lunes, 21 de septiembre de 2015
martes, 15 de septiembre de 2015
Bailando con Ana Pérez Cañamares: "Vivir con intensidad la muerte de mi madre me hizo abrir más los ojos y entregarme a la poesía"
Baile del Sol.- ¿Qué significa para ti que se publique la tercera edición de La alambrada de mi boca?
Ana Pérez Cañamares.- Pues imagínate, un alegrón. Es el primer poemario que publiqué, y cuando me comunicaron que iba a salir la tercera edición, no pude evitar recordar esa tarde en que, llena de nervios y dudas, mandé el original a la editorial. Una hora después recibí un mensaje del editor diciéndome que sí, que lo publicaba, con el contrato adjunto. Lo celebré saltando en el sofá bajo la mirada estupefacta de mi familia. Y siete u ocho años después, no sólo he publicado cuatro poemarios más y he vivido un montón de fantásticas experiencias gracias a la poesía, sino que encima La alambrada llega a su tercera edición y con una portada preciosa. Eso quiere decir que aunque son los poemas de una poeta principiante aún siguen teniendo interés y valor para los lectores. Me siento orgullosa y agradecida.
BdS.- El poemario abre con un poema en el que te
diriges a tu hija y creo que actualmente estás trabajando sobre este mismo
tema, la maternidad ¿qué vínculo hay entre este poema y lo que ahora estás
escribiendo?
APC.- Hay un vínculo fuerte, claro… En ese poema
le digo a mi hija que no se guarde las preguntas que tenga que hacerme. En el
poemario en que estoy trabajando directamente he pasado a responderlas yo, sin
esperar a que ella me las haga. Porque me he dado cuenta de que yo soy la
primera interesada en cuestionarme cómo ha sido mi maternidad hasta ahora. Es
lo que tiene tener una hija adolescente, jajaja, ella está más interesada en
vivir su vida que en nuestra relación, como es lógico. Espero, no obstante, que
si algún día formula esas preguntas de las que yo hablaba, alguno de los poemas
que estoy escribiendo ahora le sirvan como posible respuesta.
APC.- Sí, yo creo que uno de los acontecimientos
vitales que me lanzó a la poesía, o al menos a jugármela como poeta, a
arriesgarme y dejar de perder el tiempo, fue la muerte de mi madre. Yo estaba
con la ficción, los relatos, un proyecto fallido de novela, y creo que algo en
mi interior me dijo: cuenta tu vida, confía en ti, en lo que ves, en lo que
sientes. Vivir con intensidad la muerte de mi madre me hizo abrir más los ojos
y entregarme a la poesía.
BdS.- El vínculo entre tu madre, tu hija y tú queda
muy patente en el poema Generaciones, ¿qué línea trazarías entre estas tres
mujeres?
APC.- Ufff…. La pregunta se las trae. Yo a veces
digo medio en serio medio en broma que estoy atrapada entre ellas, porque mi
madre y mi hija son las dos Cáncer, se parecen muchísimo en el carácter… A
veces siento que con mi hija estoy viviendo segundas oportunidades para
terminar de aceptar y entender a mi madre… Ese poema tiene muchas
reverberaciones para mí. Es a la vez vivir la muerte de alguien como si fuera
propia, porque algo tuyo muere… y sin embargo es también sentir la transmisión
de la herencia, de la vida, como un testigo que pasa de mano en mano.
BdS.- En la segunda parte se encuentran los poemas
amorosos, de intimidad, de dos. Es la parte más breve del poemario, ¿te sientes
cómoda poéticamente con el amor de pareja como temática?
APC.- Cada vez más. Aunque la verdad es que es
una responsabilidad, igual que cuando hablo de ser madre. Son dos casos en los
que se implica directamente a otras personas con nombre y apellidos, que están
muy cerca de mí, pero que pueden sentirse incómodas con la exposición de la
intimidad que se hace en los poemas. Supongo que por eso intento en primer
lugar que hablen sobre todo de mí, de mi emoción en particular, y luego que no
sean anecdóticos, que no reflejen situaciones en particular, sino que puedan
reflejar algo más universal. Según te digo esto pienso en que me lo he saltado
unas cuantas veces, así que no sé si sirve como generalidad. En realidad me siento
un poco culpable por hablar de otros en los poemas. Como si fueran
damnificados.
