miércoles, 25 de noviembre de 2015

Bailando con Roberto Moro: "Escribir poesía se convierte en una forma de existir, en una manera de mirar el mundo".




Baile del Sol.- Los restos de la derrota es un poemario que se estructura como un encuentro deportivo que se pierde en los penaltis. ¿Quiénes serían los equipos jugadores?

Roberto Moro.- La mayoría de los poemas están escritos en primera persona, así que el perdedor puede ser el poeta... o cualquiera que los lea. Muchas veces no hay un rival, como en el deporte, sino que el protagonista puede perder incluso contra sí mismo. Quizá los partidos más importantes que jugamos son esos precisamente, los que nos enfrentan con lo que somos o cómo nos comportamos.

BdS.- Nos encontramos en tus poemas con muchas escenas cotidianas que acaban convirtiéndose en metáforas sociales y vitales, ¿es esa una de tus intenciones poéticas?

R.M.- Sí. La materia poética del libro es la experiencia vital, y qué mejor para ello que hablar de lo que se tiene más cerca, de lo que nos ocurre todos los días. Además he intentado que el lenguaje del poemario, simple y directo, refuerce esa sensación de cotidianidad.

BdS.- ¿Para qué pueden servir los restos de una derrota?

R.M.- Se puede escribir la biografía de alguien simplemente citando los restos de sus derrotas. También se pueden construir algunas victorias, por ejemplo. O hacer un poemario que quede en la memoria un segundo y después se pierda para siempre hasta que, quizá, nos acordemos de él en la siguiente derrota.

BdS.- ¿Qué vigencia dirías que tienen los poemas de este libro en el momento actual?

R.M.- Hay poemas muy vigentes. "La era digital", por ejemplo, que trata de la soledad en las sociedades modernas, o "El hombre exterior", sobre la exposición total de nuestra vida. Pero en general la vigencia dependerá del lector. La poesía siempre apela a la experiencia personal, aquel que alguna vez haya sentido la duda que se menciona en "Yogur" se verá perfectamente reflejado en él y a la vez habrá quien no comprenda su sentido y se encuentre en otro poema posterior. 

BdS.- ¿La poesía es un compromiso o un desahogo?

R.M. Es una actitud vital. Hay mucha poesía a nuestro alrededor, en todos lados, simplemente es necesario estar dispuesto a captarla, casi como si se tratase de una fotografía. Así que escribir poesía se convierte sobre todo en una forma de existir, en una manera de mirar el mundo que nos rodea. 




BdS.- Háblanos de tus referentes

R.M.-La temática y el estilo de "Los restos de la derrota" se relacionan fuertemente con el realismo sucio. Ahí podría citar a Bukowski o a Carver, y, cómo no, a Roger Wolfe. Luego como lecturas personales que se cuelan en momentos puntuales habría muchas más referencias. Poetas universales de la talla de Ángel González, poetas magníficos que han compartido el camino conmigo, como Ramón Egea, David Yáñez o Marcos de la Fuente, y otros que me han echado una mano (que agradezco) como Raúl Vacas o Jorge Barco.

BdS.- ¿Qué es poesía de etiqueta?

R.M.-"Poesía de etiqueta" es un proyecto poético de acción callejera. Se trata de escribir pequeños poemas en etiquetas autoadhesivas y pegarlos en lugares públicos. Es una reivindicación de lo que decía antes: la poesía está en todos lados. Y de esta manera los poemas también. Elaboro los poemas con una etiquetadora antigua, que usaba cuando era niño, y los voy pegando en los lugares por los que paso. Es un proyecto abierto a que todo aquel que quiera pueda colaborar, simplemente poniéndose en contacto conmigo o pegando sus poemas y subiéndolos a Instagram con el hashtag #poesiadeetiqueta.  


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miércoles, 18 de noviembre de 2015

STONER, de John Williams, edición 50 ANIVERSARIO


La novela de John Williams, Stoner, cumple 50 años desde su edición en Estados Unidos y qué mejor manera de celebrarlo que publicando una edición especial. 

Con más de 35.000 ejemplares vendidos en nuestro país y de 5.000 descargas de su edición digital, Baile del Sol se complace en contribuir a que los lectores españoles puedan  continuar acercándose a la que la crítica ha calificado como “la novela perfecta”.

martes, 17 de noviembre de 2015

Reseña de Venganza Criminal, de Joaquín Lloréns en Agitadoras





Francisco Marín

Autor: Joaquín Lloréns. Editorial Baile del Sol. 2015. 238 pgs. 14,00 €.



