lunes, 5 de octubre de 2015

Reseña de Tuve que hacerlo y otros relatos, de Carlos Ortega Vilas en El Escobillón


“Con todo, mi educación es impecable. Mi apariencia, distinguida. Mi sonrisa, encantadora. Mi constitución, atlética. Mi atractivo es innegable. Y soy más culto que la mayoría de los de mi generación, algo que tampoco supone un gran mérito. Un buen partido, piensa ella. Un partido excepcional. Con un poco de esfuerzos y las dosis adecuadas de suerte, alguna chica de buena familia se enamorará de mi cuando vaya a la universidad. Hay otras maneras de entrar en sociedad que no dependen tanto del dinero o de al alcurnia. El matrimonio por ejemplo. Solo hay un pequeño inconveniente.

Soy gay.”

(Del cuento Una gran dama, incluido en el volumen Tuve que hacerlo y otros relatos, de Carlos Ortega Vilas. Colección: Sitio de fuego, Baile del Sol Ediciones, 2015)



Cuentos extraños, cuentos crueles... Historias inquietantes, perturbadoras, aliñadas algunas con pequeñas gotas de humor que se transforma en ironía… cuentos crueles y extraños las catorce historias que reúne Carlos Ortega Vilas en Tuve que hacerlo y otros relatos, divertimentos feroces que parecen inspirados en las narraciones de Roald Dahl, pero un Dahl más salvaje y con ganas de meter el dedo en la llaga procurando en todo momento no caer en los extremos de otros cuentistas que se sirven del cuento para encadenar obsesiones. Muchas de las cuales, me refiero a las obsesiones, deberían de mantener dormidas porque despiertas no agitan nada.

Dicen, y mucho, las ideas que explota Ortega Vila en estos cuentos que son historias que estremecen, algunas, incluso con molesta y desarmante ligereza. Se agradece, además, el tono más o menos coherente que mantienen los relatos, lo que explica y justifica el estilo de un volumen que sin terminar siendo redondo, sí que alcanza a veces la perfección del círculo.

Particularmente, Tuve que hacerlo y otros relatos cuenta con dos piezas que, personalmente, me golpean y ponen nervioso. Será porque intuyo lo inevitable de su final. Estos cuentos son Una gran dama y Playa quemada. El primero se trata de una elegante comedia negra, humor amargo que se cuela por entre sus rendijas en las últimas páginas y hace sospechar de la familia, y de quienes con la cabeza muy alta representan sus aparentes virtudes. El segundo es una terrible, demoledora historia de fin de la infancia. Un relato de iniciación con declinación fatal.

La atmósfera en estas dos historias está, además, muy bien conseguida, aunque intuyo que Carlos Ortega Vila es un escritor de atmósferas y ambientes.

El libro reúne otras piezas a tener en cuenta, y en todas ellas se desarrolla –a veces con más fortuna que otras– la irrupción de lo extraño en situaciones aparentemente normales y corrientes. La oscuridad, parece que quiere decirnos el autor, está dentro de todas las cosas.

La lectura de Tuve que hacerlo y otros relatos supone una agradable corriente de aire fresco en la literatura que se está cocinando en Canarias y en este país que parece que ha dejado de existir.

Carlos Ortega Vila se revela como un escritor contenido, al que le gusta el final con doble vuelta de tuerca e inspirarse en temas donde lo cotidiano y lo fantástico se estrechan la mano. Cultiva, además, una tradición por el relato hasta este momento escasamente explotada en España. Me refiero al que pone el acento en lo perturbador y fantástico si se tercia el caso.

Buen plato pues estos cuentos que se reúnen en Tuve que hacerlo. Un título que anime a invitar a los lectores a que, precisamente, se arriesguen y hagan lo que tienen que hacer: leer las catorce historias que rubrica un escritor al que al partir de ahora vamos a seguir con devota atención.