BdS.- La última parte del poemario, titulada UNA, es una especie de
cuarto propio en el que conocemos más de ti, ¿ha cambiado desde entonces ese yo
poético?
APC.- Creo que personalizo menos. Hablo de mí,
pero de una forma menos concreta, menos anecdótica como decía antes.
BdS.-Cuando relees La alambrada de mi boca, ¿te
reconoces en tus versos?
APC.- En parte sí me reconozco. Pero espero haber
cambiado. Bueno, creo que sí, que he cambiado. Creo que personalmente sufro
menos, algo de tregua me he dado. Pienso que en La alambrada aún sufría
demasiado innecesariamente.
BdS.-Algunos de los poemas de este libro los sigues
recitando en púbico habitualmente, ¿por qué?
APC.- Porque siguen teniendo vigencia,
siguen cumpliendo su función y sigo viéndome reflejada en ellos. Y la respuesta
de lectores y oyentes me lo confirma. Por ejemplo, Hijo mío. Fue un poema
anterior al estallido de la crisis y por desgracia, fíjate si sigue vigente lo
que dice. Más aún que cuando lo escribí.
- BdS.-Después de La alambrada de mi boca, ¿cómo ha
sido tu evolución poética?
BdS.-Cuéntanos en qué estás trabajando ahora
APC.- Estoy trabajando en varios
proyectos. Creo que en mi vida he estado tan activa como lo estoy ahora. Un libro de aforismos, uno de poemas de amor,
otro sobre la maternidad y otro poemario aún en un estado más embrionario. Como
decía el otro día: para no pensar en que me gustaría tener más tiempo para
escribir, escribo todo el tiempo que puedo.
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miércoles, 2 de septiembre de 2015
Reseña de “Stoner”, de John Williams, en el blog de Sanz Irles
De desgracia en desgracia; de fracaso en fracaso. ¡Léanla!
Con esta exhortación podría terminar la reseña, pero creo que es mi deber añadir algunos argumentos.
«Stoner», del tejano John Williams (1922-1944) es una novela que impresiona. Cuesta imaginar lectores que salgan indemnes de su lectura. Se la termina medio grogui, con un ánimo que vacila entre el desconcierto y la zozobra, aunque tamizados por la engañosa blandura de una clase media provinciana. También se emerge de la angustia con la nítida sensación de haber leído una de las grandes novelas del siglo XX.
«Stoner» es una historia triste, desolada y desoladora, porque nos recuerda que la vida puede ser como la que se nos cuenta. Con la concisión que impone Twitter, hace pocas horas taquigrafié en@SanzIrles tres frases que podrían ser mi resumen: «Épica de la medianía; conmovedora pequeña grandeza de la decencia; estoicismo campesino ante la adversidad».
Se podría añadir otra: el Libro de Job de la Norteamérica sureña.
Este símil me permite, justamente, señalar lo que para mí constituye el gran intríngulis de la novela y su verdadero, pero secreto, tema: la fatalidad frente al libre albedrío.
¿Es Bill Stoner quien determina el curso de su vida al tomar determinadas decisiones? En una entrevista concedida por el autor, parecía abonarse esta idea, siquiera de manera indirecta, al afirmar John Williams que, en el fondo, Stoner había tenido una buena vida (o una vida buena: no recuerdo cómo lo dijo y ya sabemos que no es lo mismo, pero nos entendemos), pues había trabajado siempre en lo que amaba. El propio Stoner defiende su papel de hombre autónomo que decidió su suerte cuando, ya moribundo, conversa con su hija:
‘Poor Daddy, things haven’t been easy for you, have they?
He thought for a moment and then he said, ‘No. But I suppose I didn’t want them to be.’
—Pobre papa. Las cosas no han sido fáciles para ti, ¿verdad?
Y él, tras pensar unos segundos, dijo:
—No. Pero creo que no quise que lo fueran.
(Traducción propia).
Sin embargo, ni el autor ni el protagonista me convencen sobre este asunto. Es verdad que hay en Stoner una terquedad campesina y una decencia íntima que lo llevan a ser fiel a sus deseos y convicciones íntimas, pero la historia contada revela el peso inexorable del ambiente, de su tiempo, del entorno social y de los consabidos prejuicios de toda laya, una combinación letal que resulta de lo más próximo a las ideas clásicas de fatalidad y destino.
