martes, 13 de octubre de 2015

Entrevista a Jorge Majfud en La República Cultural.es

Julio Castro - La República Cultural.es

Encontré a Jorge Majfud en el Salón Internacional del Libro Africano (SILA)este año 2015, donde tenía que introducirle en la charla inaugural y abrir un pequeño debate. Como dije en aquel momento, conocí la literatura narrativa de Jorge gracias a mi amiga Inma Luna y a la editorial Baile del Sol. Su lectura se ha ido ampliando más tarde y queda camino por recorrer (espero que mucho). Pero no hay nada mejor que compartir y debatir con un autor, para saber de dónde viene el camino que le ha trazado, o constatar si las coordenadas de destino van hacia donde parece por sus textos.
Y en su caso resulta ir más allá. Me parece digno interlocutor a la hora de saberle cercano a Eduardo Galeano, y próximo a Chomsky. En ambos casos por la manera de escribir y de expresarse, pero al primero por el corazón que pone en su razón apasionada, en tanto que al segundo por las razones que sustentan las ideas que defiende fervientemente de corazón. Se dice que escribe sobre la violencia (él mismo nos habla de la violencia moral como interés personal), cuando sus textos muestran a gente que busca un camino de salida, una huida hacia la libertad utópica que él mismo nos aclara, y una línea sur norte que hoy día ya está moviendo masas para reclamar justicia: no esa justicia colectiva adeudada, sino justicia personal, diminuta, la que nos deja amar, o vivir, comer y beber si se precisa, justicia moral, porque sin esa justicia no llega aquella paz. Es apasionante hablar con él y dejarle hablar y exponer, porque de ahí surge el tercer personaje, el que no se ve, pero se atisba en sus narraciones, el que movió todo antes de iniciar el relato, y el que se queda para finalizar una historia.
Uruguayo de niño correo para los presos en las cárceles de la dictadura, de grande emigrado a otros países de África y Europa para trabajar, de arquitecto se reconvirtió a su pasión: la literatura. Su apellido le denota proveniente de lejanos orígenes libaneses, y qué mejor mezcla para saber que estamos junto a un internacionalista. Ahora enseña en una universidad de Estados Unidos, donde lejos lograr que cambie de ideas, creará generaciones de rebeldes o, como mínimo, élites con grandes dudas.
No es un autor conforme con la realidad social, y no se detiene a ver lo que ocurre, sino que interviene y da su opinión, estableciendo marcos ideológicos amplios, donde hacer reflexionar sobre la evidencia de las cosas. Sí, su narrativa también es una duda, también deja un gran espacio para que cada lector lo rellene con sus propias realidades y se enriquezca en la experiencia. Le propuse una entrevista estando en Tenerife y accedió, así que aproveché para pedir consejo a Tito Expósito, editor de Baile, para buscar un sitio de allí, algún local tradicional y, mira por donde, acabamos en el espacio revolucionario de Nelson, donde de lo local surge un espacio internacional. Y rodeados de un ambiente cargado de mensajes, nos refrescamos del bochorno con ventilador y cerveza, entre carteles, dibujos, panfletos, alguna bandera republicana y una tortuga con pancarta (“vamos despacio porque vamos lejos”), tuvimos esta enésima charla durante esas jornadas, pero ahora con una grabadora al lado. No me he atrevido a cortarle nada, porque nada tiene desperdicio, pero animo también a leerle en sus libros porque será otra forma de ver a Jorge Majfud.

¿Por qué empiezas a escribir?
Porque empecé a leer muy temprano por mí mismo (con cinco años), muchos de los periódicos que mi padre recibía. Como consecuencia el médico prescribió que me retiraran los materiales de lectura por cuestiones de salud, prevenirme de los nervios… me lleva a leer en plan clandestino cuando era pequeño y, especialmente, de adolescente. Como consecuencia de esto creo que pasé a la escritura. Mis abuelos vivían en una población muy lejana en una granja donde no tenían televisión ni nada. Yo solía escribir pequeñas obras de teatro (ellos eran algunos personajes), y se las enviaba por carta. Escribía en una máquina Olimpia de mi padre, que tenía en el cuarto que compartía con mi hermano, y siempre la tenía cerrada, porque era un elemento caro para un carpintero y la usaba para cuestiones administrativas. Pero aprendí a abrirla y a empezar a escribir.

Tu padre carpintero y tu madre artista plástica, supongo que eso también es una mezcla que supone grandes expectativas para la creatividad.
Sí, porque es una época en que la carpintería era una arte, aunque era un acto económico, era casi ético, porque todo lo que se hacía se intentaba que durara muchísimos años, contrariamente a lo que es ahora, en que las academias enseñan a calcular para que un producto dure poco (que también va contra el medio ambiente).

¿Es por eso que te dirijas hacia la Arquitectura?
Probablemente, porque también en mi primer cuento me fascinaban las obras de Leonardo da Vinci, su pintura, sus inventos, me gustaba mucho la matemática y esa combinación del Arte y la Ciencia. Y la profesión más idónea era esa. Pero al mismo tiempo escribía y era algo marginal, nadie se podía dedicar a eso, así que en el momento de elegir una profesión pensé lo que se esperaba: estudiar una profesión tradicional. En esa época nadie imaginaba que se pudiera estudiar literatura y vivir de ella. Hoy mismo poca gente vive de la literatura.
Abandonas tu profesión de arquitecto…
Jose Luis Gómez Martínez, mi profesor que era originario de Soria, pero entonces estadounidense en la Universidad de Georgia leyó un par de libros y me invitó a desarrollar mi carrera literaria que siempre fue mi primera vocación. En esa época en Uruguay había una crisis que fue la mayor en cien años, y estaba la crisis argentina, así que salí a Estados Unidos (había estado en España trabajando para un arquitecto también), y la Universidad de Georgia me dio la oportunidad de pagarme mis estudios al mismo tiempo que daba clases como asistente. Tenía la oportunidad de estudiar una maestría y luego un doctorado, totalmente financiado por Georgia. Par mí fue una experiencia importante poder dedicarme a lo que realmente quería hacer: la literatura, la investigación, la cultura en general… no sólo restringida a la Arquitectura. Porque la Arquitectura es muy romántica mientras la estudias, pero al salir al mercado laboral te enfrentas a la dificultad de conseguir trabajo, o tener clientes que, realmente, no tienen la menor idea de lo que es, y te imponen qué hacer.
Alguien que no es parte de una gran empresa debe dedicarse, como yo hacía en gran medida, a calcular estructuras para otros arquitectos. Me parecía demasiado mecánico y una forma de supervivencia.
La universidad me ofrecía la oportunidad de dedicarme a la Literatura y vivir de eso, así que al principio lo hice como un experimento y, hasta ahora, estamos ahí.

¿Sales de Uruguay porque la situación es complicada políticamente con la dictadura?
No, en realidad yo viví la dictadura. De niño pasaba mensajes en la cárcel, porque en el área de juegos de los niños, donde se les permitía estar, no se controlaba lo que decían los niños, de la misma manera en que sí se controlaba lo que decían los familiares por teléfono en las visitas. Así que, la única forma que yo tenía de pasar mensajes, era que algún niño con buena memoria y que entendiera el problema, se lo transmitiera a un preso y así también a nosotros.
Tanto viví la dictadura, que vi a una de mis tías suicidarse por culpa de ese problema. Conocí las cárceles hasta principios de los años ’80. Una historia bastante trágica. Pero la decisión de irme de allí no fue por la dictadura, sino por cuestiones de vocación, de oportunidades laborales y por la grave crisis económica que hizo que la producción arquitectónica bajara a cero. En esa época casi todos mis amigos iban a España y a Estados Unidos.

