jueves, 14 de enero de 2016

Bailando con Francisco L. Pozo: "Uno de los posibles leitmotivs del libro podría ser ese amor por las palabras inservibles".

Baile del Sol.- Para ver nacer el cataclismo es un poemario reunido tras muchos años de silencio poético, ¿por qué te decidiste a publicarlo?

Francisco L. Pozo.- Fue a partir de la muerte de mi hermano Antonio en 2007 cuando volví a sentir la necesidad  de escribir y leer poesía - casi 20 años después de haber sido el poeta adolescente que escribiera el librito Espelunca. Fue un proceso lento, sin prisa, íntimo, en solitario, sin apenas comunicación e intercambio con otros poetas. En 2009 puse en marcha mi ya extinto blog http://poesiamovimientoperpetuo.blogspot.com, precisamente con la idea de retomar el contacto perdido con la multidiversa comarca poética; mucho más tarde llegaría Facebook.
Solo hacia 2010 la escritura y reescritura de nuevos y viejos poemas fueron tomando forma de libro, y es a finales de 2012 cuando doy por finalizado todo este regreso al futuro, este ca- cami -caminar del camaleón por  la delgadísima  rama de la poesía, planteándome su publicación con el título de Para ver nacer el cataclismo.
En resumen, creo que el motivo de querer publicar un libro debiera ser siempre el de ponerse a escribir otro; en mi caso, Para ver nacer el cataclismo, ha significado el retorno a la casilla salida de un viaje interrumpido, el amor inútil pero eterno por las palabras inservibles, y el deseo de perseverar tan, tan despacito.
 Y es aquí y siempre cuando debo agradecer enormemente a Baile del Sol, la apuesta por publicar a un poeta joven de casi 50 años, oculto, desconocido y de errática - en todos los significados posibles-, trayectoria.

 BdS.- Los poemas nos acercan también de alguna manera a ese silencio y a un espacio natural muy íntimo y particular, ¿no es así?

FLP.- He de aclarar que si bien fue la muerte tan joven de mi querido hermano la que provocó -tal vez -, mi regreso a la escritura, Para ver nacer el cataclismo no se tata de un libro elegiaco; aunque dedico una parte del libro a su memoria, solo un par de poemas le mencionan y únicamente  en mis poemas más recientes he podido abordar poéticamente su recuerdo.
Lo que intento en el poemario es cerrar un círculo, un viaje de ida y vuelta a través de varios paisajes tanto físicos como sentimentales: el Bierzo más rural de mi infancia, la juventud en el Madrid de los 90, y años más tarde de nuevo regreso al Bierzo de la burbuja inmobiliaria y la crisis a partir de 2008, económica, laboral y lo peor, sentimental: la muerte de Antonio, mi separación y divorcio, etc.
Y sí, la mayoría de los poemas están escritos por un hombre solo, en el silencio de una casa vacía, acaso roto por el murmullo hiriente del frigorífico; un hombre solo que ve desde su ventana, afuera, más casas vacías con más seres silenciosos y aturdidos en mitad del espejismo de una idílica llanura - un descampado en realidad-, y al fondo, la ciudad de las puertas frías, con  su centro comercial y sus días del engaño. Y más allá, ese hombre solo, ve desde su ventana, unas montañas que le esperan...para ver nacer el cataclismo.
  
BdS.- Se observa una intención de precisión lingüística y hasta podríamos decir de recuperación del lenguaje, ¿qué intención tienes en este sentido?

FLP.- Efectivamente, uno de los posibles leitmotivs del libro podría ser ese amor por las palabras inservibles. Creo que lo único que posee el poeta es el lenguaje, las palabras, Y puede poseerlas todas. No sólo las ultralíricas. En los poemas del Cataclismo las hay ancestrales, científicas, inventadas, imposibles...Típula o invernía pueden ser tan poéticas como gargajo, felpudo o chundachunda...Bueno, en realidad debí escribir esto último a la viceversa.
Y a esto me refiero, a retorcer el lenguaje, a jugar con las palabras, a comérselas, Ellas son nuestro único alimento...



BdS.- Llama también la atención el hecho de que los poemas terminen con comas en lugar de puntos, ¿podríamos hablar de un único poema?

FLP.- Creo que no exactamente. Como decía anteriormente, Para ver nacer el cataclismo es un intento de resumir diferentes tiempos y espacios; el poemario está divido en cuatro partes, subdivididas a su vez en diferentes agrupaciones de poemas, enmarcados por un poema de inicio y otro final muy similares; estos dos poemas de apertura y cierre, la - prácticamente- ausencia de títulos o numeración de los poemas, y el uso de la coma como única puntuación, además de ir al final de cada último verso, son recursos visuales que creo ayudan a reforzar ese aspecto circular del libro. Y a crear esa sensación de un único poema.

BdS.- Encontramos algunos poemas en prosa que cuentan pequeñas historias, casi como microrrelatos que, sin embargo, parecen conservar el ritmo interior de la poesía, ¿hay alguna diferencia entre ellos y el resto, escrito en verso?