Leer cualquier novela del dúo Alberto/Beatriz – Beatriz/Alberto es asistir a una película de trama frenética con la respiración entrecortada. Pero si la novela que tenemos entre manos lleva por títuloVenganza criminal todo lo anterior se multiplica de forma exponencial; es como asistir a una película de Alfred Hitchcock… los momentos de tensión son máximos, las descripciones son más que minuciosas incluso las imágenes que nos llegamos a formar pueden producirnos rechazos. La maldad humana está presente en gran parte de la historia.

Joaquín Lloréns tiene la maestría de llevarnos, como cogidos de un ronzal, hacia donde a él le interesa en cada momento –el dirá que son los personajes-. La historia está narrada en tres niveles, dos de ellos tienen las voces de Beatriz y Alberto. Los lectores que vayan siguiendo a esta pareja no se sorprenderán de la relación ¡¿paterno- filial?! que mantienen dichos narradores; por el contrario aquellos que se acerquen por primera vez se verán sorprendidos y, les aseguro, que quedarán atrapados por dichos personajes, así como por las armas que usa Beatriz.

Al regresar de la playa de Son Serra de Marina, en Mallorca, Beatriz Segura, la investigadora licenciosa, es testigo de un accidente mortal de carretera en el que está a punto de verse involucrada, resultando milagrosamente ilesa. Al llegar a su casa recibe una llamada de Alberto Medina, su mentor y amante, paralítico de cintura para abajo desde hace unos años a raíz de un atentado en Indonesia. Le pide que acuda de inmediato a El Gurugú, su casa de Denia. Allí le informa de que Anxo Paez, el jefe de un clan gallego de narcotraficantes, acaba de salir de la cárcel tras cumplir condena. Alberto le detuvo cuando aún trabajaba para el CESID y, durante el tiroteo que se produjo cuando asaltaron su vivienda, mató accidentalmente al hermano de Anxo. Este juró vengarse y cada año se lo ha recordado mediante cartas anónimas.

Muchos son los sucesos que tienen lugar desde la excarcelación de Anxo. Alberto eme por la vida de todas las personas próximas a él. El enfrentamiento es tan poderosos entre Anxo y Alberto que solo puede acabar de una forma: con uno de los dos muertos. Beatriz, sin proponérselo, se convierte en la pieza clave que decidirá quien de los dos hombres acabará con el otro, pagando el precio más alto que jamás pudiera haber imaginado.

Admiro al autor por ser capaz de meterse en la personalidad de Beatriz –confieso que no sé si Joaquín está dentro de Beatriz o por el contrario Beatriz ha poseído a Joaquín- ya que la manía por el detalle, creo, es femenina… conozco a muy pocos hombres que tengan el “detallismo” por bandera. Asistir al acto de vestirse Beatriz es como asistir a esas comidas en las que nos recitan cada uno de los platos con todo lujo de detalles, al igual que sus sesiones de maquillajes. Esta obsesión por el detalle lo lleva, así mismo, al acto de beber, de comer y de… digamos relaciones sexuales. Por todo ello lo he bautizado como “el maníaco del detalle”. Esto no es malo, al contrario, enriquece la historia y posiblemente al conocer al detalle al personaje sufrimos más con él.

Venganza criminal nos mantiene en diversos planos tensionales a lo largo de todas sus páginas… plano criminal y plano sexual. Cada lector buscará recrearse en uno u otro plano, complementándose ambos, lógicamente. La serie sobre Alberto/Beatriz es otra cosa dentro de la novela negra nacional e incluso internacional.

¡Joaquín no cambies!

Joaquín Lloréns (Bilbao, 1962) es licenciado en Ciencias Empresariales por la Universidad del País Vasco. Tras trabajar dos años en una multinacional del sector de la consultoría, trasladó su residencia a finales de los ochenta a Mallorca. Durante dos décadas ha compaginado sus actividades como Director Financiero en diversas compañías y sectores, con la docencia en español e inglés.

Ha publicado en Baile del Sol las novelas Citas criminales, Amor envenenado, Política criminal yVenganza criminal. Todas ellas comparten la misma protagonista, Beatriz, una investigadora no profesional y de personalidad algo excéntrica en sus relaciones afectivas. Queda pendiente de publicación la quinta y última de la serie Crímenes de lesa majestad. Ha publicado asimismo la novela El aniversario y el libro de viajes Camino iniciático.

Es co-director, webmaster y articulista de esta revista que nos acoge… AGITADORAS y miembro de RIEPA (Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos).

Autor de relatos y articulista en varios números de la revista mexicana Quehacer Editorial. Ha participado en varias antologías de relato negro y de poesía.

Como siempre… un lujo charlar distendidamente con Joaquín…

P.- Venganza criminal... ¿novela negra, erótica, negra-erótica?