En tu literatura hablas mucho de gente marginada, oprimida o que no le queda más remedio que marcharse y cruzar fronteras.
Sí, tanto en La reina de América que es la emigrante o los emigrantes españoles que van a América del Sur, pero también se encuentra con la dictadura: el inmigrante que viene buscando un sueño, pero rara vez se encuentra con el sueño americano, que se da en el norte y en el sur. Muy pocos se hicieron ricos, pero la mayoría simplemente sobrevivió. Y ahí está el drama de la esperanza, que la mayor parte se transforma en decepción, que es un proceso natural. Ahora, trato de explorar la violencia moral más que la violencia física, porque siempre fue más sutil y más profunda. Y una parte está en el divorcio neurótico del discurso oficial contra la realidad, que es lo que vi desde que era chico: lo que se decía en las escuelas, lo que debíamos callar como niños, y lo que veía como familiar y amigo de presos políticos. Esa obligación de mentir para sobrevivir, que también ocurrió aquí en España durante la guerra civil y el franquismo, que se expresa en muchas obras de ate españolas, como en La lengua de las mariposas, donde la persona debe traicionar al amigo, diciendo lo que no pensaba, como Judas traiciona a Jesús negándolo. Es un tema universal, la violencia moral es terrible, ver que el amigo y camarada termina insultándote para salvarse a sí mismo.
También hay violencia moral en el caso de la prostituta, que cumple una función donde el hombre sigue siendo honorable aunque abuse de la mujer, que es denigrada socialmente. Sor Juana Inés de la Cruz decía “¿quién es peor, la que peca por la paga o el que paga por pecar?”. Ya en esa época, el hombre salía realzado en su honor y la mujer denigrada socialmente. Eso es violencia moral y lo he explorado muchas veces.
El caso del emigrante es un caso específico donde la violencia moral está amplificada. En el emigrante mexicano, es expulsado por su propia sociedad, y hay violencia económica y moral porque es el “inútil”, el “pobre”; en el país que lo recibe también hay violencia moral al considerarle criminal porque abusa de un sistema de salud, cuando en realidad es al contrario, porque están sosteniendo una economía. Más allá de los números, en Crisis traté de explorar ese tipo de violencia, que a veces es sutil y que en otras ocasiones la propia víctima descarga sobre otras víctimas, y se reproduce en forma de corrupción, en forma de violencia de género o de otro tipo de violencia.

Hablas del desierto, hay un detalle que me llamó mucho la atención cuando alguien encuentra en el desierto una botella que otro dejó por si otro que lo atraviese la encuentra: alguien la encuentra y sobrevive. Es un símbolo de solidaridad ¿existe la solidaridad entre emigrantes?
Hay ambas cosas, solidaridad y oportunismo, porque es parte de la naturaleza humana, y cuando uno se enfrenta a determinadas situaciones, esas carencias resurgen. En algunos casos predomina la solidaridad, en otras la supervivencia. Depende de la situación, en el caso del preso que es torturado, o el que vende a sus amigos para salvarse… hay toda una gama humana y resurge en distintas formas que están dentro del individuo, unos con mayor conciencia ética reprimen lo más oscuro, otros con menos conciencia prefieren el beneficio propio…

En España y Europa tenemos varios desiertos, uno se llama mar, otro se llama países intermediarios que explotan a inmigrantes. Ahora nos encontramos en esta situación con los refugiados, porque hemos cambiado términos para diferenciarlos, entre quienes huyen de una guerra y el resto. ¿Crees que esa situación de desiertos es comparable con lo que ocurre entre América Latina y Estados Unidos?
Sí y no, yo sé que hay diferencias entre refugiados y lo entiendo: no puedo compararme como inmigrante económico y con una educación, porque, por ejemplo, nunca fui ilegal. Hay diferencia entre inmigrante y refugiado, aunque en el fondo son la misma cosa, porque generalmente, el que emigra no lo hace porque está muy bien en su país, sino porque hay algo que lo motiva que suelen ser falta de oportunidades, violencia u otras causas. En el caso de América Central hay mucha violencia social derivada de un sistema global, como el narcotráfico u otros tipos, pero es un problema complejo del que no vamos a hablar.
Lo que quiero decir es que en el caso Sirio, hay un problema urgente que resolver ahí con esa gente, pero durante décadas, los inmigrantes han pasado penurias, como los africanos que cruzan el Mediterráneo y se ahogan ahí, o los mexicanos y centroamericanos que cruzan el desierto… ¿quién pone su vida en ese extremo de riesgo si no es por una alta necesidad de algún tipo? Así que son refugiados de alguna forma, aunque técnicamente podamos considerarlos inmigrantes. Hay alguna diferencia, pero tienen algo en común: todos los inmigrantes son refugiados, o al menos buscan refugio y no lo encuentran, que es algo aún más trágico.

¿Crees que la Literatura puede ayudar en algo?
La Literatura y la Cultura humanizan, hacen más sensible a una persona, más consciente de los problemas ajenos y de las responsabilidades propias. Así que sí, desde el punto de vista social humanizan, desde el punto de vista individual también humanizan, porque si soy capaz de sentir una mayor gama de emoción, el universo y la vida, soy más humano, y la literatura y el arte me ayudan, así como un auto me ayuda a ir más rápido y más lejos, expanden la experiencia existencial. Sin ella seríamos menos humanos.
En épocas de barbarie, la Literatura y el Arte son despreciados como lo están siendo hoy en gran medida. Por eso vivimos en época de barbarie, y usamos el consumo, compramos para satisfacernos y nuestra gama de emociones se reduce drásticamente y vamos perdiendo ese universo que tendríamos en el caso de consumir literatura o arte. Pero cuidado, uno pone en la palabra “cultura” muchas cosas y la usa de forma indiscriminada. Hay que diferenciar claramente lo que es cultura crítica o cultura radical, que es la que más expande los límites estrechos que intentamos impulsar hacia delante los seres humanos (explorara emociones, explorar ideas, explorar la realidad, criticarla, desarticularla…) y otra cultura que simplemente sirve para consumir como una droga, da satisfacción durante un momento, pero nos impone el olvido y una cierta acrítica.
Entonces, la Literatura sirve sí, pero ¿qué literatura? Esa literatura que podemos decir radical si hablamos de literatura en general, o crítica que se refiere a un aspecto más social, esas literaturas por supuesto que nos ayudan en muchos aspectos. La otra tiene el aspecto contrario, y es también cultura, pero no tiene un aspecto liberador.
La literatura radical intenta expandir más allá el horizonte, así como la NASA cada vez intenta ver cada vez más lejos (esto es también muy cuestionable, pero bueno…) son instrumentos técnicos del ser humano para romper ciertos límites de nuestra humanidad. Y eso es lo que ha hecho siempre el Arte: volvernos más humanos y romper límites.
Porque en estos momentos, tenemos ciertos límites de percepción sobre un país, sobre un la sexualidad, sobre la relación humana… el Arte nos va empujando esos límites hacia delante, los expande, aunque los crea también.