FLP.- Creo únicamente reconocer como microrrelato el poema del pacto de Pulgarcito con la bruja, que a su vez es, posiblemente, el poema más dispar de todo el libro.
Esos otros poemas en prosa que a los que te refieres, los que conforman la serie titulada No Estás Aquí Para Siempre, fueron escritos inicialmente en verso, y finalmente adquirieron ese aspecto de texto en prosa. Esos poemas, excepto tres, son los poemas más antiguos, escritos justo antes de iniciar ese largo silencio del que ya he hablado. Han conservado su música original pero por el camino perdieron su dibujo en verso.


"Y a esto me refiero, a retorcer el lenguaje, a jugar con las palabras, a comérselas, Ellas son nuestro único alimento..."



 BdS.- Roberto Bolaño, Chantal Maillard o María Zambrano son nombres mencionados en tu poemario. Háblanos de tus referentes literarios.

FLP.- Excepto las citas que abren el libro - el verso de Philip Lamantia y las canciones de Foo Fighters y Kasabian-, el resto de citas están agrupadas en la breve serie de poemas titulada Citaródica. Es ahí donde aparecen los autores que nombras, además de Carlos Barral y Vítor Manuel de Aguilar e Silva. El hallazgo casual de estas citas, -el verso de Chantal Maillard me parece sublime, bestial-, me permitió en los poemas de Citaródica jugar con los textos y versos de estos autores, en una especie de diálogo íntertextual y metaliterario, que creo explica muy bien el espíritu de mi propio libro y el modo de escribir estos poemas del Cataclismo.
Aunque - por supuestísimo-, admiro a estos autores, si hablamos de referentes literarios tendría que nombrarte a otros poetas. Tal vez: César Vallejo, Carlos Edmundo de Ory, Pedro Casariego Córdoba, Miguel Suárez, Juan Gelmán, Clara Janés, Paul Celán, Ted Hughes,...


BdS.- También te interesa la fotografía, el diseño gráfico y la poesía visual, ¿qué encuentras en estos diferentes lenguajes artísticos?

FLP.- Hoy por hoy el único proyecto artístico que me interesa es el de seguir escribiendo poesía.
Sí que es verdad que la fotografía y el diseño gráfico me han atraído desde siempre, pero  aparte de leves intentos, nunca ha llegado a cuajar un proyecto serio ni laboral ni artístico en este sentido.
No obstante creo que, en lo referente a la poesía y el lenguaje poético, se avecina un cambio profundo -tal vez un cataclismo-, que de alguna manera involucre definitivamente a estos diferentes lenguajes artísticos en uno solo y nuevo.
Sea como fuere, yo siempre he entendido la poesía como algo visual, y en algunos de los poemas del libro se ve perfectamente ese intento gráfico. De hecho, toda mi producción posterior al libro -que permanece inédita-, y los poemas que escribo en la actualidad van en esa dirección. Ya veremos a dónde llegan, si es que llegan a algún sitio.

 BdS.- ¿Es útil la poesía para ver nacer el cataclismo?

FLP.- Precisamente útil, junto con el de sagrada, son los adjetivos que a mí, personalmente más me  cuesta utilizar en cualquier intento de definir la Poesía.
En mi caso, y supongo que como le ocurre a la mayoría de los poetas, el acto de escribir poemas se presenta como una necesidad casi primaria, que tal vez tenga su origen en algún desajuste mental.
Sea como sea, espero que, llegue cuando llegue por fin el cataclismo, al menos me pille con un libro de poemas entre las manos.

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martes, 12 de enero de 2016

Reseña de ABRAZANDO VÉRTEBRAS, de Alberto García-Teresa en Ocio zero

Reseña del poemario de Alberto García-Teresa publicado por Baile del Sol
Aunque no deja de lado los aspectos sociales que tanto marcan la poesía de Alberto García-Teresa, da la impresión de que Abrazando vértebras es una obra más intimista, más emocional en algunos sentidos. Una emotividad que tiene sus aristas, su lado inquietante y aterrador, tal y como indica su perturbador y entrañable título, pero sobre la que se impone, gracias a su franqueza, cierto positivismo, aunque solo sea por la energía que genera y que mueve a despertarse, a batirse.
En sus páginas reencontramos los paisajes urbanos y opresivos de otros trabajos, esa asfixia cotidiana que mata la creatividad y la libertad personal y contra la cual se rebela el poeta. También la crítica aguda y sensible frente a la acidez de un sistema pensado para la producción, la alienación y el engranaje. Son elementos que, en buena medida, se adivinan indisolubles de la persona y que han de estar ahí. No obstante, esta es la protagonista.
Abrazando vértebras - Alberto García-Teresa - Baile del solAbrazando vértebras es una obra en primera persona, una obra a pecho descubierto, honesta y sencilla y al mismo tiempo demoledora. Es un grito en mitad de la rutina, es una mirada brillante entre la inacabable paleta de grises. Su estilo es asequible y cercano, lo que contrasta con la fuerza con la que transmite. No necesita grandes artificios para generar belleza, ni tampoco ser demasiado explicativo para transmitir: los versos comunican directamente con el lector y suenan nuevos a pesar de transitar por terrenos que, desgraciadamente, nos son muy cercanos a los que hemos vivido en el estrés de las ciudades.
Poesía urbana y reivindicativa, es un canto a la esperanza pero a modo de desafío. Discrepa con el orden establecido, con la inercia social, pero no se lamenta o ruega por tiempos mejores, sino que se subleva y estimula para que nos pongamos en movimiento para vivirlos, para reinventar, para buscar nuevas perspectivas.
Por la calidad de su escritura y la fuerza de sus imágenes, Abrazando vértebras es un poemario que se disfruta en una primera lectura, en la que engancha y transporta mientras sigue creando, con paciencia y tesón, su imaginario, dando cuerpo a su esencia, y que deja con ganas de revisitarlo más adelante, con calma, para redescubrir algunas de sus imágenes y encontrar nuevos matices a los poemas.
En definitiva, una obra muy recomendable para aquellos que disfrutan de la poesía que, más allá de la belleza estética, se encuentra sumida también en la búsqueda de una belleza social y humana que está ahí, al alcance de nuestras manos.