El asunto de cuán determinante es Stoner para su propia vida se complica por el hecho de que nos es presentado como constituido por una incurable timidez campesina, una asumida inferioridad social y, acaso, una aceptación resignada de su papel en la vida y su lugar en la sociedad. También está afectado por una gran torpeza emocional y una incapacidad, rasgo anglosajón y puritano, de manifestar sus sentimientos.
A veces tenemos la sensación de que Stoner asiste a su propia vida como un espectador desconcertado, confuso. Por eso no nos extraña que cuando llora en el entierro de su viejo profesor y amigo, Sloane, no sepa por qué está llorando. Esa perplejidad, esa confusión ante el devenir de su propia vida es una de las principales fuentes de la pesadumbre que constituye el tono general de esta novela.
No obstante, todo esto es parte del atractivo hipnótico del texto, que nos atrapa desla la primera página aunque resulte difícil comprender los motivos del protagonista y formarse una idea clara de cuánto hay de externo e incontrolable y cuánto de propias elecciones en las calamidades que le suceden página tras página.
El mismo Stoner, según el narrador (que, recordémoslo, es casi decimonónico y sabe de los personajes más que ellos mismos) duda de si mismo y de su verdadera identidad:
Sometimes he thought of himself as he had been a few years before and was astonished by the memory of that strange figure, brown and passive as the earth from which it had emerged.
A veces pensaba en sí mismo y en cómo era pocos años antes, y se quedaba asombrado ante el recuerdo de aquella extraña figura, parda y pasiva como la tierra de la que había surgido. (Traducción propia)
Su aturdimiento y su pasividad, que en alto grado definen su paso por este mundo, tienen un emotivo resumen en la escena en la que ve a su hija alejarse de él tras el banquete de boda. El inevitable toque sentimental no le resta nada al extraordinario párrafo:
Stoner watched them drive away from the house, and he could think of his daughter only as a very small girl who has once sat beside him in a distant room and looked at him with solemn delight, as a lovely child who long ago had died.
Stoner los miró alejarse de la casa en el coche y sólo pudo pensar en su hija como en la niñita que una vez se sentaba junto a él en una habitación lejana y lo miraba con solemne deleite, una preciosa niñita que ya había muerto hacía mucho. (Traducción propia)
Sin embargo, para contarnos la pesarosa vida del protagonista, John Williams eligió una técnica novelística antigua y simple: una trama lineal que, ¡oh, maravilla!, empieza por el principio y acaba por el final, y un narrador externo y ajeno a la historia, tradicional, omnisciente, que sabe lo que sienten y piensan sus personajes y nos lo cuenta sin empacho. Williams, no obstante, tiene la prudencia de limitar esa omnisciencia a lo indispensable, haciéndola tolerable a los lectores modernos. La arquitectura de la narración es límpida y evidente, como las del gran Simenon.
La prosa es soberbia, casi clásica, de las que invitan a releer oraciones y párrafos para saborear su equilibrio y sus envidiables engranajes: no hay ruidos sintácticos, se desliza a un ritmo pausado pero constante y mantiene una admirable unidad de tono, desde la primera página hasta la última. (Por eso me ha sorprendido que se deje llevar, a veces, hacia una adjetivación manida e innecesaria, como cuando se toma la molestia de decirnos que en una mesa había unos cuencos de «reluciente plata». Pero esta concesión al adjetivo superfluo no es grave y apenas molesta en medio de un texto que sabe ir creando un intenso clima emocional mediante oraciones y párrafos maravillosos).
Hay también una envidiable destreza y una gran intuición literaria en la presentación de detalles que, bajo una engañosa apariencia física o ambiental, son en realidad potentes marcadores psicológicos y hasta morales. Por ejemplo, cuando el retraído protagonista entra en la sala donde se celebrara una recepción y el narrador nos dice:
When he came into the room from the cold foyer the warmth pushed against him, as if to force him back…
Cuando entró en el salón desde el frío vestíbulo, el calor lo empujó, como si quisiera hacerlo salir de nuevo… (Traducción propia).