Saludos, leamos, desde este lado del ordenador.

jueves, 1 de octubre de 2015

Bailando con David Yáñez "Considero la poesía un modo de entender la realidad, de acercarse a ella".

 
- Hombres en silencio, mujeres sin maquillaje es un poemario bastante narrativo, con pocas licencias a lo "lírico", ¿es este tu modo de entender la poesía?
Considero la poesía un modo de entender la realidad, de acercarse a ella. No creo que esté ligado per se a ninguna forma estilística. Ni siquiera creo que la poesía esté únicamente ligada al género literario. Encuentro poesía en la imagen, en el cine y también en la música. 
Supongo que mi desnudez formal viene heredada de mi visión como cineasta. Lo que no se puede fotografiar no existe. En cierta forma, no creo que haya nada más allá de lo real tampoco en el mundo de las palabras.

- El amor, el desamor, la crisis económica, la tristeza... aparecen en muchos de los poemas, ¿son algunas de tus preocupaciones?
Uno no elige el tema de sus poemas, más bien es al contrario. Por mi parte intento ser cronista de mis días. "Fotografío" lo que hay a mi alrededor. Prestar atención a lo que hay cerca es, muchas veces, lo más difícil, sin embargo. 

- ¿En qué momento literario o vital surgió este poemario?
Este poemario es el resultado de los años que pasé en Madrid cuando era un chico que recién empezaba a vivir como hombre. Tenía una idea muy idealizada de la ciudad y el choque fue brutal. Madrid es la ciudad más triste que he conocido. Todo el mundo que pisa el cemento allí está un poco más triste cada día. Este libro es eso, la necesidad urgente de capturar toda esa tristeza. Ahora, mirándolo todo con cierta distancia, también me doy cuenta de que es un libro que habla sobre buscar los momentos de belleza que atesora el hormigón armado y guardarlos para los días duros. habla de "sobrevivir", en cierto modo.

- También encontramos algunos retratos de espacios comunes, con personajes con los que todos nos hemos cruzado, ¿es la poesía un modo de contar lo que vemos?
Me gusta llevar una libreta en el bolsillo, tomar notas "en caliente" como quien hace una fotografía.  Algunos de los poemas de este libro son eso, polaroids de infinita emoción.



- ¿Cuáles son, si los tienes, tus referentes literarios o artísticos? 
Estoy bastante apegado a la estética realista, al naturalismo. Me interesa la desnudez de formas, la inmediatez. No solo en literatura sino en toda forma de arte. Mis referencias abarcan libros, películas y canciones por igual. 

No obstante, si tengo que concretar, apuntaría  a que mis mayor influencia viene de los fotógrafos de la época clásica de Magnum. La forma en que escribo sería muy diferente de no haber descubierto a Richard Avedon en la universidad.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Reseña de LA INMORTALIDAD DEL CANGREJO, de Fernando J. López en Ética de Po

En 200 palabras:
Historia narrada en primera persona por un personaje de veintitrés años con delirios de grandeza y todos los egos posibles (egocéntrico, egoísta, ególatra, egotista…-véase significado de la expresión “la inmortalidad del cangrejo”*) y al que cada cinco páginas te dan ganas de darle dos guantazos para que se dé cuenta de que las cosas no van mal solo porque el mundo vaya mal sino porque cada uno se labra también su suerte y no vale la actitud de “los que lo  hacen mal son los demás, no yo”.
La historia consiste en que su mejor amigo desaparece el día en que iban a estrenar una de sus obras y no lo pueden hacer, para colmo, su pareja, debido a los atentados del 11 de septiembre, no puede tomar un avión y se pasan un tiempo sin verse (preocupación algo dudosa).
La estructura es curiosa, a modo de diario (aunque no lo es), nos relata casi día a día lo que acontece durante meses, ilustrando al lector con una noticia verídica que saliera en prensa el día que narra.
Aunque en ocasiones parece que algo no encaja, continuad leyendo, pues el mundo lo estamos viendo únicamente a través de sus ojos.