R.- Indudablemente, negra-erótica. Toda la serie de Beatriz, investigadora licenciosa, pertenece a ese género. El mismo nombre de la serie lo indica. De hecho, el uso sin muchos escrúpulos de las armas de mujer de la seductora Beatriz es una de las piedras angulares de la serie. Aunque ello pueda generar rechazo de algún crítico purista de la novela negra, creo que es lo que hace de la serie algo infrecuente y especial.

P.- ¿Por qué la casa de Alberto se llama Gurugú?

R.- Mi padre era de Jijona, Alicante, y heredó una finca en la montaña. A dos kilómetros de ella, unos parientes cercanos tenían otra que ostentaba el nombre de Avió del Gurugú. De niño, cuando pregunté por qué tenía ese extraño nombre de “Gurugú” me explicaron que era un monte del Norte de Marruecos en el que había habido una gran batalla. El que a una finca en mitad de la sierra de Alicante se le hubiera puesto ese nombre me dejó fascinado e intrigado. Cuando comencé la serie de novelas y decidí que Alberto, el padre adoptivo y amante de Beatriz vivía en un chalet de Denia, le quise dar un nombre y, de inmediato, Gurugú me vino a la cabeza. Es un pequeño recuerdo a mis estancias juveniles por aquellos montes que me han dejado más marcado de lo que nunca hubiera pensado, pues continuamente me viene a la cabeza. De hecho, la finca donde mantienen recluida a Beatriz es realmente aquella que heredó mi padre.

P.- En esta ocasión las pasan bastante mal, dígame quien tiene la culpa de tanta "crueldad" ¿usted o las circunstancias?

R.- Al principio es cosa mía. Un poco cansado de lo políticamente correcto que invade en los últimos tiempos todas las áreas de la sociedad, incluyendo la cultura, quería escribir un revulsivo que incluso escandalizase a gran parte de los lectores. Mi intención es que, por una vez, cuando el lector termine la novela, le cueste dormir con la placidez de cada noche. Pero como siempre ocurre en el desarrollo de la escritura de las novelas, los personajes se me fueron de las manos y decidieron ir más allá de mi intención primigenia.

P.- ¿En alguna ocasión, alguien, le ha llamado la Atención por la relación 'supuestamente incestuosa' entre Alberto y Beatriz?

R.- Sí, cómo no. Pero ello forma parte de mi esfuerzo por alejarme de lo políticamente correcto, aunque en realidad no tienen parentesco de sangre, por lo que su relación “incestuosa” lo es solo desde el punto de vista social. En el mundo real es un hecho bastante frecuente que una relación de tipo Pigmalión como la de Alberto y Beatriz acabe con sus protagonistas enredados sexualmente.

P.- Observo que es usted muy, muy, muy detallista a la hora de vestir y maquillar, fundamentalmente, a Beatriz. ¿Quién es su asesor/ra? ¿Por qué ese afán en el detalle... de todo tipo?

R.- Mis asesores han sido las revistas de moda y femeninas. Tengo mujer y dos hijas –en esa época en plena efervescencia adolescente-. Por ello, las revistas que tratan esos asuntos han abundado por mi casa. Durante la escritura de la serie he estado por primera vez en mi vida atento a las tendencias que han ido surgiendo en ese tipo de publicaciones para que mi protagonista estuviera a la moda, tanto en ropa como en cremas y maquillajes.

El afán de detalle es para dar un punto más realista y cercano a mi protagonista. Las mujeres hermosas, las que se tienen por tales y, en general, casi todas las mujeres, dedican una parte importante de su tiempo cada día a elegir su vestuario, dibujar su maquillaje, pasear por las tiendas de ropa... Para ellas su imagen diaria es fundamental. En pocas novelas se le da la relevancia que tiene en el mundo real y, desde la primera novela de la serie, quise que ese fuera uno de la matices que forjaran el estilo de la serie y marcaran una de las referencias que da mayor sensación de realismo a la misma.

P.- ¿Quién es la primera persona que lee sus manuscritos? ¿Cómo le mira cuando acaba la lectura?

R.- Intento no abusar de la paciencia de mis conocidos dándoles la paliza con borradores de mis escritos, así que durante toda la serie de Beatriz, y con excepción de la quinta, aún inédita, que también han leído mis dos hijas, mis manuscritos solo han sido leídos por los editores y mis dos hermanos, que han tenido la delicadeza de minimizar sus comentarios –a petición mía– a las erratas y al apunte de alguna pequeña incongruencia que se hubiera podido dar y que, demasiado concentrado en la escritura, se me hubiera podido pasar por alto.

Y nunca me han mirado torvos. Mi hermana Eugenia porque vive a más de seiscientos kilómetros, con lo que no la veo hasta mucho tiempo después de que los haya leído. De ese modo, el posible efecto de la lectura del manuscrito no ha dejado huella en su mirada. En cuanto a mi hermano Juan, porque es un auténtico apoyo en mi labor creativa y en muchas otras áreas, así que su mirada es siempre positiva.