La tremenda densidad psicológica y emocional de la novela no debería, empero, velarnos otras virtudes. La maestría literaria del autor se muestra en muchos momentos, como cuando exhibe sus pasmosas dotes de observación y síntesis para retratar —según quiere el cliché— la burguesa relación marital de los padres de ella:
Anger was days of courteous silence, and love was a word of courteous endearment.
El enfado eran días de educado silencio y el amor, una cortés palabra de afecto. (Traducción propia).
De la novela, relativamente corta, hay mucho, muchísimo más que podría decirse, pero no quiero que, al perderme en detalles y digresiones, se diluya lo principal: convencerlos de que la lean sin demora.
Sólo me cabe añadir que, al final de la historia, todo parece resumirse en la terrible pero autoirónica pregunta que martillea los pensamientos de Stoner en las últimas horas de su vida, antes de morir con un libro en sus manos:
viernes, 28 de agosto de 2015
Bailando con Regina Salcedo: "Me gusta que un poema no sea unidireccional, sino que pueda catapultarte hacia múltiples lecturas"
Baile del Sol.- Un
iceberg se caracteriza por dejar a la vista una parte muy pequeña de su
totalidad, ¿ocurre algo parecido con la poesía?
Regina Salcedo.- En la
que a mí suele interesarme, sí, y desde luego es lo que pretendía en Icebergs. Ese es uno de los sentidos que
encierra el título. Hemingway comentaba que un buen relato es como un iceberg
donde lo que se dice es la parte que asoma del agua y lo que no se dice la
parte sumergida, que es un 90%. Esto me parece que se cumple con mayor
intensidad en poesía. Me gusta que un poema no sea unidireccional, sino que
pueda catapultarte hacia múltiples lecturas, que no se agote en una sola, que
juegue con el silencio y el potencial de la palabra justa y a la vez
sorprendente. La capacidad de sugerencia y evocación es para mí uno de los
grandes valores de este género. Y creo que las personas también somos así, tenemos
una parte oculta mucho más extensa que la que mostramos al mundo, y a pesar de
que nos juntemos para viajar en grupo, al final hay una soledad que es
insalvable (ése sería el otro sentido del título).
Me
encantó además la interpretación que hizo Lola Nieto al respecto –y en la que
yo no había reparado–, que me preguntó si yo decía que mi libro era un iceberg
porque es un bloque (una poética) que se ha desprendido de un todo en el que ha
crecido (la tradición). Me parece una imagen muy acertada: algo que se alimenta
y prospera despacio en un hábitat para un día resquebrajarse con un aullido,
hacerse un individuo independiente (aunque con una herencia rastreable) y
seguir su camino. Este deseo de
encontrar mi propia voz –que aquí principalmente se reduce a una lucha y una
búsqueda– también se refleja en algunos poemas.
BdS.- ¿En
qué universo se mueve este poemario?
R.S.- Se
mueve en el universo del desprendimiento, cuando el hielo se resquebraja,
cuando, de pronto, lo que parecía inamovible se funde y sientes que tu vida se
desmorona y no te queda más remedio que reconstruirte y comenzar tu viaje en
solitario. Podríamos incluir el poemario dentro de los libros de viajes
iniciáticos que, como todos, siempre se generan a partir de un momento de
crisis, de ruptura. Icebergs sólo se
concentra en ese instante del quiebro –de los quiebros, en realidad– y apenas
avanza un poquito más, cuando justo ves que el mundo no se acaba y que, aunque
sea por inercia, vas a salir a flote, con todo el desasosiego y esperanza que
eso conlleva.
BdS.- Este
es un poemario en el que el hielo, el frío y otros paisajes de vacío parecen
dar aliento a los versos...
R.S.- Sí, el
símbolo del hielo y su entorno me venían de forma espontánea al querer
transmitir esa sensación de decepción y desolación que te queda cuando todo en
lo que has creído se hace pedazos y te quedas flotando a la deriva, en mitad de
la nada. Es una sensación contradictoria porque, al mismo tiempo, también
resulta liberadora, emocionante; también hay pureza y belleza en ese hielo frío
y desafiante.
BdS.-
También aparece la casa como elemento físico y simbólico, una casa vieja, una
casa vacía, una casa embargada... ¿qué significa una casa en Icebergs?
R.S.- Esa
casa, excavada en el hielo con las manos, sin muebles ni adornos, es la persona
que queda tras el derrumbamiento que comentaba.
