jueves, 27 de agosto de 2015
Próximamente, nuevo volumen de relatos de Jorge Majfud: ALGO SALIÓ MAL
La vida es así
Papá, tenemos que hablar. Sé que te resultará difícil lo que tengo que decirte pero también sé que aprenderás a aceptarlo con el tiempo...
Tu esposa y yo nos vamos a separar. Ambos vamos a formar nuevas familias. Tú vendrás conmigo y vivirás con Amalia. Amalia es la mamá que conocí en la guardería. ¿Recuerdas aquella señora de pelo negro que siempre iba con un niño rubio que usaba lentes? Bueno, es ella. No fue un amor a primera vista. Fue algo que se fue dando con el tiempo. No se cómo explicártelo.
Sé que en este momento estarás pensando, «¿cómo es posible que una hija deje de querer a una madre para querer a otra?». Pero hay cosas, sentimientos que tenemos los niños que un adulto no podría comprender jamás. Seguramente cuando seas un anciano logres comprenderlo. Los ancianos recuerdan mejor la infancia que el resto de sus vidas marcadas por la confusión y las fantasías propias de los adultos. Es por eso que te pido que no pretendas entenderlo todo. Solo acéptalo como es, ya que es una decisión tomada. Cuanto más tardes, más sufrirás.
Amalia tiene un hijo anterior de cinco años, casi la misma edad que yo, por lo que estoy segura que aprenderás a quererlo como mamá aprenderá a querer a la chica de Ignacio, como si fuese yo misma.
Ya lo hemos hablado con tu esposa. A veces la relación de un hijo con alguno de sus padres no funciona y lo mejor, para evitar conflictos que hacen mal a los dos, es la separación.
Sabes que las cosas entre mamá y yo no iban bien desde hace un buen tiempo. Alguna vez, incluso, llegó a pegarme en las nalgas porque le eché el café en su computadora. Esa maldita computadora que destruyó nuestra relación de madre e hija. No la denuncié a la maestra de la escuela para no llevar las cosas a un extremo que podrían perjudicarla aún más.
Las nalgadas, esa reacción primitiva, propia de padres cavernícolas, solo fueron la gota que colmó el vaso. Resolvimos separarnos en buenos términos. Sí, sé que amas a tu esposa pero aprenderás a vivir sin ella y a querer a Amalia como quieres a mamá. Ella también tendrá que acostumbrarse al nuevo esposo que le tocó en suerte, el papá de Carmencita, un buen hombre, dicen, y también aprenderá a amarla y respetarla como lo hiciste tú. Podrás visitarla los fines de semana.
Sé que no es lo mejor, pero la verdad es que no hay una solución intermedia. Ni yo puedo vivir ya con tu esposa ni tú puedes vivir con ella y conmigo bajo el mismo techo. Imagina que ella deba cruzarse cada mañana con mi nueva madre y yo tenga que ver a sus nuevos hijos abrazados a ella y llenándola de besos y ella felizmente realizada como madre. En el fondo, tampoco yo lo soportaría, por más justo que sea.
No, tampoco es posible una tercera casa donde puedas vivir tú y mamá solos. Yo necesito a un padre y tú me necesitas también. Cuando yo cumpla dieciocho entonces sí serás libre y podrás volver con mamá si quieres. Soy una niña todavía y tengo derecho a rehacer mi vida. Tú, en cambio, eres adulto, ya has vivido gran parte de tu vida, tienes experiencia y no te traumarás por este cambio. Aprenderás a aceptarlo con el tiempo.
También deberás ser un padre comprensivo y juicioso. Amalia tiene sus defectos y virtudes, pero es una buena mujer y una buena madre. No es buena en la cocina, así que espero que aprendas a cocinar para los cuatro y cuando ella cocine tengas la delicadeza de elogiar su esfuerzo.
Yo sé que esto te toma un poco por sorpresa, aunque lo habrás adivinado desde hace algún tiempo. Sé que no es fácil tener que vivir y querer a otra madre como querías a tu esposa. Pero no se trata de reemplazar tus sentimientos. Seguirás queriendo a tu esposa como siempre, solo que además deberás aprender a vivir con otra mujer y hacer tu mejor esfuerzo por quererla como yo la quiero.
Imagina qué absurdo si hubieses sido tú, el padre, el que resolviera irse con otra mujer y yo, la niña, la que tuviese que enfrentar el inesperado golpe y tuviese la responsabilidad y la obligación de adaptarme un problema semejante, un problema de adultos, uno de esos caprichos repentinos e imprevisibles, propio de los adultos. Yo tendría que querer a la fuerza a la nueva mamá que tú eligieras. Obviamente no lo soportaría, porque soy una niña muy pequeña. Pero tú eres un adulto y sabrás adaptarte y respetar las emociones y los sentimientos de una niña pequeña. Obvio, lo otro pasaba en las sociedades salvajes de tus tatarabuelos, pero afortunadamente hoy los niños tenemos nuestros derechos conquistados. Ya no somos pequeños saquitos de lana donde los adultos descargan todos sus caprichos y frustraciones. Ya me tocará a mí cuando sea adulta proteger a mis niños de mis amores y desamores.
Yo sé que duele, que a tu corazón viejo le costará aceptarlo, pero no hay vuelta atrás. Tendrás que aprender a querer a Amalia como yo aprenderé a querer a Pablito como si fuese mi hermano. De hecho va a ser mi hermano a partir de hoy. Ya verás que también Amalia es una esposa encantadora... Qué le vas a hacer, papá. No llores. La vida es así.
miércoles, 26 de agosto de 2015
Entrevista a Ramón Betancor en EL NORTE HOY
RAMÓN BETANCOR PERIODISMO, LITERATURA Y MÚSICA EN EL CORAZÓN DE UN CANARIO SOÑADOR
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Como cada semana El Norte Hoy acerca a sus lectores al mundo de la literatura, y lo hace en esta ocasión de la mano de un autor canario
Ramón Betancor nació en La Palma en 1972, es escritor y periodista y se dio a conocer con su primera novela, ‘Caídos del Suelo’, tras darle vida al protagonista de la obra, Mario Rojas, en distintas redes sociales como si de una persona real se tratase.