Lo que más: es una novela de intriga sin detectives, es el lector el que debe ir atando los cabos.
Lo que menos: las ganas de liarse a guantazos con el niñato protagonista.

*La inmortalidad del cangrejo: se utiliza para caracterizar a alguien que está fantaseando, por otro lado, se utiliza como paradigma del egocéntrico que no tiene conciencia de su inmortalidad pues se considera único. 

Páginas: 183
Peso: 285
Precio: 12’48

La página le sale a 0’068 €
El kilo le sale a 43’79 €


lunes, 28 de septiembre de 2015

Bailando con Uxue Juárez Gaztelu "Veo la relación con la escritura como una labor de des-ocultamiento y de reflexión en el sentido de combar y curvar la palabra al máximo"

- ¿Qué momento poético te llevó a escribir En el principio era la nieve?

Se podría decir que la llegada (con un año de retraso) a la maravillosa crisis de los treinta. En realidad, en mi interior se estaba despertando una voz inquieta que llamaba al cambio y esta voz se unía a cierto sentimiento de orfandad. Se abría una pregunta: ¿quién soy yo después de todo esto?, ¿dónde están mis manos, mi boca, los dedos que escriben?, ¿cuál es exactamente, de dónde parte y hacia dónde va la historia íntima de mi escritura? “Yo era eso que se perdía”, dice Carlos Pardo en su novela. Pues eso.

Llevaba mucho tiempo sin escribir, pero la lectura de Geografías de Niebla de la mexicana Valerie Mejer y el poemario Los amántopos de Susana Barragués agitaron mis manos y me puse de nuevo a escribir. Con ganas. Luego llegó Ahora, escribo de Lolita Bosch, una especie de autobiografía con un tono poético muy marcado que justamente hablaba de un problema con el que me estaba encontrando en ese momento: el nacimiento de una voz. La imposibilidad de escribir, la pregunta sobre la relación con la escritura...


Y fue curioso, porque la escritura me llevó a plantear cuestiones que, de otro modo, no hubieran surgido. A partir de una serie de poemas, empecé a preguntarme quién era yo en ese preciso instante y qué quería, cómo quería vivir y qué quería decir (y qué no, claro). 


- La mayoría de los poemas que contiene son breves y despojados de adorno, casi descarnados, ¿era este tu propósito?

Se podría decir que la llegada (con un año de retraso) a la maravillosa crisis de los treinta. En realidad, en mi interior se estaba despertando una voz inquieta que llamaba al cambio y esta voz se unía a cierto sentimiento de orfandad. Se abría una pregunta: ¿quién soy yo después de todo esto?, ¿dónde están mis manos, mi boca, los dedos que escriben?, ¿cuál es exactamente, de dónde parte y hacia dónde va la historia íntima de mi escritura? “Yo era eso que se perdía”, dice Carlos Pardo en su novela. Pues eso.

Llevaba mucho tiempo sin escribir, pero la lectura de Geografías de Niebla de la mexicana Valerie Mejer y el poemario Los amántopos de Susana Barragués agitaron mis manos y me puse de nuevo a escribir. Con ganas. Luego llegó Ahora, escribo de Lolita Bosch, una especie de autobiografía con un tono poético muy marcado que justamente hablaba de un problema con el que me estaba encontrando en ese momento: el nacimiento de una voz. La imposibilidad de escribir, la pregunta sobre la relación con la escritura...


Y fue curioso, porque la escritura me llevó a plantear cuestiones que, de otro modo, no hubieran surgido. A partir de una serie de poemas, empecé a preguntarme quién era yo en ese preciso instante y qué quería, cómo quería vivir y qué quería decir (y qué no, claro). 





- Ese lenguaje poético nos lleva a paisajes interiores y exteriores llenos de huecos, ¿es ahí hacia esos vacíos hacia los que diriges tu mirada?

