo política. La política no deja de ser la gestión de lo público, de aquello que es de todos. La autogestión de uno mismo es básica. Y, luego, hay cosas que me cansan. Yo no soy obrero. ¿Por qué voy a hablar de los obreros? Puedo solidarizarme con los obreros y hacer mil cosas más útiles por ellos que escribir un poema que hable de la clase obrera. Intento enfocar la crítica social o política desde la pasión, desde el corazón. No me gusta el panfleto en sí porque denigra el arte como si este no fuera de todos y todas. Y debe de serlo.
Tus poemas tienen una carga visual muy fuerte. ¿Durante el proceso creativo está presente esta imaginería visual?
Por supuesto. Hay compañeros poetas a los que envidio porque son megasensoriales, puedes oler lo que te cuentan, sentir el tacto,… pero yo soy más visual. Trabajo desde la imagen porque mi cultura básicamente es visual, nací con la televisión a pleno rendimiento. Lo que sí consigue el poema, que no la imagen, es que te pueda afectar más. Seguramente porque eres tú el que tienes que generarla.
Los primeros versos de tus poesías suelen tener mucha fuerza. En “El duelo”, por ejemplo, empiezas con “Hace 15 años que no lloro” y resulta difícil no querer seguir leyendo. ¿Cuidas mucho esos inicios?
Para mí, los poemas funcionan con un principio, un nudo y un desenlace, aunque no siempre sea así, ni mucho menos. En eso soy muy ortodoxo. Normalmente, el poema me viene a nivel conceptual, sé cómo lo voy a hacer. Cuido mucho el principio y el final. El principio tiene que ser muy potente y el final te tiene que dejar clavado. Valoro a los poetas que defienden que todo el libro tiene que tener la misma intensidad, pero soy de los que piensan que todo poema se la juega en su primera estrofa. Que continues leyendo o no, depende de ahí.
Hay un poema, “Aniquilación de lxs poetas caracoles zombies”, el más extenso del libro, en el que criticas con ironía a los poetas solemnes.
Ese poema lo escribí en una blackberry en un recital a 8 que vi en La Nau. Lo que ellos me estaban dando sólo me provocaba ese desprecio. Y me incluyo en la crítica porque los sermones también hay que dárselos a uno mismo. Pero es un poema muy dirigido a todos estos poetas, que son la inmensa mayoría, que son los principales responsables de que la poesía no sea un arte popular y de que, a día de hoy, se siga percibiendo como un arte coñazo, vacío, que no dice nada. La poesía académica, como toda academia, pierde muchas veces el contacto con la realidad, con lo que está sucediendo, con lo que está fresco. Hace poco, Carlos Marzal se despachó diciendo que la poesía que se hacía en los bares no era poesía. Hombre, ¡por favor! Ese tipo de cosas hacen necesario que escribiera este poema. Están dinamitando esta historia. ¿Vamos a tener que seguir hablando de mitos griegos? Al final, todas estas riñas por estética me parecen muy estériles, porque todas las manifestaciones, aunque estéticamente sean diametralmente opuestas a la tuya, tienen algún valor. Todo esto lo que provoca es que la poesía sea esa niña llorona que reclama, todo el tiempo, más atención.
Ese día en La Nau me pareció muy triste lo que estaba viendo. Todos los poetas de cara al público. No se miraban. No se escuchaban. Tenían una actitud protocolaria que representaba justo lo contrario de lo que debe de ser un poeta. Estaban encantados de sí mismos. Y eso era un reflejo de lo que ocurre en la realidad. Poetas que solo van con su circulito. Así nos vamos a pique. La poesía se va alejando de la gente. Hay que hacerse en un principio más accesibles para que el lector se acerque. Ahora mismo, la poesía más intelectual, o digamos más hermética, está todo el rato retorciendo el lenguaje y hablando, constantemente, de sí misma. Ha perdido el contacto con todo.
David Trashumante 03
¿Cuál es el estado de la poesía en Valencia?
Desde fuera ven Valencia como el vergel de la poesía. Y en algún sentido lo es. Hay muchos cenáculos, bares y espacios donde la gente se reúne para recitar poesía. Está el caso deIntramurs, que apostó desde el principio por la poesía y ha incorporado mucha en su programación. Otros festivales, como por ejemplo Russafa Escénica, a través de Ana Sanahuja, también han abierto su espacio a la poesía. Digamos que se ha popularizado en su práctica. Una práctica construída ajena, totalmente, a la poética oficial, tanto en valenciano como en castellano que ellos siguen en sus circuitos. Aunque ha habido bajas importantes como el Café Malvarrosa que cerró, pero sigue activo en otros proyectos, han abierto otros cientos. Nos encontramos con una ciudad con muchos recitales a la que le falta muchísima escucha. Y también, muchísima lectura. Me sorprende la gran cantidad de poetas que están todo el día recitando y no leen una mierda, o se leen entre sí.
Además, la comunidad poética está profundamente dividida. Tenemos la órbita de losmarzales que creen que la poesía solo se puede hacer en los museos, o los vicentegallegos, o Pre-textos que ya solo publican talentos jóvenes si llegan a través de algún premio. Las librerías siempre están muy activas. Y también la movida baretera muy intensa. Pero no se asocian todos. No se genera un circuito. No se consideran y siguen compitiendo. En este contexto, yo me declaro trashumante. Puedo ir a un recital a una galería de arte, como puedo estar en una librería, como en un bar. Toda la poesía me interesa. Además, necesito hacer un juicio. La gente en el mundo de la poesía suele hablar de oídas. No hay interés y consideración hacia el otro. Tampoco se lleva bien la crítica constructiva. El poeta es como un ente al que no se le puede criticar. Y luego están las envidias. Lo veo en cada edición deVociferio, que codirijo con Raul Lago. No vienen casi poetas. E incluso algunos se enfadan porque no se les invita. Lo normal es que vinieran a ver qué es lo que estamos proponiendo porque, a lo mejor, aprenden algo y asumen de una vez cuál es su lugar, porque hay gente que está trabajando la poesía, ahora mismo, de una manera sublime. Pero parece que solo haya que fomentar el localismo. Y eso es justo lo contrario del propósito de Vociferio. Este año, en junio, por cierto, el spoken word será el protagonista del mismo.
En definitiva, Valencia es como un carguero que va a la deriva, con un gran volumen de actividad, pero sin embargo no ves nada hermoso. En ese sentido, me he posicionado e intento promover trayendo muchos poetas de fuera de Valencia porque es necesario oír otras voces distintas a las de siempre. Estoy, también, trabajando con Pau Sif para establecer vasos comunicantes entre la poesía en valenciano y en castellano para que convivan en una misma escena. Además, estoy en la organización del Slam Poetry, en el Kaf Café, que es un concurso de poetas al que la ortodoxia le ha metido mucha caña porque dicen que la poesía no es competición. ¿Les tengo que recordar sus malditos concursos literarios? ¿Eso qué es? ¿Eso no es una competición? La diferencia es que en el Slam se compite desde una manera más lúdica y es el público el que decide con su voto. Para mí es un trabajo de base. Durante una hora y media o dos, tenemos a ochenta personas pegadas a sus asientos, en torno a la palabra. Seguramente no conozcan a Rimbaud ni hayan leído en su día a Ramoneda, pero en ese momento están ahí. Y eso les vincula a un movimiento que está emergiendo desde los bares, a los que un crítico de El País llamó “Los Intensitos”, que son un grupo de jóvenes, de unos 20 años, que siguen la estela de cantautores como Marwan o Diego Ojeda, que se han pasado a la poesía, y de fenómenos poéticos como Irene X, Luna Miguel, Escandar o el veterano Carlos Salem. En el fondo hacen una poesía muy testimonial, muy emocional, de hablar de sus cosas, desde una estética post-bukowskiana del alcohol, la noche, la luna,…muy sexual y gamberra, y se les ha puesto a parir. Yo rompo una lanza por ellos y recuerdo a los que les critican, que todos ellos empezaron leyendo a Neruda y aullando a la luna en sus poemas.
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jueves, 21 de enero de 2016