En los últimos veinte años ha trabajado para diferentes medios y agencias de comunicación, tanto de Canarias, como de ámbito nacional e internacional. Actualmente reside en Gran Canaria y desempeña funciones de Editor de Informativos en Televisión Canaria, el canal público del Archipiélago.
Siempre ligado a movimientos culturales, durante la década de los noventa formó parte de diferentes bandas de rock de Canarias. Su labor como compositor le llevó a grabar dos trabajos discográficos.
Entrevista
NH: Escritor, periodista, actualmente editor de informativos… ¿Con cuál de todas sus facetas se siente más cómodo?
RB: Yo siempre digo que soy periodista para poder vivir y escritor para evitar la muerte. Son dos facetas que se complementan sin interferir la una en la otra. De momento, ambas son necesarias para seguir respirando y cada cual ocupa su espacio y su tiempo en mis rutinas diarias. Creo que, hoy por hoy, conservar el trabajo es un objetivo. Vivir de la literatura, es sólo un sueño.
NH: Tenemos entendido que también fue músico en los años 90, ¿qué queda de esa faceta y por qué la dejó atrás?
RB: Creo que la vida es una sucesión de etapas, aunque eso no significa que esas etapas no puedan volver cíclicamente a formar parte del día a día. En su momento dejé la música porque la vida me absorbió de tal forma, que me quedé sin nada que expresar. O, simplemente, sin ganas de hacerlo. En cambio, hoy por hoy, he vuelto a componer.
Quizá el arte se retroalimenta y las letras trajeron melodías.
NH: Usted utilizó una original estrategia para dar a conocer su novela y fue convertir a su personaje, Mario Rojas, en una persona real, con sus redes sociales y todo. ¿De dónde sacó esa idea?
RB: Crear campañas de marketing no es algo nuevo para mí. La diferencia entre ésta y otras, es que por primera vez me convertí en mi propio cliente. El concepto en realidad fue sencillo: ¿Qué cuenta la novela? La vida de Mario Rojas. ¿Y qué queremos hacer con la novela? Venderla. Pues hagámoslo real y vendamos la vida de Mario Rojas. Así fue cómo surgió darle vida al personaje y poner esa vida a la venta en Internet.
NH: ¿Le costó mucho mantener esa “doble” personalidad en las redes o Mario tiene mucho de usted y por el contrario no fue difícil?
RB: En realidad, lo más complejo es tener siempre en la cabeza algo que contar. Mantener un blog en el que diariamente compartes cosas, no es sencillo. Si además, para compartir esas cosas tienes que disfrazarte del personaje que has creado y dotarlo de cierta credibilidad, la cosa se complica. En cualquier caso, tenía un buen personaje y eso ayudó a que todo fluyese de forma natural.
NH: ¿En qué género encuadra su trilogía?
RB: La han catalogado de muchos géneros. Desde novela negra hasta realismo social. Juan Cruz, el Director Adjunto del diario El País, la definió como “novela oscura”
Yo simplemente digo que es “intriga reflexiva”
Es un libro con grandes dosis de misterio, pero también de poesía, aforismos y frases que invitan al lector a reflexionar y a pensar cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar para llegar a lo más alto.
NH: ‘Camino del suelo’, último libro de su trilogía, es en realidad el génesis de la historia. ¿Podría explicar cómo se entiende?
RB: En Camino del suelo se entremezclan tres historias. Una de ellas, escrita en negrita, es lo que sucedió antes de Caídos del suelo (el primer tomo de la trilogía). Otra, en letra normal, lo que está pasando en el presente, que es la continuación de Colgados del suelo (la segunda parte). Y una tercera en cursiva, que es lo que acontece en El Reino de los Suelos, el lugar que da nombre a la saga y que conoceremos en este último libro.
NH: ¿Es usted de los escritores que tienen un método y horarios o es de los que se sientan y solo deja que las musas hagan su trabajo?
RB: Ni una cosa ni la otra. Yo no creo en la inspiración, sino en los estados de ánimo. Y sí pienso que esos estados de ánimo influyen tanto en la historia como en la motivación o la desmotivación para trabajar. No creo en los horarios porque opino que para escribir hay que tener ganas de escribir. Obligarte a ello, al menos en mi caso, sólo se traduce en vomitar un mal texto y, por lo tanto, en una pérdida de tiempo.
NH: Para escribir, ¿boli/papel o directamente ordenador?
RB: Para eso no soy nada romántico y suelo escribir directamente en el ordenador. Sí que es cierto que tomo muchas notas a lo largo del día y, según donde me encuentre, lo hago a bolígrafo o, incluso, en el móvil. Pero sería incapaz de escribir una novela de 500 páginas en una libreta para después pasarla al portátil. Es algo que sólo de pensarlo me produce una pereza infinita.
NH: Y como lector, ¿es de los románticos que aún disfrutan del libro en papel o se ha adaptado a los nuevos tiempos y leer en ebook o tablet le parece lo mejor?
RB: A día de hoy no tengo ni ebook ni tablet, pero sí un grave problema de espacio para almacenar los libros que he ido acumulando a lo largo de mi vida. De hecho, creo que es el problema más agradable que se puede tener: no saber dónde colocar tantos libros.
Aún así, sigo disfrutando de la literatura en papel, aunque no reniego en absoluto de las nuevas tecnologías.
NH: Por último, ¿cree que es muy difícil llegar a publicar hoy en día o que por el contrario las editoriales parecen haber abierto más la mano?