Exacto. Hay un verso de la poeta Mary Jo Bang con el que me siento muy identificada: “Ella se pregunta qué podría pasarle si cayera a través de toda esa oscuridad por la que está mirando”. La respuesta a esa pregunta es el propio poemario.

Por eso, son la grieta, el tajo y lo cercenado lo que me interesa. Y el paso de la luz por todos estas rendijas. La escritura abre esas rendijas, te guía por esos huecos y te hace mirar e inventar. Partir de la realidad, abrir un hueco y dar entrada a la ficción. Hay una frase de Entre actos
de Virginia Woolf que me gusta mucho y que sirve para explicar esta relación: “Todo estaba igual pero en un mundo diferente”.
 Es como si construyeras un mapa, una cartografía inventada a partir de una anécdota cualquiera, y viajaras por él. Eso es lo que me atrapa de la lectura y de la escritura. Es un poco como Alicia a través del espejo. Tú eres quien inventa las reglas, juega, introduce una voz u otra, una imagen u otra y crea, con total libertad, un mundo a su antojo. Después, te sientas y contemplas. Y lo mejor es que son tus pulsaciones, tu grafía, quienes marcan la arritmia o la taquicardia.


- Se aprecia además una enorme curiosidad y respeto por la palabra, por su significado más profundo, ¿es así?

Sí. Por un lado, es la materia con la que trabajamos y creo que cualquier poeta que ame su trabajo siente la necesidad de sumergirse en él y de lanzarse de cabeza a las profundidades, para ver qué hay y averiguar qué se mantenía oculto hasta el momento. Veo la relación con la escritura como una labor de des-ocultamiento y de re-flexión en el sentido de combar y curvar la palabra al máximo, para ver qué puede salir de ahí. Si hay cosas que ni siquiera sé explicar, voy a crear términos que me ayuden a hacerlo. No se trata de domar el lenguaje, sino de ver qué forma toma ante lo que tú tienes dentro. De dejarlo ser y esperar a ver qué pasa. Siempre te sorprende. Y si a nivel lingüístico esto no sucede, entonces, ¿para qué?

Y por otro, para mí s un territorio níveo que me brinda una libertad total. En ningún otro territorio me siento tan libre. De ahí el amor y el respeto. ¡Me encanta escribir! Es un espacio secreto, de uno, libre y, al final, compartido. Vamos, que lo tiene todo.


- ¿Qué importancia tiene el blanco en este poemario?

 El blanco es la capa que va quebrando, que va perforando, la escritura. El blanco y la nieve son el punto de partida, lo acallado, la voz que no llega, una voz informe y mansa, sumisa, y, aunque, de entrada, en nuestra cultura el blanco tenga un viso de pureza, también se puede ensuciar y hacer trastadas con él, también se puede poner todo patas arriba y partir de ahí. Hacer estallar la pureza impuesta del blanco y verla caer en pequeños copos. No desaparece el blanco, sino que se desplaza, cambia, pero sigue formando parte de nosotros. Es sólo que a veces apetece emborronarlo todo.


- ¿Tu voz arde para quebrar el hielo?

Tal y como he comentado al responder la primera pregunta, fue la escritura, el hallazgo de una voz nueva en la que sentirme cómoda, la que me llevó o la que facilitó la construcción de un hogar en mitad del paisaje. Un paisaje que a veces resulta agradable, luminoso o cercano, pero que otras veces se vuelve agreste, gélido y pedregoso. Frente a esto, la palabra. En el principio era la nieve me hizo entender que, desde un punto de vista poético,  somos una especie de caracola que siempre lleva consigo una casa: la escritura. Y lo bueno es que se trata de una casa móvil con la que te puedes mudar a cualquier lugar del mundo. Da igual qué ocurra fuera, la concha está ahí. Y perdura.


- Dices que te gustan las cosas imperfectas, la nieve, los cacahuetes con wasabi, los perros y la gente risueña, pero, ¿de qué se nutre tu poesía?