Bailando con Juan Carrasco de las Heras: "Esas “pequeñas oscuridades” emanan directamente de aquello que nos hace humanos".


      Baile del Sol.- Pequeñas oscuridades y una linterna es un libro conformado por un total de 31 relatos breves, ¿cuál sería su nexo de unión?
     
      Juan Carrasco de las Heras.- El de la naturaleza humana y cotidiana de cada uno de ellos, sin duda. Esas “pequeñas oscuridades” emanan directamente de aquello que nos hace humanos.

      BdS.- Muchos de los personajes nos resultan cercanos, ¿de dónde salen?

JCH.- Unos salen de mi imaginación y otros de la realidad más próxima, pero todos ellos tienen como origen las vivencias y las historias que generosamente me regala el día a día.

      BdS.- También hay espacio para lo fantástico, lo inesperado, en los cuentos, ¿cuál es tu intención con esas inclusiones?

JCH.- Pretendo que el lector se pueda identificar lo más posible con estas narraciones y que las haga suyas, y no hay mayor forma de respetar la inteligencia de quien te lea que no explicarle las cosas como si no fuese capaz de llegar a sus propias conclusiones. Yo propongo los giros y las ensoñaciones a veces imposibles, y el lector dispone.

BdS.- La mayoría de los relatos se convierten en un enigma que solo es desvelado al final, ¿conviertes al lector en cómplice de tus historias?

JCH.- Eso es, son relatos fundamentados en pequeños elementos muy reconocibles, en sensaciones, en sentimientos que cualquiera tiene o ha tenido a lo largo de su vida.



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      BdS.- Sin desvelarnos mucho del relato… ¿cuál sería la linterna que alumbra esas pequeñas oscuridades?

JCH.- La linterna global que alumbra el libro es la esperanza…  y la linterna tangible, mi pequeña broma particular, es el último relato del libro, cuyo título lleva referencia directa.


"La linterna global que alumbra el libro es la esperanza."

BdS.- ¿Qué ventajas consideras que tiene el relato breve frente a otros géneros literarios?

JCH.- Es asequible a todo tipo de públicos y fácil de leer en cortos espacios de tiempo.

BdS.- ¿Cuáles son tus referentes como escritor?

JCH.- Soy consumidor de gran diversidad de géneros y autores, disfruto y respeto sus trabajos y quizá sea por ello que nunca me he planteado referentes, no soy partidario de mitificar o centrarme en determinado tema, procuro que todo llegue de la manera más natural.


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jueves, 14 de enero de 2016

Bailando con Francisco L. Pozo: "Uno de los posibles leitmotivs del libro podría ser ese amor por las palabras inservibles".

Baile del Sol.- Para ver nacer el cataclismo es un poemario reunido tras muchos años de silencio poético, ¿por qué te decidiste a publicarlo?