RB: Publicar con una editorial seria era, es y será complicado. Publicar, a secas, puede ser algo relativamente sencillo. Actualmente el mercado está tan saturado, que han surgido empresas (que no editoriales) que tratan de aprovecharse de quienes quieren publicar a toda costa y juegan con la ilusión y el dinero de esas personas. Mi consejo es tener paciencia y esperar a que llegue la oportunidad de hacerlo sin sombras.
viernes, 21 de agosto de 2015
Reseña de: Loca Novelife 2, de Elvira Rebollo en LIBROS PROHIBIDOS

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Elvira Rebollo: Loca Novelife 2
Año: 2015
Editorial: Baile del Sol
Género: Novela corta
Valoración: Está bien
Editorial: Baile del Sol
Género: Novela corta
Valoración: Está bien
He de comenzar con una confesión: este libro y yo no empezamos con buen pie. Gran parte de la culpa la tiene el título del mismo. Elvira Rebollo tiene un blog que se llama Loca Novelife y por ello (imagino) se decantó por este mismo nombre para su primera novela, y también para la que hoy nos ocupa, que es su segunda parte. A mí personalmente me parece un título bastante mejorable (por decirlo educadamente). Ello hizo que me costara más de la cuenta decidirme a leerla. Quizá os esté resultando un poco exagerada, por eso de que no hay que juzgar un libro por su portada (lo que incluye su título, entiendo). Este dicho popular tiene su parte de razón, por supuesto, pero también es importante que los escritores cuiden mucho el título de su libro (y su portada). Al fin y al cabo, es lo primero con lo que se topa cualquier lector, y en el criterio de un autor a la hora de escoger un buen nombre se deja entrever la calidad de su escritura (pensemos en ejemplos de títulos maravillosos y atemporales como El hombre que fue jueves o Corazón tan blanco). Tomar una mala decisión en este aspecto puede suponer una condena al olvido para la propia novela, quizá injustamente (lo que sería el caso en la obra que nos ocupa, como veremos).
Decía que esta novela y yo no empezamos con buen pie. Aparte del título, las primeras páginas y, en especial, el primer capítulo me dejaron con bastante mal sabor de boca. En ellas, Rebollo parece esforzarse por hacer de este un libro graciosete, y agolpa muchos chistes uno tras otro en muy pocas páginas. Quizá andaba yo mosqueada todavía por lo del título, pero lo cierto es que las primeras páginas me hicieron más bien poca gracia y empecé a temer que fuera una novela que quisiera ser graciosa y se quedara en el intento, como alguna otra que ha pasado por aquí. Tampoco ayudó a causarme buena impresión el hecho de que la autora se sumara a la tendencia, cada vez más frecuente, de incluir frases en inglés sin asegurarse de no caer en faltas gramaticales ni de ortografía (como ejemplo, de tres veces que aparece la palabra “brighter”, en todas pone “brigther”).
A pesar de todo esto, Loca Novelife 2 se salva de la quema. Para explicaros por qué, os pongo un poco en situación. La obra nos cuenta un pedacito de la vida de Eugenia Gutiérrez, una mujer a la que el destino le ha tratado bastante mal y se encuentra con una depresión de caballo, fundamentalmente a causa de hechos desconocidos para quien no haya leído la primera parte de la novela (como es mi caso). Esta falta de información no resulta un obstáculo, más bien al contrario; le da cierto toque misterioso a la novela, y además contribuye a que nos centremos en la situación emocional de Eugenia y su lucha por salir del agujero. De entrada, no me parece un planteamiento excesivamente interesante, pero la obra goza de tres virtudes innegables que hacen de su lectura una experiencia positiva.
Primero de todo, se encuentra la capacidad que tiene la autora para lograr que el lector empatice con Eugenia. Al comienzo, mi mosqueo me impedía interesarme realmente por la vida de este personaje, y pensé que la trama no lograría atraparme. A pesar de que puedo llegar a ser terca como una mula, acabé por conmoverme con muchos de los episodios narrados, y desarrollé una verdadera cercanía con el personaje, lo cual no deja de sorprenderme, teniendo en cuenta que Rebollo ha logrado mi cambio de parecer en poco más de 100 páginas. Tener una trama que logre envolver al lector, que resulte palpable y que remueva las emociones es algo de lo que pocos libros pueden presumir.
En segundo lugar, hay que señalar que las conversaciones son realmente buenas. Esto es algo en lo que suelen fallar los libros de autores jóvenes, y es que reproducir la naturalidad con la que conversamos cuidando la gramática es muy difícil. Rebollo logra esto de sobra, algo que seguramente tenga que ver con su familiaridad con el género teatral. He disfrutado mucho con los diálogos, en especial los que tienen lugar entre Eugenia y Gael, su amigo del alma. Y sí, finalmente consiguieron que me riera.
Para finalizar, no quiero quedarme sin mencionar el desenlace. No es mi intención destriparlo, así que solo diré que es un final muy bueno: sorprendente, original y conmovedor. Un final de diez, si les soy sincera. Así que, a pesar de que no comenzamos con buen pie, acabé con la sensación de que había merecido la pena darle una oportunidad a este librito. Ahí lo dejo.