Te he escuchado comentar acerca del intervencionismo de los políticos en el poder sobre los medios de comunicación.
De los políticos y, peor aún, de las fuerzas financieras. Simplemente con poner dinero para promover su producto en un medio están presionando al periodismo. Si produzco automóviles y pongo mi anuncio en tu diario, probablemente tu diario no va a incidir en criticar mis negocios, porque retiro mi anuncio. Eso es totalmente legal, parece legítimo, pero es una forma de dominio de la prensa, y esta es la que narra una realidad que es consumida luego. Obviamente no es un poder absoluto, también hay sectores de la sociedad que no se limitan a consumir ese tipo de realidad que es consumida luego, pero la mayor parte de la población sí, y la forma es tan sutil, que se convierte en invisible. Los políticos son parte de ese mecanismo, de manera que cuando reciben ayudas para sus campañas están siendo prisioneros de esos grupos.
En Estados Unidos, Donald Trump lo dijo muy claro: “invité a Hillary Clinton a mi boda y tuvo que ir”, porque había puesto dinero para su fundación. Es muy claro, caricaturesco pero muy claro. Así mismo funciona dentro de la política. Pero como decíamos en las jornadas del SILA, es una obligación civil y moral del Estado apoyar a la Cultura: debe se siempre, siempre, independiente del aspecto político de partido.

¿Y eso es factible?
Muchas veces se dice “es que la enseñanza y la cultura están enredados en una ideología de izquierda”, y mi valoración de esa realidad (porque eso es una realidad), es que a lo largo de la Era Moderna (desde el 1600-1700 hasta acá), la Cultura y los Intelectuales Radicales en el buen sentido de la palabra, siempre se han opuesto al poder. Si tú tienes que en América Latina casi todos los intelectuales eran de izquierda, en España de izquierda, hay que preguntarse ¿por qué? ¿es que los intelectuales son tontos y los demás son listos?
Mi respuesta es que la dinámica es obvia: si la intelectualidad es de izquierda, es porque el poder es de derecha. Y en América Latina era demasiado explícito, eran dictaduras, y cuando dejaron de ser dictaduras, continuaron siendo los poderes de algunas familias, del dinero, de la banca… Alguien puede decir que algunos intelectuales de Cuba siguen siendo de izquierda, pero en el contexto general sería estar en contra de una hegemonía que no es de izquierda, sino de derecha. No quiero centrarme en que la izquierda es buena y la derecha mala, porque los intelectuales de la Unión Soviética, tras algunas generaciones, estaban contra esa izquierda.
Así que, la Cultura, puede que tome rasgos biológicos, pero tiene implicación del por qué esa dominancia. Hay intelectuales de derecha, pero, como decía Octavio Paz “la derecha no tiene ideas”, y es por esa razón, porque la derecha está en el poder y no necesita ideas.
Si decimos: vamos a establecer una cuota ideológica en la enseñanza y en la cultura, y entonces yo digo, de acuerdo, establezcámosla también en el gobierno, en las finanzas, en Wall Street, en las iglesias, en el resto de la sociedad ¿por qué vamos a regularizar a un sector y a dejar libre a la economía al servicio de la ideología opuesta? Porque en Wall Street no mandan los intelectuales de izquierda, en los grandes gobiernos del mundo no mandan los intelectuales de izquierda, de hecho, ni se les consulta ni importa.

Eres muy combativo en las ideas que lanzas, pero ¿eres negativo respecto a las expectativas?
Las dos cosas, optimista y pesimista. Optimista en cuanto a la permanencia de movimientos de resistencia, porque estos son los que han provocado casi todo el avance ético y social del siglo XX. Por ejemplo, por qué hoy nadie discute que la integración racial es algo positivo, y es porque hubo generaciones que lucharon mediante movimientos de resistencia: movimientos malditos por la sociedad. Pero no se vendieron, siguieron luchando y, después de generaciones, vencieron esa lucha dialéctica, social, redefiniendo lo que es correcto o incorrecto. Y casi siempre, esos grupos han reivindicado la libertad. Ahora, yo creo más en la liberación que en la libertad: la libertad es una abstracción, una utopía. Pero yo me puedo liberar de un problema económico, del tabaquismo, de una pareja que abusa, de la economía, de muchas cosas. El concepto libertad lo inventaron algunos para mantener un status quo y es un mito, aunque como utopía no es tan mala. Lo que es concreto son las liberaciones y esos grupos son los que siempre han luchado por la liberación.
Así que creo en la libertad pero con un objetivo ¿cuál libertad? la libertad igualitaria, porque los millonarios son más libres que nosotros, pero no es esa libertad la que proponemos. Y para eso necesitamos un equilibrio de poder, porque si no tengo poder, ¿qué libertad poseo?

Te voy a poner en un brete ¿tu literatura es libre?
No, no lo es, está contaminada y comprometida con la realidad. Es un intento de liberación de mis obsesiones y muchas otras cosas. Una exploración de la naturaleza humana y de los problemas sociales… pero no, no es libre, porque si fuera libre sería ininteligible incluso para mí.

Pero tratas de llegar a la gente como un concepto de propuesta de libertad.
Absolutamente. Es que, de hecho, la mayor manifestación de la libertad humana (o la que más se aproxima a ese concepto) se produce en la creación. Los pájaros no son libres, parecen libres, pero los pájaros migran por que deben migrar. Pero al crear algo diferente, se produce el máximo de libertad y el Arte es uno de los principales laboratorios de la libertad.

¿Te han censurado mucho?
Escribo en muchos medios y un artículo que es publicado en un medio, muchas veces lo es porque coincide con la línea ideológica de ese medio, sea de izquierda o de derecha. Y eso es una forma de censura. Afortunadamente, hoy en día tenemos elección. La gran prensa casi siempre es muy conservadora y, por lo tanto, esa creatividad y libertad está mucho más en los medios pequeños o medianos.

Pero lo que llega en mayor medida son los grandes medios, aunque los pequeños seamos muchos ¿habría que equilibrar ese poder?
Pero ¿cómo? Los medios juegan un rol no equitativo, y los grandes medios no dependen de los lectores porque no se venden como en los siglos XIX ó XX, los diarios prácticamente son gratis porque viven de los anuncios. Y el que tiene un pequeño bar no se anuncia en el New York Times, o en El País, o en La Razón, sino que son corporaciones mucho más grandes. Así que la perversa dinámica consiste en que los medios más consumidos por su poder de publicidad dependen de grupos conservadores.