De luz. De tierra y sombra. Pero, sobre todo, de luz. Y cuando digo luz me refiero a un paisaje, a un rostro que ríe, a mi perra cuando corre como una loca entre los trigales persiguiendo a otra perra o persiguiendo no sé qué olor, qué rastro. De velocidad y silencio. De manos que abarcan y de otras que se alejan y que, torpes, no saben cómo decir adiós. De la ternura que me despiertan unos dientes irregulares, un diente montado sobre otro. De tropiezos y aturdimiento. De mi relación con las palabras hogar, casa, ventana, familia, pareja. Y de la aceptación de la soledad.


De la relación entre lo vivo y lo inerte, pero sobre todo, se nutre de lo vivo, de todo aquello que posee la condición del vuelo, la cinética, de todo aquello que, tanto interior como exteriormente, posee la capacidad de desplazarse. Lo que se desplaza y cambia, encoge o crece, me interesa. Supongo que porque es el cambio lo que hace que me sienta viva o, simplemente, por pura curiosidad: una piedra que hoy se muestra gris plomiza y oscura puede virar hacia un tono más rojizo mañana debido a un cambio sutil en la intensidad de la luz. En ese sentido, algo que aparentemente está inmóvil puede desplazarse o verse alterado. Pienso que la poesía debe aprehender esos cambios, amasarlos y unirse a ese movimiento.


domingo, 27 de septiembre de 2015

Entrevista a Ismael Cabezas en la revista de El Ámbito Cultura


Entrevistamos a Ismael Cabezas

Sonia Aldama

Entrevistamos al poeta linense por la publicación de sus dos últimos poemarios en este mismo año 2015.