domingo, 10 de enero de 2016

Reseña de CONTRA VISCONTI, de J.J. Sánchez en La Víbora Celta




Que la escritura no es ya un lugar, un espacio, una región del privilegio y lo exclusivo del verbo primero, natural, inicial y fundacional, ni siquiera un origencuyo linaje real derive de los dioses, un cielo monárquico y aristocrático donde se subliman las esencialidades de la palabra pura, blanca, limpia y trasparente, portadora de la verdad como eternidad, y antagónica a las formas simples de la historicidad efímera de la contingencia. Que no es ya, una Poesía hermética que se escribe con mayúsculas esféricas y pesadas, letras de tinta oscura, espesa, densa, y plumas voluminosas como egos desmedidos, sin impurezas, trazos externos, rupturas, discontinuidades, tropezones, sesgos, cortes, heridas, injertos, trasplantes, diferencias, transiciones, otros, alteraciones, germinaciones foráneas y demás... Es algo evidente que J.Jorge Sánchez, muestra, enseña y señala, en el trascurso cálido y abrigado, de flujo torrencial, de su propia poética. Una prosa poética que tildarla de ortodoxa sería una falsedad y un error absoluto, casi un agravio, una calumnia, hacia su conseguida pretensión. Y dignificarla, como se dignifica a una yegua con la marca del hierro candente, en un acto de impostura poética, como poesía marginal, fronteriza, lindando con los límites, y encasillarlo en ese grupo tan estereotipado como molesto, del poeta maldito o el sujeto dañado, sería ensanchar y extender la mentira, aceptando y asumiendo, disfrazada y soterrada, la terminología ortodoxa. Tragándonos el sapo. Bajo un manto de hipócrita intencionalidad política, y quizás, hasta mezquina pereza filosófica. Como bien subyace de las palabras del autor, la oposición maniquea entre la ortodoxía y la heterodoxía poética, juega en un mismo origen mítico y fabulador de la poesía, entendida como esencialidad y verdad. Con la ignominiosa función de imponer una jerga de la autenticidad; una identidad fuerte hacia el Mito de la poesía, también del poeta, y sus figuraciones hiperbólicas e hipertróficas.     

El texto Contra Visconti, más allá de ser una pieza para el goce y el placer de leer, combinando con afinado ingenio la intensidad y la claridad (cortesía del filósofo que diría Ortega) de la escritura, pequeños pildorazos de belleza desublimada; lo que realmente nos propone, así, en el contenido que hay detrás, entre, o en, las palabras, es abandonar los índices escatológicos de la poesía y de la política. Sus signos y gestos de salvación (gracia) o condena, y atender a su singularidad, su interioridad y exterioridad, sus adentros y sus afueras, lo que la tradición ha determinado como poético y su desecho, los escombros, lo excluido como no-poético, extrapoético, pospoético; y entenderlo como posibilidad y multiplicidad poética. Abandonar las mitologías, los juegos de suma cero, los binomios autocomplacientes de los letrerillos, y atender, a su condición parasitaria, zombi, paleográfica, carroñera, a su repetición y citabilidad, a su copia y su alteridad (sin llegar nunca a síntesis superiores o reconciliaciones forzadas) propia de lo real. Como bien dice el autor - Descorrer el velo de Maya de la Poesía nos deja ante la poesía de nuevo solo que de "otra manera" ante "otra geografía". Todo el tronco, grueso y suave, de su escritura, pretende, en un feliz acierto, convertir, o mejor aún, reconvertir, recuperar, los objetos ordinarios, las pequeñas cosas, los detalle repetidos, las débiles identidades de lo vidrioso y lo frágil que construyen nuestramundanidad, o cotidianidad, en objetos poéticos, que lo son de hecho y por derecho, siempre que el que empuñe la pluma, la empuñe como la espada del caballero; honrado y sibilino. Mejor visto está en sus propios sintagmas - Toda materia es objeto de materia poética / Ninguna forma es sujeto de la forma poética. De tal modo, su poética gravita y parasita entre grandes nombres de la filosofía, grandes sueños e ideas políticas, cine comercial (aunque de grandeza estética incuestionable), series de televisión, personajes históricos, poetas clásicos, otros desconocidos, actrices pop, deportistas, lugares de descanso, personajes de cómic, escenas domésticas, y sobre todo, un modo, una manera, una concepción cuidada y destilada de lo poético, del objeto poético en cuanto tal, ausente de fetiches y adornos de cualquier tipo.  En todo caso, la mejor forma de conocerlo es leer su corpus poético, también político, y por supuesto reparar en su epílogo, El Velo de Maya y el Ocaso de la Poesía; un texto final que tras su lectura nos reclama y exige un segundo paseo por la obra, desde el inicio. Pues es también un libro de relectura, de consulta, de inspiración, de goces y placeres artesanales, y desde luego, un negación a la escatología política y poética; una honda reflexión política ilustrada con objetos poéticos (que son todos), alejado de prosas vagas, retóricas, y estetizantes.    