miércoles, 19 de agosto de 2015
Charo Ruano nos entrevista
Editorial Baile del sol, Tito Expósito y Ángeles Alonso: “… cuando editamos, aunque queremos que sea económicamente viable…no sopesamos tanto el rendimiento económico, como el interés y el gusto, de dar a conocer la obra que hemos elegido”…
Baile del sol irá siempre unida en mi cabeza a un libro extraordinario: STONER, allá por 2011, creo, alguien me recomendó ese libro fervorosamente; lo busque y busque y la respuesta era, es que esa editorial es muy rara, es canaria, es… Mi empeño cuando se trata de encontrar un libro es infatigable y no paré hasta que tuve en las manos el libro de Baile del sol, debo admitir que no conocía la editorial. Admito mi sorpresa aún porque una editorial pequeña e isleña se hiciera de pronto con un libro extraordinario que desde entonces he leído, releído, recomendado… sin descanso, ¿Para dónde miraban los “grandes editores” o ¿Quiénes son estos tipos que desde Tenerife nos asombran con la publicación de uno de los mejores libro que una recuerda? No, no es casualidad, una vez visto su catálogo solo podemos decir que los de BAILE DEL SOL saben muy bien lo que quieren editar, cómo, cuándo y por qué. Un placer hablar con ellos que nos mandaron saludos insulares enseguida, desde aquí admiración peninsular. Gracias
Por Charo Ruano
“Un libro se publica si es bueno; no se publica si no lo es, y toda consideración comercial ha de plantearse rigurosamente al margen”. Es una frase de Giulio Einaudi. Y nos gusta empezar con ella ¿Qué opina?
Siempre he creído, que considerar un libro como bueno o como pésimo, depende mucho del gusto e interés de quién lo lea. Evidentemente, puedes darte cuenta de quién sabe utilizar el lenguaje, quién sabe transmitir sentimientos, quién sabe envolvernos con una descripción que apenas puede estar contenida en un par de líneas. Y eso lo descubres desde los primeros renglones, desde la primera página. Pero el axioma de si un libro es bueno se publica, y si no lo es no… creo que no es aplicable al ámbito de la literatura. No existe un baremo ni un canon. No es algo objetivo que pueda evaluarse.
Pero sí es cierto, que cuando editamos, aunque queremos que sea económicamente viable, al fin y al cabo, una editorial no deja de ser una empresa, no sopesamos tanto el rendimiento económico, como el interés y el gusto, de dar a conocer la obra que hemos elegido. Que consideramos buena, interesante, o que simplemente aporta una visión diferente.
.-En verano se hacen cosas distintas?
Quizás se pueda pensar que nuestras lecturas cambian en el verano, quizás podamos imaginarnos descansando en la playa y por eso preferimos leer un libro de intriga a un tratado de filosofía. Pero creo que los gustos personales en la elección de libros y autores van con nosotros sea cual sea la estación. Si te gusta leer, si lo tienes como el “vicio” de cada día, no te pesará seguir haciéndolo aunque sea bajo la sombrilla o sentado en una plaza tomando una caña. Al menos para mí, la lectura no es algo que se haga en invierno.
.-Y qué hace un editor-a en verano exactamente, desconecta, lee los libros de la competencia, busca títulos o toma el sol?
Pues en mi caso, hago exactamente eso: desconecto (lo intento), leo libros (la competencia es siempre buena), y tomo sol. ¿Dejamos de ser editores en algún momento? No lo creo. Vayas donde vayas, siempre hay una librería y algo te lleva, sencillamente, a entrar en ella.
.- Cuánto ha cambiado “Baile del sol” desde aquel primer libro que vieron con expectación salir de sus manos
Baile del sol ha cambiado mucho externamente. Hace unos años, cuando cumplimos 20, remodelamos la imagen de la editorial y creo que finalmente, hemos encontrado nuestra seña. Antes imprimíamos, paginábamos e incluso encuadernábamos en casa, y ahora desde hace bastante tiempo, trabajamos en edición digital. Nos hemos adentrado en las nuevas tecnologías, y nuestros libros pueden encontrarse en las más importantes plataformas de venta, compaginando papel y eBooks, y por tanto, haciendo posible el acceso a nuestro fondo desde cualquier parte del mundo.
Pero en su esencia, Baile del Sol, se mantiene con los mismos principios y objetivos de sus comienzos. Ser una editorial abierta, interesados en la obra y no solo en la trayectoria del autor. Cierto es, que buscamos nuestros autores, pues forma parte del trabajo de un editor: el descubrir nuevas voces, pero no rechazamos una obra porque esta provenga de un autor novel. Seguimos trabajando con la misma curiosidad de los comienzos.
.- Me imagino que la publicación de Stoner fue un punto de inflexión… Siempre me he preguntado cómo se hicieron con los derechos para publicar esa joya
Stoner es una referencia, un punto de apoyo en nuestro trabajo, es cierto. Encontré la referencia de esta obra, tras leer una entrevista de la escritora Ana Gavalda, en ella comentaba la excelencia de la novela, y que además de estar haciendo la traducción, había convencido a su editor de que la publicara. Al ser seguidor de Gavalda, entendí que si a ella le gustaba, a mí podría gustarme igualmente. Así que comencé a investigar (que es lo que más me gusta de ser editor, descubrir a nuevos autores), y me hice con los datos de la agencia que llevaba los derechos de la obra de John Williams y a partir de ahí, negociamos y dio comienzo el trabajo.
.-Y de qué libro o colección se sienten más orgullosos?
Hay muchos libros de los cuales nos sentimos orgullosos. Unas veces por haber conseguido a determinado autor, otras por la obra en sí, otras porque consideramos que la obra es una joya y forma esta parte de nuestro fondo… escoger un libro o una colección es difícil. Por ejemplo, ahí está la Biblioteca Roque Dalton, o los libros que hemos editado de Thoreau, o un premio novel como Soyinka… no podemos escoger uno.
.- Qué libro les hubiera gustado publicar y no ha podido ser?
Me hubiera gustado publicar el primero de Carla Guelfenbein, “El revés del alma”. Fue su primera novela, fuimos una de las tres editoriales que apostamos por ella, pero finalmente se la llevó Alfaguara.
.-El panorama editorial está tan mal como lo pintan, está peor o peor lo tienen los escritores?
Creo que el panorama editorial está como siempre.