Ismael y yo nos encontramos en la terraza del Molly's Bloom, el bar irlandés de la Plaza de Cruz Herrera, en La Línea, a unos pasos de la frontera con Gibraltar y a 12 kilómetros de Marruecos. Todo este paisaje está grabado en los versos del poeta linense, impregnados también de recuerdos urbanos y de habitaciones sucias de cualquier motel de carretera.
Entrevistamos a Ismael CabezasConocí a Ismael Cabezas hace veinte años, en otro bar del que estoy segura recordará su nombre. Aquella noche también hablamos de poesía, creo que días después le mostré algunos de mis poemas veinteañeros cargados de rimas consonantes y lugares comunes. Ismael se resiste a la docencia, pero estoy a punto de entrevistar a mi primer maestro.
Ismael Cabezas, en sus dos obras publicadas en 2015, Pisadas en la nieve sucia y Sutura, se atreve a nombrar la podredumbre del ser humano, los recuerdos desteñidos y el presente doloroso que tiembla hacia el futuro incierto o camina hacia la certeza de la muerte. Sin embargo, sus imágenes nos devuelven la esperanza, no en esta sociedad herida sino en la naturaleza superviviente del ser humano. Aquí una muestra con Declaración de intenciones: el poema que cierra Sutura.
DECLARACIÓN DE INTENCIONES
Asustada sí, pero de nuevo entre vosotros
Louise Glück
Como no pensabas sobrevivir,
dado que probablemente no deberías
estar ahora aquí,
si me encontrasteis vencido
al igual que Sylvia Plath
en aquel húmedo y frío sótano,
todo lo que ahora contemplas
es un don que te ha sido otorgado,
sus palabras dichas en silencio
y su nombre que nunca pronuncias,
el mar en una tarde cualquiera de julio,
el poema que es de nuevo releído,
la belleza al azar de una joven
que sube ensimismada a un autobús,
todo cuanto tienes es tiempo
hurtado a la muerte,
debes saberlo y guardar el secreto,
ahora toca invocar a la vida.
Sonia Aldama: Ismael, este año has publicado dos libros de poesía, cuéntanos cómo ha sido el proceso creativo del primero, Pisadas en la nieve sucia, editado en Baile del Sol.
Ismael Cabezas: Pisadas en la nieve sucia surge a raíz de que me quedo en paro en el 2008, con la irrupción de la crisis económica, cuya llegada fue brutal. A partir de mis experiencias en el submundo del desempleo, en las oficinas del INEM, de vivir entre todas esas personas que no tienen nada que hacer por las mañanas, escribí poemas como Oficina de Empleo o Excluidos, que son los que se pueden encuadrar más en una poesía de la conciencia crítica. Luego hay otros de registro más íntimo, más confesional, que son intentos de modestos homenajes a personajes de mi familia, como mi padre, mi abuelo o mi madre.
S.A.: Juan José Téllez, en el prólogo de Pisadas en la nieve sucia, comienza diciendo que "no hay melancolía sino rabia (…) Y más escepticismo que tristeza". ¿Podría decirse entonces que este libro es más social que tu obra anterior?
I.C.: Bueno, yo me limito a mirar la realidad y luego a plasmarla en palabras. No tiene mayor secreto, no hay más. En mi libro anterior,Paisaje para un ciego, ya existía esa mirada de interés por los excluidos, por los outsiders.
S.A.: Sé que además de poeta eres un experto en poesía, crítico literario y graduado social. ¿Es cierto que tienes más de seiscientos libros de poesía en tu biblioteca?
I.C.: No creo que para nadie sea relevante el número de libros que tengo en mi biblioteca. Tengo muchos, no sé cuántos, no los he contado jamás ni pienso hacerlo, presumir de número de ejemplares de una biblioteca me parece algo bastante pequeño-burgués.
S.A.: ¿Cuál es el poeta español que más te ha influenciado?
I.C.: Es muy difícil elegir un solo nombre. Hay muchos, pero si tuviese que escoger un poeta cuya obra me hubiese gustado escribir, probablemente, ese sería Jaime Gil de Biedma.
S.A.¿Y entre tus otros referentes poéticos?
I.C.: Mis principales influencias son Gil de Biedma, Luis Antonio de Villena, Joan Margarit, Javier Salvago, Juan Luis Panero, Karmelo C. Iribarren. Luego hay poetas en las antípodas de los citados, como Georg Trakl, que me gustan mucho. En general me interesa la poesía de estéticas muy diferentes, la poesía es plural, como un día afirmase Luis Antonio de Villena.
S.A.: Pisadas en la nieve sucia está dedicado a tus padres y Sutura a tus amigos. ¿Tienen algo que ver estas dedicatorias con la forma de estructurar los dos libros? Háblanos un poco de Sutura.
I.C.: Uno publica y no sabe cuándo va a volver a publicar, esto funciona así, por lo tanto decidí dedicar los libros a las personas que conforman mi entorno más cercano, como son mis padres y mis amigos. Dedicar los libros a estas personas no condicionó su estructura en absoluto.
S.A.: ¿Cuál es tu estado de ánimo mientras escribes?
I.C.: Eso es bastante difícil de responder, normalmente es una mezcla de extraña lucidez y de melancolía… Depende también del poema que esté escribiendo
S.A.: ¿Tienes algún ritual?
I.C.: No, ninguno. Hace más de diez años escribía a mano, ahora escribo con ordenador, corrijo con ordenador y solamente imprimo el borrador final del libro.
S.A.: Te he escuchado describir tu poesía como "narrativa", ¿has pensando publicar relatos alguna vez? Porque tus influencias no son solo poéticas… hay autores norteamericanos de narrativa, como Carver, a los que lees con devoción.
I.C.: Utilizo técnicas narrativas en la construcción de mis poemas, eso es cierto. Nunca he pensado en escribir relatos, creo que el escaso talento que poseo se aplica únicamente al campo de la poesía, y a este he de ceñirme. En la poesía no solo influyen las lecturas de poesía, sino también la narrativa, la pintura, la música, un fragmento de conversación que escuchas al pasar mientras vas caminando por la calle… Influye la vida en general, que es en realidad de lo que se trata.
S.A.: Háblame ahora de esas grandes mujeres poetas a las que tanto admiras. Tengo la sensación de que tú no haces ninguna distinción entre poesía escrita por hombres o por mujeres.
I.C.: No, no hago distinciones entre poesía escrita por mujeres y por hombres, distingo entre poesía que me interesa y que no me interesa, eso es todo. Hay muchas mujeres poetas a las que durante años he adorado con extenuación, como Sylvia Plath, Anne Sexton o Alejandra Pizarnik, por citar algunas.
S.A.: ¿Estás preparando ya tu siguiente libro?
I.C.: Bueno, acabo de publicar dos libros en el mismo año y soy un poeta lento, aproximadamente de un libro de poemas cada cinco años. Por ahora no me planteo escribir más hasta que pase un tiempo, aunque sí es cierto que ya tengo un posible título para un nuevo poemario y que tengo dos o tres borradores nuevos de poemas y algunas ideas anotadas para futuros poemas, pero el proceso será lento como siempre ha sido.
S.A.: Te cedo la última palabra para que nos digas eso tan importante que se me ha olvidado preguntar: ¿tienen futuro la poesía y la literatura?
I.C.: No, no lo creo. Si se saliese a la calle micrófono en mano, preguntando a la gente por el nombre de un poeta vivo actual, no muerto, no valen Lorca ni Machado, el 99,9% de la población no sabría qué responder. Fuera del micromundo de la poesía, nadie sabe quién es Ana Pérez Cañamares o Juan Carlos Mestre. La literatura con mayúsculas, Kafka, Carver, Richard Ford, no interesa a nadie, interesa la literatura de consumo, como toda industria del ocio, pero siempre hay que tener en cuenta que entre la industria del ocio y el arte o la belleza hay una gran distancia insalvable.
http://www.ambitocultural.es/ambitocultural/portal.do?IDM=21&NM=1&identificador=795&fechaDesde&fechaHasta