P.- ¿Qué es para usted la novela negra? ¿Hasta qué punto es necesaria en nuestra sociedad?

R.- Para mí la novela negra es aquella que conjuga intriga con el mundo criminal. Es una especie de versión social ácida de las siempre populares novelas de intriga. Las características que la suelen rodear son la corrupción, ambientes sociales concretos y mayormente actuales, una cierta indiferencia moral hacia el crimen y un concepto de justicia subjetivo de sus protagonistas; todo ello bajo un tipo de escritura más directo y menos rebuscado que otros tipos de literatura con más pretensiones intelectuales.
No es ni más ni menos necesaria que cualquier otra expresión cultural, aunque su justificación per se, se daría en los países donde la libertad se haya limitada, ya que es un buen instrumento para mostrar de modo metafórico lo oscuro de ese tipo de sociedades, entre las cuales cuento también a las que tienen una falsa democracia, como son la mayoría de las democracias actuales.

P.- ¿Cómo ve el panorama "negro" nacional?

R.- Creo que está mejor que nunca. La novela negra ha pasado de ser considerada una especie de subgénero literario a un género con mayúsculas. Y tanto a nivel nacional como internacional. Actualmente estamos en una fase en que es un género predilecto para su escritura, su lectura y su publicación. Ha pasado a ocupar gran parte del espacio de la novela fantástica y de ciencia ficción, que han perdido parte del peso editorial que antes tenían. Aunque hay una cierta sobreabundancia de novela negra, se escriben obras de gran nivel e interés en nuestro país.

P.- ¿Se inclina más por la personalidad del criminal o del agente de la ley?

R.- Si tuviera que elegir, por la personalidad del criminal, que es mucho más compleja y llena de matices. El criminal está más cerca de las personas reales. Todos hemos cometido acciones incorrectas que, aunque no delictivas, nos permiten comprender mejor las debilidades, oscuras motivaciones y ambiciones de los criminales. Además, el agente de la ley juega con toda una organización estatal que le apoya, mientras que el criminal es una especie de David frente a Goliat, aunque muchas veces sus motivaciones no tengan nada de edificante. Y yo siempre he sentido debilidad por las causas perdidas. En unos tiempos en que la legislación constriñe cada vez más la verdadera libertad e individualidad, el criminal muchas veces es un símbolo de la resistencia del hombre frente a la maquinaria implacable del Estado y los poderes de las corporaciones.

P.- ¿Sangre o psicología?

R.- En general, psicología. La sangre es imprescindible en la novela negra, pero lo que define una buena obra es la psicología de sus personajes. Los asesinatos son limitados –disparo, envenenamiento, apuñalamiento…–; las psicologías, infinitas. Me parece mucho más interesante saber qué piensan los personajes y por qué actúan como actúan, que lo que llevan a cabo.
En mis lecturas, descubrir una psicología interesante y creíble vale tanto como el mejor de los argumentos.

P.- Elija arma y técnica ¿cuál es su método preferido a la hora de matar?

R.- Además de las tradicionales, hay dos que he utilizado en la serie de Beatriz a las que tengo un especial cariño.

En la primera novela, Citas criminales, el asesino utilizaba un tubo que es el que se usa en los últimos tiempos para matar a los cerdos. Tiene un émbolo que, empujado por un pequeño explosivo, penetra en el cráneo hasta el cerebro y mata instantáneamente. Me lo descubrió Horst Abel, un maestro carnicero alemán amigo mío que estaba preparando un libro sobre los diferentes métodos y embutidos de las matanzas a lo largo de Europa. Lamentablemente, falleció antes de completar su obra. Se da la casualidad de que, aunque mi novela ya estaba registrada, no se había publicado aún cuando en la película No es país para viejos, Javier Bardem utilizaba el mismo arma.

La otra es una idea de juventud de uno de mis mejores amigos, Gonzalo Berasategui. Consiste en congelar una barra de pan a temperatura suficiente para que se convierta en un instrumento tan duro como una barra de hierro. Una vez consumado el crimen, se deja descongelar y se da de comer a algún perro para que desaparezca, como sucede en Política criminal, la tercera novela de la serie.

P.- ¿Qué no incluiría nunca en una de sus novelas?

R.- Adoctrinamiento; especialmente político. Creo que las novelas son para entretener, sorprender y, si es posible, enseñar y enriquecer al lector. Utilizarla para el adoctrinamiento me parece deleznable.

P.- Si le digo, con bastante tiempo de adelanto, que el día 10 de septiembre de 2016 tiene que estar en Cartagena Negra ¿qué me contesta?