La pregunta que quizás nos debemos hacer es: ¿alguna vez ha estado bien…? y si la respuesta es positiva… ¿para quién? Es difícil adentrarse y formar parte de un mundo como este en el que se mueven innumerables elementos, donde proliferan las editoriales, las publicaciones, las autoediciones, la información, la desinformación… Pero ha sido difícil siempre. Eso no impide que estemos en esto desde hace más de veinte años. Nos gusta, y tratamos siempre de adaptarnos a los retos y dificultades que marca el mercado editorial. En cuanto a los escritores, pienso que lo tienen igual de complicado que siempre. Al margen de su posibilidad de hacerse con una autoedición, sigue siendo complicado acceder a determinadas editoriales… ¿pero cuando no?
.- Siente que ya les respetan los grandes grupos o aún se mueven en los márgenes?
Nunca me había planteado (ni preocupado) si los grandes grupos deben o no respetarme. Creo que nos movemos en ámbitos distintos, con intereses completamente divergentes, por tanto, no me preocupa si un gran grupo conoce o no el nombre de mi editorial, la verdad. Tampoco pienso que nos movamos en ningún margen. Nos movemos.
.-Publicarían un best seller para asegurar la supervivencia editorial o prefiere mantenerse “puros”?
¿A qué te refieres con un best seller? ¿No es STONER un best seller?
.-Qué libro ha leído últimamente que le ha dejado sin aliento
Vestido de novia, de Pierre Lemaitre, editado por Alfaguara. Y Explicación de la noche, de Edem Awumey, de Baile del Sol.
.-Y qué nos recomendaría para leer este verano
Jonathan Franzen “Libertad”, “El museo de la inocencia”, Orhan Pamuk.
.-A qué autor, a qué libro vuelve siempre
“Escupiré sobre vuestra tumba”, de Boris Vian y “El pan desnudo”, de Mohamed Chruki.
.-Planes para el verano que se acerca
Leer. Leer textos que nos han llegado a la editorial, leer algunos de los libros que se van acumulando en la mesilla de noche, investigar sobre nuevos autores que pueden ser interesantes para nosotros y preparar las novedades del otoño de Baile del Sol.
lunes, 17 de agosto de 2015
La editorial Baile del Sol, con la colaboración del Cabildo de Tenerife, digitalizan la obra de cuatro autores canarios
La editorial canaria Baile del Sol, con la colaboración del Cabildo de Tenerife, está procediendo a la digitalización de algunas de sus publicaciones.
Se trata de novedades editoriales
y también de otros títulos pertenecientes al catálogo de la editorial. A partir
de ahora, los libros se podrán descargar en versión digital a través de las
diferentes plataformas, entre ellas, Amazon, Lektu, itunes, Barnes&Noble, Waltzbooks, Jjpc, Kobo, Tagus, etc.
De este modo las publicaciones
estarán disponibles para lectores de todo el mundo, a través de la red.
Recientemente se han digitalizado
dentro de este proyecto obras de cuatro autores canarios: Juan-Manuel García
Ramos, del que ya se pueden encontrar en formato digital las novelas El guanche en Venecia y El zahorí de Valbanera; José Manuel
Hernández, autor de los relatos Violeta y
otras cosas primeras; Eduardo Delgado Montelongo, que cuenta con la novela Johanna publicada en esta editorial; y
Luis Junco, autor de Días de lluvia.
Juan-Manuel García Ramos, en El guanche en Venecia, acerca a los
lectores hasta el verano de 1496, una vez culminada la conquista de Tenerife.
Siete de los derrotados menceyes guanches son conducidos ante la Corte de los
Reyes Católicos por el capitán-conquistador Alonso Fernández de Lugo con el fin
de que esos nuevos vasallos rindieran pleitesía y sumisión a los monarcas
españoles. Uno de estos menceyes será posteriormente regalado por Isabel y
Fernando al dux de Venecia como una exótica criatura capturada en tierras tan
lejanas como confusas. ¿Qué fue de ese mencey con retina neolítica una vez
llegado a la República Serenísima, pujante enclave político, económico y
cultural del Renacimiento emergente? A esos interrogantes responde la novela de
García Ramos y nos da las claves particulares del autor sobre una historia
siempre inconclusa, nebulosa y gestionada con parcialidad por los vencedores de
los indígenas atlánticos de aquella época.
Entre las memorias familiares y
la fábula, El zahorí del Valbanera,
la otra novela ahora digitalizada de este autor, es una meditación sobre la
emigración canaria a Cuba en los primeros decenios del siglo XX y sobre uno de
los naufragios más dramáticos de la historia de la marina mercante española. La
aventura atlántica de cuatro tinerfeños, su regreso a la tierra natal, su
implicación en la contienda civil de 1936-1939 y la crisis económica que ese
suceso fratricida acarreó en las Islas Canarias
Juan-Manuel García Ramos es
escritor y catedrático de Filología Española de la Universidad de La Laguna,
tiene publicadas cuatro novelas y numerosos ensayos. Ha sido galardonado con el
Premio Benito Pérez Armas en 1980 y el Premio al mejor libro publicado en
Canarias en 1991.En 2006 obtuvo el Premio Canarias de Literatura por el
conjunto de su trayectoria creadora, investigadora y docente.
Johanna, del tinerfeño Eduardo Delgado Montelongo, es una historia
de aventuras sobre la vida del último gran pirata, John Avery. Inspirada en
hechos reales, se trata de una novela corta que reconstruye los viajes de Avery
por medio mundo y las inquietantes hazañas de las que fue capaz con tal de
llegar a su destino: una patria, una derrota, una mujer. Porque, en esencia,
ésta no es la historia de un pirata, es la historia de un hombre y su destino.