sábado, 26 de septiembre de 2015

Reseña de Taberna y otros lugares de Roque Dalton, en halcondelanoche

 
“Yo llegué a la revolución por la vía de la poesía.
Tú podrás llegar (si lo deseas, si sientes que lo necesitas) a la poesía por la vía de la revolución”.
Así comienza el más emblemático de los libros de un poeta legendario. Un poeta cuya muerte agrandó el mito y la repercusión de su legado. Sin embargo, la poesía de Roque Dalton se sustenta por sí sola: auténtica, comprometida, significante, domadora de un vocabulario extenso, reflexiva y vibrante, que no rehuye de los recursos literarios pero que no se adorna de ellos.
‘La taberna’ es la más célebre cervecería de Praga (U-Fleku). Lugar de peregrinaje y refugio socialista primero, después país invadido por el mismo socialismo. El poemario está escrito acaballó entre el citado lugar y los revolucionados países de Cuba y El Salvador.
El poeta hace gala de la autocrítica en sus poemas, del estallido de violencia en el continente americano, del amor, de las lecturas imposibles y las utopías vencidas.
“Uno empieza a dudar de su propia inmortalidad”.
EL DESCANSO DEL GUERRERO
Los muertos están cada día más indóciles.
Antes era más fácil con ellos:
les dábamos un cuello duro una flor
loábamos sus nombres en una larga lista:
que los recintos de la patria
que las sombras notables
que el mármol monstruoso.
El cadáver firmaba en pos de la memoria
iba de nuevo a filas
y marchaba al compás de nuestra vieja música.
Pero qué va
los muertos
son otros desde entonces.
Hoy se ponen irónicos
preguntan.
Me parece que caen en la cuenta
de ser cada vez más la mayoría!
EL PRIMOGÉNITO
Lo peor no es tener miedo.
El miedo puede estudiarse como un bicho
o como un depósito de estiércol
hurgándole
con un palito.
Lo peor es abrazarse al lastre amargo
que las tripulaciones lanzan hacia el fondo del mar,
entre aplausos.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Reseña de DEMENCIA de Andoni Urzelai en Libros Prohibidos