Me respondes con dudas, y en tu literatura también.
Es que sin la duda ¿qué clase de libertad hay? La duda es el primer paso para cuestionar, para pensar si es posible otro camino. No tengo una fórmula, ni siquiera para mi propia vida, pero la vida es una exploración y debemos tratar de ir rompiendo barreras como individuos y como sociedad. Y sin Cultura ese proyecto es imposible.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Cuestionario literario a Javier Morales en Culturamas


ochoEn el país de la novela, Javier Morales ha hecho del relato breve su arte. Si bien en el 2013 con Pequeñas biografías por encargoabandonó el género del relato en favor de la novela breve, la trayectoria de Morales se define precisamente por el relato, un género que el escritor nacido en Placencia ejercita combinando las tres principales tradiciones literarias versadas precisamente en este género corto: la tradición norteamericana, la tradición argentina y la tradición rusa. “En España”, señalaba hace un par de años Morales, “el  cuento es un género bastante minoritario”, si bien reconocía que en las últimas décadas y, podría incluso especificarse, con entusiasmo, en los últimos cinco años, la popularidad del género corto ha aumentado, especialmente gracias a la labor de algunos editores –véase Salto de Página o Baile del sol, donde Morales publicó su último libro Ocho cuentos y medio– que han apostado por la publicación de libros de relatos y por autores. Enfrentándose al banal y erróneo tópico, tan difundido en este territorio, de que el relato es el hermano menor de la novela, algunos editores han decidido apostar un este género en el que se inscriben las obras cumbres y los autores canónicos de  países como Estados Unidos, Rusia y, especialmente Argentina. Publicado en el 2014 en  Baile del solOcho cuentos y medio es, seguramente y hasta el momento, la obra más destacable de Morales: en un explícito y a la ver formalmente implícito homenaje a Chejov, el escritor placentino propone una serie de relatos enmarcados en la cotidianidad. Sin excesos estilísticos y sin tramas complejas, Morales busca en la más absoluta normalidad, la grieta que provoca el desconcierto, tanto para el lector tanto para los personajes, que ven desbaratarse la rutina de sus propias existencias. La grieta, como mencionaba Alex Chico en una reseña de Lisboa, puede considerarse como el liet motiv de la obra de Morales, alguien que se adentra en temas del día a día como el matrimonio, el trabajo, los hijos o el suicidio –seguramente el tema más duro, junto al de la violencia, presente en su obra- buscando en cada uno de ellos los puntos de fricción, momentos de desajuste que provocan una grieta entre lo asumido y lo inesperado. En este sentido, es difícil no ver en Morales un eco cortazariano: en efecto, si bien desde una perspectiva neofantástica del género relato, Cortázar definía sus relatos como la improvisa introducción de lo extraño en lo aparentemente anodino de la existencia. Sin explicación, sin aparente lógica y, sobre todo, sin una justificación final que dote el cuento de un sentido único e inapelable, los relatos de Cortázar “condenan” al lector a permanecer entre dos interrogantes, lo condenan al desconcierto y a la duda. ¿Qué es aquello que obliga a los dos hermanos a abandonar su casa, ocupada inesperadamente por un algo cuya identidad se desconoce?Cortázar no contesta narrativamente a esta pregunta, como tampoco contesta Javier Morales ante las quiebras que él mismo abre en sus relatos. Los finales abiertos definen todos los relatos de Morales que, si bien rehúye del explícito compromiso socio-político en sus relatos, hace de su literatura un constante interrogante acerca de nuestro presente, tan incomprensible como necesitado de cuestionamiento.
morales 1
¿Cuál es su idea de felicidad perfecta?
La felicidad, en sí misma, es algo que alude a la perfección. Por tanto es imposible conseguirla. Siempre me gustó esa frase de Bolaño cuando dijo que él había sido feliz todos los días de su vida, aunque solo fuese un poquito. Esa es mi ambición y, a veces, cuando estoy con las personas a las que quiero o en un momento en el que me siento rodeado de belleza (de cualquier tipo) tengo la impresión de haberlo conseguido.
¿Cuál es su gran miedo?
Tengo muchos, pero quizás el peor sea llegar a sentirme fracasado como padre.
¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?
En esta sociedad ultracapitalista, la ambición desmedida, la dureza que ha de mostrarse para triunfar en determinados ámbitos, lo que a la larga acaba deshumanizándonos.
¿En qué ocasiones recurre a la mentira? (en el caso que confiese mentir)
Los escritores mentimos siempre, ja, ja, somos mentirosos patológicos, por lo tanto no te creas nada de lo que digo en este cuestionario. Ahora en serio, cuando considero que una mentira puede evitar que alguien lo pase mal y que lo que estoy ocultando no es importante.
¿Se muerde la lengua antes de expresar determinadas opiniones por temor al qué dirán?
Depende del contexto. Más que por temor, hay veces en las que me da mucha pereza tener que discutir con alguien, sobre todo cuando mi interlocutor muestra una intolerancia que impide cualquier diálogo civilizado.
¿Cuándo fue la última vez que tuiteó o publicó algún comentario en las redes sociales con plena libertad?
Ayer mismo, ja, ja. No suelo cortarme en las redes sociales, aunque como te decía antes, tampoco caigo en los debates estériles con gente que no merece la pena.
¿Qué es para usted la libertad?
Una aspiración, algo inalcanzable. La posibilidad de intentar ser uno mismo  sin dejar heridos en el camino.
¿Siente que ser una persona reconocida públicamente le resta libertad con respecto a la persona anónima?
Bueno, no creo que sea demasiado conocido. En cualquier caso, en los círculos en los que me muevo mi faceta “pública” no me resta libertad, al contrario, es un acicate para llegar a más gente.
¿Hablar y expresar públicamente opiniones políticas o silenciarlas?
Compartirlas y expresarlas, por supuesto, es un derecho que ha sido muy difícil de conseguir a lo largo de la historia y que siempre estará amenazado. Con todos sus defectos, en España vivimos en una democracia y debemos intervenir en el debate público. Las redes sociales han abierto grandes posibilidades en este sentido.
¿Activismo público o compromiso privado?
Lo ideal sería que ambas facetas fueran de la mano. Por ejemplo, no resulta muy coherente que uno alerte sobre los límites ecológicos del planeta y luego se mueva en coche hasta para comprar pan. Por otro lado, no creo que yo sea un activista en ninguno de los dos ámbitos, público o privado, y tampoco aspiro a ser ejemplo de nada ni ser un moralista, qué horror. Me contradigo todo el rato. Creo que era Voltaire quien decía que quien no se contradice al menos cinco veces al día es un tonto.
¿Informarse o ser informado?
Informarse, claro, quizás por deformación profesional. Trato de pensar por mí mismo, sin ideas sectarias o preconcebidas, aunque supongo que no siempre lo consigo. En este país nos movemos mucho por las consignas y por avalar incondicionalmente todo lo que dicen “los nuestros”, aunque no siempre lleven razón.
¿Qué es para usted y qué valor tiene la información?
La información es básica para construir una sociedad democrática, para ser libres y ejercer la crítica. Cercenar este derecho significa amputar la democracia y debemos estar siempre muy alerta porque la amenaza del poder para restringirla está siempre ahí. Lo hemos visto con las medidas antiterroristas, como si hubiera que elegir permanentemente entre la seguridad o la libertad, lo cual es una falacia.
morLa cultura, ¿cuestión de esnobismo o conocimiento transversal?
Cultura y esnobismo son un oxímoron, ¿no?, una contradicción en los términos. La cultura debería hacernos más empáticos, abiertos y receptivos a lo que ocurre a nuestro alrededor. De ahí que siempre deba ser un conocimiento transversal
¿Todo es cultura? O, mejor dicho, ¿qué no es cultura para usted?
A veces los límites están claros, cuando por ejemplo hablamos de algunos programas de la televisión que desde luego son la antítesis de la cultura, o de lo que debería ser al menos. Pero en otras los límites son más difusos y lo que ahora pensamos que no es cultura a la larga lo será. Como ya voy teniendo una edad, recuerdo las discusiones hace años con algunos amigos culturetas en torno a las series. Las despreciaban y me miraban por encima del hombro porque a mí siempre me han apasionado (las buenas, claro). Algunos de ellos hoy están a la última en cuanto a las series y ya no leen, dedican su tiempo libre a consumirlas, me dicen. Y ahí es donde está la clave: la cultura no se consume, se vive y se disfruta. Volvemos al esnobismo.
¿Sus referentes culturales son literarios, musicales, artísticos, cinematográficos…?
Todos ellos y me gusta que sea así. La cultura, como decías, es transversal, y no entendería mi forma de ver el mundo sin el cine que he visto, por ejemplo, sin que por eso yo me considere un cinéfilo. Uno no puede abstraerse del mundo en el que vive.
¿Un autor para releer?
Hay centenares. Pero si tuviera que recomendar un autor y un libro, así, a bote pronto, sin duda sería El Danubio, de Claudio Magris. Un libro inclasificable y cuya lectura nos ayuda a entender lo que somos. Más necesario que nunca.
¿Un autor recién descubierto?
No diría que recién descubierto, pero quizás John Williams y su novela Stoner (Baile del Sol). Una historia sencilla en torno a un profesor de inglés, contada con brillantez, con una prosa sobria, que indaga en lo más hondo de nuestros anhelos y frustraciones, en el significado de la vida.
¿Una película, una obra de teatro o un espectáculo recientemente visto y que no olvidará?
Por diversas razones voy poco al teatro, aunque me encanta. Voy  más al cine, pero reconozco que en los últimos tiempos no he visto ninguna película inolvidable, como demuestra mi respuesta. Sin embargo, hablando de series, sí hay varias que mantendré en mi retina durante mucho tiempo. Por citar algunas, Los sopranoThe good wifeBoardwalk empire y Mad men.