Al margen de las coqueterías conceptuales, me gustaría resaltar los aspectos más superficiales, pero no por ello menos interesantes, de la obra; pues la parte corporal y física es casi igual de importante que la intangible, si se quiere, espiritual. La edición es sobria, estilizada y refinada; así lo muestra la portada, diáfana, abierta, uniforme, con una imagen simple, una colilla consumida vencida por la fuerza, pero acertada, concreta. Los dedos se deslizan acariciando la textura de las hojas, rugosas y crujientes, de un papel hidratado; de la misma manera, cercana y cómoda, con que se leen los poemas, gracias a la disposición de unas letras redondeadas y opulentas, humildes y reposadas. Con el privilegio y autoridad que da el espacio; un fondo de papel abierto que permite el baile articulado de las palabras y los nudos de marinero del lenguaje poético en cada una de sus claras páginas. Una edición cuidada y mimada, recostada, tranquila, como la que la poesía requiere. 

El libro puede encontrarse aquí, y pronto en librerías. A su vez, J.Jorge Sánchez, también es autor y productor de un cuaderno de notas: Bajo la Lluvia

Y para terminar, una muestra de su poesía (puede encontrarse también aquí):


                                              " LA ARENGA DE ARAGORN 

Sentado en el sofá, mi hijo se emociona.
En la pantalla Aragorn, hijo de Arathorn,
arenga a los Hombres ante la Puerta Negra:

<< Hijos de Gondor y de Rohan,
mis hermanos,
veo en vuestros ojos
el mismo miedo que encogería mi propio corazón.

Pudiera llegar el día en que el valor de los hombres
                                                                               [decayera,
en el que olvidáramos a nuestros compañeros
 y se rompieran los lazos de nuestra comunidad.

Pero hoy no es ese día.

En que una horda de lobos y escudos rotos
rubricaran la consumación de la edad de los hombres.

Pero hoy no es ese día.

En este día lucharemos.

Por todo aquello que vuestro corazón ama de esta buena
                                                                                   [tierra,
os llamo a luchar,
hombres del Oeste.>>

Las palabras parecen plenas de significado,
capaces por sí solas de sustentar el mundo
y el crío parece intuirlo.

No parece el momento de romper el hechizo
y explicarle que la arenga no aparece en ningún lugar de 
                                                          [The Lord of the Rings,
que es una burda imitación de la del Harry V de 
                                                                        [Shakespeare,
que el efecto cinematográfico buscado
ha sido minuciosamente construido
y se ampara en trucos fraudulentos.

Mas, sobre todo, no es tiempo, todavía,
de contarle que ese día
en que los lazos de nuestra comunidad
se rompieron
y olvidamos a nuestros hermanos
ya aconteció
y que la edad del Hombre tal vez esté presta para su
                                                                       [consumación
aunque no aúllen los lobos y los escudos no hayan sido
                                                               [todavía quebrados.

Pronto lo será.

Mientras, descansaremos en compañía de Aragorn y los
                                                              [Hombres del Oeste. "

(Un poema de J.Jorge Sánchez; en Contra Visconti, ed. Baile del Sol, 2015) 

http://laviboracelta.blogspot.com.es/2016/01/contra-visconti.html

miércoles, 6 de enero de 2016

Bailando con Carlos Candiani: "He visto lo que hay en la brevedad, en ese universo extraño y hermoso que es el microrrelato"



Baile del Sol.- Lo primero que nos preguntamos cuando nos encontramos con El libro de Balieri es ¿quién es Balieri?

Carlos Candiani.- Balieri es la persona que se mira frente a un espejo. Balieri es una persona que es todas las personas al mismo tiempo. Es el protagonista, pero es también el lector. Balieri eres tú y soy yo. Es el taxista de Madrid que me contó un sueño antes de dejarme en Plaza España, el librero en Ciudad de México que puede encontrar cualquier título en una desordenada montaña de libros de la colonia Tabacalera y es el poeta que vive en Lima y que ama y odia su ciudad al mismo tiempo. Es la imaginación dentro de la imaginación. Balieri ya no es la persona que se mira en el espejo, Balieri es el reflejo.

BdS.- Además de este protagonista común, ¿qué nexo de unión tienen los relatos que componen el libro?