Es el yo despojado, embargado, limpio y tembloroso que tiene que
comenzar a replantearse el mundo y a sí mismo desde cero –o desde bajo cero–.
jueves, 27 de agosto de 2015
Próximamente, nuevo volumen de relatos de Jorge Majfud: ALGO SALIÓ MAL
La vida es así
Papá, tenemos que hablar. Sé que te resultará difícil lo que tengo que decirte pero también sé que aprenderás a aceptarlo con el tiempo...
Tu esposa y yo nos vamos a separar. Ambos vamos a formar nuevas familias. Tú vendrás conmigo y vivirás con Amalia. Amalia es la mamá que conocí en la guardería. ¿Recuerdas aquella señora de pelo negro que siempre iba con un niño rubio que usaba lentes? Bueno, es ella. No fue un amor a primera vista. Fue algo que se fue dando con el tiempo. No se cómo explicártelo.
Sé que en este momento estarás pensando, «¿cómo es posible que una hija deje de querer a una madre para querer a otra?». Pero hay cosas, sentimientos que tenemos los niños que un adulto no podría comprender jamás. Seguramente cuando seas un anciano logres comprenderlo. Los ancianos recuerdan mejor la infancia que el resto de sus vidas marcadas por la confusión y las fantasías propias de los adultos. Es por eso que te pido que no pretendas entenderlo todo. Solo acéptalo como es, ya que es una decisión tomada. Cuanto más tardes, más sufrirás.
Amalia tiene un hijo anterior de cinco años, casi la misma edad que yo, por lo que estoy segura que aprenderás a quererlo como mamá aprenderá a querer a la chica de Ignacio, como si fuese yo misma.
Ya lo hemos hablado con tu esposa. A veces la relación de un hijo con alguno de sus padres no funciona y lo mejor, para evitar conflictos que hacen mal a los dos, es la separación.
Sabes que las cosas entre mamá y yo no iban bien desde hace un buen tiempo. Alguna vez, incluso, llegó a pegarme en las nalgas porque le eché el café en su computadora. Esa maldita computadora que destruyó nuestra relación de madre e hija. No la denuncié a la maestra de la escuela para no llevar las cosas a un extremo que podrían perjudicarla aún más.
Las nalgadas, esa reacción primitiva, propia de padres cavernícolas, solo fueron la gota que colmó el vaso. Resolvimos separarnos en buenos términos. Sí, sé que amas a tu esposa pero aprenderás a vivir sin ella y a querer a Amalia como quieres a mamá. Ella también tendrá que acostumbrarse al nuevo esposo que le tocó en suerte, el papá de Carmencita, un buen hombre, dicen, y también aprenderá a amarla y respetarla como lo hiciste tú. Podrás visitarla los fines de semana.
Sé que no es lo mejor, pero la verdad es que no hay una solución intermedia. Ni yo puedo vivir ya con tu esposa ni tú puedes vivir con ella y conmigo bajo el mismo techo. Imagina que ella deba cruzarse cada mañana con mi nueva madre y yo tenga que ver a sus nuevos hijos abrazados a ella y llenándola de besos y ella felizmente realizada como madre. En el fondo, tampoco yo lo soportaría, por más justo que sea.
No, tampoco es posible una tercera casa donde puedas vivir tú y mamá solos. Yo necesito a un padre y tú me necesitas también. Cuando yo cumpla dieciocho entonces sí serás libre y podrás volver con mamá si quieres. Soy una niña todavía y tengo derecho a rehacer mi vida. Tú, en cambio, eres adulto, ya has vivido gran parte de tu vida, tienes experiencia y no te traumarás por este cambio. Aprenderás a aceptarlo con el tiempo.
También deberás ser un padre comprensivo y juicioso. Amalia tiene sus defectos y virtudes, pero es una buena mujer y una buena madre. No es buena en la cocina, así que espero que aprendas a cocinar para los cuatro y cuando ella cocine tengas la delicadeza de elogiar su esfuerzo.
Yo sé que esto te toma un poco por sorpresa, aunque lo habrás adivinado desde hace algún tiempo. Sé que no es fácil tener que vivir y querer a otra madre como querías a tu esposa. Pero no se trata de reemplazar tus sentimientos. Seguirás queriendo a tu esposa como siempre, solo que además deberás aprender a vivir con otra mujer y hacer tu mejor esfuerzo por quererla como yo la quiero.