La creación, ¿un arte, una pasión o un ofició que se puede aprender?
Pues todo a la vez. Es imposible escribir, que es de lo que mejor puedo hablar, sin pasión y sin oficio. Se puede aprender la técnica, sin duda, conocer las herramientas, pero requiere mucho esfuerzo y muchas lecturas. La creatividad depende de nosotros, es nuestro tesoro, y también se puede estimular.
¿Todos podemos escribir un libro?
Como decía antes, con tesón claro que se puede. Otra cosa es que el resultado sea bueno. Pero el mero hecho de haberlo conseguido, de haber trabajado con honestidad, ya es un mérito.
¿Todos podemos publicar?
Ahora, con internet, la publicación está al alcance de todo el mundo, lo que no quiere decir que lo que se publique merezca la pena. En este sentido, y con todas sus limitaciones y errores, las editoriales sirven como filtro y como el primer “crítico” de nuestro trabajo. Aunque también es verdad que cada vez más están condicionadas por el mercado, al menos las grandes.
¿Todos podemos ser artistas?
Todos tenemos esa capacidad, pero luego hay que desarrollarla. ¿Por qué unos lo consiguen y otros no, en igualdad de condiciones? La verdad es que no lo sé. Supongo que eso es lo que nos hace singulares y no meros robots.
El éxito, ¿personal o profesional?
Lo deseable sería que coincidieran, aunque el éxito personal y el profesional no suelen ir de la mano. El éxito personal abarca muchas facetas. Si hablamos de la escritura, por ejemplo, el éxito consistiría en escribir la obra que uno ambiciona, aproximarse al menos. Como son pocos quienes viven de la escritura, lo más normal es que haya que ganarse la vida de algún modo y compatibilizar la literatura con otra actividad, con otra profesión.
El éxito, ¿fama, dinero, reconocimiento o no necesariamente?
Cuando veo lo mal que lo pasan millones de personas en este planeta, que huyen del hambre o de la guerra, o viven en una dictadura, me siento un afortunado en lo material, la verdad. No necesito grandes cosas. Tampoco la fama. Aunque sí el reconocimiento de la gente que valoras y cuyo talento aprecias.
¿Cuál considera que es su gran logro?
Levantarme todas las mañanas y pensar que las cosas podrían ir a mejor.
¿Cuál es su lema?
Como decía Frank Bascombe, el protagonista de El periodista deportivo, de Richard Ford, “vive y deja vivir”.

lunes, 5 de octubre de 2015

Reseña de Tuve que hacerlo y otros relatos, de Carlos Ortega Vilas en El Escobillón


“Con todo, mi educación es impecable. Mi apariencia, distinguida. Mi sonrisa, encantadora. Mi constitución, atlética. Mi atractivo es innegable. Y soy más culto que la mayoría de los de mi generación, algo que tampoco supone un gran mérito. Un buen partido, piensa ella. Un partido excepcional. Con un poco de esfuerzos y las dosis adecuadas de suerte, alguna chica de buena familia se enamorará de mi cuando vaya a la universidad. Hay otras maneras de entrar en sociedad que no dependen tanto del dinero o de al alcurnia. El matrimonio por ejemplo. Solo hay un pequeño inconveniente.

Soy gay.”

(Del cuento Una gran dama, incluido en el volumen Tuve que hacerlo y otros relatos, de Carlos Ortega Vilas. Colección: Sitio de fuego, Baile del Sol Ediciones, 2015)



Cuentos extraños, cuentos crueles... Historias inquietantes, perturbadoras, aliñadas algunas con pequeñas gotas de humor que se transforma en ironía… cuentos crueles y extraños las catorce historias que reúne Carlos Ortega Vilas en Tuve que hacerlo y otros relatos, divertimentos feroces que parecen inspirados en las narraciones de Roald Dahl, pero un Dahl más salvaje y con ganas de meter el dedo en la llaga procurando en todo momento no caer en los extremos de otros cuentistas que se sirven del cuento para encadenar obsesiones. Muchas de las cuales, me refiero a las obsesiones, deberían de mantener dormidas porque despiertas no agitan nada.

Dicen, y mucho, las ideas que explota Ortega Vila en estos cuentos que son historias que estremecen, algunas, incluso con molesta y desarmante ligereza. Se agradece, además, el tono más o menos coherente que mantienen los relatos, lo que explica y justifica el estilo de un volumen que sin terminar siendo redondo, sí que alcanza a veces la perfección del círculo.

Particularmente, Tuve que hacerlo y otros relatos cuenta con dos piezas que, personalmente, me golpean y ponen nervioso. Será porque intuyo lo inevitable de su final. Estos cuentos son Una gran dama y Playa quemada. El primero se trata de una elegante comedia negra, humor amargo que se cuela por entre sus rendijas en las últimas páginas y hace sospechar de la familia, y de quienes con la cabeza muy alta representan sus aparentes virtudes. El segundo es una terrible, demoledora historia de fin de la infancia. Un relato de iniciación con declinación fatal.

La atmósfera en estas dos historias está, además, muy bien conseguida, aunque intuyo que Carlos Ortega Vila es un escritor de atmósferas y ambientes.

El libro reúne otras piezas a tener en cuenta, y en todas ellas se desarrolla –a veces con más fortuna que otras– la irrupción de lo extraño en situaciones aparentemente normales y corrientes. La oscuridad, parece que quiere decirnos el autor, está dentro de todas las cosas.

La lectura de Tuve que hacerlo y otros relatos supone una agradable corriente de aire fresco en la literatura que se está cocinando en Canarias y en este país que parece que ha dejado de existir.