CC.- Nexos, en plural. Hay muchos caminos en este libro. Los nexos son los grandes temas, mis grandes temas. La búsqueda de uno mismo, la música, la pintura, los grandes escritores que han marcado mi camino literario. Otros autores dicen que el nexo es el surrealismo, otros que la metaliteratura o el realismo mágico. Nunca he sido bueno para las etiquetas, me gusta que una lectora me haya dicho que para ella los relatos no son independientes, me gusta tanto como la experiencia de las personas que saltan de cinco en cinco las páginas o que lo han comenzado por el final. Siempre quise escribir un libro que se pueda tener a la mano en la habitación y que se pueda abrir en cualquier página para que el azar o la incertidumbre formen parte de la lectura.

BdS.- El estilo y los temas nos llevan a recordar a algunos de los mejores escritores de cuentos, sobre todo latinoamericanos... ¿qué autores son tus referentes?

CC.- Es difícil separarse de las lecturas o de las personas que han influenciado nuestra forma de escribir y la manera en que enfrentamos ciertos temas. Este libro no hubiera sido posible sin mi acercamiento a David Lagmanovich, Eduardo Galeano,  Augusto Monterroso y Julio Cortázar. Los géneros que exploro, el relato, el microrrelato y la poesía, se fusionan, así que también están Juan Gelman, Alí Chumacero e Ida Vitale. Pero no sólo la literatura latinoamericana está presente, pues no me puedo apartar de la influencia de Raymond Carver o de Wislawa Szymborska.

Puedo seguir con este tema. Hablar sobre las mujeres y hombres de letras a los que regreso de forma constante es, quizá, mi forma preferida de pasar el tiempo. Cuando alguien comienza a hablar sobre alguno de mis cuentos o de mis poemas, no puedo evitar interrumpir con una doble pregunta: “¿Y qué otra cosa estás leyendo, cuáles son tus autores preferidos?



BdS- ¿Por qué has elegido el relato breve?, ¿qué ventajas narrativas te aporta este género?

CC.- Para mí, el relato breve, microrrelato, microcuento o minicuento (me parece un guiño lleno de belleza que el género tenga varios nombres) no es una casualidad. No busco que el texto tenga la posibilidad de extenderse. Ha pasado, por supuesto, que lo que pienso que será un relato breve se transforme y entonces me vea obligado a profundizar más en la historia, pero creo que ha sido más por un capricho o porque he conectado, sin pretenderlo, en un cerrar de ojos, con algún personaje en particular. Lo normal, repito, para mí, es que lo que nace en mi imaginación como un relato breve se quede en relato breve. Lo elijo porque he visto lo que hay en la brevedad, en ese universo extraño y hermoso que es el microrrelato. Elegí al microrrelato por amor al microrrelato, se puede decir, aunque también hay que saber disfrutar del desafío de decir mucho con poco. El género tiene la ventaja del relámpago, de la estrella fugaz, pero es muy importante acompañarlo de la reflexión, del autoconocimiento, pues se corre el riesgo de no decir nada, de no redondear.

BdS- ¿Cómo está siendo tu experiencia con la publicación de "El libro de Balieri?

CC.- Ha sido una etapa llena de aprendizaje. Nunca había enviado uno de mis libros a una editorial. Con sinceridad, puedo decir que desconozco el proceso que comienza cuando se termina un libro (si es que eso es posible) y que acaba en su publicación. Había publicado relatos en revistas literarias, poesía aquí y allá. Tengo varios años escribiendo columnas sobre los escritores que me han marcado y cada espacio en el que me han abierto las puertas ha sido una gran experiencia, pero enviar libros a las editoriales, descubrir ese mundo, ha sido todo un proceso: elegir las editoriales que me interesan, las que cuentan con las colecciones, el enfoque y el género que necesito fue un largo primer paso. Baile del Sol, en este sentido, ha sabido lidiar conmigo y me ha acompañado desde el día en el que comité editorial le dio el –sí- a Balieri. Ha sido algo muy positivo. Me agradaron la comunicación, las formas, la portada, todo.


"Elegí al microrrelato por amor al microrrelato, se puede decir, aunque también hay que saber disfrutar del desafío de decir mucho con poco. El género tiene la ventaja del relámpago, de la estrella fugaz, pero es muy importante acompañarlo de la reflexión, del autoconocimiento".



BdS- Tú vives en México, ¿por qué te decidiste a publicar en España?

CC.- España es un lugar muy especial. No importa en qué parte del país me encuentre, siempre me siento como en casa. Viví en Madrid durante tres años y El libro de Balieri tomó forma en un piso de la calle Núñez de Balboa. Madrid es algo inseparable de muchos de estos microrrelatos. Espero publicar en México, pero El libro de Balieri le pertenece a Madrid. 

BdS- ¿En qué proyecto literario estás en estos momentos?