Francisco L. Pozo.- Fue a partir de la muerte de mi hermano Antonio en 2007 cuando volví a sentir la necesidad  de escribir y leer poesía - casi 20 años después de haber sido el poeta adolescente que escribiera el librito Espelunca. Fue un proceso lento, sin prisa, íntimo, en solitario, sin apenas comunicación e intercambio con otros poetas. En 2009 puse en marcha mi ya extinto blog http://poesiamovimientoperpetuo.blogspot.com, precisamente con la idea de retomar el contacto perdido con la multidiversa comarca poética; mucho más tarde llegaría Facebook.
Solo hacia 2010 la escritura y reescritura de nuevos y viejos poemas fueron tomando forma de libro, y es a finales de 2012 cuando doy por finalizado todo este regreso al futuro, este ca- cami -caminar del camaleón por  la delgadísima  rama de la poesía, planteándome su publicación con el título de Para ver nacer el cataclismo.
En resumen, creo que el motivo de querer publicar un libro debiera ser siempre el de ponerse a escribir otro; en mi caso, Para ver nacer el cataclismo, ha significado el retorno a la casilla salida de un viaje interrumpido, el amor inútil pero eterno por las palabras inservibles, y el deseo de perseverar tan, tan despacito.
 Y es aquí y siempre cuando debo agradecer enormemente a Baile del Sol, la apuesta por publicar a un poeta joven de casi 50 años, oculto, desconocido y de errática - en todos los significados posibles-, trayectoria.

 BdS.- Los poemas nos acercan también de alguna manera a ese silencio y a un espacio natural muy íntimo y particular, ¿no es así?

FLP.- He de aclarar que si bien fue la muerte tan joven de mi querido hermano la que provocó -tal vez -, mi regreso a la escritura, Para ver nacer el cataclismo no se tata de un libro elegiaco; aunque dedico una parte del libro a su memoria, solo un par de poemas le mencionan y únicamente  en mis poemas más recientes he podido abordar poéticamente su recuerdo.
Lo que intento en el poemario es cerrar un círculo, un viaje de ida y vuelta a través de varios paisajes tanto físicos como sentimentales: el Bierzo más rural de mi infancia, la juventud en el Madrid de los 90, y años más tarde de nuevo regreso al Bierzo de la burbuja inmobiliaria y la crisis a partir de 2008, económica, laboral y lo peor, sentimental: la muerte de Antonio, mi separación y divorcio, etc.
Y sí, la mayoría de los poemas están escritos por un hombre solo, en el silencio de una casa vacía, acaso roto por el murmullo hiriente del frigorífico; un hombre solo que ve desde su ventana, afuera, más casas vacías con más seres silenciosos y aturdidos en mitad del espejismo de una idílica llanura - un descampado en realidad-, y al fondo, la ciudad de las puertas frías, con  su centro comercial y sus días del engaño. Y más allá, ese hombre solo, ve desde su ventana, unas montañas que le esperan...para ver nacer el cataclismo.
  
BdS.- Se observa una intención de precisión lingüística y hasta podríamos decir de recuperación del lenguaje, ¿qué intención tienes en este sentido?

FLP.- Efectivamente, uno de los posibles leitmotivs del libro podría ser ese amor por las palabras inservibles. Creo que lo único que posee el poeta es el lenguaje, las palabras, Y puede poseerlas todas. No sólo las ultralíricas. En los poemas del Cataclismo las hay ancestrales, científicas, inventadas, imposibles...Típula o invernía pueden ser tan poéticas como gargajo, felpudo o chundachunda...Bueno, en realidad debí escribir esto último a la viceversa.
Y a esto me refiero, a retorcer el lenguaje, a jugar con las palabras, a comérselas, Ellas son nuestro único alimento...



BdS.- Llama también la atención el hecho de que los poemas terminen con comas en lugar de puntos, ¿podríamos hablar de un único poema?

FLP.- Creo que no exactamente. Como decía anteriormente, Para ver nacer el cataclismo es un intento de resumir diferentes tiempos y espacios; el poemario está divido en cuatro partes, subdivididas a su vez en diferentes agrupaciones de poemas, enmarcados por un poema de inicio y otro final muy similares; estos dos poemas de apertura y cierre, la - prácticamente- ausencia de títulos o numeración de los poemas, y el uso de la coma como única puntuación, además de ir al final de cada último verso, son recursos visuales que creo ayudan a reforzar ese aspecto circular del libro. Y a crear esa sensación de un único poema.

BdS.- Encontramos algunos poemas en prosa que cuentan pequeñas historias, casi como microrrelatos que, sin embargo, parecen conservar el ritmo interior de la poesía, ¿hay alguna diferencia entre ellos y el resto, escrito en verso?

FLP.- Creo únicamente reconocer como microrrelato el poema del pacto de Pulgarcito con la bruja, que a su vez es, posiblemente, el poema más dispar de todo el libro.
Esos otros poemas en prosa que a los que te refieres, los que conforman la serie titulada No Estás Aquí Para Siempre, fueron escritos inicialmente en verso, y finalmente adquirieron ese aspecto de texto en prosa. Esos poemas, excepto tres, son los poemas más antiguos, escritos justo antes de iniciar ese largo silencio del que ya he hablado. Han conservado su música original pero por el camino perdieron su dibujo en verso.


"Y a esto me refiero, a retorcer el lenguaje, a jugar con las palabras, a comérselas, Ellas son nuestro único alimento..."



 BdS.- Roberto Bolaño, Chantal Maillard o María Zambrano son nombres mencionados en tu poemario. Háblanos de tus referentes literarios.