Carlos Ortega Vila se revela como un escritor contenido, al que le gusta el final con doble vuelta de tuerca e inspirarse en temas donde lo cotidiano y lo fantástico se estrechan la mano. Cultiva, además, una tradición por el relato hasta este momento escasamente explotada en España. Me refiero al que pone el acento en lo perturbador y fantástico si se tercia el caso.

Buen plato pues estos cuentos que se reúnen en Tuve que hacerlo. Un título que anime a invitar a los lectores a que, precisamente, se arriesguen y hagan lo que tienen que hacer: leer las catorce historias que rubrica un escritor al que al partir de ahora vamos a seguir con devota atención.

Saludos, leamos, desde este lado del ordenador.

jueves, 1 de octubre de 2015

Bailando con David Yáñez "Considero la poesía un modo de entender la realidad, de acercarse a ella".

 
- Hombres en silencio, mujeres sin maquillaje es un poemario bastante narrativo, con pocas licencias a lo "lírico", ¿es este tu modo de entender la poesía?
Considero la poesía un modo de entender la realidad, de acercarse a ella. No creo que esté ligado per se a ninguna forma estilística. Ni siquiera creo que la poesía esté únicamente ligada al género literario. Encuentro poesía en la imagen, en el cine y también en la música. 
Supongo que mi desnudez formal viene heredada de mi visión como cineasta. Lo que no se puede fotografiar no existe. En cierta forma, no creo que haya nada más allá de lo real tampoco en el mundo de las palabras.

- El amor, el desamor, la crisis económica, la tristeza... aparecen en muchos de los poemas, ¿son algunas de tus preocupaciones?
Uno no elige el tema de sus poemas, más bien es al contrario. Por mi parte intento ser cronista de mis días. "Fotografío" lo que hay a mi alrededor. Prestar atención a lo que hay cerca es, muchas veces, lo más difícil, sin embargo. 

- ¿En qué momento literario o vital surgió este poemario?
Este poemario es el resultado de los años que pasé en Madrid cuando era un chico que recién empezaba a vivir como hombre. Tenía una idea muy idealizada de la ciudad y el choque fue brutal. Madrid es la ciudad más triste que he conocido. Todo el mundo que pisa el cemento allí está un poco más triste cada día. Este libro es eso, la necesidad urgente de capturar toda esa tristeza. Ahora, mirándolo todo con cierta distancia, también me doy cuenta de que es un libro que habla sobre buscar los momentos de belleza que atesora el hormigón armado y guardarlos para los días duros. habla de "sobrevivir", en cierto modo.

- También encontramos algunos retratos de espacios comunes, con personajes con los que todos nos hemos cruzado, ¿es la poesía un modo de contar lo que vemos?
Me gusta llevar una libreta en el bolsillo, tomar notas "en caliente" como quien hace una fotografía.  Algunos de los poemas de este libro son eso, polaroids de infinita emoción.



- ¿Cuáles son, si los tienes, tus referentes literarios o artísticos? 
Estoy bastante apegado a la estética realista, al naturalismo. Me interesa la desnudez de formas, la inmediatez. No solo en literatura sino en toda forma de arte. Mis referencias abarcan libros, películas y canciones por igual. 

No obstante, si tengo que concretar, apuntaría  a que mis mayor influencia viene de los fotógrafos de la época clásica de Magnum. La forma en que escribo sería muy diferente de no haber descubierto a Richard Avedon en la universidad.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Reseña de LA INMORTALIDAD DEL CANGREJO, de Fernando J. López en Ética de Po

En 200 palabras:
Historia narrada en primera persona por un personaje de veintitrés años con delirios de grandeza y todos los egos posibles (egocéntrico, egoísta, ególatra, egotista…-véase significado de la expresión “la inmortalidad del cangrejo”*) y al que cada cinco páginas te dan ganas de darle dos guantazos para que se dé cuenta de que las cosas no van mal solo porque el mundo vaya mal sino porque cada uno se labra también su suerte y no vale la actitud de “los que lo  hacen mal son los demás, no yo”.
La historia consiste en que su mejor amigo desaparece el día en que iban a estrenar una de sus obras y no lo pueden hacer, para colmo, su pareja, debido a los atentados del 11 de septiembre, no puede tomar un avión y se pasan un tiempo sin verse (preocupación algo dudosa).
La estructura es curiosa, a modo de diario (aunque no lo es), nos relata casi día a día lo que acontece durante meses, ilustrando al lector con una noticia verídica que saliera en prensa el día que narra.
Aunque en ocasiones parece que algo no encaja, continuad leyendo, pues el mundo lo estamos viendo únicamente a través de sus ojos.

Lo que más: es una novela de intriga sin detectives, es el lector el que debe ir atando los cabos.
Lo que menos: las ganas de liarse a guantazos con el niñato protagonista.

*La inmortalidad del cangrejo: se utiliza para caracterizar a alguien que está fantaseando, por otro lado, se utiliza como paradigma del egocéntrico que no tiene conciencia de su inmortalidad pues se considera único. 

Páginas: 183
Peso: 285
Precio: 12’48

La página le sale a 0’068 €
El kilo le sale a 43’79 €


lunes, 28 de septiembre de 2015

Bailando con Uxue Juárez Gaztelu "Veo la relación con la escritura como una labor de des-ocultamiento y de reflexión en el sentido de combar y curvar la palabra al máximo"

- ¿Qué momento poético te llevó a escribir En el principio era la nieve?

Se podría decir que la llegada (con un año de retraso) a la maravillosa crisis de los treinta. En realidad, en mi interior se estaba despertando una voz inquieta que llamaba al cambio y esta voz se unía a cierto sentimiento de orfandad. Se abría una pregunta: ¿quién soy yo después de todo esto?, ¿dónde están mis manos, mi boca, los dedos que escriben?, ¿cuál es exactamente, de dónde parte y hacia dónde va la historia íntima de mi escritura? “Yo era eso que se perdía”, dice Carlos Pardo en su novela. Pues eso.

Llevaba mucho tiempo sin escribir, pero la lectura de Geografías de Niebla de la mexicana Valerie Mejer y el poemario Los amántopos de Susana Barragués agitaron mis manos y me puse de nuevo a escribir. Con ganas. Luego llegó Ahora, escribo de Lolita Bosch, una especie de autobiografía con un tono poético muy marcado que justamente hablaba de un problema con el que me estaba encontrando en ese momento: el nacimiento de una voz. La imposibilidad de escribir, la pregunta sobre la relación con la escritura...


Y fue curioso, porque la escritura me llevó a plantear cuestiones que, de otro modo, no hubieran surgido. A partir de una serie de poemas, empecé a preguntarme quién era yo en ese preciso instante y qué quería, cómo quería vivir y qué quería decir (y qué no, claro). 


- La mayoría de los poemas que contiene son breves y despojados de adorno, casi descarnados, ¿era este tu propósito?

Se podría decir que la llegada (con un año de retraso) a la maravillosa crisis de los treinta. En realidad, en mi interior se estaba despertando una voz inquieta que llamaba al cambio y esta voz se unía a cierto sentimiento de orfandad. Se abría una pregunta: ¿quién soy yo después de todo esto?, ¿dónde están mis manos, mi boca, los dedos que escriben?, ¿cuál es exactamente, de dónde parte y hacia dónde va la historia íntima de mi escritura? “Yo era eso que se perdía”, dice Carlos Pardo en su novela. Pues eso.