R: En España escribí un poemario al que le estoy dando vueltas. Estoy como Borges, que podía pasar mucho tiempo revisando un poema para al final quitarle una coma que le volvía a colocar al día siguiente. Es un trabajo de reconocimiento, no es algo que esté naciendo. Mi labor como corrector de estilo ocupa mucho tiempo: sigo esperando al mecenas del que habla Virginia Woolf en Una habitación propia, pero estoy con un nuevo libro de relatos. Hace unos meses estuve en Escocia y me traje una maleta llena de ideas. Me sorprenden las ciudades como Edimburgo, que parece que sólo hay que levantar los relatos del suelo y sacudirles el polvo. Ese lugar está lleno de literatura. Me pasa lo mismo en Ciudad de México o en Madrid. Ya lo dijo Pío Baroja cuando un joven le preguntó qué se necesita para ser escritor: «Vaya a Madrid y póngase a la cola». Yo fui a Madrid y me formé con un montón de libros. Conocí a mucha gente en esa cola (o fila, como le decimos en México). Fue una experiencia maravillosa.


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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Bailando con Jesús María Cormán: "El mejor abono para la poesía es la vida, en toda su dimensión".



Baile del Sol- Los poemas que aparecen en La leña helada nos hacen pensar en escenas descritas desde un observador que contempla el paso del tiempo y también la complejidad de las relaciones, ¿es esa tu intención?

Jesús María Cormán.- Sin duda. Son dos de los elementos que más me interesan a la hora de acercarme al texto: el tiempo y la manera en que lo utilizamos para relacionarnos. Pienso en el poema como en una atalaya, un punto privilegiado de observación desde el que certificar lo que les ocurre a los individuos en su afán de relacionarse, o por qué no, en su rechazo a hacerlo.
Me gusta pensar en mis poemas como pequeñas ficciones. Poemas escritos por personajes independientes, con libertad de movimientos, ajenos a mí, que por momentos se detienen ante la cámara, interaccionan entre ellos durante un instante –incluso con su autor- para luego disolverse.

BdS.- Encontramos despedidas y desencuentros relatados incluso antes de que se produzcan, ¿estamos condenados al adiós?

JMC.- El adiós es parte del encuentro. Relacionarse en pareja, o no en pareja, es una despedida anunciada. La muerte, en el caso más extremo, se encargará de ello. Las relaciones no son circunferencias, son segmentos con principio y final, con dos extremos concretos, aunque de distancias variables. A veces, esos extremos se hallan muy separados, otras, no tanto. Relacionarse jamás es un bucle.


"Pienso en el poema como en una atalaya, un punto privilegiado de observación desde el que certificar lo que les ocurre a los individuos en su afán de relacionarse, o por qué no, en su rechazo a hacerlo".


BdS- Son poemas muy narrativos, alguno incluso con descripciones curiosas, como en el caso del poema Agua dulce, en el que se describe a un pez de modo enciclopédico para finalizar con una conclusión poética. ¿Está la poesía en la mirada del poeta?

JMC.-Pienso que la poesía –pero también un cuadro o una película- comienza en la mirada del poeta pero termina en la mirada del lector; con lo que cada poema es uno, pero también es un número indefinido de poemas. Un poema es un recorrido entre el poeta y el lector.
La construcción del poema al que te refieres –Agua dulce- es un caso curioso. Vi un documental en televisión sobre estas criaturas que viven en el Amazonas, y me impresionó muchísimo. Se mostraban imágenes reales de la actividad de estos pequeños peces que pueden devorar a seres vivos que multiplican su tamaño –entre ellos el ser humano- incluso sin que hayan muerto, con sólo bañarse en sus aguas. Es sólo una cuestión de tiempo.
Aquello era, sin duda, una gran metáfora de la vida, de muchas relaciones que parten descompensadas, pero que avanzan, se desarrollan y, fatalmente, se depredan desde el interior.
Quise que el poema tuviese un arranque, sí, de corte enciclopédico, aséptico, para desembocar en esos personajes, tan cercanos, reconocibles, que por un momento son pura sensualidad y están únicamente entregados a su presente inmediato, sin cuestionarse lo que acecha en el futuro.
  
BdS.- ¿Es posible, o útil, hacer arder la leña helada?

JMC.- Es posible, útil, e incluso necesario hacer que la leña arda, aunque requiera  mayor esfuerzo que el que se necesita para hacer arder unas ramas secas. El esfuerzo tiene un plus en la recompensa. ¡Qué sería de nosotros si todo en la vida nos viniera dado con un chasquear de dedos! En cualquier caso, hay leña que –seca o helada- no arderá jamás por falta de lumbre.

BdS.- ¿Qué abono es mejor para la poesía el amor o la soledad?

JMC.- El mejor abono para la poesía es la vida, en toda su dimensión. La vida con la muerte, claro. Como el amor con el desamor, o con el odio. Como la soledad con la compañía, o incluso con lo inconcreto de la multitud. La verdad con la mentira. El fuego con el hielo. Todo aquello  que configura nuestra condición humana, abona un poema. 

BdS.- Utilizas imágenes muy sugerentes y hasta arriesgadas en los poemas, ¿de dónde surgen?

JMC.-No soy consciente de ello. Pero intento que la imagen sea honesta: poderosa y honesta; no me cuestiono si es “poéticamente correcta”. A veces es una situación observada en la calle, en un bar, en el periódico, o en la sección de congelados de un supermercado. Da igual. Es posible construir un poema con cualquier imagen: hasta con un pececillo que invade las vísceras de un hombre, introduciéndose en ellas a través de su uretra. Toda estrategia es válida con tal de hacer el recorrido hasta el lector y lograr que no sienta indiferencia por lo que ha leído.