FLP.- Excepto las citas que abren el libro - el verso de Philip Lamantia y las canciones de Foo Fighters y Kasabian-, el resto de citas están agrupadas en la breve serie de poemas titulada Citaródica. Es ahí donde aparecen los autores que nombras, además de Carlos Barral y Vítor Manuel de Aguilar e Silva. El hallazgo casual de estas citas, -el verso de Chantal Maillard me parece sublime, bestial-, me permitió en los poemas de Citaródica jugar con los textos y versos de estos autores, en una especie de diálogo íntertextual y metaliterario, que creo explica muy bien el espíritu de mi propio libro y el modo de escribir estos poemas del Cataclismo.
Aunque - por supuestísimo-, admiro a estos autores, si hablamos de referentes literarios tendría que nombrarte a otros poetas. Tal vez: César Vallejo, Carlos Edmundo de Ory, Pedro Casariego Córdoba, Miguel Suárez, Juan Gelmán, Clara Janés, Paul Celán, Ted Hughes,...


BdS.- También te interesa la fotografía, el diseño gráfico y la poesía visual, ¿qué encuentras en estos diferentes lenguajes artísticos?

FLP.- Hoy por hoy el único proyecto artístico que me interesa es el de seguir escribiendo poesía.
Sí que es verdad que la fotografía y el diseño gráfico me han atraído desde siempre, pero  aparte de leves intentos, nunca ha llegado a cuajar un proyecto serio ni laboral ni artístico en este sentido.
No obstante creo que, en lo referente a la poesía y el lenguaje poético, se avecina un cambio profundo -tal vez un cataclismo-, que de alguna manera involucre definitivamente a estos diferentes lenguajes artísticos en uno solo y nuevo.
Sea como fuere, yo siempre he entendido la poesía como algo visual, y en algunos de los poemas del libro se ve perfectamente ese intento gráfico. De hecho, toda mi producción posterior al libro -que permanece inédita-, y los poemas que escribo en la actualidad van en esa dirección. Ya veremos a dónde llegan, si es que llegan a algún sitio.

 BdS.- ¿Es útil la poesía para ver nacer el cataclismo?

FLP.- Precisamente útil, junto con el de sagrada, son los adjetivos que a mí, personalmente más me  cuesta utilizar en cualquier intento de definir la Poesía.
En mi caso, y supongo que como le ocurre a la mayoría de los poetas, el acto de escribir poemas se presenta como una necesidad casi primaria, que tal vez tenga su origen en algún desajuste mental.
Sea como sea, espero que, llegue cuando llegue por fin el cataclismo, al menos me pille con un libro de poemas entre las manos.

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martes, 12 de enero de 2016

Reseña de ABRAZANDO VÉRTEBRAS, de Alberto García-Teresa en Ocio zero

Reseña del poemario de Alberto García-Teresa publicado por Baile del Sol
Aunque no deja de lado los aspectos sociales que tanto marcan la poesía de Alberto García-Teresa, da la impresión de que Abrazando vértebras es una obra más intimista, más emocional en algunos sentidos. Una emotividad que tiene sus aristas, su lado inquietante y aterrador, tal y como indica su perturbador y entrañable título, pero sobre la que se impone, gracias a su franqueza, cierto positivismo, aunque solo sea por la energía que genera y que mueve a despertarse, a batirse.
En sus páginas reencontramos los paisajes urbanos y opresivos de otros trabajos, esa asfixia cotidiana que mata la creatividad y la libertad personal y contra la cual se rebela el poeta. También la crítica aguda y sensible frente a la acidez de un sistema pensado para la producción, la alienación y el engranaje. Son elementos que, en buena medida, se adivinan indisolubles de la persona y que han de estar ahí. No obstante, esta es la protagonista.
Abrazando vértebras - Alberto García-Teresa - Baile del solAbrazando vértebras es una obra en primera persona, una obra a pecho descubierto, honesta y sencilla y al mismo tiempo demoledora. Es un grito en mitad de la rutina, es una mirada brillante entre la inacabable paleta de grises. Su estilo es asequible y cercano, lo que contrasta con la fuerza con la que transmite. No necesita grandes artificios para generar belleza, ni tampoco ser demasiado explicativo para transmitir: los versos comunican directamente con el lector y suenan nuevos a pesar de transitar por terrenos que, desgraciadamente, nos son muy cercanos a los que hemos vivido en el estrés de las ciudades.
Poesía urbana y reivindicativa, es un canto a la esperanza pero a modo de desafío. Discrepa con el orden establecido, con la inercia social, pero no se lamenta o ruega por tiempos mejores, sino que se subleva y estimula para que nos pongamos en movimiento para vivirlos, para reinventar, para buscar nuevas perspectivas.
Por la calidad de su escritura y la fuerza de sus imágenes, Abrazando vértebras es un poemario que se disfruta en una primera lectura, en la que engancha y transporta mientras sigue creando, con paciencia y tesón, su imaginario, dando cuerpo a su esencia, y que deja con ganas de revisitarlo más adelante, con calma, para redescubrir algunas de sus imágenes y encontrar nuevos matices a los poemas.
En definitiva, una obra muy recomendable para aquellos que disfrutan de la poesía que, más allá de la belleza estética, se encuentra sumida también en la búsqueda de una belleza social y humana que está ahí, al alcance de nuestras manos.