R.- Que allí me tendrá, lo mismo que iba a acudir este año en que se dio lo que Cortázar denomina la teoría de las constelaciones adversas, como hoy mismo me recordaba Miguel Dalmau, que acaba de publicar la biografía del belga-argentino-francés; probablemente la mejor que se ha escrito hasta ahora a pesar de las infinitas trabas que la familia del escritor y el biógrafo oficial le han puesto.

P.- ¿En que está trabajando ahora mismo?

R.- Estoy en el primer tercio –estimo– de una novela sobre un objeto de poder hallado por un hombre cualquiera tras varios siglos enterrados y cómo a través de él conseguirá afectar de modo, a veces irreparable, a las vidas de otras personas, cambiándole su carácter y personalidad. Aún no sé cómo acabará, pero eso es parte de lo que más me gusta de la creación en la literatura: las sorpresas que a mí mismo me depara a lo largo del desarrollo de una novela.

 http://www.agitadoras.com/noviembre%202015/francisco1.html

viernes, 30 de octubre de 2015

Sobre OSCURA LUCIDEZ, de Mario Pérez Antolín en el semanario La nueve musas

Portada Oscura lucidezUNA LECTURA SOBRE OSCURA LUCIDEZ, DE MARIO PÉREZ ANTOLÍN
Comienzo con un requiebro sobre el conocido verso del poema “Sagrada familia”, de Gertrude Stein. Si la Stein escribió “Rosa es una rosa es una rosa es una rosa”, para pensar sobre este libro, Oscura lucidez, de Mario Pérez Antolín podría simplemente decirse que aforismo es un aforismo es un aforismo es un aforismo.
 Ahora bien, un libro de aforismos que alcanza más de 150 páginas pareciera contradecir la intención de su autor. Me refiero a la consideración del aforismo como el reino del pensamiento que quiere ser creído y creado como aquello breve, fulgurante, preciso y justo.
 Es cierto, El libro de Mario se ordena en 6 amplios capítulos: La engañosa armonía del esteta, Fulguraciones, Lances importunos, El predominio de la sintaxis, La tensión del trémolo, Cuando la verdad llega tarde y no remedia el daño, además del capítulo final titulado Epílogo. Obviamente, entre tanto texto podemos encontrar líneas que resulten reconocibles y cercanas a nuestra particular forma de pensar, sea ésta la que sea. También, como no podría ser de otra manera, hallaremos sentencias e ideas que nos escuezan. Prologando el libro, Joan Subirats escribe: “El lector irá encontrando súbitos cambios de estilo, de formato, y también de contenido. Por tanto, habrá rincones en los que uno podrá encontrar abrigo y cruces en los que soplarán todo tipo de vientos”.

 Una lectura rápida de Oscura lucidez podría, de hecho, resultar demasiado perturbadora por la acumulación de perspectivas y opiniones en apariencia contradictorias.