Llevaba mucho tiempo sin escribir, pero la lectura de Geografías de Niebla de la mexicana Valerie Mejer y el poemario Los amántopos de Susana Barragués agitaron mis manos y me puse de nuevo a escribir. Con ganas. Luego llegó Ahora, escribo de Lolita Bosch, una especie de autobiografía con un tono poético muy marcado que justamente hablaba de un problema con el que me estaba encontrando en ese momento: el nacimiento de una voz. La imposibilidad de escribir, la pregunta sobre la relación con la escritura...


Y fue curioso, porque la escritura me llevó a plantear cuestiones que, de otro modo, no hubieran surgido. A partir de una serie de poemas, empecé a preguntarme quién era yo en ese preciso instante y qué quería, cómo quería vivir y qué quería decir (y qué no, claro). 





- Ese lenguaje poético nos lleva a paisajes interiores y exteriores llenos de huecos, ¿es ahí hacia esos vacíos hacia los que diriges tu mirada?

Exacto. Hay un verso de la poeta Mary Jo Bang con el que me siento muy identificada: “Ella se pregunta qué podría pasarle si cayera a través de toda esa oscuridad por la que está mirando”. La respuesta a esa pregunta es el propio poemario.

Por eso, son la grieta, el tajo y lo cercenado lo que me interesa. Y el paso de la luz por todos estas rendijas. La escritura abre esas rendijas, te guía por esos huecos y te hace mirar e inventar. Partir de la realidad, abrir un hueco y dar entrada a la ficción. Hay una frase de Entre actos
de Virginia Woolf que me gusta mucho y que sirve para explicar esta relación: “Todo estaba igual pero en un mundo diferente”.
 Es como si construyeras un mapa, una cartografía inventada a partir de una anécdota cualquiera, y viajaras por él. Eso es lo que me atrapa de la lectura y de la escritura. Es un poco como Alicia a través del espejo. Tú eres quien inventa las reglas, juega, introduce una voz u otra, una imagen u otra y crea, con total libertad, un mundo a su antojo. Después, te sientas y contemplas. Y lo mejor es que son tus pulsaciones, tu grafía, quienes marcan la arritmia o la taquicardia.


- Se aprecia además una enorme curiosidad y respeto por la palabra, por su significado más profundo, ¿es así?

Sí. Por un lado, es la materia con la que trabajamos y creo que cualquier poeta que ame su trabajo siente la necesidad de sumergirse en él y de lanzarse de cabeza a las profundidades, para ver qué hay y averiguar qué se mantenía oculto hasta el momento. Veo la relación con la escritura como una labor de des-ocultamiento y de re-flexión en el sentido de combar y curvar la palabra al máximo, para ver qué puede salir de ahí. Si hay cosas que ni siquiera sé explicar, voy a crear términos que me ayuden a hacerlo. No se trata de domar el lenguaje, sino de ver qué forma toma ante lo que tú tienes dentro. De dejarlo ser y esperar a ver qué pasa. Siempre te sorprende. Y si a nivel lingüístico esto no sucede, entonces, ¿para qué?

Y por otro, para mí s un territorio níveo que me brinda una libertad total. En ningún otro territorio me siento tan libre. De ahí el amor y el respeto. ¡Me encanta escribir! Es un espacio secreto, de uno, libre y, al final, compartido. Vamos, que lo tiene todo.


- ¿Qué importancia tiene el blanco en este poemario?

 El blanco es la capa que va quebrando, que va perforando, la escritura. El blanco y la nieve son el punto de partida, lo acallado, la voz que no llega, una voz informe y mansa, sumisa, y, aunque, de entrada, en nuestra cultura el blanco tenga un viso de pureza, también se puede ensuciar y hacer trastadas con él, también se puede poner todo patas arriba y partir de ahí. Hacer estallar la pureza impuesta del blanco y verla caer en pequeños copos. No desaparece el blanco, sino que se desplaza, cambia, pero sigue formando parte de nosotros. Es sólo que a veces apetece emborronarlo todo.


- ¿Tu voz arde para quebrar el hielo?

Tal y como he comentado al responder la primera pregunta, fue la escritura, el hallazgo de una voz nueva en la que sentirme cómoda, la que me llevó o la que facilitó la construcción de un hogar en mitad del paisaje. Un paisaje que a veces resulta agradable, luminoso o cercano, pero que otras veces se vuelve agreste, gélido y pedregoso. Frente a esto, la palabra. En el principio era la nieve me hizo entender que, desde un punto de vista poético,  somos una especie de caracola que siempre lleva consigo una casa: la escritura. Y lo bueno es que se trata de una casa móvil con la que te puedes mudar a cualquier lugar del mundo. Da igual qué ocurra fuera, la concha está ahí. Y perdura.


- Dices que te gustan las cosas imperfectas, la nieve, los cacahuetes con wasabi, los perros y la gente risueña, pero, ¿de qué se nutre tu poesía?

De luz. De tierra y sombra. Pero, sobre todo, de luz. Y cuando digo luz me refiero a un paisaje, a un rostro que ríe, a mi perra cuando corre como una loca entre los trigales persiguiendo a otra perra o persiguiendo no sé qué olor, qué rastro. De velocidad y silencio. De manos que abarcan y de otras que se alejan y que, torpes, no saben cómo decir adiós. De la ternura que me despiertan unos dientes irregulares, un diente montado sobre otro. De tropiezos y aturdimiento. De mi relación con las palabras hogar, casa, ventana, familia, pareja. Y de la aceptación de la soledad.


De la relación entre lo vivo y lo inerte, pero sobre todo, se nutre de lo vivo, de todo aquello que posee la condición del vuelo, la cinética, de todo aquello que, tanto interior como exteriormente, posee la capacidad de desplazarse. Lo que se desplaza y cambia, encoge o crece, me interesa. Supongo que porque es el cambio lo que hace que me sienta viva o, simplemente, por pura curiosidad: una piedra que hoy se muestra gris plomiza y oscura puede virar hacia un tono más rojizo mañana debido a un cambio sutil en la intensidad de la luz. En ese sentido, algo que aparentemente está inmóvil puede desplazarse o verse alterado. Pienso que la poesía debe aprehender esos cambios, amasarlos y unirse a ese movimiento.


domingo, 27 de septiembre de 2015

Entrevista a Ismael Cabezas en la revista de El Ámbito Cultura


Entrevistamos a Ismael Cabezas

Sonia Aldama

Entrevistamos al poeta linense por la publicación de sus dos últimos poemarios en este mismo año 2015.