domingo, 10 de enero de 2016

Reseña de CONTRA VISCONTI, de J.J. Sánchez en La Víbora Celta




Que la escritura no es ya un lugar, un espacio, una región del privilegio y lo exclusivo del verbo primero, natural, inicial y fundacional, ni siquiera un origencuyo linaje real derive de los dioses, un cielo monárquico y aristocrático donde se subliman las esencialidades de la palabra pura, blanca, limpia y trasparente, portadora de la verdad como eternidad, y antagónica a las formas simples de la historicidad efímera de la contingencia. Que no es ya, una Poesía hermética que se escribe con mayúsculas esféricas y pesadas, letras de tinta oscura, espesa, densa, y plumas voluminosas como egos desmedidos, sin impurezas, trazos externos, rupturas, discontinuidades, tropezones, sesgos, cortes, heridas, injertos, trasplantes, diferencias, transiciones, otros, alteraciones, germinaciones foráneas y demás... Es algo evidente que J.Jorge Sánchez, muestra, enseña y señala, en el trascurso cálido y abrigado, de flujo torrencial, de su propia poética. Una prosa poética que tildarla de ortodoxa sería una falsedad y un error absoluto, casi un agravio, una calumnia, hacia su conseguida pretensión. Y dignificarla, como se dignifica a una yegua con la marca del hierro candente, en un acto de impostura poética, como poesía marginal, fronteriza, lindando con los límites, y encasillarlo en ese grupo tan estereotipado como molesto, del poeta maldito o el sujeto dañado, sería ensanchar y extender la mentira, aceptando y asumiendo, disfrazada y soterrada, la terminología ortodoxa. Tragándonos el sapo. Bajo un manto de hipócrita intencionalidad política, y quizás, hasta mezquina pereza filosófica. Como bien subyace de las palabras del autor, la oposición maniquea entre la ortodoxía y la heterodoxía poética, juega en un mismo origen mítico y fabulador de la poesía, entendida como esencialidad y verdad. Con la ignominiosa función de imponer una jerga de la autenticidad; una identidad fuerte hacia el Mito de la poesía, también del poeta, y sus figuraciones hiperbólicas e hipertróficas.     

El texto Contra Visconti, más allá de ser una pieza para el goce y el placer de leer, combinando con afinado ingenio la intensidad y la claridad (cortesía del filósofo que diría Ortega) de la escritura, pequeños pildorazos de belleza desublimada; lo que realmente nos propone, así, en el contenido que hay detrás, entre, o en, las palabras, es abandonar los índices escatológicos de la poesía y de la política. Sus signos y gestos de salvación (gracia) o condena, y atender a su singularidad, su interioridad y exterioridad, sus adentros y sus afueras, lo que la tradición ha determinado como poético y su desecho, los escombros, lo excluido como no-poético, extrapoético, pospoético; y entenderlo como posibilidad y multiplicidad poética. Abandonar las mitologías, los juegos de suma cero, los binomios autocomplacientes de los letrerillos, y atender, a su condición parasitaria, zombi, paleográfica, carroñera, a su repetición y citabilidad, a su copia y su alteridad (sin llegar nunca a síntesis superiores o reconciliaciones forzadas) propia de lo real. Como bien dice el autor - Descorrer el velo de Maya de la Poesía nos deja ante la poesía de nuevo solo que de "otra manera" ante "otra geografía". Todo el tronco, grueso y suave, de su escritura, pretende, en un feliz acierto, convertir, o mejor aún, reconvertir, recuperar, los objetos ordinarios, las pequeñas cosas, los detalle repetidos, las débiles identidades de lo vidrioso y lo frágil que construyen nuestramundanidad, o cotidianidad, en objetos poéticos, que lo son de hecho y por derecho, siempre que el que empuñe la pluma, la empuñe como la espada del caballero; honrado y sibilino. Mejor visto está en sus propios sintagmas - Toda materia es objeto de materia poética / Ninguna forma es sujeto de la forma poética. De tal modo, su poética gravita y parasita entre grandes nombres de la filosofía, grandes sueños e ideas políticas, cine comercial (aunque de grandeza estética incuestionable), series de televisión, personajes históricos, poetas clásicos, otros desconocidos, actrices pop, deportistas, lugares de descanso, personajes de cómic, escenas domésticas, y sobre todo, un modo, una manera, una concepción cuidada y destilada de lo poético, del objeto poético en cuanto tal, ausente de fetiches y adornos de cualquier tipo.  En todo caso, la mejor forma de conocerlo es leer su corpus poético, también político, y por supuesto reparar en su epílogo, El Velo de Maya y el Ocaso de la Poesía; un texto final que tras su lectura nos reclama y exige un segundo paseo por la obra, desde el inicio. Pues es también un libro de relectura, de consulta, de inspiración, de goces y placeres artesanales, y desde luego, un negación a la escatología política y poética; una honda reflexión política ilustrada con objetos poéticos (que son todos), alejado de prosas vagas, retóricas, y estetizantes.    

Al margen de las coqueterías conceptuales, me gustaría resaltar los aspectos más superficiales, pero no por ello menos interesantes, de la obra; pues la parte corporal y física es casi igual de importante que la intangible, si se quiere, espiritual. La edición es sobria, estilizada y refinada; así lo muestra la portada, diáfana, abierta, uniforme, con una imagen simple, una colilla consumida vencida por la fuerza, pero acertada, concreta. Los dedos se deslizan acariciando la textura de las hojas, rugosas y crujientes, de un papel hidratado; de la misma manera, cercana y cómoda, con que se leen los poemas, gracias a la disposición de unas letras redondeadas y opulentas, humildes y reposadas. Con el privilegio y autoridad que da el espacio; un fondo de papel abierto que permite el baile articulado de las palabras y los nudos de marinero del lenguaje poético en cada una de sus claras páginas. Una edición cuidada y mimada, recostada, tranquila, como la que la poesía requiere. 