Ese es el riesgo asumido a conciencia por Mario Pérez Antolín. Me refiero a la posibilidad de que la lectura de un aforismo, por su consustancial “repentismo”, impida que alcancemos la necesaria profundidad en nuestra inmersión en su seno semántico. Que leamos y pasemos de un aforismo a otro aforismo y al siguiente como quien se asoma a un escaparate de mercadería, echa un vistazo y continúa su paseo sin mirar atrás.
 Sin embargo, es precisamente en uno estos aforismos desde donde quizás su autor nos invite secretamente a “avizorar” el sentido último de su libro. En la página 50 puede encontrarse el siguiente texto:
 Lo memorable es el transcurso; eso que da igual de dónde venga o a dónde vaya, siempre que su oscilación me inquiete continuamente en una realidad duradera y extensa.
 Ese proceso, esa sucesión, el transcurso al que se refiere Mario responde, en mi opinión, a una constante, a una señal para sus lectores, indicio como los que usa la marinería para servirse de localización en la costa, de orden en su deriva para el regreso a puerto en la pesca cercana. Me refiero a su consideración de lo moral, del pensamiento y del ser moral.
 En Psicología, se dispone de un interesante modelo teórico para entender cómo se conforma el pensamiento moral. Me refiero a los trabajos orientados por Lawrence Kohlberg desde la década de los sesenta del siglo XX. En la perspectiva de la adquisición de la moralidad planteada por Kohlberg, el desarrollo del juicio moral –o crecimiento moral– se produce por la transición a través de seis etapas. La primera de esas fases implica que nuestros juicios y acciones responden a un criterio moral basándonos en el propio interés. Nuestra respuesta moral es utilitarista y egocéntrica; lo importante es seguir las reglas de acuerdo con el propio interés y necesidades, dejando a otros hacer lo mismo, en la medida que existe la obediencia y, por tanto, la expectativa de castigo recibido. En la última fase, denominada como postconvencional, la moral se fundamentaría en principios éticos universales elegidos intencionalmente. En esta etapa se reconoce la existencia de principios morales universales de los que se derivan los compromisos sociales, asumiéndose que las personas son fines en sí mismas y así deben ser reconocidas. Es decir, el valor inestimable de cada ser humano. Entremedio de la primera y la sexta fase se situarían otros escalones, aquellos que tienen que ver con la vida en sociedad y desde los que nuestros juicios y decisiones morales son elaborados teniendo en cuenta que esperamos que las otras personas valoren y actúen acorde al deber y a las leyes, porque que creemos que la norma garantiza la supervivencia y, por tanto, nos conformaríamos todos a dicho marco imparcial. Es el contrato social.
 La idea que sostiene Kolhberg es simple: la capacidad de las personas para desarrollar y mantener juicios morales y su valoración de lo que es justo hacer en una circunstancia determinada se fundamentaría en el cambio, en la evolución.
 Con todo, hay un aspecto crítico en esta teoría psicológica. De acuerdo con ella, el desarrollo de la moral postconvencional, recuerden, aquella que se basa en universales éticos, no permite la marcha atrás. Esto es, una vez alcanzado dicho nivel, la persona no sería capaz de invertir el proceso moral de su forma de pensar, de entender el mundo y a ella misma. La realidad histórica, por desgracia, presenta múltiples evidencias de lo contrario. ¿Cómo explicar la reversión moral, el cambio de valor respecto a creemos está bien o está mal y lo que seguramente todos estamos de acuerdo en considerar nuestra esencia, nuestra singularidad como persona, nuestra bondad?
 El objeto del pensamiento basado en la justicia es dar respuesta a los dilemas sociales.
 Otro psicólogo, Geörd Lind, ya comenzando este siglo XXI aporta evidencia empírica sobre la importancia que tiene la afectividad –nuestras emociones y sentimientos- en el desarrollo de los juicios morales y el ajuste de nuestro comportamiento a los mismos. De acuerdo con sus resultados de investigación, las decisiones morales están tramadas indefectiblemente con las hebras emocionales. El juicio moral resultaría de nuestra competencia afectiva. Hay así, de acuerdo con Lind, cualidades morales que se adquieren y que, también se olvidan. Los juicios morales y nuestra conducta no responde a una evolución –siempre ascendente- sino que igualmente puede producirse el movimiento de regresión.
 En el mismo poema que cité, Gertrude Stein dispone otro verso de nuevo de interés en relación con el libro de Mario. Dice de nuevo Stein: “La razón se frunce”.Buena parte de los textos de Mario lo que hacen es testimoniar y presentar sarcástica y críticamente ese movimiento de reversión del pensamiento moral. Acaso entienda que tal es el signo de los tiempos que, por desgracia, nos ha tocado vivir.
 Escribe Mario Pérez:
 Mitrovica tiene dos escuelas de rock: la del norte es para serbios, y la del sur es para albanokosovares. Cada una defiende, hasta la muerte, sus valores étnicos respectivos; ahora, eso sí, el nacionalismo intransigente no impide que en ambas, sin necesidad de acuerdo, se cante en inglés.
 Cuidado, tampoco ha de entenderse Oscura lucidez como un catecismo más o menos laico pero siempre admonitorio. Es, de hecho, todo lo contrario. Situar la lectura desde esa perspectiva contradeciría ese su motor principal que hemos denominado como el transcurso, la fluidez. Mario se vacuna, incluso, ante lo que puede denominarse como la fiebre del aforismo. Aunque el género aforístico muchas veces tiende a ser identificado como un territorio de hibridación literaria, Mario ha querido dinamitar una cómoda lectura normativa y unidireccional de su propio libro, introduciendo entre los aforismos y sin solución de continuidad textos que bien pueden ser identificados sin dificultad como microcuentos o, por supuesto, simplemente poemas. Vean si no el texto que sigue:
 Un carterista fue entrevistado por un periódico local. Reproduzco a continuación un extracto: —¿Cuándo te llevaste la mayor sorpresa? —En una ocasión, la billetera solamente contenía un papel con esta frase: «Espero que la próxima vez tengas más suerte». —¿Qué les dirías a los que sufren tus hurtos? —Me quedo con vuestras carteras y, a cambio, os perdono la vida. —¿Por qué elegiste este oficio? —Es el más cabal dentro del hampa, ni siquiera tocas a tus víctimas. —¿Hay un código deontológico? —Aunque le parezca mentira, yo no cojo las pertenencias que la gente se deja olvidadas sobre las mesas de los cafés. —¿Qué te da miedo? —Encontrar mi foto en una de esas carteras. Mi madre me abandonó cuando tenía cinco años. —¿Recuerdas tu primera vez?—Sí, con el dinero que conseguí pude comprar una cartera de piel que aún no me han quitado.
 Si a algo es fiel la escritura de Mario Pérez es a si misma. Recientemente Daniel Bellón realizó en su blog Islas en la redla siguiente entrada: “La poesía es muy escasa, los poemas muy abundantes. Tratar de encontrar poesía sólo a golpe de leer poemas me recuerda el esfuerzo del matrimonio Curie, extrayendo elementos radioactivos de toneladas de pechblenda, eso sí, con bastante menor daño para la salud: tal vez el riesgo de cierto abotargamiento del gusto o de incremento de la miopía. ¿Cómo detectamos la presencia de ese escaso elemento, de esa partícula prodigiosa que es la poesía? Pues como el uranio o el polonio que descubrió Marie Curie, la poesía también irradia, y en grandes ocasiones nos produce mutaciones, nos cambia, y casi siempre para bien. Atentos a su radiación, pues.” Mario Pérez no duda en aceptar que la poesía siempre será el origen de su escritura. Entre las pequeñas joyas que irradian poesía desde las páginas de Oscura lucidez hay una que me ha impactado:
 Al pasar la palma de mi mano
por la palma de tu mano,
se produce una fricción
que es capaz de pulimentar
las asperezas del tedio.
Ese contacto superfluo y sutil
enardece la capilaridad del deseo
hasta que el deslizamiento
queda convertido
en un tenue hormigueo
que acabará extinguiéndose
sin remedio.
Lo sutil, lo frágil de la vida y de la palabra, de la voz que sostiene a ambas; el gesto liviano y quebradizo que deja huella esencial, que paradójicamente nos brinda consciencia de lo que se es: apenas tiempo.
 En fin, no se agotan, ni mucho menos, las opciones de lectura de Oscura lucidez con lo que yo haya podido extraer de su fuente. Por suerte, Mario viene a mi rescate con otro de sus aforismos:
 Esta forma de decir, siquiera tan respetuosa como dubitativa, requiere una forma de callar incontestable.
Ernesto Suárez