Eduardo Delgado Montelongo
(Tenerife, 1981) es licenciado en Psicología, es autor de varias recopilaciones
de relatos así como finalista y ganador de numerosos premios literarios y
cinematográficos. Su blogspot: eduardodelgadomontelongo.blogspot.com
Violeta y otras cosas primeras es la obra ahora digitalizada de
José Manuel Hernández. Tejer las palabras para que comprendan por qué Violeta
existe es el complejo trabajo que le toca a este hombre de manos largas y
grandes orejas, que de tanto escuchar terminó hablando de sí mismo, al menos en
el cincuenta por ciento de los casos. Quieto se quedó frente a la espesa
blancura del papel blanco y pensando descubrió que estas cosas primeras no son
más que el espejo de una infancia mágica, llena de juegos callejeros, y de los
amigos que, de joven, le iniciaron en el lento aprendizaje de la dignidad, y de
las Islas que lo parieron y lo llenaron de veredas verdes y de las escudillas
de amor, que de tanto llenarlas acabaron rebosándose y esparciéndose por toda
su casa, que en este caso es sólo su propia existencia. Usando unas lonas
gastadas, estuvo este hombre andando y halló a los poetas y a los libros que
creía que se habían quedado en el olvido.
José Manuel Hernández ha publicado los libros de relatos
VIOLETA Y OTRAS COSAS PRIMERAS y CONTANDO RESISTENCIAS. Participa con un relato en las antologías 2.050 kM . DE PALABRAS.
ANTOLOGÍA DE RELATOS VASCO-CANARIA (Tenerife, 2008), DE LA SAUDADE A LA MAGUA.
Antología de relatos luso-canaria y ENTRE ORIENTALES Y ATLANTES. ANTOLOGÍA DE
RELATOS URUGUAYO-CANARIA.
Por último, ya se puede encontrar
también en formato digital la novela de Luis Junco Días de lluvia, que se sitúa en 1974, al final de la dictadura de
Franco, cuando Marcial Buenaventura, un humilde profesor de un instituto de
Madrid, desarrolla una extraña y revolucionaria teoría: los sentimientos humanos
pueden influir de manera determinante en el clima. Después de un largo periodo
de sequía, la llegada de unos días de lluvia no solo vienen a demostrar la
teoría de Marcial, sino que al tiempo que anuncian el final del régimen
franquista, llevan al protagonista al descubrimiento de su oscuro pasado y a un
sentimiento amoroso que antes no había conocido.
Luis Junco (Las Palmas, 1949) es
ingeniero aeronáutico, profesión que ejerce durante quince años, hasta que en
1988 pasa a la enseñanza, como profesor de Matemáticas y Astronomía. Su
trayectoria literaria comienza en 1983, como ganador del Primer Premio de
Novela Canaria que convoca el Centro de la Cultura Popular Canaria. En 1986
gana también el Primer Premio de Novela Corta que convoca la misma entidad. De
ahí en adelante publica varias novelas y relatos.
miércoles, 12 de agosto de 2015
Stoner, de John Edward Williams. El libro sobre el hombre sometido
Julio Castro – La República Cultural.es
El año 1934, el británico James Hilton escribía una grandísima historia como es Adiós, Mr. Chips (Good-bye, Mr. Chips), donde un tímido, introvertido y apocado profesor de una institución escolar, debe enfrentarse a los niños, con los que no conecta, y difícilmente lograría superarse a sí mismo, salvo por la coyuntura de conocer a la que será su esposa, que cambia absolutamente su anodina vida personal y familiar.
De esa manera se resuelve el conflicto personal del protagonista en la novela de Hilton, y de esa manera se crea un texto que, además de la satisfacción y emoción del público en su momento, sirvió para dar lugar a diversas versiones cinematográficas y teatrales a lo largo de la historia, la más clásica de ellas dirigida por Sam Wood, con Robert Donat a cargo del personaje principal, estrenada en 1939.
El paralelismo divergente de Stoner y Chipping
El escritor y editor estadounidense John Edward Williams acomete una novela en 1960 en la que su personaje sufre un paralelismo con la vida de Chipping, el protagonista de la obra de Hilton, sólo que en este caso no llega a encontrar la línea en la que aquel se desvía de la ruta predefinida por sus orígenes y su carácter. Hablo de Stoner, uno de los trabajos más contundentes que llegaron a mis manos en los últimos años.
Al igual que en el caso de la otra novela, es el apellido del protagonista el que da título a la de Williams, en un efectismo de distanciamiento que ya parte del concepto de la denominación de los integrantes de las plantillas escolares y de sus alumnos, a partir del apellido, aunque con efectos y, supongo, intenciones diferentes.
¿El sello de la pobreza en Stoner?
William Stoner se debate entre el personaje invisible que no pretende nada en la vida, y un ser señalado por todo el mundo y marcado para no parecerse a él, para superarlo. Tras su infancia en una pobre familia granjera, tan anodina como el mismo personaje (“la casa había sido construida en una ubicación vulgar y los maderos sin pintar se combaban en torno al porche y a las puertas. Con los años había tomado los colores de la tierra seca –gris y marrón, a rayas blancas-”), condenado por el predeterminismo de la vida miserable a perpetuar los roles familiares, sus progenitores deciden dar un vuelco a la vida (por motivos puramente interesados), al enviarlo a estudiar agricultura, de manera que a su regreso logre transformar la explotación familiar en un lugar productivo “un representante del condado vino la semana pasada. Dice que tienen una nueva facultad en la Universidad de Columbia. La llaman Facultad de Agricultura. Dice que piensa que deberías ir. Serán cuatro años[…] El representante del condado dice que tienen nuevas ideas, formas de hacer las cosas que se enseñan en la universidad. Tal vez tenga razón”.
Las pretensiones familiares se verán truncadas, ya que el joven estudiante descubre la literatura y cambiará su propio rumbo en los estudios, así como en su posterior profesión que le convertirá en docente de una institución académica.