Ismael y yo nos encontramos en la terraza del Molly's Bloom, el bar irlandés de la Plaza de Cruz Herrera, en La Línea, a unos pasos de la frontera con Gibraltar y a 12 kilómetros de Marruecos. Todo este paisaje está grabado en los versos del poeta linense, impregnados también de recuerdos urbanos y de habitaciones sucias de cualquier motel de carretera.
Entrevistamos a Ismael CabezasConocí a Ismael Cabezas hace veinte años, en otro bar del que estoy segura recordará su nombre. Aquella noche también hablamos de poesía, creo que días después le mostré algunos de mis poemas veinteañeros cargados de rimas consonantes y lugares comunes. Ismael se resiste a la docencia, pero estoy a punto de entrevistar a mi primer maestro.
Ismael Cabezas, en sus dos obras publicadas en 2015, Pisadas en la nieve sucia y Sutura, se atreve a nombrar la podredumbre del ser humano, los recuerdos desteñidos y el presente doloroso que tiembla hacia el futuro incierto o camina hacia la certeza de la muerte. Sin embargo, sus imágenes nos devuelven la esperanza, no en esta sociedad herida sino en la naturaleza superviviente del ser humano. Aquí una muestra con Declaración de intenciones: el poema que cierra Sutura.
DECLARACIÓN DE INTENCIONES
Asustada sí, pero de nuevo entre vosotros
Louise Glück
Como no pensabas sobrevivir,
dado que probablemente no deberías
estar ahora aquí,
si me encontrasteis vencido
al igual que Sylvia Plath
en aquel húmedo y frío sótano,
todo lo que ahora contemplas
es un don que te ha sido otorgado,
sus palabras dichas en silencio
y su nombre que nunca pronuncias,
el mar en una tarde cualquiera de julio,
el poema que es de nuevo releído,
la belleza al azar de una joven
que sube ensimismada a un autobús,
todo cuanto tienes es tiempo
hurtado a la muerte,
debes saberlo y guardar el secreto,
ahora toca invocar a la vida.
Sonia Aldama: Ismael, este año has publicado dos libros de poesía, cuéntanos cómo ha sido el proceso creativo del primero, Pisadas en la nieve sucia, editado en Baile del Sol.
Ismael Cabezas: Pisadas en la nieve sucia surge a raíz de que me quedo en paro en el 2008, con la irrupción de la crisis económica, cuya llegada fue brutal. A partir de mis experiencias en el submundo del desempleo, en las oficinas del INEM, de vivir entre todas esas personas que no tienen nada que hacer por las mañanas, escribí poemas como Oficina de Empleo o Excluidos, que son los que se pueden encuadrar más en una poesía de la conciencia crítica. Luego hay otros de registro más íntimo, más confesional, que son intentos de modestos homenajes a personajes de mi familia, como mi padre, mi abuelo o mi madre.
S.A.: Juan José Téllez, en el prólogo de Pisadas en la nieve sucia, comienza diciendo que "no hay melancolía sino rabia (…) Y más escepticismo que tristeza". ¿Podría decirse entonces que este libro es más social que tu obra anterior?
I.C.: Bueno, yo me limito a mirar la realidad y luego a plasmarla en palabras. No tiene mayor secreto, no hay más. En mi libro anterior,Paisaje para un ciego, ya existía esa mirada de interés por los excluidos, por los outsiders.
S.A.: Sé que además de poeta eres un experto en poesía, crítico literario y graduado social. ¿Es cierto que tienes más de seiscientos libros de poesía en tu biblioteca?
I.C.: No creo que para nadie sea relevante el número de libros que tengo en mi biblioteca. Tengo muchos, no sé cuántos, no los he contado jamás ni pienso hacerlo, presumir de número de ejemplares de una biblioteca me parece algo bastante pequeño-burgués.
S.A.: ¿Cuál es el poeta español que más te ha influenciado?
I.C.: Es muy difícil elegir un solo nombre. Hay muchos, pero si tuviese que escoger un poeta cuya obra me hubiese gustado escribir, probablemente, ese sería Jaime Gil de Biedma.
S.A.¿Y entre tus otros referentes poéticos?
I.C.: Mis principales influencias son Gil de Biedma, Luis Antonio de Villena, Joan Margarit, Javier Salvago, Juan Luis Panero, Karmelo C. Iribarren. Luego hay poetas en las antípodas de los citados, como Georg Trakl, que me gustan mucho. En general me interesa la poesía de estéticas muy diferentes, la poesía es plural, como un día afirmase Luis Antonio de Villena.
S.A.: Pisadas en la nieve sucia está dedicado a tus padres y Sutura a tus amigos. ¿Tienen algo que ver estas dedicatorias con la forma de estructurar los dos libros? Háblanos un poco de Sutura.
I.C.: Uno publica y no sabe cuándo va a volver a publicar, esto funciona así, por lo tanto decidí dedicar los libros a las personas que conforman mi entorno más cercano, como son mis padres y mis amigos. Dedicar los libros a estas personas no condicionó su estructura en absoluto.
S.A.: ¿Cuál es tu estado de ánimo mientras escribes?
I.C.: Eso es bastante difícil de responder, normalmente es una mezcla de extraña lucidez y de melancolía… Depende también del poema que esté escribiendo
S.A.: ¿Tienes algún ritual?
I.C.: No, ninguno. Hace más de diez años escribía a mano, ahora escribo con ordenador, corrijo con ordenador y solamente imprimo el borrador final del libro.
S.A.: Te he escuchado describir tu poesía como "narrativa", ¿has pensando publicar relatos alguna vez? Porque tus influencias no son solo poéticas… hay autores norteamericanos de narrativa, como Carver, a los que lees con devoción.
I.C.: Utilizo técnicas narrativas en la construcción de mis poemas, eso es cierto. Nunca he pensado en escribir relatos, creo que el escaso talento que poseo se aplica únicamente al campo de la poesía, y a este he de ceñirme. En la poesía no solo influyen las lecturas de poesía, sino también la narrativa, la pintura, la música, un fragmento de conversación que escuchas al pasar mientras vas caminando por la calle… Influye la vida en general, que es en realidad de lo que se trata.
S.A.: Háblame ahora de esas grandes mujeres poetas a las que tanto admiras. Tengo la sensación de que tú no haces ninguna distinción entre poesía escrita por hombres o por mujeres.
I.C.: No, no hago distinciones entre poesía escrita por mujeres y por hombres, distingo entre poesía que me interesa y que no me interesa, eso es todo. Hay muchas mujeres poetas a las que durante años he adorado con extenuación, como Sylvia Plath, Anne Sexton o Alejandra Pizarnik, por citar algunas.
S.A.: ¿Estás preparando ya tu siguiente libro?
I.C.: Bueno, acabo de publicar dos libros en el mismo año y soy un poeta lento, aproximadamente de un libro de poemas cada cinco años. Por ahora no me planteo escribir más hasta que pase un tiempo, aunque sí es cierto que ya tengo un posible título para un nuevo poemario y que tengo dos o tres borradores nuevos de poemas y algunas ideas anotadas para futuros poemas, pero el proceso será lento como siempre ha sido.
S.A.: Te cedo la última palabra para que nos digas eso tan importante que se me ha olvidado preguntar: ¿tienen futuro la poesía y la literatura?
I.C.: No, no lo creo. Si se saliese a la calle micrófono en mano, preguntando a la gente por el nombre de un poeta vivo actual, no muerto, no valen Lorca ni Machado, el 99,9% de la población no sabría qué responder. Fuera del micromundo de la poesía, nadie sabe quién es Ana Pérez Cañamares o Juan Carlos Mestre. La literatura con mayúsculas, Kafka, Carver, Richard Ford, no interesa a nadie, interesa la literatura de consumo, como toda industria del ocio, pero siempre hay que tener en cuenta que entre la industria del ocio y el arte o la belleza hay una gran distancia insalvable.
http://www.ambitocultural.es/ambitocultural/portal.do?IDM=21&NM=1&identificador=795&fechaDesde&fechaHasta