Editorial Baile del Sol, 2015

miércoles, 28 de octubre de 2015

Entrevista a José Óscar López en La Galla Ciencia

José Óscar López
(Murcia, 1973)


Foto de Elena Merino.

Es autor del largo y alucinado poema épico, o road movie en verso, Vigilia del asesino (Celesta, Madrid, 2014) y del poemario Llegada a las islas (Baile del Sol, Tenerife, 2014). Como narrador es autor del libros de relatos Los monos insomnes (Chiado, Madrid, 2013).
También ha publicado Nosotros, los telépatas (plaquette en formato electrónico con dos relatos, Suburbano, Miami, 2013), y ha participado con un extenso relato, “Armas de fuego místico”, en la antología colectiva Extraño Oeste (Libros del Innombrable, Barcelona, en prensa). Sus narraciones y poemas han aparecido en revistas como La bolsa de pipas o Hache, y en websites como Los novelesLas afinidades electivas La nave de los locos. Ha colaborado como crítico y ensayista en antologías colectivas como Los Supremos. Superhéroes y cómics en el relato hispánico contemporáneo (El Cuervo, Bolivia, 2013), y en revistas como El coloquio de los perrosDeriva Quimera.


¿De qué le salva la poesía?

Del aburrimiento y del mal. Del lenguaje que no sirve al lenguaje, de la vida que no sirve a la vida.

¿Un verso para repetirse siempre?

Uno que mute a cada instante. Ahora mismo se me ocurre uno, de una canción de Sr. Chinarro, que me encanta: “Hay agua viva en el lavabo”. Bueno, uno más definitivo, espere…. Sí, estos versos de Shakespeare: “La vida es una sombra... Una historia contada por un necio, llena de ruido y furia, que nada significa”

¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?

No me obligue usted a elegir, yo solo soy monoteísta en el amor. Al hilo de la pregunta anterior, uno mutante que comprenda y abarque todos los demás. No creo en el número uno, a partir del dos todo empieza a ser más divertido. Una de las cosas que más me fascina de las bibliotecas es la alegoría que construyen del triunfo de las voces distintas y multiplicadas, de la innumerable pluralidad. Bueno, venga, uno: El libro del desasosiego de Fernando Pessoa.

Amor, muerte, tiempo, vida…, ¿cuál es el gran tema?

El mal en la narrativa. Y en la poesía su reverso, esto es el amor. Porque la poesía debe ir al grano. Todo lo demás, parafraseando a Dante, gira en torno del amor.

¿Qué verso de otro querría haber escrito?

Muchísimos. Cuando intento escribir poesía , la prueba definitiva para dar por bueno un verso es que no parezca que lo haya escrito yo. Voy a decirle uno que se me ocurre ahora, del Conde de Villamediana: “La tierra llora pues el cielo canta”.