Imagina qué absurdo si hubieses sido tú, el padre, el que resolviera irse con otra mujer y yo, la niña, la que tuviese que enfrentar el inesperado golpe y tuviese la responsabilidad y la obligación de adaptarme un problema semejante, un problema de adultos, uno de esos caprichos repentinos e imprevisibles, propio de los adultos. Yo tendría que querer a la fuerza a la nueva mamá que tú eligieras. Obviamente no lo soportaría, porque soy una niña muy pequeña. Pero tú eres un adulto y sabrás adaptarte y respetar las emociones y los sentimientos de una niña pequeña. Obvio, lo otro pasaba en las sociedades salvajes de tus tatarabuelos, pero afortunadamente hoy los niños tenemos nuestros derechos conquistados. Ya no somos pequeños saquitos de lana donde los adultos descargan todos sus caprichos y frustraciones. Ya me tocará a mí cuando sea adulta proteger a mis niños de mis amores y desamores.
Yo sé que duele, que a tu corazón viejo le costará aceptarlo, pero no hay vuelta atrás. Tendrás que aprender a querer a Amalia como yo aprenderé a querer a Pablito como si fuese mi hermano. De hecho va a ser mi hermano a partir de hoy. Ya verás que también Amalia es una esposa encantadora... Qué le vas a hacer, papá. No llores. La vida es así.
miércoles, 26 de agosto de 2015
Entrevista a Ramón Betancor en EL NORTE HOY
RAMÓN BETANCOR PERIODISMO, LITERATURA Y MÚSICA EN EL CORAZÓN DE UN CANARIO SOÑADOR
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Como cada semana El Norte Hoy acerca a sus lectores al mundo de la literatura, y lo hace en esta ocasión de la mano de un autor canario
Ramón Betancor nació en La Palma en 1972, es escritor y periodista y se dio a conocer con su primera novela, ‘Caídos del Suelo’, tras darle vida al protagonista de la obra, Mario Rojas, en distintas redes sociales como si de una persona real se tratase.
En los últimos veinte años ha trabajado para diferentes medios y agencias de comunicación, tanto de Canarias, como de ámbito nacional e internacional. Actualmente reside en Gran Canaria y desempeña funciones de Editor de Informativos en Televisión Canaria, el canal público del Archipiélago.
Siempre ligado a movimientos culturales, durante la década de los noventa formó parte de diferentes bandas de rock de Canarias. Su labor como compositor le llevó a grabar dos trabajos discográficos.
Entrevista
NH: Escritor, periodista, actualmente editor de informativos… ¿Con cuál de todas sus facetas se siente más cómodo?
RB: Yo siempre digo que soy periodista para poder vivir y escritor para evitar la muerte. Son dos facetas que se complementan sin interferir la una en la otra. De momento, ambas son necesarias para seguir respirando y cada cual ocupa su espacio y su tiempo en mis rutinas diarias. Creo que, hoy por hoy, conservar el trabajo es un objetivo. Vivir de la literatura, es sólo un sueño.
NH: Tenemos entendido que también fue músico en los años 90, ¿qué queda de esa faceta y por qué la dejó atrás?
RB: Creo que la vida es una sucesión de etapas, aunque eso no significa que esas etapas no puedan volver cíclicamente a formar parte del día a día. En su momento dejé la música porque la vida me absorbió de tal forma, que me quedé sin nada que expresar. O, simplemente, sin ganas de hacerlo. En cambio, hoy por hoy, he vuelto a componer.
Quizá el arte se retroalimenta y las letras trajeron melodías.
NH: Usted utilizó una original estrategia para dar a conocer su novela y fue convertir a su personaje, Mario Rojas, en una persona real, con sus redes sociales y todo. ¿De dónde sacó esa idea?
RB: Crear campañas de marketing no es algo nuevo para mí. La diferencia entre ésta y otras, es que por primera vez me convertí en mi propio cliente. El concepto en realidad fue sencillo: ¿Qué cuenta la novela? La vida de Mario Rojas. ¿Y qué queremos hacer con la novela? Venderla. Pues hagámoslo real y vendamos la vida de Mario Rojas. Así fue cómo surgió darle vida al personaje y poner esa vida a la venta en Internet.