La cuestión no es el qué o el cómo del argumento, porque lo sorprendente de la construcción de esta novela se basa en la narración repleta de sucesos fallidos. De esta forma, el protagonista sale de la nada para llegar a un final que no interesará a su entorno, con un resultado muy parejo con el personaje: la historia no le recordará.
Una manera diferente de exponerse al público
Por si alguien piensa que el libro se basa en la sorpresa de la desgracia de un protagonista con mala suerte, y que aquí se está desvelando el argumento, la realidad es bien diferente. Para evitar esto, el autor se propone un reto, que es anunciar en las primeras páginas que escribe sobre una vida sin interés, un personaje sin logros, y una carrera sin éxitos. A partir de estos parámetros arranca una novela que cumple al cien por cien con esas expectativas, sin salirse del marco generado y llenando todo ese espacio, con una literatura que atrapará al público que la comience, sin llegar a comprender muy bien los motivos. Motivos que quizá tampoco es necesario plantearse en el recorrido de su lectura.
El autor, John Edward Williams, juega en realidad a rodear los objetivos de éxito de su personaje, dejando al azar la consecución de cualquier logro. La mejor manera de hacerlo es vaciar de deseos o ambiciones a Stoner, así que nunca llegue a obtener recompensa en lo que otros verían el éxito, ni fracaso allí donde ya se espera que fracase.
Si observáramos con cierto sentido del humor el recorrido histórico por esta ficticia biografía, encontraríamos equivalencias entre Stoner y un personaje a caballo entre Buster Keaton y Charles Chaplin: un gran perdedor sin importancia.
El constructo de Williams tiene mucho de la parodia que recoge al hombre medio de clase media, de la primera mitad del siglo XX, y resuelve su vida como la del ser domado desde el nacimiento, que acostumbra a seguir las líneas de un destino, más programado por la sociedad, que escrito por deidad alguna. En este sentido, podría parecernos incómodo, incluso insultante, la posibilidad de marcar a un individuo con la predeterminación de un destino inevitable, pero el hecho de exponer su vida como una biografía, salva al contenido de repetir el estilo de El Show de Truman, de Peter Weir, para transformarse en el trayecto personal de este individuo. Así, el resultante no marca a nadie, ni designa a gran parte de su propia sociedad como seres condenados a repetir ese recorrido, por desidia, por falta de interés, por limitación en las ambiciones, sino que se ve como “aquello que le ocurre a otro”.
Como digo, desde el primer momento anuncia la indiferencia que puede dejar el paso de una vida como la de Stoner por la universidad y por todo su universo vital, pero, sobre todo, propone al lector que deje atrás cualquier expectativa sobre la vida que se desarrolla en la novela, cosa que el lector, precisamente, no hará, viéndose involucrado en este desarrollo donde, poco a poco, se desgrana el sometimiento del hombre, hasta dejarlo por tierra. Y así nos lo describe en la primera página a partir de su entorno: “un estudiante cualquiera al que le viniera a la cabeza su nombre podría preguntarse tal vez quién fue William Stoner, pero rara vez llevará su curiosidad más allá de la pregunta casual. Los colegas de Stoner, que no le tenían particular estima cuando estaba vivo, ahora raramente hablaban de él; para los más viejos, su nombre era un recordatorio del final que nos espera a todos, y para los más jóvenes es meramente un sonido que no evoca ninguna sensación del pasado in ninguna identidad con la que ellos pudieran asociarse ni a sí mismos ni a sus carreras”.
Las raíces diferentes de los personajes
Por apurar las comparaciones entre estos personajes (primero paralelos y luego divergentes), me refiero al Chipping de Hilton y al Stoner de Williams, creo que hay dos visiones que hacen diferir los estilos y evoluciones de sus novelas, una es el de la posible influencia de Hilton, como un británico más cercano al mundo poético idealista de los aventureros hasta la primera mitad del XIX, que quieren relatar una historia que embauque y movilice la imaginación de su público lector, al estilo de un Kipling.
En tanto que la otra es la de Williams influido seguramente por una literatura más contemporánea, heredera de autores europeos, pero, sobre todo, de los escritores rusos y del propio Chéjov, del que fluye un devenir de los acontecimientos, que no ocurren por un motivo, o con una finalidad, sino porque están ahí las posibilidades y se presentan antes que otras diferentes.
Los apellidos y las retahílas de caídos en la guerra
“Una guerra no sólo mata a unos cuantos miles o a unos cuantos cientos de miles de jóvenes. Mata algo en la gente que no puede recuperarse nunca”, le dice el profesor Archer Sloane a Stoner cuando hablan de alistamiento para la primera gran guerra europea. Es lo único en lo que coinciden en la visión entre ambos autores, ya que Hilton y Williams muestran una clara visión pacifista de sus textos, pero mientras el primero traduce en mártires que van recitándose en la escuela de Chipping, el segundo, cuyo personaje ve cómo sus compañeros y amigos van hacia la tragedia y nunca vuelven, al menos como tales, deja que un ligero velo de tinte de cobarde pase sobre el nombre de Stoner, a elección del lector.
Y aquí volvemos a los apellidos como importantes en el trato del ámbito académico, si recordamos al Mr. Chips de Sam Wood, y su escuela inscribiendo apellidos recitados uno tras otro cuando llegan las noticias, en tanto que este Stoner limita a unos pocos apellidos los que arriesgan su vida y le proponen alistarse.