Año: 2015
Editorial: Baile del Sol
Género: Novela
Valoración: Recomendable
Llevo un buen rato tratando de empezar esta reseña; escribiendo, borrando, y volviendo a escribir un posible comienzo que haga justicia a la mezcla inverosímil de sensaciones que me ha provocado esta novela. Al final, qué mejor que mencionar mi propia indecisión para transmitiros precisamente eso, mi incapacidad de determinar si me ha gustado o no esta historia rara, rara que nos ha llegado de la mano de Baile del Sol.
Demencia tiene un comienzo inmejorable. Agapito Rumiante, un hombre alcohólico y desganado, decide dejarlo todo para embarcarse en un reality show de lo más surrealista (por contradictorio que pueda parecer). Su nuevo nombre: señor Smirnoff; junto a él, otros cuatro dementes: Ausonia, Dylan, Wilkinson y Equis (este último no encontró patrocinador). Los cinco son introducidos en un extraño cubículo y sometidos a una vigilancia televisiva constante y a un cruel racionamiento de la comida y de las distracciones. Pronto comienzan a desatarse sus instintos más animales… Y hasta aquí puedo leer.
El planteamiento inicial me pareció de lo más atractivo y original, pero no termina de convencerme la ejecución en su conjunto. El autor ha querido hacer algo muy ambicioso y complejo, y no estoy segura de que lo haya logrado del todo. Quizá uno de los mayores problemas para mí ha sido la extensión del libro. Creo que podándolo por aquí y por allá hubiera quedado más resultón. Sobre todo, creo que sobran digresiones. Es importante que las haya, para que el lector pueda hacerse a la idea de lo que es estar en la mente del protagonista, pero se me antojan demasiado abundantes y demasiado largas. Tanto que hacen que la lectura vaya a trompicones, y que una se encuentre leyendo en diagonal más de lo que debería en una novela de estas características.
Mi impresión mientras la leía era que se trata de una obra muy irregular. Tiene pasajes absolutamente desternillantes y otros tremendamente aburridos; diálogos muy ingeniosos, pero también otros que no conducen a ningún lugar. Los personajes a ratos están desdibujados, y en ocasiones muy perfilados. La trama por momentos es de un realismo atroz, pero al mismo tiempo siempre raya en lo inverosímil. El narrador es capaz de desarrollar unas imágenes poderosísimas, y hacer que el lector se estremezca de asco y de horror, sin dejar, a veces, de desear que se acabe ya de una vez. Este dualismo extremo, este sí-no-sí-no constante, me ha hecho oscilar como una posesa del Mejor no, al Pasable, al Está bien, y vuelta a empezar. Mi pareja es testigo de que me he reído a carcajada suelta, de que me he visto obligada a leerle en alto algunos de los pasajes más deliciosamente retorcidos, pero también de que he querido desistir en más de una ocasión y tirar el ejemplar por la ventana.
Habiendo llegado ya a su más que interesante (aunque quizá ligeramente predecible) final, puedo echar la vista atrás y darme cuenta de que prácticamente todo lo que de defectuoso parecía tener esta novela (las digresiones eternas, los diálogos vacíos, los personajes borrosos, la inverosimilitud del argumento) está ahí por algo. Decía que el autor ha querido hacer algo muy ambicioso, y quizá por ello le ha salido lo que a ratos es un libro difícil. Pero no deja de ser una propuesta muy valiente e innovadora; una lectura singular que no va a ser fácil de olvidar. Por eso os la quiero recomendar, por absurdo que os resulte, a pesar de lo mucho que me ha costado acabarla, a pesar de que todavía no sé si me ha gustado.