NH: ¿Le costó mucho mantener esa “doble” personalidad en las redes o Mario tiene mucho de usted y por el contrario no fue difícil?
RB: En realidad, lo más complejo es tener siempre en la cabeza algo que contar. Mantener un blog en el que diariamente compartes cosas, no es sencillo. Si además, para compartir esas cosas tienes que disfrazarte del personaje que has creado y dotarlo de cierta credibilidad, la cosa se complica. En cualquier caso, tenía un buen personaje y eso ayudó a que todo fluyese de forma natural.
NH: ¿En qué género encuadra su trilogía?
RB: La han catalogado de muchos géneros. Desde novela negra hasta realismo social. Juan Cruz, el Director Adjunto del diario El País, la definió como “novela oscura”
Yo simplemente digo que es “intriga reflexiva”
Es un libro con grandes dosis de misterio, pero también de poesía, aforismos y frases que invitan al lector a reflexionar y a pensar cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar para llegar a lo más alto.
NH: ‘Camino del suelo’, último libro de su trilogía, es en realidad el génesis de la historia. ¿Podría explicar cómo se entiende?
RB: En Camino del suelo se entremezclan tres historias. Una de ellas, escrita en negrita, es lo que sucedió antes de Caídos del suelo (el primer tomo de la trilogía). Otra, en letra normal, lo que está pasando en el presente, que es la continuación de Colgados del suelo (la segunda parte). Y una tercera en cursiva, que es lo que acontece en El Reino de los Suelos, el lugar que da nombre a la saga y que conoceremos en este último libro.
NH: ¿Es usted de los escritores que tienen un método y horarios o es de los que se sientan y solo deja que las musas hagan su trabajo?
RB: Ni una cosa ni la otra. Yo no creo en la inspiración, sino en los estados de ánimo. Y sí pienso que esos estados de ánimo influyen tanto en la historia como en la motivación o la desmotivación para trabajar. No creo en los horarios porque opino que para escribir hay que tener ganas de escribir. Obligarte a ello, al menos en mi caso, sólo se traduce en vomitar un mal texto y, por lo tanto, en una pérdida de tiempo.
NH: Para escribir, ¿boli/papel o directamente ordenador?
RB: Para eso no soy nada romántico y suelo escribir directamente en el ordenador. Sí que es cierto que tomo muchas notas a lo largo del día y, según donde me encuentre, lo hago a bolígrafo o, incluso, en el móvil. Pero sería incapaz de escribir una novela de 500 páginas en una libreta para después pasarla al portátil. Es algo que sólo de pensarlo me produce una pereza infinita.
NH: Y como lector, ¿es de los románticos que aún disfrutan del libro en papel o se ha adaptado a los nuevos tiempos y leer en ebook o tablet le parece lo mejor?
RB: A día de hoy no tengo ni ebook ni tablet, pero sí un grave problema de espacio para almacenar los libros que he ido acumulando a lo largo de mi vida. De hecho, creo que es el problema más agradable que se puede tener: no saber dónde colocar tantos libros.
Aún así, sigo disfrutando de la literatura en papel, aunque no reniego en absoluto de las nuevas tecnologías.
NH: Por último, ¿cree que es muy difícil llegar a publicar hoy en día o que por el contrario las editoriales parecen haber abierto más la mano?
RB: Publicar con una editorial seria era, es y será complicado. Publicar, a secas, puede ser algo relativamente sencillo. Actualmente el mercado está tan saturado, que han surgido empresas (que no editoriales) que tratan de aprovecharse de quienes quieren publicar a toda costa y juegan con la ilusión y el dinero de esas personas. Mi consejo es tener paciencia y esperar a que llegue la oportunidad de hacerlo sin sombras.