No obstante, no deja de parecer curioso que Williams haga ese hincapié en la Primera Guerra Mundial, cuando le ha tocado vivir más próxima la Segunda. De donde podemos deducir varias posibilidades: una es la influencia del propio texto de Hilton, otra sería pensar en una mayor implicación (o no implicación) en la reciente guerra, que le hace hablar de ella de otra manera (“Los años inmediatamente posteriores al final de la Segunda Guerra Mundial fueron sus mejores años de docencia y, en cierto modo, fueron los más felices de su vida. Veteranos de esa guerra llegaron al campus y lo transformaron, trayendo una calidad de vida que no había existido antes y una intensidad y una turbulencia que equivalían a una transformación”). Me parece más coherente pensar que la experiencia le conduce hacia el personaje dentro de su mundo, ajeno a los horrores que ocurren fuera de su limitada realidad y, siempre heredero de esos otros autores contemporáneos de finales del XIX, se aferra a lo cotidiano aunque el mundo se derrumbe detrás de la ventana.
Tras el personaje: un ser invadido por la literatura, asaltado por aquello que no conocía y que le arranca de un mundo lineal donde debe volver tras su bucle por la universidad, para situarle en otro, donde desgraciadamente sólo será capaz de percibir esa pasión y tratar de transmitirla. Seguramente su ausencia de oposición e iniciativa le dejan en un limbo donde quiere proponer pero sólo deja su libro como legado. Y sabiendo que las condiciones someten al hombre y le limitan, la cuestión que cabe preguntarse es ¿hasta dónde llega el pensamiento del ser humano si se libera?
Hace un par de años que me leí este estupendo texto, y aún sigue saliendo en el consciente y en el subconsciente de las literaturas y en lo gris de la vida.
martes, 11 de agosto de 2015
Reseña de LAS CALMAS APARENTES en ABRIR UN LIBRO

Las calmas aparentes. Federico J. Silva. Baile del Sol.
Federico J. Silva, (Las Palmas de Gran Canaria, 1963), es licenciado en Filología Hispánica. Tiene publicados entre otros, los siguientes libros: Sea de quien la mar no tiene airada (1995), La luz que nos hiera (1996), Aun amar adverso (1996), Ultimar en tus brazas (1998),Bestiario de la implicitación (2000), Las veladas de Monsieur Teste (2000), Este hombre que está junto a ti al borde extático del precipicio (2005), El crimen perfecto(2005), Era Pompeía (2005), Donde menos se piensa salta el gatoliebre (Tenerife, 2005) y Las calmas aparentes (Tenerife, 2015).
Sinopsis:
En una España rescatada por Europa, con la soberanía en manos de las agencias de calificación de la deuda, con los borbones al pie de la escalera del avión y camino del exilio, con la Sanidad y la Educación privatizadas y el aborto prohibido, tienen lugar el canto de cisne del periodismo, minado por la corrupción de banca, política y medios de comunicación, y relaciones personales de toda condición, marcadas por la urgencia y lo transitorio del momento: sexo, homofobia (con la muerte de un político en un parque público), feminismo, neomachismo, etc.
Una narración que aborda de forma desprejuiciada la situación actual del país, con tintes distópicos, pero que es también un artefacto literario, plagado de homenajes, reflexiones sobre la escritura, la teoría literaria y el mundo editorial.
Reseña:
Si la ficción literaria es una simulación de la realidad, en Las calmas aparentes, el nuevo libro de Federico J. Silva, encontraremos mucho de verdad bajo un prisma distópico, más que posible, en una España actual donde las relaciones personales, el sexo, la literatura y la corrupción periodística tendrán cabida en esta narrativa breve pero más que intensa.
El autor propone en Las calmas aparentes diversos juegos: … Yo busco un lector cómplice, activo, participativo, despierto y crítico que construya la novela, explica Federico J. Silva en un periódico canario para hablar de ésta. Autor de diversos poemarios y que se estrena ahora en la narrativa, el libro ofrece dos tipos de lectura a loRayuela donde el lector podrá escoger la ruta que prefiera. Con homenajes entrañables a las letras y al cine entre sus páginas, este es un libro del que no se puede escapar debido a un estilo singular que fascina nada más empezar a leerlo y que consigue el objetivo, claro, de provocar al lector.
Audaz y seductora, Las calmas aparentes ofrece el placer de asentir o disentir sobre los diversos parlamentos con que nos obsequian los personajes de esta novela.
Con varios mensajes que en su mayoría no deben ser desaprovechados debido a un claro componente de denuncia social, ésta es una novela coral relatada en primera persona por los propios personajes que componen el relato. El derrumbe moral del periodismo -el autor ha ejercido como periodista y sabe de lo que habla-, actúa de eje central en una trama donde también las relaciones sentimentales de los personajes cobran vida gracias a los monólogos de cada uno de ellos, dándonos a conocer de primera mano “la cara A y la cara B” de cada uno de ellos y del entorno en el que se mueven y respiran.
El estilo narrativo de Federico J. Silva es más para ser escuchado, que leído. Gracias a las voces que pueblan esta novela y que el lector percibirá claramente –Manu, Maica, Asun, El Gordo Cabrón…-, los protagonistas nos hablarán y se nos presentarán físicamente y no porque el libro esté narrado por ellos sino gracias a un preciso, y precioso, lenguaje donde la polifonía literaria se centra más en transmitir los sentimientos e intenciones que en contar o relatar.
Hoy entraré en casa con un deseo inhumano de sentarme a escribir. Así, con las palabras llenas de nervio y urgencia.
Con unos capítulos muy cortos -o quizás párrafos largos de una gran fluidez-, éstos quedarán abiertos para que la charla entre el escritor y el lector pueda continuar fuera de las 89 páginas que brinda el libro.
Un libro donde el verdadero protagonista, quizás, no sean los personajes. A lo mejor tampoco la trama, ni la distopía ni el periodismo y todo sea una excusa para que Las calmas aparentes rinda honores a las palabra escritas, a ese mágico poder de que algo puede cambiar gracias a ellas a través, también, de la ficción y de la narrativa. Y bendito poder el de Federico J. Silva para narrarlas.
…
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