BdS- Eres un artista que trabaja en muchos ámbitos: pintura, narrativa, letras de canciones..., ¿qué supone para ti la poesía como espacio expresivo?

JMC.-Siempre he pensado que la poesía es el ámbito en el que mayor libertad tengo. No le pido nada. No quiero ninguna recompensa: ella es la recompensa. Yo entiendo que la publicación de un libro de poesía es una celebración; algo parecido a un intercambio de deseos: el de querer ser escuchado, y el deseo  de quien busca una voz que escuchar, y la encuentra.
Pintar en cambio, cuando formas parte del engranaje del mercado, te obliga a desarrollar una mentalidad que rara vez logra el grado de libertad que, en mi caso, me proporciona la poesía. No quiere decir que sea un deshumanizado  trabajador a sueldo como pintor, pero me auto impongo ciertas disciplinas, para que las cosas funcionen. Y es preciso decir que me siento más pintor que otra cosa… Aunque esto también sea relativo: Jorge Oteiza es mundialmente conocido como escultor, pero él se sintió, sobre todo, poeta. Y su poética está a la altura de su obra plástica, aunque gran parte de los que veneran su escultura la hayan leído alguna vez.
Y como escritor letras de las canciones, qué decir…! Aquí sí que hay demasiados condicionantes para los que no siempre tienes capacidad de maniobra. Siendo un poco jocoso, diría que trabajas con las palabras, pero que pocas veces tienes voz ni voto. Pero no sería justo decir que no he disfrutado con ello. Es más, en este momento –después de cuatros años alejado de la música- estoy envuelto en un proyecto musical en el que estoy disfrutando mucho… aunque de momento no voy a decir más.

BdS- Tormentas, huracanes, naufragios, lluvias violentas, hasta el hundimiento del Titanic... ¿así ves las relaciones de pareja?

JMC.- ¡No, claro! No todas las parejas son iguales, afortunadamente. Pero aunque es cierto que hay muchos poemas en los que aparecen parejas en crisis absolutas –crisis algunas, incluso en estado de congelación- también es verdad que hay poemas en este libro que son apuestas decididas por el amor, como Equilibrio o Caronte.

BdS- ¿El arte, la poesía, se ocupan de cuidar espejismos?


El arte y la poesía deben aspirar a regar desiertos con el agua de sus propios espejismos.


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lunes, 28 de diciembre de 2015

Reseña de PARA VER NACER EL CATACLISMO de Francisco L. Pozo en el Diario de Aragón

POESÍA

Amor por las palabras inservibles

Para ver nacer el cataclismo Francisco L. Pozo Baile del Sol, Tenerife, 2015. 104 páginas.
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ 27/12/2015
Francisco L. Pozo, berciano de Igüeña, publicó en 1990 un libro juvenil, Espeluncas, y tras largo silencio, nos llega Para ver nacer el cataclismo, un poemario en el que uno entra como en un bosque desconocido, sin saber qué aventura le depara. Y el lance ha sido provechoso.
Circundan el libro dos poemas, El nublo 1 y El nublo2, principio y final que pueden entenderse como clave del conjunto: «Ya nadie lee el nublo, / todo es pose, pústula, víspera de sótano», dice el primero; «Ya nadie lee el nublo, / todo ha de ser último minuto», apunta el segundo, deplorando la atención única al presente, desechando lo esencial. Por eso el poeta pronuncia «las palabras inservibles», las que nombraron, y las pronuncia con amor a su contextura física y a lo que significaron y debieran seguir significando: «límaco» o «típula», para llamar a la babosa y al mosquito zancudo respectivamente. Las viejas palabras nuevamente pronunciadas, las que escribe el libro de la naturaleza, que es el que el poeta insta a leer en los charcos, en las siluetas de los pájaros o en el nublo. Por otro lado, los poemas no terminan en punto final, sino en una simple coma, y empiezan con minúscula, lo que parece indicar una continuidad, es decir, que los textos son fragmentos del poema mayor que es el libro, por más que conste de buen número de secciones, entre las que la primera confirma lo antedicho: el saboreo de palabras que remiten a labores ancestrales en las que hay cuelmos, trébedes y pregancias, cuando era «tan desnuda la vida / tan sencilla la muerte». Pero el poemario es mucho más que eso, y en él hay personalidad, la necesaria para que en el poemario, Para ver nacer el cataclismo, intuyamos un poeta con recursos para construir un mundo lírico propio y diferente.
Tal vez la temática general sea la vaciedad del mundo, la crítica a lo superficial y el simulacro frente a lo auténtico; el tono de fracaso lo salva acaso el amor, capaz de desmentir incluso el título perturbador del libro: «y te espero a ti, solamente a ti, / para (NO) ver nacer el cataclismo». Pero sobresale el juego de vocablos nunca gratuito, el paladeo de los mismos que se dibuja en frases y versos: «las vacías noches de luna hiena», «quemas, quieres, / ¿qué más quieres?», sin contar los poemas espejo, los versos en eco y hasta un ingenioso palíndromo: «rezo al revés oración, no Ícaro». Estamos, pues, ante un buen libro y ante un poeta con el camino ya expedito.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Bailando con Itzíar Mínguez Arnáiz: "Este libro es más directo, la palabra aparece más afilada, más rabiosa".