viernes, 21 de agosto de 2015
Reseña de: Loca Novelife 2, de Elvira Rebollo en LIBROS PROHIBIDOS

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Elvira Rebollo: Loca Novelife 2
Año: 2015
Editorial: Baile del Sol
Género: Novela corta
Valoración: Está bien
Editorial: Baile del Sol
Género: Novela corta
Valoración: Está bien
He de comenzar con una confesión: este libro y yo no empezamos con buen pie. Gran parte de la culpa la tiene el título del mismo. Elvira Rebollo tiene un blog que se llama Loca Novelife y por ello (imagino) se decantó por este mismo nombre para su primera novela, y también para la que hoy nos ocupa, que es su segunda parte. A mí personalmente me parece un título bastante mejorable (por decirlo educadamente). Ello hizo que me costara más de la cuenta decidirme a leerla. Quizá os esté resultando un poco exagerada, por eso de que no hay que juzgar un libro por su portada (lo que incluye su título, entiendo). Este dicho popular tiene su parte de razón, por supuesto, pero también es importante que los escritores cuiden mucho el título de su libro (y su portada). Al fin y al cabo, es lo primero con lo que se topa cualquier lector, y en el criterio de un autor a la hora de escoger un buen nombre se deja entrever la calidad de su escritura (pensemos en ejemplos de títulos maravillosos y atemporales como El hombre que fue jueves o Corazón tan blanco). Tomar una mala decisión en este aspecto puede suponer una condena al olvido para la propia novela, quizá injustamente (lo que sería el caso en la obra que nos ocupa, como veremos).
Decía que esta novela y yo no empezamos con buen pie. Aparte del título, las primeras páginas y, en especial, el primer capítulo me dejaron con bastante mal sabor de boca. En ellas, Rebollo parece esforzarse por hacer de este un libro graciosete, y agolpa muchos chistes uno tras otro en muy pocas páginas. Quizá andaba yo mosqueada todavía por lo del título, pero lo cierto es que las primeras páginas me hicieron más bien poca gracia y empecé a temer que fuera una novela que quisiera ser graciosa y se quedara en el intento, como alguna otra que ha pasado por aquí. Tampoco ayudó a causarme buena impresión el hecho de que la autora se sumara a la tendencia, cada vez más frecuente, de incluir frases en inglés sin asegurarse de no caer en faltas gramaticales ni de ortografía (como ejemplo, de tres veces que aparece la palabra “brighter”, en todas pone “brigther”).
A pesar de todo esto, Loca Novelife 2 se salva de la quema. Para explicaros por qué, os pongo un poco en situación. La obra nos cuenta un pedacito de la vida de Eugenia Gutiérrez, una mujer a la que el destino le ha tratado bastante mal y se encuentra con una depresión de caballo, fundamentalmente a causa de hechos desconocidos para quien no haya leído la primera parte de la novela (como es mi caso). Esta falta de información no resulta un obstáculo, más bien al contrario; le da cierto toque misterioso a la novela, y además contribuye a que nos centremos en la situación emocional de Eugenia y su lucha por salir del agujero. De entrada, no me parece un planteamiento excesivamente interesante, pero la obra goza de tres virtudes innegables que hacen de su lectura una experiencia positiva.
Primero de todo, se encuentra la capacidad que tiene la autora para lograr que el lector empatice con Eugenia. Al comienzo, mi mosqueo me impedía interesarme realmente por la vida de este personaje, y pensé que la trama no lograría atraparme. A pesar de que puedo llegar a ser terca como una mula, acabé por conmoverme con muchos de los episodios narrados, y desarrollé una verdadera cercanía con el personaje, lo cual no deja de sorprenderme, teniendo en cuenta que Rebollo ha logrado mi cambio de parecer en poco más de 100 páginas. Tener una trama que logre envolver al lector, que resulte palpable y que remueva las emociones es algo de lo que pocos libros pueden presumir.
En segundo lugar, hay que señalar que las conversaciones son realmente buenas. Esto es algo en lo que suelen fallar los libros de autores jóvenes, y es que reproducir la naturalidad con la que conversamos cuidando la gramática es muy difícil. Rebollo logra esto de sobra, algo que seguramente tenga que ver con su familiaridad con el género teatral. He disfrutado mucho con los diálogos, en especial los que tienen lugar entre Eugenia y Gael, su amigo del alma. Y sí, finalmente consiguieron que me riera.
Para finalizar, no quiero quedarme sin mencionar el desenlace. No es mi intención destriparlo, así que solo diré que es un final muy bueno: sorprendente, original y conmovedor. Un final de diez, si les soy sincera. Así que, a pesar de que no comenzamos con buen pie, acabé con la sensación de que había merecido la pena darle una oportunidad a este librito. Ahí lo dejo.
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