¿Escribir, leer o vivir?

Todo mezclado y agitado. Al final se trata de la misma borrachera.


¿Dónde están las musas?

Donde duela, tengas miedo o sientas asombro.


¿Qué no puede ser poesía?

Los propios poetas. Es de justicia (poética).


¿Cuál es el último poemario que ha leído?

La edad de merecer de Berta García Faet. Bueno, es una relectura. Un libro excepcional, mi poemario preferido en lo que va de año –o en dura pugna con el último de Julieta Valero, Que concierne.


Si todos leyéramos versos, el mundo…

Dudaría más y estaría más abierto a la conversación y a la belleza. Y al silencio y a la belleza


Tres autores para vencerlo todo.

Si digo Homero, Shakespeare o Kafka suena obvio. Le diría los autores que me quedan por leer, dicen que llega un momento en que uno prefiere releer y supongo que yo no quiero hacerme viejo. Ahora estoy en modo leerlo-todo de Don DeLillo o de Gonçalo Tavares, por ejemplo. Claro que esta es una revista de poesía y no hay nada más peligroso que recomendarle una novela a un lector de poesía, no sé por qué pasa esto pero por mi experiencia suele ser así. Vale, tres poetas: el anónimo y múltiple del Romancero, el que compone la constelación de los Siglos de Oro y Juan Ramón Jiménez.


¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?

Soy un yonqui del cuaderno y el bolígrafo. Y cuando llega la hora de volverse loco pasando a limpio y poniendo orden, el teclado y mucho café. 


lunes, 26 de octubre de 2015

Reseña de Los restos de la derrota, de Roberto Moro en Libros y Literatura

“TODOS LOS POEMAS SIRVEN PARA ALGO.
Los restos de la derrotaQue es más de lo que puedes decir de muchas personas.
El problema es encontrar
para qué
antes de pegarles un tiro”.
Esos días en que todo cae. Como si se hubiera detenido la gravedad que todos llevamos dentro de nosotros mismos y los restos, o todo lo demás, se precipitara en bloque sobre nuestros estómagos. Esa sensación. La de la derrota. Y el sabor de la sangre entre los dientes, aunque uno no sepa muy bien si se trata de la propia o de la ajena. Esos otros días imposibles de levantar. Escritos sobre fondos en mate y pequeñas ironías colgadas justo en ese momento en que todo se precipita y lo que viene es un punto final.
Después, alguien, Roberto Moro, llega y te empieza a hablar en este pequeño libro de poesía, Los restos de la derrota, de primeros y segundos tiempos, de la importancia del factor campo, del valor de los goles como visitante y de las dichosas prórrogas de tres o más minutos. Y aunque no hable de ti, sabes perfectamente a qué se refiere. Que es más de lo que puedes decir de muchas personas que sí te conocen. Así que no, por supuesto que no vas a pegarle un tiro.
Aunque estemos aquí para perder.
Con todo, os confieso que este nunca fue un partido en igualdad de condiciones. No lo fue porque no soy una lectora habitual de poesía. Lo que más que una derrota es, ya de por sí, todo un fracaso. Pero tampoco porque a una parte de mí, irreversiblemente vencida, siempre le hubiera gustado escribir como Roberto Moro lo hace. Con esa chispa, con ese ingenio, con un milímetro de toda su poesía. Y eso a pesar de ser este su primer libro publicado. A él, o lo que queda de él – a ratos El Hombre Que-, lo podéis leer también en Planisferio (http://www.planisferio.com.mx/author/roberto/) o, incluso, en este mismo espacio de reseñas.
Mientras, en Los restos de la derrota -publicado por la editorial Baile del Sol (http://www.latiendadebailedelsol.org/277-moro-roberto-los-restos-de-la-derrota.html)-, se juntan campeones, funambulistas y dioses que ni están, ni es posible que tampoco se les espere. Y se amontonan entre sus versos, caídas, armas de fuego, vísceras y cuerpos con los que encontrarse una mañana cualquiera de camino al trabajo. Poemas que divagan sobre la muerte, propia y ajena, con un cierto toque a noir. Que sacan a pasear las historias de antihéroes y disparos. El lugar perfecto donde perder -empañado a tramos por cierto hastío, por la rutina, el devenir de los días o el desamor-, no siempre significa algo necesariamente malo. Como si la derrota no fuera ya de por sí en realidad un asunto feo y pudiera acabar de otras muchas maneras.
Por ejemplo, en un poema.
Pero también, a veces, con una sonrisa.
Allí donde los vencidos, los poetas y los lectores –no importa demasiado si se pierde o no en los penaltis–, siempre ganan.
http://www.librosyliteratura.es/los-restos-de-la-derrota.html