El libro puede encontrarse aquí, y pronto en librerías. A su vez, J.Jorge Sánchez, también es autor y productor de un cuaderno de notas: Bajo la Lluvia

Y para terminar, una muestra de su poesía (puede encontrarse también aquí):


                                              " LA ARENGA DE ARAGORN 

Sentado en el sofá, mi hijo se emociona.
En la pantalla Aragorn, hijo de Arathorn,
arenga a los Hombres ante la Puerta Negra:

<< Hijos de Gondor y de Rohan,
mis hermanos,
veo en vuestros ojos
el mismo miedo que encogería mi propio corazón.

Pudiera llegar el día en que el valor de los hombres
                                                                               [decayera,
en el que olvidáramos a nuestros compañeros
 y se rompieran los lazos de nuestra comunidad.

Pero hoy no es ese día.

En que una horda de lobos y escudos rotos
rubricaran la consumación de la edad de los hombres.

Pero hoy no es ese día.

En este día lucharemos.

Por todo aquello que vuestro corazón ama de esta buena
                                                                                   [tierra,
os llamo a luchar,
hombres del Oeste.>>

Las palabras parecen plenas de significado,
capaces por sí solas de sustentar el mundo
y el crío parece intuirlo.

No parece el momento de romper el hechizo
y explicarle que la arenga no aparece en ningún lugar de 
                                                          [The Lord of the Rings,
que es una burda imitación de la del Harry V de 
                                                                        [Shakespeare,
que el efecto cinematográfico buscado
ha sido minuciosamente construido
y se ampara en trucos fraudulentos.

Mas, sobre todo, no es tiempo, todavía,
de contarle que ese día
en que los lazos de nuestra comunidad
se rompieron
y olvidamos a nuestros hermanos
ya aconteció
y que la edad del Hombre tal vez esté presta para su
                                                                       [consumación
aunque no aúllen los lobos y los escudos no hayan sido
                                                               [todavía quebrados.

Pronto lo será.

Mientras, descansaremos en compañía de Aragorn y los
                                                              [Hombres del Oeste. "

(Un poema de J.Jorge Sánchez; en Contra Visconti, ed. Baile del Sol, 2015) 

http://laviboracelta.blogspot.com.es/2016/01/contra-visconti.html

miércoles, 6 de enero de 2016

Bailando con Carlos Candiani: "He visto lo que hay en la brevedad, en ese universo extraño y hermoso que es el microrrelato"



Baile del Sol.- Lo primero que nos preguntamos cuando nos encontramos con El libro de Balieri es ¿quién es Balieri?

Carlos Candiani.- Balieri es la persona que se mira frente a un espejo. Balieri es una persona que es todas las personas al mismo tiempo. Es el protagonista, pero es también el lector. Balieri eres tú y soy yo. Es el taxista de Madrid que me contó un sueño antes de dejarme en Plaza España, el librero en Ciudad de México que puede encontrar cualquier título en una desordenada montaña de libros de la colonia Tabacalera y es el poeta que vive en Lima y que ama y odia su ciudad al mismo tiempo. Es la imaginación dentro de la imaginación. Balieri ya no es la persona que se mira en el espejo, Balieri es el reflejo.

BdS.- Además de este protagonista común, ¿qué nexo de unión tienen los relatos que componen el libro?

CC.- Nexos, en plural. Hay muchos caminos en este libro. Los nexos son los grandes temas, mis grandes temas. La búsqueda de uno mismo, la música, la pintura, los grandes escritores que han marcado mi camino literario. Otros autores dicen que el nexo es el surrealismo, otros que la metaliteratura o el realismo mágico. Nunca he sido bueno para las etiquetas, me gusta que una lectora me haya dicho que para ella los relatos no son independientes, me gusta tanto como la experiencia de las personas que saltan de cinco en cinco las páginas o que lo han comenzado por el final. Siempre quise escribir un libro que se pueda tener a la mano en la habitación y que se pueda abrir en cualquier página para que el azar o la incertidumbre formen parte de la lectura.

BdS.- El estilo y los temas nos llevan a recordar a algunos de los mejores escritores de cuentos, sobre todo latinoamericanos... ¿qué autores son tus referentes?

CC.- Es difícil separarse de las lecturas o de las personas que han influenciado nuestra forma de escribir y la manera en que enfrentamos ciertos temas. Este libro no hubiera sido posible sin mi acercamiento a David Lagmanovich, Eduardo Galeano,  Augusto Monterroso y Julio Cortázar. Los géneros que exploro, el relato, el microrrelato y la poesía, se fusionan, así que también están Juan Gelman, Alí Chumacero e Ida Vitale. Pero no sólo la literatura latinoamericana está presente, pues no me puedo apartar de la influencia de Raymond Carver o de Wislawa Szymborska.

Puedo seguir con este tema. Hablar sobre las mujeres y hombres de letras a los que regreso de forma constante es, quizá, mi forma preferida de pasar el tiempo. Cuando alguien comienza a hablar sobre alguno de mis cuentos o de mis poemas, no puedo evitar interrumpir con una doble pregunta: “¿Y qué otra cosa estás leyendo, cuáles son tus autores preferidos?