Baile del Sol.- Cambio de rasante es tu sexto poemario, en él nos acercas a una poesía muy pegada a la realidad, ¿crees que en todo hay poesía, hasta en lo más prosaico?

Itzíar Mínguez Arnáiz.- Sí, de hecho no concibo la poesía si ésta no forma parte de lo que me rodea, de lo que vivo, de lo cotidiano. Ese es el material con el que construyo cada uno de mis poemas. Uno de mis objetivos, como poeta, es que el lector pierda el miedo a la poesía, acercar la poesía a la calle, al asfalto, hacer que baje del pedestal en el que algunos la han puesto.

BdS.- En Cambio de rasante los poemas se persiguen como escenas de una misma película, una forma muy singular de conformar un poemario y que impele a seguir leyendo...

I.M.A.- Es uno de los elementos que caracteriza mi poesía, desde el primer libro, La vida me persigue, puede que tenga que ver el hecho de que soy guionista de TV de profesión, desde hace 16 años, y ese componente visual también está presente en mis libros. En Cambio de Rasante la continuidad entre poemas está concebida de otra manera, con poemas que funcionan como dípticos y trípticos y también a lo largo de un poema que de forma intermitente atraviesa todo el poemario.



BdS.- Las breves escenas que describes en algunos poemas están plagadas de sugerencias, ¿le toca al lector, a la lectora, terminar el relato haciéndolo suyo?

I.M.A.- Sí, me gusta hacer cómplice al lector, es más, busco su complicidad. Otro de los elementos que suele estar presente en alguno de los poemarios es el metaliterario, metapoético en este caso y me gusta que el lector sienta que tiene algo que aportar al poema, algo que añadir con su lectura, con su interpretación, que se siente parte de esta historia. De hecho una de las cosas más bonitas es cuando te llega una opinión de un lector que ha dado su propio sentido al poema, muy alejado del que yo pretendía, eso lo enriquece.




"Uno de mis objetivos, como poeta, es que el lector pierda el miedo a la poesía, acercar la poesía a la calle, al asfalto, hacer que baje del pedestal en el que algunos la han puesto".



BdS.- ¿Qué ha supuesto este cambio de rasante en tu recorrido poético?

I.M.A.- Desde el título quiero dar a entender que este libro marca un cambio en mi trayectoria y se parece mucho a uno de esos cambios que motivan pero dan vértigo a la vez; me recuerda a esa sensación de cuando ibas en coche y el estómago reaccionaba ante un cambio de rasante con un hormigueo. Este libro es más directo, la palabra aparece más afilada, más rabiosa, es la búsqueda de una voz que pueda empatizar más con el lector, pero no porque haya habido un despojamiento de la lírica, sino porque quiero hacer poesía desde el desprendimiento absoluto, desde la ausencia total de artificios.

Itzíar Mínguez Arnáiz


BdS.- Háblanos de tu experiencia en las presentaciones que han hecho de este nuevo libro.

I.M.A.- En esta primera fase de contacto con el público me he sorprendido mucho y positivamente. Tenía miedo a que Cambio de rasante al separarse bastante de los anteriores libros no encontrara la misma aceptación; pero está siendo todo lo contrario, el lector que ya era fiel, ha dado ese paso conmigo, se ha lanzado a esta aventura de decirlo todo y decirlo claro, sin florituras; y me estoy encontrando con lectores nuevos, que no me conocían y que han empatizado a la primera. Se da la curiosidad que es un libro que admite varias lecturas y esto me lo han hecho saber los propios lectores en las presentaciones.

BdS.- ¿Cuáles son tus referentes literarios?

I.M.A.- Si te los digo todos no acabamos hasta mañana, así que voy a hacer una selección, aunque me dejaré algunos por el camino. Un referente fundamental es Karmelo C. Iribarren, a quien está dedicado el libro. Chantal Mallard, Tomás Segovia, Eloy Sánchez Rosillo, Alfonso Brezmes, Amalia Bautista, Emily Dickinson, Gloria Fuertes, Rosario Castellanos, Isabel Bono, Alejandro Céspedes, Inma Luna, Pablo Casares… uf, es que son muchos. Y menos mal que no se acaban.

BdS.- ¿En qué estás trabajando, literariamente hablando, en estos momentos?

I.M.A.- Hace muy poco he terminado el guión de una serie de TV que se estrenará en enero, así que ahora estoy dedicando más tiempo a la literatura. Estoy a punto de terminar un libro de aforismos y también en la recta final de mi segunda novela. 2016 me gustaría que fuera el año en el que por fin me anime a publicar narrativa –editor mediante, por supuesto- ya que tengo una primera novela terminada que fue finalista en el certamen de novela negra de Getafe pero no ha sido publicado y me gustaría darle ese impulso. En cuanto a la poesía, es lo que siempre me acompaña, mi hábitat, Estos días estoy revisando los tres poemarios que he escrito en los dos últimos años para darles el visto bueno y empezar la verdadera odisea del escritor: publicar. 


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