BdS- ¿Por qué has elegido el relato breve?, ¿qué ventajas narrativas te aporta este género?

CC.- Para mí, el relato breve, microrrelato, microcuento o minicuento (me parece un guiño lleno de belleza que el género tenga varios nombres) no es una casualidad. No busco que el texto tenga la posibilidad de extenderse. Ha pasado, por supuesto, que lo que pienso que será un relato breve se transforme y entonces me vea obligado a profundizar más en la historia, pero creo que ha sido más por un capricho o porque he conectado, sin pretenderlo, en un cerrar de ojos, con algún personaje en particular. Lo normal, repito, para mí, es que lo que nace en mi imaginación como un relato breve se quede en relato breve. Lo elijo porque he visto lo que hay en la brevedad, en ese universo extraño y hermoso que es el microrrelato. Elegí al microrrelato por amor al microrrelato, se puede decir, aunque también hay que saber disfrutar del desafío de decir mucho con poco. El género tiene la ventaja del relámpago, de la estrella fugaz, pero es muy importante acompañarlo de la reflexión, del autoconocimiento, pues se corre el riesgo de no decir nada, de no redondear.

BdS- ¿Cómo está siendo tu experiencia con la publicación de "El libro de Balieri?

CC.- Ha sido una etapa llena de aprendizaje. Nunca había enviado uno de mis libros a una editorial. Con sinceridad, puedo decir que desconozco el proceso que comienza cuando se termina un libro (si es que eso es posible) y que acaba en su publicación. Había publicado relatos en revistas literarias, poesía aquí y allá. Tengo varios años escribiendo columnas sobre los escritores que me han marcado y cada espacio en el que me han abierto las puertas ha sido una gran experiencia, pero enviar libros a las editoriales, descubrir ese mundo, ha sido todo un proceso: elegir las editoriales que me interesan, las que cuentan con las colecciones, el enfoque y el género que necesito fue un largo primer paso. Baile del Sol, en este sentido, ha sabido lidiar conmigo y me ha acompañado desde el día en el que comité editorial le dio el –sí- a Balieri. Ha sido algo muy positivo. Me agradaron la comunicación, las formas, la portada, todo.


"Elegí al microrrelato por amor al microrrelato, se puede decir, aunque también hay que saber disfrutar del desafío de decir mucho con poco. El género tiene la ventaja del relámpago, de la estrella fugaz, pero es muy importante acompañarlo de la reflexión, del autoconocimiento".



BdS- Tú vives en México, ¿por qué te decidiste a publicar en España?

CC.- España es un lugar muy especial. No importa en qué parte del país me encuentre, siempre me siento como en casa. Viví en Madrid durante tres años y El libro de Balieri tomó forma en un piso de la calle Núñez de Balboa. Madrid es algo inseparable de muchos de estos microrrelatos. Espero publicar en México, pero El libro de Balieri le pertenece a Madrid. 

BdS- ¿En qué proyecto literario estás en estos momentos?

R: En España escribí un poemario al que le estoy dando vueltas. Estoy como Borges, que podía pasar mucho tiempo revisando un poema para al final quitarle una coma que le volvía a colocar al día siguiente. Es un trabajo de reconocimiento, no es algo que esté naciendo. Mi labor como corrector de estilo ocupa mucho tiempo: sigo esperando al mecenas del que habla Virginia Woolf en Una habitación propia, pero estoy con un nuevo libro de relatos. Hace unos meses estuve en Escocia y me traje una maleta llena de ideas. Me sorprenden las ciudades como Edimburgo, que parece que sólo hay que levantar los relatos del suelo y sacudirles el polvo. Ese lugar está lleno de literatura. Me pasa lo mismo en Ciudad de México o en Madrid. Ya lo dijo Pío Baroja cuando un joven le preguntó qué se necesita para ser escritor: «Vaya a Madrid y póngase a la cola». Yo fui a Madrid y me formé con un montón de libros. Conocí a mucha gente en esa cola (o fila, como le decimos en México). Fue una experiencia maravillosa.


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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Bailando con Jesús María Cormán: "El mejor abono para la poesía es la vida, en toda su dimensión".



Baile del Sol- Los poemas que aparecen en La leña helada nos hacen pensar en escenas descritas desde un observador que contempla el paso del tiempo y también la complejidad de las relaciones, ¿es esa tu intención?

Jesús María Cormán.- Sin duda. Son dos de los elementos que más me interesan a la hora de acercarme al texto: el tiempo y la manera en que lo utilizamos para relacionarnos. Pienso en el poema como en una atalaya, un punto privilegiado de observación desde el que certificar lo que les ocurre a los individuos en su afán de relacionarse, o por qué no, en su rechazo a hacerlo.
Me gusta pensar en mis poemas como pequeñas ficciones. Poemas escritos por personajes independientes, con libertad de movimientos, ajenos a mí, que por momentos se detienen ante la cámara, interaccionan entre ellos durante un instante –incluso con su autor- para luego disolverse.

BdS.- Encontramos despedidas y desencuentros relatados incluso antes de que se produzcan, ¿estamos condenados al adiós?

JMC.- El adiós es parte del encuentro. Relacionarse en pareja, o no en pareja, es una despedida anunciada. La muerte, en el caso más extremo, se encargará de ello. Las relaciones no son circunferencias, son segmentos con principio y final, con dos extremos concretos, aunque de distancias variables. A veces, esos extremos se hallan muy separados, otras, no tanto. Relacionarse jamás es un bucle.


"Pienso en el poema como en una atalaya, un punto privilegiado de observación desde el que certificar lo que les ocurre a los individuos en su afán de relacionarse, o por qué no, en su rechazo a hacerlo".


BdS- Son poemas muy narrativos, alguno incluso con descripciones curiosas, como en el caso del poema Agua dulce, en el que se describe a un pez de modo enciclopédico para finalizar con una conclusión poética. ¿Está la poesía en la mirada del poeta?

JMC.-Pienso que la poesía –pero también un cuadro o una película- comienza en la mirada del poeta pero termina en la mirada del lector; con lo que cada poema es uno, pero también es un número indefinido de poemas. Un poema es un recorrido entre el poeta y el lector.
La construcción del poema al que te refieres –Agua dulce- es un caso curioso. Vi un documental en televisión sobre estas criaturas que viven en el Amazonas, y me impresionó muchísimo. Se mostraban imágenes reales de la actividad de estos pequeños peces que pueden devorar a seres vivos que multiplican su tamaño –entre ellos el ser humano- incluso sin que hayan muerto, con sólo bañarse en sus aguas. Es sólo una cuestión de tiempo.
Aquello era, sin duda, una gran metáfora de la vida, de muchas relaciones que parten descompensadas, pero que avanzan, se desarrollan y, fatalmente, se depredan desde el interior.
Quise que el poema tuviese un arranque, sí, de corte enciclopédico, aséptico, para desembocar en esos personajes, tan cercanos, reconocibles, que por un momento son pura sensualidad y están únicamente entregados a su presente inmediato, sin cuestionarse lo que acecha en el futuro.
  
BdS.- ¿Es posible, o útil, hacer arder la leña helada?

JMC.- Es posible, útil, e incluso necesario hacer que la leña arda, aunque requiera  mayor esfuerzo que el que se necesita para hacer arder unas ramas secas. El esfuerzo tiene un plus en la recompensa. ¡Qué sería de nosotros si todo en la vida nos viniera dado con un chasquear de dedos! En cualquier caso, hay leña que –seca o helada- no arderá jamás por falta de lumbre.

BdS.- ¿Qué abono es mejor para la poesía el amor o la soledad?

JMC.- El mejor abono para la poesía es la vida, en toda su dimensión. La vida con la muerte, claro. Como el amor con el desamor, o con el odio. Como la soledad con la compañía, o incluso con lo inconcreto de la multitud. La verdad con la mentira. El fuego con el hielo. Todo aquello  que configura nuestra condición humana, abona un poema. 

BdS.- Utilizas imágenes muy sugerentes y hasta arriesgadas en los poemas, ¿de dónde surgen?

JMC.-No soy consciente de ello. Pero intento que la imagen sea honesta: poderosa y honesta; no me cuestiono si es “poéticamente correcta”. A veces es una situación observada en la calle, en un bar, en el periódico, o en la sección de congelados de un supermercado. Da igual. Es posible construir un poema con cualquier imagen: hasta con un pececillo que invade las vísceras de un hombre, introduciéndose en ellas a través de su uretra. Toda estrategia es válida con tal de hacer el recorrido hasta el lector y lograr que no sienta indiferencia por lo que ha leído.



BdS- Eres un artista que trabaja en muchos ámbitos: pintura, narrativa, letras de canciones..., ¿qué supone para ti la poesía como espacio expresivo?

JMC.-Siempre he pensado que la poesía es el ámbito en el que mayor libertad tengo. No le pido nada. No quiero ninguna recompensa: ella es la recompensa. Yo entiendo que la publicación de un libro de poesía es una celebración; algo parecido a un intercambio de deseos: el de querer ser escuchado, y el deseo  de quien busca una voz que escuchar, y la encuentra.
Pintar en cambio, cuando formas parte del engranaje del mercado, te obliga a desarrollar una mentalidad que rara vez logra el grado de libertad que, en mi caso, me proporciona la poesía. No quiere decir que sea un deshumanizado  trabajador a sueldo como pintor, pero me auto impongo ciertas disciplinas, para que las cosas funcionen. Y es preciso decir que me siento más pintor que otra cosa… Aunque esto también sea relativo: Jorge Oteiza es mundialmente conocido como escultor, pero él se sintió, sobre todo, poeta. Y su poética está a la altura de su obra plástica, aunque gran parte de los que veneran su escultura la hayan leído alguna vez.
Y como escritor letras de las canciones, qué decir…! Aquí sí que hay demasiados condicionantes para los que no siempre tienes capacidad de maniobra. Siendo un poco jocoso, diría que trabajas con las palabras, pero que pocas veces tienes voz ni voto. Pero no sería justo decir que no he disfrutado con ello. Es más, en este momento –después de cuatros años alejado de la música- estoy envuelto en un proyecto musical en el que estoy disfrutando mucho… aunque de momento no voy a decir más.

BdS- Tormentas, huracanes, naufragios, lluvias violentas, hasta el hundimiento del Titanic... ¿así ves las relaciones de pareja?

JMC.- ¡No, claro! No todas las parejas son iguales, afortunadamente. Pero aunque es cierto que hay muchos poemas en los que aparecen parejas en crisis absolutas –crisis algunas, incluso en estado de congelación- también es verdad que hay poemas en este libro que son apuestas decididas por el amor, como Equilibrio o Caronte.

BdS- ¿El arte, la poesía, se ocupan de cuidar espejismos?


El arte y la poesía deben aspirar a regar desiertos con el agua de sus propios espejismos.


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